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Ley Antitabaco: paternalismo y discurso ideológico

Hace escasos días el Gobierno volvía a mostrarse implacable en su capacidad de reinvención. Quizá para desviar la atención de sus corruptelas hacia temas más banales, fue el propio Ejecutivo quién decidió de nuevo sacar al cuadrilátero una de sus cruzadas morales particulares: la nueva Ley Antitabaco.

El texto definitivo sobre la ley será presentado en los próximos meses, pero ya conocemos ciertos aspectos de la misma. Por un lado, se introduce la prohibición de fumar en playas, terrazas, campus universitarios y vehículos de trabajo. Y por otro, la ciencia –de nuevo– como aval hipotecario del cajón de sastre en el que cabe todo lo que se quiera regular. La premisa habitual de que todo lo que se hace es por nuestro bien, por supuesto.

Por si esto no fuera suficiente, diversos medios han deslizado que la nueva ley podrá venir acompañada de una reconfiguración al alza de los impuestos al tabaco… no sea que aún quede algún fumador que no haya entendido la indirecta del Ministerio de Sanidad. Mientras tanto, y en relación con esto, ciudades como Milán ya han pisado a fondo en la cuestión liberticida y desde principios de este año, se ha prohibido fumar incluso en la calle.

Al Estado ya no le basta con decirnos cómo vivir, sino que ahora también necesita controlar el cuándo y el dónde… Pero no por autoritarismo, sino por salud. Una vez más, el poder político disfraza su hambre de control y expansión de bondad, y esta vez nos la entrega como salud pública. Con palabras como “bienestar”, “prevención”, o “colectivo”. Y como no podía ser de otra manera, los valedores del bien común y los derechos autoadquiridos aplauden una medida que, de nuevo, nos trata como niños incapaces.

El Estado terapeuta y la domesticación del individuo

Llegados a los niveles actuales de expansión, el Estado no necesita castigar directamente, sino que a través de propaganda y verborrea cientificista consigue una población dócil que avala cualquier medida liberticida si ésta viene envuelta en promesas como el bien común, bienestar social o salud pública.

El psiquiatra Thomas Szasz, explicó en su libro ‘El Estado Terapéutico’ cómo hemos pasado del Estado opresor al Estado terapeuta. Y este es el fundamento principal de este tipo de leyes: el poder ya no encarcela por romper las reglas, sino que ahora nos “previene”, nos “acompaña”, nos “orienta” y nos “corrige” de ser necesario. El paternalismo sirve como correa de transmisión para los delirios estatales, y si la población no obedece, analogía del padre sobreprotector mediante, lo hará a la fuerza.

Ya sea propia o ajena, con la excusa de la salud el Estado decide qué conductas son adecuadas para el ciudadano, el cual debe evitar todo aquello que opere fuera de los márgenes estatales. Los outsiders son ahora aquellos que quieran acompañar la cerveza con un cigarro en la terraza. Los nuevos extremistas son hoy los que pretenden fumarse un cigarro en el polideportivo tras la pachanga de los domingos.

Pero como toda medida liberticida, las contradicciones e incongruencias son infranqueables; ejemplo de ello es la reciente despenalización del consumo de drogas dentro del coche por tratarse de un espacio privado, pero a la par, se pretende castigar a quien tenga la ocurrencia de fumar esperando a su hijo frente al colegio… no vaya ser que ese niño vea algo que no debe.

Narrativas estéticas, ciencia selectiva

La hipocresía estatal no conoce límites. Por un lado, se nos dice que el tabaco es un problema de salud pública, pero por otro, no se prohíbe. El Estado recauda más de 8.500 millones de euros al año gracias a los impuestos derivados de la venta de tabaco. Pero es que además, y haciendo de nuevo gala de su hipocresía, se estima que el gasto sanitario derivado del tabaco oscila en torno a los 30.000 millones de euros anuales. No se entiende entonces por qué algo tan dañino, que consume tantos recursos públicos y que produce tanta preocupación entre los legisladores no se prohíbe directamente, como ya se hace con otro tipo de sustancias. A no ser, claro, que la intención sea otra.

Y ahí está el trasfondo de la cuestión: el discurso antitabaco no responde a un interés sanitario ni económico para el contribuyente. La nueva cruzada moral solamente responde a fines ideológicos, y, tras sus rigurosos estudios de impacto, parece que ya no caben los paquetes de cigarrillos. Una batalla por la estética, impuesta por los nuevos moralistas.

Fumar, al igual que se hace con la carne roja desde sectores ecologistas y feministas, se asocia a la masculinidad tóxica. Recordemos, por ejemplo, cuando hace tres años Sandrine Rousseau, diputada de Les Écologistes en Francia, ponía el asado y la barbacoa en el centro del debate, afirmando que «tenemos que cambiar nuestra mentalidad para que comer una costilla a la brasa deje de ser un símbolo de virilidad». Porque el empresario que se fuma el cigarro en la puerta de su negocio representa el neoliberalismo salvaje. En cambio, quien hace bandera de la autoaceptación y el hedonismo narcotizado, es presentado como un modelo a seguir porque vive desinhibido de las ataduras que esta vida capitalista y heteropatriarcal nos impone.

La libertad como anomalía

El Estado no señala por honestidad intelectual, sino que lo hace por conveniencia narrativa. Y de ello nace el corsé ideológico con el que se sujeta esta patraña. La ciencia nos avala, dice la ministra de Sanidad, Mónica García. Esa misma ciencia que avaló en su momento que un virus que se transmite por el aire subordinase su acción a que la persona estuviera levantada o no para fumar en la terraza del bar. Esa misma ciencia que se preocupa por el impacto sanitario del humo inhalado por los no fumadores, pero no repara en los árboles que provocan alergias a muchos ciudadanos, porque claro, los árboles sí encajan en la estética deseada.

Por último, el panfleto, en tanto que debe ser aceptado, se vende con retórica democrática. Ya no sólo se señala al fumador, sino que, además, y para reforzar su narrativa, se crean premisas incuantificables como los derechos de los no fumadores. Derechos que no se sabe muy bien de qué principio legislativo proceden, pero que terminan por cerrar a la perfección un círculo diseñado para justificar cualquier atropello a la libertad.

Y es a raíz de conceptos abstractos como estos que los Estados inventan derechos inexistentes, pero profundamente legitimadores para la masa social; pues cualquier anónimo con ínfulas de grandeza estará encantado de que el Estado fije por decreto que su libertad está por encima de la del resto.

La lucha contra el tabaco es sólo otro caballo de Troya diseñado para enfrentar y dividir opiniones entre los ciudadanos. Antonio Escohotado decía que «la lucha contra las drogas es la coartada del poder para eternizarse como tutor moral». Y si algo podemos dilucidar de estas grandes palabras de Don Antonio y su obra, es que no hay droga más peligrosa que el poder absoluto.

Fumar no es el problema

La pregunta que debemos hacernos no es si fumar es pernicioso o no para la salud. Lo es. Nadie lo discute. La cuestión es si el Estado tiene legitimidad para decidir por nosotros, por nuestra salud, por cualquier cosa que se le ocurra. Como si fuéramos seres defectuosos que deben ser orientados a la apatía, no sea que hagamos algo fuera del marco establecido y nos hagamos daño. El mundo feliz de Aldous Huxley no se ve tan lejano cuando lo que ayer fueron las drogas, hoy es el tabaco, y mañana lo será la cerveza o el azúcar…

Esto no va de salud, va de obediencia ciega sin réplica, qué es lo que el Estado necesita. Y si se obedece con el tabaco, puede que mañana también se obedezca cuando prohíban opinar. Por eso, esto no se trata de defender el tabaco, se trata de defender nuestra autonomía y asumir por nosotros mismos las consecuencias de nuestra responsabilidad.

El acto de fumar, y como tantas otras cosas del día a día, ha acabado por convertirse en un acto de rebeldía contra la expansión de la tramoya estatal. Lo más importante no es que se siga o no fumando, sino que los que no lo hacen den un paso adelante, porque la que se suprime hoy es la libertad del fumador, pero mañana, podría ser la suya.

América y las diez tribus perdidas de Israel

En una escueta mención en La Sinagoga Vacía (Premio Nacional de Ensayo de 1988), Gabriel Albiac daba cuenta de una insólita teoría sobre el origen de los nativos americanos. La tesis, comúnmente aceptada como historia verdadera en la Europa de los siglos XVI Y XVII, consistía en afirmar la ascendencia judáica de los amerindios, a los que se consideró los descendientes de las Diez Tribus Perdidas de Israel. Los indios habían considerado dioses a los españoles y los españoles, a cambio, asignaron a los indios una genealogía hebraica, en justa reciprocidad.

En tiempos recientes, el mexicano Enrique Krauze ha escrito algunas páginas acerca de esta singular historia, en varias de sus obras. Una historia que permite aproximarse y conocer mejor la mentalidad con que los españoles se acercaron a los amerindios para cristianizarlos e incorporarlos a la civilización, como súbditos de la Corona de España. 

Un enigma milenario

Al morir el Rey Salomón (1030-930 a. C.), su reino se dividió en dos: el Reino de Israel, con capital en Samaria, y el Reino de Judá, con capital en Jerusalén. En el de Israel vivieron las tribus de Rubén, Simeón, Leví, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón y José. En el de Judá lo hicieron las tribus de Judá y Benjamín, y una gens de la tribu de Leví, que quedó en Jerusalén por razón de que los “levitas” eran los responsables de atender el culto y el cuidado del Templo, que quedó en el reino de Judá. Ambos reinos serían finalmente destruidos y sus habitantes deportados.

El reino de Israel, cayó en el año 722 (a. C.), y su población fue llevada a Nínive; el reino de Judá despareció en el año 586 (a. C.), conquistado por el Imperio Babilónico, y su población conducida a Babilonia. Al caer el Imperio Babilónico, en el 539 (a. C.), ante los persas de Ciro el Grande (600-530 a. C.) los judíos de Babilonia, tribus de Judá, Benjamín y parte de los levitas, pudieron retornar a Israel. Pero los judíos deportados a Nínive, cuando ésta fue destruida en el 612 (a. de C.), se esfumaron para siempre dejando en el aire el enigma de su destino final.         

El descubrimiento de América abrió grandes debates en Europa. Los más importantes fueron los relativos a la condición de los habitantes del Nuevo Mundo: si eran humanos y, en caso afirmativo, cuáles eran sus derechos y cuál su condición de súbditos de la Corona. Cuestiones que abrieron el camino al moderno Derecho de Gentes y están en la base de la doctrina de los derechos humanos. Francisco de Vitoria (1483-1546), Bartolomé de las Casas (1474-1566) y Ginés de Sepúlveda (1490-1573), entre otros muchos, protagonizaron el inicio de estos debates. Pero no todo fue teología, derecho y filosofía. También se plantearon problemas antropológicos, lingüísticos, de ciencias naturales, etc.

El origen de los amerindios

El gran problema antropológico fue determinar la procedencia u origen de las poblaciones amerindias. Las informaciones sobre sí mismos de los indígenas no eran muy fiables. Los aborígenes, cuando eran interrogados sobre esas cuestiones, manifestaban ser descendientes del Sol, surgidos de la tierra por generación espontánea u otras explicaciones poco verosímiles. Pero la pregunta acerca de su origen pronto encontraría una primera respuesta.

En la época, los textos bíblicos gozaban de total autoridad, razón por la que los primeros autores buscaron explicaciones en la Sagrada Escritura. Las primeras hipótesis se abrieron rápidamente paso y se difundieron ampliamente. En 1535, se publicó en Sevilla la Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra, Firme del Mar Océano, de Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), Primer Cronista Oficial de Indias, nombrado como tal por Carlos I de España. Oviedo fue el introductor de la tesis extra-americana, para explicar el origen de los pobladores americanos, idea finalmente acertada, aunque su acreditación definitiva requirió siglos de estudio.

La obra de Fernández de Oviedo disparó las hipótesis. Se consideró a los amerindios descendientes de los pobladores de la mítica Atlántida, o de los troyanos huidos de los griegos, o de los cartagineses, que así serían los primeros descubridores de América. Incluso se les hizo descender de los navegantes egipcios, hipótesis apoyada en las construcciones piramidales de mexicas, mayas y olmecas, que recordaban las pirámides de Egipto. Pero la hipótesis que se impuso durante los primeros ciento cincuenta años, tras la conquista, fue la que hacía de los indios americanos los descendientes de las diez tribus perdidas de Israel.

La hipótesis de los dominicos: el Códice Durán

El dominico Bartolomé de las Casas (1484-1566) alcanzó notoriedad por su polémica con Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1573), a propósito de la conquista de América. Fue la llamada Controversia de Valladolid (1550-1551), sobre los derechos de los indígenas, en la que se debatieron los títulos de España para la conquista. Un debate algo tardío, pues los dos grandes imperios americanos, el Azteca y el Inca ya habían sido conquistados. También se atribuye a las Casas la autoría de la hipótesis hebraica para explicar el origen de los nativos amerindios.

La fama de las Casas, procede sobre todo de su Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, publicada en 1553 y pieza fundamental de la Leyenda Negra anti-española. Obra llena de exageraciones, cuando no de datos erróneos y falsedades, dedicada al Príncipe Felipe (Felipe II), para el mejor gobierno de las Indias. La mayor parte de los datos de su obra son falsos o muy exagerados. Mas su gran autoridad -“apóstol” de los indios-, facilitó la difusión de la tesis del origen hebraico de los aborígenes, como refuerzo en defensa de los nativos. Aunque hay quien cuestiona que fuese Bartolomé de las Casas el principal inspirador de la hipótesis.

En la Historia de las Indias de Nueva España, o Códice Durán, del también dominico fray Diego Durán (1537-1588), se formuló expresamente esta hipótesis. La historia de Durán abundó en referencias a la Biblia en relación con los pobladores de México. Pero no trató de establecer una relación simbólica, metafórica o alegórica, sino histórica. Durán creyó que los indios de México eran de linaje hebráico. Durán llegó a México de niño en 1542, cuando aún estaban muy recientes las apariciones de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego, en el cerro de Tepeyac, en 1531, hecho que acredita la conversión en masa de los nativos: Hernán Cortés conquistó México, en 1521, y 10 años después, los indios conversos tenían, apariciones de la Virgen.

Dificultades de la hipótesis hebraica

Análogo planteamiento se encuentra en el Origen de los Indios del Nuevo Mundo, obra del también dominico Gregorio García (1575-1627). Impresa por primera vez en 1607, la obra conoció varias ediciones. Aunque su estudio se dedicó a los indios del Perú, mencionó también la cultura mexica y agrupó a todos los pueblos precolombinos en una tesis unificadora. El Libro Tercero de su obra se dedica a probar “cómo los indios proceden de los hebreos de las diez tribus que se perdieron”. García estableció además las posibles rutas de acceso de las tribus perdidas, comparado su viaje a América con Moisés y el éxodo de los judíos de Egipto.

Durán y García no fueron los únicos autores que acudieron al Viejo Testamento para responder al misterio del origen de los indios. Con base en el libro I de los Reyes, alguno identificó a América con Ofir, el lugar bíblico del oro y las piedras preciosas. En 1656, en el Perú, el teólogo y jurista Antonio de León Pinelo (1595-1660), considerado precursor del “indigenismo”, abundó en el concepto al sostener que el Edén bíblico, el Paraíso Terrenal, se localizaba en las selvas peruanas, cuna de Adán y Eva. Surgía así una nueva hipótesis explicativa, pues el origen de la humanidad se situaría de este modo en América, y no en otros continentes, como hasta entonces. Una hipótesis que daría mucho de sí, al llegar los siglos XIX y XX, en el arranque del indigenismo.

Por el contrario, Fray Bernardino de Sahagún (1499-1590), misionero franciscano, en su rigurosa y fundamental obra sobre el México precolombino, Historia General de las cosas de la Nueva España, ni siquiera mencionó la hipótesis del origen hebráico de los indios. Frente a los dominicos, la genealogía histórica franciscana pasó en este punto de la duda a la refutación. En su Historia Eclesiástica Indiana, el franciscano Jerónimo de Mendieta (1525-1604), planteó la refutación de las tesis de los dominicos. Y los continuadores de la obra de Mendieta terminaron por refutarla.

Últimos fulgores y final del ensueño

La hipótesis del origen judío de los indios americanos se fue apagando durante el Barroco y empezó a decaer en el siglo XVIII, con la Ilustración. En su Idea de una historia general de la América Septentrional (1746), Lorenzo Boturini (1702-1755) sostuvo todavía que los indios eran descendientes de Noé, pero eso era muy genérico. Y en su Historia antigua de México (1780), el ilustrado jesuita novohispano Francisco Javier Clavijero (1731-1787), ni siquiera mencionó la hipótesis. Con todo, esta peculiar teoría llegó a plantearse hasta en los siglos XIX y XX, pues los mormones norteamericanos la retomaron, con éxito análogo al de los dominicos españoles.

Hoy, nadie sostiene la teoría del origen israelita de los indios americanos. La hipótesis “hebraica” ya sólo se manifiesta de vez en cuando en internet, con ocasión de la aparición de alguna nueva “pista” o “noticia” sobre el destino final de los judíos de las Diez Tribus Perdidas. Un asunto que, por el momento, parece que tendrá que seguir en el ámbito de lo enigmático del que quizá nunca debió haber salido.

El virus mental contra la energía solar

En un famoso vídeo del canal de YouTube Veritasium, se entrevistaba a varias personas al azar en la vía pública sobre un concepto simple: ¿qué recibe el planeta tierra del Sol? ¿Y qué hace el planeta con aquello que recibe?

El sistema educativo occidental ignora una premisa básica: puedes llevar a un caballo al río, pero no le puedes obligar a beber. Millones de alumnos son expuestos a información que debería ser asimilada fácilmente, pero termina fluyendo río abajo sin que sea absorbida.

Eso explica por qué la mayoría de los entrevistados no supieron contestar correctamente a una pregunta tan fácil. Del sol recibimos energía con baja entropía. ¿Y qué pasa con ella? Simplemente es irradiada al espacio exterior con una entropía mayor.

Recibimos energía y la expulsamos en su misma medida. Gracias a este equilibrio no somos una esfera de hielo o de fuego. Es el ABC de nuestro ecosistema, y cualquier discusión racional sobre las fuentes energéticas que usa el ser humano debería partir de respetar lo esencial.

Por desgracia, lo racional nunca ha sido la base del debate energético. Prueba de ello es el estancamiento del desarrollo de la energía nuclear, que ha durado décadas, y del que va a costar recuperarse.

Precisamente la batalla por volver a utilizar una fuente de energía tan esencial como la nuclear ha tenido efectos secundarios no deseados. Uno de ellos es crear en la derecha una visión de la energía solar que se aleja bastante de la realidad actual.

La energía solar, concretamente la fotovoltaica, tenía muchos problemas hace 20 años. Yo los recuerdo bien porque los listaba diariamente en las mil discusiones que tuve en el internet prehistórico de los blogs. Pero el tiempo ha pasado, la tecnología ha progresado y todas aquellas críticas ya no tienen base real.

Con los años empiezas a catalogar a las personas en dos clases: los que aprenden sobre algo, construyen una opinión y la mantienen toda su vida, y los que son capaces de ir cambiando de opinión según la realidad les demuestra que están equivocados.

Con la energía solar hay que olvidarse de los datos que se escuchaban hace diez años y centrarse en la información actual. El coste por vatio se ha reducido un 90% en ese tiempo. Ya se habla de que puede ser más barato construir la valla de tu casa con paneles solares que con madera. Y se proyecta que este coste baje a apenas 10 centavos de dólar por vatio en 2030, lo que convertiría a los paneles en omnipresentes en nuestras estructuras.

Pero la energía solar sigue teniendo un problema que no se ha superado, y del que se ha estado hablando mucho en España estas semanas. Por mucha producción que aporte a la red, tiene que compartir el mix con suficiente generación convencional que supla sus carencias:

  • Control de voltaje: la generación solar intermitente puede causar fluctuaciones de voltaje, especialmente en redes con alta penetración renovable, debido a cambios rápidos en la producción (ej., nubes).
  • Control de frecuencia: la frecuencia de la red (muy comentada desde el 28 de abril) tiene que ser proporcionada por generación convencional suficiente.
  • Capacidad de blackstart: los sistemas solares no tienen capacidad inherente de blackstart (reiniciar la red tras un apagón total) debido a su dependencia de inversores y la red activa.

Estos problemas son reales, y por lo tanto es de vital importancia mantener a los grandes generadores síncronos en España, independientemente de cuánto crezca la potencia instalada renovable. Las centrales nucleares en activo deberían seguir operando solo por esta razón. Y planear su cierre (ya se por decreto o asfixiando a sus propietarios vía impuestos) solo se puede entender desde la cerrazón ideológica o la corrupción política.

Una vez dicho esto, la tecnología fotovoltaica tiene un aliado muy fuerte que está siguiendo su misma evolución en costes: las baterías de ion-litio. El precio del kWh de esta tecnología ha caído un 90% en 15 años, y se espera que caiga otro 50% de aquí a 2030. La combinación de paneles y baterías baratos abre un universo de posibilidades a corto y medio plazo que no pueden ser obviadas.

La división de Tesla de baterías (Megapack) publicó recientemente un artículo en X donde describe muy bien cómo la energía solar puede enfrentar a sus puntos débiles. No es ciencia ficción, ni un prototipo. Son productos reales, que funcionan en el mundo real. Y que van a ir abriéndose paso más rápido de lo que pensamos.

Los debates sobre tecnologías son siempre polémicos. Hay argumentos a favor y en contra de cualquier cosa. Y se necesitan ciertos conocimientos que no están al alcance de cualquiera. Por eso es mejor atender a lo fundamental. Una fuente de energía tiene que resolver problemas en dos ámbitos: en el de las leyes de la naturaleza, y en las leyes del mercado. Los paneles solares y las baterías hace muchos años que resolvieron el problema de generar electricidad a partir de los fotones que recibimos del sol y mantenerla almacenada para su uso bajo demanda. El problema siempre lo han tenido con las leyes del mercado; una tecnología puede ser muy meritoria, pero puede ser obviada si su alternativa es más económica.

Si eso cambia, y la tendencia clara es que está cambiando ya, su victoria sobre otras fuentes de energía va a ser indiscutible.

¿Eso quiere decir que hay que prescindir de la generación convencional?

Hay un debate casi filosófico sobre si una civilización debe enfocarse en explotar al máximo a su estrella o producir energía creando sus propios reactores nucleares de fusión. Yo me inclino más a lo segundo, pero no vivimos en el año 2250, sino en 2025. Cualquier fuente de energía es bienvenida, y lo sensato es mantenerlas a todas sobre la mesa hasta que la evolución técnica y económica dicte cuál es el camino por seguir.

Pero en el caso particular de España hay un factor que muchos detractores de lo solar no están teniendo en cuenta. Es lógico porque a mí tampoco me gusta mucho pensar en ello: nuestras administraciones públicas no son de fiar.

Los parques fotovoltaicos, e incluso las baterías enormes como las Megapack de Tesla, son relativamente fáciles de montar y, llegado el caso, desplazar a otra ubicación. Las centrales nucleares y las centrales de bombeo (baterías convencionales) no. Es mucho más fácil invertir en el sector solar que en el convencional, porque es más fácil recuperarse de un cambio regulatorio si tu capital inmovilizado en el país es menor.

Eso explica la espectacular proliferación solar en España en estos cinco años pese a que, hace apenas 15 años, el Estado español estafó miles de millones de euros a los inversores internacionales en energías fotovoltaicas, y sigue negándose a devolver el dinero, aunque haya sido condenado en múltiples instancias. Algo así no va a pasar nunca con el sector nuclear, como demuestra que no se haya vuelto a construir una central desde la infausta moratoria nuclear de Felipe González.

A mí me gustan todas las tecnologías que vencen a las leyes del mercado, pero también cuentan, y mucho, las que pueden vencer a las fuerzas del Estado. Una fuente de energía que baja constantemente su coste, que permite la descentralización (islas eléctricas aislada de la red principal), o que se complementa muy bien con el minado de bitcoins, está perfectamente posicionada para ser la fuente energética del futuro. Negarse a verlo porque hace veinte años nos la quisieron colar con calzador es compresible, pero estúpido. Y las ideas estúpidas son virus mentales que hay que vencer a base de mostrar la realidad.

Una introducción a la economía del Brexit

Por Kristian Niemietz. El artículo Una introducción a la economía del Brexit fue publicado originalmente en el IEA.

El Brexit fue, sin duda, el tema político dominante de la segunda mitad de la década de 2010. Decir que dividió al país sería quedarse corto. Curiosamente, las líneas divisorias se extendieron tanto a través como entre los campos políticos preexistentes. Aliados habituales que suelen estar de acuerdo entre sí podían encontrarse en lados opuestos de la división del Brexit, a menudo junto a oponentes habituales con los que normalmente discrepan. Este instituto no fue una excepción. La gente del IEA y de su órbita tenía diferentes puntos de vista sobre el Brexit antes del Referéndum, y diferentes puntos de vista sobre cómo proceder una vez emitido el voto.

Pero no voy a hablar de eso. No voy a dar una charla ni pro-Brexit ni anti-Brexit. Se ha convertido en un cliché decir que la educación debe centrarse en cómo pensar, no en qué pensar. Pero eso es precisamente lo que intentaré hacer: hablaré sobre cómo debemos pensar acerca de las diversas compensaciones económicas que implica un proceso como el Brexit, no sobre qué conclusión debemos alcanzar una vez que hayamos hecho eso. Digo “un proceso como el Brexit” en lugar de “Brexit”, porque el Brexit solo es único como paquete. Las cuestiones económicas que planteó surgen también en otros contextos, solo que no todas a la vez.

Aunque el título de la charla es “Brexonomía 101”, soy, por supuesto, plenamente consciente de que el Brexit no fue principalmente una cuestión económica. Se trató más bien de asuntos de cultura, autoimagen nacional e identidad. Esto fue particularmente obvio en el lado del “Leave”. Su argumento era que Gran Bretaña debía ser un país soberano, independiente y con autogobierno, y que el estado-nación debía ser la unidad principal de toma de decisiones políticas. Si compartes esa convicción y te sientes fuertemente al respecto, probablemente no te interesará mucho si el Brexit hace que el país sea un poco más pobre o un poco más rico. Lo verás como una cuestión del alma de la nación, no de su cartera.

El lado del “Remain” es un poco más complicado en este aspecto. Su campaña se concentró fuertemente en argumentos económicos, siendo su mensaje principal que el Brexit empobrecería a Gran Bretaña. Sin embargo, después del Referéndum, el campo de la Continuidad del “Remain” también giró hacia argumentos basados en la identidad. Las personas que escuchan el programa de James O’Brien tampoco están muy interesadas en las cifras del PIB. Ven el Brexit como un proyecto de los desinformados, los estúpidos y los incultos, un proyecto impulsado por la xenofobia, la insularidad y el chovinismo. Se ven a sí mismos como la parte educada, cosmopolita y sensata de Gran Bretaña.

Por supuesto, parte de la razón por la que creen que el Brexit es estúpido es que lo ven como un autosabotaje económico, pero su animosidad hacia el Brexit está muy desproporcionada incluso con las estimaciones más pesimistas de su coste económico. Es evidente que ni los archileavers ni los archiremainers están motivados por la economía.

No obstante, nadie diría que la economía es irrelevante. El Brexit ha tenido, sin duda, una serie de impactos económicos, porque ha afectado al menos a tres motores importantes de la vida económica: el comercio, la regulación y la inmigración. Esto se debe a que implicó abandonar la Unión Aduanera Europea, abandonar el Mercado Único Europeo y poner fin a la libre circulación de personas. Repasaré estos tres aspectos uno por uno.

La Unión Aduanera

Volvamos a lo más básico. Imaginemos un mundo muy simple, en el que solo hay tres economías: A, B y C. Supongamos también que A y B tienen un acuerdo de libre comercio (ALC) entre sí, que B y C tienen un acuerdo de libre comercio entre sí, y que no existe tal acuerdo entre A y C. Así, hay dos zonas de libre comercio superpuestas en este mundo: A-B y B-C. Superpuestas, porque B está en ambas.

Ahora, ¿qué impide que alguien transporte mercancías de A a B, y luego de B a C? ¿O de C a B, y luego de B a A? Cada uno de estos movimientos es un movimiento dentro de una zona de libre comercio. Pero se supone que no hay libre comercio entre A y C. Entonces, ¿qué lo impide?

La respuesta son los controles aduaneros. Tiene que haber una frontera aduanera entre A y B, y tiene que haber una frontera aduanera entre B y C. Puedes transportar mercancías de A a B, pero si luego intentaras moverlas de B a C, serían filtradas en la frontera aduanera B-C. Puedes transportar mercancías de C a B, pero si luego intentaras moverlas de B a A, serían filtradas en la frontera aduanera A-B.

Los ALC por sí solos no son suficientes para garantizar un comercio sin fronteras. Un ALC entre B y A significa que puedes exportar tanto de B a A como quieras, sin aranceles y sin límites cuantitativos. Pero aún necesitas pasar por una frontera aduanera para demostrar que los bienes que traes de B realmente provienen de B. Ahora supongamos que A y B son socios comerciales muy cercanos y quieren eliminar la frontera aduanera entre ellos. ¿Cómo podrían hacerlo?

La respuesta es: la razón por la que necesitan esa frontera aduanera en primer lugar es el hecho de que tienen diferentes relaciones comerciales con el resto del mundo (siendo “el resto del mundo” solo C, en nuestro ejemplo ultrasimplificado). B tiene un ALC con C, A no. Si A y B adoptaran una política comercial común con respecto al resto del mundo, ya no necesitarían una frontera aduanera entre ellos. Esa es una forma de definir una unión aduanera: un área con una política comercial común con respecto al resto del mundo, y una frontera aduanera externa común, pero sin fronteras internas.

Una unión aduanera no tiene por qué ser una unión entre países. Un estado-nación puede ser una unión aduanera. Si un bien importado llega al puerto de Bristol y luego se transporta a Londres, no necesita pasar por ningún control aduanero adicional. Esto se debe a que Londres y Bristol forman parte del mismo territorio aduanero. Gran Bretaña es una unión aduanera.

Las uniones aduaneras no son, en sí mismas, buenas o malas. Depende de los detalles. El beneficio de una unión aduanera es que permiten un comercio sin fronteras y sin fricciones dentro de ella. Ahorras los costes de cumplimiento de los controles aduaneros y el coste de mantener una burocracia aduanera. El coste de una unión aduanera es que pierdes tu política comercial independiente. Un miembro de una unión aduanera ya no puede tener una política comercial independiente. Necesita acordar con los demás miembros de la unión aduanera una política comercial común.

Así que, volviendo a nuestro ejemplo. Si A y B forman una unión aduanera, deben acordar si quieren un ALC conjunto con C o no. El antiguo acuerdo, donde B tiene un ALC con C mientras que A no, no puede continuar. No puede haber un acuerdo comercial con un miembro individual de una unión aduanera de forma aislada. Solo puede haber un acuerdo comercial con la unión aduanera en su conjunto. Esto es bastante obvio a nivel del estado-nación: no se puede tener un acuerdo comercial con Londres o Bristol de forma aislada (excepto quizás uno simbólico); solo se puede tener un acuerdo comercial con el Reino Unido en su conjunto. Pero aparentemente es menos obvio a nivel internacional. Justo después del Referéndum de la UE, un alto político del Brexit alardeó de sus planes de viajar a Berlín para negociar un acuerdo comercial, aparentemente sin darse cuenta de que, como miembro de la Unión Aduanera, Alemania no tiene una política comercial independiente y, por lo tanto, no puede firmar ningún ALC significativo.

Si A y B tienen ideas muy similares sobre qué tipo de política comercial quieren seguir, y les resulta fácil ponerse de acuerdo, el coste de formar una unión aduanera es bajo. Pero si A y B tienen ideas muy diferentes, y tomarían rumbos muy distintos sin una unión aduanera, el coste de una unión aduanera aumenta.

Supongamos que A se opone vehementemente a cualquier tipo de ALC con C. Esto significa que para formar una unión aduanera con A, B tendría que sacrificar su ALC con C. En ese caso, para B, el aumento del comercio con A es el beneficio de una unión aduanera, mientras que la disminución del comercio con C es el coste. Si eso vale la pena o no depende de cuál de los dos sea mayor. Podemos pensar en “A” como la UE, “B” como el Reino Unido y “C” como cualquier economía o grupo de economías con las que el Reino Unido podría celebrar un ALC.

El Mercado Único

Dentro de cualquier unión aduanera, debe haber libre comercio. No tendría sentido de otro modo. No hay fronteras aduaneras internas, así que si hubiera barreras comerciales manifiestas dentro de la unión, ¿cómo se harían cumplir?

Pero es posible estar en la Unión Aduanera de la UE sin estar en el Mercado Único de la UE. Esto se debe a que el Mercado Único es una zona de libre comercio, pero es más que eso. Hasta ahora hemos tratado los ALC como binarios: o tienes uno, o no lo tienes. En realidad, sin embargo, los ALC difieren enormemente en profundidad y alcance. Tomemos el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA). Antes de la loca guerra arancelaria de Trump, existía un comercio libre de aranceles entre México y EE. UU. Pero nadie trataría a EE. UU. y México como un solo mercado, o una sola economía. Muy claramente no lo son.

Esto se debe a que el NAFTA siempre ha sido un ALC bastante básico. Se trata principalmente de la eliminación de barreras explícitas al comercio, que son los aranceles y las restricciones cuantitativas a las importaciones (cuotas). Si se desea un grado más profundo de integración económica, es necesario ir más allá. Es necesario eliminar las barreras no arancelarias (BNA) y el problema que obsesiona a Donald Trump. Tiene razón en su importancia, solo que no de la manera que él piensa.

Las BNA son diferencias en los estándares regulatorios que pueden impedir el comercio, aunque generalmente no sea esa su intención. Un ejemplo histórico es la Ley de Pureza de la Cerveza Alemana (Reinheitsgebot), que establece que la cerveza solo puede contener cebada, agua, lúpulo y levadura. A primera vista, esto no parece una barrera comercial, porque se aplica a todos los cerveceros por igual, independientemente de su origen. No es que los cerveceros no alemanes se enfrenten a estándares más exigentes que los alemanes. Pero en la práctica, actuó como una barrera comercial, porque todos los cerveceros que no la cumplían eran extranjeros. Los cerveceros belgas, en particular, a menudo utilizan ingredientes distintos de esos cuatro. Nunca fue la intención de la Reinheitsgebot manipular el mercado cervecero alemán contra los cerveceros belgas. Pero, independientemente de las intenciones, eso fue lo que acabó haciendo, durante un tiempo.

Se puede entender por qué eliminar las BNA es más complicado que eliminar los aranceles o las cuotas. Si se quieren reducir o abolir los aranceles y las cuotas, basta con hacerlo. Sin embargo, las normas reguladoras pueden variar por razones perfectamente justificables.

Hay dos formas principales de abordarlas. Una es la armonización: adoptar normas reguladoras comunes (o muy similares). La otra es el reconocimiento mutuo: si es lo suficientemente bueno para ti, es lo suficientemente bueno para nosotros. La UE, al crear su Mercado Único, hace una mezcla de ambas. Por ejemplo, tengo un título universitario que no existe en Gran Bretaña. La gente ni siquiera puede pronunciar el título. Pero cuando solicité un trabajo en el King’s College hace 16 años, eso no fue un problema: lo aceptaron como equivalente a su contraparte británica. Eso es reconocimiento mutuo (en este caso, de cualificaciones profesionales y títulos académicos). Mientras tanto, sin embargo, los títulos de educación superior se han vuelto mucho más similares en toda Europa. Eso es armonización.

Los mercados únicos tampoco son buenos o malos per se. Depende de los detalles de nuevo. Al unirse a un mercado único con sus vecinos, se puede lograr un grado más profundo de integración económica del que se podría de otro modo. Ese es el beneficio de un mercado único. Pero también se pierde cierta independencia regulatoria. Ese es el coste de un mercado único. Si en gran medida se quiere hacer lo mismo que los vecinos de todos modos, ese coste es muy pequeño. Pero cuanto más se quiera divergir de ellos, mayor será ese coste.

Libre circulación

Un componente de un mercado único es la libre circulación de trabajadores. Una vez que un país está en un mercado único, tiene al menos dos sistemas de inmigración paralelos: la libre circulación (FoM) dentro del mercado único y cualquier política de inmigración que desee tener para las personas de fuera de él.

Si la libre circulación es buena o mala depende, una vez más, de los detalles. Por ejemplo, si tienes dos países vecinos con importantes tensiones y hostilidades culturales entre ellos, unas fronteras completamente abiertas probablemente no sean una gran idea. Si se trata solo de la vanidad de pequeñas diferencias, ¿por qué no? Existe, por ejemplo, la libre circulación entre Australia y Nueva Zelanda, y ni siquiera tienen como objetivo establecer un mercado único completo (aunque tienen un ALC integral).

Si un país tiene un sistema de bienestar mucho más generoso que otro, y si no es práctico limitar el acceso a él, la libre circulación también puede crear problemas. Podría generarse un efecto de selección negativa, donde se atrae desproporcionadamente a personas que vienen por los servicios de bienestar, en lugar de personas que vienen por las oportunidades de empleo.

La libre circulación también es más fácil entre economías con niveles de ingresos similares. Sobre esa base, puedo entender por qué EE. UU., incluso ignorando a los trumpistas, podría no querer una frontera completamente abierta con México. No veo ninguna razón por la que no quisieran una frontera abierta con Canadá.

Pero ese es su problema. Hablemos de la FoM en Europa. Sabemos, empíricamente, que los nacionales del EEE que se trasladaron a Gran Bretaña bajo las antiguas reglas de la FoM son, en términos agregados, contribuyentes fiscales netos. Pagan más en impuestos de lo que consumen en servicios públicos y beneficios. En ese sentido, la migración del EEE ha sido positiva para Gran Bretaña, aunque no podemos atribuir eso directamente a un triunfo de la FoM: un sistema de inmigración diferente podría haber producido los mismos resultados.

Una ventaja inequívoca de la FoM, en comparación con otros sistemas de inmigración que se me ocurren, es el hecho de que es muy poco burocrática. Me mudé aquí bajo las antiguas reglas de la FoM, y eso significaba que, antes del Brexit, nunca tuve ningún trato con el Ministerio del Interior. Si no trabajara en Westminster, podría incluso no haber sabido que existía algo así como “el Ministerio del Interior”. Eso no solo fue conveniente para mí. También significó bajos costes de cumplimiento para mis empleadores, mis caseros, mi banco, etc.

La principal ventaja económica de la FoM es que un mercado laboral más grande conduce a una asignación más eficiente de puestos de trabajo a talentos. Esto es, de nuevo, bastante obvio a nivel nacional. Imagina que tienes grandes habilidades de actuación y pasión por ellas. Pero vives en Shanklin, Isla de Wight. Shanklin es un lugar agradable, pero no hay industria cinematográfica allí. Así que si te quedas allí, tus habilidades de actuación se desperdiciarán. Si quieres desarrollarlas, tienes que mudarte a donde está la industria cinematográfica. La misma lógica se aplica, aunque en menor medida, a nivel internacional.

Una desventaja percibida de la libre circulación fue que el gobierno del Reino Unido no tenía control sobre quién venía ni para qué. No podía afectar ni el número ni la composición de la población del EEE. Para los migrantes de fuera del EEE, el gobierno del Reino Unido podía reducir el número de visados, ya sea en total o de forma más selectiva. Para las personas del EEE, no podía hacerlo.

También existía la percepción de que Gran Bretaña solo podía absorber un cierto número de recién llegados, y si la migración del EEE aumentaba, la migración de fuera del EEE tenía que disminuir. La percepción era que el trabajador de la construcción polaco estaba desplazando al médico indio.

La promesa era que, una vez que la libre circulación terminara, el gobierno del Reino Unido podría seleccionar a los mejores y más brillantes de todo el mundo, aquellos que tuvieran más probabilidades de encajar bien y hacer una contribución positiva. Si eso te parecerá una buena idea o no dependerá de cuánta fe tengas en la capacidad de los gobiernos para hacer bien esas cosas, en relación con un sistema que se basa en la autoselección.

Conclusión

Así que, esas son las compensaciones. Nótese que todavía no he dicho una palabra sobre si el Brexit fue bueno o malo, y hoy no lo voy a hacer. Simplemente he expuesto tres compensaciones.

En cierto modo, todas son variaciones de la misma compensación. Cada decisión relacionada con el Brexit implica la alteración de un territorio económico integrado y la introducción de barreras que antes no existían. Esto es un coste. No es un coste a corto plazo, al que uno pueda adaptarse, sino uno permanente. Pero las mismas decisiones también te dan la capacidad de hacer cosas que antes no podías hacer. Esto es un beneficio, o al menos, podría serlo.

Salir de un territorio aduanero integrado tiene un coste. Se introduce una frontera aduanera que antes no existía. Pero también te da la capacidad de buscar oportunidades comerciales que antes no podías haber buscado.

Salir de un mercado único integrado tiene un coste. Se introducen barreras no arancelarias que antes no existían. Pero también te da la capacidad de llevar a cabo reformas regulatorias beneficiosas para tu economía que antes no podías haber llevado a cabo.

Salir de un mercado laboral integrado tiene un coste. Se introduce una burocracia de visados que antes no existía. Pero también te da un mayor control sobre la inmigración, que puedes utilizar de la forma que más te convenga.

Este es un marco que tanto los oponentes racionales como los partidarios racionales del Brexit deberían poder aceptar. Pueden llegar a conclusiones diferentes dentro de ese marco, pero si no puedes aceptar el marco en sí, no te considero un participante racional en este debate. Porque la alternativa sería enmarcar el argumento de tal manera que tu lado tenga razón por diseño. Eso no es economía. Eso es simplemente tribalismo mezquino.

Al principio dije que para la mayoría de la gente, el Brexit no tiene que ver con la economía. Tiene que ver con su sentido de sí mismos y del país en el que viven. Y eso está bien. Esa es una forma legítima de abordar un tema como este. Pero si eso es lo que estás haciendo, dilo. No te escondas detrás de argumentos económicos cuando claramente no se trata de economía para ti.

La soga y la horca de los gobiernos populistas

Aunque el eslogan que encabeza este artículo pueda parecer una contradicción sin sentido, es metafóricamente válido para comprender si las políticas económicas de los gobiernos populistas a nivel mundial, especialmente en América Latina, han sido viables y sostenibles. Esto se analiza desde la óptica del liberalismo económico, en términos de productividad, competitividad, libre competencia y comercio, y equilibrio fiscal.

Si bien este ensayo se centra principalmente en las políticas económicas populistas, es importante destacar cuáles han sido los fundamentos más relevantes, tanto económicos como políticos, de estos movimientos. En este sentido, Pierre Rosanvallon sostiene que el populismo se ha constituido sobre cinco elementos: “una concepción del pueblo, una teoría de la democracia, una modalidad de la representación, una política y una filosofía de la economía y un régimen de pasiones y emociones” (Pierre Rosanvallon, El Siglo del Populismo, 2020).

Historia del populismo

Contrariamente a la creencia tradicional de que el populismo es un movimiento político originario de Hispanoamérica, su historia y orígenes tienen antecedentes sorprendentes. Según Pierre Rosanvallon, estos se encuentran en tres contextos históricos distintos y escasamente vinculados.

El primero se dio en la Rusia de los años 1870-1880. Un movimiento de intelectuales y jóvenes de clases adineradas e incluso aristocráticas, críticos de los proyectos de modernización de tipo occidental, se opuso a estos y propuso, en cambio, mantener las tradiciones de la comunidad agraria y la asamblea local como punto de partida para la edificación de una nueva sociedad.

El segundo surgió una década después en Estados Unidos. Fue conocido como el People’s Party, cuyos seguidores eran calificados generalmente de populistas. A principios de la década de 1890, este movimiento alcanzó cierto éxito, reclutando a una multitud de pequeños agricultores de las grandes llanuras en conflicto con las empresas ferroviarias y los bancos con los que se habían endeudado. Sin embargo, el People’s Party no logró atraer a una audiencia nacional, a pesar del eco que encontró su denuncia de la corrupción política y su llamado a una democracia más directa.

Para Pierre Rosanvallon, el People’s Party fue un genuino movimiento popular, pero permaneció limitado a un mundo agrícola geográficamente circunscrito, sin captar afectos en el electorado obrero. Dentro de este contexto, es importante resaltar, como señala Rosanvallon en su obra citada, que ninguno de los populistas estadounidenses conocía la utilización precedente del término “populista” en Rusia.

El tercer referente histórico del populismo, según el mencionado autor, se encuentra en Francia, país en el cual el término “populismo” hace su aparición en 1929, en un contexto completamente distinto y sin ningún lazo con las dos historias precedentes.

La peculiaridad del populismo francés radicó en que fue un pronunciamiento únicamente literario, que invitaba a los novelistas franceses a tomar más como objeto a los sectores populares. Dentro de este movimiento, destacaron novelistas franceses como Zola, así como los contemporáneos Marcel Pagnol y Eugène Dabit, como exponentes de esta modalidad de populismo literario. Estas tres historias paralelas no interactuaron entre sí y no constituyeron una prefiguración de los fenómenos populistas contemporáneos, según el citado autor.

Ante el reciente surgimiento de lo que se ha etiquetado como populismo de derecha, es importante mencionar algunos de los elementos más característicos de ambos movimientos, que implican ciertos elementos diferenciadores y comunes. Estos obedecen más a sus lineamientos políticos que a un conjunto de principios económicos científicamente validados y que han sido altamente cuestionados por la literatura académica liberal.

Elementos característicos del populismo económico de derecha

El populismo de lo que hoy en día ha sido denominado como “de derecha”, a pesar de sus imprecisiones conceptuales, se ha caracterizado en su praxis económica por defender una serie de principios como el nacionalismo económico y el conservadurismo fiscal, posturas antiambientalistas, antiglobalización y proteccionistas en el marco de una política comercial mercantilista. Este conjunto de políticas tiene un impacto negativo en la economía mundial al limitar el comercio, la libertad de los mercados internacionales y su eficiente funcionamiento en términos de productividad y asignación de recursos.

El populismo de derecha ha encontrado un terreno fértil en los choques geopolíticos y geoeconómicos, principalmente entre Estados Unidos y China. Dentro de estos juegos de reacomodo de cuotas de poder a escala global, las fuerzas políticas que defienden políticas como las antes descritas en las democracias occidentales han encontrado la perfecta y hasta cierto punto legitimidad política y económica para implementar las medidas mencionadas.

Elementos característicos del populismo de izquierda

El populismo de izquierda ha marcado la pauta histórica de estos movimientos sociopolíticos en el mundo, en especial en América Latina, donde han sido un referente global por sus orígenes y referentes históricos contemporáneos, tanto políticos como económicos.

En lo que respecta a los elementos económicos que han caracterizado este populismo, es importante mencionar a dos reconocidos economistas, Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards, quienes, a principios de la década de 1990, organizaron una conferencia en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre los principales elementos característicos de las políticas económicas populistas implementadas en América Latina. La exposición de ambos se basó en un ensayo editado por ellos y titulado “La macroeconomía del populismo en América Latina” (Dornbusch y Edwards, 1991), en el cual realizaron las siguientes y lapidarias reflexiones:

“El populismo es un enfoque de la economía que enfatiza el crecimiento y la redistribución de los ingresos y pasa por alto los riesgos de la inflación y la financiación del déficit, las restricciones externas, y la reacción de los agentes económicos ante políticas agresivas que no son de mercado” (p. 9).

En lo que respecta a los problemas de desigualdad social, que han sido el trasfondo sobre el cual los líderes populistas latinoamericanos han sustentado su discurso político, los citados economistas sostuvieron lo siguiente:

“Los regímenes populistas han tratado históricamente de lidiar con los problemas de desigualdad de ingresos mediante el uso de políticas macroeconómicas demasiado expansivas. Estas políticas, que se han basado en el financiamiento del déficit, la generalización de los controles y el desprecio por los equilibrios económicos básicos, han resultado casi inevitablemente en grandes crisis macroeconómicas que han acabado perjudicando a los segmentos más pobres de la sociedad” (p.1).

Ambos economistas aseveran que el populismo debe considerarse como un enfoque macroeconómico irresponsable, el cual suele generar algunos resultados positivos a corto plazo, bajo ciertas circunstancias económicas favorables de tipo coyuntural. Esto dependerá del país en cuestión y de sus actividades económicas en cuanto a su entorno internacional principalmente, pero es insostenible a largo plazo y, por lo tanto, pavimenta el camino para el surgimiento de crisis estructurales devastadoras, que terminan minando sus niveles de competitividad y productividad. Al respecto, podemos citar como el ejemplo más palpable en la actualidad el caso venezolano.

Conclusiones

Es relevante destacar, en aras de la seriedad académica y científica, que han existido matices en la aplicación de algunas de las políticas económicas de corte populista, ya sean de derecha o izquierda. Estos matices han marcado ciertas diferencias en cuanto a la sostenibilidad y viabilidad de estas directrices económicas.

Entre estos matices, podemos mencionar como ejemplo el recetario de políticas económicas aplicadas en los últimos 25 años en Venezuela y en Bolivia, las cuales han diferido en ciertos aspectos. En términos de disciplina fiscal, las políticas económicas de Venezuela y Bolivia exhiben diferencias significativas: mientras que Bolivia ha priorizado la gestión responsable de sus reservas y el control de su gasto público, Venezuela ha optado por la impresión monetaria para financiar su déficit, experimentando hiperinflación.

El caso argentino, bajo las administraciones kirchneristas, a pesar de sus excesos fiscales y altos niveles de endeudamiento e inflación, jamás llegaron a los niveles de destrucción del aparato productivo experimentados en Venezuela con sus políticas intervencionistas y estatistas.

Estos matices no invalidan las tesis expuestas anteriormente sobre los efectos perniciosos que históricamente ha generado, principalmente el populismo de izquierda, y ahora el de derecha, en diferentes grados y medidas, sobre la libertad de los mercados y su eficiente funcionamiento. Todo lo contrario: el caso venezolano, donde el recetario de políticas económicas populistas de corte izquierdista ha tenido su máxima expresión e implementación (en cuanto a déficits fiscales, excesos de endeudamiento y destrucción no solo del aparato productivo privado, sino también el público), corrobora las tesis arriba mencionadas sobre los efectos perniciosos de estas políticas a mediano y largo plazo debido a su insostenibilidad.

A pesar de estas gradualidades, las políticas económicas de corte populista, sean de derecha o izquierda, comparten ciertos puntos comunes como:

  • Una mayor intervención gubernamental en la dinámica de sus respectivos sistemas económicos, que distorsionan el libre y eficiente desempeño de los mercados de bienes y servicios, tanto nacionales como globales.
  • Una creciente politización de los mercados, sujeta a intereses políticos que terminan generando altos niveles de incertidumbre e inseguridad jurídica para los sectores económicos.
  • Y por último, y en especial en el populismo de izquierda, la soga económica de los gobiernos populistas llega a extenderse tanto, a través de su excesivo, ineficiente e insostenible gasto fiscal, que termina siendo su propia horca económica y política, al no poder sustentar su sistema económico a largo plazo.

Cooperativismo, empresarialidad, y comunidad: ‘luz a cero’

En un contexto marcado por los altos precios de la energía y un mercado altamente regulado, la semana pasada se presentó el informe “Luz a cero: cómo eliminar la factura eléctrica con estrategias prácticas”, elaborado por la Asociación Liberal de Estudiantes de Zaragoza.

El informe recoge diversas propuestas presentadas a lo largo de la Semana del Emprendimiento de Zaragoza 2025, en especial el Día de la energía y propone estrategias prácticas para que ciudadanos, empresas e instituciones no solo abaraten drásticamente, sino que incluso eliminen su factura eléctrica.

Origen del informe

La Asociación Liberal de Estudiantes comenzó a preparar este Día de la energía en 2022, año en el que las temperaturas máximas llegaron a 44°C, y las mínimas descendieron a -7°C, que sumados a que el precio alcanzó récords históricos de 204,3 euros por megavatio hora, hizo que la Universidad tuviera que apagar la calefacción a las 18:30.

Según el último informe de gestión de la Universidad de Zaragoza, la institución ha reducido el consumo eléctrico en un 20%, y el consumo de gas en un 40% entre 2019 y 2024. En ese periodo, el autoconsumo de energía eléctrica ha pasado de menos del 1% a un 5%, por lo que la disminución del gasto ha sido conseguida, en gran parte, por la reducción del aire acondicionado y calefacción en las instalaciones universitarias.

La propuesta inicial del Día de la energía era proponer soluciones a la Universidad de Zaragoza para abaratar su factura de la luz. A medida que fue pasando el tiempo, y con todo el proceso de descubrimiento que supuso estos años de trabajo, el evento fue adquiriendo un ámbito más ambicioso, que es universalizar las propuestas del precio de la energía al mayor número de consumidores posibles.

El primero de una serie

El informe anuncia la continuación de este análisis con estudios específicos para distintos sectores como:

  • Centros educativos
  • Agricultura y granjas
  • Fábricas
  • Comercios
  • Negocios hosteleros

El último informe de la serie serán los hogares, ya que, al ser al que más consumidores puede ayudar, debe ser el más elaborado y recoger todo el conocimiento generado en los anteriores. De esta manera, al descubrir cómo adaptar las soluciones a las necesidades particulares de cada sector, ofrece la visión más general de adaptación al punto de consumo más habitual: el hogar.

La clave es la descentralización del modelo energético y la participación ciudadana en la producción y gestión de la energía

El modelo energético actual, descrito en el informe antes del apagón, presenta problemas derivados de una alta regulación, como la dificultad de cálculo económico y la falta de incentivos para la mejora, lo que a menudo se traduce en precios elevados y servicios ineficientes, como ha demostrado el apagón.

Frente a esto, el informe plantea que un modelo más capitalista, libertario y descentralizado, basado en el libre mercado y la propiedad privada, puede conducir a una producción energética más barata y abundante, al tiempo que fomenta la innovación, la eficiencia y el cuidado del medio ambiente.

La propuesta central es convertir a los consumidores en propietarios y gestores activos de los medios de producción de la energía que consumen. Esto se logra a través de diversas estrategias, desde la adopción de tecnologías eficientes en instalaciones y la implementación de sistemas de almacenamiento, hasta la promoción de nuevas formas jurídicas y modelos de inversión descentralizada.

Mejoras en las instalaciones y construcciones

Una vía fundamental para reducir el gasto es optimizar la eficiencia energética de los edificios. El informe destaca tecnologías como:

  • La aerotermia, que aprovecha la energía del aire para climatización, pudiendo reducir el consumo hasta un 75% en calefacción y agua caliente.
  • Los tubos de luz, que permiten maximizar la iluminación natural en interiores, disminuyendo la necesidad de luz artificial, especialmente útil en centros educativos y oficinas con actividad diurna.
  • La envolvente térmica de un edificio, y su mejora a través de ventanas de doble o triple acristalamiento, fachadas ventiladas (que pueden integrar aprovechamiento solar), tejados tipo “sándwich” y suelos térmicos, puede reducir el gasto en climatización hasta un 40%.
  • Las placas solares, pilar del autoconsumo, se presentan como una solución versátil, no solo en tejados, sino también integradas en ventanas transparentes o en fachadas verticales, optimizando el espacio y generando energía limpia.
  • La iluminación LED es otra tecnología accesible que permite un ahorro energético de hasta el 80% frente a bombillas tradicionales, con una vida útil mucho mayor.
  • Los sistemas de gestión energética inteligentes (domótica, IoT) permiten monitorizar, analizar y optimizar el consumo en tiempo real, ajustando el uso de dispositivos y priorizando la energía producida localmente.

Almacenamiento energético: clave para la estabilidad

El almacenamiento es vital para garantizar la estabilidad del sistema, especialmente con energías renovables intermitentes. Algunas de las propuestas recogidas en el informe son:

  • Las baterías, particularmente las de iones de litio, ya que son el sistema más común y versátil, permitiendo almacenar energía solar diurna para uso nocturno y reducir la dependencia de la red.
  • Las baterías inteligentes, que optimizan aún más el consumo y facilitan la participación en redes y mercados de capacidad.
  • La reutilización de baterías, como las de vehículos eléctricos, que impulsa la economía circular y ofrece una opción más económica para el almacenamiento estacionario.
  • El bombeo hidroeléctrico (almacenamiento con agua), ideal para escalas mayores y relevante para regiones con recursos hídricos como Aragón.
  • El hidrógeno verde para almacenamiento a largo plazo.

Producción descentralizada y aprovechamiento de recursos locales

Más allá del autoconsumo individual, el informe aboga por soluciones de producción a pequeña escala que revierten los beneficios a la comunidad. Esto se contrapone a los grandes huertos solares o parques eólicos, criticados por su impacto ambiental, las barreras burocráticas que desincentivan la inversión individual y la concentración de la propiedad, a menudo vinculada al poder político, lo que distorsiona el mercado y los incentivos.

En Aragón, se destacan oportunidades como el aprovechamiento de los saltos de agua no utilizados, que podrían generar energía limpia y constante gestionada por cooperativas locales. La ganadería porcina, pilar de la economía aragonesa, presenta una gran oportunidad para transformar los purines de cerdo de un pasivo ambiental a un activo económico mediante la generación de biogás.

Este modelo, comparado con la historia del petróleo en Texas, demuestra cómo la función empresarial puede convertir un residuo problemático en riqueza. Otras fuentes descentralizadas incluyen pequeños molinos eólicos y el aprovechamiento de biomasa forestal.

La energía generada localmente puede usarse también para servicios en espacios comunes y exteriores, como:

  • Farolas solares con LED
  • Marquesinas para aparcamientos con placas solares (que protegen vehículos y permiten cargar coches eléctricos)
  • Bancos solares para cargar dispositivos
  • Cubiertas verdes con paneles solares
  • Estaciones solares para bicicletas eléctricas
  • Árboles solares

Formas jurídicas y financiación descentralizada: hacia una sociedad de propietarios

Con una fuerte influencia del informe “Hacia una sociedad de propietarios” del Instituto Juan de Mariana, este capítulo del informe plantea que la transformación del mercado energético pasa por modelos legales y financieros que fomenten la competencia y conviertan a los ciudadanos en copropietarios de los medios de producción.

Las comunidades energéticas y, especialmente, las cooperativas energéticas, son figuras clave en este proceso. Permiten agrupar a consumidores y empresas para generar, consumir, almacenar y gestionar energía de forma colaborativa. Las cooperativas, al ser sociedades mercantiles, pueden comercializar excedentes energéticos (algo costoso para particulares debido a trámites e impuestos), generar capital y distribuir beneficios entre sus miembros, incentivando la inversión y la innovación.

Uno de los modelos que inspira esta propuesta es Casa Ganaderos, la empresa más longeva de España que tiene su sede en Zaragoza y que demuestra las cooperativas pueden ser tan rentables y con proyección como cualquier otra sociedad mercantil.

En España tenemos varios ejemplos de cooperativas energéticas como Som Energia, Goiener, Ecooo o EnergÉtica Coop demuestran la viabilidad de estos modelos. Un ejemplo de la demanda de este tipo de proyectos es Cooperativas energéticas, una consultora cuyo modelo de negocio se basa en la creación, puesta en marcha y gestión de cooperativas energéticas.

A partir de la idea de las cooperativas energéticas surgen proyectos como Wott, que ofrece participaciones en cooperativas facilitando al máximo la participación del usuario en una instalación compartida y demuestran cómo el mercado se basa en la cooperación social, entregando un bono energético para una familia desfavorecida por cada diez clientes, siguiendo el principio de subsidiariedad, delegando su gestión en entidades sociales.

Financiar estas iniciativas es crucial, y el informe explora diversas vías de inversión descentralizada,  además de la financiación directa de los cooperativistas, que reduce costes y permite acceso a tecnologías más avanzadas. Entre otras propuestas, se destacan:

  • Crowdfunding: Permite a ciudadanos de todo el mundo financiar proyectos con pequeñas contribuciones.
  • Crowdlending: Financiación mediante préstamos colectivos con retorno de intereses, ideal para proyectos medianos. Plataformas como Ener2Crowd, Flobers o Ecrowd facilitan este proceso.
  • Fondos de inversión especializados y asociaciones de inversores: Ofrecen gestión profesional y acceso a proyectos de gran escala, así como redes de contactos.
  • Compra de acciones o participaciones: Permite a pequeños inversores adquirir partes de proyectos específicos de manera sencilla y transparente.
  • Colaboración entre proyectos empresariales: Propietarios de espacios (naves, granjas, aparcamientos) pueden colaborar con empresas o cooperativas para la producción energética, generando nuevas líneas de ingresos y optimizando gastos.
  • Contratos de renting o leasing: Facilitan el acceso a instalaciones sin una gran inversión inicial.
  • Tokenización de activos energéticos: Utilizando blockchain, permite dividir proyectos en tokens que representan participaciones, haciendo la inversión accesible, transparente y global, incluso desde pequeñas cantidades.

El informe incluso menciona la posibilidad de minar bitcoin con excedentes energéticos, especialmente en instalaciones aisladas de la red, como una forma de rentabilizar la energía producida y generar activos digitales independientes de las decisiones políticas y la inflación. El proyecto aragonés Green Data Chain ya aplica este modelo utilizando biogás de purines.

Un futuro energético descentralizado y libre

En conclusión, el informe “Luz a cero” traza una hoja de ruta hacia un modelo energético donde el consumidor deja de ser un simple receptor para convertirse en un protagonista activo, propietario y gestor. La descentralización, impulsada por la tecnología y las formas jurídicas que permitan la inversión ciudadana y retorno de la inversión, no solo promete abaratar drásticamente la factura de la luz y fomentar la sostenibilidad ambiental, sino que también fortalece la independencia energética y construye comunidades más cohesionadas.

La llamada es a abrazar la competencia y eliminar las barreras que impiden la innovación y la participación, demostrando que el libre mercado es la mejor herramienta para resolver los problemas del sector energético y medioambientales, del mismo modo que la empresarialidad puede transformar lo que antes era un problema (como los purines) en una oportunidad de progreso y riqueza.

El informe, escrito en Aragón, con fuerte influencia del cerdo como uno de los principales motores de la economía y su arraigada tradición cooperativa y de gestión comunal, presenta la región como un escenario idóneo para esta transformación hacia una producción energética en manos de los consumidores. Pero presenta soluciones lo suficientemente genéricas como para ser de utilidad para cualquier persona que tenga interés en ahorrar en energía o, incluso, generar riqueza con ella.

El lenguaje económico (LII): el chivo expiatorio

Dice el economista e insigne comunicador, D. Carlos Rodríguez Braun, que el mejor amigo del hombre no es el perro, sino el chivo expiatorio. Y lleva mucha razón. Asiduamente, las personas no se molestan en averiguar las causas reales de los problemas y dirigen su ira contra uno o varios culpables imaginarios. Hoy veremos 3 ejemplos de chivo expiatorio en el ámbito económico.

La Revolución francesa y los panaderos

Justo un año antes de la toma de la Bastilla (14 julio de 1789), una tormenta de granizo asoló Francia. A la sequía del verano de 1788, siguió un invierno cuya severidad no había sido vista desde 1709 (Schama, 2019: 337). Las enormes pérdidas en las cosechas de frutas y cereales causaron una gran escasez de alimentos. Incluso el trigo disponible tampoco podía ser convertido en harina porque los ríos congelados inutilizaban los molinos. El comercio internacional podría haber mitigado la escasez, pero las heladas, la escasez de otros países vecinos y las guerras en los mares Mediterráneo (rusoturca) y Báltico dificultaron las importaciones de cereales y arroz.

La hambruna, unida a los problemas estructurales del Antiguo Régimen (elevados impuestos, privilegios reales, déficit presupuestario del estado), desató la ira de las masas. Del encarecimiento de los alimentos (harina, pan, aceite) se culpó a molineros, panaderos, conspiradores, especuladores y acaparadores, para quienes algunos cahiers [1] rurales pedían la pena de muerte.[2] Por su parte, Robespierre, pedía impuestos progresivos y requisas forzosas a los ricos egoístas y sanguijuelas. «Había llegado el momento de declarar la guerra a esos traidores de la economía» (Schama, 2019: 773). Comerciantes e intermediarios fueron culpados de una inevitable subida de los precios, fruto de la escasez debida a causas naturales.

El Tercer Reich y los judíos

En Alemania, la república de Weimar financió la Primera Guerra Mundial y las reparaciones monetarias a los vencedores (tratado de Versalles) con emisión masiva de dinero (sin respaldo), llevando al marco a una depreciación extrema.[3] La hiperinflación de 1923 dejó a la clase media completamente arruinada. El gobierno, ante la pérdida de credibilidad, culpó a los judíos, comunistas y otros «enemigos internos» de la nación, a los que se acusaba de controlar las finanzas internacionales y de haber contribuido a la derrota militar de Alemania («puñalada en la espalda»). En particular, muchos empresarios judíos fueron linchados por «acaparadores». Todo ello fomentó la popularidad del nazismo y el ascenso de Hitler al poder. Las crisis nacionales suelen ser utilizadas por los gobiernos para aumentar su poder y control sobre la población (Higgs, 1987).

El turista

Este es nuestro último y más reciente chivo expiatorio. En los últimos años, colectivistas, ecologistas y nacionalistas —entre otros—, vienen culpando al turista de casi todo: deterioro medioambiental, parasitismo fiscal, inseguridad ciudadana, masificación, gentrificación, encarecimiento de la vivienda, colapso de los servicios públicos, etc. En Canarias, en 2024 y 2025, se han producido sendas manifestaciones bajo el lema: «Canarias tiene un límite». No es preciso repetir el artículo del año pasado, pero recordemos lo más importante: a) el incremento del coste de la vida no es culpa del turismo, sino el efecto de la última inflación (2021) creada por el gobierno; b) el encarecimiento de los alquileres, además de la inflación, es fruto de las restricciones institucionales sobre la oferta: escaso suelo disponible (legal), burocracia, inseguridad jurídica de propietarios, arrendadores y empresarios, etc.

En España, la industria turística genera el 12,3% del PIB y el 11,6% del empleo.[4] Atacar a los turistas no solo está injustificado, sino que significa «pegarse un tiro en el pie». Nuestro bienestar económico no pasa por culpar a los turistas del daño ocasionado por la legislación, el intervencionismo y las trabas al libre mercado, sino por aumentar y mejorar la oferta turística.

Bibliografía

Higgs, R. (1987). Crisis and Leviathan. Independent Institute.

Schama, S. (2019). Ciudadanos. Una crónica de la Revolución francesa. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial.

Notas

[1] Los cuadernos de quejas (en francés: cahiers de doléances) fueron unos memoriales de peticiones y quejas que realizaban las asambleas de cada circunscripción francesa durante los Estados Generales de la Revolución francesa.

[2] El 26 de julio de 1793, la Convención aprobó la pena de muerte para los acaparadores.

[3] En noviembre de 1923, 1 US dólar = 4.2 billones de marcos.

[4] I.N.E., 2023

Cien años de ‘Pierce vs. Society of Sisters’

Por Mark David Hall & Ernie Walton. El artículo Cien años de ‘Pierce vs. Society of Sisters’ fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Este fin de semana se cumple el centenario de Pierce v. Society of Sisters, una decisión que debería ser celebrada por todos los que estén comprometidos con la libertad y con un gobierno limitado. En este fallo, la Corte Suprema declaró la existencia de un derecho constitucional no enumerado pero judicialmente exigible para que los padres “dirijan la crianza y educación” de sus hijos. Este derecho es tan relevante (si no más) en 2025 como lo fue en 1925.

Pierce suele tratarse como un caso de debido proceso sustantivo, y somos conscientes de que muchos lectores de Law & Liberty se oponen a este enfoque de interpretación constitucional. Desde mediados del siglo XX, los jueces progresistas lo han tratado como una varita mágica que puede conjurar nuevos derechos. Rechazamos completamente este enfoque. Sin embargo, cuando los jueces se basan en la historia y la tradición para identificar derechos que han sido reconocidos durante mucho tiempo por legisladores y juristas como inherentes a los ciudadanos ingleses y estadounidenses, y luego protegen estos derechos contra la intrusión indebida del estado, actúan de manera consistente con el orden constitucional de Estados Unidos. Volveremos sobre este tema más adelante, pero primero, debemos discutir el caso que creemos que debe celebrarse hoy.

Historia y descendencia de Pierce

Pierce surgió porque los votantes de Oregón aprobaron una iniciativa en 1922 que prohibía efectivamente las escuelas privadas. La ley exigía que los niños de entre 8 y 16 años, con algunas excepciones limitadas, asistieran a escuelas públicas. La mayoría de las escuelas privadas del estado eran católicas romanas, y la animadversión anticatólica fue, sin duda, una de las principales razones por las que se aprobó la iniciativa. La medida fue redactada por un masón del Rito Escocés, fue patrocinada por masones prominentes y fue respaldada con entusiasmo por el resurgente Ku Klux Klan en Oregón.

Desafortunadamente, nuestra nación tiene una larga historia de animadversión anticatólica. Como explicó Philip Hamburger, esta animadversión casi resultó en una enmienda a la Constitución de los EE. UU. en 1875, conocida como la Enmienda Blaine, que habría impedido que los estados financiaran escuelas “sectarias”. Todos en esa época entendían que “sectarias” significaba católicas romanas. La Cámara de Representantes aprobó la enmienda por 180 votos a favor y 7 en contra, pero se quedó a poco de los dos tercios necesarios para su aprobación en el Senado. Poco después, al menos 31 estados adoptaron enmiendas similares (a menudo llamadas “Baby Blaines”).

Incluso en la década de 1920, cuando la Corte Suprema no era conocida por proteger los derechos de los individuos contra el estado, los jueces reconocieron y protegieron los derechos parentales aplicados a minorías impopulares.

La Society of Sisters sostuvo que la ley de Oregón era inconstitucional, y la Corte Suprema, por unanimidad, estuvo de acuerdo. El juez James McReynolds sostuvo que “un niño no es una mera criatura del Estado; aquellos que lo nutren y dirigen su destino tienen el derecho, junto con el alto deber, de reconocerlo y prepararlo para obligaciones adicionales” y que la ley “interfiere irrazonablemente con la libertad de los padres y tutores para dirigir la crianza de los hijos bajo su control”. Tal derecho no está explícitamente establecido en la Constitución, pero los jueces sostuvieron que era parte de la “libertad” protegida por la Cláusula del Debido Proceso de la Decimocuarta Enmienda.

El resultado de Pierce no debería haber sido una sorpresa a la luz de Meyer v. Nebraska, una decisión de 1923 que declaró inconstitucional la ley de Nebraska que prohibía a los maestros de escuela enseñar a cualquier niño no más allá del octavo grado en un idioma extranjero o enseñarle un idioma extranjero. La ley de Nebraska, al igual que leyes similares en otros 22 estados, se aprobó durante la Primera Guerra Mundial y se preocupaba principalmente por el idioma alemán.

Meyer surgió después de que un maestro fuera multado por enseñar historias bíblicas en alemán. El juez McReynolds, escribiendo para la mayoría de siete jueces, argumentó que el contenido exacto de la “libertad” protegida por la Cláusula del Debido Proceso de la Decimocuarta Enmienda no estaba especificado, pero que ciertamente incluye:

el derecho del individuo a contratar, a dedicarse a cualquier conocimiento útil, a casarse, establecer un hogar y criar hijos, a adorar a Dios según los dictados de su propia conciencia, y en general a disfrutar de aquellos privilegios largamente reconocidos por el common law como esenciales para la búsqueda ordenada de la felicidad por parte de hombres libres.

McReynolds concedió que el estado puede “hacer mucho” para “mejorar” a los ciudadanos del estado, y que este poder ciertamente incluye obligar a “la asistencia a alguna escuela o a establecer regulaciones razonables para todas las escuelas”. Pero el poder del estado es limitado; no puede, por ejemplo, quitarles los hijos a sus padres y criarlos en común, como propuso Platón y lo hizo Esparta. Tales medidas “han sido aprobadas deliberadamente por hombres de gran genio”, pero son inapropiadas en nuestro orden constitucional, que impone limitaciones al poder del estado. Concluyó que el estatuto de Nebraska violaba la Cláusula del Debido Proceso de la Decimocuarta Enmienda y, por lo tanto, era inconstitucional.

Basándose en Meyer y Pierce, la Corte en Farrington v. Tokushige (1927) anuló una ley de Hawái que prohibía a las escuelas enseñar idiomas extranjeros sin un permiso. La opinión, basada en la Cláusula del Debido Proceso de la Quinta Enmienda (ya que Hawái era un territorio federal), fue nuevamente redactada por el juez McReynolds, quien observó que “el padre japonés tiene el derecho de dirigir la educación de su propio hijo sin restricciones irrazonables; la Constitución lo protege a él, así como a aquellos que hablan otra lengua”.

(A estas alturas, los lectores que no son historiadores legales pueden pensar que McReynolds era un jurista progresista adelantado a su tiempo. De hecho, fue uno de los “Cuatro Jinetes”, juristas conservadores que regularmente declararon inconstitucional la legislación del New Deal de FDR hasta el famoso “cambio a tiempo que salvó a nueve” en 1937, un cambio que no afectó su votación, pero que lo trasladó de ser parte de la mayoría a ser un disidente).

Pierce en acción hoy

Nebraska, Oregón y Hawái presumiblemente creyeron que sus políticas educativas restrictivas ayudarían a formar ciudadanos “mejores”. Hoy, los aproximadamente 1.215 distritos escolares con “políticas de exclusión parental”, por las cuales los funcionarios del distrito escolar transicionan a los niños a un género diferente sin el conocimiento o consentimiento de los padres, sin duda creen lo mismo. Y de manera similar, la Junta Escolar del Condado de Montgomery, que adoptó una política de negarse a permitir que los padres eximan a sus hijos pequeños de la instrucción utilizando libros de cuentos LGBTQ y enseñando “sexualidad e identidad de género durante la clase de inglés”, cree que su currículo es necesario para promover la “equidad, el respeto y la civilidad”.

Pero muchos padres no están de acuerdo con estos distritos escolares y han estado presentando demandas en todo el país, haciendo valer el derecho fundamental que Pierce articuló hace 100 años. Aunque la Corte Suprema aún no ha tomado un caso con respecto a la constitucionalidad de las políticas de exclusión parental, la corte recientemente escuchó argumentos orales en Mahmoud v. Taylor, un caso que impugna el currículo del Condado de Montgomery. Padres de diversas tradiciones religiosas objetaron que esta instrucción viola sus convicciones religiosas y solicitaron una opción de exclusión. Se les negó.

Aunque Mahmoud se está litigando exclusivamente como un caso de la Cláusula de Libre Ejercicio (y estamos de acuerdo en que los padres deberían ganar por estos motivos), también deberían ganar porque los padres tienen un derecho constitucional a dirigir la educación de sus hijos, un derecho firmemente establecido en la trinidad de casos educativos discutidos anteriormente.

Protección de los derechos fundamentales no enumerados

La búsqueda de derechos judicialmente exigibles en la Cláusula del Debido Proceso de la Decimocuarta Enmienda se ha denominado, desde la década de 1940, debido proceso sustantivo. A principios del siglo XX, los progresistas criticaron duramente este enfoque porque se utilizaba para proteger la “libertad de contrato” al anular legislación destinada a mejorar las condiciones laborales. Hoy en día, los conservadores no lo aprecian debido a su asociación con casos que encontraron un derecho al aborto y el reconocimiento legal del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Sin embargo, concebido correctamente, el debido proceso sustantivo ofrece una protección importante para los derechos fundamentales que no están claramente enumerados en la Constitución. Creemos que el Presidente del Tribunal Supremo William Rehnquist estaba en lo cierto cuando observó en Washington v. Glucksberg (1997) que:

Nuestro método establecido de análisis de debido proceso sustantivo tiene dos características principales: Primero, hemos observado regularmente que la Cláusula del Debido Proceso protege especialmente aquellos derechos y libertades fundamentales que son, objetivamente, “profundamente arraigados en la historia y tradición de esta Nación.”… Segundo, hemos requerido en los casos de debido proceso sustantivo una “descripción cuidadosa” del interés de libertad fundamental afirmado.

La mayoría en este caso encontró que no existía un derecho sustantivo de debido proceso al suicidio asistido por un médico. Lejos de ser un derecho “profundamente arraigado” en la historia estadounidense, ayudar a alguien a cometer suicidio era y sigue siendo ilegal en la mayoría de los estados.

Existe una larga historia y tradición de líderes cívicos y juristas en Estados Unidos que protegen los derechos fundamentales de los padres para controlar la educación de sus hijos. Es cierto que los estados y los gobiernos territoriales han intentado interferir con este derecho, pero es revelador que incluso en la década de 1920, cuando la Corte Suprema no era conocida por proteger los derechos de los individuos contra el estado (excepto la libertad de contrato), los jueces reconocieron y protegieron este derecho aplicado a minorías impopulares (hablantes de alemán y japonés y católicos romanos).

El derecho de los padres a controlar la educación y la formación moral de sus hijos incluye, sin duda, el derecho a enviarlos a escuelas privadas, a educarlos en casa y a excluirlos de la instrucción ofensiva en las escuelas públicas. Y ciertamente es impropio que las escuelas oculten a los padres decisiones importantes que cambian la vida que sus hijos desean tomar. Pero pocas familias tienen los recursos para enviar a sus hijos a escuelas privadas o para educarlos en casa, y menos aún tienen el tiempo para supervisar diligentemente la instrucción diaria en las escuelas públicas. Con mucho, la mejor manera de proteger el derecho de los padres a supervisar la educación de sus hijos es permitirles enviarlos a las escuelas de su elección. Nos alientan los fuertes movimientos en muchos estados para hacer de la elección escolar una opción real. Ya sea a través de escuelas charter, cuentas de ahorro educativas o vales, dar a los padres opciones reales en la educación es la mejor manera de proteger el derecho articulado tan bien en Pierce v. Society of Sisters.

Votantes y mercados en el círculo virtuoso en Argentina

Por Marcos Falcone. El artículo Votantes y mercados en el círculo virtuoso en Argentina fue publicado originalmente en FEE.

El 18 de mayo, los ciudadanos de la Ciudad de Buenos Aires acudieron a las urnas para elegir a los legisladores estatales. La lista encabezada por Manuel Adorni, actual portavoz de la administración de Javier Milei, ganó con el 30% de los votos, superando tanto a los candidatos peronistas de izquierda como a los de Propuesta Republicana (PRO), el partido del alcalde de Buenos Aires. Antes de las elecciones, la mayoría de las encuestadoras creían que Adorni perdería. Sin embargo, el día después de los comicios, en un clima de desaceleración del mercado global, las acciones y bonos argentinos se dispararon.

Pero, ¿por qué? ¿Podría una elección local tener un efecto tan nacional? Parece que los inversores celebran la victoria de Adorni y la interpretan como una señal de que los candidatos de Milei podrían obtener buenos resultados en las elecciones de mitad de mandato nacionales que se celebrarán en octubre. Dado que su partido, La Libertad Avanza, ocupa menos del 15% de los escaños en el Congreso, los mercados anticipan que Milei ganará mayor representación. No necesita una mayoría para ser más fuerte: tener un tercio del Senado lo protegería de un juicio político.

El efecto de las elecciones de Buenos Aires en los mercados es modesto en comparación con la victoria de Milei en 2023. Esto tiene sentido. Mientras que las elecciones de 2023 señalaron un giro radical en la política económica hacia la liberalización, las elecciones de 2025 pueden fortalecer a la actual administración libertaria.

Un contraste con el pasado reciente

Pero lo contrario también ocurrió en Argentina, y no hace tanto tiempo. En 2019, las elecciones primarias dejaron claro que el expresidente Mauricio Macri, un líder favorable al mercado que no logró implementar reformas, perdería frente al candidato peronista Alberto Fernández, un populista de izquierda que desharía el progreso económico de Macri. El día después de las primarias, el mercado bursátil argentino cayó un 48%, un colapso extraordinario, solo superado por el de Sri Lanka durante su guerra civil. El temor estaba ciertamente justificado: en los cuatro años siguientes, Argentina entró en recesión y cayó en hiperinflación.

En La acción humana, Ludwig von Mises dijo que, en una economía capitalista, la gente “vota” en el supermercado y elige unos productos sobre otros. Los inversores se comportan de manera similar cuando eligen creer en los gobiernos y, por lo tanto, compran sus bonos, o cuando compran acciones que son prometedoras solo si el entorno empresarial de sus países es favorable. En Argentina, el optimismo por Milei ha resultado en un mercado financiero alcista que también ha fortalecido el peso, ha reactivado las hipotecas, movilizado el mercado inmobiliario y ha hecho que las ventas de automóviles alcancen máximos históricos, todos ellos efectos tangibles de los que disfruta la población en general. Esta dinámica significa que los votantes refuerzan a los inversores, y los inversores refuerzan a los votantes.

El futuro de la inversión en Argentina

El efecto de las elecciones en los mercados podría ser aún mayor si más argentinos poseyeran acciones. Solo el 5% de los argentinos invierte en el mercado de valores, en comparación con el 55% de los estadounidenses, el 33% de los británicos o el 13% de los españoles. Esta cifra es consistente con el hecho de que los argentinos poseen aproximadamente 277 mil millones de dólares mantenidos completamente fuera del sistema financiero del país, resultado de décadas de intervencionismo y altos impuestos. La administración Milei está intentando atraer a los inversores locales con políticas favorables al mercado, pero aún no los ha convencido del todo. ¿Qué pasaría si más argentinos invirtieran realmente?

Independientemente de la fuente, parece que, mientras Javier Milei permanezca en el cargo, continúe persiguiendo su agenda libertaria y sea capaz de liberalizar la economía argentina, conservará la confianza de los inversores. A partir de 2023, Argentina ha entrado en un círculo virtuoso: los votantes eligen políticas orientadas a la libertad, los inversores responden positivamente, esto causa buenos resultados y más optimismo, y la administración Milei se beneficia de nuevo en las encuestas mientras sigue implementando políticas típicamente impopulares como el ajuste fiscal.

Por supuesto, los problemas internacionales aún podrían sacudir este progreso. La guerra comercial de Trump podría llevar al mundo a una recesión con consecuencias globales devastadoras que descarrilarían a Argentina. Pero, ceteris paribus, los votantes favorables al mercado pueden reforzar la confianza de los mercados, y el optimismo de los mercados puede reforzar la confianza de los votantes. No es solo la administración de Javier Milei, sino también la gente que sigue apoyándolo, quienes están mostrando el camino en Argentina. En los mercados y en las urnas.

Ver también

Sobre el anarcocapitalismo (V): anarquía en la Iglesia Católica

La elección de un nuevo Papa es siempre una magnífica ocasión para comprobar cómo una organización milenaria como la Iglesia católica es capaz de pervivir en el tiempo, haciendo uso de sus propias normas y en ausencia de un poder político que las regule. Muchas veces he puesto el ejemplo de la Iglesia como anarquía organizada, porque en ella son fáciles de percibir muchos de los rasgos que la definen y porque podrían servir de ejemplo de autoorganización para otro tipo de instituciones sociales o incluso comunidades en un futuro.

Es cierto que existe jerarquía en el ámbito eclesial, tanto a nivel territorial, con obispos y conferencias episcopales estatales –por cierto, un gran error, pues la Iglesia es católica y fue concebida antes de la existencia de los propios estados modernos–, como en la Santa Sede con su curia de cardenales y secretarios alrededor del Pontífice. Pero esta jerarquía es voluntaria, esto es, aceptada por las partes, no impuesta por la fuerza física. Esto es, cualquiera puede abandonar la Iglesia Católica y unirse a otra o a ninguna a voluntad, incluidos sus cargos jerárquicos, y puede volver a ella cuando quiera, siendo bien recibido, salvo casos extremos de excomunión, que también puede ser levantada.

Aunque no siempre fue así, ni en todas partes es lo mismo, la Iglesia contemporánea opera en prácticamente todo el mundo fuera de las estructuras del estado, habiendo sido abandonado su estatus de religión oficial del estado en casi todos aquellos países en los que este privilegio le era reconocido. Se dice en ocasiones que la Iglesia, o cualquier otra organización religiosa, precisa de un marco legal básico que defienda la libertad religiosa, esto es, que precisa de algún tipo de estado previo para poder operar, pero se obvia un aspecto muy importante: que la Iglesia como tal en sus orígenes no solo no nació del poder político, sino que lo hizo contra él. La Iglesia fue capaz de organizarse y sobrevivir a persecuciones organizadas durante siglos, que llevaron al martirio o a la prisión a muchos de sus miembros.

La Iglesia también predicó la fe a pueblos sin estado, como muchas tribus en territorios sin colonizar; fue reprimida en muchos otros estados, sean de otra religión oficial, comunistas o simplemente anticlericales, y padeció en épocas de revueltas, revoluciones o guerras civiles. Incluso a día de hoy está proscrita legalmente en varios estados. Esto es, la Iglesia no siempre disfrutó del favor oficial y de los privilegios de estados confesionales, sino que es una organización que es capaz de funcionar perfectamente al margen de las estructuras estatales. Es más, me atrevería a decir que, gracias a conservar muchos de sus rasgos originales, es capaz de cumplir mejor con sus labores fuera del estado que dentro de él.

Cuando se asocia con él acaba por adoptar muchos de los rasgos negativos del estado, burocratizándose, lo que lastra su credibilidad y acaba priorizando los objetivos del estado antes que los suyos. De hecho, podemos observar que su vitalidad a día de hoy es menor allí donde estuvo asociada al poder, y al contrario, allí donde fue perseguida o no disfrutó de prebendas, es donde su situación es comparativamente mejor. No nos equivocamos si afirmamos que la Iglesia como tal es una organización anárquica, en el sentido estricto de la palabra, y que a esa anarquía debe precisamente su duración en el tiempo y su extraordinaria capacidad de adaptación.

No es este un texto confesional, pero desde luego Dios nuestro Señor, al instituirla, no pudo pensar en mejores principios de diseño. Cabe entonces preguntarse cuáles son los principios que ha usado a lo largo del tiempo y que le han permitido no solo pervivir en el tiempo, sino expandir el número de fieles a lo largo de los siglos, proceso que sigue hasta hoy. El mundo católico tiene cada vez más fieles, excepto en el mundo occidental, especialmente en Europa, con matices, pero crece en Asia y África, hasta el punto de que autores como Manlio Graziano se atreven a hablar del siglo Católico en su libro homónimo sobre la estrategia geopolítica de la Iglesia Católica.

En escritos anteriores apuntamos que los estados se organizan internamente en anarquía atendiendo a principios de orden económico –esto es, incentivos selectivos para sus miembros, sean estos beneficios o evitar perderlos– y valores ideológicos que los cohesionan, como ideologías, tradiciones o códigos de honor compartidos por sus miembros. Si los estados priman sobre todo los beneficios materiales para sus miembros, la Iglesia, sin descuidar del todo lo crematístico o los bienes de posición, como estatus o prestigio, ha incidido en el aspecto ideológico, en este caso la creencia en los mismos principios religiosos, expresados en forma de dogmas o tradiciones de obligatoria observancia si se quiere formar parte de la misma.

La Iglesia tiene unos dogmas que la definen y distinguen de las demás iglesias y que obligatoriamente deben ser aceptados para formar parte de ella, pero formar parte de ella no es obligatorio. El Credo Niceno, que se declama en todas las misas, es una buena síntesis de las creencias de un católico. Establecerlas fue un proceso secular, en el que una mera letra bastaba para ser excluido de la comunión, como es el caso de los debates con los arrianos sobre la naturaleza de Jesucristo y Dios Padre. Una letra en griego marcaba la diferencia entre considerarlos de la misma naturaleza o de naturaleza similar, lo que obviamente no es lo mismo e implicaba consecuencias teológicas muy relevantes. Este culto por la ortodoxia del dogma es una forma de que la Iglesia católica no se confunda con otras o se desnaturalice y caiga en el eclecticismo y la irrelevancia.

El número de creyentes no es lo relevante, sino el mantenimiento de la creencia tanto en el tiempo como en el espacio, de ahí lo importante que es no hacer concesión alguna en los dogmas. De hacerlo, simplemente se disolvería. Solo pueden permitirse cambios en cosas accesorias, pero nunca en el núcleo central de su doctrina. Por eso, los que claman por la actualización de la organización, lo que en el fondo están pidiendo es su disolución. Recordemos las sabias palabras de Georges Sorel, quien en sus Reflexiones sobre la violencia afirmaba que la Iglesia perdura porque no cambia; si cambiara, haría ya mucho tiempo que estaría acabada.

Otro aspecto que permite mantener una organización estable sin necesidad de coerción es el uso de la liturgia. La liturgia incluye desde el vestido, los ritos y las formas del culto y el calendario eclesiástico, que solo con ver los trajes del oficiante o las velas encendidas nos permite saber en qué tiempo estamos y cuáles van a ser las pequeñas variaciones de la misa. El toque de campanas, ya casi perdido, con sus toques según el tipo de celebración a realizar, también ilustra al fiel del tipo de culto que se va a celebrar. La liturgia católica es la misma o muy semejante en todo el mundo, lo que permite mantener la unidad en la diversidad de culturas del mundo.

El principio de subsidiaridad, en el que lo que se puede resolver a nivel local no se sube a niveles superiores –esto es, una descentralización muy flexible–, impide que la curia de Roma se vea desbordada por la enorme cantidad de problemas que pueden surgir en una entidad con 1500 millones de fieles, a la vez que permite al centro disponer de información tácita de todas y cada una de sus parroquias de ser necesario. Los mecanismos de financiación, tanto del culto como de sus obras sociales, siguen un esquema similar, con parte de sus rentas aportadas al obispado o a Roma, según sus necesidades y disponibilidad de medios, lo que incluso permite subsidios cruzados entre diócesis. Esta anarquía ordenada pudo comprobarse perfectamente en el cónclave celebrado estos días pasados.

El Papa fue elegido, con la asistencia del Espíritu Santo, que guía, pero no ordena la elección, de entre los miembros del colegio cardenalicio, que son todos hombres de Iglesia, pero entre los que no existen relaciones estrictas de poder entre ellos. Podría decirse que existen grupos organizados dentro de los cardenales electores, pero son relaciones de afinidad cultural o doctrinal, no grupos de fuerza. Estos grupos, dado el sistema de votación existente de mayoría de dos tercios pensado para que salga un papa que no enfade a la mayoría más que uno muy popular, deben pactar entre sí y llegar a acuerdos. En el pasado pudiera ser de otra forma, pero hoy en día esto no implica una imposición forzosa y violenta de una minoría sobre el resto.

Aunque el sumo pontífice sea reconocido internacionalmente como la cabeza de un estado, esto no implica que la organización interna del Vaticano sea como la de un estado convencional; de hecho, podríamos decir que sus centenares de habitantes viven en uno de los territorios más libres políticamente del mundo, pues las relaciones entre sus dirigentes y sus escasos ciudadanos no están regidas por relaciones de fuerza, sino de exclusión. No está pensada como estado, sino como una entidad para garantizar la independencia del papado del poder temporal.

Podría ser un excelente modelo de organización de una sociedad sin estado, incluyendo su previsión social, si los católicos por fin comenzásemos a observarla con ojos distintos de los que estamos acostumbrados. Estoy seguro de que el nuevo Papa León XIV será capaz de conservar la Roca de Pedro en su esencia, para que pueda servir de faro a la humanidad durante varios milenios más, hasta el fin de los tiempos. De momento, todo parece indicarlo.