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Etiqueta: Argentina

Javier Milei y la bandera de libertad

Los albores de un liberalismo pragmático afloraron el domingo en el país del sur de una América Latina sumida en la incertidumbre y el caos político. Que aquel ‘bicho raro’ de Javier Milei se haya hecho con una primera victoria en un país aquejado por la descomposición institucional, por la ruina económica ocasionada por la inflación y la crisis social y, sobre todo, por la domotización perpetrada por más de setenta años de peronismo es un hecho histórico que sorprende para bien de la democracia en el continente Latinoamericano y en occidente.

Este acontecimiento ejemplifica una cuestión de orden social y político muy importante. Más allá de los esquemas peligrosos en los que algunos se empecinan en insistir. Toda vez que la izquierda más radical trata de encasillar cualquier alternativa a su proyecto rupturista en un extremismo insalvable o cuando se repite un descalificativo que para el análisis es poco útil. Categoriza de ultra una verdad a secas: la libertad como principio rector en la vida de los individuos.

La propuesta de Milei

La propuesta liberal de Milei no hace más que determinar con certidumbre cuestiones que los ciudadanos de cualquier país en quiebra reconocen sin paliativos. El Estado no genera trabajo (empleo) ni riqueza por sí mismo. La burocracia es un mal endémico ineficaz propio de la administración pública que se traduce en dificultades para el ciudadano. El derecho a decidir lo que es mejor para uno corresponde a la misma persona que es capaz de discernir su conveniencia por encima de las imposiciones de un Estado que también vela por sus intereses. En conclusión: menos poder para el Estado es sinónimo de mayor capacidad y ventaja para las personas, quienes son los actores reales de su propio bienestar.

Esto es, en resumen, lo que ha venido defendiendo el candidato de La Libertad Avanza y aquello que los ciudadanos argentinos han reconocido como una propuesta pragmática a la situación en la que se encuentra el país que antes del afloramiento del peronismo era una potencia económica mundial. 

La libertad importa a los ciudadanos

No es baladí detenerse a analizar un elemento clave a la hora de estudiar aquel principio que Montesquieu había establecido: la libertad es poder hacer lo que debemos. Y en ello se enmarca una idea sobre tal virtud que permite reflexionar acerca de las cuestiones que condicionan la vida de los individuos. La protección de sus derechos y la estricta garantía del principio de subsidiariedad que debe revestir todo Estado democrático que reconozca el Estado de Derecho como la base de la convivencia entre los ciudadanos y su relación con el poder público.

Que un liberal pueda ser el próximo presidente de uno de los países más debilitados por décadas de socialismo pone sobre la mesa un hecho incontrastable. La libertad es una cuestión que importa a los ciudadanos y es deber de los líderes de aquellos países que padecen el malestar del igualitarismo y la corrupción de una casta política pervertida ofrecerlo a los ciudadanos como un elemento constructivo de bienestar, superación y enriquecimiento en clave propositivo.

El enemigo del Kirchnerismo

Sobre el terreno hay dos cuestiones clave para analizar. Las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), como su nombre indica, son obligatorias. Por tanto, ofrecen una fotografía bastante aproximada de lo que puede acabar ocurriendo en las elecciones generales de octubre en Argentina. Y a eso se suma el hecho de que Javier Milei haya ganado el pasado domingo en plazas tradicionalmente peronistas. Y en segundo lugar, Milei se ha convertido en el enemigo número uno a batir en los dos meses que quedan hasta las elecciones. Enemigo, sobre todo, del kirchnerismo que, de confirmarse el resultado del pasado domingo, tendrá que buscar refugio tras años de corrupción, enriquecimiento ilícito y crisis económica y social.

Milei está muy bien posicionado para ser el próximo presidente de Argentina, con un programa con un claro horizonte de ampliación de las libertades de los argentinos. El bagaje liberal del candidato es una ventana de oportunidad para un cambio real que vendrá acompañado de una idea que pone al ciudadano en el centro.

Respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo

Fue lo manifestó en su alocución tras conocerse los primeros resultados del domingo, citando al profesor Alberto Benegas Lynch. La libertad es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, cuyas instituciones son la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la libre competencia entendida como libre entrada y salida, la división del trabajo y la cooperación social.

Quedan alrededor de ocho semanas difíciles que serán la antesala de un desafío a la altura de las circunstancias: un país roto económicamente, donde las políticas liberales pueden ser difíciles de aplicar en el corto plazo e, incluso, impopulares en cuanto al cambio de modelo económico, y una sociedad polarizada en la que el peronismo continuará perfectamente organizado y con las herramientas dispuestas para hacer tambalear un gobierno centrado en el cambio radical no solo de la económica o las políticas públicas, sino en la percepción que el individuo tiene sobre su trabajo frente al poder público. Cuestión que resulta nada sencilla en un país dilapidado por la ruina del peronismo y el socialismo. Por ello, en estos momentos históricos es cuando resulta más importante aún elevar la bandera de la libertad, asumiendo que su precio es la eterna vigilancia.

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¿Es Javier Milei el milagro económico que necestia Argentina?

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina?

Siempre seguí de cerca todo lo que ocurre en Argentina. Apenas era un niño cuando descubrí a Diego Armando Maradona, un hombre que hacía magia con un balón.
Apenas sabía qué es España y no sabía nada del Imperio Español, pero veía que ese hombre, además de hacer magia con el balón, hablaba español.

Y con un acento parecido al de Rubén Sosa, «el principito» que marcó el gol que hizo que el Real Zaragoza ganase la Copa del Rey 1986. Menos de dos meses después, se disputaba el Inglaterra-Argentina, en el que Maradona marcó dos de los goles más geniales que he visto, “la mano de Dios” y “el gol del siglo”. Argentina ganó el mundial. Y mi admiración.

Aunque la distancia, y mi corta edad, dificultaban desarrollar mi interés por Argentina. Incluso cuando Chilavert fichó por Vélez, intentaba seguir los resultados del equipo, pero era difícil para mí seguir las noticias argentinas antes de tener Internet. Pero llegó Internet justo en la época en la que jugaba en el Real Zaragoza Poyet, Cáceres, Esnáider, Darío Franco… y fui leyendo todo lo que podía sobre Argentina, Paraguay y Uruguay. Y poco a poco me fui acostumbrando a seguir la actualidad de esos países.

Maradona me hizo admirar Argentina. El escudo del león me hizo descubrir Argentina.

Economistas argentinos

Y así, fui conociendo más a autores argentinos. Descubrí a Ricardo López Murphy, a Martín Tetaz, a Roberto Cachanosky… y mi interés por la economía y la Escuela de Salamanca crecía a medida que crecía mi interés por Argentina.

Siempre me resultó curioso la cantidad de libros y autores argentinos hablando sobre la Escuela de Salamanca. Así descubrí y leí a Gabriel Zanotti, a Carlos Rodríguez Braum, a Alejandro A. Chafuen o a Juan Carlos Cachanosky.

También me resultaba curioso que con tanto talento argentino la economía argentina fuera un auténtico disparate, con unos niveles hiperinflacionarios de 3079% y 2314%, en 1989 y 1990, respectivamente. Un país que, tiempo atrás, llegó a tener el mayor PBI per cápita del mundo.

La economía argentina era -y es- un digna de un chiste de Yayo pero, si los argentinos tienen el talento y la capacidad de trabajo suficiente como para llegar a tener el mayor PBI per cápita del planeta y el conocimiento suficiente de la Escuela de Salamanca, sólo es cuestión de tiempo que vuelvan a ser una gran potencia mundial y volver a recuperar una alta renta per cápita.

El milagro económico español

En España vivimos de 1959 a 1973 el conocido como milagro económico español, un cambio que Domingo Soriano define como: “Un país autoritario que abre su economía al mundo, desde una posición de partida muy mala y que consigue sumarse al tren de la modernidad”.

En ese periodo, en España hubo un crecimiento medio anual del 7,73%, gracias a unos pocos cambios estructurales. Veamos cuatro puntos:

  • Apertura internacional tanto a nivel industrial y de inversiones como a nivel de turismo. España pasó de recibir 6 millones de turistas en 1960 a más de 34 millones en 1973.
  • Reducción a través del primero de los Planes de Desarrollo Económico y Social de la inflación pasando del 12,6% en 1959 al 2,8% en 1963. Aunque luego, como siempre ocurre en cualquier economía planificada, volvió a subir en 1965 hasta el 14%.
  • Unas tasas bajas de criminalidad, como los 1,2 homicidios por cada 100.000 habitantes en 1970, según el INE.
  • Y un estado limitado con “sólo” 700 mil funcionarios de una población de 35,9 millones de españoles en 1975.

Gracias a estos cuatro hitos, en los 70, España fue la décima potencia mundial en PBI per cápita según el Banco Mundial y la ONU.


Argentina hoy

Comparemos estos mismos indicadores con la situación argentina actual. La tasa de inflación anual promedio ha pasado del 40,6% en el periodo 2015-2019 con Mauricio Macri como presidente a un 69,8% en el periodo 2020-2023 con el gobierno del Frente de Todos.

El nivel de control económico por parte del estado argentino lleva a situaciones como que siendo Argentina el primer exportador de harina y aceite de soja del mundo, el gobierno decidió suspender las exportaciones de estos productos en 2022. En 2022 sólo 3,9 millones de turistas durmieron al menos una noche en Argentina, cuando en 2019 lo hicieron 7,4 millones.

El número de homicidios en Argentina en 2021 fue de 2093 (4,62 por cada 100.000 habitantes), muchos, aunque es menos que los que ha habido desde 2001, que no había bajado de los 5  por cada 100.000 habitantes.

Un milagro económico es posible en Argentina

He comenzado hablando de mi relación con Argentina. Y cómo sigo a diario la actualidad argentina. Pero ese cariño no es unidireccional. Me consta por amigos argentinos que al otro lado del Atlántico siguen tanto o más la actualidad española como en España la de Argentina. También hemos visto que hay un fuerte conocimiento de la Escuela de Salamanca en Argentina y que cuando se aplicaron, aunque tímidamente, en España, la economía creció al 7,73% anual.

Y cómo la situación actual en Argentina horripilaría a cualquiera de nuestros escolásticos, por lo que hay un caldo de cultivo ideal para que alguien tome esas ideas en Argentina y las desarrolle. Esas ideas que, por otro lado, y como dice Borges, nunca dejaron de estar:

Estás, España silenciosa, en nosotros.

[…]

España del inútil coraje,
podemos profesar otros amores,
podemos olvidarte
como olvidamos nuestro propio pasado,
porque inseparablemente estás en nosotros

Esas mismas ideas que Javier Milei reivindica en Otra vez sopa, en El fin de la inflación, en El camino del libertario, en Libertad, libertad, libertad… Pero sobre todo, cuando reivindica la constitución de Alberdi, tan influida por la Escuela de Salamanca.

De hecho, Alberdi en “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”, su obra más famosa, donde propone los principios fundamentales para la organización constitucional del país, basados en el respeto a las libertades individuales, el fomento de la inmigración, el desarrollo económico basado en el libre comercio y la producción agrícola, y la limitación del poder del Estado, se basa abiertamente en los principios planteados por la Escuela de Salamanca.

Este libro de Alberdi fue tomado como referencia por el Congreso Constituyente reunido en Santa Fe en 1853, que sancionó la primera Constitución nacional argentina. Sólo tres décadas después, en 1895 y 1896, Argentina tuvo el mayor PIB per cápita del mundo.

El rugido del león

En Argentina ya saben que el libre comercio y el estado limitado funcionan. En España también. La diferencia es que en Argentina hay un candidato a la presidencia que, aparentemente, quiere aplicar los postulados de la Escuela de Salamanca. Y ha sabido hacer llegar su mensaje a la población.

En la Plaza Holanda de Buenos Aires, dijo:

Esta no es una tarea para tibios. Esta no es una tarea para cobardes. Esta no es una tarea para los políticamente correctos. Yo no me metí acá para estar guiando corderos, yo me metí acá para despertar leones. ¡Quiero escucharlos rugir!

Ayer, los leones argentinos rugieron. Más del 30% de los votos en las PASO fueron para Milei. Ya han comenzado el camino para volver a ser libres. Para volver a ser ricos.

El camino de la Escuela de Salamanca. El camino de la Comunidad de Madrid.

En España, sin embargo, sólo nos queda el recuerdo. El recuerdo de la Escuela de Salamanca. El recuerdo del milagro económico español. El recuerdo de un león que acompañado de unos cuantos argentinos conquistó Europa. Pero que ahora está en segunda.

Un león que duerme, como durmió en Argentina.
Pero el rugido madrileño y el rugido argentino, puede hacerle despertar.

Una propuesta para dolarizar la Argentina sin devaluación ni aumentar la deuda

Comencemos por separar dos instituciones del gobierno argentino como el Tesoro Nacional y la autoridad monetaria. La práctica habitual de esta Argentina de -por lo menos- las últimas dos décadas consiste en que el Tesoro cubre sus déficits presupuestarios a través de la monetización que le proporciona el Banco Central de la República Argentina (BCRA). La situación compromete a la autoridad monetaria de dos maneras:

I Deuda intra sector público

El procedimiento de monetización del déficit fiscal consiste en que el Tesoro recibe pesos emitidos por el BCRA y entrega a cambio bonos o Letras Intransferibles (LI) y Adelantos Transitorios (AT). Si lo queremos observar en el Balance del BCRA tendríamos Pasivos compuestos con los pesos emitidos, y en el Activo la acumulación de dichas LI y AT.

Un error frecuente con estas LI y AT es que se piense que valen “0”, pero también se equivoca el BCRA en tomarlo en el activo al valor nominal. Ni una cosa ni la otra. Las LI y los AT tiene valor similar a otros bonos que paga el Tesoro, con lo cual su valor no puede ser nulo. Pero si se tomara al valor de mercado, en lugar de su valor nominal, entonces el activo caería aproximadamente a la mitad, advirtiendo lo comprometido que está el balance del BCRA.

La situación del balance precario de la autoridad monetaria, en pocas palabras, es provocada por este procedimiento de monetización de los desequilibrios fiscales que acumula el Tesoro Nacional. Cabe señalar que dicho procedimiento implica un proceso de deuda intra sector público que ha sido subestimado, pero además, que crece día a día por continuar con esta práctica.

II Introducción de los bonos en el mercado

Una vez que el Tesoro dispone de estos pesos, los introduce en el mercado a través de diversas políticas de gasto, lo que luego exige a la autoridad monetaria que “estirilice”, captando los bancos depósitos a plazo fijo, lo que sólo pueden hacer por las altas tasas de interés que la autoridad monetaria les paga a estos. Estos pasivos, que están fuera del sistema en forma de Leliqs y pases, triplican el circulante, y representan una amenaza de mayor inflación futura que la dolarización debe contemplar, y también un eventual programa de estabilización.

Si un potencial gobierno futuro deseara dolarizar, el primer paso es observar precisamente que el Balance del BCRA tiene una alta proporción de bonos intransferibles cuya cotización está tan devaluada como los otros activos que encontramos en el país. Si en ese activo hubiera en su lugar bonos “transferibles”, estos podrían venderse en el mercado por dólares que facilitarían la conversión requerida para la dolarización, aunque esto sería insuficiente.

Sustitución de una deuda por otra

Una de las tantas propuestas que circula entonces para dolarizar la economía argentina es precisamente este proceso en el cual el Tesoro Nacional toma una deuda de 40/45 mil millones de dólares, precisamente para canjear o rescatar esos bonos “intransferibles” y capitalizar al BCRA. Esta nueva deuda en dólares no es “más” deuda, precisamente porque viene a sustituir una deuda intra sector público ya existente. La ventaja de tomarla es que le provee al BCRA de las divisas necesarias para dolarizar la economía, evitando grandes perdedores en el proceso.

Cabe aquí llamar la atención de los críticos, en que la medida busca sanear una situación heredada que deberá atenderse con o sin dolarización, para evitar un nuevo proceso hiperinflacionario, un nuevo plan Bonex, o un nuevo Rodrigazo.

Críticas

Al respecto, han surgido una serie de críticas a las que queremos darle respuesta en esta nota:

1.       La dolarización no es una receta mágica que resuelve todos los problemas de la economía argentina

Esto es cierto, por supuesto. Argentina necesita un plan integral de reformas que ataque uno por uno todos los frentes, definiendo propuestas de primera, segunda y tercera generación de acuerdo a sus prioridades y posibilidades políticas de implementación.

La ventaja de la dolarización es que permite alcanzar el objetivo de la estabilidad monetaria de forma más rápida que cualquier programa de estabilización. 

2.       El problema no es monetario. Es fiscal. La dolarización no resuelve el problema fiscal.Esto también es cierto. La dolarización requiere de un equilibrio fiscal complementario. De otro modo la medida fracasará. Pero aunque Argentina tenga equilibrio fiscal, de todos modos necesitará resolver el problema de Leliqs y pases mencionado, y que esta propuesta contempla.

Dicho esto, aunque el problema fiscal es mayúsculo, también lo es el monetario. Que los gobierno hayan tenido acceso a la monetización que les provee el BCRA ha quitado toda responsabilidad en el manejo de los recursos públicos. Dolarizar le pone un cepo a la emisión.

No hay suficientes dólares

3.       La Argentina no tiene dólares hoy para dolarizar

También es cierto, pero no sería ésta la Argentina que va a dolarizar, sino la de un nuevo gobierno que genere mayor confianza en el mercado a través de las otras medidas complementarias. Ya se pudo ver en el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019) que con sólo levantar el cepo cambiario y hacer anuncios sobre correcciones de tarifas, generó una confianza mayor que atrajo capitales y permitió acumular reservas en el BCRA, aun cuando restaban hacerse las reformas estructurales centrales para el ordenamiento macroeconómico.

En este caso, es fundamental que el gobierno ofrezca señales claras para alcanzar este ordenamiento, lo que a su turno generará las condiciones adecuadas para implementar la dolarización.

La propuesta de Emilio Ocampo y Nicolás Cachanosky consiste en crear un fideicomiso de liquidación del BCRA en una jurisdicción segura (tal vez Nueva York). Se transfieren a ella activos como las mencionadas LI y AT y también los pasivos financieros, como las Leliqs. Lo que se propone es titulizar los activos del BCRA a través de un fideicomiso, lo que se conoce como una obligación de deuda colaterizada.

¿Quién prestará a la Argentina?

En la medida que el gobierno genera confianza y esto se traduce en bajas tasas de interés, esto alentará a otros inversores a ingresar al fideicomiso, pues los activos que adquieren tendrán valores presentes crecientes.

4.       Nadie la prestará dólares a esta Argentina

Es cierto también. Pero repito que no es esta la Argentina que va a dolarizar, sino otra dirigida por otro gobierno con un perfil pro-mercado en sus propuestas de política económica. Este nuevo gobierno generará la confianza para atraer esas divisas al fideicomiso. Argentina está dormida productivamente, y este cambio integral despertará su potencial de crecimiento por el cambio de reglas que implica, incluyendo la estabilidad monetaria.

No es necesaria una devaluación

5.       La dolarización requiere de una fuerte devaluación que empobrecerá a los argentinos

La propuesta de Ocampo y Cachanosky no requiere de una devaluación. Simplemente se dolariza al tipo de cambio de mercado, que hoy se representa tal vez en el “blue”. Hoy no sabemos cuál será este tipo de cambio “blue” al cierre de 2023, pero la devaluación que se está experimentando no es provocada por el gobierno que dolariza, sino por el precedente. Es curioso que hoy Argentina ya sufre el costo de dolarizar, pero no disfruta de sus beneficios.

Por otro lado, si bien los ingresos y salarios de los argentinos están muy depreciados en dólares producto de la actual devaluación y escasez de divisas, es plausible pensar que tras el proceso de dolarización, la Argentina recuperará una senda de crecimiento y una entrada de capitales que permitirá recuperar esos ingresos y salarios deprimidos. La recuperación será más rápida que con cualquier otro plan de estabilización que hoy se está proponiendo. Y es que la dolarización ofrece estabilidad monetaria, pero además -al eliminarse el costo de devaluación- también permite reducir las tasas de interés nominales y reales.

Señoreaje o inflación

6.       Se pierde el señoreaje

Algunos técnicos han señalado que Argentina perderá el señoreaje por abandonar su propia moneda, cediendo estos ingresos al gobierno de Estados Unidos. Si bien esto es cierto, sugiero comparar ese costo con el otro costo que nos provoca hoy la existente tasa de inflación a los argentinos, o con los beneficios de la estabilidad monetaria.

7.       El dólar es una moneda también inestable

Es cierto que Estados Unidos está experimentando una tasa de inflación históricamente alta, pero la misma sigue manteniéndose dentro de un dígito. Si Argentina dolariza, la tasa de inflación convergerá hacia aquella, reduciéndose desde el 105 % (tal vez más al llegar diciembre) a un 5 % anual, y posiblemente en baja.

Pero aun si la Reserva Federal continuara con sus políticas inflacionarias y depreciara su moneda, los argentinos podrán tener la opción de moverse a otra moneda que les genere mayor confianza. La dolarización es aplicada únicamente para cambiar los pesos por una divisa que hoy el mercado demanda espontáneamente, pero un día después se abre un proceso de competencia de monedas que permitirá a los argentinos recuperar la capacidad de elegir con qué moneda quieren operar en sus contratos.

Dolarizar argentina es posible y deseable

Los datos del IPC de este primer trimestre 2023 muestran que Argentina ya ha superado la inflación del 100 % para los últimos doce meses. Resumiendo la historia reciente, la convertibilidad de 1991 a 2001 le ha dado a la Argentina los 10 últimos años de estabilidad monetaria.

Las propuestas de dolarización

El kirchnerismo (2003-2015) cambió las reglas, y con ello volvió la inflación. Federico Sturzenegger, bajo el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019), fracasó en el último intento de configurar un programa de estabilización. Y bajo el gobierno de Alberto Fernández (2019-2023) se han sucedido diversos ministros de economía que jamás tuvieron en carpeta la idea de estabilizar los precios, y si lo hicieron, fue a través de un fallido intento de controlar algunos precios. La situación actual, sin embargo, no es una excepción por una sucesión de malas gestiones de la moneda. Desde la creación del Banco Central de la República Argentina en 1935, esta situación de inestabilidad ha sido la norma.

Las propuestas de dolarización se habían multiplicado hacia fines de la década de 1990 como consecuencia del posible abandono de la convertibilidad. De hecho, Carlos Menem llegó a proponerla primero en 1999 ante la devaluación de Brasil, y luego como su plan de gobierno en 2003, cuando abandonó el ballotage que lo hubiera enfrentado a Néstor Kirchner. Entre aquellas propuestas quizás la que más ruido hizo fue la de Steve Hanke, un economista extranjero que contribuyó a que otros países tomaran ese camino, como fue el caso de Ecuador y El Salvador. En ese mismo momento, el propio Domingo Cavallo, padre de la convertibilidad, había rechazado la propuesta, lo mismo que la mayoría de los economistas locales, con escasas excepciones.

Propuesta de 2014

En la coyuntura de los últimos años las propuestas vuelven a emerger, aunque ahora con una representación más local. Por un lado, junto a Nicolás Cachanosky presentamos una propuesta de reforma del sistema financiero en 2014, pero el gobierno de Mauricio Macri la ignoró. Emilio Ocampo, también con Nicolás Cachanosky, presentaron una propuesta más completa en un libro de reciente publicación titulado “Dolarzación. Una solución para la Argentina”. Junto a Jorge Avila y Osvaldo Schenone, también publicamos otro libro con un carácter un poco más institucional titulado “Populismo, restricciones constitucionales y dolarización oficial para Argentina”. Y se puede mencionar también la propuesta de Alfredo Romano en otro libro titulado “Dolarizar”. Los tres libros contienen diferencias en el margen, pero resuelven muchos de los mitos que hoy circulan entre los críticos.

Comencemos por definir las dos posibilidades de dolarización. La primera implica mantener el peso, y plantear un sistema bimonetario, donde la circulación del dólar no tenga restricciones. Implica por supuesto eliminar el cepo cambiario, pero además suprimir el curso forzoso. Los argentinos podrían realizar contratos en la moneda que deseen, sea el peso o el dólar, pero también se abre una competencia entre muchas otras monedas.

Ley de Gresham

Como decía Friedrich Hayek en un libro titulado “La desnacionalización del dinero”, bajo este esquema operaría la Ley de Gresham, en la cual la moneda buena desplazará a la moneda mala. Presuponemos que los argentinos utilizarán los pesos para realizar sus pagos de impuestos y gastos, pero dejarán el dólar para otras funciones como reserva de valor. Si además el Banco Central propone una regla en la que no seguirá expandiendo la cantidad de pesos en circulación, entonces el esquema podría ir permitiendo que Argentina reduzca la tasa de inflación mes a mes, sin generar temor en gran parte de la población.

El obstáculo que algunos economistas observamos en esta propuesta es que un futuro populismo no tiene más que romper esa regla para volver a abusar de la posibilidad de monetizar los desequilibrios presupuestarios, lo que nos devolvería a la inflación en un futuro cercano, reduciendo previsibilidad a quienes quieran invertir en el país.

Segunda propuesta

La segunda propuesta es un poco más audaz, pues implica eliminar el peso. Para ello se le pedirá a los argentinos algo que ya hicieron en 1991 cuando se estableció la convertibilidad. En aquella oportunidad los argentinos se presentaron a la caja de un banco y cambiaron sus australes por dólares a una tasa de cambio de 10.000 australes por 1 peso. La ley de convertibilidad a su vez fijaba una paridad de 1 peso = 1 dólar. No sólo ello. El Banco Central además estaba imposibilitado de imprimir nuevos pesos, si no se sumaba nuevos dólares en reserva.

En estos tiempos de la era digital la conversión sería bastante más sencilla, pues bastaría un click en home banking para gran parte de la población para convertir sus tenencias en pesos por dólares a la tasa de conversión pre-fijada.

La pregunta que surge aquí es posiblemente la que más preocupa a la población, y a muchos economistas. ¿Cuál sería la tasa de conversión elegida en un país que no tiene dólares? Para quien escribe es curioso que haya economistas profesionales que sostengan que no hay dólares en Argentina. La respuesta, sin embargo, abre varias opciones, pues la tasa de conversión dependerá de numerosos factores políticos que varían de acuerdo a quienes construyen sus propuestas. Veamos algunos de estos.

¿Dolarizar sin reservas?

Quizás la primera cuestión es manifestar el volumen de pesos que hoy circula en la economía, o el que potencialmente circulará el 10 de diciembre de 2023 cuando emerja eventualmente en las urnas el próximo Presidente con ánimo dolarizador. Estos pesos implican el circulante que utilizamos los argentinos para transacciones, pero también todos aquellos pesos que los argentinos o algunos instituciones argentinas han depositado a plazo fijo en los bancos, los que a su vez, depositaron este dinero en el Banco Central animados por una atractiva tasa de interés. La preocupación es tal que puede ocurrir que para el momento de intentar dolarizar los pasivos del Banco Central multipliquen por cuatro el circulante para transacciones. ¿Cómo es posible que alguien pretenda dolarizar esta cantidad de pesos sin dólares en reserva?

La respuesta técnica a esta pregunta tiene muchas opciones también, pero la más pertinente hoy es la que han ensayado Emilio Ocampo y Nicolás Cachanosky en el libro mencionado. Para analizar este esquema debe observarse el Balance del Banco Central, donde estos pasivos se ven respaldados por una serie de activos cuya cotización en el mercado es muy baja, pero que eventualmente bajo un gobierno que genere mejores expectativas, podría intentarse canjearlos por nuevos activos a una tasa de interés menor. La idea es interesante en lo político porque implicaría una menor devaluación de la que muchos analistas proponen, al mismo tiempo que se evita que los depositantes pierdan sus activos, o se les deprecien.

El papel de la política fiscal

Aquí emerge entonces un elemento clave. El gobierno dolarizador no puede plantear simplemente un esquema de dolarización a secas. Esa medida fracasaría de inmediato. La medida debe plantearse en el marco de un esquema integral que incluya entre otras medidas un presupuesto base cero, el equilibrio o mejor aun un superávit fiscal, la baja de impuestos, la desregulación de varias áreas claves de la economía incluyendo la legislación laboral, la apertura económica, una reforma previsional y la privatización de una serie de empresas públicas hoy deficitarias. En este esquema Argentina abriría un espacio de optimismo entre inversores que tendrían interés en apostar por un país que hoy está lejos de aprovechar su potencial.

Si este cambio de reglas ocurre, entonces dolarizar es posible y deseable. Es posible porque Argentina podrá acceder a una cantidad de dólares que permitan sustituir el circulante en pesos. De ahí en adelante los argentinos harán sus contratos en dólares, los trabajadores cobrarán dólares, los impuestos se pagarán en dólares, e incluso el gasto público será en dólares. El Banco Central estará cerrado y el peso dejará de circular como de hecho lo hizo el Austral.

Argentina, un gigante dormido

En mi paso por Ecuador en 2020, invitado para participar de los 20 años de dolarización, tuve la oportunidad de conversar con varios expertos en la materia entre quienes destaca Gabriela Calderón. Esta economista me comentaba -en función de su experiencia ecuatoriana- que luego de dolarizar, los dólares que los residentes argentinos tienen hoy debajo del colchón, en cajas fuertes, cajas de seguridad, o incluso en otros países como Uruguay o Suiza, podrán emerger en Argentina para comprar los activos cuyo valor hoy están deprimidos. Argentina es un gigante dormido, y su potencial es abismalmente mayor que el que se observa hoy.

Algunos críticos afirman que si Argentina avanzará en todos estos frentes, entonces no necesita introducirse en este esquema de dolarización. El problema es que el programa de estabilización que se requiere como contrapartida tomaría bastante más tiempo del que puede disponer el próximo gobierno para estabilizar la moneda. Ya hemos visto la experiencia de Sturzenegger, quien técnicamente comprendía la causa monetaria de la inflación. La dolarización tiene muchas ventajas, una de las cuales es precisamente la estabilidad inmediata del nivel de precios. Sin este objetivo cumplido, es muy difícil poder avanzar en los otros frentes.

Dolarización contra populismo

Decíamos además que la dolarización es deseable. Lo es porque eleva el costo de des-dolarización. No fue tan difícil romper con la convertibilidad, aun cuando los argentinos votaron a Fernando De la Rúa en 1999 para que hiciera lo posible por sostenerla. Aquí se utiliza el ejemplo del ex Presidente Correa en Ecuador, quien deseaba recuperar el Sucre y con ello las políticas inflacionarias y devaluatorias, pero el ecuatoriano lo rechazó. Es posible que ante un gobierno populista futuro el argentino manifiesta una preferencia por el dólar, que ya no se le derretirá en las manos.

Es deseable, además, porque al eliminar la inflación y el riesgo de devaluación, la Argentina tendrá tasas de interés de un dígito, lo que implica recuperar el crédito y con ello el crecimiento económico. Este plan integral de gobierno implicaría un cambio radical en las reglas de juego, lo que permitirá tener una década de expansión económica que no se ha visto en los últimos tiempos.

No es necesario un banco central

Existen otros argumentos falaces que arrojan los críticos y confunden a la opinión pública, como el caso de Melconián quien afirma que 180 países tienen Banco Central. Podría argumentarse que España, Italia, Francia, Portugal, Irlanda hoy no disponen de un Banco Central que le permita monetizar sus desequilibrios presupuestarios. España abandonó la peseta, y eso le permitió terminar con la inflación y las devaluaciones, lo que le permitió experimentar un crecimiento inédito en su economía en las dos décadas siguientes. No ignoro, por supuesto, la importancia del aspecto comercial de la Unión Europea, pero es por ello que Argentina tiene que acompañar la reforma con la apertura económica y la integración comercial con otros bloques económicos extra-Mercosur.

Otros críticos observan que Argentina perderá soberanía y pasará a depender de Estados Unidos. Personalmente no veo a España perdiendo soberanía por más que haya renunciado a la peseta.

Por lo pronto, Argentina tiene la dolarización en la mesa de debate. Empresarios, banqueros y políticos lo están considerando como una opción real, y pienso que es una reforma posible y deseable que pueden contribuir a ordenar una herencia que es muy costosa para el pueblo argentino.

La libertad desordenada de Argentina

Marcos Falcone. Este artículo fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Argentina es famosa por sus calamidades económicas, pero desde hace décadas también está inmersa en otro tipo de crisis: la jurídica. De hecho, la relación entre la mayoría de los argentinos y la ley es tan conflictiva que políticos y periodistas citan regularmente el desprecio por el Estado de Derecho como causa del retraso económico. Si la gente se limitara a cumplir las normas, prosperaría. Todo el mundo pagaría los impuestos que le correspondieran y el Estado tendría dinero suficiente para prestar servicios básicos y ayudar a los pobres.

Jorge Luis Borges

En la cultura popular, la anarquía se presenta como una de las principales características de la sociedad argentina. Quizá el símbolo más importante de ello sea el poema más famoso del país, Martín Fierro (1872), que narra la historia de un gaucho que es llamado a filas, deserta del ejército y se convierte en un forajido perseguido por la policía. Pero décadas más tarde, Jorge Luis Borges, quizá el escritor argentino más importante del siglo XX, seguiría escribiéndolo:

El argentino, a diferencia de los estadounidenses y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Esto puede atribuirse a la circunstancia de que los gobiernos en este país tienden a ser horribles, o al hecho general de que el Estado es una abstracción inconcebible. Pero una cosa es cierta: un argentino es un individuo, no un ciudadano. (“Nuestro pobre individualismo”, 1946).

Jorge Luis Borges

Hoy en día, la principal fuente académica para cualquiera que discuta la ilegalidad en Argentina, y en particular la teoría de que causa atraso económico, es el libro Un país al margen de la ley, escrito por el filósofo del derecho Carlos Nino. En el documento, Nino acuña el concepto de anomia boba para explicar la “tendencia a la ilegalidad” del país. Su argumento principal es que los argentinos se niegan a seguir determinadas normas en la vida cotidiana porque creen que les irá mejor si las desafían, con el resultado de que al final todo el mundo está peor de lo que habría estado si se hubieran seguido las normas. Según Nino, lo problemático es la actitud hacia la ley, más que la ley en sí. Y como el estado de anomia resultante es una tontería, concluye que hay que cambiarlo. Pero, ¿y si hay algo que falla en esa ecuación?

El respeto a la ley

En términos de cooperación social, el cumplimiento de las normas puede conducir a mejores resultados económicos para la mayoría de la gente, pero lo contrario también podría ser cierto. De hecho, si cumplir la ley hace que la mayoría esté peor de lo que habría estado si la hubiera incumplido, entonces es razonable esperar que la gente no la respete. Y es en este punto donde surge una hipótesis alternativa para explicar el aparente desprecio de los argentinos por las normas: ¿Y si hay algo en la ley que dificulta el progreso individual y, por tanto, incentiva a la gente a no respetarla? ¿Y si una actitud relajada hacia la ley, lejos de condenar a la sociedad al atraso, es en realidad una estrategia de supervivencia argentina? ¿Y si la solución a ese problema es cambiar el contenido de las leyes y no la actitud de la gente hacia ellas?

Para explicar la evolución del derecho argentino, es útil examinar los cambios constitucionales, y en particular los que se introdujeron en la Constitución de 1853, que sigue vigente en la actualidad. Juan B. Alberdi, que fue el que más influyó en el momento de su redacción, siguió deliberadamente el modelo establecido por los Padres Fundadores norteamericanos para establecer el tipo de Estado de Derecho que necesitaría una sociedad clásicamente liberal. Argentina declaró, en el siglo XIX, que cualquier persona del mundo que deseara hacer negocios en el país podría hacerlo; que desaparecerían las barreras burocráticas internas al libre comercio; que el gobierno no concedería privilegios a nadie; y que la propiedad privada era un derecho inviolable. Como diría Isaiah Berlin, el documento consideraba la libertad de forma negativa. El papel del Estado consistía simplemente en establecer normas para que los individuos actuaran y prosperaran.

Cambios en la Constitución

Sin embargo, desde su creación, la Constitución argentina ha sufrido varios cambios que han modificado su espíritu. En muchos casos a lo largo del siglo XX, los nuevos artículos incorporados a la Constitución argentina han reconocido “derechos” sociales y colectivos, cuya aplicación depende de una mayor intervención del gobierno. La reforma de 1949, por ejemplo, instituyó un “uso social” de la propiedad que allanaba directamente el camino para que el Estado violara los derechos de propiedad. Ese cambio, aunque revocado posteriormente, serviría de base para el artículo 14 bis de la Constitución, que se añadió en 1957 y sigue vigente. Este artículo, entre otras cosas, garantiza la existencia de un salario mínimo, establece salarios “justos” para los trabajadores, exige que obtengan una parte de las plusvalías que existan y prohíbe de hecho que el Estado despida a los empleados públicos.

Otras reformas consolidaron el espíritu cada vez más intervencionista de la Constitución. La Convención de 1994, por ejemplo, añadió el concepto de “derechos medioambientales” de un modo que implica la intervención proactiva del gobierno. Este y otros “derechos” de tercera y cuarta generación, en particular los que exigen una acción afirmativa para diversos grupos con el fin de garantizar la “verdadera” aplicación de otros derechos constitucionales, demuestran que el concepto de libertad incorporado en el documento ya no es negativo, sino que se ha convertido en positivo: El Estado debe intervenir activamente para obtener resultados concretos.

El auge del intervencionismo

Como era de esperar, la legislación argentina se ha vuelto cada vez más intervencionista. El Congreso ha nacionalizado en varias ocasiones empresas privadas y fondos de pensiones, y ha establecido y aumentado docenas de impuestos diferentes, con el resultado de que los tipos impositivos totales efectivos superan el 100%. Pero la burocracia también ha aumentado de forma tan espectacular que cumplir la legislación cuesta a las pequeñas y medianas empresas un 500% más de tiempo que a sus homólogas de países vecinos como Brasil.

Y aunque la evolución del rigor burocrático es difícil de medir a lo largo del tiempo, los datos disponibles de las últimas décadas sugieren que la situación ha empeorado: Según el Ranking de Libertad Económica del Instituto Fraser, Argentina ocupaba el puesto 36 en 1970, pero hoy ocupa el 151 de 165 países en términos de regulación, lo que significa que se ha vuelto cada vez más burocrática. No es de extrañar, pues, que el empleo informal represente ya hasta el 45% de la mano de obra total. La “tendencia a la ilegalidad” que Nino identificó en la sociedad argentina parece estar provocada por el propio Estado.

No es anarquía

La anarquía no es una característica aleatoria de la sociedad argentina. El problema normativo de la economía argentina no es la anarquía en absoluto, sino el exceso de regulación por parte del Estado. Lo que se necesita no es una mejor aplicación de la ley o la creación de nuevas leyes, como sugiere Nino, sino menos y mejor legislación, que permita a la gente cumplirla sin hundir sus negocios.

Sin embargo, el caos que resulta de reaccionar ante un exceso de regulación va más allá de la economía. En 2020, por ejemplo, durante la pandemia de Covid-19, Argentina tuvo la cuarentena más larga del mundo, y el gobierno impuso medidas tan estrictas que la gente empezó a desobedecerlas masivamente. Las empresas se esforzaban por sobrevivir, por supuesto, pero los ciudadanos de a pie también intentaban ejercer derechos humanos fundamentales como la posibilidad de salir de casa sin permiso o reunirse con quien quisieran. Al hacer imposible que la gente disfrutara de libertades básicas, el gobierno argentino obligaba a todo el mundo a desobedecer. Las leyes existían, pero eran absurdas, lo que en la práctica significaba que imperaba un orden espontáneo.

Al final, el problema de la legislación argentina parece ser que se ha extraviado. En lugar de permitir a los ciudadanos respetuosos de la ley hacer negocios como mejor les parezca, se ha convertido en una mezcla de regulaciones asfixiantes y legislación basada en resultados que obliga a la gente a permanecer fuera de sus límites para poder sobrevivir. En este sentido, Borges, que intuyó que algo iba mal hace casi un siglo, expresó con claridad no sólo el origen de este problema, sino también el mecanismo de supervivencia que la sociedad argentina sigue adoptando décadas después:

El problema más urgente de nuestro tiempo… es la progresiva injerencia del Estado en los actos del individuo. En la lucha contra este mal… el individualismo argentino, aunque tal vez inútil o perjudicial hasta ahora, encontrará su justificación y sus deberes. (‘Nuestro pobre individualismo’, 1946.)

Jorge Luis Borges

Dolarizar la Argentina es posible e imprescindible

Ante el alto nivel de inflación que muestra la Argentina y los continuos fracasos de estabilizar el poder adquisitivo del peso, crece en la sociedad la idea de dolarizar la economía. Muchos colegas economistas que durante largo tiempo se oponían a esta reforma, ahora empiezan a sumarse a la cruzada. Varios políticos que ignoraban el tema, hoy lo colocan sobre la mesa de debate.

¿Pero qué tan factible es dolarizar la economía? ¿Cómo podríamos hacerlo? El primer paso es hacer un diagnóstico de la situación financiera de Argentina:

1. Inflación histórica desde 1935 a la fecha supera el 50% acumulativo anual;

2. Inflación para 2021 superó el 50 por ciento;

3. Expectativas de inflación base para 2022 en torno al 70% -100%, y tal vez más,

4. Inflación reprimida que amplía esas expectativas si se quitaran los controles de precios o dejara de atrasarse el tipo de cambio oficial y las tarifas de servicios públicos, las que reciben subas por debajo de la inflación actual;

5. Acumulación de pasivos monetarios en el Banco Central en forma de Leliq y pases que superan el tamaño de la base monetaria y garantizan que la inflación futura será mayor aun que la presente;

6. Falta de independencia del Banco Central para resistirse a continuar monetizando los desequilibrios fiscales, lo que en definitiva garantiza que seguirá ampliándose la oferta monetaria, y también los pasivos monetarios; y

7. Con el avance espontáneo de una dolarización real en la que los argentinos poco a poco abandonan el peso como reserva de valor, y más bien lo sustituyen por activos o dólares, moneda que resguarda mejor el poder adquisitivo de sus tenencias.

Un programa de estabilización a lo Chile o Israel podría tener éxito en resolver los desequilibrios macro y le darían quizás a la Argentina un panorama de estabilidad, pero hay al menos tres elementos que chocan con este objetivo: 1. El reciente fracaso del programa de estabilización de Federico Sturzenegger; 2. El tiempo que se requiere para estabilizar la economía con un programa gradual y de mediano plazo; 3. Que la elección de un eventual gobierno populista podría evitar que se complete el proceso, o bien, si se completó podría anular o revertir el programa y volver a un escenario inflacionario.

Opción viable, con claros beneficios

La dolarización, por el contrario, parece entonces una opción viable que permitiría en menos tiempo obtener tres claros beneficios: 1. Evitar que el gobierno pueda continuar monetizando el déficit fiscal, por lo que se alcanzaría la estabilidad monetaria en un plazo relativamente corto de tiempo, convergiendo la tasa de inflación actual hacia la que tiene Estados Unidos; 2. Eliminar el riesgo de devaluación, y con ello reducir las tasas de interés nominales y reales, recuperando el crédito para apalancar el crecimiento económico; 3. Dificultad para un próximo eventual gobierno populista revertir ese camino y volver a los procesos de devaluación e inflación.

La pregunta que queda entonces es cómo dolarizar. ¿A qué tipo de cambio podría hacerse la conversión de los pesos circulantes? Aquí un escenario.

El primer punto a destacar es que la economía argentina ya se ha dolarizado de manera espontánea. Desde las últimas PASO en agosto de 2019 la mayoría de los argentinos retiraron sus dólares del sistema financiero por la desconfianza que generaba un posible triunfo electoral de quienes en ese momento constituían la oposición. La caída en las reservas brutas y netas fue abrupta e instantánea, y desde entonces no se recuperaron.

De esta manera, la oferta monetaria en pesos que podemos considerar convertir a dólar representa sólo una porción del dinero que tienen los argentinos. Esa oferta monetaria es la que debemos evaluar convertir a dólar para encaminarnos a una dolarización oficial. Por supuesto, el potencial dólar convertible a calcular se incrementó en 2019 con la “fuga de capitales” y se incrementó de nuevo en 2020 con la enorme expansión monetaria en pesos para acompañar los efectos nocivos de las políticas de cuarentena. Cuánto más alto el tipo de cambio de conversión más difícil dolarizar en la práctica, pero a la vez, más imprescindible.

Veamos entonces un escenario para el tipo de conversión. La fórmula simple sería:

TC conversión (TCC)= Base monetaria + otros pasivos (Leliqs y pases) / Reservas del BCRA. Con datos del 31 de agosto de 2022 el ejercicio arroja:

$ 4.211.669 millones + $ 6.070.311 / USD 36.932 millones = $ 278

Sin embargo, aquí se abre un debate sobre ese total de 36.932 millones de dólares que el BCRA declara en sus reservas brutas. Y es que ese total incluye, entre otros elementos: 1) dólares de depositantes que podrían retirarlos en cualquier momento; 2) un swap chino por 19.982 millones de dólares cuya disponibilidad todavía no está clara que pueda hacerse efectiva; 3) oro y otros metales que no se pueden hacer líquidos de manera rápida.

Si el lector desea jugar con este escenario e imagina reservas netas líquidas nulas o negativas, entonces los números de conversión suelen ser elevados, lo cual lleva a algunos analistas a afirmar que no es posible dolarizar.

Esto no significa, sin embargo, que no haya dólares para dolarizar. Si hubiera intención política de hacerlo, el gobierno debe evaluar el escenario y trabajar tanto en reducir los pasivos monetarios a convertir, como también en obtener dólares para ampliar el denominador.

Emilio Ocampo y Nicolás Cachanosky, por ejemplo, han propuesto canjear los pasivos monetarios en manos de los bancos securitizando activos del BCRA (por ejemplo Letras Intransferibles) a través de un fideicomiso emitiendo bonos en dólares a corto plazo. Por el lado del denominador, habrá que explorar la posibilidad de monetizar el swap chino, o bien obtener un préstamo del FMI o algún organismo multilateral para llegar a un tipo de cambio de conversión que no implique un fuerte empobrecimiento de la sociedad y con ello haga inviable a la medida.

El punto central aquí es que la economía argentina ya está dolarizada. Que aunque las reservas netas líquidas sean cero, para dolarizar los pesos que circulan se necesitan USD 40.000 millones, incluso menos, y se podrá aceptar un tipo de cambio de conversión algo menor a $300. No es un monto que pueda evitar una dolarización de la economía. No es una suma que asuste al sistema financiero global, si el gobierno dolarizador sabe explicar las grandes ventajas del proceso, y el potencial de crecimiento al que da lugar.

Gran parte del costo de la dolarización los argentinos ya lo hemos sufrido. Se trataría más bien de aprovechar ese costo para avanzar hacia sus beneficios y generalizarlos a toda la población. El momento es oportuno, incluso por la gran licuación de ingresos que ya hemos sufrido.

Decálogo de un plan integral y urgente para Argentina

La economía argentina es un paciente muy delicado que necesitas medidas urgentes para evitar un escenario no deseado por nadie.

1 Política fiscal y gasto público: Urge una regla fiscal que evite que el gasto público aumente por arriba de la presión tributaria, especialmente ante el escenario electoral que se avecina. Si bien el nivel de gasto público se ha licuado entre 2020-21, corremos el riesgo de volver a niveles de gasto y déficit insostenibles, una vez que el gobierno comience a ceder ante las presiones sindicales y gremiales.

2 Política tributaria: Urge eliminar 160 impuestos, dejando sólo aquellos 11 impuestos que hoy nos permiten cubrir el 90 % del total de recaudación. La medida sería un shock positivo sobre la actividad, lo que permitirá incrementar la base imponible, y con la recaudación adicional de esos 11 impuestos podría compensarse totalmente la caída por los otros 160 impuestos eliminados. El recuento de estos 170 impuestos surge de un relevamiento del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) a nivel nacional, provincial y municipal.

3 Superávit fiscal : Urge alcanzar un superávit fiscal para poder asumir el pago de los compromisos de deuda. En el caso argentino no alcanza con equilibrio fiscal, primero por su coyuntura, pero también para avanzar en una reducción de la presión tributaria, y quita gradual de retenciones, además de una reforma previsional indispensable. En 2023 Argentina corre el riesgo de ir a un nuevo default y es necesario dar tranquilidad a los acreedores que Argentina está haciendo lo posible para reconocer sus obligaciones de deuda. 

4 Política cambiaria: Urge levantar el cepo cambiario. Debemos reconocer la cotización real del dólar frente a una moneda que hemos destruido y seguimos destruyendo año a año. Se deben terminar los privilegios en el reparto de los escasos dólares a un grupo de importadores oficiales y acreditados.

5 Desregulación de la economía:  Se deben terminar los controles de precios sobre toda la economía, para que pueda normalizarse el funcionamiento bajo incentivos adecuados para la producción. La infraestructura energética sufre hoy la falta de inversiones, y esto representa un cuello de botella para recuperar tasas altas de crecimiento económico. Como en otros episodios históricos de nuestro país, los servicios públicos pueden atraer inversiones que contribuyan a reactivar la economía.

6 Política monetaria: Urge dolarizar la economía, aceptando lo que espontáneamente ya viene ocurriendo desde las PASO de 2019. El remanente de pesos que circula debe ser reemplazado por dólares que el gobierno logre captar con nueva deuda, y los otros pasivos del Banco Central deben ser reemplazados por deuda del tesoro. Una nueva convertibilidad con un tipo de cambio real alto (tras levantar el cepo) puede ser una alternativa, pero nos inclinamos en favor de la dolarización para reducir el costo de salida y eliminar el riesgo de devaluación, lo que es indispensable para tener bajas tasas de interés, tanto nominales como reales.

7 Apertura económica: Urge abrir la economía, recuperando el acuerdo con la Unión Europea, pero buscando también otros acuerdos con el Nafta, Asia, Africa y Oceanía. El Mercosur podría ser el bloque a partir del cual se encaren las negociaciones, pero si no lo fuera Argentina deba salir del bloque. En esta materia tenemos mucho que aprender de los acuerdos bilaterales de Chile con los bloques económicos, incluyendo el Mercosur. Esta apertura requerirá de una eliminación total de los aranceles, lo que también requiere un tipo de cambio real alto como punto de partida, lo que se obtendrá al levantar el cepo y con la reforma monetaria de dolarización mencionada. Que los bienes transables adquieran dentro de Argentina precios internacionales bajos y competitivos, reducirá el costo de la canasta básica para los consumidores, lo cual puede contribuir a bajar la pobreza, además de contribuir también en una pronunciada mejora de la competitividad.
8 Legislación laboral: Urge flexibilizar la legislación laboral, para que aquellos que necesitan contratar personal tengan incentivos para hacerlo. En el mismo plan de integración y retorno al mundo, Argentina necesita de esta reforma para mejorar su competitividad. La medida contribuye también a un necesario cambio estructural de empleo público a privado. Es un mito que esta medida provoque precarización laboral. La legislación laboral actual está provocando más excluidos que nunca, niveles alarmantes de informalidad y altas tasas de subempleo.

9 Cielos abiertos y Aerolíneas Argentinas: Urge recuperar una política de cielos abiertos, sea con Aerolíneas Argentinas en manos público o privadas, o directamente cerrada, pero recuperando la competencia de aerolíneas que ofrezcan mejor calidad y precios a los consumidores, como ya ha ocurrido en Europa o en Estados Unidos. La medida le daría a la Argentina mayor dinamismo, lo que también contribuye a mejorar la productividad.

10 Petróleo: Urge privatizar la explotación de petróleo, reconociendo que el gobierno argentino ha sido siempre un mal empresario, y que no tiene los recursos ni el conocimiento para abastecer al mercado local con el crudo y sus derivados. La explotación de vaca muerta puede fundamentar shocks de inversión que Argentina necesita para salir de esta coyuntura. No sólo es indispensable que Argentina se auto-abastezca de combustible, sino que además puede generar ingreso de divisas por exportación.

Por supuesto que quedan otros frentes por encarar, como un presupuesto base cero que permita replantear la estructura del gasto público, con menos ministerios, secretarías y sub-secretarías, que a la vez permitan reducir la burocracia y la corrupción. Nueva Zelanda nos ofrece una experiencia en esta materia de la que Argentina debe aprender. Pero los 10 puntos mencionados arriba grafican una reforma integral y urgente que debería estar en la agenda del oficialismo y la oposición para alcanzar consensos que puedan ayudarnos a evitar otra crisis económica de magnitudes alarmantes.

No más peronismo

Los mensajes e imágenes que se suelen transmitir desde la izquierda apelan a conceptos muchas veces abstractos o difíciles de entender y llevar a cabo cuando las oportunidades se presentan. El discurso de ese lado del espectro político tiende a aglutinarse entorno a temas que, si bien no son nuevos, evolucionan alrededor –siempre igual– del enfrentamiento entre unos y otros bajo diversos matices: una clase social impostada con otra o un enemigo externo sobre el que echar las culpas.

Por ello, la desigualdad, la justicia social, las inequidades económicas, el igualitarismo, entre otros, son tópicos recurrentes de los discursos electorales, que también aparecen en la proyección de una oposición que ostenta el poder y cuando se lo ejerce, suele ser el arma con la que blanden su incapacidad y falta de efectividad.

Un caso paradigmático y a la vez sorprendente es el de Argentina, aunque la región latinoamericana puede parecerse mucho y se pueden comparar las experiencias, salvo, por supuesto, las obvias diferencias y distancias que existen entre las estructuras sociales, económicas y políticas de cada país. El país sudamericano sufre los embates de una forma política arraigada en el ideario social y donde no se han podido superar los nefastos resultados de siete décadas de caduco peronismo.

Los discursos conmovedores sobre una ‘justicia social’ que ni es justicia ni es social que una y otra vez repite el presidente argentino, quedan relegados por las consecuencias inevitables de una administración política y económica que distan de ser efectivas, más aún, en tiempos de postpandemia, porque se insiste, una y otra vez, en un modelo que no ha funcionado, ni en Argentina ni en Venezuela y que ha reducido a la pobreza a millones de personas en periodos relativamente cortos de tiempo.

Pero el debate no solo se cierne sobre la decadencia de un modelo político, a decir verdad, en declive hace muchas décadas atrás, sino en la realidad y los hechos que pesan más que las palabras e, incluso, que las emociones. Por ello, no deben extrañar los resultados de las últimas elecciones en Argentina, donde el oficialismo, en franca derrota, se enfrenta a las consecuencias electorales de haber hecho lo que sabe hacer: encaminar al país a su propio fracaso. 

No obstante, no se trata de defender a uno y otro partido o a un líder en particular –todos conocemos los resultados económicos de Mauricio Macri durante su gestión presidencial– sino de poner en evidencia algo que puede resultar baladí, casi obvio, pero que en realidad no lo es, porque de otra forma, muchas naciones habrían aprendido la lección y la realidad de muchas sería francamente distinta: cuando la izquierda en Latinoamérica llega al poder demuestra su capacidad para afrontar desafíos serios en materia de crecimiento económico, desarrollo productivo y superación de la crisis. Los resultados son los que observamos.

Así, de las quince bancadas a las que Frente de Todos (Fernández – Kirchner) aspiraba renovar, tan solo ha conseguido nueve, cediendo cinco a la colación opositora Juntos por el Cambio (Mauricio Macri) y una a la candidatura independiente peronista en Córdoba. 

De este modo, el oficialismo kirchnerista pasa de contar con 41 senadores a 35, dos menos de la mayoría absoluta, mientras que Juntos por el Cambio suma 33 –sumando sus propios resultados y los de sus aliados– y los cuatro senadores restantes serán representados por otras formaciones; así lo ha publicado Libertad Digital.

Entonces, los discursos que hoy se conocen como ‘populistas’ cobran cierto sentido en un momento determinado, para una porción considerable de los ciudadanos, cuando existe un statu quo que es cuestionado por una efervescencia pasajera, cuando un orden pretende ser menoscabado por los excesos disfrazados de buenas apariencias, pero que en realidad encierran improvisación, inexperiencia, falta de visión y carencias varias, y, en algunos casos, autoritarismo.

No obstante, lo cierto es que los, llámese ‘populistas’, saben vender bien aquellos mensajes, juegan con la dialéctica y el discurso, pero, sobre todo, aprovechan un momento histórico para hacerse con el poder a costa de la mejora en la calidad de vida de la gente, que son quienes pagan el precio real y último de las decisiones públicas. 

Por ello, los argentinos, han decidido, por ahora, pasarle factura al peronismo que hoy les gobierna porque son conscientes que el modelo que los ha llevado hasta donde están y que, en cierto modo, responde a una categoría política que no han sido capaces de superar del todo en varias décadas, ha llegado a un límite insostenible, política y económicamente hablando. No se puede vivir bajo una mentira de forma indefinida, no se puede vivir bajo un sistema peronista sin antes pagar un precio muy elevado. Esperemos que este sea el principio del fin definitivo.

En Argentina no basta con el equilibrio fiscal

Desde que el gasto público de la Nación y las Provincias se incrementó 20 puntos del PIB (desde el 25% al 45%), entre 2003 y 2015, los medios de financiamiento tan tenido que llegar a un límite peligroso. 

Los nuevos impuestos, y la consecuente presión tributaria récord en la región, ahogan a las empresas y les impiden tener retornos aceptables para invertir y generar producción y empleo. La deuda interna y externa se amplifica llevándonos a nuevos defaults, nuevas reestructuraciones de deuda o re-perfilamientos, lo que deja a las empresas sin crédito para apalancarse y crecer. La monetización del consecuente desequilibrio fiscal nos llevó a nuevos procesos inflacionarios y a una acumulación de pasivos en el Banco Central (Lebac primero y Leliq hoy) que ponen a la Argentina contra la pared, con nuevos riesgos hiperinflacionarios. Podríamos agregar otros desequilibrios indirectos (como el cepo cambiario) que, al dificultar o impedir la importación de insumos, traban el desarrollo de las empresas y anulan las posibilidades de crecimiento del país.

Es cierto, claro, que si en 2021 aprovecháramos el viento de cola y recuperáramos la actividad económica y la recaudación, podríamos reducir el déficit fiscal, variable que llegó en 2020 a 8,5 % del PBI. Pero aun alcanzando el equilibrio fiscal, algo que se ve lejano, Argentina estará impedida de enfrentar los nuevos compromisos de deuda que la reestructuración de Guzmán generó para 2023 en adelante. Se requiere un superávit fiscal primario récord para pagar esos vencimientos, y aun así será insuficiente.

Argentina debe avanzar en la corrección de un problema estructural mayor, que es el tamaño del gasto público, que el kirchnerismo dejó y el macrismo apenas pudo reducir en unos pocos puntos. Se requiere una reforma integral del estado que devuelva el gasto público a aquel 25% del PBI, pues este nivel es lo máximo que nuestra tan golpeada estructura económica podría financiar sin los desequilibrios ya conocidos y sus costos sociales consecuentes.

Sólo entonces podrá evaluarse y concretarse una reforma tributaria que reduzca a la mitad la mochila de impuestos que hoy hunde a las empresas, poniéndola en línea con nuestros vecinos latinoamericanos; sólo entonces podrá la Argentina resolver el problema de la deuda y recuperar líneas de crédito; sólo entonces dejará de monetizar desequilibrios monetarios y recuperaremos la estabilidad monetaria. En ese marco podrán plantearse caminos de apertura económica y será posible volver a atraer capitales, tanto de argentinos como de foráneos, que puedan darle al país el crecimiento ausente.

Quizás la licuación de gasto público que observamos en 2018, 2019 y sobre todo 2020 contribuya a corregir ese problema estructural. Pero se requiere un cambio de mentalidad en el gobierno para recuperar un crecimiento genuino que está ausente desde hace décadas.

El emprendedor es en la economía del siglo XXI, y lo ha sido siempre, el motor del crecimiento. El emprendedor argentino, y cualquiera que se atreva a la odisea de invertir en la Argentina, sabe que enfrentará los impuestos más altos de la región, que no tendrá acceso al crédito local, que convivirá con una de las tasas de inflación más altas del mundo, además de las restricciones que implica el cepo cambiario, la amenaza de un nuevo salto inflacionario y la consecuente inestabilidad cambiaria. Podríamos agregar un problema previsional mayúsculo, una legislación laboral sumamente negativa para los intereses del emprendedor y un aislamiento internacional propio de países bolivarianos.

En resumen, Argentina requiere un cambio urgente que devuelva sensatez a la economía. En concreto, se requieran reformas fiscal, previsional, tributaria y laboral, reformas de mercado en serio que sólo pueden ser parte de un plan económico integral hoy ausente.

Entretanto, sí, la Argentina podrá mostrar una tasa de crecimiento positiva algún año, como parte de la recuperación parcial de una anterior destrucción de capital, pero esto no implica crecer.

Lamentablemente, sólo cabe ser pesimista al analizar los desequilibrios macroeconómicos existentes y la ausencia de un plan económico para enfrentarlos. No alcanza el equilibrio fiscal, ni tampoco un acuerdo con el FMI o alguna reforma previsional o tributaria menor. Se requiere un cambio estructural e integral para que la Argentina pueda recuperar el crecimiento real.