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Yo, El Consenso

Parece poco creíble que una venerable institución científica arremeta contra la posibilidad misma de que se anime el debate en torno a, digamos, la teoría de las supercuerdas. Aunque Brian Green y otros hayan intentado ponerla a pie de calle, sigue resultando un misterio del que se desvelan pocas aplicaciones mundanas. Así que, al margen de un presupuesto abultado para que siga su curso en la academia, poco más. Sospecho que tal teoría (fascinante, densa y, dicen algunos, poco científica) no tiene un interés inmediato para nuestros políticos, así, al menos de momento, no necesita de un comisario que separe el grano de la verdad de la paja del engaño, ni en lo que concierne a su repercusión mediática ni, fundamentalmente, para preparar la divulgación y el contraste de hipótesis, mecanismo que hasta la llegada de El Consenso parecía uno de los principios básicos en el funcionamiento de la ciencia, de cualquier ciencia.

Ante la inminente publicación del Cuarto Informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, en sus siglas inglesas), que se publicará en febrero del año próximo, hay señales inquietantes de que El Consenso viene arramblando con los escépticos para así acaparar codiciosamente la atención de los medios mayoritariamente afines e insistir en el Mensaje, a saber, que el homo sapiens es el principal responsable del cambio climático por su irresponsable abuso de los gases satánicos. Puntos suspensivos.

Ya en abril de 2005, la venerabilísima The Royal Society, a través de su vicepresidente, envió cartas a periodistas británicos en las que solicitaba a los destinatarios que estuvieran “vigilantes frente a los intentos [por parte de los escépticos] de distorsionar la evidencia científica sobre el cambio climático y su efecto potencial sobre la gente y el medio ambiente en el mundo.”.

A principios de septiembre de este año la misma institución, por boca de un destacado miembro de su staff, ha conminado a Nick Thomas, director de Esso UK (ExxonMobil), para que la sucursal del gigante americano deje de financiar a aquellas organizaciones o individuos que a juicio de la Royal “han estando desinformando al público sobre la ciencia del cambio climático”. Bob Ward, que así se llama el miembro de la Royal, advierte a Mr. Thomas de que ha realizado una revisión “ad hoc” de las páginas web de aquellas organizaciones que figuran en el en el 2005 Worldwide Giving Report de la empresa energética, encontrando que 25 de ellas “ofrecen visiones que son consistentes con la literatura científica” y que, sin embargo, 39 presentan “información que desfigura la ciencia del cambio climático, bien por flagrante negación de la evidencia de que los gases de efecto invernadero están provocando el cambio climático, bien por sobreestimar la cantidad y el significado de la incertidumbre en el conocimiento […] del impacto potencial [del hombre en dicho cambio]”. Más aún, dado que el citado documento sólo figuran organizaciones estadounidenses Mr. Ward solicita la relación completa de los grupos a los que ExxonMobil ha estado dando soporte en Europa, para poder seguir repartiendo credenciales de honorabilidad, ahora en el anquilosado continente. Acabáramos.

Naturalmente en la carta de marras no hay ni una palabra de autocrítica ni una mención a las millonarias donaciones que reciben los grupos defensores de El Consenso, coartada científica indispensable para sacar adelante el protocolo de Kyoto. A decir verdad estos grupos reciben cantidades que convierten en calderilla los fondos que reciben las organizaciones señaladas por Mr. Ward.

Resulta descorazonador que la organización científica más antigua del mundo recomiende la censura para poner fin a un debate científico o que determine quienes puedes ser interlocutores en dicho debate. Hay que recordar que las polémicas suscitadas sobre los diversos aspectos que toca la ciencia del cambio climático (deshielo, huracanes, efectos sobre la biodiversidad, la acidificación de los océanos, etc) no se dan necesariamente sobre los datos aportados, hay vida más allá de la controvertida gráfica del “palo de hockey”. Es decir, el IPCC y los informes que le han seguido en estos cinco años, no sólo aportan datos sino también interpretaciones. Asumiendo la validez de los datos (véase el reciente ejemplo de la “convergencia” en la medida de las temperaturas de la superficie y las de la troposfera), son las interpretaciones de los mismos las que en no pocas ocasiones se ponen en evidencia. Porque, no hay que olvidar, pese a que Mr. Ward no lo menciona, que el IPCC también se compone de valoraciones cualitativas. El famoso “probable” que acompaña a no pocas conclusiones volcadas en los resúmenes ejecutivos de último informe del IPCC se traduce en que existe, por lo menos, un 33% de incertidumbre y por lo tanto de debate abierto a la interpretación cabal de los resultados.

En fin, la censura grosera que preconiza la Royal Society es lamentable, muy particularmente en un tema, el del alegado cambio climático, cuyas implicaciones económico-políticas podemos comenzar a pagar todos muy pronto.

Por terminar, y a modo de ejemplo “seminal”, recordemos el tristísimo caso de Bjon Lomborg, que al menos sirvió para que su libro, “El ecologista escéptico” recibiera la atención que merecía, polémica aparte.

¿Qué es el objetivismo de Ayn Rand?

Últimamente se oye hablar en círculos liberales españoles de cierta corriente liberal prácticamente desconocida hasta ahora por el público nacional. Se trata del objetivismo, la filosofía creada por la escritora norteamericana de origen ruso Ayn Rand.

Aunque las novelas de Rand aparecieron en España por primera vez hace décadas y actualmente la editorial argentina Grito Sagrado está publicando traducciones mejoradas, los ensayos de Rand sobre política, filosofía y epistemología son prácticamente desconocidos en nuestro país.

No es de extrañar, entonces, que de lo poco que se oye, bastante vaya desencaminado.

Empecemos por ver como es el objetivismo a ojos de la propia Rand. Una vez, alguien le preguntó si podía definirlo mientras se sostenía sobre una sola pierna, se lo pensó un rato y respondió: “Metafísica: Realidad objetiva. Epistemología: Razón. Ética: Interés propio. Política: Capitalismo.”

Metafísica: Realidad objetiva. Es decir, la realidad es la que es, “A es A” que solía decir ella citando a Aristóteles. No vivimos en un submundo en el que las cosas son sólo los reflejos borrosos de otro mundo perfecto. Vivimos en una realidad objetiva por cuanto su existencia es independiente de nuestra percepción. De ahí se deriva el nombre del movimiento que ella creó.

Epistemología: Razón. La forma de desenvolvernos en esta realidad no puede ser otra que la razón. Es decir, la capacidad mental de cada uno para entender el mundo del que forma parte. Nada de “esto es así porque lo dice el experto Pepito” o “es así porque lo siento así y no me pidas que te lo explique”.

Ética: Interés propio. Este es uno de los puntos más simples y, sin embargo más polémicos y peor comprendidos de Rand. Ella defendió a capa y espada el “egoísmo” frente al “altruismo”. El primero lo entendía como un sano amor propio. Quien no se ama a sí mismo no puede amar al prójimo. No vas a limpiar a nadie si tus manos están sucias ni a desinfectarle si no te has desinfectado primero. Por tanto, el egoísmo objetivista es el que venera la autonomía de cada ego, “el sagrado umbral”; y así el egoísta objetivista se relacionará con otras personas sólo cuando haya un estricto respeto de las mutuas voluntades.

Para Rand no es ninguna virtud sino una aberración el aceptar culpas inmerecidas, cargando con las cruces ajenas, sacrificándose por los demás. A esto lo llamó altruismo. Es, además, el precipicio por el que se cae en el totalitarismo y en todo tipo de abusos contra la dignidad humana.

Política: Capitalismo. Rand, a diferencia de casi todos los defensores del liberalismo social, político y económico jamás defendió el capitalismo por su apabullante superioridad productiva sino por ser la consecuencia lógica al estricto respeto de las mutuas voluntades. Al Estado no le hace ninguna falta cortarse un pelo a la hora de imponernos obligaciones y entregarnos servicios prescindiendo de nuestra voluntad, pero nadie en un mercado libre puede permitirse tamaña arrogancia.

Por supuesto, hay mucho más, pero estos son los pilares sobre los que se asienta el objetivismo. Debemos tener presente, que hoy en día, el objetivismo no es, como se insinúa a veces, un despreciable culto sectario encerrado en sí mismo, sino una corriente del liberalismo que ha influenciado y sigue influenciando a otras. Es por tanto, un punto de referencia imprescindible para contemplar lo que hoy se entiende por liberalismo y lo que podrá ser el liberalismo de mañana.

Para saber más

El gran golpe

Por otra parte, uno de los enemigos de Acciona, ACS (cuyos presidentes además no se llevan muy bien) prepara por su camino la fusión Iberdrola-Unión Fenosa que crearía la eléctrica más grande de España con un valor de mercado de 42.400 millones de euros, curiosamente la operación está financiada por el enemigo del que financia Acciona, es decir, el BBVA. Por el momento ACS niega querer hacer la fusión, pero el mercado no le cree. En todo esto sale el presidente de E.On y, el no va más, ofrece por Endesa un precio de 35 euros por acción frente a los 27,5 euros de la semana pasada. Los analistas están atónitos, muchos no encuentras sentido que una constructora quiera hacerse con una eléctrica (aunque desde hace tiempo ha sido la intención de estas, y también suspiran por las telecos), a otros la medida les ha parecido precipitada, otros dicen que es una operación rápida, otros una intromisión más del gobierno de ZP… Mientras tanto, Manuel Pizarro, presidente de Endesa, no dice ni “mu”.

¿Y el gobierno de ZP qué dice? Que él no tiene nada que ver. A Zapatero no se lo creen en Alemania ni aquí. Los rotativos alemanes dan por sentado que la operación de Acciona ha sido un montaje del equipo de ZP, pero ¿es cierto? Para ver si el gobierno ha tenido algo que ver nos tenemos que ir a febrero de este año. Miguel Sebastián, aquel director de la Oficina Económica de la Presidencia del Gobierno que se creía liberal, se reunía con las constructoras para plantearles un “frente anti-E.On”. La escogida iba a ser Acciona (Ferrovial y FCC también querían participar). Al final los acontecimientos siguieron por otros lares, se impuso La Caixa que actuaría a través de Gas Natural. Acciona, que no sabía nada de energía, se tuvo que quedar en el banquillo. Ahora que Gas Natural y con ella La Caixa están totalmente fuera de juego, Acciona (con el evidente consentimiento del gobierno) ha visto su oportunidad. Recordemos que Acciona está dominada por la familia Entrecanales muy cercana al entramado PSOE-PRISA. Además, hemos visto que la financiación de Acciona ha venido por parte del Grupo Santander que se mete en todos los grandes fregaos del PSOE. Por el contrario, el BBVA, no sólo enemigo del Santander, sino también del PSOE, ha dicho que el precio que ha pagado Acciona no tiene sentido por el momento.

Lo que ha hecho el grupo de ZP no es poner a amigos como los gobiernos anteriores, sino creárselos dentro de las empresas y usarlos según sus intereses para evitar conflictos. De esta forma también ha creado “enemigos” empresariales que han de ser eliminados. Las mejores muestras, Manuel Pizarro, presidente de Endesa, y Francisco González, presidente del BBVA. La primera parte, la creación de amigos, ya está lista. Lo que ahora, y en los próximos años asistiremos, es a la segunda parte del plan: echar a los “enemigos” para tener toda la España empresarial controlada. Parece buena idea, pero aliarse con grandes empresarios a veces es peligroso, el caso Alierta con sus continuas reestructuraciones en el consejo de Telefónica son una buena muestra.

El proceso parece una película de intriga, pero cuando todo parecía perdido para ZP, el gobierno ha sabido prepararlo todo para que con un simple movimiento se reactivara toda la maquinaria anti-E.On. Realmente, no sólo ha sido un gran golpe político-empresarial, sino también, un golpe maestro, pero al final no parece que les vaya a ir muy bien a los socialistas ya que E.On se ha mostrado más listo aún.

De no ser por el último movimiento de E.On la ilegalidad que ha decretado la CE sobre los puntos de la CNE no son más que papel mojado. Además el PP, que tampoco se está enterando de nada, va a tener que callar porque esta sí que es una operación de mercado. Eso sí, una operación desvirtuada de tal forma y con tantos líos de “poder” que sólo lo es en su superficie; si rascamos vemos intereses políticos de todo tipo.

¿Y cómo acabará la OPA de Endesa? E.On ha elevando el precio de la OPA a 35 euros, pero cuidado que no está en firme, el gobierno lo ha de aprobar, y E.On se puede desdecir en cualquier momento. Así y todo, la alemana sigue siendo la reina del baile. Si el gobierno rechaza el precio de E.On quedará en ridículo y haría un traje a su amigo Acciona. ZP vuelve a estar entre la espada y la pared. Pero no crea que después de todo este jaleo nada volverá a ser normal. Aún nos queda una larga temporada de OPAs y fusiones. Iberdrola sigue estando en el punto de mira de Enel ya que ACS sólo ha conseguido un 6,5% de Iberdrola y no el 10% como tenía pensado. Enel podría lanzar un ataque inmediato, además quedan bailando Repsol y Gas Natural que La Caixa aún no tiene muy claro qué hacer con ellas.

Y una última reflexión. ¿Es este el boom de las eléctricas? Todos los analistas y políticos dicen que estos movimientos demuestran la fuerza del mercado español. Mucho me temo que no sea así. Lo que esto demuestra es que la interferencia gubernamental puede haber creado un boom que tiene pinta de acabar mal. Los excesos se pagan, el tiempo dirá.

La cultura de la queja, o como los progres castigan a sus adversarios

Hayek fue antisemita aunque él nunca lo supiera. Así lo revela Melvin W. Reder en The Anti-Semitism of Some Eminent Economists (HOPE, 32:4), donde también incluye a Keynes y Schumpeter en la vil nómina judeófoba.

Las evidencias van del apelativo "chico judío" de Keynes referido a un compañero de cama, hasta este comentario también keynesiano sobre las diferencias entre Oriente y Occidente: "Los judíos, como pueblo oriental que debido a instintos profundamente asentados son antagónicos y por ende repulsivos al europeo, no pueden ser asimilados a la civilización europea más de lo que a un gato se le puede hacer amar a un perro". Cuidado con decir que alguien es alto, negro, musulmán, pelirroja, etc. o serán acusados de intolerantes, racistas o cosas aún peores, por muy bien que lo hayan pasado la noche anterior. La segunda cita sí cae dentro del antisemitismo, aunque Reder disculpa a Keynes debido a que por aquel entonces el antisemitismo difuso era común en la clase acomodada británica (Orwell, dixit, 1945).

El caso de Hayek es más complejo. Así, los reiterados elogios del austriaco a los intelectuales judíos por haber superado las trabas de la discriminación no anulan su antisemitismo inconsciente: en Viena había "judíos puros" con los que gente como él no se mezclaba al "estar más allá de su círculo". Además, hablar del antisemitismo dirigido contra los inmigrantes judíos procedentes de la Rusia rural, cuya apariencia y costumbres sobresalían y chocaban a una gran parte de la población oriunda de la capital austriaca, también es altamente sospechoso. Poco importa que este hecho haya sido validado por multitud de historiadores tanto judíos como gentiles. En Hayek, Reder intuye intenciones singularmente aviesas.

Otra muestra de la fobia del liberal es la queja de que en su grupo de amigos, todos judíos, él era el único al que no se le permitía hacer comentarios tales como "fulano tiene acento". La conclusión es que Hayek tenía opiniones "claramente adversas a los judíos". Por si esto no fuera poco, contamos con su versión judeófoba del veto sufrido por Mises en la universidad, que no se debió a su condición de judío –"la mitad del claustro de Derecho lo era"– sino a que la mayoría de esos profesores era socialista.

Lo que de verdad molesta a Reder no es el prejuicio, sino que Hayek osara sugerir que los socialistas anteponen ideología a rigor académico. Una afirmación así merece un castigo ejemplar, y nada peor que el estigma del antisemitismo. Las consecuencias prácticas de esto son evidentes: si alguna vez fueran conminados a abandonar algún garito de Chueca porque alguien detectase que ustedes "no entienden", no se les ocurra contarlo, so homófobos. Y si les molesta que sus amigas se rían de otras mujeres, pero que no le permitan hacer lo mismo, a callar, cerdos machistas. Y nunca digan que alguien de izquierdas es capaz de cometer alguna iniquidad, pues entonces serán arrojados a los fuegos del infierno.

Tales disparates fueron respondidos por Ronald Hamowy (HOPE 34:1, 255-260), para quien la acusación de antisemitismo es simplemente "perversa" y las citas de Reder inservibles. En todo caso demostrarían filosemitismo, como atestiguan los numerosos comentarios de agradecimiento y consideración que Hayek dedicó a Mises. En resumen "los comentarios del profesor Reder son un insulto tanto a Hayek como a todos los judíos que como yo trabajamos junto y para él, y deberían ser rechazados como las opiniones un tanto infectas de alguien que pretende encontrar malevolencia donde no la hay". El aludido apeló a la ambivalencia del término antisemita para no entrar en la cuestión.

Funnily enough, tras un largo debate la lista de distribución electrónica de HOPE llegó a la conclusión de que no había fundamentos para acusar a Hayek de antisemitismo. Posteriormente se organizó un simposium sobre prejuicios y pensamiento económico. Como epílogo a esta historia con final feliz permítanme concluir reproduciendo los títulos de los papers presentados:

"More Merciful and Not Less Effective": Eugenics and American Economics in the Progressive Era [versión académica del comentario de Manuel Llamas del 20 de septiembre]; Race, Intellectual History, and American Economics: A Prolegomenon to the Past [también referido a la era progresista]; Who Are the Canters?" The Coalition of Evangelical-Economic Egalitarians [sobre los levellers y otras sectas socialistas]; Anti-Semitism in Anti-economics [Marx, Toussenel, Dühring y otros socialistas y nacionalistas del móntón].

En definitiva, el que fue por lana salió trasquilado.

La palanca migratoria

La existencia de una cierta migración es un fenómeno que no debería sorprender a casi nadie. Que la gente quiera trasladarse desde las zonas menos prósperas a las más ricas tiene bastante de lógico. Sin embargo, junto con las ventajas económicas consustanciales al desplazamiento, el inmigrante tiene que confrontar el desarraigo de su entorno social, su cultura y su modo de vida. O dicho de otro modo: cabe esperar una cierta resistencia por parte de los inmigrantes a abandonar su lugar de origen, máxime si dicho lugar no es excesivamente pobre o, en especial, si las inversiones pueden afluir libremente a él.

La ciencia económica sabe perfectamente que existe una tendencia a que los trabajadores vayan allí donde los salarios están más altos, o bien a que el capital acuda allí donde los salarios son más bajos. En el primer caso, el mayor número de trabajadores reducirá los salarios; en el segundo, la mayor inversión los incrementará.

Este aumento de salarios en las zonas pobres derivado de la inversión procedente de las zonas ricas (lo que los progres tildan hoy de deslocalización) reduce aun más el incentivo para marcharse de unas zonas cada vez menos pobres.

En la actualidad podemos observar que la contención de la migración hacia Occidente funciona en lo relativo a los trabajadores asiáticos, pero parece carecer de la más completa influencia con respecto a los africanos. Con la irrupción del pánico social derivado de la "invasión africana", los políticos han adoptado, como de costumbre, la más irresponsable de entre las opciones disponibles: atacar los síntomas y no las causas y criminalizar a los africanos.

Ya vimos en otros artículos que la causa última de la pobreza en África es la falta absoluta de respeto a la propiedad privada por parte de sus gobiernos tiránicos. Allí donde el ser humano no sea libre de contratar y gestionar sus dominios libremente, nadie estará dispuesto a realizar cuantiosas inversiones que mejoren la vida de los consumidores, trabajadores y accionistas.

Los estados occidentales son en buena parte responsables de sustentar las dictaduras y regímenes socialistas africanos. Muchos de sus dirigentes han sido respaldados y educados por jerarcas europeos, y sus gobiernos reciben multimillonarias ayudas a través de la ONU y de patochadas altermundistas como el 0’7%. Sin ir más lejos de nuestro país, Zapatero ha defendido en varias ocasiones incrementar la ayuda para los tiranos africanos.

Con este tipo de propuestas sólo se logra reforzar un poder centralizado y opresor, que impide a los africanos abandonar la pobreza extrema. Si la inmigración supone un problema para Europa, los estados europeos deberían dejar de castrar las posibilidades de promoción de esos inmigrantes dentro de sus sociedades nativas.

Pero aun en el caso de que las sociedades africanas fueran un Edén de libertades, no parece que nuestros políticos tengan ningún interés en facilitarles las cosas. Los aranceles de la Unión Europea restringen enormemente los movimientos de capitales y las inversiones hacia África, ya que reducen la rentabilidad de las exportaciones hacia Europa.

De nuevo, no parece que obstaculizar las inversiones occidentales en África sea la mejor solución para contener las migraciones masivas. Si el capital no acude al trabajo, el trabajo acudirá al capital.

Estado de Bienestar

Uno de los peligros más grandes que supone el desarraigo está relacionado con el desamparo a que puede sucumbir el inmigrante. En las sociedades nativas existe una suerte de vínculos familiares y amistosos que, en buena medida, sirven de colchón cuando la mala fortuna se ceba con una persona en concreto. Sin embargo, cuando el inmigrante se introduce en una sociedad extranjera esos vínculos se ven enormemente debilitados. La sociedad receptora no tiene por qué ayudar a un desconocido en caso de necesidad y, por tanto, el riesgo de fracaso acarrea un coste considerable que refrena el impulso migratorio.

En Occidente, con todo, la asistencia social es un auténtico free lunch para los inmigrantes. El Estado, a través del expolio fiscal, crea toda una red educativa, sanitaria y de subsidios varios que trata de eliminar la inseguridad. El inmigrante sólo tiene que acudir a Occidente para saber que, en caso de necesidad, la sociedad extranjera forzosamente le ayudará.

Es más, en muchos casos convendrá simplemente migrar a esas sociedades extranjeras por el beneficio neto que supone dicha red de asistencia social. Mientras que en una sociedad africana la sanidad puede resultar prácticamente inaccesible, en España es gratuita. ¿Qué sentido tiene permanecer en esa sociedad, por muchos vínculos familiares y amistosos que se tengan?

El Estado de Bienestar occidental, por consiguiente, no sólo atrae inmigrantes, sino que socava las bases de la convivencia y de las relaciones entre los africanos. La necesidad de colaborar entre ellos desaparece por mor de la posibilidad de parasitar al Estado europeo.

Si de verdad queremos reducir la presión migratoria, basta con que eliminemos el Estado de Bienestar y hagamos que el inmigrante soporte enteramente el coste y los riesgos de migrar. Pero, por supuesto, los políticos mienten nuevamente cuando dicen que su voluntad es solucionar el problema de la inmigración.

¿Qué quieren realmente los políticos?

Tres simples –pero a la vez profundos– cambios serían necesarios para reducir el flujo migratorio hacia Europa: eliminar las ayudas al desarrollo, suprimir los aranceles y desmantelar el Estado de Bienestar. No obstante, a los políticos europeos les interesa poco o nada contener la inmigración. Como siempre, la única preocupación de todo político es ampliar su esfera de poder y control sobre la población.

La inmigración supone un medio perfecto: el problema es generado por los políticos de un modo que la mayoría de la población no comprende, y la inmigración genera un evidente pánico social. El resultado es previsible: el Gobierno reclamará "poderes extraordinarios" y "recursos adicionales" para hacer frente al problema.

Por un lado, parte de esos recursos se destinarán a enriquecer aún más a las dictaduras africanas, con la excusa de la ayuda al desarrollo; por el otro, se destinarán a crear una red de acogida de inmigrantes que dé respuesta al "drama humanitario", de modo que la inmigración se verá aún más estimulada.

Por si esto fuera poco, los poderes extraordinarios en materia militar y policial suponen la creación de nuevos e inquietantes controles sobre la sociedad civil. El control de las fronteras se incrementa, y los estados europeos adoptan cada vez más la apariencia de un centro de presidiaros.

No es casualidad que ocho estados europeos, entre ellos España y Francia, hayan solicitado a la Comisión Europea más fondos y medios policiales para controlar la inmigración. Como ya hemos visto, todo forma parte del mismo juego obsceno de los políticos: estimular la inmigración para generar un pánico que legitime la ampliación de su poder.

Ninguna de las propuestas de los "estadistas" occidentales pasa por una mayor liberación del comercio internacional, ni por la inmediata retirada de apoyo financiero a los regímenes tiránicos. Más bien discurren por la dirección opuesta. La consecuencia de todo este desaguisado no será menos sino más inmigración y, gracias a su habilidosa manipulación, no menos sino más Estado. Sólo denunciando las auténticas causas del problema podremos darle solución.

Ningún error podría ser mayor en este caso que el de criminalizar a unos pobres individuos que acuden a Europa a intentar mejorar sus míseras condiciones de vida, mientras confiamos nuestras almas a unos panzudos políticos que son los genuinos creadores de este caos. Precisamente porque eso es lo que ellos esperan que hagamos.

Microsoft y Apple le ganan la partida a Ubuntu

¿Lo ha conseguido? Bueno, técnicamente podría decirse que sí, pero en el mundo real me temo que no.

Desde finales de 2003 ha habido grandes contribuciones a la consecución de un Linux más apto para el usuario final. La mayor de ellas ha sido, sin duda alguna, Ubuntu. Etiquetado como el "Linux para los seres humanos", es un proyecto liderado por Mark Shuttleworth, un joven empresario sudafricano que fue famoso por ser uno de los primeros turistas espaciales. Es una versión de Linux pensada para acceder al mercado que siempre se le ha resistido: las personas normales que quieren su ordenador sólo para hacer cosas de la forma más sencilla y agradable posible y no para trastear con él. La última versión de Ubuntu es el primer Linux que he instalado en mi ordenador al que no he tenido que decirle nada. Él sólo ha configurado todos los controladores necesarios y se ha conectado a la red. Además, se puede juguetear con él sin necesidad de instalarlo por medio de un LiveCD, es decir, un sistema operativo que se arranca directamente desde el CD sin necesidad de tocar nada de nuestro disco duro. Y aunque dispone de menos aplicaciones que otros, es sencillo descargar más e instalarlas.

Sin embargo, Ubuntu es un sistema que tiene todos los requisitos que necesita un usuario medio, pero no ofrece nada que llame tanto la atención como para fomentar el cambio. Apple, en cambio, sí. Tanto su hardware como el excelente sistema operativo Mac OS X entran por los ojos, algo habitualmente desdeñado por los tecnófilos, y desde que corre bajo procesadores Intel y dispone de la salvaguarda de poder instalar Windows en ellos si algo va mal, está creciendo en cuota de mercado. Más de un columnista de esta casa escribe ahora en un MacBook.

Cuando al fin Microsoft lance Windows Vista, en Linux existirán alternativas que dispongan de buena parte de sus características. Sin embargo, el sistema Linux más popular por ser el más sencillo y práctico no dispondrá de algunas de las más importantes, especialmente el ya famoso –dentro del mundillo Linux, claro– XGL/Compiz, un escritorio que se aprovecha de las tarjetas gráficas modernas para ofrecer soluciones muy al estilo Mac. Ubuntu publicará su última versión antes del lanzamiento de Vista en octubre y no parece que vaya a integrar estas mejoras. Por supuesto, como casi todo en Linux, se puede acabar instalando tras consultar diversas guías y trastear un rato pero, claro, así no podrá competir con dos sistemas operativos que ya vienen embellecidos de serie.

Seguro que muchos linuxeros desdeñan esta carencia por no tratarse de algo realmente útil. Olvidan que para muchos el poder trabajar de forma más agradable todas las horas que debe pasarse al día delante de un ordenador es una de las características más importantes que le piden a éste. El propio Shuttleworth incluía esta novedad como una de las que debiera ir en la nueva versión de Ubuntu. Y aunque otros Linux como Fedora incorporarán este nuevo escritorio con efectos en 3D, ninguno de ellos tiene el atractivo que presenta Ubuntu no sólo para los neófitos en Linux sino incluso para quienes conociéndolo no quieren dolores de cabeza en el sistema que usan a diario. Una pena.

Cómo el capitalismo crea las modas

En el artículo anterior vimos por qué la moda, como fenómeno social, es útil para todos aquellos que deciden participar en ella. Ahora trataremos de explicar por qué el capitalismo es un buen sistema para crear y difundir las modas.

Cuando un individuo observa a otro y decide imitarlo, esta decisión puede estar basada en dos motivos: a) el individuo imitado seguía una pauta que el observador considera útil para resolver un problema que ya tenía y b) el observador quiere parecerse al individuo de referencia. El ejemplo del primer caso es sencillo de visualizar: si yo paso frío y veo que otro se calienta con un abrigo de pieles, trataré de conseguir un abrigo similar para protegerme. Aquí lo relevante son las características y la funcionalidad del invento, no la personalidad del inventor. El segundo caso, en cambio, es una consecuencia de la existencia de líderes naturales en la sociedad. Los individuos pueden admirar a otras personas por sus cualidades estéticas o por sus logros físicos o intelectuales. Este es el caso de los modelos (cualidades estéticas), los escritores, los líderes religiosos y los genios (logros intelectuales), los deportistas (logros físicos) o los cantantes o actores (cualidades físicas/logros intelectuales).

Los individuos imitamos algunos de sus comportamientos o características no porque nos agrade el comportamiento per se, sino por su autoría. Derivamos utilidad del hecho de intentar parecernos a nuestros ídolos, ello es lo que nos gusta y nos satisface. Asimismo, los líderes no tienen por qué ser líderes absolutos. La imagen de líder no debe ser solamente la de una estrella, sino también la de otros individuos de nuestra vida diaria que admiramos por distintos motivos: el maestro de escuela, el jefe de la pandilla de amigos, el rico del barrio… La cualidad fundamental del líder es su carisma, la disposición de otros individuos a imitarlo.

La moda es un fenómeno que deriva de la mezcla de estos dos casos. En un primer momento, los líderes naturales desarrollan una característica o un comportamiento que quienes los admiran se disponen a imitar. Por ejemplo, hoy en día el heavy metal está íntimamente ligado con el cuero, las tachas o las Harley-Davidson. Pero si lo pensamos un momento, en sus comienzos musicales nada predestinó al heavy-metal con ir unida a estas características. Tuvo que ser Judas Priest –quienes muchos consideran la banda creadora del este estilo musical– la que gracias a su éxito y liderazgo, extendiera el canon estético. Fue Judas Priest, y no otras bandas menores que no deseaban ser imitadas por la gente, quien popularizó la estética metalera entre sus primeros seguidores.

En un segundo momento, sin embargo, cuando los líderes ya han generalizado el canon, otros individuos pueden seguir la moda por simple funcionalidad. No es necesario que tengan por objeto imitar al líder, basta con que quieran facilitar sus posibilidades de relación social como ya explicamos en el último artículo. De este modo, un fan del heavy-metal puede decidir vestir con chupa de cuero aun cuando no le guste: simplemente para facilitar su integración.

Esto no significa, claro está, que la estética del heavy-metal sea inmutable y de hecho no lo ha sido. Las nuevas bandas, los nuevos líderes, no tienen por qué seguir adoptando los patrones de los anteriores y muchas veces la diferenciación y la ruptura con el pasado constituye una de las características que permiten perfilar el liderazgo.

En otras palabras, la creación de las modas requiere una cierta coordinación y difusión de la información de los líderes para generalizar el comportamiento pautado. El libre mercado es un sistema especialmente adecuado para lograr esto: las grandes empresas pueden contratar a los modelos, los actores, deportistas o intelectuales para que lleven su ropa, publiciten sus perfumes o hablen bien de sus productos. Así mismo, estas grandes empresas tienen el capital suficiente como para difundir, a través de la publicidad, la imagen, la voz y la letra de estos líderes naturales.

Las pasarelas de modelos, por ejemplo, son un paradigma de exhibición por parte de líderes de belleza de los diseños que influirán en otros miembros de la sociedad. No se trata de que las pasarelas tengan el poder de "crear" la moda, sino que son una de las mejores plataformas para hacerlo.

La función de los empresarios, por consiguiente, es la de seleccionar a los líderes adecuados y darles publicidad. La moda puede ser un resultado intencionado (publicidad) o indirecto (estética personal de un cantante famoso); pero en todo caso requiere de una infraestructura que sólo las grandes empresas pueden financiar.

En ausencia de estos mecanismos, las modas estarían muy fragmentadas por comunidades y bloques culturales. Las épocas anteriores a la globalización ilustran como las formas de vestir de los distintos pueblos variaban no sólo debido al clima, sino también a que la información con respecto a la moda quedaba circunscrita en pequeños ámbitos territoriales.

Hoy, no obstante, gracias a la globalización la moda puede tener un alcance mundial y gracias a ello su utilidad es aún mayor. Cada vez más podemos viajar a países extranjeros sin necesidad de informarnos sobre qué indumentaria llevar o que comportamientos adoptar para evitar que seamos vilipendiados o marginados. Cuanta más gente participe en una moda, más útil y relevante es como mecanismo de coordinación social.

Hasta ahora hemos visto por qué las modas son útiles, cómo nacen y por qué el capitalismo es un sistema especialmente adecuado para crearlas y difundirlas. Nos queda estudiar, sin embargo, por qué el Estado no puede convertirse en una especie de tutor de la acción colectiva y de gestión de las modas. Pero esto lo veremos en el tercer y último artículo de esta serie.

El modelo sueco ya no es atractivo

Suecia ha ido adoptando progresivamente el Estado de Bienestar que ellos concibieron en los 30, hasta llegar a ser el caso más extremo y aparentemente más exitoso de todos. Pero ha llegado tan lejos, que ha esclerotizado la economía y corrompido los otrora firmísimos valores suecos de responsabilidad y autosuficiencia, que se han disuelto en una solución de exigencia a los demás de las propias necesidades.

No fue así en un principio. A finales del XIX, Suecia era uno de los países que con mayor entusiasmo abrazó el liberalismo, abriendo sus fronteras a los productos de otras naciones, y con un Estado que no sobrepasaba el 10 por ciento del PIB. Así llegó a ser una de las economías más exitosas del mundo, con un aumento de la productividad con pocos países que pudieran medirse a la par, y los salarios reales siguiendo su estela. No pensemos que ese liberalismo desapareció con el diecinueve. En 1950 la presión fiscal era todavía del 21 por ciento, por debajo de Estados Unidos. Pero desde entonces el aumento del Estado de Bienestar fue espectacular. El peso del Estado en la economía se dobló en dos décadas, pasando del 31 por ciento en 1960 al 60 en 1980.

Este cambio tan espectacular no podía dejar de tener consecuencias. Hay dos características básicas del modelo sueco que son una auténtica locura. El nivel de impuestos es altísimo y las ayudas por no trabajar son cuantiosas. Sólo un mercado laboral fuertemente intervenido que hace la reincorporación al mismo lenta e insegura hace que los suecos teman dejar de trabajar. El resultado de castigar el empleo y premiar la sopa boba es claro: no se han creado empleos netos en el sector privado desde 1950. De las 50 mayores compañías suecas, sólo una se ha creado después de 1970. El declive de los últimos años es claro. Desde 1995, el número de empresarios ha crecido en la Unión Europea en un 9 por ciento; el mismo porcentaje en que ha disminuido en Suecia desde entonces. En PIB per cápita medido en paridad del poder de compra, en 1960 Suecia estaba 20 puntos por encima de la media de la OCDE, y a principios de los 90 cayó a 10 puntos por debajo. Desde entonces, apenas se ha recuperado.

Hace una semana de la victoria de los conservadores en Suecia. Todo un acontecimiento, porque de los últimos 74 años, los socialdemócratas han estado en el poder 65. El nuevo primer ministro, Fredrik Reinfeldt, no ha prometido nada parecido a un cambio en el modelo sueco, sino simplemente la moderación de alguno de sus extremos. Suecia, que es ejemplo admirado fuera de sus fronteras, vive con desasosiego la sensación de vivir una crisis.

No es para menos. El modelo sueco ha dejado de ser atractivo. Durante unos años pareció funcionar, pero porque la vivísima economía de aquél país, que se desarrollaba con pujanza y que había fomentado una sociedad de personas orgullosas y autosuficientes, parecía aguantarlo todo. Ha sido el liberalismo lo que ha permitido el éxito aparente de la socialdemocracia en Suecia. Ahora se tendrán que replantear su camino.

Esperanza Aguirre y los impuestos

El motivo es sencillo, y había sido expuesto anteriormente por Ludwig von Mises: "La idea de un impuesto total no puede ser llevada a sus últimas consecuencias", porque "si los empresarios y los capitalistas no derivan ningún beneficio ni perjuicio de la utilización de los medios de producción" se vuelven "irresponsables administradores desinteresados" de la propiedad. Vamos, que se dedican a cualquier otra cosa distinta de producir haciendo el mejor uso del capital. Y sin producción no hay impuesto que valga. El 100 por cien de cero es igual que el cero por ciento de 100. Por eso, hay un tramo en el que todavía se pueden rebajar los tipos, aminorar el desincentivo sobre trabajadores y empresarios y con el aumento de la actividad, aumentar los ingresos.

Esperanza Aguirre lo sabe bien y tiene plena confianza en su reciente anuncio, que es el cumplimiento de su promesa electoral, de bajar un punto el tipo impositivo en el tramo autonómico del IRPF. Las administraciones públicas se mueven por incentivos que son distintos de los que aseguran un buen uso de los recursos, mientras que las familias, las empresas, los individuos, se cuidan mucho de sacar el mejor partido de su propio dinero. La rebaja de impuestos es una muestra de confianza de la presidenta de Madrid en la sociedad.

Pero no menos importante que la suerte que tienen los madrileños de contar con una presidenta regional que cree en la iniciativa de la sociedad es el mero hecho de que ella tenga la posibilidad de tomar este tipo de medidas. Lo que llaman federalismo fiscal, que no es otra cosa que hacer a cada administración regional responsable de los impuestos como lo es de los gastos, es un pequeño alivio para los sufridos contribuyentes. Porque permite que distintas administraciones territoriales compitan por favorecer unas mejores condiciones fiscales a sus ciudadanos y a las empresas en las que trabajan y que sirven sus necesidades. La competencia fiscal entre administraciones, como entre empresas, funciona. Miren, sino, cómo le ha seguido Cataluña a Madrid en la eliminación del impuesto de sucesiones cuando de nuevo Esperanza Aguirre tomó la decisión de acabar con ese impuesto, que John Stuart Mill reconoció como especialmente injusto.

Lo contrario del federalismo fiscal es la extensión de la mano muerta del Estado a todos los rincones. "Armonización fiscal" lo llaman, que para el crimen organizado también hay nombres. Es el camino que quieren tomar los países con Estados más pesados dentro de la Unión Europea, para evitar que otros, como Estonia o Irlanda. Dar a cada Estado la libertad de elegir su nivel de impuestos, y dentro de éstos, a cada región, hará que las áreas más liberales prosperen más a base de meterle con más moderación la mano en el bolsillo de los ciudadanos.

¡Sacad la mano de mis bolsillos!

En la catilinaria pro-Rubianes los artistas se muestran escandalizados por el episodio de censura sufrido por este payaso –por utilizar su propia definición–, aunque cualquiera puede entender, incluso ellos, que nada de eso es cierto. Si Rubianes hubiera querido habría representado su obra de teatro en el Español, con Gallardón en primera fila, a pesar de la yihad españolista desatada en su contra. Porque cagarse en España, en realidad, tampoco es tan grave en estos tiempos. De hecho, un aguerrido lince marxista de la sierra madrileña lo hace diariamente y no sólo no se le censura, sino que el Ministerio de Medio Ambiente le está buscando novieta y una solución habitacional.

Pero más allá de las cuitas personales de ciertos artistas con flojera intestinal, la gente debería considerar lo absurdo de que se financie con su dinero una actividad artística que puede ser albergada perfectamente en cualquier sala privada. El dinero que el Estado nos expropia no debiera ir ni al bolsillo de quien se cisca en España ni al de quien la ama con locura. Los artistas deberían someterse únicamente al dictado del público, que es el certifica a través de miles de decisiones individuales el éxito o el fracaso de una idea. En Madrid hay varias decenas de espacios escénicos de propiedad privada. En esos teatros pueden todos los rubianes seguir enriqueciendo el arte universal, sin necesidad de fagocitar el bolsillo de quienes no tenemos la menor intención de enaltecer nuestro espíritu con sus creaciones. Dicen los artistas en su pamphlet que se oponen a "cualquier interferencia política y mediática en el terreno abierto y libre de la cultura". Con las abundantes "interferencias" financieras a su favor no parecen tener en cambio el menor problema. Al contrario, les encanta ser "interferidos" con profusión. ¿Pero hay acaso mayor intrusión del estado en la cultura que convertirse en su principal mecenas?

Los políticos, culpables de lo que podríamos llamar "pensamiento inmediato" suelen presentar sus desvaríos intervencionistas hablando únicamente de los beneficios que su acción proporciona a la sociedad. Olvidan interesadamente poner también sobre la mesa los perjuicios que cada decisión redistribuidora provoca necesariamente. En el año 2006, por ejemplo, el estado gastará 214,47 millones de euros a la música, la danza, el teatro y la cinematografía, de los cuales 65 millones irán destinados a la "protección" (sic) del cine español. Sin duda el esfuerzo repercutirá favorablemente en la faltriquera de los que se dedican a estas actividades subvencionadas, al contrario de quienes sufragamos este festival redistributivo con nuestros impuestos, que podríamos destinar esa millonada a cuestiones más productivas como pagar la hipoteca o directamente al ahorro. Seguiríamos siendo insultados por los inmarcesibles apóstoles del talante cultureta, sin duda, pero al menos nos cabría la pequeña satisfacción de que no lo harían con nuestro propio dinero.