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¿Podamos? ¡Podemos!

Algunas hojas del árbol social están cayendo o están siendo cortadas por podridas o corruptas. Estamos soltando lastre, librándonos de parásitos y sanguijuelas que nos chupan la sangre. Conviene continuar: no esperar a que caigan por sí solas, sino eliminar activamente las ramas muertas, viejas o secas que dificultan el crecimiento y el desarrollo.

Sin embargo mucha gente parece estar fijándose de forma parcial e incompleta en casos llamativos y se niega a ver el elefante en la habitación. El problema social no está solamente en unos pocos políticos o altos mandos corruptos o incompetentes, en una casta elitista que presuntamente lo controla todo y se reparte los despojos del poder. El problema más grave y fundamental está en el poder estatal en sí mismo y en todos aquellos, que son muchos, que prosperan gracias a él y viven impunemente a costa de los demás.

Podemos todas las castas depredadoras: las elitistas al mando y las populares que contribuyen al sostenimiento de las elitistas. Estas castas masivas también necesitan una profunda depuración. Conviene podarlas o reformarlas de forma radical para conseguir que de forma efectiva se pongan al servicio de los demás en una economía de mercado libre. No nos creamos sus muy repetidos e hipócritas eslóganes según los cuales ellos se sacrifican por el bien común: obliguémosles a hacerlo de verdad. Denunciemos a aquellos que denuncian a sus superiores políticos y les tachan de casta casi exclusivamente para despistar, para distraer la atención sobre su propia naturaleza de grupos de interés y presión.

Cuanto más importantes sean los servicios que prestan (como en la sanidad o en la educación) más importante es corregir sus múltiples ineficiencias y abusos. Privaticemos la sanidad y la educación, y si es necesario utilicemos cheques sanitarios o escolares para permitir que los receptores de los servicios actúen como consumidores soberanos capaces de controlar y disciplinar a los productores o proveedores.

Podemos el escaqueo sistemático de múltiples colectivos. Podemos la administración a todos los niveles de funcionarios apoltronados, pegados y apegados a su plaza en propiedad. Vigilemos y midamos con rigor su productividad y no nos dejemos engañar por sus posibles trampas para aparentar que están trabajando duro y bien. Exijamos transparencia, que actúen públicamente como auténticos servidores públicos.

Podemos los entes públicos que existen en beneficio de los allí atrincherados. Eliminemos las televisiones públicas.

Podemos los impuestos, el presupuesto, los gastos y la hacienda pública. Dejemos la renta y la riqueza en manos de sus legítimos propietarios, sus productores.

Podemos las subvenciones, los subsidios y las protecciones a los productores ineficientes. Podemos a los incompetentes o poco competitivos.

Podemos el corporativismo de todos los gremios que sólo buscan evitar la competencia y tapar sus vergüenzas.

Podemos las regulaciones que asfixian la libertad y matan la iniciativa empresarial innovadora y creativa.

Podemos la picaresca. Arranquemos de cuajo a todos aquellos que viven del cuento, del lloriqueo, del victimismo, de exagerar sus necesidades. Podemos a los sinvergüenzas y a los vagos.

Podemos la envidia y el igualitarismo coactivo.

Podemos la chapuza.

No añadamos más lastre al peso muerto que ya sufrimos. No institucionalicemos el derecho a vivir por la cara, simplemente por estar ahí, por existir, sin necesidad de ofrecer nada de valor a cambio de lo que se recibe.

Podemos las ideas disparatadas y falaces que se difunden desde tribunas universitarias fanáticamente politizadas e ideologizadas.

¿Podemos podar? ¡Podemos!

Falsedades populares sobre la política

Hay personas honradas, por lo tanto pueden existir los políticos honrados

No pueden existir políticos honrados, de la misma forma que no existen los ladrones honrados. Es un oxímoron. La confusión viene porque, a diferencia del término ladrón, que no deja lugar a dudas de su significado, existen muchas personas que creen que ejercer la política no conlleva realizar acciones éticamente incorrectas. Muchas de esas personas deciden dedicarse a la política y, hasta que consiguen una cuota de poder, se comportan de forma honrada. Pero claro, un político sin poder es como cualquier otra persona; se tiene que ganar la vida con labores ajenas al politiqueo y por tanto no se diferencia del resto de los mortales.

Siguiendo con el ejemplo; si yo decido dedicarme al robo pensando que es una forma de ayudar a los demás sin perjudicar a nadie, en cuanto me dé cuenta que para robar tengo que quitarle algo a una persona en contra de su voluntad, y sin tener ninguna justificación para ello, me tendré que enfrentar a una decisión: o perpetro el robo y me convierto en un ladrón, a sabiendas de lo que ello conlleva, o abandono la idea de convertirme en ladrón.

Del mismo modo para ser un político de verdad hay que tener poder y mantenerlo, y la única forma de conseguirlo es perjudicando a unos para beneficiar a otros de forma arbitraria. No hay otro camino. Todos los políticos se enfrentan a esa decisión el día que son conscientes de lo que implica dedicarse a la política (eso los que no lo sabían de antes, claro), por eso algunos abandonan asqueados, mientras otros asumen su destino de forma clara, o autojustificándose de la forma que imaginen.

Hay una forma justa de pagar impuestos

Los impuestos son la confiscación forzosa de la riqueza que ejerce el Estado para financiarse. No son justos por definición en cuanto a que no se basan en el acuerdo de ambas partes (contribuyente y Estado) sobre la razón de la confiscación. Por lo tanto su uso no se centra en la justicia social ni ninguna otra fórmula, sino simplemente en la capacidad del Estado, como agente, de confiscar los mismos. Dicho de otra forma, si el Estado puede recaudar 50€ a 100 contribuyentes del tipo A, a un coste de 1€ de gestión por cada uno, mientras que sólo puede recaudar 100€ a 5 contribuyentes del tipo B, a un coste de 40€ de gestión por cabeza, es obvio que decidirá centrar sus esfuerzos confiscatorios en el primer tipo de contribuyente. Si además los contribuyentes del tipo B tiene mayor facilidad de salir del país, y escapar así a la confiscación, enfocar la confiscación en ellos sería inviable a medio y largo plazo.

Por lo tanto lo que se vende como un sistema muy complejo que busca la paz social, no es más que un agente – el Estado – optimizando su capacidad de confiscar riqueza para mantenerse a sí mismo. De otro modo esa riqueza se evadiría del territorio que domina y su estructura se iría consumiendo hasta colapsar.

El Estado de derecho protege al más débil

En España impera en Estado de derecho desde 1978 y eso no ha evitado que varios gobiernos consecutivos hayan estado dispuestos a negociar con terroristas. Esto es muy sorprendente para cierta parte de la sociedad, que tienen esta falsedad muy arraigada en sus creencias, pero no es más que un rasgo más de la naturaleza del Estado.

El hecho de que las víctimas del terrorismo no se hayan defendido mayoritariamente con violencia de las agresiones que han sufrido es, desde el punto de vista del Estado, una muestra de debilidad y los invalida como estructura de poder a tener en cuenta en el conflicto.

Esto no quiere decir que el Estado favorezca la violencia ajena a su organización, al contrario, pero una vez que esta se desata, y si no la puede reprimir a corto plazo, la considera un competidor dentro del dominio de la fuerza en la sociedad, e intentará negociar con los agentes que la dirijan para integrarlos dentro de su estructura o apaciguarlos con cesiones de poder aceptables.

Por el contrario, el sujeto débil, especialmente el individuo sin intereses comunes con el Estado, es un agente sin ninguna capacidad de negociación con el mismo. Es un daño colateral entre en la lucha entre el Estado y el grupo violento, y por tanto, es considerado como tal en la negociación del alto el fuego y posterior paz, donde los agentes se reparten el poder.

El Estado de derecho no impide nada en toda esta lucha de poder y es anulado con las estructuras y subterfugios con los que el Estado lo ha dotado. Simplemente deja de aplicarse cuando se trata de los intereses generales, y lo débiles siguen siendo eso que siempre han sido: débiles.

Los muros de las ciudades invisibles

Uno de mis libros favoritos de todos los tiempos es Las Ciudades Invisibles de Italo Calvino. En él, el autor nos descubre uno a uno un manojo de lugares fantásticos e imposibles que no me canso de recorrer y por eso releo el libro cada cierto tiempo.

Ayer, vigesimoquinto aniversario de la caída del muro de Berlín, o de su derrumbamiento, no pude evitar recordar estas ciudades y pensar en los muros invisibles, tan fantásticos y eternos como las ciudades de Calvino, pero mucho más siniestros, que tenemos todos en el entrecejo.

La caída o el derrumbamiento

Porque dicen unos que se cayó y otros que "lo cayeron". Unos destacan las vidas perdidas tratando de salir del encierro comunista y otros, por el contrario, subrayan el cúmulo de casualidades que se dieron para que aquel milagro sucediera. Unos encumbran a líderes políticos y religiosos y otros, sin embargo, te cuentan que un funcionario ruso de la KGB, decidió que el sistema estaba ya acabado y que era el momento de dar paso a algo nuevo y entregó una lista de agentes de la KGB en el extranjero a la embajada francesa en Moscú.

¿Y entonces? Los altares a los presidentes, al Papa, los discursos y todo lo demás ¿son por nada? Pues sí, por nada. Porque la celebración no me parece que sea un homenaje tanto a quienes se liberaron del yugo comunista, sino a quienes no lo lograron, a quienes cayeron, a los reprimidos, a los que lucharon en la clandestinidad y no tuvieron éxito.

Quienes aprovecharon el momento y tiraron con sus manos el muro material, esos a los que se les humedecen los ojos recordando esos días mágicos e inigualables, saben que quedan mucho otros muros en otros tantos  puntos de la tierra: CubaVenezuelaCorea del Norte… por nombrar los más conocidos, pero sabiendo lamentablemente que no son los únicos. Muros aceptados por los presidentes del llamado "mundo libre", denunciados, es cierto, por los grandes organismos internacionales, esos que hacen declaraciones gratuitas y que no obligan a nada. Pero no hay presidente que se precie que se niegue a estrechar la mano de un tirano. Problemas diplomáticos, alegan. Lo que sea, pero ahí estamos, con nuestra diplomacia y nuestras sonrisas manteniendo estos otros muros, tantos que casi conforman una ciudad invisible a los ojos, pero que encierra miles de víctimas de los regímenes liberticidas.

He visto color, sin querer

Y ahí están LeopoldoYoani y tantos otros que sufren perseguidos por defender su libertad y la de los suyos mientras nosotros, expectantes, miramos a nuestros líderes celebrar la "caída" del muro de Berlín.

Un amigo argentino invitado a los eventos del 25 aniversario este pasado fin de semana, me contaba, justo de paso por Madrid camino de Berlín, lo emocionante que es recorrer esos lugares que otros pisaron en peores circunstancias. Y sabiendo que mi amigo es de Rosario (Argentina) me preguntaba qué tienen las piedras y los adoquines que transmiten sentimiento, no solamente a los protagonistas alemanes sino a cualquier humano con sangre en las venas, rosarinos, madrileños, o de cualquier otro sitio. Es la vibración del aire que se percibe cuando se visitan determinados lugares emblemáticos donde muchas voluntades con el mismo objetivo, incluso si lucharon y perdieron, incluso separadas por años en el tiempo, se reúnen metafóricamente y derriban no solamente el muro físico, sino otros muros más temibles, como el de la desidia, el conformismo, la desesperanza, la cobardía, la egolatría. Esos muros invisibles son los que impiden que caigan todos los demás, los que nos llevan a mirar desde el tendido cómo otros se baten el cobre, dan testimonio anónimo, la mayoría de las veces, consiguiendo una medicina en Caracas, enseñando a usar Facebook en Santiago de Cuba, padeciendo la masacre como en el caso de muchos cristianos por el mundo, y sin esperar que se aparezcan ni un Reagan, ni una Thatcher, ni nadie. Sabiendo que para ver color y que se vaya el muermo, como cantaba Martirio en sus sevillanas, es necesario saberse solo y seguir a pesar de todo. Y luego, de repente, un funcionario, va y se despista.

Sólo los liberales son revolucionarios

Si entendemos revolución no como un cambio violento de las instituciones sino en su acepción más general de cambio rápido y profundo, la única revolución que podría calificarse como tal en España sería la liberal. Si Podemos ganara las elecciones o llegara al Gobierno por ser la principal fuerza de una coalición de izquierdas, sería un terremoto político, qué duda cabe. Pero aunque llevara a cabo el programa chavista que tanto tememos muchos, no habría cambio de rumbo alguno. Sería, como diría Mafalda, el continuose del empezose de la socialdemocracia española.

Cuando la gente habla despectivamente del PPSOE, muchas veces se refiere a la corrupción, pero en otras a que sus políticas, al menos las económicas, no se diferencian demasiado entre sí. Como sucede en tantos ámbitos, calificar algo como muy diferente o casi igual depende más del observador que de los hechos. Pero es cierto que las políticas de la historia democrática española, con distintos matices, han estado dentro del consenso socialdemócrata, de la idea del Estado del Bienestar, del Gobierno Niñera que nos cuida a todos de la cuna a la tumba. Naturalmente, ha fracasado, pero no será porque todos los partidos que han pasado por el Gobierno no lo hayan intentado con todas sus fuerzas.

Subir los impuestos a los ricos y apretar las tuercas contra el fraude es algo que ya ha hecho Montoro. Abandonado por imposible el tema de la renta básica, repartir el dinero de los demás con distintas excusas es algo que llevan haciendo PP y PSOE desde siempre. Preferentistas e hipotecados ya han visto cómo la Justicia y el PP cambiaban las normas para favorecerles en sus problemas. Hacer quitas de la deuda no es muy distinto, al menos a efectos de dejar de pagar parte de lo que se debe, a las devaluaciones de Solchaga. El control estatal de los medios privados no deja de ser una institucionalización de lo que han hecho desde Felipe González hasta Soraya. Y así podríamos seguir hasta el infinito.

Por eso el único cambio de rumbo posible cuando hemos estado décadas aumentando el poder y el tamaño del Estado sería reducirlos. Algo que sólo los liberales proponemos. No hacer nuevas leyes para arreglar las cosas, sino reducir las regulaciones y normas absurdas, de modo que los propios españoles solucionemos nuestros problemas. Dejar de repartir el dinero que nos quitan del bolsillo a bancos, empresas energéticas, sindicatos, partidos y todo tipo de organizaciones. Reducir los impuestos para hacer rentables negocios que con la actual carga no pueden salir adelante, y así crear empleo. Dejar que cada uno haga lo que quiera en su propiedad: fumar, pagar o cobrar por tener sexo, hablar de lo que le venga en gana sin que el poder tome represalias, que hombres y mujeres regulen sus relaciones sentimentales a su real saber y entender. Reducir la corrupción reduciendo las oportunidades de corromperse. Que seamos nosotros quienes decidamos la educación de nuestros hijos, y dónde y quién queremos que nos cure. Ser más libres y prósperos, en definitiva.

Se esté de acuerdo o no con él, este sí que sería un programa realmente revolucionario, un auténtico cambio de rumbo. Por eso es un programa que ni PP, ni PSOE ni Podemos apoyarán nunca. A los políticos lo que les interesa es tener cuanto más poder, mejor. Les conviene que el Estado esté presente en todos los sitios posibles y que sus decisiones sean arbitrarias para así poder meter mano. Desde decidir qué medios pueden emitir en qué sitios, para conceder y recibir favores, hasta decidir qué obras acometer y quién se encarga de ellas, para poder cobrar su 3%. Pero que no se preocupen, que esta revolución no va a llegar. Ya se han encargado de demonizarla a través de la prensa socialdemócrata, que es toda, y la educación pública. Normal. Les va la vida en ello.

Las cuentas de ahorro libres de impuestos arrasan en Canadá

Hace cinco años el gobierno de Canadá introdujo un nuevo mecanismo fiscal enfocado a incentivar el ahorro familiar. La iniciativa recibe el nombre de TFSA, acrónimo de Tax Free Savings Accounts, que podríamos traducir como Cuentas de Ahorro Libres de Impuestos.

En apenas cinco años, las TFSA han seducido ya al 48% de los contribuyentes canadienses. A finales de 2013, los ciudadanos del país norteamericano ya habían confiado 109.000 millones de dólares de sus ahorros a este tipo de cuentas de ahorro. Esta cifra ronda el 6% del PIB, teniendo en cuenta que el tamaño de la economía canadiense está cerca de 1,8 billones de dólares.

¿En qué consisten las TFSA?

Las Cuentas de Ahorro Libres de Impuestos que tan buena acogida han tenido permiten que cada contribuyente deposite anualmente hasta 5.500 dólares. El dinero que se confía a estas cuentas queda depositado y, en adelante, puede crecer ajeno a cualquier tipo de imposición fiscal. Adicionalmente, en el momento de la retirada, el fisco se abstiene de cobrar cualquier tipo de gravamen.

Las TFSA incluyen ventajas adicionales:

  • Se puede retirar el dinero en cualquier momento sin necesidad de pagar penalización o comisión alguna.

  • El máximo de aportación anual se acumula, por lo que si un año no se hace contribución alguna pero al ejercicio siguiente se quiere aportar 11.000 dólares, la cuenta lo admite sin problema.

  • Las cuentas TFSA pueden estar invertidas en depósitos, acciones, bonos, fondos de inversión, seguros y otros tipos de productos.

¿Y en España?

De acuerdo con la reforma fiscal que ha planteado el Gobierno de Mariano Rajoy, los planes "Ahorro 5" son, en parte, una versión cañí de las TFSA canadienses. Sin embargo, este mecanismo incluye numerosas restricciones que reducen de forma considerable su utilidad y su atractivo:

  • Los Planes "Ahorro 5" se comercializan desde el ámbito de la banca y los seguros, por lo que no son una cuenta personal que, a continuación, contrata uno u otro producto.

  • La aportación anual máxima es de 5.000 euros, pero no existe la posibilidad de "arrastrar" ese derecho de un año al otro.

  • La retirada de intereses en un plazo inferior a los cinco años está sujeta a un gravamen de entre el 19% y el 23%.

  • La capacidad de elegir productos de inversión está fuertemente limitada, por lo que la rentabilidad potencial queda notablemente restringida y encorsetada.

Iglesias, Monedero y el capitalismo: la ideología de Podemos en 10 frases

Hace 25 años la población de Alemania del Este derribaba el Muro de Berlín. Terminaba así, convertido en un infierno, el experimento de la utopía comunista. Durante medio siglo, Europa había estado dividida por un Telón de Acero que había separado pueblos, países y regiones. Y el resultado no podía ser más trágico.

La ruina del sistema comunista se llevó consigo a muchos de sus defensores en Occidente. Los intelectuales que llevaban décadas sosteniendo la superioridad del sistema soviético corrieron a esconderse, avergonzados por la evidencia de su fracaso. Incluso los partidos políticos comunistas se disolvieron, cambiando de discurso o, al menos, de símbolos, con el convencimiento de que el público no toleraría más la apelación a esta ideología.

Precisamente esta semana, coincidiendo con la efeméride, Podemos daba el salto definitivo a la primera línea de la política española, tras confirmarse por el CIS que la formación de Pablo Iglesias tiene opciones reales de ganar las próximas Elecciones Generales.

Muchos se han preguntado en los últimos meses cuál es la ideología que se esconde tras el círculo blanco sobre fondo morado. Desde que obtuvieron sus primeros cinco escaños en el Parlamento Europeo, Iglesias y Juan Carlos Monedero, las dos caras más visibles del partido, han intentado articular un discurso sin apelar a etiquetas ideológicas clásicas. Su lenguaje es de ellos (la casta) contra nosotros (el pueblo) y son constantes sus apelaciones a todos los ciudadanos, sean de derechas o de izquierdas, para echar a los partidos del régimen.

La cuestión es si es cierto este mensaje. ¿Es de verdad Podemos un partido alejado de las ideologías tradicionales o es el viejo comunismo de siempre con disfraz? Para responder a esta pregunta, quizás lo más sencillo sea recurrir a sus propias palabras. Iglesias y Monedero tienen cientos de vídeos en internet: en La Tuerka, en Fort Apache, en entrevistas o mítines. Es verdad, en los últimos dos meses hay palabras (comunismo, capitalismo, lucha de clases, proletariado,…) que prácticamente han desaparecido de su discurso. Aunque hace apenas un año, no les daba tanto reparo pronunciarlas. Éstos son diez fragmentos de sus intervenciones públicas:

– Ya me gustaría a mí… acabar con el capitalismoPablo Iglesias (26 de octubre de 2014): "[La necesidad de que haya consumo para salir de la crisis] es terrible y tiene que ver con la economía de mercado y la lógica del crecimiento. Si decimos que el capitalismo es un sistema criminal que nos lleva a la destrucción ecológica del mundo, seguramente tengamos toda la razón. Pero mañana hay que dar de comer a la gente. No podemos lanzar una enmienda a la totalidad. Hasta que podamos lanzar esa enmienda a la totalidad al capitalismo hay que garantizar el nivel de vida de la gente. Un Gobierno no puede decir: ‘Voy a abolir la economía de mercado en mi país’. Ya me gustaría a mí. Somos muy pequeños para cargarnos el capitalismo nosotros solos".

– Para acabar con la crisis, hay que salir del euro. Pablo Iglesias, Pablo Iglesias (27 de octubre de 2013): "¿Qué debería hacer una fuerza política democrática que ganara unas elecciones en el Sur de Europa? Yo no tengo dudas. Debería retomar el control de la política monetaria, saliendo del euro e inmediatamente devaluar para favorecer las exportaciones, debería decretar la suspensión del pago de la deuda y nacionalizar la banca (…), debería establecer sistemas de control para evitar la fuga de capitales, debería ampliar la titularidad pública a las áreas clave de la economía (energía, transporte, telecomunicaciones,…) y todos los demás sectores estratégicos (…). ¿Sería todo esto posible en el marco de un solo Estado del Sur de Europa? Ni de coña. Europeos del sur, uníos".

– Cómo sustituir el capitalismo. Juan Carlos Monedero (20 de agosto de 2011): "Cuando los problemas son estructurales, las soluciones son estructurales. Si quieres descansar, vete pensado cómo sustituyes al capitalismo. No sabemos si en otra iglesia hay salvación, pero en ésta, la condena es segura".

– La crisis del capitalismo y su solución marxista. Juan Carlos Monedero (12 de febrero de 2013, minuto 15): "Marx era un moderno. Su concepción del tiempo era lineal. Siempre avanzamos: esclavos contra amos, siervos contra señores, burgueses contra propietarios,… Esa concepción lineal del tiempo llevó a muchos a pensar que la siguiente crisis del capitalismo sería la última. Eso es un error. Pero de cada crisis el capitalismo sale con un abanico de respuestas más estrecho, eso no significa que la siguiente crisis sea la definitiva, pero sí que cada vez tiene menos herramientas para solventar las contradicciones que tiene el propio sistema. Tenemos que recuperar a los marxistas heterodoxos".

– Cómo se echa de menos al fantasma del ¿comunismo? Pablo Iglesias (16 de noviembre de 2013): "Cómo decía Warren Buffet: ‘Claro que hay lucha de clases, lo que pasa es que vamos ganando nosotros’. Ay, ay, ay… cómo se echa de menos a ese viejo fantasma que metía miedo a los ricos".

– El ejemplo de Lenin y cómo ‘ocultar’ tus símbolos. Pablo Iglesias (vídeo sin fecha): "La clave para entender la historia está en la formación de unas categorías sociales llamadas clases. (…) La política no tiene que ver con tener razón, sino con tener éxito. Puedes llegar a casa y saber que el materialismo histórico es clave para entender el desarrollo de los procesos sociales. Puedes llevar una bandera con la hoz y el martillo de metros y metros y volverte a casa con tu bandera mientras el enemigo se ríe de ti, porque los trabajadores le prefieren a él. (…) ¿Tú crees que yo tengo alguna contradicción con una huelga de 48 o 72 horas salvaje? Ninguna. (…) El enemigo nos quiere refugiados en nuestros símbolos de siempre, está encantado. (…) Había un compañero que hablaba de los soviets en 1905 y aquel calvo [Lenin] con aquella mancha en la cabeza que era una mente prodigiosa, entendió el análisis concreto de la situación concreta. Les dijo una cosa muy sencilla a todos los rusos: "Paz y pan". Y cuando dijo "Paz y pan", un montón de rusos que no tenían ni idea de si eran de izquierdas o de derechas dijeron ‘Pues va a tener razón el calvo éste’. Y al calvo le fue muy bien. No les dijo ‘Materialismo dialéctico’. Ésa es una de las principales lecciones del siglo XX".

– Cuba como referencia. Pablo Iglesias (12 de junio de 2013): "Cuba se enfrenta a muchísimos desafíos, en lo económico, en lo político, en sus relaciones internacionales. Para que siga siendo una referencia de emancipación, una referencia para toda América Latina y para la izquierda mundial, seguramente hay cosas que deberán cambiar. Esto no lo planteo como una crítica eurocéntrica –porque es fácil decirle a los cubanos, desde Europa: ‘Uds. deben cambiar para gustarnos más a nosotros’–, sino desde el apoyo y la preocupación que la izquierda tiene porque los países como Cuba, que han sido una referencia para todos nosotros, sigan siéndolo en el futuro".

– Chávez, inmortal. Pablo Iglesias (11 de marzo de 2013): "Hay figuras políticas cuyo peso y transcendencia van mucho más allá de la biología. Hugo Chávez Frías ha dejado de existir, pero Chávez hace mucho tiempo que dejo de ser él mismo para convertirse en uno de los principales motores del cambio en América Latina. (…) Chávez es mucho más que el ciudadano que los venezolanos eligieron para que fuera su presidente. Chávez es ya Bolivar y cabalga como estandarte y referencia de su patria grande. Los seres humanos nacen y mueren tarde o temprano. Pero los mitos, cuando se encarnan en un pueblo, se hacen inmortales. Ya lo dijo un venezolano llamado Hugo Chávez Frías: ‘Chávez no soy yo, Chávez es el pueblo".

– Militancia. Pablo Iglesias (22 de mayo de 2013): Jornadas "Organizando la resistencia" de las Juventudes Comunistas de Aragón: "Me hace bastante ilusión participar en actos con la Juventud Comunista porque cuando era más imberbe milité en la Juventud Comunista de los 14 a los 19 años".

– ¿Comunistas? Juan Carlos Monedero (7 de octubre de 2014): "Las etiquetas tradicionales ya no sirven. No es sencillo definirse sólo con un adjetivo". Pablo Iglesias (25 de octubre de 2013): "Yo soy comunista".

Pájaro que no vuela…

No ganamos para sustos. Un estudio de investigadores de varias universidades liderados por biólogos de la Universidad de Exter, en el Reino Unido, ha llegado a la conclusión que por los cielos europeos vuela algo así como un cuarto menos de los pájaros que volaban en 1980. En números redondos, que siempre nos ayudan mejor a comprender estos desastres, se calcula que si allá por esos años nuestros cielos eran cruzados por unos 2.000 millones de hermanos plumíferos, en la actualidad lo hacen solamente unos 1.600. Afinando un poco más, unos 420 millones menos.

Richard Inger, investigador del Instituto de Medio Ambiente y Sostenibilidad de la universidad británica y principal autor del estudio, asegura que no todo está perdido y que: “el declive se ha ralentizado recientemente y es de esperar que los crecientes esfuerzos de conservación aseguren el futuro de la mayoría de las especies. Pero tenemos que asegurarnos de que gestionamos el medio ambiente con la vida silvestre en mente”.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención ha sido ver otra vez cómo socialismo y ecologismo caen en el mismo comportamiento: verse a sí mismos como la única manera válida de acción. Cuando a un socialista le muestras y demuestras que su política intervencionista solamente produce más pobreza, o que reduce las opciones del ciudadano, o que coarta la libertad, te asegura que eso es consecuencia de que no se ha regulado lo suficiente y que si se hiciera más, otra gallo nos cantaría, que eso de liberalizar, nada de nada, que es cosa de capitalistas sin corazón y con exceso de lucro y lujo. Pues para el ecologista, lo mismo.

Desde los años 60 del siglo XX, y desde luego durante los últimos 35 años en la Unión Europea, y en general en casi todo el planeta, se ha optado por políticas públicas de protección del medioambiente, hasta el punto de que cada vez es mayor la superficie en el mundo que cuenta con medidas que impiden o controlan cualquier tipo de actividad humana, sujeta en no pocoas ocasiones esta protección a la expropiación de la propiedad, supeditado todo ello al estado del ecosistema, de las especies animales y vegetales que alberga.

En concreto, y ya que estamos en el caso de las aves, en las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA)[1] está prohibida o limitada la caza de aves, en sus fechas y sus técnicas; se regula la posible comercialización; y los estados están obligados a actuar para conservar las condiciones medioambientales requeridas para el descanso, reproducción y alimentación de las aves. En España, estas zonas y los Lugares de Importancia Comunitaria (LIC) no han dejado de crecer y actualmente ocupan 14.789.797 hectáreas (marinas y terrestres), el 27,18 % de la superficie española, según el informe Natura 2000 de los nunca sospechosos WWF.

Vamos, que más protección, menos aves. ¡Pues vaya desastre, no! Cabe preguntarse por tanto si esta disminución de la avifauna podría reducirse si optáramos por otro tipo de acción. Sin embargo, la primera reacción de Inger es la misma que la del socialista: no, no hemos fracasado, es que no hemos protegido lo suficiente, hay que gestionar mejor… yo nunca me equivoco, faltaría más.

Más alarmante parece ser que esta desaparición se está centrando, no en las especies protegidas, sino en las que no muestran este tipo de protección especial. El “genocidio” (y pongo aquí esta palabra porque es la que ha usado el redactor de El País que escribe el artículo que he enlazado) no se centra en los buitres, las cigüeñas o rapaces de todo tipo, algunas de cuyas poblaciones crecen, sino en las comunes, como los simpáticos gorriones que están desapareciendo de las ciudades[2], hasta el punto de que el 90% de estas desapariciones se centran en este tipo de especies.

De nuevo volvemos al tema de la protección, o mejor dicho, al de la acción humana. Podemos dar sentido moral a una acción, proteger a una especie puede ser o parecer positivo, pero desconocemos todas las consecuencias de nuestra labor de protección, hasta el punto de que esta puede arruinar la vida de otras especies. Cuando en las reservas africanas se protege el elefante, se suelen producir un exceso de población del paquidermo que terminan afectando a todo el ecosistema, lo que obliga a grandes cacerías, para alegría de los comerciantes de marfil.

El simpático gorrión ha sido un ave que se adaptó muy bien a los ecosistemas humanos, hasta el punto de que sus poblaciones se vieron beneficiados por los entornos rurales y urbanos, donde proliferaron de una manera que quizá en el campo original no fueron capaces. El urbanismo sostenible ha cambiado precisamente estos entornos y es posible que lo que para nosotros, o al menos para nuestros políticos, es sostenible y ecológico, incluyendo nuestro nuevo modelo de urbanismo, no lo sea para el gorrión, más adaptable al Madrid de las películas de Paco Martínez Soria que al de Podemos y su coleta. De nuevo, cabe preguntarse si nuestra arrogancia a la hora de “entender” la Naturaleza y esta, ya que nos gusta tanto eso de una naturaleza inteligente, de un demiurgo verde, nos está dando una colleja para que nos volvamos más humildes.

De todas formas, desde la perspectiva del ecologista, del conservancionista, no queda otra, el culpable es el Ser Humano. La investigación señala que algunas de las razones serían la expansión de las ciudades a costa de lo rural (curiosamente, lo que crecen son las ciudades en Europa, no el agro), la fumigación en zonas turísticas, que acaba con los insectos y como no, la agricultura que ha matado a miles de aves con sus fumigaciones, sus transgénicos y sus toxicidades. Y todo ello, en pleno boom de la agricultura ecológica, de los huertos urbanos, de la comida natural que en teoría vuelve a los sistemas que han permitido que nuestros plumosos amigos, los más habituales y comunes, prosperaran. No es un poco paradójico que teniendo una creciente protección pública medioambiental las cosas no estén tan bien como se creía. Y es que, como en el socialismo, nunca tenemos toda la información.

Los autores del estudio se preguntan si la concentración de los esfuerzos de protección en algunas especies singulares no estaría siendo un error. Yo no voy a ser tan categórico como ellos, pero sí me place indicar que existen otras maneras distintas de protección, algunas basadas en la preservación de la propiedad privada, en la responsabilidad de nuestras acciones, opciones que tienden a ser rechazadas por los conservacionistas, la mayoría educados en lo benéfico de lo público y lo mezquino y lo egoísta de lo privado.



[1] Se trata de es una categoría de área protegida catalogada por los estados miembros de la Unión Europea como zonas naturales de singular relevancia para la conservación de la avifauna amenazada de extinción.

[2] En Londres y Praga dicen haber desaparecido.

El Titanic hundió la libertad económica de EEUU

Que el Titanic, la mayor catástrofe en la navegación civil de la humanidad, esconde tras de sí numerosos misterios es de sobra conocido. Aún hoy se especulan sobre muchos aspectos que, sumados cual casualidades, llevaron fatalmente al naufragio de aquel coloso. El Titanic hundió la libertad económica de EEUU.

Por desgracia, muy poco o apenas nada conocida es la relación del Titanic con una de las mayores pérdidas de libertad de los estadounidenses. A comienzos del siglo pasado, eran tres las sagas de banqueros que más aguerridamente lucharon por establecer una banca central, particularmente en EEUU. Por un lado, JP Morgan y por otro los Rothschild y los Rockefeller.

La construcción del Titanic

De hecho, juntos acabaron formando una suerte de cartel llamado Sistema de Reserva Federal. Sin embargo, había una serie de influyentes personas frontalmente opuestas a la creación de una banca central. Benjamin Guggenheim, un magnate de la minería y la metalurgia, era uno de ellos. Isidor Strauss, un muy importante empresario judío nacionalizado en EEUU propietario de lo que hoy son los grandes almacenes Macy’s, el segundo gran nombre en oponerse. Y por último, John Jacob Astor IV, bisnieto del considerado primer millonario de EEUU, militar y dedicado con éxito al negocio inmobiliario familiar. Los tres estaban entre los hombres más ricos del mundo, pero, a diferencia de las tres primeras sagas mencionadas, eran un obstáculo para la creación de la banca central.

Titanic
Titanic

Curioso o no, fue idea de JP Morgan la construcción del Titanic. Sin embargo, nadie de los Morgan viajó en el Titanic. Sí lo hizo toda la mayor oposición al establecimiento de la Reserva Federal: Isidor Strauss, Guggenheim y John Jacob Astor IV. Y los tres fallecieron en el naufragio. También estaban además en contra de la I Guerra Mundial, lo que denota su inclinación contra el estatismo.

El hundimiento del Titanic

El 12 de abril de 1912, el Titanic se hundía en el Atlántico Norte. Poco después de un año, en 1913, surgió la Reserva Federal que sepultó la libertad bancaria y monetaria como nunca antes. Con ello, se consiguió uno de los logros mayores de la plutocracia dirigista del mundo actual. Un hecho que supuso un avance del socialismo bancario y que es desde 1929 y su crack hasta hoy la raíz última generadora de nuestras crisis y recesiones económicas.

El Titanic parece que fue una gran conspiración, otra más, para la imposición de un Nuevo Orden Mundial de socialismo de ricos destructores del Capitalismo liberal-libertario. Pues de eso trata el socialismo de todos los partidos y facciones, de grandes monopolios (el Estado es el epítome de los monopolios), que nos adoctrinan sobre su necesidad a la vez que maldicen los valores e instituciones de la libertad.

El socialismo es para las élites

Y su estrategia es confundir a la sociedad hecha rebaño con etiquetas que quieren resultar distintas: socialdemócratas, neofascistas, populistas, neocomunistas… Pero todos ellos son variantes de una misma ideología que demuele al individuo y su libertad. Es el mismo socialismo y estatismo inspirador de los planes de tantas sociedades secretas que son y han sido.

Esa es la lucha de los liberales libertarios, la denuncia y socavación del Nuevo Orden Mundial de plutócratas colectivistas de izquierda y derecha. Gritemos la verdad: que el socialismo es para élites y privilegiados y que el liberalismo libertario es la única alternativa para el ciudadano común. Porque un mundo de justicia, libertad y prosperidad es posible. Actuemos.

Renta básica: oficialmente unicornio

Una de las propuestas más sonadas y reconocidas de Podemos fue la de implantar una renta básica. El concepto de renta básica tiene un significado muy acotado en filosofía política y en economía: en palabras de su más conocido defensor, Philippe Van Parijs, la renta básica es un ingreso abonado por la comunidad política a todos sus miembros y sin ningún tipo de condicionalidad. Remarco sus dos características básicas: universalidad e incondicionalidad.

Algunos ya alertamos de que semejante propuesta era un disparate, por cuanto promovía la ruptura de la cooperación social voluntaria y, en última instancia, resultaba infinanciable. Asumiendo un pago anual per capita de 8.100 euros por adulto (el mínimo para cubrir el umbral de la pobreza) y 4.050 euros por menor (el 50% de ese umbral), los costes netos de este esquema se disparaban hasta los 250.000 millones de euros: el 25% del PIB… ahí es nada.

Posteriormente, los economistas de Podemos llegaron con las rebajas y se limitaron a prometer una asignación anual que ni siquiera cubría el umbral de la pobreza: 6.000 euros para adultos y 1.000 euros para menores. En tal caso, la factura de su ocurrencia se les rebajaba hasta 145.000 millones de euros… alrededor del 14% del PIB. Obviamente, seguía siendo del todo infinanciable.

En esas estábamos cuando, de repente, Podemos ha optado por renunciar a su propuesta más emblemática. Acaso porque resulte a todas luces inviable económicamente e invendible políticamente, acaso porque sus nuevos asesores económicos —Vicenç Navarro y Juan Torres— se hayan opuesto en público a su implantación, acaso porque cuando se acaricia el poder sea necesario ocultarse bajo la piel de cordero: sea como fuere, la renuncia a la renta básica parece un hecho.

Enmienda a la totalidad

Así, hace dos semanas, el economista de Podemos, Alberto Montero, reconocía la irrealidad de la medida y proponía reemplazarla por unos “mínimos vitales” garantizados por el Estado cuyo coste total rondaría los 22.000 millones de euros al año (2% del PIB). Asimismo, el sábado pasado en La Sexta Noche, Carolina Bescansa todavía aguó más la propuesta, redenominándola renta de “integración social” y cifrando su coste en 11.000 millones de euros anuales (1% del PIB). De la renta básica, pues, hemos pasado a una renta mínima de inserción, un mecanismo ya presente en diversas comunidades autónomas y cuyas notas características son la no universalidad y la condicionalidad (características opuestas a la renta básica): de hecho, los defensores académicos de la renta básica suelen ser enemigos acérrimos de las rentas de inserción por cuanto las consideran —acertadamente— en las antípodas de sus ideas.

El giro de Podemos, por tanto, no es anecdótico: se trata de una enmienda a la totalidad de una parte muy significativa de su programa. En cierto modo, cabrá concluir que la renta básica se ha convertido oficialmente en un unicornio: en una irrealizable y populista idea más, de ésas que blandió en las europeas para arañar algunos votos a parte de unos engañados electores. Cuando su principal promotor dentro del panorama político patrio arroja a la renta básica por la borda a las primeras de cambio, tal vez sea que, en el fondo, no resulte demasiado factible.

Conscientes o no, sin embargo, este entierro de la sardina de Podemos también contribuye a poner de manifiesto las grietas argumentales de su discurso tradicional. Al menos en dos extremos: la total pauperización de la sociedad española y la preeminencia de la voluntad política sobre las leyes económicas.

En cuanto a lo primero, sabido es que Podemos ha construido parte de su popularidad sobre la denuncia de la creciente pauperización que sufre la mayor parte de la sociedad española (a excepción de una pequeña minoría tildada de “casta”). A este discurso contribuyen recurrentemente informes amarillistas y tergiversados, como el muy reciente de Intermon Oxfam. Pues bien, si el coste estimado para esta nueva renta de inserción oscila entre 11.000 y 22.000 millones de euros y si asumimos un pago mínimo de 600 euros al mes por beneficiario (cifra por debajo de un bajísimo salario mínimo que, según los de Podemos, no da para vivir), tendremos que el número total de receptores de la misma oscilará entre los 1,5 y los 3 millones de personas, esto es, entre el 3% y el 6,5% de la población española. Por tanto, ésas serían las auténticas cifras de pobres que maneja el propio Podemos, y no otros porcentajes cada vez más extendidos que llegan a ser incluso diez veces superiores (el último informe de Cáritas, por ejemplo, sostenía que el 66% de los españoles mostraban algún rasgo de exclusión social).

Unicornio por corcel

Segundo, y mucho más importante, la misma articulación del proyecto político de Podemos se basaba en una idea tan sencilla como falaz: querer es poder. Más en concreto: la voluntad popular ha de ubicarse por encima de todo, incluidas las leyes económicas. El propio nombre del partido recoge esa pretensión: frente a tantos economistas aguafiestas que rechazan programas “ilusionantes” plegándose de hombros y profiriendo un “no se puede”, Podemos pretendía plantarse y gritarles un “sí se puede, claro que se puede: podemos”. Pero no: está visto que, en contra de lo que siguen afirmando muchos de sus líderes, no todo se puede. De entrada, la renta básica no se puede. No porque no se quiera, sino porque no es ni económica ni socialmente viable (al menos no en las cuantías propuestas: es obvio que una renta básica de un euro mensual sí sería factible).

La cuestión, claro está, es cuántas otras cosas que sigue proponiendo Podemos tampoco se pueden. Una vez abierto el cajón de los unicornios, ¿cuántos otros unicornios quedan dentro? O todavía peor, ¿a cuántos unicornios les disimularán el cuerno para hacerlos pasar por saludables corceles durante la campaña electoral? Porque si Podemos empieza a reconocer que no lo puede todo, es lógico pasar a preguntarse cuántas cosas de las que desea son, en realidad, factibles. A mi juicio, no demasiadas: ni la jubilación a los 60 años es sostenibleni la reestructuración de la deuda es posible sin muy notables perjuicios económicosni aumentar la presión fiscal hasta el 50% del PIB es viable sin sangrar a las rentas medias y a las rentas bajasni la recuperación económica asentada en el estimulo burbujista de la demanda es verosímil. La renta básica tampoco lo era y desde Podemos han terminado por admitirlo antes siquiera de concurrir a las siguientes elecciones: ¿responsabilidad o tacticismo? Ojalá fuera lo primero, pero apuesto por lo segundo: lo iremos viendo a lo largo de los próximos meses según quieran darnos unicornio por corcel.