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A vueltas con el positivismo jurídico (V): similitudes con algunas posturas liberales

En la última entrega (Los antecedentes en Comte y Kelsen), dejamos abierta, para comentarla más adelante, la “exigencia” de “previsibilidad” en el positivismo jurídico. Y en la anterior (Sus antecedentes filosóficos en Kant), nos habíamos comprometido a analizar la relación entre la concepción del hombre y de la libertad en el positivismo, en el iusnaturalismo y en el liberalismo; la defensa de la libertad. Vamos a tratar de hacerlo -o a, al menos, comenzar- en la presente entrega.

Afirma Hans Kelsen en su Teoría general del Derecho y del Estado, que:

 La justicia es un ideal irracional. Por indispensable que sea desde el punto de vista de las voliciones y de los actos humanos, no es accesible al conocimiento (…) Este cambio de significación del concepto de justicia corre paralelamente a la tendencia a sustraer el problema de la justicia del inseguro reino de los juicios subjetivos de valor, para establecerlo sobre la firme base de un orden social dado. “Justicia” en este sentido significa legalidad; “justo” es que una regla general sea efectivamente aplicada en aquellos casos en que, de acuerdo con su contenido, debe aplicarse. “Injusto” sería que la regla fuese aplicada en un caso y dejase de aplicarse en otro similar.

El Derecho como técnica social

Vemos, por tanto, que, como ya hemos adelantado en entregas anteriores, ha desaparecido por completo la dimensión ética del derecho. “El derecho (…) es independiente de la moral y de otros sistemas normativos semejantes”, que diría Kelsen. Ha quedado reducido a una mera técnica social (al reconocer al “derecho como la técnica social específica de un orden coactivo”, afirma Kelsen). En él, la validez queda determinada por la eficacia.

Una norma es considerada como válida sólo bajo la condición de que pertenezca a un sistema normativo, a un orden que, considerado en su totalidad, es eficaz. Así pues, la eficacia es condición de la validez, pero no la razón de la misma. Una norma no es válida porque es eficaz; es válida si el orden al cual pertenece tiene, en general, eficacia

Hans Kelsen. Teoría pura del Derecho

La seguridad jurídica es el objetivo al que se tiende: “Injusto sería que la regla fuese aplicada en un caso y dejase de aplicarse en otro similar”.

Un acto de voluntad, no un acto de pensamiento

Pero, precisamente por todo ello, el ordenamiento jurídico al que nos estamos refiriendo es, para los positivistas, una cadena de creación del derecho en el que la norma fundamental es el punto de partida de un procedimiento en el que las normas concretas del sistema jurídico no son deducibles mediante la lógica partiendo de dicha norma fundamental, esto es, de unos determinados principios. “Su creación necesita un específico acto impositivo, un acto de voluntad, no un acto del pensamiento” (que dirá Kelsen en su Teoría pura del Derecho).

¿Qué ocurre entonces con aquellas pretensiones no previstas en la norma jurídica? Para Kelsen está claro, tal y como expone en su Teoría pura del Derecho:

El ordenamiento jurídico no contiene sólo la norma según la cual es obligatorio realizar determinada conducta, al establecer la negación de esa conducta como condición de una específica consecuencia jurídica. También contiene la norma que proclama que los individuos son libres de hacer o de no hacer todo aquello a lo que no están jurídicamente obligados. Es esta norma negativa la que es aplicable siempre que se decide desestimar una pretensión dirigida a que se realice una conducta que no constituye un deber.

Hans Kelsen. Teoría pura del Derecho

El papel del juez

Los tribunales, por tanto, no deben, como en otras corrientes, “descubrir” normas ya existentes de antemano. Las normas jurídicas no se producen -según afirman- por la vía cognoscitiva. Los tribunales se limitan a aplicar, y para ello utilizarán procedimientos lógicos. Aun así, los propios positivistas son conscientes de las dificultades que supone su planteamiento. Y, a pesar de la presunta seguridad jurídica que veíamos como objetivo irrenunciable, la realidad acaba imponiéndose. En palabras sacada de su Teoría pura del Derecho, Kelsen afirma:

Entiendo por interpretación la fijación del sentido de la norma aplicable, el resultado de esa actividad es simplemente la determinación del marco que representa la mencionada norma y, por consiguiente, el conocimiento de las diversas posibilidades que se dan dentro de dicho marco. En consecuencia, la interpretación de una ley no tiene por qué conducir necesariamente a que se considere como correcta una única decisión, sino que posiblemente conducirá a varias, todas ellas con el mismo valor en la medida en que se ajusten a la norma aplicable, pero, sin embargo, tan solo una de ellas se convertirá en derecho positivo por medio del acto que dicte la sentencia judicial.

Hans Kelsen. Teoría pura del Derecho

No se puede conocer la justicia

Y es que, como vemos, no existe una idea de justicia objetiva a la que haya que tender. O si existe es inalcanzable -piensan- para la razón humana. Renunciamos a su búsqueda y nos centramos en la realidad de los hechos constatables en el derecho positivo emanado del legislador y de los tribunales. Diga lo que diga y siempre y cuando sea coherente con la norma originaria fundamental.

Y es que, como afirma Kelsen, para los positivistas, “si se pudiera conocer el orden absolutamente justo cuya existencia es afirmada por la doctrina del derecho natural, el derecho positivo resultaría superfluo, es más, no tendría ningún sentido”. El problema es que, para ellos, “la justicia es un ideal inaccesible al conocimiento humano”, como lo es la naturaleza humana.

Pero, además, como se ve, el acto que dicta la sentencia judicial es el último peldaño en la estructura jerárquica del derecho positivo. Para el iusnaturalismo, sin embargo, la jerarquía importante no se da en la artificial construcción de derecho positivo, en la jerarquía normativa, sino en los derechos.

Clasificaciones de derechos

Hay dos clasificaciones de derechos que debemos destacar:

  1. La distinción entre los derechos originarios, o que proceden de la naturaleza humana, propios de todo hombre en cualquier lugar, estado, momento histórico o situación. Esto se opone a las posturas positivistas, relativistas por principio. Y los derechos subsiguientes, que son los que dimanan de esa naturaleza humana en relación con las diversas situaciones, creadas por los hombres, y a las que este se enfrenta en su cotidiano vivir.
  2. La distinción entre los derechos naturales primarios y los derechos derivados. Los primeros son aquellos que representan los bienes fundamentales de la naturaleza humana y corresponden a sus tendencias básicas. Y los derivados son aquellos en los que se concretan -o que derivan de- los derechos primarios.

Derechos e historicidad

En ambos casos, la historicidad (las diferencias de tiempo histórico y de lugar) juega su papel, pero sólo en relación sobre todo a los derechos subsistentes y derivados. Según sea la situación histórica concreta creada por el hombre, así se concretarán y variará su extensión. Pero, en cualquier caso, en contra de lo que ocurre con el positivismo, dichos derechos -subsistentes y derivados- se deducen en cualquier caso de los originarios y primarios, los concrete o no el legislador en una norma. Y deben ser aplicables, en cualquier caso.

A partir de las ideas tratadas de eficacia positivista y de naturaleza humana (estrechamente relacionada con la libertad), dejamos la puerta abierta para comparar las posturas que estamos estudiando con diversas corrientes liberales (desde el liberalismo del “laissez faire” de Mises, hasta el iusnaturalismo agnóstico rothbardiano). Aunque ello deberá hacerse en una próxima entrega, no queremos terminar sin apuntar, aunque sea telegráficamente, la concepción que, sobre la libertad, subyace en todo el edificio kelseniano.

La libertad de someterse al proceso político

Y es que, para este autor:

Originariamente, la idea de libertad tiene una significación puramente negativa. Significa la ausencia de toda sujeción, de toda autoridad capaz de imponer obligaciones. Pero la sociedad implica el orden, y el orden supone ciertas limitaciones (…). La libertad natural se convierte en libertad política (…) La libertad que resulta posible dentro de la sociedad y, especialmente, dentro del Estado, no puede ser libertad de todo vínculo, sino libertad en relación con una especie particular de vínculos (…) Esa armonía entre la voluntad “colectiva” y la individual solamente queda garantizada cuando el orden social es creado por los individuos sujetos al propio orden. El orden social significa la determinación de la voluntad del individuo. La libertad política, esto es, bajo un orden social, es autodeterminación del individuo por participación en la creación del orden social. La libertad implícita en lo que llamamos libertad política es, en el fondo, armonía.

Hans Kelsen
Serie ‘A vueltas con el positivismo jurídico

(I) Las inconsistencias del iuspositivismo

(II) La idea clásica de la justicia, y su relación con el Derecho

(III) Sus antecedentes filosóficos en Kant

(IV) Los antecedentes en Comte y Kelsen

Reflexiones ante la carta de 200 economistas que se oponen a la dolarización

Corría el año 2008 y asumía Obama como Presidente de los Estados Unidos. El contexto era crítico. Obama afirmaba que en ese marco todos los economistas coincidían que lo mejor que se podía hacer era aplicar el “buy american” (o “compre americano”). Esto implicaba aplicar políticas proteccionistas para proteger el trabajo de los locales, en lugar de continuar comprando trabajo extranjero. Obama quería suspender las compras a Europa y Asia, y con ello generar posibilidades de empleo local.

Una carta contra el proteccionismo

Un conjunto de profesores e investigadores de economía en universidades públicas y privadas presentó una carta. Decía: “Con todo respeto Sr. Presidente, eso no es cierto”. La carta hacía referencia a la manera en que estas políticas habían condenado a Estados Unidos en la crisis de 1930. Entonces, la falta de compras de este país a Europa dejó a aquel continente sin divisas para comprar productos americanos. Y con ello se interrumpieron las ventajas de la división internacional del trabajo. Derivó en la profundización de una crisis de la cual se tardó al menos una década en salir.

Afortunadamente, el nuevo Presidente de los Estados Unidos detuvo ese llamado proteccionista. La recuperación de la crisis fue más acelerado que en los años 1930. Siempre pensé que ese instrumento académico fue muy útil para detener lo que pudo ser un gran error de política económica.

No recuerdo haber visto la utilización de este instrumento académico en la historia argentina reciente. Especialmente frente a las alquimias monetarias y la “mala praxis” de política económica que nos condujeron a este presente. Celebro el despertar de mis colegas para hacer una declaración unificada. Pero debemos reconocer que surge en un contexto bastante politizado por un debate técnico que puede definir la política económica de los próximos años. Esta nota pretende arrojar una serie de reflexiones que permitan mantener abierto un debate necesario.

Economistas a favor de la dolarización

1- Espero que la declaración de esta carta, al afirmar que la dolarización sería “una iniciativa desacertada” no sea tomada como un consenso en la profesión. Es una declaración conjunta de un grupo de economistas que se oponen a la propuesta. Hay demasiados economistas de alto nivel que han afirmado que la dolarización es una buena idea para Argentina, a saber:

  • economistas ya fallecidos como Milton Friedman y Rudiger Dornbusch;
  • economistas americanos como Robert Barro, Tyler Cowen, Lawrence H. White, Steve Hanke, Kurt Schuller;
  • economistas argentinos que enseñan en Estados Unidos como Guillermo Calvo y Nicolás Cachanosky;
  • catedráticos españoles como Jesús Huerta de Soto, Juan Ramón Rallo, Daniel Lacalle y María Blanco;
  • economistas locales como Alberto Benegas Lynch (h), Martín Krause, Emilio Ocampo, Jorge Avila, Jorge Streb, Osvaldo Meloni, Manuel Calderón, Agustín Etchevarne, Aldo Abram, Eugenio Marí, Gustavo Lazzari, Martín Simonetta, Manuel Adorni, Pablo Guido, Juan Sebastián Landoni, Alejandro Gómez, Ramiro Castiñeira, Guillermo Laborde, Agustín Monteverde, Claudio Zuchovicki, Christian Buteller o Gustavo Neffa.
  • Podríamos agregar aquí decenas de colegas de Ecuador como Dora de Ampuero (la madre de la dolarización allí) o Pablo Arosemena (actual Ministro de Economía), y desde luego otros tantos en El Salvador y Panamá, pero pienso que las referencias son suficientes para hacer el primer punto.

El debate sobre dolarización está abierto. La tolerancia para argumentar en favor y en contra de esta propuesta es una condición necesaria para que el público no entendido en la materia pueda evaluar su apoyo o rechazo a la medida.

Los argentinos quieren dólares y los tienen

2- Resulta polémica la afirmación sobre “obstáculos prácticamente insalvables para su adopción”. Argentina ya se encuentra espontáneamente dolarizada, y avanza gradualmente pero sin pausa para completar el proceso. Si es cierto que hay más de 200.000 millones de dólares en poder de los argentinos. Los pasivos monetarios apenas representan 40.000 millones de dólares. El lector podrá comprender que el porcentaje ya dolarizado es bastante elevado, y esto sin sumar a todos aquellos que compran todo tipo de activos dolarizados como propiedades y activos financieros.

La situación de “quiebra” del banco central, sin reservas en dólares, activos devaluados y elevados pasivos monetarios, por supuesto que no es la ideal para avanzar en la dolarización. Pero esto no significa de ningún modo que no pueda dolarizarse. Tampoco que se requiera un tipo de cambio sumamente elevado para la conversión.

Dolarización y otras políticas

El plan Ocampo-Cachanosky, entre varias propuestas que se están considerando como posibles, plantea sustituir la deuda existente del gobierno con la autoridad monetaria por una nueva deuda. Dado que será cancelada en un plazo de 4 a 8 años, implicaría más bien un desendeudamiento. Nada del “absurdo” que los autores de la carta dicen reconocer.

3- En ninguna propuesta de dolarización se ha propuesto que la reforma monetaria es sustituta del ajuste fiscal. De hecho, debemos ser claros los economistas sobre la importancia de rodear el esquema de una reforma integral del estado, que paralelamente avance en un presupuesto base cero, un superávit fiscal, baja de impuestos, flexibilidad laboral y apertura económica, además de una lucha incansable para reducir la burocracia y la corrupción. Sólo con un plan integral podrá generarse la confianza necesaria para obtener cierto apoyo global en acompañar la propuesta.

Inflación y devaluación como política económica

4- Los economistas firmantes también afirman que la dolarización es “compleja y muy poco correlacionada con el ciclo económico macroeconómico estadounidense”. Y añaden que “eventos exógenos” como una pandemia, crisis financieras internacionales, conflictos bélicos e incluso una sequía le quitarían al país el “margen de maniobra monetaria y fiscal”. Ello que los ajustes inevitables produzcan profundas recesiones y aumentos de desempleo. Parecen desconocer los economistas firmantes la historia argentina. Cada uno de estos shocks han provocado recesiones y aumentos de desempleo, y la política monetaria nada pudo hacer por evitarlo. O para ser más claros, han empeorado la situación.

La evidencia empírica, por el contrario, ha mostrado que países como Ecuador, El Salvador y Panamá, han sufrido bastante menos estos shocks externos que Argentina en estas últimas décadas. Un aspecto que ha sido estudiado por Nicolás Cachanosky y expuesto públicamente en varias oportunidades.

Somos muchos los economistas que pensamos que la devaluación no permite “ganar competitividad”, sino que nos empobrece. Y que la manera de lograr “competitividad” es con estabilidad monetaria, con baja de impuestos y de burocracia, con flexibilidad laboral y apertura económica. No se logra ocultando nuestras falencias detrás de la baja del salario real de los trabajadores por medio de la devaluación.

Inflación y oferta monetaria

5- No está demás señalar que muchos de los economistas firmantes -por supuesto que no todos- ni siquiera aceptan que el fenómeno de la inflación tiene su naturaleza en el incremento de la oferta monetaria que se genera por encima de su demanda, algo que el resto del mundo ya aceptó hace mucho tiempo.

Cerrar el banco central terminará con estos excesos, lo que le permitirá a la Argentina contar con estabilidad monetaria, lo que implicará reducir las tasas de interés nominales y reales, y con ello recuperar el crédito, la inversión, la actividad económica, el empleo, y el crecimiento económico, siempre que sea -insisto- acompañada de las otras reformas mencionadas.

Esta sucesión de conceptos es lo que motiva que seamos muchos los economistas que defendemos la dolarización, especialmente en un país que ha perdido por completo la estabilidad monetaria y el crédito.

Una reforma reversible

6- Que la reforma monetaria propuesta sea difícilmente reversible -aspecto que la carta reconoce- es justamente su mayor valor, considerando la manera en que el poder político ha abusado sistemática y estructuralmente de la administración del dinero. Aun si algún plan de estabilización tuviera éxito, ¿qué impediría que un próximo gobierno populista vuelva a envolvernos en una dinámica inflacionaria, con devaluaciones y crisis cambiarias?

7- Para cerrar, los programas de estabilización o el mencionado bimonetarismo que se plantean como alternativas, nada afirman sobre el modo en que van a resolver el flagelo de la inflación, sobre el tiempo que se requerirá para obtener estabilidad monetaria, y mucho menos la manera en que van a enfrentar el problema de las leliqs y los otros pasivos monetarios.

El silencio de todos estos economistas sobre estos problemas reales, la falta de contra-propuestas reales a la dolarización, es lo que entiendo anima al público no entendido en economía a elegir la única opción que se presenta como viable y real.

Ver también

Dolarizar Argentina es posible y deseable. (Adrián Ravier).

Dolarizar la Argentina es posible e imprescindible. (Adrián Ravier).

Dolarización en Argentina. (Santos Mercado).

Una propuesta para dolarizar la Argentina sin devaluación ni aumentar la deuda. (Adrián Ravier).

Respuesta a tres grupos críticos de la dolarización argentina. (Adrián Ravier).

La dolarización como herramienta de cambio: lecciones del milagro ecuatoriano. (Adrián Ravier).

Diego Sánchez de la Cruz es el nuevo Coordinador de Estudios del Instituto Juan de Mariana

El Instituto Juan de Mariana incorpora a Diego Sánchez de la Cruz como nuevo Coordinador de Estudios. Su fichaje, efectivo desde septiembre de 2023, potenciará la línea de investigaciones de la organización, con la mirada puesta en desarrollar informes y publicaciones que contribuyan a potenciar la promoción y defensa de la libertad.

Diego Sánchez de la Cruz es miembro del Instituto Juan de Mariana y ha participado en numerosas actividades y conferencias del think tank. Está considerado uno de los analistas económicos más influyentes de España y colabora de forma regular con distintos medios de comunicación. Dirige la consultora Foro Regulación Inteligente y completa labores de investigador asociado en el Instituto de Estudios Económicos. Además de su actividad docente en la universidad, es autor de tres libros de divulgación liberal y ha traducido más de una veintena de obras del inglés al español.

“Es para mí un gran honor y una gran responsabilidad el asumir la tarea de coordinar las labores de investigación del Instituto Juan de Mariana. A lo largo de los años, el IJM ha jugado un papel esencial en la promoción de las ideas de la libertad y, bajo la dirección de Manuel Llamas, esa proyección seguirá creciendo”, ha señalado el nuevo coordinador de estudios del Instituto.

La política ateniense (I): la deliberación

Cuando hablamos de demokratía ateniense tendemos a pensar que funcionaba como nuestra democracia actual o de una manera muy similar. Pero lo cierto es que era un sistema mucho más complejo de lo que imaginamos. Con esta serie de artículos vamos a intentar explicar la estructura política básica de la Atenas clásica, teniendo en cuenta que Atenas no era toda la Hélade y había poléis con otros sistemas de gobierno, como por ejemplo Esparta. Comenzaremos por la deliberación.

El sistema de gobierno de toda polis griega está integrado por tres funciones: deliberación, justicia y archai. Es preciso evitar el error de imaginar estas partes como si se correspondieran con los poderes de un Estado democrático moderno. La Atenas a la que nos estamos refiriendo se manifiesta entre la mitad del S.VI a.C y principios del S.IV a.C.

La deliberación

La deliberación es la función que se realiza fundamentalmente en dos órganos: un consejo restringido y la asamblea de todos los ciudadanos. Esto es importante porque, que el gobierno de una polis sea más o menos oligárquico o democrático, depende de los siguientes factores:

  • Que la participación en el consejo esté más o menos limitada por razones de censo o de origen.
  • Que la asamblea tenga o no la capacidad de enmendar al consejo.
  • Que la ciudadanía no esté limitada a los propietarios.
  • Que los magistrados estén subordinados al poder asambleario, ejecuten las decisiones de éste y no sean los que convocan asambleas.

Deliberar es debatir y exponer argumentos, para lo que era necesario el dominio de la retórica y la oratoria. De la deliberación surgían las decisiones políticas y las normas legales. El logos debía expresarse de manera primordial a través de la oratoria. Resumir estos conceptos suele ser complicado, ya que, aunque para nosotros tengan un significado muy concreto, para los griegos tiene matices y detalles muy diferentes.

Participación sin discriminación

Para Mauricio Fioravanti la deliberación en la política ateniense presenta las siguientes características:

Primacía absoluta de la asamblea de todos los ciudadanos atenienses para la asunción de las decisiones de relevancia colectiva. Derecho a la palabra y de propuesta dentro de la asamblea atribuido a todo ciudadano sin discriminación alguna. Extracción por suerte de los cargos públicos y de las magistraturas, comprendidos en los tribunales, de nuevo sobre el presupuesto de una igualdad absoluta entre los ciudadanos, de tal manera que todos son considerados dignos de acceder incluso a los más altos cargos. Alternancia anual de los gobernantes, que compromete en la responsabilidad de gobierno a la parte más tenaz posible de la ciudadanía. Obligación de los mismos gobernantes de rendir cuentas públicamente.[1]

Mauricio Fioravanti, Constitución. De la Antigüedad a nuestros días. Madrid, Trotta, 2001, pp. 17-18.

Logos

A continuación, desarrollaremos brevemente los rasgos esenciales de la deliberación política ateniense, expuestos por Luis Roberto Mantilla Sahagún, en “La deliberación política en la democracia ateniense.”[2]

La primera característica es el logos (palabra, discurso, razón) El logos debe ser el instrumento principal mediante el que se tienen que expresar los argumentos en el debate. La exposición racional de los argumentos, tanto en el consejo como en la asamblea, era algo esencial de su sistema político. En este momento los buenos oradores adquirirán una gran fama, y aparecerá la figura del demagogo, entendida como la figura del político que guiaba al pueblo, aunque no tenía el sentido peyorativo que le damos hoy.

Escritura y ley

Otro de los principios fundamentales era la escritura, aunque estaba más relacionada con el sistema jurídico ateniense, la plasmación por escrito de las disposiciones legales de la polis hace que queden claramente fijadas las funciones, tareas y derechos de los ciudadanos de la polis.

Por último, tenemos el valor de la ley. La ley era la expresión máxima de la comunidad y de la polis. Ley, hombre y naturaleza eran indivisibles para la cosmovisión de un ciudadano de la polis griega. Para los ciudadanos el cumplimiento de la ley era algo sagrado y el peor castigo posible era la muerte cívica, materializada en muchas ocasiones en el ostracismo, instituido por Clístenes en las reformas del 510 a.C.

Terminamos con la explicación del concepto de deliberación, en el próximo artículo desarrollaremos cuáles son los órganos de gobierno de Atenas y cuál fue su evolución a lo largo del periodo democrático.


[1] Fioravanti, Mauricio, Constitución. De la Antigüedad a nuestros días, Madrid, Trotta, 2001, pp. 17-18.

[2] Mantilla Sahagún, Luis Roberto, Tópicos del derecho parlamentario, Ciudad de México, UNAM, 2007, 83-123.

Ver también

La indeseable democracia ateniense. (Daniel Leiva).

Desmontando algunos mitos de la democracia pura. (Manuel Llamas).

Homero y los orígenes de la democracia. (Emilio Díaz Rolando).

Un nuevo hallazgo de litio explica por qué nunca nos quedamos sin recursos

Por Peter Jacobsen. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

La semana pasada se descubrió un nuevo yacimiento de litio, lo que dio lugar a una avalancha de titulares que lo calificaban como uno de los mayores de la historia. El descubrimiento se produce en medio del temor a que el cambio hacia los vehículos eléctricos agote los recursos mundiales de litio, un componente importante de las baterías.

El temor a la disponibilidad de litio es sólo la última predicción catastrofista sobre el acceso de la humanidad a los recursos. A lo largo del siglo XX, los expertos predijeron que nos quedaríamos sin alimentos, tierra y petróleo, entre otras cosas. Consideremos, por ejemplo, la historia de las predicciones sobre el “pico del petróleo” en Estados Unidos.

Como muestra la cronología anterior, llevamos 84 años con nuestros últimos 13 años de petróleo.

¿Por qué las predicciones sobre la disponibilidad de recursos son tan pesimistas? Para saber por qué, tenemos que recurrir a uno de mis economistas favoritos: Julian Simon.

El fracaso de las previsiones técnicas

A lo largo de tu vida, probablemente habrás oído decir que “nos estamos quedando sin” un determinado recurso. De hecho, a veces los expertos incluso se atreven a hacer predicciones sobre el número concreto de años que nos quedan antes de que se nos acabe. ¿De dónde procede esta información? Pues bien, las previsiones técnicas sobre la disponibilidad de recursos se basan en dos factores: la cantidad de un recurso disponible y el ritmo de consumo. Por ejemplo, si una comunidad sólo dispone de 100 galones de petróleo y utiliza 10 galones al día en sus coches, el petróleo sólo durará 10 días.

En el libro del difunto Julian Simon, The Ultimate Resource 2, destaca que este enfoque es fundamentalmente erróneo. El problema es que los expertos no tienen acceso ni a la cantidad física de un recurso disponible ni al ritmo futuro de consumo de recursos. Para suplir esta carencia, las previsiones técnicas utilizan los datos disponibles. El problema es que esos datos siempre subestiman la disponibilidad de recursos. Uno de esos datos que se utilizan para calcular la cantidad de recursos disponibles son las reservas conocidas. Es decir, la cantidad de un recurso que sabemos que existe. El problema de esto se puede ver considerando los incentivos.

Recursos e incentivos

Una parte importante de las reservas conocidas son descubiertas por empresas privadas que buscan más de un recurso escaso. Si eres una empresa minera de litio con 10 años de suministro a mano, no hay necesidad de buscar más. Las empresas sólo gastarán en buscar nuevos yacimientos mientras los beneficios del descubrimiento sean mayores que los costes.

Sin embargo, cuando las reservas empiezan a escasear, los precios de las materias primas suben. Cuando sube el precio de un recurso, aumentan los beneficios de descubrir más. En consecuencia, las empresas empezarán a buscar nuevas reservas cuando empiecen a agotarse.

En la práctica, esto significa que las estimaciones sobre la disponibilidad de recursos siempre parecerán estar apenas por delante de las necesidades de consumo a corto plazo. Dado que las empresas sólo buscan más recursos cuando las reservas conocidas empiezan a agotarse, siempre parecerá que las reservas conocidas se están agotando, aunque es probable que las reservas totales (conocidas + desconocidas) no lo estén.

Sustitutos en todo

El otro factor, la tasa de consumo, presenta un problema similar. A medida que los recursos escasean, los precios suben, lo que obliga a los consumidores a economizar. Por ejemplo, cuando la gasolina es más cara, la gente compra menos gasolina. Cuando los consumidores reducen el consumo de recursos como la gasolina, intentan encontrar bienes sustitutivos. Alguien puede optar por ir al trabajo en bicicleta o dedicar por fin tiempo a descubrir las vías de transporte público.

Mientras tanto, las empresas intentan innovar y crear nuevos productos que resuelvan los problemas de los consumidores. Estas innovaciones suelen sustituir el deseo original del recurso cada vez más escaso. Por ejemplo, el Zoom, en muchos casos, ha sustituido al uso de la gasolina.

Así pues, a medida que se agote un determinado recurso, cabe esperar que los consumidores lo consuman menos. Por ello, las previsiones técnicas siempre supondrán que los consumidores consumirán más de lo que realmente consumen.

Así que los grandes descubrimientos de litio no deberían sorprender. A medida que aumente la demanda, espero que las reservas conocidas sigan aumentando. E incluso cuando las reservas de litio empiecen a disminuir, el afán de lucro reforzado por el aumento de los precios impulsará a las empresas interesadas a crear nuevos sustitutos inteligentes.

Julian Simon

Concluiré con la brillante ilustración de Simon sobre esta tendencia.

La respuesta de la gente a la larga tendencia a la baja de los precios de las materias primas se parece a menudo a esta parodia: Miramos una cuba de agua y marcamos su nivel. Afirmamos que la cantidad de agua en la bañera es ‘finita’. Luego observamos a la gente que saca agua de la bañera y se la lleva en cubos.

Sin embargo, cuando volvemos a examinar la bañera, el nivel del agua es más alto (lo que equivale a que el precio es más bajo) que antes. Creemos que nadie tiene motivos para echar agua en la bañera (como nadie echa petróleo en un pozo petrolífero), así que pensamos que se ha producido algún accidente peculiar, que no es probable que se repita. Pero cada vez que volvemos, el nivel del agua en la bañera es más alto que antes, y el agua se vende a un precio cada vez más barato (al igual que el petróleo). Sin embargo, nos limitamos a repetir una y otra vez que la cantidad de agua debe ser finita y no puede seguir aumentando, y no hay más que hablar.

¿No llegaría una persona prudente, tras una larga serie de subidas del nivel del agua, a la conclusión de que tal vez el proceso pueda continuar y que, por tanto, tiene sentido buscar una explicación razonable? ¿No comprobaría una persona sensata si hay tuberías de entrada a la bañera? ¿O si alguien ha desarrollado un proceso para producir agua? ¿Si la gente utiliza menos agua que antes? ¿Si la gente está reabasteciendo la bañera con agua reciclada? Tiene sentido buscar la causa de este aparente milagro, en lugar de aferrarse a una simplista teoría de recursos fijos y afirmar que no puede continuar.

Julian Simon
Ver más

El gran salto de Julian Simon. (José Carlos Rodríguez).

Abundancia sin límites. (José Carlos Rodríguez).

Las buenas noticias. (José Carlos Rodríguez).

El caso Lomborg. (Daniel Rodríguez Herrera).

Reseña de ‘El espejismo del socialismo sueco’, de Johan Norberg

Por Kristian Niemietz. Este artículo fue publicado originalmente en el IEA.

El romanticismo escandinavo existe desde que tengo uso de razón. Pero ha adoptado diferentes formas en diferentes épocas. Hasta mediados de la década pasada, “Escandinavia” -y “Suecia” en particular- se utilizaba a menudo como sinónimo de “progresista”, “socialmente justo” o “todo lo que le gusta a la izquierda”. Era tanto un lugar de proyección como un lugar real.

Desde entonces, y en el contexto del retorno del socialismo como movimiento juvenil de moda, ha adquirido un significado bastante diferente. Algunos socialistas empezaron a utilizar “Suecia” o “Escandinavia” como carta de libertad para evitar la pregunta que los socialistas odian como nadie: “¿Puede nombrar una economía socialista de éxito?”

Si Suecia no es una economía socialista…

Para ser justos: no todos los socialistas hacen esto. Muchos no lo hacen. He leído al menos una docena de artículos y capítulos de libros de socialistas contemporáneos que se distancian explícitamente de la socialdemocracia escandinava y dejan muy claro que el sistema que tienen en mente no tiene nada que ver con Suecia. El socialismo, dicen, no tiene nada que ver con lo grande que sea el sector público o lo generoso que sea el Estado del bienestar. Se trata de quién posee los medios de producción. Para que una economía sea socialista, no es necesario ni suficiente un gran Estado del bienestar.

Pero al hacerlo, esos socialistas también tienen que admitir, al menos implícitamente, que no pueden señalar ningún ejemplo en el que el tipo de sistema que tienen en mente haya funcionado alguna vez. Tienen que admitir que te están pidiendo que hagas un gran acto de fe. De hecho, están diciendo: “Lo que sugiero aquí nunca ha funcionado en ningún sitio. Pero sé que esta vez funcionará. Esta vez es diferente. Confía en mí”.

Eso les funciona perfectamente cuando se dirigen a un público simpatizante. Pueden hacerlo en la revista Jacobin, o en Novara Media, o en Teen Vogue, o en la revista Tribune, o en The World Transformed, o en el festival Marxism, o en Twitter, o en un debate universitario. Pero funciona peor para un candidato político que se dirige a votantes indecisos o a un entrevistador hostil. En tal situación, “Suecia” puede no ser una respuesta honesta. Pero si su público no sabe mucho sobre Suecia, probablemente pueda salirse con la suya.

The Mirage of Swedish Socialism

Además, ni siquiera es una mentira completa. Lo que ocurre es que cuando los socialistas se refieren a Suecia, no están hablando del país real: desde luego no del país tal como es ahora, ni siquiera del país tal como fue alguna vez. Hablan del país en el que Suecia parecía estar convirtiéndose. Hablan de un periodo muy concreto de la historia de Suecia, y aun así, no se trata tanto de lo que ocurrió realmente durante ese periodo, sino del ambiente político que reinaba en ese momento, y de lo que parecía posible en él.

Ya llegaremos a eso.

En su nuevo libro The Mirage of Swedish Socialism: The Economic History of a Welfare State, Johan Norberg divide la historia económica de la Suecia moderna en cuatro periodos distintos: el periodo liberal (1870 – 1970), el periodo socialista (1970 – 1990), la crisis (1990 – 1995) y el Estado del bienestar capitalista (1995).

Suecia fue un país tardíamente industrializado. Su revolución industrial no despegó plenamente hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX y, en consecuencia, Suecia era mucho más pobre que la media de Europa Occidental en aquella época. Esto se debe a que, hasta mediados del siglo XIX, la economía sueca era más feudalista que capitalista, con una producción no agrícola controlada por un sistema gremial y un comercio exterior muy restringido. Todo esto cambió con una serie de reformas liberales que convirtieron a Suecia en una moderna economía de mercado.

La era dorada (capitalista)

Comenzó entonces una relativa edad de oro, durante la cual Suecia pasó rápidamente de ser un país agrario pobre a uno de los más ricos del mundo. Entre 1870 y 1950, el PIB real per cápita se multiplicó por más de cuatro, la esperanza de vida se disparó de 45 a 71 años, la mortalidad infantil bajó de más del 22% a menos del 3% y la mortalidad materna descendió de más de seis por cada 1.000 nacidos vivos a menos de uno. Algunas empresas suecas líderes mundiales, que (o sus sucesoras) siguen hoy entre nosotros, se crearon en este periodo.

En la década de 1920, los socialdemócratas se convirtieron en la fuerza política dominante: han estado en el gobierno durante algo más de 70 de los últimos 100 años, lo que incluye un periodo ininterrumpido de 40 años. Sin embargo, Norberg no considera que esto suponga, en sí mismo, una ruptura con el periodo liberal. Demuestra que, durante la mayor parte de ese periodo, los socialdemócratas no fueron un partido especialmente anticapitalista. Dejaron la economía de mercado prácticamente intacta y, aunque crearon un Estado del bienestar, incluso el gasto público siguió siendo notablemente modesto. Hasta 1970, el Estado sueco gastaba menos del 30% del PIB y, por tanto, menos que sus homólogos de Estados Unidos, Gran Bretaña o Alemania Occidental.

El fin de la era liberal

Por desgracia, los periodos liberales siempre llegan a su fin. El de Suecia no fue una excepción. La mayoría de los Estados del bienestar occidentales experimentaron grandes expansiones en la década de 1960, y Suecia no fue una excepción en este sentido. Lo que diferenció a Suecia fue que, cuando los demás se ralentizaron, ellos siguieron adelante. A finales de los años 70, el gasto público superó el 50% del PIB y pronto se acercó al 60%.

Pero las décadas de 1970 y 1980 no fueron sólo un periodo de elevado gasto público. El gobierno también empezó a manipular el funcionamiento de la economía de mercado, por ejemplo, interfiriendo en los precios y los salarios.

Sin embargo, cuando Norberg llama a este periodo de 20 años y pico “el periodo socialista”, no sólo se refiere a políticas específicas. También describe un espíritu general:

Suecia nunca llegó a ser un país socialista de manual, con los medios de producción en manos del gobierno. Los socialdemócratas consideraron tomar el control de las grandes empresas con los “Fondos de Empleados”, […] transfiriendo esas empresas de manos privadas a la propiedad colectiva, pero fue […] suavizado sustancialmente […].

Sin embargo, todo el clima de ideas en Suecia estaba impregnado de ideas socialistas en los años 70 y 80, ideas tanto inherentes al proyecto socialdemócrata como algunas procedentes de fuerzas externas.

Johan Norberg. The Mirage of Swedish Socialism: The Economic History of a Welfare State.

El plan Meidner

Se refiere a la idea política socialista estrella de la época: el Plan Meidner, obra del economista sindical Rudolf Meidner. En su forma original, el Plan Meidner era un plan para la socialización gradual de la mayor parte de la economía.

La idea era obligar a las empresas a emitir una nueva tanda de acciones cada año, en proporción a sus beneficios, y transferir esas acciones a un fondo propiedad de los sindicatos y gestionado por ellos. Técnicamente, nadie habría sido expropiado con este plan. Supongamos que una empresa emitiera inicialmente 100 acciones, y usted fuera propietario de 20 de ellas.

Esto le convertiría en propietario de una quinta parte de la empresa. Si luego la empresa emite otras 20 acciones y las entrega al fondo sindical, no le han quitado sus 20 acciones. Lo que ocurre es que ahora sólo posee una sexta parte de la empresa en lugar de una quinta parte (es decir, 20 acciones de 120 en lugar de 20 de 100). Si al año siguiente vuelve a ocurrir lo mismo, la proporción de la empresa que le pertenece se reduce a una séptima parte. Y así sucesivamente.

Admiración por el Plan Meidner

Estas cifras son meramente ilustrativas: la transferencia real de la propiedad con arreglo al Plan Meidner habría sido más lenta que eso. Pero en el transcurso de una generación más o menos, los fondos habrían adquirido una participación mayoritaria en la mayoría de las grandes empresas.

Por tanto, no es de extrañar que el Plan Meidner siga entusiasmando a muchos socialistas hoy en día. La revista Jacobin, por ejemplo, lo describe como “una de las propuestas políticas socialistas democráticas más ambiciosas jamás consideradas seriamente en una economía desarrollada”, y pide su introducción en Estados Unidos en la actualidad:

Los actuales propietarios de capital […] conservarían sus acciones, pero éstas se diluirían mediante nuevas emisiones cada año […]. Las acciones con derecho a voto de los fondos aumentarían así gradualmente de valor hasta que las rentas del capital y el control de la economía quedaran en manos del público.

Jacobin.

Un “Plan Meidner para el Reino Unido”

Del mismo modo, en el Reino Unido, la economista marxista Grace Blakeley escribe:

Cualquier gobierno socialista debe considerar propuestas radicales para transformar la propiedad y la inversión – a través, por ejemplo, de […] un Plan Meidner para el Reino Unido.

Grace Blakeley

En las últimas elecciones generales, dicho “Plan Meidner para el Reino Unido” fue la política oficial del Partido Laborista en todo menos en el nombre. Como dijo entonces el canciller en la sombra John McDonnell:

El poder también viene de la propiedad. Creemos que los trabajadores, que crean la riqueza de una empresa, deberían compartir su propiedad […]. Legislaremos para que las grandes empresas transfieran acciones a un “Fondo de Propiedad Inclusiva”. Las acciones serán poseídas y gestionadas colectivamente por los trabajadores. La participación dará a los trabajadores los mismos derechos que a los demás accionistas para opinar sobre la dirección de su empresa.

John McDonnell

La Suecia de los años setenta y ochenta

Cuando Suecia introdujo finalmente los Fondos de Empleados en los años 80, carecían de la característica clave del Plan Meidner original: su carácter abierto. Los fondos de Meidner habrían controlado, por diseño, una proporción cada vez mayor del capital social de la nación. Los verdaderos Fondos de Empleados suecos tenían límites máximos. Tampoco utilizaban el mecanismo de emisión forzosa de acciones. Eran más parecidos a un fondo de pensiones, que simplemente compraba acciones en salida. El propio Meidner -como es comprensible- no estaba contento con ellos: el verdadero meidnerismo nunca se ha probado. Al cabo de unos años, volvieron a disolverse sin mucha resistencia.

La Suecia de los años setenta y ochenta, por tanto, no era un país socialista, pero sí un país que llevaba la socialdemocracia hasta sus últimos límites, y en el que las ideas socialistas para ir más allá se discutían seriamente en las altas esferas.

Cuando los socialistas contemporáneos nombran a Suecia como ejemplo de “economía socialista de éxito”, se refieren a esto. No hablan de la Suecia actual. Ni siquiera hablan de la Suecia real de los años setenta u ochenta. Más bien toman como punto de partida la Suecia de los años setenta y ochenta y la extrapolan en una dirección socialista meidneriana.

El fracaso de la hipersocialdemocracia

Pero esto, por supuesto, sigue sin ser un lugar real. Y usarlo como ejemplo plantea en gran medida la cuestión de si el socialismo meidneriano habría funcionado mejor que las demás versiones.

En cualquier caso, los resultados económicos de la hipersocialdemocracia con características socialistas no fueron muy buenos. No condujo a una catástrofe humanitaria al estilo de Venezuela, pero sí a un periodo de relativo declive económico, que culminó en la crisis económica de principios de los noventa. Por primera vez desde los años 30, Suecia era menos rica que la media de Europa Occidental. La deuda pública se había disparado de menos del 20% del PIB a más del 80%, y el desempleo se disparó por encima del 10%.

Vuelta al liberalismo en los 90′

Esto llevó a una vuelta a los principios liberales en la década de 1990. Se abolieron los controles de precios, se privatizaron las empresas estatales y se redujo el gasto público a algo menos del 50% del PIB (que sigue siendo muy alto, pero para llegar ahí hubo que reducirlo en más de diez puntos porcentuales desde su máximo).

Hoy en día, Suecia se describe mejor como una economía de mercado que, en general, es bastante liberal, excepto por el hecho de que tiene un Estado del bienestar muy grande. ¿Es el éxito relativo del que vuelve a disfrutar Suecia hoy un reto para los partidarios del libre mercado?

Depende. Si eres un “Lafferita” convencido, que equipara la economía de libre mercado con la reducción de impuestos y que piensa que los impuestos altos son el mayor impedimento para el crecimiento, no es injusto que un oponente te pregunte por qué Suecia va tan bien. Pero mi opinión desde hace mucho tiempo es que si se hacen bien la mayoría de las demás cosas, y si se tiene una sociedad con un alto nivel de confianza en la que la gente está dispuesta a poner en común sus recursos, se puede salir adelante con un nivel impositivo bastante alto. Esto no significa que un modelo de impuestos altos sea una gran idea, sino que los inconvenientes son tolerables.

Dinero público, gestión privada: el modelo de los bonos

En otros aspectos, sin embargo, el Estado del bienestar sueco plantea algunos retos a sus admiradores declarados. En primer lugar, Suecia ha ido más lejos que la mayoría de los Estados del bienestar al introducir sistemas similares a los bonos, en los que los servicios se financian con fondos públicos, pero pueden prestarse de forma privada si los beneficiarios así lo deciden. Hay grandes diferencias entre las distintas ramas del Estado del bienestar, pero en general, casi una quinta parte del presupuesto de bienestar se gasta en proveedores privados.

Por ejemplo, uno de cada seis estudiantes asiste a escuelas privadas financiadas con fondos públicos. Siempre que se han adoptado o considerado medidas similares en Gran Bretaña, han provocado una feroz reacción de los socialistas y los aficionados a Suecia. El NHS, en particular, no puede comprar un lápiz a una empresa privada sin desencadenar campañas histéricas sobre la “privatización progresiva”.

En segundo lugar, el ejemplo sueco deja claro que no se puede tener un Estado del bienestar de ese tamaño gravando sólo a unos pocos superricos, como les gusta insinuar a los izquierdistas británicos. Requiere elevados impuestos para todos, y es deshonesto presentarlo como un almuerzo casi gratuito.

Redistribución horizontal

En tercer lugar, la mayor parte de la redistribución en Suecia es “horizontal” y no “vertical”: no es una redistribución de los ricos a los pobres, sino entre personas del mismo quintil de ingresos o de quintiles adyacentes. Algunas personas son beneficiarias netas del Estado del bienestar durante la mayor parte de su vida, otras son contribuyentes netas de por vida, pero muchas personas simplemente pagan sus propias prestaciones, menos el coste administrativo.

No es, ni mucho menos, el peor de los mundos posibles, pero no veo por qué es mejor que un Estado del bienestar más pequeño y específico, con el que no se entra en contacto a menos que se atraviesen tiempos difíciles.

En resumen: si quieres poner a Suecia como ejemplo de un Estado del bienestar socialdemócrata de éxito, que funciona a pesar de los altos impuestos, me parece justo. Tienes razón, aunque haya salvedades importantes que deberías mencionar. Pero utilizar a Suecia como ejemplo de una economía “socialista” de éxito no es más que un truco retórico barato, que debería ser denunciado. Los socialistas que hacen eso no se refieren a la Suecia real, ni siquiera a una Suecia idealizada del pasado, sino a una Suecia que creen que podría haber sido alguna vez. Lo que en realidad no es más que otra forma indirecta de decir “el socialismo real nunca se ha intentado”.

Ver también

El modelo sueco ya no es atractivo. (José Carlos Rodríguez).

El cambio del modelo sueco. (Daniel Rodríguez Herrera).

No, no es el Estado del Bienestar. (Juan Ramón Rallo).

Hacerse el sueco. (Pablo Carabias).

El señuelo del mercado único europeo

¿A quién no le resulta atractiva la idea de un mercado único europeo? El concepto suena estupendamente tanto para empresarios como para consumidores. Para los primeros, la boca se hace agua al pensar en 300 millones de posibles compradores con un poder adquisitivo bastante razonable. Los segundos pueden soñar con obtener sus productos y servicios de empresas de todos los países europeos (como mínimo), compitiendo denodadamente para servirles mejor.

La idea no solo lo parece, es buena. Y eso fue lo que movió en los años 50 a la creación de la CECA, origen de la actual Unión Europea, con la que se abrían mutuamente los mercados de carbón y acero los países fundadores, a la sazón Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. Se creaba así un mercado único europeo para el carbón y el acero en esos seis países.

Eliminar las barreras

Hay consenso entre los economistas en que la eliminación de barreras legales para la competencia es muy buena para la sociedad, y la creación de este mercado único europeo consistía básicamente en eliminar las barreras que creaban los países firmantes mediante sus aranceles y aduanas. Los fundadores de la CECA tenían presentes sin duda estos conocimientos económicos, aunque seguramente sus objetivos fueran más allá y anticiparan que esta liberalización mutua de los mercados también supondría una robusta base para la pacificación del Viejo Continente, sumido en constantes guerras desde la Pax Romana. ¿No era Mises quien decía aquello de que si no pasa el pan pasarán los tanques? Pues eso, a dejar “pasar el pan”, empezando por el carbón y el acero.

La idea fue tan buena, tan buena, que se fueron uniendo a la misma otros países, hasta llegar en la actualidad a 27 los que tratan de alcanzar ese mercado único (aunque llegaron a ser 28 antes de que Reino Unido se replanteara su pertenencia), que ya no se limita al carbón y al acero, sino que se extiende a un sinfín de productos y servicios. Se trata de un mercado único europeo construido sobre principios de libertad: libre circulación de trabajadores, de productos, de capitales. Un mercado único construido sobre la libertad.

Una buena idea… en manos de burócratas

Pero como siempre suele pasar con las ideas que quedan en manos de Estados y funcionarios, el concepto de mercado único europeo en algún momento empezó a corromperse. Y es que a los Estados siempre les da alergia la libertad, aunque sean Estados supranacionales, como es el caso de la Comisión Europea y demás instituciones de la Unión.

Fue el momento en que los funcionarios de la Comisión Europea se dieron cuenta de que esgrimiendo la bandera del “mercado único”, podrían arrebatar competencias a los Estados Miembros que componen la Unión. En el fondo, era lo que había hecho la CECA, despojar de competencias aduaneras a los firmantes del tratado, reducir en suma su poder, lo que es siempre positivo para el mercado y por ende para la sociedad civil.

La clave era que la CECA no quitaba esas competencias a los Estados para quedárselas ella, por lo que el balance social era positivo: el poder total del Estado oprimiendo al individuo europeo descendía al perder competencias, el Estado Miembro que no asumía la institución supraeuropea.

“Armonización” regulatoria

Desgraciadamente, ya no va de eso el mercado único. Ahora el mercado único europeo ha cedido ante la “armonización” regulatoria, y no es más que  una lucha por saber quién regulará el mercado europeo, si lo hará cada Estado Miembro por su cuenta, o lo hará la Comisión Europea para toda la Unión. Es el señuelo que presenta a los empresarios y consumidores la Comisión: apoyadnos para conseguir ese mercado único (perdón, armonizado) que tan suculentas ganancias nos ha dado. Pero lo que dice realmente es: dadme a mí el poder de regular el mercado en la toda la Unión Europea y quitádselo a los Estados Miembros.

Como se ve, esta situación es bastante distinta de la que proponía la CECA, puesto que el mercado “armonizado” no supone una reducción del poder padecido por el individuo. Lo que se produce es un cambio en la ubicación de dicho poder, que pasa de una instancia de ámbito geográfico limitado a una de mayor alcance. Sabemos, además, que ceteris paribus esto es en realidad peor para el individuo, ya que se le hace más difícil “votar con los pies”, esto es, moverse de jurisdicción si no le gusta la regulación que sufre en la suya.

No es necesario

Pero es que, además, el mercado “armonizado” por la regulación, necesariamente habrá de dar lugar a consecuencias muy diversas en cada Estado Miembro, puesto que las circunstancias y coyunturas en cada uno de ellos son muy diferentes. Por poner un ejemplo muy burdo, imaginemos que el Salario Mínimo estuviera “armonizado”. En aquellos países cuya estructura de capital permite una mayor productividad, quizá no tendría efectos, mientras que en aquellos de menor productividad, la subida del paro sería intolerable. Es por ello que no cabe esperar esta armonización, que no obstante parecería fundamental con el concepto de mercado único europeo que maneja la Comisión.

Ello nos revela también que la armonización de la regulación no puede ser el camino para conseguir un mercado único, como nos dice la Comisión que pretende. En realidad, la forma de conseguir el mercado único ya la implementaron los fundadores de la CECA, y consiste precisamente en eliminar barreras legales y regulaciones.

Que no nos confunda su señuelo: el verdadero mercado único, el único “mercado único” posible es el mercado sin intervención regulatoria. El mercado único que ellos pretenden es solo un mercado armonizado regulado centralizadamente por la Comisión Europea. Es ese “mercado único”, pero muy regulado, es el que está llevando a la Unión a la pobreza y la irrelevancia global en todos los sectores económicos.

Ver más

Un nuevo atentado contra el mercado único. (Gabriel Calzada).

Europa le da la espalda al libre comercio. (Robert Tyler).

¿Son los dólares de la Fed un pasivo? (II)

En un artículo anterior, escrito a raíz de un debate en Twitter entre JP Koning, George Selgin y otros economistas, hice una reflexión sobre si los dólares que emite la Fed (billetes y reservas) son un pasivo o no. Hoy voy a introducir algunos argumentos adicionales sobre la cuestión.

La postura de Selgin es que no son un pasivo porque no son redimibles por nada. Considero que esta opinión de Selgin se basa en una definición de pasivo demasiado restrictiva y que no coincide con la definición de pasivo generalmente aceptada. De alguna manera, George Selgin se atiene a una definición económica y no puramente técnica contable. Veamos, la definición técnica contable de la Fundación Internacional de Estándares de Información Financiera (IFRS) es la siguiente:

Un pasivo es una obligación presente de la entidad que surge de eventos pasados, cuya liquidación se espera que resulte en una salida de recursos que incorporan beneficios económicos para la entidad.

Qué es un pasivo

Según esta definición técnica, queda claro que no todos los pasivos tienen que ser redimibles para serlo.  Si yo poseo 100 dólares emitidos por la Fed y además debo 100 dólares a la Fed, puedo entregar esos 100 dólares para pagar mi deuda que resultará en una salida de su activo del derecho de cobro que tenía contra mí, y ese derecho de cobro es un recurso que incorpora beneficios económicos para la Fed, es un activo valioso.  Dicho en otras palabras, las obligaciones no son solo de dar (redimir), también pueden ser de hacer (compensar).

Nótese que aunque no todo el mundo puede tener deudas con la Fed, eso no quita que eventualmente cualquier dólar pueda llegar a manos de agentes que sí tengan deudas con la Fed y utilicen esos dólares para pagar esas deudas. Basta con que exista la posibilidad de que a la Fed le puedan presentar los dólares que emite para que deban considerarse pasivos. 

El crimen de 1971

Cuando el dólar era convertible pre 1971, los dólares no eran convertibles por oro ni para los ciudadanos ni para los bancos (solo para los Estados) y exceptuando algunas transacciones entre Estados, por lo general el sistema funcionaba por compensación y no por redención. Es decir, la compensación no es ninguna cosa extraña, ni tampoco es un mecanismo que se introdujera en 1971, sino que ya era el mecanismo generalizado desde muchísimo antes pues es mucho más práctico y eficiente que redimir.

En todo caso, aún se podría argumentar que la obligación de compensar al estar autorreferenciada al dólar y no existir un activo externo como el oro, es una obligación nominal, no una obligación real, porque la Fed tiene la capacidad de devaluar el valor real de estas unidades nominales, y además sin consecuencias jurídicas, de manera que no se trata de una obligación real.

Quisiera destacar que el hecho de que no existan consecuencias jurídicas es irrelevante. Tampoco hubo consecuencias jurídicas cuando se suspendió la convertibilidad del dólar en oro, y siempre fue una posibilidad real mientras el dólar fue convertible, tan real que acabó por materializarse.  Y no porque existiese esa posibilidad de suspender la convertibilidad sin consecuencias, tiene sentido decir que el dólar pre 1971 no era un pasivo.  Es decir, que la Fed tenga la capacidad para devaluar sus pasivos sin consecuencias jurídicas es independiente de que el dólar sea redimible o no.

Promesa de recompra

Lo importante son las consecuencias económicas. Es decir, que el mercado otorgue menos valor a los dólares por el comportamiento del emisor para con esos dólares.  Por ejemplo, que emita dólares para comprar activos de menor calidad o más volátiles.  No es lo mismo que la reserva Federal emita dólares para comprar oro o deuda de los Estados Unidos, que para comprar deuda argentina denominada en dólares.  

Cuando la Reserva Federal utiliza la contabilidad por partida doble y coloca los dólares en el pasivo y los bienes que compra los coloca en su activo, le está diciendo al mercado que reserva esos bienes para recomprar esos dólares que ha emitido. Al contabilizarlos de esta manera, los dólares que la Fed emite llevan implícita una promesa voluntaria de recompra.  

Si, además, los activos que compra la Fed son activos de deuda, y tenemos en cuenta que las leyes de curso legal en Estados Unidos obligan a los acreedores a aceptar dólares para liquidar deudas, entonces en ese caso se trata de una obligación legal y ya no solo un compromiso voluntario de recompra.

¿Sólo es un pasivo si se paga?

Pero es verdad que esta obligación legal no es del todo real, porque la Fed es un organismo estatal o dependiente del Estado, y el Estado puede eximirse a sí mismo de las obligaciones legales, pues es el estado quien dicta las leyes. Pero de nuevo, esto es así también para la obligación de redimir, y no por ello se decía que los dólares convertibles en oro no eran un pasivo.  Es más, desde un punto de vista histórico o empírico, la Fed sí se ha saltado la “obligación” de redimir, y hasta la fecha nunca se ha saltado la “obligación” de compensar.

También hay que añadir que en el concepto de obligación va implícita la posibilidad de incumplir esa obligación, sea por el motivo que sea. Un deudor privado también puede incumplir sus obligaciones y desde un punto de vista económico al acreedor no le arregla nada que el deudor vaya a la cárcel.  Si, es cierto que la posibilidad de ir a la cárcel desincentiva que el deudor impague, pero esto es una cuestión que influye en la probabilidad de impago, pero no cambia la naturaleza de pasivo como tal.

Démonos cuenta de que llegaríamos a la conclusión absurda de que un pasivo es un pasivo sólo si se acaba pagando, o que un pasivo es “menos pasivo” cuanto más altas sean las probabilidades de impago.  Por tanto, sea por inmunidad legal o cualquier otro motivo, la posibilidad de incumplir con una promesa en absoluto cambia que la promesa sea una promesa.  

Una obligación presente

En la definición contable que presentamos al principio de este artículo se dice que un pasivo es “una obligación presente”, y es cierto que por obligación solemos entender algo que te viene impuesto desde fuera. Pero la definición de obligación tanto en español como en castellano incluye la auto-obligación o promesa. Por ejemplo, la primera definición del diccionario Merriam Webster es “the action of obligating oneself to a course of action”.  

George Selgin afirma que los dólares no implican ningún tipo de derecho para su propietario, pero ¿cuando el dólar era convertible en oro era verdaderamente un derecho del propietario o una promesa de recompra por parte de la Fed? Quizá antes de 1933 se podía decir que era un derecho del propietario, pero en retrospectiva y después de 1971 parece claro que sería más fiel a la realidad describir el dólar como una promesa voluntaria de la Fed (que acabó incumpliendo) y no tanto como un derecho inamovible del propietario del dólar. 

¿Obligación o promesa?

Creo que este debate se clarificaría mucho si en lugar de “obligación” habláramos de “obligación o promesa”. Porque es verdad que jurídicamente una obligación implica un derecho, pero una promesa no implica necesariamente un derecho, y aun así, desde un punto de vista económico una promesa es claramente un pasivo, independientemente de que quien prometa cumpla o no con lo prometido y de que incumplir tenga consecuencias jurídicas o no.  Si incumple, la consecuencia económica es que el valor de las promesas del incumplidor disminuye o incluso desaparece totalmente. Y esta consecuencia económica es así para cualquier promesa independientemente de que quien lo emita sea el Estado o un agente privado e independientemente de que la promesa sea además una obligación legal o no. 

Y enlazo este concepto de promesa con la duda que planteaba al final de mi artículo anterior. Si lo que el banco central compra no son activos de deuda como bonos o MBS sino otro tipo de bienes como podrían ser acciones, ETFs u oro, no aplicaría la obligación jurídica que implican las leyes de curso legal, pero el mero hecho de que el banco central utilice la contabilidad por partida doble y conserve celosamente esos bienes en su activo (no se los gasta), es en sí mismo un compromiso voluntario de recompra.  Si, de acuerdo que el compromiso podrá ejecutarse o no y es discrecional, pero como hemos explicado en los párrafos anteriores, el posible incumplimiento de una promesa no cambia la naturaleza de una promesa.

Reductio ad absurdum: es un pasivo

Lo importante de utilizar la contabilidad por partida doble es que el Banco Central se retrata a sí mismo para bien y para mal. Incluso si dejara de publicar información contable también se estaría retratando. Y el mercado evalúa sus promesas en función de la información contable que proporcione. En definitiva, como para todo activo financiero, lo relevante no es el instrumento en sí mismo (el billete o el apunte contable), sino el comportamiento del emisor.  Al contrario que un activo real, donde lo relevante sí que es la naturaleza de la cosa en sí misma. 

Por último, es cuestión pacífica en el debate con George Selgin que los dólares son un activo financiero. Lo que Selgin matiza es que son una especie extraña de activo financiero, es decir, un instrumento cuyo valor depende del comportamiento de un agente concreto. Pero es que un activo financiero sólo puede ser dos cosas: O es pasivo, o es equity.

Y poseer dólares no implica ser propietario de una parte de la Reserva Federal. Tampoco confiere derechos de voto en la junta de accionistas, y las empresas no suelen aceptar sus propias acciones para compensar deudas. Por tanto, si claramente no es equity, solo queda la opción de que sea un pasivo. Una promesa determinada nominalmente, pero indeterminada en términos reales. De esta manera, no se define con claridad la calidad y/o cantidad del bien con que se cancelará la obligación surgida y/o la fecha de cancelación. Es lo que Carlos Bondone califica como crédito irregular.

Ver más

¿Son los dólares de la Fed un pasivo? (I). (Manuel Polavieja).

¿Statu quo o nuevo paradigma en la economía global?

Tras el periodo estival conviene recapitular sobre el estado de la economía global y sus principales tendencias de cara al nuevo curso, para así disponer de una imagen más clara y fehaciente sobre cuáles serán los retos nuevos o persistentes en materia de política económica. En el entorno actual, la incertidumbre respecto a la senda que tomará la inflación, las oscilaciones de la demanda agregada o las complicaciones por el lado de la oferta en muchos mercados marcarán las decisiones de política económica que tomen los bancos centrales y los gobiernos. Es por ello por lo que, antes de analizar cualquier escenario de política económica, hemos de descifrar por donde sopla el viento en el escenario macroeconómico global.

No se han alcanzado los objetivos de inflación

Si hay algo claro tras la reunión de banqueros centrales en Jackson Hole en agosto es que la política monetaria ha de transitar de un marco diseñado para reducir explícitamente la inflación a uno para mantenerla bajo unos niveles determinados, una vez estos se alcancen -y que probablemente serán distintos al 2% de referencia de multitud de bancos centrales-.

Aún así, tal y como afirmaban con contundencia en dicha reunión Christine Lagarde y Jerome Powell, las tasas de inflación actuales aún no se sitúan en niveles que se puedan considerar adecuados para un funcionamiento correcto de la economía global o que garanticen su estabilidad social. Por ejemplo, en el caso de EE. UU. llama la atención los elevados niveles de demanda agregada que siguen registrando cada mes, lo que está contribuyendo a mantener la inflación en niveles muy altos a pesar de una política monetaria contractiva.

Además, a todo ello hay que sumar que el desempleo en el país norteamericano vuelve a situarse muy cerca de mínimos históricos, lo que está generando un efecto de crecimiento de los salarios y a su vez contribuyendo a la espiral inflacionaria. Por lo tanto, lo que preocupa en EE. UU., a diferencia de en Europa, no es una tasa de crecimiento demasiado baja, sino más bien un recalentamiento de la economía que lleve a un desanclaje de las expectativas de inflación.

Tipos de interés altos

Por otro lado, en Europa las perspectivas de crecimiento no son nada halagüeñas, pero el nivel de precios sigue creciendo -aunque a un ritmo menor- y los salarios siguen al alza, lo cual, unido a los datos de crecimiento, puede conducir a un pronóstico de estanflación que dure varios meses.

La principal conclusión que se puede extraer de todo ello no es otra que el hecho de que tanto la Fed como el BCE deberán prolongar su actual política monetaria durante algún tiempo, hasta que nos aseguremos de haber controlado los niveles de inflación. Esto no significa que se deban seguir subiendo tipos, sino que seguramente deban permanecer cercanos a los actuales elevados niveles en los que se encuentran hoy en día durante algún tiempo.

Precios y oferta

Además, en el escenario actual resulta mucho más complicado analizar o pronosticar la senda de la inflación, ya que multitud de factores de oferta -y no solo de demanda- continúan afectando a las variaciones en el nivel de precios, aportando una incertidumbre adicional al análisis de la inflación.

A pesar de ello, esto no es algo nuevo. Durante los últimos años, fenómenos como la pandemia de Coronavirus, la crisis energética o la invasión de Ucrania han hecho que las tensiones de oferta cobren mucho más peso en los análisis de inflación. Por lo tanto, es muy importante incorporar firmemente al análisis las tendencias del mercado laboral en cada país y región y la relación de estas con la variación de los salarios, ya que estas suelen estar muy correlacionadas con la tasa de inflación.

Déficit y deuda

Más allá de la evolución del nivel de precios, multitud de países muestran serios problemas de equilibrio de las cuentas públicas, que en muchos casos se han visto empeorados desde la implementación de programas de impulso fiscal a raíz de la crisis del Coronavirus. Un notorio ejemplo de ello es el caso de EEUU, que presenta a fecha de hoy un déficit público en términos absolutos que es el doble que en la misma fecha de 2022.

Esto presenta un grave problema para la Administración Biden y la sostenibilidad de la deuda pública americana, tal y como señala la Congressional Budget Office. La situación actual en EE. UU. de política fiscal expansiva acompañada de política monetaria contractiva muestra un claro viraje de timón desde los prolegómenos de la Gran Recesión. Entonces, el inicio de planes de política monetaria expansiva (QE, por ejemplo) iba acompañado de una política fiscal muy conservadora y cauta respecto a los niveles de gasto y déficit públicos. Además, la situación en Europa no es muy diferente, acrecentada por serios problemas estructuras relacionados con la demografía, el clima o el estancamiento de los niveles de productividad.

El peso de India

Por último, un factor de cambio económico que hay que destacar se sitúa en el plano geopolítico, siendo este el creciente peso de India sobre la economía global frente a la perdida de dinamismo de China. Mientras que hace una década la economía china crecía a tasas cercanas al 8% anual, hoy su crecimiento se encuentra muy resentido y superado por varias potencias emergentes, entre las cuales la de mayor peso es India.

Si bien es cierto que en términos absolutos el tamaño de la economía China es hoy en día el doble que el de India, las tasas de crecimiento cada vez divergen de mayor manera y en direcciones opuestas. De hecho, teniendo en cuenta el crecimiento poblacional de India, es muy probable que en los próximos años el peso del crecimiento económico de India sobre la media de la economía global sea mayor que la aportación de China al mismo.

Si esto es así, confirmaría uno de los mayores cambios de equilibrios de poder a nivel geopolítico del siglo, incrementando el poder de India en las negociaciones globales y mermando aún más el de los países occidentales. Además, la reducción del crecimiento económico chino hará que el crecimiento global se vea gravemente afectado, reduciéndose la media mundial al entorno del 3% anual, lo que podría perjudicar especialmente a los países emergentes más desfavorecidos.

Ver también

Inflación, crisis bancaria… ¿qué pasará con los tipos de interés? (Álvaro Martín).

Los peligros de la guerra comercial. (Álvaro Martín).

Una Universidad de Verano espectacular

56 es el número de participantes en la Universidad de Verano de Instituto Juan de Mariana. 56 participantes, mayormente jóvenes universitarios, y estudiantes de educación de postgrado. El más joven participante tenía 17 años, pero alguno superaba los 60. Independientemente de la edad, todos disfrutaron enormemente del programa. El aprendizaje continuaba en las muchas conversaciones entre alumnos y de éstos con los profesores. Y en programas extraoficiales como las inolvidables batallas de póker. Por la noche, los alumnos contribuían a la economía local a base de frecuentar los bares locales. Aprendizaje, discusiones, buena vida, conocerse y formar nuevas amistades… ¿Conoce alguien un mejor programa para la última semana de verano? ¡Una experiencia inolvidable!

¡Y el sitio! El majestuoso Escorial. Uno de los más emblemáticos palacios de Reyes en Europa y en el mundo. La universidad de verano fue celebrada en el adyacente colegio María Cristina, adscrito a la Universidad de Complutense.

El plan del edificio del colegio fue diseñado seguido los planes de monasterios de la edad medieval. En el centro hay un jardín grandísimo para estar, un lugar a pensar y debatir y hacer amistades. Mientras las pinturas antiguas en las paredes de los pasillos y el austero estilo de edad del Felipe II recordaba a todos los participantes que estábamos allí para estudiar, aprender, y no solo divertirse.

El programa académico

¡Y el programa académico! La Universidad empezó con el gran discurso de Juan Ramón Rallo. No por nada es Juan Ramón un superstar en España, con más que medio millón de seguidores en el YouTube. Nos dió una charla muy provocativa y al mismo tiempo muy interesante, aplicando unas ideas de Hirschman, una de las grandes figuras del pensamiento sociológico, a las grandes tribus políticas.

Los liberales superan los conflictos por medio del derecho a la “salida”, los de izquierda por medio de la “voz”, y la derecha mediante la “lealtad”. ¡Podrías ver el discurso pronto en nuestro canal de YouTube pronto!

En el orden cronológico, Rallo fue seguido por Francisco Capella, quien organizó dos veces unos debates muy interesantes con mucha participación de los estudiantes sobre cuestiones de ética y perspectiva de la libertad. Yo mismo presenté un pequeño curso, todos los días, en el que he dado un vistazo al desarrollo del pensamiento económico en el contexto del desarrollo económico y político de Europa. Desde Aristóteles al actual enfrentamiento entre EE.UU. y China.

Pedro López Arriba

Eduardo Blasco y Fernando Vicente no solo han dado charlas muy informativas sobre bitcoin, sino que organizaron talleres de debate entre los participantes sobre los asuntos teóricos y prácticos relacionados con el bitcoin. Aparte de ello, Eduardo Blasco también organizó un taller de debate sobre asuntos de políticas públicas que fue un éxito. Los alumnos mostraron tener conocimiento y destreza en el manejo de los argumentos.

Pedro López Arriba dió una charla ejemplar sobre el 200 aniversario del final del trienio liberal, y el número 150 del inicio la I República. Su participación ha ido más allá en la vida de la Universidad que una charla maestra. Pedro también era el centro de la vida extraoficial. Como él es una enciclopedia viva de todos los conocimientos relacionados con ciencias sociales, tenía comentarios muy agudos en todos los debates. Incluso, algunos participantes tenían a suerte a poder consultarle sobre sus tesis… La sabia María Blanco, con su estilo divertido, ha dado un masterclass sobre la importancia de recordar hoy la obra de Adam Smith, el padre fundador de la economía.

Luis Gómez

Luis Gómez organizó, en tres sesiones, unos debates entre grupos de estudiantes sobre sostenibilidad del medioambiente. Su tema era muy adecuado para hoy, y para pensar sobre los problemas más actuales. Además, su personalidad abierta y su disposición a departir hicieron que él estuviera en el centro de todas las charlas, en el jardín del colegio o en los bares. Así mismo, su método de involucrar los estudiantes y hacer trabajar y pensar fue muy bien recibido por los participantes.

El asunto de los problemas medioambientales fue también abordado por las charlas de Óscar Rodríguez Carreiro, quien hablo sobre la utilización para el control político de la idea de catástrofe ambiental.

El gran Miguel Anxo Bastos, quien recibió en este año el Premio de Instituto Juan de Mariana por promover la libertad, habló contra la idea del decrecimiento. Como es usual, no admitió ningún compromiso con las ideas erróneas. Javier Fernández-Lasquetty, aplicando las sanas ideas de Smith y Hayek, explicó cómo se puede hacer una política que promueve el crecimiento regulando menos. Recurrió al ejemplo del gobierno regional del Madrid, del que Javier fue un miembro especialmente destacado.

Tom Palmer

Los famosísimos Domingo Soriano y Nuria Richart hicieron un programa de radio en vivo desde la Universidad. Domingo añadió a eso una charla inolvidable sobre cómo Defender la libertad desde una perspectiva no académica. Ignacio García Medina ha organizado dos talleres de debates sobre el tema de cultura y libertad, además de hacer un programa en directo sobre cine. A los alumnos les ha encantado.

Tom Palmer, vicepresidente de Atlas Network, dió dos charlas en la Universidad, en inglés. Una de las charlas era sobre la Guerra de Ucrania y la segunda sobre cómo se puede pensar sobre los principios de libertad como un proyecto o guion de vida. Tom también, con una personalidad muy abierta, ha participado con muchas energías en los debates que se celebraban en los pasillos, en el patio, en las comidas y cenas. Un día estuvo debatiendo en el jardín, y hasta las dos y media de la mañana en los bares de la ciudad. En el último día de la Universidad, María Crespo dió una charla magistral sobre cómo los impuestos causan la muerte de la economía, con una sabiduría impecable y energía envidiable.

2024

Os invitamos todos, que, si quieren tener en el próximo año una semana inolvidable, divertida, con posibilidad adquirir nuevos conocimientos, y, por supuesto, conocer más gentes con pensamiento liberal, participéis en nuestra Universidad de Verano.

Nosotros queremos más participación y más debates. Queremos que el programa sea más igualitario también en términos de género. Por eso planeamos a invitar Yolanda Díaz para que nos explique qué es más importante: el impacto de ley del sólo sí es sí sobre las agresiones sexuales o un pico de un hijo de un político socialista. Reconozco que hay una mínima posibilidad de que Yolanda no venga. Aún así, os esperamos todos y todas a participar nuestra próxima Universidad de Verano en 2024.