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La política sin romance de Buchanan

En las obras completas de James Buchanan, disponibles gracias a la Online Library of Liberty del Liberty Fund, encontramos perlas como Politics without romance, ensayo en el que introduce las bases de la llamada Escuela de Public Choice o de la Elección Pública. En uno de sus apartados, Buchanan explica que, en comparación con el económico, el orden político es mucho más complejo, básicamente por dos razones. Por un lado, el orden legal debe preceder a la actividad económica. Es decir, el comercio ordenado de bienes y servicios privados solamente puede tener lugar en una estructura jurídica definida que establezca los derechos y deberes de unos y otros. A medida que el intercambio se ha sofisticado, así también lo han hecho las normas e instituciones que conforman dicha estructura legal. El estudio de estas cuestiones deriva en el análisis económico de las Constituciones.

Por otra parte, mientras que el intercambio de bienes y servicios se efectúa entre dos partes, que son las que han de ponerse de acuerdo, en la política se trata de todos los miembros de la comunidad quienes han de coincidir. El análisis de estos problemas deriva en la teoría de las instituciones políticas, ya que éstas deben desarrollarse en el seno de la estructura legal-constitucional. Los temas estudiados por Buchanan y sus seguidores en este ámbito son las reglas de votación, las teorías electorales y de la competencia de partidos y la teoría de la burocracia.

Este segundo punto subrayado por la Escuela de Public Choice cuestiona el famoso "contrato social" como la base de la legitimidad de los gobiernos. Declarándose Buchanan un anarquista filosófico, pero dejando a un lado el romanticismo de los ideales, reconoce que a día de hoy, lo único que podemos hacer es reconsiderar qué parte del PIB dejamos en manos de la gestión de los gobernantes, qué decisiones deben dejarse en sus manos y cuáles no. Porque no es verdad que la Constitución funciona como límite al ansia de poder de los gobernantes. Y eso es lo que creo que ha sido la tumba de la libertad de los españoles, y tal vez del ciudadano occidental en general.

Salimos de la dictadura y entramos en la transición pensando que lo que había que hacer era elaborar una Constitución, establecer un régimen democrático, votar entre monarquía o república y caminar. En el trayecto nos han convencido de que el gobierno estaba ahí para asegurar nuestra felicidad: eliminar la pobreza, la enfermedad, el paro, proporcionar una vivienda, y casi, casi, asegurar que va a llover café en el campo. Por desidia o por credulidad, los españoles entregamos las armas sin preguntarnos ¿hasta dónde voy a dejar que estos señores, que reaccionan a incentivos y expectativas como cualquier ser humano, manejen mi dinero para eliminarme de la toma de decisiones de mi propia vida? Y, como dice el dicho… ¡ancha es Castilla!

Ahora nos encontramos con escándalos de corrupción de todos los partidos debajo de la alfombra, un desgaste de la clase política abrumador, un enfado del tamaño de una catedral por parte de la gente y todo tipo de salvadores con y sin coleta que vienen a decirnos que ellos, ante los mismos incentivos, con las mismas expectativas de beneficio, no habrían sucumbido, porque son seres angelicales, íntegros y puros como nadie nunca fue. Y el mismo pueblo cabreado que entregó las armas, que esperó que lloviera café en el campo, que se dejó llevar por la borrachera de crédito fácil y pelotazo al alcance de todos… les cree.

Estoy esperando (sentada por si las moscas) a que alguien se dé cuenta de que el fallo garrafal de todo esto es, como nos enseña Buchanan, la quiebra de esa estructura legal sólida que debe preceder cualquier actividad económica y ser la base de toda sociedad progresista (en el buen sentido, me niego a que me roben las palabras). Es la prueba del algodón, lo que asegura la estabilidad, la seguridad y el buen funcionamiento de la vida en común, de las instituciones políticas y económicas y, probablemente, el futuro de la democracia occidental.

Inmigración (XVI): Apátridas dominicanos

"La nacionalidad haitiana originaria por ius sanguinis ha sido tradicionalmente reconocida en la mayor parte de las Constituciones de la República de Haití desde hace casi un siglo". Extracto de la Sentencia TC/0168/13 del Tribunal Constitucional dominicano.

"La ley no dispone sino para lo porvenir. No tiene efecto retroactivo sino cuando sea favorable al que esté subjúdice o cumpliendo condena. En ningún caso los poderes públicos o la ley podrán afectar o alterar la seguridad jurídica derivada de situaciones establecidas conforme a una legislación anterior". Art. 110 de la Constitución dominicana de 2010.

"Afortunadamente hay en la sociedad civil dominicana muchas voces valientes y democráticas —de intelectuales, asociaciones de derechos humanos, periodistas— que, al igual que las dos jueces disidentes del Tribunal Constitucional, han denunciado la medida y se movilizan contra ella". Mario Vargas Llosa.

La migración es un fenómeno ubicuo. No solo se da hacia países desarrollados sino también hacia países menos desarrollados. En todos los casos, los representantes de los Estados imponen su buena dosis de racionamiento. En ocasiones hacen pifias aún peores.

La República Dominicana se encuentra en una isla que comparte con Haití. Ambos países son culturalmente diferentes. Tienen aproximadamente el mismo numero de habitantes (unos 10 millones). La renta per cápita en Republica Dominicana es de unos 12.000 USD y la de Haití es de unos 1.700 por lo que es fácil averiguar hacia dónde se dirigen los flujos migratorios. Los haitianos han buscado desde siempre trabajo en su país vecino y el cruce de fronteras se ha llevado a cabo históricamente sin demasiados percances.

Temores de los dirigentes dominicanos

Existe un bloqueo en la psique de las autoridades dominicanas en lo que se refiere a Haití y a los haitianos. Son víctimas de la ignorancia y del prejuicio. La sombra trujillista anti haitiana es aún alargada. Pese a que necesitan mano de obra barata, tienen temores a ser inundados por ellos. Hay miedo a un imaginario complot de gobiernos y ONGs extranjeros para unificar la isla y hacer de la República Dominicana la principal fuente de la solución a la pobreza haitiana. Pese a la irracionalidad de estas ideas, gozan de amplia credibilidad y están arraigadas en actitudes resistentes al cambio y en el intento de detener la inmigración procedente de Haití.

Por el contrario, la sociedad civil de ambos lados de la frontera ha convivido pacíficamente y sus pueblos han cooperado siempre entre sí y se han caracterizado por la buena vecindad. Por décadas, la República Dominicana ha acogido a miles de inmigrantes haitianos que han buscado mejores condiciones de vida. Han hecho por lo general los trabajos más duros e ingratos en suelo dominicano (industria azucarera, construcción, autopistas, etc.) por lo que han contribuido a la prosperidad de dicho país. Se estima que la mano de obra haitiana aporta hoy el 7.5% al Producto Interno Bruto local.

Desde la reforma de 20 de junio 1929, el régimen constitucional dominicano ha venido concediendo nacionalidad a toda persona nacida en su territorio (criterio de ius solis), exceptuando a los hijos nacidos de diplomáticos o de personas "en tránsito" (es decir, que no estuvieran en el país más que un corto periodo de tiempo, hasta diez días, según Reglamento de migración de mayo de 1939). Consecuentemente, el ordenamiento jurídico dominicano reconoció durante muchos años de manera generosa la nacionalidad a miles de hijos nacidos en suelo dominicano de migrantes haitianos, mayormente jornaleros, que fueron creando comunidades rurales en torno a las plantaciones azucareras conocidas como bayetes.

Acción administrativa dilatoria con graves consecuencias

A partir de la Ley de Migración de 2004, se consideraron también a las personas en tránsito a aquéllas en situación irregular sin importar la duración de su estancia en el país. Así, se les vino a denegar desde entonces la nacionalidad a sus hijos nacidos en dicho país, contraviniendo el derecho constitucional dominicano que mantenía por entonces aún el criterio laxo de ius solis.

Además, la Junta Central Electoral dominicana desde al menos 2007 estuvo llevando a cabo prácticas irregulares muy graves en el despacho de la documentación a ciertos nacionales. Dilataba sine die la entrega de copias de documentos censales (i.e. actas de nacimiento) a toda persona dominicana de origen haitiano. Con ello se impedía la posterior regularización de su documento de identidad. Carecer de él afectaba al ejercicio de muchos derechos fundamentales para cualquier individuo: no podía transitar libremente dentro y fuera del país, encontrar un trabajo legal, comprar o vender propiedades, alquilar, ni casarse entre otros derechos civiles básicos. Tampoco podía uno acceder a la seguridad social, a la educación y sanidad públicas.

Lo peor de todo es que se estaba expuesto a sufrir deportación o se le vedaba a uno el inscribir a sus descendientes como dominicanos al arrebatársele la nacionalidad.

Fue un intento de los representantes del Estado dominicano de desnacionalizar por las bravas a ciertos connacionales de origen haitiano nacidos allí desde 1929 y convertirlos en extranjeros dentro de su propio país por obra y gracia de una deshonesta estrategia administrativa.

Aprobación de nueva Constitución en 2010

Sólo desde la nueva Constitución de Leonel Fernández de 2010 el criterio del ius solis quedó delimitado en el art. 18,3 del texto de la Carta Magna para excluir a aquellos hijos nacidos de extranjeros que se hallasen en tránsito o (se añadió) residiesen ilegalmente en territorio dominicano.

A partir de entonces, el criterio laxo del ius solis que había prevalecido en la Republica Dominicana desde 1929 quedó sin efecto. En lo sucesivo, ya no podrá adquirir nacionalidad dominicana el hijo de extranjeros por el mero hecho de nacer allí, a no ser que sus progenitores residan legalmente.

Una sentencia posterior del Constitucional infumable

Fruto de repetidas irregularidades administrativas, una ciudadana -Juliana Deguis Pierre, de ascendencia haitiana- interpuso un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional dominicano (TCD) al denegársele reiteradamente por parte de la administración una copia de su acta de nacimiento, lo que le impedía registrar a sus hijos y llevarlos a la escuela de su localidad. El TCD, en su Sentencia TC/0168/13 del 23 de sept. de 2013, mandó que se le diera a la recurrente la documentación solicitada pero al mismo tiempo dictaminó que se le privase automáticamente de su nacionalidad dominicana. Juliana Deguis Pierre quedó apátrida.

El TCD dictaminó que los hijos de inmigrantes extranjeros (es decir, haitianos) sin residencia legal nacidos después de 1929 no eran dominicanos, porque las leyes desde esa fecha excluían a los hijos de "extranjeros en tránsito". Para la mayoría de los jueces, "tránsito" equivalía no sólo a los extranjeros desplazados allí temporalmente (i.e. diplomáticos, turistas u hombres de negocio) sino también a no tener en regla los documentos de residencia de inmigración, sin importar el tiempo de permanencia en el país y sin importar que sus descendientes fueran ya dominicanos por el hecho de haber nacido allá y haber residido no sólo más de 10 días sino a veces más de tres generaciones. 

Lo que hizo esta sentencia fue darle una pátina de legalidad (que no de legitimidad) al plan de desregularización que la Junta Central Electoral dominicana había ideado desde 2007 contra ciertos dominicanos de origen haitiano que ya habían adquirido su nacionalidad desde hacía mucho tiempo.

Esta sentencia fue un instrumento de segregación de la población nacional dominicana. Contenía, además, aberraciones jurídicas y procesales. Mencionemos dos de las más groseras:

Uno: la ciudadana Juliana Deguis fue en busca de amparo de su derecho a recibir el acta de nacimiento por parte de la administración y lo que obtuvo de rondón fue un dictamen sobre una materia que ella no fue a buscar amparo (acerca de su nacionalidad). Pidió justicia para que no hubiera malas prácticas administrativas y salió desnacionalizada por parte del TCD. No sólo eso, además de ella, quedaban apátridas todos aquellos dominicanos que hubiesen nacido desde 1929 de padres haitianos en situación de irregularidad. Se dictaminó sobre una materia que no estaba en juego y afectó a personas que no eran parte del proceso.

Dos: esta sentencia viola la propia Constitución dominicana que prohíbe la retroactividad de las leyes cuando es en perjuicio del afectado. Once de los trece jueces del alto tribunal interpretaron de forma extensiva el término "en tránsito" para incluir en él a todo dominicano de ascendencia haitiana cuyos progenitores carecieran de documentación reglamentaria, o sin importar que hubiera nacido en suelo dominicano desde 1929 y se hubiera ya nacionalizado de forma completamente legal por el criterio válido hasta 2010 del ius solis. Es un despojo grosero de un derecho adquirido y todo Estado de Derecho que se precie debería respetar.

En contraste con esos 11 magistrados, los dos votos discrepantes de las magistradas Isabel Bonilla Hernández y Katia Miguelina Jiménez Martínez son sendos ejemplos de la buena fundamentación jurídica que desmontan todas y cada una de las inconsistencias de la referida sentencia. Su coherencia, precisión y elegancia en el razonamiento de ambas magistradas ha debido hacer sonrojar a más de un miembro "honorable" de dicho tribunal político.

Amenaza de ser deportado a un país extraño

Según la última encuesta de descendientes de haitianos realizada en 2012 habría unos 250.000 dominicanos afectados. Desde 2007 la mayoría no han podido renovar su status legal dentro de su propio país. Su único delito ha sido el ser de ascendencia haitiana en un país donde la gran mayoría de la población tiene ascendencia extranjera, sea americana, caribeña o europea.

La gran amenaza que se cernía sobre ellos es si el gobierno de la República Dominicana iba a tener estómago suficiente para expulsar a los dominico-haitianos que quedaran sin documentos legales. Ciudadanos que sufrirían una curiosa paradoja: podrían ser deportados a Haití, un país que jamás habían pisado, cuyo idioma y cultura desconocían y con el que no les unía más vinculo que el que tuvo algún antepasado suyo de anteriores generaciones y que huyó de Haití hacía mucho tiempo.

Por fin el sentido común

Ante este atropello, miles de personas, organizaciones, juristas y otros profesionales rechazaron ese desatino de las autoridades dominicanas. Como consecuencia de ello, se formó la plataforma de Dominicanos x Derecho (que agrupaba diversas organizaciones y a las personas dominicanas afectadas por la referida sentencia inconstitucional del TCD).

Afortunadamente la promulgación al fin en mayo del 2014 de la Ley 169-14 estableció un régimen especial de validación de documentos para dominicanos hijos/as de extranjeros en situación migratoria irregular, inscritos en el registro civil y sobre naturalización para los no inscritos, es decir, los que nunca han tenido acta de nacimiento. El sentido común parece que empieza a regresar a las mentes de los dirigentes dominicanos.

A pesar de que considero que la inmigración moderna en primera generación debe separarse lo más posible de la adquisición de la nacionalidad, precisamente para favorecer el flujo de la propia inmigración, eso no quita para denunciar la aberración jurídica que supone en cualquier lugar cambiar las reglas de juego a mitad del partido por parte de las autoridades públicas.


Este comentario es parte de una serie acerca de los beneficios de la libertad de inmigración. Para una lectura completa de la serie, ver también I,  IIIIIIVVVIVIIVIIIIXXXIXIIXIIIXIV y XV.

La decisión de Podemos en Ganemos

La lideresa de UPyD compareció anoche en el programa El Objetivo para hablar de corrupción, que es en estos momentos El Tema. Previamente, Évole había preparado a la audiencia de La Sexta con un programa sobre el trinque de los cursos de formación, pero ese es sólo uno de los múltiples escándalos que acrisolan la actualidad, con la operación Púnica ocupando la posición de vanguardia por ser el último de los casos de corrupción política conocidos hasta el momento. Y cuando amaine este asunto que ha enfangado al PP madrileño surgirá otro que afectará al PSOE de cualquier otra provincia, no necesariamente porque los altos cargos de los dos grandes partidos sean más corruptos que la media -que igual también-, sino por una mera cuestión de probabilidad, al ser las formaciones que más poder local, autonómico y estatal acumulan desde hace décadas excepto en Cataluña, coto privado de CiU.

Rosa Díez fue entrevistada en el programa de Ana Pastor (El ObjetivoEl Objetivo de La Sexta o El Objetivo de Ana Pastor, según el día que tenga la cadena "B" del grupo A3 Media) y esta vez la periodista estuvo más amable que en ocasiones anteriores. Anoche, la cosa iba de corrupción y ahí estuvo Díez, opinando sobre este asunto con total tranquilidad porque en UPyD no hay corruptos (que se sepa). Hay quien podrá pensar que el hecho de que ningún político de UPyD se haya visto salpicado en estos feos asuntos es porque aún no han llegado al poder. Grave error. En UPyD no hay corruptos porque en UPyD, según Rosa Díez, son incorruptibles. ¿Y por qué son incorruptibles? ¿acaso los miembros del partido magenta, 10.000 entre afiliados y simpatizantes, han sufrido una mutación genética que los inmuniza contra las tentaciones del poder y las asechanzas de los intermediarios? No exactamente. En palabras de la propia Rosa Díez "en UPyD somos incorruptibles porque tenemos como objetivo ser incorruptibles", una cosa bien sencilla de hacer que habría podido ahorrar grandes quebraderos de cabeza a Rajoy de haber caído a tiempo.

Y como el asunto iba de corrupción, mientras Rosa Díez desgranaba sus propuestas para evitar los escándalos que acucian a la clase política, en pantalla del plató aparecían sin solución de continuidad Granados, Blesa y Rodrigo Rato, de tal forma que la imagen de la presidenta de UPyD se superponía a la de los imputados procedentes del Partido Popular. Que igual no tiene ninguna influencia psicológica en los espectadores, pero los encuadres reiterados con esa composición de imágenes no dejaba de suscitar ciertas similitudes con las técnicas del mensaje subliminal. Seguramente será una coincidencia. Como la cortina del programa Salvados para dar paso a la publicidad, un hexágono con un halo de color morado que algún conspiranoico podría identificar con el logotipo de Podemos.

Precisamente, a Rosa Díez le preguntaron anoche también por el partido de Pablo Iglesias y las posibilidades de que UPyD y Podemos lleguen en el futuro a algún pacto puntual, algo que la lideresa no descartó a priori. Y hace bien porque, en última instancia, entre incorruptibles socialdemócratas y azotes de la corrupción "ni de izquierdas ni de derechas" un entendimiento mutuo sería lo más natural. Excepto en Extremadura, que ahí el papel de socio de Pablemos ya se lo ha pedido Monago, otro especialista en política subliminal.

Rosa Díez y sus 10.000 incorruptibles

En las últimas semanas, las pérdidas en la cartera de Warren Buffetthan estado en boca de todos. A ello, habían contribuido tres noticias. La primera, fue el estallido del escándalo de Tesco. La cadena de supermercados británicos, en la que Buffett había invertido en los últimos años a través de Berkshire Hathaway, reconocía públicamente que había inflado significativamente sus cuentas.

La empresa reconocía que había sobrevalorado -fruto de errores de contabilidad- su beneficio semestral en 250 millones de libras, unos 320 millones de euros. Tesco se vio obligada a anunciar un profit warning que hizo que su cotización se desplomase. La inversión de Berkshire Hathaway en Tesco sufrió las consecuencias y su cerca del 3,7% de la compañía perdía en unos pocos días más de 700 millones de dólares.

La segunda noticia que sacudía a la cartera de Berkshire Hathaway, el conglomerado de Warren Buffett, era el desplome en la cotización de IBM, una de sus participaciones más importantes. IBM anunciaba unos decepcionantes resultados y el valor de la participación de Berkshire Hathaway descendía la cifra de 494 millones de dólares, al dejarse IBM un 7% en un mismo día.

La reacción de pánico venía motivada por el anuncio de unos resultados peores que los que esperaba el consenso del mercado y por reconocer que no iba a poder cumplir con los objetivos de beneficio que había establecido dentro de su plan quinquenal, que precisamente acaba en 2015.

La tercera y última noticia apenas tardaba un día en producirse. La mayor posición de Berkshire Hathaway desde hace décadas, Coca-Cola, anunciaba también un resultado que se quedaba corto frente a las expectativas del mercado, además de advertir de los problemas a los que se estaba enfrentando la compañía a raíz del efecto divisa.

Las 400 millones de acciones que tiene Berkshire Hathaway de Coca-Cola caían el pasado martes en Bolsa y suponían una caída en la valoración de esa participación de nada menos que 1.090 millones de dólares.

¿Una semana negra para Buffett?

Los titulares de los medios de comunicación tras anunciarse los resultados de IBM y Coca-Cola eran terriblemente duros. Parecía que Buffett había cometido tres errores de inversión, cuando en realidad tan sólo Tesco es un claro fallo.

Tanto las inversiones de IBM como la de Coca-Cola son inversiones de la categoría que Buffett llama buy and hold, y cuyo horizonte de inversión es para siempre. Ligeras oscilaciones en la cotización de este tipo de participaciones no afectan a largo plazo en absoluto a la marcha de los negocios.

Buffett ya ha triunfado con estas inversiones, ya que invirtió en magníficos negocios a precios muy atractivos. Sin ir más lejos, su participación en Coca-Cola se ha multiplicado por quince en estas décadas. Una variación temporal de 1.000 millones no deja de ser anecdótico. Lo mismo sucede con la noticia de IBM.

Buffett confía plenamente en el modelo de negocio de IBM, que en los últimos año ha mutado de una empresa tecnológica a una empresa que presta servicios con base tecnológica y con especial énfasis a todo lo relacionado con el cloud computing. Lo único que le preocupa a Warren Buffett como value investor es que sus negocios vean erosionadas sus ventajas competitivas. Eso y sólo eso es lo que le puede preocupar a Buffett.

El error de Tesco

Y una pérdida de ventaja competitiva, junto con el descubrimiento de un equipo gestor sin la más mínima integridad es precisamente lo que ha sucedido en su inversión en Tesco. Buffett ha reconocido abiertamente que su inversión en Tesco ha sido "un tremendo error". Una cosa que, precisamente, honra a Buffett es su sinceridad y transparencia a la hora de reconocer sus errores de inversión. Lo ha hecho en numerosas ocasiones, con inversiones como Energy Future Holdings, Dexter Shoes o la propia Berkshire Hathaway.

Las pérdidas inicialmente anunciadas por Tesco resultaron ser superiores (263 millones frente a 250), lo que obligó a su presidente, Richard Broadbent, a renunciar a su cargo la semana pasada. Al margen de la manipulación contable, el negocio no atraviesa su mejor momento. Las acciones cotizan en mínimos de once años, tras caer más de un 50% en los últimos meses.

Tras el estallido de la crisis subprime, Tesco se lanzó a la aventura en Estados Unidos con las convinience stores Fresh & Easy, que resultaron ser un fracaso. Dicha inversión acarreó pérdidas por valor de 3.000 millones de dólares.

Al mismo tiempo, la feroz competencia de rivales como Aldi ponía contra las cuerdas a Tesco en Reino Unido, su mercado predilecto, en donde llegó a gozar de una cuota de mercado del 30% en sus mejores tiempos. El tiempo ha hecho el resto y los números del gigante han comenzado a resentirse, como podemos ver en el siguiente gráfico.

La moraleja

En primer lugar, es muy importante distinguir las variaciones temporales que el mercado hace en el precio de los negocios en los que estamos invertidos de las variaciones permanentes. La diferencia fundamental entre una y otra es que, en el primer caso, las ventajas competitivas de un negocio no sufren cambio alguno, mientras que en el segundo sí lo hacen.

La lección a aprender, por tanto, es que lo importante no es fijarse en la cotización de una acción, sea esta IBM, Tesco o Coca-Cola, sino en qué hacen las ventajas competitivas de esos negocios, aquellas características que poseen las empresas y que les permiten mantener e incluso ampliar su cuota de mercado, pese a una feroz competencia. Todo lo que no sea eso, es ruido. Y si algo ha permitido a Buffett ser tan buen inversor ha sido, precisamente, hacer caso omiso al ruido.

Warren Buffett, en el ojo del huracán

Tras una semana más de escándalos de corrupción, mientras la gente mira a sus propios alcaldes de reojo, no vaya a ser que éste también tenga cajas B, cuentas ilegales, tarjetas negras o Dios sabe qué, mientras parece que Isabel Pantoja va a ir a la cárcel y hasta los periodistas sucedidos y sucesores se dan collejas en las redes sociales, los líderes de la nueva formación política Podemos preparan su desembarco autonómico como preludio de la triunfal victoria nacional. No es fácil el ramillete de decisiones que los mandamases de dicho partido tienen que tomar.

Municipios no, autonomías sí

Esa parece ser la primera gran decisión. Me parece muy acertado. Da la sensación de que son conscientes de que el apoyo de la gente a su propuesta es desproporcionado respecto a la estructura y fortaleza del partido como institución y, dicen, no vaya a ser que se nos cuele uno y la líe. Porque, y tienen razón, creen que la prensa utilizaría al que sacara los pies del tiesto como icono contra el partido. Cierto, como han hecho con cada uno que ha metido la pata en todos los partidos y en todos los ámbitos. Estamos en el país del refrán “Porque maté un gato me llaman Matagatos”. Aunque visto lo visto el gato debería estar en peligro de extinción.

Pero esa alternativa implica que los chicos de Podemos se integren en una plataforma diferente, “Ganemos”, que reúna a la izquierda más radical, separada del PSOE. Ahí cohabitarían presuntamente con Izquierda Unida, que muere por recuperar el liderazgo de la izquierda y no sabe cómo hacer ya para definirse como los rojos de toda la vida de Dios, los de verdad de la buena, rojos, rojos pero como la amapola, pero, eso sí, organizados y con pedigrí. Y también se unirían a todos los partidos menores como EquoICV o Anova en Galicia, así como plataformas sociales como Alternativa Desde Abajo (ADA) o la Plataforma Anti Desahucio (PAH) y alguna más. A todos estos pequeños socios, la unión temporal de partidos les vendría como anillo al dedo para colocar a alguno por aquí y por allá y tener un poquito más de visibilidad. A Podemos la unión con ellos haría la fuerza en muchos ayuntamientos. En el caso de Izquierda Unida, sin embargo, no me queda tan claro que la conveniencia sea bidireccional.

La sombra de la casta es alargada

Porque mirándolo bien, tiene más razón que un santo Pablo Iglesias cuando expresa su temor a que IU trate de repartir cargos, puestos, concejalías y demás, al estilo de la “vieja política”. Y él, dice, no está por la labor. Él quiere que los candidatos de Ganemos se elijan en asamblea, en primarias, entre todos, como manda el Manual del Hombre Nuevo. También es verdad que lo dice con la tranquilidad que dan las encuestas abrumadoramente a su favor.

A pesar de todo ese prurito, si finalmente hay consenso y se da su alianza con IU en determinados municipios ¿no dejaría en la gente más irritada con los políticos una sensación de fraude? Porque IU no tiene las manos limpias. No hay más que tirar de hemeroteca y recordar los sobresueldos en Andalucía, o el diputado por Madrid de dicho partido implicado en el caso de las tarjetas “black”, o Moral Santín y los otros tres consejeros de Caja Madrid… en fin que no son precisamente amistades ejemplares. Y eso a “Pablemos”, como se conoce ya al partido de Pablo Iglesias desde que presentara su perfil personal como logo de la formación, tal vez no le convenga mucho.

Dice otro dicho español que quien se acuesta con niños, mojado se levanta, y con una novia de IU precisamente, Pablo Iglesias corre el peligro de acercarse demasiado a través de Ganemos al precipicio de la casta. Como él mismo ha expresado y con motivos, tres tropezones y la gente no lo perdona.

El hartazgo es tal que, aunque los taxistas en pleno dicen que van a votar a Podemos (o Ganemos) por puro enfado contra todos estos corruptos, una va al Centro Cultural de Valdemoro a ver a Rafael Álvarez “El Brujo” en su espectáculo Cómico, y cuando el artista suelta un rejón a Podemos, la gente aplaude con la misma intensidad que cuando lo suelta contra el PP, el PSOE o quien sea. El Brujo no se casa con nadie pero sabe como pocos reflejar el sentir de la gente sencilla que, sin saber mucho de los entresijos de la realidad, reconoce el olor a podrido a distancia y padece el 21% de IVA al teatro (frente al 4% de IVA del porno), y todos los impuestos que nos quieran subir. “Y eso que son los conservadores” decía Rafael. 

Por qué Podemos puede ganar

Mientras el inepto y ruinoso sociólogo del PP, Pedro Arriola, menospreciaba a los miembros de Podemos tildándolos de "frikis", henchido de soberbia y engreimiento, tras las europeas del pasado mayo, otros advertíamos que Pablo Iglesias barrería del mapa a IU para convertirse en el nuevo referente de la izquierda española. Este fatal diagnóstico no solo se ha cumplido, sino que ha sido superado con creces por la realidad de los hechos debido, sobre todo, a la enorme torpeza que está demostrando el bipartidismo en su vano intento por frenar el ascenso del populismo. En los últimos meses, Podemos ha pasado de la tercera a la primera fuerza política en intención de voto, de modo que si hoy se celebraran elecciones generales recabaría el 27% de las papeletas, superando a PSOE (26,2%) y PP, que, con apenas un 20,7%, habría sufrido un desplome brutal, según la encuesta que publica este domingo El País.

Para entender este histórico vuelco es necesario tener muy presente una serie de factores excepcionales. El primero y más importante de todos es, sin duda, la crisis y, especialmente, la elevadísima tasa de paro (24%). El impacto generalizado de la recesión en todos los estratos de la sociedad y el drama de tener que soportar más de 5 millones de desempleados tras siete agónicos años de crisis es el caldo de cultivo idóneo para el nacimiento y desarrollo de una oleada de indignación, desconfianza y hartazgo entre la opinión pública, cuyo descontento hacia la casta política ha sabido interpretar y recoger a la perfección la cúpula de Podemos. Y lo cierto es que no les falta razón a los de Iglesias cuando cargan sin compasión contra PSOE y PP, culpándoles de la actual situación económica, pero yerran de plano en la solución. Si la crisis continúa no es por el exceso de capitalismo y la ausencia de intervencionismo estatal, tal y como erróneamente pregonan los comunistas de Podemos, sino por todo lo contrario. España es, por desgracia, una de las economías menos libres del mundo desarrollado, al tiempo que registra uno de los mayores déficits públicos de la OCDE e impone una sangrante carga fiscal a familias y empresas.

Desde 2007, socialistas y populares han disfrutado de una oportunidad histórica para hacer reformas estructurales con el fin de ganar competitividad económica y eficiencia administrativa y hacer de la española una economía mucho más atractiva para los negocios y la inversión exterior, tal y como hizo el Reino Unido durante los años 80, el norte de Europa a principios de los 90, Irlanda poco después, Alemania a inicios de la pasada década y los países del este de Europa durante la presente Gran Recesión. Por desgracia, los políticos patrios no quisieron o no supieron hacerlo. Primero Zapatero y ahora Rajoy se han contentado con hacer lo mínimo e imprescindible para que todo siga más o menos igual.

Los resultados saltan a la vista, y, como es lógico, esta desesperante decadencia económica se ha ido transformando con el paso del tiempo en una creciente desconfianza hacia los partidos tradicionales, ante su evidente incapacidad para resolver el principal problema del país (paro). Podemos ha bebido directamente de este descontento social gracias a su hábil y astuta estrategia de sustituir el tradicional debate izquierda-derecha por el de "casta" (PSOE y PP) versus "pueblo" (Podemos). Una vez identificado claramente el enemigo (ellos), es mucho más fácil aportar la teórica solución (nosotros) a todos los males. Pero es que, además, a la incompetencia manifiesta mostrada por PSOE y PP para solventar la crisis se ha unido un factor adicional que, hasta hace poco, casi carecía de relevancia electoral: la corrupción. El desapego de la población hacia la clase política ha alcanzado máximos históricos tras comprobarse la incapacidad del bipartidismo para reducir el paro, mientras sus cúpulas y estructuras se han llenado los bolsillos de forma ilícita durante décadas mediante el cobro de suculentas comisiones.

La corrupción campa a sus anchas en España desde hace mucho, pero es ahora cuando se percibe como un problema grave. Mientras todo iba bien (crecimiento burbujístico), se toleró, pero cuando las cosas van mal resulta inaceptable que los políticos abusen de su privilegiada posición para enriquecerse. No es casualidad que la corrupción sea, hoy por hoy, el segundo problema más importante (42,7% de los encuestados), tras el paro (75,3%), mientras que en 2007 no superaba el 1%. El salto cualitativo en esta materia se produjo a principios de 2013, cuando estallaron los casos Bárcenas, Nóos y ERE: la percepción de la corrupción como gran problema se disparó desde el 18 hata el 40%. Podemos también ha pescado –y mucho– en este río debido a su virginidad –todavía no han tocado poder y, por tanto, están libres de pecado– y a la sensación de total impunidad de la que gozaban hasta hace poco PP y PSOE. Ambos partidos se han negado a adoptar medidas contundentes y eficaces para limpiar la podredumbre que corroe sus cimientos.

Por último, es necesario tener en cuenta que el ideario de extrema izquierda que propugna Podemos ha encontrado eco en la sociedad gracias al profundo estatismo imperante en España desde hace décadas. Existía ya en la dictadura de Franco, pero se ha refinado y desarrollado durante la democracia. La mayoría de los españoles desconfía del capitalismo, rechaza la austeridad, quiere un Estado grande (Estado del Bienestar) y defiende un elevado grado de intervencionismo público en la economía. Basta observar este gráficopara percatarse de esta triste realidad: España es, junto a Japón, el país avanzado que menos apoya el libre mercado (capitalismo), por delante incluso de Grecia.

El desastroso modelo de planificación educativa que existe en España ha hecho muy bien su trabajo al inculcar las bondades del socialismo en el ideario colectivo. Un nuevo éxito, sin duda, de PSOE y PP. Por ello, no es de extrañar que el reciente populismo español (Podemos), el griego (Syriza) y el francés (Frente Nacional) hayan adoptado ropajes comunistas y fascistas (el principal nexo común de ambas ideologías totalitarias es el anticapitalismo), mientras que la reacción política a la crisis en EEUU (Tea Party), Reino Unido (UKIP) y Alemania (Alternativa para Alemania), donde la defensa del libre mercado es mayoritaria, se ha materializado en movimientos civiles más o menos procapitalistas.

Aún está por ver que Pablo Iglesias consolide su avance, pero lo relevante es que la posibilidad de que gobierne, hasta hace poco impensable, ya existe, tal y como sucede en Grecia con Syriza. Si los comunistas de Podemos llegan al poder, los españoles tendremos, simplemente, el justo castigo a nuestros pecados.

Podemos es peor que la corrupción

España está en medio de una tremenda crisis que puede acabar con una buena parte de sus formaciones políticas y precipitarla en una crisis institucional gravísima.

La mala noticia es que el origen del conflicto se encuentra en la corrupción generalizada, que afecta al Partido Popular, al Partido Socialista, a los sindicatos, a los comunistas de Izquierda Unida, a los jefes históricos de Convergència i Unió, un partido catalán de centroderecha que hoy busca la independencia, y, naturalmente, a unos cuantos empresarios enriquecidos al amparo del poder político.

Surge un escándalo tras otro, al extremo de que es frecuente escuchar que todos los políticos son unos ladrones. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha pedido perdón al país. También lo ha hecho Esperanza Aguirre, líder madrileña del Partido Popular, por haber elegido mal a sus colaboradores. Es correcto pedir perdón.

La buena noticia es que está actuando la justicia y nadie trata de impedirlo. En el país hay más de 600 personas condenadas por delitos relacionados con el peculado, la malversación o el impago de los impuestos. Los últimos detenidos e imputados son más de medio centenar. Se terminó la impunidad.

Las consecuencias de esta pérdida de prestigio de la clase política es la ascensión del grupo político conocido como Podemos, dirigido por un joven profesor llamado Pablo Iglesias. Un sondeo publicado por El País lo sitúa a la cabeza de las preferencias electorales.

El programa político de Podemos es una suma de todos los devastadores disparates que pueden arruinar a la sociedad, pero, ante el descrédito de los partidos políticos, una buena parte de los españoles ha llegado a la conclusión de que hay que castigar en las urnas a las formaciones del establishment, o de "la casta", como les llama Podemos despectivamente, sin advertir que la corrupción es mala, pero mucho más daño puede hacer la entronización en el país de un Gobierno populista de corte chavista que destruya el aparato productivo y crispe, empobrezca y divida aún más a los españoles.

Podemos cree en el control de precios y salarios, en reducir los horarios laborales para que, supuestamente, trabajen más personas. Cree en poner tope a los alquileres, en confiscar las propiedades no habitadas para asignarlas al pueblo, en nacionalizar los servicios públicos que no cobren tarifas adecuadas. En fin, cree en Gobiernos intervencionistas y planificadores, de esos que dictan las políticas públicas que han arruinado a docenas de países en el pasado.

Muchos españoles piensan que esa pesadilla no les puede ocurrir a ellos. Me temo que están minuciosamente equivocados. La imbecilidad está al alcance de cualquier pueblo. Pregúntenles a cubanos y venezolanos. Ellos también pensaban que algo así no podía suceder en sus países. Pero sucedió, y ahí sigue… y sigue.

elblogdemontaner.com

Alternativa socialista

El líder socialista Pedro Sánchez declaró:

Reivindico el espacio propio del socialismo que es la igualdad, porque el principal desafío de la sociedad es luchar contra la desigualdad, porque el 27% de los niños sufre pobreza infantil, y reivindico un nuevo derecho, el de la garantía alimentaria, y creo que las comunidades autónomas, sobre todo las de derechas, que se están negando a ello, deben garantizar tres comidas al día, como hace la Junta de Andalucía.

Es difícil no caer en el desasosiego ante semejante colección de proclamas colectivistas. El espacio propio del socialismo no es la igualdad compatible con la libertad, la igualdad ante la ley, sino la igualdad contradictoria con la libertad, es decir, la igualdad mediante la ley, la igualdad que exige que el Estado sea cada vez más grande, intrusivo, arbitrario y desigual en el trato a sus súbditos.

La sociedad moderna, al revés que la tribu, no tiene desafíos, porque no actúa. Las personas los tienen, porque ellas sí actúan. La desigualdad, por tanto, no constituye ningún desafío, porque las personas no sólo no luchan contra la desigualdad sino que en cierto sentido puede decirse que luchan en favor de ella, porque todas las personas desean mejorar su propia condición, mientras que no todas lo logran en la misma medida.

El desatino adicional del señor Sánchez es identificar desigualdad y pobreza, que son claramente diferentes, y recurrir al viejo truco de agitar cifras y niños, como si fuera patente que la política tiene que hacer algo para resolver la pobreza infantil, cuando hacer algo en el lenguaje político jamás significa disminuir el autoritarismo y el quebrantamiento de los derechos de los pobres, que son, en España y en todo el mundo, las principales causas de la pobreza. Desde ya podemos desconfiar en que don Pedro piense que la política ha dificultado la superación de la pobreza con sus intervenciones e impuestos.

Esa parte crucial de la coerción política es ignorada olímpicamente cuando el señor Sánchez se pone aún más estupendo con eso de "reivindicar un nuevo derecho", que, como siempre, es una violación de los derechos de los demás, porque es imposible que él piense garantizar alimentos con su propio dinero. Al contrario, cree que es bueno que las autoridades benéficas (mejor de izquierdas, claro) arrebaten los bienes de los ciudadanos para concederles graciosamente derechos y garantías de toda suerte, en especial en Andalucía, que tras tres décadas de socialismo ha alcanzado grandes cotas en términos de prosperidad, empleo y honradez. No sé si está claro.

Con este esquema intelectual, no podemos abrigar muchas esperanzas de que nuestros bienes, derechos y libertades no vayan a sufrir si alguna vez don Pedro llega a la Moncloa.

Esto dicho, procedamos a consolarnos. Los mismos disparates intervencionistas de Pedro Sánchez han sido pronunciados y subrayados por los demás políticos de todos los demás partidos.

Y además, por ceñirnos sólo al suyo, sólo al PSOE, los críticos de Sánchez podrían recordar lo que dijo en su día uno de sus adversarios, don José Antonio Pérez Tapias, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada:

Fue desigual la batalla [del socialismo] contra ese ejército neoliberal que le comió el terreno cuando quiso ganar la guerra contra el azote de la crisis económica. Como banderas deshilachadas se vieron destrozadas las enseñas socialistas en torno a la igualdad y las políticas sociales. La cabalgada neoliberal supuso desde tiempo atrás el arrasamiento de lo público y que apenas creciera la hierba de la igualdad allí donde desconsideradas pezuñas pisaban fuerte sobre la sanidad pública o una educación para todas y todos.

Esta explosión de demagogia es incluso peor que lo de Sánchez, además de ser más cursi y arrogante, como suele suceder en mi gremio de los catedráticos. Es un enorme disparate, porque cualquiera que se moleste en ver lo que pasó en realidad sabe que todos los gobiernos del mundo se negaron a aceptar la responsabilidad de su propio intervencionismo en la crisis y acometieron políticas aún más intervencionistas, precisamente para defender "lo público", que no solamente no ha sido arrasado sino que su peso es mayor que nunca. Lo saben "todas y todos" que pagan cada vez más impuestos y padecen cada vez más multas, controles, prohibiciones, etc.

En fin, un consuelo adicional: al menos Pedro Sánchez no ha caído, que yo sepa, en la idea de resolver la falta de crédito con la increíble recomendación de…"apuéstese por una banca pública".

Diez gráficos sorprendentes sobre pobreza y desigualdad en España

¿Cuántos pobres hay en España? ¿Cómo y de qué forma ha golpeado la crisis a la población? ¿Quiénes son, en definitiva, los que peor lo están pasando durante estos años? Éstas son algunas de las cuestiones que, como es lógico, más atención y preocupación recaban en la actualidad, tanto a nivel político como social. Sin embargo, el análisis de esta importante problemática no está exenta de polémica y confusión.

Así, según informe Foessa para Cáritas sobre exclusión y desarrollo social publicado el pasado martes, "sólo el 34,3% de los españoles vive sin carestías esenciales" y, además, el número total de "pobres" (personas en situación de "exclusión social") ha pasado de 7,3 millones a más de 11,7 millones entre 2007 y 2013, con lo que el porcentaje total de excluidos ha subido del 16,3% al 25,1% durante la crisis, tal y como ha recogido la inmensa mayoría de medios.

 

A la vista de estos titulares, apenas uno de cada tres españoles habría permanecido indemne ante la crisis y uno de cada cuatro sufriría ya el drama de la pobreza. Cifras demoledoras que, de una u otra forma, vendrían a ratificar otros indicadores trágicos, como el hecho de que el 21% de la población se situé por debajo del umbral de la pobreza o España llegue a contabilizar 20 millones de pobres en 2025.

Pero, ¿qué hay de cierto en estos datos? ¿De verdad que el 25% de la población española es "pobre"? La clave del asunto radica en cómo definir la "pobreza" y en qué entiende Cáritas por "exclusión social", ya que su dimensión real cambia de forma muy sustancial si se analiza en detalle el contenido concreto de ambos conceptos, tal y como recoge el estudio completo de Cáritas, de casi 700 páginas.

¿Qué significa "exclusión social"?

El eje central del informe gira en torno al "Indicador Sintético de Exclusión Social" (ISES), constituido por un total de 35 parámetros, según el cual se diferencian cuatro situaciones:

  • "Integración plena": personas que no se ajustan a ninguno de esos 35 factores.
  • "Integración precaria": personas afectadas por 1 de esas variables.
  • "Exclusión moderada": cuando sufre 2 ó 3.
  • "Exclusión severa": cuando padece 4 o más parámetros.

El problema, en primer lugar, es que esas 35 variables van mucho más allá de lo que, comúnmente, se entiende por "pobreza", ya que ahí se incluye, por ejemplo, estar peleado con tus vecinos o con tu pareja, tener un abuelo semianalfabeto, ser madre soltera, vivir con extracomunitarios, no participar en votaciones electorales o, incluso, haber tenido problemas con la Justicia en los últimos 10 años, entre otras variables sociales de todo tipo.

De este modo, y puesto que la tasa de paro es muy elevada en España, basta con que una persona se vea en situación de desempleo (25%) o viva en un hogar con algún miembro en paro (36) y, además, se vea afectado por uno o varios (2 ó 3) de los otros parámetros para que, automáticamente, sea tachado de "excluido social", tal y como explica el economista Juan Ramón Rallo.

¿Qué significa "pobreza"?

Es decir, lo que Cáritas define como "exclusión social" no se puede equiparar con el problema real de la pobreza, ni siquiera en su vertiente más extrema, ya que son conceptos muy distintos. Así, según el informe, la población en situación de "exclusión social severa" ha subido del 6,2% (2,7 millones) al 10,9% (5,1 millones) durante la crisis, ya que sufre 4 o más parámetros incluidos en el ISES. ¿Significa esto que son "pobres"? Tampoco.

Las variables de Cáritas que hacen referencia a cuestiones relacionadas de forma directa con la pobreza (graves problemas de carestía material) apenas se reducen a cuatro parámetros:

  • Pobreza extrema: esta tasa sube del 3,5% al 7,3% de la población.
  • Carencia de bienes básicos: 1,6% en 2013.
  • Infraviviendas: la población que vive en chabolas o similar baja del 1,6% al 0,8% desde 2007.
  • Haber pasado hambre en los 10 últimos años con frecuencia o la están pasado ahora: sube del 2% al 4,5%.

Así pues, lejos del 25% de "excluidos sociales" o del 11% de "exclusión severa" que denuncia el estudio, la pobreza real en España afecta a cerca del 5% de la población en 2013, frente al 2-3% que se registraba en 2007, en el pico de la burbuja económica, tal y como explica Rallo.

Esta cifra coincide con el indicador de "privación material severa" que elabora Eurostat, según el cual la pobreza en España casi se ha duplicado durante la crisis, al pasar del 3,5% al 5,8%, con lo que el numero real de pobres habría crecido desde los 1,4 hasta cerca de 2,8 millones.

De hecho, esta cifra también coincide, curiosamente, con el volumen de personas que atiende Cáritas a través de sus comedores y servicios de asistencia: algo más de 2 millones el pasado año. Pero, en ningún caso, este grave problema afecta al 25% de la población española, ni siquiera al 11% de "excluidos severos", tal y como se ha difundido estos días.