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10 mitos sobre Murray Rothbard

"Al escribir sobre él parece que estás hablando sobre cuatro o cinco de las más grandes mentes que jamás hayas conocido, con la única salvedad que se trata de una sola persona". Así definía David Gordon a una de las mentes más preclaras de las ciencias sociales: Murray Rothbard. No en vano, la polémica que suscitaba no le iba a la zaga de su relevancia. Y, con ello, muchas acusaciones infundadas. Valgan estos 10 mitos sobre Murray Rothbard condensados de su biografía The Enemy of the State, de Justin Raimondo, una apología sobre este gigante intelectual.

1- Rothbard no fue original.

Él nunca fue completamente original. Su teoría económica proviene de Menger y Ludwig von Mises, su visión ética de la tradición tomista-jeffersoniana, su política exterior de la Vieja Derecha americana y su anarquismo de la tradición americana individualista de Benjamin Tucker y de Albert Nock. Lo que Rothbard hizo fue obtener a partir de todas estas corrientes una construcción intelectual completamente nueva, sistemática y coherente para una integrada teoría de la libertad y los derechos de propiedad. Puede que Rothbard se subestimara a sí mismo.

2- Su left-libertarianism le convirtió en un izquierdista en los años 60.

Rothbard nunca fue izquierdista ni cambió sus puntos de vista fundamentales. Su período de ‘acercamiento’ a la Nueva Izquierda fue para conseguir reclutar personas a la causa libertaria contra el Estado policial, el sentimiento contra la guerra y la conscripción, y por la desobediencia civil. En general, no tuvo demasiado éxito en este empeño.

3- Rothbard abandonó el libertarismo por la Derecha Cristiana.

Rothbard escribió en publicaciones conservadores cristianas en los primeros 50 y llegó a ver el Cristianismo como una devoción por la ley alejada de un origen estatal. En escritos suyos podemos observar su querencia por el catolicismo como proclive a un anarquismo universal frente al protestantismo nacionalista-estatista. Intentó demostrar que las demandas de la Derecha cristiana tenían en gran parte un componente libertario: mantener al Gobierno fuera de nuestras familias, nuestras escuelas, nuestras iglesias…

4- Rothbard partió el libertarismo durante su época paleo-conservadora.

Rothbard nunca fue libertario de izquierdas. Abandonó el Libertarian Party en 1989. Por ejemplo, en la convención del Libertarian Party de aquel año la gente llegó a abuchearle por defender a un candidato burgués de clase media-alta, a pesar de su radicalismo político.

5- En sus últimos años combatió a la Derecha.

Esta idea está basada en los ataques del mainstream neoconservador americano a favor del Estado de Bienestar y guerra. Hay que entender que la política exterior tenía una importancia fundamental para Rothbard. Es más, tras la Guerra Fría asistió a la asunción por parte de toda la izquierda americana del "humanitarismo bélico", mientras en los 90 muchos derechistas se vieron atraídos por el pensamiento aislacionista en política exterior que Rothbard intentó avivar.

6- Rothbard no tuvo una influencia duradera.

Su influencia se extendió a todo el liberalismo clásico. Fundó el Center for Libertarian Studies, fue editor fundador del Journal of Libertarian Studies, creó la primera revista sobre economía de la Escuela Austriaca, inspiró la creación del Mises Institute, lideró divisiones en la organización conservadora juvenil más importante de EEUU, la Young Americans for Freedom, e incluso fue quien sugirió el nombre para el famoso Cato Institute.

7- Le encataba Khrushchev y fue objetivamente pro comunista.

Este mito circuló durante los 60 y fue avivado por el conservador William Buckley, quien escribió "Rothbard aplaudió al paso de la limusina de Khrushchev a su paso". Esta campaña difamatoria de la revista conservadora National Review se debió a que Rothbard se opuso al deseo de la revista de boicotear e impedir la visita del mandatario soviético a EEUU. Rothbard no podía sino combatir el deseo de Buckley de "una burocracia totalitaria en nuestro país" para luchar en la Guerra Fría.

8- Rothbard rompió con antiguos amigos.

Famosas son las rupturas y discrepancias que tuvo con Ayn Rand, el Libertarian Party, la Derecha de Buckley o Cato Institute. Básicamente hubo dos causas de rupturas: las que se debieron a simple envidia por el éxito intelectual de Rothbard y las traiciones personales.

9- Rothbard abandonó el libertarismo radical a partir de los 70.

Absurdo puesto que en 1978 publicó "Society without a State", "Ética de la Libertad" en 1982 o uno de sus escritos más radicales, "World War I as Fulfillment" en 1989. Además durante los 80 criticó severamente la política exterior de Reagan y su política económica.

10- Rothbard fue simplemente un ideólogo.

Rothbard escribió volúmenes y volúmenes de teoría económica e histórica que nada tenían que ver con la estrategia política. Sus críticos dicen que se convirtió a la Escuela Austriaca porque no sabía matemáticas, lo cual es absurdo teniendo en cuenta su título superior en matemáticas con los más altos honores por la Universidad de Columbia.

Nunca será suficientemente vindicado Murray Newton Rothbard, como nunca lo es ni será la libertad.

@AdolfoDLozano

 

Desde Rusia, pero sin amor

El 31 de diciembre de 1991, después de 70 años de existencia, la URSS dejaba de existir y su puesto en el mundo era ocupado por una combinación de repúblicas que habían formado parte de esa unión y que no tenían ninguna experiencia previa de gobierno bajo criterios de respeto a la libertad y los derechos, incluido el de propiedad, de sus ciudadanos, ni a una elección pública abierta y libre para sus cargos. Al menos, ninguna tan larga como para que estos principios hubieran arraigado con fuerza en la tradición política y social de cada una de ellas.

De entre todas, la Federación Rusa, la más grande y poderosa, es la que terminó heredando todos los compromisos internacionales de la URSS, así como el control de casi todo el ejército, incluyendo en algunos casos el de otras Repúblicas que si bien tenían asignado su porcentaje de potencia militar, las necesidades logísticas y estratégicas de Rusia hacían imposible que ésta no controlara o intentara controlar de alguna manera este poder.

La caída de la URSS fue tan espectacular, por inesperada para muchos, que algunos vaticinaron el fin del enfrentamiento entre bloques y una nueva era de colaboración, más o menos sana, entre antiguos enemigos, además de una senda hacia la democracia, entendiendo como tal la que impera en Occidente, sentando las bases de un nuevo panorama global.

En los años 90, el entendimiento entre Boris Yeltsin y Bill Clinton pareció trabajar en ese sentido, pero en el ámbito interno el presidente ruso no supo dar estabilidad a su país[1] y un sinfín de personas del antiguo régimen soviético buscaron, desde el poder, acomodo bien en el sector público, en distintos partidos y facciones, o en el privado, o mejor dicho, en el semiprivado, el que surgió de los monopolios ligados a los grandes recursos y servicios de la antigua URSS.

La Federación Rusa en ningún momento supo ni quiso adoptar una estructura económica ligada a la libertad. La liberalización de la economía, que lógicamente y en términos relativos ha existido, nunca se acercó demasiado al mercado libre, ni siquiera con los criterios de los países más intervencionistas de Occidente. No es sólo que los monopolios públicos se convirtieran en oligopolios semiprivados, sino que estos se enfrentaron entre sí usando técnicas más propias de mafias que de empresas. Este enfrentamiento también existió con facciones del gobierno, lo que provocó el proceso y encarcelamiento de alguno de estos nuevos ricos, y la huida al extranjero de otros.

En la libertad política tampoco se puede decir que los avances hayan sido aceptables. La crisis financiera de 1998 terminó por aupar al poder presidencial a Vladimir Putin, un oscuro funcionario soviético del KGB que había terminado siendo primer ministro de Yeltsin, y al que dejó su cargo en el año 2000, tras su dimisión. Putin fue elegido presidente ese mismo año, de nuevo en 2004 y, tras un mandato en el que por imperativo legal no podía ser reelegido para un tercero consecutivo y lo fue su “marioneta” Dmitri Medvédev (mientras Putin ocupaba el cargo de primer ministro), en el 2012.

Durante este periodo, Putin ha ido orquestando un régimen autoritario, donde la oposición y, sobre todo, la prensa libre han sido perseguidas y acosadas cuando se han opuesto a las grandes líneas de su gobierno o se han acercado demasiado a delicados asuntos. Se ha asesinado a periodistas sin rubor, se ha hecho desaparecer opositores y, todo hay que decirlo, estos asuntos no han parecido desagradar demasiado a los rusos ya que, pese a todo, sigue ganando las elecciones sin que, como en Venezuela, el fraude electoral sea tan evidente y descarado, ni que las intromisiones en la moralidad pública hayan escandalizado demasiado. De todos es sabido, por ejemplo, que los homosexuales no son bien vistos por el régimen y que han sufrido más de una persecución y agresión.

Desde mi punto de vista, Vladimir Putin es más heredero del zarismo que del régimen soviético[2], de hecho las plataformas electorales desde las que ha conseguido el poder no están ligadas a los partidos de izquierda o extrema izquierda, como el chavismo, sino a fuerzas más conservadoras, teniendo una especial conexión con el Frente Nacional francés de Marine Le Pen, pero manteniendo a la vez una relación aceptable con China, su vecino y aliado frente a Occidente, haciendo bueno esos dos refranes que dicen que el enemigo de tu enemigo (Occidente) es tu amigo (China), pero también, mantén cerca a tus amigos y más cerca aún a tus enemigos (China). Y es que los intereses de uno y otro no siempre son compatibles. Además, ha sabido mantener muy buenas relaciones con instituciones directamente heredadas del régimen soviético como el ejército o los servicios de seguridad, de los que procede, que poco o nada han cambiado desde la desaparición de la URSS.

Tras la crisis de finales del siglo XX, la economía que ha propiciado el régimen se ha centrado en negocios ligados al petróleo y la venta de armas “baratas” o de los restos del antiguo Ejército Rojo. Mientras que uno se ha mantenido en precios relativamente altos y la segunda no ha tenido rivales, la situación se ha mantenido estable, pero en cuanto que los precios del petróleo se han desplomado y los chinos han empezado a vender sus armas baratas[3], los defectos de una economía muy intervenida y poco diversificada se han hecho evidentes y han obligado a Putin a desempolvar viejos fantasmas de enfrentamiento propios de la Guerra Fría. Resulta llamativo que la industria del fracking y la decisión de la OPEP de mantener la producción de petróleo, que ayuda a mantener los precios bajos, haya sido vista por algunos sectores rusos, y no pocos analistas occidentales, como una “conspiración” contra Rusia.

La situación que gobierna Vladimir Putin es complicada y para entenderla habría que analizarla desde tres puntos de vista. El primero de ellos bebe de la tradición rusa de cierto victimismo ligado al honor. Rusia, en su versión zarista, soviética o la más actual republicana, ha alentado el victimismo para justificarse. Siempre ha estado buscando un lugar bajo el sol que aparentemente otros le han negado, el comunismo como ideología le sirvió, en el contexto de la Guerra Fría, para implicarse en muchos lugares del mundo, pero su época de potencia global ha terminado y vuelve a usar ese victimismo para denunciar y anunciar que se le debe “respeto”, a la vez que recuerda un pasado glorioso, real o ficticio. El honor es uno de las razones más importantes que esgrime un estado para justificarse, incluso para ir a la guerra.

El segundo punto sería el imperialismo que Rusia tiene en su ADN histórico. Desde la época de Pedro el Grande, los rusos han buscado expandirse para proteger su centro histórico-administrativo y lo han hecho extendiendo sus fronteras hasta conseguir el país más grande del mundo y cuando no han conseguido administrar un territorio, han buscado crear un estado vasallo, un régimen títere de Moscú que baile según le dicte el Kremlin. Algunas veces lo ha conseguido y otras veces no y en esos intentos han entrado en conflicto con otras potencias o con algunas sociedades que viven dentro de sus imperiales fronteras.

Las guerras en Chechenia, territorio administrativamente ruso, la intervención casi por sorpresa en las guerras yugoslavas en los años 90, cuando se desmembró el país, la más recientes intervenciones en Georgia y Ucrania, incluso su influencia en Moldavia, y su presencia, menos conocida pero de gran magnitud, en repúblicas de Asia Central como Tayikistán donde mantiene una amplia presencia militar con la excusa de controlar las fronteras con Afganistán, vienen a confirmar que Vladimir Putin y los dirigentes rusos aún piensan en términos imperiales, de esfera de influencia, de espacio vital, de recuperación de lo que alguna vez fue controlado desde Moscú. Todo ello choca con grandes potencias como Estados Unidos o China, pero también con la Unión Europea y la OTAN, que no dejan de quitar influencia a Rusia en lugares como las Repúblicas Bálticas, Moldavia, que aspiraría a reunificarse con Rumanía, o Ucrania, donde la mitad del país en guerra mira hacia Europa, en concreto hacia Alemania.

El tercer punto es el del miedo. Que Estados Unidos y Rusia son las dos únicas superpotencias nucleares es un hecho sabido. China tiene también bastantes misiles de este tipo, pero su número es mucho más limitado, es una potencia nuclear, como lo son Francia o Gran Bretaña, pero las capacidades de estos países, por sí solos es mucho más limitada. Rusia y EEUU aún pueden resucitar la amenaza de la destrucción mutua asegurada[4].

A mediados de julio de 2014, en pleno conflicto en Ucrania, una encuesta de la Fundación para la Opinión Pública recogía que la mayoría de los encuestados, un 64%, temía una guerra nuclear, siendo Estados Unidos la mayor amenaza para el 52% de los encuestados, seguido de Corea del Norte, con el 12% y Pakistán con el 9%. Grigori Dobromelov, director del Instituto de Estudios Políticos, explicaba que este miedo a la guerra nuclear se debía a las interpretaciones que los medios de comunicación hacían de la situación política del momento. Por otra parte, Piotr Topichkanov, experto en temas de no proliferación nuclear en el Centro Carnegie de Moscú, consideraba “típicos” estos miedos ciudadanos: “Las relaciones entre Rusia y EE UU son conflictivas y ahora los ciudadanos se dan cuenta de que el mundo, tal y como se lo pintaban a principios de los 90, nunca ha existido; ahora, las armas nucleares ya no son algo que no se vaya a usar nunca”.

En definitiva, el miedo a la guerra es algo que existe en la sociedad rusa y, en parte, explica que se vote y se consienta un dirigente autoritario, casi paternal, como Vladimir Putin, alguien que aparentemente sepa hacer frente a la situación, con fuerza, incluso con violencia si la situación lo requiere. El problema que se ha añadido actualmente es que hasta la caída del precio del petróleo había para pagar sus intervenciones y excesos, aunque la población no estuviera especialmente contenta con su situación, pero como en el caso de Venezuela, se acabó lo que se daba. La Rusia actual es otro ejemplo de lo dañino que puede ser un Estado inflado, lleno de poder, donde los miedos de los dirigentes se convierten en los miedos del país. Desde Rusia, pero sin amor.



[1] En octubre de 1993, Boris Yeltsin ordenó una acción bélica contra el Parlamento ruso para poner fin al conflicto que tenía con el poder legislativo. Después, hizo que se votara en referéndum una constitución donde los poderes presidenciales-ejecutivos estaban sobredimensionados, y que por otra parte, es la legitimación del actual poder de Vladimir Putin.

[2] El régimen ruso recuerda mucho a la Alemania de Guillermo II donde el parlamento era una institución con muy poco poder comparado con el que ejercía el Emperador y su Canciller. En este caso, el emperador sería el Presidente, el Canciller, su primer ministro y el Reichstag, la Duma.

[3] China está incrementando su peso en la venta de armas pero aún está lejos de las cifras de Rusia que suele utilizar esta venta para justificar los gastos en defensa y cubrir su exagerado porcentaje en este apartado. Sigue siendo una de sus principales exportaciones y últimamente Latinoamérica es uno de sus mercados favoritos porque demandan más cantidad que calidad, por ejemplo, les permite dotarse de aviones modernos a bajo precio aunque la calidad sea cuestionable.

[4] China, Francia y Gran Bretaña, junto a Israel, tienen una política de disuasión nuclear basada en que una parte de su arsenal siempre esté oculta, generalmente en submarinos, y que en caso de ataque la respuesta podría ser tan grave que provocaría daños no asumibles por la potencia atacante.

Primera regla económica: no empujen, por favor

Una de las razones que la mayoría de los economistas bienintencionados aceptan para justificar la intervención estatal es el impulso de una actividad "adecuada". Por ejemplo, tras los buenos datos de empleo de la economía española, son varios los profesionales que aconsejan que el Estado apoye, no a las actividades responsables de estos resultados positivos (consumo y turismo), ya que están demostrando su fortalecimiento, sino, dicen, actividades industriales creadoras de empleo, pero de un empleo más sólido, no tan dependiente de la coyuntura como el turismo o el consumo navideño.

Tiene su lógica. Pero una vuelta de tuerca mental más basta para desvelar la perversión de este razonamiento tan bienintencionado que, como muchos de los errores que acarrean las buenas intenciones, mezcla verdades con falsedades.

Es cierto que el nuevo empleo creado se centra en actividades que dependen demasiado de la coyuntura económica del momento y, en el caso del turismo, de la situación económica de otros países. Es cierto que sería ideal que España desarrollara un sector productivo basado en actividades más sólidas, como las industriales. Es cierto que el apoyo del gobierno debería mirar a los empresarios más que a lobbies que aseguren la victoria electoral. Es cierto que el apoyo a los empresarios y la creación de empleo es la mejor política social, porque permite que los trabajadores recuperen su renta, su modo de vida y sus expectativas frente a la vida.

Pero ¿de qué apoyo hablamos? ¿Se trata de subvencionar actividades?

El error del razonamiento de partida consiste en la idea del empujoncito amistoso por parte del gobierno a los empresarios de esas actividades industriales que, supuestamente van a crear empleos más sólidos. Ese "pellizco" con el dinero de todos, permitirá supuestamente, atraer a inversores que verán una oportunidad de beneficio. Y luego ya se eliminarán las ayudas cuando la cosa marche.

Pero ¿quién decide de antemano qué actividades son esas? ¿quiénes sino los propios inversores pueden olfatear las expectativas de beneficio? Si el Estado pervierte las señales los inversores pueden equivocar sus decisiones de manera que, como en la profecía autocumplida, la propia intervención facilitará el resultado previamente sugerido y que sirvió de base para esa intervención. La historia reciente nos proporciona muchos ejemplos, como el supuesto éxito de algunas energías alternativas, o del sector agrícola, que son rentables con subvención, pero un desastre sin ella.

Con todo y con eso, aún hay un panorama peor. Y es el caso en el que incluso con subvención, la actividad sigue sufriendo pérdidas. El ejemplo perfecto es la minería del carbón en España que, tras muchos años de dinero de todos los españoles invertido en ella, ha resultado un pozo sin fondo y sus defensores, se han visto obligados a dejar de considerarlo un problema económico para apelar a la solidaridad. No deja de ser curioso dada la ingente cantidad de dinero malgastado en ello que no muestren los mineros la misma solidaridad que reclaman.

¿Cómo puede, pues, el Estado ayudar a la creación de empleos más consolidados? Pues simplemente retirando las piedras del camino de inversores y empresarios. Retirando las cargas que pesan sobre sus hombros. No más. Es, por descontado, un camino que reporta menos votos, más lentos, pero también sin duda, más seguro porque no pervierte la percepción del estado de las cosas de quienes tienen como misión descubrir las oportunidades de éxito empresarial y apostar por ellas.

Y luego está la otra solución. La más intuitiva. ¿Y por qué no afianzar esos sectores en los que ya sabemos que somos buenos? ¿Por qué no fortalecer el turismo y las empresas productoras de bienes tanto de consumo interno como para exportación? Y, de nuevo, no se trata de subvenciones sino de permitir la innovación, la diversidad y facilitar la inversión.

Todos los argumentos que me encuentro de frente se refieren al horror en el que nos vamos a convertir si resultamos ser la California europea, y suelen ser defendidos por personas que nunca han estado en California.

Si el Estado se limitara simplemente a no empujar a los empresarios y a eliminar trabas para que las inversiones fluyan allá donde hay rentabilidad, tal vez nuestros gobernantes no serían aclamados a corto plazo, pero sí se aliviaría el problema del desempleo, y esa sería la medida más social de todas las medidas económicas.

Inmigración (XVIII): El sueño urbano en China

"Debido a que el estatus del "hukou" es hereditario por ley, la situación de subclase se traspasa de generación en generación. Este sistema parecido al de las castas es lo que ha hecho la historia del urbanismo en China tan compleja". Kam Wing Chan.

"Está la cuestión de cómo proteger lo que muchos consideran un derecho laboral básico del ciudadano: el de moverse y vivir donde el trabajo pueda encontrarse sin ser penalizado por el gobierno". Wang Su.

"Los trabajadores emigrantes se convertirán en residentes urbanos permanentes de una manera ordenada". Wen Jiabao.

"Si el gusto de la gente por la homogeneidad cultural justifica límites a la inmigración desde el extranjero, ¿podría ese mismo gusto por la homogeneidad cultural justificar también el bloqueo de ciertos tipos de migración interna hacia un barrio o ciudad que tenga a juicio de sus residentes actuales un nivel agradable de homogeneidad cultural?". Michael A. Clemens.

Según la ley fundamental de las migraciones, la corriente demográfica va de los territorios menos productivos a los más productivos. Por eso, las migraciones internas espontáneas casi siempre aparecen vinculadas a las ciudades (del campo a la ciudad o de la pequeña ciudad a la gran urbe). Tienen grandes semejanzas con las migraciones exteriores o interestatales.

El mundo está experimentando la mayor ola de crecimiento urbano de su historia. Hasta hace bien poco la población mundial vivía mayoritariamente en el campo o en poblaciones pequeñas. Esta tendencia empezó a cambiar a partir de la década de los 50. Desde 2012, por primera vez en su historia, más de la mitad de la humanidad está viviendo en ciudades (actualmente el porcentaje promedio es del 51%). Las ciudades generan más empleos e ingresos. Proporcionan agua y saneamiento fácilmente a sus habitantes debido a su proximidad. Pueden ofrecer educación, salud y muchos otros servicios de manera más eficiente que en zonas de menor densidad simplemente debido a sus ventajas de escala. Las urbes ofrecen un entorno más favorable que las áreas rurales para la resolución de problemas sociales, jurídicos o económicos y de hecho alivian la presión sobre los hábitats naturales.

Uno de los primeros supuestos que el economista Walter Bagehot expuso en sus Postulados de Economía política inglesa fue que el factor trabajo (junto al capital) circula, siempre que no haya trabas, de un empleo con menor retribución a otro con mayor retribución dentro de los límites de una nación. Por tanto, un indicador fiable del desarrollo de un país es el porcentaje de población que tiene viviendo en sus áreas urbanas. China tiene precisamente el mismo porcentaje que el promedio mundial (51%).

Los países bajo regímenes tiránicos en mayor o menor medida se caracterizan (hoy y ayer) por restringir tanto la emigración interna como la externa. Todo el aparato organizativo del Estado controla el movimiento de su población, en cualquiera de sus facetas. Esto es opresivo. Sólo la antigua Yugoslavia, un poco más abierta, permitía tímidamente viajes al exterior, aun así sus jerarcas achacaban al emigrante una presumible falta de sentido del socialismo.

En China el paralizante sistema hukou fue empleado desde, por lo menos, la dinastía Han como medio de control poblacional para el pago de impuestos y para impedir los libres flujos migratorios internos.

En 1958 el líder comunista Mao Zedong reintrodujo en la República Popular China de forma radical un sistema de registro familiar muy parecido al hukou tradicional por el que cada persona quedaba fijada como un clavo en su lugar de nacimiento. El movimiento de la gente trabajadora entre las zonas rurales y urbanas se sometía a férreo control administrativo. A partir de entonces, si una persona deseaba prosperar e irse a una ciudad, debía contar ineludiblemente con una muy restrictiva autorización gubernamental para poder residir en dicha urbe. Mao obligó a los campesinos a permanecer en sus lugares de residencia y le molestaba que la gente "deambulara por ahí de forma descontrolada". Si Stalin hizo lo mismo sólo con los ucranianos en los años treinta, el Gran Timonel chino lo hizo con toda su población.

Hasta 1976 la policía china blindó las ciudades y sus caminos e hizo redadas periódicas en las urbes para detectar a los "sin papeles" para ingresarlos en centros de detención y "repatriarlos" posteriormente a sus localidades de residencia permanente. Esto fue especialmente lacerante en los primeros años de aplicación del sistema hukou ya que tener el status de "rural" o "urbano" significaba ni más ni menos la diferencia entre vivir o morir durante las hambrunas masivas fruto del aberrante Gran Salto hacia Adelante en la que los campesinos fueron encajonados en granjas comunales y en las que se colectivizó incluso los utensilios privados de cocina. Se estima que más del 95% de los 36 millones de muertos por inanición durante los cuatro espantosos años que duró la gran hambruna derivada del desquiciado programa político eran portadores del hukou rural.

Tras las reformas económicas de 1978, China mutó de un socialismo de Estado a un capitalismo de Estado a lo largo del último tercio del siglo XX. Ante las fortísimas presiones migratorias que fueron surgiendo del interior hacia las ciudades costeras del este, se introdujeron tímidos cambios en las restricciones migratorias a la movilidad laboral en el interior del país. Sin embargo, dicho sistema hukou permanece hasta el día de hoy esencialmente intacto. En la práctica, hoy dichas restricciones a la movilidad laboral son repetidamente incumplidas y muchas personas obtienen extraoficialmente un trabajo en las ciudades sin el permiso válido de residencia urbana. Aquellos que emigran con el correspondiente permiso de trabajo y residencia son considerados población flotante (you min). Sin embargo, a lo largo de los años se ha ido formando una masa imponente de trabajadores ilegales en torno a las ciudades chinas. De los 700 millones de personas que habitan las ciudades se calcula que un tercio carecen de permiso. Son considerados de manera despectiva waidi ren (gente de fuera) o liu min (vagabundos).

Estos waidi ren o gente "foránea", discriminados por el mero lugar de nacimiento, tienen limitado su acceso al trabajo y a las diversas prestaciones sociales (educación primaria, acceso a las universidades, cobertura sanitaria o vivienda). Unos 230 millones de personas se han convertido en inmigrantes ilegales dentro de su propio país. Son los parias explotados por empresarios que se aprovechan de su vulnerabilidad tal y como sucede con la inmigración ilegal en otros países. Esta inmensa fuerza laboral china clandestina sin permiso de residencia en ciudades ha suministrado a la economía global ingentes cantidades de mercancías a muy bajos precios y ha permitido el despegue económico de China en los últimos treinta años. Sin el sistema hukou no existiría la China que hoy conocemos. Algunos afirman que es el arma más potente, secreta y sucia que poseen los gobernantes de dicho país.

Los "ciudadanos urbanos" (los equivalentes a los "nativos" de otros países) suelen señalar a los trabajadores indocumentados procedentes del campo como responsables del aumento de la criminalidad, del desempleo o de la contención de los salarios, por lo que suelen estar estigmatizados. Son partidarios de que el sistema restrictivo se mantenga porque temen que haya una avalancha de campesinos y que las infraestructuras y servicios ofrecidos por las urbes sufran tensiones insoportables. Todos estos temores son los mismos que los nativistas de otros lugares y les son familiares a los liberales contrarios a las fuertes restricciones a la inmigración que vulneran el derecho básico a la movilidad laboral de las personas.

Pese al conocido crecimiento poblacional en China, el sistema de registro hukou puede acabar jugando una mala pasada a las autoridades chinas: hay que tener en cuenta que existen ya evidencias de que la sociedad china envejece muy rápidamente y su crecimiento demográfico se estancará a partir de 2020. China va camino de convertirse en una paradoja inaudita para los demógrafos: un país con población mayoritariamente anciana antes de ser un país rico.

Es perentorio rebajar con anticipación y determinación los controles migratorios en el interior del país, así como suprimir la totalitaria política de hijo único en las ciudades. Sin embargo, debido a que el aparato del partido único y su inmensa burocracia tienen sus propios tiempos e inercias es difícil prever por el momento avances significativos al respecto.

Las actuaciones de los gobiernos chinos tienden a priorizar la llegada de trabajadores cualificados a las ciudades y a potenciar el flujo de los mismos hacia las ciudades del oeste, menos industrializadas. Este modelo de desarrollo cortoplacista no está dando sus frutos ni tampoco atajando en serio los graves problemas económicos y sociales que el paralizante sistema hukou genera en la sociedad china.

Según un estudio de Chan y Buckingham (2008), pese a que dicho sistema de restricción a la emigración laboral interna ha sufrido diversas reformas acumulativas desde los años 80, no han significado ni mucho menos su supresión sino más bien el traspaso de la responsabilidad de su gestión del gobierno central del país a las autoridades locales, lo que en muchos casos ha supuesto en realidad endurecer aún más las posibilidades de la migración de los campesinos a la ciudad. Según sus dirigentes locales, la fuerte demanda de servicios públicos para hacerse cargo de los nuevos llegados que supondría la liberalización de las reglas del hukou sería demasiado costosa para sus ciudades.

El registro hukou chino actual sigue siendo un importante impedimento al desarrollo económico del país. Es necesario flexibilizar mucho más dicho sistema y que las autoridades locales vendan a aquellos que deseen acceder a ellas permisos de residencia urbana temporal (no creo que haya ningún otro método más racional para poner orden al caos) sin arbitrariedades o discriminaciones por razón del origen, la cualificación del trabajador o cualquier otro criterio que pueda parir la mente de un político.

Estas reformas liberalizadoras serían una bendición para la sociedad china en su conjunto pero traerían no pocos sobresaltos para el desarrollo "armonioso" de tipo confuciano -tan caro a los planes de los jerarcas chinos- por lo que es de suponer que el cumplimiento del sueño urbano de muchos campesinos chinos tendrá aún que esperar.


Este comentario es parte de una serie acerca de los beneficios de la libertad de inmigración. Para una lectura completa de la serie, ver también I,  IIIIIIVVVIVIIVIIIIXXXIXIIXIIIXIVXVXVI y XVII.

Por otra década de libertad

En 2015, el Instituto Juan de Mariana cumple 10 años. Una década de continuada, comprometida e independiente defensa de la libertad frente a todos aquellos que han pretendido cercenarla, ya sea para meterse en nuestra cama o para arrebatarnos nuestra cartera. Frente a las comunas socialistas y a las comunas distributistas, el liberalismo promueve el ideal de una sociedad abierta donde convivan en recíproca tolerancia concepciones de la vida plurales y heterogéneas: vive y deja vivir (libertad), haz el amor y no la guerra (paz y ausencia de coacción), mi casa es mi castillo (propiedad).

Atendiendo, sin embargo, al estado de nuestra sociedad, parecería que en diez años hemos avanzado más bien poco o que, incluso, hemos retrocedido. Reaccionarios de izquierda y de derechas se han instalado en el gobierno o aspiran a hacerlo a corto plazo, garantizando una sostenida merma en nuestras libertades. ¿Acaso han caído en saco roto los millares de artículos, los centenares de conferencias o las decenas de intervenciones televisivas y radiofónicas de los miembros del Instituto Juan de Mariana a lo largo de estos últimos diez años? Sinceramente no lo creo: si el precio de la libertad es la vigilancia permanente, no nos queda otra que continuar vigilantes aun en medio de un continuado retroceso de nuestras libertades. Acaso en mayor medida cuando la coyuntura es especialmente adversa.

Por eso en 2015 seguiremos desplegando las actividades que han venido caracterizando al Instituto durante su primera década de existencia: nuestras charlas semanales, nuestros artículos diarios, nuestros seminarios de formación intensiva, nuestra Universidad de Verano, nuestra Cena de la Libertad, nuestro Congreso de Economía Austriaca, nuestra Feria de Libros liberales o nuestros informes de investigación. Continuaremos haciendo aquello por lo que nos hemos caracterizado durante una década y, en la medida de nuestras posibilidades, trataremos de hacerlo mejor.

Pero tras diez años de actividad probablemente no baste con un “más de lo mismo aunque mejor”. Los nuevos retos para nuestras libertades representan nuevas demandas que atender y el desarrollo de las nuevas tecnologías proporciona nuevas modalidades de oferta con las que atenderlas. Ya lo alertó Mises cuando nos exhortó a no ceder jamás ante el mal y a combatirlo con mayor audacia: audacia, astucia y perseverancia. Así, 2015 será un año de cambios y de novedades para el Instituto: cambios y novedades que esperamos sean de vuestro agrado y, sobre todo, que os proporcionen nuevas herramientas para librar la muy esencial batalla de las ideas, en particular durante esta etapa crepuscular para las libertades.

Mas, justamente por ello, este 2015 también necesitaremos de vuestro más activo y entusiasta apoyo. Pese a ser regados con decenas de millones de euros por las omnipotentes oligarquías globales e intergalácticas, el Instituto es un centro de pensamiento humilde y austero que sobrevive merced a las microaportaciones de sus varios centenares de comprometidos miembros. A todos ellos: muchas gracias por habernos permitido nacer y crecer durante estos diez años; sin vosotros no existiríamos. A todos los demás: gracias por visitarnos, por nutrirnos con vuestros comentarios y con vuestras críticas; ojalá este 2015, a la luz de las novedades que os presentaremos próximamente, os decidáis a ayudarnos para así contribuir a sostener y amplificar el escaso número de altavoces con los que hoy cuenta el liberalismo en nuestro país.

De ahí que, a pesar de las más que evidentes amenazas que se ciernen sobre nuestras sociedades, me gustaría brindar por un esperanzador 2015: brindemos por esta conclusa década de vida del Instituto en defensa de la libertad y brindemos, también, por esta incipiente nueva década de lucha infatigable por la libertad. Por todos vosotros: gracias por estar ahí durante estos diez años. Os emplazamos a que nos sigáis acompañando en los próximos diez. 

Obama en La Habana

"Al presidente Obama seguramente le gustaría pasar a la Historia como el político que derribó una de las más largas y penosas dictaduras de nuestro tiempo… Pero: ¿será capaz de hacerlo?".

Estos días se habla y se leen todo tipo de comentarios en torno a las declaraciones de Obama y Raúl Castro sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre sus respectivos países. Para algunos, es ya casi un hecho que se van a abrir las embajadas en La Habana y Washington; otros piensan que todo es una trampa más de la dictadura cubana, que ha engañado incluso al Papa Francisco; los más se alegran de que se abran procesos de diálogo, aunque lo miran con cautela… Yo me incluiría en este último grupo, reconociendo que apenas tengo otra información que la de la prensa y la radio (habría que bucear por todo ese fascinante mundo de la resistencia cubana en la Red, para escribir con verdadero conocimiento de causa). Así que reconozco acogerme a ese aforismo de que, en realidad, creemos que va a pasar lo que nos gustaría que ocurriese… pero nada más. Bueno: el tiempo dirá quién estuvo más acertado en sus análisis y predicciones.

Con todo, hay una cosa que me gustaría compartir con Uds. en torno a esta noticia: lo de un posible viaje de Barack Obama a la isla caribeña. No soy capaz de imaginarme al Presidente de los EEUU con una guayabera y dándoles un abrazo a los Castro… Pero sí pensaba que al señor Obama le gustaría pasar a la Historia como el político que derribó una de las más largas y penosas dictaduras marxistas. Escribía hace poco sobre el Muro de Berlín y los protagonistas de su caída: Kennedy ("Ich bin ein Berliner") y Reagan ("Tear down this Wall")… ¿oiremos una frase parecida sobre Cuba? De momento, me temo que no; aunque también es cierto que estos días le hemos escuchado al Presidente alguna respuesta más valerosa de lo normal a los desaires de esa otra insoportable dictadura de Corea del Norte.

¿Qué puedo escribir del embargo y su levantamiento? Desde luego, que es un asunto complicado que divide a los propios norteamericanos y a los cubanos en el Exilio. Se habla de esas dos generaciones (¡medio siglo de comunismo!) que ven las cosas de forma diferente. Además, detrás de esta decisión se esconden otras intenciones ocultas de tipo electoral: seguro que Obama no ha dejado de pensar en la forma de recoger votos para su partido. También se ha generado ese mismo debate en Europa: ahora discutimos sobre la "posición común" que logró imponer Aznar en Bruselas; ¿sigue vigente? En el propio Partido Popular español no tengo claro que tampoco haya unanimidades… (luego escribo algo sobre Rajoy).

Los partidarios de levantar el embargo sostienen que los mayores perjudicados son la gran mayoría del pueblo que malvive en Cuba. Aquí tienen razón: podemos estar seguros de que no afectaba a toda esa nomenklatura de gerifaltes y delatores al estilo soviético (y chino) que viven a lo grande en un hipócrita paraíso del proletariado… Ni parece que tampoco a los empresarios extranjeros, que hacen su agosto a costa de un turismo barato de sol y playa (a veces, también de sexo, algo de lo que por cierto se habla muy poco).

Por otra parte, copio lo que les escribía en esta web hace pocos días mi compañero de columna Pablo Martínez Bernal:

"Tras 54 años de embargo, era hora de probar algo distinto. Comentaba el director del Instituto, Juan Ramón Rallo, que "la libertad de movimientos de personas, mercancías y capitales enriquece a los pueblos. Por eso el embargo sobre Cuba es un error". Lo que está potencialmente encima de la mesa es poner fin al embargo, que no bloqueo, de Estados Unidos contra Cuba. Eso son muy buenas noticias para los cubanos".

Efectivamente, sabemos que la libertad de comercio suele ayudar a mejorar la situación de los derechos humanos y a que los pueblos progresen económicamente. Nada hay peor que un país opaco (para los de dentro, y para los de fuera). Sin embargo, a veces nos dejamos llevar por ese buenismo de lo que nos gustaría que pasara… Y olvidamos que hay gobiernos autoritarios y gobernantes corruptos, frente a los que solo cabe una respuesta enérgica y unánime. Sobre este punto sí tengo una opinión formada de algunas sugerencias: establecer un riguroso embargo sobre las cuentas bancarias de los gobernantes y funcionarios cubanos en los paraísos fiscales; ayudar siempre a los disidentes, cuando se viaje a Cuba o a Miami; controlar también a los empresarios extranjeros que hacen su agosto en la Isla gracias a concesiones gubernamentales; sostener económicamente la ayuda humanitaria de las iglesias y ONG no sospechosas de connivencia con el régimen (en general, lo mejor sería evitar cualquier ayuda económica que pase por las manos de sus gobernantes); impedir la presencia del castrismo en organismos internacionales; y siempre, denunciar cualquier atentado contra los derechos humanos: (¿es cierto que estos días la guarda costera cubana hundía una embarcación que trataba de huir del paraíso castrista?).

Les anunciaba un último párrafo sobre unas declaraciones de Mariano Rajoy; me acordaba de ellas al escribir ahora sobre la volatilidad de las posturas del PP en lo referente a Cuba. Y aunque no tienen demasiado que ver con este asunto, me permiten este pequeño desahogo contra la falta de determinación: eran a propósito de las medidas contra la corrupción que aprobaba el Gobierno el mes pasado. Me parece que fue entonces cuando escuché al Presidente quejarse de que, ciertamente, la posibilidad de equivocarnos y actuar mal forma parte de nuestra condición humana. Pero lo decía con muy poca esperanza: no se puede hacer nada… Yo pienso que sí: no sé si hacen falta más o menos Leyes; pero basta con que se cumplan; se persiga a los corruptos y no se tolere su presencia en los partidos (en este punto, la postura de la oposición es todavía más lamentable que la del gobierno). Y algo muy importante: creer en la educación. Es posible una regeneración moral de nuestra sociedad, si creemos que se puede educar a las personas en valores y virtudes. Cualquier opinión no es igual de válida: hemos pasado demasiados años renunciando a defender posturas firmes, porque suena mal. Así nos ha ido, por ejemplo, con el fiasco de la enseñanza en manos de los gobiernos nacionalistas: va a costar mucho esfuerzo recuperar esos valores de solidaridad nacional que han desaparecido de las escuelas. 

El año 2015

Durante los últimos tres meses de este 2014 que agoniza ya se ha jugado la suerte de lo que va a suceder durante el año que viene. Y, salvo que concurra algún tipo de cisne negro inusitado ajeno a las zonas calientes de conflicto geopolítico o económico del planeta, las cartas con las que España tiene que jugar la partida de la recuperación ya están sobre el tapiz.

Como cualquier gran crisis que el sistema económico moderno ha soportado durante los dos últimos siglos, la crisis actual ha tenido que lidiar con un problema de iliquidez sin parangón. Hasta el punto de secar el mercado interbancario y prácticamente bloquear las operaciones corporativas y la financiación durante trimestres.

España y la Unión Europea decidieron apostar al riesgo moral en 2012. Esto es, decidieron lavar los errores de descalce de una gran parte de los bancos con dinero del contribuyente. Solucionar los desajustes que estos errores habían generado en la economía productiva (y, sobre todo, en el mercado inmobiliario) pasándole la patata caliente al ciudadano. Esta arriesgada apuesta, que anula la posibilidad de aprendizaje de aquellas asociaciones que metieron la pata, nos ha llevado a la situación actual.

Y la situación actual española es la de un sistema financiero saneado gracias a los colchones que ha ido colocando la Hacienda pública, con una liquidez artificialmente infinita emanando de los bancos centrales y con una oferta inmobiliaria artificialmente reducida gracias al papel que ha jugado Sareb.

Sin embargo, una vez tomada la decisión políticamente sencilla (trasladar el coste al votante), toca ahora ejecutar la decisión compleja: el cambio de modelo productivo. Y esta decisión es la que se ha ido tomando, poco a poco, durante los últimos meses en los órganos de dirección de aquellos con facultad real de tomarla. Es decir, todos aquellos que tienen ahora la financiación necesaria para posibilitar el cambio.

Los bancos españoles, que precisamente tienen que jugar este papel, llevan en desempeñando una actitud binaria durante los últimos meses en lo que a financiación se refiere. Disfrutamos los mismos tipos en el mercado de deuda que en Alemania (hablo ahora de deuda privada) y nuestros bancos, al igual que los alemanes, no saben qué hacer con esta financiación. Y digo actitud binaria porque se topan con activos muy valiosos a los que claramente quieren prestar financiación y activos totalmente distressed a los que no se atreven a prestar. El problema es que estos valiosos activos no están acudiendo a la ventanilla bancaria (o simplemente acuden para refinanciar su deuda, alterando los términos y condiciones pero sin demandar crédito nuevo) mientras que los que sí acuden son aquellas empresas (y personas) que aún no han solucionado sus desajustes.

Ha sido el momento, por tanto, de adoptar una nueva posición estratégica en la financiación española bancaria. El modelo hipotecario, pese a la importante reducción del stock de vivienda y la recuperación esperada de volumen y precio, no es la palanca de crecimiento a futuro de las entidades financieras. Y no lo es no porque estemos ante el final del ladrillo en España. Si no porque es un modelo que no permite construir una fuente de ingresos sostenible ad aeternum. Y menos aún con el invierno demográfico que se aproxima.

Por todo, y como decíamos al principio, en los órganos de dirección de los grandes bancos se ha tomado la decisión de qué hacer con toda esa liquidez que no están logrando colocar y que tienen que colocar. Tienen que colocarla porque les penaliza tenerla en su balance de cara a Basilea III y si la quieren depositar en el BCE tienen que pagar unos tipos de interés negativos por los servicios.

¿Dónde va a dirigir la banca todo este exceso de recursos? Pues mientras siguen con su problema binomial parece que va dibujándose una tendencia a nivel operativo: la apuesta por el crédito al consumo y por la financiación a pequeñas y medianas empresas.

Por un lado, la financiación al crédito al consumo ha estado creciendo a tasas interanuales de dos dígitos durante todos los meses de 2014 (a excepción de agosto) según datos del Banco de España. Y es un dato especialmente relevante habida cuenta que no viene de una depresión anterior acuciante. Por ejemplo, la financiación de la vivienda a los hogares se ha disparado a tasas más elevadas que el crédito al consumo sin embargo venimos de una sequía.

Por contra, el mercado de crédito al consumo en España aún está por construir y diseñar. No se ha hundido porque no se ha podido hundir y la apuesta por el mismo desde los bancos es palpable (no hay más que ver los esfuerzos del Banco Santander por adquirir la financiera de El Corte Inglés, el giro estratégico de Banco Popular, las líneas de crédito a matrimonios de Bankinter o las líneas revolving de hasta 12.000€ de Bankia a menores de 30 años).

La otra pata sobre la que se construye el retorno de la financiación son los préstamos a pequeñas y medianas empresas. Volviendo a los datos del Banco de España, los préstamos de nominales inferiores a 1 M€ a PYMES han crecido a tasas superiores al 6% interanual durante 2014, cada mes. Intensificándose el crecimiento desde junio.

Parece, por tanto, que la orden que se ha ido trasladando a los comités de riesgos de los bancos españoles es la de apuntar al consumo y a las PYMES. Y, en concreto, a estas últimas con todo tipo de productos (factoring, cartas de crédito, líneas revolving de tipo RCF, pólizas, confirmings, deuda amortizable, deuda bullet, unitranche, etc.). En parte acuciados por el final del carry trade que disfrutaban por los bajos tipos del BCE frente a los altos tipos de la deuda pública de 2012 y del primer semestre de 2013 y en parte empujados por el cambio de paradigma de un modelo de bancarización español que pudo tocar su fin en 2012.

El cambio estratégico, que ha logrado que muchos bancos se construyan casi de cero una cuenta nueva de resultados, como se dice en el sector y cuyos paradigmas han sido Bankia y Banco Popular, ya ha empezado a ejecutarse. Y sólo nos queda por ver si la apuesta ha sido sensata y permitirá construir, también, una cuenta sostenible de pérdidas y ganancias a nivel macro. O si, por el contrario, volverá a generar un modelo insostenible adicto al crédito bancario. Alea iacta est.

Premios frente a chantajes

El binomio Mas-Junqueras, a lo suyo. Ambos se han auto-ungido de la función mesiánica consistente en conducir a Cataluña a la tierra prometida, una suerte de paraíso terrenal donde abundará la paz, la prosperidad y la ausencia de cadenas impuestas por los cerriles españoles.

En pleno siglo XXI, el nacionalismo separador sigue creyendo en utopías y apostando por ellas no sólo de manera retórica sino económica también. Mientras tanto, los problemas de la ciudadanía catalana, los mismos que tiene la española, no se resuelven, sino que aumentan.

La gravedad del asunto no debe pasar por alto las manipulaciones que del sistema democrático ha hecho este mesianismo de barretina. La más importante, la chapuza del 9 de noviembre, una mezcla entre lo absurdo y lo despótico. El rauxa borró de un plumazo el seny, nada nuevo por otro lado, pues las pataletas del nacionalismo catalán cada vez son más frecuentes en nuestro paisaje político.

De cara al corto y medio plazo, los escenarios y previsiones no son halagüeños. ¿Hacia unas elecciones (a las que se pondrán calificativos del tipo "plebiscitarias")? Es probable. Las terceras en cinco años, todo un récord que muestra a las claras el nulo respeto que el nacionalismo (en todas partes) tiene por la democracia: si sale en las urnas lo que exige, perfecto; en caso contrario, se hace una nueva llamada hasta que se obtenga el resultado deseado.

Se trata ésta, como decimos, de una característica distintiva de cualquier partido secesionista. A modo de ejemplo, en Escocia el Scottish National Party (SNP) perdió el referendo in-out del pasado 18 de septiembre, pese a lo cual, reivindica vías alternativas para la consecución de la independencia, al mismo tiempo que contradictoriamente habla de influir en Westminster tras las próximas elecciones de mayo. Paradójico, como sinónimo de surrealista, que una formación que perseguía la implosión de Reino Unido ahora se postule como su salvador.

En efecto, al nacionalismo le gusta decir de sí mismo que representa la centralidad, concepto tan polisémico como vacuo. Durante la década de los noventa, CIU también afirmaba simbolizar la centralidad gracias a la cual era el mejor representante de los intereses de Cataluña y la única fuerza capacitada para modernizar España. De nuevo el mesianismo en estado puro.

Mientras todo esto ocurre, la sociedad catalana contraria a la asfixia nacionalista se ha ido articulando, con pocos recursos pero con abundante imaginación y capacidad de movilización. Plataformas como Sociedad Civil Catalana es un buen ejemplo pero en el resto de España han surgido algunas otras, de corte igualmente transversal, como Libres e Iguales.

Ambas, asimismo, comparten un rasgo común y es que no gozan de la cobertura que merecerían, lo cual les resta opciones para ganar el combate de las ideas frente a aquellas otras, como la Asamblea Nacional de Cataluña o el Omnium Cultural, que hacen proselitismo de la causa de la independencia y que gracias al empleo de mantras como "el derecho a decidir" han logrado la simpatía de sectores excesivamente buenistas en el resto de España.

La pugna es desigual en cuanto a herramientas (y dinero procedente de las subvenciones). A pesar de todo ello, están empezando a recoger réditos, como por ejemplo el premio Ciudadano Europeo concedido (y no suficientemente ponderado/valorado) por el Parlamento Europeo a Sociedad Civil Catalana. Sin duda, un dato que alienta a la esperanza al mismo tiempo que pone de manifiesto que la UE no está por la ruptura de los Estados Nación que la integran.

Este último fenómeno tampoco debe subestimarse porque el nacionalismo reitera que la secesión no será obstáculo para que Cataluña siga formando de la UE. Una independencia a la carta. Lo dicho, la utopía llevada hasta sus extremos o hasta el delirio.

Respuestas de un economista austriaco a preguntas que nada tienen que ver con la economía

Hace un par de semanas, Francisco Capella (en adelante, el preguntante), conocido miembro de este instituto, dedicó un comentario a formular preguntas a economistas austriacos, supongo que con la "intención" de que se le respondiera. Hasta el momento de escribir estas líneas, nadie ha picado en ese cebo, así que como modestamente me considero economista austriaco, trataré de responder a aquellas de sus cuestiones que me parecen relevantes desde el punto de vista de teoría económica.

Porque una de las primeras cosas que hay que plantearse, y que quizá explique la ausencia de respuesta por parte de economistas austriacos a los interrogantes planteados, es hasta qué punto son relevantes las cuestiones para un economista. De hecho, creo que tal listado de preguntas se puede plantear por igual a un astrofísico, a un ingeniero de Minas o a un músico profesional.

Lo primero que debería entender el preguntante es hasta dónde llega el ámbito de la teoría económica. Los teóricos economistas nos conformamos con entender y explicar los fenómenos económicos: valor, precio, salario, tipo de interés… No es nuestra ambición explicar las conductas de los seres humanos, ni lo que les mueve a hacer una cosa u otra. Por ello, que la acción sea intencional es irrelevante para el economista, y corresponde al preguntante explicar de qué forma quedaría alterada la teoría económica si la acción fuera no intencional en vez de intencional. El preguntante asume que los economistas austriacos asumen que la acción humana es intencional, cuando tal asunción no es necesaria; así que es su asunción la errónea.

No me resisto a referirme a la preocupación del preguntante por los animales: hasta donde alcanzo, la evidencia empírica es abrumadora al respecto de la ausencia de fenómenos económicos visibles en el ámbito animal. Así que no sé muy bien que tendría que explicar la teoría económica al respecto.

En todo caso, hay una serie de preguntas que sí me parecen relevantes para la teoría económica, y a las que trataré de dar respuesta.

¿Los hechos de las ciencias sociales son exclusivamente lo que la gente cree o piensa? ¿Las ciencias sociales sólo tratan con el interior de la mente humana y no con hechos externos objetivos?

Como se ha dicho, la teoría económica trata de explicar los fenómenos económicos. Ello parte necesariamente de la observación de la realidad. El economista observa la existencia de precios o de salarios, o la quiebra de una empresa, y trata de explicarlos, para lo que utiliza y desarrolla la teoría económica. Por tanto, las ciencias sociales no tratan solo de lo que la gente cree o piensa, sino principalmente de hechos objetivos.

¿Cómo sabes que en el ámbito de la acción humana no hay constancias? ¿Es algo a priori o ex ante? ¿Es una afirmación apodíctica o hipotética? ¿Lo has observado o tal vez medido de algún modo? (…)

Como es sabido, la razón por la que no se puede aplicar el método científico en las ciencias sociales, en particular en la teoría económica, es que no se puede asumir la constancia en el tiempo de las relaciones entre las variables independientes y las explicativas. Por tanto, lo relevante no es si hay o no constancias en el ámbito de la acción humana; lo relevante es preguntarse si se puede asumir tal constancia.

El economista no discute la existencia o no de constancias, ni se lo plantea. Ahora bien, dado que el individuo es la causa única de los fenómenos económicos, y que las preferencias del individuo varían en el tiempo (como también afirma el preguntante en otra parte del cuestionario), no se puede asumir la constancia en las relaciones ni en las variables. Esto es todo lo que se necesita saber para descartar el método científico. El que dichas constancias puedan existir en algún caso específico, no habilita la viabilidad del método científico para el desarrollo de la teoría económica.

¿El conocimiento científico en economía no sirve para predecir nada en absoluto con ningún nivel de precisión y seguridad? ¿Y si los individuos son impredecibles individualmente pero predecibles estadísticamente? ¿Es lo mismo afirmar la no existencia de regularidades que reconocer que puede ser muy difícil conocer esas regularidades? ¿Hay constancias en otras ciencias humanas como la medicina? Si ciertas industrias, como la del seguro, utilizan de forma fiable estadísticas sobre cosas que a la gente le pasan, ¿no será posible emplear también datos estadísticos sobre lo que la gente hace? Cuanto más conozcamos de un individuo y sus circunstancias, ¿no podremos predecir y controlar mejor su conducta?

En primer lugar, el preguntante no debería confundir ciencias sociales con ciencias "humanas" o lo que considere que es la medicina. La medicina es una disciplina sujeta al método científico, en que se pueden asumir la constancia en las relaciones, aun admitiendo que éstas puedan ser complejas. La causa de la medicina no es la acción humana, sino más bien el cuerpo humano, que es esencialmente inanimado y cuyo funcionamiento responde a leyes físicas, químicas y biológicas, no económicas. Es por ello que las estadísticas constituyen una herramienta útil para esta disciplina, lo mismo que para la actividad del seguro. No creo que al preguntante haya que explicarle la diferencia entre sucesos de clase y sucesos singulares.

En todo caso, hay que insistir en que la explicación (y eventual predicción) del comportamiento del individuo no es el objeto de la teoría económica, cuyo ámbito es mucho más modesto y reducido: explicar los fenómenos económicos.

¿Puede predecir algo la teoría económica? Sí, pero con una asunción muy fuerte y que no se va a cumplir: que nada más cambie. Por eso, los teoremas económicos añaden la coletilla "que al contrario" o "ceteris paribus". Ni siquiera una reducción de precios asegura un incremento de la demanda, como bien saben y sufren muchos empresarios.

¿Eres consciente de que quizás en tu teoría praxeológica faltan las nociones de intensidad y relevancia? ¿Qué pasa si lo que dices es verdadero pero impreciso? ¿Y si se trata de verdades irrelevantes?

La crítica de la intensidad y la irrelevancia se puede extender a cualquier disciplina científica imaginable. Al respecto de la irrelevancia, es un concepto subjetivo: las nociones que son relevantes para una persona pueden ser completamente irrelevantes para otra. Este artículo y el cuestionario del preguntante son una prueba obvia de tal subjetividad. La mayor parte de las cuestiones que parecen relevantes al preguntante en el ámbito de la teoría económica, son irrelevantes desde mi punto de vista.

Las eternas discusiones teóricas sobre la viabilidad y legalidad de la banca de reserva fraccionaria en un mercado libre, que tan relevantes parecen a muchos miembros del IJM, resultan irrelevantes para la mayor parte de la sociedad, pero no por ello dejan de tener interés para el científico económico. No creo que a Newton le preocupará mucho el número de manzanas que iban a caer en el mundo cuando decidió investigar la razón por la que caía al suelo.

Así pues, el papel del teórico económico no consiste en preguntarse si sus teorías son relevantes o no, o con qué intensidad aplican en un momento dado. Lo único que pretende es, una vez más, explicar un fenómeno económico observado. Es más bien el historiador el que, a la hora de buscar las causas de algún suceso, deba analizar cuáles de las teorías económicas disponibles son relevantes para dicho suceso, y con qué intensidad le afectan.

Algo parecido ocurre con la investigación básica y la investigación aplicada, con las que asumo familiarizado al preguntante. La investigación básica busca respuestas verdaderas con independencia de que la cuestión sea relevante o no en otros ámbitos. Lógicamente, el científico que sistemáticamente se pregunte por aspectos irrelevantes para el resto de la sociedad, debería terminar sin trabajo (o, alternativamente, con una subvención de algún organismo público).

Y aquí lo voy a dejar. Confieso que las preguntas de mi querido Paco Capella, el preguntante, ni me han incomodado ni, desgraciadamente, me han sacado de mi zona de confort. Cuando empecé la lectura de su cuestionario, esperaba cuestiones verdaderamente incisivas, pero sobre todo relacionadas con el ámbito que interesa al economista austriaco. No he encontrado muchas, y la mayoría de ellas ya estaban resueltas.

Ahora bien, sigo sin saber "si las partículas fundamentales entienden a otras partículas fundamentales porque son partículas fundamentales", aunque también desconozco por qué Paco le pregunta esto a los economistas austriacos.

¡Felices Navidades y próspero año 2015 a todos!

Obama, los Castro y el fracaso del embargo

“El socialismo, para establecerse y prevalecer, necesita violencia en grandísimas dosis”.

J.I. Castillo.

Este pasado miércoles veíamos con asombro un anuncio histórico: Estados Unidos y Cuba anunciaban un acercamiento en sus relaciones diplomáticas. Obama, en un discurso televisado que probablemente quede grabado en la retina de muchos, afirmaba:

Hoy, Estados Unidos está tomando medidas históricas para trazar un nuevo rumbo en nuestras relaciones con Cuba y para confraternizar y empoderar al pueblo cubano. Estamos separados por 90 millas de mar, pero unidos gracias a las relaciones entre los dos millones de cubanos y cubano-americanos que viven en Estados Unidos con los 11 millones de cubanos que comparten una esperanza similar de llevar a Cuba a un futuro más prometedor. 

No podemos seguir haciendo lo mismo y esperar obtener un resultado diferente. Intentar empujar a Cuba al abismo no beneficia a Estados Unidos ni al pueblo cubano. Hemos aprendido por propia experiencia que es mejor fomentar y respaldar las reformas que imponer políticas que convierten a los países en estados fallidos. Hoy, al tomar estas medidas, hacemos un llamamiento a Cuba para que desencadene el potencial de 11 millones de cubanos poniendo punto final a las innecesarias restricciones impuestas en sus actividades políticas, sociales y económicas. Con ese mismo espíritu, no debemos permitir que las sanciones de EEUU impongan una carga aún mayor a los ciudadanos cubanos a los que estamos intentando ayudar.

Tras 54 años de embargo, era hora de probar algo distinto. Comentaba el director del Instituto, Juan Ramón Rallo, que “la libertad de movimientos de personas, mercancías y capitales enriquece a los pueblos. Por eso el embargo sobre Cuba es un error”. Lo que está potencialmente encima de la mesa es poner fin al embargo, que no bloqueo, de Estados Unidos contra Cuba. Eso son muy buenas noticias para los cubanos.

Una lectura distinta del anuncio de esta semana, que coincide con unas semanas negras para dos países enemigos de EEUU (Rusia y Venezuela), es que el régimen socialista cubano está claudicando poco a poco ante las virtudes del capitalismo. La debilidad de Venezuela, país del que estaba recibiendo más de $5.000 millones anuales, unido a más de medio siglo de socialismo han obligado a Raúl Castro a adoptar tímidas medidas que han otorgado cierta libertad económica a los cubanos en los últimos años. Aún queda muchísimo camino por recorrer en lo que a libertades económicas se refiere. Los cubanos tienen, como cualquier otro pueblo, todo el derecho del mundo a emprender y comerciar en libertad, sin injerencias estatales.

En donde tristemente no ha habido ningún avance es en lo que se refiere a libertades civiles o individuales. Los cubanos no gozan de una de las libertades más importantes y básicas en cualquier país que se denomine democrático: la libertad de expresión para decir en libertad lo que uno piensa sin temer represalias por expresar ideas propias. Como la Historia nos ha enseñado, libertad económica e individual siempre acaban yendo de la mano. Ojalá la previsible mejora en la libertad económica que el pueblo cubano experimentará tras el anuncio de esta semana haga que la libertad individual mejore significativamente. Con sesenta años de demora (más vale tarde que nunca) habría llegado la única revolución que merece la pena perseguir: la revolución de la libertad. 


Actualización: Agradezco a J.I. Castillo que me haya hecho una importante puntualización. Los que podrán comerciar y negociar de ahora en adelante con los EEUU es el gobierno cubano, no los ciudadanos cubanos. Por tanto, el comercio sólo beneficiará en principio a aquellos cubanos que el gobierno decida (la casta más cercana al régimen en principio). Ojalá el gobierno cubano permita a todos los cubanos comerciar con EEUU y no sólo a una élite minoritaria.