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‘Mercado hasta donde sea posible, Estado hasta donde se pueda reducir’ (II)

Siendo el caso que el mercado es el proceso a través del cual los individuos coordinan sus acciones unos con otros -satisfaciendo sus necesidades a través de la producción encaminada a la satisfacción de las necesidades de los demás, si nos preguntamos hasta dónde es él mismo posible, la respuesta necesariamente será: hasta donde alcance la mirada aguda, que mucho alcanza, de la función empresarial. En mis notas, entonces, el mercado no tiene límite.

Reviviendo a partir de este momento la afirmación de “mercado hasta donde sea posible, estado hasta donde se pueda reducir,” nos resta entonces dedicarnos a reflexionar acerca de la medida justa del estado. Y la pregunta que tenemos que críticamente hacernos es: ¿cuál es ese mínimo del estado que, en cierto afán libertario de reducirlo, se nos presenta como un muro que no podemos atravesar?

‘Mercado hasta donde sea posible, Estado hasta donde se pueda reducir’ (I)

Y, ¿qué pasa, por cierto, si lo atravesamos? Necesariamente, a partir de las conclusiones anteriores, la única forma de saber si aquello que estaba “produciendo” el estado, como bancas en los parques, o jueces en los juzgados, era realmente necesario, sería justamente que, en un libre mercado, se abriera la oportunidad a los empresarios a producirlo. O bien, la función empresarial se encarga de manera más eficiente de producir aquellas bancas o jueces, en mayor o menor medida según lo que le dicte el consumidor; o bien no lo produce, porque no habría hallado ganancia empresarial al haberlo hecho, lo que querría decir que, en últimas, aquello que producía el estado en determinada cantidad y calidad no era necesario. No hay serpientes y monstruos más allá del límite del estado.

Algo de anatomía estatal

El estado es un grupo de personas, cada una de ellas con aliento, caras y ojos. Podemos dar la mano a los individuos que compongan ese grupo. Y se trata de un grupo de personas cuyos ingresos son el resultado de la expropiación de la riqueza que previamente otros individuos han creado a través de su participación en el proceso de mercado. En otras palabras, es la única agencia dentro de la sociedad que, compuesta por la minoría, para poder crear riqueza, debe necesariamente crear pobreza en aquellos que involuntariamente pagan los impuestos.

El estado es el monopolio de la violencia. Por medio de ella, actuando como un grupo criminal de un grado relativamente alto de organización, pretende asegurar que hasta cierto punto no exista competencia en el “negocio” de la expropiación -que él mismo adelanta en un territorio determinado. Así, los principales medios de producción que asigna el estado son a la producción de la seguridad, pues le conviene mucho que sus víctimas, los pagadores netos de impuestos, no sean a su vez víctimas de otras agencias criminales.

Bandoleros

Si así lo fuera, y esto lo saben muy bien los agentes del estado, la fuente de los impuestos desaparecería, puesto que, o bien los individuos que producen la riqueza se retiran a los lugares donde nos los expropien -o los expropien en menor grado; o sencillamente encogen los hombres y dejan de producir.

¡A las cosas! ¡Qué contrato social ni qué ocho cuartos! El estado es el resultado de un proceso evolutivo en el que un grupo de brutos y burdos bandoleros se da cuenta de que hay agencia en sus víctimas y decide que le conviene organizarse en una mafia criminal un tanto más sofisticada para asegurar sus ingresos futuros. Es la única agencia en la sociedad que pretende proteger a los individuos agrediéndolos en sus vida y propiedad. Y así es que merece que lo escribamos con minúscula, apelando al reproche ético que le sigue a todas partes.

De la producción de seguridad a la de buses y trenes

Ha sido solo cuestión de tiempo para que entre los que componen el estado haya cogido vuelo la idea de que, además de seguridad, pueden encargarse de otras cosas. Ya, de entrada, han puesto a rodar el relato de que ellos, y no sus súbditos, conocen cuáles son los medios para producir seguridad; de qué calidad tienen que ser estos medios; en qué momento son necesarios; y hasta de qué color tienen que ser.

Así han concebido que la existencia de la sociedad no se rastrea a los individuos -desafiando cualquier asomo de individualismo metodológico; sino que se trata de algo que existe con independencia y autonomía de los individuos que, además, experimenta necesidades propias. Y, además de que son ellos los únicos capaces de identificar y satisfacer esas necesidades, de la misma manera no encuentran reparo alguno para ejecutar el mismo razonamiento con: la salud; la educación; las pensiones; el trabajo; los parques; el cuidado de las mascotas; la energía eléctrica; el dinero; los edificios donde vive la gente; el medio ambiente; los buses y los trenes; los taxis, etc.

El cálculo económico

A partir de lo que hemos entendido acerca del mercado, podemos decir que el estado mismo no tiene capacidad para conocer cuáles son aquellas necesidades experimentadas, ni cuáles son las cantidades y calidades de los medios de orden superior que, una vez integrados económicamente, resultarían en algo que las satisficiera.

La producción estatal de cualquier cosa niega la propiedad privada sobre factores de producción. El estado no puede calcular económicamente, puesto que, al no existir aquella propiedad sobre factores de producción, no cuenta con el sistema de precios para poder juzgar las necesidades más urgentes y, por ende, no puede asignar eficientemente recursos, lo que a su vez nos lleva necesariamente a concluir, que no puede conocer su justa medida más allá de: ninguna agencia estatal. Vamos más allá: cualquier decisión que tome, de producir no solo seguridad, sino el resto de las cosas que se le vengan a la mente en la mitad de un sueño intranquilo, solo podrá ser un desperdicio de recursos.

La imposibilidad -y la osadía- de justificar la existencia del estado

Llegar a concluir que el estado es económicamente defendible y que por ende se encarga, con su supuesto número necesario de agencias, de lo que el mercado no puede, es solo posible a partir de la negación de un pilar fundamental del libertarismo: el individuo y, por ende, de su propiedad. Más allá de todo, lo que resulta más irritante del intento de un libertario de argumentar acerca de la necesidad de un estado, es que se trata de una empresa fallida. El estado desafía cualquier intento de justificación, porque los presupuestos de toda argumentación lo impiden.

En efecto, cuando presenciamos cómo aquel libertario intenta convencernos de la necesidad de un estado pequeño, lo hacemos en el marco de un intercambio de proposiciones, de una argumentación. Estamos frente a él en un auditorio y estamos dialogando, intercambiando razones. El libertario que nos quiere hacer entender que sin estado la pasaríamos especialmente mal ofrece razones para ello. En esa argumentación, tenemos que reconocer unas condiciones a priori de la argumentación misma.

Así, tenemos que del apriori de la argumentación se deduce que todo aquello que tiene que ser presupuesto en el curso de una argumentación, como su precondición lógica y praxeológica, no puede ser a su vez disputado argumentativamente con respecto a su validez sin llegar a un enredo, a una contradicción interna (performativa). No podemos negar que argumentamos, puesto que, para hacerlo, tendríamos que presentar argumentos para convencer a nuestro interlocutor.

Reconocer el derecho del otro sobre sí mismo

Ahora, el intercambio de proposiciones en el que estamos con el libertario que afirma que el estado mínimo es necesario, no es un ejercicio de meras proposiciones flotantes. La argumentación misma en general, y de nuestro libertario confundido en particular, representa una acción concreta por parte de un individuo. La discusión entre nosotros y el libertario confundido -complaciente con el estado mínimo- implica que tanto él como nosotros reconozcamos la propiedad privada, sobre nuestros cuerpos. Esto incluye la propiedad sobre nuestros cerebros y nuestras cuerdas vocales; y del espacio que ocupamos en el transcurso de la argumentación.

Nadie, especialmente el libertario confundido, puede presentar una proposición esperando que nosotros, como su contra parte, la aceptemos como válida, o la rechacemos y propongamos una diferente, sin presuponer el derecho de propiedad tanto de él, como el de nosotros; de nuestros respectivos cuerpos y espacios ocupados. Pretendiendo validar su proposición ante nosotros, que la escuchamos con paciencia, debió el libertario que simpatiza con el estado haber asumido previamente el control exclusivo tanto de su propio cuerpo, como del de nosotros.

Defender el Estado frente al otro es negarlo

Ante esto imaginemos, entonces, que nuestro amigo libertario suma a la presentación e intercambio de proposiciones al estado, al puñado de individuos al que no tiene reparo de entregarles el monopolio de la fuerza para cobrar impuestos y así poder financiar sus pocas funciones. Tanto unos como el otro nos ofrecen razones por las cuales el estado debe ser; tanto unos como el otro nos dan cuenta de la existencia del estado; tanto los unos como el otro tratan de justificar, con el objetivo de convencernos, de que sin estado no se puede avanzar más. Pues bien, todas y cada una de las razones ofrecidas para justificar al estado, para ser ofrecidas, tienen que partir de la aceptación tácita de aquella premisa que la sola existencia del estado necesariamente niega: la propiedad privada, el pilar fundamental del libertarismo.

Justificar, entonces, al estado es imposible. El estado es injustificable, sin importar las maromas argumentativas que se puedan hacer. Y esto es así, porque para argumentar a favor de su existencia, tenemos que partir del desconocimiento de aquello que hace toda argumentación posible; aquello que es tan, pero tan caro para el libertarismo, la condición de toda argumentación y, por ende, del mercado y la sociedad: la propiedad privada. Sentamos a uno de los individuos que componen el estado y le pedimos que justifique sus acciones dentro de la organización, que nos dé cuenta de ellas, lo cual le queda imposible, porque cualquier argumento que prepare, por complejo y sofisticado que este sea, es solo posible a partir del reconocimiento previo de la condición que el estado necesariamente tiene que desconocer para existir.

Libertarismo de tercera vía

Haciendo lo imposible, y dejando a un lado la contradicción que comete el libertario cuando argumenta a favor del estado, lo curioso de la cuestión es que, al enunciar aquel libertario simpatizante del estado que este no puede reducirse más allá de cierto número de funciones y agencias, no lo está haciendo por primera vez. No solo lo acompañan voces del pasado, sino que tal posición no tiene por qué encontrar la mayor de las resistencias actualmente.

Al momento que comienza a sostener esa posición, comienzan a posarse a su lado, con bastante complacencia, aquellos socialistas de mayor o menor grado que exhortan una supuesta “tercera vía” entre capitalismo de mercado y socialismo de estado. La falta de claridad conceptual, que tiene por efecto una desafortunada confusión, lo lleva a hacer alianzas con enemigos de la libertad; se vuelve, entonces, en sí mismo un enemigo de la libertad -y todo por no estar al tanto de su propia confusión y sin tener voluntad alguna de depurarla y salir así de ella.

Se encuentra, antes de darse cuenta, compartiendo grupos de discusión con otros políticos que, al igual que él, claman por estado y, por ende, por pago de impuestos. La única diferencia entre estos y aquel termina siendo de grado, estando perfectamente de acuerdo en lo esencial. Lo que comienza como una foto que nos da fe de lo que tuvo en algún momento vocación de alianza estratégica entre ciertos libertarios y algunos que claman por algún grado de estado, termina siendo una foto de una versión más de planificación central ¡desde el libertarismo! Vemos, entonces, a los libertarios no ofreciendo resistencia al cobro de impuestos, sino al cobro de tantos impuestos.

Una alianza desafortunada

No habría razón alguna, entonces, para identificar una clara línea entre un partido libertario y partidos más tradicionales. En el caso colombiano, el rasgo de un partido libertario dispuesto a emprender esfuerzos para justificar alguna medida del estado hace que termine teniendo muchísimo más en común con partidos tradicionales que se consideran socialdemócratas. ¡Termina en la foto con partidos miembros de la internacional socialista! La diferencia entre estos y aquel no será más categórica, sino tan solo de grado, convirtiéndose en tan solo dos vulgares caras de la misma hipocresía media-tintera.

Por lo menos a nosotros, esto nos parece una muy desafortunada alianza, que no puede considerarse libertaria en grado alguno; y que, lo que es peor, llevará a la formulación de propuestas que terminan por acrecentar el papel del estado y limiten aún más la libertad -como no puede ser otro el resultado cuando no se parte de la plena claridad de un axioma autoevidente como lo es la propiedad privada.

La buena noticia para aquellos libertarios es que nunca es tarde para volver con calma a la raíz del razonamiento -lo que habla del verdadero sentido de ser radical. Nunca es tarde para volver a ella y comenzar a seguir rigurosamente y sin distracciones la argumentación que se desprende del axioma de la propiedad privada y del principio de no agresión y llevarlo hasta sus últimas conclusiones lógicas.

El Fraude Karl Marx (III): origen del engaño en la teoría de la explotación (I)

El primer artículo de esta serie postulaba que es un error leer a Marx como un científico fracasado, cuya obra está llena de contradicciones y argumentos confusos. Marx, en realidad, era consciente del hecho de que sus ideas claves son erróneas. Escribió El Capital para disimular este hecho. El Capital no es una obra científica. Marx escribió cuidadosa y magistralmente un largo panfleto político para apoyar un sueño utópico milenarista y disimular que era imposible averiguar su teoría de explotación basándose en la lógica científica racional.

En el segundo artículo, postulábamos que la señal del fracaso de Marx como científico racional es que inacabó dos versiones anteriores de El Capital durante un esfuerzo de redacción que duró una década. Los esfuerzos abandonados son señal de que Marx no pudo consolidar su teoría de la explotación, que es el eje de todo su pensamiento económico. Se resistía a terminar y publicar la tercera versión de su casi listo tratado, escrito entre 1864-65. Sólo la irresistible presión de Engels le hizo terminar y publicar el primer libro de El Capital en 1867, basado en el parte de manuscritos escrito anteriormente.

Karl Marx conocía los fallos de su sistema

Pero Marx no terminó ni publicó los libros de segundo y tercero de El Capital. No los publicó, a pesar de que varias veces refirió en El Capital I, que resolvería las contradicciones de su teoría en el tomo 3. No los publico, a pesar de que los manuscritos de estos libros fueron ya casi finalizados en 1864-5 mucho antes de terminar y publicar El Capital I. en 1867. Este hecho es una clara señal de que Marx mintió deliberadamente en el Capital I para no revelar la imposibilidad de su teoría de la explotación, de la que era perfectamente consciente.

En este artículo, empezamos a descubrir cómo Marx construyó el Libro 1 de El Capital para hacer creíble su teoría de la explotación aun sabiendo que su teoría era inaplicable al capitalismo industrial.

Pasos preparativos para consruir una teoría de explotación

Marx comenzó C1 caracterizando al capitalismo como un “enorme cúmulo de mercancías” (C1, 43).

En el segundo paso, adoptó la idea Smith sobre la diferenciación entre valor de uso y valor de cambio. Tras descartar la valoración subjetiva de los valores de uso como base del valor de cambio, recurrió a la teoría del valor-trabajo de Smith y Ricardo para explicar el valor de cambio de las mercancías (C1, 44-45).

En el tercero paso, Marx postuló que cuando dos cantidades de mercancías se intercambian, estos deben tener algo común que tiene el igual valor, que además no está relacionado con sus valores de uso. Después, Marx dedujo que el trabajo humano abstracto e indiferenciado o gasto de trabajo puro y simple es la propiedad común y valor igual de las mercancías (C1, 49-55). Marx asumió que cualquier clase y tipo de actividad laboral concreta podría reducirse a un trabajo simple y homogéneo o trabajo social media: Esta magnitud de trabajo se mide por su duración, por el tiempo de trabajo.

El tiempo de trabajo no es el trabajo actual gastado, sino “tiempo de trabajo socialmente necesario” (C1, 48).El tiempo de trabajo socialmente necesario es el “requerido para producir en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad y con el grado social medio de destreza e inten­sidad de trabajo” (C1, 48). Esto significa que, una vez que una nueva invención aumenta la eficiencia de un proceso de trabajo, ese nuevo y más corto tiempo de trabajo es la norma socialmente necesaria. Marx usa el ejemplo del telar de vapor. Una vez introducido, el trabajo socialmente necesario fue reducido a la mitad a fabricar (C1, 48).

Intercambio capitalista y precapitalista

En el siguiente paso, para preparar la transición al capitalismo, introdujo el nacimiento del dinero como consecuencia del desarrollo del comercio, que coincide con que la costumbre fija las magnitudes de valor de las mercancías (C1, 108).   Según su relato, en las últimas décadas del siglo XVII el dinero, el oro, se convirtió en un medio de intercambio de uso general como mercancía general (C1, 112). El precio es la denominación dineraria del trabajo obje­tivado en la mercancía (C1, 124).

Tras esta preparación, en parte teórica y, en parte, histórica, Marx pasó a explicar la diferencia del proceso de intercambio entre el precapitalismo y el capitalismo.

En el intercambio precapitalista, el productor individual vende la mercancía para comprar otra mercancía. Es el ciclo de Mercancía-Dinero-Mercancía (M-D-M). Basándose en la idea de que el intercambio de diferentes valores de uso al mismo tiempo intercambio de valores iguales, no hay ninguna ganancia, aunque ambos tienen mejores suministros para cubrir sus necesidades.

D1-M-D2

El intercambio capitalista comienza con la inversión de dinero para producir una mercancía y, tras venderla, el capitalista se embolsa el precio de venta. Es el ciclo de Dinero1-Mercancía-Dinero2 (D1-M-D2). En el ciclo D1-M-D2, sin embargo, D2 es mayor suma de dinero que D1. Hay un incremento de valor.  D1 plus incremento igual a D2. Marx denominaba plusvalor a este incremento entre M1 y M2. El dinero adelantado (D1) se valora con el plusvalor (C1, 184).

Marx, con una nota a pie de página, implicó que el plusvalor es lo mismo que la ganancia, haciendo una referencia a un texto de Engels, que dice que el incremento es la ganancia (C1, 185). Marx, desde este punto utilizó el plusvalor y la ganancia como términos alternativos para el mismo incremento de valor monetario después del capital invertido y cosechado por el capitalista. El fin subjetivo del capitalista es el movimiento infatigable de la obtención de ganancias repitiendo del ciclo D1-M-D2 (con plusvalor) (C1, 187).

En el siguiente paso, Marx excluye que el plusvalor pueda nacer en el proceso de intercambio, basándose en su suposición anterior de que durante el proceso de intercambio se intercambian valores de cambio equivalentes (C1, 192-3).

La aparición del capitalista y del trabajador

Antes de revelar cómo nace el plusvalor, Marx demostraba que los medios de producción no pueden ser fuentes del plusvalor. Usaba para hacer esta demonstración el ejemplo pseudohistórico del productor individual autosuficiente precapitalista, afín a Robinson Crusoe. Esta vez, el productor individual fabrica un botín para uso propio. El botín tiene más valor que el cuero usado por estar fabricado, pero el valor del cuero no ha cambiado. Por eso, deduce Marx, el cuero utilizado para fabricar el botín transfiere su valor al botín. El cuero, por eso, no puede ser el origen del plusvalor y, por consecuencia, la única fuente de plusvalor es el esfuerzo laboral del productor para fabricar un botín. Por supuesto, como este botín se fabricó para uso personal propio, no hay plusvalor, porque sólo a través del comercio se puede realizar el incremento de valor.  (C1, 201).

El último paso en la cadena de la lógica de Marx es situar la creación de valor por el trabajo en el entorno capitalista. Para ello, necesita dos actores claves. Primero, el embrión-capitalista, que necesita encontrar una mercancía con la característica única que su valor de uso poseyera la peculiar propiedad de ser fuente de valor y, por tanto, crea nuevo valor y puede ser fuente de plusvalor. El segundo es el trabajador libre, el poseedor de la capacidad de trabajo o fuerza de trabajo, la mercancía especifica que es de fuente de creación más valor (C1, 203). El trabajador libre está en necesidad de vender su fuerza de trabajo para un tiempo determinado debido a que ya no tiene propiedad de los medios de producción (C1, 204).

Siguiendo a Smith y Ricardo

Marx ha llegado finalmente a la culminación de su proceso de construcción de su teoría de explotación. Ahora ya es capaz de revelar el secreto de la fuerza de trabajo o capacidad de trabajo y por qué es la única mercancía fuente de incremento de valor. De hecho, hasta ahora, El Capital sigue más o menos las ideas de Smith y Ricardo. Marx pensaba que su mayor contribución es la aplicación de la dualidad de valor de uso y valor de cambio para explicar la doble naturaleza del trabajo (C1, 51). La diferencia entre valor de uso y valor de cambio de fuerza de trabajo es la clave porque es una mercancía única y para también base de su teoría de la explicación.

La fuerza de trabajo es una mercancía única porque su valor de cambio equivale al valor de las mercancías necesarias para mantener y reproducir a los trabajadores y a la familia cuya existencia depende del trabajador (C1, 207-9).

El plusvalor es un trabajo de más

El valor de uso de la fuerza de trabajo consiste en que el trabajador no sólo transfiere su valor de cambio a la nueva mercancía producida, sino que crea un nuevo valor durante el tiempo de trabajo. Marx supone que media jornada de trabajo es el tiempo de trabajo suficiente para adquirir las mercancías necesarias para la reproducción de la fuerza de trabajo (C1, 210). Pero los obreros trabajan otra media jornada más. Durante esta segunda mitad de la jornada de trabajo, el obrero produce el plusvalor, que es la ganancia del capitalista. Este es el valor de uso del empleo de los trabajadores para los capitalistas: ellos se embolsan el plusvalor, mientras que pagan el valor por el trabajo. Aunque el capitalista paga el valor del trabajo, obtiene ganancia.

Basado en su teoría de valor-trabajo, Marx declara que el secreto de la obtención de plusvalor está en el proceso de producción. En la última página del Sección II de EL Capital, Marx promete, que se hará́ luz, finalmente, sobre el misterio que envuelve la producción del plusvalor (C1, 214).

Unidad teorética, Lógica y Realidad

Hasta este punto, y desde el punto de vista de la unidad teórica, la estructura y la argumentación de C1 son impecables. Las condiciones axiomáticas fueron expresadas con claridad. Los pasos de expansión de las consecuencias de los axiomas de partida son claros, lógicos, coherentes y plausibles. 

Sin embargo, hasta este momento, Marx tenía una tarea relativamente fácil. Él, básicamente, hizo lo mismo que Adam Smith y David Ricardo. Aplicó la teoría del valor-trabajo para explicar el valor de cambio de las mercancías en un entorno pre-industrial y precapitalista pseudohistórico, en el domina el patrón tradicional de acción económica. Sus ejemplos prácticos son Robinson Crusoe, los siervos de los terratenientes medievales, los productores autosuficientes precapitalistas y los pequeños productores que producen mercancías para la venta. Analizó cómo el trueque consolidó las relaciones de precios entre los bienes producidos tradicionalmente, relaciones que se convirtieron en habituales.

El silencio de Karl Marx sobre Adam Smith (y sobre sí mismo)

Este entorno permitió a Marx no tener en cuenta el impacto de los desembolsos de capital en los medios de producción y el espíritu empresarial. Lo que fue analizado por Marx hasta ese momento, era una sociedad tradicional preindustrial afín a los entornos precapitalistas simples de Adam Smith. Adam Smith, sin embargo, abandonó la teoría del valor-trabajo en el entorno capitalista y argumentó que el coste de producción, es decir, los desembolsos de capital para la maquinaria y los salarios configuran conjuntamente el valor de los bienes, y no sólo el puro valor del trabajo.

Asimismo, Adam Smith explicó que la ganancia es una fuente legítima de ingresos teniendo en cuenta la necesidad de un inversor emprendedor, que realiza tareas de gestión y asume el riesgo de la inversión. Por supuesto, Marx sabía que Smith había cambiado su paradigma. Marx incluso elogió a Smith por este cambio en su manuscrito 1861-63 (Vol. 30, p. 393) y el también aplicó la teoría del coste de producción en el Tercer tomo de El Capital, escrito entre 1864 Y 1865, pero publicado solo después de su muerte. 

Pero en C1 optó por guardar silencio sobre este cambio de opinión de Smith y el suyo. Marx – a pesar su comprensión de la realidad – quería aplicar la teoría del valor-trabajo puro de Adam Smith porque solo esta teoría de valor apto para demostrar que existe una explotación inherente en el capitalismo industrial. Los problemas de Marx empiezan entonces, al aplicar la teoría de valor-trabajo para explicar el capitalismo industrial.

Bibliografía

Marx, K. and Engels, F. (1861) Economic Manuscripts of 1861-63. MECW vol. 30. 2010th edn. London: Lawrence & Wishart Electric Book (Marx Engels Collected Works).

Marx, K. (1867) El Capital. Tomo I. Libro I. 2009th edn. Madrid: Siglo XXI.

Serie ‘El fraude Karl Marx’

(I) Un revolucionario revestido de científico

(II) El secreto de ‘El Capital’

Los comuneros de Castilla: una revuelta adelantada a su tiempo

“Mil quinientos veintiuno, y en abril para más señas, en Villalar ajustician a quien justicia pidieran”. Estos versos los escribió el poeta leonés Luis López Álvarez en 1972, y musicados por el Nuevo Mester de Juglaría en 1976, convirtiendo Castilla: canto de esperanza en un himno para varias generaciones de castellanos. Pero, ¿cuáles fueron los hechos que precedieron aquel 23 de abril de 1521, hace hoy 503 años? Veámoslo.

La idea esencial es que la revuelta de los comuneros de Castilla fue inicialmente una revuelta de la burguesía industrial castellana, quizás precursora de las que sí triunfarían en el siglo XVIII en Francia y en Estados Unidos. Por desgracia, la revuelta cambió de piel cuando, aprovechando la coyuntura, se añade la sublevación de los siervos contra la nobleza, que le otorga esa visión de revuelta feudal que tiene actualmente en el imaginario colectivo.

Pero repasemos en primer lugar el contexto histórico. Tras los eventos históricos más icónicos del reinado de los Reyes Católicos (toma de Granada y descubrimiento de América, año 1492), Isabel y Fernando reinan en Castilla hasta la muerte de Isabel (1504), quedando luego Fernando como regente hasta su muerte (1516), a pesar de que Juana y Fernando se habían ya coronado como reyes (1506). Fernando fallece el mismo año de su coronación, y Juana queda internada en Tordesillas, supuestamente por loca, en 1509.

Cambio económico en Castilla

Así, a la muerte de Fernando, se corona como rey Carlos I (de España, y V de Alemania), hijo de Juana y Felipe, a la edad de 16 años. Nacido y criado en Gante, no dominaba el castellano con fluidez, prefiriendo expresarse en francés y flamenco en su vida diaria. Esto, unido a su juventud e inexperiencia, y a su ánimo de resultar elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, un título que anteriormente había ostentado su abuelo, Maximiliano I, generarán la desconfianza de los castellanos.

El reinado de Isabel y Fernando fue tan prolífico en lo referente a la extensión territorial, que los importantes cambios sucedidos en los ámbitos social y económico se pasan frecuentemente por alto. Desde el punto de vista social, hay que recalcar el favoritismo mostrado por los reyes hacia la baja nobleza, compuesta por hidalgos, caballeros y letrados, frente a la alta nobleza, a la que obligaron a devolver ciertas rentas que los reyes consideraban usurpadas y a la que desplazaron del poder mediante el Consejo Real.

Por otra parte, se observaba un crecimiento de la clase media, formada principalmente por mercaderes que se enriquecían gracias al comercio internacional de lana y que aspiraban a integrarse en la nobleza. Por su parte, desde el ámbito económico hay que destacar los privilegios concedidos a la Mesta y el auge de la industria textil en las ciudades.

Revuelta de los comuneros

Y estos son precisamente los tres factores que determinaron la revuelta de los comuneros y su posterior desarrollo. La Mesta fue una poderosa organización ganadera establecida en la Corona de Castilla en el siglo XIII por el rey Alfonso X. Su consolidación como institución se dio en los siglos siguientes, y adquirió un gran poder durante el reinado de los Reyes Católicos, cuando obtuvo una serie de privilegios y concesiones que fortalecieron su posición y contribuyeron a su dominio sobre la ganadería en Castilla. La política de exportación de lana de la Mesta perjudicaba a los industriales castellanos del textil, creando un conflicto de intereses entre exportadores e industriales que exacerbó las tensiones comerciales, especialmente con Burgos, principal exportador de lana.

La crisis económica que se produjo entre 1504 y 1506 no produjo otra cosa que el incremento de las tensiones sociales: las malas cosechas, el hambre y la presión fiscal insostenible alimentaron el descontento popular. Dicho descontento se concentra en la región central de Castilla, que está menos expuesta al comercio: Toledo, Segovia, Salamanca, Guadalajara, Valladolid, Zamora o Toro, por citar algunas. El descontento de las ciudades se hace evidente en las Cortes de Valladolid de 1518 y Santiago y La Coruña de abril 1520, donde ya le discuten al rey sus ánimos imperiales.

Oposición a los planes del Rey

Es en esta última Corte donde se presenta el manifiesto redactado por los frailes de Salamanca, que representa una firme oposición a las Cortes convocadas por el Rey. Y marca el punto de partida del movimiento comunero. En ella, se delinean tres ideas principales: el rechazo a cualquier nuevo tributo, la negativa a aceptar la imposición imperial y la necesidad de que las Comunidades actuaran en defensa de sus intereses si fuera necesario. Así, surge por primera vez el término “Comunidad”, abarcando a las instituciones nacionales, los municipios, los ciudadanos y el bien común.

Comuneros: carta de los frailes de Salamanca

Como se ve, una revuelta de la sociedad civil contra el poder absolutista real, que en la visión del historiador Joseph Pérez supone un adelanto de lo que el pensamiento ilustrado del siglo XVIII tardaría todavía dos siglos en plantear.

En abril y mayo de 1520 se inician las revueltas en Toledo y Segovia, y con ello emergen los comuneros como un ejército de las ciudades, liderados por Juan Bravo (un caballero segoviano), Juan de Padilla (un noble toledano) y Francisco Maldonado (un letrado salmantino). El carácter urbano e industrial de la revuelta duraría solo unos meses: el 1 de septiembre de 1520 los súbditos del conde de Buendía se levantaron, cambiando el cariz de la revuelta, inicialmente liderada por mercaderes pero transmutada ahora en un levantamiento popular contra la aristocracia opresiva. Quizás por ello, Burgos decide retirar su apoyo a la revuelta, seguida del clero que, a pesar de sus críticas iniciales al rey, vuelve ahora a respaldarlo.

Comuneros: derrota en Villalar

La revuelta encontró su fin el 23 de abril de 1521, cuando el ejército imperial derrota al ejército de los comuneros en la batalla de Villalar, aprovechando la superioridad de la caballería noble y la fatiga de la infantería comunera tras una larga marcha bajo una fuerte lluvia torrencial. Los líderes de la revuelta, Padilla, Bravo y Maldonado, quienes justicia pidieran, fueron ajusticiados.

No es descabellado pensar que esta revuelta, de haber sido exitosa, podría haber limitado el poder real. Habría evitado su posición de institución extractiva, que en juicio de quien esto escribe, supuso el retraso económico del país en relación con otros de nuestro entorno. Más allá de estos juicios de valor subjetivos, es un hecho objetivo que las consecuencias de la derrota comunera fueron devastadoras. La industria textil del centro de Castilla sufrió graves daños, sumiendo a la región en una profunda depresión económica. Además, las ciudades rebeldes tuvieron que hacer frente a enormes indemnizaciones por los disturbios, prolongando aún más la crisis económica durante varias décadas.

En términos sociales, la revuelta comunera no logró establecer una clase media urbana que se distinguiera claramente de la nobleza y los siervos rurales. Esta falta de desarrollo económico significativo dejó a Castilla y España rezagadas, perdiendo la oportunidad de embarcarse en un camino de progreso, que no hizo sino empeorar con el siguiente siglo de guerras.

Ver también

La Europa de Carlos V. (León Gómez Rivas).

Los movimientos antifiscales como motor de la historia. (Juan Navarrete).

Ignorar para permanecer: la política al estilo ‘no landing’

La inflación y las subidas de tipos han traído consigo la expectativa de que la economía debería mostrar una recesión, crisis o periodo des inflacionario o deflacionario. Y el debate ha girado en torno a si presenciásemos un aterrizaje duro donde habría una reducción de la tasa de los fondos federales sobre las reservas bancarias al iniciar la recesión o un aterrizaje suave donde la tasa se reduciría a tiempo para evitar la recesión.

Sin embargo, la realidad es que están optando por no aterrizar, bajo un modelo de políticas que se anulan mutuamente y mantienen el crecimiento, la inflación, el empleo, la deuda, la liquidez, los tipos altos y el gasto público, por lo tanto, no hay aterrizaje ni limpieza de las malas inversiones. Los tipos bajarán, pero no porque se haya controlado la inflación.  El juego de correr la arruga hacia adelante está dominando el escenario económico, político y social.

El no aterrizaje Económico

La economía, tanto en América como en Europa, está inmersa en un bucle de deuda, inflación y gasto público que no tiene como detenerse y no existe ninguna disposición honesta a detenerlo, aterrizarlo o desenfrenarlo.

Deuda pública: Los gobiernos no tienen intención de aterrizar la deuda. La deuda lleva más de 40 años siendo tachada de «insostenible», lo cual parece ilógico teniendo en cuenta que se sigue incrementando, y el sistema, su crecimiento y sostenimiento, es cada vez más dependiente de esa deuda.

El endeudamiento público excesivo es perjudicial: ralentiza la economía, debilita al sector privado, incentiva la inflación, conlleva la subida de impuestos y hace que el sistema sea más vulnerable a las subidas de tipos y a los cisnes negros.

La deuda de los Estados debe valorarse por los agentes económicos del sector privado, pero su solvencia y utilidad como reserva es relativa a la de la deuda de otros Estados. Por lo que, de alguna manera, empeorarse juntos los protege. Además, el endeudamiento público es una política distributiva a favor del gobierno, quien es el primero en beneficiarse a costa de perjudicar a los asalariados y ahorradores.

Inflación: Si la deuda no aterriza, mucho menos la inflación o pérdida del poder adquisitivo de la moneda, porque dichos mecanismos son la vía para impagar progresivamente la deuda. Ello implica que son las clases medias y bajas quienes terminan pagando los excesos políticos.

Dominancia fiscal

La dominancia fiscal es una consecuencia de lo anterior y, a su vez, realimenta el problema. El banco central no ha alcanzado nunca una independencia real, y el sistema político presiona para capturarlo a través de elegir a sus dirigentes, atacarlo o vulnerarlo a través del Tesoro o presionarlo políticamente; por ejemplo, al exigirle que haga lo necesario para evitar que Trump gane las elecciones, evitando que haya una recesión antes de las elecciones.

De esta forma, se alcanza una situación en donde la política fiscal (gasto e impuestos del gobierno) domina o influye sobre la política monetaria (control de la oferta monetaria y tasas de interés). En consecuencia, las decisiones sobre el gasto público y la recaudación fiscal tienen prioridad sobre los objetivos de la política monetaria, como controlar la inflación o estabilizar la moneda.

El no aterrizaje político

Más allá de la política monetaria y bancaria, podemos mencionar otra variedad de arrugas que se están corriendo políticamente:

  • Los sistemas de pensiones de reparto en países como España, Italia y Grecia enfrentan problemas debido a la disminución de la tasa de natalidad, el aumento de la esperanza de vida y la baja productividad. Con menos trabajadores y más pensionistas, la sostenibilidad financiera de estos sistemas está en riesgo. Y como es bien sabido, este sistema es políticamente muy costoso de desmontar o solventar, por lo que solo le queda resultar impagado gradualmente por diversas vías.
  • El Medicare y Social Security en Estados Unidos, un sistema fallido al que se le han aplicado trapos calientes para no atender el problema de raíz por medio de su liberalización. Las proyecciones indican que los fondos actuales podrían ser insuficientes para cubrir todas las obligaciones futuras, requiriendo posiblemente aumentos en los impuestos o reducciones en los beneficios.
  • El programa de transición energético de Alemania (Energiewende) que resulta insostenible, ya que aumenta el precio de la energía, afecta negativamente la competitividad de la industria alemana y genera un escenario innecesario de dependencia energética.

Consecuencias

La estrategia política de «ignorar para permanecer» está extendida en todos los ámbitos del intervencionismo. Cualquier nueva regulación o programa social a menudo se sostiene a pesar de sus efectos nocivos. Admitir y corregir errores se ha vuelto una práctica casi inexistente; en su lugar, el foco está en buscar culpables, distraer a la opinión pública y compensar falsamente el daño con políticas al estilo «bono cultural». Es probable que la inflación no regrese a niveles anteriores, y este ajuste en los criterios no sorprenderá ni acarreará grandes costes políticos. La inflación siempre se puede atribuir a nuevos culpables. Cuando un shock externo sacuda el sistema, será difícil para la mayoría darse cuenta de que, en primer lugar, el sistema nunca debió haber estado tan tensionado. Nos hemos acostumbrado a un mundo donde no puede pasar nada porque cualquier evento dispara la inflación.

Ver también

¿Y si estalla la deuda pública? (Manuel Llamas).

Tomarse en serio la deuda. (Juan Ramón Rallo).

Sionismo y libertarismo: ¿contradicción o afinidad?

Murray N. Rothbard, uno de los más prolíficos y originales intelectuales de la Escuela Austriaca de Economía, abordó las ideas austriacas desde la perspectiva de los derechos naturales. Si bien los aportes de Rothbard enriquecieron inconmensurablemente el edificio teórico de la Escuela Austriaca, su crítica férrea a la existencia del Estado Judío de Israel desde su perspectiva libertaria ha conducido a algunos de sus seguidores a cometer la arrogancia intelectual de categorizar a los libertarios sionistas como falsos libertarios.

Walter E. Block vs. Hans-Hermann Hoppe

Walter E. Block, discípulo de Rothbard, ha sido un defensor de la existencia del Estado de Israel desde la perspectiva del liberalismo clásico. Y en el contexto de los ataques terroristas del 7 de octubre de 2023 perpetrados por Hamás, escribió junto a Alan G. Futerman un artículo publicado en el Wall Street Journal, que se titula: “El deber moral de destruir a Hamás”. En dicho artículo, Block es enfático en justificar el derecho a la autodefensa de Israel y su derecho a la lucha por la eliminación de la organización terrorista.

A raíz de las declaraciones de Block, Hans-Hermann Hoppe, discípulo también de Rothbard y coautor con Block de algunas publicaciones, le escribe una carta abierta con el fin de distanciarse moral e intelectualmente de él. Desde su interpreación libertaria-rothbardiana, considera ilegítima la existencia del Estado Judío, así como las represalias del Ejército de Defensa de Israel al ataque terrorista del 7 de octubre de 2023. En dicha carta, Hoppe ha calificado a Block de “colectivista desquiciado arrastrado por impulsos genocidas”. Sentencia que Block no es un verdadero libertario y le ejecuta una especie de excomunión del sistema rothbardiano.

Sin pretender entrar en la profundidad de las aguas tenebrosas en las cuales este milenario y aparente irresoluble conflicto yace, expondré por qué las conclusiones de Hoppe se derivan de puntos de partida erróneos y de análisis contextuales insuficientes.

Una parábola para comprender el surgimiento del “Estado Judío”

Para seguir el análisis, antes de entrar en discusiones históricas que no llevan a ningún puerto, vamos a conceder a Hoppe la premisa de que la relación entre el pueblo judío y la Tierra de Israel es para efectos libertarios insignificante, pues sólo el individualismo metodológico podría llegar a una conclusión válida en este sentido. Asimismo, para no utilizar la palabra “judío”, pues provoca en algunas personas emociones o prejuicios, diremos que estas personas que fundaron el Estado de Israel, son “pelirrojos” y que en vez de fundar el Estado Judío, fundaron el “Estado Pelirrojo”. Ese tipo de simplificación, ya utilizada en otros contextos por Rothbard, seguramente será bienvenida por Hoppe.

Resulta que en este mundo hipotético, por siglos los pelirrojos han sido víctimas de atropellos a sus derechos humanos más fundamentales. En determinados momentos históricos se han considerado ciudadanos de segunda clase, e incluso han se han catalogado como infrahumanos. Como es de esperar, los pelirrojos han sudrifo asesinatos, expropiaciones, difamaciones, expulsiones, experimentación humana, y un sinnúmero de violaciones.

Conscientes de que sus acciones por dejar de ser pelirrojos -como teñirse el cabello, depilarse o usar peluca- no bastan para que las sociedades los integren sin prejuicios ni violencia, los pelirrojos del mundo comienzan a dialogar y buscar soluciones al “Problema Pelirrojo”. Llegan a la conclusión de que la única manera de asegurar su supervivencia y una vida digna es mediante la creación de un Hogar donde puedan, antes que nada sobrevivir como individuos, y al mismo tiempo emanciparse como nación. Nace así su sueño de establecer el “Estado Pelirrojo”.

Soñadores pelirrojos

Algunas décadas después del “Primer Congreso de Soñadores Pelirrojos”, sucede que en la región del mundo dónde más pelirrojos habitan, se desata la guerra más masiva y sangrienta jamás ocurrida. Para no defraudar a la historia, esta vez los pelirrojos serían señalados por los males del mundo. Indefensos, se enfilaron a las cámaras de gas y paredones de fusilamiento. Dos terceras partes de los pelirrojos de Europa fueron asesinados.

Los supervivientes, sin más que con sus cuerpos enfermos y desnutridos, buscaron refugio por el mundo. Algunos lograron iniciar sus vidas en destinos distantes; otros se dirigieron a un sitio donde algunos soñadores pelirrojos habían emigrado antes de la Gran Guerra. Habían colonizado tierras y creado sociedades productivas. Los pelirrojos no estuvieron exentos de conflictos con las poblaciones que también habitaban esos territorios. A pesar de las adversidades y tensiones constantes, los pelirrojos deciden proclamar el “Estado Pelirrojo” en 1948. Acto seguido, los estados circundantes lanzan una guerra para eliminar a esta nación incipiente.

‘Guerra y culpa en Oriente Medio’

Hoy día, casi ocho décadas después, los pelirrojos continúan teniendo su estado. Los conflictos no han cesado, y el mundo todavía les exige cuentas sobre el acto originario que dio pie a la creación de su capricho emancipador.

¿Era realmente necesario la creación del “Estado Pelirrojo”? Muchos pensadores que en sus posiciones económicas, sociales y políticas se encuentran en las antípodas, coinciden en señalar al “Estado Pelirrojo” de agresor, colonialista, genocida, entre otros variados calificativos. Para muchos de estos intelectuales, este pequeño estado se ha convertido en su único punto de convergencia, y a veces, a los ojos de los pelirrojos del mundo, el “Estado Pelirrojo” se ha convertido para la esfera intelectual en una especie de obsesión.

Desde intelectuales socialistas hasta libertarios pelirrojos del mundo, han llegado a defender la idea de que el “Estado Pelirrojo” debería desaparecer y que los pelirrojos del mundo deberían pasar a ser nuevamente buenos ciudadanos del mundo y vivir en paz como, según estos intelectuales, siempre lo hicieron hasta la creación del “Estado Pelirrojo” (véase, por ejemplo, War and Guilt in the Middle East, de Murray N. Rothbard, 1967).

Hoppe: sobre el Estado Judío y el conflicto árabe israelí

Según Hoppe, el punto de partida para el análisis del conflicto árabe-israelí debe ser un diagnóstico de la institución de la propiedad privada de acuerdo a la doctrina libertaria. Concluye que lo judíos contemporáneos fallan en la reivindicación de su patria en Palestina, pues sólo mediante el abandono del individualismo metodológico se puede llegar a una conclusión semejante.

Referiéndose al conflicto árabe-israelí, dice Hoppe en su carta abierta a Block: “La piedra angular de la doctrina libertaria es la idea y la institución de la propiedad privada”. No hay dudas de que la propiedad privada es una institución fundamental según la doctrina libertaria. Es además un pilar del capitalismo y una institución ubicua en las sociedades abiertas y progresistas. Llamarla, por tanto, “piedra angular” no resulta exagerado.

Lo interesante del análisis de Hoppe, es que parece dar por sentado otro de los fundamentos del credo libertario, un derecho originario, subyacente, supremo, condición sine qua non para cualquier otro derecho: el derecho a la vida.

Los derechos a la libertad, propiedad, búsqueda de la felicidad y cualquier otro, sólo aplican para individuos en vida. Siendo esto así, tiene derecho un individuo a procurar su supervivencia aun si esto implica un atropello a los derechos de propiedad de un tercero. Si para efectos dialécticos, concedemos que los pelirrojos invadieron tierras de terceros para construir una fortificación para salvar sus vidas, ¿sería ello inaceptable según el credo libertario? Si un sediento en el desierto, a punto de desfallecer roba agua de un tercero para salvar su vida, ¿amerita una condena a muerte del mundo libertario? ¿Están los derechos de propiedad por encima del derecho a la vida?

El derecho a la vida

En el caso del “problema judío”, partir de que el derecho a la vida está dado y saltar de inmediato a la institución de la propiedad privada es un error analítico monumental. Para Hoppe, en síntesis, el problema árabe-israelí se reduce a un problema de ocupación injustificada de territorios por parte de judíos europeos de ideología sionista que desplazaron a sus habitantes árabes.

En su sesgado análisis histórico – un análisis completo de este conflicto es francamente imposible por su complejidad circunstancial y extensión temporal – Hoppe invalida la relación histórica entre la Tierra de Israel y el Pueblo Judío. Según Hoppe asociar una tierra a un pueblo es un argumento colectivista, pues sólo los derechos de propiedad demostrables y en manos de individuos tienen validez desde la perspectiva libertaria.

Hoppe parece desconocer el derecho fundamental de un conjunto de individuos históricamente oprimidos a establecer un hogar en donde lograr su autodeterminación y tener la oportunidad de ejercer su derecho a la autodefensa. En el caso del pueblo judío, naturalmente su hogar es Sión; esa tierra sagrada que ha sido el punto de referencia para sus rezos, pues ahí estuvieron sus templos destruidos, el primero por los babilonios y el segundo por los romanos. Esa tierra que en cada festividad que celebran los judíos de la diáspora desde hace dos milenios se menciona en esta frase: “L’Shana Haba’ah B’Yerushalayim” (el año que viene en Jerusalem).

Hoppe sobre el sionismo

Aunque Hoppe se aferre a la idea de que el vínculo de la Tierra de Israel con el pueblo judío carece de validez desde la perspectiva rothbardiana, en el contexto real de la historia, partiendo de un pueblo perseguido y errante, desligitimar la recolonización de de Sión por parte del pueblo judío, o bien negar su derecho a asentarse y autodeterminarse en su tierra histórica, no es otra cosa que quitarle la categoría de humano al judío errante, y condenarlo nuevamente a los progromos y genocidios.

Que Hoppe considere al sionismo como fuerza ocupadora y supremacista, contradice la postura de Teodoro Herzl, padre fundador del sionismo político moderno. Para él, el sionismo “es una respuesta al antisemitismo, pero también es una forma de amor hacia nuestra cultura y nuestra historia”, que “no busca la superioridad sobre otros pueblos, sino nuestra propia autodeterminación”.

En su obra El Estado Judío, que sentó las bases ideológicas de lo que sería Israel medio siglo antes de su fundación, Herzl propone una sociedad donde “si se da el caso de que también vivan entre nosotros gentes de otra religión y de otra nacionalidad, les conferiremos protección e igualdad de derechos”.

Su diatriba en contra de Israel, en la que Hoppe acusa a Israel de cometer apartheid contra ciertos ciudadanos, no se fundamenta en elementos de la ideología sionista, y desde la realidad actual cabría preguntarse: ¿cómo se explica que ciudadanos árabes-israelíes, cristianos, drusos, beduinos, y tantos otros más, sean combatientes en el ejercito sionista y miembros de organizaciones políticas de Israel? ¿Cuál es entonces el factor que confirma ese supuesto apartheid?

Sobre la propiedad de la Tierra de Israel

Según la ética libertaria, en palabras de Hoppe:

En todos los casos de reclamaciones de propiedad en conflicto llevadas a juicio para que se dicte sentencia, la presunción es siempre favorable al poseedor actual del recurso considerado. Y la carga de la prueba en contrario recae siempre sobre el oponente del estado actual de las cosas y de las posesiones actuales. El oponente debe demostrar que, en contra de la apariencia prima facie, tiene un derecho mejor porque posee un título de propiedad más antiguo que el de su propietario actual y que, por lo tanto, su posesión es ilícita. Si y sólo si el oponente puede demostrarlo con éxito, la posesión cuestionable debe serle restituida como propiedad. Por el contrario, si el oponente no consigue demostrarlo, las cosas seguirán como están.

Hans-Hermann Hoppe. An open letter to Walter Block.

En lo referente al Estado de Israel, dice Hoppe:

En el mejor de los casos, sólo un exiguo 7 por ciento del actual territorio israelí fue adquirido o comprado regularmente por judíos antes de 1948 y, por lo tanto, podía reclamarse como propiedad judía legítima.

Hans-Hermann Hoppe. An open letter to Walter Block.

Se concluye por tanto, según la ética libertaria que las tierras de Israel le pertenecen a sus propietarios actuales y que únicamente aquellos despojados de su tierra y sus descendientes que puedan demostrar títulos de propiedad más antiguos que los de propietarios actuales de tierra, tendrían derecho a pedir compensaciones sobre sus tierras. Eso de ninguna manera significaría que el restante 93% de las tierras de Israel sean propiedad de individuos palestinos, pues antes debe demostrarse que durante Mandato Británico en Palestina esas tierras tenían propietarios genuinos de origen palestino.

¿Exigirá Hoppe que se compense a 800.000 judíos?

Como Hoppe propugna la igualdad ante la ley, debe exigir del mismo modo, que se compense a los descendientes de los más de 800 mil judíos exiliados de países árabes entre 1948 y 1952. Ellos pertenecían a comunidades mucho más antiguas que la misma existencia del Islam; sin embargo, se vieron obligados a abandonar estos países en expulsiones masivas después de la Declaración de Independencia del Estado de Israel, asentándose la mayoría en el incipiente país. Para contextualizar ese episodio, cabe mencionar que ese número de personas judías expulsadas de países árabes supera a los árabes palestinos que abandonaron o se vieron obligados a abandonar Israel en el momento de su fundación y quedaron confinados en campamentos de refugiados.

De forma similar, el profesor Hoppe debería estar abogando activamente por las compensaciones a los descendientes de los millones de judíos de Europa que fueron asesinados, expulsados y despojados de sus bienes materiales durante la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Entre las anécdotas que el profesor Hoppe debería considerar al lamentarse sobre la existencia de Israel, está la de los casi mil judíos que lograron escapar del Holocausto en el transatlántico St. Louis y que al llegar a América no lograron desembarcar, ante la negativa de Cuba, Estados Unidos y Canadá de recibirlos. El barco regresó a Europa, donde 254 de sus pasajeros murieron asesinados en el Holocausto. Ciertamente los judíos no eran bienvenidos en casi ningún sitio. De hecho, los judíos sobrevivientes del Holocausto que ingresaron a Palestina no lo hicieron legalmente, sino que en condición de ilegales.

Un hogar para los judíos

La realidad, aunque algunos idealistas no la quieran ver, es que la existencia del “Estado Judío” da a los judíos de todas las latitudes la seguridad de tener un hogar, o un recurso de última instancia.

Israel ha sido el refugio judíos soviéticos afectados por el comunismo, de judíos etíopes afectados por guerras y rescatados mediante la Operación Moisés, de judíos expulsados de sus países en Medio Oriente y norte de África, de judíos argentinos afectados por las crisis económicas, de judíos franceses hoy día asediados por el antisemitismo, y muchos más. Esos judíos que lograron migrar a Israel conservan sus vidas y en gran medida su libertad y propiedad; y para muchos de ellos, a pesar de no haber llegado a Ancapia, Israel representa una mejoría inmensa en su bienestar.

Como se explicó, Israel fue la concreción de un sueño milenario, conseguido mediante migraciones voluntarias, sacrificio y trabajo intenso. Posiblemente no exista ningún otro caso en la historia de los estados en que la fundación de uno se haya dado de un modo tan consciente y anhelado por tantas generaciones. Quizá se podría decir que a pesar de que el Estado de Israel contemporáneo tenga los mismo defectos que cualquier estado, su surgimiento fue un orden espontáneo en el sentido austriaco.

Los ataques del terroristas del 7 de Octubre de 2023 y la respuesta israelí

El 7 de octubre de 2023, se dio en el sur de Israel la peor masacre de la historia del pueblo judío desde el Holocausto. Terroristas de la organización yihadista Hamás atacaron poblaciones civiles dejando un saldo de más de 1200 asesinados y 250 secuestrados. Lo ocurrido fue dantesco: decapitaciones, incineraciones de personas vivas, asesinatos y secuestros de bebés y ancianos, mutilaciones genitales, violaciones sexuales, por nombrar algunas de aberraciones cometidas por los terroristas.

Los terroristas festejaban sus asesinatos con llamadas a sus familiares contando sus “hazañas”, y cuando ingresaban a Gaza con los secuestrados: algunos muertos, otros moribundos y otros absolutamente perplejos, como la madre del bebé de 9 meses y el niño de 4 años que se aferraba a ellos del modo más desesperado -todos aún secuestrados o muertos-, los habitantes de Gaza festejaban la carnicería con júbilo intenso.

Ante tal situación de barbarismo, Block aseveró en su artículo que “es deber moral destruir a Hamás”, por lo que “Israel tiene derecho a hacer lo que sea necesario para desarraigar esta cultura malvada y depravada que reside junto a él”.

Conspiraciones judías

La aseveración de Block provocó el repudio de Hoppe, pues según este último, Block hacía un llamado a “la matanza indiscriminada de civiles inocentes”. Si bien Block fue ligero en su declaración sobre la necesidad de que las Fuerzas de Defensa de Israel exterminen a Hamás a toda costa, en ninguna parte del escrito de Block se propone una matanza indiscriminada o un genocidio.

Además de calificar duramente a Block, Hoppe agregó elementos conspirativos sin fundamento probado que sugerían que varios helicópteros del ejército de Israel habrían asesinado a ciudadanos israelíes. Además, que este incidente se utilizaría por Israel como un argumento para activar su imperialismo y regresar a su “supuesto tamaño bíblico original”.

Todo lo anterior parte de supuestos no demostrados. Sin embargo, lo más grave que menciona Hoppe en su carta es que el ataque de Hamás a Israel no fue “totalmente no provocado” por el liderazgo político israelí.

Ante tal aseveración no queda más que preguntarse: ¿fueron las víctimas de asesinato, secuestro y violación culpables de su destino? ¿Los jóvenes que celebraban en un festival por la paz merecían la muerte, aun suponiendo que el “liderazgo político de su país” fuera asesino? ¿Por qué Hoppe defiende al individuo gazatí, e incluso al individuo alemán de la Alemania Nazi, pero no al judío ciudadano israelí? ¿Por qué insinúa Hoppe que los ciudadanos israelíes deben pagar por los pecados de sus gobernantes? ¿Dónde quedó el individualismo metodológico de Hoppe?

Conclusión

En conclusión, parece ser que Hans-Hermann Hoppe, al igual que en su momento Murray N. Rothbard, mide al Estado de Israel con una vara distinta que con la que mide a sus enemigos. Al ser Israel un país progresista, abierto y con valores occidentales, debe compararse con un ideal libertario. Mientras que sus vecinos salvajes deben tratarse con consideración y aceptar sus pecados.

La Gaza subterránea es una red de túneles terroristas que conectan escuelas, mezquitas, hospitales y zonas residenciales con depósitos de armas. Esos túneles Se utilizaron para el ataque terrorista del 7 de octubre de 2023, y están siendo la vía para movilizar a los secuestrados, terroristas y armamentos.

La máxima autoridad de Hamás, Ismail Hainya, propone la destrucción de Israel gritando: “Palestina es desde el mar hasta el río, desde Rosh Hanikra hasta Rafah” y dice que la generación actual es “la generación del misil, el túnel y operaciones suicidas”.

Mientras Hamás se empeña en destruir a Israel por medio del terrorismo, Israel se empeña en recuperar a los secuestrados, destruir la red de túneles, y aniquilar a los mandos de Hamás y a los terroristas que participaron en la masacre.

Críticas al colectivismo bélico

Seguramente si se tratase de una guerrilla privada o un ejército de mercenarios, Hoppe aceptaría muchas de las acciones que ha emprendido el ejército de Israel; pero al tratarse del ejército de un estado, su condena es tajante.

La postura de Hoppe hace recordar la reacción de Rothbard ante la muerte del Che Guevara: ¡escribirle una elegía! Bastó para Rothbard compartir con el Che -un asesino comunista- el mismo enemigo.

¿Será que Rothbard, siendo el genio que fue, no se preguntó qué hubiese sido del mundo si las ideas del Che y de Fidel, de Marx y de Lennin, hubiesen triunfado? No se pregunta Hoppe: ¿Que sería de la Europa contemporánea si el Islam retrógrado desplazara a la cultura judeocristiana?¿Qué sería del mundo si las aspiraciones de califato de los trasnochados fundamentalistas musulmanes se hicieran realidad?

Sin menospreciar las críticas incesantes de Murray N. Rothbard y de Hans-Hermann Hoppe al colectivismo bélico; en el caso del conflicto árabe-israelí cobra cada vez más vigencia la frase atribuida a Golda Meir: “Si los árabes bajan las armas, se acaba la guerra. Si Israel baja las armas, desaparecerá Israel”.

Ver también

10 mitos sobre Murray N. Rothbard. (Adolfo Lozano).

Por qué Karl Marx necesitaba desesperadamente el consejo de Jordan Peterson

Por John Miltimore. El artículo Por qué Karl Marx necesitaba desesperadamente el consejo de Jordan Peterson fue publicado originalmente en FEE.

A medida que avanzo en la lectura del maravilloso libro de Paul Kengor The Devil and Karl Marx, numerosas cosas llaman la atención sobre el padre del comunismo. No es exagerado decir que es difícil imaginar un ser humano más miserable que Karl Marx. Era casi como si todos los peores rasgos de la humanidad estuvieran reunidos en este hombre rencoroso, que luego construyó una filosofía basada en su propia amargura y odio a sí mismo.

Era perezoso, pero codicioso, siempre mendigando dinero a familiares y amigos que temían por su felicidad y su cordura. Marx no parecía darse cuenta ni preocuparse. Para él no eran más que un medio para conseguir un fin. Era tan egocéntrico que uno se pregunta si estaba en el espectro. Su lujuria y sus borracheras están bien documentadas. Pero lo que realmente me sorprendió es que Marx era un vago total.

Karl Marx, una vida desordenada

Así es como fue descrito en un informe de la policía prusiana alrededor de 1850:

Lavar, arreglar y cambiar su ropa de cama son cosas que hace raramente, y le gusta emborracharse… No tiene horarios fijos para ir a dormir o despertarse… todo está descompuesto… . En una palabra, todo está patas arriba. Sentarse se convierte en un asunto completamente peligroso.

Como persona de ascendencia alemana, puedo dar fe de que este tipo de dejadez no es un rasgo típico de los alemanes, ni antes ni ahora. Los alemanes suelen enorgullecerse de su limpieza. Marx no. Y al igual que su casa, que estaba sucia, desordenada y desaliñada, también lo estaba el cuerpo de Marx. Apestaba y tenía forúnculos de pies a cabeza, incluso en los genitales. (El historiador Paul Johnson ofrece una vívida descripción en su magnífico libro Los intelectuales, pero se la ahorraré). En un momento dado, Marx bromeó con su compañero Friedrich Engels diciendo que se había convertido en “objeto de plagas igual que Job, aunque yo no soy tan temeroso de Dios como él”.

Un cambio masivo… de todos los demás

Traigo todo esto a colación por una razón. Marx estaba ideando un sistema de vida que tenía ambición universal. Su manifiesto exigía “un cambio masivo” en la naturaleza humana en su búsqueda por alcanzar el objetivo secularmente justo de “establecer la verdad de este mundo.” (Uno puede preguntarse si tales líneas eran lo que el padre de Marx tenía en mente cuando reprendió a su hijo, que “cada semana o dos descubre un nuevo sistema”).

Pero a pesar de todas sus grandes palabras y todas sus grandiosas visiones para la humanidad, Marx no podía ni siquiera administrar su propia casa. Su propia salud. Su propia vida.

No quiero minimizar estas tareas. Gestionar la propia vida no es tan fácil como parece. A veces parece como si tuviéramos delante 1.000 obstáculos que nos impiden vivir la vida que queremos, y el doble de trampas. Pero saltar esos obstáculos y aprender a evitar las trampas es el camino hacia el crecimiento individual. Y ese es el camino hacia un mundo mejor. Dos mil quinientos años antes de que naciera Marx, el filósofo griego Platón ofreció un consejo mejor que el del filósofo comunista: arréglate primero a ti mismo.

El consejo de Jordan Peterson

Jordan Peterson ha expuesto esta idea más recientemente, aconsejando que si alguien quiere mejorar su propia vida -y el mundo- debería empezar por limpiar su habitación. “Si ni siquiera puedes limpiar tu propia habitación, ¿quién demonios eres para dar consejos al mundo?”, pregunta Peterson. Es un consejo que le habría venido muy bien a Karl Marx. Pero no creo que hubiera sido capaz de prestarle atención.

Una de las cosas que observo en el libro de Kengor es que Marx recibió muchos buenos consejos de personas que le querían y se preocupaban por él. Su padre escribió una conmovedora (y profética) carta a su hijo diciéndole que le preocupaba su capacidad para encontrar la felicidad. “¿Serás capaz alguna vez -y no es ésta la menor duda dolorosa de mi corazón- de una felicidad doméstica verdaderamente humana?”, preguntó Heinrich Marx a su hijo. La respuesta de Karl fue pedir más dinero a su padre.

Ver también

¿Es Jordan B. Peterson el Sócrates de nuestro tiempo? (José Antonio Baonza Díaz).

El problema de los tres cuerpos de China, y el nuestro

Por Spencer A. Klavan. El artículo El problema de los tres cuerpos de China, y el nuestro fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Le llaman Da Liu: Gran Liu. Una traducción más libre sería “el gran kahuna”, el que no necesita presentación. Muchos espectadores estadounidenses del nuevo drama interestelar de Netflix, El problema de los tres cuerpos, no conocen la trilogía de libros en la que se basa (titulada colectivamente Remembrance of Earth’s Past) ni a su autor, Liu Cixin. Pero en su país natal es una sensación literaria, el rey de la ciencia ficción china. La ciencia ficción, a su vez, no es una diversión evasiva en China. Es un ejercicio imaginativo que se persigue con toda seriedad, una expresión de las aspiraciones nacionales a la supremacía tecnológica.

Antes de escribir novelas, Liu era ingeniero informático en la industria hidroeléctrica; una vez convertido en autor de bestsellers, la agencia aeroespacial china le invitó a dar una charla sobre cómo el “pensamiento de ciencia ficción” puede ayudar a encontrar soluciones a problemas de física. En su día, los comunistas chinos pusieron a sus padres a trabajar en las minas de carbón de Yangquan después de que se cuestionara la lealtad política de su familia. Ahora, los magnates de una China mucho más poderosa quieren que Liu les ayude a imaginar el futuro.

Esa es una de las razones por las que la primera escena de El problema de los tres cuerpos, tal y como aparece en pantalla, es tan impactante. En lugar de la soleada propaganda del PCCh, la historia comienza con una descripción tan mordaz como podría imaginarse de la Revolución Cultural de Mao Zedong y su famoso pidou dahui:“mítines de denuncia” o “sesiones de lucha”. Un solitario profesor de física, Ye Zhetai, es arrastrado al escenario para sufrir los violentos abusos de una turba de abucheadores guardias rojos. Muchos de sus torturadores son antiguos alumnos, y uno de ellos -el golpe más duro de todos- es su esposa, Shao Lin. El delito de Zhetai es enseñar la teoría de la relatividad.

Esto se basa en la verdad. La cosmología del big-bang que surgió de las ecuaciones de Einstein ofendía la sensibilidad marxista de la época. Sugería que el tiempo, por tener un principio, podía tener un autor. “La teoría deja abierto un lugar para que lo llene Dios”, dice Shao Lin con sumo desprecio. Sin arrepentirse, Ye Zhetai es apaleado hasta la muerte. Es insoportable verlo.

También es el trauma definitivo que pone en marcha la historia. La hija de Zhetai, Ye Wenjie, no puede intervenir mientras su padre muere. La férrea rabia de ese momento se endurece en su interior hasta que un día, trabajando en una base clandestina en la montaña donde los científicos de Mao intentan contactar con extraterrestres, se convierte de nuevo en testigo silencioso de lo impensable. En secreto incluso para sus superiores, Ye Wenjie recibe el primer mensaje de la humanidad procedente de una civilización extraterrestre. Comienza con una frase, repetida tres veces: “No responda”.

Ha tropezado con una raza asesina. Resulta que ha llegado a uno de sus pocos miembros lo bastante compasivo como para advertirle de que si la noticia de la existencia de la humanidad llega más lejos, el resultado será una misión de conquista. En el espectáculo, vemos a una chica solitaria en la oscuridad, de repente dueña del destino de su planeta. Zine Tseng, fascinante en su papel de la joven Wenjie, nos muestra todo lo que necesitamos ver en su mandíbula: está recordando lo que la humanidad puede hacer. Fue en nombre de la “humanidad” y de su glorioso futuro por lo que el padre de Wenjie quedó desangrándose en aquel suelo de madera. Ella teclea una respuesta: “Venid. No podemos salvarnos a nosotros mismos. Te ayudaré a conquistar este mundo”.

Ese es el final del episodio 2. El resto de la temporada resume el primer libro de la trilogía -casi 400 páginas en la traducción inglesa de Ken Liu- en 5 episodios. Los tres episodios restantes establecen las tramas de los libros 2 y 3 en paralelo, lo que hace posible que los 18,9 millones de años de la saga de Liu no ocupen más de tres o cuatro temporadas. Los creadores David Benioff y D. B. Weiss, más conocidos por Juego de Tronos de la HBO, no pueden adoptar el mismo enfoque expansivo que les permite el indiscutible dominio del mercado de la propiedad intelectual de George R. R. Martin.

Incluso su presupuesto inicial sin precedentes de 20 millones de dólares por episodio se antoja ajustado en esta primera temporada, algunos de cuyos episodios presentan un CGI notablemente chapucero. Los requisitos del material son suficientes para masticar el PIB de un país pequeño, y ahora -con la segunda temporada en marcha, pero aún sin luz verde oficial- el equipo está compitiendo con éxitos como The Gentlemen de Guy Ritchie por las visualizaciones en streaming y la financiación que aportan. Pero Benioff y Weiss han sabido economizar los puntos de la trama.

El alejamiento cósmico

Los libros de Liu envían a los lectores a toda velocidad hacia el futuro, mientras un desorientador desfile de épocas culturales pasa de un lado a otro. Algunos personajes principales “hibernan” en animación suspendida y despiertan siglos más tarde, mientras que otros aparecen o desaparecen época tras época según lo requiera la situación. Pero Benioff y Weiss han reorganizado el reparto de modo que la mayoría de los personajes principales se presentan desde el principio, presumiblemente para ser transportados a través de la hibernación a lo largo de toda la historia. Conectamos pronto con los protagonistas y nos quedamos con ellos.

En cierto modo, es una mejora. A pesar de la riqueza de su visión de la fantasía de alta tecnología, Liu padece el mal común de la ciencia ficción, que tiende a utilizar a los personajes como figurillas de stock en experimentos mentales prolongados, en lugar de almas ficticias en sí mismas. Los lectores aprenden a dejar que las cosas sucedan, centrándose en uno o dos individuos mejor representados mientras las civilizaciones surgen y desaparecen a su alrededor en un lapso de tiempo borroso.

La versión cinematográfica está escrita e interpretada con un ingenio más sutil que el de Liu. Pero los que disfrutan con la llamada “ciencia ficción dura” por sus minuciosos detalles sobre física especulativa preferirán los libros. Sin embargo, sean cuales sean los méritos y defectos relativos de cada versión, El problema de los tres cuerpos es electrizante en cualquiera de sus formatos gracias a la sombría fuerza de la pregunta central de Liu: si otro mundo viniera trayendo la muerte al nuestro en lugar de la fraternidad, ¿cuántos de nosotros acogeríamos con agrado nuestra propia perdición?

Los corresponsales de Ye Wenjie son los san ti, los “Three-Body-People” (latinizados en el inglés de Ken Liu como “Trisolarans”). Su mundo sufre el famoso problema de la mecánica orbital que da título al libro: dados tres cuerpos celestes -por ejemplo, tres estrellas en un cúmulo-, ninguna ecuación general puede decir de forma fiable cómo dirigirá la gravedad su movimiento. Trisolaris, el planeta de san ti, es lanzado sin cesar entre tres soles sin ninguna pauta estable, como una pelota de baloncesto en un sádico juego cósmico. A veces, generaciones enteras se consumen sin previo aviso en el resplandor de una estrella que se aproxima.

Las reglas ordenadas que parecen mantenerse estables en nuestro rincón primario de la galaxia nos han permitido hacernos la ilusión de que los contornos del universo discurren suavemente en todas partes. La pesadilla surrealista de la historia de los san tino permite ficciones tan pintorescas; saben que las pocas parcelas de espaciotiempo en las que se puede comprender la naturaleza son preciosas rarezas. Harán todo lo posible por colonizar el más cercano, lo que significa expulsar a las torpes especies infantiles que lo ocupan actualmente.

Ye Wenjie está dispuesta a dárselo todo. Leyendo el manifiesto del ecologismo de los años sesenta de Rachel Carson, Primavera silenciosa, aprende a condenar a la humanidad por devastar su mundo natal. Atormentada por la idea de un mal canceroso en el fondo del corazón humano, llega a la conclusión de que es “imposible esperar un despertar moral de la propia humanidad, del mismo modo que [es] imposible esperar que los humanos se levanten de la tierra tirándose de los pelos”. La ayuda debe venir de las estrellas.

Levantaré los ojos

“Sé que vienen a salvarnos de nosotros mismos”, dice Rosalind Chao en su papel de Ye Wenjie, una anciana de ojos hundidos, en Netflix. Ha moldeado su resentimiento hacia su propia especie en una retorcida fe en los san ti, aunqueni siquiera ella tiene claro si espera que traigan un gobierno benévolo o una aniquilación sumaria. En la serie, sobre todo, vacila cada hora entre la esperanza mesiánica y la desesperación eliminacionista. Hay un realismo espeluznante en todo esto: Ye Wenjie puede ser ficticia, pero su perfil psicológico no lo es. Mucha gente que vive hoy en día comparte su incertidumbre sobre si la humanidad debe sobrevivir, y en qué condiciones.

“Mira lo que le hemos hecho a este planeta”, dijo Les Knight, fundador del movimiento Extinción Humana Voluntaria, al New York Times en 2022. “No somos una buena especie”. En 2006, cuando Liu publicó por primera vez El problema de los tres cuerpos, apuntó con clarividencia a un sentimiento nihilista que más tarde adquiriría una sorprendente vigencia en el mundo real. Al igual que el cristianismo, el catastrofismo medioambiental parte de la premisa de que somos demasiado pecadores para rescatarnos a nosotros mismos; a diferencia del cristianismo, no ofrece ninguna garantía de que nadie más pueda hacerlo. Ye Wenjie y sus seguidores representan una sospecha cada vez más extendida de que los robots, o los alienígenas -o incluso los animales- serían mejores administradores del planeta que nosotros.

A medida que las tasas de natalidad caen por debajo de los niveles de reemplazo tanto en Oriente como en Occidente, las declaraciones de rendición existencial de Ye Wenjie cobran cada vez más actualidad. La tristemente célebre política del hijo único aceleró el declive demográfico de China con extremo prejuicio, y sus repercusiones aún se dejan sentir. Pero las cifras de Estados Unidos también están descendiendo. Si entre nosotros la infertilidad no es una cuestión de coacción estatal, es sin duda una cuestión de desgana cultural y dudas. Es posible que nos estemos poniendo al día, de una manera sombría, dirigiéndonos hacia un precipicio espiritual que pensadores chinos como Liu llevan tiempo contemplando. Quizá por eso 3 Body Problem ha conseguido una audiencia estadounidense considerable en Netflix: en todo el mundo hay gente que se pregunta si merece la pena mantener la vida humana.

Liu Cixin no parece ser uno de ellos. Predijo y describió el auge del antihumanismo con notable precisión. Pero Ye Wenjie no es el héroe de su historia: idealmente, a Liu le gustaría que siguiéramos viviendo en nuestra traicionera era digital. Es cierto que no le impresionan la mayoría de las propuestas sobre cómo podemos hacerlo. Remembrance of Earth’s Past atrajo el interés de tecnócratas internacionalistas como Barack Obama y Mark Zuckerberg. Pero parte del atractivo de Liu como autor radica en su negativa rotunda a conformarse, como hacen Obama y Zuckerberg, con un optimismo despreocupado sobre la posibilidad de salvar el mundo con una tecnología mejor o una política más hábil.

Sin salida

Aun así, Liu se muestra tan impaciente con la resignación como con los planes poco serios de supervivencia. Las esperanzas de Ye Wenjie de que se produzca una invasión trisolar no son más que otro tipo de idealismo infantil: los san ti son tan crueles, asustadizos y violentos como nosotros. Las leyes teóricas de la agresión en el universo de Liu son tan cruelmente absolutas como las leyes de la física.

Eso hace que sus lealtades sean difíciles de analizar. Sólo los lectores y espectadores de lengua inglesa pudieron experimentar esa fascinante primera escena al principio de la historia, en la que Liu dice que siempre lo quiso. Tuvo que enterrar la sesión de lucha en medio de la versión china para que escapara a la censura del PCCh. Esto da a la trilogía un sabor de literatura disidente, y los halcones de China compartieron con entusiasmo clips de la escena inicial con ese espíritu.

Pero las autoridades del Partido parecen esperar que las críticas de Liu puedan domesticarse e integrarse en una narrativa más amplia sobre su propio ascenso desde el exceso revolucionario a la grandeza. Un fragmento de una de las historias de Liu apareció una vez en el gao kao, el examen nacional de acceso a la universidad. No es demasiado difícil interpretar la batalla contra Trisolaris como una carrera armamentística y tecnológica entre China y Estados Unidos, en la que China aparece como la Tierra en desafiante oposición a unos forasteros avanzados pero despiadados. A Netflix le encantaría que esta alegoría no se le ocurriera a demasiada gente; al PCCh le encantaría que así fuera.

Los sentimientos de Liu pueden describirse como dolorosamente ambivalentes. Se opone obstinadamente a las interpretaciones políticas de sus libros: “El objetivo es escapar del mundo real”, declaró a Jiayang Fan, del New Yorker. Pero en la misma entrevista, defendió los actos de represión más grotescos de China sin pestañear. Durante la producción de la serie, cinco senadores republicanos enviaron una carta a Netflix denunciando el aparente apoyo de Liu a la política del hijo único y a la opresión de los uigures. Los ejecutivos respondieron que las opiniones de Liu “no reflejan los puntos de vista de Netflix ni de los creadores de la serie, ni forman parte de la trama o los temas de la serie”.

Eso es y no es cierto. Nadie podría leer honestamente Remembrance of Earth’s Past como un apoyo incondicional al régimen chino, ni al de ningún otro país. Pero uno de los temas persistentes de Liu es el salvajismo diabólico que cree que acecha bajo la superficie de la civilización, y el miedo a ese salvajismo también explica su apoyo declarado al PCCh. “Si aflojaran un poco el país, las consecuencias serían aterradoras”, le dijo a Fan. Si el principio básico del universo es el caos, entonces el único orden es el que se impone por pura fuerza de voluntad.

El adjetivo que más se aplica a esta actitud sombría, por supuesto, es “hobbesiana”. Pero está claro que a Liu no le complace su universo devastado por la guerra, y nunca insiste del todo en que no hay esperanza de una paz más profunda. Sólo se muestra acerbamente escéptico ante la mayoría de los esfuerzos por fomentarla. Si hay un personaje en El problema de los tres cuerpos que lo representa, ése es el detective Shi Qiang, llamado “Clarence” en la serie e interpretado por Benedict Wong. En los libros, Shi tiene el mismo apodo que Liu: Da Shi, o “gran Shi”. Al igual que Liu, Shi bebe mucho y observa cómo un bienhechor de ojos brillantes tras otro hace un desastre de las cosas.

No es spoilear demasiado decir que Remembrance of Earth’s Past termina con la esperanza de un gran restablecimiento, un Año Cero que devuelva todas las cosas a sus condiciones edénicas originales: “un universo nuevo y una vida nueva”. Uno tiene la impresión de que a Liu le gustaría escabullirse él mismo en ese espacio limpio y abierto: lejos de elecciones imposibles entre opciones terriblemente erróneas, lejos de la clase dirigente que una vez persiguió a su familia y ahora le mira con avidez como un activo cultural, lejos de los operativos políticos que quieren reivindicar su arte como pro o antichino.

Pero ese es su propio tipo de escapismo, y no le salvará ni a él ni a nosotros más de lo que lo harán los trisolaranos.Los defectos de la ficción de Liu son los defectos audaces e instructivos de un artista ambicioso y torturado. Liu ve con claridad que incluso el universo más vasto es un infierno sin una fuente de esperanza más allá de sus fronteras.Su incapacidad para encontrar una es un fracaso trágico, y debería obligarnos a buscar en otra parte si queremos evitar la desesperación. No son los extraterrestres ni las máquinas quienes rescatarán a China, ni a nosotros. La salvación no puede venir de las estrellas. Tiene que venir de arriba.

Ver también

La sátira en ‘El problema de los tres cuerpos’. (Fernando Herrera).

La economía a través del tiempo (XIV): riqueza y divinidad en la antigüedad

La riqueza ha estado asociada a un regalo o premio divino en alguna que otra cultura. Esto no ha sido común dentro del cristianismo, por eso suele verse como algo ajeno en el contexto social occidental. La única rama que ha interpretado la prosperidad económica con un premio de Dios ha sido la llamada Teología de la Prosperidad, la cual sostiene que los bienes materiales de alguien están asociados a su fé. Esta idea asume que el que es más rico lo es gracias a su entrega a la religión o a una especie de selección que Dios ha realizado sobre él y que muestra que irá al cielo.

Quitando esta excepción, el cristianismo ha estado completamente desapegado de la idea de que el bienestar económico proviene de una designación divina directa. Podemos ver, siguiendo las instrucciones egipcias de Merykara que hemos mencionado anteriormente, que en otros contextos religiosos antiguos no ha sido así. En una parte de estas enseñanzas, se le recomienda al gobernante lo siguiente: “Suministra en abundancia el vaso de ofrendas del dios, incrementa las provisiones, coloca la abundancia en las ofrendas diarias, pues son cosas beneficiosas para quien las hace” (Sánchez, 2020, p.74).

Más adelante, el texto vuelve a mantener la misma idea: “Haz para el dios y te hará del mismo modo con provisiones de las que hacen prosperar las piedras de ofrendas y con grabados. Es lo que proclamará tu nombre. Reconoce el dios según lo que se le hace” (Sánchez, 2020, p.84).

Ofrendas a los dioses

De ahí se desprende que las ofrendas a los dioses se realizan con el objetivo de conseguir bienestar material, riquezas o provisiones. Esto es una diferencia sustancial a la idea que el cristianismo tiene de holocausto, ofrenda o sacrificio (como el de un animal, escena muchas veces repetida en la Sagrada Escritura). De hecho, los cristianos consideran que las ofrendas se hacen para tratar de restituir, aunque sea parcial o temporalmente, los pecados y las ofensas a Dios (Biblia Católica Online, 2005, Hebreos 10, 1-4.).

En este sentido, el Ser Humano se situaría en una posición más humilde que en el caso de los egipcios. Pues hacer algo para Dios viene a compensar el comportamiento propio, que parte de una posición rebajada por el pecado original, y no para conseguir algo extra como riqueza y prosperidad económica. De esta manera, se entiende mucho mejor cuál es la función del sacrificio de Cristo. Se ofrece, como el propio Dios, para el holocausto definitivo que destruye al pecado y hace inhábil cualquier otro sacrificio.

No quiere decir esto que el cristianismo rechace a Dios como causa de la riqueza, pues Dios es siempre causa última dentro de la filosofía católica, pero la correlación no es tan directa como en el caso de las instrucciones de Merykara, posiblemente porque la prosperidad económica no se percibe como un bien en sí mismo, sino una herramienta que puede, o no, ser utilizada para el bien.

Agni

La idea egipcia, además, se puede ver en otras civilizaciones, algunas muy distintas. Es el caso del RigVeda, un texto datado con anterioridad al año 1200 a.C y perteneciente a la cultura védica y al vedismo, una religión que puede interpretarse como ‘la madre’ del hinduismo. En estos textos, escritos en tierras pakistaníes, existe la figura de Agni, al cual se le elogia por lo siguiente: “Digno es Agni de ser alabado, viviendo como lo hacían los antiguos videntes. Él traerá aquí a los Dioses. A través de Agni, el hombre obtiene riqueza, sí, abundancia que crece día a día, más rica en héroes, gloriosa” (Anónimo, 2022, p. 7).

Más adelante, el texto revela la misma idea que el egipcio: “Agni, bien encendido, trae los dioses para él que ofrece regalos sagrados. Adóralos, purificador, sacerdote. Hijo de ti mismo, presente, O sabio, nuestro sacrificio a los dioses hoy. Dulce al gusto, para que se den un festín” (Anónimo, 2022, p. 14). Es decir, de alguna manera, el dios premia a cambio de regalos y es el encargado de darle riqueza a los hombres.

El fuego

Sin embargo, en este último caso, la relación del dios Agni con la prosperidad puede tener una base real. Esta deidad no era más que la representación idealizada del fuego, al cual se le atribuyen funciones purificadoras. Y, como es evidente, sirvió en su momento como un salto sustantivo hacia un estadio de mayor prosperidad económica y de riqueza. Así lo explica Buades (2012):

Sin duda, una de las fuerzas más misteriosas, sobrecogedoras y, al mismo tiempo, más querida del hombre primitivo fue aquella que se manifestaba en el fuego. Un Algo que con el fuego le calentaba en las noches frías, le iluminaba en la oscuridad, transformaba sus alimentos. Que en sus llamas que se levantaba hacia el cielo, llevaba consigo las ofrendas y sacrificios de los mortales. Pero que enfurecida podía usar su fuego para destruirlo todo. Un Algo fuente de vida y muerte, purificador y protector. Un Algo que se manifestaba en el cielo como el sol, en la atmósfera como el relámpago, y en la tierra como el lar o fuego del hogar. No es, pues, de extrañar que los Vedas dediquen unos 200 himnos a este Agni (p. 52).

De hecho, los védicos llamaban con ese mismo nombre al fuego, de tal forma que el dios sólo fue una exacerbación de una herramienta natural cuyo descubrimiento significó uno de los mayores hitos tecnológicos de la historia.

Bibliografía

Anónimo (2022) Rigveda. YogaIndra.

Bíblia Católica Online. (2005).

Buades, G. R. L. (2012). El Ṛg Veda. Proyección. Teología y Mundo Actual, (244), 47-74.

Sánchez, A. (2020) La literatura sapiencial egipcia. (Vol. I).

Serie La economía a través del tiempo

El ‘plan América’ y el mito de la dolarización

El dinero es, en su más pura esencia, intercambio de trabajo. Por eso la política monetaria debería ser neutral. La emisión de dinero no debería conocer de ideologías.

Acaba de salir al mercado el libro El Plan América (ISBN 9788409557349). Este libro explica los pasos que debe seguir Argentina para salir del agujero monetario en el que se encuentra. El Plan América es la única vía que, sin aplicar con rigor el Consenso de Washington, permite reactivar la economía, recobrar la soberanía monetaria, atraer inversiones no especulativas, controlar la dominancia fiscal y la dominancia monetaria, estabilizar el valor de cambio y evitar la inflación, etc. Este libro cambiará la historia de Argentina por basarse en el Patrón Interés, un novedoso sistema de emisión de dinero que dota valor a la moneda basándose en los activos nacionales, con un ancla o límite de emisión monetaria más robusto que el propio oro.

Uno de los capítulos del libro está dedicado a analizar el mito de la dolarización. Resumimos brevemente las reflexiones que el libro ofrece sobre esta tramposa herramienta monetaria.

Errores técnicos flagrantes de la dolarización

Desde una perspectiva técnica, la dolarización presenta las siguientes debilidades:

  1. La dolarización es inmoral. Para conseguir la masa monetaria óptima de giro, la cantidad de dinero que necesita en la actualidad la nación para funcionar con normalidad, Argentina tendría que enviar 45.000 millones de dólares de commodities (carne, cereales, etc.) a los EE.UU, 45.000 millones de trabajo argentino para que los americanos envíen papelitos de colores. Esto no es lógico. Es más, para frenar cualquier corrida bancaria o crisis puntual monetaria, es decir, para que el BCRA pudiese actuar como prestamista de última instancia de todo el sistema, tendría que enviar otros 10.000 millones de commodities para obtener más papelitos de colores. Los americanos vivirían como reyes a costa del pueblo argentino.
  2. La dolarización es cara e infinita. Cuando la economía argentina aumente y necesite incrementar la masa monetaria en circulación o de giro, deberá igualmente enviar más trabajo argentino a los Estados Unidos a cambio de billetes verdes. Si esto no se consigue, los precios de los productos sufrirán deflación.
  3. La dolarización hace depender la economía Argentina de las necesidades comerciales norteamericanas. Si los norteamericanos deciden vetar ciertos productos que ellos no producían pero ahora producen, Argentina sufriría monetariamente (ver más detalles en el libro).
  4. Competencia Comercial Insana. Si todos los países hispano hablantes hicieran lo mismo que recomienda el líder de La Libertad Avanza, si todos los países estuvieran dolarizados, existiría una mayor oferta de commodities para la misma demanda. Esto será terrible para Argentina y todos los países dolarizados (ver más detalles en el libro). La competencia entre países iberoamericanos por el mercado norteamericano o chino ya existe, pero si pierdes blindaje monetario nacional es más difícil amortiguar los shocks de demanda de cualquier tipo.
  5. La dolarización es dependiente de la política de bloques. Si Argentina no compra a los EE.UU. aviones militares, los norteamericanos podrían vetar los productos argentinos.
  6. Inflación. El Presidente Milei y toda su cohorte de economistas, han afirmado que con la dolarización la inflación desaparecería en Argentina. Esto es terriblemente inexacto por motivos empíricos y técnicos (ver más detalles en el libro). Desaparecería la hiperinflación, pero la inflación persistiría, como ocurre actualmente en EE.UU., Ecuador, etc.
  7. Situaciones extremas. La dolarización total que propone el Presidente Milei para Argentina, con la supresión del Banco Central y la aniquilación del Peso argentino, impediría que el Estado, en situaciones extremas, pudiese emitir dinero. Por ejemplo, en el supuesto de una pandemia similar a la COVID19, donde la actividad privada y los ingresos por impuestos caen totalmente, ¿cómo emitiría dinero un Estado sin Banco Central? ¿Cómo atenderían sus compromisos las diferentes administraciones si los impuestos caen por culpa de una sequía?  La sequía de 2023 redujo la producción agrícola, según algunas fuentes, en más de un 40%, siendo el campo el 8% del PIB, pero el 50% de las exportaciones argentinas.
  8. Dependencia del mercado exterior. Al carecer el Estado de capacidad de emisión monetaria, la obtención de dólares dependería del turismo, la inversión extranjera y de las exportaciones. Si uno de estos capítulos fracasa, todo el castillo de naipes se tambalean (ver más detalles en el libro)
  9. Problemas laborales. Cuando el dólar aumenta de valor respecto a todas las monedas, la economía dolarizada pierde competitividad frente a países competidores no dolarizados, provocando problemas laborales internos por factores exógenos. Si el dólar se deprecia, la economía dolarizada gana competitividad. Además los países que tienen una economía fuertemente dependiente de las exportaciones de materias primas, como Argentina, y por tanto sus monedas están vinculadas indirectamente al dólar, cuando el precio de las materias primas cae, se observa un fuerte aumento del desempleo e importantes caídas del PIB. Si la economía estuviese totalmente o fuertemente dolarizada se necesitaría una gran flexibilidad del mercado laboral…. (ver más detalles en el libro). El tener una moneda propia permite amortiguar los impactos económicos exteriores.
  10. El pueblo como amortiguador monetario. Una economía dolarizada tiende a equiparar el nivel de vida local con el de los EE.UU., tanto en el coste de los productos y servicios como en el de los salarios (ver más detalles en el libro).
  11. La dolarización es insegura. Al perder la soberanía monetaria, el Estado Argentino no tendría capacidad para determinar qué dinero es auténtico o cual es falso… (ver más detalles en el libro) En el mundo se calcula que más del 20% de los dólares son falsos.
  12. Riesgo de colapso del dólar. El dólar dejará de ser la moneda hegemónica mundial antes de 25 años, porque el déficit comercial norteamericano, el endeudamiento y el crecimiento de su masa monetaria es insostenible. Si todos los billetes norteamericanos que circulan por el globo retornaran a su país de origen, EE.UU implosionaría. Las reservas de los bancos centrales del mundo en dólares pasaron del 72% en 1999 a un 58% en el año 2023. Siguiendo esta proporción, en 25 años el dólar perderá su liderazgo mundial… (ver más detalles en el libro). EEUU está inundado el planeta de dólares. Todo tiene un límite.
  13. El problema de la dolarización y la disciplina fiscal. Como hemos dicho, el objetivo último de la dolarización es acabar con la inflación. La dolarización obliga a las AAPP, en gran medida, a controlar el gasto público, pero la dolarización no lo limita… (ver más detalles en el libro) Si no se consigue disciplinar fiscalmente a las AAPP, no existirá hiperinflación, pero la inflación seguirá existiendo porque las AAPP seguirán emitiendo deuda pública (sustitutos monetarios) para cubrir el déficit público. Dolarizar sin disciplina fiscal no tiene ningún sentido y, si se alcanza la disciplina fiscal tampoco es necesaria la dolarización porque la inflación se habrá acabado.
  14. Pérdida de la función de prestamista de última instancia. (ver más detalles en el libro)
  15. El problema histórico de la equivalencia de valor. Este es un problema histórico que se remonta a los problemas del sistema bimetálico de oro y plata, que fue finalmente abandonado por el Patrón Oro. Existen muy pocos países plenamente dolarizados y, cuando en un país conviven dos monedas de curso oficial o de forma oficiosa, existe una permanente y lógica variación del valor de las monedas por el devenir de sus emisores…. (ver más detalles en el libro). Este es un gran negocio para unos pocos, los cuales provocan tendencias no naturales en las equivalencias de valor para ganar dinero.
  16. No elimina la prima de riesgo país ni aun estando  la economía totalmente dolarizada. Se reduce, pero no la equipara. La prima de riesgo depende del emisor y no de la denominación facial de la emisión.
  17. La dolarización es una dejación de funciones, de responsabilidades. ¿Qué hará Argentina si en el año 2053 el dólar colapsa y pierde gran parte del valor actual? Tendrá que hacer lo que no quiere hacer hoy (ver más detalles en el libro).

Evidencia Empírica del fracaso de la dolarización

Otra importante razón para no dolarizar una economía es la evidencia empírica. Algunos economistas presentan a países dolarizados como casos de éxito, cuando en realidad existen indicadores económicos que contradicen estas opiniones. Solo nano países o países pequeños, como Panamá, estrechamente vinculados a los EE.UU., conviven con el dólar de una forma razonable…. (ver más detalles en el libro, donde se analizan las variables individualmente fundamentales de los países dolarizados).

Cambio de Rumbo de D. Javier Milei y Emilio Ocampo

El Presidente D. Javier Milei, hace cinco años era contrario a la dolarización (ver documento gráfico que se ha viralizado recientemente).[1] Durante todo el proceso electoral defendió vehemente la dolarización, y ahora está reculando por la divulgación de nuestras ideas. 

Ante la nueva realidad que ha descubierto, el Presidente Milei viene argumentando que él siempre ha defendido la competencia de monedas, lo cual es cierto; pero no es menos cierto que:

  1. Ha venido insinuando en multitud de ocasiones que la dolarización se podría realizar de forma inmediata. Presumía que él disponía del apoyo de “una de las instituciones financieras más importantes del mundo que le facilitaría los dólares”.
  2. Él siempre se ha mostrado a favor de una urgente dolarización, como lo demuestra su twit de fecha 28 de Junio, en el que no habla de competencia de monedas. Dio a entender al electorado que él era favorable abiertamente a la dolarización y que tenía todo armado para su desempeño, pero ahora parece ser que no dispone del apoyo financiero para dolarizar.
  3. Después de dinamitar el Banco Central, a la única moneda que no se le permitiría competir es al Peso. La competencia de monedas es una utopía temporal que solo sobrevive hasta la aparición del “banco hegemón monetario”. La competencia de monedas, como solución mágica, está siendo dimensionada y mitificada por el Presidente Milei (ver libro).
  4. El gran problema de Argentina no es la inflación, como afirmaba el Presidente Milei en su twitte, sino un problema institucional, de cumplir y hacer cumplir las normas. Gracias al Patrón Interés hoy la inflación ha dejado de ser un fenómeno monetario para transformarse en un fenómeno político. Desde el año 2013, con el descubrimiento del Principio de Crecimiento Progresivo de la Masa Monetaria, sabemos a priori la cantidad de dinero que necesita el mercado para que el dinero mantenga su  poder adquisitivo.

La pignoración de la deuda pública en pesos, por contravalor de 50.000 millones de dólares, que se pretende dar en garantía para obtener dólares y hacer frente a las necesidades de la masa monetaria en giro será un buen negocio. No lo dudemos, el fideicomiso propuesto por Emilio Ocampo dará muchos beneficios a todas las partes que intervengan en el proceso.

Parece evidente que tanto la  competencia de monedas como la dolarización es una utopía propia de economistas que no dominan el sistema monetario.

El Presidente Milei puede hacer mucho daño al movimiento liberal si no consigue, de un modo u otro, sacar adelante la economía argentina. Ha generado tantas expectativas que si no despliega las promesas realizadas, si las desarrolla tarde o si las ejecuta y fracasa, el coste político será enorme para el liberalismo. Tal fue el método utilizado, el desprecio con el que trató al resto de fuerzas políticas, y la seguridad con la que se presentó a las elecciones que, cualquier cosa que no sea el éxito tendrá una factura política en relativamente un breve espacio temporal.

[1] https://www.youtube.com/watch?v=RmrBGh1z9_k

Ver también

Una visión crítica de la competencia institucional normativa. (Miguél Gurrea).

Una crítica al patrón interés. (Miguél Gurrea).

Por qué se puede (y debe) dolarizar Argentina en el 2024. (Luis Espinosa Goded).

Una propuesta para dolarizar la Argentina sin devaluación ni aumentar la deuda. (Adrián Ravier).

Dolarizar la Argentina es posible e imprescindible. (Adrián Ravier).

Sobre la libertad económica en Europa

La libertad económica en Europa ha sido un tema de debate y atención a lo largo del tiempo. Europa es conocida por tener una variedad de sistemas económicos que se diferencian entre los países que se acercan más a los estándares que proporciona el liberalismo hasta los países más intervencionistas.

Europa está compuesta por una serie de países con diferentes sistemas políticos y económicos, como ocurre en diferentes regiones en el mundo. Algunos países europeos, como los nórdicos, promueven un enfoque económico con carácter más proteccionista y orientado a las políticas de orden social, mientras que otros, como los países bálticos, tienden hacia una economía más liberal y enfocada en el libre mercado. Esta diversidad en los sistemas económicos se refleja en los niveles de libertad económica reflejados en la región.

Según el último Índice de Libertad Económica publicado por la Heritage Foundation, algunos países europeos se encuentran entre los primeros lugares a nivel mundial. Países como Suiza, Dinamarca y los Países Bajos se clasifican consistentemente como los más libres en términos económicos, con sistemas legales y regulatorios que promueven una economía de mercado dinámica y competitiva. Estos países se destacan por tener bajos niveles de intervencionismo estatal, una sólida protección de los derechos individuales y un ambiente empresarial favorable.

Libre circulación de personas y bienes

Al contrario, algunos países como Francia, Italia y Grecia han tenido históricamente un mayor grado de intervencionismo estatal en sus economías, lo que puede limitar la libertad de emprender y dificultar el crecimiento económico sostenible. Estos países a menudo tienen una mayor regulación en los mercados laborales y empresariales, lo que puede obstaculizar la inversión y el desarrollo empresarial.

Sobre el índice de libertad económica

Aunque existen diferencias entre los países europeos en términos de libertad económica, en general, Europa se caracteriza por tener un mayor grado de intervencionismo estatal en comparación con otras regiones del mundo, como América del Norte y Asia. Esto se debe en parte a la tradición de social democracia y al papel activo del Estado en la economía. Muchos países europeos ofrecen una amplia variedad de servicios públicos y programas de protección social, lo que a menudo implica mayores niveles de intervención estatal y mayores impuestos.

Sin embargo, también es importante destacar que Europa cuenta con una amplia red de acuerdos comerciales y cooperación económica, como la Unión Europea (UE). Estos acuerdos han fomentado la libre circulación de bienes, servicios, capital y personas dentro de la región, lo que ha contribuido al crecimiento económico y a la integración regional. Aunque estos acuerdos implican ciertas restricciones y regulaciones, también han creado un mercado único que ha aumentado las oportunidades comerciales y el acceso a nuevos mercados.

No sólo la libertad económica

En términos de implicaciones económicas, la libertad económica en Europa está relacionada con una serie de factores. Los países con mayor libertad económica tienden a tener un mayor crecimiento económico, un mayor ingreso per cápita y una mayor competitividad internacional. Estos países también suelen atraer inversión extranjera directa. Y se ven como destinos atractivos para los negocios.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que la libertad económica no es el único factor determinante del desarrollo económico. Otros factores, como la estabilidad política, la calidad de las instituciones y la educación, también juegan un papel importante.

En conclusión, la libertad económica en Europa presenta una diversidad de enfoques y sistemas económicos. Algunos países son líderes en términos de libertad económica, mientras que otros tienen niveles más bajos, debido a un mayor grado de intervencionismo estatal. La situación de la libertad económica en Europa tiene implicaciones en el crecimiento económico y la competitividad de los países.

Ver también

No podemos mejorar la movilidad sin libertad económica. (Vincent Geloso).