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Falsedades populares sobre la política

Hay personas honradas, por lo tanto pueden existir los políticos honrados

No pueden existir políticos honrados, de la misma forma que no existen los ladrones honrados. Es un oxímoron. La confusión viene porque, a diferencia del término ladrón, que no deja lugar a dudas de su significado, existen muchas personas que creen que ejercer la política no conlleva realizar acciones éticamente incorrectas. Muchas de esas personas deciden dedicarse a la política y, hasta que consiguen una cuota de poder, se comportan de forma honrada. Pero claro, un político sin poder es como cualquier otra persona; se tiene que ganar la vida con labores ajenas al politiqueo y por tanto no se diferencia del resto de los mortales.

Siguiendo con el ejemplo; si yo decido dedicarme al robo pensando que es una forma de ayudar a los demás sin perjudicar a nadie, en cuanto me dé cuenta que para robar tengo que quitarle algo a una persona en contra de su voluntad, y sin tener ninguna justificación para ello, me tendré que enfrentar a una decisión: o perpetro el robo y me convierto en un ladrón, a sabiendas de lo que ello conlleva, o abandono la idea de convertirme en ladrón.

Del mismo modo para ser un político de verdad hay que tener poder y mantenerlo, y la única forma de conseguirlo es perjudicando a unos para beneficiar a otros de forma arbitraria. No hay otro camino. Todos los políticos se enfrentan a esa decisión el día que son conscientes de lo que implica dedicarse a la política (eso los que no lo sabían de antes, claro), por eso algunos abandonan asqueados, mientras otros asumen su destino de forma clara, o autojustificándose de la forma que imaginen.

Hay una forma justa de pagar impuestos

Los impuestos son la confiscación forzosa de la riqueza que ejerce el Estado para financiarse. No son justos por definición en cuanto a que no se basan en el acuerdo de ambas partes (contribuyente y Estado) sobre la razón de la confiscación. Por lo tanto su uso no se centra en la justicia social ni ninguna otra fórmula, sino simplemente en la capacidad del Estado, como agente, de confiscar los mismos. Dicho de otra forma, si el Estado puede recaudar 50€ a 100 contribuyentes del tipo A, a un coste de 1€ de gestión por cada uno, mientras que sólo puede recaudar 100€ a 5 contribuyentes del tipo B, a un coste de 40€ de gestión por cabeza, es obvio que decidirá centrar sus esfuerzos confiscatorios en el primer tipo de contribuyente. Si además los contribuyentes del tipo B tiene mayor facilidad de salir del país, y escapar así a la confiscación, enfocar la confiscación en ellos sería inviable a medio y largo plazo.

Por lo tanto lo que se vende como un sistema muy complejo que busca la paz social, no es más que un agente – el Estado – optimizando su capacidad de confiscar riqueza para mantenerse a sí mismo. De otro modo esa riqueza se evadiría del territorio que domina y su estructura se iría consumiendo hasta colapsar.

El Estado de derecho protege al más débil

En España impera en Estado de derecho desde 1978 y eso no ha evitado que varios gobiernos consecutivos hayan estado dispuestos a negociar con terroristas. Esto es muy sorprendente para cierta parte de la sociedad, que tienen esta falsedad muy arraigada en sus creencias, pero no es más que un rasgo más de la naturaleza del Estado.

El hecho de que las víctimas del terrorismo no se hayan defendido mayoritariamente con violencia de las agresiones que han sufrido es, desde el punto de vista del Estado, una muestra de debilidad y los invalida como estructura de poder a tener en cuenta en el conflicto.

Esto no quiere decir que el Estado favorezca la violencia ajena a su organización, al contrario, pero una vez que esta se desata, y si no la puede reprimir a corto plazo, la considera un competidor dentro del dominio de la fuerza en la sociedad, e intentará negociar con los agentes que la dirijan para integrarlos dentro de su estructura o apaciguarlos con cesiones de poder aceptables.

Por el contrario, el sujeto débil, especialmente el individuo sin intereses comunes con el Estado, es un agente sin ninguna capacidad de negociación con el mismo. Es un daño colateral entre en la lucha entre el Estado y el grupo violento, y por tanto, es considerado como tal en la negociación del alto el fuego y posterior paz, donde los agentes se reparten el poder.

El Estado de derecho no impide nada en toda esta lucha de poder y es anulado con las estructuras y subterfugios con los que el Estado lo ha dotado. Simplemente deja de aplicarse cuando se trata de los intereses generales, y lo débiles siguen siendo eso que siempre han sido: débiles.

Los muros de las ciudades invisibles

Uno de mis libros favoritos de todos los tiempos es Las Ciudades Invisibles de Italo Calvino. En él, el autor nos descubre uno a uno un manojo de lugares fantásticos e imposibles que no me canso de recorrer y por eso releo el libro cada cierto tiempo.

Ayer, vigesimoquinto aniversario de la caída del muro de Berlín, o de su derrumbamiento, no pude evitar recordar estas ciudades y pensar en los muros invisibles, tan fantásticos y eternos como las ciudades de Calvino, pero mucho más siniestros, que tenemos todos en el entrecejo.

La caída o el derrumbamiento

Porque dicen unos que se cayó y otros que "lo cayeron". Unos destacan las vidas perdidas tratando de salir del encierro comunista y otros, por el contrario, subrayan el cúmulo de casualidades que se dieron para que aquel milagro sucediera. Unos encumbran a líderes políticos y religiosos y otros, sin embargo, te cuentan que un funcionario ruso de la KGB, decidió que el sistema estaba ya acabado y que era el momento de dar paso a algo nuevo y entregó una lista de agentes de la KGB en el extranjero a la embajada francesa en Moscú.

¿Y entonces? Los altares a los presidentes, al Papa, los discursos y todo lo demás ¿son por nada? Pues sí, por nada. Porque la celebración no me parece que sea un homenaje tanto a quienes se liberaron del yugo comunista, sino a quienes no lo lograron, a quienes cayeron, a los reprimidos, a los que lucharon en la clandestinidad y no tuvieron éxito.

Quienes aprovecharon el momento y tiraron con sus manos el muro material, esos a los que se les humedecen los ojos recordando esos días mágicos e inigualables, saben que quedan mucho otros muros en otros tantos  puntos de la tierra: CubaVenezuelaCorea del Norte… por nombrar los más conocidos, pero sabiendo lamentablemente que no son los únicos. Muros aceptados por los presidentes del llamado "mundo libre", denunciados, es cierto, por los grandes organismos internacionales, esos que hacen declaraciones gratuitas y que no obligan a nada. Pero no hay presidente que se precie que se niegue a estrechar la mano de un tirano. Problemas diplomáticos, alegan. Lo que sea, pero ahí estamos, con nuestra diplomacia y nuestras sonrisas manteniendo estos otros muros, tantos que casi conforman una ciudad invisible a los ojos, pero que encierra miles de víctimas de los regímenes liberticidas.

He visto color, sin querer

Y ahí están LeopoldoYoani y tantos otros que sufren perseguidos por defender su libertad y la de los suyos mientras nosotros, expectantes, miramos a nuestros líderes celebrar la "caída" del muro de Berlín.

Un amigo argentino invitado a los eventos del 25 aniversario este pasado fin de semana, me contaba, justo de paso por Madrid camino de Berlín, lo emocionante que es recorrer esos lugares que otros pisaron en peores circunstancias. Y sabiendo que mi amigo es de Rosario (Argentina) me preguntaba qué tienen las piedras y los adoquines que transmiten sentimiento, no solamente a los protagonistas alemanes sino a cualquier humano con sangre en las venas, rosarinos, madrileños, o de cualquier otro sitio. Es la vibración del aire que se percibe cuando se visitan determinados lugares emblemáticos donde muchas voluntades con el mismo objetivo, incluso si lucharon y perdieron, incluso separadas por años en el tiempo, se reúnen metafóricamente y derriban no solamente el muro físico, sino otros muros más temibles, como el de la desidia, el conformismo, la desesperanza, la cobardía, la egolatría. Esos muros invisibles son los que impiden que caigan todos los demás, los que nos llevan a mirar desde el tendido cómo otros se baten el cobre, dan testimonio anónimo, la mayoría de las veces, consiguiendo una medicina en Caracas, enseñando a usar Facebook en Santiago de Cuba, padeciendo la masacre como en el caso de muchos cristianos por el mundo, y sin esperar que se aparezcan ni un Reagan, ni una Thatcher, ni nadie. Sabiendo que para ver color y que se vaya el muermo, como cantaba Martirio en sus sevillanas, es necesario saberse solo y seguir a pesar de todo. Y luego, de repente, un funcionario, va y se despista.

Pájaro que no vuela…

No ganamos para sustos. Un estudio de investigadores de varias universidades liderados por biólogos de la Universidad de Exter, en el Reino Unido, ha llegado a la conclusión que por los cielos europeos vuela algo así como un cuarto menos de los pájaros que volaban en 1980. En números redondos, que siempre nos ayudan mejor a comprender estos desastres, se calcula que si allá por esos años nuestros cielos eran cruzados por unos 2.000 millones de hermanos plumíferos, en la actualidad lo hacen solamente unos 1.600. Afinando un poco más, unos 420 millones menos.

Richard Inger, investigador del Instituto de Medio Ambiente y Sostenibilidad de la universidad británica y principal autor del estudio, asegura que no todo está perdido y que: “el declive se ha ralentizado recientemente y es de esperar que los crecientes esfuerzos de conservación aseguren el futuro de la mayoría de las especies. Pero tenemos que asegurarnos de que gestionamos el medio ambiente con la vida silvestre en mente”.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención ha sido ver otra vez cómo socialismo y ecologismo caen en el mismo comportamiento: verse a sí mismos como la única manera válida de acción. Cuando a un socialista le muestras y demuestras que su política intervencionista solamente produce más pobreza, o que reduce las opciones del ciudadano, o que coarta la libertad, te asegura que eso es consecuencia de que no se ha regulado lo suficiente y que si se hiciera más, otra gallo nos cantaría, que eso de liberalizar, nada de nada, que es cosa de capitalistas sin corazón y con exceso de lucro y lujo. Pues para el ecologista, lo mismo.

Desde los años 60 del siglo XX, y desde luego durante los últimos 35 años en la Unión Europea, y en general en casi todo el planeta, se ha optado por políticas públicas de protección del medioambiente, hasta el punto de que cada vez es mayor la superficie en el mundo que cuenta con medidas que impiden o controlan cualquier tipo de actividad humana, sujeta en no pocoas ocasiones esta protección a la expropiación de la propiedad, supeditado todo ello al estado del ecosistema, de las especies animales y vegetales que alberga.

En concreto, y ya que estamos en el caso de las aves, en las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA)[1] está prohibida o limitada la caza de aves, en sus fechas y sus técnicas; se regula la posible comercialización; y los estados están obligados a actuar para conservar las condiciones medioambientales requeridas para el descanso, reproducción y alimentación de las aves. En España, estas zonas y los Lugares de Importancia Comunitaria (LIC) no han dejado de crecer y actualmente ocupan 14.789.797 hectáreas (marinas y terrestres), el 27,18 % de la superficie española, según el informe Natura 2000 de los nunca sospechosos WWF.

Vamos, que más protección, menos aves. ¡Pues vaya desastre, no! Cabe preguntarse por tanto si esta disminución de la avifauna podría reducirse si optáramos por otro tipo de acción. Sin embargo, la primera reacción de Inger es la misma que la del socialista: no, no hemos fracasado, es que no hemos protegido lo suficiente, hay que gestionar mejor… yo nunca me equivoco, faltaría más.

Más alarmante parece ser que esta desaparición se está centrando, no en las especies protegidas, sino en las que no muestran este tipo de protección especial. El “genocidio” (y pongo aquí esta palabra porque es la que ha usado el redactor de El País que escribe el artículo que he enlazado) no se centra en los buitres, las cigüeñas o rapaces de todo tipo, algunas de cuyas poblaciones crecen, sino en las comunes, como los simpáticos gorriones que están desapareciendo de las ciudades[2], hasta el punto de que el 90% de estas desapariciones se centran en este tipo de especies.

De nuevo volvemos al tema de la protección, o mejor dicho, al de la acción humana. Podemos dar sentido moral a una acción, proteger a una especie puede ser o parecer positivo, pero desconocemos todas las consecuencias de nuestra labor de protección, hasta el punto de que esta puede arruinar la vida de otras especies. Cuando en las reservas africanas se protege el elefante, se suelen producir un exceso de población del paquidermo que terminan afectando a todo el ecosistema, lo que obliga a grandes cacerías, para alegría de los comerciantes de marfil.

El simpático gorrión ha sido un ave que se adaptó muy bien a los ecosistemas humanos, hasta el punto de que sus poblaciones se vieron beneficiados por los entornos rurales y urbanos, donde proliferaron de una manera que quizá en el campo original no fueron capaces. El urbanismo sostenible ha cambiado precisamente estos entornos y es posible que lo que para nosotros, o al menos para nuestros políticos, es sostenible y ecológico, incluyendo nuestro nuevo modelo de urbanismo, no lo sea para el gorrión, más adaptable al Madrid de las películas de Paco Martínez Soria que al de Podemos y su coleta. De nuevo, cabe preguntarse si nuestra arrogancia a la hora de “entender” la Naturaleza y esta, ya que nos gusta tanto eso de una naturaleza inteligente, de un demiurgo verde, nos está dando una colleja para que nos volvamos más humildes.

De todas formas, desde la perspectiva del ecologista, del conservancionista, no queda otra, el culpable es el Ser Humano. La investigación señala que algunas de las razones serían la expansión de las ciudades a costa de lo rural (curiosamente, lo que crecen son las ciudades en Europa, no el agro), la fumigación en zonas turísticas, que acaba con los insectos y como no, la agricultura que ha matado a miles de aves con sus fumigaciones, sus transgénicos y sus toxicidades. Y todo ello, en pleno boom de la agricultura ecológica, de los huertos urbanos, de la comida natural que en teoría vuelve a los sistemas que han permitido que nuestros plumosos amigos, los más habituales y comunes, prosperaran. No es un poco paradójico que teniendo una creciente protección pública medioambiental las cosas no estén tan bien como se creía. Y es que, como en el socialismo, nunca tenemos toda la información.

Los autores del estudio se preguntan si la concentración de los esfuerzos de protección en algunas especies singulares no estaría siendo un error. Yo no voy a ser tan categórico como ellos, pero sí me place indicar que existen otras maneras distintas de protección, algunas basadas en la preservación de la propiedad privada, en la responsabilidad de nuestras acciones, opciones que tienden a ser rechazadas por los conservacionistas, la mayoría educados en lo benéfico de lo público y lo mezquino y lo egoísta de lo privado.



[1] Se trata de es una categoría de área protegida catalogada por los estados miembros de la Unión Europea como zonas naturales de singular relevancia para la conservación de la avifauna amenazada de extinción.

[2] En Londres y Praga dicen haber desaparecido.

El Titanic hundió la libertad económica de EEUU

Que el Titanic, la mayor catástrofe en la navegación civil de la humanidad, esconde tras de sí numerosos misterios es de sobra conocido. Aún hoy se especulan sobre muchos aspectos que, sumados cual casualidades, llevaron fatalmente al naufragio de aquel coloso. El Titanic hundió la libertad económica de EEUU.

Por desgracia, muy poco o apenas nada conocida es la relación del Titanic con una de las mayores pérdidas de libertad de los estadounidenses. A comienzos del siglo pasado, eran tres las sagas de banqueros que más aguerridamente lucharon por establecer una banca central, particularmente en EEUU. Por un lado, JP Morgan y por otro los Rothschild y los Rockefeller.

La construcción del Titanic

De hecho, juntos acabaron formando una suerte de cartel llamado Sistema de Reserva Federal. Sin embargo, había una serie de influyentes personas frontalmente opuestas a la creación de una banca central. Benjamin Guggenheim, un magnate de la minería y la metalurgia, era uno de ellos. Isidor Strauss, un muy importante empresario judío nacionalizado en EEUU propietario de lo que hoy son los grandes almacenes Macy’s, el segundo gran nombre en oponerse. Y por último, John Jacob Astor IV, bisnieto del considerado primer millonario de EEUU, militar y dedicado con éxito al negocio inmobiliario familiar. Los tres estaban entre los hombres más ricos del mundo, pero, a diferencia de las tres primeras sagas mencionadas, eran un obstáculo para la creación de la banca central.

Titanic
Titanic

Curioso o no, fue idea de JP Morgan la construcción del Titanic. Sin embargo, nadie de los Morgan viajó en el Titanic. Sí lo hizo toda la mayor oposición al establecimiento de la Reserva Federal: Isidor Strauss, Guggenheim y John Jacob Astor IV. Y los tres fallecieron en el naufragio. También estaban además en contra de la I Guerra Mundial, lo que denota su inclinación contra el estatismo.

El hundimiento del Titanic

El 12 de abril de 1912, el Titanic se hundía en el Atlántico Norte. Poco después de un año, en 1913, surgió la Reserva Federal que sepultó la libertad bancaria y monetaria como nunca antes. Con ello, se consiguió uno de los logros mayores de la plutocracia dirigista del mundo actual. Un hecho que supuso un avance del socialismo bancario y que es desde 1929 y su crack hasta hoy la raíz última generadora de nuestras crisis y recesiones económicas.

El Titanic parece que fue una gran conspiración, otra más, para la imposición de un Nuevo Orden Mundial de socialismo de ricos destructores del Capitalismo liberal-libertario. Pues de eso trata el socialismo de todos los partidos y facciones, de grandes monopolios (el Estado es el epítome de los monopolios), que nos adoctrinan sobre su necesidad a la vez que maldicen los valores e instituciones de la libertad.

El socialismo es para las élites

Y su estrategia es confundir a la sociedad hecha rebaño con etiquetas que quieren resultar distintas: socialdemócratas, neofascistas, populistas, neocomunistas… Pero todos ellos son variantes de una misma ideología que demuele al individuo y su libertad. Es el mismo socialismo y estatismo inspirador de los planes de tantas sociedades secretas que son y han sido.

Esa es la lucha de los liberales libertarios, la denuncia y socavación del Nuevo Orden Mundial de plutócratas colectivistas de izquierda y derecha. Gritemos la verdad: que el socialismo es para élites y privilegiados y que el liberalismo libertario es la única alternativa para el ciudadano común. Porque un mundo de justicia, libertad y prosperidad es posible. Actuemos.

La política sin romance de Buchanan

En las obras completas de James Buchanan, disponibles gracias a la Online Library of Liberty del Liberty Fund, encontramos perlas como Politics without romance, ensayo en el que introduce las bases de la llamada Escuela de Public Choice o de la Elección Pública. En uno de sus apartados, Buchanan explica que, en comparación con el económico, el orden político es mucho más complejo, básicamente por dos razones. Por un lado, el orden legal debe preceder a la actividad económica. Es decir, el comercio ordenado de bienes y servicios privados solamente puede tener lugar en una estructura jurídica definida que establezca los derechos y deberes de unos y otros. A medida que el intercambio se ha sofisticado, así también lo han hecho las normas e instituciones que conforman dicha estructura legal. El estudio de estas cuestiones deriva en el análisis económico de las Constituciones.

Por otra parte, mientras que el intercambio de bienes y servicios se efectúa entre dos partes, que son las que han de ponerse de acuerdo, en la política se trata de todos los miembros de la comunidad quienes han de coincidir. El análisis de estos problemas deriva en la teoría de las instituciones políticas, ya que éstas deben desarrollarse en el seno de la estructura legal-constitucional. Los temas estudiados por Buchanan y sus seguidores en este ámbito son las reglas de votación, las teorías electorales y de la competencia de partidos y la teoría de la burocracia.

Este segundo punto subrayado por la Escuela de Public Choice cuestiona el famoso "contrato social" como la base de la legitimidad de los gobiernos. Declarándose Buchanan un anarquista filosófico, pero dejando a un lado el romanticismo de los ideales, reconoce que a día de hoy, lo único que podemos hacer es reconsiderar qué parte del PIB dejamos en manos de la gestión de los gobernantes, qué decisiones deben dejarse en sus manos y cuáles no. Porque no es verdad que la Constitución funciona como límite al ansia de poder de los gobernantes. Y eso es lo que creo que ha sido la tumba de la libertad de los españoles, y tal vez del ciudadano occidental en general.

Salimos de la dictadura y entramos en la transición pensando que lo que había que hacer era elaborar una Constitución, establecer un régimen democrático, votar entre monarquía o república y caminar. En el trayecto nos han convencido de que el gobierno estaba ahí para asegurar nuestra felicidad: eliminar la pobreza, la enfermedad, el paro, proporcionar una vivienda, y casi, casi, asegurar que va a llover café en el campo. Por desidia o por credulidad, los españoles entregamos las armas sin preguntarnos ¿hasta dónde voy a dejar que estos señores, que reaccionan a incentivos y expectativas como cualquier ser humano, manejen mi dinero para eliminarme de la toma de decisiones de mi propia vida? Y, como dice el dicho… ¡ancha es Castilla!

Ahora nos encontramos con escándalos de corrupción de todos los partidos debajo de la alfombra, un desgaste de la clase política abrumador, un enfado del tamaño de una catedral por parte de la gente y todo tipo de salvadores con y sin coleta que vienen a decirnos que ellos, ante los mismos incentivos, con las mismas expectativas de beneficio, no habrían sucumbido, porque son seres angelicales, íntegros y puros como nadie nunca fue. Y el mismo pueblo cabreado que entregó las armas, que esperó que lloviera café en el campo, que se dejó llevar por la borrachera de crédito fácil y pelotazo al alcance de todos… les cree.

Estoy esperando (sentada por si las moscas) a que alguien se dé cuenta de que el fallo garrafal de todo esto es, como nos enseña Buchanan, la quiebra de esa estructura legal sólida que debe preceder cualquier actividad económica y ser la base de toda sociedad progresista (en el buen sentido, me niego a que me roben las palabras). Es la prueba del algodón, lo que asegura la estabilidad, la seguridad y el buen funcionamiento de la vida en común, de las instituciones políticas y económicas y, probablemente, el futuro de la democracia occidental.

Inmigración (XVI): Apátridas dominicanos

"La nacionalidad haitiana originaria por ius sanguinis ha sido tradicionalmente reconocida en la mayor parte de las Constituciones de la República de Haití desde hace casi un siglo". Extracto de la Sentencia TC/0168/13 del Tribunal Constitucional dominicano.

"La ley no dispone sino para lo porvenir. No tiene efecto retroactivo sino cuando sea favorable al que esté subjúdice o cumpliendo condena. En ningún caso los poderes públicos o la ley podrán afectar o alterar la seguridad jurídica derivada de situaciones establecidas conforme a una legislación anterior". Art. 110 de la Constitución dominicana de 2010.

"Afortunadamente hay en la sociedad civil dominicana muchas voces valientes y democráticas —de intelectuales, asociaciones de derechos humanos, periodistas— que, al igual que las dos jueces disidentes del Tribunal Constitucional, han denunciado la medida y se movilizan contra ella". Mario Vargas Llosa.

La migración es un fenómeno ubicuo. No solo se da hacia países desarrollados sino también hacia países menos desarrollados. En todos los casos, los representantes de los Estados imponen su buena dosis de racionamiento. En ocasiones hacen pifias aún peores.

La República Dominicana se encuentra en una isla que comparte con Haití. Ambos países son culturalmente diferentes. Tienen aproximadamente el mismo numero de habitantes (unos 10 millones). La renta per cápita en Republica Dominicana es de unos 12.000 USD y la de Haití es de unos 1.700 por lo que es fácil averiguar hacia dónde se dirigen los flujos migratorios. Los haitianos han buscado desde siempre trabajo en su país vecino y el cruce de fronteras se ha llevado a cabo históricamente sin demasiados percances.

Temores de los dirigentes dominicanos

Existe un bloqueo en la psique de las autoridades dominicanas en lo que se refiere a Haití y a los haitianos. Son víctimas de la ignorancia y del prejuicio. La sombra trujillista anti haitiana es aún alargada. Pese a que necesitan mano de obra barata, tienen temores a ser inundados por ellos. Hay miedo a un imaginario complot de gobiernos y ONGs extranjeros para unificar la isla y hacer de la República Dominicana la principal fuente de la solución a la pobreza haitiana. Pese a la irracionalidad de estas ideas, gozan de amplia credibilidad y están arraigadas en actitudes resistentes al cambio y en el intento de detener la inmigración procedente de Haití.

Por el contrario, la sociedad civil de ambos lados de la frontera ha convivido pacíficamente y sus pueblos han cooperado siempre entre sí y se han caracterizado por la buena vecindad. Por décadas, la República Dominicana ha acogido a miles de inmigrantes haitianos que han buscado mejores condiciones de vida. Han hecho por lo general los trabajos más duros e ingratos en suelo dominicano (industria azucarera, construcción, autopistas, etc.) por lo que han contribuido a la prosperidad de dicho país. Se estima que la mano de obra haitiana aporta hoy el 7.5% al Producto Interno Bruto local.

Desde la reforma de 20 de junio 1929, el régimen constitucional dominicano ha venido concediendo nacionalidad a toda persona nacida en su territorio (criterio de ius solis), exceptuando a los hijos nacidos de diplomáticos o de personas "en tránsito" (es decir, que no estuvieran en el país más que un corto periodo de tiempo, hasta diez días, según Reglamento de migración de mayo de 1939). Consecuentemente, el ordenamiento jurídico dominicano reconoció durante muchos años de manera generosa la nacionalidad a miles de hijos nacidos en suelo dominicano de migrantes haitianos, mayormente jornaleros, que fueron creando comunidades rurales en torno a las plantaciones azucareras conocidas como bayetes.

Acción administrativa dilatoria con graves consecuencias

A partir de la Ley de Migración de 2004, se consideraron también a las personas en tránsito a aquéllas en situación irregular sin importar la duración de su estancia en el país. Así, se les vino a denegar desde entonces la nacionalidad a sus hijos nacidos en dicho país, contraviniendo el derecho constitucional dominicano que mantenía por entonces aún el criterio laxo de ius solis.

Además, la Junta Central Electoral dominicana desde al menos 2007 estuvo llevando a cabo prácticas irregulares muy graves en el despacho de la documentación a ciertos nacionales. Dilataba sine die la entrega de copias de documentos censales (i.e. actas de nacimiento) a toda persona dominicana de origen haitiano. Con ello se impedía la posterior regularización de su documento de identidad. Carecer de él afectaba al ejercicio de muchos derechos fundamentales para cualquier individuo: no podía transitar libremente dentro y fuera del país, encontrar un trabajo legal, comprar o vender propiedades, alquilar, ni casarse entre otros derechos civiles básicos. Tampoco podía uno acceder a la seguridad social, a la educación y sanidad públicas.

Lo peor de todo es que se estaba expuesto a sufrir deportación o se le vedaba a uno el inscribir a sus descendientes como dominicanos al arrebatársele la nacionalidad.

Fue un intento de los representantes del Estado dominicano de desnacionalizar por las bravas a ciertos connacionales de origen haitiano nacidos allí desde 1929 y convertirlos en extranjeros dentro de su propio país por obra y gracia de una deshonesta estrategia administrativa.

Aprobación de nueva Constitución en 2010

Sólo desde la nueva Constitución de Leonel Fernández de 2010 el criterio del ius solis quedó delimitado en el art. 18,3 del texto de la Carta Magna para excluir a aquellos hijos nacidos de extranjeros que se hallasen en tránsito o (se añadió) residiesen ilegalmente en territorio dominicano.

A partir de entonces, el criterio laxo del ius solis que había prevalecido en la Republica Dominicana desde 1929 quedó sin efecto. En lo sucesivo, ya no podrá adquirir nacionalidad dominicana el hijo de extranjeros por el mero hecho de nacer allí, a no ser que sus progenitores residan legalmente.

Una sentencia posterior del Constitucional infumable

Fruto de repetidas irregularidades administrativas, una ciudadana -Juliana Deguis Pierre, de ascendencia haitiana- interpuso un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional dominicano (TCD) al denegársele reiteradamente por parte de la administración una copia de su acta de nacimiento, lo que le impedía registrar a sus hijos y llevarlos a la escuela de su localidad. El TCD, en su Sentencia TC/0168/13 del 23 de sept. de 2013, mandó que se le diera a la recurrente la documentación solicitada pero al mismo tiempo dictaminó que se le privase automáticamente de su nacionalidad dominicana. Juliana Deguis Pierre quedó apátrida.

El TCD dictaminó que los hijos de inmigrantes extranjeros (es decir, haitianos) sin residencia legal nacidos después de 1929 no eran dominicanos, porque las leyes desde esa fecha excluían a los hijos de "extranjeros en tránsito". Para la mayoría de los jueces, "tránsito" equivalía no sólo a los extranjeros desplazados allí temporalmente (i.e. diplomáticos, turistas u hombres de negocio) sino también a no tener en regla los documentos de residencia de inmigración, sin importar el tiempo de permanencia en el país y sin importar que sus descendientes fueran ya dominicanos por el hecho de haber nacido allá y haber residido no sólo más de 10 días sino a veces más de tres generaciones. 

Lo que hizo esta sentencia fue darle una pátina de legalidad (que no de legitimidad) al plan de desregularización que la Junta Central Electoral dominicana había ideado desde 2007 contra ciertos dominicanos de origen haitiano que ya habían adquirido su nacionalidad desde hacía mucho tiempo.

Esta sentencia fue un instrumento de segregación de la población nacional dominicana. Contenía, además, aberraciones jurídicas y procesales. Mencionemos dos de las más groseras:

Uno: la ciudadana Juliana Deguis fue en busca de amparo de su derecho a recibir el acta de nacimiento por parte de la administración y lo que obtuvo de rondón fue un dictamen sobre una materia que ella no fue a buscar amparo (acerca de su nacionalidad). Pidió justicia para que no hubiera malas prácticas administrativas y salió desnacionalizada por parte del TCD. No sólo eso, además de ella, quedaban apátridas todos aquellos dominicanos que hubiesen nacido desde 1929 de padres haitianos en situación de irregularidad. Se dictaminó sobre una materia que no estaba en juego y afectó a personas que no eran parte del proceso.

Dos: esta sentencia viola la propia Constitución dominicana que prohíbe la retroactividad de las leyes cuando es en perjuicio del afectado. Once de los trece jueces del alto tribunal interpretaron de forma extensiva el término "en tránsito" para incluir en él a todo dominicano de ascendencia haitiana cuyos progenitores carecieran de documentación reglamentaria, o sin importar que hubiera nacido en suelo dominicano desde 1929 y se hubiera ya nacionalizado de forma completamente legal por el criterio válido hasta 2010 del ius solis. Es un despojo grosero de un derecho adquirido y todo Estado de Derecho que se precie debería respetar.

En contraste con esos 11 magistrados, los dos votos discrepantes de las magistradas Isabel Bonilla Hernández y Katia Miguelina Jiménez Martínez son sendos ejemplos de la buena fundamentación jurídica que desmontan todas y cada una de las inconsistencias de la referida sentencia. Su coherencia, precisión y elegancia en el razonamiento de ambas magistradas ha debido hacer sonrojar a más de un miembro "honorable" de dicho tribunal político.

Amenaza de ser deportado a un país extraño

Según la última encuesta de descendientes de haitianos realizada en 2012 habría unos 250.000 dominicanos afectados. Desde 2007 la mayoría no han podido renovar su status legal dentro de su propio país. Su único delito ha sido el ser de ascendencia haitiana en un país donde la gran mayoría de la población tiene ascendencia extranjera, sea americana, caribeña o europea.

La gran amenaza que se cernía sobre ellos es si el gobierno de la República Dominicana iba a tener estómago suficiente para expulsar a los dominico-haitianos que quedaran sin documentos legales. Ciudadanos que sufrirían una curiosa paradoja: podrían ser deportados a Haití, un país que jamás habían pisado, cuyo idioma y cultura desconocían y con el que no les unía más vinculo que el que tuvo algún antepasado suyo de anteriores generaciones y que huyó de Haití hacía mucho tiempo.

Por fin el sentido común

Ante este atropello, miles de personas, organizaciones, juristas y otros profesionales rechazaron ese desatino de las autoridades dominicanas. Como consecuencia de ello, se formó la plataforma de Dominicanos x Derecho (que agrupaba diversas organizaciones y a las personas dominicanas afectadas por la referida sentencia inconstitucional del TCD).

Afortunadamente la promulgación al fin en mayo del 2014 de la Ley 169-14 estableció un régimen especial de validación de documentos para dominicanos hijos/as de extranjeros en situación migratoria irregular, inscritos en el registro civil y sobre naturalización para los no inscritos, es decir, los que nunca han tenido acta de nacimiento. El sentido común parece que empieza a regresar a las mentes de los dirigentes dominicanos.

A pesar de que considero que la inmigración moderna en primera generación debe separarse lo más posible de la adquisición de la nacionalidad, precisamente para favorecer el flujo de la propia inmigración, eso no quita para denunciar la aberración jurídica que supone en cualquier lugar cambiar las reglas de juego a mitad del partido por parte de las autoridades públicas.


Este comentario es parte de una serie acerca de los beneficios de la libertad de inmigración. Para una lectura completa de la serie, ver también I,  IIIIIIVVVIVIIVIIIIXXXIXIIXIIIXIV y XV.

La decisión de Podemos en Ganemos

La lideresa de UPyD compareció anoche en el programa El Objetivo para hablar de corrupción, que es en estos momentos El Tema. Previamente, Évole había preparado a la audiencia de La Sexta con un programa sobre el trinque de los cursos de formación, pero ese es sólo uno de los múltiples escándalos que acrisolan la actualidad, con la operación Púnica ocupando la posición de vanguardia por ser el último de los casos de corrupción política conocidos hasta el momento. Y cuando amaine este asunto que ha enfangado al PP madrileño surgirá otro que afectará al PSOE de cualquier otra provincia, no necesariamente porque los altos cargos de los dos grandes partidos sean más corruptos que la media -que igual también-, sino por una mera cuestión de probabilidad, al ser las formaciones que más poder local, autonómico y estatal acumulan desde hace décadas excepto en Cataluña, coto privado de CiU.

Rosa Díez fue entrevistada en el programa de Ana Pastor (El ObjetivoEl Objetivo de La Sexta o El Objetivo de Ana Pastor, según el día que tenga la cadena "B" del grupo A3 Media) y esta vez la periodista estuvo más amable que en ocasiones anteriores. Anoche, la cosa iba de corrupción y ahí estuvo Díez, opinando sobre este asunto con total tranquilidad porque en UPyD no hay corruptos (que se sepa). Hay quien podrá pensar que el hecho de que ningún político de UPyD se haya visto salpicado en estos feos asuntos es porque aún no han llegado al poder. Grave error. En UPyD no hay corruptos porque en UPyD, según Rosa Díez, son incorruptibles. ¿Y por qué son incorruptibles? ¿acaso los miembros del partido magenta, 10.000 entre afiliados y simpatizantes, han sufrido una mutación genética que los inmuniza contra las tentaciones del poder y las asechanzas de los intermediarios? No exactamente. En palabras de la propia Rosa Díez "en UPyD somos incorruptibles porque tenemos como objetivo ser incorruptibles", una cosa bien sencilla de hacer que habría podido ahorrar grandes quebraderos de cabeza a Rajoy de haber caído a tiempo.

Y como el asunto iba de corrupción, mientras Rosa Díez desgranaba sus propuestas para evitar los escándalos que acucian a la clase política, en pantalla del plató aparecían sin solución de continuidad Granados, Blesa y Rodrigo Rato, de tal forma que la imagen de la presidenta de UPyD se superponía a la de los imputados procedentes del Partido Popular. Que igual no tiene ninguna influencia psicológica en los espectadores, pero los encuadres reiterados con esa composición de imágenes no dejaba de suscitar ciertas similitudes con las técnicas del mensaje subliminal. Seguramente será una coincidencia. Como la cortina del programa Salvados para dar paso a la publicidad, un hexágono con un halo de color morado que algún conspiranoico podría identificar con el logotipo de Podemos.

Precisamente, a Rosa Díez le preguntaron anoche también por el partido de Pablo Iglesias y las posibilidades de que UPyD y Podemos lleguen en el futuro a algún pacto puntual, algo que la lideresa no descartó a priori. Y hace bien porque, en última instancia, entre incorruptibles socialdemócratas y azotes de la corrupción "ni de izquierdas ni de derechas" un entendimiento mutuo sería lo más natural. Excepto en Extremadura, que ahí el papel de socio de Pablemos ya se lo ha pedido Monago, otro especialista en política subliminal.

España sin élites

Para algunos la democracia es la expresión auténtica de la voluntad general, para otros es el gobierno de la mayoría cuando respeta a la minoría…, mientras que hay quienes afirman que es un instrumento pacífico de selección de élites.

De entre estas tres concepciones, la última, la de los elitistas, nunca ha tenido demasiada buena prensa. Su propia denominación invita a pensar que es una aproximación sociológica que promueve la creación y mantenimiento de élites cuando su ambición es meramente descriptiva, intenta explicar cómo es la realidad política y no cómo debería ser. En realidad, su etimología tomada del francés (élite) proviene del latín eligere, que no es otra cosa que "elegir" o "seleccionar".

En cualquier caso, parece que la democracia de nuestros días no puede escapar de la Ley de hierro de la oligarquía enunciada por Robert Mitchels como la física terrestre no escapa a la Ley de la gravedad. Sean llamadas élites extractivas (en la terminología de Daron Acemoglu y James A. Robinson), casta (la última tendencia podemita) o burócratas (de toda la vida para los liberales), una minoría copa los resortes de poder de la democracia y gobierna a la mayoría a través de una organización oligárquica. Es un concepto que va más allá del político electo o designado, en el que se incluyen empresarios privilegiados por el capitalismo de Estado y funcionarios que viven de y para el Estado.

En España la sensación general es que estas élites extractivas han empobrecido el país en los últimos años, pero las élites inclusivas no pasaron a ser extractivas de la noche a la mañana o como resultado de un mero cambio de partido en el gobierno. La crisis económica que sacudió los cimientos del sistema que creíamos seguro desde 1978 tan sólo mostró las miserias que la bonanza de los últimos años había escondido gracias a la recaudación extraordinaria de impuestos que permitían regar con gasto público todos los estratos sociales. Durante años se compró con dinero de los contribuyentes la felicidad social, más tarde se intentó mantener con deuda y hoy vivimos el descontento de la frustración vivida durante más de una década.

El contexto político es desolador, la corrupción parece manchar a todos los partidos y sindicatos generando todavía más desconfianza social. Surgen nuevos rostros que quieren disputar el poder a los ya establecidos y las encuestas aventuran un mapa político fragmentando. Sustituir a una casta por otra no soluciona nada, si acaso durante un corto periodo de tiempo podría traer la ilusión de que ha habido una renovación que ha terminado con las élites pero el resultado tan solo se traducirá en una sustitución de élites por otras.

Si analizamos la cuestión de fondo sin que el árbol nos impida ver el bosque cabría preguntarnos qué ha pasado en España para que las élites -hasta ahora incontestadas- se vean agotadas y sin un buen banquillo de reserva preparado para tomar el relevo. La transición política del franquismo a la Constitución del 78 de "la ley a ley" fue un proceso inclusivo de élites en las que los franquistas permitieron el acceso al poder que hasta el momento habían mantenido en forma de monopolio a socialistas. El paso del socialismo franquista al socialismo democrático fue suave y casi natural. La creación de la facultad de Ciencias Políticas para formar la élite del régimen anterior ya estaba preparando a la siguiente generación socialista cuando Franco vivía y no es casualidad que entre sus pasillos y despachos se encuentre la fundación del partido de inspiración bolivariana Podemos.

Quebrado el Estado del Bienestar no parece haber alternativa, España se ha quedado sin élites y parte de una sociedad exhausta pone sus esperanzas en una nueva élite capaz de ofrecer una opción diferente a lo que existía hasta ahora. Lamentablemente las recetas que ofrecen son, en la mayoría de casos, aumentar la capacidad extractiva del Estado y, por tanto, no solo repetir sino que acrecentar los errores cometidos en el pasado. 

Los empresarios son los que cambian el mundo

“Reto a los jóvenes a que construyan un laberinto invisible (con nuevas ideas empresariales y disruptivas), un laberinto de libertad”.

Giancarlo Ibargüen (maestro de muchos liberales). Fragmento de su discurso tras recibir recientemente el premio Manuel F. Ayau de Students for Liberty 2014.

El pasado sábado tuvo lugar la conferencia regional de Student for Liberty en Madrid. Fue un encuentro extraordinario con ponentes de primer nivel como Jesús Huerta de Soto, que impartió una conferencia titulada Liberalismo vs Anarcocapitalismo, o Miguel Anxo Bastos, que explicó cuáles son los caminos para la creación de riqueza. Además, pudimos presenciar interesantes debates como el que protagonizaron sobre la reserva fraccionaria Juan Ramón Rallo, director del Instituto Juan de Mariana y profesor del Centro de Estudios Superiores Online de Madrid Manuel Ayau (OMMA), y Philipp Bagus, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. También hubo una mesa de discusión en la que participaron los miembros del Instituto Juan de Mariana Antonio José Chinchetru y Fernando Díaz Villanueva, Laura Blanco, John Müller y María Fuster.

Me llamaron especialmente la atención las recomendaciones para los jóvenes amantes de la libertad que hizo mi maestro el profesor Jesús Huerta de Soto. Destacaron sus consejos para reducir o suprimir la coacción estatal, para lo que no recomendó la vía política, aunque reconoció su afiliación al P-Lib, sino que insistió en que el cambio sólo podrá venir desde el estudio y la reflexión sobras las ideas. Sin embargo, aunque nos habló de las nuevas tecnologías y la importancia de la función empresarial durante su exposición, obvió trasladar esta idea fundamental a sus recomendaciones finales: “sean empresarios y creen nuevas ideas o empresas que cambien el mundo hacia un lugar con más libertad y prosperidad”.

Son muchos los que piensan que para cambiar el mundo y reducir ese ente corruptor y coactivo conocido como el Estado, que en su ponencia el profesor Huerta de Soto llegó a identificar con el Diablo, hay que ser un gran líder político con un importante poder que le permita llevar a cabo tan importante hazaña. También son bastantes los que piensan que a través de la academia se puede llegar a ser un gran erudito y con sus ideas reducir o eliminar el aparato estatal. No se puede negar que han existido políticos que han ayudado a que se produjeran cambios o adelgazamientos del Estado, siempre mínimos, pues el Estado no ha hecho más que crecer desde el principio de sus días hasta hoy, como por ejemplo Ruth Richardson, directora del Banco Central y ex ministra de Finanzas de Nueva Zelanda. Tampoco negaremos que han surgido grandes pensadores y divulgadores como Frédéric Bastiat y Henry Hazlitt o académicos como Friedrich A. Hayek y Milton Friedman, que con algunas de sus ideas ayudaron a mejorar nuestra sociedad. Sin embargo, ninguno de estos políticos, pensadores o académicos ha conseguido transformar el mundo en un lugar mejor como lo han hecho los empresarios y fundadores de grandes empresas como Henry Ford (padre de la producción en serie), Jimmy Wales (Wikipedia), Bill Gates (Microsoft), Peter Thiel (PayPal), Larry Page (Google), John Deere (fabricante de maquinaria agrícola), Mark Zuckerberg (Facebook), Reid Hoffman (Linkedin), Satoshi Nakamoto (Bitcoin), Steve Jobs (Apple) o Amancio Ortega (Inditex), entre otros.

En mi opinión, es la función empresarial, piedra angular de la teoría de la eficiencia dinámica del profesor Huerta de Soto, la que puede conseguir que el Estado se reduzca e incluso llegue a desaparecer en el futuro y el mundo se convierta en un lugar con mayor libertad y prosperidad. No necesitamos luchar contra el Estado, hagamos lo que defendemos los amantes de la libertad, compitamos con él con grandes ideas empresariales.

No podemos olvidar que la función empresarial es aquella característica innata al ser humano que hace posible que se descubran nuevas ideas que coordinen los desajustes existentes, consiguiendo satisfacer a los distintos individuos de la sociedad creando riqueza y bienestar. Supuestamente el Estado existe porque son muchos los que creen, de forma equivocada como demuestra Juan Ramón Rallo en su último libro Una revolución liberal para España, que lo necesitamos para que los que tienen menos recursos puedan acceder a la educación, sanidad y otros muchos bienes y servicios. Por ello, es necesario, desde la perspectiva intervencionista, más Estado y menos mercado o, lo que es lo mismo, más coacción y menos libertad.

Sin embargo, los empresarios de las grandes compañías alimentarias han demostrado que para que haya alimentos a precios asequibles no se requieren cartillas de racionamiento o los empresarios de la industria textil han conseguido evidenciar que no hace falta ser rico para ir a la moda. Por ello, a casi ningún estado se le ocurriría competir con estas empresas porque lo haría bastante peor que ellas y los usuarios no comprarían sus productos.

No es muy difícil imaginar qué pasaría si mañana fuéramos capaces de estudiar en las grandes universidades como MIT, Stanford o Harvard desde cualquier lugar del mundo y a unos precios muy accesibles gracias a las nuevas tecnologías; o si tienen éxito las investigaciones que están realizando un nutrido número de médicos y expertos en programación y tecnología en Silicon Valley para lograr revolucionar el mundo sanitario mediante una medicina individual, más barata e incluso autogestionada por el paciente en algunos casos; o si surgen nuevos sistemas de pago y atesoramiento seguros y estables como el de Bitcoins. Sin duda, las universidades públicas, los hospitales públicos y los bancos centrales monopolísticos quebrarían y cerrarían.

No sería sorprendente que los estudiantes prefiriesen recibir aquella educación que sea mejor y más barata, por lo que las universidades públicas tendrían que cerrar por la falta de alumnos y las regulaciones educativas desaparecerán por no tener sentido alguno, tampoco es que lo tengan hoy, más allá que posponer este inevitable cambio. Los pacientes previsiblemente dejarían de utilizar los actuales modelos hospitalarios, por lo que también desaparecerían los hospitales públicos; y, por último, los bancos centrales controlados por los Estados no tendrían su razón de ser, pues la gente no usaría las monedas de curso forzoso que imponen.

Por todas estas razones, es magnífico estudiar y reflexionar, como recomendó el profesor Huerta de Soto, cuya contribución a la causa de la libertad, tanto en España como en el resto del mundo, es enorme. No obstante, no hay que quedarse ahí. En mi opinión, lo más importante es emprender nuevas acciones empresariales, como la que llevó a cabo Manuel Ayau en 1971 fundando la Universidad Francisco Marroquín o las que ha impulsado Gabriel Calzada promoviendo el Instituto Juan de Mariana en 2005 y el Centro de Estudios Superiores OMMA en 2012, entidades, todas ellas, que están ayudando a transformar y mejorar la sociedad.

En definitiva, es importante estudiar y reflexionar sobre las ideas, pero es imprescindible y necesario lanzarse a crear nuevos proyectos empresariales que contribuyan a satisfacer las necesidades de los distintos individuos pues, sólo así, mediante la libre competencia, la creatividad empresarial y las nuevas tecnologías conseguiremos reducir o incluso, quién sabe, eliminar el aparato opresor del Estado.