Mises, el origen del dinero y el subjetivismo
En tres de mis artículos anteriores, he abordado muchos de los argumentos que, en la actualidad, esgrimen los herederos intelectuales de la Escuela Monetaria en contra de la banca libre con reserva fraccionaria en la Escuela Austriaca. Tanto a la hora de criticar su teoría del valor de los sustitutos monetarios, su teoría del ciclo económico y sus implicaciones sobre la política bancaria con el caso de Henry Simons, me percaté de que todos estos errores procedían de la raíz de cualquier teoría monetaria: la teoría sobre el origen del dinero. Esto puede observarse claramente con las dos tendencias predominantes en la historia del pensamiento económico: el metalismo y el chartalismo.
La relación entre el metalismo y la teoría cuantitativa
El metalismo consideraba que todo activo monetario debía ser, necesariamente, un activo real y, en caso de no serlo –es decir, que fuera un activo financiero–, actuaría de forma homóloga a este. O, en términos de Ludwig von Mises (2012), estos activos financieros que actuaran como medios de pago en la economía serían sustitutos monetarios perfectos.
Aunque aparentemente trivial, este marco analítico que concibe a todo activo monetario como un activo real cometió el grave error de aplicar la misma teoría del valor a los activos reales y financieros, desembocando en el error teórico del cuantitativismo. Si todo incremento de la oferta de un activo financiero tiende a reducir su utilidad marginal –como sería el caso de los activos reales–, entonces la oferta monetaria es lo único que nos debería concernir desde un punto de vista económico. Pues de esta provendrían todas las fluctuaciones en el poder adquisitivo del dinero. En este caso, podemos observar cómo la teoría del origen del dinero de los metalistas condiciona decisivamente su modo de entender los patrones monetarios y sus errores teóricos al no diferenciar entre activos financieros y reales.
La teoría cuantitativa y la demanda de sustitutos monetarios
La realidad económica, empero, reacciona de manera distinta ante el incremento (o la disminución) de la oferta de un activo real y un activo financiero. Si bien el valor del activo real depende de los servicios que le pueda proporcionar a su propietario –en el caso de que este activo real deviniera dinero, estos serían los servicios de liquidez a lo largo del tiempo y el espacio (Rallo, 2019)–, el de un activo financiero estará condicionado por el flujo esperado de servicios o activos reales que provea. Y, si este se incrementa y es demandado por el público, entonces no existe ninguna razón por la cual una mayor oferta de activos financieros pueda causar un decrecimiento de su utilidad marginal si los servicios de liquidez que proporcionan no se degradan.
Dicho de otra manera, el flujo de activos financieros que actúan como sustitutos monetarios y que circulan en una economía a lo largo del tiempo no es homogéneo, pues la solvencia y la credibilidad del deudor puede incrementarse. Esto posibilita que el valor de un activo financiero pueda aumentar tras un incremento de su oferta.
El chartalismo y la Teoría Monetaria Moderna
Así mismo, en la Teoría Monetaria Moderna se vuelven a producir errores como consecuencia de una teoría incompleta sobre el origen del dinero: el neochartalismo. Pero, antes de todo, ¿cuáles son los orígenes de esta doctrina? Para ello, habremos de retrotraernos al origen del chartalismo en la obra de Georg Friedrich Knapp, A State Theory of Money.
Para los chartalistas, el dinero surge de las obligaciones que uno mantiene con la comunidad o, dicho de otro modo, de la deuda que un individuo tiene sobre terceros, y viceversa. Desde esta doctrina, el dinero solo podría surgir como un activo financiero, no como un activo real. De hecho, muchos autores chartalistas han recalcado que el surgimiento de los activos reales en los patrones monetarios surge en la búsqueda de un denominador común para saldar estas deudas.
El dinero es una “criatura del mercado”
Siguiendo la evolución lógica del chartalismo, si el dinero solo puede emerger como obligaciones contra otros integrantes de la comunidad, y estas suelen estar regidas por un Estado, entonces el dinero surgiría de las obligaciones fiscales que el individuo mantiene con este, siendo el dinero una criatura de la Ley. De ahí la evolución al neochartalismo del que bebe la Teoría Monetaria Moderna.
Se ha de recalcar que este salto lógico invalida una teoría que podría haber encajado en una visión evolutiva y subjetivista del origen del dinero, pues describe una posibilidad de selección espontánea de activos financieros como dinero. Pero, como hemos apuntado previamente, el dinero puede, pero no ha de ser necesariamente un activo financiero. Sin embargo, incluso si todo lo anterior fuera cierto, concebir al Estado como la fuente última de la demanda monetaria es un error teórico, pues los individuos no mantienen el dinero en sus saldos de tesorería únicamente para saldar sus obligaciones fiscales.
Dinero y evolución
Evidentemente, el Estado y la imposición de obligaciones fiscales pueden facilitar el proceso espontáneo de descubrimiento que ya recalcó Carl Menger en su obra El Dinero, pero esto no es condición necesaria ni suficiente para que el dinero surja en una comunidad. En todo caso, podríamos decir que un Estado que no facilite la libre competencia de monedas y que promueva leyes de curso forzoso provoca que ciertas redes –entendidas estas en su sentido monetario– se vuelvan incompatibles y dificulten el proceso de selección de aquel dinero con mejores servicios de liquidez.
De no ser un Estado tan intervencionista en el ámbito monetario, también podríamos explicarlo desde la teoría evolutiva, ya que convierte a una mercancía concreta en más negociable con respecto a otras, en el sentido de que a otros individuos les será útil, como mínimo, para pagar impuestos, aunque esta no sea la fuente última de la demanda monetaria. De hecho, actualmente encontramos muchos casos, especialmente en países con inflaciones galopantes como Venezuela, donde los ciudadanos huyen de la moneda gubernamental a pesar de tener obligaciones fiscales con ese Estado.
La utilidad monetaria no está constituida por las obligaciones fiscales
Sea como fuere, los errores teóricos de la teoría del origen del dinero que defiende la Teoría Monetaria Moderna acaban impregnando toda su teoría monetaria y sus propuestas de política económica. Si se presume, como con el neochartalismo, que la utilidad monetaria parte de las obligaciones fiscales que los integrantes de la comunidad política tienen con el Estado, entonces sería posible llevar a cabo todo tipo de expansiones monetarias para garantizar el pleno empleo sin que se redujera el poder adquisitivo de la moneda fiat.
A pesar del atractivo de estas proposiciones teóricas, la demanda monetaria no se destina únicamente a saldar obligaciones fiscales con el Estado. Por esta razón, puede decrecer el valor de cambio objetivo del dinero incluso si se incrementan los impuestos, si es que los agentes económicos perciben subjetivamente que los servicios de liquidez del dinero se han deteriorado. En suma, tal y como sucedía con la homogeneización de activos reales y financieros de la que parte el metalismo, defender que el origen del dinero es una causa de la coacción estatal explica muchos de los errores de la Teoría Monetaria Moderna.
Sobre el dinero ideal
Una vez observemos cómo históricamente se han constituido los patrones monetarios, se manifestarán 1) las equivocaciones de los chartalistas y los metalistas que no distinguieron entre activos reales y financieros; y 2) las virtudes de una teoría subjetivista y evolucionista del origen del dinero, como la que planteó Menger en su obra El Dinero y descartó implícitamente Mises en su Teoría del Dinero y el Crédito. Para ello, retrocederemos al patrón oro clásico, ya que es un ejemplo perfecto de las virtudes de la combinación entre activos reales y financieros para construir un sistema que imponga el principio de disciplina o de elasticidad allí donde sea necesario.
Si acaso lo planteáramos desde un punto de vista estático e ideal, huelga decir que no existiría ninguna razón para la disciplina en el sistema monetario. Al fin y al cabo, este principio supone la eliminación de parte de los sustitutos monetarios emitidos previamente, lo cual no sería explicable desde una visión estática de los procesos económicos. Sin embargo, dado que la incertidumbre y el error son dos componentes inherentes a estos, es vital que existan mecanismos que contribuyan a evitar o solventar los desajustes que surgen en el mismo. Entre estos, podemos destacar la competencia, la convertibilidad y la Ley del Reflujo de Fullarton, los cuales ya pudimos abordar en un artículo anterior.
El principio de disciplina
El patrón oro clásico supuso, en parte, la plasmación de los principios de disciplina y elasticidad en el sistema monetario. Este sistema se fundamentaba en activos reales –en este caso el oro– sobre el cual se emitían los sustitutos monetarios, con una oferta completamente elástica. El principio de disciplina descrito anteriormente se vería caracterizado por los activos reales, a los cuales los ciudadanos y los bancos siempre podían recurrir en caso de que uno de estos últimos degradara la liquidez de sus pasivos, principalmente los depósitos a la vista y los billetes de banco.
Esto, a su vez, imponía un límite exógeno para la emisión de sustitutos monetarios, dado que, en el caso de que las instituciones financieras decidieran expandir su balance indefinidamente, perderían sus reservas y se verían abocadas a la quiebra.
No todos los activos financieros son sustitutos monetarios
Hasta aquí, hemos explicado el elemento de disciplina que poseía el patrón oro. El principio de elasticidad, por su parte, se ve plasmado a través de los sustitutos monetarios. Pero antes, es imprescindible destacar el elemento intrínsecamente subjetivo del sustituto monetario. No todo activo financiero actúa como un sustituto monetario, sino solo aquellos que son percibidos por los agentes económicos como un medio de transferencia temporal y espacial de liquidez adecuado.
O, dicho de otra manera, un activo financiero devendrá sustituto monetario si el público lo emplea tanto para adquirir mercancías como para preservar su riqueza patrimonial en el tiempo, y a su vez otros agentes lo perciben de la misma manera. Resulta esencial resaltar que la cuestión de qué activos reales y financieros son dinero no es una cuestión cualitativa sino de grado, porque habrá bienes económicos que cumplan mejor o peor con estas funciones, o solo desempeñen una de estas. A esta propiedad la llamaremos dinerabilidad.
Activos reales y financieros
Hecha esta aclaración, existen importantes diferencias entre los activos financieros y reales. En primer lugar, al contrario que con estos últimos, la oferta de los activos financieros que actúan como sustitutos monetarios es totalmente elástica, es decir, que, debido a que los costes de emisión de estos sustitutos monetarios son cercanos a cero, su cantidad varía proporcionalmente con el aumento de la demanda de atesorar dinero en sentido amplio (Rallo, 2019).
En segundo lugar, la determinación del valor de los activos reales y financieros es bien distinta, pues los activos reales no tienen riesgo de contraparte –esto es, que no dependen de la solvencia de un tercero– y sus unidades son homogéneas, mientras que la composición de un activo financiero puede variar en función del flujo de activos reales al que estos dan derecho y de la esperada solvencia del deudor.
Como hemos resaltado previamente, estas importantes diferencias entre ambos tipos de activos monetarios invalidan en gran parte muchas de las premisas chartalistas y metalistas, que presumen que todo estos son o se comportan como activos financieros –en el caso de los primeros– o activos reales –en el caso de los segundos. De nuevo, podemos observar como la concepción última del activo monetario, presente en la teoría del origen del dinero, tiene importantes implicaciones sobre toda la teoría monetaria que parte de esta.
Menger y la teoría evolutiva del origen del dinero
La existencia de un patrón monetario que combine activos reales de oferta inelástica con activos financieros de oferta elástica pone de manifiesto la validez teórica de la teoría evolutiva del origen del dinero, y que no consiguieron igualar ni el chartalismo ni el metalismo por su concepción restringida de los activos monetarios. Esta teoría fue inicialmente enunciada por Carl Menger en su obra El Dinero, donde el economista austriaco demuestra que el dinero es una criatura del mercado, y no de la ley. Para Menger, el dinero surge como una modernización de los intercambios mediante el trueque en un proceso descentralizado de descubrimiento de aquellas mercancías con mayor negociabilidad, es decir, aquellas que todas las personas deseen adquirir. En palabras de Menger (2013):
«Recurriendo al camino más largo de un intercambio intermedio –es decir, cediendo sus mercancías menos negociables a cambio de otras que lo son más–, tiene la probabilidad de conseguir su objetivo de manera más segura y económica que limitándose al trueque directo.»
El subjetivismo monetario de Carl Menger
A priori, podríamos pensar que Menger se inserta en la tradición metalista previamente enunciada, en función de la cual solo los activos reales podían convertirse en activos monetarios. Sin embargo, para Menger, las mercancías son los bienes económicos de todo tipo destinados al intercambio (Menger, 2020). Teniendo en cuenta esta definición tan amplia, un activo financiero también podría devenir dinero bajo la teoría evolutiva del origen del dinero.
Al fin y al cabo, las deudas con un tercero de confianza, ya sea un banco, el gobierno o cualquier otra institución, podrían convertirse en dinero si poseen un alto grado de negociabilidad, y cumplen con las propiedades que designa Menger en su obra, como la transferencia patrimonial de valor en el tiempo o, en la nomenclatura de este artículo, la liquidez.
Si bien es cierto que todos los pensadores austriacos identificaron la distinción entre el dinero-base y los sustitutos monetarios pagaderos en el mismo, la teoría del origen del dinero que sostiene la ortodoxia en la Escuela Austriaca es incompatible tanto con el surgimiento de un patrón monetario basado enteramente en activos financieros –como es el caso del patrón fiat–, como con las bases subjetivistas de la escuela.
El teorema regresivo de Mises
Ahora bien, ¿cuál es esa teoría del origen del dinero en la Escuela Austriaca a la que nos estamos refiriendo? En 1912, con su Teoría del Dinero y el Crédito, Mises enunció el llamado teorema regresivo del dinero, que daba una solución a la incógnita del surgimiento del poder adquisitivo del dinero. Esta paradoja se explica con el distinto comportamiento que Mises les atribuye a las mercancías en función de si son, o no, un activo monetario o no monetario.
En una mercancía que no deviene dinero, su valor de cambio proviene del valor de uso que los agentes económicos le atribuyen subjetivamente a la unidad marginal de esa mercancía. Sin embargo, para Mises, la utilidad marginal del dinero viene determinada por su valor de cambio en t-1, a la inversa de lo que sucede con bienes económicos no monetarios.
¿De dónde surge, entonces, el poder adquisitivo del dinero en t si este depende del que tenía en t-1? Mises parece tener una solución a este problema: de la utilidad no monetaria de la mercancía en t-1. Por ello, para que un bien devenga un activo monetario será necesario que ese bien tenga un valor de uso no monetario previo.
El metalismo de Mises
Podemos observar, entonces, que Mises adopta una visión metalista del origen del dinero y, por tanto, errónea dentro de la tradición de la teoría evolutiva de Menger. Esto es, porque el autor austriaco no contempla que un activo financiero o un activo real sin una utilidad no monetaria previa puedan convertirse en dinero, aun si no tenía una utilidad no monetaria previa.
Como se ha apuntado previamente, existen ejemplos históricos, como el dinero fiat actual o la emergencia de Bitcoin, que debilitan teóricamente la postura de Mises sobre el origen del dinero. No obstante, y más relevante incluso, la paradoja que enunciábamos con anterioridad parte de la premisa de que la utilidad de un activo monetario –comprendida en el sentido amplio y mengeriano del término– depende de su valor de cambio en t-1.
Tanto la liquidez presente como esperada
Esta suposición sobre la que se basa la incógnita que parece resolver Mises es errónea porque un bien puede convertirse en dinero sin que haya tenido una utilidad no monetaria en el pasado. De la misma manera que hay numerosos factores relativos a la oferta y a la demanda de dinero que afectan a las variaciones de su poder adquisitivo, también los hay que afectan a si esa mercancía se convierte –o no– en dinero. Estos factores pueden agruparse en dos: la liquidez tanto presente y esperada.
En cuanto a la primera, la capacidad de ese bien económico de transportar valor a lo largo del tiempo y del espacio puede influir en que determinados agentes económicos le atribuyan utilidades exclusivamente monetarias. Cabe afirmar, empero, que si existe una mercancía que deviene dinero en su origen o en el momento el que le confieren cierta utilidad, es harto improbable que la mantengan en sus saldos de tesorería por su liquidez actual, ya que esta suele manifestarse una vez el mercado del bien se ha expandido lo suficiente como para evitar la volatilidad inicial que es inherente a un spread elevado y no próximo a cero (Rallo, 2019).
Por esta razón, es más probable que los agentes económicos comiencen a imputar utilidades monetarias a ese bien en función de la liquidez esperada debido a las propiedades que pueda tener ese activo monetario. Y esta liquidez esperada también puede venir determinada tanto por el poder adquisitivo pasado de la mercancía como por su negociabilidad, como apuntábamos refiriéndonos a las aportaciones monetarias de Carl Menger.
Una mercancía sin utilidad previa puede convertirse en dinero
Fijémonos que, aunque una mercancía que se convierta en dinero haya tenido utilidades no monetarias previas –lo cual ha sido frecuente históricamente (Ammous, 2018)–, esto no demuestra la validez teórica del teorema regresivo porque no hace alusión a todos los factores que influyen en esta acción. Evidentemente, los agentes económicos tienen en cuenta el valor de cambio objetivo de la mercancía a la hora de comenzar a emplearla como dinero, pero no es condición ni necesaria ni suficiente para que se convierta en tal, pues las expectativas forman parte de la utilidad que se le da a un bien en particular.
En parte, este factor determinante de la demanda de dinero desmiente la premisa de la regresión sobre la que Mises sostiene su teorema, pues un agente económico puede imputar utilidad monetaria a un bien sin que este haya tenido poder adquisitivo en el pasado, si espera que vaya a otorgarle servicios de liquidez adecuados.
¿Es la teoría monetaria de Mises verdaderamente austriaca?
Y, ¿por qué hemos afirmado previamente que el teorema regresivo del dinero no obedece a la tradición austriaca subjetivista? Al restringir los factores determinantes de la demanda monetaria originaria al valor histórico, Mises desprecia que los agentes económicos puedan decidir, en base a sus expectativas, que un bien económico pueda cumplir las funciones de transferencia espacial y temporal de liquidez, tal y como la teoría evolutiva de Menger describe.
Con todo, no es aquí donde más se aprecian las raíces ricardianas de la teoría monetaria de Mises, pero sí podemos observar cómo, al considerar a los bienes económicos y a los medios de cambio como dos categorías distintas, cae en el error de describir la valoración subjetiva del activo monetario a partir de una única condición como es la del valor de cambio objetivo. En contraposición, un teorema del origen del dinero enteramente subjetivista debería abordar: la distinción entre activos reales y financieros; el origen del dinero como un proceso de descubrimiento descentralizado; y la variación de la dinerabilidad a lo largo del proceso de monetización.
La distinción entre activos reales y financieros
En base a la teoría evolutiva del origen del dinero, se debe comprender la posibilidad de que pueda surgir un dinero que sea un activo financiero o un activo real en base a la utilidad monetaria que se le conceda a ese bien en un determinado momento en base a las expectativas o al valor histórico, verbigracia. De este modo, es esencial que se comprenda el origen de un activo monetario como un fenómeno autónomo: ni los activos reales necesariamente han de emerger en el sistema monetario para saldar las deudas entre individuos ni los activos financieros han de partir exclusivamente de los activos reales.
Dicho de otro modo, puede haber patrones monetarios donde se empleen únicamente activos reales o financieros, sin necesidad de que exista una combinación entre ambos, porque el dinero elegido depende, en última instancia, de las preferencias de los agentes económicos.
El origen del dinero como un proceso de mercado
Si por algo destaca la Escuela Austriaca es por su análisis dinámico y multidisciplinar de los procesos de mercado, partiendo siempre desde el individualismo y el subjetivismo metodológico. Estos procesos no están constituidos por individuos que meramente reaccionan ante los cambios en su entorno, a pesar de que la acción humana tiene un claro componente reactivo y de imitación. Más bien, el ser humano está en la constante búsqueda de nuevas oportunidades de ganancia que surgen en todos los ámbitos, incluyendo el monetario.
En este sentido, los procesos económicos se caracterizan principalmente por el descubrimiento de nueva información que previamente no existía, fruto de la creatividad humana. Siendo el origen del dinero un proceso de mercado más resulta imprescindible explicar, como consiguió Menger en su obra monetaria, que este es un proceso descentralizado de descubrimiento en el que cualquier mercancía puede convertirse en dinero, aunque haya algunas con mayor dinerabilidad que otras.
La variación de la dinerabilidad a lo largo del proceso de monetización
Aunque esto no es algo que entre en conflicto con ninguna de las teorías estudiadas, resulta de un enorme interés económico observar cómo las mercancías que experimentan el proceso de monetización –fundamentado en la experimentación descentralizada de estas en el intercambio– van adquiriendo más propiedades inherentes al dinero, es decir, que van perfeccionando los servicios de liquidez que proveen.
Esto no solo enriquece cualquier teoría sobre el origen del dinero, sino que también elimina cualquier arbitrariedad implícita en la designación de dinero, siendo este un concepto de grado y no cualitativo. Bitcoin es, de hecho, un ejemplo perfecto de una mercancía cuya volatilidad se está reduciendo –mejorando su liquidez temporal– y comienza a ser empleada en cada vez más intercambios, incrementando su dinerabilidad y su liquidez espacial y temporal.
Conclusiones
Toda teoría monetaria tiene su base en la teoría del origen del dinero, y ya hemos visto cómo, en el caso del chartalismo, el metalismo y el teorema regresivo, muchas de las tesis subsecuentes se ven comprometidas debido a errores en este campo. No pretendo defender, en ninguno de los casos, que los errores señalados invalidan toda la teoría monetaria restante, aunque sí tenga implicaciones sobre estas, condicionando las políticas económicas propuestas. En todo caso, para demostrar todos los errores teóricos de la Teoría Monetaria Moderna o del cuantitativismo se necesitará una crítica dirigida ante cada una de las premisas de estas teorías, por mucho que la concepción del dinero que se encuentra implícita en estas condicione de forma severa sus postulados.
En el caso de la Escuela Austriaca, ya hemos analizado cómo el teorema regresivo se ha desplazado de muchas de las bases subjetivistas de la teoría evolutiva del dinero sobre la que debería basarse una teoría monetaria compatible con el marco teórico de la escuela y con la realidad económica. El objetivo del presente artículo no es demoler los cimientos teóricos de la escuela, sino de resaltar los errores que restringen la sofisticación de la teoría monetaria austriaca. Aunque es evidente que los errores del teorema regresivo de Mises reclaman un cambio en ciertos paradigmas monetarios de la Escuela Austriaca, es necesario que estos se lleven a cabo si se pretende construir una teoría monetaria más completa de la que ahora posee.
Bibliografía
Ammous, S. (2018). El Patrón Bitcoin: La alternativa descentralizada a los bancos centrales. Ediciones Deusto.
Menger, C. (2013). El Dinero. Unión Editorial.
Menger, C. (2020). Principios de Economía Política. Unión Editorial.
Mises, L. von (2012). Una Teoría del Dinero y el Crédito. Unión Editorial.
Rallo, J.R. (2017). Contra la Teoría Monetaria Moderna: Por qué imprimir dinero sí que genera inflación y por qué la deuda pública sí que la pagan los ciudadanos. Ediciones Deusto.
Rallo, J.R. (2019). Una Crítica a la Teoría Monetaria de Mises. Unión Editorial.
