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La propina de Sarkozy

Acampar en un edificio público como la universidad es lo más apropiado en estos casos, aunque tal vez la protesta tuviera un mayor efecto si los defensores del derecho al autarquismo académico de los jóvenes españoles okuparan la vivienda del rector Gabilondo y el resto de miembros del claustro. En tal caso, las autoridades de la Autónoma estarían mucho más sensibilizadas con el drama de unos jóvenes que se ven obligados a dormir en tiendas de campaña para defender la universidad española de aquellos que la atacan allende nuestras fronteras.

De paso, el resto de estudiantes no se verían obligados a asistir diariamente a este festival solidario y a las abluciones mañaneras de unos ciudadanos con un ejemplar concepto de la higiene, como se puede comprobar echando un vistazo al reportaje de Libertad Digital Televisión.

El ejemplo de estos revolucionarios nos enfrenta una vez más a la figura clásica del solidario, dispuesto a sacrificar su bienestar en defensa de los derechos de todos. Porque es prácticamente seguro que todos los que acampan en los pasillos de la autónoma, flauta en ristre, son estudiantes de sobresaliente para arriba. Pues bien, aún así prefieren sacrificar su prometedora carrera en defensa de principios tan evidentes como el derecho a vegetar una década en el Alma Máter, sin la amenaza de que una empresa puntera reclame tus servicios para integrarte en la odiosa maquinaria capitalista, a mayor gloria de la burguesía.

Los perrillos que suelen llevar siempre de compañía, y que te miran como diciéndote "por favor, mátame", hoy se sienten legítimamente orgullosos de sus amos. Nosotros también. Si aún queda un gramo de justicia en el mundo, la mayoría de estos activistas acabarán de vicerrectores. Qué menos.

La solitaria dignidad del Perroflauta

Ya no les unen tan sólo unas ansias intervencionistas brutales en lo económico, ahora también se parecen en la caradura demostrada en todo lo que tiene que ver con los derechos de autor. De hecho, si cabe, lo del francés resulta todavía peor que lo del vallisoletano con aires de leonés, y por varias razones.

Es cierto que ZP y los suyos han hecho todo lo inimaginable por contentar y forrar con el dinero ajeno a los Bardem, Bautista, Ramoncín y demás; incluso han intentado otorgarles capacidad de censura en internet sin supervisión judicial. Pero no han llegado, al menos por el momento y a pesar de la insistencia de la SGAE y similares, a aprobar una norma como la terrible Ley de los tres avisos impulsada por "Sarko" y sancionada por la Asamblea Nacional francesa sin oposición alguna.

En España las entidades de gestión se quedan, de una forma tan legal como ilegítima, con parte de nuestro dinero cada vez que compramos un CD o una impresora, entre otras muchas cosas; todo en nombre de algo cuya existencia es más que discutible como son los derechos de autor. Pero en Francia es peor: con el mismo argumento, cualquiera puede verse privado de su conexión a internet por el hecho de descargarse canciones o películas a través de redes P2P. Claro que con este presidente o con cualquier otro, eso no debería extrañar a nadie si se tiene en cuenta que en el país situado al norte de los Pirineos se aprobó hace cinco años una norma que, imitando el "Fumar es malo para la salud" de las cajetillas de tabaco, obligaba a incluir la frase "El pirateo perjudica la creación artística" en todos los anuncios de los proveedores de internet.

Pero Sarkozy no queda peor que Zapatero sólo en eso. Cuando salió a la luz la posible violación de derechos de autor por parte del Ministerio de Sanidad con el asunto del Sólo con koko, desde el Gobierno se limitaron a hacerse los despistados. Sin embargo, el presidente francés ha optado por la ofensa pura y dura. Eso de ofrecer un mísero euro por usar sin autorización y de forma masiva una canción recuerda demasiado a cuando se da un céntimo de propina a un mal camarero para mostrarle el desagrado por el trato y sabiendo que le sentará muy mal.

Si en España conocemos sobradamente ese "síndrome de La Moncloa" por el cual los jefes de Gobierno tienden a aislarse de la sociedad y endiosarse, es evidente (sólo hay que ver cómo se comportan siempre los presidentes galos) que existe un "síndrome del Elíseo" de efectos todavía más devastadores. El marido de Carla Bruni debería pasar por un tratamiento de humildad para superarlo, o al menos tratar de ser coherente y someterse a las mismas normas restrictivas que impone al resto de sus compatriotas.

El equivalente moral a la guerra

No es que le falten razones. El fascismo es una cabeza de esa hidra que llamamos izquierda. Sólo tenemos que mirar al progresismo estadounidense para descubrir en él ideas plenamente fascistas, como las que acabaría incorporando Mussolini a su gran creación ideológica y política. Que Mussolini era un genio, de ello no cabe duda. Cuando le expulsaron de la III Internacional, Lenin les echó en cara lo torpes que habían sido. “Habéis expulsado al único hombre capaz de llevaros al poder”. Ahí está la historia para mostrárnoslo.

Mas no nos desviemos. Lo importante ahora es ese fascismo que, precisamente porque está políticamente muerto, vive ideológicamente entre nosotros, casi tan sano, fuerte y prometedor como las décadas aquellas de comienzos del XX en que “liberalismo” se convirtió en una palabra maldita. El fascismo ya no tiene su Mussolini, ni sus movimentos de masas henchidas de emoción al ser militarizadas. Mantiene la llama de millones de personas, oculto tras otros nombres. Cómodo en su disfraz, esperando quizás que llegue el momento en que su rostro, ahora odiado, sea otra vez aclamado por las masas.

No lo necesita. ¿Para qué, si está instalado en el despacho más poderoso que haya habido jamás sobre la Tierra? Hablaba del progresismo estadounidense. William James, oráculo de ese progresismo, veía con desconfianza a la guerra. Pero se le hinchaban las venas al ver que cuando el país está en guerra toda la sociedad actúa como un solo hombre, las individualidades se diluyen y se sustituye la desconfianza hacia el Gobierno por una renovada esperanza. La sociedad por encima del individuo, con el Gobierno como intérprete omnisciente y omnipotente de la sociedad. El profesor de Harvard había dado con la clave: necesitamos un “equivalente moral a la guerra”. Distraería a los individuos de sus miserables y egoístas cuitas. Les enlistaríamos en un Ejército civil al servicio de un Estado benevolente, justo. Los neoconservadores, no en vano proceden de la izquierda, albergan el mismo ideal. Buscan unir al pueblo en torno a grandes proyectos nacionales, con el Estado gobernando el barco… y ellos llevando el timón. Uno de ellos, Walter Berns, en su Making Patriots, propone que se instaure una “religión civil”. Adoración al Estado. Literalmente.

Hoy tenemos en la Casa Blanca a un hombre más popular que Jesucristo, al hombre más deseado sobre la vieja superficie de la Tierra, al nuevo Mesías que iniciará, él mismo nos la ha dicho, una nueva era en la que podemos depositar nuestras esperanzas. Si alguien puede iniciar una religión civil, ese es Obama. Tiene incluso a su propio Moisés en Abraham Lincoln, al que rinde culto diario. Su hombre de confianza a Ralph Emmanuel. Todavía no ha encontrado ese equivalente moral de la guerra que nos anule a cada uno de nosotros para formar, juntos, esa masa infinitamente moldeable, enormemente poderosa en manos del Estado. Pero sí ha dado con el instrumento ideal: la conscripción civil.

Sólo falta ese elemento, ese principio que nos haga arrodillarnos, negarnos, sentir vergüenza de nosotros mismos y encontrar en el propósito común esa felicidad indescriptible por el nuevo futuro que está al llegar, que casi tocamos con los dedos.

Al final va a tener razón Ayn Rand, y el egoísmo se va a convertir en el último valladar de la persona, fuente de toda moral digna de ese nombre.

Así no se expande el crédito

Después de forzar la fusión entre Unicaja y Caja Castilla-La Mancha por aquello de echar dinero bueno sobre dinero malo, el Banco de España ha reconocido que asignará 1.000 millones del fondo de garantía de depósito para compensar el agujero de la entidad manchega.

Es curioso cómo casi los mismos economistas que defienden la imperiosa necesidad de que el Gobierno acuda al rescate de los bancos quebrados se afanan por defender que el correspondiente banco central rebaje los tipos de interés para promover una nueva expansión crediticia; preocupados, claro, de que la sequedad del crédito esté ahogando a las familias y a las empresas y así se estén disparando el número de quiebras (de modo que la salud financiera de los bancos siga empeorando pese a los rescates).

No se dan cuenta de que son sus desastrosas intervenciones las que en primer lugar están agravando el fenómeno de la restricción crediticia. Y es que quienes desde un principio nos opusimos al Plan Paulson para rescatar a la banca estadounidense –y a todos los que han venido detrás– lo hicimos bajo un argumento muy sencillo: se estaba dilapidando un ahorro que empezaba a escasear para evitar que afloraran las malas inversiones de la economía.

Desde entonces, los acontecimientos parecen habernos dado la razón. Los bancos han sido rescatados de casi todas las maneras posibles y, sin embargo, la crisis no se ha aliviado ni un ápice. Es más, desde que comenzó la recapitalización de los bancos a costa del erario público (es decir, a costa del ahorro de los ciudadanos) la carestía de crédito no ha dejado de agravarse, en contra de lo que predecían quienes defendían el rescate. No es de extrañar: el crédito nace del ahorro y si el ahorro se dilapida, el crédito desaparece.

Deténgase un momento a pensar en qué han consistido todos estos planes de rescate de la banca: tenemos una economía repleta de malas inversiones (por ejemplo, construcción masiva de inmuebles) que necesita reconvertirse y para lo cual requiere de ahorro con el que poder invertir en nuevas empresas; pero los Estados captan ese ahorro y lo destinan a evitar que las malas inversiones se liquiden (por ejemplo, comprándoles a los bancos las hipotecas impagadas y, por tanto, impidiendo que ejecuten la hipoteca y que vendan el piso a precios menores a los que alcanzaron durante la burbuja). En definitiva, estamos quemando las reservas que tenemos para evitar que se corrijan los errores en los que hemos incurrido.

Y ante esto de nada sirve que Trichet o Bernanke rebajen los tipos de interés. El problema de los bancos no es esencialmente que tengan dificultades para acceder a la financiación, sino que están al borde de la insolvencia. Es como si usted se hipoteca para adquirir un piso de 200.000 euros y al poco tiempo el piso pasa a valer 150.000. ¿Se volvería a hipotecar para adquirir otro piso aun cuando se pudiese financiar a un interés anual del 1%? No tendría mucho sentido, la verdad. Lo mismo le pasa a un banco, ahora mismo no piensa ni tiene capacidad para prestar más dinero, por muy barato que se lo preste a él el banco central.

Ahora bien, no crean que las rebajas de tipos salen gratis. Aunque ahora no arreglen nada, la situación financiera del banco central sigue empeorando al prestar dinero a entidades potencialmente insolventes a unos tipos de interés cada vez más bajos. Lo mismo que les ocurre a los bancos privados con sus deudores morosos le pasa al banco central con los suyos (los bancos privados). Al final, sólo hay una institución que esté respaldando esta disparatada política de extensión de cheques en blanco a banca: el Estado, es decir, usted. Pero el Estado tampoco tiene una capacidad de financiación ilimitada y cuando quiebra, llega el colapso.

Quiebra de la estrategia radical

Se echó hacia la izquierda y abrazó al nacionalismo hasta ahogar a ambos. Izquierda Unida prácticamente ha desaparecido y los nacionalismos siniestros se han deshinchado, cediendo ambos votos y poder al Partido Socialista, otrora PSOE. Prueba de ello es que en la comunidad más socialista y nacionalista de España, Cataluña, el PSOE saca al PP más diferencia en número de diputados que la que obtiene en el conjunto de nuestro país.

Parte de esa estrategia, una parte central, axial, es la marginación política y social del Partido Popular. Las manifestaciones en la calle le salvaron al partido de Rajoy, a pesar de las dudas de su líder, de esa marginación social. La marginación política, con la mancha del paro adherida a la chaqueta de Zapatero, ya no es tan fácil de mantener. La memoria histórica, la guerra de Irak, el aborto… todas las estrategias para colocar al PP fuera del nuevo marco político siguen teniendo fuelle, pero a excepción del último lo pierden a ojos vista.

Estas elecciones, gallegas y vascas, pueden haber marcado el comienzo del fin de la estrategia radical. El PP ha ganado en Galicia frente al tandem entre el PSG (no olvidemos que Zapatero ha dicho que votar a Touriño es como hacerlo a él) y el BNG. Esa estrategia ha fracasado tanto por la derrota nacional-socialista como por la victoria del PP. El PSOE no ha dado la vuelta en Galicia, aún fagocitando a sus socios nacionalistas, y el PP puede presumir de haber obtenido una victoria electoral; ya no se le puede orillar tan fácilmente.

Por lo que se refiere al País Vasco, otro íntimo amigo de Zapatero, Patxi López, tendrá que elegir entre el constitucionalismo y el nacionalismo. La primera opción supone gobernar con el apoyo, aunque fuera condicionado, del Partido Popular y de Unión Progreso y Democracia. Adiós al aislamiento del PP. La otra opción pasa por apoyar a Ibarretxe (el PNV jamás votaría por López), lo cual sería visto como una traición por una parte de sus votantes y un motivo de desgaste continuo de Zapatero en el resto de España.

Estos resultados, más que un éxito del PP son un fracaso de la estrategia radical de Rodríguez Zapatero.

A favor del despido libre

El abaratamiento del despido y el fomento de la contratación, lejos de estar enfrentados, son dos caras de la misma moneda: abaratar el despido fomenta la contratación. Es una simple cuestión de oferta y demanda: si el precio de un determinado bien sube, se demanda menos de ese bien; si el precio de un determinado se abarata, se demanda más.

El trabajo es como cualquier otro bien a efectos económicos: tiene un precio, y tiene una demanda. Su precio incluye los costes de las regulaciones estatales como la prohibición del despido libre o las cotizaciones a la Seguridad Social. Si las regulaciones aumentan el precio del trabajo sube en el margen y se demandan menos trabajadores. Si las regulaciones disminuyen el precio del trabajo cae en el margen y se demanda más fuerza de trabajo. Incentivar la contratación sin reducir su precio, o incluso aumentándolo, tiene tanto sentido como intentar vender más naranjas sin bajar el precio.

Estar a favor del despido libre no significa estar a favor de que pueda despedirse a cualquier trabajador sin indemnización por el motivo que sea, sino estar a favor de que esta opción pueda ser pactada voluntariamente por las partes. Algunos creen que la prohibición del despido libre, con independencia del efecto que tiene sobre la contratación de otros potenciales trabajadores, es una medida paternalista que beneficia al menos al trabajador contratado. Éste tiene una plaza más segura y los empresarios cargan con el coste de proveerla. Pero la restricción de la libertad siempre pasa factura.

El "blindaje" del puesto de trabajo en realidad lo sufraga el trabajador en forma de minoración del salario. Si el empresario está obligado a asumir el riesgo de tener que indemnizarle por despido (o quedárselo sin que le sea útil), le pagará un salario más bajo del que le hubiera ofrecido si no tuviera que financiar ese "coste extraordinario".

Es importante entender que las regulaciones laborales son costes que el empresario incluye bajo la rúbrica "costes laborales" lo mismo que el salario. Si la indemnización por despido dejara de imponerse, el trabajador o bien la pactaría en el mercado o vería su salario aumentado, dependiendo de su preferencia.

Veamos un ejemplo numérico simplificado: una empresa está dispuesta a pagar 18 unidades monetarias por un determinado trabajador, esto es, 10 unidades monetarias por el salario más 8 por los demás costes laborales (producto de las regulaciones). El empresario pagaría un precio total de 10 + 8 (18), aunque el trabajador sólo percibiera directamente 10. Si varias empresas pueden permitirse 10 + 8 pero no 11 + 8 (pues los empresarios estiman que la contribución del trabajador no es superior a 18), entonces 10 + 8 (18) será su máxima oferta o el precio de mercado al que tenderán todas las ofertas de estas empresas. Si una empresa ofrece 9 + 8 a un candidato, éste escogerá a un competidor que le ofrezca 10 + 8 (y el competidor tiene incentivos para ofrecer 10 + 8 porque a ese precio aún le sale a cuenta contratar al trabajador).

Si las regulaciones laborales son abolidas el empresario no ofrecerá sólo 10 al trabajador, acabará ofreciendo un salario de 18 equivalente a 10 + 8, pues 18 era el precio de mercado, no 10. Si una empresa ofrece sólo 10, otra empresa tiene incentivos para ofrecer 11 (y sacar un beneficio extraordinario de 18-11). Si una compañía ofrece sólo 11, otra tiene incentivos para ofrecer 12, y así sucesivamente hasta 18, cuando ninguna empresa tiene incentivos para ofrecer más porque le resultaría demasiado costoso. Nótese que a la compañía le da igual pagar esos 18 en salarios o en otra clase de prestaciones o beneficios (fondo de pensiones, sanidad privada, vacaciones pagadas, indemnizaciones por despidos etc.). De hecho tenderá a ofrecer los 18 en la forma en que los trabajadores lo demanden para atraerlos e impedir que los contrate la competencia.

Corbacho dijo también que si la patronal insiste en que hay que abaratar los costes del despido ello "puede afectar al diálogo social". Pero lo que sin duda va a afectar al "diálogo social" y amenaza con afectar también la estabilidad social son los casi 4 millones de parados, y creciendo, que la crisis y la rigidez del mercado laboral español se están cobrando en España.

Necedades contra el capitalismo

Curiosamente muchos de los profesionales más incompetentes en estos ámbitos se denominan a sí mismos sociólogos: son presuntos investigadores de lo social, en realidad necios como Enrique Gil Calvo, profesor de Sociología y columnista habitual del diario El País, donde la alta concentración de estupideces no es ninguna sorpresa.

Gil Calvo escribe acerca del "destino inmediato del capitalismo liberal, que se precipita en caída libre hacia la implosión de un agujero negro impulsado por el continuo agravamiento de su crisis sistémica". Como no sabe gran cosa ni de economía ni de filosofía política, cree que el sistema socioeconómico actual es no sólo capitalista sino además liberal. O sea que no sólo se confirma que los medios de producción están todos en manos privadas, sino que se respetan los derechos de propiedad como normas fundamentales de la organización social, los Estados son mínimos y sólo se dedican a la protección de estos derechos y su intervencionismo en la economía es nulo: muy realista.

Como la ignorancia es atrevida, este "sociólogo" ve "fascinantes paralelos" entre el "colapso global" actual y "la súbita extinción de la cultura de los moais que tuvo lugar en la polinesia isla de Pascua", sobre la cual ha leído en Colapso, de Jared Diamond, cuya idea principal es que "la intensificación de la competencia por los recursos puede acabar con el suicidio colectivo de los competidores".

Diamond es un autor muy recomendable e interesante pero con graves lagunas en ámbitos económicos y jurídicos. Gil Calvo ni siquiera es capaz de aprovechar la calidad de su fuente sino que la estropea a conciencia. Se refiere a la "tragedia de los bienes públicos" cuando en realidad es la tragedia de los bienes comunes (tragedy of the commons, los bienes públicos son otra cosa muy diferente que obviamente tampoco entiende); se equivoca al citar a su autor (es Garrett Hardin y no Russell Hardin); y no ve el principal problema que subyace al "agotamiento de los ecosistemas a partir de un cierto umbral de explotación", que él superficialmente señala como "la escalada social de la competición" pero que en realidad es la ausencia del marco institucional jurídico adecuado: la no existencia de derechos de propiedad, precios y mercados sobre los árboles que se utilizaron para transportar las estatuas gigantes (que servían como símbolos ostentosos de prestigio entre los diversos clanes) y que dejaron de usarse para fabricar canoas y poder pescar.

Resulta que ahora "los moais son las burbujas especulativas que erigen nuestros clanes estatales y empresariales, unos moais hechos de especulación financiera e inmobiliaria que, al adentrarse en una escalada de intensificación de la competencia, no tardan en agotar los recursos productivos de la economía real". Lo estatal y lo empresarial quedan emparejados como si no hubiera ninguna diferencia entre la institucionalización de la coacción y el esfuerzo por organizar proyectos productivos que satisfagan los deseos de los consumidores; la especulación y la competencia son demonizadas, como siempre sin comprender sus funciones esenciales para la economía.

Gil Calvo asegura que las actuales "ciudades vacías" son nuestros moais, como si sus constructores las hubieran producido como símbolos de ostentación en lugar de ser oportunidades (equivocadas) de negocio. Es cierto que "los isleños de Pascua" agotaron "sus fuentes de subsistencia para erigir sus moais", pero no tiene sentido decir que "se endeudaron a muerte" si no tenían mercados de capitales (¿quiénes eran los acreedores?): la analogía es penosa. Trata de aparentar que sabe pero no puede y lo mezcla todo en un potaje indigestible donde aparecen sin ninguna coherencia "apalancadas pirámides especulativas", "crédito solvente", "empleo productivo", "tejido empresarial", "suelo público esquilmado", todo ello bajo la absurda etiqueta del "capitalismo liberal". Y le faltan los ingredientes esenciales que no puede o no quiere reconocer: la manipulación estatal del dinero y del crédito.

Ni siquiera entiende el keynesianismo, que ve como un posible "medio de evitar el colapso colectivo" mediante "el racionamiento impuesto por el poder público". El keynesianismo se basa en la estimulación de la demanda agregada, en que se siga consumiendo cuanto más mejor, o sea lo contrario del racionamiento. Dada su necedad no es extraño que crea que "la salida liberal" es la "que proponen los poderes financieros globales respaldados por los organismos internacionales como la UE, el FMI o la OCDE", basada en "mantener intacto el sistema de mercado" y "la dominación absoluta del mercado global". Es difícil reprimir las carcajadas ante tanta insensatez: políticos, funcionarios y banqueros defendiendo el mercado libre, qué bonita ficción.

Cuando parece que Gil Calvo ve algo de luz "los mercados libres no se pueden gobernar, siendo como son un orden espontáneo", resulta que era un espejismo: "La mano visible del Estado puede regularlos variando su estructura de incentivos pero no puede imponerles normas ejecutivas, pues cuando intenta hacerlo la mano invisible del mercado reacciona generando un desorden espontáneo como el actual". La culpa del desastre actual es del mercado, faltaría más, el Estado nunca es sospechoso de nada malo.

Como en los buenos fuegos de artificio, la traca mayor de la idiotez se reserva para el final: podríamos "convertir la actual crisis de los mercados en una verdadera crisis del sistema, eventualmente capaz de dar a luz un nuevo modelo de sociedad. Una sociedad sostenible y ya no basada en el depredador capitalismo neoliberal, que de ciclo a ciclo y de burbuja en burbuja está conduciendo al planeta a un inminente colapso como el de la isla de Pascua, ahora masivamente amplificado a escala global". Fíjense en que al menos la depredación ya no es liberal sino neoliberal.

Reconversión también en internet

A principios de este semana, la empresa eBay ha anunciado en España un giro total en el modelo de negocio que venía desarrollando en nuestro país. Una reconversión pura y dura en el planteamiento que ideó su fundador, Pierre Omidyar, allá por el año 1995. La empresa ha lanzado un nuevo servicio de anuncios clasificados, lo que ha supuesto una renovación completa de su sitio web.

eBay ya detectó hace unos años que los anuncios clasificados suponían una amenaza para su negocio y por eso compró los portales de anuncios clasificados Kijiji o Loquo. Como ya había adquirido otras empresas como Skype o PayPal, el sector interpretó que eBay quería completar su servicio principal, el de la subasta. Pero los anuncios clasificados no son sólo un servicio de valor añadido para eBay, sino que han pasado a ser a partir de ahora su servicio principal, por lo menos en territorios como España.

Nuestro país se convierte así en el primero del mundo donde eBay pone en marcha una estrategia de negocio basada en los anuncios clasificados, por lo que el sitio web queda dividido en cuatro partes principales. Una será eBay Classic, que es como se ha venido a llamar la actividad tradicional que hacia eBay hasta ahora. Las otras tres partes estarán destinadas a los anuncios clasificados, divididas en eBay Anuncios, eBay Coches y eBay Pisos. Esta nueva estrategia ha hecho que la compañía reestructure su personal, centralizando sus operaciones en Zúrich y Londres, minimizando la plantilla de las oficinas locales.

Es de admirar la "cintura" que tiene eBay para dar este giro en su negocio, no muchas empresas podrían hacerlo; pero me atrevo a decir que las compañías de internet tienen muchas más posibilidades de sobrevivir a cambios de estrategia. Lo que ya no sé es si será demasiado tarde para eBay, ya que en nuestro país empresas como Idealista o Segunda Mano llevan varios años liderando el sector de los anuncios clasificados.

Vuelve la depresión laboral

Es decir, en apenas unos meses, una de cada cinco personas en edad de trabajar se verán obligados a subsistir con una prestación perentoria y temporal para afrontar el día a día y hacer frente al pago de sus facturas y deudas. Y eso, los afortunados. Cerca de dos millones de desempleados no contarán con ningún tipo de ingresos.

La pobreza e, incluso, el hambre, figuras desconocidas en este país durante las últimas décadas, serán entonces una realidad y el mayor problema, no sólo económico sino también social de este país. Los últimos datos de desempleo correspondientes al pasado mes de febrero apuntan hacia un escenario de estas características a corto plazo. La depresión laboral (tasas de desempleo próximas al 25%) entraba por Andalucía el pasado enero y ahora amenaza con extenderse al resto de España.

La tragedia no radica en el aumento del paro, sino en la destrucción laboral récord que acaba de registrar el mercado nacional. En febrero se han perdido, por primera vez en la historia, más de un millón de empleos afiliados a la Seguridad Social de manera interanual (1.143.130 afiliados medios menos que hace un año), tras caer un 5,9% respecto a febrero de 2007.

Curiosamente, la agricultura es el único gran sector que todavía genera empleo. Y es que, la construcción supone el 54,2% del la destrucción de empleo interanual (en enero supuso el 48,4%), seguido de los servicios (26,5%) y la industria (22,1%), tal y como refleja el último informe delServicio de Estudios de la Asociación de Grandes Empresas de Trabajo Temporal (AGETT).

España vuela sin motores y el avión comienza ya a desplomarse de forma cada vez más visible e intensa. La velocidad de la caída hace prever un crack no visto por toda una generación de españoles. El paro crece a un ritmo del 50% interanual por primera desde septiembre de 1978. España cuenta ya con 3.481.859 parados registrados. Máximo histórico desde que se tienen registros, en enero de 1961. Sin maquillajes estadísticos, la cifra se eleva a 3,9 millones.

España acumula 1.166.528 más parados que hace un año. Hagan ustedes mismos las cuentas. A este ritmo, se romperá la barrea psicológica de los 4,5 millones antes de los que muchos piensan. Febrero supone ya el vigésimo primer mes en el que el desempleo se incrementa de manera consecutiva y, además, ya se cumplen 10 meses consecutivos desde que el desempleo afecta a todos los sectores. El sector servicios presenta 595.000 parados más que hace un año (42,3%). El sector de la construcción supera ya los 630.000 y sufre una variación interanual del 107,2%. El desempleo en el sector industrial también supera el incremento del 50% interanual (55,8%), con 162.506 parados nuevos.

Por si ello fuera poco, ya son más de 440.000 los jóvenes menores de 25 años en situación de desempleo, un dato negativo sin precedentes, tal y como pone de manifiesto el citado informe. "Desde que se dispone de información (febrero 2001), no se había visto antes un número de desempleados jóvenes de esa magnitud". De hecho, el paro entre los menores de 25 crece a un ritmo interanual del 63,1%, frente al 48,7% del resto de edades. Por último, los extranjeros (legales) en paro suman un total de 473.091.

Y mientras, muchos nos quedamos atónitos al contemplar la brillantez del Gobierno para lidiar con la actual situación. La receta keynesiana del gasto público es, por el momento, la única medida política que contempla el Ejecutivo para cortar una sangría que ya es imparable y está dejando sin apenas circulación a la economía nacional. ¿Qué pasará cuándo el Inem entre en déficit y se agote el dinero disponible para las prestaciones? ¿Emitirá el Tesoro un nuevo paquete de letras de calidad degradada para afrontar los pagos? ¿A qué precio? ¿Y cuándo la recesión continúe en 2010 y los ingresos tributarios se sigan desplomando al tiempo que el número de parados escala hasta los cinco millones? ¿Seguirá endeudándose el Estado, pese al riesgo de nuevas degradaciones crediticias y un coste financiero casi inasumible? Si algo caracteriza a nuestra clase política es, sin duda, su incapacidad de miras.

Las elecciones 1.0 de PP y PNV

Curiosamente, abriendo la web del PP me encuentro con una fotografía y un texto correspondiente al cierre de campaña en Galicia. Buscando en portada encuentro, eso sí, un vídeo con las declaraciones de Rajoy del mismo 1 de marzo. Pero nada más.

Si se entra en el área de prensa, la cosa es aún peor. Las últimas notas de prensa son del viernes. Si busca vídeos o fotografías se encontrará con un interfaz incómodo y de la época del pleistoceno, hablando en términos de internet, en el que además no hay imágenes de la última campaña. Sin duda, un sistema pensado para los periodistas, que encontrarán de una utilidad superlativa encontrar fotos de hace cinco años pero no las del día. De hecho, el vídeo más moderno es el debate de los presupuestos del año pasado. Y el evento más reciente en la agenda es de octubre del año pasado. Unos hachas.

En los enlaces del menú superior, común a todas las páginas, nos encontramos con un enlace a las elecciones ¡de 2008 ! Una web, por cierto, en la que nada más entrar se escucha el himno del PP. Muy amables con todos aquellos que no volverán a visitarlos desde la oficina. Hasta existe un vínculo a algo llamado "PP en internet". Vamos a ver, majetes. Que estamos visitando PP.es. Es decir, ya estamos en "PP en internet".

Pero mucho peor ha sido lo del Gobierno vasco. Había transcurrido muy poco tiempo desde el cierre de los colegios cuando comenzaron a llegar resultados desde Galicia. En cambio, el muy transparente Ejecutivo del PNV, ese que lleva treinta años en el poder, decidió no dar una sola cifra hasta que compareciera Balza. Y a partir de entonces los datos se suministraron sólo a los medios; los ciudadanos que querían acceder a la web electoral se encontraron con las cifras siempre a cero.

La empresa Ibermática era la encargada de gestionar la noche electoral como ganadora de un concurso por el que se le ha pagado (o se le pagarán) casi dos millones de euros. Curiosamente, o no, al hablar con los responsables de prensa de dicha empresa y de la Consejería de Interior del Gobierno vasco se notan sutiles diferencias. La compañía asegura no poder dar algunos detalles pero dan una explicación técnicamente lógica y muestran preocupación por lo ocurrido. En el Gobierno vasco aseguran –fíjense– que el problema estuvo en las líneas de comunicación entre los servidores de la web y los usuarios, cuando el fallo no estuvo en que no se pudiera acceder a elecciones.net sino en que esta web no actualizaba los datos. Y todo esto después de intentar quitarse de encima a un compañero de Libertad Digital bajo la excusa de que "no quieren crear debate" sobre lo ocurrido. Pues deberían explicar, al menos, si esos cerca de dos millones se van a pagar íntegros o al menos descontarán una parte por no haberse ofrecido correctamente el servicio.

Circula por internet una versión sobre lo sucedido en el País Vasco que centra en Telefónica el problema, pues era la responsable de servir los resultados al público en general, mientras que esta empresa centra la responsabilidad en Akamai. Pero en cualquier caso es obligación del Gobierno vasco dar información sobre lo sucedido lo antes posible. De hecho, deberían hacerlo hecho mientras tenía lugar el fallo. Es lo mínimo que esperan los internautas.

Desgraciadamente, los mínimos que todos esperamos en internet no se suelen cumplir cuando entramos en los pantanosos terrenos de la política. González Pons, que de otras cosas no sé, pero de esto sí que sabe, nos prometió un nuevo sitio web del PP que debería haber aterrizado hace semanas y del que aún no hemos tenido noticia. Esperemos que no esté al cargo el mismo equipo de funcionarios del partido que ha ido fracasando una y otra vez con cada sucesiva versión.