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Claudia Goldin, un Nobel en honor a la Historia Económica

Recuerdo con gran cariño a mi profesora preferida de la carrera, Victoria Bateman, quien fuera mi profesora de Historia Económica y a quien saludé con mucho afecto el día de mi graduación, ya que, gracias a ella, mi pasión por la intersección entre la historiografía y la ciencia económica creció aún más durante mis años de carrera. El lunes, al leer la noticia de que el Premio Nobel de Economía 2023 había sido otorgado a Claudia Goldin me acordé mucho de ella. Me imaginé a la Profesora Bateman celebrando que le hubieran otorgado un galardón de semejante calibre a la punta de lanza de su área de investigación y, sinceramente, me alegré mucho por una persona como ella, que vive y transmite la Historia Económica con tal pasión.

El gran cambio de la mujer en el trabajo

El trabajo de Goldin ha resultado clave para explicar las causas detrás de que, a lo largo de los últimos 100 años, la proporción de mujeres empleadas se haya más que triplicado en la mayoría de los países desarrollados. Es el mayor cambio en dinámicas del mercado laboral en mucho tiempo. Precisamente, las innovaciones en fuentes de datos históricos y metodologías de análisis de los mismos han permitido a Claudia Goldin establecer una serie de factores que han influenciado históricamente la oferta y demanda del segmento femenino del mercado laboral.

Entre ellos, los más importantes que destaca Goldin son las cambiantes posibilidades para las mujeres de combinar el trabajo remunerado y el cuidado familiar, una mentalidad más enfocada a la educación profesional y menos hacia la exclusividad del cuidado familiar, multitud de innovaciones técnicas y cambios institucionales que han generado modificaciones estructurales del sistema económico durante el último siglo.

Gráfico en forma de U

Una de las conclusiones principales del trabajo de Claudia Goldin que rompe con gran parte de la historiografía previa, es el hecho de que, en la mayor parte de países del mundo, no cabe establecer una relación de causalidad directa entre el crecimiento económico desde la Revolución Industrial y la mayor participación de las mujeres en el mercado laboral. Goldin ha demostrado en múltiples ocasiones que, aunque el rol de las mujeres en el sistema económico se transformó enormemente con el paso de la sociedad agraria a la sociedad industrial, las conclusiones que hasta el momento se habían extraído sobre ello eran en su mayoría incorrectas, debido a errores metodológicos a la hora de calcular la proporción de mujeres participantes en el mercado laboral en los siglos XIX y principios del XX.

Tras reunir una base de datos de 200 años mucho más precisa, Claudia Goldin resumió que la participación de la mujer en el mercado laboral desde el inicio de la Revolución Industrial hasta finales del siglo XX se puede plasmar en un gráfico en forma de U (ver debajo). Dicho gráfico muestra como a finales del siglo XVIII cerca del 60% de las mujeres participaban (informalmente) en el mercado laboral, consistiendo este principalmente de empleos agrícolas, reduciéndose a un 10% a principios del siglo XX y volviendo a incrementarse a un 55% a finales de dicho siglo, tras el intenso proceso de terciarización de la economía en el periodo.

La artesanía en casa

Con dicha investigación, Goldin descubrió que previamente a la Revolución Industrial, las mujeres tenían mayores probabilidades de formar parte de la fuerza laboral, aunque previamente, al no existir registros formales, resultaba mucho más complicado de cuantificar. La principal razón que Claudia Goldin aduce a que la participación de la mujer en el mercado laboral se redujera con la industrialización es el hecho de que mover los centros de producción de las casas (artesanía) a las fábricas dificultaba que las mujeres coordinaran el trabajo con la crianza de sus hijos, la cual en esa época estaba exclusivamente destinada a ellas. La diferencia más relevante se halla en que entre las mujeres jóvenes no casadas, cerca del 40% trabajaban en fábricas, duplicando la media nacional del género femenino.

La diferencia de participación laboral entre mujeres solteras y casadas se mantuvo estable de forma relevante durante la primera mitad del siglo XX en EEUU, ya que mientras la media de participación del cómputo total de mujeres era del 20%, entre aquellas casadas se encontraba tan solo en el 5%. Todo ello cambió de manera significativa tras la Segunda Guerra Mundial, puesto que, tal y como explica Goldin, el desarrollo tecnológico, la terciarización de la economía y el incremento del nivel de educación, incrementó la oferta y demanda de empleo femenino. Sin embargo, la legislación y las barreras institucionales fueron durante gran parte del siglo XX un impedimento al desarrollo de la mujer en el mercado laboral.

Barreras vinculadas al matrimonio

En este sentido, Claudia Goldin describe como las “marriage bars” americanas eran una legislación específica que en muchos casos impedía que las mujeres continuaran con su empleo tras contraer matrimonio. Por ello, a pesar de un incremento de demanda de trabajo femenino, en dicha época no se observó tanto crecimiento en la tasa de empleo de las mujeres en el mercado laboral. Un caso muy claro de ello fue, tal y como destaca Goldin, los años posteriores a la Gran Depresión de 1930, cuando dicha legislación impidió una mayor participación de las mujeres en el mercado laboral. Además, tal y como destaca la reciente Nobel de economía, estas leyes y estructura institucional afectaron negativamente a las expectativas de las mujeres sobre sus carreras profesionales, reduciendo también a través de esta vía su tasa de participación.

Una vez llegados a este punto, conviene destacar lo que Claudia Goldin llama “efecto paternidad”, que explicaría la mayor parte de la brecha de ingresos entre mujeres y hombres en países desarrollados. Goldin explica como durante los primeros años de carrera profesional, un hombre y una mujer con trasfondo educativo similar y un puesto de trabajo en igualdad de condiciones, reciben un salario muy similar.

La maternidad

Sin embargo, la brecha se genera en el momento del nacimiento del primer hijo, ya que la mujer ha de reducir su intensidad laboral y los ingresos decaen en el medio y largo plazo, sin regresar en ningún momento a la tendencia de crecimiento anterior. En este sentido, Goldin ha mostrado en repetidas ocasiones y con estudios aplicados a una variedad de países que, hoy en día, la maternidad explica prácticamente toda la brecha salarial existente, ceteris paribus, entre hombres y mujeres en los países desarrollados.

El Nobel a Claudia Goldin representa la relevancia de la Historia Económica en el estudio de las dinámicas de mercado a lo largo del tiempo y los cambios sociopolíticos relevantes para entender qué factores del pasado han conducido al estado actual. Además, Claudia Goldin ha demostrado como un trabajo minucioso con bases de datos de hace siglos permite extraer conclusiones completamente diferentes a las que en un principio se habían establecido, demostrando, una vez más, que en economía no existen las verdades absolutas y que cualquier cuestión se halla abierta a un debate fáctico y razonado.

Ver también

Los dueños del relato. (María Blanco).

Claudia Goldin: Nobel para una estudiosa de la civilización. (Peter Jackobsen).

Antonio Escohotado, el dilema del tranvía y Adam Smith

El otro día vi un fragmento de la entrevista entre Antonio Escohotado y Pablo Iglesias en el que este último le reprochaba que el único país que ha utilizado bombas nucleares contra otro país ha sido Estados Unidos. Escohotado responde que esa decisión se tomó para salvar más vidas, pues de no haberlo hecho, no hubiera habido doscientos mil muertos, sino dos millones de japoneses, más unos dos cientos mil americanas, pues los japoneses no se hubieran rendido y la guerra hubiese continuado. La visión que le da Escohotado al problema es similar a una versión del dilema del tranvía.

El dilema del tranvía

El dilema del tranvía es un experimento mental filosófico, planteado en su versión moderna por Philippa Foot. Este experimento mental dice lo siguiente: “Un tranvía sin posibilidad de frenarse se dirige por una vía en la que hay cinco personas atadas que no se pueden liberar y morirán si el tranvía les pasa por encima, tú puedes apretar un botón que lo hará cambiar a carril donde hay una persona atada que morirá. ¿Pulsarías el botón o dejarías que el tranvía siguiese su recorrido original?”

Pues bien, esta disyuntiva que le plantea Escohotado a Iglesias puede verse como una versión del dilema del tranvía: o demás morir a millones de personas o pulsas el botón, lanzas las bombas nucleares y mueren doscientas mil personas. Puede parecer que en este caso la decisión está clara, pero si hay algún motivo por el que este sea de los problemas más populares de la filosofía y por los que se ha planteado a lo largo de la historia de diversas formas es porque no hay una respuesta clara.

Acción y responsabilidad

En el planteamiento original yo siempre me niego a pulsar el botón, prefiero dejar morir cinco personas que matar a una. Yo no las puse allí, no las até a las vías, encendí el tranvía, olvidé asegurarme de que los frenos del tranvía iban y los cientos de otros factores que se tienen que dar para que el problema sea realista; yo solo me encontraba allí.

Y aunque con mi acción pueda salvar cuatro vidas—realizando un cálculo utilitarista pensando que cada vida cuenta lo mismo y restando la vida que muere por mi acción a las cinco que salvo—esa persona que muriese sí que lo haría como consecuencia de mis acciones. De todos modos, yo no la puse allí y no es mi culpa que se encontrase en esa situación. Sin embargo, sí que sería parte responsable de su muerte de apretar el botón. En el caso de no hacer nada, no se me puede responsabilizar de causar ninguna muerte.

Esta no parece ser la opción mayoritaria. Según una encuesta, el 90% de las personas pulsarían el botón en el problema original dejando morir a uno. La decisión de pulsar el botón parece ser la mayoritaria entre los filósofos también.

Adam Smith y la disonancia cognitiva

No obstante, no creo que tanta gente “pulsaría el botón” si modificáramos un poco el enunciado del problema y lo planteásemos de la siguiente manera: “En un hospital hay cinco personas que morirán mañana si no se les trasplanta a cada una uno de los siguientes órganos: un corazón, un hígado, un riñón, otro riñón y varios litros sangre. En el hospital hay un familiar de un paciente en una sala de espera que es compatible para donar sangre y órganos a los cinco anteriores y tiene un corazón, un hígado y dos riñones sanos.

Si fueras un médico del hospital, ¿administrarías una inyección letal indolora para matarle y poder extraerle los órganos y la sangre que salvarán a las cinco personas? Si has dicho que sí en el planteamiento anterior, aquí también deberías decir que sí. Y no creo que el 90% de las personas dijeran que sí a esto.

¿Cómo puede ser esto? ¿Qué es lo que nos mueve a decidir en algunos casos de una forma y en otros de otra? ¿A qué se debe esta disonancia cognitiva por nuestra parte? Adam Smith dio una respuesta a esto. Adam Smith es conocido como el padre de la ciencia económica. No obstante, Smith era un filósofo moral. Su obra La teoría de los sentimientos morales (1759) es su único otro libro escrito junto a La riqueza de las naciones (1776). Constituye un tour de force de filosofía moral. En este libro presenta una versión del dilema del tranvía—aunque de manera no intencionada—y una posible explicación a por qué elegimos en estos casos como lo hacemos. La cuestión se plantea en la parte III, capítulo 3 De la influencia y autoridad de la conciencia.

Mi dedo meñique y otros males

Adam Smith (1996[1759], 259-260) plantea lo siguiente:

Supongamos que el enorme imperio de la China, con sus miríadas de habitantes, súbitamente es devorado por un terremoto, y analicemos cómo sería afectado por la noticia de esta terrible catástrofe un hombre humanitario de Europa, sin vínculo alguno con esa parte del mundo. Creo que ante todo expresaría una honda pena por la tragedia de ese pueblo infeliz, haría numerosas reflexiones melancólicas sobre la precariedad de la vida humana y la vanidad de todas las labores del hombre, cuando puede ser así́ aniquilado en un instante.

Si fuera una persona analítica, quizá también entraría en muchas disquisiciones acerca de los efectos que el desastre podría provocar en el comercio europeo y en la actividad económica del mundo en general. Una vez concluida esta hermosa filosofía, una vez manifestados honestamente esos filantrópicos sentimientos, continuaría con su trabajo o su recreo, su reposo o su diversión, con el mismo sosiego y tranquilidad como si ningún accidente hubiese ocurrido. El contratiempo filas frívolo que pudiese sobrevenirle daría lugar a una perturbación mucho más auténtica.

Si fuese a perder su dedo meñique mañana, no podría dormir esta noche; pero siempre que no los haya visto nunca, roncará con la más profunda seguridad ante la ruina de cien millones de semejantes y la destrucción de tan inmensa multitud claramente le parecerá algo menos interesante que la mezquina desgracia propia.

Adam Smith. La teoría de los sentimientos morales. Madrid, España: Alianza Editorial. pp 259-260.

La decisión de un hombre benévolo

Es decir, parece que Adam Smith afirma que si en la vía por la que circula el tranvía hubiese doscientos millones de personas y en la otra vía alternativa estuviese tu dedo meñique, no pulsaríamos el botón dejando morir a toda esa gente antes que perder el meñique. Pero no, no dice esto. Inmediatamente después de este extracto, como si previese esta crítica, Smith clarifica que, aunque me disgustase más la idea de perder mi dedo meñique que la de la muerte de doscientos millones de personas, si estuviese en la posición de pulsar un botón para salvarles a costa de mi dedo meñique, lo haría. Smith (1996[1759], 260) dice:

Entonces, para prevenir esa mísera desdicha, ¿sería capaz un hombre benévolo de sacrificar las vidas de cien millones de sus hermanos, siempre que no los hubiese visto nunca? La naturaleza humana siente un escalofrío de terror ante la idea y el mundo, en su mayor depravación y corrupción, jamás albergó a un villano tal que fuera capaz de sostenerla.

Adam Smith. La teoría de los sentimientos morales. Madrid, España: Alianza Editorial. p 260.

El hombre interior

Aquí es donde Smith da la explicación de por qué, independientemente de que un resultado nos preocupe más que otro, elegimos ante problemas morales como lo hacemos:

Pero, ¿cuál es la diferencia? Cuando nuestros sentimientos pasivos son casi siempre tan sórdidos y egoístas, ¿cómo pueden ser nuestros principios activos frecuentemente tan nobles y desinteresados? Cuando estamos invariablemente mucho más íntimamente afectados por lo que nos pasa que por lo que le pasa a los demás, ¿qué es lo que impele a los generosos siempre y a los mezquinos muchas veces a sacrificar sus propios intereses a los intereses más importantes de otros?

No es el apagado poder del humanitarismo, no es el tenue destello de la benevolencia que la naturaleza ha encendido en el corazón humano, lo que es así capaz de contrarrestar los impulsos más poderosos del amor propio. Lo que se ejercita en tales ocasiones es un poder más fuerte, una motivación más enérgica. Es la razón, el principio, la conciencia, el habitante del pecho, el hombre interior, el ilustre juez y arbitro de nuestra conducta.

Y termina el párrafo diciendo que:

Lo que nos incita a la práctica de esas virtudes divinas no es el amor al prójimo, no es el amor a la humanidad. Lo que aparece en tales ocasiones es un amor más fuerte, un afecto más poderoso: el amor a lo honorable y noble, a la grandeza, la dignidad y eminencia de nuestras personalidades.

La autoimagen

Es decir, la manera en que actuamos se debe, no a que estemos preocupados por lo que pensarán los demás de nosotros, sino por lo que pensará ese espectador imparcial. Este concepto se desarrolla a lo largo de su libro La teoría de los sentimientos morales. Ese observador no es un espectador real, sino fruto de mi imaginación y que, de hecho, es uno mismo. Nos preocupa, en última instancia, lo que pensaremos nosotros de nosotros mismos. Actuamos pensando en la persona que queremos ser y en la idea de persona que tenemos de nosotros mismos.

Desde luego no mataría a la persona sana para utilizar sus órganos y salvar a cinco personas. Creo que no pulsaría la palanca en el caso original para matar a uno y dejar morir a cinco. Dudo de qué haría en el planteamiento de Escohotado, si mataría a doscientas mil personas para no dejar morir a más de dos millones. Y, sin duda, me cortaría el meñique antes de dejar que muriesen doscientas mil personas. Todo depende de la imagen que tengo de mí mismo. Estos problemas nos recuerdas que no hay una moral objetiva. No todos tenemos la misma imagen de nosotros mismos o pensamos que son las mismas cosas las que nos hacen virtuoso. De este modo, al actuar pensando en ese espectador imparcial que nos estará juzgando, tomaremos decisiones diferentes.

Bibliografía

Smith, Adam. 1996[1759]. La teoría de los sentimientos morales. Madrid, España: Alianza Editorial.

Ver también

De los sentimientos morales a la riqueza de las naciones. (Fernando Herrera).

‘La vida humana está sobrevalorada’. (Fernando Herrera).

Normas éticas universales, simétricas y funcionales. (Paco Capella).

Un videojuego sobre capitalismo, ahorro y trabajo duru

El liberalismo es un gran relato que parte del principio de libertad individual para abordar problemas económicos, políticos y sociales. En la medida en que nos adentramos en el liberalismo, encontramos que ideas como la mano invisible, el orden espontáneo, los juegos que no suman cero, el orden de abajo hacia arriba o la cooperación libre y voluntaria, van pasando de ser conceptos teóricos y abstractos, a ser imagines con las que pensamos, dirigimos nuestras acciones, interpretamos lo que nos rodea y soñamos un mundo mejor.

Capitalismo, ahorro y trabajo duru

Además, el liberalismo contiene, posiblemente sin haberlo buscado en un inicio, una serie de valores y virtudes individuales que se consideran valiosas dentro de la doctrina política y que son necesarias, aunque no suficientes, para el propio existo del modelo liberal. La frase «Capitalismo, ahorro y trabajo duru, no hay outra cousa» es poderosa porque, de manera similar a los preceptos religiosos, contiene una sabiduría que pretende pasar entre generaciones y estar presente en las mentes de quienes buscan una guía o un consejo para hacer frente a la vida. Siendo una creencia beneficiosa tanto para un individuo que busca enriquecerse como para los miembros de un grupo que buscan el sostenimiento del grupo.

Cuando hemos hecho propia la frase del profesor Bastos, empezamos a actuarla, a sentir que es parte de nuestro día a día, que nos acompaña cuando tenemos que decidir postergar una gratificación inmediata para obtener algo mejor en el futuro, cuando el exceso de trabajo nos agota o cuando sentimos miedo de no alcanzar financieramente lo que nos hemos propuesto. Trabajar duro, ser responsable y precavido, buscar participar en el mercado y satisfacer las necesidades de los demás y ahorrar e invertir con visión a largo plazo constituyen la receta correcta para el éxito económico y personal, aunque no lo garanticen.

Aprender haciendo

Las virtudes que asociamos al liberalismo, algunas como, ser responsable, autocontrolado, trabajador, respetuoso del proyecto de vida ajeno y ser cívico (desde parámetro liberales), se deben aprender con la experiencia. Las formas culturales de transmisión de conocimiento como las historias, cuentos, series y películas pueden ayudar, sin embargo, como es bien sabido, la calidad ética y narrativa del contenido cultural ha descendido importantemente en los últimos años.

Los videojuegos representan una ruta para transmitir conocimiento a los más jóvenes porque permiten contar historias mientras que se moldean las conductas del jugador. En un videojuego es fácil incorporar tareas que permitan entrenar diversos tipos de habilidades, como la capacidad de discriminar estímulos y responder rápido o la capacidad de generar estrategias y responder paciente y deliberadamente.

Así, me surgió la curiosidad por buscar un videojuego que pudiese llevar al jugador a desarrollar e incorporar el tipo de respuestas, estrategias y decisiones que están vinculadas con el liberalismo y facilitan su desarrollo como modelo político, por ejemplo, la responsabilidad financiera, la cual contribuye a independizar a los individuos del Estado. En particular, buscaba un juego donde el jugador tuviese que producir o recolectar recursos y luego administrarlos, enfrentando retos de preferencia temporal y autocontrol para que pudiese entender, por medio de su acción en el juego, que los individuos debemos tener una adecuada coordinación inter-temporal de nuestras decisiones, es decir, aquello que hicimos en el pasado, contribuye a que estemos bien en el presente, pero solo si tomamos las decisiones adecuadas en el presente, estaremos mucho mejor en el futuro.

Stardew Valley

Stardew Valley es un juego que se lanzó en 2016 y fue creado en su totalidad (programación, diseño, música, etc) por un único autor, Eric Barone, un egresado de ciencias de la computación aficionado a la programación y los videojuegos que inició el proyecto como una forma de adquirir y reflejar sus habilidades para mejorar sus posibilidades de encontrar empleo, pero que progresivamente fue enamorándose del proyecto, haciéndolo más complejo y agregándole infinidad de detalles que le dan al juego un toque personal y único.

El videojuego cuenta brevemente la historia de un protagonista que está agotado de su vida citadina y su trabajo monótono y ha recibido como herencia la granja de su abuelo en un pueblo pequeño en el Stardew Valley. El protagonista se muda a la granja e inicia su nueva vida. El inicio del juego es muy útil para visualizar el modelo autístico austriaco y la idea de que, en economía, primero se debe ofertar antes de demandar. El protagonista encuentra la casa llena de maleza y escombros naturales que debe remover para abrir espacio y obtener sus recursos iniciales, empezar su primera siembre y esperar el cultivo para hacer la venta que da inicio al desarrollo económico del personaje.

Lo que se puede aprender jugando Stardew Valley

Asociar Stardew Valley con un juego pro-capitalista puede parecer contradictorio porque el juego plantea una crítica a la vida moderna y vacía, en la cual nos relacionamos con grandes empresas genéricas que alienan el trabajo y las relaciones comerciales. Sin embargo, en este sentido el juego es compatible con la visión conservadora o peleolibertaria de la vida; el protagonista rechaza libremente seguir cooperando con la empresa «Jaja!», pero no deja de participar en el mercado o buscar enriquecerse, de hecho, si lo hiciese, le juego no avanzaría. La crítica ética y estética a los tiempos modernos es una idea «de derechas», y el modelo liberal no es incompatible con ello.

De manera breve y enlistada comparto una serie de habilidades y lecciones que se pueden obtener a través del videojuego:

El factor tiempo como una herramienta que empleada correctamente favorece el enriquecimiento. Al ser un juego de «farming», es importante tener autocontrol, ser paciente y usar el tiempo a tu favor para generar riqueza. Los cultivos tienen distintos plazos y rendimientos, algunos toman mucho tiempo, pero generan interés compuesto y otros son inversiones únicas de corto plazo. Formar una buena granja en el juego, equiparable a una buena cartera de inversión, requiere combinar activos con distintos plazos adecuadamente y mantener cierta liquidez a la vez que nos proyectamos en el largo plazo.

Escasez y abundancia. Socialización

Aprovechar los periodos de escasez y abundancia. Las estaciones un el juego generan periodos de mayor facilidad o dificultad para obtener ingresos, ello hace que la estrategia correcta implique tener siempre en cuenta las siguientes estaciones mientras jugamos. Aprendiendo la lección de que cuando hay prosperidad debemos anticipar potenciales periodos de menor prosperidad. De esta manera, el juego incentiva a que el jugador tenga siempre en cuenta el futuro al momento de tomar cualquier decisión, puesto que una compra o inversión será buena dependiendo de la situación y estrategia presente y futura. Como suele ser en teoría de juegos, una decisión o estrategia presente será correcta con base en lo que espero hacer en el futuro.

El juego incorpora adecuadamente la socialización o el factor social de la vida humana, ya que el protagonista puede casarse y tener una familia, algo que muchos jugadores disfrutan alcanzar. No obstante, para ello debe invertir muchos recursos en su reputación, estatus y redes sociales, algo que no resulta fácil en el juego, porque en necesario cumplir misiones secundarias para los habitantes del pueblo (NPCs), saludarlos y hasta darles regalos en sus cumpleaños. Este componente social es importante porque muchos otros juegos de estrategia no lo contemplan y en la vida real las personas debemos tener en cuenta nuestros gastos en estatus, un tipo de inversión donde también participa el autocontrol y puede constituir un freno importante al enriquecimiento de los jóvenes que suelen sobre-invertir en estatus.

Ahorro e inversión

Valor del ahorro y la inversión, sencillamente, capitalismo. El juego permite talar árboles y hacer minería, ambas fuentes de recurso no requieren mayor inversión de capital por parte del jugador. Sin embargo, el juego va guiando al jugador a la conclusión de que la mejor estrategia es invertir en capital, que automatice o haga más productivo su trabajo. Al igual que como ha pasado en la historia de la humanidad, a medida que el jugador progresa, los trabajos más repetitivos y menos productivos van desapareciendo y van apareciendo formas más complejas (con más información y capital incorporado) de generar riqueza.

En conclusión, el éxito del modelo liberal depende de que la sociedad se organice a partir de un conjunto de normas o instituciones liberales, pero también de que las personas desarrollen y hagan propias las virtudes liberales, ambos procesos se retroalimentan mutuamente. Stardew Valley puede ser un buen juego para que los jóvenes aprendan algunas de estas lecciones.

No obstante, creo que la generalización de las conductas adquiridas en el juego, esto es, que el jugador lleve a la vida real las estrategias que premian en Stardew Valley, requiere que complementemos el juego con información sobre el uso de dichas estrategias en la vida real. Por ejemplo, algo tan sencillo como indicarles a los jugadores «así como inviertes en mejorar tu hacha para talar árboles más rápido y con menor esfuerzo por el resto del juego, así debes invertir en tu educación o en bienes de capital que puedas rentabilizar el resto de tu vida»

Ver también

Para reyes, un videojuego para su hijo. (Jorge Valín).

Policía y sociedad: de ovejas, lobos, y perros pastores

Vamos a analizar cuatro historias que han sido de actualidad este último mes. La primera historia comenzó el 24 de febrero de 2018. Esa noche dos asaltantes (con otros dos cómplices esperando fuera) asaltaron una finca aislada en Palma de Mallorca. Amenazaron a los propietarios (un matrimonio de ancianos) para acceder a la caja fuerte, y en algún punto en el transcurso de su asalto, uno de ellos resultó muerto por un disparo de escopeta del propietario. El resto consiguió huir, no sin dejar heridos por diversos traumatismos a los propietarios de la finca.

Asalto y muerte

Primero, tengo que reconocer que pese a estar bien informado sobre estos temas, no supe de esta historia hasta que empezó el juicio el pasado mes de septiembre. La prensa lo cubrió superficialmente en febrero de 2018, resaltando siempre que el muerto era un ladrón, y lo metió en un cajón hasta septiembre de 2023. Es lo que se hace con cualquier crónica de sucesos. Se informa de lo que ha pasado sucintamente, para años más tarde, si se tercia, volver a informar del resultado del juicio.

Segundo, hay delitos que precisan de años de investigación y cuyos juicios son muy complicados. No era el caso que nos ocupa. Cuatro delincuentes comunes asaltan la casa de dos personas mayores ante la información de que guardaban dinero en efectivo de un negocio del que se acababan de retirar. Durante el asalto suceden unos hechos de los que las pruebas y testimonios de las partes fijan desde un principio lo fundamental: el dueño dispara durante el asalto a uno de los asaltantes, que, por el simple hecho de persistir en su asalto, estaba amenazando su vida. Es algo que un sistema de justicia normal podría haber juzgado en un año, dos a lo sumo.

Homicidio en la autodefensa

Tercero, la Guardia Civil no solo no centra su investigación en los asaltantes y la violencia que ejercieron sobre dos personas mayores, sino que lleva su ciencia policial al extremo para determinar qué golpes recibió el propietario de la finca antes y después de disparar a uno de los asaltantes. De hecho, determina que la mayoría de los golpes los recibe después de disparar (solo les falta añadir que en justa venganza). Cuarto, pese a ser un caso que iba a ser juzgado por un jurado popular, y el propietario de la finca podría contar con la simpatía de una parte importante de la sociedad, alguien (¿su abogado?) decide no hacer ruido y dejar que el rodillo de nuestro sistema pase tranquilamente por encima de este señor.

Y quinto, finalmente la fiscal acusa al propietario de homicidio sin eximente completa de defensa propia porque, como ya sabemos, no hay forma humana de que un civil dispare un arma de fuego sin ser condenado. Y sí, el jurado popular lo condena. Lo hace de forma tan surrealista como el resto del proceso, ya que solo hay un voto de diferencia entre los que condenan y los que absuelven, algo que por lo que dicen los expertos va a provocar un juicio nulo y que un pobre señor, que ya superar los ochenta años de edad, tenga que volver a someterse a la maquinaria judicial. Más allá de lo humano, el caso es el ejemplo perfecto de que este tipo de situaciones no tienen un culpable. Tienen muchos, y están en todas las capas que intervienen.

Fatal llamada de auxilio

La segunda historia tuvo lugar en Madrid en 2021. Una mujer llama a emergencias porque su hijo está agresivo y les amenaza con un cuchillo. Los policías intentan lidiar con él utilizando un escudo y sus defensas, pero se ven sobrepasados y finalmente le disparan entre tres agentes causándole la muerte. Sorprendentemente, el juez de instrucción decide que se celebre el juicio al no poder determinar que existía una eximente completa de defensa propia. El juicio comenzó el mes pasado y el titular de los medios (especialmente de eldiario.es) destacan que el muerto recibió diecinueve disparos de los agentes. En este caso, por fortuna, la fiscal sí ve eximente completa de legítima defensa y se espera que el jurado lo vea de la misma manera. Por contra, la madre del fallecido, cuya llamada comenzó toda esta historia, solicita a través de su abogado que los agentes sean condenados.

Sobre el funcionamiento de la justicia hay dos formas de ver este caso. La primera es asombrarse porque a unos policías, que acuden a una llamada de auxilio, se les pueda atacar con un cuchillo sin que eso les exima de ir a juicio por defender su vida. La segunda es preguntarse qué clase de magia opera en la justicia española para que este caso se pueda juzgar en menos de dos años, y la fiscalía entienda que hay eximente completa de legítima defensa cuando varios policías defienden su vida frente a un solo agresor, cuando no lo hace cuando es un septuagenario el que está siendo asaltado en un domicilio aislado por varios asaltantes.

Se reconoce el derecho a la autodefensa de los policías

Por otro lado, aquí opera el desconocimiento (reforzado por algo de ideología anti-policía importada de EEUU) sobre cómo son los enfrentamientos violentos con armas de fuego. Diecinueve disparos pueden parecer muchos para alguien que no haya visto un tiroteo en su vida, pero no lo son. Y vivimos en una época en la que si se quiere tener experiencia en tiroteos no hace falta alistarse como voluntario en Ucrania, solo hace falta una conexión a internet y muchas horas libres para ver los miles de vídeos de estos hechos que existen. Escuchar o leer a gente que haya experimentado en sus carnes situaciones así tampoco es difícil. Pero a una parte ilustrada de nuestra sociedad le parece muy desagradable este tipo de visualizaciones, y prefieren seguir profiriendo sandeces desde su púlpito moral cada vez que un caso mediático aparece.

Y, por último, en una sociedad abierta como la española hay de todo. Es algo que hay que asumir como coste por los beneficios que disfrutamos. Pero las leyes deben penalizar aquellos comportamientos antisociales que dificultan la convivencia pacífica entre los ciudadanos, o al menos no fomentarlos. Que una señora llame a la policía para pedir ayuda porque su propio hijo la amenaza con un cuchillo y luego el sistema la incentive a denunciar a estos policías por haber defendido su vida (y la de la señora) es delirante.

Resistencia ante la autoridad

La tercera historia tuvo lugar hace unas semanas. Un inmigrante africano fue reprendido por el personal de seguridad de Adif en Barcelona. Ante tu actitud agresiva le intentaron reducir, lo que finalmente no fue posible por la obstrucción de los propios usuarios de la estación y finalmente, por un sujeto que parece que se identifica como policía y ordena soltar al inmigrante. Los medios de comunicación publican el video resaltando que se produce una agresión racista del personal de seguridad y Adif pide retirar a los trabajadores del servicio.

Curiosamente, pocos días antes de este hecho, se publicó en las redes sociales un video de la estación de autobuses de Zaragoza donde varios policías nacionales reducen a un sujeto joven de raza negra de forma bastante aparatosa, mientras varios usuarios de la estación intentan dificultar la detención. La principal diferencia entre ambos videos es que en Zaragoza las personas que afean a los policías su acción no consiguen su objetivo. La prensa no tituló la noticia como una agresión racista. De hecho, ni siquiera la tituló como agresión de ningún tipo.

La autoridad de la Policía

Estamos ante un caso bastante claro de que lo que la sociedad le permite a la policía no se lo permite a trabajadores de seguridad, pese a que dentro del recinto donde trabajan están habilitados para detener (hasta la llegada de la policía) a cualquiera. O, dicho de otra forma, la sociedad no permite a unos trabajadores realizar las funciones que la ley sí les habilita a hacer, dejando su trabajo en una zona gris absurda.

A día de hoy no he conseguido acceder a la versión de los hechos de los trabajadores de seguridad. Las asociaciones del gremio viven con síndrome de Estocolmo, algo que opera en todos los profesionales que trabajan bajo la supervisión de los Cuerpos de Seguridad del Estado, y prefieren pasar página sin más.

Estas tres historias vienen a describir el estado social en el que estamos inmersos respecto a la violencia y la capacidad que tres tipos de ciudadanos tiene para enfrentarse a ella: ciudadanos en su propia morada, personal de seguridad privada en su recinto de trabajo y policías en su respuesta a una emergencia.

Samuel Vázquez

Sobre este tema, Samuel Vázquez es la persona que más está haciendo para denunciar la deriva social en la que estamos entrando. Samuel es un policía nacional que ha ganado notoriedad denunciando tanto en el Congreso de los diputados, como en la Asamblea de Madrid los problemas de la actual organización de las FCSE ante la criminalidad actual. En su libro Don’t fuck the police, escrito conjuntamente con un exguardia civil, desarrollan esta crítica de forma más extensa. Esta actividad intelectual que ejerce fuera de servicio le ha llevado a estar expedientado, y seguramente le impida seguir ejerciendo su profesión.

Solo por eso vale la pena leer a Samuel, ya que no abundan las personas que sacrifican su carrera profesional por transmitir lo que ellos creen que es lo correcto.

Una vez dicho esto, algunas ideas que transmite su libro son muy matizables y a veces simplistas en exceso. Es un tópico, que no por ello deja de ser cierto, que para un martillo todo es un clavo. Y en mis conversaciones con miembros de las FCSE ya había notado que nos ven a todos con forma de clavo. El caso de Samuel no es una excepción, aunque se agradece que el corporativismo lo limite a sus compañeros operativos, y no a toda la organización policial, que es lo que suele ser habitual.

Lobos y ovejas

Pese a todo, hay una parte de su visión que me parece especialmente errónea, y que queda reflejada en este extracto de su libro:

Por un lado, están los que no tienen capacidad para la violencia, ciudadanos normales que viven su vida sin interferir en la del prójimo; esos son las ovejas. Por otro están los que sí tienen capacidad para la violencia y ninguna empatía con el resto de seres humanos; esos son los lobos. Por último, están los que sí tienen capacidad para la violencia y a su vez sienten una tremenda empatía por sus semejantes; eso son los perros pastores, los policías.

Lo curioso y paradójico es que desde el punto de vista de las ovejas, no es el lobo sino el perro pastor el que representa el peligro, porque este, en su afán protector, no hace otra cosa que ladrarles y morderlas para que obedezcan. Lo hace por el bien del rebaño, sí, pero eso la oveja lo desconoce porque, si aparece el lobo y el perro pastor consigue ahuyentarlo, la oveja no llega a percibir la sensación de peligro. Si la suerte cambia de bando, la opinión de la oveja ya no contará porque estará en el estómago del lobo

No es una forma de ver el mundo que me sea desconocida. De hecho, es muy popular entre cierta derecha amante de los parches y pulseras de las FCSE. Y es una visión muy estúpida.

Pastor, no guardián

Antes de nada, voy a hacer un pequeño inciso que no trata sobre lo más importante, pero sí es interesante aclarar. En la ganadería extensiva se usan dos tipos de perros de trabajo. Los pastores y los guardianes. Los perros pastores se crían con los seres humanos, y se les adiestra para acechar al ganado de tal forma que puedan dirigirlo a voluntad del pastor. No permanecen con el ganado una vez que han terminado su trabajo, y su función no es defender a este de ataques. Los segundos, se crían desde cachorros con el ganado para impregnar en ellos una pertenencia al rebaño. Con esto se consigue que permanezcan siempre a su lado, y que les defiendan de cualquier agresión.

Si quisiéramos utilizar la metáfora de los perros y las ovejas (lo que no es recomendable), sería bueno escoger al tipo de perro correcto. Porque de escoger al perro pastor en vez del al perro guardián, lo que se está diciendo es que la policía es aquella que lleva a los ciudadanos por donde el poder quiere, y luego se va a casa a dormir caliente mientras los lobos atacan por la noche.

Una vez aclarado esto, vamos a lo importante: los seres humanos no tienen categorías naturales (más allá de las diferencias por género) respecto a su rol en la defensa de su vida y propiedad. Todos los seres humanos son perfectamente capaces de ejercer la violencia. De hecho, es la cultura la que tiene que atenuar esta capacidad para hacer posible la vida en sociedad. Lo que se lleva al extremo cuando hablamos de sociedad abiertas.

La Policía siempre tiene la razón

Y ahí nace el monopolio de la violencia (Samuel lo llama monopolio de la fuerza porque los eufemismos son parte de ese enorme esfuerzo que nuestro sistema tiene que hacer para que la sociedad acepte una situación que nos es naturalmente anómala).

Si no se entiende esto, difícilmente se puede diagnosticar los problemas que estamos viviendo, ya no digamos proponer soluciones. En las tres historias de las que hemos hablado no existen lobos, ovejas y perros pastores. Existen personas honradas forzadas a emplear la violencia y una sociedad que en su conjunto les penaliza por ello.

A Samuel le gustaría una sociedad que asuma (ante ausencia de evidencia contraria) que si la policía ha disparado veinte veces a un sujeto que amenazó a su propia madre es porque había que hacerlo. A mí me gustaría una sociedad donde si avisas a la policía de que has disparado a un asaltante a las tres de la noche el operador del 091 no te abroncara y te pidiera que vayas a ver si se encuentra bien. Seguramente nosotros podríamos llegar a un acuerdo para que estas dos cosas fueran así, pero hay otros 47 millones de habitantes con voz y voto, y muchos de ellos consideran que nuestras posturas son propias de radicales.

La cuestión de la legitimidad de la violencia

De esto hay dos culpables:

La ideología que niega la naturaleza humana por sistema y cuyas élites consiguen poder con la máxima de contra peor, mejor para ellos. En esta parte estamos de acuerdo, así que no voy a incidir en ella.

El segundo culpable es más complejo de ver: el monopolio de la violencia del Estado ha llevado a una sociedad donde lo que provoca rechazo es el empleo de la violencia en sí, no la legitimidad de la misma.

La prueba de esto es que los propios policías como Samuel se toman muy en serio que cada vez que un compañero mata a una persona, se evite el verbo matar, y se utilice en su lugar neutralizar. La policía no mata, la policía neutraliza. Tecnicismos profesionales aparte, a provocar lesiones a un ser vivo que pongan fin a su vida se le llama matar, lo haga alguien con placa policial o sin ella. Pero como la sociedad no asume que se pueda matar, ni siquiera en los casos en los es evidente que era la única opción, hay que inventarse una nueva palabra que solo camufla lo evidente.

Seguridad a cambio de libertad

Es un atajo que no lleva a ninguna parte. De hecho, empeora la situación, al aislar a la sociedad aún más de la realidad. Pero se usa, porque si estás dentro de una lucha con un periodismo activista que tiende a manipular titulares, la vía fácil siempre es muy tentadora.

Y en esa vía fácil está recurrir a la solución de más policía o policía más fuerte y mejor organizada como panacea a nuestros males. Y sí, seguramente cuando nuestra sociedad sea expuesta a dosis más altas de violencia (y lo va a ser, ahí Samuel tiene toda la razón) caminaremos por ese camino, aunque seguramente no de la forma que nos gustaría.

Las FCSE tendrán más poder, el ciudadano común tendrá aún menos. Compraremos seguridad con libertad, pero seguirán ahí las ideas estúpidas y el dogma de suprimir por completo la violencia que todos tenemos dentro (convertirnos en ovejas), en vez de encauzarla en la dirección correcta con reglas claras y que todos compartamos (apostar por la civilización). Y eso no hay martillo que lo solucione. Porque no todo es un clavo.

Ver también

Quis custodiest ipsos custodies? (José Antonio Baonza Díaz).

Defensa propia sí, pero constitucional y moderada (Fernando Parrilla).

Claudia Goldin: Nobel para una estudiosa de la civilización

Por Peter Jacobsen. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

El Premio Sveriges Riksbank 2023 de Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel (coloquialmente conocido como Premio Nobel de Economía) ha sido concedido a la economista Claudia Goldin.

Como introducción a este artículo, no creo que deba existir un premio Nobel de Economía, como ya he señalado en otras ocasiones. Mi razonamiento al respecto está en línea con el anterior premio Nobel, F.A. Hayek, que dijo: “el premio Nobel confiere a un individuo una autoridad que en economía ningún hombre debería poseer”.

La necesaria humildad

No hace falta ser un erudito en el campo de la economía. La lógica de las leyes económicas combinada con la aplicación de los detalles institucionales es un método accesible a todos. Al conceder un Nobel, el comité corre el riesgo de conferir un estatus de asesor “sacerdotal” a una profesión que debería estar llena de humildes filósofos, tomando prestada una metáfora de los profesores de Economía de George Mason Boettke, Coyne y Leeson.

Sin embargo, el hecho es que existe un premio Nobel de Economía (o un premio del Sveriges Riksbank en memoria de Nobel, para los quisquillosos). Ya que existe un premio, creo que merece la pena destacar cuando se conceden premios a economistas que, como Hayek, reflejan la humildad necesaria para que la profesión tenga éxito. Creo que Claudia Goldin es una buena elección precisamente por esta razón.

Reparadores frente a estudiantes de civilización

Al pensar en los premios Nobel de economía, creo que es útil diferenciar entre los premios otorgados a quienes están interesados en tratar de controlar el futuro de la economía y los premios otorgados a los estudiantes de cómo se han manifestado las leyes económicas a lo largo de la historia.

En mi opinión, los premios Nobel de 2019 concedidos a Duflo y Banerjee representan lo primero. El discurso publicado por Duflo ante la Asociación Americana de Economía titulado El economista como fontanero tiene el siguiente resumen:

A medida que los economistas ayudan cada vez más a los gobiernos a diseñar nuevas políticas y normativas, asumen la responsabilidad añadida de comprometerse con los detalles de la elaboración de políticas y, al hacerlo, adoptar la mentalidad de un fontanero. Los fontaneros intentan predecir lo mejor posible lo que puede funcionar en el mundo real, conscientes de que será necesario hacer retoques y ajustes, ya que nuestros modelos nos dan muy poca orientación teórica sobre qué (y cómo) importarán los detalles. Este ensayo sostiene que los economistas deberían comprometerse seriamente con la fontanería, en interés tanto de la sociedad como de nuestra disciplina.

Un desafío para los poderosos

Para Duflo, lo correcto es que los economistas retoquen y ajusten las cosas en la economía para beneficiar los intereses de la sociedad. Sin embargo, este es el camino equivocado. Como ya he escrito anteriormente,

¿Por qué los economistas no pueden ofrecer soluciones como lo hacen los fontaneros? En pocas palabras, la economía no es un sistema cerrado de tuberías. No hay tuberías definidas y, por tanto, no hay atascos, obstrucciones o fugas… ¿Por qué deberíamos creer que alguien con un título, una pizarra o un ordenador puede hacer un mejor trabajo planificando la vida de la gente que ellos mismos?

Entonces, ¿qué deben hacer los economistas? En primer lugar, el economista tiene un papel que desempeñar en el uso del razonamiento económico como “profiláctico contra las falacias populares” en la formulación de políticas. Por eso, el economista Ludwig von Mises argumenta,

La economía como tal es un desafío a la presunción de quienes detentan el poder. Un economista nunca puede ser el favorito de autócratas y demagogos. Con ellos es siempre el hacedor de fechorías, y cuanto más convencidos están interiormente de que sus objeciones están bien fundadas, más le odian.

Un estudioso de la civilización

Pero éste no es el único papel adecuado para un economista. El economista también puede ser un estudioso de la civilización y de la historia. La historia económica como campo está muy infravalorada. En un mundo que exige la predicción como medio de controlar los resultados económicos, la historia económica mira humildemente hacia atrás para ver cómo se manifestaron las reglas económicas en tiempos ya pasados. Por su naturaleza, el campo de la historia económica considera lo que realmente sucedió más que lo que puede controlarse.

Esto no quiere decir que algunos no intenten utilizar los hallazgos de la historia para predecir hechos futuros y jugar con la economía, pero el campo está menos predispuesto a este tipo de cosas.

Un largo y cuidado estudio

El trabajo de Goldin encaja con esta visión del economista como estudioso de la civilización. Veamos la explicación del Premio en la página web del Nobel. El comunicado de prensa dice,

La galardonada de este año en Ciencias Económicas, Claudia Goldin, ha proporcionado la primera descripción exhaustiva de los ingresos de las mujeres y su participación en el mercado laboral a lo largo de los siglos. Su investigación revela las causas del cambio, así como las principales fuentes de la brecha de género que aún persiste. Las mujeres están muy infrarrepresentadas en el mercado laboral mundial y, cuando trabajan, ganan menos que los hombres. Claudia Goldin ha rebuscado en los archivos y recopilado más de 200 años de datos de EE.UU., lo que le ha permitido demostrar cómo y por qué han cambiado a lo largo del tiempo las diferencias de género en los salarios y las tasas de empleo. (énfasis añadido)

Las diferencias en las remuneraciones

Fíjese en lo que se destaca en la descripción de su premio: no se trata de recomendaciones políticas. Se elogia a Goldin por su arduo trabajo de búsqueda en archivos históricos para estudiar el papel de la mujer en el mercado laboral. Esta información se utilizó después para clasificar las mejores explicaciones de la brecha salarial. He aquí un gráfico que ilustra sus conclusiones.

¿Obvio? Sí, pero…

He observado que algunos en Twitter se burlan de algunas de las conclusiones de Goldin por considerarlas obvias. Esto es un error por tres razones. En primer lugar, la gente infravalora hasta qué punto las conclusiones parecen obvias porque, sin saberlo, ya han sido alimentados con los resultados del trabajo de Goldin sin saberlo. Los resultados académicos suelen distribuirse al público de tal forma que éste no se entera de quién o de dónde proceden.

En segundo lugar, aunque esta explicación pueda parecer plausible sin pruebas que la verifiquen, hay muchas explicaciones que suenan plausibles para fenómenos sociales complejos. La cuestión es cuál de las explicaciones plausibles es la que más influye en los fenómenos del mundo real. Goldin seleccionó la mejor respuesta entre una miríada de respuestas plausibles.

Las leyes de la economía suelen ser fáciles de entender. Al ciudadano medio no le sorprende que la gente compre menos cuando sube el precio. Pero cómo se manifiestan esas leyes no siempre es obvio, y el análisis histórico puede ayudar al estudiante de civilización a descubrir cómo ha sucedido en el pasado.

Por último, aunque en el comunicado de prensa el comité del Nobel destaca su trabajo sobre la brecha salarial, Goldin es una prolífica investigadora que se ocupa de muchos temas. Este hilo profundiza en muchas de sus contribuciones.

El economista como detective

Es un error pensar que los grandes avances en la investigación económica tienen que ser grandes ejercicios de planificación política realizados para planificar una sociedad “mejor”. Los avances se producen a menudo en el trabajo minucioso de bucear en los archivos históricos para crear un conjunto de datos en el que nadie había pensado antes.

El trabajo de Goldin refleja a los economistas como buscadores de la verdad o, por usar su palabra, detectives. En su artículo El economista como detective, Goldin concluye con varios sabios consejos,

Sé el mejor detective que puedas ser. No se limite a ‘acorralar a los sospechosos habituales’; no se limite a mirar bajo la farola existente. Localice nuevos sospechosos. Encienda luces donde nunca antes han brillado. Siga la sentencia de Holmes de que ‘No hay nada como las pruebas de primera mano’, así como su admonición de que ‘Cualquier verdad es mejor que una duda indefinida’.

Aunque sostengo que deberíamos abolir el premio Nobel de Economía, no puedo evitar alegrarme de que se conceda a alguien que busca la verdad lejos de las luces habituales.

Ver también

Liberalismo y feminismo. (Ignacio Moncada).

Así prosperan las mujeres bajo el capitalismo. (Diego Sánchez de la Cruz).

La brecha salarial no existe. (José Carlos Rodríguez).

El día más negro de Israel

David P. Goldman. Este artículo fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Más de 1.000 israelíes murieron a manos de terroristas de Hamás el 7 de octubre, con diferencia el peor día de la historia de Israel, aproximadamente el triple que el día más sangriento de la Guerra de Yom Kippur de 1973. El ejército y la sociedad civil israelíes se vieron sorprendidos y respondieron con lentitud e ineficacia. El ataque de Hamás puso al descubierto profundos fallos en las capacidades tácticas de Israel, así como en su perspectiva estratégica. La existencia de Israel depende de la rápida corrección de estos fallos.

Fallo de inteligencia

El término “fallo de inteligencia” se convirtió en un cliché de la noche a la mañana. Hamás empleó ataques con drones emulando las tácticas empleadas con éxito por ambos bandos en la guerra de Ucrania durante casi dos años, destruyendo puestos de observación israelíes y al menos un carro de combate principal Merkava IV israelí lanzando granadas desde drones baratos. Israel introdujo los aviones teledirigidos en la guerra en el teatro de operaciones sirio en 1983 durante el llamado tiroteo del pavo en el valle de Beqaa, y su fracaso a la hora de adoptar contramedidas electrónicas ampliamente desplegadas en Ucrania implica una ventaja técnica fallida.

A pesar de las advertencias sobre la vulnerabilidad de la barrera de Gaza de algunos analistas de inteligencia militar israelíes, los combatientes de Hamás condujeron una excavadora a través de la valla de Gaza y cientos de asesinos de Hamás -cuyo número aún se desconoce- entraron en Israel en vehículos motorizados. Sabemos esto por los vídeos difundidos por la propia Hamás; no sabemos si la organización terrorista utilizó medidas de seguridad de las comunicaciones más sofisticadas para eludir la detección israelí.

La inteligencia de Hamás

Sin embargo, los detalles del fallo táctico de inteligencia importan menos que el autoengaño israelí. El gobierno de Netanyahu pensó que tenía todas las bases estratégicas cubiertas y que podía sobornar a Hamás para que se mantuviera al margen mientras negociaba relaciones diplomáticas con Arabia Saudí. Se adormeció en una bruma complaciente que ocultó los elementos recalcitrantes del mundo antiguo que se oponían al impulso modernizador de los Acuerdos de Abraham.

Como escribió Edward Luttwak en la revista Tablet, Hamás engañó a Israel proporcionándole información sobre los ataques con cohetes de su rival chií la Yihad Islámica. “Israel no tardó en corresponder al alto el fuego de facto de Hamás permitiendo que miles de gazatíes trabajaran en Israel: primero 17.000, luego 20.000, con la posibilidad de que fueran muchos más. Sus ingresos estaban cambiando la vida de 100.000 familiares, con la posibilidad de beneficios aún mayores. Lo que estaba ocurriendo sobre el terreno parecía abrir un camino hacia la tranquilidad para Israel y cierto grado de prosperidad para Gaza”.

El papel de Qatar

Mientras tanto, el gobierno de Netanyahu seguía animando a Qatar a financiar a Hamás. En 2020, el jefe del Mosad viajó en secreto a Doha para instar a Qatar a continuar con la financiación, que ascendió a más de 1.000 millones de dólares entre 2012 y 2020. El estado del Golfo Pérsico, el único partidario de la Hermandad Musulmana entre los Estados del Golfo, siguió enviando a Hamás 30 millones de dólares al mes, como observó Daniel Pipes el 8 de octubre en el Wall Street Journal. Qatar propone ahora mediar en un intercambio de prisioneros entre Hamás e Israel, como informó Reuters el 9 de octubre.

Qatar es un importante aliado de Estados Unidos fuera de la OTAN y el emplazamiento de su mayor base aérea extranjera en Al Udeid, que es también el cuartel general avanzado del Mando Central estadounidense (Centcom). Cuando el Centcom asumió la responsabilidad de la relación militar de Estados Unidos con Israel, en sustitución del Mando Europeo, las IDF creyeron que la inteligencia militar estadounidense les cubría las espaldas en la región. El atentado de Hamás fue también una humillación para la inteligencia estadounidense, con su insuperable capacidad de vigilancia electrónica. Hamás es, formalmente hablando, simplemente la rama palestina de los Hermanos Musulmanes, y la familia real qatarí ha sido el principal patrocinador de los Hermanos Musulmanes durante décadas.

Judíos expulsados del norte de África

Algunos medios de comunicación afirman que Irán ayudó a planear los atentados con Hamás. Irán es el principal proveedor de armas de Hamás, y los informes son creíbles. Puede que no sepamos pronto, si es que alguna vez lo sabemos, cómo se entrecruzaron y divergieron exactamente las políticas sectarias del islam radical entre el yihadismo suní encarnado en la Hermandad y el yihadismo chií patrocinado por Irán. Lo que el desastre de Gaza deja claro es que ni la inteligencia israelí ni la estadounidense comprendieron a la oposición. La Administración Biden cortejó a los iraníes con un rescate en efectivo de 6.000 millones de dólares por los rehenes estadounidenses, mientras que los qataríes financiaban a Hamás como si nada ante las narices de los militares estadounidenses.

Sobre todo, Israel malinterpretó completamente las implicaciones de las relaciones diplomáticas con Arabia Saudí para los palestinos. Ningún árabe se llamaba palestino antes de que Israel declarara su independencia en 1948. Cinco ejércitos árabes invadieron Israel con la intención de exterminar al recién nacido Estado judío. Unos 800.000 árabes huyeron o fueron expulsados del territorio judío en el transcurso de la guerra.

Poco después, unos 800.000 judíos fueron expulsados del norte de África, Irak e Irán. Los judíos de Irak y Persia, cuyos antepasados habían vivido allí desde el Primer Exilio en 586 a.C., se marcharon con lo puesto, junto con los descendientes de los judíos españoles expulsados en 1492. Israel los absorbió, y su población judía pasó de 630.000 en 1948 a 1,59 millones en 1955. Los Estados árabes se negaron a absorber a los 800.000 refugiados de la guerra de 1948 e insistieron en segregarlos como refugiados que debían regresar a Palestina tras la destrucción del Estado judío.

Palestinos

Los palestinos son el único grupo de población del mundo para el que el estatuto de refugiado es hereditario. El millón de griegos que habían vivido en Asia Menor durante 3.000 años fueron expulsados en 1922 y se convirtieron en ciudadanos de Grecia; los 3 millones de alemanes de los Sudetes que habían vivido en Bohemia durante siglos fueron expulsados en 1945 y se convirtieron en alemanes; el casi millón de judíos expulsados de países musulmanes después de 1948 se convirtieron en israelíes.

Excepcionalmente, los palestinos siguieron siendo refugiados por dispensa especial de las Naciones Unidas, con una agencia de la ONU separada para atenderlos.

Aproximadamente la mitad de los árabes que vivían en Palestina antes de la declaración del Estado judío eran emigrantes económicos que llegaron cuando los sionistas empezaron a reconstruir el país. No eran una nación, sino sólo rehenes de la negativa de los Estados árabes a aceptar la existencia de Israel. Del mismo modo, las relaciones diplomáticas entre Israel y el mundo árabe, y sobre todo con Arabia Saudí, guardián de los lugares más sagrados del Islam, eliminarían la razón de ser del estatuto de refugiado palestino. En efecto, los palestinos serían simplemente árabes sin Estado.

Los límites de la diplomacia económica

El ataque de Hamás contra Israel ha provocado una respuesta que costará muchas vidas árabes. En privado, los Emiratos Árabes Unidos (que mantiene relaciones diplomáticas con Israel) y los saudíes esperan que Israel destruya a Hamás. Los Hermanos Musulmanes son el enemigo mortal de las monarquías del Golfo, un partido totalitario moderno con credenciales islamistas que representa la mayor amenaza para el control del poder por parte de las monarquías. Públicamente, los saudíes no pueden mantener relaciones diplomáticas con Israel mientras haya árabes muriendo a manos de las FDI. Por el momento, la prórroga de los Acuerdos de Abraham está fuera de la agenda y, en ese sentido, la operación de Hamás debe considerarse un gran éxito.

Israel creyó que podía comprar a los árabes palestinos con beneficios económicos. Esto funcionó hasta cierto punto en Cisjordania. El PIB per cápita en Gaza era de sólo 3.664 dólares en 2021. Pero en las provincias cisjordanas de Judea y Samaria, donde Israel mantiene el control último, la renta per cápita era casi el doble, de 6.245 dólares. Esta cifra contrasta con los 3.019 dólares de Egipto, los 4.405 dólares de Jordania y los 4.208 dólares de Túnez.

Fuera de los países productores de petróleo, los residentes en Cisjordania son los árabes más ricos, mejor educados y más sanos del mundo, con 132.000 estudiantes universitarios. En el propio Israel, los árabes israelíes constituyen el 17% de la población estudiantil universitaria, casi la misma proporción que los árabes en la población general (21%). Pero los palestinos -como muchos otros pueblos- se niegan a ser disueltos en la sopa insípida de la modernidad.

La vulnerabilidad de Occidente

Hamás escenificó escenas de horror que no se veían en los países occidentales desde la Segunda Guerra Mundial: la exhibición del cuerpo desnudo de un turista alemán asesinado en la parte trasera de una camioneta de Gaza, el asesinato aleatorio de niños pequeños y ancianos, la violación de niñas, la profanación de cadáveres. Se trata de un instrumento de guerra deliberado, no de una mera erupción de rabia precivilizatoria.

Justo después de los atentados del 11-S, advertí de que el islam radical esgrimía un arma mortal contra Occidente que aún podría arruinarnos:

La gran vulnerabilidad de la mente occidental es el horror. Los nazis lo comprendieron y aplicaron una política de “des Schreckens” (causar horror) y “Entsetzens” (terror; literalmente, desalojo). El horror no era un mero instrumento de guerra en el sentido tradicional, sino una forma de teatro wagneriano, o guerra psicológica a gran escala. La ventaja táctica de Hitler residía en su capacidad para ser más horrible de lo que sus oponentes podían imaginar. Lo más horrible de todo es que bien podría haber triunfado de no ser por su propia propensión megalómana a extralimitarse.

Estados Unidos, como se burlaba Osama bin Laden esta semana, perdió en Vietnam. Pero no fueron los reveses militares, sino las horribles imágenes de civiles vietnamitas quemados por el napalm, lo que hizo perder la guerra. La experiencia de Estados Unidos en la guerra está consagrada en la cultura popular en la película Apocalypse Now, inspirada en el relato de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas. El funcionario de la compañía comercial belga, Paul Kurtz, se hunde en la bestialidad y muere con estas palabras: “¡El horror! El horror”. Era una película espantosa, pero una referencia inteligente. Al término de la Primera Guerra Mundial, T. S. Eliot subtituló su epitafio de la civilización occidental, Los hombres huecos, con una cita del relato de Conrad: “El Sr. Kurtz, ha muerto”.

Una decadencia militar

La actual generación de israelíes se ha vuelto blanda y complaciente. Su juventud no ha sido llamada a luchar desde que sus abuelos hicieron el servicio militar. Israel no ha librado una guerra terrestre desde el Líbano en 1982, y ningún oficial en activo de las IDF tiene experiencia de combate. El coronel (retirado) Eran Lerman observó esta semana:

Las IDF, que antaño eran un ejército bien entrenado y relativamente grande basado en sus formaciones blindadas de reserva, se han vuelto mucho más pequeñas, menos disciplinadas, menos entrenadas (ya que rara vez se llama a filas a los reservistas), mal preparadas para la guerra terrestre y las maniobras, y demasiado dependientes de los ataques aéreos, las municiones de precisión y la inteligencia altamente específica. Como resultado, había poco que pudiera compensar la falta de inteligencia el 7 de octubre.

El desorden civil que asoló Israel este año a causa de la reforma judicial también indica una debilidad en el tejido de la sociedad israelí. Esto alcanzó a las fuerzas armadas. Cientos de reservistas de las Fuerzas Aéreas declararon el pasado julio que no se presentarían a filas para protestar contra las reformas. Esta ruptura de la disciplina no tiene precedentes en un país en el que la tasa de presentación de los reservistas superaba anteriormente el 100% (algunos reservistas jubilados se presentaron aunque no estaban obligados a hacerlo). El deseo de los israelíes laicos de ser un país normal cuya actividad principal sea la búsqueda de la realización individual, en lugar de un Estado judío, contrasta terriblemente con el asesinato en masa de israelíes por el mero hecho de ser judíos.

El gran salto tecnológico de Irán

El objetivo a largo plazo de Hamás y otros yihadistas es hacer que Israel sea inhabitable para un gran número de sus ciudadanos, especialmente los jóvenes y seculares tecno-cognoscentes que podrían trabajar con la misma facilidad en Berlín, Budapest o Brooklyn. El terrorismo eleva el nivel de sacrificio necesario para mantener el Estado judío por encima del nivel de tolerancia de muchos ciudadanos israelíes. No está claro si los israelíes se unirán en torno al proyecto de un Estado judío y de qué manera lo harán.

Los analistas israelíes llevan tiempo advirtiendo de que la ventaja tecnológica del país sobre Irán se estaba esfumando. En 2015, el jefe de inteligencia militar Herzl Halevi advirtió: “Si me preguntas si tendremos una guerra con Irán en los próximos 10 años, te daré una respuesta sorprendente: Ya estamos en guerra con Irán”, dijo Halevi. “Estamos teniendo una guerra tecnológica con Irán. Nuestros ingenieros están luchando contra los ingenieros iraníes, hoy en día, y cada vez es más significativo. Hoy tenemos ventaja. Irán se está acercando”. Desde la revolución de 1979, el número de universidades y estudiantes universitarios en Irán se ha multiplicado por veinte, frente a las tres veces y media de Israel.” La supervivencia de Israel puede depender de si su industria de alta tecnología prefiere diseñar dispositivos de interferencia para drones o aplicaciones de citas para el mercado estadounidense.

Las opciones de Israel a corto plazo son limitadas

Para desarraigar a Hamás de Gaza sería necesaria una incursión terrestre con un alto coste. No está claro hasta qué punto prevalecerá la ventaja tecnológica histórica de Israel. La guerra de Ucrania ha producido numerosas innovaciones en la guerra antitanque, incluido el uso de drones para destruir tanques. Hamás difundió un vídeo de un dron inutilizando un carro de combate principal israelí con una granada de la década de 1980. Rusia ha desarrollado eficaces herramientas de interferencia para inutilizar drones. Se desconoce si Israel dispone de una tecnología similar. La capacidad de Israel para organizar una operación terrestre en Gaza depende de factores sobre los que no se dispone de información. Los ataques aéreos son ineficaces contra un enemigo que ha tenido dieciséis años para construir túneles profundos.

Israel teme con razón una guerra en dos frentes, a saber, con Hamás en el sur y con Hezbolá en el norte. Hezbolá tiene entre 40.000 y 150.000 misiles, incluidos algunos sofisticados misiles maniobrables que la defensa antiaérea israelí Cúpula de Hierro no puede contrarrestar. Los misiles están en gran medida emplazados en poblaciones civiles. Para derrotar una andanada de misiles de Hezbolá, Israel tendría que atacar lanzaderas en zonas civiles densamente pobladas, con muchos miles de civiles muertos. Hezbolá es tanto una milicia local libanesa como un instrumento de la política iraní. Probablemente no lanzará un ataque contra Israel a menos que Israel ataque a Irán, lo que da a Israel una muy buena razón para dejar a Irán fuera de la guerra en un futuro previsible.

La leve capa de la modernidad

Por el momento, Israel mantendrá Gaza sitiada. Tiene un periodo de gracia debido a la repulsa del mundo hacia Hamás, pero esto no durará para siempre. A medida que en las próximas semanas circulen imágenes de gazatíes hambrientos, el sentimiento mundial volverá a volverse contra los israelíes. Si Israel no puede asestar un golpe mortal a Hamás sobre el terreno durante las próximas semanas, su posición estratégica quedará debilitada de forma permanente.

Los terribles sucesos de los últimos días dejan claro que los impulsos existenciales del mundo antiguo no pueden borrarse con la brocha suave de la modernidad, algo que ya aprendieron los serbios de Kosovo, los armenios de Nagorno-Karabaj y los ucranianos de Donetsk, Luhansk y Kherson. El siglo XX resolvió sus guerras étnicas mediante traslados de población, algunos ordenados, otros horribles. El conflicto árabe-israelí debería haberse resuelto a finales de la década de 1940 con una transferencia de poblaciones aproximadamente iguales. Los Estados árabes abortaron la transferencia encarcelando a 800.000 palestinos como refugiados permanentes e incubaron un monstruo.

Los dos Estados no son la solución

No habrá una solución de dos Estados en Israel; después de que Hamás indujera a los israelíes a la complacencia y luego cometiera actos horribles que recuerdan al Holocausto, Israel no tolerará, ni debería tolerar, la creación de un Estado palestino. De un modo u otro, el intercambio de población de 1948 se completará en algún momento de los próximos años. O bien Israel destruirá a Hamás y la población de Gaza disminuirá con el tiempo debido a la emigración, o bien un gran número de israelíes considerarán que el coste de una política judía es demasiado elevado y se marcharán a Europa o Estados Unidos. Esto puede parecer cruel, pero si los acontecimientos de los últimos días nos han enseñado algo, es que los monstruos del mundo antiguo todavía caminan a la luz del día, y no serán desterrados por las anodinas declaraciones de los diplomáticos.

Ver también

Israel es culpable. (Ramón Audet).

Israel, o la lucha contra la infamia. (Carlos Alberto Montaner).

Jerusalén, capital eterna del pueblo judío. (José Carlos Rodríguez).

¿Qué es un precio para un quant? Del cálculo de Itô al equilibrio general de Arrow-Debreu

La doctrina económica desde tiempos de los escolásticos se ha planteado esta cuestión, la cuestión sobre la naturaleza de los precios, con gran asiduidad. La noción de precio justo, que de alguna forma viene a recoger y servir de confluencia entre los factores subjetivos y los más ligados a la escasez y la producción, acabó derivando en la clásica noción de precio de equilibrio que gran parte de los economistas utilizan a día de hoy.

Sólo Dios lo sabe

Juan de Lugo zanjó esta cuestión diciendo que “el precio justo matemático solo Dios lo conoce”, y de esta forma, sin él saberlo, le marcaría el camino a economistas de siglos posteriores, que verían en ese equilibrio más un benchmark que un precio cuya naturaleza gozara de algún tipo de realidad empírica. El precio de equilibrio, o mejor dicho, el vector de precios de equilibrio, sería aquel que garantizaría la igualdad entre la oferta y la demanda y que todos los actores económicos maximizaran su bienestar, sea en forma de utilidad o de beneficio empresarial. El perfecto win win.

Los fundamentos ya estaban ahí, solo hubo que rescatarlos y darles otro nombre. De esto se encargó la economía neoclásica y el paradigma del equilibrio general competitivo, tan brillantemente expuesto por dos de los economistas más afamados e importantes del siglo XX: Kenneth Arrow y Gérard Debreu.

Valoración

Sin embargo, este esquema oferta – demanda se ha demostrado completamente insuficiente a la hora de darle precio a ciertos contratos financieros de una naturaleza muy distinta: por su gran iliquidez, esto es, o bien porque la demanda es escasa o porque directamente la oferta de ese producto es inexistente hasta la fecha, tenemos que darles un precio sin contar con las referencias habituales.

Este es el caso, por ejemplo, de muchos derivados exóticos, el dolor de cabeza de cualquier quant de front office en la industria bancaria. Y aquí el marco diseñado por los economistas se viene abajo. Tenemos que buscarnos una alternativa, una metodología que se base en comparables. Si no sé cuánto vale algo, intento acercarme al valor de sus homólogos y de ahí extraigo conclusiones.

Esta metodología, aunque parezca algo aproximada e incluso de compromiso, es la metodología estándar que usamos los financieros para valorar. Los financieros más orientados a corporate, cuando quieren valorar una empresa, esto es, darle un precio, hacen uso de los famosos ratios (P/E, EV/EBITDA…) sobre sus comparables de mercado y de ahí aproximan el valor de la empresa target, aquella que quieren valorar.

Este enfoque, el enfoque por múltiplos, es uno de los más importantes en IB, si no el que más. De hecho, la teoría de la valoración puede demostrar que cualquier otro enfoque basado en descuento de cash flows, descuento de flujos, es en verdad otra técnica basada indirectamente en comparables, al contrario de lo que pueda parecer a simple vista. Y esto los quant desde hace mucho tiempo lo sabemos.

Kenneth Arrow y Gérard Debreu

La teoría fundamental de la valoración surge al calor de los estudios de dos economistas que ya hemos citado anteriormente: Arrow y Debreu. Arrow y Debreu postularon una economía con activos básicos, activos cuyo precio conocemos en un conjunto de posibles estados de la naturaleza, y a partir de aquí construyeron un framework que nos permitía valorar por replicación. Esto es, si queremos valorar un activo financiero X y a la vez disponemos de una cartera de activos básicos cuyos flujos son idénticos a los de X, sea cual sea el escenario, el valor del activo X se corresponde con el propio valor de la cartera, con el coste de replicación.

Esto es, podemos conocer el valor del activo desconocido simplemente agregando los valores de los activos básicos necesarios para formar la cartera replicante, y si es necesario, descontando su valor a fecha presente. Estos dos señores parecieron ver antes que nadie que su enfoque era tal vez excesivamente teórico, y que por ello necesitaban construir una teoría de los precios sobre un esquema radicalmente distinto. Pues bien, es este esquema, y no otro, el que usamos los quant para valorar activos financieros: el precio como el coste de la cartera réplica.

Hipótesis martingala

El problema radica en que este enfoque, salvo casos muy particulares, tiene un manejo bastante complicado. Los quant tuvieron que arreglársela para traducir este nuevo lenguaje de Arrow y Debreu a un lenguaje completamente equivalente pero más familiar para los matemáticos: el lenguaje de la probabilidad. Ya armados con un conjunto de probabilidades de valoración, que se deducen a partir de esos mismos activos básicos, podemos empezar a ver el precio como un descuento de flujos futuros esperados.

Para ello, tuvimos que añadir una hipótesis adicional: la hipótesis martingala. Una martingala no es más que un proceso aleatorio (estocástico) que trata de emular a la clásica noción de juego justo: el mejor valor que puedes esperar para mañana es el valor que tienes hoy. Gracias al marco martingala, podemos asegurar que ese descuento de flujos es libre de arbitraje, esto es, que no podemos conseguir alfas en mercado sin tomar ningún riesgo, situación con diferencia más común en los mercados financieros. De esta forma, el marco de la valoración por replicación acaba transformado en un descuento de flujos futuros, y el precio, reformulado usando un marco conceptual distinto (aunque en cierto modo equivalente) al que usan tradicionalmente los economistas.

Cálculo estocástico

Muchos modelos financieros típicos, como es el modelo de Gordon para calcular el precio de una acción por descuento de dividendos, no es más que el marco de valoración quant aplicado a un caso muy concreto. Y todo esto se lo debemos al trabajo de dos economistas esenciales a la vez que muy desconocidos para el público en general, además de a Itô, Girsanov y otros matemáticos que sentaron las bases del cálculo estocástico a lo largo del siglo XX. A pesar de haber generado poca polémica con sus estudios, mucha menos que la que generaron otras personalidades de la economía más mediáticas y ruidosas, Arrow y Debreu sentaron las bases de la economía neoclásica y de la industria financiera al mismo tiempo. Dos en uno. Que sirva este breve artículo como tributo a su figura.

Ver más

La cuestión de las matemáticas en economía. (Vicente Moreno).

El uso de las matemáticas en economía. (Juan Morillo).

La escuela austríaca y sus críticos. (Vicente Moreno).

El capitalismo y la mercantilización del arte

Siempre me ha llamado la atención la vehemencia con la que se critica desde ciertos sectores la forma en la que hoy se relega el arte a un producto destinado a sacar beneficio económico. Los liberales conocemos como funciona el cálculo económico, y sabemos que el beneficio mide el valor que un bien aporta marginalmente a una sociedad, por lo que no nos escandalizamos cuando vemos a un museo tratando de rentabilizar sus obras. Ese no es el caso de quienes apelan a un pasado mítico e indeterminado en el que el artista estaba libre de las exigencias del mercado y su producción artística se debía tan sólo a sí misma. Es en aquella época de luz en la que las mentes sensibles disfrutaban de un arte puro cuya calidad radicaba en la libertad artística.

Lo cierto es que dicho pasado, más que en los anales de la historia, habría de buscarse en las fantasías de alguno. El arte lleva siendo producto desde la génesis misma del oficio de artista. Sería necesario, quizá, remontarse a las cuevas de Altamira para encontrar sociedades en las que el arte existía ajeno al mercado e, incluso ahí, habría que ver qué se entiende por mercado, siendo que seguramente los bisontes que aparecen en las cuevas se hayan pintado más como parte de un intercambio, del que se espera obtener comida, protección o estatus, que de la libertad creativa de su autor.

La libertad del artista

Sin embargo, se sigue entendiendo la mercantilización artística como un fenómeno propio de la posmodernidad y del capitalismo. Que las estatuas y las cerámicas ornamentadas se encuentren en los ajuares funerarios de las personalidades relevantes de las sociedades en las que se entierran, debería decirnos algo. Alguno podría pensar que los artistas, como faro de la cultura, estaban tan bien considerados en la época que se les dedicaba a ellos las tumbas más fastuosas en las que, por supuesto, había de enterrarse con su producción artística. Los menos fantasiosos preferimos creer que, efectivamente, la orfebrería hallada en el tesoro de Aliseda hubo de ser adquirida en algún momento a través del mercado.

Incluso en la época dorada del reconocimiento artístico el arte se debía a unos consumidores. ¿Tuvo total libertad Miguel Ángel al pintar la Capilla Sixtina? Probablemente, el pintar a unas prostitutas le hubiera acarreado algún que otro problema con el Vaticano, su cliente. De la misma forma, Da Vinci, como tantos otros, se debían a unos mecenas cuyo patronato no era tan gratuito.

Siglos de un mercado artístico

Por ello, cuando se dice que el consumidor hoy ha ganado protagonismo frente al autor, no se está diciendo nada nuevo. En el archivo capitular de Módena, se conservan unas miniaturas en las que se representa el traslado de los restos de San Gimignano a la cripta de la nueva catedral del siglo XI. De las cuatro miniaturas hay solo una en la que el arquitecto, Lanfranco, aparece en un plano completamente secundario y es aquella en la que, como elemento principal, tenemos a la condesa Matilde, la clienta del artista[1].

Había, por supuesto, como lo hay ahora, un mercado artístico. Un mercado en el que los artistas competían por los proyectos que se les pudiese encargar y, para ello, demostraban seguir las tendencias artísticas del momento y en el que, además de pintores, arquitectos, músicos o escultores, eran auténticos hombres de negocios que obtenían más beneficio comerciando con su obra que pintándola. Cuando inició la contrarreforma, hubo cierto cambio en las tendencias artísticas, pero esas nuevas soluciones no se debieron tanto a un cambio en la mentalidad del artista soberano como a las necesidades de la iglesia, como gran cliente del arte en el mundo católico.

Descentralizar la demanda

El arte, en aquel entonces, no se servía a sí mismo, sino que servía al poder. Si de algo se puede acusar al capitalismo es de descentralizar la demanda y democratizar el mercado.

Con la Revolución Industrial el mercado se expandió y los artistas tuvieron la oportunidad de buscar la forma de acaparar a toda la nueva demanda que estaba surgiendo. Paganini fue capaz, incluso, de convertirse a sí mismo en un producto. Desde su estética, hasta su forma de moverse, pasando por las leyendas que él mismo alentaba, le servían para comercializar su propia imagen con la venta de “bizcochos Paganini”[2]. Que el fenómeno Paganini fue un producto de su época no hace falta decirlo, pero habría de preguntarse si el haberse hecho tan comercial afectó a la calidad de su obra. Sinceramente, dudo que haya nadie capaz de decirme que paganini fuese peor músico que la media de los trovadores medievales.

Muchas de las obras que hoy consideramos maestras no hubiesen podido hacerse de no ser por el creciente mercado de masas. Cualquiera que haya tenido en sus manos El Conde de Montecristo conocerá su enorme extensión. Durante el siglo XIX se pusieron de moda las novelas publicadas por fragmentos en los periódicos. En aquella época no existía el copyright por lo que pagar a un autor para que vaya escribiendo las partes de su libro era una buena forma de rentabilizar su talento. Dumas no se recuerda hoy como un gran novelista por nada y ya en aquél entonces gozaba de popularidad. El Conde de Montecristo era un éxito y había que capitalizarlo al máximo, por lo que se alargó voluntariamente con nuevas tramas y personajes para poder vender más y más fragmentos[3].

Arte “puro” en la sociedad burguesa

Por supuesto que en su momento estas prácticas ya causaron el rechazo de quienes abogaban por un arte más puro[4], pero eso no quita que fuese una práctica habitual y que grandes novelistas como Benito Pérez Galdós tomaran cuenta de ella. Las críticas llegaron también a las artes plásticas, donde Baudelaire llegó a reprochar que se pagase más por un Meissonier que por un Delacroix[5].

Lo que sí es cierto es que esas críticas eran nuevas. La historia del arte va unida a la historia de la técnica y la historia económica, pero nunca antes se habían arremetido tantos ataques a las nuevas formas de hacer arte. Eso es porque el arte “puro” era un producto de su propia época industrial. Algo que solo es posible en una sociedad burguesa en la que el artista tiene tiempo y medios para producir un arte que no necesite ser vendido.

Más mercado, más arte

Quizá sea osado por mi parte, no lo niego, decir que el arte por el arte no existía antes de la llegada del capitalismo. Es posible que si lo hubiera. Pero que hoy solo queden aquellas producciones que han sido mantenidas y custodiadas por poderosos clientes. Seré cauto y no propondré tal cosa. Pero lo que está claro es que dicho arte jamás fue tan popular hasta la llegada de las vanguardias. Un mayor mercado, con agentes más heterogéneos, implica más posibilidades a la hora de colocar tus obras.

No todo el mundo demanda lo mismo y la oferta ha de adaptarse. No es casualidad que el momento en el que las modas literarias y artísticas dejan de aparecer en sucesión para empezar a ramificarse en varias corrientes que coexisten coincida con el auge del capitalismo, en tanto que la gente tiene mayor acceso al arte no solo como consumidor sino también como productor. Tanto la formación como el abastecimiento de materiales se abre para más gente y muchos pueden empezar a disfrutar del arte como puro pasatiempo personal y, ahí sí, explotar su creatividad al margen de las exigencias del mercado.

Es por ello que cuando dicen que el capitalismo es el responsable de la mercantilización del arte no puedo sino estar en rotundo desacuerdo. El capitalismo es el responsable de que todos podamos entrar en el mercado artístico que siempre ha existido y el que ha permitido la proliferación de artistas excluidos del propio mercado.


Bibliografía

[1] Garín, Alberto. Historia Irreverente del Arte. Madrid: La Esfera de los Libros. 2023. pps. 153/157.

[2] Figes, Orlando. Los Europeos Tres Vidas y el Nacimiento de la Cultura Europea. 6ed. Barcelona: Taurus. 2022. pp. 39

[3] Ibid pp. 75

[4] Carreras, Luis. Los Malos Novelistas. Barcelona: imprenta de Celestino Verdaguer. 1867

[5] citado en Figes, op. cit., pp. 89.

Ver también

El arte del capitalismo. (Albert Esplugas).

El mercado a favor de la cultura. (Albert Esplugas).

Por el anarquismo artístico. (Alberto Illán Oviedo).

Capitalismo y cultura. ¿Una historia de desamor? (Ignasi Boltó).

Juan Navarrete, nuevo subdirector del Instituto Juan de Mariana

Instituto Juan de Mariana. 3 de octubre de 2023

El Instituto Juan de Mariana ha nombrado subdirector a Juan Navarrete tras la salida de Pablo A. Gianella.

Navarrete es graduado en Historia por la Universidad de Zaragoza, donde ha presidido la Asociación Liberal de Estudiantes, la asociación estudiantil con más representación en el Claustro Universitario, dedicada a defender las ideas de la libertad en un espacio tan importante como es la Universidad.

Actualmente, está cursando el máster de Economía de la Escuela Austríaca por la Universidad Rey Juan Carlos. Ha escrito numerosos artículos sobre historia tanto en el periódico digital El Liberal como para el propio Instituto Juan de Mariana, del cual sigue siendo articulista.

Asume el cargo “con una gran ilusión por emprender nuevos proyectos y mantener el prestigio de tan importante institución, poniéndome a disposición de todos sus miembros. Si algo he aprendido en mi etapa en ALE, primero en la junta y luego como presidente, es que el principal activo de una organización son las personas que la componen. Sin mis compañeros en ALE, no podría haber desarrollado los proyectos que realizamos en la Universidad de Zaragoza que me han dado la oportunidad de conseguir mi actual cargo en el Instituto Juan de Mariana, por lo que no sólo les agradezco a todos ellos su trabajo sino que estoy deseando escuchar las propuestas de cada uno de los miembros del Instituto para desarrollarlas de forma conjunta”.

Navarrete sustituye a Pablo A. Gianella, subdirector del Instituto Juan de Mariana desde septiembre de 2021, que cesa en “el que es, probablemente, el honor más grande de mi vida. Ser subdirector del Instituto Juan de Mariana llega a su fin. Agradezco a José Carlos Rodríguez y a Gabriel Calzada por darme la oportunidad de poder devolver una parte de lo que el Instituto me ha aportado y por entregarme su confianza para realizar el desempeño como subdirector de esta institución tan querida”. 

“También quiero mostrar mi agradecimiento a Irune Ariño por facilitar la posibilidad y a todos los simpatizantes y colaboradores del IJM que durante estos dos años me han transmitido su cariño, respeto y agradecimiento por el trabajo que he ido realizando. He aportado mi granito de arena y, como mis predecesores, dejo algo mejor de lo que encontré”.

“No obstante, mi vinculación con el IJM continúa, pues seguiré siendo miembro y mantendré la producción del podcast Café Budapest mientras mis nuevas responsabilidades laborales me lo permitan. Traslado todo mi apoyo a Manuel Llamas y al equipo entrante. El Instituto Juan de Mariana queda en buenas manos”.

Desde el Instituto Juan de Mariana, agradecemos a Pablo su dedicación, profesionalidad y entusiasmo y le deseamos la mejor de las suertes en sus nuevos proyectos profesionales y personales.

El lenguaje económico (XXXII): el free rider

La literatura económica define al free-rider como «polizón», «parásito», «oportunista», «gorrón», etc. Hoy analizaremos todos estos términos —normalmente acusatorios— para demostrar que el comportamiento del free-rider es impecable desde las ópticas económica, jurídica y ética.

Externalidades

En ocasiones, el productor de un bien anticipa que ciertas personas —los free-riders— pueden consumirlo sin pagarlo. Según Mises (2011: 777) caben dos posibilidades:

1. El interesado estima tan grande su ganancia personal que está dispuesto a soportar íntegramente los costes.

2. El coste resulta tan elevado que ninguno de los potenciales beneficiarios está dispuesto a soportarlo íntegramente por separado y la obra únicamente puede ejecutarse si un número suficiente de personas aúna sus esfuerzos.

“Polizón” y “parásito”

Llamar al free-rider «polizón» es incorrecto. El polizón embarca, clandestinamente, ilegalmente, en un medio de transporte. Para viajar «gratis», debe previamente invadir una propiedad privada, sin autorización del propietario. El free-rider, por el contrario, es un beneficiario no intencional: no invade la propiedad privada y no viola la ley. Solamente se aprovecha de una circunstancia sobrevenida sobre la que no tiene control. La conducta del free-rider, en definitiva, es jurídicamente correcta, pues no viola derecho alguno, en particular: la propiedad del productor o la de terceros que pagan.

Un parásito es un organismo que vive sobre otro organismo —huésped— o en su interior y del que se alimenta. Desde un punto de vista biológico, un parásito (al igual que un depredador) no es mejor ni peor que su huésped. En el ámbito humano, en cambio, la metáfora «parásito» introduce un juicio moral condenatorio. El parásito biológico vive a expensas de su huésped depauperándolo, enfermándolo e incluso matándolo; es decir, el parásito invade a su huésped perjudicándolo.

En cambio, el consumo del free-rider no se produce en detrimento de terceros que pagan. Cabalmente, solo podemos decir que A parasita a B cuando, de forma invasiva, el primero vive a expensas del segundo; ello implica un vínculo hegemónico, de fuerza entre A y B. Esta circunstancia no se da en el free-rider, en cambio, se produce cotidianamente cuando políticos, funcionarios y otros consumidores netos de impuestos viven a expensas de los productores del sector privado.

“Gorrón” y “oportunista”

Tal vez, «gorrón» sea la definición más aproximada al free-rider, pero un «aprovechado», en su caso, no invade, no ataca, ni sustrae la propiedad privada de terceros. El gorrón, eventualmente, puede tener un comportamiento egoísta y antisocial, pero no viola ninguna ley ni comete crimen alguno.

¿Es malo ser un oportunista? Una oportunidad es una situación que, debidamente identificada[1] y gestionada, proporciona al agente un gran beneficio en relación con el coste soportado. El oportunismo es propio de la función empresarial, pero también de la acción humana misma. Disfrutar los beneficios de una situación preexistente o sobrevenida no solo forma parte de la racionalidad económica, sino que es una causa no intencionada del progreso humano: «Heredamos de nuestros antepasados no solo bienes y productos diversos, de los que derivamos riquezas materiales, sino también ideas y pensamientos, teorías y técnicas, a las que nuestra inteligencia debe su fecundidad» (Mises, 2011: 214).

El mito de la «deseabilidad social»

Un grave error de la teoría de los bienes públicos es colectivizar el valor, ya que este es subjetivo. Solo el individuo puede saber si una determinada externalidad le beneficia o perjudica. Por ejemplo, conspicuos economistas afirman que los fuegos artificiales constituyen una externalidad positiva que debe sufragarse mediante la coacción fiscal, de otro modo, la cantidad producida sería menor a la «deseable socialmente»; pero sólo los individuos tienen deseos.

Los pirómanos seguramente desearían quemar más pólvora, mientras que otros sufren el ruido de las explosiones y desearían su prohibición. ¿Cuál es el estándar para determinar que la cantidad producida de un determinado bien sea «excesiva» o «insuficiente»? ¿Es posible conocer los deseos de todos los individuos? Y aún dándolos por sabidos, ¿es posible sumarlos y restarlos? Solo el libre mercado, mediante el sistema de precios, puede producir las cantidades y calidades de bienes que los consumidores demandan.

¿Debe el free-rider pagar por la externalidad?

En el supuesto de existir una externalidad positiva, el beneficio del free-rider no procede de una relación contractual, explícita o tácita, que obligue al pago de la utilidad recibida. Como dice Block (1983: 9): «Ciertamente, él no ha demandado esos beneficios y, en ningún caso, puede alegarse que los haya contratado».

Bibliografía

Block, W. (1983): «Public Goods and Externalities: The Case of Roads». Journal of Libertarian Studies, vol. VII, n.o 1, primavera, pp. 1-34.

Mises, L. (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.


[1] Las oportunidades no se crean, tal y como dice la publicidad del BBVA. Las oportunidades son preexistentes y solo pueden ser descubiertas.

Ver también

El paraíso de los free riders. (María Blanco).

El free rider y sus secuelas. (Joaquín Santiago).

Serie ‘El lenguaje económico’

(XXXI) La eficiencia

(XXX) Los fallos del mercado

(XXIX) Gasolineras

(XXVIII) Dad al César lo que es del César

(XXVII) Humanismo

(XXVI) Publicidad (II)

(XXV) Publicidad (I)

(XXIV) El juego

(XXIII) Los fenómenos naturales

(XXII) El turismo

(XXI) Sobre el consumo local

(XX) Sobre el poder

(XIX) El principio de Peter

(XVIII) Economía doméstica

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor