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Demagogia barata, cesta cara

Los canarios se quejan continuamente de tener que pagar una cesta de la compra que se les antoja demasiado cara. Y no les falta razón: Canarias es la Comunidad Autónoma donde más cuesta el paso por el súper. Ante esta realidad, la noticia de que la cadena Alemana de supermercados de bajo precio pensaba abrir algo más de una docena de centros en Canarias supuso un gran alivio para muchos. De hecho, en los últimos años el poder adquisitivo de cientos de miles de españoles ha aumentado en mayor medida gracias a pagar menos por los alimentos que por las subidas de sueldo.

Sin embargo, al poco de darse la noticia se produjo en Tenerife una primera manifestación contra la apertura de supermercados que puedan vender sus productos a precios mucho más baratos que los actuales o, lo que es lo mismo, "a precios excesivamente baratos". Por extraño que pueda parecer ver a un grupo de ciudadanos manifestándose contra los precios bajos, lo cierto es que no lo es tanto si entendemos que detrás de estas manifestaciones se encuentran intermediarios ineficientes, monopolistas o incompetentes que creen tener el derecho de mantener al consumidor cautivo como si de un esclavo de la antigua Roma se tratara. Estos sinvergüenzas que salen a la calle para impedir un intercambio voluntario entre un nuevo intermediario y los consumidores canarios quieren ganarse la vida a costa de mantener a sus conciudadanos más pobres de lo que estarían con la nueva oferta.

El colmo, sin embargo, es que haya políticos como la consejera canaria de Industria y Comercio, Marisa Tejedor, que usan la demagogia más barata como coartada para impedir la mejora de las condiciones de vida de miles de canarios a través de inofensivos intercambios comerciales. Tejedor tomó el pelo a los isleños al denegar las licencias de los nuevos establecimientos con la excusa de que ese mercado ya está saturado. A esta señora, por favorecer a empresarios cercanos, por disfrutar del poder discrecional que le da su cargo o por una improbable ignorancia supina en cuestiones económicas, le importa un bledo el bienestar que los canarios puedan alcanzar a través del comercio. Ahora Lidl ha decidido cambiar de estrategia y pedir un tipo de licencia de apertura que no precisa la bendición del gobierno de Canarias. Esperemos que en los municipios no se encuentre con tejedores de redes monopólicas.

Reutersgate

El último caso lo ha protagonizado la agencia Reuters, que ha enviado a los medios una fotografía manipulada de Beirut, que pretendía aumentar la impresión que se llevara el público del caos de destrucción causado por Israel en la ciudad. Como en el caso Rathergate, las bitácoras han vuelto a aportar su capacidad descentralizada para controlar lo que aparece en los medios de comunicación y develar sus manipulaciones. En este caso ha sido el gran blog Little Green Footballs, que ha dado la voz de alarma.

Pero hay una diferencia entre este caso y el de los documentos auténticamente falsos lanzados sobre el público por Dan Rather. La foto de Reuters está tan torpemente cambiada que cabe preguntarse cómo es posible que un editor de la agencia la haya podido aprobar. No hace falta ser un experto para que a uno le salte la manipulación a los ojos. Sólo una complicidad con la mentira puede explicarlo. Afortunadamente la agencia ha rectificado, ha advertido a los medios del error, y ha pedido disculpas. Pero las va a tener que multiplicar, porque se han encontrado más fotos manipuladas por la misma mano, la de Adnan Hajj.

Como en el caso del veterano periodista de la CBS, seguramente los muñidores de la fotografía y de su distribución a los medios están convencidos de haber contribuido a la verdad por medio de su mentira. Porque hay quien entiende el periodismo como la propagación de la verdad, pero ésta con la propia ideología al margen de los hechos. Si las bombas israelíes no causaron un efecto tan aparente sobre Beirut, da igual, se puede manipular la imagen porque con ello se estará contribuyendo a "la verdad", que Israel no tiene derecho a defenderse y todo lo que sea responder a los justos ataques en su contra es inadmisible.

Pero los medios no están solos. El bloguerío observa y denuncia y el periodismo disperso no va a permitir que las mentiras y manipulaciones anden más de dos pasos. Eso que ganamos los ciudadanos.

La riqueza según Benjamin Franklin

En 1758 Benjamin Franklin publicó "The Way to Wealth", texto básico acerca del pensamiento económico republicano dentro de la sociedad capitalista en los Estados Unidos de América. El texto es una recopilación de proverbios que Franklin había publicado veinticinco años antes en su célebre almanaque "Poor Richard". Este almanaque, que le proporcionó fama y prosperidad, a su vez era un vademécum de cultura popular abundante en refranes, poemas, recetas de cocina, remedios indios y hasta predicciones meteorológicas.

"The Way to Wealth" se dirigía a los emigrantes, sobre todo alemanes y escoceses de origen calvinista, que llegaban por aquellas fechas a Pensilvania, de cuyo parlamento Franklin era miembro relevante. El objetivo consistía en despertar políticamente a esta nueva clase emergente de mechanics o artesanos emprendedores que escaparon de la miseria, temerosos de la prepotencia de aristócratas y cuáqueros en los territorios de acogida. "The Way to Wealth" llegó a ser durante el siglo XIX uno de los textos más leídos en las escuelas estadounidenses y fue durante generaciones una suerte de método práctico para lograr el sueño americano.

Abatir la pereza, vigilar con los propios ojos los negocios y no descuidar el ahorro son los tres grandes mensajes que caracterizan a "Wealth" entre sus lectores.

Respecto de la primera recomendación –apartar la indolencia– dice Franklin con donosura: "la pereza se mueve tan despacio, que pronto la pobreza la alcanza… gobierna tus negocios, no dejes que sean ellos los que te gobiernen a ti". El gran bostoniano insiste en una idea atinada de lo que hoy denominaríamos gestión eficaz del tiempo: el mejor tiempo posible debe ser aquel que se vive en ese preciso instante. "Trabaja mientras dure el día, porque no sabes si podrás hacerlo mañana".

Franklin aconseja circunspección y cuidado en los oficios por cuenta propia. Hay que ser asentados y no abandonar los asuntos al albur de terceros. Para ello no interesa el disimulo; "no manejes tus herramientas como si llevaras puestos guantes de seda". Además sobre la competencia profesional plantea una sutileza de estimable alcance: "Muchos que no dan golpe vivirían de su astucia, sino fuera porque el deseo de tener objetos superfluos acaba con ellos".

Acerca del ahorro y el abandono de lo superfluo, Franklin es afortunado en imágenes dignas de un flamante vídeo clip consagrado a la moda: "satenes y sedas, rojos y púrpuras apagan la lumbre de las cocinas". En unas ocasiones se muestra grandilocuente ("el orgullo que almuerza con la vanidad termina cenando con el desprecio") y en otros momentos irónico y burlón ("los acreedores forman una secta muy supersticiosa, fieles observadores de los días y las horas convenidas").

Benjamin Franklin, de quien se cumplen en 2006 trescientos años de su nacimiento, contemporáneo de Hume, Voltaire y Jefferson, personalidad destacada en la Independencia Norteamericana, sigue ofreciendo en "The Way to Wealth" útiles consejos intemporales, impregnados de sentido común, para personas con dificultades.

Castromoribundia

La incertidumbre sobre lo que pasará en Cuba cuando el hecho sucesorio se produzca –Dios no lo quiera, pero la Naturaleza es así de reaccionaria–, es la nota dominante en unos momentos en los que no se sabe siquiera si el hermano de Fidel está haciendo algo de provecho o sigue abrazado a la botella de ron intentando huir de la sombra de su Rebecca barbuda.

Los especialistas en transiciones, que pretenden dar solución al caos político cubano mediante un cambio a la española, no parecen tener en cuenta la absoluta distancia entre ambos países a la muerte de sus respectivos dictadores. España se encontraba en 1975, a pesar de la crisis del petróleo que golpeaba la economía mundial desde la guerra árabe-israelí, con un grado de desarrollo notable, tras una década de crecimiento por encima del 8% anual, gracias a los planes de estabilización y desarrollo de Navarro, Ullastres y López Rodó. Cuba, en cambio, se ha empobrecido durante el castrismo con una intensidad digna de plusmarca. En España había una clase media prácticamente hegemónica, con una renta per cápita cada vez más próxima a la de sus vecinos europeos. En Cuba la mayor parte de la población vive en la miseria sin otro horizonte vital que la mera subsistencia. En la España de la transición, aunque las libertades políticas estaban limitadas, había un grado notable de libertad civil (propiedad privada, libertad de circulación, de empresa, de establecimiento, etc.). En Cuba, el aparato represor del estado domina todos los resortes de la sociedad civil, de tal forma que el ejercicio de los derechos individuales es una mera entelequia que el sistema marxista se emplea a fondo en reprimir.

El éxito de la Transición española no cabe atribuirlo a la sagacidad de sus muñidores, por lo demás perfectamente descriptible, sino al hecho de que estaban sentadas las bases que permiten el desarrollo de sociedades democráticas. Se confirma así en la práctica, lo que los teóricos liberales venían afirmando desde finales del siglo XIX, esto es, que ningún régimen democrático puede instaurarse con éxito en sociedades en las que el estado no respeta la propiedad privada ni la libre interacción de los ciudadanos.

Pero sea cual sea la salida a esta crisis política, lo que más me preocupa es la salud mental de los progres europeos, especialmente los del "club de amigos del Malecón", ahora que el dueño del puticlub parece que está próximo a estirar la pata. ¿Y si fuera verdad lo de su afición casi patológica a los videos caseros?

Capitalismo y felicidad

Sostenemos que estas verdades son por sí mismas evidentes: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Probablemente este es el fragmento más famoso de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos (1776); y la incorporación del derecho a la búsqueda de la felicidad, su aportación más original y debatida. Han pasado 230 años y los americanos siguen celebrando su revolucionaria proclamación con un fervor patriótico desconocido en nuestras latitudes. Los Padres Fundadores hicieron de la búsqueda de la felicidad una cuestión política, encomendando a los gobernantes la custodia de las instituciones que permitieran la defensa de éste y del resto de derechos "inalienables" del hombre.

En estos años Estados Unidos ha consolidado su posición como primera potencia económica mundial, pero su hegemonía moral, atacada con renovado ímpetu desde dentro y fuera de sus fronteras con ocasión de la guerra de Irak o, más recientemente, por su apoyo casi incondicional a Israel en la guerra del Líbano, es cuestionada permanentemente y, en no pocas ocasiones, con instrumentos harto ridículos. Tal es el caso del panfleto titulado "El índice de felicidad planetaria" (HPI, en sus siglas inglesas).

Según sus conclusiones Estados Unidos ocuparía el puesto 150 entre los 178 países "estudiados", sería, por lo tanto, un país triste, tristísimo si seguimos nuestra intuición o idea de lo que significa la felicidad y no reparamos en la definición de la misma en la que se ampara este "ranking". Un país lamentable, sólo algo mejor que Costa de Marfil, Ruanda o Sierra Leona… eso sí, bastante más agradable que Rusia, traidora al comunitarismo ecologeta, que se sitúa en el puesto 172, por delante de otros traidores al comunismo como Estonia o Ucrania. ¿Y España? La España del talante deberá conformarse con una meritoria equidistancia, un limbo gris ni triste ni contento, un puesto 87, por delante del libérrimo Hong Kong y del corral feudal Saudita. Pero no se preocupen, que la pérfida Albión, aliada de Bush, se desliza con el dorsal 108 hacia regiones más oscuras. En realidad, el primer país de los Unión Europea que aparece en esta lista prodigiosa es Austria, con un meritorio puesto 61.

¿Y el "top ten"? Casi estoy por dejar que lo adivinen… ¿Recuerdan el anuncio de una conocida marca de licor en el que unos simpáticos lugareños con acento caribeño pretendían huir del estrés a toda costa? Pues eso, junto a un paraíso digno de Gaugin, la isla de Vanuatu en el Pacífico Sur, se encuentran Cuba o Dominica. ¡Cuba! Claro que, en puestos de avanzada felicidad todavía pueden verse lugares como Bhután, Guatemala y otros paraísos bolivarianos. Rigor.

Como se ve, en realidad Estados Unidos, campeón del capitalismo global, sólo es el ejemplo que resulta más revelador de la auténtica intención de este informe: probar que el capitalismo es el responsable de la miseria de muchos, felices a pesar de las dificultades, y culpable de la infelicidad de unos pocos, ricos más que les pese. Casi una reedición del mito del buen salvaje, ocurrencia atribuida a Rousseau, principal aliento intelectual de la Revolución Francesa.

Y es que la metodología empleada para llegar a semejantes conclusiones se basa en una ecuación aparentemente simple:

Felicidad = Vivir mucho tiempo + Identificarse a uno mismo como satisfecho + Usar los recursos naturales en cantidades apropiadas.

Los datos necesarios para rellenar los sumandos de cada país se obtuvieron acudiendo a diferentes estudios, cuyos resultados, a su vez, podrían discutirse, aunque por sí solos no resultan tan evidentemente manipuladores. Al introducir el factor "ecologeta" queda claramente en evidencia la voluntad de medir una cierta "eficiencia" en la consecución de la felicidad, es decir, no se mide la felicidad subjetiva, como queda claro, sino lo que cuesta conseguirla, señalando una doblemente falsa antinomia entre felicidad y riqueza.

La vida, la libertad y la propiedad fueron los ejes del discurso filosófico y político de los revoltosos americanos. Jefferson, responsable principal de la Declaración, no sólo recibió la influencia de Locke, autor del Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil, sino que formaba parte de un nutrido grupo de intelectuales entre los que se encontraban figuras menos reconocidas por la Historia, tales como el terrible Benjamin Rush, todos ellos materialistas científicos con un elaborado concepto de la naturaleza humana. Elaborado, gris y desconfiado, como lo prueba la redacción de la Constitución americana.

Jefferson estableció que la "búsqueda de la felicidad" era un derecho inalienable. La felicidad es un sentimiento moral y por lo tanto subjetivo. Al dar a los gobiernos la responsabilidad de la defensa de ese derecho, Jefferson y los Padres Fundadores estaban introduciendo una cuña en la privacidad de la persona con consecuencias imprevisibles, pero ciertas para su libertad, como demuestra la historia. Para Jefferson la felicidad era el objetivo de la vida y la virtud el fundamento de la felicidad, por lo tanto no concebía felicidad sin virtud, que es la cualidad indispensable en la reconciliación de los intereses individuales. El tiempo, las enmiendas y un occidente seducido por la maléfica influencia de la revolución de los sans-culottes han devaluado aquel e pluribus unum llegando a la conformación de políticas públicas basadas en dudosas encuestas que, en el caso de la felicidad, pierden u olvidan su carácter individual y dinámico.

Dinamismo imprescindible para comprender que la "búsqueda de la felicidad" nos hace seres fugazmente felices sí, pero productivos. Adelante, capitalismo.

Huelga e irresponsabilidad

En nuestra vida cotidiana realizamos actos contrapesando los pros y los contras, los costes y los beneficios desde el punto de vista económico. Al final tenemos que asumir cierto grado de responsabilidad sobre nuestras acciones. Si montamos un escándalo en un restaurante, o nuestros hijos se dedican a ir de mesa en mesa tirando los platos de los demás no nos tendría que extrañar que el responsable del local nos eche. Si en el trabajo llegamos tarde, nos vamos antes, no hacemos nada, y nos dedicamos a molestar al resto de compañeros, no nos tendría que sorprender que nos llamasen la atención e incluso que nos despidieran.

Algo que parece tan evidente en el mundo cotidiano se desprecia cuando proclamamos hacer actos antisociales por motivos reivindicativos o de logro social. Para evitar la situación de la huelga del Prat algunos están pidiendo una ley de huelga, pero como ha dicho Alfredo Pérez Rubalcaba, los cambios legislativos no siempre resuelven los problemas. Efectivamente, las leyes laborales han de contentar a tantos grupos de presión, saciar tantos intereses opuestos y están tan condicionados a la compra de votos que siempre acabamos teniendo regulaciones peores a la anterior.

Rubalcaba también apuntó que las últimas huelgas, especialmente la de los sucesos acaecidos en el Aeropuerto del Prat, deben conducir a una reflexión por parte de todos. Bueno, pues ya que nos invita, se lo diremos claro.

El gobierno socialista, con sus valores relativistas de "todo vale" y "nadie es responsable de sus actos" —excepto las pérfidas empresas— jamás hará nada en esta materia que tanto irrita a los consumidores. La huelga es un derecho legítimo, el de libre asociación y libertad de expresión. Por nuestro bien, ninguno de los dos puede ser manipulado ni controlado. Pero las huelgas en este país van asociadas a un curioso principio de irresponsabilidad. En las huelgas vemos como los piquetes agreden físicamente a empleados y no empleados, retienen a personas contra su voluntad, queman coches, neumáticos o cierran carreteras. Si fuéramos tan violentos en nuestra vida privada, en nuestro día a día, no saldríamos del cuartelillo ni el fin de semana.

La pregunta es: ¿por qué en una huelga podemos practicar la más desagradable y violenta de nuestras facetas sin que pase nada? Siempre suelen ser problemas técnico-judiciales o el hecho de que la suspensión de una huelga va siempre ligada a un pacto que obliga al perdón para todos los huelguistas. Las huelgas no son una situación de anarquía porque en la anarquía, al menos, todas las partes hacen lo que quieren. En cambio, las huelgas se han convertido en un privilegio concedido por el gobierno a un grupo para que pueda ejercer la violencia contra los demás, es decir, del huelguista contra la empresa y el consumidor. Si la empresa intenta defender su propiedad de los huelguistas es multada y si nos defendemos de la agresión de un piquete lo mismo.

Para arreglar esta situación, y de paso también el enmarañado y estático mercado laboral, la mejor respuesta es dar libre capacidad de acción a todos los actores económicos que intervienen. Eso significa que la empresa pueda despedir de forma inmediata a quienes cometan actos antisociales y daños a la propiedad privada y física de las personas y remplazarlos por nuevos empleados con ganas de trabajar, servir al cliente y ganar dinero.

Si cuando somos irresponsables en nuestra privada hemos de pagar las consecuencias, ¿por qué no también en nuestra vida laboral? Igualdad para todos es lo único que hay que exigir. Es cuestión de sentido común.

Un mes turbulento

Primero fue la introducción en Francia (y en Gabón) de la tasa sobre los billetes de avión para financiar la ayuda al desarrollo de los países pobres. Con esta manida justificación los idólatras del paternalismo estatal llevan dos siglos extendiendo los tentáculos del intervencionismo, quitando a los pobres de los países ricos para dar a los ricos de los países pobres.

Después de la iniciativa folclórica de Chirac vino el respaldo de los parlamentarios europeos a la propuesta de crear un sistema de racionamiento y comercio de emisiones de CO2 para la aviación. Vamos, que insatisfechos con el costosísimo fracaso del modelo de racionamiento de Kyoto a la hora de reducir las emisiones de CO2, los eurodiputados han pensado extender el fiasco al espacio aéreo.

A esta noticia le acompañó el anuncio de la introducción de un nuevo impuesto al sector, esta vez sobre el queroseno. El apetito de Bruselas sólo es comparable a la miopía de sus políticas públicas. Para colmo, la UE estudia la posibilidad de grabar con un nuevo impuesto el paso de aviones por el cielo europeo. Parece que lo de convertir la UE en la zona más dinámica y con mayor crecimiento del planeta para 2010 se pospone para otra década o, al menos, queda reservado para alguna actividad que se realice a ras de suelo.

Por último, la Comisión Europea ha decidido, en un arrebato de mala conciencia, obligar a las compañías a abandonar la sana costumbre de anunciar el precio sin incluir las tasas aeroportuarias de las agencias estatales y los diversos impuestos que graban su negocio. El actual sistema deja al descubierto lo cara que resulta la gestión pública de los aeropuertos para el comprador final del billete de avión y eso debe parecerles intolerable. En cambio, sencillas medidas para la mejora del sector como la privatización de los aeropuertos no están en la agenda de nuestros políticos. ¿Es que ninguno se atreverá a pedir la privatización de AENA aun después de que el mes haya terminado con la vergonzosa huelga del aeropuerto del Prat en la que los perversos incentivos de la propiedad pública de los aeropuertos han quedado patente en el respeto a los violentos y el abandono de los sufridos pasajeros?

Infierno… fiscal

Para muchos, al llegar el verano llega el infierno. No sólo hace calor sino que también se suda al cumplimentar la declaración de la Renta. Tras hacer un minucioso acopio de papeles y rellenar las casillas pertinentes, el resultado sale a pagar. Entonces, no hay círculo de Dante en el que halle más calor que en su interior.

Observa que en su cuenta corriente tenía algo de dinero para comprar un aparato de aire acondicionado pero que quizás ya quede tan lejos como cerca en último día de plazo para pagar el impuesto.

A pesar de que cada mes, más de doscientos euros salían de su nómina con destino a las arcas del Estado y de que no ha hecho otra cosa que pagar tributos como el IVA, el impuesto de circulación o el de los Hidrocarburos, todavía el Gobierno le reclama más y más.

Su voracidad carece de límites. Es el taxman que glosaba la famosa canción de los Beatles. "Hay uno para ti, 19 para mí porque soy el recaudador. Si conduces, gravaré la calle. Si andas, gravaré tus pies".

Para colmo, al leer el genial libro de Carlos Rodríguez Braun "Tonterías Económicas" se encuentra con que un reputado escritor, del cual pensaba comprar alguna novela, Juan José Millás, ha lanzado vivas a la declaración de la renta.

Ya no le queda duda de que hay verdaderos canallas que se ríen de quienes trabajan la mitad del año para el Estado. Esa gente es la misma que recomienda creer a los políticos cuando justifican la necesidad de los impuestos para satisfacer las necesidades colectivas cuando, en realidad, como advierte Jorge Valín, el dinero lo van a entregar a los suyos o "se van a quedar una generosa parte".

Llegado el día del juicio, cuando tenga que darle a Belcebú, un trocito de su alma en forma de modelo D/100, al menos, piense que le están tomando el pelo y que todo cuanto trabaje, antes o después le será esquilmado.

Incluso, cuando quiera descansar en paz, el Estado se lanzará sobre su cadáver. Pedirá que unos pocos meses después su fallecimiento, sus herederos liquiden el impuesto sobre sucesiones… con lágrimas en los ojos.

Ha pasado un año más. Como usted lo ha soportado, Taxman le espera sonriente el año que viene. Bienvenido al averno fiscal.

Cuba libre

Si Jared Diamond recurre a factores ecológicos para explicarse los colapsos sociales, Castro ha sido capaz de conseguirlo en una isla en la que la naturaleza es la única que mantiene, impertérrita, su exhuberancia.

Mientras el régimen y su creador se debaten entre la vida y la muerte, podemos plantearnos qué sería de una Cuba ganada para la democracia y la libertad. Eso de pasar del socialismo a la economía de mercado ya se ha hecho en otras partes del mundo, por lo que tenemos algunas pistas de por dónde pueden ir las cosas cuando, quiera Dios que sea pronto, los cubanos recuperen la libertad.

Amartya Sen ha explicado que las hambrunas desaparecen con la democracia. El hambre, que ciertos regímenes totalitarios han utilizado como instrumento de control social, se convierte en una ignominia insoportable para cualquier dirigente elegido por sufragio popular. No volveremos a ver al Gobierno recomendar ciertas flores para la dieta.

Súmese a ello el efecto en apariencia milagroso que tiene el reconocimiento de los derechos de propiedad y de la los acuerdos a precios libremente acordados. Cuando se produce para "el común" y el fruto del trabajo de uno se reparte entre todos, mientras que el esfuerzo es entero para el que lo realiza, lo lógico es la ley del mínimo esfuerzo y la máxima exigencia a los demás. Cuando todo lo que hagamos de más recae en nuestro beneficio, el trabajo y el ingenio, y con ellos la productividad, se multiplican.

Centenares de miles de cubanos que viven y crean riqueza en los Estados Unidos realizarían numerosas inversiones privadas en su añorada tierra, a lo que habría que sumar la atención de muchas empresas que se quieren beneficiar de su cercanía geográfica a la primera potencia mundial, la efectiva dolarización de la economía cubana, los restos de la muy rica tradición cultural cubana y las previsibles ayudas del Gobierno de los Estados Unidos a una Cuba democrática. Varias empresas españolas tienen ya presencia en el país, y estarán al tanto de las renovadas oportunidades que se crearán entonces.

Lo mejor que tendría esta nueva Cuba es que sus dirigentes saldrán de la actual disidencia democrática, y saben demasiado bien de los males de una economía del yo mando y tú obedeces. Cabe esperar que darán lugar a un sistema político que respete los derechos individuales, el único que conozcamos en que se pueden realizar inversiones y crear riqueza con cierta seguridad.

Es cierto que, quitando unos años durante los 70’, el régimen no ha invertido en infraestructuras, por lo que prácticamente mantiene las del 59. También lo es que la clase dirigente actual no va a dejarse desplazar fácilmente. Cuentan con el precedente ruso para decidir repartirse las migajas antes de que se conviertan, en una economía libre, en un suculento botín. No podemos dejar de lado que 50 años de dictadura corrompen cualquier sociedad. Pero por esta vez podemos ser optimistas.

Libertad económica y libertad política

El socialismo democrático, trasunto descafeinado del socialismo totalitario, nos dice que es perfectamente compatible mantener un sistema de alta coacción institucional y garantizar al mismo tiempo el ejercicio de los derechos civiles y políticos de los ciudadanos.

Para dictaminar sobre la veracidad de este aserto, conviene recurrir a la experiencia histórica y entonces constataremos que ningún sistema político respetuoso con los derechos de sus ciudadanos ha prescindido de un orden económico similar a lo que hoy conocemos como el libre mercado. Es que no hay otra opción si buscamos un sistema que garantice el ejercicio de los derechos civiles, puesto que la libertad económica es el principal soporte del resto de libertades del individuo. Los intelectuales suelen despreciar la libertad económica bajo el prisma de que es únicamente una forma de cubrir las necesidades materiales (además ineficiente, comparada con el socialismo al que dedican sus constantes soflamas). Sin embargo, la libertad económica es un fin en sí misma, comparable al ejercicio del resto de los derechos civiles que caracterizan a una sociedad libre, pues cuando se anula la libertad económica, se priva al ser humano del ejercicio de una de las capacidades primordiales que le distinguen de los seres irracionales. Hablamos de la "empresarialidad", según el término acuñado por los profesores Kirzner y Huerta de Soto, esto es, la facultad humana que le empuja de forma innata a buscar nuevos fines y objetivos vitales, empleando para ello los medios que considere oportuno. No se trata, por tanto, de una mera asignación de recursos para solventar unas determinadas necesidades de soporte vital, sino de una aspiración humana que entra de lleno en el terreno de lo espiritual. Un hombre no es libre si no se le permite luchar por los fines que subjetivamente considera le van a hacer feliz, por más que el Estado le faculte a depositar una papeleta en una caja de metacrilato cada cuatro años.

El sistema de libre mercado, además, permite separar el poder económico del poder político, algo que bajo los regímenes totalitarios se acumula en el mismo órgano rector. Esta separación de los ámbitos económico y político resulta esencial para garantizar la libertad política, pues permite la existencia de centros de poder alejados que se contrarrestan mutuamente.

A comienzos del Siglo XIX, los liberales ingleses, de la mano de Bentham, sugerían lo contrario, es decir, que la libertad política era un medio para la libertad económica. Su escuela filosófica mantenía que si la mayoría del pueblo pudiera votar lo haría a favor de limitar al máximo la capacidad coercitiva del Estado, aunque sólo fuera por una cuestión de mero utilitarismo. En cambio, a los terremotos políticos de comienzos del siglo XX siguieron dos Guerras Mundiales y una fuerte tendencia al colectivismo en la mayoría de países occidentales. Fue el "camino de servidumbre" del que advirtió Hayek con profética intuición.

La libertad política llega siempre después de la libertad económica y el desarrollo de las instituciones capitalistas. Hacer el trayecto en sentido contrario supone un riesgo evidente de no llegar nunca a la meta. La Historia es fecunda en este tipo de ejemplos.