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Etiqueta: impuestos

Mentira de hacienda #357: la planificación fiscal agresiva

A toda acción le corresponde una reacción igual y opuesta, expresa la tercera ley de Isaac Newton. No es metodológicamente correcto aplicar o hacer análogas las leyes del mundo de la física (ciencias naturales) a la Economía, porque se trata de ciencias diferentes que requieren métodos científicos distintos. Pero, efectuando esta importante salvedad, podríamos reconocer que, al menos metafóricamente, algunas ideas son útiles porque nos resultan más cotidianas y tangibles.

El segundo elemento que se debe mencionar -en pos de seguir la línea de este artículo- es que como bien inicia Carl Menger su obra Principios de Economía Política, “Todas las cosas se hallan sujetas a la ley de causa y efecto. Este supremo principio no tiene excepciones”.

En las ciencias sociales (la economía, desde luego) no existen las relaciones constantes. Existen las relaciones genético-causales, o mejor dicho Teleológicas, como expresaría el profesor Benegas Lynch (h.) y, en este sentido, al tratarse de la acción humana, a toda acción no le corresponde igual reacción, o lo que es igual decir, no toda causa tiene un igual efecto. Aunque si un sentido cronológico, una dirección y un orden concatenado. Hay un momento cero, un momento uno, dos, y así sucesivamente. Comprender esto último, por más simple que parezca, es de suma importancia.

Un error común en Economía es confundir -o invertir- la causas con la consecuencia y, por lo tanto, perder de vista la realidad de los fenómenos sociales (con la gravedad que ello implica). De esto se trata el presente artículo.

¿Por qué es importante entender esto en materia de tributación?

Porque la tributación es violencia sistemática en su estado más puro. El Derecho Tributario (por mucho que se quiera esconder u omitir este asunto) es el derivado histórico del Derecho de Guerra. No se trata de un primo o familiar lejano, sino directamente su primogénito. Tributos pagaban los derrotados como precio para no ser aniquilados.

Fue Murray Rothbard, quien, apoyado en las ideas bien entendidas de John Locke (Siglo XVII) desarrolla correctamente el Principio de No Agresión (PNA). Principio que esencialmente significa que ninguna persona o grupo (el estado no es más que un grupito de personas) tiene derecho a iniciar el uso de la fuerza física contra otra o su propiedad.

Es decir, todos venimos al mundo de igual manera y sin saber bien por qué (el misterio de la vida) y los Derechos Naturales del ser humano, que nos corresponden por nuestra condición humana per se -y que no derivan de ningún gobierno o estado- son a la Vida, la Propiedad y la Libertad. En resumen y al propósito: cada persona con su propia vida, y en uso de su Libertad, efectúa trabajos con sus manos o mente y el producido es absolutamente suyo. Es de su propiedad privada.

(El tratamiento del hecho de vivir en sociedad -la siguiente cuestión lógica en la que estriban los estatistas- por cuestiones de espacio físico y para no alejarme del tema central del artículo, será profundizado en otra publicación, el supuesto Contrato Social, y su inexistente firma)

No existe la planificación fiscal agresiva. En todo caso, será planificación fiscal defensiva

La OCDE, siempre la OCDE. Para dotar de algún prestigio, no es que esto lo diga algún estado, o administración tributaria (desprestigiadas), sino que lo dice la OCDE. Organismo en teoría técnico, supranacional, apartidario. Pero, por sobre todo, bien intencionado (permítase siempre dudar).

Todo ello en su Acción BEPS N° 12. (BEPS por sus siglas en inglés, Base Erosion and Profit Shifting – Acciones que buscan combatir la erosión de la base imponible y traslado de beneficios, por parte de las insolidarias y perversas empresas y personas).

La Acción N° 12 específicamente reza: “Exigir a los contribuyentes que revelen sus mecanismos de planificación fiscal agresiva” (La traducción a la verdad sería: si vas a defenderte te exijo (so pena de más golpes) que me lo digas ahora).

Otra cuestión, que también sería motivo de risas -si no fuese cierta- es que esta misma Planificación Fiscal Defensiva, de lo que los estatistas se quejan, surge simplemente de aplicación inteligente de las mismas normas… ¡que los mismos estatistas imponen! Ellos imponen las reglas de juego, y luego ellos mismos dan berrinches cuando pierden.

Es decir, esto evidencia que en última instancia se quejan de su propia ineptitud. Por supuesto, en cuestiones de estado, la violencia se resuelve con más violencia. Luego se excusan en las dificultades que presenta la fiscalidad internacional, y por lo tanto buscan cartelizarse y demonizar la competencia fiscal (sobre competencia fiscal me remito a la serie de mi autoría sobre este tema).

Ya me he expresado en otras publicaciones acerca de la manipulación del lenguaje y su importancia. Joseph Goebbels ministro de propaganda del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (nazi), bien consciente de esta cuestión, manipulaba el lenguaje y creaba relatos cuasi fantásticos para mantener adormecida a la población o para movilizarla a su antojo.

Volviendo a la Planificación Fiscal Agresiva, según se pretende que creamos esto como cierto. Sería como equivalente a decir que el niño acosador (Bully) golpea todas las semanas al niño acosado, y cuando este último se defiende, el acosador da pataletas y lo regaña por defenderse, acusándolo de ser agresivo. De la misma forma que un ladrón de casas se queje porque los propietarios ponen candados cada vez más grandes y seguros en las puertas de sus casas. El hecho de defenderse no implica agresión. Justamente, es defensa.

Es absurdo el planteo de la OCDE. Por eso, es menester insistir, en que se debe conocer el origen -causa última- y ser conscientes de la dirección correcta y sentido cronológico de los acontecimientos humanos. No podemos etiquetar de agresor, a quien defiende su propiedad privada. De la misma manera que no se puede decir que existe planificación fiscal agresiva, cuando es el estado (que es el robo organizado con apariencia de legitimidad) quien primero realiza el ataque a la las personas y su propiedad privada.

Corresponde desnaturalizar los impuestos. Comprender la importancia y carácter absoluto de la propiedad privada. Entender la esencia violenta de los tributos. Y una vez bajo este paradigma, dejar al orden espontáneo social que, guiado por la innata creatividad de las personas, encuentre nuevas formas de cooperación social, libre de toda violencia. Hasta tanto, el progreso no será el que podría ser.

Reflexiones sobre la profesión del tributarista y la Economía

Finalmente, cabe decir que los profesionales de la rama no perciben esto último. Muchos no son verdaderos estudiosos, son excelentes adoctrinados. A veces, no porque no quieran, sino porque no pueden. Carecen del cuerpo teorético necesario para hacerlo porque solo han estudiado la biblioteca del estado. Entonces, en terminología hayekiana, si no hay una correcta capacidad clasificatoria (derivada del conocimiento profundo y total de la ciencia) lo observable o la realidad en cuestión no es más que información sin sentido. Que luego deriva en conclusiones descabelladas sin conexión con la realidad. Así, es suma y socialmente nocivo considerarse tributarista, siendo lego en Economía.

¿Cómo puede estudiarse la naturaleza del objeto del estudio, supongamos, el tributo, sin comprender a fondo el ambiente y metaestructura donde este opera? Más aún, ¿cómo puede comprenderse la inmoralidad y su ineficiencia, si no se comprende el orden espontáneo de mercado? Es decir, la economía tal como es, en su estado puro de naturaleza y sin injerencia gubernamental.

En síntesis, ¿Cómo puede pretenderse resolver el problema, sin llegar a entender que el objeto de estudio en cuestión es la causa del problema?

Por eso los dislates que observamos en ciertos círculos o foros fiscales. Planteos a veces nauseabundos. La Acción N° 12 sería chistosa si no fuese cierta. La pretensión de diseñar un impuesto a los super ricos es otra. Podríamos trazar infinitos límites para definir al rico del “super” rico. O, el (IPE) Impuesto al Patrimonio Excedente, ¿excedente de qué?

En definitiva, los tributaristas (por cierto, no todos, pero en su gran mayoría los que pertenecen al estado) parecen jugar intentando garabatear dibujos y fantasías en el aire, sin ningún anclaje en la realidad. Es triste y peligroso al mismo tiempo. No alcanzan a ver la realidad, porque se especializan, cada vez más, en los mismos programas de estudios y cursos, que el mismo estado directa o indirectamente provee.

En resumen, el tributarista que se especializa en estudiar los impuestos, sin entender Economía, no es muy diferente de decirse conocedor al extremo de los reglamentos del juego de mesa Monopoly, o algún otro. No sirve de nada. Solo hace daño. Es convertirse en experto de la forma, el derecho positivo -la legislación en constante cambio- sin comprender la cuestión de fondo, la Economía y fundamentalmente el orden espontáneo.

Para cerrar, vale repetir una y mil veces: No existe el impuesto neutro, mucho menos el impuesto justo. Lo único justo sería la inexistencia del impuesto.

Impuestos, Argentina, y otro paso más en la dirección correcta

“La tributación constituye la matriz común que une a las sociedades democráticas con los sistemas totalitarios” bien afirmaba Imre Kertész, sobreviviente de Auschwitz y Premio Nobel de Literatura año 2002. El pasado mes de mayo, el Gobierno argentino de Javier Milei, ha dado otro paso más en la dirección correcta: adoptar medidas que sean acordes al modelo de la libertad y que respeten el carácter absoluto de la propiedad privada y privacidad de las personas.

Cuestión que debemos defender y que muchos autodenominados tributaristas (sobre todo aquellos que dependen del sector público) no logran, o quieren, comprender. Porque no logran entender la Ley Natural y sus consecuencias lógicas derivadas. (Llegando a decir así que la propiedad privada no es absoluta, sino relativa porque -justamente- los impuestos existen. Alterando la secuencia lógica causa-efecto e incurriendo así en una triste suerte de razonamiento circular del que no saben salir)

No existe el impuesto neutro, ni mucho menos el impuesto justo. Lo único justo sería la inexistencia del impuesto. Pero en las coordenadas de lugar y tiempo de la civilización humana actual aún debemos soportar las cargas tributarias como sedimento de nuestras épocas más oscuras de guerra y esclavitud.

Dicho esto, en el marco de las medidas gobierno nacional, la Agencia de Control y Recaudación Aduanero (ARCA), anunció una serie de modificaciones que tienen como objetivo proteger la privacidad de las personas, cuestión sumamente importante y que constituye una fuerte señal indicadora del brillante y nuevo camino político argentino.

Se derogan así varios regímenes de información y se amplía el umbral de otros con el fin de enfocar los recursos del estado en grandes contribuyentes y estructuras de evasión sofisticadas. Se espera que, a la brevedad, y cuando se tengan las mayorías parlamentarias correspondientes, la Argentina realice una reforma tributaria integral que sea más respetuosa con la propiedad privada de sus habitantes. Fomente el ahorro y constituya suelo fértil para el emprendimiento y las inversiones. Una reforma que le permita alejarse de ser el infierno tributario que ha sido, producto de gobiernos socialistas, (de buenos y malos modales) y acercarse a ser una jurisdicción de baja o mínima tributación. Cualquier persona en su sano juicio prefiere el paraíso al infierno.

Entre las medidas que se detallan más abajo, se encuentra también la simplificación del régimen de declaración del Impuesto a las Ganancias (renta), con la idea de reducir la presión fiscal indirecta. Es decir, el inestimable y valiosísimo tiempo que dedican las personas a cargar y rellenar un sinfín de formularios para determinar la materia tributaria. Esto incluye que se prescindirá de cargar información relativa sobre consumos y patrimonio de los ciudadanos, defendiendo así la privacidad de estos.

  • Compras con tarjeta y billeteras virtuales: ya no se informarán a ARCA, protegiendo la privacidad de los consumos personales.
  • CITI Escribanos: los escribanos ya no reportarán operaciones notariales de $10M o más a ARCA.
  • Compraventa de autos usados: los concesionarios ya no deben informar estas operaciones a ARCA.
  • Pago de expensas: las administradoras de consorcios dejan de reportar estos pagos a ARCA.
  • COTI (venta de inmuebles): los vendedores o agentes inmobiliarios ya no deberán reportar las propiedades a la venta a ARCA.
  • Consumos relevantes de servicios: las empresas de luz, agua, gas y telefonía ya no reportarán consumos a ARCA.
  • Además, se establece la prohibición a los bancos de solicitar DDJJ de impuestos nacionales, pudiendo las personas negarse y acudir a Defensa del Consumidor

Como si estas medidas fueran poco, además, se han actualizado (y elevado sustancialmente) los umbrales de información para los regímenes que aún quedan en vigencia. Por citar dos ejemplos, de informar todos y cada uno de los montos de extracciones en efectivo a solo extracciones que superen los diez millones de pesos (8.333 dólares al tipo de cambio actual). Y para el caso de constitución de plazos fijos de 1 millón a 100 millones de pesos (833 dólares a 83.000 dólares en el caso de personas físicas).

A quienes desesperan, pero con especial dedicación a quienes, estando callados en gobiernos anteriores, vociferan ahora, solo cabe decir que no se puede arreglar el desastre generado por años del virus estatista de manera tan sencilla. Sobre todo, cuando aún existen adictos al Leviatán. Cada paso dado en la dirección correcta es motivo de celebración. No se pueden deshacer los desastres del socialismo en un día, de la misma manera que no se puede tener un físico atlético de la noche a la mañana. Es un camino que debe transitar, y si es en la dirección correcta, cada paso vale, y mucho.

Ver también

Wendell Holmes Jr. estaba equivocado, Thoreau siempre tuvo razón

En la fachada del edificio del IRS (Internal Revenue Service, la agencia tributaria estadounidense) puede leerse bajo relieve inmortalizada la famosa frase de Oliver Wendell Holmes Jr. «los impuestos son el precio que pagamos por vivir en civilización». Así suele traducirse, aunque, la frase en inglés realmente no dice la palabra precio, sino: «Taxes are what we pay for a civilized society».

Impuestos y estado

Sin embargo, esto no solo no es cierto, sino que es una vil artimaña. Y a razón de los lamentables y tristes eventos que han acaecido recientemente, ello ha quedado en cabal evidencia. Solo alguien que, o tiene un interés particular por formar parte del estado, o quien repite sin saber por haber sido adoctrinado (desde las escuelas públicas y a veces privadas también) puede seguir pronunciando esa frase tan dañina.

Pronunciar expresiones como esas, en el caso de los primeros, resulta lógico porque el estado no es más que un conjunto de personas con cierto grado de permanencia temporal que busca maximizar su beneficio particular. El estado desde luego no existe como se quiere que lo concibamos. No tiene existencia ontológica. Tampoco es una entidad abstracta con interés propio. Ni mucho menos brega por el bien o interés común, dado que esto último tampoco existe.

Más allá de Weber y otras conocidas definiciones, mi definición es que el estado es una simple, pero enraizada creencia y resulta necesario «desenquistarla» para que la civilización humana pueda despegar y aprovechar su máximo potencial creativo. Es la creencia de delegación en una entidad sobrehumana o cuasi divina. La natural tendencia de seres humanos, en fase inmadura o irresponsable, que desean aliviar la carga de sus hombros en este ente que no son ellos, pero que al mismo tiempo «somos todos». Es realmente contradictorio. Por esta razón, para este tipo de gente la única solución posible es dar mayor poder al estado. 

Lo único cierto es que el mundo está constituido por iguales seres humanos. Personas de carne y hueso con los mismos misterios, angustias, y preguntas existenciales como denominador común. Sin embargo, como bien lo sintetiza Thoreau en su Desobediencia Civil, el estado es como un «fusil de madera», que su mera, pero inútil tenencia alivia la angustia de muchos y tranquiliza a otros.

La verdad es que el estado “no tiene ni la vitalidad ni la fuerza de un solo hombre, ya que un solo hombre puede plegarlo a su voluntad” (Thoreau, 1849).

Cuando por diversas razones como ser: alcanzar determinado nivel de bienestar material, paz espiritual, o riqueza intelectual, la gente comienza a hacerse preguntas y a percatarse de lo estéril que es el estado. Allí comienzan a temblar los cimientos de una creencia que puede desmoronarse. Es entonces cuando quienes forman parte de él y ven peligrar su estilo y forma de vida, (mantener el statu quo), recurren al manual de procedimientos y emergencias y por ello se desatan determinadas acciones.

En general pueden ser o, estrategias de polarización o amenazas que buscan la unión cuando se trata del entorno mundial. En cualquier caso, resultan efectivas dependiendo del contexto y situación de partida. La polarización resulta más sencilla de ver: izquierda-derecha, ricos-pobres, empresarios-trabajadores, hombres-mujeres, etc. Pero hay otro mecanismo, no necesariamente excluyente, que toma relevancia en un contexto donde una élite pretende allanar el camino a un orden mundial hiper centralizado. La justificación estatal (como si de una religión se tratase) buscará acción coordinada y centralizada frente a un enemigo común.

Hace 20 años fue la amenaza de armas químicas que nunca se encontraron, grandes guerras, etc. Sucede que, con las tecnologías actuales se hace más difícil este tipo de artimañas que involucran grandes objetos o ejércitos enemigos. Por eso, más reciente, la supuesta y orquestada pandemia del Coronavirus. Ello hace, a todas luces, que el enemigo debe ser necesariamente invisible. Ahora sin lugar a dudas la estrella elegida es el cambio climático. Sin ser broma, como el delirio y ansias de poder es cada vez mayor, en esta línea, lo próximo debería ser una inminente invasión extraterrestre.

Sin entrar en detalle de cómo es que se orquesta cada cuestión, no cabe dudas que la propaganda y los medios de comunicación son parte esencial del problema. Herramienta de los gobiernos para repetir mensajes sin sentido como “el cambio climático mata”. De ahí también la desesperación de los políticos por controlar las redes sociales porque son un “peligro y atentan contra la democracia”. Pero, ¿peligro para quién? Para ellos. Es gracias a las redes sociales y a la Libertad de expresión que la sociedad civil pudo y puede organizarse eficiente y espontáneamente frente a catástrofes.

Lo cierto es que detrás de toda la parafernalia existe, por un lado, la coacción para extraer recursos de los ciudadanos, sean o no feligreses del estado. Y por otro lado el permanente bombardeo de imágenes y relatos de un mundo caótico sin la existencia de un estado que pueda resolver aquellos problemas, que en primera instancia el estado mismo genera.

En la antigüedad, los jefes y caciques de las tribus junto a los brujos o sacerdotes (hoy serían los científicos o comités de expertos), eran los transmisores de la palabra del «Dios», quienes podían interpretar las manifestaciones de la naturaleza al lego y así explicar fenómenos e impartir justicia. Explicaciones que hoy nos parecerían ridículas pero que los mantenían en el poder. En pleno Siglo XXI, los políticos reemplazan a Dios por el estado. El cuento es el mismo, la entidad salvadora es otra. Para nuestros descendientes dentro de 1000 años las justificaciones actuales del estado les sonarán igual de absurdas que a nosotros creer en el Dios trueno.

El problema es que al final de la vida de cada ser humano con igual misterio y dudas existenciales, quienes habremos pasado por el mundo terrenal siendo expoliados somos los pagadores de impuestos netos. (aquí cabe aclarar que ningún funcionario es pagador de impuestos, da igual si es del poder ejecutivo, legislativo o judicial). 

En definitiva, quienes pagan impuestos son los perdedores. Esto no debe sorprendernos, y aunque no muchos lo saben, el derecho tributario deriva del derecho de guerra. Somos los que hemos perdido o estamos perdiendo, los expoliados con este sistema de violencia estatal. Donde un grupo goza vidas de lujo y otro grupo constituye la neoesclavitud. Al final del juego, la única realidad es que unos vivieron a expensas del tiempo y de la energía de otros.

No siempre el robo fue tan magnánimo y sistemático. Hubo otra época

Hace aproximadamente dos Siglos atrás, la brutal realidad tributaria actual era inconcebible. (tomado del Museo Nacional de Historia Estadounidense – Smithsonian – Washington DC):

Poco después de que Andrew Oliver fuera nombrado distribuidor de sellos -recaudador de impuestos- para Massachusetts en 1765, una turba enojada que esperaba forzar su renuncia colgó su efigie de la rama de un olmo en Boston. Al mismo tiempo, la figura de un diablo con una bota que colgaba de la otra rama representaba a Lord Bute, el influyente consejero del rey que abogaba por imponer impuestos a las colonias. Multitudes en otras colonias trataron de intimidar a los agentes fiscales colgando sus efigies de árboles similares de la “Libertad”, y pasaron a utilizar alquitrán y plumas a los agentes que no renunciaban

La gente de bien se manifestaba de manera activa en contra de que le quiten lo que naturalmente les era propio. Y no existía el impuesto a la renta.  Ahora, los impuestos se han normalizado de tal manera que nos parece absolutamente natural que se pague la ridícula suma 25% (por lo bajo, en circunstancias llega al 48% y más). Pero se paga con un absurdo convencimiento y con la cabeza baja.

La verdadera naturaleza del estado

Para finalizar, el verdadero deber del estado (verdadero en el sentido que es congruente con la naturaleza de su existencia) es insuflar de miedo a la sociedad. Ya decía Henry Miller en 1946,

La falsa idea de que el Estado existe para protegernos se ha desintegrado mil veces. Sin embargo, mientras el hombre carezca de seguridad y confianza en sí mismo el Estado prosperará. Él puede existir gracias al miedo y a la incertidumbre de cada uno de sus miembros.

Cuando la realidad a todas luces es que el estado no puede vivir sin su huésped.

Hay otros que dirán que el estado existe para redistribuir la riqueza porque el mundo es desigual y por lo tanto injusto. Otro disparate más. Un absurdo. Para ser justos con el señor Holmes Wendell Jr. de quien solo me limito a decir que su citada frase es errónea, traigo su opinión respecto de este asunto: “No tengo ningún respeto por la pasión de la igualdad, que me parece más que idealizar la envidia

Dado que una pregunta mal planteada o que nada importa, nunca resuelve el problema. Cabe decir que gracias a Dios existe la desigualdad. Pero a los efectos del problema, la desigualdad es totalmente irrelevante. El problema a resolver es la pobreza. Y la pregunta es ¿cómo generar riqueza? la respuesta siempre es: con más Libertad.

Hasta tanto la sociedad no entienda esto último, seguiremos con los problemas actuales (guerras, hambre, pobreza, inflación, catástrofes y una lista interminable) y no podremos dar el siguiente salto como civilización. Cuando logremos superar ese primer obstáculo -el de ver la realidad, abrir los ojos- recién ahí podremos volcar la infinita capacidad creativa del ser humano para imaginar las formas que hoy resultan inconcebibles. Pero, si ante cada inconveniente la respuesta es más estado más impuestos, estamos perdidos.

En algún momento, la existencia del estado será tan solo una diminuta mancha en la inmensa historia de la civilización humana.

Competencia fiscal: el terror de los socialistas

Cierra el año 2024, y este pasado noviembre la Asamblea General de la ONU votó a favor de avanzar en el diseño de una convención sobre cooperación fiscal internacional y el Impuesto Mínimo Global del 15% a las multinacionales. Como siempre, los pretextos y fundamentos son reducir la evasión fiscal, reducir las desigualdades, y promover la justicia fiscal. Vaya a saber uno que significa con exactitud esto último, pero suena muy bien. El presidente del Comité de Coordinación de la GATJ (Global Alliance Tax Justice) dijo «La votación es un paso adelante hacia la creación de un sistema fiscal justo y progresivo que apoye el bienestar de todas las personas y el planeta»

En el campo fiscal nunca algo puede ser justo y progresivo al mismo tiempo. La progresividad de los sistemas fiscales penaliza a aquellas personas que más han sabido satisfacer las necesidades y deseos de los consumidores, puesto que de otra forma es imposible concebir el nivel de ingresos exteriorizados. Progresividad es castigar con un gravamen mayor al que más tiene, para darle a quien el burócrata de turno considere, y en el medio quedarse con una porción.

Cualquier persona que bregue por un estado reducido y eficiente, no puede estar de acuerdo con el Impuesto Mínimo Global, sea del 15% o del porcentaje que sea. Ese suelo fiscal lo único que produce es reducir la competencia entre países por tasas corporativas. ¿Acaso olvidamos lo importante que significa la competencia?

Un impuesto mínimo global, con vocación ascendente

En materia fiscal, la historia es siempre bien parecida. Hoy es un 15% (para los feligreses estatolatras es demasiado bajo) y para empresas multinacionales que facturen más de 750 millones de dólares. Sin embargo, con el tiempo, ese 15 pasará a un 20, y esos 750 descenderán a 500 y así sucesivamente.

Amén de esta realidad en materia fiscal, donde todo lo temporal se convierte en permanente y donde el ahogo ocurre de manera lenta y progresiva, lo peor resulta ser la eliminación de la competencia fiscal.

Es la competencia, sin lugar a dudas, en un libre mercado, lo que hace que las empresas busquen la mejor manera de hacer las cosas. De ofrecer mejores productos y servicios, de mejor calidad y a mejor precio. En resumen, es la competencia la que permite acercarnos a la eficiencia de medios y recursos que, por definición económica, son escasos. Es siempre la competencia la que lleva al ser humano a ir siempre más allá, de los límites concebibles. El mejor ejemplo son los Juegos Olímpicos. Basta elegir una disciplina y mirar los JJOO de 1924 y los de 2024, y observar cómo el ser humano cada vez ha logrado hazañas más increíbles. La competencia es aquello que nos hace superarnos.

Al eliminar la competencia para los estados con esta cartelización (que tanto se critica y persigue cuando la realizan los del sector privado) no estamos haciendo más que quitar de raíz un importante (sino el mayor) incentivo para hacer las cosas de manera eficiente. Por lo tanto, los estados no tendrán razones para ser más eficientes y/o gastar menos porque la empresa quedará rehén o cautiva del nuevo sistema mundial.

El impuesto mínimo global es el muro de Berlín del siglo XXI

Es un muro virtual, levantado por países socialistas, con el objeto de que no haya hacia dónde correr. Diseñado por aquellos que, en lugar de trabajar para lograr el mejor output posible operando con lo irreductible, prefieren acordar un suelo mínimo de ingresos para dormir tranquilos y asegurarse el porvenir.

Los socialistas que desean apurar el IMG observan con pánico las reformas del presidente Javier Milei, quien con su plan motosierra vino a eliminar gasto público innecesario, despedir empleados públicos y eliminar ministerios sin utilidad alguna. El próximo paso será la reducción de la absurda carga impositiva que soportan los ciudadanos. El objetivo subyacente es: respetar la esencia real de la propiedad privada y promover la inversión. Veremos qué países se suman a esta sana competencia y cuáles se esconden en la cartelización.

Por último, y para reflexionar este fin de año, en el seno de la OCDE se ponen nerviosos cuando se utiliza la terminología “paraíso fiscal”, la cual quieren que se deje de utilizar inmediatamente y han erradicado de todos sus documentos. ¿Por qué se les ha dejado de llamar paraíso fiscal a los paraísos fiscales? Ahora les dicen, jurisdicciones no cooperantes.

En gran parte, gracias a las redes sociales, la ciudadanía ya está empezando a comprender que más impuestos y más estado no solucionan ningún tipo de problema; al contrario. Tampoco erradican la pobreza. Entre el infierno y el paraíso, cualquier persona en su sano juicio elige vivir en este último.

Wendell Holmes Jr. estaba equivocado, Thoreau siempre tuvo razón

En la fachada del edificio del IRS (Internal Revenue Service, la agencia tributaria estadounidense) puede leerse bajo relieve, inmortalizada, la famosa frase de Oliver Wendell Holmes Jr. «los impuestos son el precio que pagamos por vivir en civilización». Así suele traducirse, aunque, la frase en inglés realmente no dice la palabra precio, sino: «Taxes are what we pay for a civilized society».

Sin embargo, esto no solo no es cierto, sino que es una vil artimaña. Y a razón de los lamentables y tristes eventos que han acaecido recientemente, ello ha quedado en cabal evidencia. Solo alguien que, o tiene un interés particular por formar parte del estado, o quien repite sin saber por haber sido adoctrinado (desde las escuelas públicas y a veces privadas también) puede seguir pronunciando esa frase tan dañina.

Pronunciar expresiones como esas, en el caso de los primeros, resulta lógico porque el estado no es más que un conjunto de personas con cierto grado de permanencia temporal que busca maximizar su beneficio particular. El estado desde luego no existe como se quiere que lo concibamos. No tiene existencia ontológica. Tampoco es una entidad abstracta con interés propio. Ni mucho menos brega por el bien o interés común, dado que esto último tampoco existe.

Impuestos y Estado

Más allá de Weber y otras conocidas definiciones, mi definición es que el estado es una simple, pero enraizada creencia y resulta necesario «desenquistarla» para que la civilización humana pueda despegar y aprovechar su máximo potencial creativo. Es la creencia de delegación en una entidad sobrehumana o cuasi divina. La natural tendencia de seres humanos, en fase inmadura o irresponsable, que desean aliviar la carga de sus hombros en este ente que no son ellos, pero que al mismo tiempo «somos todos». Es realmente contradictorio. Por esta razón, para este tipo de gente la única solución posible es dar mayor poder al estado. 

Lo único cierto es que el mundo está constituido por iguales seres humanos. Personas de carne y hueso con los mismos misterios, angustias, y preguntas existenciales como denominador común. Sin embargo, como bien lo sintetiza Thoreau en su Desobediencia Civil, el estado es como un «fusil de madera», que su mera, pero inútil tenencia alivia la angustia de muchos y tranquiliza a otros.

La verdad es que el estado “no tiene ni la vitalidad ni la fuerza de un solo hombre, ya que un solo hombre puede plegarlo a su voluntad” (Thoreau, 1849).

Cuando por diversas razones como ser: alcanzar determinado nivel de bienestar material, paz espiritual, o riqueza intelectual, la gente comienza a hacerse preguntas y a percatarse de lo estéril que es el estado. Allí comienzan a temblar los cimientos de una creencia que puede desmoronarse. Es entonces cuando quienes forman parte de él y ven peligrar su estilo y forma de vida, (mantener el statu quo), recurren al manual de procedimientos y emergencias y por ello se desatan determinadas acciones.

En general pueden ser o, estrategias de polarización o amenazas que buscan la unión cuando se trata del entorno mundial. En cualquier caso, resultan efectivas dependiendo del contexto y situación de partida. La polarización resulta más sencilla de ver: izquierda-derecha, ricos-pobres, empresarios-trabajadores, hombres-mujeres, etc. Pero hay otro mecanismo, no necesariamente excluyente, que toma relevancia en un contexto donde una élite pretende allanar el camino a un orden mundial hipercentralizado. La justificación estatal (como si de una religión se tratase) buscará acción coordinada y centralizada frente a un enemigo común.

Hace 20 años fue la amenaza de armas químicas que nunca se encontraron, grandes guerras, etc. Sucede que, con las tecnologías actuales, se hace más difícil este tipo de artimañas que involucran grandes objetos o ejércitos enemigos. Por eso, más reciente, la supuesta y orquestada pandemia del Coronavirus. Ello hace, a todas luces, que el enemigo debe ser necesariamente invisible. Ahora, sin lugar a dudas, la estrella elegida es el cambio climático. Sin ser broma, como el delirio y ansias de poder es cada vez mayor, en esta línea, lo próximo debería ser una inminente invasión extraterrestre.

Sin entrar en detalle de cómo es que se orquesta cada cuestión, no cabe dudas que la propaganda y los medios de comunicación son parte esencial del problema. Herramienta de los gobiernos para repetir mensajes sin sentido como “el cambio climático mata”. De ahí también la desesperación de los políticos por controlar las redes sociales porque son un “peligro y atentan contra la democracia”. Pero, ¿peligro para quién? Para ellos. Es gracias a las redes sociales y a la Libertad de expresión que la sociedad civil pudo y puede organizarse eficiente y espontáneamente frente a catástrofes.

Lo cierto es que detrás de toda la parafernalia existe, por un lado, la coacción para extraer recursos de los ciudadanos, sean o no feligreses del estado. Y, por otro lado, el permanente bombardeo de imágenes y relatos de un mundo caótico sin la existencia de un estado que pueda resolver aquellos problemas, que en primera instancia el estado mismo genera.

En la antigüedad, los jefes y caciques de las tribus junto a los brujos o sacerdotes (hoy serían los científicos o comités de expertos), eran los transmisores de la palabra del «Dios», quienes podían interpretar las manifestaciones de la naturaleza al lego y así explicar fenómenos e impartir justicia. Explicaciones que hoy nos parecerían ridículas, pero que los mantenían en el poder. En pleno Siglo XXI, los políticos reemplazan a Dios por el estado. El cuento es el mismo, la entidad salvadora es otra. Para nuestros descendientes, dentro de 1000 años las justificaciones actuales del estado les sonarán igual de absurdas que a nosotros creer en el Dios trueno.

El problema es que al final de la vida de cada ser humano, con igual misterio y dudas existenciales, quienes habremos pasado por el mundo terrenal siendo expoliados somos los pagadores de impuestos netos. (aquí cabe aclarar que ningún funcionario es pagador de impuestos, da igual si es del poder ejecutivo, legislativo o judicial). 

En definitiva, quienes pagan impuestos son los perdedores. Esto no debe sorprendernos, y aunque no muchos lo saben, el derecho tributario deriva del derecho de guerra. Somos los que hemos perdido o estamos perdiendo, los expoliados con este sistema de violencia estatal. Donde un grupo goza vidas de lujo y otro grupo constituye la neoesclavitud. Al final del juego, la única realidad es que unos vivieron a expensas del tiempo y de la energía de otros.

No siempre el robo fue tan magnánimo y sistemático; hubo otra época

Hace aproximadamente dos siglos, la brutal realidad tributaria actual era inconcebible.

Poco después de que Andrew Oliver fuera nombrado distribuidor de sellos -recaudador de impuestos- para Massachusetts en 1765, una turba enojada que esperaba forzar su renuncia colgó su efigie de la rama de un olmo en Boston. Al mismo tiempo, la figura de un diablo con una bota que colgaba de la otra rama representaba a Lord Bute, el influyente consejero del rey que abogaba por imponer impuestos a las colonias. Multitudes en otras colonias trataron de intimidar a los agentes fiscales colgando sus efigies de árboles similares de la “Libertad”, y pasaron a utilizar alquitrán y plumas a los agentes que no renunciaban…

(tomado del Museo Nacional de Historia Estadounidense – Smithsonian – Washington DC).

La gente de bien se manifestaba de manera activa en contra de que le quiten lo que naturalmente les era propio. Y no existía el impuesto a la renta.  Ahora, los impuestos se han normalizado de tal manera que nos parece absolutamente natural que se pague la ridícula suma 25% (por lo bajo, en circunstancias llega al 48% y más). Pero se paga con un absurdo convencimiento y con la cabeza baja.

La verdadera naturaleza del estado

Para finalizar, el verdadero deber del estado (verdadero en el sentido que es congruente con la naturaleza de su existencia) es insuflar de miedo a la sociedad. Ya decía Henry Miller en 1946,

La falsa idea de que el Estado existe para protegernos se ha desintegrado mil veces. Sin embargo, mientras el hombre carezca de seguridad y confianza en sí mismo, el Estado prosperará. Él puede existir gracias al miedo y a la incertidumbre de cada uno de sus miembros.

Cuando la realidad a todas luces es que el estado no puede vivir sin su huésped.

Hay otros que dirán que el estado existe para redistribuir la riqueza porque el mundo es desigual y, por lo tanto, injusto. Otro disparate más. Un absurdo. Para ser justos con el señor Holmes Wendell Jr. de quien solo me limito a decir que su citada frase es errónea, traigo su opinión respecto de este asunto:

No tengo ningún respeto por la pasión de la igualdad, que me parece más que idealizar la envidia

Dado que una pregunta mal planteada o que nada importa, nunca resuelve el problema. Cabe decir que gracias a Dios existe la desigualdad. Pero a los efectos del problema, la desigualdad es totalmente irrelevante. El problema a resolver es la pobreza. Y la pregunta es ¿cómo generar riqueza? la respuesta siempre es: con más Libertad.

Hasta tanto la sociedad no entienda esto último, seguiremos con los problemas actuales (guerras, hambre, pobreza, inflación, catástrofes y una lista interminable) y no podremos dar el siguiente salto como civilización. Cuando logremos superar ese primer obstáculo -el de ver la realidad, abrir los ojos- recién ahí podremos volcar la infinita capacidad creativa del ser humano para imaginar las formas que hoy resultan inconcebibles. Pero, si ante cada inconveniente la respuesta es más estado, más impuestos, estamos perdidos.

En algún momento, la existencia del estado será tan solo una diminuta mancha en la inmensa historia de la civilización humana.

Premio Juan de Mariana 2025

Finalizados los fastos por motivo de la visita del presidente Milei para recoger el Premio Juan de Mariana 2024, la barra libre sirvió como punto de partida para debatir el premio del año siguiente. Entre los candidatos, no podemos descartar a personas que han hecho hincar la rodilla a la Hacienda pública española. Por ejemplo, Xabi Alonso ha conseguido derrotar en tres ocasiones a Hacienda por tres delitos fiscales. La razón era, como hacen muchos futbolistas, cantantes o actores, la cesión de sus derechos de imagen a una sociedad radicada en el extranjero, obviamente con el fin de tributar menos. No se trata de facturar los servicios del futbolista o artista, ya que eso es más complicado tributarlo fuera. Sin embargo, los derechos de imagen son ya otra cosa.

Otro buen candidato, siguiendo con el madridismo, sería Raúl González, actual entrenador del Real Madrid Castilla (equipo filial). Derrotó a Hacienda por dos ejercicios consecutivos. En este caso, los años en litigio eran 2009 y 2010. Entonces, el futbolista se fue al Schalke 04 alemán a jugar las dos últimas temporadas de su carrera. El primer año fue descartado porque Hacienda, que apenas tiene funcionarios ni presupuesto, no inició a tiempo las diligencias oportunas. En cuanto al segundo, la razón es muy parecida a la posterior victoria de Xabi Alonso.

Iniesta y Pedrosa

Para que no nos acuse de parciales, en la terna podríamos incluir a Andrés Iniesta, el jugador que nos dio la gloria con su gol en la prórroga frente a Países Bajos en la final de la Copa del Mundo de 2010. En este caso, Iniesta derrotó a Hacienda por dos delitos fiscales relativos a los ejercicios de 2014 y 2015. De nuevo, los derechos de imagen y el pago a su agente (Hacienda no lo consideraba un gasto deducible) le valieron un pleito del que salió victorioso.

En el mundo del motor, otro buen candidato podría ser Dani Pedrosa. En este caso, el piloto catalán hace tiempo que se exilió fiscalmente en Andorra, como muchos youtubers. Aquí el tomate está en que Pedrosa. Al ganar los juicios a Hacienda, ha conseguido que la Agencia Tributaria le tenga que indemnizar con 2,5 millones de euros por los adelantos que tuvo que hacer en su día. Al llevar la razón, ahora Hacienda le tiene que devolver con intereses de demora. Por cierto, esos intereses de demora tributan como rendimientos del capital mobiliario, aunque esta situación está recurrida en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Azagra-Buffet

Pero nada comparado con lo que se va conociendo respecto a David Sánchez Pérez-Castejón. Es hermano del presidente del gobierno, y trabajador estrella de la Diputación de Badajoz, que no pisó ni para preguntar por dónde se salía. Para empezar, se trata de todo un nómada fiscal, con domicilio en Portugal o Tailandia. Por cierto, en Portugal fijó su residencia fiscal en una casa en absoluto estado de ruina. Sin embargo, eso no fue óbice para llevar a cabo una gestión patrimonial digna de Warren Buffet. Con unos sueldos totales de 260.000 euros de la Diputación de Badajoz desde 2017, consiguió aumentar su patrimonio 1,6 millones de euros.

Para ello, no dudó en invertir en fondos de inversión, acciones o criptomonedas. Vamos, el anticristo capitalista. Vamos a tener que convencerlo para que imparta algunos cursos sobre finanzas personales en el IJM porque un talento así no puede desaprovecharse. Bueno, esto lo dejamos un poco pausado, ya que la UCO investiga si la Diputación de Badajoz destruyó pruebas (léase correos electrónicos) previamente al registro ordenado por la juez de que instruye la causa.

En definitiva, vemos que la carrera para conseguir el premio al liberal más destacado del año resulta apasionante. Tenemos hasta febrero para que los candidatos sigan acumulando puntos. Suerte a todos.

Ver también

Hacienda son ellos. (José Antonio Baonza Díaz).

¿Por qué Hacienda trató a ‘El Rubius’ como si fuera un delincuente? (Domingo Soriano).

Doctores tiene Hacienda. (Carlos Rodríguez Braun).

Inspectores de Hacienda, esos héroes. (Fernando Parrilla).

Las trampas del Fisco

Los avances tecnológicos y el proceso de digitalización e interconexión en el que nos hallamos inmersos los seres humanos en estos prolegómenos del siglo XXI, presentan tantas oportunidades como amenazas para la libertad, dado que los mecanismos totalitarios de control estatal o supraestatal pueden reforzarse con las herramientas que ofrecen las nuevas tecnologías.

No está de más recordar que la vapuleada Constitución española de 1978, previó limitar por Ley del uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos (Art. 18.4 CE).

A pesar de esa prevención constitucional, gobiernos de distinto signo se precipitaron por una pendiente de invasión de los derechos y libertades en sus políticas públicas, so capa de mejorar la gestión de los tributos y “la lucha contra el fraude fiscal” apelando a argumentos tramposos. El cinismo más descarnado alcanza sus cotas más altas con el ejecutivo actual, empero.

Observemos, por ejemplo, el caso de la imposición de la obligación general de presentación de las declaraciones anuales del IRPF exclusivamente por medios telemáticos, arteramente derivada del inicial reconocimiento del derecho de los ciudadanos a relacionarse con las administraciones públicas mediante esos medios.

Pedro Sánchez al rescate de la arbitrariedad

El pasado verano el Tribunal Supremo puso coto parcialmente a esta arbitrariedad[1]. Sin embargo, un gobierno celebérrimo por legislar de forma anticonstitucional mediante el recurso sistemático al Decreto Ley, se descolgó con la incrustación en el penúltimo del año pasado[2] de una reforma de la Ley del Impuesto sobre la Renta, que pretende reintroducir la obligación general de presentar las declaraciones anuales de ese impuesto por vía electrónica, “siempre que la Administración tributaria asegure la atención personalizada a los contribuyentes que precisen de asistencia para el cumplimiento de la obligación“.

Esta coletilla final deja otra vez al albur de un desarrollo reglamentario el cumplimiento de lo que se enuncia como obligación general. La imposibilidad de asegurar los medios para ayudar a todos los contribuyentes a presentar sus declaraciones de IRPF durante la correspondiente campaña del impuesto, anticipa toda suerte de arbitrariedades en el ámbito de las infracciones que puedan cometerse. Obsérvese, por otro lado, cómo este enésimo ejemplo de legislación supersónica[3] desprecia ab initio la idea de elaborar normas generales y universales. Antes al contrario, supedita su aplicación a una imprevisible prestación de la Administración a cada uno de los contribuyentes.

 En cualquier caso, dos argumentos de inconstitucionalidad invalidan esta disposición, tal como se ha promovido por el gobierno. El primero es de fondo. Esa obligación general constituye una injerencia desaforada en la libertad de los ciudadanos (art. 17 CE) aunque se establezca mediante una ley que fije principios tributarios. En segundo lugar, regular por decreto ley una materia de esta naturaleza no está justificada en una extraordinaria y urgente necesidad ( Art. 86.1 CE ). Menos aun cuando el Tribunal Supremo ha subrayado la ilegalidad de derivar una obligación de lo que inicialmente se enuncia como derecho o una opción para el contribuyente.

Obligación de compartir al Fisco en tiempo real las facturas  

Ahora bien, nada de lo ensayado hasta ahora puede compararse con el sistema distópico de control fiscal en ciernes. Un sistema encubierto con un primer uso voluntario de “sistemas informáticos” compatibles con la remisión de facturas electrónicas al Fisco, a la Agencia Estatal de Administración Tributaria. Es cierto que, desde el año 2012 las empresas que facturen más de 6.010.121,04 de euros al año, las cuales deben, asimismo, presentar autoliquidaciones del IVA mensuales[4], están obligadas a incorporarse al Suministro de Información Inmediata (SII) para fiscalizar los libros de registro del IVA. Es decir, a un sistema de llevanza de libros de registro de facturación, a través de la Sede electrónica de la Agencia Tributaria que supone la comunicación en un tiempo casi real para las empresas escrutadas. Por debajo del nivel de facturación indicado, el resto de empresas quedan facultadas para recurrir a ese sistema para compartir sus facturas.

La novedad, pues, consiste en forzar a todas las personas que ejerzan una actividad económica a compartir en tiempo real sus facturas con el Fisco. La incorporación al primero excusa de la obligación al segundo, de manera que, si se cumplen los planes gubernamentales, ambos sistemas coexistirán.

Espacio virtual de delaciones

A partir de una previsión del art. 29.2 j) de la Ley General Tributaria, en los términos dados por la Ley 11/2021, de 9 de julio, y de la aprobación del Real Decreto 1007/2023, de 5 de diciembre. Por esa vía se aprueba un Reglamento de requisitos técnicos de los sistemas y programas informáticos. Y, así, se está preparando ilegalmente el terreno para imponer una nueva obligación a todos los contribuyentes. Y no solo eso. También los cimientos de un espacio virtual de delaciones y discordias entre empresarios y consumidores donde el Fisco se ampliará de facto su competencia de inspección, a ser juez y beneficiario de las denuncias entrecruzadas[5].

Conviene recordar que la mencionada previsión legal se limita a prescribir que los productores, comercializadores y usuarios de los sistemas y programas informáticos o electrónicos que soporten los procesos contables, de facturación o de gestión de quienes desarrollen actividades económicas, garanticen la integridad, conservación, accesibilidad, legibilidad, trazabilidad e inalterabilidad de los registros, sin interpolaciones, omisiones o alteraciones de las que no quede la debida anotación en los sistemas mismos.

Pese a esa desconexión con el precepto legal que invoca, los artículos 15, 16 y 17 del reglamento “técnico”, establecen la posibilidad (que se puede entender como derecho ) de remisión de los registros de facturación generados a la Administración tributaria, siempre que utilicen sistemas informáticos compatibles; su consideración como sistemas de emisión de facturas verificables y la posibilidad de proporcionar “determinada información” al Fisco por parte del receptor de la factura, bien sea empresario, o bien consumidor final.

Verifactu

No obstante esta falta de cobertura legal, el portal de la AEAT anuncia, para antes del 1 de julio de 2025, la obligación de adaptarse de todos los empresarios o profesionales para remitir electrónicamente los registros de facturación a la sede electrónica de la Agencia Tributaria en el momento de su producción.

Si el paulatino despliegue del plan se lleva a cabo, los contribuyentes se verán obligados, además, a adquirir costosos sistemas y programas informáticos o electrónicos, aptos para interconectarse con los equivalentes de clientes y proveedores y las administraciones públicas. Y, en especial, a remitir a Hacienda facturas electrónicas creadas, como se ha indicado, para impedir su alteración, su trazabilidad y la interdicción del llamado software de supresión y manipulación de ventas. Verifactu en la lamentable terminología publicitaria del gobierno para expresar el concepto de factura verificable en la sede electrónica de la AEAT.

Intromisión del Fisco en la libertad de las personas

Ante tanta manipulación, concluyamos que una cosa es que la adopción del formato electrónico para las facturas sea una práctica recomendable en las relaciones mercantiles y comerciales actuales. Puede ser, incluso, conveniente, aunque no necesario, que los poderes públicos insten a los productores de los sistemas informáticos o electrónicos de contabilidad, facturación o gestión a garantizar su integridad. Y que exija determinadas precauciones para evitar la manipulación de su contenido. Asimismo, que una Administración al servicio de los ciudadanos facilite las comunicaciones y el envío de documentos electrónicos (entre otros de las facturas) a sus distintas instancias, incluido el Fisco.

Pero otra cosa muy distinta es la imposición de la obligación de enviar a la sede electrónica de la AEAT las facturas y registros contables por parte de todas las personas físicas y jurídicas que desempeñen actividades económicas. Se llame SII o Verifactu. Supone una intromisión intolerable en la libertad de las personas, sometidas a un régimen de sospecha y coacción permanente por parte de Hacienda.

Ahora bien, convertir la sede electrónica del Fisco (después de su ensayo, curiosamente, en las haciendas forales vascas) en un espacio virtual para que el Fisco señoree y aproveche el campo de Agramante de denuncias cruzadas entre emisores y receptores de facturas, bien sean empresarios o consumidores, significa imponer un régimen de terror fiscal propio de un estado totalitario.  


Notas

[1] Sentencia de la Sección 2ª de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Supremo de 11 de julio de 2023, que, estimando el recurso de casación de la Asociación Española de Asesores Fiscales [“AEDAF”] contra una sentencia anterior de la Audiencia Nacional, anuló los artículos 9.1, 15.1 y 4, así como de la disposición final primera, apartado 1, de la Orden HAC/277/2019, de 4 de marzo, en cuanto que imponían la obligación de presentar la declaración anual del IRPF por medios electrónicos a todos los sujetos pasivos del impuesto.

Esto está en contra del principio general tributario fijado en el artículo 96.2 de la Ley General Tributaria. Éste reconoce el derecho de los ciudadanos, que no obligación, a utilizar los medios electrónicos. Y el deber de la Administración de promover su utilización. También reconoce la interpretación de las condiciones de la habilitación reglamentaria encomendada al Ministro de Hacienda por los arts. 98.4 LGT y 96.5 LIRPF, en relación al art. 14.3 Ley de Procedimiento Administrativo Común. Id Centro documentación judicial: 28079130022023100235.

[2] Concretamente la Disposición final 2ª del Real Decreto-ley 8/2023, de 27 de diciembre. Por medio de ella se adoptan medidas para afrontar las consecuencias económicas y sociales derivadas de los conflictos en Ucrania y Oriente Próximo. También se palían los efectos de la sequía. En esta degeneración absoluta del proceso legislativo que impulsa el gobierno actual para conducir a un régimen autoritario, nos encontramos con la corrupción máxima.

Durante cierto tiempo, a finales de año, otros gobiernos anteriores, que, inexplicablemente desde una perspectiva jurídica, no toparon con las declaraciones fulminantes de inconstitucionalidad del TC que habrían correspondido, proponían “leyes ómnibus” o “de acompañamiento de la ley de presupuestos” para retocar toda la legislación que les apetecía. Al menos los trámites legislativos ordinarios permitían una revisión parlamentaria por parte de ambas cámaras. El gobierno actual ha ascendido en la escala de iniquidad. Ha dado forma de decreto ley a todos sus caprichos legislativos, sin ningún tipo de extraordinaria y urgente necesidad que lo justifique. Las Cortes Generales se limitan a convalidar lo que cocinan fuera el gobierno y sus socios.

[3] Por la velocidad y los visos que va tomando ya es mucho más que motorizada. https://ijmpre2.katarsisdigital.com/ijm-actualidad/analisis-diario/el-positivismo-juridico-y-la-tirania-ii/

[4] Art. 62.6 y 71.3.5º del Reglamento del IVA.

[5] Creo también que los creadores de esta cámara virtual de los horrores saben perfectamente que implementar un sistema de este tipo requerirá multiplicar las plantillas de servidores públicos encargados de tramitar la previsible marabunta de expedientes tributarios motivados por las remisiones de facturas por parte  de los consumidores. El riesgo moral para éstos de obtener una ventaja en sus relaciones comerciales privadas  e, incluso, extorsionar a los empresarios parece evidente. 

La política ateniense (V): el sistema impositivo

Los impuestos directos no estaban demasiado desarrollados en la Grecia clásica. Podríamos diferenciar dos tipos de imposiciones principales. En primer lugar, existía el gravamen de la eisphorá, que en griego significa “pago” o “contribución”. La eisphorá era un impuesto que se recaudaba normalmente por cuestiones bélicas, se utilizaba para financiar guerras. Tenemos constancia de que este impuesto se recaudó por primera vez en el 428 a.C. Según Tucídides en su obra Historia de la Guerra del Peloponeso, los atenienses pagaron un impuesto de doscientos talentos.

Posteriormente, este impuesto extraordinario se convirtió en una institución. No todos los ciudadanos eran imponibles, ya que había que tener un capital determinado. Hay debate sobre quiénes pagaban la eisphorá. Se calcula que en torno a 1.200 personas, aunque otros autores aumentan esta cifra hasta 2.000 e incluso 6.000, por lo que también podrían pagarlo algunos ciudadanos sin demasiados recursos. Según la clasificación poblacional de Solón, los thetes, los últimos de la escala, no eran imponibles. La clase por encima de los thetes eran los zeugitas, para lo cual era necesario tener una renta mínima de 150 dracmas y una fortuna de 2.500 dracmas. Es posible que este fuera el umbral mínimo para contribuir con la eisphorá.

Sinmorías y liturgias

Esta contribución fue remodelándose tras el final de la Guerra del Peloponeso, ya que la clasificación poblacional de Solón se fue diluyendo cada vez más. Estas contribuciones se fueron haciendo cada vez más costosas de pagar, por lo que se creó las llamadas sinmorías. Eran agrupaciones de una docena de ciudadanos que hacían frente al pago de manera común. El capital común de cada una de las sinmorías debía ser equivalente para que ninguna de ellas tuviera más dificultades para contribuir.

El segundo servicio público esencial dentro de la sociedad ateniense eran las liturgias. Eran contribuciones obligatorias para los ciudadanos más ricos de la ciudad, aunque en muchas ocasiones lo hacían de manera voluntaria. El ciudadano rico buscaba con esto un reconocimiento social, que el demos lo viera como un ciudadano que se preocupaba por el bien público, una actitud que fue decayendo hacia finales del S. IV a.C frente al evergetismo de época romana.

Existían dos tipos fundamentales de liturgias, las civiles y las militares. Las liturgias civiles o agonísticas eran de diferente tipología. Existía la gimnasiarquía, que era la financiación de un gimnasio, o también la corregía, que financiaba la educación de los miembros del coro en un teatro. Como vemos, se dedicaban a financiar actos públicos que tienen una gran importancia en la sociedad ateniense. Por otro lado, estaban las liturgias militares, la más importante, sin duda, era la trierarquía. Consistía en la financiación completa de un trirreme durante un año, por lo que sustentaba la base del poderío naval ateniense.

Trierarquías

Los liturgos eran designados por los magistrados, de los que ya hablamos en un capítulo anterior. En una primera instancia se pedían voluntarios, y posteriormente se nombraban algunos de los candidatos que se consideraban más idóneos. La elección del liturgo dependía enteramente del capital con el que contaba, los ciudadanos que tuvieran un patrimonio de diez talentos entraban directamente en la “clase litúrgica”.

La horquilla de ciudadanos que podía formar parte de esta “clase” es bastante amplia, pero se encontraría entre 300 y 2.000 ciudadanos. Las sumas de las liturgias variaban dependiendo de la tipología, pero las trierarquías eran muy cuantiosas, incluso para los ciudadanos más ricos. Demóstenes en uno de sus textos menciona que los trierarcas se gastaban un talento (6.000 dracmas) en el desempeño de una liturgia.

Antídosis

Por último, mencionaremos la antídosis, el mecanismo por el cual un ciudadano podía quedar exento de pagar una liturgia. El procedimiento era el siguiente, imaginemos que los magistrados nombran al ciudadano A para que se haga cargo de una liturgia, si el ciudadano A quiere intentar librarse de la liturgia puede acusar a un ciudadano B de tener un capital mayor que él. El ciudadano B tiene tres opciones, una es aceptar la liturgia, la segunda es comenzar un juicio con el ciudadano A y, en tercer lugar, aceptar un intercambio de fortunas, si el ciudadano B tiene constancia de que es menos rico que el ciudadano A, le propondrá un intercambio de fortunas, que de ser rechazado por el ciudadano A significará que éste es más rico, por lo tanto, tendrá que hacer frente a la liturgia.

Con este artículo terminamos la serie de la política ateniense, donde hemos repasado desde la estructura “ideológica” de la democracia, el sistema de gobierno o la justicia. Espero que estos cinco artículos hayan arrojado algo de luz a un tema tan apasionante como intrincado y que conforma los pilares de nuestra civilización.

Serie ‘La política ateniense’

(I) La deliberación

(II) Los órganos de gobierno

(III) Las magistraturas

(IV) La justicia

Por qué los ‘superricos’ huyen de Noruega a un ritmo histórico

John Miltimore. Este artículo fue publicado originalmente en FEE.

En 2022, Kjell Inge Røkke, el tercer hombre más rico de Noruega, anunció en una carta a los accionistas que se mudaría a Lugano, Suiza. “Mi capital seguirá trabajando en Noruega”, escribió el magnate de la pesca convertido en industrialista. Inició su imperio hace cuatro décadas con un barco de pesca de 69 pies que compró mientras ahorraba trabajando en barcos frente a la costa de Alaska.

Según Forbes, Røkke, quien tiene una fortuna estimada en $5.100 millones de dólares, le costará al gobierno noruego aproximadamente 175.000.000 de coronas anualmente (aproximadamente $16 millones de dólares) con su partida. Eso puede no parecer mucho dinero, pero Røkke no es el único empresario adinerado que abandona Noruega, señala The Guardian.

Éxodo

“Según una investigación del periódico Dagens Naeringsliv, más de 30 multimillonarios y millonarios noruegos abandonaron Noruega en 2022”, informa el corresponsal de riqueza Rupert Neate. “Esto fue más que el número total de personas superricas que abandonaron el país durante los últimos 13 años”, agregó el periódico. ¿Captaste eso? Más noruegos “superricos” abandonaron Noruega en 2022 que en los 13 años anteriores combinados. La razón por la que los noruegos adinerados están huyendo del país no es un secreto.

Después de su victoria electoral en 2021, el Partido Laborista de la nación nórdica cumplió su promesa de gravar a los ricos. Noruega es uno de los pocos países de la OCDE que aún grava la riqueza neta. El Partido Laborista aumentó el impuesto sobre la riqueza del país al 1,1% a pesar de las advertencias de que “desencadenaría una fuga de capitales y amenazaría la creación de empleo”. Eso es exactamente lo que sucedió, y ha dejado al gobierno noruego con menos ingresos.

54.000 millones de dólares

Ole Gjems-Onstad es profesor emérito de la Escuela de Negocios de Noruega. Estima que los noruegos adinerados se llevaron consigo una fortuna total de $54.000 millones de dólares al abandonar el país. Esto significa que el impuesto sobre la riqueza, que se proyectaba que aumentaría los ingresos en casi $150 millones de dólares anuales, generará aproximadamente un 40 por ciento menos de ingresos de los que genera actualmente. Luca Dellanna, asesor de gestión y autor, señala que Noruega recaudó alrededor de $1.460 millones de dólares en su impuesto sobre la riqueza en 2019. Pero el éxodo de los adinerados resultará en una pérdida estimada de $594 millones de dólares en ingresos.

Aquellos que intentan entender cómo la política de Noruega pudo salir tan mal deberían mirar el trabajo del fallecido economista ganador del Premio Nobel, Robert Lucas. Lucas, un profesor de larga trayectoria en la Universidad de Chicago, recibió el máximo premio en economía por una investigación que se conoce como la Crítica de Lucas. Ésta reveló varios problemas con la modelización macroeconómica.

Robert Lucas

Lucas creía que para predecir los resultados de las políticas era esencial comprender primero que toda acción es un comportamiento individual. Y que los seres humanos son criaturas racionales que responderán a las políticas de manera racional, incluso a las políticas diseñadas para engañarlos.

“La microeconomía asumía que las personas eran racionales”, señaló el economista David R. Henderson en un artículo reciente del Wall Street Journal tras la muerte de Lucas. “¿Por qué la macroeconomía no debería hacer la misma suposición?”

Esta idea ayudó a Lucas a ganar el Nobel. Y ayuda a explicar por qué el impuesto sobre la riqueza de Noruega tuvo tan malos resultados. Siempre fue ingenuo asumir que las personas adineradas continuarían soportando el impuesto sobre la riqueza de Noruega. Después de todo, no se necesita tener un doctorado en economía para darse cuenta de que es poco probable que las personas adineradas se queden quietas mientras los legisladores toman cada vez más de su riqueza (no de sus ingresos, cabe destacar, de su riqueza).

Jean-Baptiste Colbert y John Galt

Ya en el siglo XVII, Jean-Baptiste Colbert, el ministro de finanzas de Luis XIV de Francia, observó la naturaleza delicada de la tributación. “El arte de la tributación consiste en arrancarle las mayores cantidades posibles de plumas al ganso con la menor cantidad posible de graznidos”, escribió Colbert. Los legisladores noruegos olvidaron esta lección simple. Ahora no pueden hacer más que observar cómo los creadores de riqueza en su país se marchan, llevándose consigo su capital, ingenio e ingresos gravables.

“Atlas se encoge de hombros en Noruega”, observó el economista Peter St Onge.

En efecto.

Impuesto sobre la riqueza

Curiosamente, la falta de previsión desafortunada de Noruega llega en un momento oportuno para aquellos que viven en Estados Unidos, donde muchos están impulsando impuestos sobre la riqueza. A principios de este año, The Washington Post informó sobre los métodos creativos que los legisladores federales y estatales están ideando para separar a “los ricos” de su riqueza. Estos incluyen al menos cuatro estados que intentan gravar las ganancias de capital no realizadas, incluida una propuesta de California que impondría un impuesto sobre la riqueza del 1,5 por ciento (incluso más alto que el de Noruega).

“Si es un impuesto sobre la riqueza anual, se está llevando una fracción de tu riqueza cada año”, dijo Emmanuel Saez, economista de Berkeley que ayudó a diseñar la propuesta de impuesto sobre la riqueza de la senadora Elizabeth Warren, al Post. “Casi por definición, tendrás menos riqueza después de pagar el impuesto”. Si el profesor Saez cree que las personas más ricas de California permitirán que los legisladores graven su riqueza y los obliguen a vender acciones para cubrir las ganancias de capital no realizadas, no ha aprendido la lección de Colbert sobre la tributación.

Una política así no solo resultaría en una gran cantidad de quejas, sino que también llevaría a una masiva emigración de creadores de riqueza. Cualquiera que tenga dudas al respecto solo tiene que mirar a Noruega.

El lenguaje económico (XXVIII): dad a César lo que es de César

Existen varios pasajes bíblicos donde se aborda la obediencia a la autoridad política. Romanos 13:1-2: «Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad, sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios, han sido establecidas…». 1 Pedro 2:13-14: «Por causa del Señor, sométanse a toda institución humana, ya sea al rey como superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien». Tito 3:1: «Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a hacer lo bueno». La literalidad de estas frases, estemos o no de acuerdo con ellas, no causa confusión.

El apotegma de Ulpiano

En cambio, la famosa cita de Mateo (22: 17-21) «Dad a César lo que es de César» resulta problemática en el sentido de haber legitimado el impuesto:

17 Dinos, pues, ¿qué te parece? ¿Es lícito dar tributo a César, o no?

18 Pero Jesús percibió la malicia de ellos y les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?

19: Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.

20 Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción?

21 Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.

La interpretación generalizada y errada de estos versículos —asumida doctrinalmente por la Iglesia católica— es el derecho moral del Estado a exigir tributos y el deber moral de pagarlos. Recordemos que la justicia, según Ulpiano, es «dar a cada uno lo suyo». Por tanto, debemos elucidar si algo que poseemos pertenece o no a César, por ejemplo, ¿por qué motivo el denario es suyo?

Estado: lo tuyo es mío

Quien convierte un pedazo de metal en una moneda puede legítimamente cobrar por la acuñación, pero eso no significa que la moneda sea suya. Por su parte, quien adquiere una moneda a cambio de su trabajo o de otro bien, paga su precio total: el metal más la acuñación. El romano que obtenía un denario a cambio de un jornal era su propietario íntegro.[1] Afirmar lo contrario significaría admitir que César era dueño de todo o parte de su esfuerzo laboral. En otras palabras, el impuesto es ilegítimo porque el gobierno decide de forma hegemónica y arbitraria qué es lo suyo (Chodorov, 2002: 8):

El gobierno le dice al ciudadano: «Tus ganancias no son exclusivamente tuyas; tenemos un derecho sobre ellas, y nuestro derecho precede al tuyo; te permitiremos quedarte con una parte, porque reconocemos tu necesidad, no tu derecho; pero lo que sea que te concedamos, nosotros lo decidimos».

Toda violación de la propiedad

Una vez admitida la legitimidad del impuesto, por pequeño que sea o por bondadosos que sean los fines, el mal ya está hecho y el individuo queda virtualmente «a los pies de los caballos». No hay tal cosa como gobierno «limitado» porque el poder político es expansivo y fiscalmente voraz. En la medida en que un gobierno recauda una mayor cantidad de dinero, puede incrementar su esfera de actuación y su poder: «Un gobierno es tan fuerte como lo son sus ingresos» (Chodorov, 2002: vii).

La moralidad del impuesto no se mide por su «justa» cuantía, por la riqueza del sujeto expoliado o por el «eficiente» y beatífico uso del dinero confiscado, tal y como muchos piensan. Toda violación de la propiedad, per se, es ilícita y no tenemos obligación moral de pagar tributos a nuestro particular César —el gobierno— porque ninguna porción de nuestra vida, nuestro trabajo y nuestro dinero es suya.

Bibliografía

Chodorov, F. (2002) [1954]. “The Income Tax: Root of all Evil”. [Versión online]. Ludwig von Mises Institute.


[1] En los tiempos de Jesús, con un denario se podía comprar aproximadamente un jornal, una túnica sencilla, algunos utensilios o comida para una o dos semanas.

Serie ‘El lenguaje económico’

(XXVII) Humanismo

(XXVI) Publicidad (II)

(XXV) Publicidad (I)

(XXIV) El juego

(XXIII) Los fenómenos naturales

(XXII) El turismo

(XXI) Sobre el consumo local

(XX) Sobre el poder

(XIX) El principio de Peter

(XVIII) Economía doméstica

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor