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Jesús Huerta de Soto en la Casa Rosada

El pasado domingo 27 de abril de 2025 el profesor Dr. Jesús Huerta de Soto fue condecorado con la Orden de Mayo de la República Argentina en el Salón Blanco de la Casa Rosada. Se trata de una de las más altas distinciones que entrega el país. Una distinción honorífica que es otorgada a ciudadanos extranjeros como reconocimiento por méritos excepcionales en el ámbito cultural, científico o humanitario.

Su creación fue en el año 1946 y lleva el nombre de Orden de Mayo, en alusión a la Revolución de Mayo de 1810, un hito fundacional en la historia Argentina. Sin duda, un punto de inflexión. Por mencionar algunas personalidades a las que se les ha hecho entrega de esta distinción, la Reina Sofía de Noruega, el Rey Felipe VI de España, o Valentín Paniagua presidente de Perú.

Luego de las palabras (más bien, clase magistral de Economía) del presidente Javier Milei, el profesor Huerta de Soto recibió en mano del primer mandatario la distinción aludida. Y a continuación dio un discurso que quedará enmarcado como otro hito. Otro punto de inflexión en la historia Argentina y muy probablemente de la humanidad.

Por primera vez, en la sede de un gobierno, en el epicentro de un estado soberano, en la Casa Rosada, se pronunciaba un excelso discurso sustancialmente anarcocapitalista.

Libertad o estatismo; el discurso

Sin ánimo de reproducir íntegramente las palabras mencionadas por el profesor Huerta de Soto (puede encontrarse el video entero en internet) se transcribirán a continuación algunas de las ideas salientes de su magnífico pronunciamiento. En palabras del profesor, que solo me limito a transcribir lo más fielmente posible:

En primer lugar, el estado NO es necesario. No solo no es necesario, sino que, además, es científicamente imposible que pueda proporcionar lo que promete a la humanidad.

A nivel popular se confunde la existencia del mismo con el carácter imprescindible de los servicios que malamente proporciona, como ser, carreteras, orden público, hospitales, etc. El estado es una entelequia imposible, que no puede lograr lo que promete. Es imposible que el estado cumpla sus objetivos coordinadores en cualquier parcela del proceso social que pretenda intervenir por cuatro principales motivos:

En primer lugar, el enorme volumen de información que necesita para ello y que se encuentra dispersa o diseminada en los ocho mil millones de personas que participan en el proceso social

En segundo lugar, el carácter tácito, no articulable, y, por tanto, no transmisible de esa información dispersa de forma inequívoca que necesita el órgano de intervención estatal para dar contenido coordinador a sus mandatos.

Tercero, la información que debiera utilizarse no está dada, ni es estática, sino que cambia continuamente como consecuencia de la creatividad humana, siendo imposible -lógicamente- transmitir hoy una información que será creada mañana y que es la que necesita el órgano estatal para que mañana pueda lograr sus objetivos.

Cuarto y último, el carácter coactivo de los mandatos del estado bloquea la actividad empresarial de creación de esa información que es precisamente la que necesita como agua de mayo (como anillo al dedo en castellano argentino) para dar un contenido coordinador a sus propios mandatos

Como si todo esto fuera poco, el otro gran problema es que una vez que existe el estado, es casi imposible limitar su expansión y su poder. Ello es así porque la mezcla del estado como institución monopolista de la violencia, junto con la propia naturaleza humana es literalmente explosiva.

Estas cuatro razones, teorema de la imposibilidad del socialismo o mejor dicho estatismo -sea de izquierda o de derechas-, son trabajadas en profundidad en su excepcional obra Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial, que ya cuenta con más de siete ediciones y ha sido traducido a más de 20 idiomas, incluido chino, ruso, japonés y árabe.

El efecto combinado de los grupos de interés, la miopía gubernamental y compra de votos, el carácter megalómano de la casta política y la ceguera e irresponsabilidad de la burocracia irresponsabilidad generan un cóctel explosivo que produce crisis sociales, políticas y económicas que sirven de justificativo para ulteriores dosis de intervención.

Sobre ideas impracticables

Como comentarios finales, habiendo presenciado ese histórico momento, y sobre todo luego de comenzar a escuchar las predecibles repercusiones de algunos sectores de la población, no era de extrañar algunas frases típicas. Sucede que, para quienes escuchan por primera vez estas cuestiones, o bien, para quienes no les es posible imaginar otro mundo, estas palabras les resultan controvertidas.

Suelen expresar frases como que un mundo sin estado es una idea impracticable. Esto es lo mismo que decir, en 1900, que el hombre nunca podría inventar una máquina que vuele, o concebir la idea de un ordenador portátil. Lo que no se dan cuenta es que, justamente, generaciones enteras han sufrido un adoctrinamiento feroz, propiciado fundamentalmente por los ministerios de educación. Los cuales han enseñado a creer en la inexorabilidad del estado.

Por sobre todo, creando ciudadanos obedientes, que no cuestionen su existencia, es decir, sin pensamiento crítico. Personas que voluntariamente se adapten creyendo que el estado es natural, o inevitable. De alguna manera, y parafraseando a Foucault, al fin y al cabo, la conducta se normaliza y, por lo tanto, no pueden advertir (porque no poseen la capacidad) su maliciosa existencia. Pero por sobre todo su existencia autojustificada. Solo Dios es causa y consecuencia.

Existencia innecesaria y autojustificada, tanto desde sus orígenes como hasta los estados modernos de hoy (para ello podemos remitirnos a las obras de Hans-Hermann Hoppe o Franz Oppenheimer sobre el estado). Por eso, muchas veces los estados toman medidas como, por ejemplo, liberar delincuentes, reducir penas a violadores, o abrir indiscriminadamente fronteras, para luego proveer seguridad. Pero, por sobre todo, intervenir en la economía. Es decir, entorpecer el natural y espontáneo proceso social de mercado, a los efectos de querer resolver problemas que el mismo estado generó con carácter previo.

Todas estas medidas intervencionistas son popularmente muy aceptadas por quienes no realizan muchos esfuerzos críticos, ya que cuando la intervención se acompaña de relatos buenistas y con cierta apariencia lógica, cala con fuerza en la sociedad. Se genera así un bucle intervencionista infinito que solo agiganta al estado y acomoda a la casta política. Pero la realidad es otra. Por ejemplo, el chiste de la justicia social, se cuenta solo. Todo el mundo es solidario con el dinero ajeno. Y otros muchos endilgan la culpa a la “naturaleza” del ser humano, pretendiendo dirigir o determinar cómo deberían comportarse todos para que pueda cumplirse su noble ideal. Olvidando, en última instancia, el valor de la libertad. El fetiche y la excitación desenfrenada por la igualdad son otra historia aparte. O somos iguales, o somos libres. No existe otra posibilidad. Sucede que luego dan pataletas cuando se les pone el grillete en el tobillo.

Lo realmente impracticable es la idea de un estado que pueda lograr su cometido. Cada problema político, social y económico existente es una cabal prueba de los fallos de estado constantes e inevitables, por las razones resumidas por el profesor Huerta de Soto. Otra típica frase es “¿y dónde se ha aplicado esto?”, o “¿en qué país no existen los impuestos?”, y todas de similar tenor. No es el objeto de este brevísimo artículo explayarnos sobre estas cuestiones. Después de todo, el estudio profundo de la teoría económica excede por lejos las enseñanzas de la economía mainstream que se da en las universidades, y el estudio de los procesos de mercado en particular aún más.

En la enorme mayoría de las universidades del mundo se “educa” en la creencia estatal. Luego, ¿cómo no va a ser el producto resultante un ciudadano que no conciba un mundo sin su existencia? Pero, más allá de todo, es dable señalar que, justamente, es la existencia estatal la que inhibe la capacidad creativa de las personas para imaginar, concebir, crear nuevas e innovadoras formas de producción de bienes y servicios en un marco de libertad y sin coacción.

La libertad no es un ideario nuevo, todo lo contrario. Ésta está inscripta en el ADN del ser humano. Ya decía Thoreau que el hombre, al igual que la planta, vive conforme a su naturaleza, o muere. Y cabe agregar que la esencia humana es la libertad. En todo caso, la prueba de laboratorio es el estado, y su creencia en él. Las sociedades existen, perduran y prosperan, en todo caso, a pesar del estado. Y no gracias al estado. Es la innata capacidad creativa de las personas la que ha sido el motor de la civilización humana, que en un marco de libertad, y sin coacción estatal o resistiendo a ella, nos han llevado a maravillarnos con las invenciones, bienes y tecnología que hoy disfrutamos.

Nos resulta inconcebible imaginar todo lo que se podría lograr. De la misma manera que a muchas personas hoy les resulta inimaginable una sociedad sin estado. Es un ejercicio mental y de imaginación que demanda mucho esfuerzo, pero que no es imposible. De todas formas, los pasos en la dirección correcta se están dando. Argentina, hoy, faro del mundo libre, se ha puesto de pie. Y no son pocos quienes ya han empezado a salir de la caverna Platónica

De buenos revolucionarios a buenos liberales

El itinerario político intelectual de Mario Vargas Llosa ejemplifica, en parte, la orfandad liberal de la América hispana. Una carencia que se explica por la omisión del propio pasado hispanoamericano que, producto de la leyenda negra promovida por la historiografía decimonónica a partir de las independencias, se tradujo en que poco o nada se conoce de las raíces españolas del liberalismo y su influencia en el surgimiento de las primeras repúblicas independientes.

Como todo intelectual de su tiempo, el Nobel peruano abrazó las premisas que configuran lo que Carlos Rangel llamaba el buen revolucionario. Como decía el venezolano en su libro Del buen salvaje al buen revolucionario: «En gran medida, el desarrollo de las ideas que los latinoamericanos nos hemos formado sobre nosotros mismos y sobre el mundo responde, por una parte, a la aspiración de proclamarnos víctimas de España en la Conquista y la Colonia, y ajenas a todo lo español».

Por ejemplo, sólo un español es aludido como referencia por Vargas Llosa en su libro La llamada de la Tribu: José Ortega y Gasset. No hay alusión a un gaditano como José Joaquín de Mora o el sevillano José María Blanco White, ni a algunos hispanoamericanos liberales importantes como el argentino Juan Bautista Alberdi, el chileno José Victorino Lastarria o el peruano Manuel Pardo y Lavalle.

¿Cuánto se conoce respecto a las cortes de Cádiz y su incidencia en el proceso de emancipación en la América hispana, por ejemplo, al proclamar la libertad de imprenta o la soberanía popular y la igualdad ante la ley? Por otro lado, ¿cuánto se conoce de la vida y obra del gaditano José Joaquín de Mora, que tuvo enorme incidencia en Chile, Perú y Bolivia? ¿Cuánto se conoce de las ideas que De Mora tenía respecto al periodismo y el teatro como medios para promover la ilustración del pueblo?

No es raro que el liberalismo, incluso actualmente, sea visto como una impostura de origen eminentemente inglés o francés y sin raíces en el mundo hispanoamericano. Algo que ha sido cuestionado por historiadores como François-Xavier Guerra, Manuel Chust o Javier Fernández Sebastián. Este último dice que «los primeros (así llamados) liberales fueron españoles, españoles, europeos y americanos».

Vargas Llosa, quizás como reflejo de ese desconocimiento instalado respecto de la tradición liberal hispana, aun siendo miembro de las élites cultas peruanas partió siendo comunista y recién se hizo liberal, abandonando la psicología del fracaso y la ideología del tercermundismo predominante en la mal llamada América Latina del siglo XX, leyendo a pensadores como Adam Smith, Friedrich von Hayek, Karl Popper, Isaiah Berlin, Raymond Aron y Jean-François Revel.

Cuánto se podría haber evitado en América si la tradición liberal hispana se hubiera sostenido e intelectuales como Vargas Llosa hubieran leído los Cursos de Lógica y Ética según la Escuela de Edimburgo publicado por De Mora en 1845 o las Lecciones de Política Positiva de José Victorino Lastarria, publicado en 1874 y que incluso fue usado como texto oficial en universidades mexicanas y brasileñas.

Joaquín Fernández de Leyva, regidor del Cabildo de Santiago y medio hermano del libertador chileno Manuel Rodríguez, fue diputado suplente del reino de Chile en las Cortes de Cádiz y en 1811 decía: “La privación o casi la privación de los medios para ser honrados y gozar de los beneficios de una Constitución liberal, expone a los que comprende a sesgar del camino de las buenas acciones, y a fomentar pasiones perjudiciales al buen orden. Que es muy distinta la igualdad jacobiniana de la igualdad racional.

Aquélla, confundiendo todas las clases y jerarquías de la sociedad, produce anarquía y los horrores que la son consiguientes. Viola la justa y equitativa ley de los premios graduales del mérito y la virtud”. De Leyva respondía al ideario del liberalismo hispano que extrañamente pasaría al olvido tanto en América como en la Península. Un olvido que a estas alturas se hace insostenible.

León XIV y Rerum novarum: de la revolución industrial a la era digital (I)

El recientemente elegido Papa, Robert Francis Prevost, ha explicado la razón principal por la que ha elegido como nombre papal el de León XIV:

Hay diferentes razones, pero principalmente porque el Papa León XIII, con la histórica encíclica Rerum novarum, abordó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial, y hoy la Iglesia ofrece a todos el tesoro de su doctrina social en respuesta a otra revolución industrial y a los avances de la inteligencia artificial que plantean nuevos desafíos para la defensa de la dignidad humana, la justicia y el trabajo.

Aunque en los medios se han hecho referencias a algunos de los postulados o afirmaciones de dicha Encíclica, de 1891, constatando, entre otras cosas, su crítica clara y sin ambages al socialismo, creo que es necesario analizarla en su conjunto, explicando los presupuestos antropológicos de los que partía León XIII, y la visión que da del hombre, de su vida en sociedad y del papel que le otorga al Estado en la solución de ciertos problemas. Y ello dada la importancia que dicho texto parece tener para el nuevo Papa, cabeza visible de una Iglesia formada por varios cientos de millones de personas en todo el mundo. Así, basándonos fundamentalmente en dicha Encíclica, expondremos  los puntos fundamentales en los que la misma basa, y con la que se inició formalmente lo que se conoce como Doctrina Social de la Iglesia.

En esta primera entrega nos centraremos en la visión que da del hombre y del derecho de propiedad, para en una segunda, hablar de los medios que la misma propone para solventar aquellas situaciones en las que las personas se encuentren en situación de desvalimiento y miseria extrema y del papel que, en la solución de las mismas, se reserva al Estado, como garante último.

I De la naturaleza del hombre al derecho de propiedad

A) Analizar la realidad desde su ser

Como punto de partida, la Encíclica reconoce que lo mejor que puede hacerse para sacar conclusiones certeras sobre el papel del hombre y de la intervención de los poderes públicos en las cosas humanas es partir de la naturaleza del hombre, reconociendo las diferencias, sin buscar una igualación forzada y antinatural, dado que hay, repetimos, muchas y grandes diferencias entre aquellos, no siendo iguales ni los talentos, ni las habilidades, ni la salud, ni las fuerzas, lo que hace que de la inevitable diferencia brote espontáneamente la diferencia de fortuna (punto nº 13 de la Encíclica).

B) El derecho de propiedad, y su justicia

Y esa diferencia de fortuna debe protegerse, en primer lugar por razones de justicia, ya que poseer algo en privado como propio es un derecho dado al hombre por la naturaleza, siendo necesario reconocer no sólo el derecho a usar los bienes, sino a poseerlos con un derecho estable y permanente, dado que en la naturaleza del hombre está la facultad de relacionar las cosas futuras con las presentes y el hombre necesita esa propiedad sobre los bienes para poder gobernarse a sí mismo, y a los suyos, con la previsión de su inteligencia para garantizarse un futuro (punto número 5).

C) El derecho de propiedad, y su necesidad social

Pero es que, además, dado que la vida en común precisa de aptitudes varias, de diversos oficios, al desempeño de los cuales se sienten impelidos los hombres, más que nada, por la diferente posición social de cada uno, la perturbación del orden social tal cual es debe rechazarse también por razones de oportunidad, ya que, como alerta León XIII con palabras proféticas, son claras las perturbaciones y trastornos en todos los órdenes que genera la intervención desmedida de los poderes públicos en la vida de la gente y sus familias, cuán dura y odiosa sería la opresión de los ciudadanos que seguiría de ello, abriéndose las puertas a las mutuas envidias, a la maledicencia y a las discordias, quitando el estímulo al ingenio y a la habilidad de los individuos, lo que haría que, necesariamente, se acabasen secando las fuentes de las riquezas, y que esa igualdad forzada, con la que sueña el socialismo, no genere otra cosa que una situación general miserable y abyecta de todos los hombres sin excepción (punto nº 11).  

De hecho, el género humano, a lo largo de la historia, siempre ha reconocido la propiedad privada como la más conforme con la naturaleza del hombre y con la pacífica y tranquila convivencia (punto 8). Suponer, además, que las clases sociales son unas enemigas de las otras es un mal, ajeno a la razón y a la verdad, dado que precisamente lo cierto es que, igual que en un cuerpo se ensamblan entre sí diversos miembros, así ha dispuesto la naturaleza que, en la sociedad humana, las clases sociales concuerden armónicamente y se ajusten para lograr el equilibrio (punto nº 14).

D) Crítica al socialismo

Por ello no sorprende la crítica que se hace, por parte de la Encíclica, al socialismo, llegando a afirmarse la evidencia del rechazo que merece esa fantasía socialista que pretende reducir a común la propiedad privada, pues con ello dañaría a esos mismos a quienes se pretende socorrer, además de repugnar a los derechos naturales de los individuos y perturbar las funciones del Estado y la tranquilidad común. Por lo tanto, afirma León XIII, cuando se plantea el problema de mejorar la condición de las clases inferiores, se ha de tener como fundamental el principio de que la propiedad privada ha de conservarse inviolable (punto nº 11).

De ello resulta, como ha reconocido la Iglesia, entre otras en otra Encíclica, esta vez de Juan Pablo II, aparecida cien años después de la mencionada Rerum novarum, y titulada, precisamente, Centesimus annus, en memoria de la de León XIII, que el modelo de organización económica más conveniente, y el que hay que proponer es aquel sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la libre creatividad humana en el sector de la economía (punto nº 42 de Centesimus annus).

E) El hombre frente a los problemas de los demás

Pero que esa “economía de mercado” o “economía libre” sea el modelo que mejor conjuga los derechos derivados de la naturaleza del hombre y la oportunidad, no significa que sea un modelo infalible que no pueda dar lugar a situaciones que atenten contra la dignidad de las personas. Y así lo recogía ya el propio León XIV en el punto primero de Rerum novarum, al destacar la urgencia de proveer de manera oportuna al bien de las gentes más humildes, que se encontraban, a finales del siglo XIX, en situaciones miserables y calamitosas, aislada e indefensa frente a la inhumanidad de los empresarios y la desenfrenada codicia de los competidores.

Pero ello no es una crítica al empresario en cuanto empresario, o a la competencia, en cuanto que competencia, sino una crítica a aquellos que, colocados por la naturaleza y por los hechos en una situación de privilegio indiscutible, consideraban a los obreros como esclavos, sin respetar en ellos la dignidad de la persona, abusando de manera vergonzosa e inhumana de los hombres como si se tratase de objetos de lucro, sin estimarlos en más que cuanto puedan dar de sí, aprovechando la necesidad y el desvalimiento para buscar ganancias en esa pobreza ajena, perjudicando a dichos trabajadores muchas veces con violencias, engaños y artilugios usurarios (punto nº 15).

Y es que, para León XIII, la verdadera dignidad y excelencia del hombre radica en lo moral, es decir, en la virtud (punto nº 19). Así, al igual que de la naturaleza del hombre resultaban una serie de derechos, de la misma igualdad intrínseca de todos, creados por el mismo Dios, surge la obligación moral de cuidar los unos de los otros. Por ello, esa propiedad privada, derecho inalienable, debe estar al servicio del bien común (punto nº 25) como obligación moral de toda persona. De esta forma, siguiendo una larga tradición, que data al menos desde el Nuevo Testamento, y que sistematizó Santo Tomás en su Suma Teológica, León XIII recueda, con el Doctor Angélico, que el hombre no debe considerar las cosas externas como propias, sino como comunes; es decir, de modo que las comparta fácilmente con otros en sus necesidades (punto nº 17). Así, si bien nadie tiene la obligación de socorrer a los demás con lo necesario para sus usos personales o de los suyos, cuando se ha atendido suficientemente a la necesidad y al decoro propios, es un deber socorrer, con lo que sobra, a aquellos que se encuentren en situaciones difíciles.

Pero de eso, y del papel que en la Encíclica se reserva al Estado (“los que gobiernan deberán atender a la defensa de la comunidad y de sus miembros” afirma en el punto nº 26) nos ocuparemos en la siguiente entrega, adelantando ya que para León XIII, si bien debe considerarse un error grave y pernicioso que la potestad civil penetre en la intimidad de los hogares, sí reconoce como justo que los poderes públicos socorran a la familia, con medios extraordinarios, si se encontrara eventualmente en una situación de extrema angustia y carente en absoluto de medios para salir por sí de tal agobio, o cuando se produjese, en el seno del hogar, una alteración grave de los derechos mutuos, destacando, también, que es necesario de todo punto que los gobernantes se detengan ahí, dado que la naturaleza no tolera que se exceda de estos límites, reconociendo, además que la patria potestad de los padres sobre los hijos no puede ser ni extinguida ni absorbida por el poder público (punto nº 10). Pero de eso, como digo, nos ocuparemos en la siguiente entrega.

Historia económica (VI): de los gremios a la revolución industrial

En el siglo XVI el mundo artesanal estaba configurado por el sistema gremial, este sistema desaparecerá con el Antiguo Régimen, siendo sustituido por un sistema fabril e industrial.

El sistema gremial se configuraba a través de una jerarquía: aprendiz, oficial y maestro. En esta jerarquía los maestros eran la clave del crecimiento, los talleres artesanales habitualmente eran pequeños, podía haber oficiales o aprendices, pero la pieza imprescindible era el maestro. Al contrario que se suele pensar, no era un sistema que rechazara toda innovación que pudiera aparecer, aunque en algunos casos sí que había reticencias a la introducción de innovaciones. Una de las mayores innovaciones de este sistema gremial fue la aparición de las profesiones especializadas, es decir, la extensión del mundo artesanal. El sistema gremial era regulado por cada concejo de cada villa o pueblo, y no por un ente estatal centralizado.

El gremio tenía un claro carácter proteccionista, ya que una de las misiones era la protección de las amenazas externas. El sistema debía permitir una serie de solidaridades familiares. Muchos de estos gremios estaban ligados a las cofradías medievales, cofradías que tenían un carácter mucho más amplio que en la actualidad, ya que era algo mucho más que una comunidad de carácter religioso. Algunas de estas profesiones estaban estigmatizadas, como los cordeleros, los molineros o los tejedores.

Como hemos dicho, los concejos eran los que controlaban los gremios a través de las ordenanzas. Cada concejo designaba un veedor para controlar la actividad gremial y el cumplimiento de las ordenanzas. A partir del siglo XVIII, los Estados absolutistas trataron de eliminar el poder de los gremios, ya que eran comunidades descentralizadas ajenas al Estado, en Inglaterra llegaron a ser abolidos.

Paralelo a esto, también vamos a ver una protoindustrialización de los gremios, generalmente en actividades textiles y siderúrgicas. La protoindustrialización es un paso previo a la industrialización, es el desarrollo de aquellas zonas rurales en las que la población vivía fundamentalmente de la producción manufacturera masiva dirigida a mercados nacionales e internacionales. Fue el incipiente mercado mundial el que se convirtió en el impulsor de la incipiente industrialización.

Una serie de incipientes capitalistas van a desplazar medios al mundo rural, contratando campesinos para que produzcan en su tiempo libre. Se suele hablar de dos fases en el desarrollo de la protoindustrialización:

  • Desintegración del sistema feudal de la Edad Media, la burguesía traslada la producción al campo.
  • Crecimiento demográfico e innovaciones en el sector agrario.

La protoindustrialización triunfó en determinados sitios muy concretos. No se puede entender el desarrollo económico, la superación de la crisis del siglo XVII y el desarrollo de la industrialización sin los mercados coloniales. Estos ejercieron la doble función de abastecer de materias primas a los sectores industriales de la metrópoli, además de ejercer de consumidores de las manufacturas realizadas en la metrópoli.

Un aspecto que debemos señalar es que España tuvo un papel importantísimo en este sentido, ya que fue la nación que realizó la primera globalización de la historia, descubriendo un continente lleno de nuevos consumidores y materias primas. Es muy probable que la industrialización europea no hubiera triunfado sin la globalización llevada a cabo por España.

Serie Historia económica

Por fin sabemos para qué es el kit de supervivencia de la Comisión Europea

Llevaba varios meses en campaña la Comisión Europea con su kit de supervivencia y su recomendación a los ciudadanos de que se hicieran con él para una posible emergencia. Los funcionarios de la Comisión no pierden oportunidad de mostrar a la ciudadanía cuánto les preocupamos, sin abandonar, eso jamás, su torre de cristal.

Uno se preguntaba por qué les había entrado de repente esa neura. Aunque, claro, como están tan convencidos de que el día menos pensado Rusia va a invadir Polonia, igual era por eso. A mí me cuesta creer que ellos se crean estas cosas, pero querrán llevar el teatro a sus últimas consecuencias para que los restantes europeos aceptemos que es necesario seguir tirando de gasto público, ahora para defendernos de imprecisos enemigos. Ahora que ya está agotada la disculpa del COVID, hay que buscar alguna otra con la que atontarnos mientras sostienen la fiesta.

El caso es que lo único interesante que parecía aportar el citado kit era un ranking de la capacidad de lobby en la CE de los distintos sectores industriales. Entre otros elementos, se nos recomienda almacenar: al menos 5 litros por persona de agua embotellada, una radio a pilas, una linterna, una batería de repuesto para el móvil (supongo que el dispositivo móvil se asume), un hornillo, cerillas, un extintor, pastillas de yodo o cinta adhesiva. Supongo que los afortunados productores de estos elementos estarán dando palmas con las orejas, como lo hicieron en su momento los fabricantes de bolsas de papel o los de chalecos reflectantes.

Todo ello, para prepararse ante un evento de excepción, como podría ser un ataque cibernético, una guerra, o una catástrofe natural. Sin embargo, no fue hasta el pasado 28 de abril a las 12:03 que entendí para qué era en realidad el citado kit de supervivencia que nos estaban recomendando mantener.

En efecto, lo que hemos aprendido todos en los últimos días, por la cuenta que nos trae, es que el funcionamiento del mercado de electricidad no es solo una cuestión de potencia, sino también de estabilidad, lo que los técnicos llaman inercia. Si bien todas las fuentes de generación eléctrica proporcionan potencia a la red, los Kilowatios, no todas son capaces de estabilizar la red a la frecuencia de operación, que en Europa es de 50 Hz.

Si las distintas fuentes no entran con la frecuencia o la fase correcta, el sistema puede ponerse en riesgo, y lo que hacen las distintas centrales generadoras es desconectarse del mismo de forma casi automática para protegerse, empezando por las centrales nucleares que son, precisamente, las que más contribuyen a dicha estabilización. En suma, que sí, que las fotovoltaicas y eólicas pueden aportar Watios para que los consumamos, pero que necesitan otras fuentes que las estabilicen para que no se colapse el sistema como ocurrió el fatídico día del apagón.

Eso nos lleva directamente al fin del sueño utópico, despertados repentinamente por el conocimiento científico y técnico. Nuestro consumo de electricidad, que básicamente condiciona nuestro bienestar, no va a poder depender de las fuentes renovables porque, aunque éstas puedan aportar toda la energía que consumamos, no lo van a poder hacer con inercia y estabilidad. Al menos, no a un coste razonable, que seguro que la tecnología también posibilitará, si es que no lo hace ya, la estabilización de dichas fuentes.

Es evidente que este conocimiento sobre la estabilidad e inercia de las fuentes de electricidad no se ha desarrollado en los últimos días. Es algo que cualquier técnico sabría, por lo que cualquier técnico comprendía los riesgos asociados a las decisiones ideológicas de promover la aportación de electricidad sin inercia en menoscabo de aquellas tecnologías que sí la aportan. Simplemente, era un debate que se hurtaba a los ciudadanos, hasta que nos hemos dado de bruces con él, algunos dentro de un ascensor.

Ahora todos somos conscientes de que la carrera de las energías renovables tiene unos riesgos inasumibles, como el de perder una jornada completa de producción, quedarse sin todo el género de la cámara frigorífica, o pasar 10 horas en medio de la nada en que se haya detenido el AVE. Y que estos riesgos se acrecientan conforme las renovables incrementan su participación en el mix energético, que es precisamente el objetivo de las políticas energéticas de nuestros gobiernos.

Lo cierto es que ahora sí entiendo por qué los europeos necesitamos el kit de supervivencia que nos recomienda la Comisión Europea: Para protegernos de las políticas energéticas de la propia Comisión Europea!

Tampoco es tan sorprendente. Cualquier ciudadano medianamente bien informado sabe cuál es el principal enemigo de su libertad.

Sobre las primeras reacciones a la elección de León XIV

La elección de un nuevo sumo pontífice, como dicta la tradición, está llena de incógnitas, especulaciones y expectación. Gracias al Espíritu Santo, el heredero de Pedro fue escogido con brevedad, pues más tiempo, en este mundo donde todo debe ser inmediato por un consumismo desmedido (incluido en este caso) que invade también el ámbito mediático, considero que hubiera sido desastroso. Y no digo que esto sea bueno, en absoluto, pero sí que nos ha librado a los católicos, del tormento de unos medios carroñeros que empezarían a hablar de cisma, ruptura o de una Iglesia dividida y polarizada.

No pretendo hablar del antiguo cardenal Prevost en exceso, pues no he investigado a fondo de él. Sí pretendo hacerlo de aquellos que lo han hecho desde el momento en el que, Dominique Mamberti, cardenal protodiácono, ha dicho el nombre del elegido. Con hablar del papa, no me refiero a mencionar su nombre, opinar de cuál puede ser su futura labor, o posicionarle, de manera respetuosa, en una continuidad bergogliana o una postura más alejada del fallecido pontífice jesuíta; me refiero a aquellos que han saltado a la palestra, acorde a sus típicas formas, con recurrentes tópicos. Desde aquellos que ya le tachan de ‘masón’ (que los hay) o ‘progre’, hasta los que critican la supuesta ‘opulencia con la que se ha presentado’ o le señalan como ‘encubridor’.

Creo que es importante señalar las primeras palabras que ha dicho León XIV: “¡La paz esté con todos ustedes! Queridísimos hermanos y hermanas…”. Esta sencilla frase, aparentemente inofensiva (para cualquier católico), es casi un ataque desde la percepción de todos los mencionados anteriormente. Parecerá una exageración, pero no lo veo así, pues todos ellos llevan el enfrentamiento en sus venas. Estas mismas personas son las que con el papa anterior, también le pusieron las etiquetas del ‘papa progre’, ‘representante del maligno en la Tierra’, ‘masón’ o ensalzaban su figura por supuestamente tener una ruptura con los anteriores y, según ellos, adaptar la iglesia católica a la sociedad y que era una tortura para los fachas y neoliberales (curioso que la mayoría de estos, al 95% de seguridad, son de los que en las comuniones y bautizos, están en el bar hasta que termina la ceremonia y luego van directos al banquete).

Ahora, con León XIV, en plataformas como X o medios de comunicación, desde un primer momento le quieren posicionar como ‘progre’ o ‘conservador’, buscando absolutamente cualquier consuelo de sus vacíos corazones y cerebros, que solo se ven saciados cuando se genera ese conflicto entre bandos que tanto ansían que también llegue al papado. Todo esto es una clara demostración de la sociedad, pues este cónclave y este último papado, han vivido una sociedad polarizada, donde la dialéctica marxista de bandos, de oprimidos y opresores ha llenado todo el mundo, incluso en los sectores más supuestamente antimarxistas. Por parte de los católicos, y de cualquier persona sensata y que confíe en la paz, no se debe caer en este conflicto.

Por ahora, a este nuevo papa solo se le podría juzgar, basándose en determinadas declaraciones anteriores, o su primer discurso desde el balcón de la Basílica de San Pedro. Desde luego que no valoraré ahora si es continuista o no,  pero por lo dicho en su discurso, no ha dicho nada que no sea el Evangelio y el espíritu de la iglesia. Pero ya tenemos: a personas tachándole de woke porque no ha dicho nunca que haya que hundir pateras a cañonazos y degollar islamistas y apedrear homosexuales; y personas tachándole de encubridor de pederastas, por casos aún no esclarecidos y por los cuáles se tomaron medidas preventivas o de absoluto machista y retrógrado por no haber bailado el agua a todos aquellos que quieren sacerdotas y matrimonios homosexuales.

A todo aquel que conserve algo de sensatez, y quiera mantenerse en la paz, que no señale a este papa, mucho menos antes de ver sus actos. Y a aquellos que se santiguan temiéndose lo peor o celebran porque supuestamente sea un ‘revolucionario’ como Francisco, solo informar de algunos asuntos del anterior pontífice:

  • Era profundamente antiabortista y clasificó a los médicos que facilitaban esta cruel práctica como sicarios.
  • Hablaba de acoger y no odiar al inmigrante, un mensaje profundamente cristiano, pero no defendía la pérdida del catolicismo ante ellos, sino su acogida para su posterior conversión. Lo que viene siendo, evangelización.
  • No ha tocado prácticamente nada de la doctrina de la iglesia, la iglesia, por mucho que quieran vender los progres, no ha cambiado para el mundo. El mensaje se ha adaptado al tiempo, pero el contenido no. Es el mundo quien debe adaptarse a la iglesia, no a la inversa.
  • Se oponía al matrimonio homosexual, a la ordenación sacerdotal de las mujeres y a la eutanasia. En cuanto a lo primero, dijo una cosa muy acertada, y es que él no podía juzgar a un gay por ser gay, pues es él mismo quien sabrá cómo manejar su vida y posteriormente ser juzgado antes de la vida eterna.
  • Ha hecho una labor acorde a su orden y pensamiento, pero esa labor fue comenzada por sus antecesores, también, una labor pastoral. A alguno le parecerá errónea o no, pero no sabemos qué es lo que quiere León XIV, seguramente ni él lo sepa del todo y para ello está Dios para guiarle.

Y después de esta pequeña lista, diré claramente que ninguno de los dos bandos podréis otorgaros la medalla, da igual que os guste o no, no sois nadie más que personas vacías que tratáis de buscar un aliado en vuestras tristes luchas. Véis en una estola bordada un motivo de desprestigio o de ensalzamiento porque intentáis interpretarlo a vuestro antojo. Tratáis de pensar que el plan de Dios, es el vuestro y os da rabia ver que solo lo conoce Él, tratando de pasarlo a vuestras luchas absurdas con lenguajes políticos, cuando aquí no solo hay política, sino divinidad.

Vivamos en paz este nuevo papado, e incluso, ignoremos a estos guerrilleros que tratan de dividirnos a los propios católicos y recemos por ellos. Pues la paz hoy en día, no solo es no pelearse de forma física, sino también es evitar la confrontación dialéctica de bandos. Confiemos en que León XIV lleve a la iglesia en buen camino, pues es un pilar fundamental para occidente y su labor es la evolución de la civilización que hoy en día somos, por mucho que los Estados a través de su propio endiosamiento quieran hacernos creer que no es así.

La unidad de cuenta como causa esencial del dinero

Quienes me leen saben que soy un firme defensor de Carl Menger. Estoy convencido de que sus teorías sobre el valor, el intercambio y el dinero son las que mejor explican la realidad, por encima de cualquier otra teoría desarrollada desde entonces. De hecho, no fue hasta bien entrado el siglo XXI que algunos autores comenzaron a desarrollar su teoría en una línea verdaderamente fiel a Menger: Carlos Bondone, Antal Fekete, José Ignacio del Castillo y Juan Ramón Rallo destacan entre ellos.

Quisiera resaltar que este artículo surge de una serie de conversaciones muy productivas con Juan Ramón Rallo, de quien tanto he aprendido hace ya casi 20 años, y a quien desde aquí quiero enviarle mi más cariñosa felicitación por su merecidísimo Premio Instituto Juan de Mariana 2025. Su labor incansable, tanto como teórico riguroso como divulgador brillante al servicio de la Libertad, lo hacen más que merecedor de este reconocimiento.

¡Enhorabuena, profesor, y gracias una vez más por tanto!

Por supuesto, cualquier error que pueda haber en este artículo es responsabilidad únicamente mía. En mis artículos y en redes sociales suelo invocar una y otra vez, algunos dirán que cual papagayo, los razonamientos mengerianos. Pero no lo hago por devoción acrítica, sino porque creo sinceramente que su teoría sigue siendo la que mejor explica la realidad. Y, aunque muy rara vez considero pertinentes las correcciones que le hacen otros autores, nada me impide ni me impedirá señalar lo que considero un error en su obra si es que alguien lo identifica.

Un posible error es haber identificado la función de medio de intercambio como la causa esencial del dinero. Carlos Bondone en su momento propuso que, si bien la unidad de cuenta podría no ser la función esencial del dinero, sí que era la más importante porque servía para facilitar el cálculo económico. Pero en sus trabajos más recientes ha evolucionado esta posición para afirmar que, en efecto, la unidad de cuenta sí que es la causa del dinero y es su función esencial. Y aunque me ha costado varios años conseguir asimilar sus argumentos, he conseguido llegar por fin a la conclusión clara de que Bondone tiene toda la razón.

En la tradición de pensamiento de la escuela austriaca la expresión “cálculo económico”, nos hace pensar automáticamente en precios, pues Ludwig Von Mises excluía tajantemente que sobre el valor se pudieran realizar cálculos cardinales de ningún tipo. Y visto así, el cálculo económico solo puede ser una consecuencia de los precios, y los precios son una consecuencia del intercambio. 

La clave que nos ofrece Bondone está precisamente en revisar este orden causal de la teoría económica de la siguiente forma: El intercambio es anterior a los precios y al dinero. Y que cualquier intercambio requiere calcular cantidades previamente. 

Y yo añado que el cálculo económico es también necesario para valorar. Menger establece que un objeto sólo tiene valor cuando la cantidad deseada por los sujetos supera a la cantidad disponible para estos sujetos. Esto aplica también a toda mercancía, incluido el dinero. Eso sí, para que algo pueda ser mercancía y por tanto eventualmente dinero, debe tener además valor de cambio.

Pongamos un ejemplo sencillo: un cepillo de dientes ya usado o una dentadura postiza tienen valor de uso para su propietario, pero no valor de cambio para terceros (salvo casos muy excepcionales). Por lo general, nunca entran en el tráfico mercantil. El dinero, por el contrario, necesita sí o sí valor de cambio para poder circular.

Y aquí es donde entra en juego la unidad de cuenta: no podemos estimar si la cantidad deseada supera a la disponible sin antes definir una unidad con la que cuantificar esa cantidad. No hablamos de unidades estandarizadas, sino del concepto básico de unidad que ya usaban los hombres del Paleolítico: una manzana, un bisonte, una nuez.

La unidad elegida dependerá del acto de valoración: Bien puede ser un cántaro de agua, o un río entero si de lo que se trata es de negociar que tribu o nación es la propietaria del río. Pero debe haber alguna unidad, porque sin unidad no puede haber cuantificación, y sin cuantificación no puede concebirse la escasez, y por tanto el valor subjetivo. 

Hay que recordar que el valor subjetivo significa que la cantidad que necesita el sujeto es mayor que la cantidad disponible para ese sujeto.  Menger no utilizaba el término “escasez” para referirse a este concepto, y por una muy buena razón. Y es que es muy fácil interpretar escasez como mera rareza o escasez física objetiva, cuando él quiere referirse a escasez económica utilizando muy insistentemente la expresión “relación cuantitativa” entre la cantidad necesitada y la cantidad disponible. Por tanto, fue muy previsor al no utilizar el término “escasez” para evitar confusiones.

Por cierto, no quiero dejar de subrayar que en la cantidad necesitada ya va incluida la importancia o preferencia. 

El valor, como fenómeno subjetivo, surge cuando se identifica una necesidad insatisfecha. Y lo notable es que esa necesidad no requiere que el bien que la satisface exista realmente. Basta con que el sujeto lo conciba —aunque sea vagamente— como una posibilidad. En la Edad Media, alguien podía desear un “aparato para comunicarse instantáneamente a distancia”, aunque no existiera aún el teléfono. Esa necesidad ya genera valor subjetivo: Tenemos una unidad deseada aunque sea totalmente abstracta e indeterminada (“algo que me sirva para comunicarme”), frente a cero disponibles.

Este punto es esencial: el valor no está en los bienes y existe antes que los bienes. Y eso permite entender cómo el valor impulsa la acción humana. La necesidad mueve al individuo a buscar, imaginar o crear aquello que la satisfaga. Y para ello, incluso en un proceso interno como el intercambio intrapersonal o autístico de Robinson Crusoe, se requiere una unidad que permita valorar, calcular, comparar.  Para Crusoe posiblemente la unidad más conveniente para cuantificar serán sus horas de tiempo, y aquí saludamos muy de lejos a Marx.

Pero dejemos atrás a Marx y abracemos con entusiasmo al gran Ludwig von Mises, al menos para reconocerle que señala muy acertadamente que toda acción humana implica un intercambio. Ahora bien, todo intercambio presupone valor, y el valor, a su vez, presupone unidad porque como hemos dicho antes es ineludible pensar en cantidades necesitadas y disponibles. Todos intercambiamos nuestro tiempo y recursos para intentar obtener cosas que hemos decidido que tienen valor para nosotros. Y no podemos decidir si algo tiene valor o no sin unidad que cuantifique las cantidades.

El intercambio, ya sea intrapersonal o interpersonal es un acto que busca la satisfacción de un fin o necesidad, y presupone escasez.  Nótese que la mera posesión o atesoramiento ya es en sí mismo un intercambio intrapersonal en el tiempo. Esta presunción de escasez está presente tanto en Menger como en Mises, pues este último sólo considera susceptibles de intercambio los medios, y excluye del concepto de medio aquello que no es escaso (bien no económico en los términos de Menger).

La unidad que utilizamos para llegar a la conclusión de escasez es un concepto independiente del intercambio. El desarrollo y perfeccionamiento de estas unidades, comienza como “almacenes de valor” dentro del intercambio intrapersonal en el tiempo, por ejemplo estimamos que a igualdad de capacidad nutritiva, las nueces son mejor medio de intercambio en el tiempo que las castañas, simplemente porque duran más.  Esto ya lo hacen incluso las ardillas aunque sea instintivamente, consumen los frutos menos duraderos y atesoran los más duraderos.

La causa de que se intercambien intrapersonalmente las nueces y no las castañas es la mayor estabilidad de su valor, en este caso de uso. No hay que perder de vista que la finalidad del intercambio no es otra que preservar o aumentar el valor, no intercambiar por intercambiar.

Esto se traslada exactamente igual al intercambio interpersonal, y en un proceso de descubrimiento las mercancías que tienen cualidades más aptas para el intercambio que las hacen más intercambiables o vendibles (duraderas, divisibles, homogéneas, limitadas en cantidad, etc), son relativamente más estables en su valor y por tanto más convenientes para comparar el valor que se entrega versus el que se recibe en un intercambio.  

Las cualidades de las mercancías que facilitan su más fácil intercambio (vendibilidad) bien podrían ser la causa de que el valor de sus unidades marginales sea relativamente más estable en el tiempo gracias a sus cualidades (de nuevo nueces vs. castañas).

Y por estabilidad no me estoy refiriendo a la estabilidad ya final de lo que ya es dinero, sino al concepto más básico de estabilidad que es más bien conservación del valor, o que decaiga relativamente más despacio que el de otros bienes, como el sencillo ejemplo de las nueces frente a las castañas.

En conclusión, esta mayor conveniencia como unidad de cuenta más estable, en el sentido de que intercambiarlas intra e interpersonalmente suponen un menor quebranto económico, serían la causa de utilizarla como medio de atesoramiento o posición de seguridad o liquidez.  Démonos cuenta que nuestros colchones de tesorería modernos son, en esencia, exactamente lo mismo que el stock de nueces de la ardilla, que ya es un intercambio intrapersonal en el tiempo. 

Luego, y con lógica consecuencia los distintos bienes compiten como medio de intercambio interpersonal o mercancía, y finalmente la mercancía cuyo valor es relativamente más estable que las demás, aquella que es mejor unidad de cuenta, pasa a ser dinero.

Anarcocapitalismo y los desafíos ecológicos contemporáneos (II): soluciones de mercado a la custodia del entorno

En la primera columna con la que se introdujo la presente trilogía se argumentó en favor de los mecanismos de mercado y la libre empresa para la coordinación espontánea de los procesos dinámicos de autoorganización ecológica, aportación otrora expuesta de forma magistral por los teóricos de la ecología de mercado vinculados a la Escuela Austríaca de Economía (véase Huerta de Soto 2020a para una recapitulación detallada a este respecto) y que está en perfecta consonancia con la naturaleza adaptativa y el proceso voluntario de cooperación social del libre mercado, que constituyen la manifestación más pura del capitalismo libertario.

En las líneas que prosiguen, manteniendo una unidad argumental con respecto al primero de los artículos de esta saga, se analizan sucintamente una serie de consideraciones complementarias vinculadas al seguimiento y monitorización de los factores ambientales. Se hace hincapié en cómo las innovaciones tecnológicas en relación con la custodia privada del territorio y de la flora y fauna silvestre podrían contribuir al proceso de mejora en la definición de los derechos de propiedad sobre el entorno natural a través de la creación de un constante incentivo y estímulo empresarial como el que cabría concebir bajo un modelo competitivo de mercado totalmente libre (p. ej. Esplugas 2007).

Aun bajo la premisa de que la inerradicable incertidumbre práctica inherente a los procesos de interacción dinámica y evolutiva de los sistemas ecológicos pudiese ser (al menos parcialmente) superada mediante la estimación y cuantificación de las correspondientes interacciones directas e indirectas entre factores ambientales (véase la discusión a este respecto en la primera columna de esta trilogía), todavía quedaría por resolver el diseño y optimización de las pertinentes medidas de control ambiental que, en un escenario de mercado totalmente libre de injerencia estatal, permitiese rastrear el origen de la agresión y la cadena de actos de invasión sobre la persona o la propiedad afectada, dilema que ha sido bautizado como el problema del transporte (Dolan 1990).

Esta cuestión encaja perfectamente con las limitaciones técnicas típicas de la época en la que fue formulada, en la que las herramientas numéricas de dispersión de contaminantes, por ejemplo, estaban una fase de desarrollo relativamente incipiente, en parte por las limitaciones propias de los modelos de cajas y probabilísticos Gaussianos de aquel momento (al menos en comparación con los modelos Eulerianos, matemáticamente más sofisticados, en los que existe una referencia tridimensional cartesiana fija), la escasa capacidad de cálculo de los procesadores de antaño o la carencia de datos espacialmente explícitos sobre las condiciones físicas y químicas que interfieren en el proceso de transporte de sustancias contaminantes.

El avance científico y tecnológico ha impulsado el uso de instrumentos isotópicos para vigilar la trayectoria de los contaminantes en diferentes partes de la Tierra, predecir su distribución y estimar sus consecuencias en los ecosistemas naturales, mediciones que también son susceptibles de ser empleadas para mejorar los modelos numéricos de dispersión de contaminantes antes referidos. En efecto, allende el análisis y la trazabilidad de la contaminación físico-química, el análisis de isótopos estables puede utilizarse para el estudio de niveles tróficos (incluidas las relaciones alimentarias entre especies extintas), especies invasoras, cambios sutiles en los ciclos biogeoquímicos globales, patrones de movimiento en animales o alteraciones en el ciclo hidrológico, por citar unos pocos ejemplos (véase el monográfico de West y col. 2010 para profundizar en la miríada de aplicaciones de esta tecnología en materia de control y seguimiento ambiental), lo que allana el camino a la gestión privada del entorno natural en relación con la capacidad del mercado de impulsar la compensación por daños o perjuicios a las personas o propiedades afectadas.

Por ejemplo, una entidad privada de custodia interesada en la protección y conservación de las praderas de fanerógamas marinas (incluidas como Hábitat de Interés Comunitario dentro de la Directiva Hábitats y cuyas especies de flora se encuentran recogidas en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial en virtud de lo establecido en el artículo 56 de la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad) podría estudiar la huella isotópica de δ15N y δ13C en los tejidos vegetales para asociar una fuente contaminante con una eventual daño (con o sin invasión física) causado por la dispersión de vertidos urbanos, agrícolas o salineros al medio marino (p. ej. Lepoint y col. 2004), facilitando con ello la carga apropiada de la prueba y permitiendo, así, demostrar la correspondiente cadena causal de actos de invasión sobre la propiedad de tal ecosistema marino, al objeto de que pudiesen operar los estándares jurídicos libertarios propios de un teórico orden anarcocapitalista (véanse Rothbard 1990 y 1995 para un sugerente tratamiento a este respecto).

Nótese que el autor de esta columna no está aseverando en modo alguno que el estado actual de la tecnología permitiese resolver toda conexión irrefutable entre el acusado y su agresión contra el demandante con el propósito de establecer una eventual responsabilidad más allá de cualquier duda razonable. A buen seguro que demostrar los efectos derivados de un impacto ambiental podría afrontar un problema de prueba de causación directa, en parte como consecuencia de las reacciones erráticas de los agentes contaminantes y sus dinámicas no en pocas ocasiones impredecibles. No obstante, este argumento no invalida que la aparición de un mercado libre y sin interferencia alguna del Estado en la citada esfera de la vida social se procure de «encontrar soluciones a la hora de introducir las necesarias innovaciones tecnológicas que sean precisas para la definición y defensa de derechos de propiedad en áreas en las que hasta ahora esto no ha sido posible» (Huerta de Soto 2020).

Así como los avances técnicos descritos en el anterior párrafo ilustran la potencial viabilidad a futuro de los principios de la Libertad y de las instituciones que hacen posible la regulación espontánea del mercado (por ejemplo, en relación con la invasión ilegítima o daño ambiental sobre la integridad de la tierra o propiedades muebles de otra persona y, con ello, la delimitación del grado de responsabilidad estricta del agresor en tales actos ilícitos), en el actual marco estatal en el que el medio ambiente está declarado bien público, obstaculizando o directamente imposibilitando su privatización, existe una tendencia incontrovertible a crear toda una serie de efectos distorsionadores que inducen a la destrucción del entorno (consecuencia, según Walter E. Block, del teorema de la imposibilidad del socialismo, en este caso, aplicado al monopolio estatal en materia de medio ambiente y recursos naturales).

Es más, la deforestación del bosque tropical amazónico es el prototipo de las funestas consecuencias que conlleva el intervencionismo a través de las políticas públicas sobre la protección y conservación de la naturaleza, tal y como se destila del informe ya clásico del World Resources Institute (1989) y cuyas principales conclusiones también han sido convenientemente acreditadas en estudios científicos recientes (p. ej. Skidmore y col. 2021). Así, por ejemplo, las inversiones del gobierno brasileño a través de sus programas de subsidios e incentivos fiscales sobre los ranchos ganaderos y otras actividades agropastorales, la construcción indiscriminada de carreteras federales y las cuantiosas inversiones públicas en proyectos hidroeléctricos elefantiásicos se han mostrado como la principal causa de pérdida de recursos forestales en el país.

Ulteriores intentos por corregir la situación por parte de la administración federal, y en particular los Termos de Ajustamento de Conduta (TACs, por sus siglas en portugués) aprobados en julio del año 2009 al objeto de auditar y monitorizar la deforestación ilegal y el grado de sostenibilidad de las cadenas de suministro de ganado, estaban condenados al fracaso desde el momento en que fueron originalmente concebidos, intuición que ha sido recientemente corroborada de forma empírica por West y col. (2022) en la prestigiosa revista Conservation Letters. En efecto, tras más de una década desde la promulgación de los TACs, casi un tercio de la producción agropastoral ilegal en Brasil ha sido practicada en áreas protegidas y en territorios de soberanía indígena reconocidos en el artículo 231 de la Constitución Federal, amén de las consecuencias económicas que dichas políticas han tenido sobre las ventajas monopolísticas de unas pocas compañías (p. ej. JBS, Bertin, Minerva, Marfrig), con la consecuente cartelización y restricción de la producción, como acertadamente ya había vaticinado Murray N. Rothbard en su célebre obra “Poder y Mercado”, concebida como la tercera parte de su magnum opusEl Hombre, la Economía y el Estado”. Afortunadamente se ha descubierto el porqué de este esperado fracaso.

Y es que, tal y como llevan predicando desde hace varias décadas los teóricos de la ecología de mercado, es la regulación y la agresión institucional concretada en la intervención sistemática y coactiva del Estado lo que dificulta o impide el cálculo económico racional de los agentes, en este caso, acarreando la desaparición de masas boscosas de alto valor ecológico sobre las que no se han establecido instituciones que definan, apliquen y garanticen los correspondientes derechos de propiedad, con ello impidiendo la custodia privada de reservas o la producción de atractivos espacios ecológicos salvajes.  

La pérdida mundial de vida salvaje es otro ejemplo de los perversos incentivos inexorables a la gestión pública y la ineficiencia de funcionamiento de las decisiones gubernamentales por vía estatal reglamentaria, cuyo inevitable resultado es siempre el deterioro y la sobreexplotación de los recursos naturales. Los teóricos de los fallos de mercado arguyen, no obstante, que la comercialización de la fauna y la flora silvestre es uno de los principales agentes agresores de la biodiversidad y muchos han puesto la desaparición del bisonte de las praderas del oeste de los Estados Unidos y Canadá como el principal ejemplo que avalaría su cadena de razonamiento.

No obstante, como bien ha señalado Lueck (2002), entre otros autores, el verdadero problema que causó el declive de las poblaciones de bisonte en el Nuevo Mundo consistió, precisamente, en que no existían derechos de propiedad sobre los rebaños de estos animales, de modo que los cazadores furtivos podían cazar los individuos para extraerles la piel sin tener que asumir ni ser responsable de los costes derivados de su extinción local. En las últimas décadas, resultado de la evolución en los derechos de propiedad de los bisontes americanos desde el dominio público hacia la propiedad privada, el número de cabezas ha aumentado drásticamente, sobre todo gracias al ingenio de los empresarios encargados de su gestión (muchos de ellos pertenecientes a las comunidades de las naciones tribales, como es el caso de los Rosebud Sioux en las tierra de los Sicangu Oyate en Dakota del Sur) que han facilitado la creación de un potente mercado de productos cárnicos.

De la misma manera, el pastoreo de renos en la Laponia finlandesa se ha mantenido históricamente de forma tradicional en régimen de propiedad privada, existiendo en la actualidad unos 6.700 dueños de las tierras en las que se apacentan (datos extraídos de la Reindeer Herders’ Association). Aunque en Finlandia el pastoreo de renos no es considerado fiscalmente como una actividad con ánimo de lucro y el número máximo de cabezas para un único empresario está regulado por un estricto sistema de distritos, la cabaña ganadera en el país se ha duplicado en el último siglo, de nuevo evidenciando el innegable potencial de las soluciones basadas en el mercado y en los derechos de propiedad para la gestión de la naturaleza (incluso cuando, como en el caso que nos ocupa, el mercado se encuentra fuertemente intervenido por cuotas y regulaciones).

Los críticos con la posición defendida por el autor de esta reseña contraargumentarán que tales soluciones propuestas por los teóricos de la ecología de mercado se encuentran circunscritas a aquellas especies para las que exista una posibilidad explícita de aprovechamiento por parte de la industria alimentaria. Sin embargo, y reivindicando la sabiduría popular del refranero patrio, “dato mata relato”, como corrobora la recuperación de las poblaciones de aligátores en los Estados Unidos, particularmente en Luisiana, Florida y Texas. Y es que estos reptiles habían sido llevados casi a la extinción después de décadas sufriendo los efectos de la caza furtiva y la sobreexplotación (en Luisiana, por ejemplo, el tamaño poblacional de este saurio no superaba los 100.000 ejemplares vivos en los años 50 del pasado siglo).

Tras la aprobación de licencias para el establecimiento de criaderos privados a partir de 1989, la implementación de nuevos proyectos empresariales impulsados por la fuerza mercantil ha multiplicado sus efectivos poblacionales, un crecimiento que ha permitido reclasificar su estado de riesgo y que ha sido consecuencia directa del comercio y la creación de ranchos privados destinados al aprovechamiento turístico, recreativo y cinegético. Estas actividades económicas, además, aportan cuantiosos ingresos estables y son una importante fuente de puestos de trabajo, contribuyendo al desarrollo local de las comunidades en las que se emplazan: solamente en el Estado de Florida los beneficios de estos ranchos y criaderos ascienden a 14 millones de dólares al año (estimación realizada por Harry J. Dutton, Jefe de la Comisión para la Conservación de la Vida Salvaje en Florida).

En suma, la experiencia de los bisontes americanos demuestra hasta qué punto la incapacidad de establecer derechos de propiedad privada sobre la vida salvaje puede contribuir a la desaparición de especies, uno de los más notables desafíos ecológicos contemporáneos, mientras que las estrategias de conservación privada de sus poblaciones, como la cría de renos en Laponia o los ranchos de aligátores en las regiones meridionales de Estados Unidos, ponen de manifiesto cómo se puede subvertir el típico efecto de la tragedia de los bienes comunales a través del ímpetu y la fuerza impulsora del libre mercado y el cálculo económico racional.

¡Imagine el lector cuánto se podría avanzar en la resolución efectiva de estos retos ambientales bajo un Orden Natural basado en la Libertad y en la propiedad privada y en el que el diseño institucional impulsase el florecimiento de los incentivos inherentes a la custodia privada y a todo mercado libre de injerencia estatal!

Se ruega a los amables lectores que compartan con el autor cualesquiera críticas o apreciaciones sobre este manuscrito a través de la siguiente vía de contacto institucional: jogarg@unileon.es

Referencias útiles para profundizar en los aspectos tratados en la reseña

  • Anderson, T. L. y Leal, D. R. (1993). Ecología de Mercado. Unión Editorial, Madrid: España.
  • Block, W. E. (1990). “Environmental Problems, Private Property Right Solutions”, en Block, W. E. (ed.) Economics and the Environment: A Reconciliation (pp. 281-332), The Fraiser Institute, Vancouver: Canadá.
  • Dolan, E. G. (1990). “Controlling Acid Rain”, en Block, W. E. (ed.) Economics and the Environment: A Reconciliation (pp. 215-232), The Fraiser Institute, Vancouver: Canadá.
  • Esplugas, A. (2007). Libertad sin estado: ¿es factible el anarcocapitalismo? Procesos de Mercado: Revista Europea de Economía Política, 4(2): 205-253.
  • Gibbs, H. K., Munger, J., L’Roe, J., Barreto, P., Pereira, R., Christie, M., Amaral, T. y Walker, N. F. (2016). Did ranchers and slaughterhouses respond to zero-deforestation agreements in the Brazilian Amazon? Conservation Letters, 9, 32-42.
  • Hoppe, H.-H. (2004). Monarquía, Democracia y Orden Natural. Unión Editorial, Madrid: España.
  • Huerta de Soto, J. (2020). “Ecología de Mercado” en Estudios de Economía Política (pp. 217-228). Tercera Edición. Unión Editorial, Madrid: España.
  • Katz, M. (1969). The Function of Tort Liability in Technological Assessment. University of Cincinnati Law Review, 38: 587-662.
  • Lepoint, G., Dauby, P. y Gobert, S. (2004). Applications of C and N stable isotopes to ecological and environmental studies in seagrass ecosystems. Marine Pollution Bulletin, 49(11-12): 887-891.
  • Lueck, D. (2002). The Extermination and Conservation of the Bison. The Journal of Legal Studies, 31(2): 609-652.
  • Repetto, R. (1988). The Forest for the Trees? Government Policies and the Misuse of Forest Resources. World Resources Institute, Washington D.C.: Estados Unidos.
  • Rothbard, M. N. (1990). “Law, Property Rights, and Air Pollution”, en Block, W. E. (ed.) Economics and the Environment: A Reconciliation (pp. 233-279), The Fraiser Institute, Vancouver: Canadá.
  • Rothbard, M. N. (1995). La Ética de la Libertad. Unión Editorial, Madrid: España.
  • Rothbard, M. N. (2015). Poder y Mercado: El Gobierno y la Economía. Unión Editorial, Madrid: España.
  • Skidmore, M. E., Moffette, F., Rausch, L., Christie, M., Munger, J. y Gibbs, H. K. (2021). Cattle ranchers and deforestation in the Brazilian Amazon: Production, location, and policies. Global Environmental Change, 68: 102280.
  • West, J. B., Bowen, G. J., Dawson, T. E. y Tu, K. P. (2010). Isoscapes: Understanding movement, pattern, and process on Earth through isotope marking. Springer, Dordrecht: Países Bajos.
  • West, T. A. P., Rausch, L., Munger, J. y Gibbs, H. K. (2022). Protected areas still used to produce Brazil’s cattle. Conservation Letters, 15(6): e12916.

El siempre dinámico mercado del vino

El otro día pensaba que resulta muy curioso que, en los años que llevo escribiendo esta columna, y sobre todo cuando he tratado la temática de mercado, nunca se me hubiera ocurrido mezclar mis dos principales aficiones en un solo artículo: la economía y el vino. Es por ello por lo que, durante la pasada semana, y pensando en temáticas para este artículo, se me ocurrió dedicarle un monográfico al mercado del vino, sobre el cual afectan multitud de factores y que es de una complejidad muy superior a la que muchos lectores pudieran imaginar. Así que, ya saben, descorchen una buena botella y disfruten de esta columna.

Cuando hablamos del mercado del vino hablamos de un mercado dinámico y globalizado al extremo que abarca múltiples dimensiones, desde la producción agrícola hasta la distribución y comercialización a nivel internacional, formando complejísimas cadenas de valor sobre las que intervienen centenares de actores diferentes. Además, estas cadenas de valor han sido continuamente cambiantes, influenciadas por la tradición histórica, los avances tecnológicos, los cambios socioeconómicos que afectan a los patrones de demanda y una variante interconexión entre mercados, muchas veces afectada por las múltiples regulaciones estatales; por mencionar solo algunos factores.

Aunque este es un mercado que sigo bastante de cerca desde hace algunos años por mi afición a la enología, no fue hasta la lectura del libro Wine Economics (2020)del economista y sommelier Stefano Castriota, cuando fui plenamente consciente de la relevancia de la ciencia económica para explicar las dinámicas de precios del vino, la regulación del sector y las tendencias futuras que marcarán su evolución. Además, lo más sorprendente es el hecho de que, aunque estas dinámicas se hallen en permanente evolución, durante la historia siempre han afectado de una manera u otra al mercado del vino.

No hace falta decir que, aunque la producción y consumo de vino han sido históricamente fundamentales en diversas civilizaciones y han desempeñado un papel clave en la cultura, la economía y la gastronomía (que incluye a las dos anteriores), en el siglo XXI el mercado del vino enfrenta desafíos como nunca antes. Los principales retos se hallan por el lado de la producción a causa de fenómenos como los constantes cambios en las condiciones climáticas, los vaivenes en las condiciones de comercio internacional o las regulaciones a nivel nacional, lo que está obligando a los productores a adaptarse a unas nuevas condiciones de mercado que estrechan aún más unos márgenes de beneficio ya de por si exiguos, poniendo en riesgo toda la industria del vino.

Si bien es cierto, no todo son sombras, ya que, paralelamente, a lo largo de la última década hemos observado una creciente sofisticación de los más asiduos consumidores de vino (intercambiando cantidad por calidad, con lo que ello conlleva en precio medio de consumo) y un desarrollo del comercio electrónico que ha permitido a las más pequeñas distribuidoras hacerse un hueco en el mercado y poder competir con las grandes en segmentos especializados (díganmelo a mí, que uno de mis nuevos vinos favoritos es un vino croata, Kaamen II, de Vinas Mora, actualmente agotado en prácticamente todas las principales distribuidoras de España).

Pero, ¿tanto ha cambiado la producción, consumo y distribución en el mercado del vino en los últimos años para que donde antes no encontrábamos ni un vinho verde portugués ahora tengamos acceso a vinos de cualquier país del mundo?

La naturaleza es la que es, y la producción de vino a nivel mundial sigue estando altamente concentrada en determinados países con las condiciones climáticas más propicias para el cultivo de la vid. En lo que a producción por volumen se refiere, Europa sigue liderando, con Francia, Italia y España a la cabeza, aunque en los últimos años se ha incrementado notablemente la producción en países que, durante el siglo XX, ya venían desarrollando una cierta tradición vinícola como son Estados Unidos, Argentina, Chile, Sudáfrica o Australia, por nombrar algunos. Además, han surgido nuevos actores que están haciendo las cosas muy bien en el mercado del vino como la ya mencionada Croacia, Ucrania, Montenegro, México, etc., solo por nombrar algunos.

Pero, como es bien sabido, la producción vinícola no depende solo de la ubicación geográfica, sino también de la interacción de factores ambientales, tecnológicos, de gestión, etc. Las temperaturas, la altitud y la composición del suelo son algunos factores que influyen directamente en la calidad del vino, y muchas veces son cambiantes dentro de un mismo país. Por poner un ejemplo de carácter nacional, la albariza de Jerez y los suelos volcánicos de La Palma confieren características muy diferentes a los vinos que se producen en cada región.

Sin embargo, aunque la naturaleza siga siendo el factor predominante a la hora de determinar las dinámicas de producción del vino, el desarrollo tecnológico ha permitido aprender cada vez más de ella y adaptar la producción con mucha mayor facilidad. Por poner un ejemplo, muchas bodegas de gran tamaño utilizan hoy en día drones y sensores inteligentes para monitorear constantemente la salud de los viñedos y sus necesidades hídricas, así como en bodega se emplean con mayor frecuencia protocolos automatizados de fermentación controlada (independientemente de lo que yo opine de esto) para estabilizar los vinos y garantizar una mayor “consistencia” del vino -principalmente en bodegas de carácter industrial-.

Por otro lado, la regulación sigue siendo un factor determinante en lo que respecta a la producción y consumo de vino. Sin ir más lejos, en la Unión Europea se imponen restricciones a la plantación de viñedos para evitar sobreproducción y regular así de manera “forzada” los precios de la uva. Por otro lado, en países como EEUU y Australia, las regulaciones son mucho más flexibles, lo que ha ayudado a una ampliación mucho más rápida del sector en los últimos años. Aquí también entraría el factor del rol que juegan las denominaciones de origen en los países y sus pros y contras, pero al tratarse de un tema tan extenso y específico le podríamos incluso dedicar un artículo aparte.

En lo que se refiere a la demanda o consumo de vino, como comentaba con anterioridad, este ha experimentado cambios significativos en las últimas décadas, con una disminución de demanda por parte de los mercados tradicionales europeos y un incremento de la exportación a mercados emergentes como China, India o Brasil. Esta transformación no corresponde solamente a factores económicos como un incremento de la renta disponible per cápita en estos países, sino asimismo a transformaciones culturales y sociales, con una tendencia en algunos países emergentes por parte de las clases más pudientes a un mayor consumo de vinos de calidad superior, con consumidores dispuestos a pagar más por etiquetas de renombre.

Aunque una columna se quede corta para tratar este tema (y es que necesitaríamos casi un libro entero para poder explicar mínimamente bien el funcionamiento del mercado del vino y sus múltiples aristas), si hay algo claro es que este mercado sigue evolucionando en un entorno de constante cambio. La combinación de tradición e innovación serán clave para enfrentar los desafíos descritos y poder aprovechar las oportunidades que surgen, sobre todo desde los países emergentes.

Más allá de las tendencias de consumo y producción; la regulación, la digitalización y el enfoque de la sostenibilidad están ya desempeñando un papel fundamental en la configuración del futuro de la industria vinícola. En este sentido, las bodegas, distribuidoras, tiendas especializadas, etc., deberán continuar adaptándose a las nuevas tendencias para mantenerse competitivos en un mercado cada vez más exigente y diversificado.

Stablecoins: el momento Whatsapp del dinero

El otro día pasé por una experiencia curiosa: le tuve que explicar a un adolescente de quince años que, antes de la conexión telefónica de datos, los mensajes de texto entre móviles costaban dinero. El SMS no usa internet para realizar su función. Utiliza el canal de señalización de la red para transmitir datos. Por lo tanto, todo el sistema se basaba en la infraestructura de las operadoras de telefonía, que aprovecharon todos los que pudieron ese foso defensivo.

Esto terminó con la generalización de la conexión de datos de los smartphones. Una vez conectado a internet, cualquier servidor podía operar como intermediario en la mensajería. WhatsApp tuvo la brillante idea de reutilizar el número de teléfono móvil como dirección del destinatario, y los mensajes instantáneos y gratuitos llegaron al gran público.

El cambio no solo afectó a su precio. La mensajería a través de aplicaciones móviles permite dos cosas importantes: encriptación de extremo a extremo y capacidad de llegar a cualquier dispositivo conectado esté donde esté. Son dos características que no les hacen mucha gracia a los estados, pero que hoy en día no han sabido evitar.

El paralelismo con las transacciones de dinero es obvio. En el ámbito de los pagos, seguimos viviendo en la era del SMS. Cualquier transacción online se debe realizar a través de la infraestructura de pago de los bancos. Y ellos aprovechan esto, al igual que las operadoras aprovecharon el SMS.

Pero hay un problema mayor. Las operadoras telefónicas simplemente tenían que transmitir los datos que componen el SMS al receptor. Si este es de la misma operadora o de otra, no era mayor problema siempre que siguieran el estándar. Y si el número no pertenecía a una red válida, se aborta el proceso. El contenido del mensaje les daba igual.

Las transacciones de dinero bancario no son un intercambio tan simple. Cuando A quiere pagar a B, en realidad está traspasando una parte del saldo acreedor que A tiene con su banco Y al saldo acreedor que B tiene con su banco X. Por lo tanto, a los bancos les tiene que interesar realizar la transacción. Y muchas veces no les interesa.

Ya sea porque los bancos están en sistemas de compensación de pagos distintos, ya sea por las políticas antiblaqueo que el departamento de compliance ha decidido implementar, los pagos con dinero bancario pueden ser imposibles de realizar. Por lo que un WhatsApp de pagos no solo los abarataría, sino que abriría un universo de posibilidades que ahora nos están vetadas.

Esa es la tesis que defiende Chris Dixon en su cuenta de X:

El momento WhatsApp para el dinero

Las stablecoins son nuestra primera oportunidad real de hacer por el dinero lo que el correo electrónico hizo por la comunicación: hacerla abierta, instantánea y sin fronteras.

Pensemos en la evolución de los mensajes de texto. Antes de aplicaciones como WhatsApp, enviar un mensaje de texto a través de las fronteras significaba pagar 30 céntimos por mensaje. Incluso entonces, tenías suerte si llegaba a su destino. Luego llegó la mensajería nativa de Internet: instantánea, global y gratuita. Los pagos están ahora donde estaba la mensajería en 2008: Fragmentada por las fronteras. Cargados de intermediarios. Cerrados a cal y canto.

Las stablecoins ofrecen una alternativa limpia. En lugar de unir sistemas torpes, costosos y obsoletos, las stablecoins fluyen sin problemas sobre blockchains globales. Estos sistemas son programables, componibles y están diseñados para escalar más allá de las fronteras. Las stablecoins ya están reduciendo el coste de las remesas: Enviar 200 dólares de EE.UU. a Colombia por métodos tradicionales cuesta 12,13 dólares; con stablecoins, 0,01 dólares. (Las comisiones para convertir de stablecoins a monedas locales pueden oscilar entre un 5% y un 0%, y los precios siguen bajando debido a la competencia).

Al igual que WhatsApp trastornó las costosas llamadas telefónicas internacionales, los pagos con blockchain y las stablecoins están transformando las transferencias mundiales de dinero.

Suena convincente. Aunque no dejan de ser los mismos argumentos que se llevan utilizando 15 años para defender que Bitcoin podría sustituir al dinero fíat en los pagos por internet. ¿Por qué las stablecoins sí tendrían éxito en esta empresa? La clave está en la regulación.

Por desgracia, nuestro dinero dejó de ser nuestro mucho antes de la aparición de Bitcoin. La transición de los SMS a WhatsApp fue sencilla porque la materia prima (los mensajes) siempre estuvo en posesión del usuario. Para transmitir dinero primero necesitas acceder a él, y ese acceso siempre ha sido complicado cuando su fin era comprar Bitcoin, porque como hemos visto anteriormente, tu banco tiene voz y voto respecto con quién haces transacciones.

Pero las stablecoins tienen una ventaja regulatoria clara. Los Estados (concretamente la nueva administración de EE. UU.) no las ven con malos ojos. No dejan de ser una forma de colocar su deuda, y su control a través de grandes empresas es factible. Así que pueden dejar operar al mercado y ver qué pasa.

A muchos bitcoiners no les gusta esto. A mí tampoco me entusiasma. Pero creo que se abre un nuevo escenario donde la libertad puede ganar la partida.

Si pudiéramos volver 15 años al pasado y enseñarles a nuestros gobernantes Telegram o Signal, que a nadie le quepa la menor duda de que esas aplicaciones no existirían hoy en día. El hecho de que la tecnología fuera conocida no permitió a nuestros burócratas anticipar las consecuencias de su uso masivo.

Así que es posible que estemos ante el primer paso que permita que, algún día, un chaval de 15 años nos mire cara de perplejidad cuando le expliquemos que había pedir permiso a un banco para gastar tu dinero por internet.