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Viviendo en Ancapia

Este pequeño ensayo, trata de aclarar de forma resumida como una sociedad anarcocapitalista ofrecería los servicios que actualmente monopoliza el Estado.

Primero, se va a tratar de hacer una revisión rápida sobre qué es el anarcocapitalismo. El anarcocapitalismo es un sistema de organización social que se basa en la propiedad privada y el principio de no agresión. Dicha utopía no trata de evitar los problemas como el robo o la violencia, que por desgracia son algo intrínseco al ser humano, sino que busca formas de lidiar con ello en ausencia del Estado.

Como su propio nombre indica, anarcocapitalismo, es la ausencia de un Estado como ente regulador de la vida en sociedad. Al basarse en la propiedad privada, cada individuo es libre de hacer lo que quiera con su vida y con su cuerpo, siempre que dichas acciones que el individuo quiera realizar no atenten contra la propiedad privada de otros individuos.

Parece apropiado en este momento, decir que dentro de la propiedad privada se encuentra la propiedad del cuerpo de cada uno. Por lo que agredir a una persona físicamente significa agredir su propiedad, o, forzarla mediante la fuerza y la coacción a hacer algo que no desea también atenta contra su propiedad privada. Sin embargo, surge la pregunta de ¿Quién prestaría los servicios que actualmente presta el Estado?

El Estado no puede controlar la vida de las personas

Primero se realizará un inciso para explicar por qué el Estado no puede controlar la vida de las personas que viven en un territorio.

El principal argumento contra esto, lo da el premio Nobel de economía F.A. Hayek, con lo que se conoce como el problema de la información. Hayek, sostenía que ningún individuo o grupo de individuos posee toda la información económica necesaria para planificar centralmente un sistema económico (o potencialmente cualquier sistema social). Asumir esta pretensión de conocimientos, cometer la fatal arrogancia del constructivismo racionalista. Para funcionar de forma eficiente, los sistemas requieren de descentralización, en términos económicos, esto significa que los individuos tomen decisiones por si mimos y por su propio interés, intercambiando entre si productos y servicios para obtener un beneficio mutuo, en palabras de Adam Smith:

No es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de quien esperamos nuestra cena, sino porque atienden a su propio interés. Nos dirigimos, no a su humanidad, sino al amor de sí mismos, y nunca les hablamos de nuestra necesidad, sino de sus ganancias.

Y dicho intercambio da lugar a los precios de mercado, que son una de las cosas que permiten el cálculo económico.

¿Servicios propios o exclusivos del Estado?

Bien, dichos servicios serían prestados por empresas privadas o particulares. Y se contratarían mediante la firma de contratos, contratos que se tendrían que firmar de manera voluntaria en ausencia de fuerza y coacción. Pues como se ha indicado previamente, el uso de la fuerza y la coacción van en contra de la propiedad privada y el principio de no agresión.

Ahora, se procederá a mostrar algunos ejemplos de cómo el libre mercado, mediante empresarios que utilizan su función empresarial creativa, podrían sustituir al Estado en la prestación de los servicios públicos.

Los servicios por los que se piensa que el Estado es imprescindible, y que no puede ser sustituido por el mercado son los siguientes: Seguridad, defensa del país, sanidad, justicia e infraestructuras.

Seguridad…

Vamos con el servicio de seguridad, con seguridad, se hace referencia a la policía. Actualmente, este servicio lo proporciona el Estado, y lo proporciona mediante las rentas que obtiene de los impuestos. Sin embargo, la seguridad que proporciona el Estado es arbitraria y deficiente. Para demostrar esto, véase el ejemplo que da Rothbard [Extraído de los capítulos 11 y 12 de For A New Liberty]:

Parte de la respuesta se hace evidente si consideramos un mundo en el que la propiedad de la tierra y de las calles es totalmente privada. Pensemos en la zona de Times Square, en Nueva York, una zona con mucha delincuencia en la que la protección policial de las autoridades municipales es escasa. Todo neoyorquino sabe que vive y camina por las calles, y no solo por Times Square, casi en un estado de «anarquía», dependiendo de la normalidad pacífica y la buena voluntad de sus conciudadanos. La protección policial en Nueva York es mínima, un hecho dramáticamente revelado en una reciente huelga policial de una semana cuando, ¡he aquí!, la delincuencia no aumentó en absoluto con respecto a su estado normal cuando la policía está supuestamente alerta y trabajando.

… privada

Ahora veamos que solución privada nos plantea Rothbard [Extraído de los capítulos 11 y 12 de For A New Liberty]:

Los comerciantes sabrían muy bien, por supuesto, que, si la delincuencia fuera galopante en su zona, si abundaran los atracos y los asaltos, entonces sus clientes se desvanecerían y frecuentarían zonas y barrios de la competencia. Por lo tanto, a la asociación de comerciantes le interesaría económicamente ofrecer una protección policial eficaz y abundante, para que los clientes se sientan atraídos por su barrio, en lugar de ser repelidos. Los negocios privados, después de todo, siempre intentan atraer y mantener a sus clientes.

Como vemos, el propio interés de los comerciantes o de las personas que viven en una zona es que dicha zona sea segura, para así poder desarrollar su vida con normalidad. Obviamente, surge la pregunta de quién proporcionaría este servicio. La respuesta a la pregunta es simple, una empresa de seguridad privada contratada por la asociación de vendedores, en el ejemplo de Rothbard, o los habitantes de una zona en concreto.

Con esto podemos concluir el apartado dedicado al servicio de seguridad.

Defensa nacional

El siguiente servicio que monopoliza el Estado y suele pensarse que no se podría suministrar de forma privada es la defensa del país. Actualmente la defensa del país está en manos del Estado. Estos servicios los proporciona, al igual que todos, gracias a las rentas que extrae a los ciudadanos mediante los impuestos. El tema de la defensa nacional es algo que se nos plantea desde el Estado como algo fundamental. Pero como todos los servicios que proporciona el Estado puede ser sustituido y suministrado por el mercado. Además, como dice el profesor Bastos, la defensa es un bien subjetivo. Es decir, para algunos puede haber mucha provisión de defensa y para otras personas hay muy poca. Por lo que en cuanto a la cantidad no es un bien público.

Por otra parte, no es un bien público en el sentido de que no todos los ciudadanos están igual de defendidos. Esto se debe a que la defensa es un bien geográfico. Por ejemplo, una persona que viva en primera línea del frente está peor defendida que una que viva más alejada del frente. Cuando se habla de frente, se habla de las zonas fronterizas del país.

De qué vale que el Estado provea defensa si hay sujetos que no están satisfechos con la cantidad de defensa que reciben. El mercado podría suministrar este servicio mediante mercenarios, que si hay conflicto bélico con un país que no es anarcocapitalista podría servir para la defensa del territorio anarcocapitalista.

Invadir un territorio anarquista

Sin embargo, conquistar militarmente un territorio anarquista es imposible, véase el ejemplo de Polonia en el siglo XVII (Tibor Machan, “anarchism minarchism”), cuando se encontraba en anarquía. Los suecos invadieron Polonia, cuando había aquella especie de anarquía, y no tuvieron nada que conquistar, simplemente vagaban por el país, nadie se les enfrentaba.

Un ejército entero no puede ocupar un país, lo que puede hacer es derrotar una cabeza. Por ejemplo, los nazis conquistaron Francia, conquistaron la cabeza y ellos se pusieron a la cabeza y ya dominan el país. Porque los Estados tienen una estructura muy jerárquica, por lo que basta con poner la cabeza, conservar a los funcionarios. Porque los funcionarios rápidamente cambian de bando. Solo depuran la cabeza y, policía, jueces, etc. Se mantienen los mismos.

Pero qué pasó en Polonia, que no pudieron conquistarla, daban vueltas por el país porque no había nada que conquistar. Y los civiles armados en guerrillas los iba hostigando.

Cuando se trata de conquistar un territorio anarquista por parte de un Estado, éste tiene que ir uno por uno, por lo que la conquista es larga y muy agonizante, en cambio cuando un Estado conquista a otro solo tiene que quitarle la cabeza y sustituirla por una nueva, la del invasor.

Como se ha mostrado, la defensa nacional de un territorio anarquista puede ser hecha por entidades privadas, ya sea mediante el contrato de mercenarios o por medio de la organización de guerrillas. Además, se ha dejado claro, que no se puede conquistar un territorio anarquista de otra manera que no sea yendo uno por uno, pues no hay nada que conquistar, no hay ningún poder que se robar u obtener.

Sanidad

El servicio de sanidad, generalmente se encuentra monopolizado por el Estado hoy en día. Y en los casos en los que no lo está, está muy regulado y controlado por el Estado. Al igual que todos los demás servicios esté es financiado mediante impuestos. Como todos los servicios públicos, se prestan de forma desigual y arbitraria, normalmente coincidiendo con los intereses de políticos o de lobbies que ejercen presión sobre los políticos para obtener ciertos privilegios, esto es lo que se conoce como captura de rentas.

Estos servicios podrían ser prestado por entidades privadas perfectamente, es más, sería prestado de una forma más eficiente y se adaptaría a las demandas subjetivas de los individuos. En un mundo sin Estado, este servicio se obtendría mediante la contratación de seguros de salud privados, en los cuales, el individuo contratante elegiría la póliza que más se adapte a sus necesidades y valoraciones subjetiva.

¿Y quienes no pueden pagarlo?

Pero ahora es cuando surge la pregunta; ¿Y qué pasa con las personas que no pueden permitírselo?

Pues en el caso de estas personas, podrían recurrir a sociedades de ayuda mutua. Dichas sociedades obtienen financiación de sus miembros y de donantes privados. Su función es la de ayudar económicamente a todos sus miembros en caso de necesidad. Un ejemplo sería el de dar subsidios por desempleo durante un tiempo limitado hasta que el beneficiario del subsidio encontrase trabajo, otro ejemplo podría ser el de pagar una cirugía necesaria a uno de sus miembros.

Se ha dicho que esto sería más eficiente que el servicio prestado por el Estado. Esto se debe a que al ser empresas privadas buscan su propio beneficio y para obtener dicho beneficio lo que tienen que hacer es ofrecer a los clientes un buen servicio. Además, debido a la competencia que se da en el libre mercado, los precios de los seguros y de los servicios sanitarios tenderían a bajar.

Justicia

La provisión del servicio de justica es otro de los tantos monopolios que capará el Estado. Y lo hace con la excusa de que es una justicia equitativa, pero la verdad es que hay personas que obtienen tratos de favor en los juicios, por ejemplo, los políticos y grandes empresarios. En muchos países, los políticos no son juzgados por tribunales civiles, sino que son juzgados por tribunales especiales. Lo cual ya rompe la equidad que se hablaba anteriormente. La justicia en un territorio sin Estado se aplicaría de forma privada, como ya se hizo en el mal denominado salvaje oeste. Allí se establecieron policía y jueces privados. (Para más información sobre el Oeste, véase el libro “El no tan salvaje oeste” de Anderson & Hill”).

La policía privada defiende unas leyes, detienen al delincuente y le aplican el castigo o sanción pertinente. Normalmente los castigos que se ponían era la expulsión del criminal del sitio y no permitirle la entrada en ese lugar. Actualmente, nuestra sociedad se basa en dos tipos de pena, la prisión o la multa. Pero el abanico de penas de estas sociedades es mucho más amplio.

El control por parte de la sociedad

Por ejemplo, la idea de la vergüenza, todos los escritos que hay sobre el orden en sociedades tipo favela, donde las leyes del Estado no rigen, aunque se esté dentro de un Estado. Para los delincuentes emplean la vergüenza. Por ejemplo, se empluma al delincuente y se le pasea en burro por la calle, con el objetivo de que éste sea avergonzado.

La figura del juez privado existió en muchas sociedades, en el islam, por ejemplo, tenían la figura del cadí. El cadí no es un juez que tenga el monopolio territorial como ocurre hoy en día. En estas sociedades había hombres santos, basados en leyes, que, en el caso de un conflicto entre dos partes, las partes escogían al cadí. Es decir, las dos partes escogerían de común acuerdo al juez que tenga mejor reputación. Por lo que hay un incentivo al juez a ser santo o a no ser corrupto.

Obviamente el juez puede ser corrupto, pero si el juez es corrupto, pierde fama, pierde el negocio ya que no lo quieren contratar después. Básicamente, en una sociedad sin Estado el papel de un juez sería el de arbitro, y dictaría la sentencia de acuerdo con la ley. Y la sentencia es acatada por la comunidad bajo pena de exclusión del que no cumpla con esa norma.

Infraestructuras

El primer punto que hay que platear es que la planificación central del transporte, al igual que todo tipo de planificación central, se encuentra con el problema de la información descrito al principio.

Las personas directamente responsables y afectadas por los proyectos deberían ser quienes los planificarán, no una entidad burocrática vertical y distante. Los costes de adquirir toda la información local necesaria para calcular una empresa tan complicada son insuperables. Tampoco debería permitirse que quienes invierten en el desarrollo de infraestructuras obliguen a todos los habitantes de una zona geográfica arbitraria (como Estados Unidos) a subvencionar su construcción y mantenimiento. ¿Por qué tienes que pagar por una carretera que nunca verás en San Agustín, Florida? ¿Un puerto en Galveston, Texas? Las personas que desean tal desarrollo deberían asumir el coste total de sus acciones y permitir a los consumidores apoyar o no sus planes en el punto de consumo (es decir, votar con el propio dinero).

Un ejemplo de construcción y financiación de las infraestructuras como las carreteras con inversión privada son las corporaciones de peajes que hubo en Estados Unidos. Los inversores siempre estaban dispuestos a invertir en ellas, aunque no recibiesen beneficios directos, pues recibían gran cantidad de beneficios indirectos como el aumento del valor de su propiedad.

John Majewski

Véase el siguiente ejemplo del historiador John Majewski:

Los accionistas esperaban obtener recompensas por su inversión no tanto a través de los rendimientos directos (como los dividendos y la revalorización de las acciones), sino de los beneficios indirectos (el aumento del comercio y el mayor valor de la tierra)”. Lo que es crucial señalar aquí es que la teoría moderna de los bienes públicos sugiere que sólo el Estado, en su obligación de proporcionar el “bien público” (la piedra angular de la teoría de la primera república de la que se deriva la teoría económica moderna), tiene algún motivo para construir cualquier cosa que proporcione sólo “beneficios indirectos” a una comunidad. El grueso de los economistas ignora abrumadoramente los hechos de la historia, que sugieren lo contrario.

La teoría misesiana de la razón

Sin embargo, el interés propio no era el único motivador detrás de la inversión privada en corporaciones de peajes no rentables. La gente también estaba incentivada por un interés en su comunidad. Es lo que Alexis de Tocqueville denominó “interés propio correctamente entendido”. La racionalidad económica perfecta puede exigir a los inversores que eviten suscribir corporaciones no rentables (como hicieron cada vez más los gobiernos estatales y locales, independientemente del “bien público” que proporcionaban las carreteras). Pero la visión de Mises de la racionalidad explica lo que la racionalidad neoclásica no puede. Para Mises, la “racionalidad” se refería al uso de la razón —o “raciocinio”— para decidir los medios más adecuados para un fin deseado, y el “fin deseado” no tiene por qué ser el beneficio económico.

Si el propósito de la teoría es explicar los fenómenos observables, la teoría misesiana de la racionalidad parece muy superior a la que se enseña en los cursos estándar de economía. A la pregunta de “¿Por qué la gente invirtió en empresas de peajes no rentables?” podemos deducir la respuesta que daría Mises: valoraban más los beneficios personales y comunales que proporcionaban las carreteras que los dividendos de una empresa rentable.

Conclusión

En resumen, el anarcocapitalismo propone una sociedad sin un Estado centralizado, donde la propiedad privada y el principio de no agresión son fundamentales. En esta sociedad, los servicios actualmente provistos por el Estado, como seguridad, defensa nacional, sanidad, justicia e infraestructuras, serían proporcionados por entidades privadas de manera voluntaria y competitiva en el libre mercado.

La seguridad se gestionaría mediante empresas privadas contratadas por asociaciones de individuos o comunidades. La defensa nacional podría realizarse a través de mercenarios o la organización de guerrillas, siendo más difícil conquistar un territorio anarquista. La sanidad se basaría en seguros de salud privados y sociedades de ayuda mutua para aquellos que no puedan pagarlos. La justicia sería administrada por jueces privados y las infraestructuras serían planificadas y financiadas por quienes se benefician de ellas, evitando la imposición de costos a quienes no las utilizan. En una sociedad anarcocapitalista, se buscaría la eficiencia y la adaptación a las necesidades individuales a través de la libre competencia y la cooperación voluntaria, sin la intervención coercitiva del Estado.

Ver también

Anarcocapitalismo y anarcocomunismo, las diferencias fundamentales. (Juan Navarrete).

Anarcocapitalismo, minarquismo y evolucionismo. (Francisco Capella).

Más problemas del anarcocapitalismo. (Francisco Capella).

El anarcocapitalismo de Miguel Anxo Bastos. (José Augusto Domínguez).

El anarcocapitalismo pragmático: por qué Rallo y Capella tampoco tienen razón. (Eladio García).

A vueltas con el positivismo jurídico (X): La moralidad y el derecho en Soloviov

En la anterior entrega estuvimos explorando una postura liberal -de Rasmussen y Den Uyl-, compleja y muy elaborada, que trataba de (re)conciliar el bien y el derecho, y que partía de la idea –de Spinoza- de que el ámbito de la moralidad es más amplio y profundo que el de la política y de que el ámbito de esta última, el de la política, no es apropiado para la producción de la virtud, de forma que el liberalismo no es una “filosofía política normativa”, sino, más bien, una filosofía política de “meta-normas”, que no trata de guiar la conducta individual dentro de la actividad moral, sino de regular la conducta, de forma que puedan obtenerse condiciones en las que sea posible que tenga lugar la acción moral.

Vladimir Soloviov

Nuestra intención es comparar la citada propuesta con otras propuestas liberales, como la de Hayek o la de Kukathas y, sobre todo, con algunas en las que se recuperan planteamientos iusnaturalistas, como la de Rothbard. Ello no obstante, creemos interesante recuperar antes el enfoque de un filósofo ruso -Vladimir Soloviov[1]– poco conocido todavía en Occidente, pero que tiene un planteamiento en el que, con gran sencillez, articula ese binomio moralidad/política, o dicho de otra forma, bien/derecho de una forma no tan distinta, en el fondo, a la propuesta por Rasmussen y Den Uyl.

Soloviov parte de la idea de que cada persona tiene un derecho inalienable a la existencia y al perfeccionamiento (en sentido moral), derivado del valor absoluto que tiene como persona (recordemos el “perfeccionamiento individualista” de Rasmussen y Den Uyl). Pero ese interés moral exige, para nuestro autor, la libertad como condición, sin la cual no es posible la dignidad humana ni el desarrollo moral superior y, a la vez, recuerda que el hombre no puede existir ni desarrollar su libertad y su moralidad sino en la sociedad.

Libertad para actuar de forma inmoral

Así, Soloviov tiene claro que, por un lado, el hombre debe ser moral de modo libre, y para esto es necesario que se le otorgue “cierta libertad de ser inmoral”. No se puede conseguir de ningún modo que un hombre tenga, a la fuerza y desde fuera, una disposición interna al bien (que es lo que él considera la verdadera moralidad). Pero, a la vez, la sociedad es necesaria para que el hombre pueda progresar en dicho perfeccionamiento moral. Ya que, de lo contrario, se trataría de un planteamiento -el moral- puramente abstracto. De este modo, son necesarias medidas coactivas que eviten aquellas conductas de los individuos que atenten directamente y supongan manifestaciones destructivas de la propia sociedad. Como señala también nuestro aturo: “La existencia de la sociedad depende no de la perfección de algunos, sino de la de la seguridad de todos”[2].

Y de ese encuentro entre el interés por la libertad personal y el bien común (entendido como mantenimiento de la sociedad) es de donde surge el derecho. En efecto: “la posibilidad de realizar la exigencia de libertad personal supone ya la restricción de esa libertad en la medida en que, en el actual estado de la humanidad, es incompatible con la existencia de la sociedad o del bien común. Estos dos intereses, contrarios al pensamiento abstracto, pero moralmente obligatorios en idéntica medida, coinciden entre sí en la realidad. De su encuentro nace el derecho”[3].

Tres diferencias entre derecho y moral

Así, para Soloviov, el principio del derecho puede considerarse en abstracto como expresión directa de la justicia. Pero es necesario que tenga la fuerza de realizarse en el sentido en el que la libertad de los otros pueda limitar mi libertad en los mismos límites en que lo hace con la de todos, al margen de mi reconocimiento subjetivo o de mi personal justicia. De ahí que, para él, la relación mutua entre el ámbito moral y el jurídico sea una cuestión fundamental de la filosofía práctica. Ésta obliga a tratar de comprender la relación entre la conciencia moral ideal y la vida real[4]. De esta forma, las esferas del derecho y de la moral son dos ámbitos, para nuestro autor, entre los que existe una “relación positiva, estrecha e intrínseca”[5]. Existen, sin embargo, tres diferencias fundamentales[6]:

1.- Si bien las exigencias puramente morales son de naturaleza ilimitada y universal (por ejemplo, la de amar a los enemigos), la ley propiamente jurídica es, por naturaleza, limitada. Exige el grado mínimo e inferior de moralidad. Y aunque no exija la perfección moral superior, tampoco la niega. El derecho vendría a ser el límite inferior o el mínimo determinado de la moralidad que permita el mantenimiento de la sociedad y, a la vez, garantice la libertad del hombre también para la inmoralidad, a fin de que pueda realmente perfeccionarse moralmente como individuo.

Relación entre ley moral y ley jurídica

2.- El cumplimiento de las exigencias -leyes- morales no está definido de manera definitiva y no se agota en ninguna de sus manifestaciones externas concretas. Pero en la ley jurídica se prescriben o se prohíben acciones totalmente determinadas, con cuya realización o no realización la citada ley queda satisfecha. De ahí se deriva que ambas -ley moral y ley jurídica- están esencialmente relacionadas con el ser interno del hombre, con su voluntad. Pero, mientras la primera toma esa voluntad en su generalidad y totalidad, la segunda sólo la considera en su realización parcial; en relación con determinados hechos externos que conforman el interés propio del derecho (la realización de un mínimo determinado).

3.- Mientras la exigencia de perfección moral, entendida como estado interior, presupone un cumplimiento libre y voluntario (en el que cualquier tipo de coacción es indeseable, y, señala Soloviov, “también imposible”), la realización exterior de cierto orden legal permite la coacción directa e indirecta, siendo el carácter coactivo de la ley jurídica necesario.

Normas universalmente válidas e impersonales

A partir de ahí, se puede definir el derecho como “la exigencia coactiva de realización de un mínimo determinado de bien, de un cierto orden, que impide ciertas manifestaciones del mal”[7]. Define como sociedad “normal”, o con “cierto orden” como “la sociedad que existe de modo seguro y digno y que se perfecciona”. Aquella en la que se da el equilibrio justo del interés individual y el colectivo, pudiendo estar las anomalías perniciosas en la preponderancia de la fuerza arbitraria de los individuos que rompen la solidaridad social, o, por el contrario, en la preponderancia de la fuerza de la tutela social que reprime al individuo; “la primera anomalía amenaza con el infierno abrasador de la anarquía, la segunda, con el infierno gélido del despotismo, es decir, de esa misma anarquía, de esa misma arbitrariedad, pero concentrada en un punto y presionado desde fuera”[8].

Así, para nuestro autor, la ley no es sino la determinación universalmente válida e impersonal (independiente de opiniones o deseos personales) del derecho, o el concepto del equilibrio debido (en las circunstancias dadas y en determinado respecto) entre la libertad particular y el bien del todo; determinación o concepto general que se aplica por medio de juicios singulares a casos o hechos individuales, y que, por tanto, tiene tres rasgos distintivos e imprescindibles: 1) Su carácter público (promulgada para el conocimiento universal); 2) Su concreción (referida a relaciones determinadas y específicas vigentes en medios reales y concretos) y 3) Su aplicabilidad general (o capacidad de ser llevada a la práctica en cada caso particular), apoyada en una fuerza real suficiente para llevarla a cumplimiento en todo caso[9].

Una realidad cambiante

Aun así, nuestro autor es consciente de que la realidad histórica, el equilibrio entre las fuerzas individuales libres y la fuerza colectiva de la organización social, es cambiante y oscilante. Pero, como señala, “el hecho mismo de que percibamos esas oscilaciones muestra ya de manera suficiente que por encima de nosotros hay normas inmutables de las relaciones sociales y personales, existen límites eternos, que derivan de la naturaleza misma de la moralidad y el derecho, y que la sociedad no debe violar sin consecuencias nefastas en uno u otro sentido”[10].

Y es que, para nuestro autor, “la contradicción real y la incompatibilidad existen no entre el derecho y la moralidad, sino entre distintos estados de la conciencia, tanto jurídica, como moral. Pero que, independientemente de estos estados y de sus manifestaciones fácticas, tanto en el ámbito jurídico como en el moral existen normas esenciales e inmutables, es algo que reconoce a su pesar incluso el espíritu de la mentira que con su sofistería se lanza contra el derecho”[11].


Notas

[1] Salvo que se diga lo contrario, las ideas del presente artículos están sacadas de: Soloviov, Vladímir, La justificación del bien. Ensayo de filosofía moral, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2012.

[2] Soloviov, Op. Cit. Pág. 439.

[3] Op. Cit. Pág. 439.

[4] Op. Cit. Pág. 432.

[5] Op. Cit. Pág. 434.

[6] Op. Cit. Págs. 435 y ss.

[7] Op. Cit. Pág. 437.

[8] Op. Cit. Pág. 441.

[9] Op. Cit. Págs. 447 y 448.

[10] Op. Cit. Pág. 441.

[11] Op. Cit. Pág. 431.

Serie ‘A vueltas con el positivismo jurídico

Historia de Aragón (III): el pasado musulmán y la Marca Hispánica

En el año 711 unas gentes provenientes de Arabia cruzan el estrecho de Gibraltar y conquistan la península ibérica. En ese momento aún no existía un territorio que se denominara Aragón. Cuando comenzó la expansión del islam, nadie pensaba que aquel profeta que predicaba en la Meca iba a construir el germen de un imperio mundial. Desde la expansión del mundo árabe, que acaba hacia el 760, los únicos territorios que han perdido hasta hoy han sido la península ibérica y el norte de la isla de Sicilia. Tras la batalla de Guadalete, los visigodos son derrotados y el islam ocupa gran parte del territorio peninsular.

Poco después de esta expansión, al otro lado de los Pirineos comienza a reconstruirse en Francia la dinastía de los carolingios, que habían sustituido a los merovingios. Esta nueva dinastía comenzará con Carlos Martel, abuelo de Carlo Magno, rey de los francos en la segunda mitad del siglo VIII. Este reino se estructuraba en torno a una zona central, lo que correspondería con la actual Francia, dividida en distintos condados. El imperio estaba rodeado de enemigos, los sajones al norte, los pueblos bárbaros en oriente y los musulmanes en el sur.

La Marca Hispánica

Carlo Magno planteó varias fronteras entre estos territorios conflictivos. Se les denominó marcas. En cada marca había un marqués con funciones administrativas, además de militares contra enemigos exteriores. En la península ibérica creó la Marca Hispánica. El territorio llegaría hasta los Pirineos. En el curso del Ebro se establecería el límite sur de la Marca Hispánica. El territorio entre el Ebro y el Pirineo estaría administrado por el marqués. Esta marca correspondería con la actual Navarra, mitad de Aragón y casi toda Cataluña. Había varias ciudades relevantes como Tarazona, Huesca o Pamplona, pero sin duda la más importante era Zaragoza.

Carlo Magno necesitaba Zaragoza para defender su imperio. Los zaragozanos de la época estaban controlados por los musulmanes. En el 777 buena parte de la península estaba gobernada desde Córdoba, donde los musulmanes habían instalado su capital. En ese mismo año, la población de Zaragoza se negó a pagar los impuestos a Córdoba. La aristocracia zaragozana se veía amenazada por el norte y por el sur. Los zaragozanos enviaron una embajada a Aquisgrán. La Zaragoza musulmana se entregaría a Carlo Magno a cambio de que la reconociera y defendiera ante Abderramán I. Estamos ante uno de los ejemplos de lo que denominé en un artículo anterior como los movimientos antifiscales como motor de la historia.

El Cantar del Roldán

Carlo Magno aceptó la oferta de los zaragozanos y al año siguiente envío un ejército para asediar Zaragoza. Tras la negativa de los musulmanes a entregar la ciudad y las noticias de incursiones de los sajones en el norte de Francia, Carlo Magno se tuvo que retirar. En esta retirada es cuando se escribió el gran poema épico de Europa, el Cantar de Roldán.

Hacia finales del S.VIII el valle del Ebro está completamente dominado por los musulmanes, estableciéndose la frontera en los Pirineos. Empiezan a surgir aristócratas locales que comienzan a resignificar el cristianismo como oposición al islam. Por lo tanto, la situación que tenemos hasta hora en la península ibérica es la de varios territorios cristianos que comienzan a distanciarse del islam, como son el Reino de Pamplona, el Reino de Asturias, y en la zona oriental de los Pirineos varios condados bajo el dominio franco, como el condado de Hecho o el condado de Gerona.

En el próximo artículo veremos como uno de estos condados pirenaicos será el germen de lo que posteriormente se denominará Reino de Aragón.

Serie ‘Historia de Aragón’

(I) Los pilares del Reino de Aragón

(II) Los orígenes del Reino de Aragón

El 100%, las letras reales y Argentina: otra respuesta a Rallo

En un vídeo, Juan Ramón Rallo ha respondido a mi última contribución al debate sobre la reforma bancaria de Milei y el coeficiente de caja del 100%. El vídeo trata principalmente de la cuestión de si la reserva fraccionaria necesariamente desencadena un ciclo económico austriaco, dado que la reserva fraccionaria permite a los bancos crear dinero nuevo (medios fiduciarios) y canalizarlo hacia el mercado de préstamos, bajando así los tipos de interés en términos relativos. Rallo argumenta en su vídeo que la expansión crediticia de los bancos con reserva fraccionaria no plantea problemas porque puede estar respaldada por ahorro e incluso es beneficiosa porque evita la deflación y un cambio en los precios relativos.

A continuación, me gustaría hacer algunos comentarios sobre su argumentación y su ejemplo.

Descontar letras reales

En primer lugar, no hay duda de que cuando un banco con reserva fraccionaria descuenta papel comercial (letras reales) crea dinero (sustitutos monetarios perfectos). Y aumenta la capacidad de compra del empresario receptor, al no tener que esperar los 30-60-90 días para cobrar. De esta manera libera ahorro que antes tenía comprometido para dar plazo de pago a sus clientes. Ahorro que dedicará a inversiones sin que previamente nadie haya decidido incrementar su ahorro, generándose un ciclo económico austriaco.

En segundo lugar, además este nuevo dinero se reintroduce en el sistema bancario con reserva fraccionaria. El empresario que descuenta sus letras recibe la capacidad de disposición sobre una cuenta. Cuando dispone de la misma puede pagar en efectivo a sus proveedores, vaciando la cuenta. Sus proveedores depositan ese efectivo en otros bancos que a su vez hacen lo mismo (mantienen una fracción y prestan el resto), y así sucesivamente. Otra forma de verlo es que el empresario no retira el efectivo y paga con medios fiduciarios que llega a otros bancos (o al mismo). Se multiplican estos al final en relación con la base monetaria. Es decir, los bancos con reserva fraccionaria reducen su coeficiente de caja concediendo nuevos préstamos sin ahorro previo.[1] De esta manera el descuento inicial llega en sucesivas iteraciones multiplicando los medios fiduciarios y los prestamos siempre sin respaldo de nuevo ahorro, agravando el ciclo.[2]

La importancia del carácter fungible del dinero

En tercer lugar, el dinero es fungible. Como se menciona en el punto anterior, una vez introducido el nuevo dinero en el sistema se puede dirigir a otros sitios. Lo importante, por ende, es menos la calidad del préstamo inicial (es decir, si es un descuento de una letra real o un préstamo inmobiliario) sino la cantidad de los préstamos y medios fiduciarios creados. Si los medios fiduciarios se introducen en el sistema a través de un descuento de papel comercial, las condiciones generales del mercado crediticio resultan más fáciles. Dado que la empresa ha recibido los medios fiduciarios, se liberan fondos.

Por ejemplo, ahora la empresa puede pagar en efectivo en lugar de a crédito, de modo que otro empresario dispone ahora de más recursos financieros. Las condiciones generales de crédito en el mercado se relajan. Es más fácil conseguir préstamos y financiación. Y las inversiones adicionales tenderán a realizarse allí donde se espera el mayor rendimiento, es decir, en inversiones a más largo plazo. El dinero una vez introducido en el sistema es como el agua y se abre camino a través de pequeñas grietas hacia las inversiones a más largo plazo.

En cuarto lugar, si un banco emite nuevos medios fiduciarios mediante el descuento de papel comercial, aliviando así la situación financiera de los empresarios que invierten el dinero, solo hay una forma de que las nuevas inversiones se mantengan. Y es que, cuando el nuevo dinero llegue a los propietarios de los factores de producción, estos no se lo gasten en bienes de consumo, sino que lo ahorren íntegramente hasta que se completen los nuevos proyectos de producción.

Sin embargo, esto implica un aumento relativo del ahorro y, por tanto, una disminución de la tasa de preferencia temporal. En cualquier caso, este descenso en la preferencia temporal habría permitido alargar la estructura de producción sin la necesidad de producir nuevos medios fiduciarios. Es decir, incluso en el caso poco realista y puramente teórico de que todos los medios fiduciarios creados se ahorren y, por tanto, los nuevos proyectos no representen una mala inversión, su creación era innecesaria.

El empresario, ¿ahorra su propio producto?

En quinto lugar, las empresas del ejemplo de Rallo no son bancos sino productores de trigo y cebada que emiten activos financieros. El negocio principal de los bancos hoy no es emitir papel comercial sino dinero, que es algo distinto. El problema es que los bancos de reserva fraccionaria emiten sustitutos monetarios perfectos en una cantidad superior a la que tienen en dinero propio. Es decir, los bancos emiten medios fiduciarios. Los agentes consideran estos sustitutos monetarios subjetivamente como dinero propio. Son solo una forma distinta de utilizar el dinero.

El dinero ni es un bien de consumo ni un bien de capital, sino que el dinero es sui generis. Es el medio de cambio generalmente aceptado. Hace posible el cálculo económico. Es la referencia. Por lo tanto, no hay diferencia de grado entre el dinero y los activos financieros como papel comercial, sino una diferencia de clase. Son radicalmente distintos.

En sexto lugar, Rallo rebate la acusación de que la expansión crediticia no está respaldada por el ahorro real con el argumento de que si se descuenta una letra real y la letra real está respaldada por bienes de consumo, entonces está respaldada por ahorro real. Porque el empresario podría consumir los bienes de consumo. Como no los consume, el empresario está ahorrando, según Rallo.

La primera cuestión que se plantea es cómo, en una economía de mercado basada en la división del trabajo, el empresario podría consumir su producción para mantenerse durante el proceso de producción. Imaginemos un fabricante de cepillos de dientes (para no hablar de un productor de pienso animal). No puede ni quiere consumir él mismo los miles de cepillos de dientes que produce. Los produce para venderlos en el futuro a cambio de dinero. Y aquí llegamos al punto crucial. El proceso productivo aún no ha concluido si los cepillos están en el almacén del empresario. Si no, habría que preguntarse por qué el empresario aún no ha vendido y cobrado los bienes de consumo supuestamente terminados. Pues, entonces, no necesitaría el descuento en absoluto.

Necesita el préstamo porque el proceso de producción aún no ha concluido. Solo se completa cuando los productos se transportan al consumidor y se pagan. Todavía hay que buscar y encontrar a los consumidores y convencerles de que paguen con una estrategia de venta adecuada. La comercialización es una parte importante del proceso productivo. Los cepillos de dientes en el almacén aún no cobrados no son ahorros reales, sino bienes intermedios que aún no han madurado del todo (faltan 30-60-90 días).

La deflación y el descalce de plazos

En séptimo lugar, la deflación que tanto miedo parece dar a Rallo es la deflación derivada de aumento de la productividad. Al menos en su ejemplo, solo habla de producción. Aunque Rallo se empeñe en hablar de aumento de la demanda de dinero, no aparece por ningún sitio en su ejemplo. El aumento de la demanda del dinero por un súbito aumento de la incertidumbre percibida no es tratado en su ejemplo, sino que todo gira entorno a la producción de mercancías que se intercambian por dinero.

En octavo lugar, el descalce de plazos no es la causa del ciclo económico en un mercado libre. Los empresarios intentan prever el futuro flujo del ahorro. Siempre unos ahorradores a corto plazo substituyen a otros ahorradores a corto plazo. De hecho, si la preferencia temporal social no cambia, el flujo bruto del ahorro se mantiene constante. De esta manera los empresarios pueden utilizar este flujo de ahorro para financiar inversiones a más largo plazo sustituyendo los ahorradores que les financian. Por tanto, el descalce no plantea problemas si hay un flujo previsible de ahorro y unos ahorradores van ocupando la posición de otros.

Anti-Rallo y Dinero, crédito bancario y ciclos económicos

En noveno lugar, el esquema de Rallo no compensa la deflación sino genera una inflación que se retroalimenta. Pues la doctrina de las letras reales conecta la masa monetaria a un valor nominal: el valor del mercado de los bienes de consumo, que obviamente no es independiente de la masa monetaria. Es decir, cuando se empieza a descontar letras creando medios fiduciarios, empieza subir el precio de los bienes de consumo. Y conforme sube el precio de los bienes de consumo, se puede descontar un volumen mayor creando aún más medios fiduciarios y así sucesivamente.  

En décimo lugar, en la práctica Panamá es un minimercado financiero integrado en el de los EEUU y cuyas vicisitudes siempre ha seguido en términos generales.

En undécimo lugar, las crisis bancarias del siglo XIX tenían su origen en el descuento del papel comercial. Y no hubo banco central en los EEUU. Por esta razón, los banqueros estadounidenses (JP Morgan, Rockefeller, Kuhn, Loeb) presionaron para la introducción de un banco central.

Por último, hay que decir que para cualquier persona interesada en una crítica sistemática de la doctrina de las letras reales y un sistema bancario fraccionario basado en ellas, todos los argumentos se pueden encontrar en mi libro Anti-Rallo. También recomendaría un estudio a fondo del libro de Huerta de Soto, Dinero, crédito bancario y ciclos económicos, sobre todo del capítulo 8. El estudio de estas obras permite una comprensión global de las cuestiones y problemas de la reserva fraccionaria. Y, por tanto, también de la trascendencia inédita de la reforma del sistema financiero pretendida por Javier Milei introduciendo un coeficiente de caja del 100%.


Notas

[1] Este proceso está limitado por la capacidad máxima del sistema de expandir el crédito.

[2] Para este punto y el anterior véase también la conferencia de Jesús Huerta de Soto (2024) Lincoln y la Unión Europea (con una crítica de la denominada “Teoría de la liquidez”

Ver también
Debate sobre reserva fraccionaria y liberalismo

“Si te importa tu país, lee a Ludwig von Mises”

Por Kristian Niemietz. “Si te importa tu país, lee a Ludwig von Mises” fue publicado originalmente por CapX.

La semana pasada, Renato Moicano, un artista marcial profesional que compite en el Ultimate Fighting Championship (UFC), hizo un anuncio bastante inusual después de un combate:

Amo la propiedad privada, y déjenme decirles algo: si les importa su […] país, lean a Ludwig von Mises y las seis lecciones de la Escuela Económica Austriaca […]”.

Renato Moicano

¡Sabias palabras! La Escuela Austriaca de Economía, que surgió en Viena en la década de 1870, fue una de las principales escuelas de pensamiento económico del mundo a finales del siglo XIX y principios del XX, y aunque desde entonces ha caído un poco en desgracia, todavía tenemos mucho que aprender de ella. No sé muy bien a qué se refiere el Sr. Moicano con “las seis lecciones” (se especula que se refería al libro “Economic Policy: Pensamientos para hoy y mañana” publicado por el Instituto Mises, que se compone de seis conferencias), pero en cualquier caso, en este artículo destacaré seis importantes ideas que debemos a la Escuela Austriaca.

El valor es subjetivo

El valor de un bien no es una propiedad del bien en sí. Es algo que nosotros, los consumidores, vemos en él. Como explicó Carl Menger, padre fundador de la Escuela Austriaca, el valor existe en nuestra mente, no en el mundo físico.

Cinco etapas en la historia de la Escuela Austríaca

Como muchas ideas importantes, esto parece muy obvio -incluso trivial- una vez que alguien lo ha explicado. Pero no lo es en absoluto hasta que alguien lo hace. Durante mucho tiempo, los economistas creyeron en la llamada “Teoría del Trabajo del Valor”, la idea de que el valor de un bien viene determinado por el número de horas de trabajo necesarias para fabricarlo. Eso convertiría al “valor” en una propiedad física objetiva de un bien, como su peso, su volumen o, en el caso de los alimentos, su contenido calórico.

Pero es evidente que el valor no es nada de eso. Podemos verlo en el hecho de que las cosas suben y bajan de valor a medida que cambian las preferencias de los consumidores, aunque el número de horas de trabajo que contienen permanezca constante.

El valor se determina al margen

La primera pinta de cerveza de la noche es una delicia. La segunda sigue siendo muy agradable, pero no llega a reproducir la magia de la primera. Cada pinta posterior es un poco menos agradable que la anterior. Los economistas lo llaman “utilidad marginal decreciente”.

De nuevo, parece obvio cuando alguien lo explica, pero no lo fue en absoluto hasta la “Revolución Marginal” de finales del siglo XIX, de la que formó parte la Escuela Austriaca. Los economistas se enfrentaban a lo que más tarde se llamó la “paradoja diamante-agua”: ¿no es extraño que valoremos tanto los diamantes y tan poco el agua, dado que los diamantes no tienen ninguna utilidad práctica, mientras que no podemos sobrevivir más de tres días sin agua?

Pero esto no tiene nada de paradójico si pensamos en términos de valor marginal y no absoluto. Si estamos perdidos en el desierto, pagaríamos cualquier precio por una botella de agua. Sin embargo, la mayoría de las veces no estamos perdidos en el desierto. La mayoría de las veces tenemos agua suficiente. Y una unidad adicional no nos haría mucho mejor.

Si alguien inventara una impresora 3D que pudiera “imprimir” diamantes, el valor marginal de los diamantes también descendería. Pero con el número limitado de diamantes que circulan actualmente, ni siquiera se llega a esa situación.

Los beneficios no son explotación

Los marxistas ven a los capitalistas como explotadores parasitarios. Los ven como el equivalente de un terrateniente feudal, que no produce nada: sólo posee la tierra y cobra rentas.

Eugen von Böhm-Bawerk, figura destacada de la segunda generación de la Escuela Austriaca, explicó que el papel del capitalista en una economía de mercado no tiene nada que ver con eso. Los beneficios son una recompensa legítima a la asunción de riesgos y a la paciencia.

Si eres asalariado, estás, en gran medida, aislado de los altibajos de la empresa para la que trabajas. Cuando la empresa atraviesa una mala racha, no es tu problema: sigues teniendo derecho al mismo salario. También cobras desde el primer mes, aunque pueden pasar muchos años hasta que una nueva empresa, o una nueva línea de productos, genere algún beneficio.

Pero la otra cara de la moneda es que cuando una empresa genera grandes beneficios, no tienes derecho automáticamente a una parte de ellos. Los contratos de trabajo son como un contrato de seguro entre los que asumen riesgos y los que tienen aversión al riesgo. No hay nada de “explotación” en ello.

No hay cálculo económico sin precios de mercado

Cuando decimos que el bien X vale tres veces, cinco veces o diez veces más que el bien Y, ¿qué queremos decir con eso?

Queremos decir que esa es la proporción a la que la gente suele intercambiar X por Y. Cuando X e Y no son intercambiables, no podemos saber cuál es esa proporción. Sin intercambio de mercado, no puede haber relaciones de intercambio de mercado. Sin mercados, no puede haber precios de mercado.

Ludwig von Mises, la figura más destacada de la tercera generación de la Escuela Austriaca, señaló que, por lo tanto, no puede haber precios de mercado en una economía socialista. O más exactamente: Ludwig von Mises suponía que, incluso en una economía socialista, podía seguir existiendo un mercado (secundario) de bienes de consumo. Lo que no puede haber es un mercado para los bienes de capital y los factores de producción, como las materias primas, la tierra, la mano de obra, la maquinaria, etcétera.

¿Por qué es importante? Porque sin precios no puede haber cálculo económico racional. Los marxistas siempre han sostenido que el capitalismo era caótico: “anarquía en la producción”, como lo llamaba Friedrich Engels. Una economía socialista sería una economía más racional. Mises dio la vuelta a esta lógica. Dijo que la llamada economía “planificada” del socialismo sería, en realidad, caótica y no planificada. En ausencia de señales de precios, los planificadores no sabrían qué hacer. Esto dio inicio a lo que más tarde se conoció como el Debate sobre el Cálculo Socialista.

El conocimiento es tácito y disperso

Todos poseemos algún conocimiento económicamente relevante, normalmente específico de nuestras propias circunstancias, tiempo y lugar. Al menos, todos conocemos mejor que nadie nuestras propias necesidades y preferencias. Este tipo de conocimiento suele ser “tácito”: lo poseemos, pero nos costaría articularlo.

En una economía de mercado, no necesitamos expresarlo. Basta con actuar en consecuencia. Nuestras acciones influyen en los precios del mercado y, de este modo, nuestro conocimiento se comunica a otros agentes económicos. Ningún planificador central podría sustituir ese proceso, ni siquiera hoy, con toda la potencia informática de que disponemos.

Estas importantes aclaraciones fueron añadidas en la segunda ronda del Debate sobre el Cálculo Socialista por el hombre que se convertiría en el alumno más destacado de Ludwig von Mises, y en el futuro Padrino del Instituto de Asuntos Económicos: Friedrich August von Hayek.

Los bajos tipos de interés provocan ciclos de auge y caída

Mises y Hayek también desarrollaron una teoría del ciclo económico que, a grandes rasgos, funciona de la siguiente manera. Imaginemos dos sociedades, por lo demás idénticas, que sólo difieren en un aspecto: en una de ellas, la gente es paciente y previsora, en la otra, la gente busca la gratificación instantánea. Esto daría lugar a estructuras económicas muy diferentes. La sociedad paciente tendría una elevada tasa de ahorro. En esa economía, sería posible tener sectores con largos plazos de producción, que tardan mucho en madurar. Estos no serían viables en la sociedad impaciente.

Ahora bien, ¿qué ocurre si el banco central de la sociedad impaciente manipula los tipos de interés a la baja? Esto crearía la impresión de que esta sociedad se ha vuelto más paciente, y que los proyectos de inversión a largo plazo que antes eran inviables ahora son viables.

Pero esto sería una ilusión, y si se engaña a los inversores para que inicien esos proyectos de inversión a largo plazo, tarde o temprano descubrirán que están construidos sobre arena. A un auge ilusorio de la inversión le sigue una quiebra.

A diferencia de los keynesianos, los austriacos no creen que los gobiernos puedan hacer mucho para combatir una recesión. La mala inversión ya se ha producido y hay que liquidarla. La economía tiene que pasar por un doloroso proceso de ajuste.

Conclusión

En la segunda mitad del siglo XX, la Escuela Austriaca cayó en desgracia. Esto se debió en parte a una cuestión de metodología. La economía dominante se convirtió en una ciencia eminentemente matemática, imitando a la física, un enfoque que la Escuela Austriaca rechaza. Tampoco ayudó el hecho de que los economistas austriacos tienden a ser muy puristas e intransigentes, lo que dificultó la aplicación de sus recomendaciones políticas en un mundo que se había alejado mucho del liberalismo del laissez-faire.

Pero las ideas de su época dorada son intemporales, y aún hoy se pueden encontrar pensadores interesantes en la tradición austriaca. Renato Moicano tiene razón. Lean algo de economía austriaca.

Ver también

Ludwig von Mises: el debate sobre el cálculo socialista entonces y ahora. (Kristian Niemietz).

70 años de ´La Acción Humana’. (José Carlos Rodríguez)

Leo Strauss y la promesa de la filosofía política

Por Daniel J. Mahoney. Leo Strauss y la promesa de la filosofía política fue publicado originalmente en Law & Liberty.

El año 2023 fue testigo de dos aniversarios significativos relacionados con la vida y el pensamiento del filósofo político Leo Strauss: el 70 aniversario de la publicación de su obra más conocida y sinóptica, Derecho natural e historia (1953), y el 50 aniversario de su muerte en 1973. Figura controvertida en vida, Strauss y sus alumnos (los llamados “straussianos”) siguen siendo hoy polarizantes.

Por un lado, los académicos de izquierdas y los periodistas que recirculan sin cesar tópicos y terribles simplificaciones ven en los estudiosos influidos por Strauss una cábala elitista y antidemocrática; los teóricos políticos, no pocos, especializados en reducir a los pensadores a las categorías vulgares de su época se burlan de la pretensión straussiana de que el pensamiento que informa los Grandes Libros tenga un significado transhistórico.

Averroismo de Leo Strauss

Por otra parte, algunos conservadores y creyentes ven en el planteamiento de Strauss un averroísmo apenas disimulado que reduce la religión a una herramienta útil para fomentar la autocontención entre las almas corrientes y a un mero simulacro de verdades filosóficas más profundas. Se podrían multiplicar las críticas y acusaciones, algunas más estridentes que otras, pero pocas caracterizadas por un esfuerzo serio por comprender a Leo Strauss como él se comprendía a sí mismo. Además, la mayoría de los críticos de Strauss y de los straussianos asumen una uniformidad en el mundo straussiano que simplemente no existe y que en realidad nunca ha existido.

Acerquémonos, pues, al pensamiento y al legado de Strauss con un respeto no fingido y un esfuerzo decidido por hacerle justicia. Leo Strauss, un judío alemán que se refugió en Estados Unidos para escapar del bárbaro despotismo ideológico que se había apoderado de su patria, fue un hombre honorable y un pensador antitotalitario hasta la médula. Fue un crítico penetrante de lo que él llamaba “el Estado universal y homogéneo”.

Las olas de la modernidad

Despreciaba el nazismo y el comunismo y llegó a sentir un profundo respeto por la moderación y el sentido común que aún caracterizaban a la democracia liberal angloamericana a mediados del siglo XX. En su ensayo de 1965, “Las tres olas de la modernidad”, Strauss insistía en que la “crisis de nuestro tiempo”, la incapacidad de la razón moderna para defenderse adecuadamente de las críticas “historicistas” que le hacían personajes como Rousseau y Nietzsche, no implicaba necesariamente una “crisis práctica”, ya que “la superioridad de la democracia liberal sobre el comunismo, estalinista o post-estalinista, [era] suficientemente obvia”.

Pero Strauss también apreciaba que, en el momento de escribir ese ensayo, la democracia liberal todavía recibía “un poderoso apoyo de una forma de pensar que no puede llamarse moderna en absoluto: el pensamiento premoderno de nuestra tradición occidental”. Esa tradición recordaba a los hombres y mujeres modernos que los derechos deben ir acompañados de deberes, que la búsqueda de placeres mezquinos y míseros no agota la vida del alma, y que el reconocimiento de la distinción no arbitraria entre lo correcto y lo incorrecto, el bien y el mal, era crucial para una vida bien vivida. Esa tradición premoderna aún tenía un amplio lugar para los héroes y los santos.

Cultivar la aristocracia

Eso no significa que nuestra tarea consistiera simplemente en recibir esa tradición: teníamos que continuarla y renovarla. En un ensayo de 1962, “Educación liberal y responsabilidad” (al igual que “Las tres olas de la modernidad” puede encontrarse en An Introduction to Political Philosophy de Hilail Gildin : Diez ensayos de Leo Strauss), Strauss subrayaba la necesidad de cultivar discretamente una “aristocracia” liberalmente educada dentro de la sociedad de masas, de utilizar las libertades que posibilita la democracia moderna para cultivar la excelencia humana a través del estudio de los Grandes Libros. Tales “puestos avanzados” de excelencia humana, como los llamó Strauss, “pueden llegar a ser considerados por muchos ciudadanos como saludables para la república y como merecedores de darle su tono”.

De los “fracasos grandiosos de Marx y Nietzsche”, “el padre del comunismo” y “el padrastro del fascismo”, respectivamente, Strauss extrajo esta importante conclusión: “la sabiduría no puede separarse de la moderación y de ahí [la necesidad] de comprender que la sabiduría requiere una lealtad sin vacilaciones a una constitución decente e incluso a la causa del constitucionalismo”. Sería difícil superar en elocuencia o sabiduría la observación a menudo citada de Strauss de que tal moderación “nos protegerá contra el doble peligro de las expectativas visionarias de la política y el desprecio poco varonil” por ella.

Derecho natural e historia

Se trataba, por supuesto, de una moderación clásica, que no debe confundirse con la acomodación a cámara lenta al zeitgeist propuesta por algunos, entonces y ahora. Leo Strauss quería que los educados liberalmente se mantuvieran comprometidos con la moderación práctica y cultivaran la prudencia altruista del ciudadano y el estadista responsables. Todo ello es admirable y, en el contexto actual, profundamente contracultural.

Cuando leí por primera vez Derecho natural e historia como estudiante de posgrado a principios de la década de 1980, me conquistó la mezcla de sabiduría y preocupación por la civilización occidental que parecía caracterizar el libro de principio a fin. Strauss arremetía contra el relativismo simplista y la irreflexiva negación del derecho natural, típicos de las corrientes más influyentes de la filosofía y las ciencias sociales modernas.

Sin ser abierta u obviamente religioso, tenía plena confianza en que la razón podía decidir entre el hedonismo irreflexivo y los “entusiasmos espurios”, por un lado, y “las formas de vida recomendadas por Amós o Sócrates”, por otro. Evocó libremente categorías tan edificantes y ennoblecedoras como “eternidad” y “trascendencia” (aunque en un lenguaje más específicamente filosófico) y temió que el abandono de la búsqueda del “mejor régimen” y la mejor forma de vida socavara las capacidades humanas para cultivar el alma y “trascender lo real”. Temía que los seres humanos se sintieran demasiado a gusto en este mundo.

Crítica de Leo Strauss a Max Weber

La respetuosa pero contundente crítica de Strauss a la distinción “hecho-valor” articulada por el gran científico social alemán Max Weber me permitió, de joven, apreciar mejor lo crucial que es discernir la evaluación moral para ver las cosas como son. Esa evaluación moral calibrada forma parte integrante de la ciencia social (y de la filosofía política), bien entendida. Entre otras cosas, Leo Strauss señaló brillantemente que, y cómo, Weber se apartó de su propia teoría: “Su obra no sería meramente aburrida sino absolutamente carente de sentido si no hablara casi constantemente de prácticamente todas las virtudes y vicios intelectuales y morales en el lenguaje apropiado, es decir, en el lenguaje del elogio y la culpa”.

Una llamativa discusión en Natural Right and History observaba que “la prohibición de los juicios de valor en las ciencias sociales” permitiría hablar de todo lo relevante en un campo de concentración excepto de lo más pertinente: “no se nos permitiría hablar de crueldad.” Una descripción tan metodológicamente castrada resultaría ser una sátira involuntaria y mordaz, una poderosa acusación contra la empresa de las ciencias sociales que se fundamenta en ella.

Estatismo

Incluso el famoso elogio de Strauss a Winston Churchill, pronunciado en clase en la Universidad de Chicago el 25 de enero de 1965, se desarrolla como parte de una crítica más amplia de la obtusidad intelectual y moral que subyace a la distinción hecho-valor, la separación arbitraria entre la descripción de los hechos y el juicio moral, un punto hábilmente expuesto por Timothy W. Burns en su reciente libro sobre Strauss.

Leo Strauss admiraba a Churchill, el “indomable y magnánimo estadista” como él lo llamaba, tanto por su heroica lucha contra Hitler (“el tirano demente”) y el hitlerismo como por su amplio conocimiento de la “amenaza a la libertad que [suponían] Stalin y sus sucesores”. “No menos importantes que sus actos y discursos”, sin embargo, “son sus escritos, sobre todo su Marlborough, la mayor obra histórica escrita en nuestro siglo, una mina inagotable de sabiduría o comprensión política, que debería ser lectura obligada para todo estudiante de ciencias políticas”. Aquí el magnánimo estadista contribuye poderosamente a la auténtica comprensión.

En esta ocasión, Strauss honró la grandeza de Churchill con un discernimiento y una elocuencia poco comunes. El ennoblecedor ejemplo de Churchill, insistió Strauss, debería recordar a todos los estudiantes de política que “debemos entrenarnos a nosotros mismos y a los demás en ver las cosas tal como son, y esto significa sobre todo ver su grandeza y su miseria, su excelencia y su vileza, su nobleza y sus triunfos, y por lo tanto no confundir nunca la mediocridad, por brillante que sea, con la verdadera grandeza”.

La admiración desinteresada de la excelencia humana

Para llevar a cabo este deber esencial, los estudiantes de política deben “liberarse” “de la suposición de que las afirmaciones de valor no pueden ser afirmaciones de hecho”. El bello homenaje de Strauss a Churchill era, pues, parte integrante de su más amplia recuperación “fenomenológica” del lenguaje del elogio y la culpa al servicio de la comprensión de las cosas morales y políticas tal como son en toda “su grandeza y su miseria”. La evocación de los Pensées de Pascal es claramente autoconsciente y contribuye a añadir profundidad espiritual a la bienvenida y necesaria recuperación del sentido común aristotélico.

Strauss afirma que existe la admiración “desinteresada” de la excelencia humana.

El caso de Edmund Burke, otro gran estadista a quien Strauss admiraba, es más complejo. El colega de Strauss en la New School for Social Research, Erich Hula, declaró que durante la Segunda Guerra Mundial, Strauss citaba y se basaba regularmente en la sabiduría y la retórica inspiradora tanto de Burke como de Churchill, y lo hacía con entusiasmo.

Cicerón y Suárez, “autores de la sana antigüedad”

En Natural Right and History, Leo Strauss cita a Burke para destacar el carácter perturbador del “ateísmo político y el hedonismo político” modernos, que, en contraste con la mayoría de las formas de ateísmo premoderno, eran “activos, proyectistas, turbulentos y sediciosos” (en las sorprendentes palabras de Burke). Con Burke, vio el fanatismo inherente en el énfasis unilateral de los revolucionarios franceses en “la humanidad y la benevolencia” en contraposición a “esa clase de virtudes que frenan el apetito”. Con Burke, Strauss apreciaba que “el humanitarismo extremo de los teóricos de la Revolución Francesa conduce necesariamente a la bestialidad”.

Leo Strauss también admiraba el retorno de Burke a Cicerón y Suárez, a “los autores de la sana antigüedad”. Pero a Strauss le preocupaba que la tajante “distinción entre teoría y práctica” de Burke, su por otra parte admirable recuperación de la prudencia, “el dios de este mundo inferior”, acabara rompiendo con la subordinación clásica o aristotélica de la práctica sana, por loable que fuera, a la teoría contemplativa.

Edmund Burke

Citando un pasaje casi desesperanzado de Burke sobre la posibilidad de que la Providencia hubiera decretado o permitido la victoria de la Revolución Francesa, un pasaje de un corpus verdaderamente voluminoso, Strauss afirma que Burke, al menos en este pasaje, es “ajeno a la nobleza de la resistencia a ultranza contra los enemigos de la humanidad, ‘cayendo con las armas en ristre y las banderas ondeando'”.

Sin embargo, antes Strauss había alabado a Burke por su valiente y firme resistencia a la Revolución Francesa, “una revolución en la mente de los hombres”, que el estadista angloirlandés consideraba “completamente malvada”. Burke fue la “última resistencia” al azote jacobino, como Strauss había reconocido apenas unas páginas antes.

Strauss termina este desconcertante capítulo con una nota de elogio: “El propio Burke estaba todavía demasiado imbuido del espíritu de la ‘sana antigüedad’ como para permitir que la preocupación por la individualidad se impusiera a la preocupación por la virtud”. Sin embargo, demasiada gente, amigos y enemigos por igual, salen de la lectura del capítulo sobre Burke en Derecho natural e historia convencidos de que Strauss era simplemente un crítico de Burke. Eso está lejos de la verdad, como mi resumen pretende sugerir.

Derecho por naturaleza

En los capítulos centrales de Derecho natural e historia, Strauss ofrece un relato rico y evocador de esas experiencias humanas elementales que dan lugar al reconocimiento de que algunas cosas son “correctas por naturaleza”. El libro comienza con un epigrama extraído del Libro de los Reyes sobre el pobre hombre cuya amada oveja le fue arrebatada por un hombre rico que poseía un abundante rebaño y manada, así como la negativa de Nabot el Jezreelita a entregar a Acab, rey de Samaria, su herencia ancestral de tierras porque el codicioso rey se lo exige. En ambos casos, no es muy difícil para un ser humano moralmente despierto distinguir el bien del mal.

En los capítulos sobre “El origen del derecho natural” y “El derecho natural clásico” Strauss afirma que existe la admiración “desinteresada” de la excelencia humana. Esto en sí mismo proporciona una poderosa prueba de la realidad del “derecho natural”. Siguiendo a Platón y Aristóteles, Strauss ofrece una lúcida descripción de la “constitución natural del hombre”, arraigada en la distinción entre el cuerpo y el alma y en el reconocimiento de que “el alma está por encima del cuerpo”. Tal descripción del alma conduce naturalmente a reconocer que “la labor propia del hombre consiste en vivir reflexivamente, en comprender y en actuar reflexivamente”. Strauss no es convencionalista ni relativista.

La vida buena

No duda en afirmar que “la buena vida… fluye de un alma bien ordenada o sana”. Strauss identifica la buena vida no con la vida del placer (aunque los placeres la acompañen, incluida la “serenidad” que a veces atribuía a Sócrates) sino con “la vida de la excelencia o la virtud.” Pero en al menos un punto dramático de Derecho natural e historia Leo Strauss identificó la vida meramente moral como “vulgar”, incluso “mutilada”. Se trata, sin duda, de un “dicho duro”, una afirmación chocante. ¿Sólo los filósofos son verdaderamente humanos? A este lector le parece que eso es ir demasiado lejos. Lo que comienza como un relato dialéctico de la ascensión del alma, acaba socavando sus indispensables comienzos. Este es un problema sobre el que volveremos en el curso de nuestra discusión.

Creo que es una apuesta más segura no extrapolar a partir de una o dos afirmaciones más “extremas” de Strauss y extraer un cuestionable relato “esotérico” de sus convicciones “últimas”. Me inclino a coincidir con Catherine y Michel Zuckert en que el propio Strauss escribía con bastante cuidado (con prudente “reserva pedagógica” cuando procedía), pero no esotéricamente. No hay ninguna “enseñanza secreta”, ningún código que descifrar. Y lo que es más importante, el pensamiento de Strauss, al igual que la sabiduría clásica en la que se inspira, está plagado de tensiones, muchas de ellas saludables y productivas.

Razón y revelación

No hay duda de que Leo Strauss pretendía recuperar la dignidad y la rareza de la filosofía como una “forma de vida” integral (y no como una mera búsqueda académica) impulsada por la búsqueda de la verdad informada por el eros intelectual, “la gracia de la naturaleza”, como él la llamaba. Strauss a veces reificaba esta actividad hablando del filósofo, el tipo humano más raro y elevado, que sin embargo seguía siendo de algún modo un ser humano. En su discurso de 1948 sobre “Razón y Revelación” en el Seminario Teológico de Hartford, Strauss argumentó que Pascal no se equivocaba cuando hablaba de “la miseria del hombre sin Dios” salvo por una y sólo una excepción: El filósofo socrático que se serena en su búsqueda de la verdad sin el consuelo de la fe en los dioses o en la Divina Providencia.

Más raramente, Strauss hablaba de la “probidad” del filósofo que sabe que incluso la tierra perecerá y que el bien no se sostiene en última instancia. Strauss en esta voz parecía creer con Ernest Renan que “la verdad es triste”, al menos en el aspecto final. Sin embargo, hay un dogmatismo al acecho en esta supuesta probidad intelectual, un sesgo a favor del ateísmo, podría decirse. Pero, como señaló Harry Jaffa en un artículo publicado en 1982 en Modern Age, en las páginas finales de Thoughts on Machiavelli (1958), Leo Strauss abogaba por una apreciación más profunda de la vieja y ennoblecedora idea de la “primacía del Bien”, un pensamiento y una afirmación que apuntan en una dirección bastante distinta de la triste probidad del filósofo.

El nihilismo alemán

En cualquier caso, abundan las tensiones en los admirables esfuerzos de Strauss por recuperar una concepción transhistórica del filosofar y una auténtica apertura a las insinuaciones de justicia natural que se manifiestan en nuestra vida común o mundo común. En su papel de fenomenólogo filosófico, por así decirlo, Strauss sostenía que “la libertad del hombre va acompañada de un temor sagrado, de una adivinación de que no todo está permitido. Podemos llamar a este miedo inspirado por el temor ‘la conciencia natural del hombre’. La restricción es, por tanto, tan natural o tan primigenia como la libertad”.

Asimismo, en su profundo ensayo sobre “El nihilismo alemán”, pronunciado en un seminario de la New School for Social Research” en 1941 y publicado póstumamente muchos años después, Strauss sugería que los dos pilares gemelos de la civilización (definida como “la cultura consciente de la humanidad”) son “la moral y la ciencia, ambas unidas”. En una formulación particularmente sugestiva, Strauss sostiene que “la ciencia sin moral degenera en cinismo, y destruye así la base del propio esfuerzo científico; y la moral sin ciencia degenera en superstición y, por tanto, es propensa a convertirse en crueldad fanática”.

Razonamiento teórico, razonamiento práctico

En su excelente libro reciente, Leo Strauss on Democracy, Technology, and Liberal Education (que trata inteligentemente muchas de estas cuestiones que nos ocupan), mi amigo Timothy W. Burns identifica la ciencia con el “razonamiento teórico” y la moral con el “razonamiento práctico.” Hasta aquí, todo bien. Pero siguiendo una línea de pensamiento ocasional en Strauss, Burns identifica la filosofía o el “razonamiento teórico” con la “contemplación resignada de necesidades o causas”, y las tradiciones religiosas y morales de Occidente, especialmente la sabiduría bíblica, con una perspectiva práctica que no es filosófica. Burns argumenta que filósofos como Platón y Aristóteles, y el propio Strauss, “ofrecieron su limitada orientación” a la sana práctica sólo cuando “miraban las cosas como lo hace el estadista”. Como bien señala Burns, lo hicieron con generosidad y humanidad.

Pero, ¿no es la “verdad de la práctica”, como la han llamado Catherine y Michael Zuckert, algo que el razonamiento teórico también debe reconocer de forma verdaderamente sustancial, tanto “teórica” como prácticamente? Tal vez Strauss pueda rendir homenaje a los “bellos principios de la justicia”, como los llamó en una ocasión, precisamente porque él también debe inclinarse finalmente ante la “conciencia natural” del hombre como un dato de profunda relevancia tanto para la teoría como para la práctica, y para todo ser humano decente y que se precie, incluido el filósofo.

El hecho de la revelación

Admiro a Leo Strauss tanto como cuando empecé a lidiar con su pensamiento a los veintitantos años. Pero ahora soy más sensible a las tensiones inherentes a su recuperación de la filosofía política clásica. Con el Cicerón socrático (véase el Libro 5 de las Disputaciones Tusculanas), soy más reacio a reducir la “sabiduría” (la palabra elegida por Cicerón) entendida en sentido amplio con el filósofo per se. Desconfío especialmente de la búsqueda de la “razón pura”, que cede fácilmente al espíritu de abstracción. Hay algo demasiado estrecho, austero, incluso “inhumano” en el filósofo cosificado al que apelan muchos straussianos.

Además, la razón también pertenece a la religión, y la prueba de su verdad puede encontrarse en los profundos anhelos del alma humana tanto como en el “hecho bruto de la revelación”, como afirmaba Strauss. La religión bíblica propone una antropología filosófica convincente que lucha con el drama del bien y del mal en el alma humana de un modo que capta sorprendentemente la “verdad sobre el hombre”, como Pascal, Charles Péguy y el Papa Juan Pablo II la expresaron de formas ligeramente diferentes. Hay mucha verosimilitud en el relato religioso de los seres humanos “caídos”, todavía imbuidos de libre albedrío y conciencia moral. No toda razón es “razón autónoma”.

Sigo estando en deuda con Strauss, que puso patas arriba el reduccionismo moderno y recuperó la dignidad del Lebenswelt, el mundo común donde el bien y el mal, lo noble y lo bajo, y el juicio moral y político razonable, aparecen por primera vez a la vista. La imagen de la “caverna” de la República de Platón tiene sus múltiples usos para recordarnos la dignidad de la “vida examinada”.

Roger Scruton

Pero la “clarificación” dialéctica por parte del filósofo de la opinión común y del mundo común de los seres humanos moral-políticos nunca puede dejar atrás definitivamente el “sentido común”, si la filosofía ha de realizar su saludable labor. La “liberación” completa del mundo de la vida no culmina en la sabiduría filosófica, sino en una especie de nihilismo refinado, más alejado de la verdad que el anticuado “sentido común”. Gregory Bruce Smith ha argumentado este punto de forma bastante convincente en su libro de 2018, Political Philosophy and the Republican Future: Reconsidering Cicero.

En definitiva, la filosofía política clásica sigue siendo “fenomenológica” en aspectos decisivos, o corre el riesgo de no ser nada en absoluto. La teoría debe aprender de la práctica, y no al revés. En este sentido, la relación entre teoría y práctica nunca puede ser simplemente jerárquica.

Permítanme terminar con un punto capital inspirado en Roger Scruton y su biógrafo intelectual Mark Dooley. Como Dooley muestra en su nueva edición de Roger Scruton: The Philosopher on Dover Beach, Scruton llegó a creer, acertadamente en mi opinión, que en el mundo moderno tardío, la filosofía está obligada en aspectos importantes a convertirse en “la costurera del Lebenswelt“. Siendo “ciudadanos de una pequeña e íntima ciudad-estado”, Platón y Sócrates podían presuponer “normas públicamente aceptadas de virtud y gusto” formadas en gran medida por una “única colección de poesía incomparable”.

Falta de fe en una comunidad estable

Nosotros, en cambio, vivimos en un mundo moderno tardío en decadencia “asolado por la cultura del repudio y el desencanto”, desprovisto de “las certezas que antaño nos proporcionaba nuestra cultura común”. Como dice Scruton, la filosofía “se ha visto privada de su punto de partida tradicional en la fe de una comunidad estable”. El interrogatorio socrático, como lo llamó Eric Voegelin, sigue siendo fundamental en la vida de la investigación intelectual, y el fundamentalismo -religioso y secular- sigue sospechando profundamente de él. Pero el escepticismo socrático de hoy debe afirmar tanto como cuestionar, y está obligado a cuestionar (y repudiar) el relativismo fácil y el tipo de escepticismo que abandona la búsqueda de la Verdad. Si la filosofía no defiende enérgicamente las verdades inherentes a la vida común, corre el riesgo de incumplir su antigua y venerable “promesa” de ayudarnos a “vivir bien y sabiamente”.

No todos los straussianos estarán de acuerdo con esta “corrección” del filosofar socrático ocasionada por la amenaza de nuestra sofocante cultura del repudio y la negación, especialmente aquellos comprometidos con un relato más epicúreo, y antipolítico, de la vida filosófica. Pero me inclino a pensar que Strauss lo haría precisamente porque no era epicúreo y tenía un profundo sentido de la responsabilidad moral y política.

Ver también

La primacía de la libertad. (Juliana Geran Pilon).

Por qué falló el conservadurismo. (Claes G. Ryn).

La sátira en ‘El problema de los tres cuerpos’

Hace unas semanas se estrenó en streaming la serie que da título a este artículo. Venía precedida por grandes expectativas, no en vano el libro en que se basa ha sido uno de los grandes éxitos editoriales de los últimos años en el género de ciencia ficción. Para mayor excepcionalidad, la novela es obra de un escritor chino, Liu Cixin, y no hay tantos orientales que sean Best-Seller en occidente.

El problema de los tres cuerpos es el título de la primera de las tres novelas que componen la trilogía, siendo las otras dos, El bosque oscuro y El fin de la muerte. Leí hace unos años las dos primeras, sin llegar a entusiasmarme tanto su lectura como para terminar la trilogía. Pero sí me parecieron originales, sobre toda la forma en que incorpora la mecánica cuántica y la psicología a una narración de ciencia ficción. No les dediqué una mayor reflexión: un par de novelas de ciencia ficción obra de un autor chino con algunos puntos originales.

Ha sido al ver la serie cuando mi percepción ha cambiado, yo diría que bastante. Para explicar por qué me veré obligado a desvelar algunos aspectos de la historia, por lo que el lector que no quiera sufrir spoilers debería completar la serie antes de continuar leyendo. Aviso también de que no son spoilers terribles.

Trama

El tema es poco sorprendente: unos alienígenas han descubierto la existencia de la Tierra y amenazan con hacerle una visita, primero para convivir con los terrícolas, aunque al descubrir el carácter intrínsicamente perverso de la humanidad (ironía off), deciden que nos van a aniquilar como si fuéramos cucarachas. Las buenas noticias es que la invasión no es inminente. Incluso con su tecnología, mucho más avanzada que la nuestra, el viaje a la Tierra les va a llevar 400 años. Este es el tiempo que tiene la humanidad para prepararse contra la amenaza que viene. Repito, 400 años.

Evidentemente, un tema de este calado concierne a todos los Estados de la Tierra, que rápidamente se pondrán manos a la obra para ir preparándose. Preparativos que, obvio es decirlo, dada la magnitud de la amenaza, deberán movilizar todos los recursos de nuestro planeta. Los anuncios de que en 400 años llegan los malos se extienden como la pólvora, y eso da argumentos a los Estados para legitimar la toma de medidas de excepción.

La ONU, reunida en sesión especial, y ya conocedora del punto débil que tienen los extraterrestres, deciden crear la figura de los “Vallados” (Wallfaces en la traducción inglesa). Se designan tres “Vallados” procedentes de otros tantos rincones del mundo, y su misión es desarrollar la estrategia que permita derrotar a los invasores antes de qué o cuando lleguen a la Tierra.

Una alegoría

Para tal actividad, tendrán a su disposición cualquier recurso del planeta, sus órdenes han de ser obedecidas sin discusión. Tampoco deberán justificar sus acciones, puesto que eso podría dar pistas de la estrategia a los enemigos, quienes tienen intervenidas todas las comunicaciones entre humanos. De ahí el nombre de “Vallados”, solo ellos, individualmente supongo, diseñarán y conocerán la estrategia para asegurar la supervivencia de la humanidad, y tendrán que implementarla usando cualquier recurso que precisen y sin justificarlo. Con esto concluye la primera temporada de la serie.

Supongo que llegados a este punto ya no es necesario explicar por qué he empezado a pensar que en realidad Liu Cixin está haciendo una alegoría satírica de lo que hacen nuestros Estados. Además, la sensación se intensifica al observar como a la tradicional excusa del cambio climático como la mayor amenaza para nuestro modo de vida, se están uniendo en los últimos tiempos tambores de guerra, y así tenemos a muchos políticos europeos afirmando que es necesario armarse ante una posible invasión, no sé si de Rusia o de Israel, o de alienígenas.

Este es el negocio de Estados y políticos, por supuesto, el hacernos creer que nuestra vida está amenazada y que solo ellos con sus planes y estrategias nos pueden salvar. El primer ingrediente es la amenaza. El segundo es la ignorancia y el olvido de la gente, que una y otra vez cree que el Estado les puede salvar de algo. Ahí tenemos aún reciente el trauma de cómo se nos “salvó” del COVID, solución cuyas consecuencias económicas aún no hemos empezado a vivir.

400 años de excusas

Con esta perspectiva, tener una amenaza creíble a 400 años de distancia sería el verdadero sueño dorado de un político. Cuatrocientos años de excusa para intervenir las vidas de la gente y decirles cómo tienen que hacer las cosas. Y encima, sin posibilidad de asumir responsabilidades por las consecuencias de sus regulaciones, porque ni siquiera ellos con todos los recursos a su disposición, estarían aquí cuando se materialicen los temores (si es que lo hacen).

Volviendo a la novela/serie, la solución dada por los Estados a la amenaza alienígena es completamente la esperada: poder hacer lo que les dé la gana durante 400 años sin siquiera tener que dar una mínima justificación de sus actos. Con esto se consuma ese sueño dorado de que hablaba antes, en un despertar apoteósico en que tenemos al funcionario o político convertido en verdadero dios. Imagínense a cualquier político ante esta perspectiva.

Dicen que no hay mal que cien años dure: Liu Cixin nos propone una historia en que un mal, la intervención y regulación de nuestras vidas, tiene pinta de que durará cuatrocientos. Por suerte es solo ciencia ficción.

Ver también

Los nuevo Moai. (Fernando Herrera).

Chernóbil, o la imposibilidad del socialismo. (Fernando Herrera).

El negocio del Software Libre (VIII): Red Hat, convirtiendo el free rider en free market

Una de las dudas que asalta a muchos directivos de empresas cuando debaten sobre si liberar software o no, es cómo recuperar la inversión realizada si hay usuarios que puedan usar determinados programas sin la obligación de pagar una licencia de uso. La siguiente pregunta que habría que hacerse es si la opción contraria, desarrollar software privativo, supone alguna garantía de recuperar la inversión. Ninguno de los dos opciones, por sí sola, garantiza recuperar la inversión o ganar dinero.

La venta de licencias de software que, intuitivamente, podria ser el camino más sencillo para recuperar la inversión, lo que lleva es a un modelo que podría llegar a ser demasiado rígido. Máxime en un entorno extremadamente cambiante, como es el software.  Un modelo de negocio más difuso lo que lleva es a una mayor adaptabilidad a las demandas del mercado. Un ejemplo de esta adaptabilidad es Red Hat.

Red Hat, Inc.

Red Hat, Inc. Es una empresa fundada en 1993 que desde 1994 lleva manteniendo la distribución Red Hat. Una distribución de GNU/Linux, también conocida como una “distro”, es una versión personalizada del sistema operativo GNU que incluye el kernel Linux (el núcleo del sistema) y un conjunto de software y utilidades. Cada distro tiene su propia selección de herramientas, interfaz de usuario y sistema de gestión de paquetes, lo que la hace única.

En 1991, AMD comenzó a comercializar los Amx86 y en 1993 apareció el primer Pentium, lo que hizo que el mercado de la informática experimentase un gran cambio, popularizándose los ordenadores en muchos hogares. Y en ese momento había una gran demanda de sistemas que permitiesen explotar los recursos que ofrecía tanto los Pentium como los Amx86.

En 1993 es cuando aparece Debian, la distribución libre por excelencia. La más libre, la más estable, la que lleva un proceso de desarrollo más cuidado, pero la que, antiguamente, requería leer más para poder instalarla. Lo que le hizo adquirir una leyenda negra por parte de aquellos que no pueden competir técnicamente contra el Software Libre de ser un sistema operativo sólo para usuarios avanzados.

Pero en Halloween de 1994, Marc Ewing publica la primera beta de Red Hat Linux, que todavía está disponible para los románticos que mantienen ordenadores de esa época, la histórica Red Hat Halloween. En mayo del año siguiente, con tres meses antes que Windows 95, publica la primera versión de Red Hat. Una distro extremadamente fácil de instalar, con un diseño muy cuidado, que incluía FVWM, que supuso una enorme popularización de GNU/Linux.

Red Hat y los entornos gráficos

Desde ese momento, una de las principales características por las que se ha popularizado Red Hat es por su mimo por los entornos gráficos. FVWM, que significaba “Feeble Virtual Window Manager” (Administrador de Ventanas Virtuales Débil), es un gestor de ventanas para sistemas operativos tipo Unix, conocido por ser altamente configurable y extremadamente ligero en términos de recursos del sistema. Fue creado por Robert Nation en 1993 como un proyecto de código abierto y se ha mantenido activo y en desarrollo desde entonces. Aunque ahora es simplemente “F Virtual Window Manager”, modificando ‘Feeble’ (Débil) por una ‘F’.

El poder usar un entorno como FVWM en esos tiempos del Pentium, ofrecía unas posiblidades enormes. Unas posibilidad que, en esos tiempos, no podíamos ni imaginar. Y, además, poder instalarlo y configurarlo de una manera sencilla. Tener en el mismo sistema operativo una herramienta tan potente como la shell y un entorno gráfico que podía mostrar fácilmente elementos multimedia como vídeos o fotografías abría un enorme campo de desarrollo que aún ahora, tres décadas después seguimos explorando.

Fernando

Tal fue la revolución de los entornos gráficos que un año después, en 1996 apareció GIMP,, en ese momento, el General Image Manipulation Program, aunque en 1997 pasó a ser el GNU Image Manipulation Program, el programa de edición de imágenes por excelencia en el entorno del Software Libre, para el que tuvieron que desarrollar, además de GIMP, las GTK. Las GTK fueron creadas por Spencer Kimball y Peter Mattis como parte del desarrollo de GIMP. Inicialmente, estas herramientas se utilizaron para crear la interfaz gráfica de usuario (GUI) de GIMP, que requería una serie de componentes y controles para permitir a los usuarios editar imágenes de manera eficiente.

La primera versión de las GTK, conocida como GTK+ 1.0, se lanzó en 1998 y fue diseñada específicamente para el entorno de desarrollo de GIMP. Sin embargo, debido a su flexibilidad, eficiencia y facilidad de uso, las GTK comenzaron a atraer la atención de otros desarrolladores de software que buscaban crear aplicaciones con interfaces gráficas de usuario similares.

Con el tiempo, las GTK se separaron del proyecto GIMP y se convirtieron en un proyecto independiente, mantenido por la comunidad de código abierto. Esto permitió que las GTK evolucionaran más allá de su uso inicial en GIMP y se convirtieran en un conjunto de herramientas de desarrollo ampliamente utilizado en el ecosistema de software de código abierto.

GNOME

Las GTK han experimentado varias versiones y mejoras a lo largo de los años, con la versión GTK+ 2.0 lanzada en 2002 y la versión GTK+ 3.0 lanzada en 2011. Estas actualizaciones han introducido nuevas características, mejoras de rendimiento y compatibilidad con las últimas tecnologías de desarrollo de software. Además de GIMP, las GTK se utilizan en una amplia variedad de aplicaciones de software de código abierto y comerciales, incluidos entornos de escritorio como GNOME y Xfce, navegadores web como Mozilla Firefox y aplicaciones multimedia como VLC Media Player.

GNOME, que significa GNU Network Object Model Environment (Entorno de Modelo de Objetos de Red GNU), es un entorno de escritorio de código abierto y uno de los más populares en el ecosistema Linux y Unix-like. Su origen se remonta a 1996, cuando Miguel de Icaza y Federico Mena comenzaron a trabajar en un proyecto para crear un entorno de escritorio de código abierto que fuera fácil de usar y personalizable.

La motivación detrás del desarrollo de GNOME era crear un entorno de escritorio completamente libre y de código abierto que proporcionara una experiencia de usuario intuitiva y potente para los usuarios de sistemas operativos basados en Unix. En ese momento, el entorno de escritorio más popular para sistemas Unix era KDE, pero estaba basado en la biblioteca de herramientas de desarrollo de Qt, que no era completamente libre.

Un entorno de escritorio completo

Para asegurar la libertad y la accesibilidad para todos los usuarios, De Icaza y Mena decidieron construir GNOME utilizando las bibliotecas GTK (GIMP Toolkit), que eran completamente libres. Además, GNOME se basaría en los principios de GNU y seguiría las pautas del Proyecto GNU en cuanto a software libre y libertad de los usuarios.

El proyecto GNOME se anunció públicamente el 15 de agosto de 1997, con el objetivo de crear un entorno de escritorio completo y fácil de usar que fuera accesible para todos. A medida que el proyecto crecía, atrajo la atención y el apoyo de una comunidad global de desarrolladores, que contribuyeron con código, ideas y recursos para hacer de GNOME uno de los entornos de escritorio más poderosos y flexibles disponibles para sistemas GNU/Linux y Unix-like.

Con el tiempo, GNOME se convirtió en el entorno de escritorio predeterminado para muchas distribuciones de Linux populares, como Ubuntu, Fedora y Debian. Ha experimentado varias versiones y actualizaciones a lo largo de los años, con la versión GNOME 1.0 lanzada en 1999, seguida de GNOME 2.x en 2002, y la versión actual, GNOME 3.x, lanzada en 2011.

La relación entre GNOME y Red Hat se remonta a los primeros días del proyecto GNOME en la finales de la década de 1990. Red Hat, una de las principales empresas de distribución de Linux en ese momento, reconoció el potencial de GNOME como un entorno de escritorio de código abierto y se involucró tempranamente en su desarrollo y promoción.

GNOME y Red Hat

Aquí hay algunos aspectos clave del origen de la relación entre GNOME y Red Hat:

Apoyo financiero y de recursos: Red Hat proporcionó recursos financieros y técnicos significativos para el desarrollo inicial de GNOME. La empresa asignó ingenieros y desarrolladores para trabajar en el proyecto y también proporcionó financiamiento para patrocinar conferencias, eventos y hackathons relacionados con GNOME.

Adopción de GNOME en sus distribuciones: Red Hat incluyó GNOME como el entorno de escritorio predeterminado en sus distribuciones de Linux, como Red Hat Linux y luego Fedora. Esta adopción temprana ayudó a popularizar GNOME entre los usuarios de Linux y a establecerlo como una opción viable para entornos de escritorio Linux.

Contribuciones al desarrollo: Los ingenieros de Red Hat realizaron numerosas contribuciones al desarrollo de GNOME. Trabajaron en la mejora de la integración del sistema, la estabilidad y la funcionalidad del entorno de escritorio, así como en la creación de herramientas y aplicaciones complementarias.

Colaboración y apoyo mutuo

Participación en la comunidad: Red Hat no solo contribuyó al desarrollo de GNOME a nivel técnico, sino que también desempeñó un papel activo en la comunidad GNOME. Los empleados de Red Hat participaron en listas de correo, foros de discusión y grupos de trabajo de GNOME, brindando orientación, soporte y liderazgo en el proyecto.

Promoción: Red Hat defendió activamente el uso y la adopción de GNOME como un entorno de escritorio de código abierto en la industria. La empresa promovió GNOME en conferencias, ferias comerciales y eventos de la comunidad, y abogó por su inclusión en otras distribuciones de Linux y proyectos relacionados.

En resumen, la relación entre GNOME y Red Hat se ha basado en una larga historia de colaboración, apoyo mutuo y compromiso con el desarrollo y la promoción del software de código abierto. Red Hat ha desempeñado un papel fundamental en el éxito y la evolución de GNOME, y la relación entre ambas sigue siendo sólida hasta el día de hoy.

Red Hat en el mercado

Como hemos visto con el ejemplo de GNOME, Red Hat no sólo desarrolla su distribución, que ya es mucho, sino que su propia concepción del negocio, basado en el Software Libre, le lleva a no centrarse en su producto, ya que su negocio no se basa en vender licencias, sino en dar servicios a la comunidad.

Como siempre pasa en un mercado abierto, aquel que más ayuda a los demás, es el que más gana. Algo que tienen muy claro en Red Hat, en cuya “Declaración de misión” de 2009 exponían:

Queremos generar cambios en las comunidades de clientes, colaboradores y partners, y crear una mejor tecnología con el enfoque open source.

Veamos algunos hitos importantes:

En 2008, en plena crisis financiera a nivel mundial, sus ingresos por capacitación y servicios cayeron en un 1,3%, pero sus ingresos por suscripciones aumentaron en 13,8%, pasando a facturar 174 millones de dólares, con unos beneficios de un 25,8%, ganado 25,1 millones de dólares brutos que, después de impuestos, quedaron en 18,5 millones de dólares.

La crisis

Por contextualizar, recordemos que la crisis de 2008, no sólo afectó a Lehman Brothers o AIG, sino que empresas tecnológicas como Eidos Interactive, una de las principales empresas británicas de videojuegos, conocida por títulos como la serie Tomb Raider, enfrentó dificultades financieras y la tuvo que salvar Square Enix en 2009.

Los años siguientes fueron duros para muchas empresas, como Nokia, que en 2011 perdió más del 40% del mercado global y Kodak, que en 2012 se declaró en bancarrota.

Pero esa crisis no le afectó a Red Hat, le hizo crecer de forma desmedida: 2010: facturó casi 750 millones de dólares. 2012: facturó más de 1000 millones de dólares, convirtiéndose en la primera empresa de tecnología de open source en superar esa cifra de ingresos. 2016: sobrepasó los 2 mil millones de dólares de facturación. 2019: IBM adquirió Red Hat por aproximadamente 34 mil millones de dólares, lo cual representa la adquisición de software más grande de la historia.

Quien más ayuda, más gana

Hemos visto que Red Hat desarrolla distribuciones de GNU/Linux, como Fedora o Red Hat Enterprise Linux y colabora con proyectos de terceros, como GNOME. La cantidad de software y de servicios que desarrolla Red Hat es enorme, como Dogtail, LibreOffice, u OpenStack. Proyectos tecnológicos que cualquiera puede mejorar, adaptar, distribuir y usar incluso con fines de lucro. Pagando o sin pagar. Y, como hemos visto, no sólo no le han afectado negativamente a su negocio sino que le benefician mucho. A Red Hat, Inc. como empresa y a sus 12 mil empleados.

Pero Red Hat no sólo desarrolla software, sino que mantiene el portal OpenSouce.com y desarrolla con el MIT Media Lab, AMD y otras empresas, el proyecto One Laptop per Child, para conseguir desarrollar un portátil de menos de 100 dólares que permita que todos los niños del mundo puedan tener acceso a un ordenador. Red Hat, al alejarse del modelo de negocio basado en vender licencias, se aleja de la fatal arrogancia de pensar que lo que lo que ellos ofrecen es lo que los clientes quieren, o deben, comprar.

Sin embargo, al centrarse en trabajar por y para la comunidad, adquieren el conocimiento tácito sobre las preferencias del mercado en cada momento, pudiendo ofrecer a la sociedad los productos que demandan, en el momento que demandan y al precio que están dispuestos a pagar.

Serie ‘El negocio del software libre’

Las cuentas corrientes no son depósito de custodia

Gracias a las propuestas de reforma financiera de Javier Milei para Argentina, se ha reactivado el debate sobre la reserva fraccionaria entre los liberales libertarios, primero con este video de Juan Ramón Rallo y posteriormente con la respuesta de Jesús Huerta de Soto y Philipp Bagus en esta casa. Quisiera hacer algunas reflexiones al respecto.

Los fondos monetarios son legítimos porque no garantizan lo invertido

Lo primero que quisiera destacar es un argumento de Philipp reconociendo que los fondos de inversión monetarios no son un depósito. Afirma que no se pueden considerar sustitutos monetarios perfectos porque no garantizan el nominal de lo aportado.

Bien, dicho lo anterior y sin entrar a debatir si según la definición de sustituto monetario perfecto es necesario que exista esa garantía o no, a la vista de este argumento creo que es crucial analizar si las cuentas corrientes actuales garantizan o no la devolución del nominal ingresado en cualquier momento que se solicite (a la vista). Veamos.

Las cuentas corrientes tampoco garantizan lo invertido

Una cuenta de valores, por ejemplo, donde el cliente de la entidad financiera deposita títulos fungibles de Telefónica o de Inditex, sí que garantiza la restitución de lo depositado a la vista si el depositante lo reclama. Si que son depósitos de guarda y custodia. Los títulos valores no son un pasivo de la entidad depositaria, están fuera de su balance, son propiedad del depositante. Si la entidad depositaria no los restituyera, y salvo que justificara negligencia o robo, estaríamos claramente ante una apropiación indebida. 

Es cierto que existe la posibilidad de que la entidad financiera pueda prestar esos títulos, pero para ello necesita el permiso expreso del depositante. Y además, el funcionamiento cotidiano de este tipo de préstamos implica que el prestatario de los títulos tiene que devolverlos de inmediato si la entidad financiera se los reclama, porque a su vez se los esté reclamando el propietario original. Incluso en este último caso podríamos seguir hablando de un contrato de depósito a la vista porque aunque el depositario los preste a un tercero, los títulos no pueden salir del circuito cerrado bursátil y por tanto pueden ser restituidos de inmediato al depositante sin ningún problema. 

No hay garantía de restitución

Como se puede apreciar, los contratos de depósito de guarda y custodia o de reserva cien por cien no son ajenos al funcionamiento de las entidades financieras actuales, y dependiendo del producto a depositar los ofrecen cuando el mercado los demanda sin ningún tipo de engaño ni fraude. Igual que hoy día también se ofrecen servicios de caja fuerte para depositar dinero en metálico, oro, o cualquier otro bien valioso.

Expuesto lo anterior, cuando pasamos a analizar el caso de los contratos de cuenta corriente nos damos cuenta de inmediato que el banco no garantiza el nominal de los euros ingresados! Insisto: No garantiza la restitución de lo depositado. Es decir, el argumento que utiliza Philipp para los fondos monetarios es igualmente aplicable a una cuenta corriente de cualquier banco actual. Por tanto, una cuenta corriente no es un contrato de depósito irregular. Recordemos el argumento de Philipp:

Los fondos del mercado monetario sólo garantizan la devolución de lo invertido a su precio de mercado, no a su valor nominal. Por tanto, no se pueden igualar los fondos monetarios con las operaciones que, en fraude de ley, ocultan un depósito a la vista con devolución en cualquier momento de su nominal (con pacto de recompra, etc.).

Philipp Bagus.

Fondo de Garantía

Un contrato de cuenta corriente no dice literalmente que sea un contrato de depósito irregular, ni tampoco puede interpretarse jurídicamente como tal. La prueba irrefutable es que todos estos contratos hacen referencia en su clausulado al Fondo de Garantía de Depósitos. Es decir, el contrato contempla la posibilidad de que el banco impague y el titular del contrato, que es un prestamista, tenga que recurrir a otra entidad distinta del banco, el fondo de garantía de depósitos, para recuperar total o parcialmente lo que el banco le debe. Y digo parcialmente porque si el saldo impagado supera los 100.000€, no existe ya ningún tipo de garantía externa. Del contrato de cuenta corriente se puede interpretar sin ningún género de duda que el banco no garantiza cualquier cantidad que supere los 100.000€.

Por supuesto, podemos denunciar que el Estado no debería intervenir a través del Fondo de Garantía, del banco central o mediante rescate directo. Pero ahí quién está garantizando es el Estado, que se subrogaría como acreedor del banco, pero el banco es un deudor que no garantiza nada. 

El contexto jurídico de cuenta corriente lo que sí garantiza, vía concurso de acreedores, es que tanto el fondo de garantía como el depositante puedan recuperar lo que se les debe a través de la venta de los activos del banco en el mercado. Igual que un fondo monetario, aunque este último de forma más ágil, pero en esencia es exactamente lo mismo.

Los bancos reconocen ser deudores, no custodios

Además, en sus cuentas públicas auditadas todos los bancos clasifican las cuentas corrientes como pasivos, no las colocan fuera de su balance. Reconociendo abiertamente y de forma transparente que son deudores, no custodios reales ni tampoco de facto pues en su activo la posición de tesorería es muy limitada y ni de lejos cubre todos sus pasivos corrientes, como pasa en cualquier empresa. No hay ningún engaño ni fraude de ley.

Una vez que el propio banco reconoce no sólo ante sus clientes en los contratos, sino también públicamente en su contabilidad que las cuentas corrientes son sus pasivos y que su tesorería no los cubre, podemos concluir que reconoce abiertamente que una cuenta corriente puede ser impagada.  Además, ya solo por definición todo pasivo es susceptible de ser impagado. La posibilidad de incumplimiento de una obligación o promesa es consustancial a su naturaleza, sea esta posibilidad más o menos probable.

No existe ningún pasivo “indudablemente seguro” en el sentido de nulo riesgo de crédito, eso es sencillamente irreal. Más aún en este caso donde los bancos ejercicio tras ejercicio dejan nítidamente claro y transparente en su contabilidad que su tesorería tan solo cubre una ínfima parte de su pasivo corriente. Y si no existen obligaciones o promesas indudablemente seguras, tampoco pueden ser indudablemente seguros los derechos (claims) que dichas promesas confieren al acreedor. 

Los medios fiduciarios son contratos; por tanto, bienes futuros

Un lingote de oro o un barril de petróleo son bienes presentes o activos reales. Si los posees tú directamente no te los pueden impagar, no tiene sentido ni planteárselo porque no son un contrato que te confiere un derecho sobre la cosa, son la cosa final. Los contratos que implican una obligación futura de otra persona, como pueda ser un préstamo a la vista, son bienes futuros o activos financieros. No posees la cosa final ni tampoco un título de propiedad. Lo que posees es un “papelito” que te confiere un derecho a recibir la cosa final, como puede ser una onza de oro o un billete de 100€.  Los bienes presentes no tienen riesgo de crédito o contraparte, los bienes futuros sí cuando son contratos.

Los bienes económicos son bienes económicos en el tiempo, no en el vacío. Y esto es autoevidente por su denominación en el caso de los bienes futuros, como por ejemplo contratos que generan obligaciones o promesas. Que la probabilidad de incumplimiento de una obligación se perciba muy baja o incluso nula en el presente, no implica que eso no pueda cambiar. Y el cambio puede ser de un día para otro. La certidumbre total sobre el futuro no existe.

Ludwig von Mises

De hecho, es el propio Ludwig von Mises quien prevé la posibilidad de que esa seguridad cambie radicalmente si todas las obligaciones emitidas por el banco se reclamasen a la vez. Cito:

Cualquier banco emisor de medios fiduciarios se verá obligado a suspender pagos si todo el mundo comienza a retirar depósitos o a presentar billetes para su conversión. Cualquier banco será impotente frente al pánico, y ningún sistema ni política podrá salvarlo. Ello se desprende de la naturaleza de los medios fiduciarios, naturaleza que impone a quienes los emiten la obligación de pagar una suma de dinero de la que no disponen.

Ludwig von Mises. Teoría del Dinero y del Crédito, Unión Editorial 1997. p. 295

Los medios fiduciarios

Mises apunta bien a la naturaleza de los medios fiduciarios, pero la ignora para determinar su carácter de bien presente o futuro, e incomprensiblemente usa como criterio que el medio fiduciario se utilice para lo mismo que el bien al que da derecho, de manera que acaba reputando los medios fiduciarios como inseguros (pueden impagarse) e indudablemente seguros (se usan para lo mismo que el dinero) al mismo tiempo!. Si Mises tiene que decidir si calificarlos como bien presente o futuro, al analizar su posible encaje como bien futuro, ¡atención bien fu-tu-ro!, es improcedente que ignore que pueda ser inseguro mañana por el hecho de que se repute como “indudablemente” seguro hoy. Más aún cuando él mismo, como digo, ya advierte esa probable inseguridad futura cuya causa identifica perfectamente en la naturaleza contractual de los medios fiduciarios.

Dicho todo lo anterior, en el hipotético caso de que los defensores del cien por cien concedieran que los contratos de cuenta corriente actuales son préstamos a la vista y que dicho contrato es legítimo y posible mientras no garantice nada, inmediatamente surge la pregunta de si semejante operativa es técnicamente viable en el medio y largo plazo, y si lo fuera qué consecuencias económicas y sociales puede tener. 

Reserva fraccionaria sin banco central en la banca offshore

La respuesta a la anterior pregunta hay que buscarla en los hechos, y los hechos nos demuestran que los dólares emitidos por la banca offshore al margen de la Reserva Federal, los bancos ubicados fuera de la jurisdicción de los Estados Unidos que emiten depósitos en dólares, los famosos eurodólares, funcionan desde hace más de 60 años con reserva fraccionaria.

Operan sin acceso a la Fed y no solo son entidades sólidas, sino que han demostrado ser más sólidas que los bancos comerciales que operan bajo la supervisión de la Reserva Federal. La prueba de fuego más contundente que podemos analizar fue la crisis de liquidez y financiera desatada en 2008, cuando cientos de bancos con acceso a la Fed quebraron, mientras que apenas ningún banco offshore tuvo problemas. En esta lista de las 90 entidades más relevantes que quebraron en esta crisis, se puede observar que quebró tan solo un banco offshore de tamaño relevante, el First Merchant Bank de Chipre.

¿Por qué fueron más sólidos los bancos offshore? Pues es muy sencillo de entender, es una cuestión de incentivos. A los bancos offshore privados más les vale tener activos de calidad y líquidos para ser capaces de responder siempre y en todo momento ante sus acreedores, para que sus servicios sigan siendo demandados por clientes de grandes patrimonios que quieren proteger su capital, y que saben muy bien lo que hacen.

El mercado libre si que demanda préstamos a la vista

La banca offshore demuestra que es falso que la reserva fraccionaria necesite de un Banco Central para ser viable. Muy al contrario, funciona mejor sin él. Al contrario de lo que afirma el profesor Huerta de Soto, los hechos no apuntan en absoluto a que en una sociedad anarcocapitalista el mercado fuera a elegir de manera natural bancos que practican la reserva 100%. La realidad de las jurisdicciones más libres como la banca offshore o el mundo crypto con los casos de Tether o DAI, nos muestran que esto no es así, que el mercado libre si demanda préstamos a la vista. La teoría de los defensores de la reserva cien por cien no explica la realidad, y una teoría que no explique la realidad no es una buena teoría. 

En definitiva, si los contratos de préstamo a la vista son legítimos y viables, la limitación del impacto de la creación de pasivos bancarios en el ciclo económico ya sería una cuestión de divulgación científica y concienciación. Pero sin entrar en el debate de si todo préstamo a la vista causa ciclo económico o no, que a los efectos de este artículo voy a asumir que si, no me parece que de ninguna manera esto sirva como justificación científica ni moral para cercenar la libertad de los individuos para acordar un contrato perfectamente legítimo como es el de préstamo a la vista.

Tomar gigantes por molinos

Mucho me temo que en este debate los defensores de la reserva cien por cien están tomando gigantes por molinos, en una preocupante desconexión con la realidad. Ningún banco actual funciona en fraude de ley porque las cuentas corrientes no son depósitos irregulares ni lo pretenden, y ningún cliente cree que los Euros o Dólares en su banco estén seguros, prueba clara de ello es que proceden inmediatamente a retirar la financiación a los bancos que reputan con problemas.  Para finalizar, y aportando una conclusión positiva al debate, parece claro que tanto los defensores del cien por cien como los defensores de la reserva fraccionaria estamos totalmente de acuerdo con Javier Milei en que hay que cerrar el Banco Central. ¡Viva la libertad, carajo!

Ver también
Debate sobre reserva fraccionaria y liberalismo

Respuesta de Jesús Huerta de Soto a Juan Ramón Rallo sobre la banca Simons. (Jesús Huerta de Soto).

Respuesta a Juan Ramón Rallo. (Philipp Bagus).

El empobrecimiento de España

A finales de febrero conocíamos los resultados de la más reciente Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) que publica el INE anualmente, arrojando unos resultados verdaderamente preocupantes para España en el año 2023. El principal titular que podemos extraer de dicha encuesta es el hecho de que el 26,5% de la población española se encontró en 2023 en riesgo de pobreza o exclusión social, suponiendo un incremento de 0,5 puntos porcentuales con respecto al año 2022.

Esto coloca a España en una muy mala posición dentro de la UE, siendo el tercer país con mayor porcentaje de la población en riesgo de pobreza o exclusión social, solo por detrás de Rumanía y Bulgaria. Resulta sobre todo preocupante que, en un entorno de crecimiento económico por encima de la media europea, estemos observando tales incrementos de la pobreza y riesgo de exclusión social en el caso de España. Para analizar y entender las causas de este fenómeno conviene primero comprender como se mide la pobreza y posteriormente como han evolucionado las variables que puedan haber contribuido a incrementarla.

Riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE)

Tradicionalmente, la pobreza de un país se mide empleando el indicador AROPE, derivado de At Risk of Poverty and Exclusion. Este indicador incluye todas aquellas personas cuyos ingresos estén por debajo de la media nacional del país, aquellas con una actividad laboral de baja intensidad (en términos de horas trabajadas) y las personas con carencia material y social severa. La combinación de estas variables sirve para medir no solo en nivel de pobreza actual en un país, sino también para proyectar su evolución.

Analizando el AROPE para España en el año 2023, llama la atención el hecho de que, aunque aumentó la tasa agregada de la proporción de población en riesgo de pobreza o exclusión social, de las tres variables empleadas para calcularlo tan solo se incrementó con respecto a 2022 el porcentaje de población con carencia material severa, pasando de un 7,7% a un 9% en el transcurso de un año.

Por poner en contexto, dentro del indicador de carencia material severa se incluyen factores como no poder irse de vacaciones fuera de casa al menos una semana entera al año o no poderse permitir comer carne y pescado fresco al menos cada dos días. En este sentido, en el año 2023, el 33% de la población española no pudo irse de vacaciones fuera de casa al menos una semana y el 6,4% no pudo permitirse comer carne y pescado cada dos días, considerando ambos grupos en carencia material severa.

Inflación y pobreza

Tal y como muchos lectores de esta columna estarán pensando, la inflación ha sido la causa principal del alza de la pobreza durante el año 2023. Ha hecho que muchas familias españolas vieran fuertemente disminuido su poder adquisitivo por un incremento de precios de los productos básicos de la cesta de la compra y un encarecimiento de los precios de la energía (asunto este último que parece resuelto). Con respecto al encarecimiento de la energía, durante el año 2023, el 20,7% de los españoles no pudo mantener su casa a una temperatura media adecuada, lo que supone una subida de 3 puntos porcentuales con respecto al año anterior.

Por otro lado, el 10% de los encuestados a nivel de hogar ha declarado haberse retrasado en los pagos relacionados con la vivienda principal durante el año 2023 tales como la hipoteca, el alquiler, los gastos de comunidad, etc., mientras el 9,3% de los hogares llega a fin de mes con grandes dificultades. Lógicamente, estas dinámicas se transmiten igualmente al ahorro con la ECV mostrando que el 37% de los españoles no tiene ahorrado ni para afrontar pequeños gastos imprevistos, es decir, poder cubrir gastos imprevistos de unos 400 euros sin tener que recurrir a préstamos o necesitar comprar a plazos para pagar gastos habituales que anteriormente fueran pagados al contado por esa persona.

Situación por Comunidades Autónomas

Como es de esperar, sin embargo, la situación en España difiere mucho por CCAA. Respecto a los hogares con dificultad severa para llegar a fin de mes, lideran la clasificación Andalucía (13,6%), Extremadura (11%) y Canarias (10%), mientras aquellas con menor proporción son La Rioja (4,8%), Baleares (5,2%) y Asturias (5,6%). Respecto a la categoría de ahorro/capacidad de afrontar gastos imprevistos, las CCAA con mayores dificultades son Canarias (53,1%), Andalucía (46,5%) y Murcia (46,3%), mientras las que menos dificultades presentaron en 2023 fueron País Vasco (20,6%), Cantabria (25,8%) y Castilla y León (26,2%).

Finalmente, con respecto al porcentaje de hogares que no pudieron irse de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año, las CCAA con mayor porcentaje fueron Andalucía (43,9%), Canarias (42,2%) y Murcia (41,6%), mientras aquellas que menos sufrieron por ello fueron País Vasco (19,2%), Madrid (22,6%) y Navarra (24,8%).

Impuesto negativo sobre la renta

Aunque son muchas las soluciones que se han propuesto para combatir esta tendencia, desde una óptica liberal y sin intención de ser exhaustivo, hay una que me convence sobre todas las demás: el impuesto negativo sobre la renta (INR).

Brevemente, el INR surge inicialmente de las teorías de Milton Friedman y James Tobin, consistiendo en la provisión por parte del Estado y a través del sistema fiscal de un complemento de renta a todos aquellos ciudadanos cuya renta anual se sitúe por debajo de un determinado umbral y calculado como un porcentaje de esta. Es decir, tal y como su nombre indica funcionaría igual que un impuesto, pero a la inversa.

Según economistas como Friedman, esta medida contribuiría principalmente a combatir la pobreza y la desigualdad y haría innecesarias medidas como el IMV o el salario mínimo. Por lo tanto, el INR no sería un subsidio más, sino que se emplearía la renta como vehículo de cálculo del complemento salarial, ayudando así a llegar a un mínimo considerado necesario para cubrir las necesidades vitales básicas, ayudando a reducir el riesgo de pobreza (Álvarez, 2002). Dejemos esto para una futura columna, que seguro resultará interesante.

Referencias

INE (2023), Encuesta de Condiciones de Vida (ECV).

Álvarez, J. A. M. (2002). El INR (Impuesto Negativo sobre la Renta): una solución novedosa y eficiente a la pobreza. Estudios de Economía Aplicada20(2), 451-470.

Ver también

La pobreza (José Carlos Rodríguez).