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Etiqueta: Javier Milei

Dolarización en Argentina

Gracias a la influencia de Juan Bautista Alberdi, Argentina creció espectacularmente desde mediados del siglo XIX hasta alcanzar una prosperidad semejante a la de Estados Unidos de América en menos de un siglo. Allí se fundó el primer Metro, antes que en Norteamérica. Su moneda era firme y aceptada en todo el mundo. No se necesitaba una dolarización. Un siglo de crecimiento y desarrollo que se perdió con la llegada del populista izquierdista Juan Domingo Perón en 1946.

¿Cuáles eran las ideas de Alberdi? Muy simple, aplicar liberalismo económico. Es decir, dejar que la gente gozara de libertad completa para establecer negocios de todo tipo sin que el gobierno interfiriera. Algunos se dedicaron a la ganadería, otros a la agricultura, a la industria, al comercio, etc. No necesitaban pedir permiso al gobierno y podían vender su producción a donde más les convenía. Exportaban productos a todo el mundo y atrajeron las mejores inteligencias para sus escuelas y universidades.  Pero algo falló, el edificio se les cayó y es la hora que todavía no saben dónde estuvo el error.

Entregar la educación a Karl Marx

Los argentinos no llegaron a entender que su prosperidad descansaba en la filosofía de la libertad, se embriagaron de riqueza pensando que ya nada los detendría. Fundamentalmente, se olvidaron de promover y cuidar que la cultura liberal fuera abrazada fuertemente por cada hombre, mujer, joven y niño argentino. Creían que bastaba con saber hacer dinero, tener empresas exitosas y disfrutar de una buena economía; terrible error.

Es más, construyeron un sistema de escuelas públicas, subsidiadas con impuestos, y dejaron que allí, naturalmente, se enquistaran los marxistas, izquierdistas, socialistas, fascistas, comunistas y hasta nazis. Todos éstos, naturalmente, se apropiaron de las instituciones y recursos del erario para hacerse amos y señores de su línea de pensamiento.

Reemplazaron a los que pensaban como Alberdi y desde entonces se convirtieron en adoradores de Carlos Marx, Lenin, Mao, Stalin, Che Guevara, Domingo Perón, y otros. Con esta cultura izquierdista los llevó a denostar, denigrar, expulsar y hasta asesinar a liberales, empresarios, banqueros, hombres de negocios, inversionistas y todo lo que sonara a capitalismo o liberalismo.

Javier Milei

La izquierda peronista engañó a todo un pueblo con su falso discurso de los “empresarios explotadores”, de los “ricos malditos culpables de las desigualdades”. Esa izquierda engañó y ofreció que si le daban el poder a Juan Domingo Perón, todos los argentinos serían más felices en virtud de que Perón sería como un padre que cuida a sus hijos; acabaría con la desigualdad, se preocuparía por darles de comer a todos, les proveería de habitación salud, diversión, etc. Y sólo necesitaba que le dieran todo el poder al gobierno para manejar la economía, la salud, la educación, el Banco Central, etc. Los argentinos creyeron y así se pusieron la soga al cuello, cayeron en la trampa. Ahora no tienen ni salud, ni educación, ni felicidad. Su PIB per cápita ya cercano al de Venezuela, Cuba o Bolivia. Los peores en la escala internacional.

Después de muchos años en un ambiente de miseria maldita e innecesaria, surge una esperanza con un líder libertario que puede llegar a la presidencia: Javier Milei. En efecto, Milei representa el resurgimiento del pensamiento de Juan Bautista Alberdi y de grandes intelectuales como Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek, Milton Friedman, Murray Rothbard y otros de la Escuela Austriaca de Economía. Veamos algunas de sus ideas.

Dolarización

Javier Milei propone dolarizar la economía Argentina.  Los gobiernos han usado el Banco Central para imprimir millones de pesos argentinos para financiar locuras, obras faraónicas de dudoso beneficio y programas sociales: aeropuertos, palacios de gobierno, carreteras, regalan dinero a los ancianos, a los estudiantes, a las madres solteras, etc. Programas populistas que parecen buenos, pero que destruyen al país que las aplica.

Milei quiere quitarle al gobierno el poder de imprimir dinero argentino porque así evitaría inflaciones, que hoy rebasan el cien por ciento. Propone al dólar porque es moneda que ninguna empresa argentina podría producirlo, tiene aceptación mundial, lo que favorecería el comercio internacional de Argentina y, aunque también sufre devaluación debido a gobiernos irresponsables de USA, no se compara con las devaluaciones de los gobiernos que ha tenido Argentina. La tasa de cambio ya no se dictará en el gobierno, se resolverá en el mercado de divisas. El gobierno dejará de asumir la responsabilidad de proveer de dólares al comercio, industria y turismo. Quien necesite dólares los conseguirá en el mercado de divisas, en la calle. Para esto, en argentina se decretará la libre circulación del dólar u otras monedas, como la libra esterlina, los euros o los yenes. La gente podrá elegir la moneda a su gusto y conveniencia.

El apoyo de la Reserva Federal

Si Javier Milei contara con el apoyo del gobierno norteamericano, éste podrá ordenar imprimir una cantidad de dólares suficiente para hacer la conversión al tipo de cambio real del momento. Se anunciaría que la gente haga el cambio en los bancos en un plazo de una semana, por ejemplo. Cumplido el plazo quedarían sin valor los pesos argentinos. Ahora bien, todos los billetes argentinos capturados por el cambio deben ser destruidos, incinerados. Nótese que, aunque el gobierno de USA haya mandado a imprimir una gran cantidad de dólares para la conversión, no tendría efectos distorsionantes en USA ni en Argentina porque no aumenta la masa monetaria de estos países. Por esa cantidad enorme de dólares que recibiría Argentina, solo pagaría por el papel y la tinta, pues no estaría adquiriendo deuda.

En realidad, no es tan necesario desplazar al peso argentino. Pero es mejor porque el dólar tiene aceptación mundial, el peso argentino solo en Argentina. No es tan necesario si ya se ha adoptado la política monetaria de mantener la masa de dinero sin variación. La imprenta puede funcionar sólo para restituir billetes deteriorados o para compactación de dinero o para fraccionar billetes. Pero se debe tener cerca el incinerador. Con masa monetaria fija, libre circulación del dólar y tasa de cambio por oferta y demanda se vería una pronta fortaleza del peso argentino.

Cheque escolar

La idea es que el gobierno elimine el sistema de subsidio directo a escuelas y universidades públicas. Se trata de que las instituciones aprendan a vivir del cliente, no del gobierno. Temporalmente, el presupuesto educativo no tendría variación, pero se daría al alumno mediante un voucher o cheque intransferible para que pague en la escuela pública donde estudia.

En un primer momento, la escuela recibe la misma cantidad de dinero, pero la recibe de manos del alumnado. Con el tiempo y buena labor, las escuelas podrán recibir más vouchers si elevan su prestigio y los profesores podrán recibir mejores sueldos. Este proyecto implica darle autonomía a las instituciones educativas. El personal docente decidiría sus propios sueldos y administrará mejor los recursos, a fin de ganar más clientes. Por supuesto, si una escuela no es capaz de dar buen servicio, se enfrentaría al abandono del estudiante, quien se cambiaría, con su cheque en mano, a otra escuela.

En efecto, se trata de convertir a las escuelas existentes en escuelas competitivas, de hacer que universidad pública trabaje como si fuera privada para que ponga atención e interés en sus alumnos, pero con la ventaja de tomar decisiones sin intervención del Estado. Es un plan avanzado y lo mejor que se haya escuchado en el mundo.

Salud y burocracia

El mismo sistema de vouchers se puede aplicar en las clínicas y hospitales del gobierno. El cliente o enfermo paga por el servicio que recibe y luego el enfermo se lo cobra al gobierno. Sin embargo, la idea de más fondo es separar salud y seguro. Es decir, el ciudadano paga por un seguro y si se enferma, el seguro cubre el gasto. Y mejor aún si los hospitales del gobierno son vendidos a los médicos que allí laboran.

Milei piensa reducir drásticamente el tamaño de la burocracia estatal. Hoy día esa enorme burocracia no deja desarrollar al país porque consume una cantidad bestial de recursos. Milei solo dejará tres o cuatro ministerios y el resto del personal tendrá que dedicarse a actividades productivas en lugar de vivir del erario.

Impuestos y gasto público

Milei considera que los impuestos son un robo legalizado. Empezará por aplicar la política de “impuesto cero” a las ganancias de las empresas, es mejor que inviertan y generen nuevas fuentes de trabajo. Significa que Argentina volverá a ser la tierra de oportunidades. Surgirán empresas donde los burócratas desplazados tendrán mejores ingresos que los actuales.

El gobierno no tendrá qué gastar tanto en virtud que no necesitará subsidiar empresas inútiles, ni organismos burocráticos parasitarios. Milei piensa que el gobierno debe reformar todo para que únicamente se dedique a cuidar que no haya asesinatos, ni robos, ni extorsiones y hacer justicia en su caso. Para tal efecto, la cantidad de impuestos será cada vez menores. Es la revolución libertaria que Argentina necesita.

Ver también

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, el economista argentino que puede convertirse en el primer presidente libertario de la historia moderna. (Michael Peterson).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

Maradona, el asado y la libertad

La RAE define la libertad como la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, siendo responsable de sus actos. O bien aquella situación en la que no se es esclavo. La historia nos ha enseñado que dicha situación se obtiene a base de mucha lucha y se pierde con mucha facilidad. De hecho, durante buena parte de nuestra historia moderna, el sino de nuestra especie ha sido poco a poco ir renunciando a nuestra libertad, en favor de una promesa de prosperidad y seguridad que nunca llega.

Elegir o renunciar a dicha condición, más que elegir entre cualquier ideología, es clave a la hora de cómo avanzan, prosperan y se desarrollan los países. Un buen ejemplo de ello lo podemos ver en nuestro país hermano, Argentina. En 1853 los argentinos renunciaron al vasallaje y redactaron una constitución que refrendaba su derecho a ser libres. Establecía el derecho a la propiedad, a la libertad de expresión, a la libre circulación… Gracias esto, el país experimentó un crecimiento y un desarrollo sin precedentes.

Argentina antes de Perón

A finales del siglo XIX, Argentina era el país con mayor renta per cápita del mundo, es decir, el país más rico de la tierra. Sí, puede que hoy choque, pero el argentino medio era más rico que el suizo medio, que el luxemburgués medio… Todo ello, como ya sabemos, terminó, ¿pero cuándo?

Bien, primero en 1898 y posteriormente en 1949, se dieron dos reformas constitucionales, que limitaron la libertad antes expuesta, en favor de la “justicia e igualdad”. Argentina, bajo distintos nombres, primos hermanos; peronismo, kirchnerismo… abrazaba el socialismo. Todos conocemos como han sido las últimas décadas del país del dulce de leche; nada dulces. Hiperinflación, corralito, pobreza…

Todo lo que se ha narrado en el caso argentino, sucedió en mayor o menor medida en buena parte de los países antaño prósperos como Venezuela o Cuba. Pues bien, si nos hemos centrado en el caso argentino, es porque por primera vez en décadas, parece que los argentinos podrían querer recuperar buena parte de lo perdido en cuanto a libertad, y, por tanto, prosperidad, el siglo pasado.

La libertad avanza

A muchas personas les parecerán algunas cosas chocantes, extrañas y a veces peligrosas, pero la libertad es así, una aventura. Una de estas puede ser la eliminación de los hasta hoy todopoderosos bancos centrales, en un intento por frenar unas subidas de precios, que tanta hambre han hecho pasar a los argentinos. La inflación es un fenómeno puramente monetario, quitarle la máquina de hacer dinero a los políticos sería liberar a la gente. Es un primer paso, de los muchos que empiezan a sonar. Una esperanza.

De Argentina salió el genio Diego, que maravilló al mundo con su futbol vistoso y su alegría. De Argentina proviene mucha de la carne que aún hoy alimenta y nutre a buena parte del planeta. ¿Por qué no iba a salir de allí una ola de libertad que maravillase y nutriese al mundo nuevamente de esperanza? De volver a ser dueños de nuestro destino, de recuperar la prosperidad, de volver a ser libres. ¡La libertad avanza carajo!

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina

Mi intención este mes era escribir y entregar a mi editor en el Juan de Mariana un texto sobre alguno de varios temas. Estaba tratando de decidir si escribir sobre la naturaleza expansiva del socialismo, tratando de dar una explicación de su propagación en Latinoamérica -algo que no deja de sorprender a muchos. Otro tema que quería discutir era el del absurdo reclamo de algunas personas de tener derechos fundamentales al uso de cigarrillos electrónicos (vapes), tratando de reflexionar sobre el fenómeno de una especie de hiper-inflación de derechos y las causas remotas de esto. Otro posible tema habría sido cómo ciertas formas de corrupción pueden ser eficientes, tomando como punto de partida la ensalada Cesar y cómo su receta se manifiesta corrupta en varios países.

El terremoto político

Pero el pasado domingo, después de un paseo con amigos, llegué a mi casa a leer la noticia de que Javier Milei ganó las elecciones primarias (PASO) en Argentina. Si bien trataré los temas que mencioné anteriormente en el futuro próximo, aquel hecho me obliga -como seguramente lo hace con muchos otros- a escribir sobre él. Para un libertario en América Latina, ¿qué otro tema puede ser tan interesante como este? No tengo respuesta ante esto.

Para nadie, libertarios o no, es un suceso sin trascendencia. Lejos de serlo. El anarcocapitalismo es aquella facción dentro de la ideología política del libertarismo que, a partir de la convicción de ser el estado injustificable desde cualquier punto de vista, considera que la única fuente justificable de orden y prosperidad económica es el proceso de mercado, cuya condición ética habitante es la propiedad privada, particularmente sobre los factores de producción.

Pues bien, la razón por la cual no puede ser un hecho sin trascendencia para absolutamente nadie es que Javier Milei se ha hecho conocer consistentemente como anarcocapitalista, y que así, en un país de dónde no ha salido enunciada la palabra libertarismo de parte de ningún gobernante, ha ganado unas elecciones, con una ventaja nada despreciable respecto de las dos opciones restantes -una de ellas, justamente representando la continuidad de socialismo rancio.

Javier Milei

Un par de meses y la concurrencia de otras circunstancias separan a Javier Milei de convertirse en el presidente de Argentina, no deja de ser excitante -por decirlo de alguna manera, que exista una relativamente alta probabilidad de que un país de América Latina pudiera tener un presidente que haya distraído a los electores en su favor, enunciando ideas que se derivan de la libertad en su sentido original.

En uno u otro tono, en varios grados de calma -y en ocasiones, sin ninguna- Milei ha llamado positivamente la atención de los votantes hablando de: propiedad privada, primacía de la economía de mercado. Respeto por el plan individual de vida de cada quien sin interrupciones estatales. Y libre competencia -entendida como a ausencia de bloqueos institucionales para producir en favor de los demás. De esta forma, Milei promete ser un presidente que va a favorecer el campo de acción de la economía de mercado, de tal forma que sea a través de este proceso que los individuos avancen en sus respectivos proyectos de vida en búsqueda de bienestar individual.

A la par, promete, como presidente, restar campo de acción al estado eliminando el número de sus agencias, como varios ministerios, reduciendo la capacidad operativa estatal para intervenir por medio del uso de la fuerza en los planes que diseñen los individuos a lo largo de sus vidas -lo que viene, hay que decirlo, como una bocanada de aire fresco. ¡Me importa un pimiento el carné de cualquier libertario! Tómense un minuto de darse de trompadas por al menos un momento para ver quién es el más libertario de los libertarios. Les digo que no está de más darse licencia y experimentar algo de emoción.

Libertarismo

Dejando la emoción a un lado, para darle paso a una reflexión con algo más de cabeza fría, algo no cuadra del todo. Milei es abiertamente libertario. El libertarismo es la ideología política que se articula de un axioma muy sencillo de entender y de justificar: ningún individuo, ni ningún grupo de individuos, puede agredir la persona o la propiedad de nadie. Al axioma solemos conocerlo como el axioma de no agresión, o NAP, por sus siglas en inglés, en donde agresión se traduce en el uso o la amenaza del uso de violencia física en contra de la persona o propiedad de los individuos.

Propiedad significa el derecho que tienen los individuos de controlar exclusivamente los cursos de acción a los que asignan sus medios -esto es, su cuerpo y sus bienes. Si una persona gana 100 pesos y el estado cobra en impuestos 5 o 75 para pagar a los jueces o para alimentar a los pobres, eso es una violación de NAP. Si dos hombres o dos mujeres quieren celebrar un contrato de matrimonio y el estado prohíbe o condiciona ese intercambio, eso también es una violación del NAP, luego reprochable desde un punto de vista libertario. Una explicación más extensa de este derecho se puede encontrar acá.

Presidente libertario, una contradicción

Siendo esto el libertarismo -reduciéndose a tan sencilla noción, ¿no es acaso la aspiración y el triunfo de Javier Milei una contradicción frente a esa noción? Es decir, siendo Milei libertario, estaría él en contra de dirigir cualquier manifestación de violencia física a la alteración de los cursos de acción a los que libremente los individuos han asignado sus medios. Y siendo el estado la agencia dentro de la sociedad que monopoliza la violencia física, cuyos ingresos son solo posibles por medio de una violación sistemática del NAP, ¿no es acaso una contradicción ser libertario y querer llegar a la posición de ser la cabeza de aquella organización, cuya existencia es injustificable a partir del reconocimiento de la propiedad privada?

Pues, por el perro, ¡claro que lo es! Se trata de entregarle un agente más a aquella organización criminal, que desde el libertarismo se quiere eliminar. Porque no puede haber dudas acerca de que llevar a sus últimas consecuencias lógicas, el NAP resulta en la eliminación del estado, sea el colombiano, el español o el argentino. Existe en el libertarismo un relato que se suele utilizar para brindarnos una imagen de esto. De existir un botón con el cual se lograría la desaparición del estado, se nos ampollaría el dedo al oprimirlo, sin descanso y con mucho ahínco. Así que, de nuevo, sí, es una contradicción ser libertario y querer formar parte del estado.

Presidente libertario, una estrategia

Lo que acabamos de describir es el fin último del libertarismo, su objetivo más caro. Y es tomándolo en cuenta que la candidatura y éxito electoral de Javier Milei resulta ser una grotesca contradicción. Y a pesar de esto, aquel botón no existe y, me atrevo a decir, que el estado será eliminado, no de un golpe certero, sino a través de un proceso tan largo y complejo como aquel por medio del cual surgió y terminó, siendo lo que conocemos como el proyecto estatal absolutista contemporáneo. Así como el estado surgió como una evolución de un grupo desorganizado de rufianes a una mafia criminal con un alto grado de organización por medio de reglas, el declive del estado podría darse como la devolución de ese proceso. Así, tomará no solo tiempo, sino estrategia.

Y es en términos de estrategia donde no me parece que haya contradicción alguna respecto del triunfo de Milei en Argentina. Es más, los que nos alegramos, por ello, en el fondo lo hacemos en función de la esperanza que representa. En términos estratégicos, y en el papel, las promesas de Javier Milei de destruir el estado desde adentro son atractivas y excitantes. Porque, si bien de manera tímida, representan un paso en el largo y paciente camino de acabar con el estado.

Eliminar instituciones

Y a pesar de lo emocionados que estemos, algo de cautela no está de más. Como estrategia, disminuir el estado corre el riesgo de ser una estrategia fallida. Por ejemplo, en primer lugar, la alianza con otras organizaciones criminales, de las que ya se es parte como presidente, como otros estados, puede generar cierta influencia impropia para que las reformas liberales avancen. Estas reformas liberales, libertarias, no pueden ser otras diferentes a eliminar instituciones que den pie a la intervención del estado.

Una clara reforma liberar sería, sí, disminuir impuestos, como aquellos a las ventas o a las ganancias empresariales. Pero sería una gran reforma liberal eliminar estos impuestos. No puedo, sino temer -y ojo que es temor, más no convicción- que este tipo de iniciativas, que serían las verdaderamente libertarias y las que se esperarían de Milei, se vean retrasadas y hasta entorpecidas con las alianzas que habría anunciado, como con EE.UU. e Israel.

Las que nos parecen medidas que prometen una muy baja probabilidad de éxito en la consecución del fin de reducir el estado son aquellas, dentro de las propuestas conocidas de Javier Milei, que mantienen ciertas intervenciones. En efecto, según reportes periodísticos, para Milei el gasto público no es que vaya a ser eliminado, sino que “tiene que reducirse.” Nuestra principal preocupación con esto, con que se mantenga cierto grado de gasto público, es que esto llevará a ineficiencias en la asignación de recursos. Y esto, a su vez, podría llevar a la necesidad de incrementar ciertas intervenciones estatales. Ello corre el riesgo de mantener el tamaño del estado y hasta aumentarlo, siquiera marginalmente.

Sólo ocho ministerios

Por ejemplo, Milei ha anunciado en el pasado que mantendría ocho ministerios, siento infraestructura uno de ellos. Nuestro temor -y este sí es por convicción- es que gasto público en infraestructura es, después de todo, gasto estatal. El estado no cuenta con herramienta mental de economía de mercado como el cálculo económico. El motivo es que no participa del sistema de precios de la misma manera en la que un empresario lo hace. Así que cualquier asignación de recursos que haga, en algún grado, así sea en carreteras y puentes, será un desperdicio. Tal desperdicio de recursos, en tiempo, creará un déficit fiscal que, probablemente, se tenga que tapar con impuestos adicionales a los que ya estarían en vigencia.

La verdad es que poco sabemos de estrategia -sobre todo nosotros, que llevamos una vida dentro de la segura burbuja académica. Nos parece que respecto del fin último del libertarismo no debería quedar duda alguna cuál es este. La fortuna nos dirá qué estrategia será la más eficiente. Que reducir el campo de acción del estado desde adentro sea o no una estrategia efectiva, de tal forma que avance la libertad y con ello la prosperidad material y el recobro de la fibra moral de la sociedad, es una cuestión empírica.

Otra estrategia -de largo plazo y aliento y sin violar el NAP

Tal efectividad será juzgada por sus resultados y el tiempo dirá todo. Javier Milei, a todas luces, se ha ocupado más de estas cuestiones estratégicas, y a su futuro equipo de trabajo. En ese sentido, solo resta desearle toda la suerte en el eventual caso de que gane las elecciones presidenciales de Argentina. ¡Javier, estoy a una llamada para cuando quieras discutir aspectos fundamentales de teoría de eficiencia dinámica o el error intelectual que es el socialismo!

Consideramos que existe una estrategia que promete una mayor probabilidad de éxito, en el largo plazo. Tiene estas varias consideraciones. Una de ellas es que requiere de mucha visión. Por medio de ella, se promete eliminar el estado en el largo plazo. Es una estrategia, muy diferente a la de relativo corto plazo, que es a lucha electoral. Requiere también de bastante paciencia y esto nos lleva a considerar otra cosa: requiere también perseverancia y valentía. Los embates y las desavenencias que encuentra en el tiempo son muchas. Y no dejarse derrotar por ellas es muy importante, para lo cual se necesita muchísima fibra moral.

Por último, requiere de agudeza intelectual. Pues la idea de la libertad y sus últimas consecuencias demandan cierto rigor mental para identificar todas sus implicaciones lógicas. Esta estrategia es la de hablarle directa y diariamente a la opinión pública. Pues sin el apoyo, así sea pasivo y resignado de ella, no puede haber estado. Esta estrategia es, además, consecuente con el NAP, pues dialogar no viola este axioma.

El poder y la aquiescencia de la mayoría

El estado es un grupo minoritario de individuos que tiene en sus manos el monopolio de la violencia física. Loo utiliza como un revolver para extraer involuntariamente riqueza de la parte de la sociedad que previamente la ha creado. Y, ayudado por su monopolio del derecho, decide en última instancia la cuestión de lo justo. Esa minoría, al final, solo puede mantenerse por medio del apoyo de la mayoría.

El estado está soportado, entonces, porque la opinión pública lo soporta. La mayoría, a la altura de nuestros tiempos, tienen profundamente arraigada la creencia, de que la única forma de generarse orden es a partir de la existencia de un estado. Esa mayoría cree que siempre ha sido así y que no hay otra forma de que sean las cosas. Esa mayoría, que representa la opinión pública, ha nacido y morirá en un tiempo donde se insiste en la noción, sin descanso, de que el estado es, por un lado, la única forma de coordinar las acciones de la sociedad para generar bienestar; y, por otro lado, que sin estado la sociedad sería presa del caos que acabaría con ella misma en cuestión de días.

Bienvenidas las estrategias de libertad

Así, posiblemente una estrategia más efectiva, con resultados que resulten un tanto más blindado a los vaivenes electorales, que se dirija al profundo desarraigo de la creencia sobre el estado y su utilidad es una estrategia que merece toda nuestra atención como libertarios -una sin la cual, nos atrevemos a decir, el triunfo de Javier Milei en Argentina no habría sido posible en primer lugar.

¡Qué aquellos confundidos sigan llamando fascista a todo aquello que no entienden! Mientras tanto, bienvenidas todas las estrategias para avanzar la libertad. El paso del tiempo cumplirá con su función de depuración y nos encontraremos al final del camino sin estado y libres.

Ver también

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

Javier Milei y la bandera de libertad

Los albores de un liberalismo pragmático afloraron el domingo en el país del sur de una América Latina sumida en la incertidumbre y el caos político. Que aquel ‘bicho raro’ de Javier Milei se haya hecho con una primera victoria en un país aquejado por la descomposición institucional, por la ruina económica ocasionada por la inflación y la crisis social y, sobre todo, por la domotización perpetrada por más de setenta años de peronismo es un hecho histórico que sorprende para bien de la democracia en el continente Latinoamericano y en occidente.

Este acontecimiento ejemplifica una cuestión de orden social y político muy importante. Más allá de los esquemas peligrosos en los que algunos se empecinan en insistir. Toda vez que la izquierda más radical trata de encasillar cualquier alternativa a su proyecto rupturista en un extremismo insalvable o cuando se repite un descalificativo que para el análisis es poco útil. Categoriza de ultra una verdad a secas: la libertad como principio rector en la vida de los individuos.

La propuesta de Milei

La propuesta liberal de Milei no hace más que determinar con certidumbre cuestiones que los ciudadanos de cualquier país en quiebra reconocen sin paliativos. El Estado no genera trabajo (empleo) ni riqueza por sí mismo. La burocracia es un mal endémico ineficaz propio de la administración pública que se traduce en dificultades para el ciudadano. El derecho a decidir lo que es mejor para uno corresponde a la misma persona que es capaz de discernir su conveniencia por encima de las imposiciones de un Estado que también vela por sus intereses. En conclusión: menos poder para el Estado es sinónimo de mayor capacidad y ventaja para las personas, quienes son los actores reales de su propio bienestar.

Esto es, en resumen, lo que ha venido defendiendo el candidato de La Libertad Avanza y aquello que los ciudadanos argentinos han reconocido como una propuesta pragmática a la situación en la que se encuentra el país que antes del afloramiento del peronismo era una potencia económica mundial. 

La libertad importa a los ciudadanos

No es baladí detenerse a analizar un elemento clave a la hora de estudiar aquel principio que Montesquieu había establecido: la libertad es poder hacer lo que debemos. Y en ello se enmarca una idea sobre tal virtud que permite reflexionar acerca de las cuestiones que condicionan la vida de los individuos. La protección de sus derechos y la estricta garantía del principio de subsidiariedad que debe revestir todo Estado democrático que reconozca el Estado de Derecho como la base de la convivencia entre los ciudadanos y su relación con el poder público.

Que un liberal pueda ser el próximo presidente de uno de los países más debilitados por décadas de socialismo pone sobre la mesa un hecho incontrastable. La libertad es una cuestión que importa a los ciudadanos y es deber de los líderes de aquellos países que padecen el malestar del igualitarismo y la corrupción de una casta política pervertida ofrecerlo a los ciudadanos como un elemento constructivo de bienestar, superación y enriquecimiento en clave propositivo.

El enemigo del Kirchnerismo

Sobre el terreno hay dos cuestiones clave para analizar. Las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), como su nombre indica, son obligatorias. Por tanto, ofrecen una fotografía bastante aproximada de lo que puede acabar ocurriendo en las elecciones generales de octubre en Argentina. Y a eso se suma el hecho de que Javier Milei haya ganado el pasado domingo en plazas tradicionalmente peronistas. Y en segundo lugar, Milei se ha convertido en el enemigo número uno a batir en los dos meses que quedan hasta las elecciones. Enemigo, sobre todo, del kirchnerismo que, de confirmarse el resultado del pasado domingo, tendrá que buscar refugio tras años de corrupción, enriquecimiento ilícito y crisis económica y social.

Milei está muy bien posicionado para ser el próximo presidente de Argentina, con un programa con un claro horizonte de ampliación de las libertades de los argentinos. El bagaje liberal del candidato es una ventana de oportunidad para un cambio real que vendrá acompañado de una idea que pone al ciudadano en el centro.

Respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo

Fue lo manifestó en su alocución tras conocerse los primeros resultados del domingo, citando al profesor Alberto Benegas Lynch. La libertad es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, cuyas instituciones son la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la libre competencia entendida como libre entrada y salida, la división del trabajo y la cooperación social.

Quedan alrededor de ocho semanas difíciles que serán la antesala de un desafío a la altura de las circunstancias: un país roto económicamente, donde las políticas liberales pueden ser difíciles de aplicar en el corto plazo e, incluso, impopulares en cuanto al cambio de modelo económico, y una sociedad polarizada en la que el peronismo continuará perfectamente organizado y con las herramientas dispuestas para hacer tambalear un gobierno centrado en el cambio radical no solo de la económica o las políticas públicas, sino en la percepción que el individuo tiene sobre su trabajo frente al poder público. Cuestión que resulta nada sencilla en un país dilapidado por la ruina del peronismo y el socialismo. Por ello, en estos momentos históricos es cuando resulta más importante aún elevar la bandera de la libertad, asumiendo que su precio es la eterna vigilancia.

Ver también

¿Es Javier Milei el milagro económico que necestia Argentina?

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina?

Siempre seguí de cerca todo lo que ocurre en Argentina. Apenas era un niño cuando descubrí a Diego Armando Maradona, un hombre que hacía magia con un balón.
Apenas sabía qué es España y no sabía nada del Imperio Español, pero veía que ese hombre, además de hacer magia con el balón, hablaba español.

Y con un acento parecido al de Rubén Sosa, «el principito» que marcó el gol que hizo que el Real Zaragoza ganase la Copa del Rey 1986. Menos de dos meses después, se disputaba el Inglaterra-Argentina, en el que Maradona marcó dos de los goles más geniales que he visto, “la mano de Dios” y “el gol del siglo”. Argentina ganó el mundial. Y mi admiración.

Aunque la distancia, y mi corta edad, dificultaban desarrollar mi interés por Argentina. Incluso cuando Chilavert fichó por Vélez, intentaba seguir los resultados del equipo, pero era difícil para mí seguir las noticias argentinas antes de tener Internet. Pero llegó Internet justo en la época en la que jugaba en el Real Zaragoza Poyet, Cáceres, Esnáider, Darío Franco… y fui leyendo todo lo que podía sobre Argentina, Paraguay y Uruguay. Y poco a poco me fui acostumbrando a seguir la actualidad de esos países.

Maradona me hizo admirar Argentina. El escudo del león me hizo descubrir Argentina.

Economistas argentinos

Y así, fui conociendo más a autores argentinos. Descubrí a Ricardo López Murphy, a Martín Tetaz, a Roberto Cachanosky… y mi interés por la economía y la Escuela de Salamanca crecía a medida que crecía mi interés por Argentina.

Siempre me resultó curioso la cantidad de libros y autores argentinos hablando sobre la Escuela de Salamanca. Así descubrí y leí a Gabriel Zanotti, a Carlos Rodríguez Braum, a Alejandro A. Chafuen o a Juan Carlos Cachanosky.

También me resultaba curioso que con tanto talento argentino la economía argentina fuera un auténtico disparate, con unos niveles hiperinflacionarios de 3079% y 2314%, en 1989 y 1990, respectivamente. Un país que, tiempo atrás, llegó a tener el mayor PBI per cápita del mundo.

La economía argentina era -y es- un digna de un chiste de Yayo pero, si los argentinos tienen el talento y la capacidad de trabajo suficiente como para llegar a tener el mayor PBI per cápita del planeta y el conocimiento suficiente de la Escuela de Salamanca, sólo es cuestión de tiempo que vuelvan a ser una gran potencia mundial y volver a recuperar una alta renta per cápita.

El milagro económico español

En España vivimos de 1959 a 1973 el conocido como milagro económico español, un cambio que Domingo Soriano define como: “Un país autoritario que abre su economía al mundo, desde una posición de partida muy mala y que consigue sumarse al tren de la modernidad”.

En ese periodo, en España hubo un crecimiento medio anual del 7,73%, gracias a unos pocos cambios estructurales. Veamos cuatro puntos:

  • Apertura internacional tanto a nivel industrial y de inversiones como a nivel de turismo. España pasó de recibir 6 millones de turistas en 1960 a más de 34 millones en 1973.
  • Reducción a través del primero de los Planes de Desarrollo Económico y Social de la inflación pasando del 12,6% en 1959 al 2,8% en 1963. Aunque luego, como siempre ocurre en cualquier economía planificada, volvió a subir en 1965 hasta el 14%.
  • Unas tasas bajas de criminalidad, como los 1,2 homicidios por cada 100.000 habitantes en 1970, según el INE.
  • Y un estado limitado con “sólo” 700 mil funcionarios de una población de 35,9 millones de españoles en 1975.

Gracias a estos cuatro hitos, en los 70, España fue la décima potencia mundial en PBI per cápita según el Banco Mundial y la ONU.


Argentina hoy

Comparemos estos mismos indicadores con la situación argentina actual. La tasa de inflación anual promedio ha pasado del 40,6% en el periodo 2015-2019 con Mauricio Macri como presidente a un 69,8% en el periodo 2020-2023 con el gobierno del Frente de Todos.

El nivel de control económico por parte del estado argentino lleva a situaciones como que siendo Argentina el primer exportador de harina y aceite de soja del mundo, el gobierno decidió suspender las exportaciones de estos productos en 2022. En 2022 sólo 3,9 millones de turistas durmieron al menos una noche en Argentina, cuando en 2019 lo hicieron 7,4 millones.

El número de homicidios en Argentina en 2021 fue de 2093 (4,62 por cada 100.000 habitantes), muchos, aunque es menos que los que ha habido desde 2001, que no había bajado de los 5  por cada 100.000 habitantes.

Un milagro económico es posible en Argentina

He comenzado hablando de mi relación con Argentina. Y cómo sigo a diario la actualidad argentina. Pero ese cariño no es unidireccional. Me consta por amigos argentinos que al otro lado del Atlántico siguen tanto o más la actualidad española como en España la de Argentina. También hemos visto que hay un fuerte conocimiento de la Escuela de Salamanca en Argentina y que cuando se aplicaron, aunque tímidamente, en España, la economía creció al 7,73% anual.

Y cómo la situación actual en Argentina horripilaría a cualquiera de nuestros escolásticos, por lo que hay un caldo de cultivo ideal para que alguien tome esas ideas en Argentina y las desarrolle. Esas ideas que, por otro lado, y como dice Borges, nunca dejaron de estar:

Estás, España silenciosa, en nosotros.

[…]

España del inútil coraje,
podemos profesar otros amores,
podemos olvidarte
como olvidamos nuestro propio pasado,
porque inseparablemente estás en nosotros

Esas mismas ideas que Javier Milei reivindica en Otra vez sopa, en El fin de la inflación, en El camino del libertario, en Libertad, libertad, libertad… Pero sobre todo, cuando reivindica la constitución de Alberdi, tan influida por la Escuela de Salamanca.

De hecho, Alberdi en “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”, su obra más famosa, donde propone los principios fundamentales para la organización constitucional del país, basados en el respeto a las libertades individuales, el fomento de la inmigración, el desarrollo económico basado en el libre comercio y la producción agrícola, y la limitación del poder del Estado, se basa abiertamente en los principios planteados por la Escuela de Salamanca.

Este libro de Alberdi fue tomado como referencia por el Congreso Constituyente reunido en Santa Fe en 1853, que sancionó la primera Constitución nacional argentina. Sólo tres décadas después, en 1895 y 1896, Argentina tuvo el mayor PIB per cápita del mundo.

El rugido del león

En Argentina ya saben que el libre comercio y el estado limitado funcionan. En España también. La diferencia es que en Argentina hay un candidato a la presidencia que, aparentemente, quiere aplicar los postulados de la Escuela de Salamanca. Y ha sabido hacer llegar su mensaje a la población.

En la Plaza Holanda de Buenos Aires, dijo:

Esta no es una tarea para tibios. Esta no es una tarea para cobardes. Esta no es una tarea para los políticamente correctos. Yo no me metí acá para estar guiando corderos, yo me metí acá para despertar leones. ¡Quiero escucharlos rugir!

Ayer, los leones argentinos rugieron. Más del 30% de los votos en las PASO fueron para Milei. Ya han comenzado el camino para volver a ser libres. Para volver a ser ricos.

El camino de la Escuela de Salamanca. El camino de la Comunidad de Madrid.

En España, sin embargo, sólo nos queda el recuerdo. El recuerdo de la Escuela de Salamanca. El recuerdo del milagro económico español. El recuerdo de un león que acompañado de unos cuantos argentinos conquistó Europa. Pero que ahora está en segunda.

Un león que duerme, como durmió en Argentina.
Pero el rugido madrileño y el rugido argentino, puede hacerle despertar.

Milei, la opción liberal

Las recientes elecciones PASO (primarias, abiertas, simultaneas y obligatorias) en Argentina han tenido un doble efecto inesperado que ha sorprendido a una ciudadanía hastiada del un establishment incompetente y una crisis económica galopante y en crecimiento, pero también ha ratificado algunos rasgos generales que han arropado la vida pública del ese país hasta hoy.

Durante la gestión de su gobierno, Mauricio Macri demostró su incapacidad para promover unas reformas económicas serias para paliar la crisis en la que se encontraba Argentina. Las pocas medidas que su gobierno tomó en materia económica estuvieron reducidas al gradualismo, lo que no resolvió el problema en última instancia. 

Sin embargo, el retraso de aquel país no se debe a la coyuntura ni al momento político del gobierno mal llamado liberal de Macri, ni siquiera al kirchnerismo anterior a su gobierno. La crisis se debe, en primer lugar, a la rancia sombra de un peronismo arraigado en el ideario social que se refleja en la política de forma determinante. 

Las primarias, donde se votaron las listas de candidatos para el poder legislativo de cara a las elecciones del 14 de noviembre, son un reflejo previo de ambiente político que se vive y la fotografía general de la situación y los posibles resultados finales de noviembre. Eso lo demuestra la contundencia con la que el presidente argentino, Alberto Fernández, se refirió a los resultados una vez conocidos: “algo no hemos hecho bien”. Lo cierto es que el actual gobierno argentino es el reflejo de la cadencia de un sistema y una idea alrededor de la cual el pueblo argentino no ha podido escapar desde hace décadas: el tropiezo irresistible y continuo de la sociedad argentina, el peronismo.

Pero hubo otro efecto en las PASO que nadie vio venir, al menos con la contundencia con las que los resultados a su favor se revelaron. Y lo cierto es que cuando la izquierda más radical se barniza con la autoridad para poner etiquetas, uno se da cuenta que va por el camino correcto: los medios argentinos e internacionales se refirieron a Javier Milei como ‘el fenómeno de ultraderecha’, ‘el ultraliberal antisistema’, o ‘la derecha que se radicaliza con el voto militar’. Es ese fenómeno, precisamente, el que ha eclipsado con su sorpasso la derrota del kirchnerismo.

Se puede estar más o menos de acuerdo con las ideas que promueve Milei, en cierta medida en un país como Argentina, incluso, pueden ser discutibles, pero las ideas que defiende no se limitan a la demagogia inútil de la que está plagada la región latinoamericana ¿Milei es un populista? El tiempo lo dirá, pero en un país y una región plagados de populismos, uno que defienda la libertad como valor primigenio de la sociedad y el individuo y la economía de mercado como base para el crecimiento y el desarrollo, es una especie muy poco vista por esos parajes.

Pues es ese líder el que ha quedado en tercer lugar en las primarias. Con su formación sólida en economía y su experiencia profesional a Milei nadie le ha regalado nada ni se debe a los poderes económicos y mediáticos que plagan el continente. 

Milei puede ser etiquetado como un antisistema, pero es el antisistema que queremos porque defiende, en esencia, ideas y aunque la política se trata de emociones y sentimientos, es posible que ese concepto tan difícil como es la ‘libertad’ cale en el espíritu de la sociedad y que aquellas ideas tan denostadas por los propietarios de la moral -la izquierda-, que se empecinan en guiar al despeñadero a las sociedades latinoamericanas, se transformen en realidades.

Es probable que Milei no gane las próximas elecciones legislativas, pero su partido tendrá una representación importante en un Congreso desacostumbrado a verdades como templos (como en gran parte de los países del entorno), desde ahí se ocupará de desmitificar aquellas vacas sagradas que han llevado a la región al subdesarrollo: sistema de pensiones, bancos centrales, proteccionismo, tasas arancelarias, etc. Como dijo el propio Milei: “Vos podés dar mucha batalla cultural, pero si no hay una opción electoral de las ideas de la libertad es muy complicado”.