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¿Deberían los liberales británicos apoyar la monarquía?

Este artículo fue originalmente publicado por el IEA.

Sam Collins, Asesor Principal de Política de la AIE, sostiene que sí:

El liberalismo clásico es un movimiento político que se basa en promover -entre otras cosas- la libertad individual, la igualdad ante la ley y la movilidad social. La idea de una monarquía hereditaria, en la que alguien asume un papel en la estructura constitucional por el mero hecho de nacer (y, hasta los recientes cambios en la ley, por el género), parece incongruente con estos ideales. No pretendo defender la monarquía como un ideal que querríamos adoptar si estuviéramos creando una nueva sociedad y una nueva constitución desde cero.

Considerando la alternativa

Sin embargo, sea lo que sea lo que deseemos, el papel de jefe de Estado parece entrelazado en todos los sistemas políticos. Y la cuestión que se plantea entonces es cuánto poder queremos que tenga esta persona. También hasta qué punto se implica en el juego cotidiano de la política. ¿Es la actual monarquía constitucional británica mejor o peor que lo que probablemente la sustituiría?

El Rey no sólo es el Jefe de Estado del Reino Unido. También actúa como Jefe de la Commonwealth y, en este papel, proporciona un enfoque internacional muy necesario para el Gobierno británico. La Commonwealth, personificada por el monarca reinante, actúa como un útil organismo internacional que ha impulsado la cooperación y el comercio entre sus miembros. El fin de la monarquía por parte de los líderes de la Commonwealth no podría sino reducir (o incluso acabar) con esta institución única y convertir a Gran Bretaña en un país más insular.

Al margen de las luchas políticas

En segundo lugar, están los esfuerzos casi patológicos de la Corona por mantenerse al margen de los tejemanejes de la política. Como cuando el Palacio de Buckingham dejó claro que la Reina “no estaría disponible” en caso de que el Primer Ministro intentara disolver el Parlamento para evitar ser depuesto de su cargo.

Esto contrasta fuertemente con las alternativas que probablemente sustituirían a la monarca. Habría que elegir de algún modo a un presidente. Ya sea elegido directa o indirectamente (como en Austria y Alemania), el riesgo de que la política de partidos juegue un papel es alto. Especialmente teniendo en cuenta nuestra fragmentación política. Tanto en Austria como en Alemania, las recientes contiendas presidenciales han resultado profundamente partidistas. Hasta el punto de que es una supuesta máxima política alemana que “si puedes crear un Presidente, serás capaz de formar un gobierno”.

Apolítico y volcado al exterior

Lo mismo cabe decir de la no injerencia de la Corona en el proceso democrático. Aunque el monarca conserva, en principio, el derecho de veto sobre la legislación, este poder no se ha utilizado desde 1708. Contrasta de nuevo con Alemania, donde el Presidente interviene en el debate político, aunque sea ocasionalmente. Y utiliza el poder de veto para rechazar la legislación de la cámara elegida popularmente por considerarla inconstitucional.

La simple realidad es que, a pesar de todos sus defectos y de lo fuera de lugar que está en una democracia liberal moderna, es probable que proporcione a Gran Bretaña un Jefe de Estado apolítico y de cara al exterior. Y ésa es probablemente la mejor opción disponible.

Harrison Griffiths, responsable de comunicación de la AIE, sostiene que no:

La oposición radical a la monarquía no ha sido una creencia universal entre los liberales. En Gran Bretaña, los liberales abogaron por un acuerdo que conciliara la continuidad del estatus constitucional de la Corona con la soberanía parlamentaria y la libertad individual. El filósofo radical de la Ilustración francesa Voltaire apoyó el papel de un monarca constitucional ilustrado. E incluso los revolucionarios norteamericanos se mostraron abiertos a mantener la monarquía británica antes de considerar que no tenían más opción que una república independiente.

La Revolución Gloriosa

La Revolución Gloriosa consolidó la superioridad constitucional del Parlamento sobre la Corona y estableció firmemente leyes que protegían la libertad individual (al menos para los protestantes). Fue una clara victoria del liberalismo sobre el despotismo de la monarquía absoluta. Sin embargo, el acuerdo creado en 1689, que aún hoy sustenta nuestra monarquía constitucional, debe considerarse un paso pragmático hacia una constitución liberal, no la fructificación de la misma.

La Corona sustenta el sistema constitucional británico que otorga al Estado un poder casi ilimitado para pisotear nuestras libertades individuales. El Rey legitima la soberanía parlamentaria. Sus prerrogativas reales dan al ejecutivo herramientas para eludir los controles parlamentarios que quedan sobre su poder. Y el propio monarca tiene poca o ninguna autoridad para ejercer prerrogativas como conceder clemencia o denegar el ascenso real para proteger a los individuos y mantener los controles institucionales sobre el poder del Estado.

Pináculo del estatismo

Eliminar a la Corona de la Constitución es un requisito previo vital para revisar las instituciones de gobierno centralizadas y estatistas de Gran Bretaña.

Por otra parte, podemos ver en los bienes de la Corona una institución que da poder al Estado a expensas del libre mercado. Valorado en más de 15.000 millones de libras esterlinas, el Estado posee tierras con derechos sobre vastos yacimientos de minerales, metales preciosos y recursos naturales. Aunque el Estado a veces arrienda derechos de minería y perforación al mercado, ha negado a los agentes privados la capacidad de adquirir, comerciar y explorar libremente sus propiedades. Se convierte, así, en un vehículo para la planificación central estatal de los recursos naturales y la extracción de rentas económicas. A diferencia de las grandes carteras privadas, el Estado no puede quebrar. Esto reduce los incentivos para maximizar los beneficios o vender tierras para un uso más productivo cuando los ingresos son bajos.

Privilegios

Por último, existe un argumento liberal contra el privilegio legal hereditario. El Rey sigue sin poder ser procesado legalmente y no existe ningún mecanismo constitucional para apartarlo del poder. Aunque no tenemos por qué oponernos a la riqueza y las oportunidades heredadas per se, los liberales deberíamos sospechar cuando esos privilegios heredados se sustentan en el poder del Estado.

Dicho esto, la monarquía es una institución bastante benigna que llena a mucha gente de un sentimiento de estabilidad y orgullo nacional. ¿Quién soy yo para negárselo a la mayoría de los británicos que apoyan la monarquía? Siento un enorme respeto por la difunta Reina Isabel II y otros miembros de la realeza, como el Rey, la Reina Camilla y la Princesa Ana, cuyos rasgos de carácter inconformista y compromiso con el deber son admirables.

Espero que algún día se pueda convencer a un número suficiente de personas para que se opongan a la monarquía como parte de un movimiento más amplio que impulse a Gran Bretaña en una dirección más liberal. Hasta entonces, sólo puedo desear al Rey lo mejor en la ingente tarea de estar a la altura del legado de su difunta y gran madre.

La advertencia de David Hume sobre las guerras permanentes

Daniel Klein. Este artículo fue publicado originalmente por Law & Liberty.

La propaganda se frena con el desafío abierto y la disputa enérgica. Pero es difícil discutir sobre el propio gobierno en tiempos de guerra, porque uno puede ser tratado como un apologista del enemigo, o incluso como un enemigo declarado. La propaganda es tal vez peor que en tiempos de guerra. Es entonces cuando es más probable que el gobierno destruya las preciadas libertades nacionales.

En cuanto al gobierno de Estados Unidos en la actualidad y su conducta en las intervenciones militares y en el extranjero, me atrevo a decir que dudo bastante de su sabiduría y virtud. En cuanto a la guerra de Ucrania y otras cuestiones relacionadas, me convencen voces como John Mearsheimer, los caballeros de The Duran y los sabios del canal de YouTube de Andrew Napolitano.

“Imprudente vehemencia”

La filosofía y la erudición proporcionan un respiro de lo terrible. Boecio escribió -en prisión, a la espera de su ejecución- sobre el consuelo de la filosofía. Yo encuentro consuelo en la lectura de textos demasiado antiguos para conocer los terribles acontecimientos de hoy. Pero a veces las conexiones son inevitables.

Participo regularmente en un grupo de lectura, y en este momento nuestro texto son los Ensayos de David Hume, que contienen Del equilibrio de poder. Termina con varios párrafos sobre la “imprudente vehemencia” de Gran Bretaña en sus numerosas guerras contra la Francia absolutista. Esos párrafos son notablemente relevantes para las cosas de hoy, tal como yo las veo. Al adentrarse en esos párrafos, uno se entera del pensamiento de Hume y de una forma de ver los acontecimientos de hoy.

Escuchando a Hume en 2023

Hume presenta a Francia como una amenaza real para Gran Bretaña. Habla de ella como “esta potencia ambiciosa”, una que es “más formidable [de lo que fueron Carlos V y los Habsburgo] para las libertades de Europa”. Parecía respaldar los esfuerzos de Gran Bretaña por “protegernos contra la monarquía universal y preservar al mundo de un mal tan grande”.

Es posible que esas declaraciones fueran sinceras, y es posible que fueran acertadas. Pero Hume era un escritor cauteloso, y sin duda escribía para persuadir a la clase dominante. Sin embargo, lo más notable de Del equilibrio de poder es cómo concluye. Hume dice que Gran Bretaña ha hecho la guerra “en exceso”, pide “moderación” y da sus razones. Si aplicamos esos párrafos a la actualidad, podríamos pensar en Estados Unidos en lugar de Gran Bretaña, y en Rusia o China (o ambas) en lugar de Francia. Ucrania, Alemania y otros países de la OTAN ocuparían hoy el lugar de los aliados de la Gran Bretaña de Hume.

El ensayo, que apareció por primera vez en los Discursos Políticos de Hume de 1752, comienza señalando que la frase “el equilibrio de poder” es nueva y ahora muy utilizada, y hoy en 2023 podemos confirmarlo (ver aquí). Hume se pregunta si es sólo la frase lo que es nuevo, o si el propio concepto de equilibrio de poder es nuevo.

El imperio romano y el de los Estados Unidos

La respuesta es clara: “En toda la política de Grecia, la ansiedad, con respecto al equilibrio de poder, es evidente, y se nos señala expresamente, incluso por los historiadores antiguos”. La gente en la antigüedad estaba realmente preocupada por el surgimiento de potencias rivales, y actuaban para preservar un equilibrio de poder. “Tucídides representa la liga, que se formó contra Atenas, y que produjo la guerra del Peloponeso, como debida enteramente a este principio”. Los atenienses eran entonces “el pueblo más bullicioso, intrigante y belicoso de Grecia”, que encontraba “su error en meterse en todas las disputas”.

Si eso no le hace pensar en Estados Unidos, quizá lo hagan las observaciones de Hume sobre Roma. El Imperio Romano se había vuelto tan dominante, como la antigua unipolaridad de Estados Unidos, que la idea del equilibrio de poder se volvió algo inapropiada. Los líderes de fuera de Roma percibían la creciente hegemonía romana, y consentían o apoyaban activamente a Roma. Hume menciona a Massinissa de Numidia, Atalo de Pérgamo y Prusias de Bitinia, hombres que, “al satisfacer sus pasiones privadas, fueron, todos ellos, los instrumentos de la grandeza romana; y nunca parecen haber sospechado que estaban forjando sus propias cadenas, mientras avanzaban en las conquistas de su aliado”. (Pienso en el actual Canciller alemán, Olaf “Actuaremos juntos” Scholz).

El equilibrio del poder

Hume destaca a un hombre atrapado en medio, en Sicilia, entre Roma y Cartago, Hiero de Siracusa, que actuó en ayuda de Cartago para preservar el equilibrio entre esas dos potencias. Hume cita al historiador griego, Polibio, diciendo que Hiero ayudó a Cartago “para que por la caída [de Cartago] el poder restante [Roma] pudiera, sin contraste ni oposición, ejecutar todo propósito y empresa. La [F]orza [nunca debe] ser arrojada en una sola mano, como para incapacitar a los estados vecinos de defender sus derechos contra ella”. Es raro que una gran potencia se parezca a un déspota benevolente.

Hume resume:

En resumen, la máxima de preservar el equilibrio de poder se basa tanto en el sentido común y el razonamiento obvio, que es imposible que haya escapado por completo a la antigüedad, donde encontramos, en otros particulares, tantas marcas de profunda penetración y discernimiento.

David Hume

Moderación

Llevando la discusión de vuelta a su propio tiempo, Hume pasa entonces a la principal preocupación de Gran Bretaña, que es Francia. Felicita a Gran Bretaña por estar “a la cabeza” contra Francia en una serie de guerras, diciendo que los británicos “están animados con tal espíritu nacional, y son tan plenamente conscientes de las bendiciones de su gobierno, que podemos esperar que su vigor nunca languidezca en una causa tan necesaria y tan justa”.

Pero la siguiente frase da un giro:

Por el contrario, si podemos juzgar por el pasado, su ardor apasionado [es decir, el de los británicos] parece requerir más bien cierta moderación; y se han equivocado más a menudo por un exceso loable que por una deficiencia censurable.

David Hume

Que el vigor de Gran Bretaña nunca languidezca, pero requiere moderación.

Tres argumentos

A continuación, Hume enumera tres argumentos a favor de moderar la belicosidad británica hacia Francia. En primer lugar, Gran Bretaña ha estado demasiado poseída por el “espíritu de celosa emulación, [más que] actuada por las prudentes opiniones de la política moderna”. El desafortunado espíritu de emulación se produce cuando “cada estado parece haber tenido más en cuenta el honor de liderar al resto, que cualquier esperanza bien fundada de autoridad y dominio.”

“Nuestras guerras con Francia”, escribe Hume, “se han iniciado con justicia, e incluso, tal vez, por necesidad; pero siempre han sido demasiado empujadas por la obstinación y la pasión.” A continuación, Hume enumera tres casos de hostilidades infructuosamente prolongadas:

  • “La misma paz, que después se hizo en Ryswick en 1697, se ofreció ya en [1692];”
  • “la concluida en Utrecht en 1712 podría haber sido terminada en tan buenas condiciones en Gertruytenberg en [1708];”
  • “y podríamos haber ofrecido en Frankfort, en 1743, las mismas condiciones que aceptamos con gusto en Aix-la-Chapelle en [1748]”.

Guerra de Ucrania

Hoy, ¿cuál es el objetivo realista en Ucrania? ¿Por qué aplazar las negociaciones y la resolución? Hume escribe que es “debido más a nuestra propia vehemencia imprudente, que a la ambición de nuestros vecinos” que hemos sostenido “la mitad de nuestras guerras con Francia, y todas nuestras deudas públicas.”

En segundo lugar, Gran Bretaña, siendo “tan declarada en nuestra oposición al poder francés,” se ha mostrado también “tan alerta en defensa de nuestros aliados.” ¿Cómo responden entonces los aliados de Gran Bretaña?

Siempre cuentan con nuestra fuerza como con la suya propia; y esperando continuar la guerra a nuestra costa, rechazan todos los términos razonables de acomodación.

David Hume

Si eso no le recuerda a Ucrania, considere lo siguiente sobre la aliada Hungría, frente a Prusia:

Todo el mundo sabe, que el voto faccioso de la Cámara de los Comunes, al principio del último parlamento, con el humor profeso de la nación, hizo a la reina de Hungría inflexible en sus términos, e impidió ese acuerdo con Prusia, que habría restaurado inmediatamente la tranquilidad general de Europa.

David Hume

En tercer lugar, “somos tan verdaderos combatientes, que, una vez comprometidos, perdemos toda preocupación por nosotros mismos y nuestra posteridad, y sólo consideramos cómo podemos molestar mejor al enemigo”. Hoy en día, molestar al enemigo llega hasta el punto de cambiar de régimen.

La deuda pública

Una preocupación para la posteridad -entonces como ahora- es la deuda pública: “Hipotecar nuestros ingresos a un ritmo tan alto, en guerras en las que sólo éramos cómplices, fue sin duda el engaño más fatal del que jamás haya sido culpable una nación con pretensiones de política y prudencia. Ese remedio de la financiación [deuda pública], si es un remedio, y no más bien un veneno, debería, con toda razón, reservarse hasta el último extremo; y ningún mal, salvo el mayor y más urgente, debería inducirnos jamás a adoptar un expediente tan peligroso”.

En el volumen de Hume de 1752 (al igual que en el volumen moderno), el ensayo Del equilibrio de poder fue seguido inmediatamente por De los impuestos y Del crédito público. En este último, Hume denuncia la acumulación irresponsable de deuda pública, escribiendo:

Cuando veo a los príncipes y a los estados peleando y riñendo, entre sus deudas, fondos e hipotecas públicas, siempre me trae a la mente un partido de garrotazos librado en una tienda de chinos.

David Hume

Deuda y dependencia

La deuda pública, explica Hume, se ha disparado como consecuencia de la guerra. Con una advertencia que prefigura las de Alexis de Tocqueville, escribe en Del crédito público:

Pero nuestros hijos, cansados de la lucha y encadenados por las cargas, pueden sentarse seguros y ver a sus vecinos oprimidos y conquistados, hasta que, al final, tanto ellos como sus acreedores queden a merced del conquistador.

David Hume

Pienso en el comentario de Adam Smith en sus Lecturas sobre Jurisprudencia: “Un país conquistado, en cierto modo, sólo cambia de amos”. En otro ensayo, Hume dice que “el pueblo” en los estados absolutistas europeos “eligió confiar a su príncipe ejércitos mercenarios, que fácilmente volvió contra sí mismo.”

El destino de las “monarquías enormes”

Volvamos a Del equilibrio de poder: Es en el espíritu de presentimiento tocquevilliano que Hume concluye. Hume invita a los británicos a pensar en sí mismos como oponentes necesarios de la imperial y despótica Francia, pero no de forma excesiva. En el último párrafo, lanza otra bola curva, sugiriendo que la propia Gran Bretaña está derivando hacia la arrogancia de Atenas antes de la Guerra del Peloponeso y del Imperio Romano. “Las guerras se desarrollan a gran distancia e interesan a una parte tan pequeña del Estado”. Hoy, muchos estadounidenses se preguntan: ¿Por qué nuestro gobierno está librando una guerra por poderes contra Rusia?

El mensaje de Hume en el último párrafo se resume en sus frases primera y última:

Las monarquías enormes son, probablemente, destructivas para la naturaleza humana; en su progreso, en su permanencia, e incluso en su caída, que nunca puede estar muy distante de su establecimiento. … Y el melancólico destino de los emperadores romanos, por la misma causa, se renueva una y otra vez, hasta la disolución final de la monarquía.

David Hume

Hume, dirigiéndose a la clase dirigente, les incita a preguntarse si se están convirtiendo en emperadores romanos arrogantes. Los gobernantes estadounidenses podrían preguntarse si su belicosidad se parece a la de la Gran Bretaña de Hume y, por tanto, a la arrogancia de Roma.

La Casa Blanca y el Pentágono están cerca del Monumento a Washington, pero ahora lejos de George Washington.

Destrucción de capital

Para hablar del capital se requiere tomar en cuenta tres elementos indisolubles: Un individuo, un bien y una expectativa. Al individuo lo llamaremos “capitalista” y tiene la capacidad de tomar decisiones, repetir su proceso y acumular riqueza; el bien u objeto tiene que ser propiedad del capitalista y la expectativa es la esperanza del capitalista de obtener una ganancia mediante el intercambio libre y voluntario con otro capitalista de las mismas características. Adicionalmente, podemos decir que una sociedad es capitalista si la relación fundamental entre los hombres se basa en el intercambio libre y voluntario, al que llamaremos comercio.

El capital como institución de la humanidad tiene su origen desde que el hombre se atrevió a abandonar las prácticas salvajes para conseguir algo y, en su lugar, hacer intercambio libre y voluntario. La práctica del trueque data de unos 40 siglos atrás. Pero los términos capital, capitalista y capitalismo quizás se le deben a Carlos Marx quien vivió en el siglo XIX.  Hoy día, apenas se está comprendiendo su naturaleza, esencia y dinámica. Antes, cuando solo había tribus salvajes, no había capital y aun ahora, hay países que no tienen capital, aun cuando poseen fábricas, cañones, tanques, etc. Véase el caso de Corea del Norte, donde está abolida la propiedad privada y, por ende, no puede haber capital, ni capitalistas, ni capitalismo.

Capital y propiedad privada

El capital surge como hijo de la institución más importante y revolucionaria de la humanidad: la propiedad privada. Desde el momento en que la sociedad reconoce que un bien pertenece a un individuo y no a otro, ni a la comunidad, y que ese individuo tiene el derecho de usar ese bien para intercambiarlo, regalarlo, usarlo a manera de garantía o destruirlo, sin que nadie tenga el derecho de impedírselo, allí está surgiendo la denominada propiedad privada. Aquel individuo “A” poseedor del bien empieza a soñar, a calcular y sale de su cueva para ofrecerlo a alguien “B” que le interese y que tenga un bien u objeto que satisfará el gusto, necesidad o capricho del primero.

Observe que aquel individuo propietario estará especulando. Cree que puede obtener un bien u objeto que le será más provechoso que el que ahora tiene. Se hace el intercambio porque ambos sienten que ganan, ambos son más felices después de la operación. Debido tan solo a esa expectativa es que el bien que posee cada uno se transforma en capital. Nótese que el capital está asociado a la propiedad privada, y a una expectativa de obtener beneficios. Y esto no sería posible si los individuos no disfrutaran de la libertad de hacer trueque.

Los vikingos fueron una tribu salvaje que, para conseguir tierras, caballos u otros bienes que tenían otras tribus, realizaban despojos y masacres. Y regresaban con animales, mujeres, semillas, etc. Pero nada de eso era capital, pues los hombres no tenían el derecho de comercializarlo. Lo podían poseer, pues se los repartía su líder. Pero, en esos oscuros siglos, no se desarrollaba aún el concepto de propiedad privada y menos el del capital.

Carlos Marx

Carlos Marx vivió en un mundo complejo que no pudo entender del todo. Sin embargo, observó a ciertos individuos muy especiales, diferentes al resto de los mortales. Eran individuos que encabezaban a otros individuos, los ponían a transformar materia prima en talleres para generar artículos. Luego este organizador los vendía en comunidades aledañas o los exportaba a otros países. Aún cuando tenía encerrados a decenas, cientos o miles de individuos, nadie estaba obligado. No había coacción. Quien quería dejar de trabajar simplemente dejaba de asistir y el organizador, naturalmente, dejaba de pagarle el salario del día. Era un fenómeno nuevo, desconocido dos siglos atrás.

A estos organizadores Marx les llamó “capitalistas”, pues la simple palabra capital significa cabeza y eso eran estos hombres, cabezas de gente, de grupos productivos. Ahora bien, en las viejas tribus también había cabezas u organizadores, eran los jefes de tribu, pero estos utilizaban la coacción, el castigo. De tal suerte que a la gente que no obedecía, simplemente la mataban.

Magos

Carlos Marx observaba que estos capitalistas eran como una especie de magos. Cuanto más riqueza obtenían, más industrias hacían, compraban más materia prima, contrataban más trabajadores y buscaban vender sus productos hasta el último rincón del planeta. El mundo se sentía feliz por los maravillosos productos, como las sedas que se producían gracias a los capitalistas chinos. O al atún que los empresarios finlandeses envasaban. O al vino que exportaban los capitalistas italianos, etc.

Por supuesto, estos capitalistas despertaban todo tipo de envidias de aquellos que no tenían el valor, el coraje o decisión de tomar riesgos. Algunos incursionaban en el campo productivo. Pero pocos lo lograban. El éxito de algunos terminaba en el fracaso. Es porque no se daban cuenta de que surgían competidores con mejores planes, mejores productos y a mejor precio. Es la dinámica propia del capitalismo.

La envidia

Otros capitalistas dejaban sus grandes negocios en manos de los hijos. Muchos de estos solo se dedicaban a disfrutar las ganancias y esas empresas terminaban desapareciendo. Hasta se creó una frase lapidaria: Abuelo millonario, padre rico, nietos pordioseros. Así que el mundo capitalista está lleno de oportunidades para visionarios, pero con riesgos naturales, propios del mercado, la competencia, el cambio de gustos, preferencias y caprichos, etc.

Pocas sociedades se dieron cuenta de que esos odiosos capitalistas, dueños de grandes talleres, con cuentas supermillonarias, eran precisamente los ángeles que daban bienestar, prosperidad y felicidad a los pueblos. Surgieron las grandes envidias que empezaron a destruir un mundo promisorio. Acusaron de “explotador” al dueño del taller, pero a nadie se le ponía un rifle en la cabeza para laborar allí. El trabajador tenía el derecho de negociar su salario o abandonar el taller. Si después de una semana, quincena o mes el obrero sentía que su trabajo merecía doble o triple paga, podía acudir con el patrón y solicitar nuevo sueldo. Por supuesto que el patrón podía evaluar y llegar a la conclusión de subirle el sueldo o despedir al trabajador para que éste buscara otras opciones. Y era lo correcto.

Marxismo

Pero algunos trabajadores se contagiaron de ideas marxistas anticapitalistas. decidieron aliarse contra el patrón y amenazarlo con parar la producción si no se les pagaba mejor salario. Algunas empresas accedían, otras, mejor clausuraban el negocio. Además, por ignorancia o mala fe crearon sindicatos mafiosos para aliarse con el poder político.

Se apoyaron en el gobierno para golpear a los capitalistas mediante el derecho de huelga, los incrementos salariales obligatorios y las cuotas sindicales que terminaron enriqueciendo a los líderes de la organización obrera. Los capitalistas se sintieron agredidos y bajaron el ritmo de sus sueños o se retiraron a la vida privada con un sabor amargo en la boca.

Destrucción del capital

Ahora hay maneras sofisticadas para destruir el capital y con el consentimiento y aplauso de los pueblos. Por ejemplo, si un gobierno construye una empresa textil, una refinería, si hace un metro para la ciudad, si construye escuelas y universidades públicas, si hace hospitales públicos, si da pensiones a la tercera edad, subsidio a los estudiantes, a las madres solteras, si destina subsidios al deporte. Todo ello constituye destrucción de capital y poca gente se da cuenta. Una verdadera desgracia.

¿Quién pierde con los golpes al capital? Los capitalistas simplemente se van a otros países. Pero con su retiro ya no comprarían materia prima que elaboran miles de trabajadores, ya no abren nuevas plazas de empleo, ya no comprarían nuevas máquinas, ni producirían nuevos bienes que estaban destinados a la felicidad de mucha gente. En resumen, el golpe a los capitalistas golpea a mucha gente que no se ve, que ni se enteran por qué no hay donde emplearse, por qué los productos suben de precio y no hay variedad. Nunca comprendieron que mientras más ganaba un capitalista, mas se beneficiaba la gente.

“La maldad del capitalismo”

La propaganda marxista creó tanta animadversión contra los capitalistas, llegando al extremo de destruirlos por completo: La revolución rusa aniquiló a cinco millones de pequeños empresarios del campo (los kulaks). La revolución china de Mao Tze Tung miles de comerciantes fueron ridiculizados, torturados y linchados por masas dirigidas por el Partido Comunista de China. En Cuba, el Che Guevara decretó la eliminación de la propiedad privada para impedir que algunos se hicieran ricos, así mismo en Nicaragua con el comunista guerrillero Daniel Ortega; en Venezuela con Hugo Chávez, etc.

Previamente, en todos estos países se difundió, a través de todos los medios de comunicación, “la maldad del capitalismo”; lo acusaron de crear pobreza, desigualdad, destrucción del ambiente, etc. y difundieron la fantasía marxista del poder bienhechor del Estado: que el capitalismo era un sistema depredador, nocivo y criminal y que, por lo tanto, había que destruirlo y sustituirlo con la mano angelical del gobierno. Y de tanto repetirlo, la gente lo creyó y abrazó el ideal marxista. Así toleraron la destrucción del capital y el crecimiento del Estado.

El suicidio de una nación

Para eliminar el capital se requiere eliminar la institución propiedad privada. Y lo llevaron a la práctica. Vieron que Adolfo Hitler prohibió el capitalismo y resolvió el problema del desempleo. Había dado trabajo a todas las mujeres en los hospitales, las fábricas, las escuelas. Y todos los jóvenes fueron incorporados como empleados del gobierno para servir en el ejército, en las fábricas de armas o como estudiantes de la universidad. Entonces, todos creyeron que estaban solucionando toda la problemática de la sociedad.

“En efecto”, pensaron los nazis, “no hacen falta el capital, ni los empresarios, ni los mercados”, solo se necesita un gobierno bueno, inteligente y profesional que controle toda la economía para que todo funcione de maravilla. Una creencia equivocada que la pagaron con millones de muertos, hambrunas, crímenes, violencias, atraso y destrucción de vidas y haciendas.

La lección debió ser clara para todos: Ningún gobierno puede sustituir al capital, al capitalismo, a los capitalistas. Intentarlo solo produce resultados negativos para la sociedad. Destruir el capitalismo es equivalente a darse un pistoletazo en el pie; es cometer suicidio de una nación. ¿Algún día aprenderemos la lección?

Madrid Distrito Capital

Hace unas semanas Begoña Villacís hizo unas declaraciones interesantes. Después de años donde Ciudadanos defendía una especie de jacobinismo territorial, la vicealcaldesa de Madrid propone ahora utilizar la ley de capitalidad para dotar a su ayuntamiento de más autonomía fiscal.

La ley de capitalidad es una gran desconocida para el común de los mortales. Se trata de una ley cuyo fin es dotar a las ciudades de gran población de unos órganos de gobierno más acordes a su tamaño. Así que debería llamarse ley de ciudades de alta densidad poblacional. Que no tenga ese nombre tiene su explicación, que vamos a ver más tarde.

“Madrid se va”

Las declaraciones de Villacís, que venían antecedidas de otras del propio alcalde, han provocado multitud de reacciones. De entre todas, un artículo de Hughes en La Gaceta plasma muy bien lo profundo que es este asunto. Madrid se va, se titula. Animo a leerlo completo, ya que el autor es extremadamente bueno en plasmar, en pocas líneas bien escritas, multitud de ideas interesantes y complejas.

Extraigo las que creo que son las ideas generales del artículo:

  • Madrid ha experimentado un crecimiento económico que no se ha visto con buenos ojos por las élites políticas vascas y catalanas.
  • Este crecimiento viene impulsado principalmente por una financiación exterior que puede transformar a la ciudad en un centro de negocios internacionales, lo que provocaría su desmembración del resto de España.
  • Este crecimiento podría no ser obstaculizado por las fuerzas políticas del resto del país siempre que se alcanzara un consenso territorial entre derecha e izquierda que tendría como base una España federal.

Las tres ideas, con alguna matización, me parecen que plasman bastante bien la situación actual. Vamos a intentar desarrollar cada una.

El crecimiento de Madrid

Madrid ha crecido mucho desde la transición, tanto en habitantes, como económicamente. Para muchos ha sido gracias al privilegio de ser capital del Estado. Para otros ha sido mérito de las políticas de la derecha en la Comunidad y en el ayuntamiento. Por no alargarnos demasiado, vamos a quedarnos con el consenso: el crecimiento es innegable y los gobiernos de derecha (en la Comunidad) y la capitalidad están garantizadas para los próximos años.

Así que Madrid va a seguir creciendo. Esto es bueno para todos, menos para dos grupos de personas: los que creen que la economía es un juego de suma cero y para aquellos que no quieren bonanza económica, sino desarrollar un plan político que pasa porque sus adversarios sean débiles.

El PNV

A los primeros los vamos a obviar para centrarnos en los segundos y, dentro de los segundos, vamos a hablar del PNV. El País Vasco tiene todos los ases para ganarle una partida económica a Madrid. Financiación propia e influencia decisiva en el parlamento nacional, que en última instancia maneja buena parte de la forma en la que se financia la Comunidad de Madrid. Pese a estas ventajas, no han logrado su objetivo, bien por incompetencia propia o por mérito del rival. Lo que es innegable es que han optado por la vía de elevar su apuesta apoyando al gobierno más disparatado posible a nivel nacional, al mismo tiempo que elevan críticas surrealistas sobre la fiscalidad de Madrid.

Esto no es el típico victimismo sobre el nacionalismo independentista y sus nefastas consecuencias para el conjunto del país. Es una crítica legítima a un partido que, pudiendo centrarse en el crecimiento de su territorio, lo fía todo a un privilegio estúpido que le han concedido sus adversarios, y aun así (o precisamente por eso) fracasa en ambos sentidos.

Así que cualquier intento de Madrid por modificar su política fiscal para fomentar el crecimiento va a tener la oposición de fuerzas políticas que tendrían que tener poco que decir en este asunto.

Una ley para todos, no sólo para la capital

Sobre la financiación del crecimiento de Madrid, es y seguirá siendo internacional. El Estado tiene una deuda avalada por nuestros socios europeos que nos hipoteca para varias generaciones, y el tejido empresarial español es totalmente dependiente del BOE o está intentando salir del país. Pero que sea internacional no tendría que significar mucho. La clave está en qué ideas o valores guían a la sociedad que atrae la financiación.

Me imagino que Hughes va por ahí cuando desconfía de los planes de Villacís o Ayuso. A mí me pasa lo mismo, aunque por razones algo diferentes.

Aquí volvemos al porqué del curioso nombre de la ley que se aspira a reformar. La ley de capitalidad se llama así porque es una ley ad hoc para Madrid. Si mañana, por poner un ejemplo, todo el cinturón de ciudades dormitorio de Madrid se unieran en un solo municipio que igualara a la población de la capital, no se podrían acoger a dicha ley, sino que se tendría que redactar otra que se llamará, por decir algo, ley especial del cinturón urbano de Madrid. Y es que es este uno de los cánceres que tenemos en España: hacemos una ley para cada cosa, en vez de una ley que trate a todas las cosas por igual.

Cualquier liberal está a favor de un municipio de Madrid con autonomía fiscal y financiación extranjera. Pero siempre y cuando esta autonomía pueda ser accesible al resto de municipios que cumplan los mismos requisitos, y que esa financiación extranjera no venga con privilegios que la española no disfrute. Es algo bastante básico, y la obcecación de ciertos políticos de Madrid por obviar lo evidente convierte en legítimas cualquier sospecha sobre los valores que van a primar en esas administraciones autónomas que aspiran a gobernar.

España federal

Por último, tenemos el tema de la España federal. Hay que partir de un consenso básico: el actual sistema de las autonomías no funciona. Existen muchos motivos, pero el principal es su disparatado sistema de financiación.

Si la democracia ya tiene sus limitaciones a la hora de que los ciudadanos puedan juzgar la labor de los políticos, si separas a la administración que recauda de la que gasta el sistema deja de tener sentido.

Pero esto no apoya la idea de una España federal, sino todo lo contrario. La clase política española es la que es. Podrá cambiar, siempre que la sociedad empuje en esa dirección. Cosa que ahora no ocurre. Así que cualquier reforma territorial va a ir en la misma línea que la España de las autonomías actual, llevándolas al extremo.

Riqueza y oportunidades

Después de analizar los tres puntos parece que la idea de Villacís anuncia el principio de un desastre nacional. De un Madrid que se va. Pero yo no lo creo.

Hay una ventaja de Madrid distrito capital (o cualquier grado de autonomía fiscal que pueda conseguir Madrid) que no está teniendo en cuenta Hughes: la riqueza genera oportunidades. El futuro de un Madrid financiado por venezolanos y BlackRock puede ser incierto, pero tiene más posibilidades que el de una Asturias convertida en geriátrico.

En marcha

Al final, el aumento de riqueza de un territorio se traduce en mayor capacidad económica para los millones de habitantes que lo habitan. Estos ciudadanos pueden dilapidar su fortuna en pocos años vía consumo y malas ideas, o pueden fomentar instituciones exitosas que forjen un futuro para muchas generaciones.

Ni los pesimistas conservadores, ni los optimistas liberales podemos saber qué va a pasar. Pero todos sabemos lo que ocurre cuando no te mueves. Y España lleva demasiado tiempo sin moverse económicamente. Así que quizá sea el momento de aceptar las pocas iniciativas que parecen ir en la buena dirección, aunque el camino esté lleno de incertidumbre. Al fin y al cabo, la historia nos enseña que los españoles no sabemos movernos de otra forma, y de momento todavía seguimos aquí.

Tucker Carlson, libertad de expresión y censura

Parecía difícil de creer, pero así fue. El presentador más popular, con más audiencia de Fox News en los EEUU, fue despedido de la noche la mañana, sin previo aviso sin poder despedirse. No era sólo el más popular de la cadena conservadora, sino que multiplicaba varias veces la audiencia de su competencia en la progresista CNN. Era claramente el comentarista político más influyente de todo EEUU. Líderes de la izquierda norteamericana como Ocasio-Cortez celebraron que la censura haya ganado. Haciendo ver abiertamente, de nuevo, la oposición parece que intrínseca a la izquierda hacia la libertad de expresión.

Debates importantes y debates irrelevantes

Su primera aparición después de hacerse público el despido fue un vídeo de un par de minutos en Twitter que por cierto batió récords de audiencia. En este breve vídeo habla de

Cuán increíblemente estúpidos son los debates que hay en televisión. Son completamente irrelevantes. No significan nada. Sin embargo, al mismo tiempo, y esto es lo sorprendente, los asuntos innegablemente importantes, los que definirán nuestro futuro, casi no se discuten en absoluto. Guerra, libertades civiles, innovaciones científicas, cambio demográfico, el poder de las grandes empresas, los recursos naturales. ¿Cuándo fue la última vez que oyó un verdadero debate sobre alguno de estos temas? Ya va para largo. Debates así no están permitidos en los medios estadounidenses. Tanto los partidos políticos como sus donantes han llegado a un consenso sobre lo que les beneficia, y actúan en connivencia para cerrar cualquier conversación al respecto.

Tucker Carlson

Farmacéuticas accionistas

Pero, ¿por qué fue despedido Carlson? Es probable que fueran un cúmulo de hechos. Como también lo es que unos prevalecieran más que otros. Una pista importante parece encontrarse en su último editorial en la cadena. En este, ataca a los medios de comunicación por actuar en connivencia con la industria farmacéutica, que a su vez les financia. Su propia cadena Fox News, sin ir más lejos, tiene entre algunos de sus principales anunciantes a gigantes farmacéuticos como Novartis o GlaxoSmithKline.

El fondo Vanguard posee un 6,9% de Fox y Blackrock un 4,7%. Ambos están entre los principales propietarios de Pfizer, con más de un 15% de propiedad de la compañía juntos. Y oh casualidad, ambos poseen semejante propiedad de Moderna y Johnson & Jonshon, compañías particularmente relevantes en los tiempos del covid. Compañías, por cierto, que han gastado mucho más dinero en todo este tiempo en publicidad, marketing y propaganda que en investigación (por ejemplo, casi el doble en el primer concepto que el segundo por parte de Johnson).

Heritage Foundation

El CEO de Pfizer, Albert Bourla, expresó en la publicación de los resultados de su compañía en 2022 la importancia para ellos que tenía la percepción positiva de la empresa entre la población. Una percepción positiva que públicamente no compartía Carlson. Pregúntese por un momento si conocen un sólo periodista influyente español en algún medio relevante e importante de comunicación que haya hecho siquiera preguntas incómodas sobre empresas farmacéuticas en los últimos años del covid. Carlson parecía demasiado importante y popular para permitirse hacerse dichas preguntas frente a la cámara.

Su último discurso en la muy popular organización/think tank conservadora americana Heritage Foundation por su 50 aniversario puede resultar también clave para entender lo no sólo políticamente incorrecto que es, sino lo libre que se sentía y siente de hablar en público de temas que no suelen hablarse en público. Fue el 16 de febrero de 2023.

George Soros

Habló de una batalla espiritual entre el bien y el mal. De una izquierda no sólo como movimiento político sino impulsado desde una fuerza del mal. Un movimiento que normaliza, tolera o incluso fomenta culturas de muerte, sacrificios de la población, sexualización y abuso de menores. El verano del año pasado incluso llegó en su programa atacar abiertamente la influencia de George Soros sobre los gobiernos occidentales, otra figura y asunto intocables.

Otro de los anatemas, quizás tanto más siendo un comentarista conservador, fue especialmente desde la guerra de Ucrania revisar sus propias ideas sobre la política exterior de EEUU. Así, llegó a afirmar en alguna entrevista que considera que su mayor error como periodista fue apoyar la guerra de Irak de George W. Bush.

La creciente falta de libertad de expresión, precisamente en Occidente donde nos creíamos paladines de las libertades civiles y políticas, es un tema más que preocupante. Periodistas no progresistas cancelados por sus propios medios los deberíamos tener presentes en España con casos como Ussía en El Mundo, Sánchez Dragó en La Razón o Hughes en ABC. Está bien ser libre, incluso está permitido en un gran medio. Pero sólo hasta cierto punto. Puedes cuestionar la narrativa oficial. Pero sólo hasta cierto punto.

La verdad prevalece

También se ha difundido la idea de que fueron cruciales sus cuestionamientos de la limpieza electoral en EEUU frente a la empresa Dominion responsable de los escrutinios y las máquinas electorales. Pero como comenta su excompañera Megyn Kelly, no resulta convincente que si este es el motivo, permanezcan en la cadena presentadores que han cuestionado el proceso electoral más que Carlson, como es el caso de Sean Hannity.

Tucker Carlson era incómodo, demasiado incómodo. Libre, demasiado libre. Por ello y por más Hughes en La Gaceta le calificó tras abandonar Fox como ‘el mejor periodista del mundo’.

Como dijo Carlson con esperanza en su antes mencionado monólogo tras su despido de Fox:

Cuando la gente sincera dice la verdad, con calma y sin vergüenza, se vuelve poderosa. Al mismo tiempo, los mentirosos que llevan tiempo intentando acallarlos se achican. Se vuelven más débiles. Es la ley de hierro del universo: la verdad prevalece

Tucker Carlson

Dolarizar argentina es posible y deseable

Los datos del IPC de este primer trimestre 2023 muestran que Argentina ya ha superado la inflación del 100 % para los últimos doce meses. Resumiendo la historia reciente, la convertibilidad de 1991 a 2001 le ha dado a la Argentina los 10 últimos años de estabilidad monetaria.

Las propuestas de dolarización

El kirchnerismo (2003-2015) cambió las reglas, y con ello volvió la inflación. Federico Sturzenegger, bajo el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019), fracasó en el último intento de configurar un programa de estabilización. Y bajo el gobierno de Alberto Fernández (2019-2023) se han sucedido diversos ministros de economía que jamás tuvieron en carpeta la idea de estabilizar los precios, y si lo hicieron, fue a través de un fallido intento de controlar algunos precios. La situación actual, sin embargo, no es una excepción por una sucesión de malas gestiones de la moneda. Desde la creación del Banco Central de la República Argentina en 1935, esta situación de inestabilidad ha sido la norma.

Las propuestas de dolarización se habían multiplicado hacia fines de la década de 1990 como consecuencia del posible abandono de la convertibilidad. De hecho, Carlos Menem llegó a proponerla primero en 1999 ante la devaluación de Brasil, y luego como su plan de gobierno en 2003, cuando abandonó el ballotage que lo hubiera enfrentado a Néstor Kirchner. Entre aquellas propuestas quizás la que más ruido hizo fue la de Steve Hanke, un economista extranjero que contribuyó a que otros países tomaran ese camino, como fue el caso de Ecuador y El Salvador. En ese mismo momento, el propio Domingo Cavallo, padre de la convertibilidad, había rechazado la propuesta, lo mismo que la mayoría de los economistas locales, con escasas excepciones.

Propuesta de 2014

En la coyuntura de los últimos años las propuestas vuelven a emerger, aunque ahora con una representación más local. Por un lado, junto a Nicolás Cachanosky presentamos una propuesta de reforma del sistema financiero en 2014, pero el gobierno de Mauricio Macri la ignoró. Emilio Ocampo, también con Nicolás Cachanosky, presentaron una propuesta más completa en un libro de reciente publicación titulado “Dolarzación. Una solución para la Argentina”. Junto a Jorge Avila y Osvaldo Schenone, también publicamos otro libro con un carácter un poco más institucional titulado “Populismo, restricciones constitucionales y dolarización oficial para Argentina”. Y se puede mencionar también la propuesta de Alfredo Romano en otro libro titulado “Dolarizar”. Los tres libros contienen diferencias en el margen, pero resuelven muchos de los mitos que hoy circulan entre los críticos.

Comencemos por definir las dos posibilidades de dolarización. La primera implica mantener el peso, y plantear un sistema bimonetario, donde la circulación del dólar no tenga restricciones. Implica por supuesto eliminar el cepo cambiario, pero además suprimir el curso forzoso. Los argentinos podrían realizar contratos en la moneda que deseen, sea el peso o el dólar, pero también se abre una competencia entre muchas otras monedas.

Ley de Gresham

Como decía Friedrich Hayek en un libro titulado “La desnacionalización del dinero”, bajo este esquema operaría la Ley de Gresham, en la cual la moneda buena desplazará a la moneda mala. Presuponemos que los argentinos utilizarán los pesos para realizar sus pagos de impuestos y gastos, pero dejarán el dólar para otras funciones como reserva de valor. Si además el Banco Central propone una regla en la que no seguirá expandiendo la cantidad de pesos en circulación, entonces el esquema podría ir permitiendo que Argentina reduzca la tasa de inflación mes a mes, sin generar temor en gran parte de la población.

El obstáculo que algunos economistas observamos en esta propuesta es que un futuro populismo no tiene más que romper esa regla para volver a abusar de la posibilidad de monetizar los desequilibrios presupuestarios, lo que nos devolvería a la inflación en un futuro cercano, reduciendo previsibilidad a quienes quieran invertir en el país.

Segunda propuesta

La segunda propuesta es un poco más audaz, pues implica eliminar el peso. Para ello se le pedirá a los argentinos algo que ya hicieron en 1991 cuando se estableció la convertibilidad. En aquella oportunidad los argentinos se presentaron a la caja de un banco y cambiaron sus australes por dólares a una tasa de cambio de 10.000 australes por 1 peso. La ley de convertibilidad a su vez fijaba una paridad de 1 peso = 1 dólar. No sólo ello. El Banco Central además estaba imposibilitado de imprimir nuevos pesos, si no se sumaba nuevos dólares en reserva.

En estos tiempos de la era digital la conversión sería bastante más sencilla, pues bastaría un click en home banking para gran parte de la población para convertir sus tenencias en pesos por dólares a la tasa de conversión pre-fijada.

La pregunta que surge aquí es posiblemente la que más preocupa a la población, y a muchos economistas. ¿Cuál sería la tasa de conversión elegida en un país que no tiene dólares? Para quien escribe es curioso que haya economistas profesionales que sostengan que no hay dólares en Argentina. La respuesta, sin embargo, abre varias opciones, pues la tasa de conversión dependerá de numerosos factores políticos que varían de acuerdo a quienes construyen sus propuestas. Veamos algunos de estos.

¿Dolarizar sin reservas?

Quizás la primera cuestión es manifestar el volumen de pesos que hoy circula en la economía, o el que potencialmente circulará el 10 de diciembre de 2023 cuando emerja eventualmente en las urnas el próximo Presidente con ánimo dolarizador. Estos pesos implican el circulante que utilizamos los argentinos para transacciones, pero también todos aquellos pesos que los argentinos o algunos instituciones argentinas han depositado a plazo fijo en los bancos, los que a su vez, depositaron este dinero en el Banco Central animados por una atractiva tasa de interés. La preocupación es tal que puede ocurrir que para el momento de intentar dolarizar los pasivos del Banco Central multipliquen por cuatro el circulante para transacciones. ¿Cómo es posible que alguien pretenda dolarizar esta cantidad de pesos sin dólares en reserva?

La respuesta técnica a esta pregunta tiene muchas opciones también, pero la más pertinente hoy es la que han ensayado Emilio Ocampo y Nicolás Cachanosky en el libro mencionado. Para analizar este esquema debe observarse el Balance del Banco Central, donde estos pasivos se ven respaldados por una serie de activos cuya cotización en el mercado es muy baja, pero que eventualmente bajo un gobierno que genere mejores expectativas, podría intentarse canjearlos por nuevos activos a una tasa de interés menor. La idea es interesante en lo político porque implicaría una menor devaluación de la que muchos analistas proponen, al mismo tiempo que se evita que los depositantes pierdan sus activos, o se les deprecien.

El papel de la política fiscal

Aquí emerge entonces un elemento clave. El gobierno dolarizador no puede plantear simplemente un esquema de dolarización a secas. Esa medida fracasaría de inmediato. La medida debe plantearse en el marco de un esquema integral que incluya entre otras medidas un presupuesto base cero, el equilibrio o mejor aun un superávit fiscal, la baja de impuestos, la desregulación de varias áreas claves de la economía incluyendo la legislación laboral, la apertura económica, una reforma previsional y la privatización de una serie de empresas públicas hoy deficitarias. En este esquema Argentina abriría un espacio de optimismo entre inversores que tendrían interés en apostar por un país que hoy está lejos de aprovechar su potencial.

Si este cambio de reglas ocurre, entonces dolarizar es posible y deseable. Es posible porque Argentina podrá acceder a una cantidad de dólares que permitan sustituir el circulante en pesos. De ahí en adelante los argentinos harán sus contratos en dólares, los trabajadores cobrarán dólares, los impuestos se pagarán en dólares, e incluso el gasto público será en dólares. El Banco Central estará cerrado y el peso dejará de circular como de hecho lo hizo el Austral.

Argentina, un gigante dormido

En mi paso por Ecuador en 2020, invitado para participar de los 20 años de dolarización, tuve la oportunidad de conversar con varios expertos en la materia entre quienes destaca Gabriela Calderón. Esta economista me comentaba -en función de su experiencia ecuatoriana- que luego de dolarizar, los dólares que los residentes argentinos tienen hoy debajo del colchón, en cajas fuertes, cajas de seguridad, o incluso en otros países como Uruguay o Suiza, podrán emerger en Argentina para comprar los activos cuyo valor hoy están deprimidos. Argentina es un gigante dormido, y su potencial es abismalmente mayor que el que se observa hoy.

Algunos críticos afirman que si Argentina avanzará en todos estos frentes, entonces no necesita introducirse en este esquema de dolarización. El problema es que el programa de estabilización que se requiere como contrapartida tomaría bastante más tiempo del que puede disponer el próximo gobierno para estabilizar la moneda. Ya hemos visto la experiencia de Sturzenegger, quien técnicamente comprendía la causa monetaria de la inflación. La dolarización tiene muchas ventajas, una de las cuales es precisamente la estabilidad inmediata del nivel de precios. Sin este objetivo cumplido, es muy difícil poder avanzar en los otros frentes.

Dolarización contra populismo

Decíamos además que la dolarización es deseable. Lo es porque eleva el costo de des-dolarización. No fue tan difícil romper con la convertibilidad, aun cuando los argentinos votaron a Fernando De la Rúa en 1999 para que hiciera lo posible por sostenerla. Aquí se utiliza el ejemplo del ex Presidente Correa en Ecuador, quien deseaba recuperar el Sucre y con ello las políticas inflacionarias y devaluatorias, pero el ecuatoriano lo rechazó. Es posible que ante un gobierno populista futuro el argentino manifiesta una preferencia por el dólar, que ya no se le derretirá en las manos.

Es deseable, además, porque al eliminar la inflación y el riesgo de devaluación, la Argentina tendrá tasas de interés de un dígito, lo que implica recuperar el crédito y con ello el crecimiento económico. Este plan integral de gobierno implicaría un cambio radical en las reglas de juego, lo que permitirá tener una década de expansión económica que no se ha visto en los últimos tiempos.

No es necesario un banco central

Existen otros argumentos falaces que arrojan los críticos y confunden a la opinión pública, como el caso de Melconián quien afirma que 180 países tienen Banco Central. Podría argumentarse que España, Italia, Francia, Portugal, Irlanda hoy no disponen de un Banco Central que le permita monetizar sus desequilibrios presupuestarios. España abandonó la peseta, y eso le permitió terminar con la inflación y las devaluaciones, lo que le permitió experimentar un crecimiento inédito en su economía en las dos décadas siguientes. No ignoro, por supuesto, la importancia del aspecto comercial de la Unión Europea, pero es por ello que Argentina tiene que acompañar la reforma con la apertura económica y la integración comercial con otros bloques económicos extra-Mercosur.

Otros críticos observan que Argentina perderá soberanía y pasará a depender de Estados Unidos. Personalmente no veo a España perdiendo soberanía por más que haya renunciado a la peseta.

Por lo pronto, Argentina tiene la dolarización en la mesa de debate. Empresarios, banqueros y políticos lo están considerando como una opción real, y pienso que es una reforma posible y deseable que pueden contribuir a ordenar una herencia que es muy costosa para el pueblo argentino.

El lenguaje económico (XXVII): Humanismo

Humanismo en un término polisémico. Para nuestros fines lo definiremos como una doctrina ética que proclama la dignidad del ser humano. Con frecuencia, las relaciones mercantiles han sido vistas como atentatorias contra la justicia y la moral; el ejemplo más conspicuo es la (espuria) teoría marxista de la explotación, pero hay más: la condena canónica de la usura, la reputación sospechosa del comerciante y el intermediario, la crítica al dinero, el desagrado de la competencia mercantil, el odio al capitalismo y a la economía de libre mercado, etc.

Ante tales apreciaciones subjetivas, la economía no puede pronunciarse (Mises, 2011: 769). El economista tan sólo puede constatar que bajo una economía de mercado la producción depende de los deseos de los consumidores y que el ingreso que percibe cada cual depende de su capacidad para satisfacerlos. Hoy veremos tres errores de la mal llamada «economía humanista»[1].

Confusión entre el conocimiento descriptivo y normativo

Nadie exige mayor humanidad a la física, la química o la biología; sin embargo, se pide a la economía que sea más humana y solidaria, algo que está claramente fuera de su alcance. La economía es una ciencia descriptiva: «se ocupa de la efectiva actuación del hombre tal como éste opera en el mundo. Sus teoremas jamás se refieren a tipos humanos ideales o perfectos» (Mises, 2011: 769). Las ciencias normativas —ética, derecho, política— estudian las normas, principios y valores que rigen el comportamiento humano y las relaciones sociales. En definitiva, es un error mezclar dos ámbitos del conocimiento distintos: descriptivo y normativo. Esto afirma al respecto Mises:

Las doctrinas éticas pretenden establecer unas escalas valorativas según las cuales el hombre debería comportarse, aunque no siempre lo haya hecho así́. Aspiran a definir el bien y el mal y quieren aconsejarnos acerca de lo que, como bien supremo, debiéramos perseguir. Se trata de disciplinas normativas, interesadas en averiguar cómo debería ser la realidad. Rehúyen adoptar una postura neutral ante hechos ciertos e indubitables; prefieren enjuiciarlos a la luz de subjetivas normas de conducta. Semejante postura es ajena a la praxeología y a la economía.

Ludwig von Mises. La Acción Humana (Unión Editorial, 2011), p 114.

Retorcer las leyes de la economía

Esto no significa, en modo alguno, una oposición entre economía y humanismo, ni tampoco que el economista se desentienda de las cuestiones éticas, pero no es posible crear «otras» economías usando diferentes adjetivos —humanista, solidaria, nueva— o rediseñarla ad hoc según específicos fines o intereses. No está al alcance de filósofos, religiosos o políticos modificar las leyes económicas para que sean más humanitarias. Lo único que pueden hacer es:

a) Utilizar medios políticos. Se trata de un humanismo sui generis, practicado por el Estado social, que confisca la riqueza a unos para dársela a otros y retiene para sí (sostenimiento) una parte sustancial del botín. La legislación estatal en materia asistencial, aceptada por las masas, asume el principio maquiavélico: «El fin justifica los medios».

b) Utilizar medios económicos. En esta categoría, que podemos llamar humanismo genuino o ético, encontramos individuos y organizaciones que donan sus bienes privados o su trabajo a terceros, incluyendo también el activismo pacífico. Estamos ante una genuina — voluntaria — redistribución de la riqueza que renuncia a la violencia como medio para alcanzar fines humanitarios.

Invocar al mal

c) Reclamar medios políticos. Se trata de un falso humanismo donde se pide al político que utilice su poder confiscatorio para ayudar al necesitado. Aquí encontramos numerosos grupos: marxistas, comunistas, socialistas, colectivistas, igualitaristas, ecologistas, nacionalistas, estatistas, etc. Algunas religiones se han deslizado por esta peligrosa pendiente que desemboca en un sometimiento al poder político. Por ejemplo, el Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos pide una «legislación integral de protección social»[2]; por su parte, el Papa Francisco (2015: 54) dice que «urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial». Invocar al Estado —el Mal— para hacer el bien constituye una grave contradicción moral: la legalidad suplanta a la moralidad, la coacción a la libertad y la violencia fiscal a la caridad cristiana. «El gran problema de la humanidad es que hemos convertido al Estado en un becerro de oro que todos adoran» (Huerta de Soto, 2023: 10).

En conclusión, el movimiento humanista busca un fin loable: mejorar las condiciones materiales de las personas, especialmente de aquellas más pobres; pero habitualmente yerra en el diagnóstico del problema: culpar a la economía de la pobreza en el mundo es como culpar a la física de las muertes por caídas al vacío. Quienes reclaman una «economía humanista» cometen un triple error:

Triple error

a) Epistemológico. No es posible exigir a la economía, mediante adjetivos u otros expedientes lingüísticos, que se comporte de manera distinta a como prescribe el axioma central de la praxeología —la acción humana es libre e intencional con conocimiento disperso— y sus teoremas: escasez de medios, valor subjetivo, utilidad marginal, rendimiento decreciente, preferencia temporal, etc. (Zanotti, 2008). Los reclamos humanistas deben dirigirse, en todo caso, a las ciencias normativas.

b) Económico. No entienden que el capitalismo es el único sistema capaz de incrementar el nivel de vida de la humanidad mediante el ahorro, la inversión y el  aumento de la tasa de capitalización. El problema no es el capitalismo, sino su ausencia. San Juan Pablo II (1991: 43) entiende que el mercado es la mejor «cadena de solidaridad que se extiende progresivamente» y llega hasta los últimos confines de la Tierra. Quienes deseen reducir la pobreza en el mundo deberían abrazar una economía laissez faire dentro de un entorno institucional que respete irrestrictamente la libertad y la propiedad privada.

c) Ético. No es lícito emplear medios violentos para alcanzar fines. La acción humanitaria del Estado, bajo el lema espurio de la «justicia social», es inmoral porque «todos los Estados y gobiernos son una banda de ladrones» (Huerta de Soto, 2023: 12). Únicamente es ético un sistema humanitario privado.

Bibliografía

Francisco (2015). Laudato Si. Sobre el cuidado de la casa común. Web: Santa Sede.  

Huerta de Soto, J. (2023). «Anarquía, Dios y el Papa Francisco». Cuaderno Nº 24, abril 2023. Madrid: Revista Avance de la Libertad. 

Juan Pablo II (1991). Centesimus Annus. Web: Santa Sede.

Mises, L. (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

Zanotti, G. (2008): «Axiomas y teoremas en la escuela austríaca de economía». Fundación Hayek. Conferencia para el II Simposio Internacional de Escuela Austríaca de Economía (Rosario, Argentina).


[1] Título del libro del economista José Luis Sampedro (2009).

[2] https://www.noticiasobreras.es/2021/10/trabajadores-cristianos-del-mundo-piden-una-legislacion-integral-de-proteccion-social/

Serie ‘El lenguaje económico’

(XXVI) Publicidad (II)

(XXV) Publicidad (I)

(XXIV) El juego

(XXIII) Los fenómenos naturales

(XXII) El turismo

(XXI) Sobre el consumo local

(XX) Sobre el poder

(XIX) El principio de Peter

(XVIII) Economía doméstica

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

Tim Robbins carga contra los medios por ocultar la censura del Gobierno

John Miltimore. Este artículo fue publicado originalmente en FEE.

Tim Robbins ganó un Oscar en 2004 por encarnar a una víctima de dos terribles crímenes en el drama policíaco neo-noir Mystic River. El lunes, Robbins dejó claro que no se conforma con ser una víctima silenciosa.

En un tuit que llegó a casi tres millones de personas en 24 horas, el veterano demócrata y partidario de Bernie Sanders arremetió contra los demócratas que amenazaron con encarcelar al periodista Matt Taibbi tras su testimonio en el Congreso sobre los archivos de Twitter.

“Un momento vergonzoso”

“Es un momento vergonzoso para los demócratas y la prensa ‘libre'”, escribió Robbins. “Están perdiendo cualquier atisbo de credibilidad que tuvieran, malditos idiotas”.

Los comentarios de Robbins tienen su origen en una carta publicada la semana pasada por el periodista de investigación Lee Fang, que mostraba a la representante Stacey Plaskett, demócrata de Virginia, amenazando con un proceso penal contra Taibbi, de quien afirmó falsamente que había mentido bajo juramento durante un reciente testimonio en una audiencia del Congreso titulada “Arma del Gobierno Federal en los archivos de Twitter.”

Taibbi es uno de los periodistas a los que se dio acceso a los archivos de Twitter, que mostraban un amplio esfuerzo del gobierno federal por controlar y censurar la información a gran escala (incluso cuando era cierta).

Una masiva operación de censura

Robbins elogió ese reportaje, destacando a Taibbi, así como a los periodistas Bari Weiss y Michael Shellenberger (a quienes Robbins citó en Twitter).

“Recientemente, periodistas independientes (…) han estado sacando a la luz una operación de censura masiva por parte del gobierno estadounidense para controlar el contenido en las redes sociales y eliminar cualquier voz disidente”, escribió Robbins. “Podría ser la historia más importante relacionada con nuestras libertades personales en EE.UU. y está siendo enterrada. Los principales medios de comunicación no sólo han ignorado la historia, sino que ahora atacan a los periodistas…”

Los medios se convierten en fontaneros

Los comentarios de Robbins se producen pocos días después de la detención de Jack Teixeira, un guardia nacional de Massachusetts de 21 años acusado de filtrar documentos secretos del gobierno.

Teixeira, que permanece detenido y se espera que comparezca ante un tribunal de Boston el miércoles, fue puesto entre rejas con la ayuda de The New York Times y The Washington Post, que ayudaron al Pentágono en su búsqueda.

Las acciones son un marcado contraste con los Papeles del Pentágono, que fueron publicados por el Times en 1971 y le valieron un Premio Pulitzer por exponer los secretos y mentiras del gobierno sobre la guerra de Vietnam.

Muchos han señalado la ironía de que el Times trabaje de repente con el gobierno para tapar las filtraciones, como los fontaneros de Richard Nixon en la época del Watergate.

Thomas Jefferson

“Literalmente todos los días, las grandes corporaciones mediáticas… publican filtraciones de información clasificada de funcionarios anónimos”, señaló el periodista Glenn Greenwald, ganador del Premio Pulitzer. “¿Cuál es la diferencia entre ellos y Jack Teixeira? Los medios publican lo que el Gobierno les ordena”.

Estas revelaciones son muy preocupantes. En la escuela nos enseñan que el Cuarto Poder es uno de los grandes protectores de la libertad. Thomas Jefferson dijo una vez que “nuestra libertad depende de la libertad de prensa”.

Por desgracia, aunque todavía hay algunos periodistas valientes que trabajan en los medios corporativos y que están dedicados a la verdad y a la responsabilidad del gobierno, parece que las instituciones de los medios de comunicación han sido en gran medida cooptadas por el Estado.

Los estudiosos de la historia de la CIA no se sorprenderán por ello. En su exitoso libro The Devil’s Chessboard (El tablero del diablo), David Talbot describía la eficacia de la agencia a la hora de sembrar historias en unos medios dóciles durante los años de Dulles.

Murray Rothbard

Parece que las cosas no han hecho más que empeorar desde entonces. La mayoría de los medios parecen ser poco más que lo que el economista Murray Rothbard describió como Intelectuales de la Corte, sirvientes obedientes del gobierno “cuya tarea es embaucar al público para que acepte y celebre el gobierno de su Estado particular”. (Y son recompensados con acceso, primicias y contratos de libros por ello).

El hecho de que los medios de comunicación no salieran en defensa de Taibbi después de recibir amenazas manifiestas de encarcelamiento por su trabajo en la exposición de los esfuerzos del gobierno para subvertir la Primera Enmienda, junto con la ayuda del Times y el Post al Pentágono en la búsqueda de Teixeira, no son signos de un florecimiento de los medios de comunicación independientes.

Instrumento para la censura

En palabras de Robbins, en lugar de un control del poder gubernamental, los medios corporativos se han convertido en el “brazo matón de censura del gobierno”.

Enderece este barco para recuperar la libertad de prensa y de expresión no será fácil, pero el actor de Cadena perpetua ofrece una pista sobre por dónde podríamos empezar.

“Por cierto, #FreeAssange”, escribe Robbins.

James Bond a los 70

Titus Techera. Este artículo fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Hace setenta años, en 1953, Ian Fleming, planificador británico de la Segunda Guerra Mundial y supervisor de comandos, publicó una breve novela de espionaje, Casino Royale. Y así nació James Bond. El libro permitió a Fleming reimaginar la grandeza imperial británica y continuar en la ficción su dominio sobre hombres varoniles dispuestos y capaces de matar y morir por una causa, por la emoción de la lucha y por orgullo. Podía hablar en nombre de los asesinos necesarios de la sociedad civilizada.

El éxito de Ian Flemning

Gracias al uso de su imaginación, Fleming llegó a tener mucho más éxito e importancia de lo que nunca había tenido en el servicio público. Acabó orquestando una de las exportaciones culturales más exitosas de Gran Bretaña. Bond fue a mediados del siglo XX lo que Harry Potter ha sido en el siglo XXI. Pero en lugar de un empollón con gafas, ideal para el mundo forjado por las universidades selectivas y Silicon Valley, el público se enamoró de un asesino a sangre fría que parecía capaz y deseoso de rechazar todos los compromisos que el resto de nosotros sentimos que tenemos que hacer.

Esta imagen de hombría se hizo aún más popular. Y se extendió hasta donde podían llegar los medios de comunicación de masas, nueve años más tarde, en 1962, cuando apareció Dr. No, protagonizada por Sean Connery como James Bond. En total, Fleming publicó doce novelas y dos colecciones de relatos cortos, además de otras dos novelas publicadas póstumamente. Todas ellas dieron lugar a 26 películas a lo largo de los últimos 60 años; y éstas, a su vez, dieron lugar a innumerables imitaciones y nuevas historias de Bond escritas por otros autores. Se hizo público así, para siempre, al hombre misterioso, que combina el amor por la belleza con la curiosidad por las hazañas más feas imaginables.

Bond como héroe del Imperio

La combinación novela-película también dio lugar a un tipo inusual de estrellato. Llevó a la fama a cuatro actores: Connery, Roger Moore, Pierce Brosnan y Daniel Craig. Al tiempo, mantenía el glamour Bond y difundía por todo el mundo, durante generaciones, un ideal de hombría. No se me ocurre nada que se le pueda comparar. Porque sigue siendo reconocible en todo el mundo como la presunción de clase británica liberada de sus restricciones morales. O de las excentricidades tontas y la melancolía engendradas por un sistema de clases asfixiante. Liberado, Bond es el perfume sublime del imperialismo, tanto más popular cuanto más se deplora el colonialismo. Como se dijo en su día del Imperio Británico, con sus guerras y su diplomacia, así sucede con Bond y el espionaje. El sol nunca se pone en sus aventuras.

Bond, sin embargo, no definía la destreza marcial como los héroes de acción de clase obrera de los 80. Y no era un hermano de gimnasio como los hombres atomizados de clase media de nuestro tiempo. Connery había sido concursante de culturismo de Mr. Universo, pero está a mundos de distancia de Arnold: se supone que sus modales distinguidos ocultan su poder. En lugar de brutalidad, definió la elegancia para los hombres, desde los trajes afilados hasta las ocurrencias frívolas. Y sobre todo su éxito con las mujeres.

James Bond y el feminismo

Al fin y al cabo, la gran lucha ideológica posterior a la Segunda Guerra Mundial no fue contra el comunismo en el extranjero, sino en casa contra el feminismo. Los hombres adoraban a Bond porque sabían que estaban perdiendo. De hecho, el feminismo ha ganado y Bond es ahora un ejemplo de masculinidad tóxica, probablemente necesitado de terapia. Bond era un hombre de hombres y esto no es algo que nuestras élites acepten en la cultura pop -según la franquicia, finalmente lo han matado en No Time to Die, un título divertido para los años de la pandemia.

Según las piedades de nuestro tiempo, Bond empieza a enfrentarse a la censura por ser, como se decía de Byron, “loco, malo y peligroso de conocer”. Las novelas se reeditan con motivo del 70 aniversario de Casino Royale, pero ahora sin referencias poco amables a los negros.

Quizá los lectores sensibles -las conciencias sangrantes de nuestras relaciones públicas corporativas- piensen que otras razas son menos importantes; quizá se trate de un proceso de derechos civiles para los personajes de ficción. Mientras tanto, las mujeres aún deben sentir el choque del romanticismo decadente de Fleming, infame por frases como “el dulce sabor de la violación”. La interseccionalidad es jerárquica, después de todo, y aún no está totalmente estructurada en nuestro entretenimiento.

Sofisticación y atrevimiento

Por mi parte, confío en que Bond sea severamente censurado y espero que el cambio llegue con la próxima serie de películas, cuando tendremos un 007 políticamente correcto. Quizá su misión sea ejecutar a los políticamente incorrectos. Será un buen “aliado”, sin duda. Hoy en día, esto es lo que pasa por ser una visión sofisticada del arte: didactismo, se solía llamar, y era despreciado por moralista. Las obras de arte solían juzgarse por cómo revelan la naturaleza humana, no simplemente por promover una ideología.

Así que ésta puede ser nuestra última ocasión pública de pensar en el extraño éxito de Bond. Hasta cierto punto, se parece a nosotros. Como dice Kingsley Amis en James Bond Dossier, un volumen que recomiendo encarecidamente a los aficionados, Fleming basaba sus fantasías en las realidades de nuestra sociedad comercial, con notas muy realistas sobre los productos, entre otras cosas. En su mayoría, se trataba de los gustos del propio Fleming, y la ficción le ha dado una notable influencia sobre la nueva y próspera sociedad de clase media de mediados de siglo. Consumismo sofisticado, podríamos llamarlo, que puede ser un ideal en nuestra sociedad: la orden de disfrutar del lujo.

Los influencers y Bond

Bond recorría el mundo en busca de lugares exóticos por su belleza y misterio, antes de que el turismo se convirtiera en un hábito de la bohemia burguesa: Experimentar diversas culturas con humildad consumista. Un agente de viajes virtual con millones de clientes agradecidos. Sin embargo, Bond era audaz y exigente, especialmente en sus vicios, bebiendo y fumando sólo lo mejor, y persiguiendo a mujeres glamurosas. Esto puede resultar un insulto para las mujeres de carrera. O puede que ellas mismas se permitan la fantasía del glamour.

En cuanto a nuestra propia tierra de fantasía en las redes sociales, ni siquiera la era de las modelos de Instagram y los influencers ha conseguido crear algo parecido a Bond; quizá el arte sea realmente más impresionante que la vida y los fans tenían razón al preferir la ficción a la realidad. Tal vez el problema sea la blandura de nuestros tiempos. Pensemos en la descripción que hace Fleming de la naturaleza de Bond en Casino Royale: “Luego se durmió, y con la calidez y el humor de sus ojos apagados, sus facciones recayeron en una máscara taciturna, irónica, brutal y fría”. ¿Quién hablaría así hoy en día? Sería una pesadilla para las relaciones públicas.

Bond y Maquiavelo

Esto comienza a mostrarnos por qué Bond es tan interesante para los hombres. Fleming sabía, de un modo que ninguno de nuestros escritores de hoy conoce, que en el origen de todas las cosas modernas se encuentra el más grande hombre de misterio, brutal y cómico, elegante y sabio, Maquiavelo. La descripción que hace Fleming de la mente de Bond en Casino Royale está sacada directamente de El Príncipe, capítulo 25: “Bond veía a la suerte como a una mujer, a la que cortejar suavemente, o a la que violar brutalmente, a la que nunca consentir ni perseguir”. Bond intenta dominar la fortuna, lo que le hace atractivo y también intolerable para los moralistas.

Hay que reconocer que el juego ha perdido su decadente encanto aristocrático. Ha sido relegado a adicción y sometido a control terapéutico. Sólo apostamos en los mercados de valores, donde no es personal. Pero seguimos necesitando la sangre fría y la audacia maquiavélica de Bond, porque toda la economía resulta ser tan caprichosa como decía Maquiavelo que era la fortuna, por muy informatizados y racionalistas que sean nuestros sistemas económicos y financieros. Necesitamos a Bond precisamente porque es audaz donde nosotros somos precavidos, y lo sabemos.

No vivimos como el agente 007

Por otra parte, como Bond, hoy en día todos somos críticos gastronómicos. No nos conformamos con algo modesto, queremos lo excelente o al menos el extremo de la variedad, lo que solía llamarse comida exótica o étnica antes de que eso se volviera políticamente incorrecto -llámenlo “imperialismo alimentario”. Pero Bond no tenía miedo de expresar sus opiniones: tendemos a escondernos detrás de pantallas cuando hacemos malas críticas. No buscaba gangas ni cosas buenas a bajo precio, despreciaba con orgullo el precio; al fin y al cabo, pagaba con las ganancias del juego o con las riquezas de sus enemigos derrotados.

Todos estos placeres venían acompañados de su peligrosa audacia, de su conocimiento de que moriría más pronto que tarde, lo que exigía una concentración total en su misión y sus circunstancias, en el presente, en lugar de planificar una jubilación lejana, aunque próspera. Precisamente porque no vivimos como Bond, tenemos que entender la diferencia: podemos apreciar el modo en que los placeres y la agonía de Bond revelan nuestro modo de vida en miniatura, y lo que necesitamos para defenderlo.

La masculinidad tóxica es la hombría cuando nos da miedo y además pensamos que no sabemos qué hacer con ella. La mejor imagen que tenemos de ella es James Bond, porque forma parte de nuestro mundo moderno, pero también es consciente de su lado oscuro: el espionaje, no sólo las elecciones. Le necesitamos para saber cómo pensar en el peligro y por qué necesitamos enfrentarnos a él para convertirnos en hombres. Incluso las mujeres podrían necesitar a Bond para aprender a juzgar a los hombres, pero esa es una historia para otra ocasión.

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXXX): la banca y el estado (I)

Las turbulencias en el mundo de la banca, tanto norteamericana como europea, han demostrado una vez más los privilegios de los que disfrutan estas peculiares empresas privadas, si es que realmente merecen este nombre y no el, a mi entender, más correcto nombre de concesiones públicas o el de empresas públicas de gestión privada.

¿Por qué rescatar a los bancos?

Una vez detectados problemas de solvencia o de liquidez o de descalce de plazos de estas peculiares entidades, los gobiernos corrieron a su rescate para garantizar la solvencia de sus respectivos sistemas financieros. Da igual la forma que se haya escogido para salvarlos, sean estos programas de liquidez LTRO, de compra “voluntaria” por uno o por un pool de bancos, o fusiones con otros más solventes o nacionalización pura y dura en los casos más extremos. Lo cierto es que los estados o sus apéndices, los bancos centrales, se han apresurado a garantizar su solvencia y la continuidad de sus contratos sin grandes pérdidas para sus depositantes o para los que han adquirido alguno de sus múltiples tipos de bonos.

La gran pregunta que nos podemos hacer es porque corren a salvar a este tipo de empresas, que en teoría deberían ser como las demás, mientras abandonan a su suerte a empresas de otros sectores, a veces de dimensiones muy considerables y muchas de ellas de dañadas previamente por decisiones políticas (estoy pensando en la industria electro intensiva). Se las usa cuando conviene y luego se las abandona o se les hace abandonar por regulaciones de todo tipo.

Dar tiempo a los inversores amigos

En primer lugar, en caso de haya problemas, los responsables económicos de los distintos ejecutivos y sus delegados en los bancos centrales realizan todo tipo de declaraciones en favor de la solvencia de las entidades afectadas, mintiendo deliberadamente en muchas ocasiones, pues muchas de ellas quiebran a los pocos días y es impensable que no tuviesen información al respecto en el momento de hacer las declaraciones, con la intención de mantener la confianza de depositantes e inversores.

Si esto es para intentar mantener la confianza en el sistema o para dar tiempo a deshacer inversiones a actores bien conectados, es muy difícil de saber. Puede ser por una u otra razón o por ambas a la vez. Es una vez constatada la mala situación del banco cuando comienzan las políticas efectivas de rescate. Esta mala situación causada casi siempre por falta de solvencia, aunque sé que existe debate al respecto, pues es difícil tener problemas de solvencia si nuestros activos descalzados en el tiempo siguen conservando su valor a juicio de los inversores.

Liquidez y solvencia

Podemos no tener dinero líquido, pero si contamos con activos solventes no creo que hubiese problema en contar con financiación con su respaldo, aún fuera del sistema bancario. La falta de liquidez viene dada casi siempre por la pérdida de valor de los activos. Ocurrió con la crisis de la vivienda y puede ocurrir ahora con la de deuda pública, que en sí misma no carece de solvencia, pero sólo si esperamos al vencimiento que en ocasiones puede tardar decenios en llegar, ambas severamente afectadas en su precio y que servían de colateral a muchos créditos lo que redundó en problemas de los bancos para atender sus obligaciones.

Una vez desatado el movimiento de corrida bancaria, primero mostrando los síntomas en las bolsas y luego de forma masiva en los depositantes, los gobernantes económicos comienzan a aplicar medidas, principalmente para que no se extienda el pánico a otros bancos, menos insolventes que los quebrados pero dado el actual sistema de reserva fraccionaria también dependientes de la confianza de depositantes e inversores, y como sabemos bien, todos los bancos en este sistema son potencialmente inestables.

Fusiones ¿voluntarias?

Estas medidas dependen de la habilidad y discreción de los reguladores, así como de su evaluación de la situación económica del momento. Históricamente, se encargaba a uno o varios bancos que comprasen al banco deteriorado para restaurar la confianza. En el caso hispano de cajas de ahorros, al ser entes de economía social no cotizados, lo que se ha recomendado es que se fusionen con otra más solvente, y así se hizo en la crisis de 2007. Habría que investigar sería si el banco o la caja sanos llevan a cabo la adquisición o la fusión voluntariamente o lo hacen más o menos “orientados” por los gobernantes, bien sea con mandatos, bien sea con algún otro tipo de incentivo, sea fiscal o regulatorio.

Históricamente, las quiebras de pequeñas o medianas entidades se han resuelto de este modo. Los gobernantes, de este modo, presumían de no haber desembolsado un sólo euro en la operación. También se recurría a esta medida en tiempos de estabilidad del sistema financiero. Ha afectado sólo a una o pocas entidades mal gestionadas.

Parte del aparato económico del Estado

Cuando la crisis financiera se generaliza y afecta a varias entidades incluidas las llamadas sistémicas por su gran tamaño, las medidas cambian sustancialmente y se recurre a artillería pesada como los programas de liquidez del estilo del europeo LTRO o a la compra por el banco central de activos deteriorados de los bancos, sea deuda pública o corporativa o incluso a veces papel comercial de difícil cobro. Si todo fallase, se recurriría a la nacionalización de la entidad bancaria o a la creación de un banco malo; esto es, la adquisición por parte del estado de activos bancarios dañados a precio superior al que establece el mercado para intentar sanear sus cuentas.

Esto se conoce bien, aunque conviene recordarlo de vez en cuando por si algún lector joven no tiene memoria de lo que ocurrió en los años posteriores a 2008. La cuestión es porque se muestra tanta diligencia y se exhibe tan rica variedad de medidas de intervención con este sector y no con otros, esto es que tienen de particular los bancos con respecto a cualquier otro sector del mercado. Creo que la respuesta no puede ser otra que la de que los bancos actuales no son un sector mercantil común, sino que forman parte del aparato económico de los estados modernos, esto es: son mercado, de la misma forma que lo son por ejemplo los ferrocarriles hispanos, o sea un agente más del poder político.

Rudolf Hilferding

El debate sobre el papel de la banca en el aparato de poder es una constante desde comienzos del siglo XX cuando Rudolf Hilferding escribe su célebre El capital financiero, considerado por muchos como una de las obras cumbre del pensamiento marxista; libro en el que se establece una suerte de mitología de la banca que desde entonces ha permeado no sólo a los marxistas sino a muchas otras ideologías y se ha constituido en uno de los muchos tópicos presentes en el imaginario popular con los que los seguidores de Marx han “enriquecido” la cultura económica de nuestras poblaciones.

Además de los consabidos lugares comunes sobre clases sociales o explotación, nuestro autor considera a la banca como a un sector económico distinto de los demás y caracterizado por un desmesurado poder, no sólo sobre el resto de los sectores económicos, sino incluso sobre los propios estados. Estos serían una suerte de títeres en sus manos y no serían, parafraseando a Marx, más que un comité ejecutivo de la gran banca. El muy extendido mito de la Banca Morgan decidiendo la entrada de los Estados Unidos en la primera guerra mundial es uno de ellos, mito que con otras formas sigue a repetirse cuando hay una guerra o intervención bélica a gran escala.

Rothbard y Hoppe

Quizás quien mejor lo ha elaborado desde posiciones próximas al marxismo es Charles Wright Mills en su magistral libro La élite del poder, que suscribiría si no fuese porque a mi entender el orden de la ecuación cambia. Esto es el estado quien domina a las finanzas, porque son parte sustancial de él, y no al revés, algo difícil de ver, pues ambos sectores están tan imbricados entre sí como esos bizcochos en los que el chocolate está tan entreverado con el resto de la masa que no se pueden distinguir claramente.

Los austrolibertarios no han sido del todo ajenos a esta idea de ella banca y autores como Murray Rothbard o Hans Hermann Hoppe han dedicado sendos ensayos a esta problemática. Eso sí, no se cuentan entre los trabajos más referenciados de sus respectivas obras, quizás por su carácter que además de antiestatista es ferozmente antiimperialista.

Ambos hacen referencia a la relación simbiótica entre banca y estado en el sentido de que mutuamente se refuerzan y ambos están interesados en la pervivencia de esta relación.

La banca, cómplice del Estado

La banca financia indirectamente a los estados y es cómplice en sus políticas inflacionarias y a cambio el estado la privilegia a través de la garantía de depósitos (es la forma usada para justificar los rescates), la reserva fraccionaria (considerado delito en cualquier otro bien) o el curso forzoso (el dinero creado a través de apuntes bancarios es a efectos legales equivalentes al creado por los bancos centrales y sirve para redimir cualquier deuda, pública o privada).

En principio, para una relación del estado como monopolista de la fuerza y un ente privilegiado, pero externo a su estructura. La cuestión es, pues, dilucidar si podemos englobar a la actual banca (repito lo de actual, porque la banca en sí misma es un negocio honrado como otro cualquiera) dentro del propio estado y no fuera de él.

Dentro de la teoría del Estado

Entiendo que a día de hoy sí podemos asimilar a la banca comercial como un agente estatal. Formalmente, su propiedad es privada y sus acciones se pueden comprar y vender sus acciones en los mercados bursátiles. Pero su comportamiento y sus privilegios no son los de un ente privado cualquiera y, por tanto, debe analizarse dentro de la teoría del estado y no dentro del ámbito de la teoría monetaria o bancaria.

Creo que a los actuales responsables políticos les importa bien poco si es más conveniente la doctrina de las letras reales o la del coeficiente del cien por cien. Dispondrán de la banca a su conveniencia para financiar sus gastos, estimular la economía en periodos electorales o dar imagen de omnipotencia en caso de pandemias o catástrofes y las consecuencias en forma de inflación o depresiones las achacarán a Putin o a la ruptura de la cadena de suministros. Pero en el próximo artículo me detendré a analizar porque entiendo que es así.