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¿Nuclear? A lo mejor, gracias

Según González "es un error dramático que no se quiera debatir de la energía nuclear, a favor o en contra, pero lo esencial es tener un debate" porque la Unión Europea no puede quedar "aislada" ni "excluirse" del mismo. Lo cierto es que el error al que alude es, en la actualidad, un endemismo español. En la Unión Europea son cada vez más los países que optan por facilitar las cosas a la construcción de centrales nucleares. Italia, por ejemplo, acaba de llegar a un acuerdo con Francia para el desarrollo de proyectos de este tipo en el país transalpino.

Parece claro que si va a haber que cumplir con el racionamiento de emisiones de CO2 impuesto por el Protocolo de Kyoto, la energía nuclear es una opción a tener en cuenta a la hora de hacerlo sin dañar la economía. En la actualidad la disminución de emisiones en la producción eléctrica se está llevando a cabo principalmente mediante el incremento de la contribución de las energías renovables al total de la producción eléctrica nacional. El problema de esta opción es que la ineficiencia de la energía eólica y la solar todavía es grande y para que se incrementara su parte de la tarta energética ha habido que subvencionar estas formas de producción con miles de millones de euros. Esos recursos han sido detraídos de otras partes de la economía en los que no han podido llevarse a cabo las inversiones deseadas ni han podido crearse nuevos trabajos. Es más, para que las plantas eólicas y solares sigan funcionando, los gobiernos del PP y del PSOE se han comprometido a otorgarles jugosas primas durante décadas, lo que perjudicará a los demás sectores por igual período.

Con la energía nuclear ocurre lo contrario. Su coste de producción es muy bajo a pesar del tratamiento de los residuos que genera. No obstante, tampoco hay que obsesionarse con esta fuente energética. Lo importante es derribar las barreras políticas que en la actualidad impiden la construcción de nuevas centrales. Después será el mercado, es decir, el conjunto de los consumidores, el que decida cuál debe ser la participación de cada forma de producción de electricidad en el mix energético español. En unos lugares será más económico construir nucleares mientras que en otros será más eficiente una central térmica. Incluso habrá pueblos alejados de la red eléctrica en los que compense instalar paneles solares y poblaciones con viento constante todo el año donde sea rentable edificar plantas eólicas.

La nuclear tampoco es la panacea y, por supuesto, no está exenta de problemas. Mi buen amigo y gran paleoclimatólogo Antón Uriarte es contrario a las nucleares porque, según él, son una energía totalmente controlada por los Estados, además de un buen objetivo terrorista y una arma de destrucción masiva en manos de gobiernos potencialmente tiránicos, que son la mayoría. Son argumentos alejados del radicalismo ecologista que hay que tener en cuenta.

Y ya que abrimos el debate, convendría hablar también del carbón, esa fuente barata de producción eléctrica a la que el Protocolo de Kyoto está marginando en los pocos países cuyos parlamentos han sido tan insensatos como para ratificarlo. Las centrales eléctricas de carbón siguen siendo las que más avanzan en el mundo debido a sus bajos costes y son las que más y mejor pueden ayudar a sacar de la pobreza a millones de personas en las naciones pobres. A los ecologistas esto les da igual. Prefieren seguir su cruzada anti carbón a pesar del desarrollo de filtros de CO2 y de que la temperatura global del planeta lleve casi diez años prácticamente estancada. Es otro indicio de que lo que persiguen estos trogloditas debe ser cambiar nuestro sistema energético y económico para llevarnos a la fuerza a su utopía antidesarrollista y anticapitalista.

Prepotencia legislativa

Un ejemplo es la prohibición, vía artículo 69.7 de la Ley Electoral, de publicar encuestas de intención de votos los cinco días previos a la celebración de unos comicios. Quienes sí pueden, en cambio, acceder durante esas jornadas a estos sondeos son los partidos políticos. De esta manera, se establecen dos categorías de españoles con diferentes derechos. Por una parte, los electores, que ven recortada su libertad de acceso a información, y, por otra, aquellos que aspiran a ser elegidos.

En la actualidad, como sostienen desde la Asociación Nacional de Empresas de Investigación de Mercados y Opinión Pública, internet ha convertido la citada prohibición en obsoleta y discriminatoria. Antes ya era lo último, al negar a los electores un derecho que sí tienen los elegibles, pero ahora lo es de manera diferente y con menos perjudicados. A través de la red, como ya ocurrió en las últimas elecciones generales, cualquiera puede visitar los periódicos y otros sitios informativos extranjeros en los que se publiquen encuestas de intención de voto en España. En la actualidad, por tanto, los discriminados son aquellos ciudadanos que no tienen acceso a internet frente a los que sí se conectan, así como los medios de comunicación españoles frente a los foráneos, al competir los de aquí con unas restricciones legales a las que no están sujetos los de fuera.

La prohibición se fundamenta en una gran prepotencia por parte de los legisladores. Se considera que la publicación de los sondeos durante los últimos días puede afectar a la decisión de a quién votar o incluso a la de si acudir a hacerlo o no. Puede ser cierto, pero también lo es que influye el cómo se desarrolle la campaña durante sus últimas jornadas, y los datos de las encuestas escatimadas a los ciudadanos son claves a la hora de que cada partido decida su estrategia para esos momentos finales tan importantes. Así, desde el Estado se selecciona qué elementos debe tener en cuenta el elector y cuáles no a la hora de decidir su voto.

Por mucho que les disguste a los legisladores, todos los elementos que influyan en el voto son legítimos mientras no exista coacción. Algunos pueden ser equivocados, pero eso no justificaría que a través de la Ley se tratara de impedir su influencia. A nadie se le ocurriría prohibir sacar fotos o imágenes televisivas de los candidatos para evitar que algunas personas votaran al que consideran más guapo o que viste mejor. Tampoco hay nadie tan loco como para proscribir las intervenciones radiofónicas de políticos por el hecho de que ciertos votantes pudieran elegir a aquellos que tienen una voz más cálida o transmitan una mayor confianza. Por tanto, tan sólo la prepotencia de los legisladores puede explicar su prohibición.

El artículo 69.7 de la Ley Electoral es un atentado contra la libertad de información y comunicación desde el momento mismo en el que se redactó, pero en la actualidad se nota mucho más. Por lo tanto, si esta mayor visibilidad del recorte de tan fundamentales derechos sirve para que se derogue, otra cosa buena que habremos sacado los españoles de internet.

Prontuario para no iniciados

Los políticos, por regla general, tienen un gran talento para gastar el dinero, pero muy poco para trasladar sus "logros" a los ciudadanos en un lenguaje inteligible, así que las administraciones necesitan la colaboración de los varios miles de agencias privadas especializadas en imagen corporativa, cuya facilidad para dar una sensación grandiosa a cualquier chorradita ideada por el político de turno hace que sus servicios estén cada vez más solicitados.

Los cartelones con que el Gobierno de Zapatero está publicitando su famoso Plan E son una pieza magnífica del agit-prop posmoderno, pero lo que sorprende es que lleguen a extremos que pueden calificarse sin desdoro como un insulto a la inteligencia de los contribuyentes. Hay algunas obras incluidas en el plan de reactivación del empleo municipal cuyo importe no llega al coste de instalación del cartel que las anuncia, pero como lo que importa es la imagen y no el bien público, probablemente nos toque ver algunos carteles con leyendas como las que se detallan a continuación.

  • Reestructuración del dispositivo de hidrocanalización perimetral del templete ubicado en zona de esparcimiento: Han reparado la cañería de la cantina del parque.
  • Instalación de dispositivo de sellado en acceso al sistema subterráneo de higienización pública: Han colocado una tapa de alcantarilla.
  • Acción coordinada para la ecosostenibilidad del sistema lumínico en dispositivo regulador del tráfico urbano: Han cambiado las bombillas de un semáforo. Las nuevas son de bajo consumo.
  • Instalación de colector de residuos con sistema de clasificación para reciclaje en zona de especial interés paisajístico: Han puesto una papelera en el mirador del pueblo. Lleva dos bolsas, una de ellas para el plástico.
  • Reforma e integración en las modernas tendencias estéticas de la imagen frontal del edificio de la concejalía de juventud. Han pintado un graffiti.
  • Modernización de acceso peatonal al centro de educación ciudadana y adaptación a las nuevas disposiciones en materia de seguridad vial. Han pintado de rojo el paso de peatones del cole.
  • Reubicación estratégica del dispositivo público aglutinador de las acciones destinadas a la mejora de la salud reproductiva: Han cambiado de sitio la máquina de condones. Ahora está pegada al instituto.

Lo último será un cartel anunciando la instalación de otro cartel que anuncie, a su vez, la colocación de la primera piedra de la última ocurrencia del consistorio. ¿Que no?

Emilio Gutiérrez y la violencia

Pero nadie puede ser considerado un pedazo de hombre-masa cuando le conocemos. Todas las personas son, por uno u otro motivo, extraordinarias, aunque sólo sea en algún momento de su vida. Un Emilio Gutiérrez se disponía a vivir con su novia en su casa y seguir con una de esas vidas “del montón” que son objeto de desprecio de intelectuales y escritores.

Un día suena un estruendo y su vida se tuerce. Detrás del estallido hay una banda de apocalípticos e integrados a un tiempo, un grupo terrorista que es la vanguardia de la sociedad vasca, esa minoría que ha hecho suyo el discurso permitido y que lo ha llevado hasta sus últimas consecuencias. Esa minoría animada por un sentido del deber que va más allá del conformismo y de las necesidades del día a día. “Se pasan”, claro está, pero siguen el camino correcto. Es más, lo desbrozan, lo limpian de la maleza que aún queda en la sociedad vasca. Matan a un millar, amedrentan al resto. Siga las indicaciones. El dedo índice se queda corto. La sociedad vasca, siempre mirando al futuro, es amiga de la tecnología. El cañón de una pistola será quien indique el camino.

Emilio Gutiérrez había visto las indicaciones, como todos los demás. Pero una bomba estalló en su interior cuando vio destrozada su vida. Bajó con una maza y la emprendió con uno de esos templos del nacionalismo y del socialismo, donde se disfrutan los atentados sin pay per view. Son como los salones del oeste; la ley no se atreve a cruzar la puerta. Créanme cuando les digo que ni siquiera la SGAE entra en esos bares para cobrar su protección, como hace en el resto de España. Ya se sabe que las mafias van por barrios y una no cruza la frontera invisible que le protege de la otra si no sabe que vencerá en una guerra sangrienta. Y aquí la sangre la decide ETA. Pero Gutiérrez se saltó todas las indicaciones. Rompió todos los códigos. Tocó a los intocables. Décadas de chantaje, de nacionalismo bien entendido, que han secuestrado moralmente una sociedad, que la han humillado, puesto de rodillas y ejecutado, de repente quedan a la intemperie por un par de cristales rotos. ¿Qué pasaría si fuesen miles los Emilio Gutiérrez?

Una parte de la nobleza de la persona es el uso de la violencia. Una persona noble ha de estar dispuesta a recurrir a la violencia. Para defenderse, claro está. Pero esta sociedad, y no sólo la vasca, ha proscrito la violencia del hombre común, de los Emilio Gutiérrez. Y sólo quienes están dispuestos a comerse crudas esas ñoñerías, sólo quienes harán un mal uso de la violencia, la utilizan finalmente. Su mismo uso les legitima, en cierta medida. La proscripción de la violencia lleva al triunfo de los violentos frente a los nobles.

Esta sociedad podrida supura intelectuales que condenan la violencia. “Cualquier tipo de violencia”, dicen, sin discriminar. El acto de violencia de Emilio Gutiérrez, ha dicho un innombrable, pone en marcha una espiral peligrosa. Imagino que teme que en esa espiral una de las partes puede llegar a matar a un millar de personas. Y todo por culpa de Gutiérrez y su espiral.

Es mucho más cómoda la espiral del silencio ante el espectáculo del terrorismo. Miserables.

El peor asesor de la historia

Con un formato más original, y no tan elitista, es a lo que se dedica el canal Cuatro con el reality Ajuste de Cuentas. Si jamás ha visto el programa, se lo resumo diciendo que Vicens Castellano y su equipo usan el sentido común y la contabilidad financiera más básica para sacar a las familias adelante.

Si pasamos por una mala situación económica y nuestros gastos son superiores a los ingresos, no necesitamos un asesor para saber que hemos de replanificar nuestro estilo de vida: reducir los gastos, amortizar deuda, ahorrar e incrementar los ingresos en la medida de lo posible. Es algo que parece sencillo y obvio, ¿no? Pues no siempre.

Cuando llevamos este principio tan elemental a la política, la situación cambia radicalmente. Miren cómo actúan los gobiernos y muy especialmente el de Estados Unidos. Tienen una situación económicamente desastrosa y en lugar de suprimir los costes inútiles, ahorrar, reducir el endeudamiento y orientar nuestra producción a cosas realmente productivas (que sólo se consigue con más libertad de mercado), nos obligan a endeudarnos más para producir, además, cosas totalmente superficiales.

Barack Obama ha centrado su plan en el crecimiento económico basado en la inflación crediticia; en la creación artificial de empleo; en la estabilización del sistema financiero (lo que significa ampliar el monopolio bancario); en promover a golpe de talonario del contribuyente a empresas ecológicas; y en socializar el sistema sanitario. Para todo ello, va a robar a los americanos 787.000 millones de dólares (aunque se comenta que podría llegar a los 1,1 billones), que se suman a los 1,3 billones de dólares que ya tienen en cola.

Imaginemos que Obama se hubiese dedicado a asesor personal y ante una mala situación económica, nosotros le contratásemos. Siguiendo su particular filosofía keynesiana, nos diría que hemos de ingresar más dinero. Hasta aquí normal, pero ¿cómo? ¿Tal vez consumiendo menos o trabajando más? No, pidiendo más créditos al banco, es decir, endeudándonos más.

También nos diría que en lugar de destinar nuestros ahorros a lo esencialmente básico para nuestra familia, hemos de vender nuestro coche contaminante y gastarnos tres veces más en uno ecológico. (El primer experimento verde con los biocombustibles ha llevado el hambre a centenares de miles de personas. ¿Es el momento de seguir matando a más gente con esta excusa?)

También nos diría que todos los miembros de la familia han de trabajar para aportar más dinero. Y dado que nuestros hijos se han quedado sin empleo por la crisis, les hemos de asignar un sueldo para que hagan las tareas del hogar… y con esto incrementaremos nuestras rentas familiares. Cuando Obama habla de creación de empleos se refiere a esto. Paga con dinero del contribuyente el sueldo de otro americano dedicado a la construcción que vive a mil kilómetros de distancia. ¿Eso genera riqueza? La constructora OHL ya ha dicho que le parece perfecto, ¿pero es necesario? Lo que no cuenta Obama es que ese dinero en realidad sale de nuestro bolsillo y por tanto lo que se crea por un lado se destruye por otro.

Finalmente, para que todo sea perfecto y armónico, nos obliga a destinar parte de nuestro dinero a los gastos médicos del vecino del quinto. Ante su más que probable cara de estupor, Obama llama a este "saneamiento", Plan de Estímulo. Incluso nos monta una web con el grandísimo nombre de Recovery.gov donde sólo se habla de los beneficios de este plan, pero no de sus costes reales que son muy superiores.

Tal vez tendríamos que pedir a alguien como Vicens Castellano y a su reducido equipo que sustituya al Gobierno entero y aplique sus recetas a las cuentas públicas para reducir el peso del Estado en un 99,9%. Que dejen de robarnos el dinero para cosas que sólo repercuten en un futuro más negro y confuso. Todos estos "planes de estímulo", "ayudas" o como quiera llamarlos van contra el más elemental sentido común y sólo nos preparan para una siguiente crisis.

El origen de las subprime

La explicación reside en que las famosas hipotecas basura no eran la causa sino el primer síntoma evidente del estallido de la burbuja crediticia que, durante más de una década, fue alentada desde los organismos financieros de planificación central.

Curiosamente, la mayoría de políticos y analistas culpan a la avaricia y la desregulación de todos los males que aquejan hoy en día al sistema financiero y económico del mundo desarrollado. Sin embargo, más allá de las falacias y la demagogia que rodean dicho discurso, la visión políticamente correcta (la mayoritaria) ni siquiera atisba el origen real del problema. Esto es, la intervención del Estado en materia monetaria, mediante la fijación arbitraria de tipos de interés, así como la estrategia bancaria de endeudarse a corto plazo e invertir a largo, propio del actual sistema basado en la reserva fraccionaria y el dinero fiduciario sin soporte real (patrón oro).

El edificio se sustenta sobre cimientos endebles y el terremoto subprime marcó el inicio del fin de la burbuja crediticia. Ahora bien, lejos de las explicaciones que se exponen en las aulas universitarias y llenan las páginas de los medios de comunicación, la intervención estatal juega un papel clave y decisivo en todo este entramado. Basta con observar cómo y por qué nacen las famosas hipotecas subprime para desvelar este monumental engaño al que estamos siendo sometidos.

Para ello, hay que retroceder a la época del New Deal. En 1938 nace Fannie Mae de manos del presidente de Estados Unidos F. D. Roosevelt. Su nombre proviene de la siglas FNMA (Federal National Mortgage Association). Dicha entidad nace con el objetivo de expandir el crédito para la compra de vivienda ante la restricción de préstamos de aquel tiempo (credit crunch). Y ello, gracias a que sus hipotecas y bonos (emisión de deuda) contaban con el respaldo público del Gobierno. Es decir, Fannie Mae ejercía una función de banco público mediante la concesión de préstamos subvencionados. Algo similar, para entendernos, al Instituto de Crédito Oficial (ICO) presente en España.

En 1968, el presidente Lyndon Jonson procede a la privatización de la compañía, pero conservando el privilegio del respaldo gubernamental (GSE, Government Sponsered Enterprise). Poco después, en 1970, nace su hermano gemelo Freddie Mac (Federal Home Loan Mortgage Corp.), también bajo el patrocinio estatal (GSE), con el fin de extender aún más el mercado hipotecario en Estados Unidos.

Además, Richard Nixon, no contento con la función crediticia desempeñada hasta el momento por sendos bancos pseudoestatales, decide permitir a Fannie y Freddie la compra de hipotecas que conceden los bancos comerciales. Nace el mercado secundario de las hipotecas (titulización) respaldadas por el Gobierno. Pero aún hay más. Los demócratas, en sus aspiraciones de igualdad social y económica, se marcaron como objetivo político facilitar una vivienda en propiedad a cada norteamericano.

Jimmy Carter promulga en 1977 la Community Reinvestment Act (CRA). En un primer momento, dicha norma obligaba a las entidades financieras privadas, bajo amenaza de sanción, a conceder hipotecas a aquellos ciudadanos que, por su situación económica o en ausencia de avales, no alcanzaban los requisitos de solvencia exigidos para acceder a un préstamo privado.

Tras años de funcionamiento, el presidente Bill Clinton modificó la CRA para que las hipotecas de bajo coste (subprime) se ampliaran a las minorías raciales, con independencia de sus ingresos económicos e historial crediticio. La ley permitía denunciar ante los tribunales a los bancos que denegaran crédito a minorías étnicas o barrios marginales. Una especie de discriminación positiva, pero a nivel bancario. Para facilitar su extensión, este tipo de hipotecas eran adquiridas por Fannie y Freddie ya que, al fin y al cabo, contaban con el aval del Gobierno.

Como resultado, entre 1999 y 2005, los GSE lograron que amplias capas de la sociedad estadounidense abandonaran el mercado del alquiler para embarcarse en la fabulosa aventura de la propiedad inmobiliaria. Durante ese período la compra de vivienda creció un 87,2% entre los hispanos, un 71,9% entre los afroamericanos y un 46,3% entre los asiático-americanos, frente a un aumento próximo del 31% entre la población no minoritaria. Todo ello, impulsado, por supuesto, gracias a la fijación de unos tipos de interés oficiales muy bajos (entre el 1% y el 2%) por parte de la Reserva Federal (FED) que entonces dirigía el maestro Alan Greenspan.

Al grito de más madera, los directivos del GSE aún fueron más allá y, en su búsqueda de nuevos beneficios, comienzan a empaquetar hipotecas de alto riesgo para vendarlas como MBS (mortgage-backed securities). Dichas titulizaciones son colocadas a los inversores, garantizando además el pago de las mismas independientemente de la solvencia de los deudores (familias con escasos recursos). De este modo, proveen a los bancos comerciales de inyecciones de capital extra para la concesión de nuevas hipotecas.

Por otra parte, Fannie y Freddie contaban con privilegiadas líneas de crédito con el Tesoro de Estados Unidos a tipos inferiores a los del mercado. Esto les permite pagar más por las hipotecas que pretendían adquirir sus competidores. Su deuda también estaba avalada por el Estado, así que se podían financiar en el interbancario con mayor facilidad y menor coste que la banca privada; estaban exentas del pago de impuestos; las autoridades financieras les exigen menos fondos propios sobre el activo que a empresas privadas similares. Es decir, podían emitir más crédito con el mismo volumen de capital. Estos y otros privilegios gubernamentales permitieron a Fannie Mae y Freddie Mac ostentar el liderazgo del mercado hipotecario estadounidense durante años. En el segundo trimestre de 2008, ambas compañías emitieron el 84% de las hipotecas nuevas de la primera potencia mundial.

El crédito fácil y la financiación barata agrandó hasta el extremo la burbuja inmobiliaria que se había iniciado 30 años antes y empujó a las entidades financieras a una estrategia suicida basada en endeudarse a corto plazo (mercado interbancario) e invertir a largo (concesión de hipotecas a 20, 30 ó 40 años). Y todo ello, bajo la falacia de que el precio de la vivienda nunca baja y el coste del crédito (interés) siempre sería barato. No obstante, Greenspan alegaba por entonces que el aumento de la productividad en Estados Unidos propiciaba la permanencia de tipos bajos, al tiempo que permitía mantener a raya la inflación. Un negocio redondo, ¿verdad? El summum de la ingeniería financiera al fin se había alcanzado.

Sin embargo, la fiesta llegó a su fin. La burbuja estalló. La inflación (de bienes de consumo, que no de activos) comenzó a aumentar, obligando a una subida de tipos que, finalmente, descubrió el pastel de las hipotecas subprime. El precio de la vivienda se desmoronó, los impagos hipotecarios se dispararon, los embargos se sucedieron. Como resultado, se produce la quiebra de los fondos del banco de inversión Bear Stearns en el verano de 2007. El grifo de la financiación interbancaria se cerró. La imposibilidad de hacer frente a la deuda comprometida a corto plazo inició la sucesión de bancarrotas que se extiende hasta hoy en día.

Fannie y Freddie quebraron y volvieron a sus orígenes tras ser nacionalizadas. La factura que dejan detrás los gigantes hipotecarios tendrá ahora que ser sufragada por los contribuyentes y los hijos de los contribuyentes de Estados Unidos. ¿Desregulación? ¿Culpa del mercado? ¿Avaricia? Más bien todo lo contrario, ¿no creen? El Gobierno y la banca central, no el mercado, impulsaron, extendieron y facilitaron las famosas hipotecas subprime.

¡Qué risa con los ingleses!

La noticia en cuestión se refería a la posible re-nacionalización del operador británico de bandera, BT, en otro tiempo, British Telecom. Al parecer, el Gobierno inglés baraja dicha posibilidad para afrontar determinadas contingencias, que, éstas sí, carecen de gracia, pues se refieren a los planes de pensiones de los empleados de la compañía.

La diversión tiene que ver con que Reino Unido fue en su momento el ejemplo de mercado liberalizado de telecomunicaciones para el resto de países europeos. De hecho, dicha liberalización se produjo en 1984, catorce años antes que en los primeros países del resto de Europa, incluida España.

A cuenta de esa renta histórica, el regulador británico, inefable OFCOM, se ha pasado muchos años dando sopas con onda a los restantes reguladores, que miran cual si de las nuevas tablas de la verdad se tratara cualquier informe emitido por el primero. "Esto lo ha dicho OFCOM, así que cuidadín".

Tantos años de ventaja hay que mantenerlos como sea, y por ello en el mercado británico se han producido cosas con las que sólo soñaban los reguladores del resto de países. Por ejemplo, BT es el único operador nacional que, en su momento, decidió desprenderse de su unidad de telefonía móvil. (O2, ahora en manos de Telefónica).

Mejor aún, BT fue pionero en "acceder" a separarse funcionalmente, una cosa que la Comisión Europea y demás reguladores pretenden poder hacer a todos los operadores grandes. Esta separación funcional, por cierto, consiste en un eufemismo para "expropiación" de la red de acceso, la última milla para llegar al cliente, que es la clave del negocio de telecomunicaciones.

Así que de éxito en éxito hasta el desastre final. Cada brillante idea del regulador inglés ha necesitado de sucesivas ideas brillantes para mejorar la regulación, y así hasta llevar al riesgo inminente de nacionalización de la compañía. Albricias, qué gran trabajo: tras 25 años de mercado abierto y compañía privada, volvemos a la compañía pública y al monopolio de acceso. No me digan que no es para desternillase, aunque sea un poquito.

Ahora, como sabemos, lágrimas y risas están muy próximas. Porque lo que ya no es tan divertido (o a lo mejor lo es más, no sé) es que OFCOM y el Reino Unido siguen siendo la referencia para los reguladores europeos y, sobre todo, para la Comisión Europea en sus propuestas para telecomunicaciones. Cuando hagan sus absurdas propuestas, nadie les mandará que se callen entre carcajadas. Así que estas espléndidas ideas, que están a punto de culminar en el fracaso más radical, son las que nos esperan para el resto de países.

En fin, aprovechemos nosotros para carcajearnos ahora.

Bermejillo de Triana

El hecho cinegético propiamente dicho no es algo que preocupe al ministro, aunque éste se haya producido en compañías poco recomendables dada la relevancia institucional de su cargo. En cambio, lo de que le hayan pillado cazando en la comunidad andaluza sin la preceptiva licencia territorial le tiene desolado. No ha aclarado si la multa prevista para este tipo de delitos la pagará él de su bolsillo, correrá a cargo del Sazatornil que organizó el hecho cinegético o se sufragará con el presupuesto del Ministerio, pero dado lo abultado de su cuantía, que puede llegar a los 6.000 euros, tal vez lo más apropiado sería que las asociaciones españolas de caza hicieran una colecta para solventar el contratiempo de uno de sus más destacados compañeros de afición. Bermejo se justifica declarando que "se le pasó", algo que nos ocurre a todos a menudo en otros ámbitos de nuestra vida. A usted le para la Guardia Civil circulando por encima de la velocidad permitida y con decirle al agente "se me pasó mirar el cuentakilómetros" se supone que todo queda arreglado, como hace el ministro de Justicia, que de estas cosas sabe mucho más que un simple sargento de la Benemérita.

En su última comparecencia parlamentaria, en la que los diputados pidieron hasta cuatro veces su dimisión, Fernández Bermejo estaba sólo en la bancada azul, gesto insolidario dónde los haya por parte del resto de componentes del Consejo de ministros que a otro hubiera sumido en una cierta melancolía. Pero no a Mariano Fernández, el gran Bermejo, que después de redondear una faena de aliño fue despedido con aclamaciones de "torero, torero" por parte de los diputados socialistas, a las que se vio obligado a corresponder lanzando un beso al tendido como los grandes matadores en tarde triunfal. En próximas comparecencias no es descartable que desde la bancada socialista le lancen ramos de flores, una bota de vino o un conejo vivo al terminar su discurso mientras da la vuelta al hemiciclo, sobre todo si acierta con el estoque a una pregunta aviesa del grupo popular. Si se afeitara la barba y se hiciera una coletilla, Bermejo pasaría perfectamente por una gloria del toreo, como Antoñete o Curro Romero. Hasta los andares los tiene de artistazo el tío.

Sobrevivir a España

En una deflación ningún agente económico está exento del riesgo de quiebra y aunque exista la ilusión de que el Estado tiene una capacidad infinita para captar recursos, en realidad su contabilidad es similar a la de cualquier otro agente económico; que pueda rapiñar y apropiarse de la riqueza ajena le concede un colchón adicional, pero ese colchón cada vez está más vacío: los ingresos están menguando y los gobiernos irresponsables como el español no dejan de expandir el gasto con cargo al déficit público.

Nuestro país –o mejor dicho, nuestra Administración Central– que durante los últimos años había sido un ejemplo de diligencia a la hora de reducir el endeudamiento público y ofrecer capacidad adicional al sector privado para que creara riqueza, se ha convertido en el último año y medio en una auténtica rémora que succiona casi cualquier amago de ahorro que pudiera dirigirse hacia España.

Con sus programas de gasto público y con su cerrazón a liberalizar mercados como el laboral o el energético, el Gobierno está agravando la crisis, es decir, está retrasando la recuperación. Pero las nefastas consecuencias de sus decisiones todavía no son del todo palpables, ya que está comprando tiempo con cargo al Presupuesto público. Si ahora cree que los efectos de la recesión ya son insufribles, espere a cuando el Estado no pueda pagar ya los subsidios de desempleo e incluso se produzcan retrasos en los pagos a pensionistas y funcionarios, con todo el desorden social que ello acarrearía.

Ante estas perspectivas, los inversores ven cada vez más probable que el Estado español siga emitiendo deuda hasta el colapso. No habrá una gestión razonable que restrinja gastos e intente amortizar parte del cada vez mayor endeudamiento, por lo que el único camino es el default.

Y por eso el euro se retuerce. El Banco Central Europeo no está lleno de "millones y millones de euros", como decía Corbacho imaginándose a un Trichet bañándose en billetes cual Tío Gilito, pero su balance sí está lleno de deuda pública de los países que integran la moneda única: son estos activos los que permiten al BCE conducir su política monetaria periódica y preservar el valor del euro. Si la deuda pública de algún Estado resulta impagada, el BCE tendrá un agujero negro en los balances similar al de cualquier entidad que haya invertido masivamente en subprime.

Para evitar estas situaciones es por las que se aprobó el Pacto de Estabilidad y Crecimiento que, no por casualidad, España acaba de incumplir. Se creía que si los Estados limitaban su deuda pública al 60% del PIB y su déficit anual al 3%, el riesgo de impago sería muy bajo y no se pondría en jaque al Banco Central Europeo.

Ciertamente, no es que el BCE sea el único banco central con dificultades. La Reserva Federal también está al borde de la insolvencia, pero el Gobierno de Estados Unidos puede recapitalizarla inyectándole capital, como ya hiciera el pasado mes de septiembre. Técnicamente también existe esta posibilidad con el Banco Central Europeo: si España impaga su deuda, el BCE sólo tendría que dotar provisiones por pérdidas y esperar a que Alemania le inyecte nuevo capital. ¿Pero qué margen tiene Alemania para impedir que España, Italia y Portugal quiebren y para salvarles continuamente la papeleta?

Y, sobre todo, ¿por qué debería hacerlo? El euro no es más que la europeización del marco alemán y de las buenas prácticas del Bundesbank. ¿Por qué no soltar simplemente lastre? ¿Por qué no proseguir su camino tan sólo con países que cuenten co unas finanzas públicas sólidas y dejar que los cerdos se sigan enfangando por su cuenta? Sin duda ése será el dilema al que deberá enfrentarse Alemania. ¿Financiará la unificación europea como ya financió su reunificación? A los españoles más nos vale que así sea.

La inútil y dañina lucha contra el P2P

Pero al margen de esa discusión, a día de hoy puramente académica, lo que sí parece claro es que cuanto más abarque el Gobierno, más desatenderá aquello que le da razón de ser, la causa última de su existencia. De modo que tenemos embajadas regionales pagadas con dinero de los impuestos, pero los delincuentes campan a sus anchas y los procesos tardan años en dirimirse en los tribunales.

Un ejemplo bien claro de todo esto lo estamos viendo en internet. Tras largos años de preocupación por lo que la lucha contra el terrorismo podría hacerle a nuestras libertades y nuestra intimidad en la red, es la acción de un lobby la que más daño les está haciendo. Su último éxito es Irlanda, donde ha logrado que las operadoras se plieguen a sus intereses bajo la amenaza de obligarlas por la vía judicial. Ya no será un sistema de tres avisos, sino sólo de dos. Las discográficas ya han amenazado a la competencia, y es de esperar que ésta no tarde en unirse al acuerdo.

Aquí, en España, los rumores de un acuerdo entre Redtel y la SGAE son cada vez más insistentes. Sería un pacto evidentemente forzado por la amenaza latente de que el Gobierno de los titiriteros, aun prefiriendo no asomar demasiado la cabeza en este asunto, asumiría su responsabilidad para con los suyos si fuera necesario. Así, no sería de extrañar que en breve se anuncie un sistema similar al adoptado en cada vez más países de Europa.

Y, aún así, no constituiría más que un pequeño bache para los internautas que sería solventado con la misma facilidad con que lo fue el cierre de Napster. Las últimas estadísticas muestran que el P2P se ha estancado debido al creciente auge de los servicios de descarga directa como Megaupload o Rapidshare y también a que parte de los contenidos que antes se buscaban en las redes de pares ahora están disponibles en la web de forma gratuita en forma de streaming, es decir, que se pueden ver pero no descargar. Para que luego digan que es imposible competir con lo gratis. Muchos usuarios parecen dispuestos a tragarse anuncios a cambio de la comodidad y facilidad de uso de estos servicios.

Además, el ataque contra las redes P2P lo único que conseguirá es que los usuarios pasen a alternativas que cifren los datos y "engañen" a las operadoras mediante la llamada ofuscación de protocolo, que hace ver que en lugar de bajarnos una peli porno por BitTorrent estamos leyendo El País.com, tarea tan progresista que sin duda hará pensar a las operadoras que estamos con Teddy y no somos de temer.

¿La vida seguirá igual, entonces? Bueno, para los lobbys sí. Después de intentarlo todo seguirán necesitando cambiar la manera en que se explotan los contenidos musicales y audiovisuales, algo que deberían haber hecho hace una década, cuando aún no estábamos acostumbrados a no pagar por nada. Pero no seguirá igual para internet. Las operadoras tendrán no sólo el permiso sino la obligación de husmear en nuestro tráfico. La relativa intimidad y anonimato del que disfrutábamos en internet habrá acabado. Parece un precio demasiado alto para no lograr absolutamente nada a cambio.