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No, primer ministro: los políticos nunca reformarán Whitehall

Por Tim Knox. El artículo No, primer ministro: los políticos nunca reformarán Whitewall fue publicado originalmente en CapX.

¿Quién está al mando de la Administración Pública? Una pregunta sencilla, con una respuesta supuestamente sencilla: es el Jefe de la Administración Pública Interior, que es también el secretario del gabinete. Los secretarios permanentes de todos los departamentos gubernamentales y de los gobiernos escocés y galés son responsables ante él de la gestión diaria de sus organizaciones.

El actual secretario del gabinete es Sir Chris Wormald, funcionario de carrera que dirigía el Departamento de Sanidad y Asistencia Social desde 2016, al frente del cual estuvo durante la pandemia de Covid, momento desde el que ha tenido que defenderlo de las acusaciones de que era «caótico».

Efectivamente, vivimos una época en la que las críticas a Whitehall en general son cada vez más fuertes. Tras sólo seis meses en el cargo, el primer ministro se quejó de que «demasiada gente en Whitehall se siente cómoda en el tibio baño de la decadencia gestionada». Su jefe de campaña, Pat McFadden, se ha quejado: Trabajo con funcionarios todos los días… La gente es buena, pero los sistemas y estructuras en los que trabajan son a menudo anticuados y les dificultan el trabajo».

La productividad del sector público

El director de la Oficina Nacional de Auditoría también acaba de anunciar que «hemos conseguido el truco de un gran aumento del coste del sistema, pero ningún signo de mejora de los resultados». Como reconoce el propio primer ministro: «La productividad del sector público es un 2,6% inferior a la del año pasado por estas fechas, y un 8,5% inferior a la de justo antes de la pandemia. Esto no se aceptaría en ningún otro sector o ámbito de la vida».

Los políticos son conscientes de que la máquina Rolls Royce del gobierno se ha estropeado. Se podría pensar que ha llegado el momento de arreglarla. Se equivocan. En realidad, no están al mando.

Desde 1968, ha habido 17 grandes intentos de reformar la maquinaria del gobierno. Prácticamente, todos los primeros ministros han puesto en marcha una investigación para averiguar por qué las cosas no funcionan correctamente y por qué los resortes del poder no conectan con nada. Estas investigaciones, en las que suelen participar altos funcionarios, políticos y personalidades del momento, han dedicado incontables años-hombre a entrevistar a todos los interesados en el sistema, analizar los problemas de la Administración y presentar firmes recomendaciones de reforma. Y, sin embargo, nunca ocurre nada, absolutamente nada.

La filosofía del aficionado

Si quieren una prueba de ello, recuerden cómo concluyó la primera de estas 17 investigaciones sobre la Administración (el Informe Fulton de 1968): La función pública sigue basándose demasiado en la filosofía del aficionado (o «generalista» o «polifacético»)». Sin embargo, la semana pasada, el Institute for Government organizó un acto para altos funcionarios. ¿Su título? El futuro de la profesión política en la Administración Pública: ¿El fin del generalista?

Una idea de reforma que, cuando se propuso hace 57 años, ya se consideraba anticuada, sigue debatiéndose en la Administración Pública. Se debate, pero no se aplica. Y si duda de la profunda resistencia a la reforma, considere estos comentarios hechos en el evento de IfG por Tamara Finkelstein, secretaria permanente de Defra: «La profesión política tiene un ambicioso plan para construir la capacidad individual y organizativa en la Administración Pública que ya ha comenzado, pero que puede tardar una década en completarse». Ojalá Nigel Hawthorne siguiera con nosotros…

Las graves deficiencias de Whitehall y las atroces ineficiencias de muchos de los servicios públicos son cada vez más evidentes para todos. Excepto para las personas que deberían encargarse de poner las cosas en su sitio. Pero no tienen motivos para enfrentarse al statu quo.

Un experimento mental

Sin duda, ha llegado el momento de buscar en el sector privado lecciones sobre cómo adoptar los principios de la buena gestión en la Administración. Atraer a los mejores talentos al gobierno, donde tendrían el poder y los incentivos personales para hacer que el sistema funcione en beneficio del país, donde el sector público finalmente igualara los logros de productividad del sector privado. Si así fuera, los beneficios económicos ascenderían rápidamente a cientos de miles de millones de libras.

Por último, hagamos un experimento mental. Imaginemos un país en el que se hace esto, en el que hay un nuevo líder político, un líder además que disfruta con la oportunidad de desafiar la sabiduría imperante. Este líder está dispuesto a nombrar al hombre de negocios más exitoso de la historia para intentar lo que antes se consideraba imposible: un hombre de negocios con autoridad para poner patas arriba la administración del gobierno.

¿Aprenderíamos entonces que el statu quo no es sagrado? ¿Se daría cuenta entonces la Administración Pública de que necesita reformarse a sí misma? ¿O sería entonces más realista aceptar que la Administración Pública ha perdido su derecho a seguir retrasando y obstruyendo, y que aquí es necesaria una transformación del gobierno similar a la del país imaginario?

Complementariedad de recursos en la serie “Hipócrates”

Una interesante serie francesa, Hipócrates, plantea en su tercera temporada el problema de la complementariedad de recursos en toda su crudeza. Comienzo repasando algunas de las situaciones ilustrativas.

  • Debido a la ausencia de personal médico, sanitario y administrativo por vacaciones, bastantes dependencias del hospital permanecen cerradas. En concreto, el servicio de urgencias está cerrado ante la imposibilidad de atender por la noche a pacientes a los que haya que internar.
  • Una de las médicos residentes, Chloe, quizá la mejor preparada de sus compañeros, acoge en los pasillos de un ala abandonada del hospital a gente sin hogar, a quienes atiende de sus dolencias en su tiempo libre. Uno de ellos padece erisipela.
  • En un servicio de atención móvil, los sanitarios encuentran a un señor con graves problemas de salud. Tratan de dejarlo en algún hospital pero ninguno lo acepta por estar saturados.
  • Tanto una señora con demencia senil como este último señor, terminan en el ala abandonada del hospital, que en la serie llaman “Hospital California” atendidos voluntariamente por los protagonistas de la serie en su tiempo libre.
  • Estando el servicio de urgencias cerrado, aparecen unos padres cuyo hijo está sufriendo ataques epilépticos de origen desconocido. El médico jefe decide reabrir las urgencias en horario hasta las 20:00, pese a que no ha cambiado ninguna circunstancia más, esto es, la gente sigue de vacaciones.

Bienes complementarios

El análisis económico de estos acontecimientos requiere comenzar por el concepto de recursos complementarios. Como es bien sabido, la elaboración de cualquier producto o servicio precisa del concurso de varios recursos debidamente combinados. La prestación de servicios sanitarios que nos ocupa requiere, por ejemplo, médicos, enfermeros, instalaciones, medicinas y administración, entre otras cosas. Estos recursos que combinamos para conseguir un determinado fin tienen una relación de complementariedad a efectos económicos, y se dice que son bienes complementarios.

La complementariedad no es una característica intrínseca de ningún bien. De hecho, es completamente subjetiva y solo aparece en la imaginación del emprendedor que quiere elaborar el producto. Por supuesto, existe también una complementariedad tecnológica u objetiva para producir determinados materiales, pero es irrelevante a efectos económicos, pues es independiente de las necesidades de los individuos.

Los bienes complementarios han de ser combinados en las proporciones adecuadas para que el producto se pueda fabricar o el servicio suministrar. Una vez más, las proporciones económicas no son algo objetivo, sino que proceden de la imaginación del emprendedor (y cuando digo emprendedor, no estoy pensando en una figura externa a los médicos arriba mencionados: Chloe, el médico jefe y en general todos los personajes de la serie actúan como emprendedores en muchos momentos de la serie).

El error empresarial

Y como toda acción humana, las de los emprendedores también están sujetas a error. En este caso concreto, pueden infraestimar o sobreestimar las proporciones requeridas de cada recurso complementario para conseguir una prestación exitosa del servicio.

Los acontecimientos descritos más arriba revelan la existencia de recursos que no se están utilizando (esas dependencias que permanecen cerradas, por ejemplo, o el tiempo libre de los médicos residentes). En el primer caso, es claro que no se utilizan por ausencia de bienes complementarios, como el personal administrativo y auxiliar que está de vacaciones. En el segundo caso, mucha gente diría que realmente el recurso no está ocioso, puesto que ese tiempo libre es necesario para la salud física y mental de los médicos, o simplemente porque su contrato de trabajo estipula un máximo de horas.

En suma, tenemos un hospital trabajando a máxima capacidad, pero con recursos ociosos por carencia de recursos complementarios[1]. En esas condiciones, aparece un nuevo enfermo, digamos el “sin hogar” con erisipela. Tanto al espectador como a los protagonistas de la serie les parece inhumano rechazar al paciente, pese a que es obvio que el hospital carece de capacidad para atenderle.

Ningún sistema a máxima capacidad puede dar más servicio por definición. Si se intenta que dé más, por algún lado se romperá. Pruebe el lector a conectar aparatos a su red eléctrica hasta que su consumo supere la capacidad que tiene contratada: saltan los fusibles y no es que no funcione el nuevo aparato, es que dejan de funcionar todos.

Lo mismo ocurre con el hospital, aunque sea un sistema más complejo, y aceptando que realmente estaba operando a máxima capacidad. Pero, claro, es inhumano rechazar al nuevo paciente, y Chloe decide combinar los recursos vacantes del hospital con su tiempo de médico para atenderle. El espectador no puede menos que empatizar con Chloe que pone por encima de su bienestar el del paciente aquejado por erisipela.

Otros usuarios menos afortunados

¿O no empatiza? ¿Qué ha pasado con todos esos pacientes que han sido formalmente rechazados por el hospital por hallarse a tope de capacidad y que no han tenido la suerte de que Chloe los viera por la ventana? ¿Acaso no han pagado sus impuestos igual que los aceptados en el hospital, y posiblemente al contrario que el “sin hogar” afortunado? ¿Puede Chloe realmente tomar esta decisión contra la gestión del hospital? Son otras preguntas que merecen reflexión, pero que ahora me distraerían del objetivo principal de este artículo.

La situación que confronta Chloe se va a reproducir con varios de sus compañeros, y se verán abocados a la misma solución, una vez descubran los recursos vacantes que utiliza Chloe. Por ejemplo, Arban, el médico de origen albanés, trata de que acepten al señor que encuentran los servicios móviles en un cierto hospital. Pero el responsable de éste la deniega basándose en que están saturados, esto es, que están operando a máxima capacidad. Una vez más, se revuelve el instinto del espectador contra la inhumanidad de responsable, y Arban “emprende” con su tiempo libre para que el señor sea atendido en los recursos vacantes del hospital California.

Algo parecido le ocurre al médico-jefe tras ver la desesperación de los padres del hijo epiléptico a quien se ve obligado a rechazar por estar formalmente cerradas las urgencias. Lo que hace es reabrirlas bajo su responsabilidad, sin contar con todos los recursos necesarios, ni administrativos ni auxiliares, que serán supuestamente suplidos por el sacrificio del tiempo de descanso de los médicos.

El sistema colapsa de nuevo

Y tal y como preveíamos, el sistema va a colapsar. Poco a poco hacen mella en los voluntariosos voluntarios tanto estrés como ausencia de descanso, y eso causa que sus decisiones humanitarias y filantrópicas se vuelvan un peligro, no solo para sus pacientes “informales”, sino también para los regulares que estaban dentro de la capacidad convencional del hospital. La ausencia de recursos complementarios se ha suplido con recursos bastante menos eficientes y que encima suponen una reducción de tiempo de doctor. En estas condiciones, es más fácil comprender al responsable médico que rechazó al señor recogido por el servicio móvil. No estaba actuando de forma inhumana, sino para proteger a los pacientes ya presentes en su sistema saturado.

Voy terminando. Lo ocurrido en la serie muestra que un sistema al que se trata de forzar por encima de su capacidad, aunque sea sanitario, colapsa. Además, se observa que la capacidad del sistema depende de todos los recursos complementarios que la conforman: la ausencia de alguno de ellos reduce la capacidad, y de ello son bien conscientes los buenos emprendedores, cuya principal actividad es precisamente coordinar los recursos necesarios de forma eficiente.

Es claro que los protagonistas de la serie se dejaron llevar por las emociones y no por la razón, y su actuación, aunque comprensible, fue reprehensible y no digna de enhorabuena. Y, sin embargo, como espectador, ¿por qué sigo pensando que lo hicieron bien? Si hay explicación, tendrá que venir de los psicólogos, no de los economistas.


[1] Sería muy interesante analizar si dicho desencaje se debe a la gestión burocratizada del hospital de la serie, que tiene toda la pinta de ser un hospital público. Pero eso sería materia de otro artículo.

Lo contrario del PSOE no es el PP, sino el liberalismo

Hoy más que nunca, a pesar de que aún faltan cerca de tres años para las próximas elecciones, resuenan los tambores de un cambio de gobierno. Esto se debe a la notable falta de apoyos del actual ejecutivo, sumada a los numerosos escándalos de corrupción que rodean al presidente. En este escenario, resulta aún más evidente la ausencia de una oposición fuerte. Con un Partido Popular debilitado en la opinión pública, todo indica que Vox podría ser el gran beneficiado en las urnas en las próximas elecciones.

Sin embargo, existe una duda más que razonable de la ineptitud, obviando la connotación soberbia de la expresión, de todo el bloque derechista. En un escenario inédito en la política española, justo en el momento en el que sus voces son más escuchadas, son incapaces de darle importancia a aquellos problemas que realmente afectan a la mayoría de la población: generación de deuda, gasto público, inflación y descenso empicado de poder adquisitivo a riesgo de hacer desaparecer la clase media.

Prueba de ello es la reciente polémica de las pensiones: resulta que podrían ser insostenibles en su formato actual y que condenan a los jóvenes a un futuro incierto. A menos que cambie mucho la demografía, baje el gasto público, o los pensionistas decidan por unanimidad bajarse los ingresos, todo parece indicar que vamos de cabeza a lugar donde la clase media no existirá y que la mayoría de lo que se genere irá para la enorme maquinaria del Estado. En un marco tan acentuado, Partido Popular y VOX se niegan a reconocer el problema, dejando solo el debate para esos políticos retirados que, ahora ya sí, pueden decir la verdad sin consecuencias profesionales.

Personas como Albert Rivera, que no se atrevió a decirlo con la llave del país en sus manos, o Espinosa de los Monteros, que podría decirse que abandonó su escaño precisamente por sus convicciones sobre temas económicos, parecen ser las únicas figuras públicas que hablan del gigante elefante amarillo que hay en el centro de la habitación.

Borja Vilaseca

Decía un (aún más) joven Borja Vilaseca en uno de sus libros, que nada tiene que ver con temas económicos o políticos, lo siguiente[1]:

El liberalismo es una aspiración con tintes utópicos. Principalmente, porque requiere que una gran mayoría de ciudadanos estemos verdaderamente despiertos y gocemos de libertad de pensamiento. Y que nos relacionemos entre nosotros de forma responsable, madura, sabia y consciente. Para que esto sea posible, primero es necesaria una profunda revolución del sistema educativo.

En este sentido, el concepto de nación tal y como hoy lo conocemos, seguramente sea reemplazamos por el de territorio. De este modo, se devolverá la soberanía y el protagonismo a zonas y localidades donde las personas y empresas puedan cooperar y aportarse valor mutuamente. Por todo ello, el liberalismo es el modelo de organización política más opuesto posible al totalitarismo actual.

Lo que vivimos hoy en día es un empobrecimiento de la población, disfrazado de justicia social e igualdad. Esto fomenta el resentimiento entre la mayoría, impulsándolos a seguir votando por quienes prometen un futuro ideal basado en la intervención. Lo que resulta evidente es la intención de sancionar a quienes prosperan. Sin embargo, parece que no se dan cuenta de que, si penalizas continuamente al exitoso, terminarás creando una sociedad poco incentivada para conseguir grandes logros.

En toda sociedad, el talento y la excelencia son bienes escasos, mientras que la mediocridad, abundante y respaldada por la mayoría, se convierte en la norma. Un sistema democrático, basado en el número y no en el mérito, tiende inevitablemente a favorecer a los menos capaces, relegando a quienes destacan. Paradójicamente, la verdadera esencia de la humanidad radica en la diversidad, y es precisamente esa diferencia la que nos hace, por naturaleza, desiguales[2]. Más paradójico aún es que los que atenten con esa diversidad son los que, a priori, mayor divergencia quieren aparentar.

Hablemos del elefante en la habitación: el Estado no sabe más que nosotros. Bajemos esa idea. Podemos ser cien veces más conocedores que ellos en un tema específico, y un claro ejemplo de esto son las constantes idas y venidas durante la gestión del COVID, donde ofrecieron información completamente contradictoria a solo semanas de distancia. O, por ejemplo, cuando nos dicen cómo gastar nuestro dinero mientras ellos llevan a la quiebra a un país entero. ¿Cuándo permitimos que nos den lecciones de finanzas personas que son incapaces de hacer una simple cuenta entre ingresos y gastos?

El PP como el PSOE

Tanto el PP como el PSOE no han hecho más que centrarse en aumentar drásticamente los impuestos, endeudar a la población a través de la deuda pública y, a la par, recurrir a la devaluación de la moneda. Cada acción, hoy en día, está gravada impositivamente. Vivimos en un expolio fiscal constante, todo ello con el fin de justificar un Estado de Bienestar que se sostiene sobre años de un comportamiento vicioso.

La última ocurrencia del Partido Popular, además de apoyar el sistema de pensiones, es la “hucha hogar joven”, medida que anunció Feijóo para ayudar a los menores de 40 años a comprar una vivienda. Esta hucha pretende aplicar una deducción del 20% en el IRPF a las aportaciones que hagan los menores de dicha edad. Además, les servirá para que el Estado les avale luego con la misma cantidad que hayan ahorrado. Lo que pasa por alto Feijóo en el comunicado es que el Estado se beneficia de la compra de nuevas viviendas a partir del 10% del IVA, o con el algo más reducido ITP para viviendas de segunda mano (7% aprox.).

Estamos hablando de que, para acceder a una vivienda de 200.000 euros, hay que estar pagando del orden de 20.000 a 50.000 euros entre impuestos directos e indirectos que no pueden ser financiados. Esto es una barrera real en la compra de pisos para la clase media actual. Y me pregunto yo, ¿por qué no quitar el IVA en la compra de la primera vivienda? ¿Por qué no bajar IRPF a clases medias? ¿Por qué nadie habla de que la verdadera solución pasa por reducir el gasto público para que no siga aumentando la presión fiscal?

Que estamos gobernados por personas que no están preparadas para decir la verdad es un hecho. Pero nos equivocamos si pensamos que la oposición va a cambiar algo. PP y Vox son un mismo bloque que se han unido para continuar con la misma dinámica que venimos sucediendo, y nadie más que el liberalismo parece estar hablando de ello.


[1] Qué harías si no tuvieras miedo, de Borja Vilaseca

[2] El triunfo de la estupidez, de Jano García

Asfixia empresarial: Un análisis de la sobrerregulación y la burocracia en España

“Asfixia empresarial” es un informe elaborado por el Instituto Juan de Mariana, en colaboración con el Aula José Ramón Garcia. A lo largo de casi 70 páginas, el documento presenta un vistazo al problema de sobrerregulación que enfrenta la economía española, llegándotelo a destacadas conclusiones:

  • Cuatro de cada diez empresarios consideran que el problema de sobreregulación y burocracia es una de las cuestiones más críticas a la hora de invertir en España. De hecho, otorgan a esta cuestión una importancia similar a la que asignan a los impuestos, de modo que la presión normativa ya tiene una trascendencia comparable a la presión fiscal. Siete de cada diez empresarios consideran que la excesiva carga regulatoria es uno de los factores que más esta afectando a los niveles de inversion, que de hecho llegaron a finales de 2024 por debajo de las cotas alcanzadas en 2019.
  • Los obstáculos para el mercado único en Europa tienen un impacto cercano al 3,5 por ciento del PIB en España, mientras que la ruptura del mercado nacional propiciada por la fragmentación normativa autonómica tiene un coste del 3,5 por ciento del PIB. En total, el coste de estos obstáculos para que las empresas puedan operar en la UE y dentro de España asciende a 90.000 millones de euros, una cifra que equivale a 4.660 euros por hogar.
  • El 36 por ciento de la actividad económica desarrollada en España se da en sectores afectados por una carga regulatoria y burocrática excesiva, afectando a 1,9 millones de empresas y a 9,8 millones de trabajadores. Solamente en la última década se han conocido al menos 700 recursos contra decisiones regulatorias que restringen la unidad de mercado en nuestro país.
  • Al actual ritmo de creación de normas, España perderá 100.000 empleos en la próxima década debido a la acumulación de nuevos requisitos, restricciones y prohibiciones regulatorias. Esa complejidad también conduce a una mayor litigiosidad, desviando recursos de la economía productiva. De hecho, reducir a la mitad los niveles de congestión judicial apreciados en la jurisdicción civil de nuestro poder judicial permitiría elevar estructuralmente la inversión privada en unos 1.500 millones de euros.
  • La comparativa por comunidades autónomas resulta interesante, puesto que la carga regulatoria efectiva en Cataluña duplica la de Madrid, lo que reduce la renta de la primera comunidad en 1.141 por persona, destruyendo asimismo unos 52.400 puestos de trabajo.
  • Si comparamos a España con Europa, encontramos que igualar nuestra calidad regulatoria y nuestro aparato burocrático a los niveles observados en Dinamarca permitiría incrementar la renta per cápita en 2.589 euros. Lamentablemente, los distintos indicadores referidos a la calidad regulatoria en la UE y la OCDE nos relegan a la zona baja de la tabla.
  • Las regulaciones verdes han crecido con fuerza en el siglo XXI, con 9.489 instancias de este tipo aprobadas de 2000 a 2022. Por cada norma de este tipo aprobada en Francia, España ha puesto en marcha al menos seis disposiciones. Sin embargo, la evidencia muestra que una mayor carga regulatoria conduce a peores, no mejores, niveles de protección del medio ambiente. Hay, por tanto, una relación inversa entre regular más en esta línea y obtener mejores resultados.
  • De 1996 a 2022 se han aprobado 22.337 regulaciones de igualdad de género, más de un 80 por ciento de las cuales han sido impulsadas por los gobiernos autonómicos. En base a la evidencia disponible, no se aprecia una correlación entre introducir más carga normativa en este ámbito y obtener mejores resultados en los indicadores de referencia dedicados a la cuestión de igualdad hombre-mujeres, de modo que la clave no es regular más, sino regular menos y regular mejor.
  • La empresa promedio carga con una larga lista de requisitos burocráticos, como encuestas, obligaciones tributarias, obligaciones contables, procedimientos medioambientales e instancias de otro tipo. Su incidencia es muy significativa en términos de tiempo y recursos perdidos por las empresas afectadas, así como en lo tocante a la naturaleza intervencionista de muchas de estas disposiciones.
  • Asimismo, España tiene en vigor alrededor de 10.300 regulaciones laborales, de modo que el principal coste de empresa (mano de obra) está también sujeto a cotas de hiperregulación que han contribuido a hacer de España el país con más paro de la Unión Europea, con tasas que duplican la media comunitaria.
  • Las obligaciones tributarias no se quedan a la zaga, puesto que hay más de 200 modelos en vigor y las obligaciones de información son cada vez más extensas y tienen distintos calendarios de periodicidad.
  • Como medida complementaria de la complejidad asociada a la regulación tributaria en vigor, vale la pena señalar asimismo que las dificultades asociadas al cumplimiento de la normativa tributaria van también a más. Por ejemplo, el manual del Impuesto sobre la Renta de la Agencia Tributaria alcanzó en la campaña de 2023 una extensión de 1.921 páginas. En caso del IVA, su extensión en el último ejercicio asciéndelas a 360 páginas. Esta misma rúbrica llega a 796 folios en el caso del Impuesto de Sociedades.
  • Además de deprimir la inversión, la sobrecarga normativa mina el emprendimiento. España está en el puesto 97 del último ranking del Banco Mundial dedicado a medir las facilidades para hacer negocios. En lo tocante a las licencias de obra y construcción, recalamos en el número 79 del ranking. Incluso cuando ya se pone en marcha un negocio, el régimen de restricciones puede ser tan asfixiante como vemos en el caso del comercio, donde los grandes establecimientos ven limitada en un 90 por ciento su capacidad de apertura en domingos y festivos, a lo que hay sumar dobles licencias para el funcionamiento cotidiano, limitaciones de las ventas promocionales, impuestos específicos sobre este tipo establecimientos, etc.
  • La nueva Ley de Información Empresarial sobre Sostenibilidad eleva de 80 a 1.125 los requerimientos d datos que deben suministrar las empresas. De esos 1.125, solamente un 20 por ciento son cifras puramente cuantitativas, de modo que las empresas deberán generar ingentes cantidades de nueva información cada año. Para una compañía de tamaño mediano, el coste anual rondará los 400.000 euros. Asimismo, la nueva Ley de Consumo Sostenible quiere imponer un régimen de multas especialmente oneroso, con sanciones de 100.000 euros a quienes se desvíen de unas pautas de comunicación recogidas en una guía de 60 folios. Otro reto en materia normativa es el llamado Gran Hermano Turístico contemplado por el Real Decreto 933/2021, que introduce la obligación de recabar hasta dieciocho nuevos datos de los clientes de hoteles, pisos turísticos y otros establecimientos del sector.

Puedes leer el informe completo AQUÍ.

Wendell Holmes Jr. estaba equivocado, Thoreau siempre tuvo razón

En la fachada del edificio del IRS (Internal Revenue Service, la agencia tributaria estadounidense) puede leerse bajo relieve inmortalizada la famosa frase de Oliver Wendell Holmes Jr. «los impuestos son el precio que pagamos por vivir en civilización». Así suele traducirse, aunque, la frase en inglés realmente no dice la palabra precio, sino: «Taxes are what we pay for a civilized society».

Impuestos y estado

Sin embargo, esto no solo no es cierto, sino que es una vil artimaña. Y a razón de los lamentables y tristes eventos que han acaecido recientemente, ello ha quedado en cabal evidencia. Solo alguien que, o tiene un interés particular por formar parte del estado, o quien repite sin saber por haber sido adoctrinado (desde las escuelas públicas y a veces privadas también) puede seguir pronunciando esa frase tan dañina.

Pronunciar expresiones como esas, en el caso de los primeros, resulta lógico porque el estado no es más que un conjunto de personas con cierto grado de permanencia temporal que busca maximizar su beneficio particular. El estado desde luego no existe como se quiere que lo concibamos. No tiene existencia ontológica. Tampoco es una entidad abstracta con interés propio. Ni mucho menos brega por el bien o interés común, dado que esto último tampoco existe.

Más allá de Weber y otras conocidas definiciones, mi definición es que el estado es una simple, pero enraizada creencia y resulta necesario «desenquistarla» para que la civilización humana pueda despegar y aprovechar su máximo potencial creativo. Es la creencia de delegación en una entidad sobrehumana o cuasi divina. La natural tendencia de seres humanos, en fase inmadura o irresponsable, que desean aliviar la carga de sus hombros en este ente que no son ellos, pero que al mismo tiempo «somos todos». Es realmente contradictorio. Por esta razón, para este tipo de gente la única solución posible es dar mayor poder al estado. 

Lo único cierto es que el mundo está constituido por iguales seres humanos. Personas de carne y hueso con los mismos misterios, angustias, y preguntas existenciales como denominador común. Sin embargo, como bien lo sintetiza Thoreau en su Desobediencia Civil, el estado es como un «fusil de madera», que su mera, pero inútil tenencia alivia la angustia de muchos y tranquiliza a otros.

La verdad es que el estado “no tiene ni la vitalidad ni la fuerza de un solo hombre, ya que un solo hombre puede plegarlo a su voluntad” (Thoreau, 1849).

Cuando por diversas razones como ser: alcanzar determinado nivel de bienestar material, paz espiritual, o riqueza intelectual, la gente comienza a hacerse preguntas y a percatarse de lo estéril que es el estado. Allí comienzan a temblar los cimientos de una creencia que puede desmoronarse. Es entonces cuando quienes forman parte de él y ven peligrar su estilo y forma de vida, (mantener el statu quo), recurren al manual de procedimientos y emergencias y por ello se desatan determinadas acciones.

En general pueden ser o, estrategias de polarización o amenazas que buscan la unión cuando se trata del entorno mundial. En cualquier caso, resultan efectivas dependiendo del contexto y situación de partida. La polarización resulta más sencilla de ver: izquierda-derecha, ricos-pobres, empresarios-trabajadores, hombres-mujeres, etc. Pero hay otro mecanismo, no necesariamente excluyente, que toma relevancia en un contexto donde una élite pretende allanar el camino a un orden mundial hiper centralizado. La justificación estatal (como si de una religión se tratase) buscará acción coordinada y centralizada frente a un enemigo común.

Hace 20 años fue la amenaza de armas químicas que nunca se encontraron, grandes guerras, etc. Sucede que, con las tecnologías actuales se hace más difícil este tipo de artimañas que involucran grandes objetos o ejércitos enemigos. Por eso, más reciente, la supuesta y orquestada pandemia del Coronavirus. Ello hace, a todas luces, que el enemigo debe ser necesariamente invisible. Ahora sin lugar a dudas la estrella elegida es el cambio climático. Sin ser broma, como el delirio y ansias de poder es cada vez mayor, en esta línea, lo próximo debería ser una inminente invasión extraterrestre.

Sin entrar en detalle de cómo es que se orquesta cada cuestión, no cabe dudas que la propaganda y los medios de comunicación son parte esencial del problema. Herramienta de los gobiernos para repetir mensajes sin sentido como “el cambio climático mata”. De ahí también la desesperación de los políticos por controlar las redes sociales porque son un “peligro y atentan contra la democracia”. Pero, ¿peligro para quién? Para ellos. Es gracias a las redes sociales y a la Libertad de expresión que la sociedad civil pudo y puede organizarse eficiente y espontáneamente frente a catástrofes.

Lo cierto es que detrás de toda la parafernalia existe, por un lado, la coacción para extraer recursos de los ciudadanos, sean o no feligreses del estado. Y por otro lado el permanente bombardeo de imágenes y relatos de un mundo caótico sin la existencia de un estado que pueda resolver aquellos problemas, que en primera instancia el estado mismo genera.

En la antigüedad, los jefes y caciques de las tribus junto a los brujos o sacerdotes (hoy serían los científicos o comités de expertos), eran los transmisores de la palabra del «Dios», quienes podían interpretar las manifestaciones de la naturaleza al lego y así explicar fenómenos e impartir justicia. Explicaciones que hoy nos parecerían ridículas pero que los mantenían en el poder. En pleno Siglo XXI, los políticos reemplazan a Dios por el estado. El cuento es el mismo, la entidad salvadora es otra. Para nuestros descendientes dentro de 1000 años las justificaciones actuales del estado les sonarán igual de absurdas que a nosotros creer en el Dios trueno.

El problema es que al final de la vida de cada ser humano con igual misterio y dudas existenciales, quienes habremos pasado por el mundo terrenal siendo expoliados somos los pagadores de impuestos netos. (aquí cabe aclarar que ningún funcionario es pagador de impuestos, da igual si es del poder ejecutivo, legislativo o judicial). 

En definitiva, quienes pagan impuestos son los perdedores. Esto no debe sorprendernos, y aunque no muchos lo saben, el derecho tributario deriva del derecho de guerra. Somos los que hemos perdido o estamos perdiendo, los expoliados con este sistema de violencia estatal. Donde un grupo goza vidas de lujo y otro grupo constituye la neoesclavitud. Al final del juego, la única realidad es que unos vivieron a expensas del tiempo y de la energía de otros.

No siempre el robo fue tan magnánimo y sistemático. Hubo otra época

Hace aproximadamente dos Siglos atrás, la brutal realidad tributaria actual era inconcebible. (tomado del Museo Nacional de Historia Estadounidense – Smithsonian – Washington DC):

Poco después de que Andrew Oliver fuera nombrado distribuidor de sellos -recaudador de impuestos- para Massachusetts en 1765, una turba enojada que esperaba forzar su renuncia colgó su efigie de la rama de un olmo en Boston. Al mismo tiempo, la figura de un diablo con una bota que colgaba de la otra rama representaba a Lord Bute, el influyente consejero del rey que abogaba por imponer impuestos a las colonias. Multitudes en otras colonias trataron de intimidar a los agentes fiscales colgando sus efigies de árboles similares de la “Libertad”, y pasaron a utilizar alquitrán y plumas a los agentes que no renunciaban

La gente de bien se manifestaba de manera activa en contra de que le quiten lo que naturalmente les era propio. Y no existía el impuesto a la renta.  Ahora, los impuestos se han normalizado de tal manera que nos parece absolutamente natural que se pague la ridícula suma 25% (por lo bajo, en circunstancias llega al 48% y más). Pero se paga con un absurdo convencimiento y con la cabeza baja.

La verdadera naturaleza del estado

Para finalizar, el verdadero deber del estado (verdadero en el sentido que es congruente con la naturaleza de su existencia) es insuflar de miedo a la sociedad. Ya decía Henry Miller en 1946,

La falsa idea de que el Estado existe para protegernos se ha desintegrado mil veces. Sin embargo, mientras el hombre carezca de seguridad y confianza en sí mismo el Estado prosperará. Él puede existir gracias al miedo y a la incertidumbre de cada uno de sus miembros.

Cuando la realidad a todas luces es que el estado no puede vivir sin su huésped.

Hay otros que dirán que el estado existe para redistribuir la riqueza porque el mundo es desigual y por lo tanto injusto. Otro disparate más. Un absurdo. Para ser justos con el señor Holmes Wendell Jr. de quien solo me limito a decir que su citada frase es errónea, traigo su opinión respecto de este asunto: “No tengo ningún respeto por la pasión de la igualdad, que me parece más que idealizar la envidia

Dado que una pregunta mal planteada o que nada importa, nunca resuelve el problema. Cabe decir que gracias a Dios existe la desigualdad. Pero a los efectos del problema, la desigualdad es totalmente irrelevante. El problema a resolver es la pobreza. Y la pregunta es ¿cómo generar riqueza? la respuesta siempre es: con más Libertad.

Hasta tanto la sociedad no entienda esto último, seguiremos con los problemas actuales (guerras, hambre, pobreza, inflación, catástrofes y una lista interminable) y no podremos dar el siguiente salto como civilización. Cuando logremos superar ese primer obstáculo -el de ver la realidad, abrir los ojos- recién ahí podremos volcar la infinita capacidad creativa del ser humano para imaginar las formas que hoy resultan inconcebibles. Pero, si ante cada inconveniente la respuesta es más estado más impuestos, estamos perdidos.

En algún momento, la existencia del estado será tan solo una diminuta mancha en la inmensa historia de la civilización humana.

El pensamiento de Azaña

Manuel Azaña (1880-1940) es el político español del siglo XX del que más se ha escrito, con excepción de Franco (1892-1975). Su protagonismo en la IIª República española coincidió con los años más trágicos de la historia española del siglo XX. Líder republicano indiscutible entonces, no es sencillo conocer su pensamiento, incluso el político, porque, en general, siempre ha resultado difícil separar al personaje de su trayectoria durante la República (1931-1936) y la Guerra Civil (1936-1939). Sucede con casi todos los estudios sobre él, incluso biografías, que habitualmente lo estudian en función de su faceta de gobernante republicano, casi en exclusiva, sin profundizar mucho en su trayectoria, ideas y pensamiento.

Intelectual, ¿liberal?, burgués

Alguna vez Azaña se autodefinió como “un intelectual, un liberal y un burgués”. Y fue un intelectual y sin duda un burgués. Sin embargo, hay dudas de que alguien con un temperamento tan dominante fuese un liberal. Temperamento mostrado en los modos empleados en su acción de gobierno (1931- 1933), o en su oposición durante el bienio radical-cedista (1933-1935), o en su segundo y terrible mandato como Primer Ministro, entre febrero y mayo de 1936 y, después, como presidente de la República (1936-1939). En lo relativo a su pensamiento, tampoco puede decirse que fuese un liberal, como otros de su generación. Y no fue un teórico político que dejase textos doctrinales, expresivos de su ideología y pensamiento.

Doctor en Derecho, se dedicó a la Función Pública, desde 1910, en el entonces Ministerio de Gracia y Justicia, mas su gran vocación fue la de escribir. Como escritor, aunque poseyó talento, tuvo muy poco éxito. Le faltó quizá genio creador. A cambio, fue un gran narrador de hechos y situaciones de su época. Sus Diarios personales, sobre los acontecimientos de su vida en la República y la Guerra Civil, es su obra más célebre. En ellos, el autor se muestra brillante y mordaz, con un estilo sobrio y ameno que conforma el más notable dietario político de cualquier personaje destacado del siglo XX, español o extranjero. Pero, igual que sus discursos políticos, no son obras literarias exactamente y no los concibió como tales.

Esa fama de sus Diarios, facilita también estudiar a Azaña en función sólo de su trayectoria política en el periodo republicano. Su pensamiento no está principalmente ahí. Está más en algunas otras obras que, además, en lo literario, superan a los Diarios. Se trata de las quizá mejores obras de Azaña: Vida y obra de D. Juan Valera (1926), con la que ganó el Premio Nacional de Ensayo de 1926, el discurso Tres Generaciones del Ateneo (1930), y La Velada en Benicarló (1939). Las tres poseen también intencionalidad política y, una de ellas, Tres Generaciones del Ateneo, el discurso con el que inauguró el curso ateneista 1930-1931, cuando fue presidente de esa Docta Casa (1930-1932), es quizá su texto más leído.  

El papel de Joaquín Costa

Joaquín Costa (1846-1911), gran teórico del regeneracionismo, tuvo mucha influencia en la generación intelectual de Azaña, la Generación de 1914 (en la que también figuran Ortega y Gasset y Madariaga), orientando su pensamiento político y su visión de España. Costa ejerció una notable influencia en él, especialmente en su pensamiento político y en su concepción de España. El regeneracionismo también lo compartieron los noventayochistas, y hasta los conservadores (Maura, Primo de Rivera y Franco) y muchos otros tras el desastre del 98. Era el dolor profundo por “la patria muerta”, el “patriotismo del dolor” que decía Ortega, ante el desengaño ante la decadencia, la derrota y la corrupción.

La influencia de Costa en Azaña requeriría precisiones y matices, pues reelaboró el costismo desde su propia experiencia y su particular visión del mundo. Ateneista desde 1900, Azaña coincidió allí con Costa en 1900 y 1901, cuando éste preparó y publicó su Oligarquía y caciquismo (1901). Costa, ya en el republicanismo, desarrollaba entonces sus últimas campañas políticas. Azaña tomó de él su crítica a la Restauración, su denuncia del caciquismo y la oligarquía, y su desconfianza hacia las élites políticas y su dudosa capacidad para mejorar el país. También su preocupación por la educación (“escuela y despensa”) como instrumento para regenerar España. Y, asimismo, tomó también el “Cirujano de Hierro”, que practicase la necesaria cirugía férrea para “modernizar” España, con una intervención radical para eliminar cualquier obstáculo. Un cirujano que quizá soñó con ser él.

La influencia de Francia

La segunda influencia, quizá la más importante, fue Francia. Entre 1911 y 1912, estuvo becado un año en París por la Junta de Ampliación de Estudios, viaje que influyó mucho en su formación. En esa primera visita, le impresionaron profundamente la historia, la literatura y las instituciones francesas: Azaña siempre consideró la cultura francesa como el “hogar común” y la “casa materna” de las personas cultas de raza latina, y la IIIª República Francesa un modelo de estado a imitar. Al iniciarse la Iª Guerra Mundial (1914), lideró las campañas a favor de los aliados y fue corresponsal de guerra en Francia, visitándola de nuevo. Contactó entonces con el radicalismo republicano francés, liderado por Clemenceau (1841-1929). Y, entre 1919 y 1920, junto con Cipriano Rivas Cherif, residió en París unos meses.

Azaña creyó encontrar en Francia el gran referente cultural, histórico y político, para orientar el impulso regeneracionista hispano y abordar la terea de modernizar la “caduca”, “atrasada” y “enferma” España. Francia representaba, el éxito en la modernidad en la que España había fracasado. Más aún, consideró a España y a su trayectoria en la modernidad un fracaso y hasta un error históricos.

En 1913, retornado de Francia, firmó junto con, entre otros, Ortega y Gasset, Salvador de Madariaga, Fernando de los Ríos, Luis de Zulueta o Américo Castro, el Prospecto de la Liga para la Educación Política. Fue una iniciativa del “posibilista” Partido Reformista de Melquiades Álvarez (1864-1936), al que Azaña se afilió ese año, igual que Ortega y Gasset o Madariaga. Azaña permaneció en el Partido Reformista hasta su pase al republicanismo, durante la Dictadura de Primo de Rivera. También, entre 1913 y 1920, fue Secretario Primero del Ateneo, donde se hizo notar por su más que enérgico carácter.

Su pensamiento se fundó en el regeneracionismo y en un “afrancesamiento” frecuente en España desde el siglo XVIII. Doble visión negativa de España y su historia y sobre las dificultades para la modernización nacional. Esas tesis negativas se difundieron mucho tras el desastre del 98. Entonces, Costa propuso echar doble llave al sepulcro del Cid; en 1920, Valle Inclán (1866-1936), en su célebre drama Luces de bohemia, dice que la historia de España era una “grotesca deformación de la civilización europea”. En 1922, Ortega y Gasset publicó su España Invertebrada, ensayo de éxito que contiene afirmaciones, arriesgadas y algunas muy erróneas, sobre aspectos esenciales de la historia hispana, para fundamentar sus tesis sobre la debilidad tradicional de las élites españolas. Y, en 1923, Primo de Rivera quiso ejercer de cirujano férreo.      

Un pesimismo español

Pocos intelectuales han expresado mejor la visión negativa de España como Azaña. Lo hizo en varias ocasiones, pero de modo rotundo en noviembre de 1930, en Tres Generaciones del Ateneo que, pese a su título y aunque se refiera a él, no versa sobre el Ateneo. Es una reflexión sobre España y su historia, anticipada en Vida y Obra de D. Juan Valera, en la que anunció el programa que aplicaría si llegaba al poder. Un discurso importante, tanto por lo que dijo, como por quién lo dijo y desde dónde lo hizo: en el casi centenario Ateneo, a un mes de la sublevación republicana de Jaca (diciembre de 1930) y a cinco meses de la proclamación de la IIª República (abril de 1931).

En su discurso, Azaña impugnó al Ateneo liberal y las dos primeras generaciones ateneístas (1835-1900), análogamente a cómo impugnó la Restauración y toda la trayectoria seguida por España en el siglo XIX, que singularizaba en la del Ateneo liberal. Pero su impugnación iba más lejos del rechazo de la Restauración, para conformar una auténtica impugnación, en su conjunto, de España y de su historia, casi desde los Reyes Católicos. A su juicio, la España surgida a finales del siglo XV había sido un “error histórico” a suprimir, pues no era posible corregirlo: así, dijo que “En el estado presente de la sociedad española, nada puede hacerse de útil y valedero sin emanciparnos de la historia”, por ser nuestra tradición, sobre todo el catolicismo, incompatible con la modernidad.

Azaña también condenó el siglo XIX español, la dinastía Borbón y los reyes Austrias y, ya en el paroxismo, condenó toda la tradición española. Para Azaña, la historia de España era esa grotesca deformación de la cultura europea que denunciaba Valle Inclán. Condena que extendía a los liberales del XIX y a la generación de la Restauración (la segunda generación del Ateneo), a la que acusó de pusilánime e inconsecuente, por “resignarse” a tolerar los restos del Antiguo Régimen, heredados de la tradición, y por su renuncia a conducir la “revolución burguesa” a sus últimas consecuencias. Descalificación que ya había lanzado en Vida y Obra de D. Juan Valera.

Así, afirmó que “Hace un siglo, los revolucionarios liberales se empeñaron en demostrar que su revolución restauraba instituciones arcaicas: Toreno, Argüelles, Martínez de la Rosa, el propio Martínez Marina y otros expositores del liberalismo español, torturan la tradición para autorizar su obra política” (la Constitución de 1812 y el desarrollo liberal del siglo XIX). Una situación que, a juicio de Azaña, no había mejorado nada en el XIX pues, en referencia a Costa, añadió que “En tiempos modernos, un apóstol, casi un mártir de la regeneración española, estaba también poseído del mismo afán. (…). (…) el morbo histórico estraga (…) a la sociedad española.

Y concluyó diciendo: “si me preguntan cómo será el mañana, respondo que lo ignoro; además, no me importa. Tan sólo que el presente y su médula podrida se destruyan”. Es decir, consideraba que el tema principal de su tiempo era destruir toda la tradición hispana, política y cultural, y hasta la propia herencia liberal del siglo XIX que, para él, eran elementos, no sólo prescindibles, sino los principales lastres que impedían la modernización nacional. No siendo corregibles, su eliminación requeriría seguramente la “cirugía de hierro” propuesta por Costa.

Un sueño de destrucción y regeneración

Azaña estaba convencido de que el principal objetivo de la IIª República no era establecer un régimen político estable y aceptable en términos democráticos, culminación del liberalismo seguido desde 1812. No; su principal prioridad fue acabar de raíz con la España de su tiempo y con toda su tradición (cultural, política y religiosa), pues eso, para él, era el mayor obstáculo para modernizar el país. Le sucedía como lo que se achacó al líder radical francés Clemenceau, que amaba mucho a Francia, pero aborrecía a la gran mayoría de los franceses. Azaña pudo haber sido un liberal, como Madariaga, pero nunca lo practicó o, como se ha dicho, quizá lo daba por supuesto (¡!), aunque nunca lo ejerciese.

Sus afanes de “regeneración nacional” le inspiraron, en 1931, un intento de recreación de la revolución francesa, adaptada a la España de su tiempo, mediante la IIª República. De ahí su empeño, con premuras reformadoras (reforma militar, agraria, educativa, religiosa, etc.), sin concesiones y con modos autoritarios (Ley de Defensa de la República), en hacer tabla rasa del pasado para “reconstruir” desde cero una nueva España, “liberada”, al fin, del pesado lastre de sus prescindibles historia y tradición. Aunque debe decirse que muchos de los proyectos de Azaña estuvieron bien concebidos y Franco los utilizaría después en su largo mandato. Por ejemplo, los Nuevos Ministerios de Madrid, las reformas educativa y agraria, planes hidrológicos, etc.

Años después, revisaría su actitud, entre la auto-reivindicación y el desengaño, en La Velada en Benicarló (1939). También revisó ahí la trayectoria republicana seguida desde el 14 de abril de 1931 y, muy especialmente, la seguida durante la guerra civil. Lo hizo en tonos amargos y muy críticos, aunque nunca para sí mismo, al igual que sucede en sus Diarios.  

La Blitzkrieg de Trump y la desincronización social

La sucesión de acontecimientos que llevamos vividos desde el 20 de enero no tienen precedentes en la historia reciente de occidente. Desde que Trump fue investido presidente el foco mediático no ha hecho más que cambiar: Panamá, Canadá, Colombia, Venezuela, México, Sudáfrica y Gaza han sufrido la ofensiva diplomática del presidente de Estados Unidos. Pero eso no ha impedido una batería de medidas en política interna igualmente abrumadora: indultos, criptomonedas, leyes sobre el género, cambio de 180 grados sobre inmigración… y por encima todo, un departamento de eficiencia gubernamental (DOGE) que está destapando al Estado en la sombra (deepstate) que muchos habían denunciado, pero que nadie había podido destapar.

Donald J. Trump no es un hombre joven. Nació en 1946 y casi toda su vida ha estado vinculada a dos negocios que no pueden estar más ligados al siglo XX: los bienes raíces y la televisión. Ser un outsider de la política le permitió emplear muchas tácticas novedosas en 2016, pero lo que está haciendo ahora va bastante más allá. En estos primeros días de presidencia ha ejecutado un plan perfectamente organizado para atacar a cada uno de los poderes (nacionales e internacionales) a los que se enfrenta. Y para planificar algo así hay que haber escapado previamente del marco mental del siglo XX, y haberse integrado completamente en el siglo XXI.

El siglo de internet. El siglo de la descentralización (o desincronización)

Y eso es algo cuya importancia está escapando a la mayoría de los analistas. Los políticos occidentales se preocupan por dos cosas: de cómo se habla de ellos en la prensa (lo que leen otros políticos) y cuántos minutos ocupan en televisión (lo que ve la masa). Esta obsesión se arrastra desde mediados del siglo XX, época donde la TV reinaba ya en todos los hogares, lo que permitió que la sociedad estuviera sincronizada. Paul Graham lo definió así en un artículo en 2016:

Ahora cuesta imaginarlo, pero todas las noches decenas de millones de personas se sentaban juntas frente al televisor para ver el mismo programa, a la misma hora, al igual que sus vecinos. Lo que pasa ahora con la Super Bowl ocurría todas las noches. Estábamos literalmente sincronizados.

El poder de la TV no se ha esfumado de golpe. Desde la popularización de internet han tenido que pasar muchos años para que ese reinado esté llegando a su fin. Pero está llegando, y estamos asistiendo a su ocaso.

Contra los legacy media

Trump lo ha entendido perfectamente. Sigue dando ruedas de prensa y concediendo entrevistas a Fox News, pero también ha sido el primer candidato en someterse a podcasters en plena campaña electoral. Menosprecia a los legacy media siempre que puede, y quiere introducir a outsiders en las ruedas de prensa de la Casa Blanca.

Pero la batalla contra los legacy media es solo una pata de una guerra mayor. Para explicar su alcance hay que entender en qué bandos se divide la contienda. Para ello es útil basarse en la explicación que da Balaji Srinivasan en su libro The Network State: How To Start a New Country.

Balaji divide esta guerra en tres bandos:

  • Capitalismo Woke: es la ideología de la clase dirigente de Estados Unidos (y por tanto del mundo occidental) cuyo órgano central son los legacy media.
  • CCP: es el Partido Comunista Chino basado en: leninismo, confucianismo, capitalismo y nacionalismo.
  • Redes internacionales descentralizadas (networks) : son movimientos que están radicados en internet y congregan a personas de todas las nacionalidades que se organizan en torno a fines comunes. Ejemplos de esto podría ser la red de Bitcoin, pero también grupos como los libertarios o la derecha alternativa anti globalismo.

En 2016 Trump se ayudó de las redes sociales para ganar la presidencia. Y siguió usándolas para contrarrestar a sus oponentes. Pero ha sido ahora cuando de verdad se ha integrado en el bando de las networks. Muchas de sus órdenes ejecutivas han sido promesas a diferentes aliados en estas redes: bitcoiners (posible reserva nacional y desregulación), libertarios (indulto a Ross Ulbricht), nombramiento de Robert F. Kennedy Jr. (MAHA), etc.

Oponerse a la centralización

Pero lo que más vincula a Trump a la descentralización es su oposición a la centralización. Sus enemigos son el establishment occidental y el rival de la supremacía americana en el mundo: China. Con este marco tripolar del mundo podemos entender mejor cuál es el objetivo de esta guerra relámpago de órdenes ejecutivas. Para debilitar al capitalismo woke no basta con estar en la Casa Blanca, hay que erosionar sus cimientos. Y esos son dos:

  • Instituciones estatales o financiadas por el Estado que son siempre dirigidas con una visión progresista (USAID es el mejor ejemplo, pero hay docenas más).
  • Instituciones supranacionales cuya función es que se mantenga la inercia de determinadas políticas, independientemente del resultado de las elecciones en los países que las forman.

Sobre China, todo parece indicar que Trump ha decidido forzar a países de su entorno a escoger bando por medio de los aranceles y, en casos más urgentes, la ostentación de su poder militar (peace through strength). Seguramente haya opciones mejores, pero ha escogido esta y de momento no parece estar funcionando mal.

Pero no solo estamos ante una ofensiva, sino que también hay medidas defensivas. Y estas son las más interesantes. Se trata de una gran desregulación cuyo fin es llevar a los Estados Unidos a una nueva época dorada.

Su apuesta por las criptomonedas, la inteligencia artificial y la generación de energía por todos los medios disponibles son a todas luces bazas ganadoras. Nadie conoce el futuro, pero es difícil imaginarse el mundo en 2050 sin que estas tres piezas sean vitales en él.

Combinar el ataque a tus enemigos, sobre todo cuando son tan formidables, con un crecimiento exponencial de tu economía, es la táctica correcta. De hecho, es la única táctica viable para ganarle la partida a expertos en juegos de suma cero.

Estamos muy al principio de esta confrontación. Pero entender qué fichas hay en el tablero y cómo están posicionadas nos va a ayudar a entender lo que va a venir. No tiene sentido seguir sincronizado en un mundo que se está desincronizando. Y eso es más importante aún en un país como España, donde la información sobre Estados Unidos es ridículamente homogénea. Empezar a leer a autores como Balaji Srinivasan, que son un buen primer paso para corregir este problema.

Lo que Elon Musk puede aprender de Ronald Reagan

Por Matthew Bowles. El artículo Lo que Elon Musk puede aprender de Ronald Reagan fue publicado originalmente en CapX.

Desde su toma de posesión como presidente de Estados Unidos, Donald Trump no ha perdido el tiempo en alterar el orden del día. En cuestión de días, la ayuda federal se había pausado para garantizar que el gasto se ajustaba a la agenda de la administración. Otras medidas incluyen la congelación de la contratación de empleados federales y la creación del Departamento de Eficiencia Gubernamental, también conocido por sus siglas, DOGE.

Estas políticas son increíblemente populares entre la base de Trump; sin embargo, no hace falta ser un partidario de Trump para ver los argumentos a favor del recorte de gastos. En 2024, Estados Unidos registró un déficit de 1,8 billones de dólares, lo que contribuyó a una deuda nacional de más de 36 billones de dólares. Según Elon Musk, el magnate de la tecnología contratado para dirigir DOGE, esto incluye un potencial de 50.000 millones de dólares al año de pagos fraudulentos de derechos dentro del Departamento del Tesoro.

En el Reino Unido, muchos comentaristas de la derecha se han apresurado a apoyar estas medidas debido a la creencia de que una revisión radical del Estado resolverá el malestar económico observado desde la crisis financiera de 2007-2008.

Recorta despacio, que tengo prisa

Aunque está claro que es necesario un enfoque diferente, actuar demasiado rápido sin tener en cuenta todas las implicaciones no conducirá a resultados positivos. Una mirada retrospectiva a la carrera política de Ronald Reagan puede resultar instructiva como ejemplo de cómo los planes ambiciosos pueden prometer mucho pero cumplir poco.

Como Gobernador de California, Reagan creó un organismo privado financiado y dotado de personal, la Encuesta del Gobernador sobre Eficiencia y Control de Costes. Las recomendaciones se basaban en prestar los servicios públicos «de la forma más eficaz, rápida y económica». En este punto, Reagan había completado su viaje de autodenominado «New Dealer» a ardiente republicano, decidido a intentar reducir el tamaño del gobierno.

Un resultado indeseado

Sin embargo, los resultados de la reducción del gasto fueron desiguales. Un caso paradigmático fue la Ley Lanterman-Petris-Short, que abolía la hospitalización involuntaria salvo en casos extremos. A principios de la década de 1970, casi todos los enfermos mentales de California eran retirados de los hospitales estatales, con pocas probabilidades de volver al hospital si el paciente recaía.

Estos pacientes acabaron en residencias para enfermos mentales propiedad de cadenas con ánimo de lucro y agrupadas en zonas urbanas degradadas. California fue el primer estado en registrar un aumento del número de personas sin hogar y un incremento del encarcelamiento y la delincuencia como consecuencia directa de la desinstitucionalización. Este es un factor importante que contribuye a la crisis de personas sin hogar a la que se enfrenta California hoy en día.

Más adelante, Reagan también intentó un recorte de gastos similar, pero a escala nacional. Pero a escala nacional. Poco después de convertirse en Presidente, Reagan anunció su plan de recortes fiscales y de gastos. Se creó entonces la Comisión Grace, un organismo del sector privado centrado en la reforma de la burocracia federal y el control del gasto. Se ha comparado con el grupo consultivo de nueva creación, el DOGE. La Comisión Grace presentó más de 2.500 recomendaciones durante sus dos años de mandato, pero sólo el 27% de ellas podían aplicarse por la autoridad presidencial. El 73% restante requería la intervención del Congreso.

El DOGE

Es probable que el DOGE se enfrente a problemas similares. Los juristas se han apresurado a señalar que ni la Constitución ni la legislación estadounidense permiten que el ejecutivo actúe en solitario para anular lo que el Congreso ha autorizado y financiado.

Durante la presidencia de Reagan, el gobierno federal creció mucho. El empleo federal total aumentó en unos 400.000 puestos de trabajo. El déficit casi se duplicó, pasando de 79.000 millones de dólares a 155.000 millones, debido en parte a que el gasto público también casi se duplicó, pasando de 599.000 millones de dólares a algo menos de 1,1 billones.

La misión del DOGE, recortar el gasto federal, sólo puede lograrse recortando los gastos de seguridad social, defensa, Medicaid o Medicare. El gasto fuera de estas cuatro «grandes partidas» no ha sido inferior en porcentaje del PIB desde hace más de 40 años. Los ejemplos de «despilfarro y fraude» son un mero escaparate y no producirán los resultados esperados.

Abordar la regulación puede ser una forma mucho más fructífera de revitalizar la economía estadounidense. El ejecutivo tiene poder para cambiar gran parte de esta situación. Aunque la idea de reducir el tamaño del Gobierno es loable, la presidencia de Trump debe tener cuidado de no prometer demasiado y aprender de los errores del pasado.

Pierre Poilievre, el próximo presidente libertario de Canadá

Por Patrick Carroll. El artículo Pierre Poilievre, el próximo presidente libertario de Canadá, fue publicado originalmente en FEE.

Con la dimisión de Justin Trudeau, Canadá se adentra en una turbulenta temporada política. El Parlamento ha sido prorrogado hasta el 24 de marzo, lo que da tiempo al Partido Liberal de Trudeau a elegir un nuevo líder. El nuevo líder se convertirá en primer ministro como líder del partido en el gobierno, pero entonces es probable que pierda una moción de censura en la Cámara de los Comunes, lo que desencadenaría unas elecciones. Dado que los conservadores llevan actualmente la delantera en las encuestas, se espera que el líder conservador, Pierre Poilievre, gane las elecciones y se convierta en primer ministro.

Ante esta situación, aumenta la curiosidad por saber quién es Poilievre y qué defiende. ¿Cuál es su visión de Canadá y cómo podría configurar el futuro de este país?

¿Un primer ministro libertario?

Nacido en Calgary, Alberta, en 1979, Pierre Poilievre ha estado implicado en política casi toda su vida. Tras licenciarse en Relaciones Internacionales por la Universidad de Calgary, se convirtió en diputado conservador en 2004, a la edad de 25 años. Ha trabajado como parlamentario desde entonces, escalando poco a poco en el partido hasta convertirse en líder en 2022.

La filosofía política de Poilievre es esencialmente conservadora, pero lo que le hace inusual es que también tiene una considerable vena libertaria, una cualidad poco común en las altas esferas de la política canadiense.

En su adolescencia leyó Capitalismo y Libertad, de Milton Friedman, un libro que más tarde calificó de «fundamental» para su pensamiento político. En 1999, siendo estudiante de segundo curso, quedó finalista en el concurso nacional de redacción «Como primer ministro, yo haría…», y ganó 10.000 dólares y un período de prácticas de cuatro meses en Magna International. Su ensayo, «Construir Canadá a través de la libertad», expone sus principios -y sus ambiciones- en términos inequívocos:

Por lo tanto, como primer ministro, lo que haría para mejorar el nivel de vida no es tan importante como lo que no haría. Como primer ministro, cedería a los ciudadanos la mayor parte posible de mi control social, político y económico, dejando que la gente cultive su propia prosperidad personal y gobierne sus propios asuntos tan directamente como sea posible.

Su interés por la libertad ha continuado a lo largo de su carrera. Se describió a sí mismo como «de mentalidad libertaria» ante los medios de comunicación cuando se convirtió en diputado por primera vez en 2004, y es criticado regularmente por la izquierda por ver con buenos ojos el libre mercado y con recelo la intervención gubernamental. «Todas las tendencias políticas tienen villanos, que suelen encajar con nuestras visiones preestablecidas del mundo», escribió Kofi Hope para el Toronto Star en 2022. «Poilievre como [sic] libertario, así que el gobierno es el villano».

Las credenciales de Poilievre a favor de la libertad quedaron aún más de manifiesto cuando fue entrevistado en el podcast de Robert Breedlove en 2022. Durante su conversación, Poilievre dijo a Breedlove que era un oyente habitual y un fan del programa. Esto en sí mismo es revelador: Breedlove es un Bitcoiner, un autodenominado «maximalista de la libertad» y una figura influyente en el movimiento libertario moderno.

Poilievre pasó a referirse a «uno de mis economistas favoritos, Thomas Sowell», y citó específicamente la famosa cita de Sowell de la «primera lección»: «La primera lección de economía es la escasez: Nunca hay suficiente de nada para satisfacer a todos los que lo quieren. La primera lección de la política es ignorar la primera lección de la economía».

Canadá en una encrucijada

El ascenso de Poilievre llega en un momento en que Canadá se enfrenta a una crisis de identidad. Durante casi diez años, el Canadá de Trudeau ha sido la Central del Despertar: progresista en casi todos los sentidos de la palabra, y orgullosa de ello. Poilievre se ha opuesto frontalmente a este enfoque, no sólo en sus aspectos económicos, sino también en el frente cultural.

Pero también hay otra cara de Canadá, que se manifiesta en movimientos como el convoy de camioneros. Es el lado que aún mantiene cierta conexión con los ideales liberales clásicos, un lado que cree (al menos relativamente) en la libertad de expresión, el libre mercado y la responsabilidad fiscal. Aunque este grupo es algo ecléctico y nunca ha sido completamente dominante, su influencia pudo sentirse en el gobierno de Harper (2006-2015) y en el de Chrétien (1993-2003).

También hay un segmento creciente de la población canadiense compuesto por inmigrantes recientes, muchos de los cuales siguen preocupándose principalmente por las cuestiones políticas de los países de los que proceden. Es difícil exagerar lo multicultural que se ha vuelto Canadá, y el volumen de la inmigración reciente se ha convertido en un punto álgido del debate político. La postura de Poilievre sobre el tema de la inmigración se sitúa en algún punto en el centro y, como es habitual en los políticos, parece fluctuar dependiendo de con quién hable.

Con la marcha de Trudeau, los canadienses nos preguntamos, realmente por primera vez en una década, si nos gusta la identidad nacional progresista que hemos adoptado o si es hora de cambiar. Sabemos cómo era el Canadá de Justin Trudeau y lo que representaba. Está mucho menos claro lo que Canadá representará en 2025.

Poilievre está aprovechando el lado liberal clásico de la identidad canadiense. Se ha centrado especialmente en su plan de «suprimir el impuesto sobre el carbono», en referencia al divisivo programa de impuestos y descuentos sobre el carbono introducido por los liberales en 2019 como parte de su agenda climática.

Pero, aunque es probable que consiga reducir el impuesto sobre el carbono, hay motivos para dudar de que sea capaz de introducir cambios importantes a favor de la libertad.

El despotismo de la opinión pública

Puede que Poilievre sea libertario de corazón, pero la mayoría de los votantes canadienses no lo son. Por tanto, si quiere salir elegido, tiene que presentar a los canadienses una versión considerablemente moderada de sus ideas, y eso es exactamente lo que ha estado haciendo. En su mente, presumiblemente, es mejor ser elegido con una plataforma moderada que hacer campaña sobre lo que realmente cree y perder por goleada.

Desgraciadamente, aunque esta estrategia funcione y se convierta en primer ministro, su capacidad para introducir cambios significativos será muy limitada, porque es casi seguro que será expulsado del poder si alguna vez lo intenta.

Hay aquí una lección interesante sobre el poder. Aunque es fácil pensar que la persona al mando puede hacer lo que quiera dentro de los límites constitucionales, lo cierto es que siempre está en deuda con la voluntad de la mayoría. Y como sostenía Ludwig von Mises -haciéndose eco de Étienne de la Boétie y David Hume- esto no sólo es cierto en las democracias, sino en todos los sistemas de gobierno. El «poder» político siempre se basa, no en la fuerza, sino en la opinión. Si un gobernante no ejerce el poder de forma acorde con la opinión pública, es rápidamente sustituido por alguien que sí lo haga, violentamente si es necesario.

Mises explica esta sorprendente implicación en su libro de 1957 Teoría e Historia:

Si la opinión pública es responsable en última instancia de la estructura del gobierno, también es el organismo que determina si hay libertad o esclavitud. Prácticamente, sólo hay un factor que tiene el poder de hacer que la gente no sea libre: la opinión pública tiránica. La lucha por la libertad no es, en última instancia, resistencia a autócratas u oligarcas, sino resistencia al despotismo de la opinión pública.

Puede que Poilievre quiera llevar a Canadá en una dirección liberal clásica de libre mercado. Puede que tenga grandes intenciones de eliminar las regulaciones gubernamentales tanto en la esfera económica como en la social. Pero el problema es que la opinión pública canadiense sigue siendo totalmente estatista.

Por ejemplo, la sanidad está controlada en gran medida por el gobierno, y a muchos canadienses les gusta que sea así. En un estudio realizado en 2023 en el que se preguntaba a la gente su opinión sobre la sanidad privada, los encuestados se dividían en tres grupos: el 39% eran «puristas de la sanidad pública», el 33% eran «curiosos pero reticentes» y el 28% eran «partidarios de la sanidad privada». Esta última cohorte puede sonar alentadora para quienes desearían más opciones de mercado, pero hay que tener en cuenta que la gran mayoría de ellos están simplemente interesados en un modelo híbrido público-privado. El apoyo a un planteamiento de laissez-faire total en la sanidad es sin duda inferior al 1%. Incluso Poilievre, con toda su retórica de libre mercado, probablemente se resistiría a tal sugerencia.

Así pues, aunque la era Poilievre será probablemente mejor que la era Trudeau (un listón muy bajo si los hay), no debemos hacernos ilusiones sobre un cambio radical del país. Mientras la opinión pública mantenga los mismos fundamentos estatistas, lo único políticamente factible serán ajustes marginales. Y los ajustes marginales sólo conducirán a resultados marginalmente mejores.

Sería estupendo eliminar el impuesto sobre el carbono, pero Canadá necesita algo más que el hacha de Poilievre: necesita la motosierra de Milei.

La corrupción institucional como instrumento geopolítico

“Gran corrupción” o corrupción a gran esca­la, definida por Transparencia Internacional como “actos cometidos en los niveles más altos del gobierno que involucran la distor­sión de políticas o de funciones centrales del Estado, y que permiten a los líderes benefi­ciarse del bien común”.

Transparencia Internacional

En el actual escenario internacional de confrontación geopolítica y geoeconómica, el cual hemos abordado en los últimos años desde diversas perspectivas tanto comerciales, como económicas y políticas, se ha venido enraizando desde ya hace tal vez más de dos décadas, pero en especial en los últimos 10 años,  una serie de prácticas corruptas manejadas e incentivadas por algunos gobiernos, como un mecanismo de expansión geopolítica y geoeconómica a nivel internacional, que ha violado la transparencia de las prácticas del libre mercado global de bienes y servicios, como de la contratación y captación de inversiones extranjeras directas en algunos países, en especial en las naciones en vías de desarrollo.

Fundamentos de la libre competencia.

El orden económico mundial derivado de lo que se conoce como el Orden Liberal Internacional (OLI) fue cimentado, a pesar de los procesos de crisis que ha confrontado en el pasado reciente, en un sistema que a grandes rasgos se fundó en una economía de libre mercado, sustentada en un marco jurídico-económico de  procedimientos y políticas que promueven la eficiencia, mediante el otorgamiento de recompensas a los agentes económicos que demuestran eficacia en la gestión de sus recursos y castigos a los oferentes que evidencian un desempeño improductivo, sin una intervención estatal significativa  que favorezca a ningún agente económico en particular.

Dentro del marco de una economía de mercado, la política de competencia, es el soporte más relevante del sistema de economía de mercado enunciado. Estas políticas se estructuran con el ánimo de favorecer el ejercicio económico en espacios de transparencia, en clara protección de las libertades de los consumidores y del mercado. Siendo, por ende, una política que tiene como objetivo la creación de un entorno de garantías de la oferta y la demanda, con el fin de evitar y corregir todos aquellos comportamientos con capacidad de desfigurar el hábitat competitivo, con prácticas como:  la competencia desleal a través de subsidios e intervenciones estatales, y prácticas corruptas entre otras.

Concepto de corrupción internacional

Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), el término corrupción abarca este conjunto de acciones: “Acción y efecto de corromper o corromperse, deterioro de valores, usos o costumbres.  Y en las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización indebida o ilícita de las funciones de aquellas en provecho de sus gestores”.

Para los efectos del presente ensayo, por corrupción internacional, entenderemos sin menoscabar los aspectos en el ya citado concepto de la (DRAE). Como el abuso del poder público en favor de un privado o de una entidad estatal, sea nacional o internacional, a través, de empresas, sean públicas o privadas de ese mismo ente extranjero.  Nos referiremos por ende a una conducta de abu­so que es llevada a cabo por un sujeto de derecho internacional público, como Estado-nación,  que posee poder de decisión en su sector público o privado,  con el fin de influir en la toma de decisiones de otro Estado-nación como sujeto de derecho internacional público, con el objetivo de conseguir ventajas para sus inversiones e inversionistas nacionales, sean públicos o privados, por medio de  sobornos, tráfico de influencias,  y abuso de poder, en un país determinado, en beneficio de sus proyectos de expansión geopolíticas y geoeconómicas, violando las prácticas de transparencia  internacionales y nacionales de la libre competencia respectivamente.

La corrupción internacional en la lucha geopolítica global

Es frecuente encon­trar empresas transnacionales y multinacionales, utilizando prácticas corruptas y desleales respaldada por sus respectivos gobiernos para posicionarse tanto como inversores extranjeros en contratos de licitación de obras internacionales, o en la adquisición de concesiones de diferente naturaleza en especial en la explotación de materias primas con alto valor estratégico, como el cobalto, el litio, las tierras raras, y los hidrocarburos, entre otros recursos.  Entre estos países se encuentra la China comunista, Rusia e Irán, pero en grados muy inferiores a estos dos últimos. Esos Estados han basado sus estrategias de expansión geoeconómicas y políticas en patrones generalizados de corrupción y sobornos, en países en vías de desarrollo, principalmente, y en especial en África e Hispanoamérica.

Estos gobiernos y regímenes, han encontrado en América Latina un terreno fértil para sus estrategias desleales de competencia y penetración económica y política, debido fundamentalmente a la cultura de corrupción sociopolítica e institucional con un fuerte raigambre histórico. Los regímenes autoritarios como el venezolano, y demás países de los círculos izquierdistas latinoamericanos, que han demostrado, desprecio de las normas democráticas sobre el terreno, han facilitado que este club de países se afiance en América Latina, en especial China.

 Mucho se ha tratado el caso de China, con sus prácticas ambientales, laborales y de corrupción, en sus estrategias de inversiones más allá de sus fronteras. Ciertos organismos de control internacionales, como algunos gobiernos occidentales, en especial los EE.UU., consideran que las empresas chinas están entre las menos transparentes del mundo. Destacando desde hace tiempo la renuencia de Beijing a procesar a las empresas o personas chinas acusadas de soborno en relación con contratos extranjeros. Así como los proyectos referentes a los de la “Franja y la Ruta” de China en todo el mundo, los cuales han estado marcados por problemas ambientales, laborales y de corrupción en sus procesos de implementación.

Casos emblemáticos de prácticas corruptas internacionales

Entre los casos de corrupción internacional más emblemáticos en el continente americanos de los últimos 10 años se encuentran:  El caso de corrupción de la empresa brasileña Odebrecht, el cual estalló en el 2016, cuando el Departamento de Justicia de Esta­dos Unidos publicó una investigación sobre el grupo Odebrecht, revelando que había so­bornado durante años con un valor total de 439 millones de dólares a funcionarios de los gobiernos una docena de naciones  latinoamericanas, del caribe y africanas con el fin el objetivo de obtener contrataciones públicas en estos países (Angola, Argentina, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Mo­zambique, Panamá, Perú, República Domini­cana y Venezuela). De esta manera,  la citada empresa brasilera logró obtener aproximadamente 100 proyectos en múltiples países, a través, de su División de Ope­raciones Estructuradas, y una Caja B llamada “Sector de Relaciones Estratégicas”. En estos casos, el gobierno de Lula Da Silva siempre favoreció la presencia de Odebrecht en ciertos países como Venezuela gracias a sus vínculos cercanos con el gobierno de este país.

Otro caso representativo que a título de ejemplo podemos mencionar, fue el referente a la empresa alemana Siemens a.g., que en 2008 reconoció sobornos de millones de dólares a funcionarios de múltiples países, debido a que según la empresa era imposible mantener la competitividad de la empresa en el extranjero. Estando establecido este sistema de mercado, muchas de las grandes empresas acaban sucumbiendo para no renunciar a su competitividad y perder así grandes oportunidades de negocios internacionales frente a sus competidores chinos, principalmente.  Aunque este caso no fue el producto de una política del Estado alemán en favor de una empresa privada alemana, fue la secuela de este esquema de competencia desleal a escala global.

Los casos chinos en Hispanoamérica

 La inversión China y sus prácticas pocos transparentes ha sido más fácil en los países en los cuales han gobernado y aún gobiernan regímenes populistas de tendencia izquierdistas y autoritarias, y donde el Estado de derecho, la libertad de expresión han sido socavadas durante mucho tiempo, casos como el de Argentina durante el kichnerismo, el de Bolivia y Venezuela son los ejemplos más emblemáticos en el ámbito latinoamericano. Sin dejar de mencionar el caso de Ecuador bajo la presidencia de Rafael Correa y el de Panamá.

En el caso boliviano bajo el mandato de Evo Morales, las compañías chinas lograron un importante punto de apoyo en sectores clave de la economía boliviana, que se ha traducido en un monopolio sobre la industria del litio en ese país.

En la Argentina, bajo la era de los gobiernos Kichneristas, la presencia de empresas chinas se arraigó tanto a nivel local, en las provincias y en todas las regiones del país suramericano. Donde los gobernadores feudales habilitaron una sofisticada red de corrupción que China aparentemente utilizó para invertir en todo, desde plantas nucleares, la construcción de plantas de baterías de litio, hasta la instalación de una estación terrestre de seguimiento de satélites, así como plantas hidroeléctricas, entre otras actividades.

El caso de Venezuela, ha sido el más emblemático y representativo de muchas de estas prácticas corruptas, pues este país concentra el 50% de toda la inversión y préstamos que ha realizado China en toda Latinoamérica. En Venezuela las empresas chinas han obtenido acceso a materias primas tanto del área minera, en especial el mineral de hierro como del sector petrolero, a precios muy inferiores a los de los mercados internacionales. En especial el del mineral de hierro a un precio 75% por debajo del mercado.  Sin contar, con los planes de financiamiento depredadores chinos, que terminaron dejando a esta nación sudamericana con una deuda catastrófica de decenas de miles de millones de dólares, bajo condiciones leoninas que aún son totalmente desconocidas.

Y por último, es relevante a la luz del actual conflicto en ciernes entre los Estados Unidos bajo la recién estrenada administración Trump, por el tema de la presencia china en los predios del Canal de Panamá y por las pretensiones de la administración estadounidense sobre esta vía acuática.  Hacer referencia al caso de Panamá, país que ha sido el centro de escándalos internacionales de corrupción en los últimos años, en los cuales se han visto   involucrados dos de sus expresidentes.

Durante la administración del presidente panameño, Juan Carlos Varela, se cancelaron concesiones portuarias de una manera irregular a favor de una empresa china. De igual forma, en el gobierno del presidente Cortizo se otorgaron según fuentes panameñas concesiones a empresas chinas en el área de la construcción de una forma poco transparente, que han sido objeto de críticas y graves acusaciones en este país centro americano por algunos personajes de la vida civil y política del mismo.

Efectos de las prácticas corruptas internacionales

Esta situación ha estado aten­tando, contra la seguridad nacional de muchos países, por un lado, y contra el sistema de mercado libre a escala mundial por el otro. En este sentido, la distorsión de la competencia ge­nerada por la corrupción internacional, ha generado en primer lugar, un esquema de comptencia desleal e injusto. En segundo orden, ha afectado la imagen internacional y reputación de los paises en el que han producido estos hechos de irregulares, y por último ha degradado la confiabilidad de los gobiernos que han incurrido en estas prácticas, frente a sus propios ciudadanos y otros países, generando en algunos casos roces o conflictos diplomáticos entre los mismos.

Otro elemento a destacar es el de la seguridad nacional de los gobiernos que han colaborado con estas prácticas corruptas, pues los mismos terminan siendo rehenes de sus corruptores. Debido al manejo de información delicada y clasificada de sus actividades ilícitas, por parte de estos, que los hace vulnerables al escarnio público y legal, no solo en sus respectivos países, sino a nivel internacional. Lo que los termina convirtiendo en una especie de títeres de naciones como China y Rusia, principalmente dentro de sus proyectos de expansión geopolítica, vulnerando así su independencia y soberanía nacional.

Convenios internacionales de prevención y lucha contra la corrupción

 Han sido varios los convenios internacionales que han sido firmados en diferentes ámbitos geográficos internacionales como nacionales para el combate de esta práctica desleal en los mercados internacionales. Entre los cuales destacaremos solo a título informativo los siguientes: Convención Interamericana contra la corrupción (1996) de la Organización de Estados Americanos, (OEA), El Convenio relativo a la lucha contra los actos de corrupción en los que estén implicados funcionarios de las Comunidades Europeas o de los Estados miembros de la hoy Unión Europea de (1997), Convenio de lucha contra la corrupción de agentes públicos extranjeros en las transacciones comerciales internacionales de 1997,  aprobado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en el año 1997.

El Convenio penal sobre la corrupción y Convenio civil sobre la corrupción (1999). Creado por el Consejo de Europa como un instrumento dual de lucha contra la corrup­ción: uno desde la perspectiva penal, y otro, desde la perspectiva ci­vil, El Convenio para la prevención y lucha contra la corrupción (Unión Africana -2003), Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción del año (2003). 

Es importante destacar, la Foreing Corrupt Practices Act. de los Estados Unidos: la ley contra las prácticas corruptas en el extranjero. La (FCPA) de Estados Unidos, pues esta ley tiene un alcance extrate­rritorial y de responsabilidad penal de la persona jurídica, y legislaciones internas de algunos países. Lo que la convierte en un instrumento importante con el que cuentan los EE.UU. para enfrentar estas prácticas desleales que han afectado a sus empresas a nivel internacional.

No obstante, es importante recalcar que algunos de estos convenios han sido prácticamente letra muerta, principalmente en Latinoamérica y el Caribe, por las razones arriba mencionadas, como en algunos países del continente africano.  Los mismos solo han tenido cierto efecto en el ámbito europeo y en los Estados Unidos por la disposición de sus respectivos gobiernos y estructuras judiciales de combatir las prácticas corruptas a escala internacional.

Conclusiones

Todo este escenario ha terminado de configurar un juego de competencia desleal (unfair competition) frente a otros actores que poseen limitaciones de tipo jurídicas en el ámbito de sus respectivos países como ya lo hemos mencionado, y que les impiden incurrir en estas prácticas corruptas en los mercados globales de inversión, so pena de responsabilidades penales y financieras para sus respectivas empresas. Lo cual los coloca en una posición de desventaja frente a sus competidores chinos, en especial, y rusos.

De igual forma, es relevante destacar que la corrupción en el sector privado lesiona gravemente la competencia. Pues cuando una empresa consigue un contrato por medio de un soborno, supone un caso de competencia desleal respecto a sus competidores, que de igual manera perjudica a toda la sociedad, en la medida en que la competencia tiene una función social que resulta frustrada, como es la de ofrecer el mejor servicio o bien según sea el caso con la mejor relación precio-calidad.

Pues los sobornos son costos ocultos que al final son pagados por la sociedad en cuestión de manera directa, no solo en términos de recursos económicos mal empleados, sino en términos ambientales, laborales y de imagen del país en cuanto a su reputación política-institucional a nivel internacional.

Frente a esta grave amenaza internacional que ha estado minando todo el esquema de la libre competencia a escala internacional, promovida por potencias como China, Rusia y otros países menos relevantes. Se debería de conformar un régimen internacional tanto político como jurídico más eficiente que los antes señalados, liderado por los EE.UU. la Unión Europea y los aliados asiáticos en especial Japón y Corea del Sur, para enfrentar y neutralizar estas prácticas desleales y poco transparente a nivel mundial llevadas a cabo principalmente por el gigante asiático en su expansión geoeconómica y política a nivel mundial.