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Cada vez más claro

En su opinión, la actitud de los bancos nos está sumergiendo en un círculo vicioso: los bancos están viendo repuntar su morosidad, motivo por el cual cierran el grifo del crédito a la economía, pero sin crédito la economía se ralentiza todavía más, con lo que la morosidad sigue aumentando y el crédito restringiéndose.

Para estos dos economistas la solución está clara: debe ser el Estado, con su potente músculo financiero, quien dé un paso adelante en esta coyuntura crítica y vuelva a expandir el crédito hacia la economía. De esta manera, pasaremos del círculo vicioso al círculo virtuoso: más crédito significará más crecimiento económico, menor morosidad, balances bancarios más saneados y mayor crédito y crecimiento.

En economía las relaciones automáticas, desligadas de su sustrato teleológico, no suelen tener ninguna relevancia. Lo que importa no es tanto la cantidad del crédito en la economía como su calidad. Si el Estado presta masivamente dinero a las empresas para que acometan proyectos fallidos, difícilmente superaremos la crisis por mucho que se haya abierto el chorro del crédito.

Aunque las críticas que se pueden hacer a la propuesta de regresar a la banca pública son muy numerosas (y en otras ocasiones ya he apuntado algunas), uno de los fallos esenciales de sus proponentes podría parecer una mera cuestión léxica, pero que esconde un trasfondo mucho más profundo: la banca no concede crédito, sino que reconoce crédito.

¿Qué implicaciones tiene esta simple matización de verbo? Es un error considerar que la banca crea por sí misma la capacidad para financiar los proyectos productivos. La inversión procede siempre del ahorro de las familias y de las empresas: son estos agentes económicos los que generan la capacidad para conceder créditos. La misión de la banca, por el contrario, es reconocer crédito. Es decir, asignar ese ahorro de las familias y de las empresas a aquellos acreedores lo suficientemente solventes como para devolverlo con intereses.

La banca, por consiguiente, de lo que debería encargarse es de discriminar los proyectos buenos de los proyectos malos y asignar el ahorro escaso hacia los primeros. El problema económico ahora mismo no es que la banca esté restringiendo deliberadamente la oferta de crédito, sino que la demanda solvente del mismo se está desplomando. Si las empresas están quebrando y los familias quedando desempleadas, ¿en qué sentido podemos decir que serán capaces de devolver el ahorro que se les preste?

Si forzamos a que los bancos presten sin tener en cuenta la solvencia de sus deudores, volveremos a reproducir las condiciones que han generado la crisis actual, pero lo haremos en un momento donde la salud de los bancos está mucho más debilitada. ¿Acaso queremos abocarlos a una nueva quiebra para que el Gobierno pueda justificar una nueva lluvia de millones para rescatarlos?

Poco cambia la cosa si quien presta es el Estado, porque un mal proyecto es malo con independencia de la fuente de financiación. Si se crea una banca pública que compense con nuestros impuestos los impagos de los deudores insolventes, sólo estaremos echando dinero bueno sobre dinero malo, empeorando todavía más la salud de nuestra economía y la bases sobre las que edificar la recuperación.

Lo que hace falta no es más crédito, sino más ahorro y más proyectos rentables que financiar. Para lo primero, el Estado puede reducir el gasto público y los impuestos. Para lo segundo, hay que dejar que se ajusten los precios de los activos y liberalizar los mercados de factores productivos, especialmente el de trabajo, el energético y el de transportes.

Pero las voces autorizadas de Gómez Navarro y Villarreal parecen indicar que el Gobierno va justo en la dirección contraria. Extender más crédito –esta vez forzoso– a proyectos que han dejado de ser rentables y dificultar tanto como pueda los ajustes del mercado. Qué reconfortante.

Garzón, polvo de estrellas

El primero de ellos habla del choque, a 788 kilómetros de la tierra, de dos satélites, con un tamaño menor que el de cualquier persona. ¿Cómo habrán ido al mismo punto, en el mismo instante, dos criaturas tan pequeñas que surcan un espacio tan descomunal? El choque ha esparcido basura espacial en todos los sentidos imaginables, mientras científicos y técnicos vuelven al punto de partida de sus conjeturas para explicarse lo ocurrido.

788 kilómetros más acá, pero mucho más acá, se producía otro episodio al que la prensa seria, formal, socialdemócrata, se refería prácticamente en los mismos términos. Se trata del "encuentro" del ministro de Justicia Mariano Fernández Bermejo y del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón Real. Tal coincidencia es de lo más extraordinaria, pues de toda la geografía nacional han ido a toparse en un mismo punto geográfico de las Españas, y de sus atribuladas vidas, el acaecimiento se produce en el mismo instante, aquél en que Garzón ha atizado un sumario al partido rival del Gobierno al que pertenece Bermejo.

Por si fuera poca la serentipidad del caso, ambos, Garzón y Bermejo, dedicaban sus horas en común a la misma actividad: la caza. De animales, se entiende. Otrosí, al hecho fortuito vino a sumarse Juan Antonio González, jefe de la Policía Judicial, encargado de investigar la supuesta trama de corrupción del PP. Todo ello a un mes escaso de producirse dos elecciones que son más importantes para el PP que para cualquier otro partido, excepto el PNV. Como en el choque en el espacio, el encuentro cinegético entre Bermejo y Garzón ha producido polvo de estrellas, como no podía ser menos dada la condición de eadem del juez que veía amanecer.

Claro que, quizás, eso a lo que la prensa socialdemócrata llama "encuentro" sea más bien la primera escena de corrupsoe segunda parte, la vuelta de aquel reino de la corrupción de las instituciones que se extendió hasta ocuparlo prácticamente todo porque se sabía impune. La reunión es una demostración obscena de poderío, de podrerío. Cuando las instituciones no son el freno de los políticos sino su instrumento, la democracia se desvanece.

Chávez: pueblo y tirano

En primer lugar porque trata al pueblo como si fuera una persona, no como un ente colectivo en el que no hay siempre preferencias unánimes. Además, pretende establecer una igualdad entre el Gobierno elegido democráticamente y el pueblo que lo elige. Si juntamos estas dos relaciones, está claro que no puede haber nada que temer en la acción del Gobierno.

La idea de los padres fundadores de los Estados Unidos según la cual la principal función de una constitución es precisamente limitar el poder del Estado y hacer respetar la propiedad y la libertad de los individuos que componen el pueblo queda totalmente debilitada. No es de extrañar que Lincoln fuera uno de los presidentes que más han violado la Constitución americana. Desde la suspensión del Habeas Corpus hasta la deportación sin pruebas de opositores, el cierre de medios de comunicación, la expropiación de las monedas privadas o la masacre de civiles indefensos, todo realizado por el Gobierno del pueblo. Y, según él, lo hizo por el pueblo y para el pueblo.

Hugo Chávez ha llevado la máxima de Lincoln un poco más lejos. El dirigente totalitario venezolano ha afirmado que el pueblo y él son una misma cosa. Según lo explica el propio Chávez, "yo no soy Chávez, yo soy un pueblo, yo no me pertenezco, yo le pertenezco al pueblo de Venezuela, mi vida no es mía, yo la viví ya, mi vida es de ustedes, hagan con ella lo que ustedes quieran".

Este rizar el rizo lincolniano se ha producido en vísperas del referéndum en el que los venezolanos votan hoy si quitan a Chávez una de las pocas barreras que le separan de ser un perfecto tirano. Se trata de decidir si el presidente puede mantenerse en el cargo indefinidamente. En los términos chavistas en los que se plantea la consulta, se trata de aprobar o desaprobar la ampliación de "los derechos políticos del pueblo con el fin de permitir que cualquier ciudadano o ciudadana en ejercicio de un cargo de elección popular pueda ser sujeto de postulación como candidato o candidata para el mismo cargo por el tiempo establecido constitucionalmente dependiendo su posible elección exclusivamente del voto popular". Según la igualdad chavista se trata, en otras palabras, de ampliar los derechos políticos de Hugo Chávez con el fin de permitir que Chávez pueda presentarse tantas veces quiera como candidato para el mismo cargo siempre que sea elegido por voto popular, es decir, de Chávez.

Como bien recuerda la oposición, Chávez está a un paso de convertirse en tirano según la definición del héroe en el que el presidente dice inspirar su revolución socialista. Y es que efectivamente Simón Bolívar advirtió que "la permanencia de la misma persona al frente del Gobierno genera la tiranía porque el gobernante se acostumbra a mandar y la población se acostumbra a ser mandada y a obedecer al tirano".

Fidel Castro también es consciente de la importancia que este referéndum tiene para el futuro del socialismo en el mundo. Por eso ha entrado en campaña afirmando que "nuestro futuro es inseparable de lo que ocurra el próximo domingo cuando se inicie el día de la aprobación de la Enmienda Constitucional. No existe otra alternativa que la victoria. El destino de los pueblos de Nuestra América dependerá mucho de esa victoria y será un hecho que influirá en el resto del planeta".

De que no haya otra alternativa que la victoria del sí se encargan las denominadas patrullas del sí, formadas por dos millones de partidarios de Chávez que van casa por casa amedrentando a las personas que en las pasadas consultas no acudieron a votar. Su misión es lograr que estos "indecisos" voten sí gracias a recordarles la identidad entre Chávez y el pueblo, es decir, entre el presidente y ellos mismos.

Chávez ha ido destruyendo o debilitando las instituciones que podían retrasar o impedir su proyecto socialista. Cuando su utopía parecía un hecho, el presidente golpista se ha topado con la constitución venezolana que impide su presentación como candidato a las próximas elecciones. Pero el chavismo se ha lanzado a la calle para hacer entender a la otra parte del pueblo, la que debe tener una tara esquizofrénica, lo que "un pueblo", es decir, Chávez, realmente quiere. Y esa voluntad se resume en que "un pueblo" pueda gobernar indefinidamente, eso sí, por el pueblo y para el pueblo.

Y a los progres no les gustan los toros

A los socialistas les parece fatal que los ciudadanos utilicen las nuevas tecnologías en la forma que estimen oportuna, así que, como España no tiene actualmente ningún problema destacable, van a centrar sus esfuerzos en imponer con carácter obligatorio el sometimiento de todos los internautas a la extorsión de la SGAE y, eventualmente, en que las niñas puedan abortar sin el conocimiento de sus padres. Lo del pleno empleo lo dejan para otra década, porque lo primero es garantizar un bien pasar a los artistas de la ceja y sus representantes, especialmente en tiempos de crisis.

El contenido de las conversaciones entre los operadores de ADSL y el Ministerio permanece en secreto, como las charlas cinegéticas entre Bermejo y el Súper, pero todo indica que el objetivo es imponer en España la tiranía estatal hacia los usuarios de internet que ya se practica en otros países.

Se trata de impedir que podamos intercambiar archivos entre particulares (algo absolutamente legal, como lo demuestran varias decenas de sentencias judiciales) con un método, persuasivo donde los haya, que consiste en lo que se ha dado en llamar "los tres avisos", expresión tan taurina como apropiada para este caso. Las dos primeras veces que los espías de Teddy sospechen que usted ha descargado un archivo le llegará un aviso (no sabemos si será un mensaje electrónico o un pez muerto a la puerta de su vivienda), y a la tercera, su proveedor de ADSL "entrará a matar" y directamente le cortará la conexión.

Sorprende que los empresarios del sector acudan al Ministerio a escuchar educadamente a quienes están dispuestos a hundirles el negocio, porque de implantarse esa medida la pérdida de clientes sería brutal. A los ciudadanos, en cambio, nos vendría bien que ocurriera todo esto, porque la inventiva del ser humano para sortear dificultades es tan portentosa que inmediatamente surgirían empresas de todo tipo capaces de garantizar el servicio completo de banda ancha, aunque tuvieran que radicar su sede en algún diminuto país asiático, lejos del alcance de Teddy y Ramoncín.

Si los operadores actuales quieren sacrificar la parte mollar de su negocio a cambio de otras prebendas gubernamentales están en su derecho. Exactamente igual que los usuarios actuales a prescindir de sus caros, lentos y tercermundistas servicios. La coacción institucional no sólo no funciona, sino que agrava el problema que pretende solucionar. A cambio, en los estados de necesidad surgen individuos con ideas brillantes que mejoran todo lo que había hasta la fecha. Así pues, en estos momentos debe haber varios miles de jóvenes informáticos elaborando sistemas capaces de devolver a internet la libertad que los socialistas quieren erradicar. ¡Ánimo chicos! Os estamos esperando.

Las prohibiciones de Chávez

El chavista Consejo Nacional Electoral ha prohibido que dichas cuñas, en las que los partidarios del "No" advierten de que el futuro de su país será terminar como Cuba, sean emitidas por televisión. Tan sólo una cadena ha conseguido violar dicha restricción.

La prohibida, por opositora al jefe del Estado, Radio Caracas Televisión puede transmitirlos debido a que emite a través de cable desde Miami. De esta manera, al no estar sometida a las represoras leyes venezolanas (por mucho que el Gobierno pretenda que sí lo está), logra llegar a algunos hogares del sufrido país suramericano sin someterse a las asfixiantes regulaciones de Chávez. Aparte de los subscritores de este canal, hay otros venezolanos que sí pueden ver estos anuncios: aquellos que disponen de conexión a internet. La red se ha convertido así en uno de los pocos vehículos disponibles para que la oposición pueda llegar a la población sin demasiados problemas. Al menos por el momento, puesto los "bolivarianos" pretenden terminar también con esta vía de libertad.

El veto a la emisión de estas cuñas propagandísticas es coherente con la forma que tiene Chávez de gobernar y de afrontar el referéndum de la reforma. También ha prohibido que viaje a Venezuela un gigante de la lucha por la libertad y destacado disidente en la época en la que media Europa vivía sometida al comunismo. A pesar de referirse a él como alguien "irrelevante" e "ídolo con pies de barro", el mandatario venezolano ha ordenado que no se permita entrar en el país al ex presidente de Polonia y premio Nobel de la Paz, Lech Walesa. Y no es este el único caso de abuso de poder por parte del peculiar presidente y de los suyos. En el terreno de los medios de comunicación, hace apenas un mes se aprobó una norma por la cual tan sólo la televisión pública está autorizada a acceder a las sesiones de la Asamblea Nacional (el Parlamento).

En una situación así, internet se transforma, mientras se lo permitan, en una baza fundamental para que se expresen quienes no están con el poder o aquellos que, al margen de esto, quieran leer, ver o escuchar lo que el Gobierno no quiere que llegue a los ciudadanos. Por esa misma razón, sistemas políticos como el chino filtran contenidos y encarcelan ciberdisidentes; o el cubano prohíbe a la mayor parte del pueblo acceder a la red. Mientras en Venezuela no se alcance tal grado de control de la web, al menos les quedará un resquicio –aunque pequeño– de libertad y esperanza.

No neguemos el negacionismo

La gente no suele entender que los Estados no recoloquen a los parados y que permitan la existencia de "recursos ociosos" (fábricas que se cierran, maquinaria que no se utiliza, edificios deshabitados…). El clamor parece ser que los políticos nos salven la papeleta y que si las empresas no contratan y no producen, que lo haga el Estado. Es difícil para cualquier burócrata plantarse contra estas súplicas dirigistas del electorado; al fin y al cabo, se le juntan el hambre con las ganas de comer.

El problema es que las crisis son períodos en los que ciertas estructuras productivas se tienen que ajustar. En España, por ejemplo, tenemos que dar salida al exceso de viviendas, clausurar parte de los proveedores y clientes del sector de la construcción (cementeras, empresas de muebles, inmobiliarias…) e invertir en los sectores que liderarán la creación de riqueza en el futuro. Esto lleva su tiempo: las compañías no quiebran de la noche a la mañana, los inmuebles no pueden reutilizarse a menos que sus precios caigan y la creación de nuevos complejos empresariales toma su tiempo.

Cuando el Estado se pone a gastar en obra pública o a subvencionar a las empresas que atraviesan dificultades, todo el proceso anterior se retrasa aun más. Pensemos que los recursos que deberían recolocarse en otras actividades son ahora trasladados forzosamente por el Gobierno a actividades improductivas cuya única finalidad es aparentar que "se está haciendo algo", aunque sólo sea cavar agujeros para volver a llenarlos (o en su versión más moderna, construir piscinas o centros polideportivos). Puede que temporalmente el número de parados y de "recursos ociosos" se reduzca o no aumente tanto, pero sólo a costa de consolidar la crisis y el estancamiento económico.

Por supuesto, que una parte sustancial de la ciudadanía –embebida de catastróficas ideas keynesianas y de la propaganda intervencionista– demande esta especie de suicidio colectivo no justifica a los políticos que aprovechan la coyuntura para implementarlo. En casi todo el mundo estamos gobernados por incompetentes y oportunistas, pero España se lleva la palma en este ranking de la pauperización.

El Plan E aprobado por el PSOE es un claro ejemplo de cómo las intervenciones del Gobierno van a prolongar y agravar la crisis. Tal y como analizamos detalladamente en el cuarto boletín de coyuntura del Instituto Juan de Mariana, casi todas las medidas que incluye –y que en su mayor parte fueron aprobadas a mediados del año pasado– sólo servirán para aplazar la liquidación de las malas inversiones y para dilapidar los escasos ahorros de los españoles.

El Gobierno no logrará sacarnos de esta crisis tirando (o haciéndonos tirar) de chequera. Cualquier familia y empresa medianamente prudente está ahora mismo restringiendo sus gastos superfluos, amortizando parte de sus deudas y ahorrando tanto como sea posible por si vienen peor dadas en los próximos meses. Zapatero, con sus planes de sopa de letras, nos está forzando a lo contrario: gastar en servicios prescindibles (¿es necesario que a través de nuestros ayuntamientos volvamos a asfaltar las calles sólo porque el PSOE nos haya puesto en el bolsillo una millonada?) y endeudarnos a un ritmo acelerado.

El Plan E es un disparate que nos obstaculizará la salida de la crisis y que destruirá parte de la riqueza que generemos en un futuro. Una cosa es que la incompetencia y los prejuicios ideológicos del PSOE les aten las manos para adelgazar el Estado y liberalizar los mercados, pero al menos que no nos echen una tonelada de basura sobre nuestras espaldas. Si los Gobiernos no saben ayudarnos a superar la depresion, al menos que no nos arrastren hasta el fondo. Sería todo un detalle.

Cebando la crisis

Es un desastre absoluto. El último en exigir al Gobierno una reforma del mercado de trabajo ha sido Miguel Ángel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España: "[Necesitamos] una reforma laboral y reducir el coste del despido".

Zapatero, inventándose chivos expiatorios, ha decidido que para salir de la crisis le basta con gastar más dinero de los contribuyentes, a pesar de que así esté condenando a las familias y a sus próximas generaciones al desempleo y a un negro futuro de baja productividad, precariedad y pobreza. Los ciudadanos deberían considerar tal actitud un crimen contra la humanidad.

En 1921, cuando Lenin vio el desastre del comunismo de guerra, rápidamente entendió que tenía que tomar medidas de urgencia para una situación especialmente desastrosa. Instauró la Nueva Política Económica –que duraría ocho años y permitía cierta libertad en algunos sectores– y, de este modo, impulsó el país. ¿Por qué no hacer ahora algo parecido eliminando el retrógrado sistema proteccionista laboral que tenemos e instaurar un sistema de laissez faire en el mercado de trabajo para crear más empresas, más empleo y más riqueza? Hagamos tabla rasa. Digamos cómo están las cosas y que es imprescindible arreglarlas. Asumamos que sólo unas medidas aperturistas nos pueden sacar de esta situación. Conforme al sentido común económico, sólo podremos evitar un mayor paro con las siguientes reformas:

  • Permitir el libre despido en todos los sectores: Penalizar el despido equivale a penalizar la contratación. Si es absurdo que a una empresa se le pongan problemas para contratar a gente, también lo es obstaculizarle que pueda despedir a empleados. Lo primero que pregunta una compañía cuando entra en un país es cuánto le costará irse. Si los costes son elevados, se irá a otras regiones más baratas como China o Marruecos, o más productivas como Alemania y Francia.
  • Eliminar el salario mínimo (SMI): La gente con poca destreza laboral o de nueva incorporación sólo cuenta con una ventaja comparativa respecto a la hábil y experimentada: cobra menos. Si por decreto los políticos le asignan el mismo sueldo que una persona experimentada, inevitablemente se quedará desempleada. En España, el 30% de los jóvenes están parados. El SMI es su principal obstáculo para encontrar un trabajo, aprender, ahorrar y prosperar.
  • Eliminar el 50% de los funcionarios: España tiene el mismo número de funcionarios que Alemania con la mitad de población. La economía de verdad, la que sirve al consumidor y a la gente, necesita que el máximo número de personas estén en el sector privado dando valor al mercado. Los funcionarios, aparte de para comprar votos, sólo sirven para vivir de nuestras rentas sin producir nada.
  • Eliminar el Servicio Público de Empleo Estatal (INEM): El INEM es incapaz de colocar a nadie. Sus servicios sólo causan frustración y desespero. Las ETT ya se han ofrecido para recolocar parados sin coste alguno para el Estado. Estas empresas han de poder dar trabajos permanentes sustituyendo al ineficiente INEM. Sólo Infojobs da empleo a un millón de personas al año. Permitamos que crezca.
  • Eliminar los impuestos a empresas y trabajadores: La mitad de su salario real son impuestos. Si el Gobierno quiere aumentar nuestras rentas y crear más empleos de forma inmediata, ha de erradicar el robo tributario, aunque sea temporalmente.
  • Reducir drásticamente o eliminar el subsidio de desempleo: Cuanto más dure el subsidio de desempleo, más durará la estancia en el paro. Mucha gente se toma meses sabáticos al quedarse sin trabajo. Entre los jóvenes especialmente, las rentas del subsidio son más altas que las de muchos empleos. Cobrar sin hacer nada. ¿Quién se puede negar a algo así? Pero, ¿cómo esperamos levantar un país donde la gente quiere vivir del Estado, cuando es el Estado quien vive de nosotros? En esta fórmula sólo hay pérdidas netas totales.
  • Eliminar los trámites burocráticos para la creación de empresas: Un empresario en España necesita el doble de procedimientos burocráticos para abrir su negocio que la media de los necesarios en los países de la OCDE. Si usted quiere crear una peluquería en Aragón, le costará unos 200 días sólo en trámites. Esto no le hará cortar el pelo mejor a sus clientes.
  • Eliminar todas las subvenciones: El dinero que el Estado nos arrebata para dárselo a sus amigos, actores, medios de comunicación, agricultores, empresas ecologistas, etc. son éticamente un robo y económicamente un despilfarro que castiga la productividad y los designios del consumidor. Las subvenciones son un intento de economía dirigida y compra de votos que sólo distribuye el dinero de muchos hacia unos pocos que quieren vivir a costa de los demás. Es parasitismo en estado puro.
  • Eliminar las licencias: Si usted sabe cocinar, puede abrir un puesto de comida. El mercado, y no las absurdas licencias del Estado, decidirán si usted sirve bien la comida o no.

Son medidas incómodas. Son medidas impopulares. Incluso si se aplican temporalmente. Cuando superemos el 20% de desempleo, más de dos millones de personas no perciban ni una sola renta, la delincuencia se dispare y el Estado deje de cumplir con sus pagos sociales, dígame entonces qué será lo incómodo.

Medidas contra el colapso laboral

Pero como acababa de ser rehabilitado, junto con otros ultramontanos, por el Papa Benedicto, ese voto renovado de negacionismo le ha colocado en el indicador de popularidad de Internet a la altura del pato Donald. ¡Bravo!

Williamson habla sobre la verdad y pide anteponer el análisis a los sentimientos. De este modo se coloca a sí mismo en el papel de un honrado juez, mientras quienes le atacan aparecen como una caterva animada por un odio cerval. La realidad es, claro está, que es él quien siente rechazo por los judíos, algo que, por otro lado, no ha ocultado jamás. Y no deja escapar la oportunidad de lanzar mensajes en contra de ese pueblo. Por ejemplo, recientemente ha condenado la contraofensiva de Israel en Gaza en los mismos términos, y con el mismo odio, que muchos que fingen escandalizarse con el “negacionismo” del obispo.

Pero Williamson no tiene importancia alguna. No es ya que no sea un acreditado historiador o que las teorías en que se basa y que parten del odio hacia lo judío, no del amor por la verdad, hayan sido desacreditadas muchas veces. Es que lo que está en juego aquí es algo más que las palabras de este obispo. Lo que está en juego es la libertad, y por tanto la verdad.

Para muchos, y no en todos los casos con fines confesables, resulta tentador censurarle. Pero si, como es claro, su negación del holocausto es una gran mentira inspirada por un odio aún más grande hacia los judíos, prohibir su mensaje o simplemente rechazarlo de plano sin permitir una discusión de sus ideas sólo tiene efectos negativos.

La censura es el refugio de la mentira, tanto para la oficial como para la más minoritaria. Una posición como esa, que se basa más en un sentimiento inconfesable que en la atención a la realidad, se siente reforzada por ella. Porque la oscuridad de la censura es el refugio de la mentira, es el medio en que se siente segura, cómoda. Hay que sacarla a la luz, exponerla ante los hechos y las razones para derrotarla una vez más. La verdad jamás teme a la censura.

Por eso alguna de las manifestaciones para acallar a Williamson resultan de lo más sospechoso. Pues igual que no todas las posiciones generalmente aceptadas son falsas, también ocurre que no todas son acertadas. Y con el ejemplo de la censura de las opiniones racistas y de las leyes anti difamación, se puede intentar colar la imposición de otras “verdades oficiales” no necesariamente ciertas.

No es la mentira de Williamson lo que está en juego, sino la verdad.

Vuelve el ogro a internet

La primera gran ofensiva de los negocios tradicionales contra internet tuvo que ver principalmente con los medios de pago. Seguramente el lector recordará cuando, hace ya unos años, todo el mundo te advertía contra la idea, más bien locura, de dar los datos de tu tarjeta de crédito a algún sitio de internet. Las cosas más terribles te podían llegar a pasar si revelabas los deseados 16 dígitos a través de la insegura red de redes.

Por supuesto, tal ofensiva tuvo como resultado el más "silencioso" fracaso, puesto que la cacareada amenaza quedó en nada y ahora todo el mundo paga sistemáticamente sus compras de internet sin preocuparse lo más mínimo por esta supuesta inseguridad. Lo que no quiere decir que internet esté libre de riesgo; simplemente que tiene un riesgo similar al del mercado tradicional.

De esta forma, el comercio tradicional trató de protegerse de la amenaza de este canal de distribución alternativo. Si hubiera conseguido su propósito (dinamitar la confianza de los usuarios), se habría detenido el progreso del comercio electrónico y los grandes beneficiados habrían sido las tiendas de toda la vida, en las que se puede pagar con dinero, cosa que no es posible en internet.

Pero no es esta la única ofensiva que cabe esperar contra los comerciantes del mundo virtual. Ahora el ataque procede de nuestros farmacéuticos, clase privilegiada en nuestro país hasta términos incomparables con los países de nuestro entorno. Estos privilegios, en forma de barreras legales a la entrada, se ven comprometidos gracias a los establecimientos de otros países con presencia en la red que, voluntaria o involuntariamente, pueden dar servicio a los ciudadanos españoles.

Así pues, las amables advertencias de los colegios y agencias administrativas afectadas no se hacen esperar: comprar medicamentos por internet es muy arriesgado; este comercio está en manos de las mafias; ya ha habido muertes… En fin, que viene el ogro.

Sí, se pueden ahorrar dinero; sí, quizá puedan acceder a productos sin disponibilidad aquí; sí, pueden comprar medicinas sin receta… pero es que es muy arriesgado. Así que no compren medicinas por internet: protejan los privilegios de su farmacéutico habitual.

El derecho a vivir y a morir en paz

Eluana, la joven italiana que permaneció en coma 17 años, falleció el pasado martes 10 de febrero después de que suspendieran la alimentación e hidratación artificial que la mantenían con vida. El padre de Eluana asume toda la responsabilidad por lo ocurrido y asegura que está llevando a cabo el deseo expreso de su hija de no vivir en estas condiciones. El Congreso italiano a instancias del partido de Berlusconi se movilizó para intentar aprobar una ley que obligara a mantener con vida a Eluana y el Vaticano también ha presionado para impedir la muerte de la muchacha.

Algunos partidarios de seguir alimentando a Eluana opinan que la vida es un valor absoluto y debe protegerse siempre y en toda circunstancia. Esta visión no admite excepciones ni matices, y por lo tanto no acepta el suicidio ni el suicidio asistido como opciones legítimas. El problema con esta postura es que convierte el derecho a la vida en una obligación, y un derecho no lleva implícito la obligación de ejercerlo.

Negar el derecho al suicidio o al suicidio asistido supone negar que tengamos un "derecho de propiedad" sobre nuestro cuerpo (un derecho a decidir sobre nuestro cuerpo). Negar este "derecho de auto-propiedad" plantea irresolubles preguntas y absurdas conclusiones, sobre todo si uno es de inclinación liberal: ¿Cómo puede justificarse el derecho de propiedad privada sobre bienes materiales si no se acepta el derecho de propiedad privada sobre nuestro propio cuerpo? Si no somos propietarios de nuestro cuerpo, ¿tenemos derecho a fumar un cigarrillo o a comer una hamburguesa o tenemos que esperar a que el Ministerio de Sanidad nos dé permiso? Si nosotros no tenemos derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, ¿quién lo tiene? Porque alguien debe poder decidir sobre nuestro cuerpo si es que nosotros no podemos, aunque sólo sea para prohibirnos decidir. ¿No resulta paradójico que el derecho de propiedad sobre nuestro cuerpo recaiga en alguien que es completamente ajeno al mismo, que ni lo siente ni lo controla?

Quienes confunden el asesinato con el suicidio asistido están obviando un elemento clave: el consentimiento de la persona afectada. La diferencia entre quitarle la vida a una persona sin su consentimiento (asesinato) y terminar su vida con su consentimiento (suicidio asistido) es conceptualmente la misma que hay entre quitarle 100 euros sin su consentimiento (robo) y tomarlos con su consentimiento (aceptar una donación). Es imposible hablar de agresiones a la propiedad (incluido nuestro cuerpo) sin referirnos al consentimiento de la persona sobre el uso de esa propiedad. En el suicidio asistido dos personas adultas deciden voluntariamente sobre algo que es propiedad de uno de ellos.

En el caso de los pacientes que, como Eluana o Terri, no pueden expresar ningún consentimiento porque se encuentran en estado vegetativo, la cuestión se complica. En otros escenarios en los que una persona sufre incapacidad y debe tomarse una decisión, la ley suele contemplar que sean los más allegados quienes elijan. La premisa razonable es que la esposa, marido, padres, hijos etc. son quienes más interés tienen en el bienestar del afectado y tratarán de reproducir la decisión que aquél hubiera tomado. Es cierto, no obstante, que en el caso de la eutanasia estamos hablando literalmente de una decisión de vida o muerte, y si la decisión no es tomada en interés del paciente la consecuencia es fatalmente irreversible. Además, la preferencia por vivir es intensa en casi todas las personas, sea cual sea su condición.

Por este motivo puede ser prudente hacer recaer la carga de la prueba en quienes piensan que el paciente hubiera elegido morir. Si el paciente dejó su voluntad por escrito, no hace falta intentar adivinarla. Si no lo ha hecho, entonces los familiares deberían aportar indicios que sugieran que el paciente se hubiera decantado por la eutanasia. En el caso de Eluana, el padre ha insistido en que era el deseo expreso de su hija no ser mantenida con vida en estas condiciones, después de que un amigo suyo sufriera un episodio similar. Ha dicho el padre de Eluana:

Cuando volvió de su última visita a su amigo en coma me dijo que no quisiera jamás encontrarse en una situación así y me hizo prometer que ocurriera lo que ocurriera, nunca la abandonaría en ese estado.

Si no hay motivos para dudar de la sinceridad y el amor del padre por su hija, esta declaración debería tenerse en cuenta.

La oposición a contemplar la eutanasia como una opción, en contra de la voluntad explícita o estimada del afectado, lleva implícita la premisa paternalista de que nosotros sabemos mejor lo que conviene a esa persona que ella misma. No nos preocupa su opinión, le imponemos nuestra creencia de "lo que es correcto" aunque ella la hubiese rechazado.

Si a mí me ocurriera una desgracia que me incapacitara para tomar decisiones, sumiéndome en un estado vegetativo que me causara enorme sufrimiento, me gustaría que las personas que más me quieren se pusieran en mi piel y tomaran la decisión que creen que yo tomaría en esas circunstancias. Estoy seguro de que eso es lo que harían, con independencia de lo que dijera el Vaticano o el presidente del Gobierno.