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Etiqueta: Fiscalidad

Todavía no escampa

Más allá no me atrevo ni a asomarme, por lo que pueda encontrar. Los hogares y las empresas españolas están todavía muy endeudados, tanto en términos históricos como en comparación con otros países. Hasta hace sólo cuatro años nos hemos lanzado a comprar casas a precios imposibles. Creíamos que podíamos porque los tipos eran muy bajos y teníamos todos trabajo. Hoy está en paro uno de cada cinco españoles que busca trabajar. Y lo de los tipos bajos se acabó.

Trichet ya ha dicho que podría subir los tipos en abril. Morgan Stanley cree que el BCE subirá los tipos tres veces este año. Tiene lógica. Los precios de los alimentos y del petróleo se están disparando y el contexto sigue siendo inflacionista. Y Francia y Alemania, que son los dos países que cuentan para el BCE, se están recuperando. ¿Le quedan años para pagar el coche? ¿Está atado a la hipoteca de su casa? Abróchense los cinturones, que diría Lorenzo Ramírez. En una situación así, con el trabajo en el aire, las deudas convertidas en una amenaza mes a mes y los impuestos cada vez más altos, lo lógico es lo que están haciendo las familias españolas, que es ahorrar.

Frente a ello, el Gobierno no hace las reformas necesarias para que nuestra economía sea más productiva. Por el contrario, el secretario de Estado de Economía llama a los españoles a consumir más para lograr una mejora en la tasa de crecimiento que sería un efecto puramente estadístico (el consumo supone el 70 por ciento de la contabilidad del PIB) a costa de la verdadera recuperación.

Sólo la perspectiva de una subida de tipos es motivo para preocuparse. Pero se suma el precio del petróleo, que rondará o superará los 100 dólares durante un largo tiempo. Y, de nuevo, esto hace especial daño a la economía española, que entre las grandes es de las más dependientes del petróleo del mundo. En 2009, Corea del Sur pagó con más del 6 por ciento del PIB la factura del petróleo, e India con algo más del 4 por ciento. Les siguen por encima del 2 por ciento España y China y, a partir de ahí las demás. Garoña ahorra todavía 5,6 millones de barriles, poco menos que lo que ahorraría una España a 110 kilómetros por hora; nos podríamos haber evitado ambos. No queda otra que rebajar el consumo, ahorrar lo que se pueda y reducir el endeudamiento. Hasta que escampe.

Esto no pinta bien

¿Pero qué ocurre si la hormiga falla en sus cálculos y el invierno, en lugar de durar una estación, se prolonga tres años? Ya seamos hormigas o cigarras, es lo que nos está pasando en España.

Según un informe del BBVA, nuestra renta disponible (el dinero que nos queda para consumir y ahorrar) descenderá este año un 1,7%. Súmele el casi 6% del año anterior. El problema radica en que al ciudadano se le está acabando lo que ahorró en los buenos años y no tiene un flujo de entrada de dinero lo suficientemente amplio como para crear excedentes dinerarios significativos.

Otros dos factores corren en nuestra contra. La inflación empieza a subir de forma acusada. Las perspectivas no son buenas a medio plazo. El Euribor se está disparando y los swaps sobre los tipos de interés a todos los plazos muestran que en un año el Euribor podría llegar incluso a doblarse. Nuestra renta disponible baja, la inflación sube y aumenta el coste de adquirir nueva financiación o de renovar la que ya tenemos.

A esta degradación generalizada de nuestra economía no han ayudado nada los gobernantes. No solo los del Gobierno central, sino tampoco las administraciones locales. Independientemente de las pueriles mentes socialistas que aún creen en el mito del buen gobernante, el Estado se comporta como cualquier otra persona u organización. Intenta sobrevivir a toda costa. Es lo natural. El peligro reside en que el Gobierno tiene el monopolio de la fuerza y aplica su violencia contra la gente cuando más le conviene sin atender a las circunstancias del ciudadano. Las mentiras y fraudes también le salen gratis. ¿Cómo pudo Montilla mentir sobre las cuentas de la Generalitat como lo ha hecho y aún estar campando por el mundo? Si hubiese sido el CEO de una empresa ya estaría en prisión con todo su equipo.

Con la licencia para el robo, el embuste y la extorsión de la que disfrutan los gobernantes, nos han subido todos los impuestos que han podido estos años. Muchas administraciones locales tienen serios problemas de dinero al igual que el Gobierno central. Teniendo esta foto y vislumbrando el adverso futuro, ¿qué cree que harán los políticos? Lo acertó: subir más impuestos y reducir privilegios sociales. Pagamos más, obtenemos menos. La principal culpa es del ciudadano por haber cedido su libertad al monopolio de la fuerza. Los políticos, más que nunca, son el principal enemigo de la sociedad civil.

Aunque nos culpemos por no haber previsto una situación como la actual y no haber ahorrado, gastado con prudencia o realizado inversiones serias a largo plazo, ¿qué derecho tiene el Gobierno a hundirnos más? En el cuento de la hormiga y la cigarra, la última pagaba su irresponsabilidad. Hoy día, el cuento cambia si personificamos a los políticos en el cuerpo de la cigarra. En momentos de expansión económica no ahorró nada y siguió saqueando nuestro dinero. El cuento se vuelve más espeluznante cuando llega el largo invierno económico. No se queda en un rincón y se muere de hambre, no. Viene a nuestra despensa, nos pone una pistola en el pecho para multarnos, nos saca más de nuestra producción, nos retira los privilegios y sigue viviendo como en la época de felicidad.

Me temo que no es la situación económica la que tenemos que arreglar, sino nuestra mortal relación con el Gobierno y sus políticos. Los burócratas están creando más pobres que nunca. La llamada clase media no se había encontrado jamás en este estado de excepción. Nuestro trabajo es luchar por nuestro nivel de vida, pero no lo conseguiremos agachando la cabeza como siempre y siendo

El circo sin pan

Ayer se dieron a conocer a las directrices generales del Plan Nacional de Control Tributario. No es algo excepcional, está previsto por ley que se publique cómo pretende el gobierno mejorar la eficiencia recaudatoria y la lucha contra el fraude fiscal durante ese año. Sin embargo, resulta más doloroso hoy que antes por las circunstancias económicas que atravesamos. Pero claro, ¿quién puede estar en contra de un plan que trata de eliminar el robo de unos ciudadanos a otros? Ese es el enfoque mezquino que se esconde detrás de este tipo de iniciativas. Y para explicarlo a quienes no tenemos problema alguno en cuestionar lo que haga falta, se recurre a la falacia más grande de todas.

Los impuestos deben pagarse como aportación a la financiación de los servicios comunes que todos utilizamos y por solidaridad, para que todos disfrutemos de determinado nivel de vida, se nos dice. De esa forma, cuestionar los impuestos es declararte en contra de pagar la parte que te corresponde de aceras, iluminación pública, etc., y también se entiende como defender que los viejecitos pobres se mueran por las calles y los niños, desnutridos, no estudien y acaben por llevar una vida miserable, probablemente en el mundo de la delincuencia.

Sin embargo, una cosa es estar de acuerdo en que si todos utilizamos servicios y bienes comunes como las calles o el transporte los gastos van "a escote", y otra aceptar que las cosas se hagan de cualquier manera. No todos los impuestos se utilizan para esos costes comunes, también se financian partidos políticos, sindicatos, fundaciones de todos los pelajes y se hacen transferencias a colectivos para las causas más peregrinas que uno pueda imaginar. A eso hay que añadir la corrupción en las instituciones, bien estatales, bien autonómicas y locales. Se financian cadenas de televisión deficitarias, institutos y comités duplicados, clientes electorales. Y, como era de esperar, la gente lo nota, y termina por no rebelarse, pero se siente justificada para incumplir la norma cada vez que puede.

Por otro lado está el tema de la solidaridad. ¿Es el Estado quien mejor asegura la provisión de esos servicios? ¿Como el caso de las pensiones? ¿O de la enseñanza? Y, sobre todo, ¿pueden los individuos elegir quién debe proveerlos? Frédéric Bastiat lo explica muy bien con su ejemplo de la carrera de caballos. Bastiat plantea que la provisión de bienes y servicios no es tanto como una carrera en la que es fundamental que todos los caballos pesen lo mismo para que no haya aventajados. Se trata de que el que corra más rápido llegue antes al campamento para entregar un mensaje muy urgente. Y ahí, si uno de los caballos pesa menos y es más veloz, no importa, porque lo relevante es entregar el mensaje. Es decir, en el caso de la sanidad, la enseñanza, nuestros mayores, niños y enfermos, lo solidario es asegurar que la provisión es universal y la mejor posible. Y no está claro que esa tarea la desempeñe mejor el Estado que la iniciativa privada, muchas veces es al revés. A pesar de lo cual, incluso si aportas datos objetivos, el mensaje sigue siendo que quieres que se mueran todos y eres una desalmada. Y te acusan de querer que haya medicina para ricos y para pobres.

No ayuda nada a sostener sus argumentos el que los gobiernos legislen de manera que establezcan categorías de ciudadanos: los "favoritos" y el resto. Unos, como los diputados, cobran unas pensiones y el resto, otras; o no declaran la mitad de sus ingresos y el resto trabajamos para el Estado la mitad del año. Unos (clientes electorales) reciben suculentas subvenciones para mantener viva una actividad que muchas veces es deficitaria, y al resto nos cuesta mantenernos como autónomos o PYMES.

Por eso es complicado que los ciudadanos de segunda aceptemos de buena gana este plan de lucha contra el fraude propuesto por políticos pillados en flagrantes mentiras y evidentes malos gestores de nuestro dinero.

Pero hay un caso en el parece que hay consenso. Se trata del respeto a la propiedad privada de los beneficios. Quienes guardan sus fortunas en "paraísos fiscales" tienen muy mala prensa y en estas directrices del Plan se expresa el propósito de luchar para que desaparezcan estos lugares en los que la tributación es menos estricta. Eso sí, se rechaza cualquier intento de Angela Merkel o Nicolas Sarkozy de homogeneizar fiscalmente la Unión Europea con argumentos olvidados cuando hablamos de fuga de capitales. Somos soberanos para establecer un sistema impositivo en nuestra nación, pero los países a donde los capitales de los ciudadanos españoles van no lo son tanto. El deber del Estado es crear un marco atractivo para que los inversores nativos se queden e incluso para que vengan los de fuera. De ahí que el Reino Unido haya tomado medidas para atraer a los inversores de fuera.

Finalmente, teniendo en cuenta la subida de impuestos reciente que no ha sido acompañada por un contundente esfuerzo de reducción del gasto, qué tipo de legitimidad tiene el gobierno de Rodríguez Zapatero para hablar de ajustar el presupuesto, sea de cara a la galería de la Unión Europea, sea porque no le llega para pagar a sus asesores. Ninguna, en mi opinión.

Pero no pasará nada. Mientras no prohíban el circo, nos quedaremos sin pan y tan contentos.

Los republicanos no han captado el mensaje

Básicamente, el trato tiene dos pilares. Por una parte, los republicanos han pedido aplazar las rebajas fiscales a aquellos con unos ingresos superiores a 250.000 dólares anuales y, en contrapartida, los demócratas proponen alargar durante trece meses los subsidios de desempleo.

Este tema ha dado mucha controversia. Michael D. Shear, un periodista del New York Times se ha asombrado de que los enemigos más virulentos del Tax Deal hayan sido los partidarios del libre mercado. ¿Pero es realmente una contradicción?

Uno de los principios de los defensores del libre mercado, representado en Estados Unidos por algunos Tea Party, es un Gobierno pequeño basado en el principio clásico de presupuestos equilibrados en lo concerniente a las cuentas del Estado. La primera sorpresa de los partidarios del libre mercado es que muchos congresistas republicanos que aún no han jurado su cargo han tirado por el suelo todo aquello que habían prometido. El resultado del Tax Deal se traduce en un Gobierno más grande.

Presupuestos equilibrados y responsabilidad fiscal no significa, por definición, aumentar el gasto del Gobierno con más subsidios, más estímulos, ni permitir que la Reserva Federal derroche 600.000 millones de dólares con planes que no funcionan. Desde que Bernanke anunció la segunda inyección masiva (quantitative easing, o QE) los tipos a largo han subido más de un 10%. El objetivo era el contrario, es decir, que bajaran. Se está confirmando lo que ya rondaba en el mercado, y es que la FED no tiene suficiente capacidad de fuego como para bajar la rentabilidad del bono a 30 años y se centra en los plazos de 2 y 10 años. ¿Cuántos planes de estímulo vendrán? Al final el dólar no va a servir ni para envolver el bocadillo de la merienda.

A este descontrol de gasto, los políticos de Washington añaden otra locura que contradice la idea de presupuestos equilibrados: bajar impuestos. Los impuestos solo se pueden bajar si el Gobierno deja de gastar. Más gasto con menos impuestos garantiza más problemas en el futuro. Esa fue la política de Ronald Reagan que ha durado hasta hoy. Mientras que Reagan bajaba los impuestos con una mano, con la otra derrochaba lo que no tenía.

Los que se oponen al Tax Deal no han perdido la cabeza ni se limitan a decir no a todo. Simplemente aplican el más básico sentido económico. Solo hay un camino para que tanto Estados Unidos como los demás países mejoren las condiciones de sus ciudadanos: Gobierno pequeño, diminuto; dinero sano y presupuestos equilibrados. Cualquier fórmula que no sea ésta llevará a todas las naciones a nuevas burbujas, más impuestos en el futuro, más pobreza y mayor desigualdad social.

La discusión no viene en cuánto bajar los impuestos. Si los burócratas no estuviesen tan empeñados en crecer y aumentar conforme a sus intereses individuales y corporativistas, tendrían que dar por sentado que el objetivo de cualquier impuesto es rondar el cero por ciento. Los partidarios del libre mercado esperan, en Estados Unidos y el resto del mundo, que se creen políticas reales con recortes de gasto agresivos. No es difícil como nos quieren hacer ver. Lea este artículo de Andrés Velázquez, Propuestas en la WWW para reducir el déficit público. El autor se pregunta: ¿por qué no eliminar el Senado y ahorrarnos más de 3.000 millones de euros? Noruega, Suecia o Dinamarca no tienen Senado. ¿Y las pensiones vitalicias de los políticos? ¿Y las ayudas a sindicatos, partidos, fundaciones, etc.? Nos podríamos ahorrar más de 40.000 millones de euros.

Ningún político de ningún color, ni país, es bueno para el ciudadano. La revolución del Tea Party no se va a traducir en un cambio real. El problema ha sido que los americanos de buena voluntad han confiando sus derechos y prosperidad al monopolio de la fuerza, el de la política y el Gobierno. Seguimos sin encontrar el camino.

Vamos a contar mentiras

…en comparación con el nefasto desempeño que nos depararía su sustituta en el cargo, Elena Salgado. El tiempo ha terminado por confirmar tal previsión. Y es que, si en 2009 el diario británico Financial Times ya situaba a Salgado como uno de los peores responsables económicos de la UE –tan sólo por delante de sus homólogos húngaro, griego e irlandés–, en 2010 su calificación desciende hasta el penúltimo puesto de la tabla, disputando el liderato de "peor ministro de Finanzas" al mismísimo Brian Lenihan, principal responsable político del desaguisadocelta.

Sin embargo, el aspecto más deleznable, vergonzoso y condenable de su actual función pública no radica tanto en las malas decisiones adoptadas, como el Plan E (13.000 millones de euros despilfarrados), o en sushonorables hitos económicos, tales como aprobar la mayor subida fiscal de la democracia (unos 15.000 millones) y alcanzar uno de los mayores descuadres presupuestarios de la zona euro (110.000 millones en 2009 y algo menos en 2010), sino en su desvergüenza política. Salgado se ha convertido, si es que no lo era ya antes, en una mentirosa compulsiva, cuya principal misión consiste en negar la mayor a fin de ocultar la cruda realidad a la ciudadanía.

Miente más que habla. Siguiendo al pie de la letra las enseñanzas de su maestro y guía espiritual José Luis Rodríguez Zapatero, Salgado insiste, una y otra vez, en lanzar anuncios que son automáticamente desmentidos apenas horas después. Y ello, sin ruborizarse lo más mínimo. El hecho de que no haya caído en la última crisis de Gobierno constituye la prueba irrefutable de que para eso fue, precisamente, designada por el presidente. La ministra desarrolla a la perfección la tarea encomendada: negar la mayor. Da igual que su credibilidad, ya de por sí escasa por no decir inexistente, quede en entredicho ante la opinión pública y la mayoría de analistas. Ella tan sólo se dedica a cumplir el guión preestablecido a sabiendas de que, llegado el momento, recibirá su justa recompensa.

Los ejemplos de tal desfachatez son numerosos. Así, por citar tan sólo los últimos, negó durante semanas la necesidad de activar un Plan B para reducir el déficit público. Dicho y hecho. La semana pasada Zapatero anunció en el Congreso un nuevo paquete de ajuste con el ilusorio fin de tranquilizar a los mercados. Justo después, ni corta ni perezosa, la ministra negó también la aprobación de alguna medida adicional en el Consejo de Ministros de ese mismo viernes, más allá de las citadas por Zapatero. De nuevo, Salgado sorprendió a propios y extraños con una nueva subida de impuestos sobre el tabaco, con la que pretende recaudar otros 780 millones de euros extra.

Ahora, la fidedigna y creíble ministra no se corta al afirmar que el fondo de rescate europeo "nunca estuvo pensado para España", como si su insultante palabrería pudiera travestir los hechos (confirmados aquí, aquí y aquí). Por si fuera poco, insiste en que el tamaño del fondo, dotado con 750.000 millones de euros, es suficiente para asistir a los países con problemas. Quizá por eso las principales autoridades internacionales no paren de discutir un plan alternativo en caso de que España precise ayuda. De hecho, hasta el propio presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, ha desmentido a Salgado este martes al señalar que la UE podría estudiar la ampliación del fondo "si fuera necesario".

Por último, según la ministra, el Gobierno cumplirá "el objetivo de déficit y también las reformas estructurales". Por desgracia, a la vista de lo expuesto hasta ahora, tales promesas serán un nuevo fiasco. La farsa debe continuar…

En el filo de la navaja socialista

Pero así están las cosas: los tipos de interés de la deuda pública española sigue con su progresivo pero imparable aumento y ya se sitúan en el 5,35%, 260 puntos por encima del bono alemán. Nuevo récord, nuevo clavo a nuestro ataúd.

No sé si desde La Moncloa están esperando un milagro que revigorice al zombie español, si ya se han resignado a salvarlo con tal de no aplicarle un electroshock "antisocial" y sólo están buscando alguna fecha para el sepelio o si estamos preparando el traslado a una clínica alemana. Lo ignoro, y confío en la capacidad de los médicos teutones para imponer su diagnóstico, pero conociendo la fanatización de la izquierda española, su hermetismo ante los hechos y ese punto de superchería New Age, cabe la posibilidad de que se encomienden a los santurrones hasta que las moscas y el hedor muestren que el cuerpo ya no admite rescate alguno.

Convendría, no obstante, tener bien claro que los potingues que ahora propugnan los curanderos de la izquierda no son más que eso: un fraude para desviar la atención del auténtico foco de infección. Porque si no fuera ya suficiente con volverles a oír repetir sus monsergas sobre los pérfidos especuladores que desde Zürich, la Trilateral y Bildelberg dirigen el mundo y que en sagrada alianza pretenden tumbar al Gobierno de progreso de Zapatero, ahora insisten en que la solución a todos nuestros males pasa por que el Banco Central Europeo inicie una compra a gran escala de deuda española.

Quién les ha visto y quién les ve. Después de machacarnos durante tres años con la consigna de que la crisis financiera se debía a que la desregulación había permitido a los codiciosos bancos estadounidenses cargar sus balances con activos basura, los izquierdistas instan ahora al banco de los bancos a que haga lo propio con la deuda pública española. Política de estado, ya saben.

Porque señores, sí, es evidente que el BCE, dándole a la manivela de la imprenta, puede monetizar nuestras emisiones de deuda de este año, en cuyo caso los especuladores saldrían bastante escaldados. Pero aun en ese caso, y dejando de lado el impuesto inflacionario, nuestros problemas reales permanecerían: un enorme déficit que se resiste a reducirse, cinco millones de parados que no generan ninguna riqueza y unos pasivos futuros en materia de pensiones explosivos. Nuestro escollo se llama insolvencia y eso ni siquiera el Banco Central Europeo puede remediarlo, ¿o es que acaso no se han dado cuenta de que, aun cuando el BCE compre nuestra deuda, habrá que pagarla en algún momento?

Sin reformas drásticas –en el gasto público y en las rigidísimas regulaciones que impiden que la economía se reestructure– nos vamos al hoyo, con o sin providencial intervención del banco central. Por tanto, cuanto antes las implementemos, menos dura será la caída. Y por si los prejuicios de la izquierda le impiden darse cuenta de que a medio plazo estaríamos quebrados en cualquier caso, los odiosos especuladores, por suerte, están ahí para recordárselo y anticiparle al presente algo del dolor futuro.

Ya sé que Zapatero y los socialistas preferirían irse de rositas, dejando la despensa carcomida y endilgándole el marrón de la suspensión de pagos al pringado que gobierne en 2016 ó 2020. Pero para eso están los especuladores: para que el futuro se convierta en hoy y para que los gobernantes nefastos tomen un poquito de su propia medicina.

La pelota está ahora en el tejado de los socialistas: ¿antepondrán la prosperidad de los ciudadanos a sus dogmas ideológicos o, en cambio, dejarán que éstos nos aplasten? Yo no apostaría por que defenestren a ZP y le den una oportunidad a ese libre mercado cuyo funcionamiento odian e ignoran a partes iguales. Pero en todo caso, al ritmo que vamos, no tardaremos mucho en comprobarlo.

Ni muy tonto ni muy valiente

…afirmando que los inversores perderían hasta la camisa si tomaban posiciones contra la deuda del Gobierno español, eran desconcertantes. En el titular se planteaba el editor que ZP debe de ser muy tonto o muy valiente.

Zapatero y su Gobierno han puesto a España al borde de la quiebra con las medidas de despilfarro público implementadas desde el comienzo de la crisis. Ahora vemos cómo otros países cuyos gobernantes siguieron las mismas recetas keynesianas han tenido que pedir auxilio y ser rescatados o están sufriendo para poder cumplir con sus compromisos de pago. Tras el hundimiento de Grecia e Irlanda todos los inversores y analistas miran a España y Portugal. Por eso Financial Times piensa que lo lógico después de lo que le ha pasado a Irlanda sería que Zapatero saliera a declarar que va a cumplir las promesas de mayo, que ampliará los recortes y que presentará nuevas reformas estructurales en cuestión de horas.

Pero Zapatero no es ni tonto ni valiente. Es un especulador temerario. No es tonto. Él sabe perfectamente que España está al borde de la suspensión de pagos. Lo que ocurre es que piensa que si lo reconociera se vería obligado a realizar verdaderos recortes del gasto público y del tamaño del Estado, e incluso a liberalizar mercados. Así que piensa que con este farol quizá logre mantener intacto el elefantiásico gasto e incluso le sirva de excusa para nuevas subidas de impuestos.

Tampoco es valiente. Alguien es valiente cuando realiza una acción en la que arriesga algo que aprecia mucho y que le pertenece. Zapatero, en cambio, arriesga el dinero del contribuyente presente y futuro, no el suyo. Está especulando de manera alocada con el crédito de las empresas, con el empleo de los trabajadores que aún tienen la suerte de conservarlo, con el sistema eléctrico, con las pensiones y con el tejido empresarial de todo el país.

Su objetivo no es otro que poder salir de esta crisis sin renunciar a la etiqueta de presidente "rojo" que el mismo se puso al llegar a Moncloa. Piensa que puede escapar en esta huida hace adelante soltando mensajes contradictorios para calmar a todos y seguir haciendo lo mismo: intervenir y gastar. Lo que parece tontura o valor no es más que temeridad y cobardía.

Bruselas quiere engordar aún más a nuestra costa

En apenas dos años y medio Keynes ha resucitado y ha vuelto a morir. Ahora la mayoría de los países se afanan en convencer a los mercados de que están decididos a equilibrar el presupuesto en unos pocos años y de que dejarán a un lado los planes de despilfarro.

Hasta ahora la Unión Europea parecía inmune a este debate y tanto la Comisión como el Parlamento estaban empeñados en incrementar en un 6,19% el presupuesto europeo del año próximo. Y si no es por la victoria de David Cameron en el Reino Unido posiblemente el europresupuesto hubiese crecido en ese monto sin apenas oposición. Sin embargo, desde finales de septiembre el ministro de negocios e innovación del Reino Unido, Vince Cable, ha estado criticando que la Unión quede al margen de los recortes.

La Comisión Europea, con Barroso a la cabeza, reaccionó a las críticas del Gobierno británico proponiéndole a los Ejecutivos de los Estados miembros una propuesta que pensaban que jamás rechazarían: reducir su aportación al presupuesto comunitario a cambio de permitir que la UE pueda, a partir de 2014, imponer tributos directamente a los ciudadanos europeos. En la actualidad casi el 90% de los fondos de la Unión provienen de aportaciones de los Estados miembros y tanto la Comisión como el Parlamento Europeo creyeron ver en la crisis presupuestaria de muchos países una oportunidad para "independizarse". Por eso Barroso se apresuró a emitir una propuesta en la que explica el tipo de impuestos que podría establecer a escala europea después de 2013, todos ellos muy de moda. Destacan en ese creativo documento la implantación de un impuesto sobre el transporte aéreo, una cuota sobre un nuevo impuesto energético europeo, la recolección de beneficios de la subasta de derechos de emisión de CO2, la implantación de un impuesto sobre las actividades financieras, el establecimiento de un IVA europeo o la introducción de un impuesto sobre la renta a nivel de toda Europa.

Afortunadamente, y contra todo pronóstico, las críticas de Cameron y sus ministros encontraron eco en Angela Merkel, quien a comienzos de este mes rechazó de plano el establecimiento de un impuesto europeo. Cameron aprovechó la posición de la canciller alemana y su enfrentamiento con las instituciones europeas para proponer en la pasada cumbre europea que en vez de crecer un 6,19%, el presupuesto de la Unión aumentara un 2,91%. El primer ministro británico recibió inmediatamente el apoyo de los gobiernos de Alemania, Holanda, Suecia, Finlandia, Dinamarca, República Checa, Francia, Austria, Eslovenia y Estonia. Los cinco primero países están además claramente en contra del establecimiento de los nuevos impuestos europeos.

Estas dos disputas sobre el incremento del presupuesto europeo y sobre el establecimiento de impuestos paneuropeos han provocado que por ahora el presupuesto de la UE para 2011, que por primera vez se negocia de acuerdo con las reglas del Tratado de Lisboa (que establece el acuerdo en igualdad de condiciones entre los Estados miembros y el Parlamento Europeo), quede bloqueado. En el fondo lo que está en juego no es tanto si las instituciones de la Unión Europea deben gastar 126.000 millones o 268.000 millones más (que también), sino si el proyecto europeo sigue siendo controlado a través de su financiación por los Estados miembros o no. Bruselas ya ha demostrado que incluso con presupuestos moderados es capaz de dañar enormemente la competitividad y la libertad de mercado a través de una gigantesca maraña de directivas intervencionistas. Si además se le otorga la capacidad de crecer a su antojo gracias a estos nuevos impuestos europeos, el estatismo europeo se expandirá aún más rápido y de manera imparable.

Asfixiante anatocismo

Eso de que los intereses generen intereses, de que nuestra riqueza sea capaz de generar una renta con la que podamos crear nuevas fuentes de riqueza productoras de renta, es lo que ha permitido que los seres humanos hayamos dejado de recolectar frutas de los árboles para dominar la tierra, el mar, el aire y, en un futuro, el universo.

Sin embargo, el mismo principio que lleva al ahorrador individual a enriquecerse multiplicando su capital, también conduce al despilfarrador a la bancarrota dividiendo sus pertenencias. Si en lugar de convertir nuestros ahorros en patrimonio productivo dilapidamos nuestro patrimonio productivo para estirar un poco más nuestro insostenible consumo, estaremos viviendo unos años por encima de nuestras posibilidades para pasar a malvivir durante décadas muy por debajo. Porque lo peor de talar el árbol que nos da sustento con sus frutos no es que la leña que gastemos hoy no la podremos emplear mañana, sino que al cortar el árbol nos quedaremos sin todos sus frutos futuros.

El anatocismo –pagar intereses por los intereses pendientes de pago– no es más que eso: una progresiva tala de todos los recursos productivos de una economía. Robert Kiyosaki lo llamó la carrera de la rata: en lugar de poner el dinero a trabajar por nosotros, nos ponemos nosotros a trabajar por el dinero. Es lo que tiene querer vivir como un rico sin serlo: que en lugar de ahorrar para invertir y disfrutar de las rentas, nos endeudamos para consumir y ser aplastados por los intereses.

Zapatero ha convertido a todos los españoles en ratas que no pueden dejar de dar vueltas en la rueda de su deuda. En 2011 los intereses de los bonos del Tesoro español ascenderán a 27.500 millones de euros, el 2,5% del PIB. "Poca cosa", pensará alguno, "todavía nos quedan cientos de miles de millones de los que ir tirando. Bueno, quizá cambiemos de perspectiva si decimos que esa cantidad equivale al 23% de todos los ingresos tributarios del Estado central para 2011 y a casi el 20% de todos los impuestos que recaudaron el conjunto de las Administraciones Públicas el año pasado. Es decir, un quinto de todos los impuestos que ya estamos pagando van directos a cubrir la irresponsabilidad socialista de nuestros gobernantes.

¿Le sigue pareciendo poco? Pues espere unos años. Porque el anatocismo es lo que tiene: mientras no eliminemos el déficit público –y nadie sensato prevé que vaya a desaparecer en el próximo lustro– seguiremos pagando estos asfixiantes intereses mediante la emisión de nueva deuda. Intereses generan intereses, y mayores impuestos presentes cercenan nuestra riqueza futura. Lástima que nuestros políticos no hayan entendido ni el poder explosivo de la capitalización del ahorro –de los presupuestos austeros y de los impuestos bajos– ni el poder destructivo del anatocismo de la deuda –de los presupuestos descuadrados y de los impuestos confiscatorios. O quizá sí lo hayan entendido y les dé igual; los intereses de los intereses de sus juergas los pagamos nosotros, no ellos. ¿Para qué apretarse el cinturón?

¿Aumentar la tributación a las SICAV?

Verdaderamente, la socialdemocracia llega a mermar las capacidades intelectuales de (muchos de) sus súbditos. Distorsiona el sentido común de maneras insospechadas. Si no, no es fácil explicar que la mayoría de la gente se crea que subir los impuestos a las rentas muy altas es una medida positiva para la economía y para el país en general.

Uno de los mayores ataques lo sufren las sociedades de inversión de capital variable, las SICAV. Estos instrumentos de inversión han sido objeto de polémica casi desde su creación. Son instituciones de inversión colectiva que adoptan forma de Sociedad Anónima y que tienen por objetivo la captación de fondos de los accionistas, que invierten en la sociedad para gestionarlos y proporcionarles el mayor rendimiento posible. Se trata de una figura constituida para gestionar el patrimonio de los inversores con un nivel de activos elevado.

El punto más polémico es que estas sociedades, como el resto de las sociedades que gestionan fondos de inversión,  tributan al 1% en el impuesto de sociedades, lo cual supone una ventaja fiscal importante.

No les falta tiempo a los lumbreras económicos de los gobiernos y de múltiples medios de comunicación para proponer una subida del Impuesto de Sociedades a todas las instituciones de inversión colectiva, desde el 1% actual hasta el 18%. Esta medida, dicen, tendría un efecto recaudatorio de más de 15.000 millones de euros.

Esto no deja de ser wishfull thinking típicamente liberticida e intervencionista. La realidad es que el ser humano no permanece inmóvil e impasible ante un cambio de circunstancias en su entorno. ¿Qué significa esto aplicado a las SICAV? Pues simplemente, que los inversores, que son personitas de carne y hueso como usted y como yo, ante una subida espectacular del gravamen lo que van a hacer es evitar sufrirla. Por el comprensible hecho de que no desean que el gobierno de turno dilapide su fortuna en obras públicas y financiando a grupos de presión.

Estos pasos en falso de los gobiernos solamente empobrecen a sus poblaciones. Para muestra, un botón: recientemente supimos que el 70% de las grandes fortunas abandonan el País Vascodebido a la decisión del gobierno autonómico de elevar la tributación de las SICAV del 1% al 28% en el Impuesto de Sociedades. 65 de las 92 SICAV que había domiciliadas en Vizcaya, Guipúzcoa y Álava al inicio de 2010 se han registrado en otras comunidades, principalmente Madrid. Unos 420 millones de euros han dejado el País Vasco. Y se estima que para finales de año, las 27 sociedades que quedan en el País Vasco también hagan las maletas y abandonen la región.

Así que no solamente no va a aumentar la recaudación, sino que no se va a recaudar prácticamente nada a muy corto plazo por la huida total de estas sociedades. Con el consecuente impacto en términos de riqueza, crecimiento económico, bienestar y empleo. Es así de sencillo. Las decisiones políticas afectan a la forma de invertir. Pura lógica de la acción humana.

Ante esto, Patxi López no sólo no ha reconocido el error garrafal que esta medida supone, sino que no le ha faltado tiempo para pedir al Gobierno central que extienda al resto de España la obligación de la SICAV de tributar al 28-30%. Que es lo mismo que pedirle a Zapatero que haga que todos los grandes patrimonios se lleven sus SICAV de España al extranjero en pocos meses. Especialmente a Luxemburgo e Irlanda, países con mejor fiscalidad y mayor flexibilidad en cuanto a regulaciones.

Hay quienes, entendiendo y compartiendo lo expuesto anteriormente, comentan que la diferencia impositiva entre las SICAV y otras sociedades supone un trato preferencial para las primeras, lo que resultaría ser una injusticia para las segundas.

Yo comparto la demanda de que a todas las sociedades se les aplique el mismo rasero, es decir, que tengan el mismo trato fiscal. Pero esto, bajo mi punto de vista, debe implicar bajar la tributación a las demás sociedades hasta el 1%, no subírsela a las SICAV hasta el 30%.

Claro que antes de plantearse esto último, ya sabemos que los políticos prefieren hablar de “ataques especulativos” y conspiraciones de los ricos, cuando en el fondo el único ataque que se produce es, simple y llanamente, un ataque político contra el dinero y la libertad de las personas.