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Contra el reparto de España (II)

Soy de las personas que está completamente convencida de que los atentados indiscriminados del 11 de marzo de 2004 produjeron un gigantesco agujero negro en el funcionamiento de una sociedad diversa -y parecía que avanzada- como la española.

La invisibilidad de este asunto, materializada en la renuncia expresa de todo el estamento político, judicial y periodístico a realizar ningún tipo de pesquisa que esclarezca totalmente los hechos e identifique a los autores de aquellos delitos de lesa humanidad, deja cada vez más patente la indolencia de una sociedad incapaz de generar un número suficiente de individuos con la talla moral y las energías necesarias para exigir a los poderes públicos una investigación seria, aunque solo fuera por un instinto de supervivencia.

Lamentablemente la conspiración de silencio ante las mentiras propagadas en relación a este caso, para mayor gloria de los participantes, ha venido comprometiendo durante estos años la calificación de esta sociedad como libre. La “omertá” siguió al indudable éxito de la operación de intoxicación de la opinión pública, desatada al mismo tiempo que se enterraba a los 191 muertos y continuada hasta los remedos de sentencia dictados en el sumario principal.

Algo peor que la credulidad frente a los dispensadores de las peores ideologías o los detentadores del poder político se atisbaba en esa conformidad generalizada. Se trata de una predisposición a permanecer callado ante las mentiras más descaradas siempre que sean convenientes.

Unos síntomas tan inquietantes auguraban que las tragaderas y la inanidad de una masa crítica de la población española convertirían al país en un marco propicio para los experimentos políticos más disparatados sin ofrecer apenas resistencia.

A propósito del ascenso del socialismo a principios del siglo XX, rebatiendo la idea de que tuviera su origen en las clases populares, Hayek asegura en su ensayo “Los intelectuales y el Socialismo” (1949) que todos los países que lo abrazaron como movimiento político dominante habían sufrido previamente un largo periodo de tiempo en el que la ideología socialista había impregnado el pensamiento de los intelectuales más activos. Para el filósofo austríaco, la principal característica de estos intelectuales no radicaba en su originalidad como pensadores, académicos o expertos en un área determinada del conocimiento. Ni siquiera les resultaba necesario tener un conocimiento especial o particularmente inteligente para difundir ideas. Lo que les dispuso para su labor a partir del siglo XX fue la gama amplia de asuntos sobre los que podían opinar y una posición que les permitía conocer ideas nuevas antes que aquellos a quiénes se dirigían. Son estos intelectuales quiénes deciden a qué opiniones puede acceder el público y cuáles son los hechos importantes.

Piense usted ahora en los políticos, periodistas, profesores, conferenciantes, publicistas, comentaristas de radio y televisión, escritores, dibujantes, artistas y actores españoles que ha conocido por sus manifestaciones sobre cuestiones políticas y económicas en los últimos treinta años. Y, responda, más allá de las coyunturales escaramuzas entre los distintos clanes y capillitas de poder, a qué tipo de ideología obedecían sus intervenciones públicas. Recuerde, asimismo, la veces que ha escuchado la expresión “social” con el significado de socialista, o colectivo.

Salvando algunas distancias, como la dispersión de la propaganda por Internet en los últimos años, la situación que describía F.A Hayek con respecto a los principales países europeos a principios del siglo XX, resulta análoga a la ocurrida en España a finales de ese siglo y principios del XXI.

De esta manera, aunque quisiéramos creer que el apabullante dominio de todos esos intelectuales en los gobiernos españoles, los medios de comunicación y la enseñanza no arrastraría a grandes masas de la población a blandir el socialismo y el nacionalismo, nos equivocábamos. Los lideres del PSOE más pragmático de los años 80, que marcó al mismo tiempo su propia impronta de arbitrariedades y corrupción, urdió, sin embargo, el sistema de enseñanza y el esquema de medios de comunicación donde se fue preparando el terreno ideológico para versiones más extremistas de ese socialismo. La derecha española, ayuna de grandes ideas a pesar de algún intento encomiable, no hizo frente realmente a esa hegemonía cultural. Tan solo compró algunas voluntades con el dinero de los contribuyentes sin cuestionar los fundamentos de la ideoogía. Es más, algunas de las políticas del actual gobierno (como la tributaria) han destacado por su carácter profundamente socialista.

En estas condiciones arrumbaron la crisis y la recesión posterior que, además, dejaron al descubierto también las bases corruptas de un regímen que resulta incapaz de regenerarse si no es por la cooptación ¿Puede sorprender en estas circunstancias que una pandilla de politólogos espabilados que se presentan vírgenes (otra cuestión es que lo sean) quiénes han refundido los escombros del socialismo de siempre con las técnicas más habilidosas del marketing político moderno, irrumpan en la escena política con fuerza?

Me temo que en el mejor de los casos asistiremos a un reparto político que desembocará en un corrimiento de todos los partidos hacia un socialismo populista y pendenciero.

La mentalidad de la rapiña

"El Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo trata de vivir a costa de todos los demás".

Frédéric Bastiat.

Decía Thomas Hobbes, célebre paladín del Estado absolutista, que el estado natural del ser humano es el de una guerra interminable de todos contra todos. Para el filósofo inglés, el hombre es un lobo para el hombre, un ser infinitamente egoísta y desprovisto de sentimientos morales. En un hipotético estado natural nadie se esforzaría en producir nada de valor, sino que todos se centrarían en mejorar sus técnicas de rapiña y en apropiarse del escaso fruto del trabajo ajeno. El ser humano caería en un perpetuo y destructivo equilibrio en el que cada uno se dedicaría a depredar a todos los demás. ¿Cuál sería, según Hobbes, la única solución posible? Que todos los individuos, mediante un misterioso contrato social, entreguen sus derechos naturales a un soberano con poderes absolutos: el Leviatán, el Estado absolutista. Y todo arreglado.

En su monumental The Problem of Political Authority, el filósofo estadounidense Michael Huemer señala que la lógica de la depredación sería, en todo caso, justo la contraria. Hoy en día nadie duda de que un Estado como el absolutista o el totalitario es una monstruosa máquina de depredación. Pero es que incluso, como explica Huemer en detalle, el moderno Estado democrático tampoco es muy distinto. Todos los clásicos mecanismos de control del poder político, como las elecciones democráticas, la división de poderes o los límites constitucionales, permiten que funcione relativamente mejor, pero son mucho más débiles e ineficaces de lo que se suele pensar. No evitan que la maquinaria política saquee a los ciudadanos en beneficio tanto del político de turno como de los afines grupos de presión. Y es que si entregamos al Estado el poder para expoliar a los ciudadanos, ¿por qué iba a renunciar a utilizarlo en su propio interés?

No hace falta irse muy lejos para comprobar esta disfunción. En la actualidad España está sumida en la dinámica de la depredación, en una batalla de todos contra todos hecha posible por la intermediación de una gigantesca maquinaria estatal. No hay más que abrir el periódico por una página cualquiera, poner la tertulia televisiva que sea, para encontrarse con que destacan dos fenómenos de información política: casos de expolio pasados e ideas para expolios futuros. El primero a nadie escapa: el Gobierno de Rajoy, con Montoro a los mandos, saquea mediante impuestos a la ciudadanía con el propósito de alimentar la hipertrofiada estructura estatal y de sustentar a los lobbies que medran al calor del poder político. Lo mismo sucede, en mayor o menor medida, a todos los niveles del enorme aparato estatal. Y claro, cuanto mayor es dicho aparato estatal, cuanto mayor el poder discrecional en manos del político, mayores son las tentaciones y mayores las fugas del sistema, sean éstas a gastos inútiles, a actividades suntuarias o, directamente, a cuentas en Suiza.

Pero el segundo fenómeno antes mencionado es igualmente preocupante: en la sociedad ha calado una auténtica mentalidad de la rapiña. Las propuestas que una gran parte de la ciudadanía sugieren para salir del agujero en el que nuestras autoridades nos han metido pasan por aumentar la depredación, por recrudecer el expolio del dinero ajeno, por incrementar el tamaño del Estado y el poder del que gozan los políticos. El programa de Podemos, una enumeración de ideas que siguen la vieja fórmula de "quitar a Pedro para dar a Pablo", no es sino un reflejo extremo de esta dañina mentalidad social. Pero ésta ni se circunscribe al partido de Pablo Iglesias, ni a un estrato específico de la sociedad. Es algo transversal.

El español, saqueado y empobrecido, tiene todo el derecho del mundo a cabrearse con su cleptómana clase política. Pero eso no implica que cualquier alternativa que suene atractiva sea un avance en la buena dirección. ¿Es la solución a los problemas de España más Estado, más poder político, más discrecionalidad? Al contrario: la solución pasa por reducir el poder del que gozan los políticos. Hay que reducir el tamaño de la maquinaria estatal y devolver al ciudadano el poder de decisión sobre sus vidas. Nuestros esfuerzos no han de orientarse a vivir, por medio del Estado, a costa de los demás, sino en trabajar por ofrecer más y mejores bienes y servicios a la sociedad. Para ello no necesitamos ni el socialismo de Podemos ni el corporativismo del PP. Necesitamos, simplemente, que no nos saqueen.

¿Acabará Google España en la Quebrada de Galt?

“¿Quién es John Galt?”. Quizás esa sea algún día la pregunta que se hagan Cebrián, Lara, el conde de Godó, Enríquez (presidente de AEDE y consejero delegado de Vocento) o Fernández-Galiano (presidente de Unidad Editorial).

La reacción de los editores de periódicos de papel españoles ante el anuncio del cierre de Google News en España (además de la desaparición de cualquier medio de este país en el mismo servicio del gigante de Internet en el resto del mundo) parece sacada de La Rebelión de Atlas. De hecho, ha sido así desde el momento mismo en el que pusieron sus ojos en el agregador de noticias más utilizado. Las compañías del viejo periodismo se han comportado ante la empresa norteamericana como esos malos empresarios que en la novela de Rand buscan en todo momento apoyo del poder político ante el nuevo y magnífico metal producido por Readen Steel.

Es cierto que en la novela lo primero que hacen los representantes de las empresas anticuadas protegidas desde el poder es intentar prohibir que el producto salga al mercado. En el caso de Google News es diferente. En este caso, los editores de prensa lo recibieron con actitudes que oscilaban entre la indiferencia y el interés por algo que les podría proporcionar visitas. Pero ya la segunda y la tercera etapa sí parecen sacadas del libro protagonizado por Dagny Taggart, ‘Hank’ Readen y John Galt.

Pero de repente las cosas cambiaron. La dura crisis general se unió a los propios errores de gestión y un modelo de negocio anticuado por parte de las empresas periodísticas tradicionales. Pusieron entonces sus ojos en una compañía que estaba revolucionando el sector de la información ofreciendo al público lo que quería. Y reclamaron al Estado que les entregara una parte del pastel. Y si en La Rebelión de Atlas los empresarios anticuados del acero logran que el Gobierno obligue por ley a Readen Steel entregarles parte de su magnífico y revolucionario metal, en España lograron que impusiera la denominada ‘tasa Google’ o ‘canon AEDE’.

Quisieron ir, eso sí, más allá que en otros países. En Alemania la normativa permitió que las publicaciones digitales que quisieran pudieran renunciar a cobrarlo, y Google movió pieza. Sacó de su servicio de noticias a aquellos periódicos que querían pasar por caja y mantuvo a las que renunciaron a hacerlo. El descalabro fue tal para los primeros, debido a la gran cantidad de visitas perdidas, que la mayor parte de ellos terminó sumándose al segundo grupo. Para evitar que esto ocurriera, la Asociación de Editores de Periódicos Españoles (AEDE) logró que el Ejecutivo no permitiera que se renunciara al cobro (puesto que muchos digitales y algunos de papel con edición en Internet tenían muy claro que lo iban a hacer).

El precio fue alto, tanto como entregar a Rajoy y Sáenz de Santamaría la cabeza de tres directores de periódico incómodos para el Gobierno (el más importante de ellos era Pedro J. Ramírez). Sin embargo, esos viejos empresarios que recurrían a los favores políticos consideraron que merecía la pena. Fuimos muchos los que advertimos de que existía el riesgo evidente de matar la gallina de los huevos de oro, que Google News cerrara en España. Y finalmente, la compañía de Internet lo ha hecho.

Es en este momento en el que AEDE y sus asociados se han asustado, viendo el descalabro que puede suponer para ellos perder los lectores que llegaban a sus páginas a través del agregador de Google (el daño que esto hace al resto de medios presentes en Internet, nativos digitales o no, no les importa). Y han reaccionado. Pero no lo han hecho dando marcha atrás y proponiendo el fin de la ‘tasa Google’. En absoluto. Han vuelto a actuar como los malos empresarios acereros de La rebelión de Atlas. Si estos presionaron, y lograron, que el Gobierno prohibiera a Readen cerrar su compañía, para poder seguir saqueándole, los editores de prensa españoles reclaman al Ejecutivo y a la Unión Europea que intervengan para impedir el cierre de Google News. No quieren renunciar ni a las visitas ni al dinero que les tendría que entregar el gigante de Internet. Y para ello no les importa exigir que el poder político impida a una empresa privada ejercer su autonomía y dejar de ofrecer un servicio que ya no le compensa.

Como sigan por este camino, pueden terminar logrando que Google desaparezca del mercado de Internet español. Cabe preguntarse si la filial de esa empresa en nuestro país terminará en una Quebrada de Galt digital.

Nathan Branden, 1930-2014

Ha muerto recientemente Nathan Branden. Tenía 84 años, y el parkinson que sufría le produjo un último deterioro. Pocas veces la fama de una persona de debe tanto a su relación con otra persona. En su caso, claro está, se trata de su relación con la novelista y filósofa Ayn Rand.

Leyó El manantial cuando tenía 14 años. Hace de esto 70. Rand no había iniciado la escritura de La rebelión de Atlas cuando Nathaniel empezó a cartearse con ella, y empezaron a trabar una amistad muy fructífera. De la mano de Nathaniel se adhirieron al círculo de Rand Weidman Barbara y su primo Leonard Peinkoff. La relación entre ellos es tan cercana que deciden moverse juntos de Los Ángeles a Nueva York cuando Barbara va a completar su grado en filosofía en la NYU. Ya en la gran manzana, él se cambia el nombre por Nathan Branden, con cuyas letras se puede formar el sintagma ben Rand, “hijo de Rand” en hebreo. En Nueva York se casa con Bárbara, en una ceremonia en la que Ayn Rand y su marido, el actor Frank O’Connor, hacen de padrinos.

La poderosa filosofía de Ayn Rand cubre la relación del individuo con la realidad, con otros individuos y con el conjunto de la sociedad, por lo que comprende varios aspectos del hombre. Tiene perfiles morales muy acusados, lo que unido a su carácter idealista y redentor también lo hace atractivo. Y tiene la complejidad suficiente como para suponer un reto, sin resultar un esfuerzo insuperable o desesperante. No es de extrañar que se convirtiese en un culto. El objetivismo ofrece al neófito un sistema de pensamiento armado y coherente que es capaz de dar respuestas sobre la ética, la economía, las artes, la moral… Rand era manantial de ese nuevo saber que Branden canalizaba de forma eficaz.

Los Branden ampliaban el círculo en torno a Rand, que explicaba sus ideas sobre la filosofía mientras compartía con sus alucinados discípulos los fragmentos de su nueva novela, a medida que ella los escribía. Nathan Branden se convirtió en un empresario de las ideas de su maestra. Creó las Lecciones de Nathaniel Branden, luego convertido en el Instituto Nathaniel Branden, y más tarde The Objectivist Newsletter y la revista The Objectivist. Él hizo lo que Ayn Rand no habría podido: una labor de proselitismo que convirtió la pequeña secta randiana en un movimiento. Eran ideas rompedoras, y Branden logró que se infiltrasen por las universidades.

El propio Branden participaba de ese carácter sectario que imponía la personalidad de Rand, como cuando acusó a Murray N. Rothbard de plagiar a Rand en su gran ensayo The mantle of science, y le sometió a un juicio in absentia ante un tribunal randiano. En un estilo muy soviético, Nathan condenaba a los herejes achacándoles vicios psicológicos que explicarían su desviación ideológica.

Nathan y Barbara Branden reconocieron y repudiaron con los años los alucinados extremos del culto a Ayn Rand, pero no llevaron ese repudio a las ideas que recibieron de ellas y contribuyeron a extender.

Es conocido que en 1954 Nathan y Ayn convocaron a sus respectivos cónyuges para exponerles que habían iniciado una relación sentimental entre ellos. Esta actitud era plenamente coherente con la forma de pensar de la autora de origen ruso, pues para ella el amor pasa por la conquista de aquella persona que encarna los valores con los que te identificas. Y, pese a que había 24 años de diferencia entre ambos, para cada uno de ellos el otro era esa persona. También es conocido que en 1968 Nathan dejó a Ayn Rand por otra mujer que podría encajar menos en ese patrón randiano, pero que era una modelo muy guapa y mucho más joven. Y en una reacción que queda lejos de los estrictos estándares racionales y morales que ella predicaba, identificó esa preferencia por Patricia Wynard como una traición a su persona y, en consecuencia, a sus ideas. Y se produjo el objeticisma, la expulsión del Lucifer Branden del reino del randismo. Natham, no obstante, siguió por su cuenta, y no dejó que estas diferencias echaran al traste lo que, en el fondo, era también su pensamiento y el fruto de su trabajo.

Ayn Rand desprecia lo que llama ideas de segunda mano, ese conocimiento compartido, heredado y no racionalizado que nos permite, sencillamente, vivir. “Revisa tus premisas”, era el dictum preferido de Rand, que contiene la pretensión de que todo conocimiento es susceptible de ser juzgado por una razón independiente y clara.

Branden hizo de la autoestima el principal tema de su pensamiento en psicología. Siguiendo la estructura de pensamiento de Rand, Branden vio la autoestima como un logro de la razón, y que consiste en seguir la vida según los propios valores. La genética es una realidad incómoda en este entender al hombre como un ser puramente racional, y que debe utilizar esa facultad, pura, libre de interferencias, para limpiar el pensamiento de prejuicios y alcanzar la verdad. Una verdad que, por otro lado, ya ha expuesto la propia Rand.

Branden no se salió ni de la grandeza y ni del desenfoque de Ayn Rand. Por ejemplo, al hablar de las relaciones personales, dijo: “Bajo el capitalismo, los hombres son libres de elegir sus lazos sociales. Lo que quiere decir que pueden elegir con quién se asocian. Los hombres no están atrapados en la prisión de su familia, tribu, casta, clase o vecindad. Pueden elegir a quién valoran, con quién quieren mantener una amistad, con quién tratan, y qué tipo de relación establecen. Esto implica y exige la responsabilidad de los hombres de formarse juicios independientes. Implica y exige, también, que un hombre tiene que ganarse las relaciones sociales que desea”.

Es decir, que echa por la borda los lazos sociales preexistentes, convenidos, heredados, reales. Cree que es propio del capitalismo su sustitución por cálculos racionales de seres randianológicos. No es que no haya mucho de cierto en eso, pues en una sociedad libre cualquier individuo tiene el derecho de saltarse esta u otra convención, para elegir otro camino, por más que ese otro sea muy probablemente otra convención. Pero hay mucho más, muchísimo más, de falso. Pues las personas son políticas en el sentido que le dio Aristóteles, pertenecientes a una polis, o una comunidad. Y su persona se llena del conjunto de saberes y usos que la caracterizan. Hay una gran contradicción en erigirse en defensor de una civilización y proclamar que se puede disolver sin más que pasarse la vida revisando premisas.

Con todo, creo que debemos este recuerdo a Nathan Branden. Dice de él Brian Doherty en Radicals for capitalism, una expresión por cierto de Ayn Rand: “La segunda carrera de Rand como filósofa y activista habría sido improbable si no hubiera conocido y entablado amistad con un joven admirador llamado Nathan Blumenthal y la mujer que luego sería su esposa, Barbara Weidman”. Nathan llevó al objetivismo “de una cuestión de interés meramente literaria al eje de un movimiento filosófico y político”. Y por esa vía ha contribuido al ideal de libertad.

La futura Ley de Enjuiciamiento criminal: más legislación liberticida

En 1790 se proclamó, en la Francia revolucionaria la inviolabilidad de las comunicaciones: “Le secret des lettres est inviolable”. A España llegó casi un siglo después, en 1869 y tras la Revolución Gloriosa. En aquellos días, el Gobierno Provisional promulgó la que sería la primera Constitución democrática de nuestra historia. Heredera de la tradición isabelina y liberal –en el sentido más decimonónico de la palabra– fue efímera en su vida útil, pero dejó sentadas las bases de una serie de preceptos que se han ido transmitiendo a los textos constitucionales que la han sucedido. Fue así mismo, el primer texto constitucional español que refrendó el secreto de las comunicaciones. En su artículo séptimo, expone:

En ningún caso podrá detenerse ni abrirse por la Autoridad Gobernativa la correspondencia confiada al correo, ni tampoco detenerse la telegráfica. Pero en virtud de auto de Juez competente podrá detenerse una y otra correspondencia, y también abrirse en presencia del procesado la que se le dijera por el correo.

En términos similares aunque con ligeras variaciones se mantuvieron las constituciones de 1876 y 1931, así como el Fuero de los Españoles, una de las Leyes Fundamentales durante el Gobierno del General Franco. Del mismo modo, nuestra actual Constitución de 1978, expone en su artículo 18, apartado tercero:

Se garantizará el secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial.

Queda claro que es imperativo constitucional, a la vez que no resulta novedad histórica, el que se garantice de forma taxativa el secreto de las comunicaciones, al mismo tiempo que de ser necesaria su intervención, se llevará a cabo con la debida resolución judicial, que se emitirá examinados los hechos y con total certeza de que será la medida más correcta y menos gravosa para averiguar lo que fuere necesario.

En 1882, durante la vigencia de la arriba citada Constitución de 1876, se promulgó la Ley de Enjuiciamiento Criminal, buscando desarrollar legislativamente el secreto de la correspondencia. En su redacción original, el artículo 579 nos dice en sus apartados 1º a 3º:

Podrá el juez acordar la detención de la correspondencia privada, postal y telegráfica que el procesado remitiere o recibiere y su apertura y examen, si hubiere indicios de obtener por estos medios el descubrimiento o la comprobación de algún hecho o circunstancia importante de la causa.

Asimismo, el juez podrá acordar, en resolución motivada, la intervención de las comunicaciones telefónicas del procesado, si hubiere indicios de obtener por estos medios el descubrimiento o la comprobación de algún hecho o circunstancia importante de la causa.

De igual forma, el juez podrá acordar, en resolución motivada, por un plazo de hasta tres meses, prorrogable por iguales períodos, la observación de las comunicaciones postales, telegráficas o telefónicas de las personas sobre las que existan indicios de responsabilidad criminal, así como de las comunicaciones de las que se sirvan para la realización de sus fines delictivos.

Hasta aquí, la redacción original de 1882. El texto legislativo desarrolla el precepto constitucional, salvaguardando el interés protegido y especificando desde el punto de vista procesal cómo se debe proceder. Sin embargo, en 1988 se introdujo un cuarto apartado al artículo 579, que nos dice:

En caso de urgencia, cuando las investigaciones se realicen para la averiguación de delitos relacionados con la actuación de bandas armadas o elementos terroristas o rebeldes, la medida prevista en el número 3 de este artículo podrá ordenarla el Ministro del Interior o, en su defecto, el Director de la Seguridad del Estado, comunicándolo inmediatamente por escrito motivado al juez competente, quien, también de forma motivada, revocará o confirmará tal resolución en un plazo máximo de setenta y dos horas desde que fue ordenada la observación.

Como vemos, el hecho de que la inviolabilidad de las comunicaciones sólo se pueda ver comprometida por la actividad fehaciente del Juez, se ve parcialmente quebrado. Desde este momento, el Ejecutivo puede disponer de la privacidad de cualquier sospechoso. La redacción, que podría parecer peligrosa, no lo es tanto, pues como dice el propio texto se debe comunicar inmediatamente por escrito motivado al juez competente. Sin embargo, nos surge la duda de que, si se va a comunicar inmediatamente, y entendiendo que al vulnerarse derechos constitucionales el Juez responderá a la mayor brevedad posible, ¿era necesario vulnerar la intimidad del sospechoso? ¿No se habría conseguido una orden del propio Juez, motivando la urgencia, de forma rápida y se habría salvaguardado el derecho fundamental del sospechoso? ¿Quién es el Ministro del Interior –una autoridad política– para violar la correspondencia de nadie?

No es este el extremo que pretendemos analizar, pues no seremos los primeros que nos hagamos estas preguntas, ni los últimos que nos quedemos sin respuestas. La doctrina procesalista –más docta en estas materias que el que escribe– se ha manifestado en gran medida en contra de la redacción de este artículo. Sin ánimo de ser exahustivo, cabe señalar que el Profesor Rodríguez Ramos afirmó respecto de esta redacción que “la nueva regulación legal que, por ambigua, excesivamente parca y contradictoria merece ser calificada de excrecencia legislativa – sino de excremento- más que de ley…”[i]. Así mismo, el Tribunal Supremo (por citar una, la STS 12/3/2004, que reafirma que el Ejecutivo no puede intervenir las comunicaciones sin autorización judicial) ha tenido varios pronunciamientos en contra de la redacción del artículo. Hasta el extremo de que el propio Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a España en el caso Prado Bugallo contra España (18/2/2003), declarando que el artículo en cuestión no cumple con las previsiones legales respecto de las precauciones de observar por parte del Juez, la efectividad de las transcripciones, la duración de las escuchas y de las medidas, o el hecho de comunicar intactas y completas las grabaciones, así como no expresa un numerus clausus de delitos que precisarían la toma de esta medida. En suma, no se respetan las exigencias derivadas del principio de legalidad.

Por todo lo anteriormente expuesto, queda claro que no es una novedad en nuestros textos constitucionales el asegurar el secreto de las comunicaciones, que sólo podrá ser violado por motivos estrictamente necesarios, y tras la preceptiva autorización del Juez. Así mismo, queda en evidencia la deficiente y limitada redacción del texto actual de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, el cual no garantiza los derechos fundamentales de los investigados.

Todo este antecedente previo viene a colación por las recientes noticias sobre el tema. Tras la sesión celebrada el pasado viernes 5 de diciembre del año en curso, se anunció que el Consejo de Ministrios había aprobado un proyecto de reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que entre otras cuestiones de lo más variopinto, altera –aún más– el régimen de escuchas y rastreos, contenido en el artículo que acabamos de comentar.

Por si fuera poco con la ambigua y dudosa redacción existente, la cual rompe la separación de poderes –ninguna novedad en nuestro ordenamiento– al permitir al ejecutivo tomar decisiones que corresponden al Poder Judicial, el anteproyecto viene a ahondar en la herida.

La propuesta de nueva redacción del artículo 579 es prácticamente similar en contenido en sus apartados 1º y 2º. Como era de recibo, señala en el apartado 2º el plazo de 3 meses para la intervención de las comunicaciones. Sin embargo queda un poco vacío de contenido cuando dice que será “prorrogable por iguales períodos“, lo que a fin de cuentas viene a significar lo mismo que antes de la propuesta de reforma.

El punto interesante llega en el apartado cuarto. Acostumbrados como estamos a la redacción que permite a la Policía o Guardia Civil hacer escuchas o intervenir las comunicaciones de terroristas o bandas, llama poderosamente la atención el enunciado de: “u otros delitos que, en virtud de las circunstancias del caso, puedan ser considerados de especial gravedad“. ¿Qué son delitos de especial gravedad? ¿Cuáles son las circunstancias del caso? ¿No podría adjuntarse una enumeración? Un paso más en la arbitrariedad que se concede al Ejecutivo para intervenir cuando vea oportuno el contenido de las comunicaciones de cualquier ciudadano, siempre que juicio del funcionario de turno, parezca que el delito investigado es de “especial gravedad”.

Además, encontramos líneas más adelante que al igual que en el texto actual, se encarga la toma de esta medida el Ministro del Interior o al Secretario de Estado de Seguridad. En dicha redacción en vigor, se ha de comunicar inmediatamente a la autoridad judicial. En la nueva se dice: “comunicándolo inmediatamente y, en todo caso, dentro del plazo máximo de 24 horas“. ¿Cómo se comunica inmediatamente y, en todo caso, en 24 horas? Inmediatamente es en el momento, máxime con la facilidad de transmisión de información entre los cuerpos de seguridad y los jueces que existe hoy día. ¿Cómo debemos interpretar esta afirmación? ¿Se debe comunicar inmediatamente, o por el contrario se tiene un plazo máximo de 24 horas? ¿Podrán los funcionarios del Ministerio de Justicia intervenir las comunicaciones de cualquier “sospechoso” durante 24 horas, para después comunicarlo al Juez? En suma, la nueva redacción parece dejar más dudas que su predecesora, y entregar aún más poder a quienes constitucionalmente están vetados de la toma de decisión en estos términos. Este tema ha ocupado unas pocas noticias en la prensa, y pasará desapercibida. No existe conciencia de lo graves que pueden llegar a ser para las libertades individuales las legislaciones estatistas que nos asisten, y que nos van cooptando más y más cada día. Desde el Ministerio de Justicia se ha dicho que todos estos puntos encontrados se irán puliendo a lo largo del proceso restante. Deberán recabar informes del Consejo General del Poder Judicial, el Consejo de Estado y Consejo Fiscal, para llegar a las Cortes –que también lo discutirán– sobre el mes de febrero. Pero es de suponer que para un Gobierno con mayoría absoluta, no supondrá ningún problema aprobar este texto.

Por si no fuera suficiente con la redacción del artículo desde 1988, la actual parece ser aún peor y más peligrosa si cabe para los derechos fundamentales. Cuando se vive en sociedad, se puede llegar a entender –no es el caso del que escribe– que se limiten las libertades en casos concretos para proteger los derechos de terceros y de los ciudadanos en su conjunto. Siempre y cuando esto se haga en casos estrictamente tasados y sabidos –certeza de la Ley– y que dichas limitaciones se lleven a cabo tras un escrupuloso y exhaustivo estudio, que lleve al Juez competente –es decir, al tercer poder y sólo a él– a tomar la medida, que deberá ser lo más ajustada posible. No debemos tolerar que sea el Ejecutivo –un órgano político– quien pueda siquiera decidir sobre estos extremos. La democracia debe “diseñar instituciones que impidan incluso a los malos gobernantes hacer demasiado daño”[ii]. No podemos dejar en manos de los gobiernos ni un ápice de acceso a nuestros derechos fundamentales, ni que vulneren por redacción legislativa lo que las constituciones reconocen.

Resulta paradójico que la legislación más liberticida y peligrosa para la intimidad y privacidad de las comunicaciones entre ciudadanos, y por extensión de su libertad, no se redactase ni en el Siglo XIX ni en el XX, sino en el año 2014.



[i] RODRÍGUEZ RAMOS, L. “Intervenciones Telefónicas en La Prueba en el Proceso Penal“. CGPJ, 1992.

[ii] POPPER, K. “Conjectures and Refutations: The Growth of Scientific Knowledge“. 1963

Institucionalismo. Ciudadanos frente a las ideologías o religiones de lo político.

A lo largo del siglo XX y, también, a comienzos del siglo XXI, se ha podido comprobar cómo las utopías ignoran la importancia fundamental de las instituciones (morales, jurídicas y políticas) que son responsables de la acción humana en libertad y, por tanto, influyen de un modo determinante sobre los millones de interacciones y intercambios que se producen en el orden del mercado, espontáneo y abierto.

Las utopías conducen hacia la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo o en el intervencionismo, porque coaccionan la libertad de interactuar de los seres humanos en el orden de mercado y desvían el poder y el dinero hacia las oligarquías "extractivas" y "destructivas" que secuestran el orden político en favor de sus redes clientelares. 

1. Instituciones morales, jurídicas y políticas determinantes del orden de mercado

El orden de mercado emerge siempre con mayor intensidad allí donde existe mayor libertad de acción humana por medio de los derechos de propiedad y los acuerdos y contratos libremente consentidos. Éstas instituciones impulsan el ejercicio de la acción humana que, en el ámbito económico, es equivalente al ejercicio de la función empresarial con procesos permanentes de innovación y coordinación que generan (y, a su vez, son generados por) la eficiencia dinámica en Economía.

Sin embargo, el orden de mercado no se puede ejercer en el vacío institucional, dado que la acción de los seres humanos se ejerce buscando la eficiencia dinámica pero, siempre, se quiera o no, con la influencia de las ideas y de las relaciones humanas que se establecen en el seno de otros órdenes en los ámbitos religioso, moral, jurídico y político que son espontáneos pero, frecuentemente, menos abiertos que el orden económico o de mercado.

Es decir, el orden de mercado sólo puede impulsarse en un territorio cuando existen instituciones que conforman un marco institucional que proporciona la triple seguridad vital (exterior, interior y jurídica) a las personas que habitan un territorio y, por tanto, a las interacciones e intercambios que tienen lugar entre los seres humanos. El orden político o del «ejercicio del poder» sobre un territorio existe siempre y es eminentemente oligárquico, condicionando notablemente el ejercicio de la acción humana y, por tanto, de la función empresarial que caracteriza el orden de mercado.

La ley de hierro de la oligarquía es universal de forma que aplica siempre sobre cualquier época y lugar, por lo que históricamente puede observarse cómo el orden político es ejercido sobre un territorio con instituciones políticas más cerradas o más abiertas a la sociedad civil en función del arraigo entre las élites de la población de las instituciones morales y jurídicas que distinguen el marco institucional de cada país, de modo que podemos encontrarnos:

a) Proceso de Evolución Institucional. Cuando las instituciones políticas son liberadas y/o gestionadas por líderes "inclusivos" de todos los ciudadanos y "integradores" de todas las regiones, se produce un proceso de evolución institucional hacia una sociedad civilizada, abierta y libre. En estos casos, el orden de mercado actúa con niveles máximos de libertad. 

b) Proceso de Involución Institucional. Cuando las instituciones políticas quedan secuestradas por oligarquías "extractivas" de los recursos y "destructivas" del propio orden político en sus intentos por maximizar el dinero y el poder "guiando" un territorio, se produce un proceso de involución institucional hacia una sociedad tribal o colectivista, cerrada, coactiva y violenta. En estos casos, disminuye la libertad de las personas que interactúan en el orden de mercado, debido a la intervención política.

En los procesos de involución institucional, los ciudadanos quedan atrapados en lo que hemos denominado una jaula de hierro de la oligarquía, construida entorno al aumento constante del tamaño del Estado y la invasión por la política de todos los ámbitos de decisión del individuo. Se multiplican los casos de corrupción y, sistemáticamente, el orden de mercado es regulado e intervenido en favor de las redes clientelares de la casta política, actuando el aparato estatal en beneficio de las oligarquías que controlan las instituciones.

Como consecuencia de ello, liberarse de la jaula de hierro de la oligarquía es una cuestión clave para que los ciudadanos puedan actuar con libertad en el orden de mercado y mejoren su riqueza pero, más allá de los principios del crecimiento económico, para que los ciudadanos puedan vivir en una sociedad civilizada, abierta y libre.

2. Institucionalismo

Al igual que ocurrió en la Gran Depresión del 1929, debido a la profundidad de la crisis económica y financiera de la Gran Recesión del 2007, estamos en un momento pre-revolucionario donde se está produciendo un cambio "estético" en la percepción por los ciudadanos del orden político porque se está desvelando la naturaleza luciferina y la podredumbre moral de la casta política en el perverso juego con el que construyen sobre la población la mencionada jaula de hierro de la oligarquía. En su base, se trata de una crisis moral, jurídica y política que tiene repercusiones económicas y financieras y que permite observar los efectos perversos del socialismo o, de su versión posmoderna, el intervencionismo.

Por ello, quizás ha llegado pues el momento de superar las ideologías o religiones de la política que, desde la revolución francesa de 1789, sirven como dogma a las oligarquías, guían hacia el cientifismo constructivista, incrementan el tamaño del Estado y, sistemáticamente, intervienen sobre la libertad en la acción humana y, por tanto, conducen hacia la imposibilidad de cálculo económico a medio y largo plazo, buscando utopías alejadas de la realidad.

En el contexto del actual deterioro institucional, es especialmente importante promover el institucionalismo en el sentido de superar las ideologías que sirven a los intereses de los políticos "intervencionistas de todos los partidos" y fijarse en las instituciones (Why Nations Fail) para que los ciudadanos identifiquen y elijan democráticamente aquellos líderes que actúan con honestidad, honradez y decencia para conseguir, paso a paso, escalonadamente, la regeneración moral, jurídica, política y, por ende, económica de un país.

El institucionalismo se centra en el análisis económico del derecho, la elección pública, la acción humana y la función empresarial en el seno de un marco institucional para dotar a un país de instituciones democráticas sólidas y fuertes.

Entendiendo por instituciones democráticas sólidas y fuertes aquellas que dotan un Estado de Derecho, digno de tal nombre, en donde, entre otras instituciones jurídicas, existen el cumplimiento de la ley [1], la separación de poderes [2], la independencia judicial [3], la tutela judicial efectiva [4], las garantías procesales [5], el referéndum obligatorio [6] en las decisiones trascendentales para el futuro de un país, la elección libre y directa de representantes [7]… porque son instituciones fundamentales que permiten que los ciudadanos deshagan la jaula de hierro de la oligarquía mediante la limitación, la persecución y las sentencias ejemplarizantes sobre los delitos de las oligarquías "extractivas" y "destructivas".

Éstas instituciones democráticas sólidas y fuertes se basan en instituciones o valores morales, fijos e inmutables como, entre otros, el derecho a la vida, la libertad, la propiedad y la igualdad de trato ante la ley, que no pueden ser relativizados y coaccionados por los intervencionistas de todos los partidos: los tradicionales del "consenso social-demócrata" o los nuevos de la demagogia totalitaria (comunista, fascista, nacional-socialista, nacional-separatista…).

3. Evolución de las instituciones

El institucionalismo se basa en la teoría de la evolución institucional de los países que explica cómo los ciudadanos de bien deben aprender a identificar y elegir para los cargos públicos a los líderes inclusivos e integradores que se caracterizan por actuar con valores morales como la honradez, la honestidad y la decencia y por impulsar un proceso de triple regeneración institucional (o proceso «3R»):

1) Recuperación de los valores o, si se prefiere, de las instituciones morales entre una mayoría de ciudadanos de bien que constituyen la base del crecimiento económico pero que, también, son la base del arraigo de una sociedad civilizada, abierta y libre.

2) Regeneración de la democracia o, si se prefiere, de las instituciones jurídicas que permiten que arraigue un Estado de Derecho, digno de tal nombre, que garantiza la triple seguridad (exterior, interior y jurídica) y permite que los ciudadanos con valores elijan en elecciones democráticas, libres y directas, a los lídereslíderes "inclusivos" de todos los ciudadanos e "integradores" de todas las regiones para:

a) Reformar el marco jurídico para luchar contra la corrupción de la casta política.

b) Profundizar en la democracia para poner límites a las oligarquías: organización territorial racional, separación de Poderes, Independencia Judicial, Elecciones por circunscripciones uninominales…

c) Maximizar la libertad en el país para que arraiguen los principios del crecimiento económico: protección de los derechos de propiedad y de la función empresarial, unicidad de mercado, desregulación de mercados intervenidos…

3) Reducción del tamaño del Estadoo, si se prefiere, reducción de las instituciones políticas para que arraiguen los principios de una sociedad civilizada, abierta y libre (vida, familia, libertad…) y, consecuentemente, también los principios del crecimiento económico (propiedad, unicidad de mercado, desregulación de mercados intervenidos, función empresarial…). Sin este último proceso, los políticos involucionan el marco institucional, coaccionando los derechos y las libertades individuales de los ciudadanos. 

El institucionalismo debe ser entendido como un concepto "desideologizado" que no distingue entre posiciones de derechas o de izquierdas, pero que sí diferencia claramente entre las oligarquías "extractivas" y "destructivas" y los líderes "inclusivos" e "integradores" que se distinguen por promover el arraigo de un marco institucional que sea "inclusivo" de todos los ciudadanos e "integrador" de todas las regiones, que es lo que caracteriza el orden extenso, complejo y abierto de colaboración humana que denominamos sociedad civilizada.

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El uso de las matemáticas en la ciencia económica

Los economistas austriacos han sido muy recelosos del uso del lenguaje matemático en la ciencia económica, dada la influencia de Menger, que no utilizó matemáticas en su análisis marginal, y sobre todo, de Mises, quien rechaza firmemente su utilización. Y es que ya desde sus orígenes, el fundador de la Escuela Austriaca, Carl Menger, se cuidó de señalar que la ventaja del lenguaje verbal es que puede recoger la esencia (das Wesen) de los fenómenos económicos, cosa que no permite efectuar el lenguaje matemático. En efecto, en una carta de 1884 que escribió a Walras, Menger se preguntaba: "¿Cómo se podrá alcanzar el conocimiento de la esencia, por ejemplo, del valor, de la renta de la tierra, del beneficio empresarial, de la división del trabajo, del bimetalismo, etc., mediante métodos matemáticos?"

Las dificultades que presenta el uso del análisis matemático en la ciencia económica son varios. Para los economistas austriacos, las matemáticas sólo pueden utilizarse en los modelos neoclásicos de equilibrio sumándose a ello los modelos de competencia perfecta e imperfecta. Y es que el formalismo matemático es especialmente adecuado para recoger los estados de equilibrio que estudian los economistas neoclásicos, pero no permite incorporar la realidad subjetiva del tiempo ni mucho menos la creatividad empresarial, que son características esenciales del discurso analítico de los austriacos (Huerta de Soto). Así, por ejemplo, el propio Pareto se pone en evidencia y delata este grave inconveniente del formalismo matemático cuando reconoce que todo su enfoque se efectúa de espaldas al verdadero protagonista del proceso social (el ser humano) y que, a efectos de su análisis de economía matemática, "el individuo puede desaparecer, siempre y cuando nos deje una fotografía de sus gustos". Hans Meyer resume las insuficiencias del formalismo matemático: "In essence there is an immanent, more or less disguised, fiction at the heart of mathematical equilibrium theories: that is, they bind together in simultaneous equations, non-simultaneous magnitudes operative in genetic-causal sequence as if these existed together at the same time. A state of affairs is synchronized in the ‘static’ approach, whereas in reality we are dealing with a process. But one simply cannot consider a generative process ‘statically’ as a state of rest, without eliminating precisely that which makes it what it is."

Para los economistas austriacos el uso del formalismo matemático consiste en un lenguaje simbólico que se ha venido construyendo a instancias de las exigencias del mundo de las ciencias naturales, de la ingeniería y de la lógica, en todos los cuales el tiempo subjetivo y la creatividad empresarial brillan por su ausencia, por lo que tiende a ignorar las características más esenciales de la naturaleza del ser humano, que es el protagonista de los procesos sociales que los economistas deberían estudiar. En palabras de Mises: "La matemática descripción de diversos estados de equilibrio constituye simple juego; o que interesa es el examen y la comprensión del proceso de mercado […] en lo referente a la economía matemática, la cosa es distinta. Las ecuaciones y fórmulas que ésta maneja limítanse a describir estados de equilibrio e inacción. Mientras no abandonan el terreno matemático, dichos investigadores nada pueden decirnos acerca de la génesis de tales situaciones y de cómo las mismas pueden evolucionar y dar lugar a distintos planteamientos. Por lo que atañe a la economía matemática, el reclamar una teoría dinámica está, pues, plenamente justificado. La economía matemática, sin embargo, carece de medios para satisfacer tal exigencia. Los problemas que el análisis del proceso de mercado suscita, es decir, os únicos problemas económicos que de verdad importan, resultan imposibles de abordar por medios matemáticos. La introducción de parámetros temporales en las correspondientes ecuaciones de nada sirve. Ni siquiera se rozan con ellos las deficiencias fundamentales del método matemático. El proclamar que todo cambio requiere siempre cierto lapso de tiempo y que la mutación implica secuencia temporal no es más que otro modo de decir que, donde hay rigidez e inmutabilidad absoluta, el factor tiempo desaparece. El defecto principal de la economía matemática no estriba en ignorar la sucesión temporal, sino en que vuelve la espalda al funcionamiento del proceso de mercado." Así mismo, el uso de las matemáticas está íntimamente relacionado y lleva a la utilización del método hipotético-deductivo, es decir, una metodología empírica fuertemente rechazada por Mises.

Finalmente, como señala Zanotti, "sería imposible matematizar la utilidad marginal tal cual la escuela austríaca la concibe, donde los fines prioritarios serían establecidos en una escala valorativa expresada en números ordinales y no en cardinales, lo cual no permite sumar ni restar las unidades marginales. En la medida en que la marginalidad así concebida sea una premisa general del análisis económico austríaco, el uso de las matemáticas presentará dificultades en cuanto a su posibilidad de aplicación".

No puedo respirar

Eric Garner era un negro de cuarenta y tantos años, bastante alto, con algo de sobrepeso y que para sacarse algo de dinero se dedicaba a vender illegal cigarrites; o lo que es lo mismo: vendía tabaco sin cumplir con la normativa que el Estado impone a esta mercancía.

Ya le habían detenido bastantes veces por ello, y al parecer por delitos igual de graves, tal como conducir sin carnet o estar en posesión de marihuana.

Hace unos meses este señor fue sorprendido de nuevo por la policía vendiendo tabaco en frente de una tienda en Nueva York. No tengo claro si la policía le intentó detener por ello o fue a raíz de la discusión que se entabló entre ellos por este motivo. El hecho es cuando le intentan esposar Eric se resiste y uno de los policías le intenta reducir utilizando una llave de judo, que seguramente unida a su sobrepeso y el asma que padecía le terminó produciendo la muerte.

Hace unos días un Gran Jurado decidió que el caso no merecía ir a juicio y, por tanto, que el policía no había cometido ningún delito al realizar la detección de vendedor de tabaco.

Hasta aquí lo hechos tal como los he podido recoger de los diferentes medios que han tratado la noticia, casi todos ellos de la forma más superficial y amarillista posible. Por suerte a las noticias les acompaña un vídeo donde cada uno puede sacar sus propias conclusiones sobre la actuación de la policía.

Por lo que he podido ver en las redes sociales, y dadas las numerosas manifestaciones que se han producido en Estado Unidos, la opinión general es que el policía se extralimitó y tenía que haber respondido ante un tribunal de la decisión de reducir a este señor del modo en que lo hizo. De hecho el lema de las manifestaciones hacen referencia a las últimas palabras que el vendedor de cigarrillos pronunció antes de morir: "I can’t breathe".

A mí también me parece que utilizar la técnica del estrangulamiento en un caso como este, donde el detenido estaba empleando una resistencia más bien simbólica, es totalmente desproporcionado y que obedece más al impulso del policía de utilizar una técnica contundente, al ver que la persona le supera en tamaño por bastante, que a que sintiera en algún momento que su seguridad, o la de sus compañeros, estaba en peligro.

En lo que no estoy de acuerdo es responsabilizar únicamente al policía de todo este embrollo. El policía detiene a este señor porque una ley impedía vender tabaco tal como lo estaba haciendo. Una vez que pones a una persona en la ilegalidad por algo tan absurdo como vender una mercancía, no puedes responsabilizar simplemente al que realiza la detención si algo va mal.

A Enric Garner nadie le tendría que haber detenido ese día, ni le tendrían que haber detenido en otras muchas ocasiones (provocándole la animadversión que se ve claramente en el vídeo contra los agentes). Este señor no era un delincuente, ni tendría que haber tenido ningún problema con la policía si no fuera porque la sociedad le puso fuera de la legalidad con leyes absurdas, que no quiso, o no estuvo en disposición de cumplir.

Fruto de la esquizofrenia de la sociedad se creó un hashtag en Twitter (#crimingwhilewhite) donde personas blancas reconocían haber cometido delitos similares sin que la policía los detuviera. Al parecer esto demuestra que el problema en Estado Unidos es el racismo de la policía, y no que se considere delito algo que claramente no lo debería ser, ya que es confesado en público por sus autores sin que ocurra nada.

Pues aunque aceptáramos que la policía aplica las leyes a rajatabla en el caso de los negros, mientras no lo hace en el caso de los blancos, no haríamos más que reconocer que al permitir al gobierno que establezca prohibiciones sobre comportamientos que no perjudican a nadie (delitos sin víctima), lo que estamos haciendo es proporcionar un arma muy poderosa a quienes ostentan el poder para discriminar a una parte de la sociedad sobre otra.

Por supuesto nada de esto es debatido en ninguna parte y todo volverá a quedar en un asunto racial. Se seguirá legislando con nuevas leyes antitabaco, y sobre otras drogas, para que ciertas elites puedean dormir mejor pensando que todos vamos a respirar aire cada vez más limpio y vamos a ser más sanos, aunque sea a costa de que más personas tengan que ser reducidas a la fuerza y dejen de respirar.

Cuestiones para economistas austriacos

¿Acción humana es sinónimo de acción intencional? ¿Crees que acción debe significar acción intencional? ¿El ser humano sólo actúa intencionalmente? ¿No tiene reacciones o hábitos no intencionales, sin propósito deliberado, sin planificación? ¿Cómo de importante es la acción intencional en comparación con la no intencional? Si la acción intencional tiene resultados accidentales no previstos o no deseados, ¿cómo de importantes son estos en comparación con los objetivos previstos conseguidos?

¿Crees que lo no intencional es aleatorio? ¿La conducta no intencional no implica algún tipo de procesamiento de información y toma de decisiones? ¿No consume recursos escasos que podrían ser asignados a otras acciones? ¿No tiene costes y riesgos? ¿No tiene consecuencias o resultados en el mundo real? ¿No será que no estudias la acción no intencional porque no sabes cómo hacerlo o porque por algún motivo la desprecias? ¿Estudias la acción intencional como único modelo de la acción humana porque la comprendes fácilmente, igual que quien busca las llaves donde hay luz en lugar de hacerlo donde se han perdido? ¿Es fácil distinguir y clasificar una acción concreta como intencional o no intencional?

¿Sólo actúa el ser humano? ¿Crees que llamando conducta o comportamiento a lo que hacen los animales estás haciendo una distinción relevante? ¿Son sinónimos acción, conducta, comportamiento? ¿Sólo el ser humano actúa intencionalmente? ¿Ningún animal tiene conducta intencional? ¿Los animales no eligen? ¿Cuánto sabes, por estudio o por observación personal, de la conducta animal? ¿Por qué limitar el análisis económico al ser humano y a las acciones intencionales, con propósitos y planes? ¿No hay economía de los seres vivos no humanos? ¿Los organismos no actúan, y sus acciones no tienen consecuencias, costes y riesgos?

¿Todo lo que sabes sobre las preferencias es que son subjetivas? ¿Quizás también que son relativas y dinámicas? ¿Por qué existen las preferencias o valoraciones, de dónde vienen, por qué son las que son y no otras? ¿Son arbitrarias o aleatorias? ¿Son todas igualmente dependientes del sujeto y cambiantes? ¿Lo único interesante para el economista es saber que las preferencias se utilizan para elegir qué hacer? ¿No hay acciones que no sólo se basan en preferencias sino que tienen como objetivo construir o modificar preferencias? ¿La psicología y la economía son ciencias mutuamente excluyentes?

¿Crees que la naturaleza humana queda descrita de forma correcta y completa con la idea de acción intencional? ¿No hay otros rasgos importantes característicos de los seres humanos que los diferencian de otras entidades?

¿Es la intencionalidad una especie de misterio sobrenatural inexplicable? ¿Viola la intencionalidad las leyes de la física porque el futuro causa el presente? ¿Es posible explicar la intencionalidad mediante conceptos de física, biología, cibernética, cognición, psicología y evolución? ¿Son compatibles la intencionalidad y el determinismo? ¿Qué es y cómo funciona el libre albedrío? ¿Sabes qué es y qué implican el determinismo y el indeterminismo? ¿No te interesa investigar y conocer cómo funciona la máquina que realiza las tareas de pensamiento, valoración, elección, planificación, toma de decisiones? ¿Por qué, al hablar de ciencias naturales, algunos pensadores parecen referirse exclusivamente a la física y tal vez a otras ciencias de la naturaleza inerte? ¿No saben que existe la biología?

¿Te gustan las teorías o esquemas de pensamiento en las cuales puedes tener certezas absolutas, o al menos una gran sensación de seguridad? ¿Te incomodan los matices, las dudas, los problemas, los límites de la teoría, la posibilidad de equivocarte? ¿Prefieres decir cosas verdaderas aunque sean muy genéricas y poco concretas y aplicables? ¿Crees que sólo pensando, sin observar ni manipular el mundo, puedes conocer mucho acerca de la realidad? ¿Cuánto? ¿Eres consciente de que quizás en tu teoría praxeológica faltan las nociones de intensidad y relevancia? ¿Qué pasa si lo que dices es verdadero pero impreciso? ¿Y si se trata de verdades irrelevantes?

¿Crees que los seres humanos comprenden cómo actúan los seres humanos porque son seres humanos? ¿Entonces las partículas fundamentales entienden a otras partículas fundamentales porque son partículas fundamentales?

¿Es posible e interesante estudiar científicamente los errores y limitaciones de la acción y la toma de decisiones?

¿Puedes proporcionar alguna cita, referencia o pensador donde se afirme que la intencionalidad o la teleología no existen o no son aplicables a nada? ¿Te conformas con asumir como axioma que existe la acción intencional y te sientes orgulloso de poder demostrarlo lógicamente recurriendo a contradicciones performativas? ¿Intentas interpretar cualquier acción como intencional y si no encaja simplemente la ignoras?

¿Los hechos de las ciencias sociales son exclusivamente lo que la gente cree o piensa? ¿Las ciencias sociales sólo tratan con el interior de la mente humana y no con hechos externos objetivos?

¿Tu rechazo de las matemáticas en la economía tiene algo que ver con que seas de letras y no sepas matemáticas y te sientas incómodo con los números, las fórmulas y las estadísticas? ¿O es un mantra que repites como señal de identificación y pertenencia a un grupo? ¿Conoces los modelos matemáticos que criticas?

¿Tus ideas sobre economía pueden estar distorsionadas por tu ideología política o moral?

¿Cómo sabes que en el ámbito de la acción humana no hay constancias? ¿Es algo a priori o ex ante? ¿Es una afirmación apodíctica o hipotética? ¿Lo has observado o tal vez medido de algún modo? ¿Cómo de importantes, intensos o rápidos son los cambios? ¿Y si las desviaciones de la constancia son tan pequeñas que pueden despreciarse, al menos en una primera aproximación? ¿Estás seguro de que los eventos históricos son esencialmente irrepetibles, de modo que todos sus detalles son relevantes y la historia no puede utilizarse para apoyar o refutar ninguna teoría económica?

¿El conocimiento científico en economía no sirve para predecir nada en absoluto con ningún nivel de precisión y seguridad? ¿Y si los individuos son impredecibles individualmente pero predecibles estadísticamente? ¿Es lo mismo afirmar la no existencia de regularidades que reconocer que puede ser muy difícil conocer esas regularidades? ¿Hay constancias en otras ciencias humanas como la medicina? Si ciertas industrias, como la del seguro, utilizan de forma fiable estadísticas sobre cosas que a la gente le pasan, ¿no será posible emplear también datos estadísticos sobre lo que la gente hace? Cuanto más conozcamos de un individuo y sus circunstancias, ¿no podremos predecir y controlar mejor su conducta?

¿Sólo los individuos escogen y actúan? ¿Qué es un individuo? ¿Dónde y cuándo empieza y acaba un individuo? ¿La noción de individualidad quiere decir indivisibilidad? ¿El ser humano es indivisible? ¿El cerebro, como órgano director de la acción y encargado del procesamiento de la información y de la toma de decisiones, no tiene partes? ¿Y si el cerebro es en realidad un colectivo complejo, una sociedad de agentes que cooperan y compiten de forma parcialmente coordinada? Si una sociedad de agentes como el cerebro humano puede considerarse como un individuo con propósitos, planes, intereses, pensamientos, creencias, preferencias, ¿qué características pueden o deben tener otros colectivos para considerarse como unidades de acción, es decir agentes?

¿Sólo hay procesos de coordinación en las sociedades y mercados humanos? ¿No en los colectivos animales? Si es posible explicar fenómenos de la sociedad humana y el mercado a partir de acciones individuales, ¿no será también posible explicar al individuo a partir de sus constituyentes, su organización interna y sus interacciones con el entorno?

¿Son todos los seres humanos creativos, innovadores, empresariales? ¿Cómo es de importante la innovación en comparación con la copia, la imitación y la repetición? ¿Es el emprendedor un héroe, un personaje épico?

El espacio de posibilidades de la cultura es gigantesco, pero ¿son todas las diferencias entre ideas igualmente relevantes?

¿Crees que las palabras tienen significados claros, precisos, objetivos, y que reflejan esencias conceptuales inmutables? ¿Entiendes el lenguaje, su evolución y sus limitaciones?

¿Mencionas a menudo la evolución y la complejidad pero en realidad no sabes muy bien en qué consisten?

¿Sabes diferenciar una necesidad de una posibilidad? ¿Te conformas con decir que las cosas son seguras, imposibles o posibles, o intentas estimar probabilidades?

¿La lógica es solamente deducir teoremas a partir de axiomas o tiene también que vez con la consistencia, la coherencia, la no contradicción?

¿Sólo defiendes tus ideas e intentas confirmarlas o las criticas y atacas para comprobar su solidez y consistencia?

¿Estas preguntas te incomodan? ¿Te refuerzan en tus creencias y prejuicios? ¿O tal vez te incitan a salir de tu zona de confort, cuestionarlo todo, corregir errores y aprender algo nuevo?

La nueva libertad económica de Xi

Hablar de la nueva China es hablar de Xi Jinping. Mientras Occidente sigue de cerca los pasos del gigante amarillo, sus avances económicos, la evolución de sus datos no sin cierto temor, y su sorprendente modernización, el presidente de China se reúne con la cúpula del Politburó, el Comité Central del Partido Comunista chino. Qué enorme contraste. La modernización económica de un lado y la institución política más rancia de otro. ¿Y para qué? Para hablar de futuro y de libertad. Abróchense los cinturones.

La paz del Pacífico

En la última reunión de la alianza de cooperación económica de Asia-Pacífico (APEC) ya se habló de libre comercio y de reforzar tratados, uniones, intercambios. Hay que recordar que Estados Unidos es, desde el año 2005, el principal impulsor del TPP (Trans Pacific Partnership), una alianza de países muy relevantes de la orilla del Pacífico, y que excluye notablemente a China, mientras que incluye a Australia, Brunei Darussalam, Canada, Chile, Japón, Malasia, Méjico, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Vietnam y Estados Unidos, por supuesto. Mientras tanto, China apoya un tratado comercial Asia-Pacífico más omnicomprensivo, el Free Trade Area of the Asia Pacific (FTAAP), en el que China, obviamente, tendría un papel muy relevante y Rusia también.

Los intentos no siempre velados de Estados Unidos de seguir ostentando el papel de “pacificador del Pacífico” que se ganó a pulso tras los dos conflictos armados mundiales del siglo pasado chocan en esta suerte de “guerra de titanes” con la emergencia del liderazgo chino, acelerado e impulsado en parte por la crisis del 2007 y las recesiones nacionales posteriores a la misma, aún en vía de ser superadas.

Para países como Méjico, Chile o el mismo Estados Unidos, con Europa de capa caída, digan lo que digan nuestros líderes locales en plena campaña electoral, el libre comercio en la zona del pacífico supone una manera de aliviar la tendencia negativa de los mercados, y dar salida a su potencial. De esta manera, se podría compensar la incertidumbre que aún invade el panorama en el Viejo Continente.

Pero ¿cuál es el caballo ganador? ¿Es mejor una alianza con China o sin China pero con Japón? Como siempre, el foco principal apunta a la protagonista de todas las batallas económicos: la confianza.

La libertad “con características chinas”

Igual que se preguntaba el grupo estadounidense Supertramp en su álbum de 1975, Crisis, what crisis? Me pregunto de qué libertad habla Xi Jinping ante la cúpula del único partido político admitido en China, el comunista, con el historial de atentados a la libertad individual, social, económica, política, civil y de todos los tipos imaginables con que cuenta.

No hay que olvidar que para las autoridades chinas los derechos humanos y la libertad están por debajo de los “Cuatro Puntos Cardinales” que incluyen el camino socialista, la dictadura democrática del pueblo (¿suena a PODEMOS?), el liderazgo del Partido Comunista de China, y el pensamiento de Mao y el marxismo-leninismo. Y todo lo que respete esos principios es libremente admitido. ¡Menuda libertad!

Así que cuando leo las declaraciones de Xi Jinping ante la cúpula de su partido hablar de reforzar el libre comercio, de impulsar el liderazgo de China en la economía mundial y de la necesidad de tener más presencia internacional “para inyectar más elementos chinos en las normas internacionales” se me hiela la sangre. Las políticas intervencionistas japonesas son juegos de niños comparado con lo que Xi puede hacer, tanto para abrir como para cerrar la economía china. Y esa es la diferencia: la arbitrariedad.

La interdependencia con China

Mientras que en Chile, México, Estados Unidos o Japón, podemos esperar que un mal presidente arruine la economía, todos asumimos que hay unos frenos, funcionen estos mejor o peor, a la locura política. Por el contrario, China vive en un sistema político en el que la arbitrariedad es la norma, es decir, la regla es que se pueden cambiar las reglas lo radicalmente que se quiera en mitad del juego. Y no pasa nada.

El dilema es ¿qué es mejor para el equilibrio político-económico mundial? ¿Los tratados internacionales pueden servir como freno al todopoderoso Partido Comunista Chino? ¿O, por el contrario, estos tratados suponen un peligro para los países occidentales porque implica hacer depender sus economías de un socio no muy fiable?

Porque, más allá del beneficio económico inmediato, por más que la libertad económica china sea un remedio a la estrechez presente, hay que tener presente el famoso dicho “quien con niños se acuesta, mojado se levanta”.