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Armengol, la Jeffrey Epstein de Magaluf

La semana pasada, la socialista Francina Armengol alcanzó la presidencia del Congreso de los Diputados tras los votos afirmativos de todos los partidos que se han propuesto desde sus inicios acabar con el actual sistema constitucional. Y no precisamente para sustituirlo por uno más liberal. La recientemente diputada socialista toma así el relevo de la también socialista Meritxell Batet, con un mandado marcado por un cierre ilegal del Congreso, sin consecuencia penal alguna.

Armengol se ha desempeñado como presidente de la comunidad autónoma de las Islas Baleares durante dos legislaturas, entre 2015 y 2023, hasta su reciente derrota a manos del Partido Popular, el cual ya gobierna la región gracias al apoyo parlamentario de VOX. En su primer anuncio como presidente del Congreso, Armengol ha afirmado que, saltándose el Reglamento del Congreso, permitirá la expresión de los diputados en las distintas lenguas cooficiales del Estado. Por supuesto, durante sus ocho años de mandato en las Baleares, su gobierno, formado por socialistas, comunistas y nacionalistas pancatalanistas, hizo todo lo posible por impedir que las familias que desearan estudiar en español pudieran hacerlo.

Menores tuteladas

Pero, sin duda, el gran escándalo durante su gobierno fue el caso de la red de prostitución de menores tuteladas en centros de la propia comunidad autónoma y, sobre todo, cómo su gobierno intentó tapar el asunto. En este sentido, Armengol no se queda atrás de la también catalanista Mónica Oltra, cuyo entonces marido fue condenado por abusar sexualmente de una menor que tenía el matrimonio a su cargo.

Aun así, este caso es un tanto diferente. A finales del 2019, la prensa se hizo eco de tres detenciones en Mallorca por una violación grupal a una menor. El caso fue creciente: primero se supo que era una menor tutelada por la administración autonómica, luego supimos que el gobierno balear ya conocía el asunto al menos desde seis meses antes y, para más inri, no removió a los educadores sospechosos de organizar la trama de prostitución. El modus operandi era sencillo: supuestamente, los educadores no es que conocieran los hechos, que ya es grave, sino que extorsionaban a las menores o les ofrecían drogas a cambio de los macabros servicios. El caso está judicializado y hay una condena, pero queda mucho por investigarse.

De copas en pandemia

En el plano político, el gobierno de Armengol se negó siquiera a crear una comisión de investigación (que no sirven para nada) en el parlamento regional, alegando que las competencias de las menores tuteladas las tenía el Consejo de Mallorca, esto es, el gobierno de la isla, lo cual era cierto. Ahora bien, el gobierno de dicha isla estaba en manos de exactamente los mismos partidos, los cuales se volvieron a negar en la creación de una comisión de investigación a su nivel. En su lugar, se decidió crear una comisión de expertos para redactar un informe. La analogía con la prometida comisión independiente sobre la pandemia que todavía estamos esperando es más que evidente.

Hablando de la pandemia, Armengol se destapó como uno de los presidentes autonómicos más beligerantes contra los derechos individuales. Su gobierno fue de los que impuso medidas más duras respecto a horarios de cierre o aforos en la hostelería, sector que, como todo el mundo sabe, apenas representa un minúsculo porcentaje de la economía balear. Así, llegamos al 7 de octubre de 2020, cuando la Policía Local se personó en el Hat Bar de Palma a las 2:10 h de la madrugada, más de una hora por encima del horario límite de cierre. El dueño del establecimiento alegó ante los agentes que “dentro había una autoridad” y que, por ello, no había podido cerrar el local. La autoridad era la presidente regional, Francina Armengol. No consta que el establecimiento fuera sancionado.

Carteles contra la judicatura

Una de las características del actual periodo socialista de gobierno ha sido un asedio sin precedentes contra el poder judicial. A la toma de la Fiscalía y la Abogacía del Estado se han sumado campañas, por supuesto pagadas con dinero público, contra los jueces, en genérico, por considerarlos machistas, franquistas, homófobos, nazis o lo que se les ocurra por el camino.

Así, el Instituto Balear de la Mujer y el Ministerio de Igualdad (no hay boda sin la tía Juana), el Pacto de Estado contra la Violencia de Género y la Consejería de Presidencia, Función Pública e Igualdad del Gobierno de las Islas Baleares nos obsequió con un cartel en el que un juez espetaba a una señora con el brazo en cabestrillo y una contusión en el pómulo: “¡Cómo voy a creer que su marido le maltrata si está usted viva!”. Este cartel conllevó un total de cero dimisiones en cualquier sitio.

Catalán obligatorio para ejercer la medicina

Por último, como ya hemos señalado al comienzo, su gobierno se mostró partidario de imponer el catalán como fuera menester para el ejercicio de la función pública. Aquí la cuestión es peliaguda. Por supuesto, el contratante tiene la potestad de solicitar que sus trabajadores tengan que hablar una lengua concreta, o varias, a la hora de acceder a un puesto de trabajo. Ahora bien, cuando es la administración pública la que arroga un servicio universal, estos experimentos terminan saliendo, como de costumbre, mal. Esto terminó con la salida de varios profesionales de las Islas Baleares hacia destinos menos gravosos. El gobierno entrante del PP y VOX ha eliminado la medida hace menos de un mes.

Así con todo, esta es la señora que va a presidir la Cámara Baja y ostentará la tercera autoridad del Estado, por detrás del rey y del presidente del gobierno. En menos de un mes tendremos sesiones de investidura, porque habrá varias. El espectáculo tiene pinta de ser largo y tedioso. Por cierto, hace apenas diez días que la justicia ha reactivado, a instancias de una denuncia de VOX, la causa en su contra, aunque es bien difícil que prospere.

Cómo considerar el trabajo como una categoría ficticia: el punto de vista de Carl Menger sobre Karl Polanyi

La gran transformación de Karl Polanyi (1944) es unas de las narrativas más influyentes y citadas en el campo de las Ciencias Sociales que explica el desarrollo de la civilización. La tesis principal de Polanyi es que el capitalismo liberal contiene un fallo interno fatal. La gran transformación hacia el Estado planificador y abolición de la propiedad privada es la consecuencia y corrección de este fallo. Es un esquema similar al del marxismo. La diferencia es que, para Polanyi, la causa de la crisis fatal del capitalismo liberal es diferente a Marx.

Según Marx, el fallo fatal del capitalismo es la explotación de los trabajadores. La lucha de clases antagónicas que surge de esta explotación conduce a la revolución socialista, a la abolición del orden capitalista y al establecimiento del Estado socialista.

Karl Polanyi

Según Polanyi, la explotación no puede ser la causa de la crisis fatal del capitalismo liberal debido a que el nivel de vida aumentaba, los trabajadores de las fábricas tienen por término medio un nivel de vida sustancialmente mejor que antes, y desde el punto de vista de las rentas en dinero exclusivamente, se podría comprobar que la condición de las clases populares había mejorado (ibid 1944, p. 145), y, en general, el mercado autorregulador produjo un bienestar material hasta entonces nunca soñado (ibid 1944, p.27).

Polanyi teorizó que el fatal fallo del capitalismo de libre mercado es que los mercados no regulados convierten el trabajo, el dinero y la tierra en mercancías, siguiendo una idea de Marx (ibid 1944, p. 58). Pero Polanyi subraya que el trabajo, la tierra y el dinero no son mercancías, ya que no se producen para la venta. Por lo tanto, según él, son mercancías ficticias. Su tratamiento como mercancías, cuando no lo son, es el núcleo del fallo fatal del capitalismo (ibid. 1944, cap.6). 

Polanyi: el problema del trabajador

Así, para Polanyi la problemática relación del trabajador en la sociedad solo surge tras la instauración del libre mercado, cuando los trabajadores pasaron a estar sometidos a las ciegas fuerzas de la oferta y la demanda. Polanyi trata más extensamente el tema del trabajo dada su importancia, por lo que este artículo también investiga si el trabajo es mercancía y en qué condiciones es ficticio – desde de la vista Mengeriana.

La posición teórica de Menger (1871) era también que el trabajo no es una mercancía. Su argumento era el mismo que el de Polanyi: la capacidad de trabajar es una facultad inherente al hombre y, por tanto, no se produce para la venta.

Menger, sin embargo, va más allá. La capacidad de trabajar es un bien, una acción humana útil. La utilidad del trabajo es su capacidad de producir bienes útiles para satisfacer las necesidades humanas. Los seres humanos pueden utilizar su capacidad de trabajo para producir para su propio hogar con el fin de garantizar su bienestar personal u ofrecer el servicio del trabajo para otros a cambio de algún tipo de compensación para poder adquirir indirectamente los bienes que consideran necesarios para sus comodidades.

Menger: el trabajo como bien

Un bien siempre es propiedad de alguien. Dado que la capacidad de trabajar es una cualidad inherente al ser humano, la capacidad de trabajar es propiedad personal inherente de la persona que realiza el trabajo. Por consiguiente, la capacidad de trabajar es el capital humano del individuo, inseparable de su cuerpo. Fue Adam Smith (1776, p.217) quien incluyó por primera vez la capacidad humana de trabajo entre los tipos de capital y reconoció que un individuo puede cultivar y explotar su propia capacidad de trabajo como capital trabajando con destreza y adquiriendo habilidades y conocimientos.

Si adoptamos la teoría de Menger de que el trabajo es un bien, la naturaleza ficticia del trabajo adquiere una nueva interpretación, diferente que Polanyi ha empleado.

El trabajo es ficticio cuando los trabajadores no tienen propiedad sobre sus cuerpos y/o sobre sus facultades de trabajar. Esta era la situación durante la época de las civilizaciones jerárquicas de la era precapitalista basadas en la esclavitud o la servidumbre de los productores y trabajadores. Los productores y trabajadores habían perdido la propiedad sobre sus cuerpos y sus esfuerzos laborales porque las decisiones eran tomadas por sus señores total o parcialmente dependiendo del grado de servidumbre y fueron explotados.

Karl Polanyi, servidumbre, esclavitud y explotación

Polanyi no problematiza ni la cuestión de la servidumbre, ni la explotación en las sociedades precapitalistas. El punto de partida de Polanyi es que el largo periodo precapitalista es una larga fase histórica unificada. Él ignoraba deliberadamente la distinción entre pequeñas comunidades homogéneas de tribus cazadoras y colectores y sociedades estructuradas jerárquicamente, entre comunidades basadas en la igualdad y sociedades divididas en señores y productores (trabajadores) en servidumbre, restando la importancia a la explotación. La causa para que Polanyi incluya estas sociedades tan diferentes en un mismo rango es que los mercados y la actividad económica están bajo control social/habitual/comunal/religioso o estatal. El papel de los mercados es mínimo y limitado en la vida de las personas.

Sin embargo, Polanyi tuvo que resolver un problema. El problema de servidumbre y explotación en sociedades precapitalistas. Por esta razón, Polanyi hizo un esfuerzo considerable para disminuir la importancia de la explotación de los productores por sus señores en las sociedades jerárquicas precapitalistas. Ni siquiera menciona la esclavitud durante la Antigüedad.

Explotación y quid pro quo

En su discusión sobre los grandes imperios de la Antigüedad solo menciona la redistribución, que configuró un papel importante por igual la vida de los constructores de pirámides y la vida en Roma (ibid. 1994, p.98. y 103). En cuanto a las sociedades feudales, admite la existencia de cierta explotación (ibid 1944, p. 98). Pero su énfasis estaba en que los gobernantes que explotaban a los productores proporcionaban una contrapartida compensatoria.

Como tal, Polanyi sugiere que había un quid pro quo, que beneficiaba a los explotados y contrarrestaba así la explotación. Por ejemplo, se refiere a los pastores nómadas de África que dominan a los agricultores y esperaban más de ellos que lo que ellos le dan a cambio. En este caso, para él lo importante era que esta relación desigual beneficiaba a ambos grupos gracias a la mejor división del trabajo (ibid. 1944, p.98). Incluso en la versión europea, que él considera como resultado de unas circunstancias excepcionales, en la que los dones se transformaron en tributos feudales, la explotación se equilibra con la protección, surgida de la necesidad del vasallo (ibid. 1944, p.99).

Sociedades jerarquizadas y sociedades igualitarias

Tras disminuir la importancia de la explotación en las sociedades jerárquicas precapitalistas y retratar estas sociedades como redistributivas, en las que se intercambian beneficios, Polanyi construye el puente que le permite tratar como una sola entidad a las tribus no jerárquicas, comunitarias y homogéneas y a los estados estratificados y jerárquicos divididos entre dirigentes y dirigidos, amos y esclavos o trabajadores en servidumbre.

Afirma que ha ignorado deliberadamente la distinción esencial entre estas sociedades muy diferentes, dado que ambos tipos se basan en la reciprocidad, la redistribución, la autosuficiencia y los mercados limitados. Así, considera que es legítimo ignorar las diferencias entre sociedades no jerarquizadas e igualitarias, y sociedades jerárquicas con explotación entre señores y siervos (ibid. 1944, p.99).

Costumbre y religión

Tras restar importancia a la explotación y servidumbre, Polanyi dio una aprobación moral a las sociedades precapitalistas porque, según él, la fuerza motriz de la actividad económica no es la búsqueda individual de beneficios, sino el comportamiento económico determinado por la costumbre, la religión y el derecho (ibid. 1944, p.102).

Lo realmente importante para él era que en estas sociedades la producción se regulaba en función de las necesidades de los productores (ibid. 1944, p.117). La posición de los productores era segura, ya que estaban integrados en la comunidad y la sociedad y “el interés económico del individuo triunfa raramente, pues la comunidad evita a todos sus miembros morir de hambre, salvo si la catástrofe cae sobre ella, en cuyo caso los intereses que se ven amenazados son una vez más de orden colectivo y no de carácter individual.” (ibid 1944, p.90).

Jerarquía y explotación

Polanyi deja claro que la vulnerabilidad clave e importante es la vulnerabilidad debida a la volatilidad del mercado que pone en peligro la seguridad de la posición establecida de los productores. Esto es lo que mueve su pluma cuando admira las sociedades precapitalistas, y este es el motivo moral que para él triunfa sobre los problemas morales relacionados con la servidumbre y la explotación, de tal manera que simplemente los pasa por alto.

Para él, la restricción realmente brutal de la libertad es la aparición del paro y la miseria en la era del capitalismo liberal (ibid. 1944, p.404) – aunque en esta frase Polanyi contradice a sus previas afirmaciones, como hemos visto antes, sobre el bienestar material hasta entonces nunca soñado en el capitalismo liberal (ibid 1944, p.27), y este bienestar nunca soñado es su argumentó para descartar la teoría de explotación de Marx

Aunque Polanyi restó importancia a la explotación y las diversas formas de servidumbre de las masas trabajadoras en las sociedades de los Estados jerárquicos precapitalistas, ambos servían para asegurar el bienestar y el consumo suntuario de las élites gobernantes. En otras palabras, también eran sociedades movidas por el deseo de ganancia individual, contrariamente a lo que afirmaba Polanyi.

Explotación y redistribución

La naturaleza jerárquica significaba, sin embargo, que solo una estrecha casta o estamento como la élite gobernante era capaz de actuar en interés de su propio enriquecimiento individual, mientras que la servidumbre de los trabajadores y de los productores les impedía utilizar sus capitales más importantes, sus capacidades de pensar y sus energías para trabajar para sus propios intereses. Los productores y trabajadores precapitalistas no eran más, que propietarios ficticios de sus propios capitales humanos y así, apenas sacaban más de lo que les bastaba para su mera supervivencia. El verdadero poder de disposición estaba en manos de sus amos.

La existencia de la explotación también significa que, aunque había una redistribución, su dirección era contraria a lo que Polanyi pensaba de estas sociedades jerárquicas. El objetivo de la redistribución era quitar recursos a productores y los trabajadores para enriquecer a la élite gobernante a expensas de los trabajadores sometidos a diversas formas de servidumbre (Oppenheimer 1908, Scott 2017).

El punto de vista de Carl Menger

El punto de vista Mengeriano arroja una luz completamente nueva sobre el giro liberal de los siglos XVIII y XIX. Al abolir diversas formas de esclavitud y servidumbre, se eliminó la situación en la que los trabajadores solo podían ser propietarios ficticios de su propio capital humano. A los productores y trabajadores se les concedió ahora la plena propiedad sobre sus propios cuerpos, ideas y capacidad de trabajo, lo que, hasta entonces, había sido privilegio de la élite gobernante.

No es casualidad que casi todos los inventores clave y los primeros industriales de la Revolución Industrial fueran artesanos, trabajadores cualificados y vástagos de familias trabajadoras o artesanos. Liberar a los individuos de la servidumbre les permitió utilizar su propio capital humano para buscar por fin lo mejor para sí mismos y, entre otras cosas, contribuir a la “riqueza de la nación” con sus inventos e innovaciones. Al mismo tiempo, estas innovaciones fueron la verdadera causa del aumento del nivel de vida de los trabajadores. No es de extrañar, pues, que el giro liberal de la época fuera acompañado del hasta entonces nunca visto aumento del bienestar material de los trabajadores, como el propio Polanyi subrayó en varias ocasiones.

Resumen

En resumen, la esencia de la transformación liberal fue la extensión de la libertad individual a los trabajadores y productores, dándoles plena propiedad sobre sus posesiones más importantes, sobre su propio capital humano, sobre su capacidad de pensar y trabajar. Así, contrariamente a la idea principal de Polanyi, la transición liberal acabó con la naturaleza ficticia del trabajo, y no la creó.

Basándonos en el concepto Mengeriano, se puede deducir que la idea de Polanyi sobre la naturaleza ficticia de la mercancía del trabajo era una idea dudosa y unilateral, que había sido creada para sustentar la marcha inevitable hacia la planificación estatal y el socialismo, después de Polanyi descartado la insostenible teoría de Marx sobre la explotación. 

Bibliografía

Menger, C. (1871) Principios De Economía Política. Available at: https://www.hacer.org/pdf/Menger00.pdf

Oppenheimer, F. (1908) El Estado. https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Franz%20Oppenheimer%20-%20El%20Estado.pdf

Polanyi, K. (1944) La Gran Transformación Critica del liberalismo económico. 2007th edn. www.quipueditorial.com.ar: Quipu editorial. https://traficantes.net/sites/default/files/Polanyi,_Karl_-_La_gran_transformacion.pdf

Scott, J.C. (2017) Contra el estado. https://www.casadellibro.com/ebook-contra-el-estado-ebook/9788413641126/13530597

Smith, A. (1776) La riqueza de las naciones https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/1%20La%20riqueza%20de%20las%20Adam%20Smith.pdf

Ver también

Karl Polanyi entre los posliberales. (James Rogers).

El sistema de pérdidas y ganancias y su impacto en el sistema político. (Andras Toth).

La teoría de Menger sobre la ganancia del empresario. (Andras Toth).

Estudio interdisciplinario de la cooperación y la competencia

Yo contra mi hermano.

Yo y mi hermano contra nuestro primo.

Yo, mi hermano y nuestro primo contra los vecinos.

Todos nosotros contra el forastero

Proverbio beduino

El proverbio citado refleja una cualidad universal de las relaciones sociales de todos los seres vivos: la vida en sociedad se conforma de continuos procesos de cooperación y competencia que pueden aparecer secuencialmente o de forma simultánea. La historia de las ciencias sociales ha mostrado una resistencia a esta idea, autores como Kropotkin tenían fe en que la regla de lo que rige la evolución es la cooperación y no la competencia.

En la actualidad sabemos que todas las especies cooperan y compiten, intraespecie e interespecie, y que la idoneidad de una u otra estrategia depende del tipo de especie, las diferencias individuales, la expectativa sobre la acción ajena, las condiciones ambientales u orden institucional y los requerimientos de una tarea.

¿En qué consisten?

Cooperar y competir son procesos aparentemente opuestos, ya que en el primero hay una ganancia mutua o ganancias para los cooperadores, mientras que en el segundo puede haber un daño o una situación de suma cero. Sin embargo, como muestra el proverbio, podemos cooperar para competir, cooperar y competir con los mismos agentes simultáneamente por distintos recursos u objetivos, podemos beneficiarnos de la competencia de otros e incluso los competidores pueden beneficiarse de su propia competencia, a pesar de que el resultado final implique una perdida. Las interacciones son complejas, pero la separación de las estrategias es una vía adecuada para el estudio de las relaciones humanas, ya que ninguna se detiene y nunca lo harán. Además, ambos procesos son similares, dan lugar mejoras y requieren instituciones «sólidas», pero «dinámicas» o con cierta capacidad de cambio y adaptación.

Ya el IJM cuenta con un excelente artículo que expone las nociones básicas para entender la cooperación y competencia. Lo que pretendo sugerir en este artículo es que el estudio a profundidad de ambos procesos o estrategias permite combinar de manera efectiva distintas disciplinas, teorías y métodos científicos. Además, permite evaluar y diagnosticar los fallos que pueden presentar dos o más agentes en interacción que buscan competir o cooperar de manera efectiva. Ello permitiría entender por qué no tienen éxito (no cumplen con sus objetivos propuestos) los sistemas políticos, las políticas públicas, las organizaciones caritativas, las empresas e incluso las familias o parejas.

La necesidad de interdisciplinariedad o transdisciplinariedad

En la actualidad, diversas disciplinas estudian la interacción social, pero las separan de una forma muy limitante. Un experto en la cooperación interna de una empresa puede no tener idea de cómo funciona la competencia entre empresas, o un psicólogo que estudia e interviene a las familias, no cuenta con los conocimientos para entender un sistema de copropiedad.

Todo ello a pesar de que esos sistemas están compuestos por humanos regidos por los mismos principios evolutivos que emplean estrategias similares y en los que participan elementos universales como la señales, los incentivos, la reputación, la cultura, moralidad, los recursos escasos, los sesgos, las emociones, etc.

Herramientas para el estudio de la cooperación y la competencia

Entonces, ¿Cuáles son o donde están las herramientas para poder abordar todo proceso de cooperación y competencia, independientemente de si ocurrió en el pasado o el presente, si fue familiar o político, si involucró precios o no? Sin orden de relevancia, pueden ser:

  • Psicología evolucionista, individual y social: permite fundamentar antropológicamente el objeto de estudio en el proceso de evolución y entender cómo funciona la identidad personal y social, el comportamiento colectivo, el aprendizaje, la personalidad, etc.
  • Praxeología, escuela austriaca de economía y de elección pública: permite aplicar consistentemente el concepto de subjetividad, estudiar los intercambios, los incentivos, el desarrollo evolutivo de las instituciones, dinamismo y el orden espontáneo en los procesos sociales, el valor utilitario de la libertad, entre otros. 
  • Paradigma de la complejidad: un enfoque que considera los sistemas sociales como entidades complejas y dinámicas, donde las interacciones entre múltiples agentes y factores dan lugar a patrones emergentes y comportamientos no lineales por medio de las interconexiones y la retroalimentación.
  • Sociobiología: para enfatizar la influencia de la evolución y la genética en el comportamiento social, abordando su valor adaptativo y reproductivo. Partiendo de la síntesis neodarwinista, el gen egoísta, la aptitud inclusiva ampliada, etc.
  • Política comparada y economía institucional: Estudiar los diferentes sistemas e instituciones, sus fortalezas y debilidades, para diagnosticar problemas o hacer intervenciones.
  • Teoría de juegos y economía conductual o de las decisiones: fundamental entender los sesgos, el proceso de toma de decisiones en juegos individuales, cooperativos o competitivos.

El error de recurrir a un sólo método

Cabe destacar, que limitarse a una metodología específica es un error. La investigación cualitativa, cuantitativa o mixta son fundamentales; al igual que la simulación, experimentación de laboratorio o de campo, e incluso la praxeología, puede constituir fuente de conocimiento por sí misma o complementar estudios experimentales donde no se suele tener una noción adecuada del contrafactual u otros fenómenos no observables. El dato empírico es crucial, pero no se puede hacer buena ciencia sin un razonamiento sistemático, consistente y transparente, que construya los puentes necesarios entre el conjunto de datos para formular teorías que, como es bien sabido, dan sentido a las observaciones y guían las siguientes observaciones.

En síntesis, defiendo que, comprender por qué fallan los intentos de cooperación y competencia a nivel familiar, local, nacional o internacional requiere de un set de herramientas similares, pero la división académica tradicional «psicología, sociología, economía y relaciones internacionales» nos han hecho razonar como si en cada sistema interactuaran agentes de naturaleza distinta.

Limitación en la intervención

No obstante, a pesar de que seamos capaces de dar con un diagnóstico a problemas dentro de esos sistemas, intervenir si requiere estrategias ajustadas a los requerimientos particulares de cada caso. Por ejemplo, una intervención psicológica en una empresa es más concreta y directiva que una intervención psicológica en una familia donde los miembros tienen lazos más profundos; o, una intervención estatal no se gestiona igual que un programa privado de ayuda social. Sin embargo, una política publica no es ajena de los incentivos propios de la democracia y el sistema de partidos, los partidos se someten a selección adversa y conflictos de poder que son únicos, pero no exclusivos de dicho sistema. La política pública tiene consecuencias macroeconómicas, que no se entienden sin comprender el mecanismo de acción microeconómico e incluso el proceso individual de toma de decisiones e incentivos.

En consecuencia, considera que un programa de estudios interdisciplinarios de la cooperación y competencia puede ofrecer los conocimientos y herramientas para entender por qué cooperamos y competimos, en qué condiciones son favorables y en cuáles son adversas. Ello con el objetivo es que estudiantes que desee hacer intervenciones en algún sistema en concreto, ya sea político, privado, local o nacional, afinen sus herramientas para los retos particulares de cada contexto.

Alcance del abordaje

El objetivo final de una propuesta de este tipo es formar profesionales capaces de evaluar, diagnosticar y, en la medida de lo posible, solucionar los problemas de coordinación e incentivos que enfrentan las instituciones, sistemas u organizaciones sociales. Esta propuesta se diferencia de aquellas que estudian las interacciones de cooperación de cualquier actor (animal, humano, inorgánico) desde el paradigma de la complejidad. En este caso, el objetivo es estudiar la cooperación y competencia exclusivamente humana en cualquier ámbito, marco de normas o escala; no porque los actores no humanos no puedan ofrecernos información relevante, sino porque el foco esta puesto en solventar los fracasos cooperativos humanos, que repercuten sobre el humano y el resto de las especies.

Con base en ello, considera que los liberales somos los únicos que podemos crear una formación académica de ese tipo porque entendemos el valor de ambos procesos, el dinamismo y la complejidad de los fenómenos sociales y la libertad del individuo para elegir la estrategia que le convenga y poder iniciar y culminar proyectos de cooperación y competencia libremente en la medida en que lo considere conveniente. Como menciona Capella (2016), “es posible que quienes quieren obligar a otros a cooperar sean malos cooperadores y que quienes quieren prohibir la competencia sean malos competidores”, dos imposiciones principalmente fomentadas y ejercidas por antiliberales dentro y fuera del Estado que no entienden que ambos procesos son los pilares del orden espontáneo.

Ver también

Cooperación y competencia. (Paco Capella).

Análisis de las elecciones en Guatemala 2023

Están a punto de celebrarse las elecciones en Guatemala. Pese a múltiples embates, la democracia liberal guatemalteca sigue en pie. Logró empezar su transición democrática en 1985, aun cuando la guerra interna duraría hasta 1996. Sus instituciones nacientes lograron soportar el infame Serranazo, un golpe de Estado en 1993 perpetrado por el propio presidente Serrano Elías para avanzar su agenda sin límites institucionales.

En 2015, las protestas masivas por los escándalos de corrupción de la administración Pérez Molina no llevaron a una ruptura del sistema. El binomio presidencial renunció en medio de las elecciones y el presidente interino preservó la institucionalidad del Gobierno. La judicialización de las elecciones de 2023 son la afronta más reciente al régimen democrático liberal guatemalteco. Aunque el sistema ha demostrado ser resiliente, esto no es garantía para detener el triunfo del autoritarismo permanentemente. Este ataque es una manifestación clara de la cartelización del poder político en el contexto de la regresión democrática que sufre Guatemala junto al resto de Centroamérica.

El resurgimiento del autoritarismo no es un fenómeno aislado de Guatemala. De hecho, la regresión democrática de las repúblicas centroamericanas coincide con un estancamiento y debilitamiento del proceso de integración centroamericana. A nivel latinoamericano, Centroamérica ha tenido la historia más complicada con la democracia liberal.

Sin embargo, los 1980 supusieron un giro en la dirección correcta. Este istmo, que en su momento fue una república federal, decidió apostar por la integración económica y política a la usanza de la Unión Europea. De la mano de Estados Unidos y los miembros de la Unión, Guatemala, El Salvador y Nicaragua lograron varios hitos: (1) terminaron sus guerras internas, (2) permitieron elecciones libres y la alternancia pacífica en el poder y (3) abrieron sus mercados entre ellos y con el mundo occidental. Así, las décadas de los 1990 y el 2000 fueron la mejor época para los individuos centroamericanos, por primera vez significativamente libres y prósperos. La integración económica-política fue el escenario ideal para garantizar el libre comercio y la democracia liberal en cada país con políticas regionales comunes.

Las regresiones democráticas en estos países están minando el éxito histórico de la integración. En cada país, es bastante claro quién es el culpable. En Nicaragua, Daniel Ortega, líder de la Revolución sandinista que regresó al poder democráticamente en 2007, y Rosario Murillo, su esposa y vicepresidente, crearon un régimen personalista y familiar que ha purgado a todos los opositores.

En Honduras, dos tendencias autoritarias enemistadas intentan concentrar el poder: el Partido Nacionalista con profundos vínculos con el narcotráfico contra los socialistas del siglo XXI cuyo gobierno actual, a cargo de Xiomara Castro de Zelaya y de su esposo y expresidente Manuel, tiene al país en estado de emergencia desde hace medio año.

Finalmente, El Salvador, bajo Nayib Bukele, ha perdido la división de poderes con este presidente que busca perpetuarse en el poder al saltarse las instituciones aprovechando las cortes afines y la supermayoría que goza en el legislativo.

Guatemala también sufría de la regresión democrática al igual que las repúblicas hermanas de Centroamérica. Sin embargo, no había un verdugo claro. No había un partido como en Honduras, una familia como en Nicaragua o un presidente como en El Salvador. Los altos índices de corrupción y la conflictividad social en el interior del país debilitan el elemento liberal de la democracia, pero en su institucionalidad nacional se mantenía la relativa separación de poderes e independencia. El gobierno de Jimmy Morales, presidente electo durante los escándalos de corrupción del 2015, intentó aislarse del mundo y manipular el poder de las instituciones judiciales, pero fracasó. En gran medida, el gobierno del titular Alejandro Giammattei intentó lo mismo sin mayor éxito.

Eso podría cambiar en 2023, específicamente ante la judicialización de las elecciones. Los comicios generales en Guatemala se caracterizan por su transparencia. El Tribunal Supremo Electoral ha garantizado la validez de las elecciones, las cuales son organizadas en gran medida por civiles sin afiliaciones políticas. Sin embargo, desde 2019, la coalición mayoritaria ha intentado minar los comicios. En vez de permitir una competencia real y libre entre partidos, buscan limitar la participación de candidatos que amenacen su continuidad en el poder. En esencia, la coalición mayoritaria se comporta como un cártel político al limitar la participación de contrincantes reales.

Se pueden definir tres tipos de candidato: prorégimen, en pacto con el régimen y antirégimen. Los candidatos prorégimen son aquellos que aseguran la continuidad de la coalición mayoritaria del presidente de turno. Aquellos que pactan con el régimen son personas que, aunque no son aliados del presidente, entran en un acuerdo para que puedan participar. No aseguran la continuidad directa, pero impiden una alternancia real en el poder. Finalmente, los candidatos antirégimen son quienes cambiarían la coalición mayoritaria, sin que esto implique un giro a la democracia liberal necesariamente. Los candidatos antirégimen son los que sufren de persecución. Su eliminación de las elecciones, sin embargo, trae resultados inesperados al empoderar otros candidatos antirégimen.

El primer caso de la cartelización de la coalición mayoritaria fue en 2019. En esos comicios, se eliminaron dos candidatas importantes y potencialmente antirégimen: Zury Ríos y Thelma Aldana. La primera, conservadora, fue eliminada con un tecnicismo constitucional. Sus detractores aseguran que la constitución prohibía su candidatura por ser hija de un dictador, Efraín Ríos Montt.

Sin embargo, la jurisprudencia guatemalteca no es clara sobre la aplicación de este artículo, mientras que cortes internacionales dicen que viola los derechos humanos de la candidata. En el caso de Aldana, la exfiscal general a cargo de investigar los escándalos de corrupción de 2015 iba a ser presidenciable con el Movimiento Semilla. Sin embargo, el mismo día de su inscripción salió un caso de supuesta corrupción en su contra. Salió del país para exiliarse en Estados Unidos.

En 2019, ambas candidatas eran las favoritas junto a Sandra Torres, eterna candidata de la Unidad Nacional de la Esperanza. La eliminación de dos de las tres punteras llevó a resultados extraños. La eliminación de Ríos llevó al surgimiento de dos candidatos: el populista antisistema Roberto Arzú y el conservador Alejandro Giammattei. Este último llegaría a ser presidente. La eliminación de Aldana llevó a más votos para la candidata Thelma Cabrera, indigenista y socialista poco conocida en política nacional. El presidente del momento, Jimmy Morales, no quería que sus enemigas asumieran la presidencia. Cuando su coalición mayoritaria se comportó como cartel, sin embargo, empoderó a movimientos de extrema derecha y extrema izquierda que antes eran marginales.

En 2023, la cartelización de la coalición mayoritaria se volvió más evidente y agresiva. El titular en esta ocasión, Giammattei, previno las candidaturas radicales inesperadas que sorprendieron en 2019. Los antirégimen Arzú y Cabrera fueron eliminados por tecnicismos legales en el marco de una ley electoral con muchos requisitos que se prestan a prohibiciones electorales tácitas. En esta ocasión, tanto Ríos como Torres se volvieron candidatas en pacto con el régimen.

Para evitar ser eliminadas, cooperaron con la coalición mayoritaria en ciertos casos. Por ejemplo, Torres logró evadir una orden de captura por supuesta corrupción en campañas electorales cuando su partido apoyó al presidente en el legislativo. Ríos ayudó a escoger jueces en las cortes, tanto para ayudar al presidente como para blindarse del artículo constitucional que usan en su contra arbitrariamente.

La diferencia entre 2019 y 2023 es la fuerza de los ataques contra los candidatos antirégimen. En vez de simplemente eliminarlos antes de la elección, se les empezó a perseguir en medio de los comicios. El primer afectado fue Edmond Mulet, tecnócrata y exfuncionario de la ONU. El gobierno guatemalteco le fabricó un caso por obstrucción a la justicia cuando el candidato denunció el arresto injustificado de un periodista prominente en el país. El director de «El Periódico» reveló la posible colusión de Giammattei y el gobierno ruso para asegurarle al Kremlin un puerto en el Caribe. Mulet era uno de los tres favoritos para competir en la segunda vuelta, junto a Torres y Ríos. El caso nunca se concretó, pero la amenaza de prisión para el candidato no está del todo eliminada.

El segundo candidato antirégimen es Carlos Pineda. Este fue el candidato inesperado que surgió ante el descontento con los candidatos relacionados a Giammattei. Pineda tiene vínculos con dos excandidatos a la presidencia que fueron apresados en Estados Unidos por narcotráfico. Se perfilaba como el outsider que no le debía nada al presidente. Cuando una encuesta nacional le dio el primer lugar, el gobierno guatemalteco procedió a anular las candidaturas de todo su partido por supuestamente no cumplir con ciertos requisitos de la ley electoral. Así, el candidato puntero sorpresa quedó fuera de la carrera a la mitad de la campaña.

El tercer candidato es Bernardo Arévalo del Movimiento Semilla. Este candidato fue irrelevante en la campaña para la primera vuelta. Su segundo lugar, lo que le asegura un lugar en el balotaje contra Torres, sorprendió a todos. Ante la victoria probable de un candidato antirégimen, Giammettei y sus aliados se movieron contra él.

Por primera vez en la historia del país, buscaron revertir los resultados de la elección. Primero, pidieron un recuento de los votos. Cuando se confirmaron los resultados, intentaron cancelar judicialmente al Movimiento Semilla como partido político. Además, allanaron dos veces el Tribunal Supremo Electoral para intentar anular los votos que no les favorecían. En última instancia, la estrategia subyacente parecer ser que el tercer lugar de la elección, el candidato prorrégimen Manuel Conde, llegue al balotaje contra Torres a como dé lugar.

Como en ocasiones anteriores, la institucionalidad guatemalteca ha resistido los embates del autoritarismo. Las cortes bloquearon la cancelación de Movimiento Semilla. El TSE se embarcó en una campaña nacional e internacional para proteger los resultados de la elección, demostrando su alejamiento de Giammattei pese a la posible complicidad en la eliminación de candidatos como Pineda. Por el momento, la elección parece que se dará con relativa normalidad. Sin embargo, la persecución contra los partidos antirégimen podría continuar para debilitarlos en el nuevo gobierno. La cancelación de Semilla, por ejemplo, le inhibiría de tener puestos de poder en el congreso.

La cartelización de la coalición mayoritaria en Guatemala, liderada por el presidente Giammattei, deja claro quién es el actor autoritario dentro del país. Así, el país más poblado de Centroamérica se una a las repúblicas vecinas en tener un actor autoritario clave. La regresión democrática del istmo no solo afecta la política. Paraliza el proceso de integración centroamericano, el cual se volvió una arena de competencia entre dictadores. Se estanca el libre mercado regional, tan esencial para las mejoras sociales y económicas de los últimos 40 años.

Las coaliciones mayoritarias autoritarias de cada país se aíslan de Occidente para concentrar el poder. Luchan entre sí y buscan nuevos aliados autoritarios como China o Irán. En ese contexto, los grandes perdedores son los centroamericanos. La ayuda de Estados Unidos, la Unión Europea y las Naciones Unidas para frenar esta regresión nunca había sido tan necesaria. Es preciso regresar a esa pacificación, democratización y liberalización económica que catapultaron a Centroamérica a la modernidad.

La cancelación como cultura

“Ponías la libertad por encima de todo, cuando, si hubieras consentido en tornar panes las piedras del desierto, hubieras satisfecho el eterno y unánime deseo de la Humanidad; le hubieras dado un amo. El más vivo afán del hombre libre es encontrar un ser ante quien inclinarse. Pero quiere inclinarse ante una fuerza incontestable, que pueda reunir a todos los hombres en una comunión de respeto; quiere que el objeto de su culto lo sea de un culto universal; quiere una religión común. Y esa necesidad de la comunidad en la adoración es, desde el principio de los siglos, el mayor tormento individual y colectivo del género humano. Por realizar esa quimera, los hombres se exterminan. Cada pueblo se ha creado un dios y le ha dicho a su vecino: “¡Adora a mi dios o te mato!” Y así ocurrirá hasta el fin del mundo; los dioses podrán desaparecer de la tierra, mas la Humanidad hará de nuevo por los ídolos lo que ha hecho por los dioses”.

La autocensura

Este fragmento, extraído de la obra “Los hermanos Karamazov” de Dostoievski, ilustra a la perfección el hilo conductor del artículo que vengo a proponer. La trama relatada forma parte del cuento “el Gran Inquisidor”. En el texto se desarrolla el discurso del Inquisidor, dirigido, nada más y nada menos, que a Dios, mientras éste está preso en una cárcel sevillana. Sin ninguna contemplación, la intención es quemarlo en la hoguera.

Por alguna extraña razón, la Humanidad ha tendido a silenciar, perseguir o aniquilar a sus opositores[1] y, aunque con el avance de la civilización se han conseguido formas más sibilinas de enmascarar éste hecho, es aún utópico pensar en una sociedad donde exista una libertad de expresión absoluta (aunque tampoco creo que fuere demasiado adecuado). En la actualidad, se ha llegado al paroxismo del sueño húmedo de cualquier Inquisidor: la autocensura. Si bien la coacción puede inducirnos, por buenos motivos, a expresarnos de una forma contraria a lo que creemos, la presión de las masas no es menos desdeñable.

Jordan Peterson

Pero, ¿a qué obedece el temor actual a decir lo que uno piensa? ¿Por qué estamos inmersos en la cultura de la cancelación? A los seres humanos, como seres sociales, nos cuesta mucho salir del rebaño, fomentamos comportamientos tribales desde tiempos inmemoriales y, sin duda, no se me ocurre mejor forma que esa para la perpetuación de la especie. Ahora bien, ésto implica una serie de riesgos que van en detrimento del espíritu libre que muy pocos nos podemos permitir. Normalmente, el que se lo puede permitir, no sale tan malparado como podría presuponerse; quizás haya una correlación entre el éxito político de un personaje como Trump y el hecho de no tener temor a ser cancelado. Otro tanto podría argüirse de Jordan Peterson, profesor que, aunque con temor, defendió la libertad de expresión en un entorno hostil como eran los campus de Toronto (vaya por delante que se trata de dos figuras muy diferentes). 

Ad hominem

Lo que subyace a la cuestión que me atañe es que hay ciertos dogmas que nadie osa cuestionar y el motivo es evidente: hay una fuerte anuencia social respecto a ellos. El ir a contracorriente no te hace superior moralmente, cuando hay consensos es porque subyacen buenos motivos para justificarlos, por ende, tus argumentos deben ser aun mejores para poder posicionarte en contra y mantener un ápice de credibilidad. ¿En qué suele haber consenso en nuestras sociedades occidentales? Especialmente en temas como el aborto, somos muy pocos los que nos reclamamos abiertamente provida, no vaya a ser que alguien te acuse con alguna de esas palabras paralizantes que se usan para señalar y desacreditar a personas, pero nunca para combatir argumentos ajenos (hete aquí su talón de Aquiles). El gran problema en la actualidad es que se ataca ad hominem y no ad rem.

Acusaciones

Una de las cuestiones más “complejas” es la de la inmigración. Cierto sector del liberalismo abraza el argumento de fronteras abiertas, y como no, un servidor se reclama partidario de éstas, siempre y cuando no exista el Estado del bienestar y las personas que vienen se adapten a nuestro sistema jurídico, como mínimo. Y es que, hoy en día, los ciudadanos que reclaman para su país un sistema migratorio similar al de Suiza o Australia son tildados de “fascistas”, “ultraderecha”, etc.

El otro día se me ocurrió responder en Twitter a una noticia del 3/24[2] respecto a un joven que había sido, presuntamente, agredido por dos vigilantes de seguridad en el tren[3]. Más allá de que las imágenes de una intervención de seguridad nos puedan parecer éticas, es un trabajo que alguien debe hacer (al igual que sería desagradable ver como matan animales para que podamos ir al supermercado a comprar víveres). La premisa que se planteó era que el móvil de la acción se debía al racismo, a una suerte de doble vara de medir que era más dura con las personas extranjeras. La realidad es que, para ser ecuánimes, deberíamos preguntar a los agentes qué ocurrió y qué los llevó a esa situación. Podrían subyacer motivos como el peligro de esa línea, las peleas recurrentes, las armas blancas, el incivismo, la negativa de pagar el billete (como era el caso), entre otros. Pero, en la sociedad en la que todo el mundo quiere ser víctima, como postula Giglioli, la versión sentimental de uno opaca el marco general del otro. 

Pues bien, ¡en qué momento se me ocurrió escribir un tweet! Los que cogemos ese tren sabemos lo que ocurre y, guste o no, el fenotipo de los delitos siempre tiene unas características comunes. Así pues, la horda de comentarios no se hicieron esperar: amenazas (algunas deseándome la muerte) y escritos twitteros reclamando a la universidad que me expulsaran, o sucedáneos del tipo, “¿@UPF sabéis que tenéis un profesor racista?”. Evidentemente, no recogí cable, pero decidí ponerme el candado hasta que amainara la tormenta.

Intolerancia

Los férreos defensores del bien y la working class, a la mínima oportunidad que tuvieron, atacaron a un joven con su trabajo (en un contexto de paro juvenil del 30%). La gentileza no ha sido nunca su punto fuerte. Por supuesto que, la caterva de moralistas se dedicó a insultar y tildar de fascista a todo aquel que osara salirse de la narrativa dominante, de ahí la proliferación de usuarios anónimos en las redes sociales y es que, si aún queda algún resquicio de libertad de expresión es precisamente por ese tipo de cuentas.

Se trata de un hecho recurrente, hace unas semanas, una trabajadora de Orange dijo en público que votaría a VOX. Acto seguido, la patulea que se erige como defensora de los trabajadores, la moral y el Bien, iniciaron un proceso de acoso y derribo contra la persona y la compañía. Abruma tanta tolerancia. Suelen ser los mismos que se rasgan las vestiduras en nombre de la salud mental, los cuidados y la empatía, y también son los que, como en el relato de Dostoievski, no tendrían reparos en lanzarte a la hoguera en nombre de no sé qué religión secular.

Todo esto es fruto de la sobreactuación y la apremiante sensación de que el pensamiento de una persona puede reducirse a un tweet o una frase. Hoy en día, y quizás es común en la historia humana, si quieres expresar algo, debes escribirlo, puesto que poca gente es capaz de leerse un artículo, un ensayo o de aguantar demasiado tiempo ojeando algo más que el titular. Si hace 200 años pocos leían debido a los altos niveles de analfabetismo, paradójicamente, hoy pocos leen a pesar de ser un mundo alfabetizado. Vivimos inmersos en la sociedad de la estulticia, a nadie le interesa lo que digas si no lo expresas en un tik tok o en 280 caracteres (y te ciñas a los cánones establecidos). Esto conlleva que puede darse el incólume paraíso de la libertad de expresión allí donde los inquisidores, por pura pereza intelectual, no llegan a leerte, por eso, el IJM es mi refugio.

Cultura de la cancelación

Más dogmas instaurados a fuego en el imaginario colectivo son los relativos al feminismo (establecido a golpe de impuestos y de creación de instituciones ad hoc, Escohotado decía eso de que: la mentira necesita subvención, la realidad se defiende sola) y quien ose desafiar dicho credo, se encontrará en frente una muchedumbre ávida de cancelación. Con un matiz: si escribes un tweet en el que te opones a dicha corriente ideológica, no tardarán en sonar las siete trompetas del Apocalipsis, sin embargo, a la que desarrolles tu crítica en un artículo[4], nadie osará criticarte, puesto que ello implicaría un esfuerzo intelectual que en la cultura del clickbait es redundante.

Podríamos estar mencionando temas controvertidos ad infinitum, especialmente, el pensamiento “Alicia”[5] (por usar un concepto “buenista”[6]) que circunda las mentes más brillantes de nuestro panorama: tertulianos, todólogos, influencers, etc. Son los mismos que no quieren que hables de feminismo si no eres una mujer, aunque, ellos puedan predicar sobre la maldad intrínseca de los empresarios sin haber emprendido jamás; o pregonar sobre las bondades de las regulaciones de precios, haciendo gala de un negacionismo económico que nada tiene que envidiar a los terraplanistas.

Otra paradoja entrañable de la modernidad es que, el Cristianismo y el mundo judeocristiano se han basado, históricamente, en el perdón. El pecador podía dirimir sus vicios mostrando un arrepentimiento sincero, hoy todo eso ha desaparecido. Internet es una hemeroteca infinita y despiadada, cuando uno escribe algo, debe aceptar que jamás será condonado. Siempre habrá algún clérigo defensor de la tolerancia dispuesto a mostrar toda su cólera e indignación por algo que se escribió hace diez años. No hay redención en la esfera woke.

Es paradigmático que la cultura de la cancelación haya cancelado la cultura[7]. No puede haber expresión cultural sin un mínimo de libertad, no puede haber oposición sin protección al disidente, no puede existir el debate cuando el otro se siente desacreditado mediante el yugo impuesto por la neolengua. Las palabras, y de ahí la influencia foucultiana, son poder. Que te etiqueten de fascista, nazi, racista, homófobo, etc, asusta a la luz de los acontecimientos, pero en el fondo, no es más que un insulto que plasma la falta de argumentos. Parten de la siguiente frase atribuida a Durruti, “al Fascismo no se le discute, se le destruye”, ergo, si te ponen el sambenito, no dudarán en usar cualquier argucia para desacreditarte, excepto argumentos, claro.

Los guardianes de la moralidad woke necesitan odio para autojustificarse, se encuentran con que la demanda de éste sobrepasa, con creces, la oferta. Sin odio ajeno no pueden alegar porqué deben invertirse más recursos en sus relatos. Están ávidos de desgracias que corroboren sus sesgos. Pero, para más inri, han convertido a los “Derechos Humanos” en el pretexto idóneo para la censura, entiéndase por DDHH aquellos deseos que les parezcan oportunos. Es lo que, François-René Huygue y Pierre Barbès llamaron “la soft idéologie”, singularizada con el pluralismo blando de los valores. Quizás, siguiendo el razonamiento del “efecto espejo” propuesto por Lacan, los defensores del Bien, al observar a los otros y criticarlos ferozmente, intentan evadir aquello que odian de ellos mismos: su intolerancia campante y rampante.

Ventana de Overton

En resumidas cuentas, la hegemonía cultural de la izquierda la ha llevado a reventar la “ventana de Overton”; ¡ya no sabemos ni qué es una mujer! Y, cuidado con la respuesta, no vayas a ser tildado de tránsfobo. De todo este panorama sombrío se deduce que los que queremos debates abiertos, alejados de apriorismos y axiomas precocinados, estemos defendiendo a la sociedad abierta de sus enemigos.

Resulta irónico que, los que más se reclaman como tolerantes, se parapetan en un filósofo liberal como Popper, haciendo gala de una supina ignorancia al tergiversar, mediante un meme (oh, ¡sorpresa!), el pensamiento del autor liberal (figura 1). No han leído su magnum opus, 800 páginas requerirían mucho más esfuerzo que ojear cuatro líneas de una imagen, y se ha hecho viral la viñeta con la que justifican su intolerancia. La supuesta paradoja de Popper, nos alertaba, precisamente, de los inquisidores modernos.          

[1] De ejemplos tenemos muchísimos: desde tiranos como Savonarola, al comunismo soviético, a las dictaduras latinoamericanas del s.XX con asesinatos como los de Victor Jara, Haroldo Conti, Rodolfo Wash, etc, desde los exilios de Dante, Maquiavelo a los de Mario Benedetti, Galeano, Carlos Onetti, etc.

[2] Canal de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, como TV3, la misma que hace una semana incluía a Rallo como ultraderechista.

[3] https://twitter.com/324cat/status/1684638533892358144.

[4] https://ijmpre2.katarsisdigital.com/ijm-actualidad/analisis-diario/quo-vadis-educacion-el-dogma-lila/.

[5] https://www.filosofia.org/filomat/df712.htm.

[6] En referencia al filósofo de la Escuela de Oviedo Gustavo Bueno.

[7] Además de forma literal: se ha intentado cancelar a Platón, Cervantes, Dostoievski, etc.te

 

La economía a través del tiempo (VI): los impuestos para los sumerios

Es verdad que hablar de impuestos en tiempos tan remotos puede resultar un poco desconcertante. Sin embargo, la traducción de los textos sumerios que vamos a comentar utiliza este término. Recordemos que la idea de impuesto es bastante posterior. En concreto, los impuestos nacen cuando el Estado comienza a expandirse en sus funciones y a tener ciertos gastos recurrentes como el ejército moderno.

Estos costes provocaron la necesidad de establecer una serie de partidas regulares. Es decir, en vez de planear unos gastos y recolectar dinero para cubrirlos, se recaudaba y luego ya se veía lo que se hacía con ello. De ahí que cuando hablamos de impuestos, decimos que estos no tienen contrapartida. Antiguamente, los tributos sí la tenían: cuando se pagaban iban destinados para unas cosas concretas ya establecidas y conocidas.

Sin embargo, considero que el texto que vamos a utilizar es relevante porque nos ayudará a ver la imagen que los sumerios tenían de los tributos. No obstante, hay que tener en cuenta que el término que aparece en él puede ser matizable.

“El príncipe salvador”

Empecemos por el contexto. Justo antes del periodo sumerio de Ur III (entre los años 2065 a.C y 1995 a.C.), hubo una serie de tribus llamados gutis (procedentes de los montes Zagros) que invadieron el imperio sumerio-arcadio. Hacia el año 2065 a.C., el príncipe sumerio Ur-Nammu fue capaz de dirigir a las tropas con tanta eficacia que consiguió expulsar a los gutis de su territorio. Así se inició lo que se conoce como el tiempo de Ur III, una etapa fundada por la victoria sobre el conquistador extranjero.

Ur-Nammu fue llamado por su pueblo “el príncipe salvador”. Las historias que nos han llegado lo describen como un buen gobernante y guerrero. Un líder que fue capaz de acabar con la anarquía generada por los gutis, impulsar la economía e iniciar construcciones como grandes canales. Las epopeyas que hemos conseguido recuperar lo ensalzan como un héroe y cuentan que gozó de gran fama, especialmente en la ciudad de Ur (Company, 2011):

….mató a Namchani, el gobernador de Lagash, y con la fuerza de Anu -el dios del cielo acadio, sucesor del sumerio An-, el soberano de su ciudad, acompañó con el bote Magan de Nanna al canal límite. Así se hizo famoso en -la ciudad-Estado de- Ur… (p. 116).

Supresión de los impuestos

Tras vencer a los enemigos, Ur-Nammu se dedicó a restaurar la paz. Paz que no sólo se había perdido por las batallas, sino que se mantuvo ausente durante todo el gobierno de los gutis. Los conquistadores extranjeros, según estas crónicas, habían provocado la anomía.

Por entonces Ur-Nammu, el poderoso, el rey de Sumer y Accad, bajo el poder de Nanna, el soberano de su ciudad, implantó el derecho en el país y exterminó con la fuerza de las armas la maldad y la violencia (p. 117).

Entre todas las medidas que tomó el nuevo rey se encuentra una bastante llamativa: la supresión de los impuestos. Ur-Nammu tomó la decisión de eliminar estos tributos, algo que fue celebrado por sus habitantes. Tanto es así que el relato que lo ensalza resalta este hecho como uno de los puntos fundamentales de sus reformas:

Suprimió los impuestos, quitó de en medio al “Gran Naviero” y a todos los que confiscaban bueyes, ovejas y onagros -asnos- en Sumer y Accad… (p.117).

Impuestos y sometimiento

Esto es una muestra de la relación que en la historia han tenido los impuestos con el sometimiento de los pueblos y la conquista. Este tipo de tributos estaban vinculados a la extracción de la riqueza de las personas que estaban bajo el control de extranjeros. La confiscación de los bienes vendría a ser algo similar.

El relato continúa detallando las medidas del héroe. En concreto, los sumerios narran la importancia que tuvo el establecimiento de puntos de referencia tanto en las medidas como en la forma de pago a través del dinero:

Reguló las siete unidades de medida y fijó la sila de bronce, la mina, el sekel de plata y de piedra… (p.117).

El texto finaliza con otras reformas de interés económico:

Aseguró las riberas del Tigris, las orillas del Éufrates… Cuidó de que el presuntuoso encontrase su maestro. La huérfana no se entregaba al rico ni la viuda al potentado; quien no poseía más que un “sekel” no era entregado a quien tenía toda una “mina”… (p. 117).

La dignidad

Sin intención de realizar una interpretación demasiado abstracta, puede deducirse de este último fragmento que los sumerios se congratulaban de haber conseguido rescatar la importancia de la dignidad humana. Es decir, el valor de la vida trasciende a la riqueza, cuestión que ahora nos resulta más familiar por la influencia de los principios cristianos.

Lo relevante del contenido de esta tablilla es, por tanto, tanto la visión que se tenía de los impuestos como la importancia que tenían las medidas económicas para que el gobernante fuese ensalzado. La economía, en su forma primitiva, era uno de los motivos por los que los sumerios alababan a su héroe, además de por sus destrezas guerreras que les llevaron a la liberación del sometimiento extranjero. Es decir, tras la extracción de riqueza provocada por los gutis, en forma de impuestos y confiscaciones, y la despreocupación de estos por el bienestar material del pueblo sumerio, Ur-Nammu logra, además de vencerlos y hacerse con el poder, restaurar la paz, la estabilidad y la prosperidad. De esta manera, el héroe se convierte en el mito fundacional del periodo de Ur III.

Bibliografía

Company Seva, D. (2011). Apuntes sobre los orígenes de nuestra civilización. Autopublicado.

Serie La economía a través del tiempo

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad

(III) El Estado y las formas de intervención

(IV) La primera disciplina fue la economía

(V) La educación y el trabajo para los sumerios

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina

Mi intención este mes era escribir y entregar a mi editor en el Juan de Mariana un texto sobre alguno de varios temas. Estaba tratando de decidir si escribir sobre la naturaleza expansiva del socialismo, tratando de dar una explicación de su propagación en Latinoamérica -algo que no deja de sorprender a muchos. Otro tema que quería discutir era el del absurdo reclamo de algunas personas de tener derechos fundamentales al uso de cigarrillos electrónicos (vapes), tratando de reflexionar sobre el fenómeno de una especie de hiper-inflación de derechos y las causas remotas de esto. Otro posible tema habría sido cómo ciertas formas de corrupción pueden ser eficientes, tomando como punto de partida la ensalada Cesar y cómo su receta se manifiesta corrupta en varios países.

El terremoto político

Pero el pasado domingo, después de un paseo con amigos, llegué a mi casa a leer la noticia de que Javier Milei ganó las elecciones primarias (PASO) en Argentina. Si bien trataré los temas que mencioné anteriormente en el futuro próximo, aquel hecho me obliga -como seguramente lo hace con muchos otros- a escribir sobre él. Para un libertario en América Latina, ¿qué otro tema puede ser tan interesante como este? No tengo respuesta ante esto.

Para nadie, libertarios o no, es un suceso sin trascendencia. Lejos de serlo. El anarcocapitalismo es aquella facción dentro de la ideología política del libertarismo que, a partir de la convicción de ser el estado injustificable desde cualquier punto de vista, considera que la única fuente justificable de orden y prosperidad económica es el proceso de mercado, cuya condición ética habitante es la propiedad privada, particularmente sobre los factores de producción.

Pues bien, la razón por la cual no puede ser un hecho sin trascendencia para absolutamente nadie es que Javier Milei se ha hecho conocer consistentemente como anarcocapitalista, y que así, en un país de dónde no ha salido enunciada la palabra libertarismo de parte de ningún gobernante, ha ganado unas elecciones, con una ventaja nada despreciable respecto de las dos opciones restantes -una de ellas, justamente representando la continuidad de socialismo rancio.

Javier Milei

Un par de meses y la concurrencia de otras circunstancias separan a Javier Milei de convertirse en el presidente de Argentina, no deja de ser excitante -por decirlo de alguna manera, que exista una relativamente alta probabilidad de que un país de América Latina pudiera tener un presidente que haya distraído a los electores en su favor, enunciando ideas que se derivan de la libertad en su sentido original.

En uno u otro tono, en varios grados de calma -y en ocasiones, sin ninguna- Milei ha llamado positivamente la atención de los votantes hablando de: propiedad privada, primacía de la economía de mercado. Respeto por el plan individual de vida de cada quien sin interrupciones estatales. Y libre competencia -entendida como a ausencia de bloqueos institucionales para producir en favor de los demás. De esta forma, Milei promete ser un presidente que va a favorecer el campo de acción de la economía de mercado, de tal forma que sea a través de este proceso que los individuos avancen en sus respectivos proyectos de vida en búsqueda de bienestar individual.

A la par, promete, como presidente, restar campo de acción al estado eliminando el número de sus agencias, como varios ministerios, reduciendo la capacidad operativa estatal para intervenir por medio del uso de la fuerza en los planes que diseñen los individuos a lo largo de sus vidas -lo que viene, hay que decirlo, como una bocanada de aire fresco. ¡Me importa un pimiento el carné de cualquier libertario! Tómense un minuto de darse de trompadas por al menos un momento para ver quién es el más libertario de los libertarios. Les digo que no está de más darse licencia y experimentar algo de emoción.

Libertarismo

Dejando la emoción a un lado, para darle paso a una reflexión con algo más de cabeza fría, algo no cuadra del todo. Milei es abiertamente libertario. El libertarismo es la ideología política que se articula de un axioma muy sencillo de entender y de justificar: ningún individuo, ni ningún grupo de individuos, puede agredir la persona o la propiedad de nadie. Al axioma solemos conocerlo como el axioma de no agresión, o NAP, por sus siglas en inglés, en donde agresión se traduce en el uso o la amenaza del uso de violencia física en contra de la persona o propiedad de los individuos.

Propiedad significa el derecho que tienen los individuos de controlar exclusivamente los cursos de acción a los que asignan sus medios -esto es, su cuerpo y sus bienes. Si una persona gana 100 pesos y el estado cobra en impuestos 5 o 75 para pagar a los jueces o para alimentar a los pobres, eso es una violación de NAP. Si dos hombres o dos mujeres quieren celebrar un contrato de matrimonio y el estado prohíbe o condiciona ese intercambio, eso también es una violación del NAP, luego reprochable desde un punto de vista libertario. Una explicación más extensa de este derecho se puede encontrar acá.

Presidente libertario, una contradicción

Siendo esto el libertarismo -reduciéndose a tan sencilla noción, ¿no es acaso la aspiración y el triunfo de Javier Milei una contradicción frente a esa noción? Es decir, siendo Milei libertario, estaría él en contra de dirigir cualquier manifestación de violencia física a la alteración de los cursos de acción a los que libremente los individuos han asignado sus medios. Y siendo el estado la agencia dentro de la sociedad que monopoliza la violencia física, cuyos ingresos son solo posibles por medio de una violación sistemática del NAP, ¿no es acaso una contradicción ser libertario y querer llegar a la posición de ser la cabeza de aquella organización, cuya existencia es injustificable a partir del reconocimiento de la propiedad privada?

Pues, por el perro, ¡claro que lo es! Se trata de entregarle un agente más a aquella organización criminal, que desde el libertarismo se quiere eliminar. Porque no puede haber dudas acerca de que llevar a sus últimas consecuencias lógicas, el NAP resulta en la eliminación del estado, sea el colombiano, el español o el argentino. Existe en el libertarismo un relato que se suele utilizar para brindarnos una imagen de esto. De existir un botón con el cual se lograría la desaparición del estado, se nos ampollaría el dedo al oprimirlo, sin descanso y con mucho ahínco. Así que, de nuevo, sí, es una contradicción ser libertario y querer formar parte del estado.

Presidente libertario, una estrategia

Lo que acabamos de describir es el fin último del libertarismo, su objetivo más caro. Y es tomándolo en cuenta que la candidatura y éxito electoral de Javier Milei resulta ser una grotesca contradicción. Y a pesar de esto, aquel botón no existe y, me atrevo a decir, que el estado será eliminado, no de un golpe certero, sino a través de un proceso tan largo y complejo como aquel por medio del cual surgió y terminó, siendo lo que conocemos como el proyecto estatal absolutista contemporáneo. Así como el estado surgió como una evolución de un grupo desorganizado de rufianes a una mafia criminal con un alto grado de organización por medio de reglas, el declive del estado podría darse como la devolución de ese proceso. Así, tomará no solo tiempo, sino estrategia.

Y es en términos de estrategia donde no me parece que haya contradicción alguna respecto del triunfo de Milei en Argentina. Es más, los que nos alegramos, por ello, en el fondo lo hacemos en función de la esperanza que representa. En términos estratégicos, y en el papel, las promesas de Javier Milei de destruir el estado desde adentro son atractivas y excitantes. Porque, si bien de manera tímida, representan un paso en el largo y paciente camino de acabar con el estado.

Eliminar instituciones

Y a pesar de lo emocionados que estemos, algo de cautela no está de más. Como estrategia, disminuir el estado corre el riesgo de ser una estrategia fallida. Por ejemplo, en primer lugar, la alianza con otras organizaciones criminales, de las que ya se es parte como presidente, como otros estados, puede generar cierta influencia impropia para que las reformas liberales avancen. Estas reformas liberales, libertarias, no pueden ser otras diferentes a eliminar instituciones que den pie a la intervención del estado.

Una clara reforma liberar sería, sí, disminuir impuestos, como aquellos a las ventas o a las ganancias empresariales. Pero sería una gran reforma liberal eliminar estos impuestos. No puedo, sino temer -y ojo que es temor, más no convicción- que este tipo de iniciativas, que serían las verdaderamente libertarias y las que se esperarían de Milei, se vean retrasadas y hasta entorpecidas con las alianzas que habría anunciado, como con EE.UU. e Israel.

Las que nos parecen medidas que prometen una muy baja probabilidad de éxito en la consecución del fin de reducir el estado son aquellas, dentro de las propuestas conocidas de Javier Milei, que mantienen ciertas intervenciones. En efecto, según reportes periodísticos, para Milei el gasto público no es que vaya a ser eliminado, sino que “tiene que reducirse.” Nuestra principal preocupación con esto, con que se mantenga cierto grado de gasto público, es que esto llevará a ineficiencias en la asignación de recursos. Y esto, a su vez, podría llevar a la necesidad de incrementar ciertas intervenciones estatales. Ello corre el riesgo de mantener el tamaño del estado y hasta aumentarlo, siquiera marginalmente.

Sólo ocho ministerios

Por ejemplo, Milei ha anunciado en el pasado que mantendría ocho ministerios, siento infraestructura uno de ellos. Nuestro temor -y este sí es por convicción- es que gasto público en infraestructura es, después de todo, gasto estatal. El estado no cuenta con herramienta mental de economía de mercado como el cálculo económico. El motivo es que no participa del sistema de precios de la misma manera en la que un empresario lo hace. Así que cualquier asignación de recursos que haga, en algún grado, así sea en carreteras y puentes, será un desperdicio. Tal desperdicio de recursos, en tiempo, creará un déficit fiscal que, probablemente, se tenga que tapar con impuestos adicionales a los que ya estarían en vigencia.

La verdad es que poco sabemos de estrategia -sobre todo nosotros, que llevamos una vida dentro de la segura burbuja académica. Nos parece que respecto del fin último del libertarismo no debería quedar duda alguna cuál es este. La fortuna nos dirá qué estrategia será la más eficiente. Que reducir el campo de acción del estado desde adentro sea o no una estrategia efectiva, de tal forma que avance la libertad y con ello la prosperidad material y el recobro de la fibra moral de la sociedad, es una cuestión empírica.

Otra estrategia -de largo plazo y aliento y sin violar el NAP

Tal efectividad será juzgada por sus resultados y el tiempo dirá todo. Javier Milei, a todas luces, se ha ocupado más de estas cuestiones estratégicas, y a su futuro equipo de trabajo. En ese sentido, solo resta desearle toda la suerte en el eventual caso de que gane las elecciones presidenciales de Argentina. ¡Javier, estoy a una llamada para cuando quieras discutir aspectos fundamentales de teoría de eficiencia dinámica o el error intelectual que es el socialismo!

Consideramos que existe una estrategia que promete una mayor probabilidad de éxito, en el largo plazo. Tiene estas varias consideraciones. Una de ellas es que requiere de mucha visión. Por medio de ella, se promete eliminar el estado en el largo plazo. Es una estrategia, muy diferente a la de relativo corto plazo, que es a lucha electoral. Requiere también de bastante paciencia y esto nos lleva a considerar otra cosa: requiere también perseverancia y valentía. Los embates y las desavenencias que encuentra en el tiempo son muchas. Y no dejarse derrotar por ellas es muy importante, para lo cual se necesita muchísima fibra moral.

Por último, requiere de agudeza intelectual. Pues la idea de la libertad y sus últimas consecuencias demandan cierto rigor mental para identificar todas sus implicaciones lógicas. Esta estrategia es la de hablarle directa y diariamente a la opinión pública. Pues sin el apoyo, así sea pasivo y resignado de ella, no puede haber estado. Esta estrategia es, además, consecuente con el NAP, pues dialogar no viola este axioma.

El poder y la aquiescencia de la mayoría

El estado es un grupo minoritario de individuos que tiene en sus manos el monopolio de la violencia física. Loo utiliza como un revolver para extraer involuntariamente riqueza de la parte de la sociedad que previamente la ha creado. Y, ayudado por su monopolio del derecho, decide en última instancia la cuestión de lo justo. Esa minoría, al final, solo puede mantenerse por medio del apoyo de la mayoría.

El estado está soportado, entonces, porque la opinión pública lo soporta. La mayoría, a la altura de nuestros tiempos, tienen profundamente arraigada la creencia, de que la única forma de generarse orden es a partir de la existencia de un estado. Esa mayoría cree que siempre ha sido así y que no hay otra forma de que sean las cosas. Esa mayoría, que representa la opinión pública, ha nacido y morirá en un tiempo donde se insiste en la noción, sin descanso, de que el estado es, por un lado, la única forma de coordinar las acciones de la sociedad para generar bienestar; y, por otro lado, que sin estado la sociedad sería presa del caos que acabaría con ella misma en cuestión de días.

Bienvenidas las estrategias de libertad

Así, posiblemente una estrategia más efectiva, con resultados que resulten un tanto más blindado a los vaivenes electorales, que se dirija al profundo desarraigo de la creencia sobre el estado y su utilidad es una estrategia que merece toda nuestra atención como libertarios -una sin la cual, nos atrevemos a decir, el triunfo de Javier Milei en Argentina no habría sido posible en primer lugar.

¡Qué aquellos confundidos sigan llamando fascista a todo aquello que no entienden! Mientras tanto, bienvenidas todas las estrategias para avanzar la libertad. El paso del tiempo cumplirá con su función de depuración y nos encontraremos al final del camino sin estado y libres.

Ver también

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

Javier Milei y la bandera de libertad

Los albores de un liberalismo pragmático afloraron el domingo en el país del sur de una América Latina sumida en la incertidumbre y el caos político. Que aquel ‘bicho raro’ de Javier Milei se haya hecho con una primera victoria en un país aquejado por la descomposición institucional, por la ruina económica ocasionada por la inflación y la crisis social y, sobre todo, por la domotización perpetrada por más de setenta años de peronismo es un hecho histórico que sorprende para bien de la democracia en el continente Latinoamericano y en occidente.

Este acontecimiento ejemplifica una cuestión de orden social y político muy importante. Más allá de los esquemas peligrosos en los que algunos se empecinan en insistir. Toda vez que la izquierda más radical trata de encasillar cualquier alternativa a su proyecto rupturista en un extremismo insalvable o cuando se repite un descalificativo que para el análisis es poco útil. Categoriza de ultra una verdad a secas: la libertad como principio rector en la vida de los individuos.

La propuesta de Milei

La propuesta liberal de Milei no hace más que determinar con certidumbre cuestiones que los ciudadanos de cualquier país en quiebra reconocen sin paliativos. El Estado no genera trabajo (empleo) ni riqueza por sí mismo. La burocracia es un mal endémico ineficaz propio de la administración pública que se traduce en dificultades para el ciudadano. El derecho a decidir lo que es mejor para uno corresponde a la misma persona que es capaz de discernir su conveniencia por encima de las imposiciones de un Estado que también vela por sus intereses. En conclusión: menos poder para el Estado es sinónimo de mayor capacidad y ventaja para las personas, quienes son los actores reales de su propio bienestar.

Esto es, en resumen, lo que ha venido defendiendo el candidato de La Libertad Avanza y aquello que los ciudadanos argentinos han reconocido como una propuesta pragmática a la situación en la que se encuentra el país que antes del afloramiento del peronismo era una potencia económica mundial. 

La libertad importa a los ciudadanos

No es baladí detenerse a analizar un elemento clave a la hora de estudiar aquel principio que Montesquieu había establecido: la libertad es poder hacer lo que debemos. Y en ello se enmarca una idea sobre tal virtud que permite reflexionar acerca de las cuestiones que condicionan la vida de los individuos. La protección de sus derechos y la estricta garantía del principio de subsidiariedad que debe revestir todo Estado democrático que reconozca el Estado de Derecho como la base de la convivencia entre los ciudadanos y su relación con el poder público.

Que un liberal pueda ser el próximo presidente de uno de los países más debilitados por décadas de socialismo pone sobre la mesa un hecho incontrastable. La libertad es una cuestión que importa a los ciudadanos y es deber de los líderes de aquellos países que padecen el malestar del igualitarismo y la corrupción de una casta política pervertida ofrecerlo a los ciudadanos como un elemento constructivo de bienestar, superación y enriquecimiento en clave propositivo.

El enemigo del Kirchnerismo

Sobre el terreno hay dos cuestiones clave para analizar. Las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), como su nombre indica, son obligatorias. Por tanto, ofrecen una fotografía bastante aproximada de lo que puede acabar ocurriendo en las elecciones generales de octubre en Argentina. Y a eso se suma el hecho de que Javier Milei haya ganado el pasado domingo en plazas tradicionalmente peronistas. Y en segundo lugar, Milei se ha convertido en el enemigo número uno a batir en los dos meses que quedan hasta las elecciones. Enemigo, sobre todo, del kirchnerismo que, de confirmarse el resultado del pasado domingo, tendrá que buscar refugio tras años de corrupción, enriquecimiento ilícito y crisis económica y social.

Milei está muy bien posicionado para ser el próximo presidente de Argentina, con un programa con un claro horizonte de ampliación de las libertades de los argentinos. El bagaje liberal del candidato es una ventana de oportunidad para un cambio real que vendrá acompañado de una idea que pone al ciudadano en el centro.

Respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo

Fue lo manifestó en su alocución tras conocerse los primeros resultados del domingo, citando al profesor Alberto Benegas Lynch. La libertad es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, cuyas instituciones son la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la libre competencia entendida como libre entrada y salida, la división del trabajo y la cooperación social.

Quedan alrededor de ocho semanas difíciles que serán la antesala de un desafío a la altura de las circunstancias: un país roto económicamente, donde las políticas liberales pueden ser difíciles de aplicar en el corto plazo e, incluso, impopulares en cuanto al cambio de modelo económico, y una sociedad polarizada en la que el peronismo continuará perfectamente organizado y con las herramientas dispuestas para hacer tambalear un gobierno centrado en el cambio radical no solo de la económica o las políticas públicas, sino en la percepción que el individuo tiene sobre su trabajo frente al poder público. Cuestión que resulta nada sencilla en un país dilapidado por la ruina del peronismo y el socialismo. Por ello, en estos momentos históricos es cuando resulta más importante aún elevar la bandera de la libertad, asumiendo que su precio es la eterna vigilancia.

Ver también

¿Es Javier Milei el milagro económico que necestia Argentina?

A vueltas con el positivismo jurídico (IV): sus antecedentes filosóficos en Comte y Kelsen

Aunque en la anterior entrega de esta serie vimos cómo, con Kant, se rompe por completo con los fundamentos filosóficos y la cosmovisión en la que se apoya el iusnaturalismo, al rechazar la necesidad de que las leyes se refieran a la experiencia y/o partan de la naturaleza, tanto la filosofía positivista como el positivismo jurídico -según lo planteó uno de sus representantes más conocidos, Hans Kelsen- dieron un paso más allá.

En efecto, el positivismo filosófico llega a considerar innecesario, por estéril, intentar cualquier reflexión humana sobre lo universal, circunscribiendo el conocimiento al resultado de las ciencias positivas particulares y negando valor a cualquier afirmación que vaya más allá de los puros hechos y de sus relaciones. Así, Kant rechazaba las éticas “materiales” (por contraposición a las “formales”, como es la suya) por derivar su contenido de la “experiencia”, cuando, en su opinión, para que sus imperativos fuesen “universales” debían responder a juicios a priori.

Auguste Comte

Por otro lado, el positivismo filosófico de autores como Comte, aunque regresa a la experiencia como única fuente de verdad, niega la posibilidad de cualquier explicación única de los fenómenos, tanto de carácter trascendente como inmanente, siendo la finalidad de la filosofía positiva la simple síntesis de los conocimientos adquiridos por las distintas ciencias, sin intentar ir más allá de ellas. Así, el propio Comte fija el “estado positivo” como un tercer estado -en el progreso de la humanidad- posterior a los estados teológico y metafísico. Este último es el propio de la Edad Moderna, en el que el hombre deja, en opinión de Comte, de remitirse a seres personificados para explicar los fenómenos.

En el fondo, el planteamiento positivista no es otra cosa que llevar al extremo el camino “racionalista” iniciado con Descartes, con quien se inicia el “problema crítico”. Postula la necesidad de la división de la dificultad que examinamos “en tantas partes como fuera posible y como requiriese para resolverlas mejor” hasta llegar a perder esa realidad única ontológica. Así, la gnoseología acaba primando sobre la metafísica y el conocimiento de la realidad deja de ser contemplativo -y luego, en una segunda fase, práctico- para ser pragmático desde su origen y buscar el dominio sobre la naturaleza y el mundo.

Hans Kelsen

Las afirmaciones de Kelsen sobre la justicia -entre otras en su “Teoría General del Derecho y del Estado”- dejan patente la línea de pensamiento del positivismo filosófico que hemos señalado: “la justicia es un ideal irracional” que “no es accesible al conocimiento”. Sólo el derecho positivo “puede ser objeto de la ciencia; y sólo él constituye el objeto de una teoría pura del derecho que no sea metafísica, sino ciencia jurídica”.

Y es que Kelsen, como los positivistas filosóficos, reduce el objeto de conocimiento a los puros hechos y sus relaciones, considerando, por ello, que sólo existen, en su caso, “intereses” y “conflictos de intereses”, los cuales se resuelven, como él mismo afirma, “por un orden que o bien satisface uno de los intereses en perjuicio del otro, o bien trata de establecer una transición entre los opuestos”, para afirmar después que “el que sólo uno de esos dos órdenes sea “justo” es algo que no puede establecerse por un conocimiento racional”, y “el conocimiento sólo puede revelar la existencia de un orden positivo, evidenciada por una serie de actos objetivamente determinables”.

Platón

De hecho, es muy interesante, y reveladora, la similitud que plantea Kelsen en la obra citada entre el derecho natural y la filosofía platónica:

La doctrina del derecho natural se caracteriza por el establecimiento de un dualismo fundamental entre derecho positivo y derecho natural (…) [que] se asemeja en tal aspecto al dualismo metafísico de la realidad y la idea platónica (…). El dualismo entre realidad e idea, entre el mundo imperfecto de nuestros sentidos y otro mundo perfecto, inaccesible a la experiencia de los mismos sentidos, es decir, el dualismo entre naturaleza y supernaturaleza, entre lo natural y lo sobrenatural, lo empírico y lo trascendente, el más acá y el más allá, esta reduplicación del universo, no es sólo un elemento de la filosofía platónica, sino ingrediente típico de toda interpretación metafísica, o, lo que es lo mismo, religiosa, de lo existente.

Hans Kelsen

Crítica al iusnaturalismo

En el fondo, por tanto, la postura del positivismo jurídico se basa en unos planteamientos filosóficos racionalistas llevados al extremo, en los que la posibilidad de conocimiento queda muy cercenada -se rechaza la posibilidad del conocimiento universal-. Su objeto se reduce exclusivamente a los fenómenos y sus relaciones y el objetivo de ese conocimiento es eminentemente pragmático (como afirma Bacon, “saber es poder”). De ahí la crítica tanto al iusnaturalismo clásico como a los planteamientos kantianos que hace Kelsen en la obra ya citada:

Lo que ha sido presentado como derecho natural o, lo que equivale a lo mismo, como justicia, consiste en su mayor parte en fórmulas vacías, como suum cuique, “a cada quien, lo suyo” o tautologías desprovistas de significado, como el imperativo categórico, esto es, la doctrina kantiana de que uno debe hallarse determinado solamente por principios que puede querer que sean obligatorios para todos los hombres. Pero la fórmula “a cada uno, lo suyo” no contesta la pregunta sobre qué es lo suyo de cada quien, y el imperativo categórico no dice cuáles son los principios que cada debiera querer se transformasen en obligatorios para todos.

Hans Kelsen

¿Es la justicia un ideal irracional?

Es decir, aunque Kant había querido evitar los preceptos hipotéticos o condicionados de las “éticas materiales” (y que, por tanto, sólo valen de modo condicional -no absoluto- para conseguir un fin: “si quieres conseguir o evitar”, entonces debes…), recurriendo a una ética “formal”, universalmente válida a priori, con imperativos absolutos y autónomos, Comte aprovecha dicho vacío de contenido de la ética kantiana también para criticarla, pero revelando, en el fondo, al hacer esa crítica tanto al “iusnaturalismo” kantiano como al clásico, cierta exigencia de certidumbre, de control, muy poco compatible con la realidad de un mundo de futuro incierto.

Y es que, ¿por qué es imprescindible, como pretende Kelsen, que existan fórmulas concretas, desde antes incluso de planteársenos un problema, que nos digan cómo debemos actuar? ¿No bastan las meras directrices genéricas que den las claves, exigiendo un trabajo posterior, aunque no las respuestas concretas desde el inicio? ¿Es realmente el hombre -el legislador- capaz de prever cualquier suceso que pueda planteársenos en el futuro? ¿Qué ocurre con los supuestos no previstos previamente, acaso no es posible darles una respuesta “justa” o cuando menos “correcta” -si no aparecen recogidos/previstos en la ley, no forman parte del derecho positivo-? ¿Realmente es la justicia un ideal irracional? A todo esos interrogantes les daremos respuesta desde los principios filosóficos de los que parte el derecho natural, pero será ya en la próxima entrega.

Serie ‘A vueltas con el positivismo jurídico

(I) Las inconsistencias del iuspositivismo

(II) La idea clásica de la justicia, y su relación con el Derecho

(III) Sus antecedentes filosóficos en Kant

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina?

Siempre seguí de cerca todo lo que ocurre en Argentina. Apenas era un niño cuando descubrí a Diego Armando Maradona, un hombre que hacía magia con un balón.
Apenas sabía qué es España y no sabía nada del Imperio Español, pero veía que ese hombre, además de hacer magia con el balón, hablaba español.

Y con un acento parecido al de Rubén Sosa, «el principito» que marcó el gol que hizo que el Real Zaragoza ganase la Copa del Rey 1986. Menos de dos meses después, se disputaba el Inglaterra-Argentina, en el que Maradona marcó dos de los goles más geniales que he visto, “la mano de Dios” y “el gol del siglo”. Argentina ganó el mundial. Y mi admiración.

Aunque la distancia, y mi corta edad, dificultaban desarrollar mi interés por Argentina. Incluso cuando Chilavert fichó por Vélez, intentaba seguir los resultados del equipo, pero era difícil para mí seguir las noticias argentinas antes de tener Internet. Pero llegó Internet justo en la época en la que jugaba en el Real Zaragoza Poyet, Cáceres, Esnáider, Darío Franco… y fui leyendo todo lo que podía sobre Argentina, Paraguay y Uruguay. Y poco a poco me fui acostumbrando a seguir la actualidad de esos países.

Maradona me hizo admirar Argentina. El escudo del león me hizo descubrir Argentina.

Economistas argentinos

Y así, fui conociendo más a autores argentinos. Descubrí a Ricardo López Murphy, a Martín Tetaz, a Roberto Cachanosky… y mi interés por la economía y la Escuela de Salamanca crecía a medida que crecía mi interés por Argentina.

Siempre me resultó curioso la cantidad de libros y autores argentinos hablando sobre la Escuela de Salamanca. Así descubrí y leí a Gabriel Zanotti, a Carlos Rodríguez Braum, a Alejandro A. Chafuen o a Juan Carlos Cachanosky.

También me resultaba curioso que con tanto talento argentino la economía argentina fuera un auténtico disparate, con unos niveles hiperinflacionarios de 3079% y 2314%, en 1989 y 1990, respectivamente. Un país que, tiempo atrás, llegó a tener el mayor PBI per cápita del mundo.

La economía argentina era -y es- un digna de un chiste de Yayo pero, si los argentinos tienen el talento y la capacidad de trabajo suficiente como para llegar a tener el mayor PBI per cápita del planeta y el conocimiento suficiente de la Escuela de Salamanca, sólo es cuestión de tiempo que vuelvan a ser una gran potencia mundial y volver a recuperar una alta renta per cápita.

El milagro económico español

En España vivimos de 1959 a 1973 el conocido como milagro económico español, un cambio que Domingo Soriano define como: “Un país autoritario que abre su economía al mundo, desde una posición de partida muy mala y que consigue sumarse al tren de la modernidad”.

En ese periodo, en España hubo un crecimiento medio anual del 7,73%, gracias a unos pocos cambios estructurales. Veamos cuatro puntos:

  • Apertura internacional tanto a nivel industrial y de inversiones como a nivel de turismo. España pasó de recibir 6 millones de turistas en 1960 a más de 34 millones en 1973.
  • Reducción a través del primero de los Planes de Desarrollo Económico y Social de la inflación pasando del 12,6% en 1959 al 2,8% en 1963. Aunque luego, como siempre ocurre en cualquier economía planificada, volvió a subir en 1965 hasta el 14%.
  • Unas tasas bajas de criminalidad, como los 1,2 homicidios por cada 100.000 habitantes en 1970, según el INE.
  • Y un estado limitado con “sólo” 700 mil funcionarios de una población de 35,9 millones de españoles en 1975.

Gracias a estos cuatro hitos, en los 70, España fue la décima potencia mundial en PBI per cápita según el Banco Mundial y la ONU.


Argentina hoy

Comparemos estos mismos indicadores con la situación argentina actual. La tasa de inflación anual promedio ha pasado del 40,6% en el periodo 2015-2019 con Mauricio Macri como presidente a un 69,8% en el periodo 2020-2023 con el gobierno del Frente de Todos.

El nivel de control económico por parte del estado argentino lleva a situaciones como que siendo Argentina el primer exportador de harina y aceite de soja del mundo, el gobierno decidió suspender las exportaciones de estos productos en 2022. En 2022 sólo 3,9 millones de turistas durmieron al menos una noche en Argentina, cuando en 2019 lo hicieron 7,4 millones.

El número de homicidios en Argentina en 2021 fue de 2093 (4,62 por cada 100.000 habitantes), muchos, aunque es menos que los que ha habido desde 2001, que no había bajado de los 5  por cada 100.000 habitantes.

Un milagro económico es posible en Argentina

He comenzado hablando de mi relación con Argentina. Y cómo sigo a diario la actualidad argentina. Pero ese cariño no es unidireccional. Me consta por amigos argentinos que al otro lado del Atlántico siguen tanto o más la actualidad española como en España la de Argentina. También hemos visto que hay un fuerte conocimiento de la Escuela de Salamanca en Argentina y que cuando se aplicaron, aunque tímidamente, en España, la economía creció al 7,73% anual.

Y cómo la situación actual en Argentina horripilaría a cualquiera de nuestros escolásticos, por lo que hay un caldo de cultivo ideal para que alguien tome esas ideas en Argentina y las desarrolle. Esas ideas que, por otro lado, y como dice Borges, nunca dejaron de estar:

Estás, España silenciosa, en nosotros.

[…]

España del inútil coraje,
podemos profesar otros amores,
podemos olvidarte
como olvidamos nuestro propio pasado,
porque inseparablemente estás en nosotros

Esas mismas ideas que Javier Milei reivindica en Otra vez sopa, en El fin de la inflación, en El camino del libertario, en Libertad, libertad, libertad… Pero sobre todo, cuando reivindica la constitución de Alberdi, tan influida por la Escuela de Salamanca.

De hecho, Alberdi en “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”, su obra más famosa, donde propone los principios fundamentales para la organización constitucional del país, basados en el respeto a las libertades individuales, el fomento de la inmigración, el desarrollo económico basado en el libre comercio y la producción agrícola, y la limitación del poder del Estado, se basa abiertamente en los principios planteados por la Escuela de Salamanca.

Este libro de Alberdi fue tomado como referencia por el Congreso Constituyente reunido en Santa Fe en 1853, que sancionó la primera Constitución nacional argentina. Sólo tres décadas después, en 1895 y 1896, Argentina tuvo el mayor PIB per cápita del mundo.

El rugido del león

En Argentina ya saben que el libre comercio y el estado limitado funcionan. En España también. La diferencia es que en Argentina hay un candidato a la presidencia que, aparentemente, quiere aplicar los postulados de la Escuela de Salamanca. Y ha sabido hacer llegar su mensaje a la población.

En la Plaza Holanda de Buenos Aires, dijo:

Esta no es una tarea para tibios. Esta no es una tarea para cobardes. Esta no es una tarea para los políticamente correctos. Yo no me metí acá para estar guiando corderos, yo me metí acá para despertar leones. ¡Quiero escucharlos rugir!

Ayer, los leones argentinos rugieron. Más del 30% de los votos en las PASO fueron para Milei. Ya han comenzado el camino para volver a ser libres. Para volver a ser ricos.

El camino de la Escuela de Salamanca. El camino de la Comunidad de Madrid.

En España, sin embargo, sólo nos queda el recuerdo. El recuerdo de la Escuela de Salamanca. El recuerdo del milagro económico español. El recuerdo de un león que acompañado de unos cuantos argentinos conquistó Europa. Pero que ahora está en segunda.

Un león que duerme, como durmió en Argentina.
Pero el rugido madrileño y el rugido argentino, puede hacerle despertar.