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Etiqueta: Teoría monetaria

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXXXI): la banca y el Estado (II)

En el artículo anterior expusimos la idea de que los bancos comerciales en nuestro entorno económico no forman parte a día de hoy de lo que entendemos como mercados. Vimos cómo a pesar de ser formalmente de titularidad privada, buena parte de su actividad reside en financiar a los estados y servir de correa de transmisión de sus políticas económicas, y de servir como parapeto antes las críticas sociales que pudiesen despertar estas. También recordamos que la actividad bancaria tradicional podría ser, en otras circunstancias, una actividad comercial como cualquier otra. Y por consiguiente, con unos rendimientos y lucros obtenidos por su actividad, análogos a los de cualquier otra empresa comercial. En este artículo se quiere exponer cuáles son las razones que me llevan a justificar esta postura y para ello buscaré exponer cuáles son los privilegios otorgados por los gobernantes a este tipo de organizaciones, privilegios de los que carecen total o parcialmente el resto de empresas privadas.

El privilegio de emitir la moneda de curso legal

El primero, y para mí el más importante, es que la banca comercial actual cuenta con el privilegio legal de crear moneda legal a la par con la moneda establecida como tal por los gobernantes. Es bien sabido por los que siguen estas páginas que a través de los mecanismos de reserva fraccionaria, los bancos pueden crear más o menos moneda fiduciaria, reflejada en apuntes electrónicos en sus balances.

Esta moneda cuenta con el privilegio del curso forzoso; esto es, sirve para redimir todas las deudas públicas y privadas. O sea, opera exactamente igual que un billete de banco o cualquier otra forma de dinero y cumple sus mismas funciones. Es más, a efectos legales, cotiza a la par que el dinero físico emitido por los bancos centrales, que constituyen junto con los depósitos de los bancos en el banco central la denominada base monetaria. Los apuntes electrónicos fundados en esta base no son, pues, exactamente lo mismo que esta, por lo que podrían perfectamente cotizar con descuento o con aprecio en los mercados, al percibir el usuario esta diferencia.

Extraña banca privada

Por ejemplo, en tiempos de crisis bancarias, la ciudadanía puede preferir el dinero en papel ante el riesgo de que sus ahorros en forma de apuntes puedan quedar inmovilizados en medio de una crisis de este tipo e incluso perderlos total o parcialmente. Si cotizasen según el mercado nos serviría además de indicador de la solvencia o insolvencia de un determinado banco. Pero no es así. Legalmente, cotizan a la par por privilegio legal, como si un libro de papel estuviese obligado a costar por ley, lo mismo que uno electrónico.

De esta forma, los bancos, incluido claro está el central, pueden inflar sus balances sin que tengan que asumir costes de falta de confianza que pudieran devenir de tal diferente valoración. Este privilegio, que como acabamos de apuntar no está disponible para otros sectores de la economía, es necesario para que los gobiernos puedan financiarse indirectamente a través del sistema bancario, y servir de correa de transmisión de sus políticas monetarias, expansivas o restrictivas del crédito. Extraña banca privada es esta que cuenta con la capacidad de emitir dinero de curso forzoso con el respaldo del poder político y que ve limitada esta capacidad a las regulaciones que el propio gobierno les indica. Muy privado y de libre mercado no parece ser este sector.

Depósitos garantizados

Otro privilegio legal con el que cuenta la banca “privada” es el denominado como garantía de depósitos. Para evitar las corridas bancarias, esto es, cuando los depositantes deciden masivamente retirar sus depósitos electrónicos y redimirlos a dinero de papel, los estados garantizan, directa o indirectamente y en exclusiva, a través de los denominados fondos de garantía de depósitos, los depósitos a la vista o a plazo supuestamente custodiados por la banca comercial.

La cantidad garantizada variaría según el país, desde la totalidad del depósito hasta una suma concreta, más allá de la cual el fondo no se hace responsable, y en algún caso puede incluso no existir tal garantía. En España a día de hoy están garantizados los depósitos hasta la suma de cien mil euros. Esta garantía constituye otro claro privilegio si lo comparamos con lo que acontece con otros sectores de la economía.

Paso previo a los rescates

Por ejemplo, antes de la crisis de 2007 era común comprar viviendas sobre plano; esto es, anticipando el valor total o parcial de la compra antes de ser construida la vivienda. De esta forma el constructor se financiaba y el comprador la obtenía algo más barata. En el discurrir de la crisis aconteció que muchos constructores quebraron y no pudieron entregar las viviendas. El dinero entregado quedó embargado en el proceso concursal y de cobrar algo los perjudicados sólo cobrarían lo que les correspondiese en el proceso judicial. Esto es, sus adelantos no estaban garantizados por fondos estatales, como no lo están todos los desembolsos para cualquier otro tipo de inversión o tráfico mercantil.

Esta garantía excepcional a los depósitos bancarios se establece supuestamente para reforzar la confianza en el conjunto del sistema bancario y buscar evitar de esta forma las retiradas masivas de depósitos, objetivo que, como estamos constatando, no cumple del todo su objetivo. De hecho, para lo que sirve es para poder justificar los rescates bancarios con fondos estatales de ser necesario, pues los fondos de garantía españoles en la actualidad a duras penas podrían cubrir el rescate de uno o dos bancos de tamaño mediano.

La crisis financiera

Ya en la última crisis tuvimos que comprobar que tal fondo se gastó con el rescate de dos cajas y luego para casos como el de Bankia hubo que recurrir a fondos de rescate europeos, aunque no se denominasen así. Aparte de ser un privilegio gracioso concedido por los estados al sector bancario, la garantía de depósitos también subsidia a los bancos menos solventes o a los más arriesgados en sus inversiones a costa de los que pretendiesen llevar a cabo una gestión más conservadora. De esta forma se traslada al usuario de la banca la idea de que da igual depositar el dinero en uno u otro banco, pues el estado cubrirá en caso de problemas.

Esto, como es de suponer, genera riesgo moral y tuvo en su momento la consecuencia de que todos se involucrasen en mayor o menor medida en operaciones de alto riesgo al no temer la retirada de fondos por parte de los clientes al no percibir estos mayor problema en depositar en uno u otro banco y no dudar en aceptar sin miedo las mejores remuneraciones que los bancos arriesgados ofrecían para poder financiar sus actividades de riesgo.

Esta medida debilita también el control que los usuarios pudiesen ejercer sobre el desempeño de sus bancos o sobre su cartera de inversiones, debilitando, por tanto, los incentivos a mejorar la cultura financiera de la población, manteniéndola apartada del seguimiento de la información relevante sobre el discurrir del sistema bancario. Justo lo que a los gobiernos actuales les gusta. No hay nada como una población mal informada para poder seguir operando el sistema bancario a gusto del gobernante.

La reserva fraccionaria

El tercer gran privilegio es el de la reserva fraccionaria. Como bien apuntó el profesor Huerta de Soto en su libro sobre dinero y crédito bancario, es también un privilegio que sólo se le otorga a los bancos con licencia o ficha del regulador. Es ilegal en cualquier otro sector económico, como el comercio de granos o de aceite por ejemplo, o en cualquier otra forma de depósito; un guardamuebles, por poner otro ejemplo.

El debate sobre la reserva fraccionaria es bien conocido por los lectores de estas páginas y es fuente aun de debate entre austríacos sobre su conveniencia o no. Nuestro interés aquí no radica en sus aspectos técnicos o morales, sino en su carácter de privilegio otorgado por los estados a los bancos bajo su jurisdicción. Su principal función actual, aparte de servir para financiar los gastos del estado con papel emitido por los bancos que para eso sirvieron en origen y aún siguen sirviendo, es servir como herramienta de política monetaria.

Manipulación del coeficiente de caja

Esto es, la manipulación del coeficiente de caja bajándolo cuando se quiere incrementar la cantidad de dinero en circulación y subiéndolo cuando lo que se pretende es restringirla, ha sido desde hace decenios una de las principales herramientas de los reguladores en su intento de controlar y manipular la actividad económica. Este coeficiente no es algo natural o que salga del libre flujo del mercado, sino que deriva del propio privilegio de coeficiente fraccionario, y la prueba está en que cada país cuenta con su propia política de encaje.

Curioso, cuando menos, que las reglas técnicas de manejo de un banco dependan tanto de quienes gobiernan, y, por tanto, de las políticas que establecen, como de dónde gobiernen. Con lo que cada estado contará con normas de funcionamiento distintas. No parecen formas de funcionamiento muy técnicas u orientadas a la mejor disposición de los depósitos, si no orientas al control estatal de la economía a través de sus agentes, los bancos comerciales.

Estos son usados para estos menesteres ya cambio obtienen protección y beneficios de plegarse a esta función. Peor para ser justos habría que decir que no podrían optar por otro sistema. Hay que matizar también que el papel del coeficiente de caja como herramienta ha perdido cierta importancia como herramienta.

5 razones por las que los jóvenes deberían invertir en oro en tiempos de incertidumbre

Joshua Glawson. Este artículo fue publicado originalmente en FEE.

En 1946, cuando se fundó la Fundación para la Educación Económica, la onza de oro se cotizaba a unos 38,25 dólares. Esta semana, ¡cotizaba por encima de los 2.000 dólares!

Me imagino cuánto dinero se podría haber ganado con inversiones anteriores en oro. Ojalá hubiera invertido el dinero extra de Navidad o de mi cumpleaños en el metal precioso en el año 2000, cuando el oro costaba unos 280 dólares la onza.

Aunque no hay garantías en ninguna inversión, está claro que entramos en un periodo de gran incertidumbre económica. En noticias económicas recientes, varios bancos y grandes instituciones financieras se han declarado en quiebra, lo que nos lleva a lo que probablemente sea un periodo de recesión. El dólar estadounidense está perdiendo un valor significativo causado en parte por la inflación monetaria, el gasto excesivo y el desvanecimiento de la confianza del mercado. Algunos economistas especulan que los EE.UU. considerarán una criptodivisa centralmente controlada y emitida por el gobierno como un medio para promover la Teoría Monetaria Moderna.

El oro resiste el paso del tiempo

A lo largo de la historia, a medida que las monedas fiduciarias han ido desapareciendo, el oro ha resistido la prueba del tiempo una y otra vez, y hay razones para ello.

“Materias primas como el oro y la plata tienen un mercado mundial que trasciende fronteras nacionales, políticas, religiones y razas”, escribe Robert T. Kiyosaki, autor de Padre Rico, Padre Pobre. “A una persona puede no gustarle la religión de otra, pero aceptará su oro”.

Comprar oro o incluso conservarlo no siempre fue una opción para los estadounidenses. Como ha señalado el presidente emérito de la FEE, Lawrence W. Reed, “…el 5 de abril de 1933, FDR dijo a los estadounidenses -en forma de Orden Ejecutiva 6102- que tenían menos de un mes para entregar sus monedas de oro, lingotes y certificados de oro o enfrentarse a hasta diez años de prisión o una multa de 10.000 dólares, o ambas cosas”.

Contra el monopolio de la moneda

Esto esencialmente hizo ilegal la propiedad privada de oro desde 1933 hasta el 31 de diciembre de 1974, cuando la orden ejecutiva fue rescindida. Estas leyes afectaron negativamente a la economía estadounidense, a los mercados y al dólar, y en muchos aspectos siguen afectando a Estados Unidos y al mundo en la actualidad. Como sugirió el economista F.A. Hayek, el gobierno estadounidense estaba monopolizando la moneda, a la vez que la degradaba, ampliaba los programas sociales y los financiaba mediante esquemas de inflación monetaria fiduciaria.

Aunque no hay forma de deshacer el pasado, podemos sacar provecho del futuro, y el oro puede ser una excelente manera de hacerlo. He aquí cinco razones para considerar la posibilidad de invertir en oro si está empezando una cartera o buscando diversificar.

1) El oro mantiene su valor a lo largo del tiempo

Aunque a corto plazo la volatilidad del oro es preocupante en comparación con el dólar estadounidense, la inversión a largo plazo en oro físico ha mantenido su valor a lo largo de la historia. Si nos fijamos en 1946, el valor de una onza de oro rondaba los 38,25 dólares. Hoy en día, en 2023, el valor de una onza de oro está superando constantemente los 1900 dólares para situarse en el rango de los 2000 dólares. Incluso hace 10 años, una onza de oro rondaba los 1.400 dólares.

Considerar el oro para la inversión a largo plazo es una gran manera de protegerse contra la inflación y el desmoronamiento de los dólares fiduciarios en lugar de almacenar su dinero duramente ganado en una cuenta de ahorros donde prácticamente no gana intereses, incluso cuando la inflación erosiona su poder adquisitivo.

2) El oro es fácil de negociar

El valor del oro es casi universal: se aprecia en todo el mundo y ha mantenido su valor a lo largo del tiempo. Este atractivo internacional y transcultural del oro hace que sea relativamente fácil de comprar y vender en todo el mundo, a diferencia de muchas otras inversiones. Cuando existen políticas gubernamentales que controlan las cuentas bancarias, supervisan el comercio de acciones, restringen el envío o la recepción de fondos digitales, limitan las líneas de crédito, cierran las tarjetas de crédito, devalúan las divisas y regulan las criptotransacciones, tener oro físico sigue siendo normalmente una opción viable para el comercio. Esto se ve muy a menudo en períodos de inflación, deflación y guerra.

Si usted está interesado en comprar oro, pero no tiene un extra de $ 2.000 a caer en una onza de oro, hay algunas otras maneras de invertir sin tener que comprar una onza física completa.

He aquí algunas formas de empezar:

Monedas de oro
Acciones mineras de oro
Fondos cotizados (ETF) y fondos de inversión
Futuros de oro

3) El oro tiene poco mantenimiento

A diferencia de muchas otras inversiones, el oro tiene una propensión histórica y lógica a aumentar de valor con el tiempo por sí solo. Puede que las acciones ofrezcan una tasa de rentabilidad media superior, pero con el oro no tiene que estar pendiente de un ordenador día tras día para decidir cuándo comprar y vender. No tiene que investigar las finanzas de las empresas ni escuchar los informes de beneficios con tanta intensidad.

Por supuesto, lo mejor suele ser comprar barato y vender más caro de lo que se pagó en un principio. Sin embargo, también es probable que, sea cual sea el precio que pague hoy por el oro, dentro de 10, 15 o 20 años valga mucho más, lo que lo convierte en una inversión de bajo mantenimiento.

Otro gran aspecto práctico del oro son sus características naturales de bajo mantenimiento de durabilidad, imperecedero, mientras que también tiene una amplia gama de usos industriales.

4) El oro es un camino hacia la riqueza generacional

Cuando se poseen piezas físicas de oro -ya sea en forma de monedas o lingotes u otra forma física-, éstas pueden transferirse entre personas sin que necesariamente intervenga el gobierno. Cuando el oro se compra o se vende, puede haber ocasiones en las que se aplique un impuesto. Sin embargo, cuando el oro se entrega como regalo físico o como herencia, simplemente para conservarlo en lugar de venderlo para obtener beneficios, es probable que pueda conservarlo sin pagar impuestos hasta una determinada cantidad.

Tener oro puede ayudar a transferir la riqueza entre generaciones. Algunas culturas funden y moldean el oro en estilos básicos de joyería ponible, monedas, adornos o cubiertos, para ayudar aún más en este proceso de transferencia.

5) El oro inspira la competencia

El economista Henry Hazlitt coincidió con F.A. Hayek en que la existencia de monedas competitivas ayuda a combatir la inflación, al tiempo que ofrece a las personas libres más opciones entre las que elegir. La competencia y las opciones no se dan a las personas que no son libres de la monopolización estatal de la moneda. Si más gente invierte en oro, es probable que inspire una competencia progresivamente mayor para el dólar estadounidense y otras monedas mundiales. La competencia monetaria presiona a los gobiernos para que mantengan de forma fiable su valor frente a la inflación monetaria y las tasas de inflación de los precios.

Como Haziltt explicó:

No rechacemos el patrón oro porque los gobiernos lo adoptaran en su día. Después de todo, fue el producto final de siglos de experiencia. Fue la supervivencia del más fuerte frente a la temprana competencia de bueyes, ovejas, pieles, wampum, tabaco, hierro, cobre, bronce y, finalmente, plata. Fue el resultado de la competencia en el mercado, como estoy seguro de que volvería a ser. Sólo después de su victoria en el uso privado, los gobiernos se apoderaron de ella, la explotaron para sus propios fines, la diluyeron, la pervirtieron y finalmente la destruyeron.

Refutación del teorema de regresión de Mises

De nuevo un título pretencioso para mi artículo, considerando que no pertenezco al mundo académico y reconozco abiertamente desconocer la forma de elaborar una refutación formal tal y como supongo que se haría en el ámbito académico. En cualquier caso, aunque sea informalmente, hoy trataré de exponer de la manera más clara posible los argumentos que a mi modesto entender invalidan el teorema de regresión de Mises, que el autor expone así en La Acción Humana:

Ninguna mercancía puede emplearse como medio de intercambio si, antes de ser utilizada como tal, no tenía ya valor de cambio por razón de otros posibles empleos. Y todas las afirmaciones implícitas en el teorema regresivo se enuncian apodícticamente desde el apriorismo praxeológico. Las cosas deben suceder así. No es concebible ninguna otra situación en que las cosas sucederían de modo diferente. [..]

Tratándose del dinero, los juicios de valor sólo son posibles si se basan en la tasación de la moneda. La aparición de una nueva clase de dinero presupone que el objeto en que se materializa goce ya anteriormente de valor de cambio a causa de su utilidad para el consumo o la producción. Ni el comprador ni el vendedor pueden estimar determinada unidad monetaria si no conocen su valor de cambio —su poder adquisitivo— en el inmediato pasado.

Ludwig von Mises. La Acción Humana, capítulo XVII, sección 4.

La refutación express de este teorema es afirmar que el valor de cambio o la expectativa de valor de cambio es un valor de uso más, cosa con la que yo estoy totalmente de acuerdo. Pero entonces me quedo sin artículo porque tendría que terminar aquí. No va a ser ese mi argumento, aunque me sorprende sobremanera que algunos autores como George Pickering lo utilicen para defender el teorema diciendo que por valor de uso Mises se refiere a cualquier valoración subjetiva posible, y ahí estaría incluida la valoración por expectativa de utilidad monetaria.

Eso no es una defensa, sino una deshonesta interpretación de Ludwig von Mises que vacía totalmente de contenido su teorema. Igualmente, también lo vaciaría de contenido afirmar que si el objeto en cuestión consigue tener algún valor de cambio ha de ser obligatoriamente por una valoración subjetiva cualquiera, incluso trivial o peregrina, pero distinta de la monetaria, porque entonces el teorema caería en la falacia de la petición de principios, falacia en la que Mises no cae porque el sí explica por qué las cosas no podrían suceder de modo diferente. Y ese por qué es lo que voy a refutar.

En artículos anteriores ya expliqué que el problema de fondo del planteamiento de Ludwig von Mises es que parte de que el valor subjetivo del dinero viene determinado por su valor de cambio objetivo, su poder adquisitivo.  En lugar de adherirse a la teoría más general ya establecida por Carl Menger que no necesita hacer un caso especial para el dinero, y, por tanto, es una teoría superior, al explicar que el valor subjetivo de los medios de intercambio proviene, como la de cualquier otro bien, de sus cualidades para satisfacer una necesidad. En este caso, la necesidad de intercambiar gracias a sus cualidades como herramienta para facilitar los intercambios, y contribuir en consecuencia a incorporar el valor que aportan los intercambios a ambas partes. Pero en este artículo me voy a limitar a los argumentos que utiliza Mises como cimientos de su teorema de regresión para demostrar que no se sostienen y que no son compatibles con sus propias categorías de la acción y de la empresarialidad. Comenzamos

Por mera introspección, es muy sencillo demostrar que es posible especular que un objeto sin valor de uso ni precio previo pueda tener valor de cambio. El hecho de que yo mismo lo esté escribiendo ahora lo demuestra. Pero lo mío no tiene ningún mérito, si lo tiene, sin embargo, que Carlos Bondone en el contexto de criticar al teorema de regresión lo planteara allá por 2006, Milton Friedman en 1999, Wei Dai en su B-Money en 1998 o Nick Szabo con su BitGold también en 1998.  Y de la misma manera que no podemos afirmar con certeza que un individuo demandó un objeto por una razón concreta porque no estamos en su cabeza, tampoco podemos negar o excluir ninguna otra razón.  La propia categoría de bienes imaginarios de Menger ya nos avisa que cualquier cosa es posible, el único límite es la creatividad humana.

Mucho más aventurado aún sería afirmar que incluso aunque el individuo crea demandar un objeto por una razón, los economistas teóricos desde fuera le enmienden la plana y afirmen que en realidad lo está demandando por otra razón, aunque el pobre diablo ignorante no se de cuenta, porque como defensores de la teoría del valor subjetivo sabemos más que el propio sujeto que valora.

Recordemos, además, que para que un bien económico sea tal no tiene que satisfacer una necesidad presente, basta con que se anticipe que lo haga en el futuro. Esta idea no solo está presente en Menger, sino también en Böhm Bawerk y el propio Mises.  La mera noción de “bien futuro” implica la idea de una cosa que aun existiendo en el presente, su naturaleza económica está sujeta a eventos esperados en el futuro, y que con el correspondiente descuento tiene valor de cambio actual.  

Pero es que además, Mises no sostiene que especular con la posibilidad de un candidato a medio de intercambio sin ningún valor de uso sea imposible. No está ahí el problema. El problema concreto que identifica Mises es que aunque un individuo pretenda especular con un valor de cambio futuro, no va a poder calcularlo si para dicho candidato no se conoce ningún valor de cambio en el pasado. Este es el único “problema” que identifica Mises, veamos:

Pero sólo partiendo del poder adquisitivo del pasado inmediato puede el interesado formarse una idea del que en el futuro tendrá la moneda. Es este hecho el que diferencia radicalmente la determinación del poder adquisitivo del dinero de la determinación de las mutuas razones de intercambio que entre los demás bienes y servicios económicos puedan darse.

(Mises, 2011, p. 493)

Tratándose del dinero, los juicios de valor sólo son posibles si se basan en la tasación de la moneda. La aparición de una nueva clase de dinero presupone que el objeto en que se materializa goce ya anteriormente de valor de cambio a causa de su utilidad para el consumo o la producción. Ni el comprador ni el vendedor pueden estimar determinada unidad monetaria si no conocen su valor de cambio —su poder adquisitivo— en el inmediato pasado.

(Énfasis mío. Mises, 2011, p. 494)

Aquí Mises da un salto demasiado grande hasta el dinero. Pero en una interpretación generosa se puede entender que lo anterior aplicaría igualmente a cualquier otro bien que se espera pueda llegar a ser, de entrada, medio de intercambio no generalmente aceptado y quizá posteriormente, dinero. 

¡La verdad es que lejos de ser ningún “problema”, la falta de valor de cambio previo es de hecho todo lo contrario! ¡Es un incentivo! El escenario que nos plantea el propio Mises consiste en que el objeto en cuestión no tiene ningún valor de uso para nadie, y además no tiene precio porque nunca ha sido intercambiado.  Esto es una clara prueba de que aún no es un bien económico para todos los demás y, por tanto, no es necesario competir con nadie para obtener unidades de ese objeto. 

Si el individuo está observando las cualidades monetarias del objeto, es decir, que la cantidad de ese objeto es limitada, que es barato de almacenar, fácil de atesorar, etc. Entonces es razonable asumir que el sacrificio necesario para atesorar ese objeto es pequeño, y, por tanto, lo racional sería atesorar la mayor cantidad posible, pues, la ecuación coste/beneficio es extremadamente favorable, por muy bajas que sean las probabilidades de que su previsión se cumpla. Pero independientemente de la magnitud del sacrificio, lo relevante es que sea menor que el valor que se espera obtener en el futuro.

Una vez que el sujeto toma la decisión de atesorar ese objeto, tiene también el incentivo para demandar cualquier cantidad adicional que pueda crearse para generar escasez y así estimular su potencial valor de cambio, sobre todo si el coste de atesorar unidades adicionales sigue siendo muy bajo. Todo este atesoramiento tiene dos consecuencias. La primera es que el objeto en cuestión pasa a ser un bien económico, pues la demanda pasa a ser mayor que la cantidad disponible. Y la segunda es que se generan precios por la vía de intercambios autísticos, por lo que ya tendríamos precios pasados y, en consecuencia, queda resuelto el gran “problema” que tanto atormenta a Mises.

En la siguiente cita, Mises observa la oportunidad de anticiparse a que una mercancía sea mejor medio de intercambio que otras sin que los demás agentes se hayan dado cuenta, existiendo por ende una oportunidad de negocio: 

Quien mediante un cambio directo no puede procurarse aquello que desea, incrementa sus posibilidades de hallar posteriormente el bien apetecido si se procura mercancías de más fácil colocación en el mercado. [..] Los más perspicaces serían los primeros en advertir la conveniencia de recurrir a este procedimiento, imitando más tarde su conducta los de menores luces.

(Mises, 2011, p 488)

¿Por qué esta empresarialidad es posible cuando el precio proviene de un valor de uso, pero no cuando el coste de adquirir ese objeto (precio) es cero o cercano a cero? ¿No es la oportunidad de negocio muchísimo más clara en el segundo caso?

Por otro lado, el razonamiento que hace Mises sobre las mercancías anteriormente desconocidas con potencial valor de uso sirve igualmente para un objeto desconocido destinado única y exclusivamente al intercambio. Veamos el razonamiento:

Cuando una mercancía anteriormente desconocida aparece en venta — como sucedió, por ejemplo, con los aparatos de radio hace algunas décadas— el único problema que a la sazón se plantea es si el placer que el nuevo artefacto proporcionará resulta mayor o menor que el que se espera de aquellos otros bienes a los cuales hay que renunciar para adquirir el objeto en cuestión.

(Mises, 2011, p.494)

Pareciera que para Mises es absolutamente inconcebible que un individuo asuma el riesgo de hacer acopio de un potencial medio de intercambio, aunque pueda equivocarse en su expectativa, pero no tiene ningún problema en concebir que alguien pueda asumir el riesgo de adquirir un receptor de radio esperando que vaya a satisfacer su necesidad de escuchar música o de informarse y que luego esa expectativa no se cumpla porque el nuevo invento acabe por no funcionar, como por cierto pasa con la gran mayoría de los inventos (no caigamos en el sesgo de confirmación) ¿Dónde está la diferencia? ¿O es que la expectativa de un mayor placer se tiene que cumplir si o si?.  No tiene sentido.

Como hemos explicado más arriba, atesorar unidades de este nuevo objeto destinado únicamente al intercambio supone un sacrificio, y por ello, al igual que con el aparato de radio, basta con esperar que el valor del objeto sea mayor al de los bienes a los que el individuo tiene que renunciar para obtenerlo (precio autístico o intrapersonal), y el primer y el segundo demandante ya pueden utilizar el precio autístico inicial como tasación basándonos en la que acordar el primer precio interpersonal.

En el caso Bitcoin, para Satoshi y los demás mineros iniciales, sin que existiera ninguna referencia anterior del poder adquisitivo de Bitcoin, decidieron obtener unidades a cambio del coste de la electricidad que consumían sus ordenadores, los demás costes asociados como la conexión a Internet, o el deterioro del ordenador, y el coste de oportunidad de su tiempo que, por ejemplo, un profesional independiente lo suele valorar en una cantidad de dólares por hora.  Para estas personas, el valor de las unidades de Bitcoin que minaban era mayor que el del tiempo y los bienes a los que renunciaron, y procedieron, por tanto, a este intercambio autístico y generar un primer precio sin que existiera ningún otro antes.  Como decíamos al principio, nadie, ni siquiera los economistas, están en posición de asegurar con certeza que estos pioneros de Bitcoin no lo demandaban única y exclusivamente por la expectativa de que fuera a ser un medio de intercambio.

De hecho, el 5 de octubre de 2009, cuando aún no se conocía ningún intercambio de Bitcoin por ningún otro bien, es decir, nos enfrentábamos el gran problema que tanto incomoda a Mises, el mercado lo resolvió de manera trivial. New Liberty Standard, la primera plataforma de venta de Bitcoin, que lo publicitaba no como “reto intelectual” ni “coleccionable criptográfico chulo” o “rareza” sino como “moneda digital” y que animaba a utilizarlo para realizar pagos en Internet cuando, recordemos, nunca había sido intercambiado interpersonalmente aún, lo que hizo fue precisamente tomar como referencia el precio de los intercambios autísticos, que en aquel momento era básicamente el coste de la electricidad: 

Durante 2009, mi precio de referencia se calculó dividiendo 1 dólar por el consumo medio de electricidad requerida para mantener un ordenador funcionando a máxima capacidad de proceso durante un año, 1331.5 kWh, multiplicado por el coste medio de la electricidad en Estados Unidos durante al año anterior, $0,1136, dividido por 12 meses y por el número de bitcoins generados por mi ordenador durante los últimos 30 días.

(Traducción libre. Way Back Archive.)

El 12 de octubre de 2009, el día que se produjo el primer intercambio conocido de Bitcoin por dólares en esta plataforma, el precio estimado de estos intercambios autísticos era 0,0011 Dólares por Bitcoin, y esta primera transacción se produjo finalmente a 0,000994 dólares por Bitcoin. 

Este hecho anecdótico lo relato a efectos meramente ilustrativos para una mejor comprensión de mi argumento. Pero no pretendo falsar el teorema, sino refutarlo con argumentos. Y mi argumento se resume en los siguientes tres puntos:

  1. Las categorías de la acción y la empresarialidad no impiden en modo alguno que un sujeto atesore un nuevo objeto sin valor de uso ni precio previo esperando que gracias a sus cualidades pueda ser medio de intercambio y demandado por otros agentes que, al igual que él, también puedan concluir que tiene las cualidades para serlo.  
  1. Que la inexistencia de valor de uso ni valor de cambio previo, es decir, que hasta ese momento el objeto no era un bien económico para nadie, no solo no impide hacer acopio de un objeto sino que, todo lo contrario, si existe la expectativa descrita en el punto 1 lo incentiva.
  1. El mero hecho de hacer acopio del objeto con la única expectativa de que será un medio de intercambio en el futuro, ya genera un precio autístico y resolvería el gran problema que identifica Mises. Con respecto a este punto, creo que Mises no cayó en la cuenta de esta posibilidad para resolver su “problema”. 

Con respecto al punto 1, es importante notar que la demanda por parte de otros agentes en absoluto se trataría de ninguna profecía autocumplida, ni confianza de aceptación, ni creencia o alucinación social compartida. Nada de eso. Se trata de observar que el objeto tiene las cualidades apropiadas para satisfacer la necesidad de intermediar intercambios. A saber: Oferta limitada, duradero, fácil de atesorar, fácil de verificar, difícil de falsificar, etc. Igual que se puede observar que un receptor de radio tiene las cualidades para satisfacer la necesidad de escuchar música o informarse de la actualidad. 

Con respecto al punto 3, considero innecesario que haya que conocer los precios previos de ningún objeto, sea cual sea su utilidad esperada, para determinar un nuevo precio, ni autístico ni interpersonal. Para calcular un primer precio interpersonal basta con que comprador y vendedor acuerden cualquier razón de intercambio mediante un proceso de regateo o subasta. Cualquier precio voluntariamente acordado por las partes es válido. 

En conclusión, el problema que identifica Mises se reduce a la falta de valor de cambio previo, que según él impide realizar un proceso de tasación por parte del comprador y, por tanto, impide totalmente su demanda.  Pero la realidad es que en este escenario que describe Mises donde el objeto candidato a medio de intercambio es aún una simple cosa inservible para todo el mundo y solo tiene el carácter de bien económico para una o muy pocas personas, dicho proceso de tasación no sólo es perfectamente posible, sino que además es un escenario que incita a hacer el máximo acopio posible de dicho objeto. Este problema que trata de razonar Mises es, por tanto, claramente inexistente. Y si cae este razonamiento, cae todo su Teorema de Regresión.

Referencias

Bondone, Carlos (2006). Teoría de la Relatividad Económica. www.carlosbondone.com

Dai, Wei (1998), http://www.weidai.com/bmoney.txt 

Friedman, Milton (1999) https://www.youtube.com/watch?v=_YEotCxF48I

Mises, Ludwig von (2011)[1949] La acción humana. Unión Editorial, Madrid.

New Liberty Standard (2009). Página web archivada de en Wayback Machine 

Szabo, Nick (1998) https://unenumerated.blogspot.com/2005/12/bit-gold.html

Bitcoin es una mercancía (II)

Hace unos días mi compañero en este medio Joel Serrano escribió una crítica a mi serie de artículos “Mises no comprendió a Menger”, en donde explico las diferencias entre la teoría de mercancía de Menger, y el uso que hace Mises del término mercancía. Quiero agradecer desde aquí el tiempo que le ha dedicado, y también de paso confirmar que, efectivamente, el título de mi serie de artículos es puro clickbait.

Serrano centra una buena parte de su artículo en negar rotundamente la equivalencia que propongo entre el concepto de mercancía de Menger y los medios de cambio. En primer lugar, quiero dejar muy claro que cuando me refiero a medios de cambio no me refiero a medios de cambio indirecto, sino a medios de cambio en general. En segundo lugar, la mera existencia en la literatura económica de calificar algunos medios de cambio como “indirectos”, ya demuestra que existen los medios de cambio directos (o simplemente “medios de cambio”), que son los que se utilizan en el intercambio directo o trueque, y esos medios son mercancías para el vendedor y bienes de uso o consumo para el comprador. Y en tercer y último lugar, Menger explicó lo siguiente en El Dinero (p. 97):

La expresión “intermediario del intercambio” para designar la función de intermediación del dinero en el intercambio de bienes es incomparablemente más exacta que la de “medio de cambio“, que en alemán se utiliza también para dar a entender cualquier otro bien destinado al intercambio.

Carl Menger

Y en su libro Principios de Economía Política Menger aporta la siguiente definición científica de mercancía: “De ahí que un gran número de economistas, sobre todo germano-parlantes, entienda por mercancías los bienes (económicos) de todo tipo destinados al intercambio“. Creo que sobra ningún comentario adicional por mi parte. Solo me queda añadir que esta equiparación mercancía – medio de cambio es accesoria a mi argumento de que Bitcoin pudo valorarse como mercancía sin ningún valor de uso. Y por tanto, aunque estoy plenamente convencido de que Serrano está equivocado en su interpretación de Menger, por despejar el debate renuncio a usar el término “medio de cambio” y me limitaré a usar el término “mercancía” para referirme al estatus inicial de Bitcoin. Y quisiera recalcar que mi argumento no es tanto el hecho histórico de que Bitcoin se demandara como mercancía sin ningún valor de uso, sino la posibilidad de que pudiera valorarse de esta manera.   

Este argumento central ya lo expuse en este otro artículo, y hoy lo voy a desarrollar un poco más para dar respuesta a las críticas de Serrano.  Dice Serrano que Bitcoin no cumple la segunda parte de la cuarta condición que establece Menger para que una cosa sea un bien. Es curioso que Serrano parece utilizar el texto de la segunda edición de Principios de Economía Política donde Menger añade la palabra “anticipación” en la primera condición, pero no parece utilizar esta segunda edición para citar la cuarta condición donde Menger añade: “aunque sea una necesidad futura y solo con la ayuda de otros bienes”.

En la segunda edición, Menger deja ya meridianamente claro que la necesidad puede ser futura, no tiene que ser presente. De todos modos, la redacción de la primera edición ya rezaba lo siguiente: “Poder de disposición sobre la cosa, de tal modo que pueda ser utilizada de hecho para la satisfacción de la mencionada necesidad”. Aquí no cabe interpretar que esa necesidad tenga que existir obligatoriamente en el presente. Y además esto debe ser cuestión pacífica en el debate cuando el propio Serrano ya reconoce, en virtud de la primera condición, que la necesidad puede ser anticipada, y en las cuatro condiciones de Menger estamos hablando de una misma necesidad.

Y es que además no podía ser de otra manera, pues toda acción humana está enfocada al futuro por definición. Tanto el valor de uso como el valor de cambio, son contingentes, especulativos y más o menos inciertos. Si Bitcoin no cumpliera la segunda parte de la cuarta condición de Menger por razón de no poder ser utilizada en el presente de forma inmediata a voluntad de su propietario, entonces ninguna otra mercancía sería un bien económico. Porque para poder materializar el valor de cambio de una mercancía necesitas que otra persona te la compre (igual sucede con los medios de cambio, ¡que curioso!”), y esa transacción de compra solo puede suceder en el futuro y nada garantiza que se produzca, menos aún cuando se trata de bienes totalmente nuevos. 

También es muy relevante el concepto de escasez. Para que una cosa sea un bien económico la oferta disponible no puede ser mayor que la demandada. Satoshi no preminó, diseñó el sistema de manera que desde el inicio fuera necesario realizar intercambios autísticos para obtener unidades de Bitcoin. Es decir, si Satoshi demandaba más unidades del stock existente, debía realizar un intercambio entregando al sistema un hash válido para el siguiente bloque y recibir a cambio la recompensa correspondiente. 

Por otro lado, Serrano no expone correctamente mi argumento sobre la causa del valor de los medios de cambio. La causa originaria no es que permitan incorporar a las partes el valor añadido del intercambio sino que son herramientas que, gracias a sus cualidades para ello, facilitan o ayudan a intermediar los intercambios. De la misma manera que un coche, gracias a sus cualidades, facilita el transporte.

Cuando un intermediario facilita o posibilita (abarata) una transacción entre dos partes y se le paga una comisión por ese servicio, es porque su servicio de intermediación es valioso. A nadie se le ocurre hablar aquí de circularidad. Sus contactos, su habilidad, conocimiento y sus medios son la causa del valor de sus servicios. Pues pasa exactamente lo mismo cuando el intermediario de la transacción es una cosa en lugar de una persona. Las cualidades de la cosa para intermediar el intercambio son la causa del valor de esa cosa. No es casual que Menger enfatizara la mayor precisión del término “intermediarios del intercambio” para referirse a los medios de intercambio. Esto ni siquiera lo disputa Mises en la cita que expuse en el IV artículo de mi serie donde afirma que los servicios monetarios son capaces de generar valor, que Serrano parece que no leyó pues la aporta como novedad en su crítica. He de decir que estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Mises en esa cita, y añado que ahí contradice de pleno su propio teorema de regresión, pues si el servicio monetario puede generar valor por sí mismo, entonces no hay razón alguna para negar que podamos anticipar que una cosa pueda proporcionar ese servicio en el futuro, y por tanto demandarla sin que todavía hoy lo proporcione, lucrándonos gracias a dicha anticipación, tal y como explica Menger cuando describe la manera de actuar de los agentes más perspicaces en los procesos de monetización.  

La circularidad que veían los críticos de la teoría del valor subjetivo al aplicarla al dinero y que Mises erróneamente aceptó para intentar refutarla con su teorema ad-hoc, simplemente no existe. No existió nunca. Esta circularidad de que demandamos el dinero por la expectativa de que otros la demanden ya la refutó Menger en El Dinero tal y como expuse en este artículo.  Vuelvo a traer la cita de Menger:

Wagner, en su excelente Sozialökonomische Theorie des Geldes (1909,pp. 110 s.) indagando en torno a la función del dinero como medio de cambio, se deja guiar, al igual que muchos teóricos anteriores, por la idea de que el dinero-mercancía es aceptado como contravalor solo por la confianza que esa mercancía suscita por sí misma en que el resto de las personas que acuden al mercado la aceptarán, a su vez, también basadas en esa misma confianza de poder cambiarla luego por otros bienes. Según estos estudiosos, ese factor de confianza que se refiere a la psicología individual y luego —una vez convertido en costumbre consolidada— a la psicología de masas, es esencial y decisivo para comprender la función de medios de cambio del dinero. Esta concepción se basa en un prejuicio que sigue esclavizando de diversas maneras a los estudiosos de la teoría monetaria: es decir, que el dinero —al contrario que el resto de los bienes— es aceptado por nosotros como equivalente a los bienes que cedemos a cambio solo bajo la perspectiva de que, a su vez, también nosotros podremos entregarlo a cambio de otras mercancías en razón de la confianza que también le otorgan las demás personas. Pero aquí se olvida el hecho de que esta no es, en absoluto, una característica peculiar del dinero. También el comerciante, el especulador, etc., adquieren los bienes que luego ponen en venta, únicamente en la «confianza» de que estarán después en condiciones de cederlos a otros, y para ellos es absolutamente indiferente (en el aspecto que es aquí decisivo) el que quienes en el futuro adquieran sus mercancías se propongan luego consumirlas o revenderlas. Lo mismo sucede con el dinero, que nosotros, precisamente como hace el comerciante con su mercancía, lo adquirimos (por lo general y no excepcionalmente) solo a causa de su valor de cambio; es decir, para poder cederlo de nuevo a otros.

La auténtica peculiaridad del dinero respecto a otras mercancías no consiste, pues, en una «confianza» que se manifiesta solo en el caso del dinero, debido al amparo de las normas estatales que lo regulan, sino en su negociabilidad relativa superior al resto de las mercancías

Carl Menger

El dinero no se demanda por su poder adquisitivo, sino por su mayor negociabilidad, y la causa de la mayor negociabilidad se encuentra en la evaluación de sus cualidades (duradero, transportable, divisible, fungible, etc.), que Menger enumeró de manera exhaustiva en El Origen del Dinero, y que, al contrario de lo que parece insinuar Serrano, Menger no afirma que la amplia demanda de una mercancía tenga que venir porque además tenga valor de uso, e incluso si así fuera (que no lo es), tampoco afirma que sea una característica obligatoria.

Con respecto al texto de Menger en el que se refiere a Oppenheimer, la conozco muy bien y la traducción al castellano omite la palabra “cantidades”. Este texto termina de la siguiente manera en el escrito original: “wenn der Charakter der Geldstücke, als Quantitäten von Nutzmetall, verloren ginge.” Que en la versión en inglés está traducido con mayor fidelidad que en castellano: “if the character of coins as quantities of industrial raw materials were lost.” Menger se está refiriendo a que la cantidad de metal (oro o plata) desaparezca, es decir, al envilecimiento de la moneda. 

También trae Serrano otra cita donde Menger se refiere a mercancías donde dice: “además de ser empleadas para fines útiles”. En primer lugar, el adverbio “además” ya denota un carácter accesorio o accidental (no esencial).  Y en segundo lugar, nadie niega que una mercancía pueda demandarse por su valor de uso. Al contrario, la gran mayoría de las mercancías se acaban demandando por su valor de uso al finalizar la cadena de producción y distribución.  Para Menger lo esencial es el valor de cambio, y que una propiedad sea esencial en absoluto implica que la mercancía no pueda poseer propiedades accidentales distintas a sus propiedades esenciales, como sería algún valor de uso.

Con estas citas Serrano pretende llevarse a Menger a su interpretación, sin dar réplica expresa a las múltiples referencias de Menger a que la esencia del concepto de mercancía es su valor de cambio. Cosa que por cierto no es nada particular suyo, sino la definición habitual entre los economistas. El raro es Mises al utilizar el significado de “valor de uso”. La propia wikipedia, que no tiene por qué ser muestra de ningún rigor científico (de eso ya va Menger más que sobrado) pero sí de popularidad de una definición, también incide en exactamente lo mismo que Menger:

“Mercancía o mercadería​ es todo aquello que se puede vender o comprar [..] En el concepto de mercancía está implícito que esta es a su vez intercambiable por otra cosa. Clasificar algo como mercancía supone a su vez reconocer a otros objetos también como mercancías, dado su valor de cambiabilidad.”

Wikipedia

Con mayor o menor rigor, la popular wikipedia se centra en lo mismo que Menger: La intercambiabilidad, el valor de cambio. No se habla de valor de uso o consumo.

Con respecto a la teoría evolutiva del dinero de Menger, dice Serrano “que nadie puede crear medios de intercambio ni crear dinero, porque estos se instituyen socialmente”. Lo que se establece o descubre es el dinero como institución social en sentido abstracto, que no es lo mismo que las distintas manifestaciones particulares de dinero (ganado, sal, plata, fiat, Bitcoin). Una cosa es que individualmente sea históricamente muy improbable, más bien virtualmente imposible, inventar algo tan abstracto como el dinero de forma individual, y otra muy distinta que una vez descubierto espontáneamente y sobre el soporte de los bienes con valor de uso, cualquiera pueda intentar lanzar, de manera expresa y exclusiva, un bien cuya finalidad sea únicamente servir como medio de intercambio. 

Esta fue claramente la intención de los cypherpunks desde la década de los 80 del siglo pasado, que Friedman veía venir con toda claridad, también es clara la intención de Satoshi viendo el título de su whitepaper, o la intención de todo aquel que esté trabajando hoy en diseñar una moneda totalmente independiente trust minimized sin vinculación a ningún activo que por ejemplo sea más estable que Bitcoin por la vía de adaptar algorítmicamente la oferta a la demanda. Que dicha invención no tenga ningún valor de uso no monetario que genere un primer precio, o que dicha invención acabe por fracasar, en absoluto impide que el promotor la lance y que uno o más individuos consideren que puede funcionar como medio de cambio adquiriendo las primeras unidades al precio que voluntariamente acuerden las partes y generando así un primer valor de cambio basado única y exclusivamente en la expectativa de utilidad monetaria.

Serrano no parece darse cuenta que no solo el dinero, sino que cualquier mercancía con o sin valor de uso es un bien red. Y que como tales necesitan de la participación de al menos dos individuos para que pueda materializarse su valor en un precio. Y exigir que el motivo de demandar del primer demandante no pueda ser el mismo que el del segundo hasta que éste último por fin lo demande no tiene ningún sentido. Sería como sostener que la demanda del inventor del teléfono sólo puede existir como demanda de satisfacer la necesidad de comunicarse por voz remotamente si, y sólo si, aparece otra persona que también necesite comunicarse y quiera hacerlo a través de un teléfono. Como si la necesidad insatisfecha de comunicarse remotamente no fuera una necesidad. No, las necesidades se pueden satisfacer o no. Que no se satisfagan no quiere decir en absoluto que no sean necesidades o que la necesidad insatisfecha sea de naturaleza distinta cuando se satisface y cuando no. La “mera esperanza” de que un bien pueda servir para satisfacer la necesidad de comunicarse, es demandar el bien por el motivo de satisfacer la necesidad de comunicarse. Punto. No hay que elucubrar con otras necesidades.  De la misma manera, la mera esperanza de que un bien pueda satisfacer la necesidad de intercambiar, ya es demanda por utilidad monetaria.

Con respecto al Teorema de Regresión, la argumentación de Serrano es confusa y contradictoria en general. Me deja totalmente perplejo que Serrano califique como valor de uso la demanda especulativa por la posibilidad de que la cosa en cuestión pueda tener valor de cambio en el futuro. Es evidente que en la demanda especulativa lo único relevante es el valor de cambio. Entonces, ¿El valor de cambio futuro es un valor de uso presente?. No tiene sentido. O que también defienda que la diferenciación entre valor de uso y valor de cambio es innecesaria y al mismo tiempo defienda el Teorema de Regresión. Más que defenderlo parece vaciarlo de contenido o incluso refutarlo.

La imposibilidad que él observa de que Bitcoin pudiera tener valor de cambio desde el primer momento (ser mercancía) sin ningún valor de uso previo, se debe a una falta de comprensión de las mercancías en relación a las condiciones de Menger para que una cosa sea un bien. Como decíamos, los bienes que son mercancías siempre implican a un individuo y potencialmente a otro individuo adicional. Uno de ellos tiene que valorarlo como mercancía, y el potencial lo puede valorar como mercancía o como bien de uso. Aunque Serrano habla de medios de intercambio y utilidad monetaria, su argumentación no podría ser distinta si estuviera hablando de mercancías en general en el sentido de bienes que tienen valor de cambio con o sin valor de uso. El concepto de mercancía lleva implícito que su propietario pretende anticipar en el tiempo las necesidades de los demás individuos, de manera que es totalmente normal que sea el único que anticipa la necesidad si se trata de un invento novedoso, y por tanto el único demandante. Y también es muy habitual que incluso el carácter de mercancía tenga el objetivo de crear o incrementar la necesidad en otros individuos (imagen de marca, embalajes o presentación muy vistosa, etc).

Volviendo a Bitcoin, carece de toda lógica negar que por el hecho de que un bien se demande hoy por una expectativa de valor de cambio que aún no se ha materializado, no se esté demandando hoy por razón de esa misma expectativa, y que tiene que demandarse obligatoriamente por cualquier otra razón peregrina (¿satisfacción intelectual?, ¡¡por favor!!) menos la que se está esperando en el caso de que esta fuese la expectativa concreta de servir como medio de intercambio. Además, cuando hablamos de demanda única y exclusivamente por expectativa de valor de cambio de una cosa (demanda especulativa), poner como condición obligatoria precisamente para este caso que la cosa ha de tener un poder adquisitivo previo es totalmente absurdo e irracional. En este caso la inexistencia de poder adquisitivo previo no solo no imposibilita nada sino que incentiva a lo que el propio Satoshi dijo en bitcointalk en Agosto de 2010 hablando sobre el teorema de regresión: “I would definitely want some”.

Al propietario que demanda especulativamente un bien lo que le importa es el valor de cambio en el futuro. Que la cosa no tuviera ningún poder adquisitivo en el pasado ni lo tenga en el presente no solo no es ningún impedimento, ¡¡todo lo contrario!!, una vez que el propietario tiene esa expectativa de valor futuro, acertada o no, es una razón para demandar y acaparar la mayor cantidad posible de esa cosa.

¿Que la expectativa de que ese valor de cambio se materialice en el futuro no depende del propietario, sino de los demás agentes, y que si se equivoca se comerá la cosa con patatas?   Sin ninguna duda. Así es la especulación. Y esto es así para absolutamente cualquier bien económico con el que se pretenda especular, nada especial de las mercancías o el dinero.

La “teoría” monetaria moderna: ¿Para llorar, o para reír?

Por alguna razón cuyo causante tengo plenamente identificado, estoy leyendo un ensayo que responde al sugerente nombre de “El mito del déficit”. Con este título apela a mi corazoncito, ya que el único libro de que servidor es autor también trata de desmontar de mitos, aunque en mi caso el título sea más largo a la vez que más preciso: “Mitos sobre la regulación para la competencia”.

Aprovechada la disculpa para la autopromoción, añado que el citado ensayo es de una tal Stephanie Kelton, y que lo construye sobre una cosa que llama “teoría monetaria moderna” (sus siglas en inglés molan más, así que usaré MMT para referirme a ella). Ummm. Una teoría económica, me dije, qué interesante, a ver qué trata de explicar y si mejora las explicaciones estado-del-arte de algún fenómeno económico. La cosa prometía, porque Kelton se harta de citar prebostes de la tal teoría, y presume que es sólida científicamente y está contrastada empíricamente. Por si fuera poco, la autora nos confiesa que el descubrimiento de la MMT le supuso una revelación y le cambió completamente la forma en que ve el mundo, visión que se llevó ni más ni menos que al Congreso de los EEUU cuando la nombró para algún carguito el senador (demócrata) Bernie Sanders.

¿Cuál podía ser esa epifanía que quiere ahora compartir con el resto del mundo la amiga Kelton? Lo explica como para niños en Barrio Sésamo, cuando nos decía el monstruo de las galletas lo de “esto es arriba y esto es abajo”. Kelton nos revela que, al respecto del dinero, hay usuarios y hay emisores. ¿Qué es una familia, una empresa, un ayuntamiento? Usuario del dinero. ¿Qué es el estado federal (en los EEUU)? Emisor del dinero. Repetimos: una familia, usuario; el gobierno federal, emisor. “Muy  bien, muy bien”, nos diría el monstruo de las galletas.

Y como no es lo mismo ser emisor que ser usuario, no se pueden aplicar las mismas reglas económicas a unos y otros. Esta es la revelación de la señora Kelton, como suena. Así, el Gobierno (siempre que tenga soberanía monetaria) puede hacer básicamente lo que le dé la gana con la emisión de dinero. ¿Deuda pública? Emito dinero o, mejor, borro la anotación del libro de cuentas, y ya no hay deuda pública. ¿Déficit público? Lo mismo. ¿Seguridad Social en quiebra? Imposible, si soy el emisor del dinero, emito lo que haga falta y cuadro las cuentas.

Esta es la “teoría” monetaria moderna. Se me olvidaba que sus defensores creen que hay un límite, el marcado por el comportamiento de la inflación. Afortunadamente, como la inflación ocurrirá después, ya arreará con ella el siguiente presidente electo. O sea, que no hay límites para la emisión de dinero, y solo hay que concentrarse en dónde gastarlo para mejorar la vida de la sociedad.

Ante propuestas como ésta, caben básicamente dos opciones, ninguna de las cuales consiste en tomársela en serio. Uno se puede echar a llorar, o se puede optar por la vía jocosa y reír. Como de momento el país en que vivo carece de soberanía monetaria y el BCE aún no parece creerse del todo la MMT, no me echaré a llorar. Os propongo la otra opción, que es echar unas risas a costa de este esperpento.

Para ello nos podemos centrar en su propuesta estrella: la garantía federal de empleo. Dado que el desempleo es el principal problema de la ciudadanía, lo que nos propone Kelton es que usemos las vidas infinitas, en forma de dinero, que le concede la MMT al Gobierno para hacer una especie de oferta de trabajo por defecto, a la que quien quiera pueda acogerse.

¿Para hacer qué? Uy, básicamente para lo que queramos hacer, para realizarnos como personas y dar servicios comunitarios, eso sí, siempre que el curro nos mole. Es innegable que la propuesta tiene un gran atractivo. El Gobierno me pagará y yo haré un servicio social comunitario, no sé, paseos por las montañas, tocar el violín o, incluso mejor, escribir artículos en el Instituto Juan de Mariana. Imaginad, por un momento, que el Estado nos paga por escribir estos artículos.

Espera, una idea aún mejor: ¿y por qué no por jugar a videojuegos? Lo digo porque así podemos completar la renta que otros iluminados[1] atribuyen al valor de los datos que generamos al estar navegando por Internet. Entre el puesto de trabajo garantizado y lo que me paguen por los datillos que se generan mientras juego, peazo vidorra me aguarda.

La idea es tan buena, tan buena, que es fácil anticipar que cada vez un mayor número de personas se acogerá a esta oferta garantizada. ¿Por qué madrugar para abrir la tienda o el bar, si me puedo quedar en la cama y comenzar mis servicios a la comunidad a mediodía? Y si no me motiva demasiado el nuevo trabajo (lo del violín era más difícil de lo que pensaba), pues mañana empiezo con otra afición, digo, trabajo.

Luego está el tema del rendimiento. Si alguien se queja de que mis resultados no son aceptables, mando a la mierda ese trabajo y que el gobierno me dé otro. Digo yo que a la tercera o la cuarta oportunidad acertaré.  Si no siempre queda la posibilidad de convencer a alguien de que lo mejor para la comunidad es que me quede en la piscina sin hacer nada. Algo que, por cierto, aplicaría a la mayor parte de los políticos españoles: está comprobado empíricamente que mejor que no hagan nada.

En todo caso, ya tenemos nuestra corriente fresquita de dinero en el bolsillo, de esos dólares que puede emitir ad infinitum el gobierno federal estadounidense, o cualquier otro con soberanía monetaria. ¿Qué podríamos hacer con ellos? Hombre, pues más bien poca cosa. Al principio, mientras haya obcecados no conscientes de las bondades del modelo, encontraremos tiendas, cines, y otros negocios abiertos, en los que gastar el dinerillo, y así poder comer y satisfacer las necesidades más o menos espirituales que nos asalten.

Pero poco a poco, conforme el número de iluminados se incremente, todas esas cosas, que quieras que no suponen un esfuerzo y sacrificio, cesarán de estar disponibles y vaya usted a saber en qué podremos gastar los dólares. Bueno, yo a alguno que toque el violín razonablemente bien sí que le pagaría un dinerillo, pero no voy a pagar a nadie por verle jugar a un videojuego, o por sus datos.

No hay problema, nos dicen Kelton y sus acólitos. El resto del mundo sí quiere dólares, así que podremos comprar las cosas necesarias a los japoneses, los chinos, los indios…Claro está, mientras sus gobiernos no conozcan las delicias de la MMT: al mirar el paraíso terrenal en que se habrán convertido los EEUU, pugnarán por recuperar su soberanía monetaria (si la perdieron) e implantar programas de trabajo garantizado.

Por suerte, algunos países más recalcitrantes seguirán según las antiguas reglas, al menos durante un tiempo, esperemos, y cogerán nuestros dólares a cambio de comida y recursos similares que el ser humano tradicional necesita. Y el marrón se lo pasaremos a ellos: ¿qué harán con sus dólares? Estamos como hace dos párrafos. Salvo que la próxima vez estos países ya no cogerán el dólar, y vaya usted a saber qué comeremos, y se habrán acabado la soberanía monetaria, el dólar y posiblemente los Estados Unidos de América.

Esta es la dura realidad, frente a las ensoñaciones ignorantes y cínicas de estos pseudoteóricos a los que solo cabe tomarse a cachondeo. Y como este artículo no ha pretendido más (ni menos) que ser un gag cómico, lo suyo es terminarlo con lo que los ingleses llaman una “punch line”. Aquí la tenemos servida del puño y letra de la mismísima Kelton: el caso de éxito más relevante de este tipo de programas es el “Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados” implantado en esa máquina de generar riqueza que es Argentina.

No me digan que no es bueno el chiste.


[1] Por ejemplo, Arrieta Ibarra, Imanol and Goff, Leonard and Jiménez Hernández, Diego and Lanier, Jaron and Weyl, E. Glen, Should We Treat Data as Labor? Moving Beyond ‘Free’ (December 27, 2017). American Economic Association Papers & Proceedings, Vol. 1, No. 1, Forthcoming. Pero, por favor, no perdais el tiempo leyéndolo.

Mises no comprendió a Menger (IV)

Estos últimos días he estado comentando con el profesor Rallo una crítica que Joel Serrano ha publicado en la revista procesos de mercado al análisis que a su vez Rallo dedicó al teorema regresivo de Mises en su libro “Una crítica a la teoría monetaria de Mises”.

No pretendo dar una réplica completa a Joel, entiendo que esto lo hará el profesor Rallo, pero sí quisiera destacar una cuestión importante que no he visto que ni Rallo ni Serrano traten en sus respectivos trabajos, y se trata de la diferencia en el concepto de mercancía en la teoría de Menger y en la de Mises.

Por supuesto, no se trata de que un concepto sea correcto y otro erróneo, simplemente son distintos conceptos, incluso se podría decir que opuestos, y considero que esto es una cuestión absolutamente clave en la teoría monetaria de Menger, pues Menger define dinero como la mercancía más vendible (o más líquida).

Para Menger una mercancía es un bien de cualquier tipo destinado al intercambio, tal y como muestro aquí y en los artículos siguientes de esta serie. Es decir, para Menger basta que el bien tenga valor de cambio. Para Mises, sin embargo, una mercancía es un bien que necesariamente debe tener algún valor de uso o consumo. 

Releyendo los artículos anteriores creo que vendría bien añadir alguna cita más donde quede bien claro la concepción de mercancía de Mises, por ejemplo aquí:

La teoría del dinero debe tener en cuenta la diferencia fundamental entre los principios que rigen el valor del dinero y los que rigen el valor de las mercancías. En la teoría del valor de las mercancías no es necesario al principio prestar atención al valor objetivo de cambio. En esta teoría todos los fenómenos de la determinación del valor y del precio pueden explicarse tomando como punto de partida el valor de uso subjetivo [..]

Efectivamente, aparte del hecho de que las mercancías adquiridas a cambio de los productos se valoran siempre de acuerdo con su valor de uso subjetivo, las únicas valoraciones que tienen una importancia final en la determinación de los precios y del valor objetivo de cambio son las que se basan en el valor de uso subjetivo que poseen los productos para aquellas personas que son las últimas en adquirirlos a través del tráfico comercial y que las adquieren para su propio consumo.” (Mises, 1997, p. 76 y 77)

En la cita anterior no se sabe muy bien a qué principios que rigen el valor de las mercancías se refiere Mises, pues el no desarrolla una teoría de la mercancía como si hace Menger en su libro Principios de Economía Política, donde por cierto dice expresamente lo siguiente:

Como en otras cuestiones, también en este punto mantiene Schmalz una teoría muy peculiar. Confunde en su obra, a consecuencia de su errónea concepción de la relación entre el dinero y las mercancías, la idea de mercancía con la de bienes de uso en el estricto sentido de la palabra y llega, por tanto, a una definición científica de las mercancías radicalmente opuesta a la que hemos ofrecido más arriba.” (Menger, 2012, cap. VII.1 nota al pie 4. Énfasis mío)

Y en la edición original de 1892 de Geld Menger dice esto otro:

Así, recientemente un destacado comentarista sobre el dinero y la acuñación niega el carácter de mercancía del dinero, especialmente porque una ‘mercancía’, para cumplir su propósito, es decir, para ser usada y consumida, debe desaparecer del mercado, pero el dinero, como medio de cambio, presta sus servicios permaneciendo en el mercado. Esto es un error, porque la circunstancia de que una mercancía finalmente se llegue a consumir es incierta y, por lo tanto, no es una característica esencial del concepto de mercancía.” (Menger, 1892, p.46 traducción libre. Énfasis mío)

En la teoría de Menger el valor de uso en una mercancía es algo circunstancial o accesorio, y no es lo que la caracteriza. Es decir, el valor de uso no es condición necesaria ni tampoco suficiente para que una mercancía sea una mercancía. Por otro lado, Menger enumera hasta 18 circunstancias, siendo 5 de ellas cualidades de la mercancía, que influyen en la vendibilidad, y sólo la primera circunstancia podría llegar a interpretarse que tiene que ver con su valor de uso no monetario, pero independientemente de la interpretación, Menger en ningún momento afirma que esa tenga que ser una circunstancia necesaria.

Que desde un punto de vista histórico las mercancías tuvieran inicialmente valor de uso, no impide que la creatividad humana, una vez ha observado cuáles son las características de las mercancías más líquidas o que mejor satisfacen los intercambios (duradera, divisible, transportable, elasticidad de la oferta, difícil de falsificar, etc), pueda alumbrar mercancías que sirvan única y exclusivamente para intercambiar. Servirán a este propósito con mayor o menor éxito, eso es irrelevante, pero para que satisfaga la definición de mercancía de Menger es suficiente que alguien invente ese instrumento para el intercambio y pretenda venderlo como tal. Este es el caso del proto-dinero que describe Nick Szabo, la moneda fiat o el caso de Bitcoin.

El caso de Bitcoin es el más ilustrativo, pues ya con el nombre que el inventor otorga al invento ya nos está diciendo su propósito, y sabemos casi con total certeza cuál fue el motivo de Satoshi para intercambiar su esfuerzo, electricidad y la capacidad de proceso de su ordenador para obtener las primeras unidades de Bitcoin. Y ese motivo no fue otro que las propiedades que con sumo cuidado él mismo trató de dotar a Bitcoin para ser una buena mercancía o medio de intercambio, según las propiedades que enumera Menger, y alguna más. A saber: Duradero, transportable, divisible, oferta limitada, fungible, difícil de falsificar, verificable, etc. Estas primeras unidades de Bitcoin fueron obtenidas mediante un intercambio autístico, y, por tanto, se generó un precio sin que esas unidades de Bitcoin hubieran tenido ningún uso no monetario previo. Satoshi atesoró esas primeras unidades porque tenían valor de cambio para él. Es decir, tal cual la definición de mercancía de Menger, recordemos: “Bien de cualquier tipo destinado al intercambio”. Y podemos afirmar que es un bien desde el momento en que Satoshi decide atesorarlos, pues no hay bien económico sin propietario ni propietario sin bien económico (Bondone, 2006, p. 24). Nadie se molesta en poseer cosas inútiles, o útiles que no sean o no se anticipe, vayan a ser escasas.

¿Por qué considero tan relevante el concepto de mercancía que utiliza Menger? Porque para Menger lo relevante de las mercancías es que facilitan el intercambio. De lo que se trata es sí, cualitativamente la cosa facilita el intercambio, y no del valor cuantitativo de la cosa. No es lo mismo una partida de merluzas frescas con valor equivalente a una onza de oro hoy, que una onza de oro. Sus distintas cualidades repercuten en una liquidez o intercambiabilidad distinta, por mucho que su poder adquisitivo a día de hoy sea cuantitativamente el mismo. 

Es crucial tener en cuenta que Menger sostiene que los intercambios generan riqueza para ambas partes, y además es importante destacar que cualquier mercancía puede facilitar el comercio sin necesidad de ser la más líquida. Por tanto, cualquier cosa que facilite el intercambio deriva su valor de la nueva riqueza que generen los intercambios futuros que se estime, dicha cosa vaya a mediar. La mercancía entendida en su significado Mengeriano esencial atendiendo a sus cualidades para facilitar el intercambio (transportable, divisible, etc.), es una herramienta para el intercambio y, por tanto, tiene valor como cualquier otra herramienta.

Pero, ¿cómo se puede saber el precio de esta herramienta si nunca tuvo un precio antes?  Pues igual que para cualquier otra herramienta totalmente nueva, mediante un intercambio autístico como el que describíamos en el caso de Satoshi, o mediante un proceso de subasta o tanteo donde comprador / vendedor manifiestan qué cantidad de otro bien están dispuestos a entregar / recibir a cambio, y donde comprador / vendedor pueden comenzar por ofrecer /  pedir un precio arbitrariamente bajo / alto. Una vez acuerdan un primer precio, ni el propio Mises tendría problema alguno en admitir que esta nueva herramienta para el intercambio pueda valorarse única y exclusivamente por los servicios de intercambio que proporciona, tal y como explica en su libro “Money, Method and the Market Process”, aunque refiriéndose al dinero:

But once an economic good has become money, then the specific demand for money can tie into an already existing exchange relationship between money and goods in the market, even if the demand for the money-good, as motivated by the other use, disappears. 

[..]
All of those who denied the ability of the services of money to determine its exchange value failed to recognize that the only decisive element is demand. The fact that there exists a demand for money — the most marketable (most saleable) good, for which the owners of other goods are prepared to exchange — means that the monetary function is capable of creating value.” (Mises, 1990, Cap. 4)

Mises no pone en duda que la prima de vendibilidad o liquidez existe, hasta el punto de que sostiene que un bien puede ser valioso única y exclusivamente por esa prima de liquidez. ¿Y cuál es la causa de la prima de liquidez? La teoría de la mercancía de Menger nos da la respuesta: Las cualidades de la cosa que contribuyen a su vendibilidad (liquidez).

En definitiva, el teorema regresivo de Mises pretende resolver un problema que no existe, pues la teoría de la mercancía de Menger ya da respuesta a lo que Mises pretende resolver. Pero como Mises claramente no toma en consideración esta teoría, ve un problema donde no lo hay. En un sentido más profundo, Mises no acaba de reconocer la capacidad del ser humano para anticipar la riqueza que generan los intermediarios de los intercambios cuando éstos son objetos cuya única utilidad potencial sea facilitar intercambios.

Bibliografía

Bondone, Carlos (2006), Teoría de la Relatividad Económica. www.carlosbondone.com 

Menger, Carl (2012) [1871] , Principios de Economía Política, Bubok Publishing

Menger, Carl (1892) Geld, Handwörterbuch der Staatswissenschaften.

Mises, Ludwig Von (1997) [1912], La Teoría del Dinero y del Crédito. Unión EditorialMises, Ludwig Von (1990) Money, Method, and the Market Process. www.mises.org

Serie Mises no comprendió a Menger: I, II, III

Banca y transformación de plazos: un error ontológico antológico

Con la concesión del premio Nobel a Diamond & Dybvig muchos economistas, algunos de ellos liberales, repiten el grave error sistemático de afirmar que un banco es o debe ser (ontología) un intermediario financiero que realice transformación de plazos: endeudarse a corto plazo y prestar a largo plazo. Esta sería su casi única o principal forma de obtener beneficios, el arbitraje entre tipos de interés a corto plazo, normalmente más bajos, y tipos de interés a largo plazo, normalmente más altos. Un banco debería tener fondo de maniobra negativo, debería proporcionar liquidez pero ser él mismo ilíquido.

¿Son los bancos intermediarios financieros? Sí: por un lado toman prestado (su pasivo), y por el otro lado prestan (su activo), o compran participaciones empresariales. Que un banco pueda ampliar su balance y crear sustitutos monetarios (depósitos y billetes, dinero bancario interno) al conceder préstamos no significa que los bancos no sean intermediarios financieros: si un banco solo hace eso, sin recibir financiación monetaria, eventualmente se quedará sin reservas de liquidez por retiradas de fondos de sus clientes o por compensación interbancaria. Los bancos no son solamente intermediarios financieros: también son gestores de pagos y cobros mediante sus sustitutos monetarios, y pueden proporcionar otros servicios a sus clientes y cobrarles por ellos.

¿Transforman plazos los bancos? Actualmente sí. No solo los bancos comerciales, sino también los bancos de inversión y otros intermediarios financieros. Pero el sector bancario y financiero no es libre sino que está fuertemente regulado, intervenido, protegido, privilegiado, y esto es lo que fomenta el descalce de plazos.

¿Deben transformar plazos los bancos para obtener beneficios? No. Pueden obtener beneficios sin necesidad de transformar plazos gracias al margen entre tipos de interés pagados y tipos de interés cobrados por servicios de intermediación, agregación o desagregación de fondos, análisis de solvencia y asunción de riesgos, de modo semejante a como un intermediario comercial puede obtener un margen (comprar más barato y vender más caro) sin necesidad de alterar la calidad del producto distribuido.

-Intermediación: el banco es un agente económico intermedio entre prestamistas y prestatarios (que sin el banco tendrían que buscarse unos a otros), conoce ambos lados de los mercados financieros.

-Agregación o desagregación: el banco puede juntar los fondos de muchos prestamistas para un único prestatario, o separar los fondos de un único prestamista en múltiples prestatarios.

-Análisis de solvencia: el banco investiga y evalúa la solvencia de los prestatarios (crédito como confianza).

-Asunción de riesgos: el banco asume posibles pérdidas en sus préstamos (impagos de prestatarios) sin transferirlas a sus prestamistas, y puede hacerlo porque dispone de fondos propios (capital como amortiguador de pérdidas).

Los bancos, y el sector financiero en general, pueden existir y obtener beneficios sin necesidad de descalzar plazos (o riesgos).

Además un banco o cualquier otro intermediario financiero no puede obtener beneficios de manera sostenible en un mercado libre mediante el descalce de plazos o riesgos: al realizarlo el banco se vuelve más frágil e inestable, y las entidades más frágiles tienden a romperse o fracasar. La iliquidez se transforma en insolvencia, impagos, quiebras (obligaciones de pago inmediatas exigidas mayores que los derechos de cobro inmediatos, retirada de financiación, ventas masivas forzadas de activos con descuento).

Convencidos de que el sector financiero debe transformar plazos, la mayoría de los economistas se limitan a idear posibles mecanismos para evitar crisis financieras que dañen a la economía: seguros de depósitos para evitar corridas bancarias (que ni son seguros ni cubren en realidad los riesgos, porque las corridas bancarias o las crisis financieras ni son aleatorias ni son anomalías producto del pánico infundado, y los fondos de garantía son sistemáticamente insuficientes), regulación y supervisión bancaria y requisitos de capital (mal pensados y con fuertes injerencias políticas), financiación privilegiada (banco central como prestamista de última instancia). Estos economistas no suelen considerar la posibilidad de libertad monetaria, bancaria y financiera, con derechos de propiedad, contratos libres, beneficios y pérdidas, crecimiento o quiebra.

Variantes del error:

-“Los agentes económicos desean ser acreedores a corto plazo y con seguridad de cobro, y ser deudores a largo plazo y con pago inseguro, y los bancos simplemente satisfacen estos deseos como buenos intermediarios.” Esto es como afirmar que los agentes económicos desean pagar poco (o menos) por lo que compran y cobrar mucho (o más) por lo que venden, y los comerciantes simplemente satisfacen estos deseos como intermediarios: en este caso los comerciantes podrían alterar precios y márgenes según los deseos de sus contrapartes deteriorando la calidad de los bienes o servicios o su percepción sin que nadie se diera cuenta, pero los bienes o servicios acabarían fallando o rompiéndose más o antes de lo previsto. Si uno quiere ser acreedor a corto plazo y con gran seguridad debe aceptar cobrar un interés menor, y si uno quiere ser deudor a largo plazo y con inseguridad del pago debe aceptar pagar un interés mayor, igual que si uno quiere cobrar más debe ofrecer más calidad, y si uno quiere pagar menos debe aceptar menor calidad.

-“La transformación de plazos es beneficiosa no solo para los bancos sino para toda la economía en su conjunto, ya que se incrementa la financiación de proyectos empresariales, y por eso los bancos merecen alguna protección especial para poder realizarla (financiación privilegiada sistemática, garantías de depósitos, prestamistas de última instancia).” En realidad la financiación esté descoordinada, es insostenible y provoca ciclos económicos de auge y caída. Los bancos son frágiles y terminan quebrando o teniendo que ser rescatados con fondos públicos (financiación privilegiada excepcional, inyecciones de capital). Como los bancos están altamente relacionados unos con otros y con todos los agentes económicos, cuando colapsan dañan gravemente la economía (riesgo sistémico, pérdida de intermediarios financieros y de su conocimiento del negocio, restricciones crediticias): para evitar estos daños tienden a ser rescatados, creando riesgo moral y reiniciando de nuevo el proceso. El gobierno parece salvar al mundo de un problema que ellos mismos contribuyen a crear con el apoyo intelectual de casi todos los economistas.

Coacción y moneda fiat

En entornos liberales es habitual asociar la moneda fiat a la coacción estatal, y si bien yo me considero abiertamente libertario, creo importante hacer una breve reflexión sobre este asunto y matizar algunas cuestiones.

Aunque la moneda fiat podría entenderse según algunos autores como un token sin ninguna utilidad fuera de lo monetario y producido en cantidad más o menos limitada (irónicamente para los bitcoiners lo más cercano a esta definición sería Bitcoin), en este artículo me voy a enfocar en el funcionamiento de las monedas fiat actuales.  Es decir, aquella moneda que no es redimible por nada, y que los emisores se comprometen a emitir siempre contra un activo del mismo nominal. Por ejemplo $1.800 contra una onza de oro, o 300.000€ contra la hipoteca de una casa, y donde el emisor custodia el activo en su balance (no se lo gasta) adquiriendo el compromiso explícito o implícito de utilizar esos activos que custodia para acabar por recomprar esa moneda emitida.  Es decir, moneda irredimible, si, pero siempre respaldada. Una deuda monetizada.

Lo que quiero defender en este artículo es que técnicamente la moneda fiat no tiene por qué necesitar la coacción para funcionar si todos los activos que la respaldan son privados. Lo que necesita si o si la moneda fiat es seguridad jurídica, que es muy distinto. En este contexto teórico que planteo, las cuentas corrientes y depósitos de todos los bancos estarían respaldados por un conjunto de activos financieros como hipotecas, préstamos a empresas, papel comercial, etc. y, porqué no, también por algunos activos reales como podría ser oro u otras mercancías. Todo privado.

No creo que fuera imprescindible la existencia de un Banco Central para que esta moneda funcionara bien. Pero por no entrar en ese debate doy por hecho que el Banco Central sería necesario para amortiguar shocks de crédito inusitados. Eso sí, el Banco Central sería de titularidad privada, como en parte lo es hoy el Banco Central Suizo, y al igual que los bancos comerciales también se limitaría a emitir moneda contra activos privados sujetos a contratos voluntarios, Leyes y tribunales privados.

Reconozco que me queda la duda de si habría suficientes activos seguros y líquidos como para emitir la cantidad de moneda necesaria para mantener su estabilidad. No seré yo quien niegue que los bonos de un Estado servirían en cantidad y calidad, pues pueden llegar a ser muy seguros si el Estado es mínimamente diligente al cuadrar sus ingresos y gastos, pues sus ingresos están asegurados gracias a los impuestos, y aquí por supuesto sí que nos topamos con la coacción.  Ya se sabe que lo segundo más seguro después de la muerte, es hacienda.

Pero dicho lo anterior, vuelvo a insistir en que la coacción no es condición necesaria, ni muchísimo menos suficiente, para que una moneda fiat sea estable y por tanto ampliamente demandada por el mercado.  Yo sostengo que es muchísimo más importante la diligencia del emisor y su disciplina de mercado, que en cierta manera es, de hecho, lo contrario a la coacción, y tenemos abundantísima evidencia ante nuestros ojos. 

La primera evidencia es toda la masa monetaria emitida por los bancos comerciales contra activos cien por cien privados. Y en especial los dólares o euros emitidos por los bancos offshore que están totalmente fuera de la jurisdicción de la Reserva Federal o del Banco Central Europeo y que, por norma general, no suelen cotizar con descuento ni son menos estables que los dólares o euros emitidos dentro del sistema oficial.

Y la otra evidencia más contundente aún es la estabilidad y la amplia demanda de las monedas emitidas en países con buena seguridad jurídica, comparada con la estabilidad y demanda de las monedas emitidas por Estados donde la coacción campa a sus anchas. ¿Qué moneda fiat es de mayor calidad, la emitida por Suiza, Estados Unidos o Alemania, o la emitida por Venezuela, Cuba o Corea del Norte?

Traslademos este análisis a un mafioso violento vs. un comerciante honesto. Si un mafioso abusón y coactivo al que nadie le puede parar los pies emite más deuda de la que es capaz de pagar por muy violento que sea recaudando o si un comerciante pacífico se endeuda imprudentemente, la consecuencia acaba siendo exactamente la misma: El valor de sus deudas en el mercado se desploma.  El mafioso podría recurrir a la coacción para  intentar intervenir todos los precios, pero ya sabemos que a gran escala esto no funciona y el mercado más pronto que tarde castiga la moneda con la inflación correspondiente.

Sin embargo, si tanto el mafioso como el comerciante son diligentes, el valor de sus deudas será mayor y más estable. Que el mafioso tenga además la herramienta de la coacción no veo que sea necesariamente una ventaja, como demuestra el hecho de que la deuda de las empresas más solventes devengue sistemáticamente intereses menores que los de la deuda de la gran mayoría de los países del mundo, incluidos buena parte de los Estados occidentales democráticos.

A mi me parece totalmente evidente que la calidad de una moneda fiat, entendida como crédito, está directa y estrictamente correlacionada con la diligencia y disciplina del emisor, e inversamente correlacionada con la coacción. Incluso me atrevo a afirmarlo si la moneda fiat fuera un mero token sin ningún respaldo emitido en régimen de monopolio. ¿Cuál sería más estable, el token del emisor suizo o el del emisor venezolano?

Respuestas a tres grupos de críticos de la dolarización argentina

La dolarización vuelve a la mesa de debate, y entonces emergen sus críticos. Puedo visualizar tres grupos dentro de ellos, aunque es posible que algún economista se sienta parte de dos grupos a la vez. En esta nota trataré de describir a los malos críticos, los buenos críticos, y los críticos prácticos, y ensayaré algunas respuestas.

Los malos críticos

Los primeros son aquellos que cuestionan la dolarización, pero también la idea de que la inflación argentina tiene causas monetarias. Rechazan la convertibilidad y cualquier regla monetaria, e incluso sostienen que algo de inflación es necesaria, parafraseando a Aldo Ferrer, incluso en niveles del 40% anual. Ejemplifican equivocadamente la convertibilidad como algún tipo de dolarización y en general rechazan la ortodoxia de la economía. Postulan ideas heterodoxas que son precisamente las responsables de nuestro presente. Incluso vinculan la dolarización a la bandera, la escarapela y los nacionalismos. Lo cierto es que tener una moneda sana importada de ninguna manera implica perder la patria, o cederla a alguna otra. ¿Acaso España, Francia o Alemania han perdido la patria por ceder su moneda al BCE? Este grupo tiene malas críticas para el tema de debate.

Los buenos críticos

Los segundos son aquellos que tienen buenas críticas, porque parten de la idea correcta que la inflación argentina es consecuencia de monetizar el déficit fiscal. Si tanto la dolarización como otro programa de estabilización requieren del equilibrio fiscal, al resolverlo piensan que se puede prescindir de la dolarización. Si bien el argumento es válido, pienso que estos críticos no ven una de las mayores ventajas de la dolarización que es su irreversibilidad, o más bien dificultad de des-dolarizar. Zimbabue resulta ser un caso excepcional en la materia, justamente por no acompañar la reforma con otras políticas complementarias indispensables a las que haremos referencia al final de la nota. Pero la experiencia muestra que los costos de salida son muy altos.

Estos críticos también sostienen que las experiencias son pocas, y que sería peligroso avanzar en este camino. Dicen que el número de países que ha dolarizado es pequeño, y que las experiencias con las que contamos tratan sobe países de menor tamaño que Argentina. Aquí pienso que se equivocan. Hay más de 100 economías dolarizadas en el mundo, si incluimos islas y microestados. Aun la zona euro podría tomarse como un caso de dolarización, y esas economías que la integran no son precisamente pequeñas. Incluso entre los países no dolarizados, habrá que ver el grado de dolarización con el que hoy conviven. Argentina y Venezuela, por caso no han dolarizado oficialmente, pero sí han avanzado bastante en un proceso espontáneo de dolarización, en la necesidad de los ahorristas de conseguir refugio para sus tenencias de dinero.

Pero volviendo ahora a las experiencias de dolarización oficial en Latinoamérica la bibliografía referencia los casos de Panamá, Ecuador y El Salvador. Nótese que en estos casos, los tres países han sobrevivido a grandes desafíos: en el primer caso a dos guerras mundiales, una gran depresión, la invasión de Estados Unidos y desastres naturales que incluyen terremotos y El Niño; en el segundo al populismo extremo de Correa; y en los tres casos a crisis económicas profundas como la de 2008 y una pandemia como la de 2020. ¿Qué escenario más duro que estos podrían implicar el abandono de la dolarización?

Los críticos prácticos

Finalmente llegamos a preguntas de orden práctico. No hay dólares suficientes, argumentan en este grupo. El tipo de cambio convertible es demasiado alto, lo que implica una tasa de devaluación muy alta que empobrecerá aún más a la Argentina. ¿Qué haríamos con los pasivos monetarios acumulados en el BCRA?

Aquí se abre un debate incluso entre los defensores de la dolarización, pues hay muchas maneras de dolarizar. Son preocupaciones válidas, pero eso no quiere decir que sean obstáculos para dolarizar. Al decidir avanzar políticamente en sustituir una moneda por otra, iniciarán los procesos que la hacen posible. Las preguntas técnicas tienen respuestas técnicas. Hay que decidir si se hace con o sin acuerdo con Estados Unidos, por ejemplo. Pero querer replicar el proceso europeo con la zona euro, como si América fuera unificada y los mercados ya estuvieran integrados, no parece accesible. Tomaría décadas. Además, Estados Unidos tendrá resistencia a compartir el señoreaje.

Una vez que decidimos que no hay que consultar a Estados Unidos para dolarizar, el camino es más sencillo, al menos desde lo político. El primer paso es cambiar los pesos en circulación y los pasivos monetarios (Leliqs, etc.) del BCRA por los dólares existentes, que serían las reservas líquidas disponibles que tiene el BCRA. Ese cociente, parece mostrar un numerador muy alto por todo el circulante más las Leliqs y pases, y un denominador muy bajo, pues no hay muchos dólares. Si este cociente es muy alto, entonces inician procesos de reducir el numerador, y ampliar el denominador. Para reducir los pasivos monetarios, una propuesta que ha surgido en el libro de Emilio Ocampo y Nicolás Cachanosky de pronta publicación, consiste en securitizar activos del BCRA (por ejemplo Letras Intransferibles) a través de un fideicomiso emitiendo bonos en dólares a corto plazo que se pueden usar para canjear las Leliqs en manos de los bancos. Para ampliar el denominador pueden obtenerse préstamos de acreedores diversos como el FMI u organismos multilaterales de crédito.

Otro argumento aquí que se nutre de la experiencia de Ecuador (veánse las múltiples notas de la economista ecuatoriana Gabriela Calderón, especialista en la materia) es que al dolarizar, los dólares que los argentinos tienen atesorados (y que son muchos) salen al mercado, rompiendo el mito de que la economía argentina no tiene dólares. No debemos confundir la práctica de cambiar los pesos emitidos que hoy circulan y que se derriten en las manos de sus tenedores, con el dinero que los argentinos tienen, pues ya ha habido una natural dolarización espontánea que ha convertido gran parte del capital a dólar. ¡Los argentinos ya están dolarizados en un alto porcentaje! De lo que se trata es de ampliar esas ventajas a toda la población.

Por lo demás, volviendo a las cuestiones prácticas básicas, al dolarizar ya los intercambios se hacen en moneda dólar. La gente paga bienes y servicios en dólares, y las empresas pagan impuestos en dólares. El gobierno recauda dólares y con ello paga sus gastos en dólares, incluyendo las jubilaciones y pensiones, y dejamos de ver una economía que todos los días se devalúa. Se elimina también el descalce cambario de recibir impuestos en pesos pero tener deuda pública denominada en dólares. A medida que la economía recupere su capacidad productiva, mejorar el nivel de actividad y con ello la recaudación lo que podrá ir recuperando los ingresos reales de los asalariados del sector público, e incluso jubilados y pensionados.

Por supuesto, así presentado la dolarización parece una receta mágica, pero no lo es. Si Argentina tiene problemas en el sistema previsional, debe reformarlo. Si tiene déficit fiscal, debe eliminarlo pues ya no podrá monetizarlo. Si tiene enorme rigidez en el mercado laboral, necesita avanzar en una política de flexibilización laboral. Si tiene una alta presión tributaria, debe resolver el laberinto fiscal y reducir y simplificar su estructura tributaria. Si está aislada del mundo, necesita una reforma de apertura económica. Esta misma apertura económica puede permitir reformar la banca y atraer a la banca internacional, incluyendo la banca off shore como ha propuesta Jorge Avila. En definitiva, se requiere una reforma integral de la economía para evitar replicar la experiencia de Zimbabue. La dolarización es necesaria por todo lo expuesto, pero no es suficiente para resolver los problemas estructurales de una economía con décadas de decadencia.

Endeudarse, ¿cuánto? Una mirada a la ‘trampa de la liquidez’

La deuda pública es la acumulación de los déficits públicos. La financiación de tales déficits, excesos de gastos públicos sobre ingresos públicos, exige para pagar los gastos no cubiertos que se recurra al endeudamiento. El comprador de la deuda, sector privado, sector exterior o sector financiero, bancos y BCE, acude a la compra de la deuda en función de su atractivo y rendimiento, tipo de interés. Esto es, praxeológicamente, un intercambio voluntario. Hay quienes apelan a las condonaciones de deudas por criterios de referencia diferentes, desde “la injusticia” hasta “la confiscación” o simplemente por el deseo siempre del que deba pagar o quiera pagar algo menos. Pero si el intercambio es voluntario veo acuerdo para beneficiarse entre compradores de deuda y oferente (gobierno). No creo justo ni correcto que se tache al comprador de deuda de connivencia con la injusticia ni se pueda amparar la confiscación mediante el poder de intervención de los oferentes (gobiernos). El punto está y lo resalto en la responsabilidad de los gobiernos en la generación permanente del recurso al endeudamiento por sostener ‘sine die’ conductas deficitarias. Esa es la eventual causa de la inmoralidad por las consecuencias de esta posible y más que probable laxitud presupuestaria. No pueden los gobiernos actuar con déficit permanente y menos aún crecientes apelando a crecimientos de la fiscalidad (sobre terceros, que son también segundos, los compradores de deuda también pagan los respectivos impuestos).

Apelo al sentido común, a las buenas prácticas financieras cuando se recurre al endeudamiento, esto es al crédito. Permítanme, para visualizarlo y ponderarlo mejor, una pregunta: ¿es mucho endeudarse un año en el mismo importe de lo que se gana en ese año? Yo creo que no. En absoluto.  Una persona que gane 65.000 € y ha tomado decisión de endeudamiento de 300.00€, que lo compromete durante ciertos años, puede hacerlo, lo que no puede hacer es mantener vivo todos los años, permanentemente, el endeudamiento. “Se reventaría”. A nivel privado yo colocaría el servicio de la deuda en un 30% de los ingresos. La regla de endeudamiento público, en cambio, establecida como referencia hasta ahora, al menos, para el ámbito en la UME es del 60% del PIB. Referencia ya laxa y más cuando se contrasta con las magnitudes de endeudamiento reales, y actualmente, con fruición, desde el Ecofín, su nuevo presidente, el ministro de economía francés Bruno Le Marie, apunta hacia mayor laxitud en la regla mediante una reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento1.

El PIB nominal español normal hasta 2019 (antes de la pandemia COVID 19) estaba en 1’1 billones de €, lo que producimos, nuestra renta anual. Ya en 2021 la magnitud de la deuda pública se ha situado en el 123% del PIB. Desde el año 2003 no se atisbaba inflación sorprendentemente, aunque algo apuntaba a su eventual aparición ya en septiembre de 2021 cifrada en el 3,2% poniendo nerviosos ya a muchos y, más aún, con la cifra confirmada del 6,7% al cierre de 2021. Sorprendiendo la inacción del BCE que ha seguido comprando deuda soberana2 cuando se debiera centrar en el control de la inflación y el mantenimiento del valor del €3.

Si los gobiernos se disciplinaran en sus políticas presupuestarias, como cualquier particular, ajustando el endeudamiento de forma que la amortización vía pagos se corresponda con el 30-60 % de sus ingresos anuales entonces podría justificar su endeudamiento sin que se menoscabe a esta generación y siguientes, y siempre que no aumenten la presión fiscal desincentivando.

Me parecerían así sostenibles los endeudamientos tanto públicos como los privados. Estos se han ido disciplinando notablemente reduciéndose considerablemente tras haber llegado al 170% del PIB de entre los endeudamiento público y privado. Endeudarse no es por definición malo, tampoco inmoral, si se hace correctamente, sin dilapidar los incentivos de los agentes económicos para activarse, producir, ahorrar e invertir generando crecimiento y empleo. Obligar a los agentes económicos públicos y privados a ajustarse cada año a sus respectivos ingresos es una restricción excesiva. Esto no es condición necesaria de cumplir para el sostenimiento financiero. El apalancamiento o leverage es tradición constatada y contrastada. Pero la restricción que inexorablemente debe cumplirse es que los excesos de gastos sobre ingresos (endeudamientos) de unos cuenten con los ahorros de otros, excesos de ingresos sobre gastos. Sin estos ahorros aquellos endeudamientos serían imposibles. Lo que vaya más allá de esto es fuente de inflación y desconfianza.

El dilema de la política monetaria, la política fiscal y la Macroeconomía

Las tentaciones siempre nos acompañan en “la acción humana”. La tentación de la expansión de la oferta monetaria por parte de los Bancos Centrales, creando circulación dinero fiduciario, vía “maquinita” o comprando deudas públicas (operaciones de mercado abierto) aumentando el pasivo de la autoridad monetaria, la base monetaria, y mediante la reserva fraccionaria, está muy asentada durante ya muchos años sorprendentemente. Porque tal práctica, la expansión de la oferta monetaria, generaba inflación y lo coherente era el control de la liquidez. Pero por lo visto desde ha mucho tiempo se está cómodo desde los ámbitos financieros y públicos asentados en esta patología, “la trampa de la liquidez”, detectada por los bajísimos tipos de interés, llegando “el precio del dinero” prestado por el Banco Central a los Bancos o ser negativos, ¡tipos de interés negativos! ¡qué cosas! La banca pide un crédito de 100 al BCE y al cabo devuelven 98, 2€ es ganancia, no para el prestamista, sino para el prestatario. Sin “despeinarse”, sin coste, con ganancia por su pasivo y, además, con la ganancia correspondiente al canalizarlo la banca a crédito (activo) por el que cobra interés, aunque bajito por la intervención monetaria.  

¿Cuánto tardará la aparición de inflación? ¿Por qué no ha aflorado durante tanto tiempo? Porque los tipos de interés están intervenidos vía expansión de la oferta monetaria. La demanda de dinero se ajusta con inmediatez a la oferta dineraria porque a tan bajos tipos de interés opera “la preferencia por la liquidez” de los particulares al carecer de atractivo la rentabilidad de los bonos. Este es el punto, en que son el BCE, por un lado, el que comprando deuda pública y, los gobiernos, por otro lado, acumulando déficits, endeudamiento, los que propician el sostenimiento de los bajos tipos de interés, “la preferencia por la liquidez” y “la trampa de la liquidez”. Patología añeja y rara que siempre hemos estudiado en macroeconomía y que por lo visto, se ha tornado deseada mientras la política monetaria sea infectiva para expandir la demanda agregada, por estar entrampada. ¡Qué cosas! ¡Qué dilema! ¡Algo que siempre ha sido considerado una extraña anomalía, una patología, la “trampa de la liquidez”, pues generaba la ineficacia de la política monetaria por la existencia de “la preferencia por la liquidez”, esto es: por la hipersensibilidad de los demandantes de dinero a los tipos de interés (cuando están muy bajos) resulta que se ha tornado en cauce normal para absorber endeudamientos públicos y mantener bajos los tipos de interés artificialmente ‘interviniendo’! ¡Qué cosas!, brotan muchas preguntas: ¿La teoría cuantitativa del dinero en entredicho? ¿La inflación no se atisbaba? ¿No aparece? Ya apuntamos que parece que sí, es más ya está aquí al cierre de 2021 con un 6,5% en España. ¿No inquieta tanta ‘calma’? ¿No inquieta este intervencionismo monetario? ¿no inquietan las tensiones contradictorias entre objetivos de los Bancos Centrales para dar verosimilitud y confianza al papel del sistema financiero? ¿Es la patología, la trampa de la liquidez, la que origina la ineficacia de la política monetaria? ¿O es al revés? ¿Es la política monetaria expansiva la que origina la patología y en esta se está bien mientras no se atisbara inflación? ¿Y también cuando ya la inflación está presente? No sé. Me inquieta. ¿Cómo responderá el sector real? ¿Vía sector privado, vía sector público o vía mixta? ¿La vía del sector público mediante expansión del gasto y del endeudamiento? Escaso margen hay salvo mantenimiento de connivencias con la autoridad monetaria, el BCE.  ¿Cómo responderá el consumo y el ahorro privado, la acumulación del capital, la inversión productiva? ¿Cómo responderán las exportaciones netas? Desde luego, mientras no se atisbe inflación, si el acceso al crédito es barato sería buen momento para el apalancamiento financiero del sector empresarial privado invirtiendo (FBK) en nuevos negocios o ampliando, expandiéndose los stocks de capital, y así, tanto la oferta como la demanda agregadas, con ello las ventas, la producción, el empleo, la productividad, los salarios, la competitividad y las exportaciones netas. Todo ello si no se atisbara inflación. Pero si tal expectativa quiebra, la subida de precios, de tipos de interés y de tipo de cambio afectará negativamente a las ventas internas y externas.

Ante todas estas preguntas estamos con gran inquietud el sector privado y el sector público, tanto en nuestro país como en el resto de los países. Reflejo de ello ha sido la vigencia de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, también la tensión en la Unión Europea recibiendo las críticas por parte de Trump, en su día, y así mismo las críticas al Banco Central Europeo por su política monetaria ignorando, o al margen de, la estabilidad de precios. Por último, resaltar que al presente sobrevuelan nuevas incertidumbres, además de la pandemia por el Covid 19, que afectan los niveles de confianza, mutuamente requeridos, derivadas de la tensión internacional entre USA y Rusia, con el difuso o débil papel de la UE y la OTAN, en Ucrania. Ante esto todos y cada uno de forma libre, interdependiente y sensata (racional) tienen, tenemos, que operar en la toma de decisiones. 

Conclusiones:

  • La cuestión central presentada es: ¿hay trampa de la liquidez porque los tipos de interés son bajos y la preferencia por la liquidez opera? o, en cambio ¿los tipos de interés son artificialmente bajos propiciados por tal connivencia entre la Autoridad Monetaria, BCE, responsable de las políticas monetarias expandiendo Base Monetaria comprando deudas soberanas, y los Estados irresponsables en sus políticas crónicas, fiscales y presupuestaria, con recurrente vicio adictivo al endeudamiento?
  • El verdadero peligro reside en que haya connivencia entre gobiernos intervencionistas que expanden los gastos y déficits públicos recurriendo a endeudamientos financiados por la compra del BCE de activos financieros y deudas soberanas a tipos de interés bajísimos por “trampa de liquidez”.
  • Situación patológica, estudiada por el análisis económico, convertida en crónica y hasta deseada por los Estados, ¿mientras no se atisbe inflación en el horizonte?
  • Estos bajos tipos de interés disuaden el ahorro, de ahí su peligro.
  • Ante todas estas preguntas estamos con gran inquietud el sector privado y el sector público, tanto en nuestro país como en el resto de los países. Dilemas que afectan los niveles de confianza, mutuamente requeridos.

1 Véase Mark Bassets (2022), 17.1.

2 Véase Daniel Rodríguez Asensio (2021) “Los dos errores del golpe de timón del Banco Central Europeo”. Libre Mercado. “Era cuestión de tiempo que el Banco Central Europeo moviera ficha. Lo hizo la Reserva Federal hace unas semanas y Europa no se podía quedar atrás. Porque para quienes viven del intervencionismo monetario sólo habrá una solución para los problemas sea cual sea su naturaleza: intervenir. El movimiento del BCE es claro. Ha hecho el primer cambio en la estrategia de política monetaria desde 2003 para no tener que recurrir a algo impopular y que cada vez se hace más peligroso: retirar los estímulos. Concretamente, ha cambiado su objetivo fundamental (mantener la inflación en niveles cercanos, aunque por debajo¸ del 2%), y ha establecido el objetivo del 2%, permitiendo fluctuaciones al alza o a la baja transitorias. O, dicho de otra manera, ante el más que previsible repunte en la inflación durante este año (el consenso de analistas ya está en el 3% y subiendo), el BCE se asegura la capacidad de seguir manteniendo los programas de compra de activos y la capacidad de no tener que subir los tipos de interés”.

https://www.libremercado.com/2021-07-11/daniel-rodriguez-asensio-errores-banco-central-europeo-inflacion–6799510/

3 Estos objetivos tradicionalmente asignados a los Bancos Centrales como parte fundamental del sistema crediticio ampliado (Autoridad Monetaria, Bancos y Cajas), en su papel como determinantes de la Oferta Monetaria, en la circulación de dinero, parecen que se desdibujan o se intentan conciliar con otros objetivos extraños o al menos sorprendentes que ya se anuncian, véase Pardo P. (2022) donde se resalta que de los 31 bancos centrales más importantes 18 tienen como mandato más importante la estabilidad de precios, algunos, además, deben velar por la estabilidad de la divisa, otros como la Reserva Federal (FED) y el BC de Nueva Zelanda también deben buscar el pleno empleo. Llegando a proponerse una nueva función extra: “ser woke” Esto es, favorecer la transición energética (el BCE y el Banco de Inglaterra analizan cómo apoyar la descarbonización de la economía), la lucha contra la desigualdad de ingresos, la justicia racial y de género y combatir el cambio climático (Jay Powell, Pdte de la FED y los aspirantes al Consejo de la FED Lisa Cook y Sara Bloom). Objetivos complejos y muchas veces contradictorios sumados a las funciones de regulación financiera de custodia y control de buenas prácticas bancarias.

Referencias:

https://www.facebook.com/JuanRamonRallo/videos/404703997493613/ Sobre la condonación de deuda pública.

https://economipedia.com/definiciones/trampa-de-liquidez.html Sobre trampa de la liquidez.

https://www.expansion.com/economia/2020/02/16/5e4910b1468aebae218b45d1.html Sobre endeudamiento privado.

https://economipedia.com/definiciones/trampa-de-liquidez.html Sobre trampa de la liquidez.

González Pérez J. M. (2005). Economía política, participación e interdependencia. Ed. GEU, Granada.

González Pérez J.M. (2021a), ¿Tipos de interés presos, efectivo sentenciado, confianza obligada de particulares?. Análisis diarios Instituto Juan de Mariana (IJM) 6.8.2021. https://ijmpre2.katarsisdigital.com/ijm-actualidad/analisis-diario/tipos-de-interes-presos-efectivo-sentenciado-confianza-ciega-de-los-particulares/

González Pérez J.M.(2021b), ¿Endeudarse cuánto? El dilema en la visión macroeconómica.  ¿Padecemos o provocamos la trampa de la liquidez? Artículo presentado se presentó en las XIII Jornadas de Docencia en Economía, celebrado en la Universidad de Alicante el 17 y 18 de septiembre de 2021, en tales jornadas fue presentado al Premio e-publica.

Rodríguez Asencio D. (2021) https://www.libremercado.com/2021-07-11/daniel-rodriguez-asensio-errores-banco-central-europeo-inflacion–6799510/

Ugarte E., León J. y Gilberto G.(2017) LA TRAMPA DE LIQUIDEZ, HISTORIA Y TENDENCIAS DE INVESTIGACIÓN: UN ANÁLISIS BIBLIOMÉTRICO.    

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0301703617300329 donde presentan el siguiente anexo:  

Anexo 1. Los 12 artículos más citados sobre la trampa de liquidez

Autor(es)TítuloAñoCitas
Krugman, P.R.It’s baaack: Japan’s Slump and The Return of the Liquidity Trap.1998354
Christiano, L., Eichenbaum, M. & Rebelo, S.When is The Government spending Multiplier Large?2011208
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Fuente: elaboración propia con información de Scopus (fecha de actualización: 19 de octubre de 2016).