Ir al contenido principal

Aragón en la Guerra Civil española. ¿Una verdadera experiencia anarquista? (III): el Consejo de Aragón

En los anteriores capítulos de esta serie (Aragón en la Guerra Civil española. ¿Una verdadera experiencia anarquista?) de artículos repasamos dos aspectos fundamentales del anarquismo en Aragón durante la Guerra Civil española. En primer lugar, hablamos de las colectividades como las formas de organización social y económica que surgen tras el colapso del Estado republicano. En segundo lugar, explicamos como se estructuraba el anarquismo a nivel militar a través de las columnas y las milicias.

En este último capítulo hablaremos del Consejo de Aragón, si algo caracteriza este periodo revolucionario en Aragón es la propia institucionalización de la revolución. Esa institucionalización se realizaría a través del Consejo de Aragón. El momento en el que se comenzó a debatir sobre su constitución fue el Pleno de Bujaraloz del 6 de octubre de 1936. Entre las filas libertarias había discrepancias sobre su constitución, los sectores más radicalizados, representados por personajes como Ortiz, Jover o Aldabaldetrecu pensaban que la creación del Consejo entorpecería la lucha contra el fascismo. Por el contrario, muchos pueblos pensaban que eran necesario dotar a las zonas conquistadas de una estabilidad institucional[1].

CNT en Alcañiz

Finalmente, su composición y configuración fue establecida en una reunión del Comité Regional de la CNT en Alcañiz. Se establecieron seis departamentos, dirigidos todos ellos por anarquistas:

  • Justicia y Orden Público: Adolfo Ballano Bueno.
  • Agricultura: José Mavilla Villa.
  • Información y Propaganda: Miguel Jiménez Herrero.
  • Transportes y Comercio: Francisco Ponzán Vidal.
  • Instrucción Pública: José Alberola.
  • Economía y Abastos: Adolfo Arnal.
  • Trabajo: Miguel Chueca Cuartero.

El presidente sería Joaquín Ascaso Budría, merece la pena que nos centremos un momento en esta figura. Ascaso nació a principios del siglo XX en el barrio de Torrero de Zaragoza. Ya en su juventud fue conocida su militancia política, lo que le llevó a entrar en prisión en la dictadura de Primo de Rivera y posteriormente tomar la vía del exilio a Francia. Con la llegada de la República, Ascaso regresó a España y se convirtió en el líder del sindicato de la construcción de la CNT en Zaragoza. Dos años después, llegaría a convertirse en el líder nacional de la CNT, en este periodo también pasaría alguna temporada en prisión.

Joaquín Ascaso

El golpe de Estado le cogió por sorpresa en Barcelona, donde se enroló primero en la Columna Durruti y posteriormente en la Columna Ortiz. Participaría como delegado en el Pleno de Bujaraloz antes mencionado, donde sería elegido presidente del Consejo de Aragón. Tal como relata en sus memorias, Ascaso fue un gran organizador y negociador, pero la vida del Consejo fue muy efímera.

Tras la disolución del Consejo el 10 de agosto de 1937, Ascaso se dirigió a Valencia, donde fue arrestado por un robo de joyas. Unos meses más tarde sería puesto en libertad y se enrolaría de nuevo en la Columna Ortiz, tras la caída del frente aragonés se vio obligado a exiliarse de nuevo a Francia. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial conseguiría trasladarse a América. Primero estaría en Caracas con sus dos hijas, sobreviviendo con trabajos tremendamente precarios. Tras pasar una temporada en Chile, volvería a Caracas, donde moriría sin apenas recursos a los 70 años el 12 de marzo de 1977[2].

La composición exclusivamente anarquista del Consejo provocó las críticas de los distintos sectores de la izquierda, socialistas, anarquistas y republicanos veían en el Consejo una dictadura anarquista. Por ello, se comenzaron a enviar delegaciones para negociar con los máximos dirigentes del bando republicano. En primer lugar, Ascaso se trasladaría a Barcelona para conversar con el presidente de la Generalitat, Companys, y con el presidente de la República, Manuel Azaña.

El papel de Largo Caballero

Ambas figuras tenían discrepancias con el anarquismo cenetista, aunque Ascaso lo intentaría maquillar en sus memorias: “Antes de salir para Madrid —agregó— nos hemos entrevistado con Azaña y Companys, los cuales acogieron complacientes la idea de creación del Consejo de Defensa de Aragón”[3]. Otra muestra de las discrepancias que tendrá el Consejo con la Generalitat la veremos en la reunión del 3 de noviembre de 1936 con Josep Tarradellas, quien afirmaba “que el territorio on pretén actuar és zona de guerra i per tant no hi pot a ver més autoritat que la militar, i per altra part té cura de la población civil la Generalitat”[4].

Como bien relata, posteriormente tomaría el camino de Madrid para entrevistarse con Largo Caballero, presidente del Consejo de Ministros. La delegación dirigida por Joaquín Ascaso entregó un documento donde aparecía escrita la justificación de la creación del Consejo. Los motivos eran que las milicias habían tomado el poder sin ningún tipo de control, por lo que había que supervisarlos, además era necesario un órgano rector de las actividades económicas, sociales y económicas. Al gobierno republicano no le entusiasmaba demasiado la idea por lo que creo una comisión para que estudiara el caso[5].

“Estrechez revolucionaria”

En palabras del propio Ascaso:

Es indudable que el Gobierno de Largo Caballero, en esta oportunidad, pecó de blandura ante los anhelos populares. Fue poco valedor de las ansias aragonesas. Quizá un deseo de no alarmar al otro lado de las fronteras. El hecho es que su política de estrechez revolucionaria nos trajo meses más tarde consecuencias nefastas[6].

En definitiva, la constitución del Consejo de Aragón no fue tarea fácil, las luchas internas de poder entre el Gobierno republicano, la Generalitat y el Consejo eran evidentes y ninguno quería perder influencia. Finalmente, el reconocimiento oficial del Consejo se anunciaría el 25 de diciembre de 1936 en el artículo 11 del decreto de la Gaceta de la República: “En Aragón se creará el Consejo de Aragón, que abarcará con iguales atribuciones que las que se indican en este Decreto para los Consejos provinciales a todo el territorio aragonés reconquistado y aquel que reconquiste el Ejército Popular”[7]. Esto fue posible, en gran medida, a la actuación de Joan Peiró, ministro de Industria desde el 4 de noviembre, que, junto a Juan López, Juan García Oliver y Federica Montseny, conformaban el grupo de anarquistas que constituían el gobierno de Largo Caballero.

Primera reunión del Consejo

Tras esto se recompuso los departamentos del Consejo, se ampliaron de siete a trece departamentos y se incluyó a individuos de otras fuerzas políticas del Frente Popular: dos miembros de Izquierda Republicana, dos ugetistas, dos del Partido Comunista y un miembro del Partido Sindicalista. El 12 de enero de 1937 se celebró la primera reunión del Consejo. Se establecieron tres preceptos básicos[8]:

  • Establecer un nuevo orden estructurado en la libertad y la justicia social.
  • La organización de la economía aragonesa en torno a una estructura colectivista, respetando al pequeño propietario siempre y cuando no perjudicara al interés general.
  • Terminar con las requisas y excesos en el frente cometidos por las milicias.

Como ya hemos explicado, tras el golpe de Estado fueron los comités locales y posteriormente los consejos municipales los que ocuparon el vacío de poder. Pese a los preceptos del Consejo, los militantes de la CNT que configuraban estos consejos municipales no querían perder su posición de dominio, bajo el Consejo había 375 consejos municipales. Se repartían de la siguiente manera, la mayoría de ellos estaban integrados por militantes de la CNT, un total de 175 localidades. La UGT estaba presente en 91 pueblos, Izquierda Republicana en 22, el Frente Popular en 26, y finalmente 23 localidades compartían el poder entre la UGT y la CNT. Como vemos, pese a que hay una mayoría anarquista, no tenía el completo dominio del poder, el panorama era mucho más heterogéneo y complejo[9].

Primeras medidas

El Consejo de Aragón solicitó a los consejos municipales que realizaran un inventario con todos los bienes inmuebles que habían requisado tras los primeros días de conflicto, aunque finalmente la medida no resultó ser demasiado eficaz. Otra de las medidas del Consejo fue el Decreto de municipalización de las viviendas, autorizaba a intervenir aquellas propiedades que habían sido “abandonadas” por sus propietarios, esta medida tampoco tuvo demasiada influencia por su tardía aplicación. Estas medidas muestran la voluntad del Consejo por legislar, pero abandonaba el principio anarquista de autonomía y autogobierno a nivel local, un debate doctrinal que acompañará toda la existencia del Consejo.

En el verano de 1937 volverían a surgir dificultades para el Consejo, el día uno de agosto el PCE convocaría un pleno en Barbastro con la iniciativa de disolver el Consejo, que se veía como una “amenaza para la unidad antifascista”. Un ferviente comunista aragonés, Antonio Rosel, lo relataba así:

De una dictadura anarquista pasamos a otra comunista. Simplemente, porque era hostil a la CNT, se daba aliento y apoyo a gente que siempre había sido, y seguirá siéndolo, enemiga de la clase obrera, porque sus intereses se hallaban fundamentalmente opuestos[10].

Decreto de disolución

Pese a la defensa del Consejo por parte de la CNT en un pleno en Valencia, la República organizó a la 11 División, comandada por Enrique Líster, que se trasladara a Aragón. No tardaría en llegar la noticia, el 11 de agosto se anunciaba en la Gaceta de la República el decreto de disolución:

Decreto disolviendo el Consejo de Aragón y disponiendo cesen los que integran el citado organismo, así como el Delegado del Gobierno en el mismo don Joaquín Ascaso Budría, y disponiendo que el territorio de las provincias aragonesas afecto a la autoridad de la República quede bajo la jurisdicción de un Gobernador general nombrado por el Gobierno”[11].

Aquel gobernador sería el republicano José Ignacio Mantecón.

Los retos del Consejo de Aragón

Los planes del Consejo de Aragón estuvieron determinados por el contexto en el que surgieron. Podríamos establecer cuatro dificultades a las que tuvo que sobreponerse la institución. En primer lugar, las duras condiciones del conflicto bélico que se estaba viviendo en España. Por supuesto, la oposición por parte de los distintos organismos de poder del bando republicano, tanto del gobierno central como de la Generalitat.

También mencionar el breve periodo de tiempo que tuvo de actividad el Consejo, desde octubre de 1936 hasta agosto de 1937, apenas un año en el que el rango de actuación era muy limitado. Por último, señalar los enemigos internos del Consejo, en las propias filas anarquistas había voces discordantes que consideraban las actuaciones del Consejo demasiado intervencionistas.

Aquí termina nuestro breve recorrido por el anarcosindicalismo en Aragón, me he limitado a exponer las características y pilares fundamentales de este movimiento tan intenso como efímero. El siguiente paso sería discernir si verdaderamente fue una experiencia anarquista, eso es una tarea que dejo al juicio del lector y de futuros investigadores.

Notas

[1] Julián, Casanova, Anarquismo y revolución en la sociedad rural aragonesa (1936-1938). Barcelona, Editorial Crítica, 2006, pp. 133-134.

[2]Alejandro R., Díez Torre, “Joaquín Ascaso, primer presidente aragonés del siglo XX y gobernador libertario de Aragón”, en Angela Cenarro (ed.), Contrarrevolución y revolución: dos proyectos políticos y sociales enfrentados, Barcelona, Diputación Provincial de Zaragoza-El periódico de Aragón, 2006, col. “La Guerra Civil en Aragón”, pp. 88-89.

[3] Joaquín, Ascaso, Memorias (1936-1938) …, op. cit., p. 56.

[4] Julián, Casanova, De la calle al frente. El anarcosindicalismo en España. Barcelona, Crítica, 2010, p. 194.

[5] Julián, Casanova, Anarquismo y revolución…, op. cit., p. 136.

[6] Joaquín, Ascaso, Memorias (1936-1938) …, op. cit., p. 97.

[7] Gaceta de la República, 25 de diciembre de 1936.

[8] Julián, Casanova, Anarquismo y revolución…, op. cit., p. 143.

[9] Ibidem, pp. 155-156.

[10] Ronald, Fraser, Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la guerra civil española. Barcelona, Crítica, 1979, p. 125.

[11] Gaceta de la República del 11 de agosto de 1937.

Serie Aragón en la Guerra Civil española. ¿Una verdadera experiencia anarquista?

(I) Las colectividades

(II) Las columnas libertarias

Greta Thunberg y su club de fans necesitan ser realistas sobre el desafío climático

Por Eliot Wilson. Este artículo ha sido publicado originalmente en CapX.

El Festival Internacional del Libro de Edimburgo celebra este año su 40 aniversario. Por desgracia, este año no todo ha ido como la seda. A principios de mes, Greta Thunberg anunció que renunciaba a participar en un acto titulado “No es demasiado tarde para cambiar el mundo”. ¿Por qué? Porque el festival está patrocinado por la venerable gestora de inversiones Baillie Gifford, que, según Greta Thunberg, “invierte fuertemente en la industria de los combustibles fósiles”. Su apoyo al festival era, por tanto, poco más que “lavado verde”, justo el tipo de manipulación que la profetisa del clima considera inaceptable.

La Juana de Arco del calentamiento global, no llegó donde está hoy sin saber cuándo sus tropas caerán detrás de ella. Por eso, la semana pasada, más de 50 autores y presidentes de mesas redondas, entre ellos Zadie Smith, Gary Younge y Ali Smith, escribieron a los organizadores del festival en apoyo de Greta Thunberg, exigiendo que Baillie Gifford se deshaga de cualquier inversión en combustibles fósiles o sea sustituida como patrocinadora de la edición de 2024. De no ser así, advierten seriamente, boicotearán el evento del año que viene.

Thunberg, un éxito que no se basa en el debate

Dejando a un lado el tedio rutinario de este tipo de señalización de virtudes de bajo riesgo, el juicio de Thunberg sobre Baillie Gifford es en gran medida una cuestión de perspectiva. La inversión que califica de “pesada” asciende a alrededor del 2% de los activos gestionados por la empresa, en un sector en el que la inversión media en productores de combustibles fósiles es del 11%. Y de las inversiones que componen ese 2%, muchas son en empresas que ya están reduciendo su participación en los combustibles fósiles, mientras que otras se dedican activamente al desarrollo de energías limpias.

Pero la preeminencia de Thunberg en el movimiento climático mundial no se ha basado en la discusión, el debate o el intercambio de ideas. Más bien se ha basado en la pureza de sus creencias y la luz interior de su conciencia. Es una prerrogativa suya, por supuesto. Tiene todo el derecho a adoptar una línea intachable que no tolere ningún tipo de compromiso con los combustibles fósiles.

Baillie Gifford promueve la descarbonización

Los que se han unido a ella adoptan un enfoque igualmente absolutista. Según éste, el más mínimo rastro de contacto con la confusión de estas cuestiones se considera fuera de lugar. El punto de vista absurdamente maniqueo de este movimiento fue tipificado por la joven activista climática Mikaela Halls. Dijo dramáticamente a los asistentes al festival: “Vosotros no quemaríais libros, así que ¿por qué quemáis el planeta? Dejad a Baillie Gifford”.

La ironía, sin duda perdida por los fanáticos del clima, es que Baillie Gifford es una empresa con mucho que recomendar. Dejando a un lado la magnitud de su éxito y su modelo de propiedad no jerárquico, la empresa está tratando de utilizar su peso e influencia en los servicios financieros para fomentar la innovación y la descarbonización a través del progreso, en lugar de la insípida vergüenza del carbono. También se puede observar que lleva dos décadas patrocinando el Festival del Libro de Edimburgo, en un momento en que el patrocinio empresarial no siempre puede darse por sentado.

¿Cuáles son las soluciones de Thunberg?

Encontrar soluciones a los retos climáticos no es fácil. Pero, como señaló hace poco John Ashmore, editor saliente de CapX, las maniobras publicitarias para acaparar titulares anteponen el brillo de las credenciales climáticas de los propios activistas a la necesidad urgente de tomar medidas serias. No hay que olvidar tampoco que el Gobierno, a pesar de sus recientes ataques a los ecologistas, está firmemente comprometido con la reconversión de la economía británica hacia una energía y un transporte con bajas emisiones de carbono.

La condena y la intolerancia son fáciles hoy en día, y la doncella de Estocolmo las ha convertido en su especialidad. Lo que está mucho menos claro, sin embargo, es cuáles son realmente las soluciones de Greta Thunberg. O qué quiere que hagan los políticos, más allá de un grito bastante vago de “¡actúen!”. Quizá le convendría leer las famosas palabras de Teddy Roosevelt:

El mérito es del hombre que está en la arena, cuyo rostro está marcado por el polvo, el sudor y la sangre; que se esfuerza valientemente; que se equivoca, que se queda corto una y otra vez, porque no hay esfuerzo sin error ni carencia.

Teddy Roosevelt.

Ver también

El ecologismo como iglesia de la Gretología (Daniel Rodríguez Herrera).

Menos Greta, más Nordhaus. (Álvaro Martín).

La ‘performance’ verde. (Alberto Illán Oviedo).

El activismo emocional no es el camino. (Pablo Castells).

Protección, contención y restitución: una visión liberal de la delincuencia y la justicia penal

Por Harrison Griffiths. Este artículo ha sido publicado originalmente en el IEA.

El aumento de los índices de delincuencia siempre es motivo de preocupación, pero los patéticamente bajos índices de resolución de delitos del Reino Unido están haciendo que sea imposible ignorar el problema. Cualquiera que viva en Londres conocerá muchos casos de robo de teléfonos o bicicletas en los que la Policía ha hecho muy poco por recuperar los objetos robados, por no hablar de procesar a los responsables. De hecho, sólo el 1,7% de los casos de robo de bicicletas denunciados acaban en juicio.

El robo de bicicletas es sólo una prueba de que los delitos contra la propiedad se han despenalizado en el Reino Unido. En 2021, más de un millón de robos y hurtos quedaron sin resolver. Las propiedades de los ciudadanos son, al parecer, bienes inmuebles gratuitos para los delincuentes.

La delincuencia violenta y los delitos contra la propiedad tienen efectos negativos claramente probados que van más allá de la victimización de personas inocentes. La alta criminalidad erosiona la confianza social, disuade a la gente de la actividad económica nocturna, obliga a la gente a gastar dinero que de otro modo no gastaría en arreglar y reparar propiedades dañadas o en mudarse fuera de las zonas de alta criminalidad.

Un enfoque liberal

La lucha contra la delincuencia no tiene nada de antiliberal: cumple con nuestra responsabilidad moral de defender a los inocentes de la violencia y es un componente esencial de una economía fuerte.

Lo primero que debe subrayar un enfoque liberal de la justicia penal es que la policía sólo debe ocuparse de las amenazas a la vida, la libertad y la propiedad. Una vez que la policía empieza a perseguir delitos sin víctimas, se convierte en su propio cártel violento y perjudicial. Esto significa despenalizar la posesión y venta de drogas y poner fin a las restricciones gubernamentales a la libertad de expresión, por ejemplo.

Esto no sólo es moralmente correcto, sino que también puede tener un efecto positivo en la persecución de otros delitos. Hay un coste de oportunidad para cada agente de policía que se sienta en un escritorio a vigilar Internet en busca de tuits “gravemente ofensivos” cuando podría estar patrullando las calles o resolviendo un delito. De hecho, reducir el exceso de celo en la vigilancia de la libertad de expresión por motivos políticos puede ser una forma de restablecer la confianza de los ciudadanos en la policía, que ha creado una especie de “anarco-tiranía” en la que se investiga sin piedad a la gente por su libertad de expresión pacífica, mientras que a los ladrones se les permite campar a sus anchas impunemente.

Más patrullas en la calle

Así pues, una vez que las fuerzas del orden se centran en hacer cumplir las leyes adecuadas, la función primordial de la policía debería ser la protección contra la delincuencia y minimizar el coste para cada víctima.

Lo primero que habría que hacer para solucionar este problema es volver a poner más agentes en las calles. Una de las únicas formas en que la policía puede disuadir de la delincuencia es mediante la visibilidad. Una revisión sistemática de los datos demostró que el 80% de los estudios concluían que el aumento de las patrullas policiales en zonas de alta criminalidad reducía la actividad delictiva en comparación con otros lugares de alta criminalidad. Un estudio constató una reducción del 31% de los delitos contra la propiedad en los puntos conflictivos patrullados por coches señalizados.

Las patrullas constantes también aumentan la disponibilidad de la policía para responder a las llamadas de delincuencia. Incluso, las llamadas de “prioridad uno” tardaron un promedio de 16,5 minutos para que la policía llegara a las escenas del crimen en 2022, un aumento del 9% en comparación con 2018.

La legítima defensa

Dado que los tiempos de respuesta a menudo significan la diferencia entre el éxito o el fracaso para los delincuentes, no hay excusa para no permitir que las personas recuperen un mayor control de su propia protección. El régimen legal actual en torno a la legítima defensa hace muy poco para proteger a quienes actúan en legítima defensa, esperando que las víctimas sopesen todo un conjunto de pruebas de equilibrio legal antes de actuar para defenderse a sí mismos y a su propiedad de los delincuentes.

Esto debería modificarse para dar seguridad a las víctimas de delitos de que habrá un listón legal excesivamente alto necesario para procesarlas por acciones en defensa propia.

Seguridad privada

Las empresas de seguridad privada deberían tener los mismos derechos legales que la policía a la hora de detener a delincuentes para defender la propiedad de las personas, y el gobierno debería considerar la posibilidad de relajar las restricciones a la tenencia de determinadas armas controladas en la propiedad de las personas.

Una vez que se ha cometido un delito, no debería cuestionarse que todas y cada una de las acusaciones de delito se investiguen en la medida en que las pruebas lo permitan. Una vez más, el sector privado tiene un papel que desempeñar. Debería permitirse a los particulares contratar detectives privados para investigar los delitos, y esos investigadores privados deberían tener el mismo acceso a los jueces para obtener órdenes de registro y pruebas. Si la policía no puede ofrecer investigaciones adecuadas, entonces el gobierno debería proporcionar a las víctimas un vale para encontrar una entidad privada que pueda hacerlo.

Contención y restitución

Una vez que se acusa a un delincuente y se le declara culpable, las penas no deberían centrarse en el castigo o la disuasión -ninguno de los cuales es especialmente eficaz para reducir la delincuencia-, sino en la contención y la restitución. Un enfoque basado en la restitución daría a las víctimas un papel más activo en la administración de justicia. Deberían poder exigir transferencias monetarias o de bienes a su agresor para ayudar a mitigar el impacto del delito. El valor de la transferencia y el plazo en que debe pagarse deberían ser decididos por jueces y jurados.

Sin embargo, hay muchos casos de delincuencia en los que la sociedad en general tiene interés en que los autores no vuelvan a delinquir. De hecho, la “ley del poder de la delincuencia” nos dice que la mayoría de los delitos son cometidos por un pequeño número de reincidentes. Un estudio de 30 años sobre la delincuencia en Suecia estimó que el 1% de la población comete el 63% de todos los delitos violentos. En Estados Unidos y el Reino Unido, una clara mayoría de las condenas recaen en personas con antecedentes penales.

Prioridades

La simple contención de este pequeño segmento de la población que en su inmensa mayoría comete delitos violentos debería ser la prioridad del sistema de justicia penal. Las penas impuestas a quienes tienen una o dos condenas previas deberían ser mucho más largas que las impuestas a quienes son condenados por primera vez por delitos similares. Las prisiones deben ser perfectamente humanas, con diversas oportunidades de superación y rehabilitación para quienes deseen dar un giro a su vida mientras están en prisión.

El centro de nuestros esfuerzos en materia de justicia penal debe ser capacitar a la policía y a las personas para defender a las víctimas contra los actos delictivos y aumentar nuestra capacidad para perseguirlos con éxito después de los hechos. Una vez que los delincuentes son declarados culpables de delitos, las víctimas deben tener voz para exigir indemnizaciones que les ayuden a reconducir sus vidas, y los delincuentes reincidentes deben ser separados humanamente de la sociedad para garantizar que los inocentes no vuelvan a ser aterrorizados por los agresores en el futuro.

Ver también

Delincuencia e ideología, un cócktail peligroso. (Alberto Illán Oviedo).

La pícara alcaldesa respetuosa con la delincuencia. (María Blanco).

Los pobres son pobres, no delincuentes. (Pablo Molina).

El asimétrico tratamiento del dinero y los datos en la Unión Europea

De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda hablar del valor de nuestros datos personales, y decir que son como el dinero, en el sentido de que constituyen nuestro pago por muchos servicios gratuitos que se nos prestan a través de Internet. El ejemplo paradigmático de ello es el buscador de Google. Incluso ha surgido un aforismo para describir esto: “si algo es gratis, es que el producto eres tú”.

Paralelismo entre los bancos y las Big Tech

Por ello, se podría establecer un paralelismo entre los bancos y las Big Tech (o simplemente las Tech). En efecto, de la misma forma que la gente deposita su dinero en los bancos para facilitar su uso y que se lo custodien, también “deposita” sus datos en dichas grandes empresas, a las que por tanto cabría exigirles algo similar a lo que hacen los bancos.

Se podría interpretar así una norma como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). Mediante ella, se pretende garantizar que los depositarios de nuestros datos personales no hagan cosas con ellos a menos que tengan buenas razones y siempre con nuestro conocimiento y consentimiento. Todo ello parece perfectamente lógico, en un contexto en que se asume que la propiedad del dato personal es del individuo (lo que aceptaré a efectos dialécticos, aunque es bastante discutible), y, por tanto, es éste el que ha de decidir qué se puede hacer con ellos.

Haz con el dinero lo que quieras (no con los datos)

Visto así, lo llamativo es el gran contraste que existe con lo que se permite hacer a los bancos con nuestro dinero. En efecto, como bien conocen todos los amantes de la reserva fraccionaria, y también quienes la odian, los bancos pueden coger el dinero que se deposita en ellos y hacer con él básicamente lo que les dé la gana, sin informar para nada al dueño del dinero depositado. Lo único que se les exige es que, si el depositario reclama su dinero, se lo devuelvan.

Así pues, observamos un cuidado exquisito con los datos personales que depositamos en las páginas de Internet, y una negligencia lapidaria con el dinero que depositamos en las cuentas bancarias, hasta el punto de, como saben los conocedores de la teoría del ciclo, ser responsables de las crisis económicas que nos afectan periódicamente. Como a Amazon se le ocurra pasar nuestros datos a Apple sin nuestro consentimiento, le cae la del pulpo; si un banco usa nuestro dinero para invertir en un proyecto ruinoso, ni nos enteramos.

El valor subjetivo del dinero y de los datos

Sin embargo, si le preguntas a cualquier ciudadano normal qué le preocupa más, que sus datos personales estén bien custodiados o que lo esté su dinero, me atrevería a decir que la respuesta será clara (bueno, a lo mejor si la encuesta la hace Tezanos nos llevamos una sorpresa): a todos nos preocupa más, con diferencia, nuestro dinero.

Es más, todos sabemos qué hacer con el dinero, no se necesitan habilidades ni conocimientos especiales para sacarle valor. Justo lo contrario de lo que ocurre con los datos personales: ¿quién sabe cómo pagar con sus datos personales? Nadie. Ese valor que tienen los datos personales y que, supuestamente, les hace pasar por dinero, solo se lo pueden extraer precisamente aquellas empresas en las que los depositamos. Vamos, que si nos ponemos muy estupendos con lo que hacen con los datos personales, ellos no podrán obtener valor de algo de lo nosotros no podríamos o no sabríamos obtenerlo, y quizá tengan que dejar de ser gratuitos servicios que ahora lo son.

Una cuestión

En resumen, las características diferenciales entre dinero y datos personales harían pensar, sí, en la necesidad de  una protección regulatoria asimétrica entre los derechos asociados a ambos conceptos.  Pero mucho más exigente en el caso del dinero que para los datos personales, esto es, lo contrario de lo que tenemos en la UE.

¿Y por qué se protegen menos nuestros derechos respecto al dinero depositado en un banco, que aquellos en relación con los datos personales depositados en una empresa? Recuérdese: para el dinero, nuestro único derecho es que nos lo devuelvan; para los datos, además, tenemos derecho a saber para qué los usan, a impedirles que los usen, a que nos pregunten si los quieren usar…

Una respuesta

Una posible respuesta tiene que ver con lo dicho anteriormente: todo el mundo sabe cómo utilizar el dinero para conseguir cosas, muy pocos en cambio saben qué hacer con los datos personales. Y, claro, a los Estados les interesa más acceder al dinero de sus ciudadanos, que a sus datos personales (¿o quizá no?), lo que ha dado lugar históricamente a una especie de oligopolio colusorio entre Estados y banca para facilitar el acceso al dinero, sea por la vía de inflación o por la de deuda pública. En estas condiciones, la regulación de los bancos procura que nadie se haga mucho daño, buscando al mismo tiempo la apariencia de que se protege mucho al ciudadano.

Esta colusión no ocurre, en cambio y de momento en Europa[1], con las Big Techs, que además no son europeas. Así pues, a estas sí se les puede dar leña hasta la saciedad para que protejan una cosa que es relativamente poco interesante a sus “propietarios” quienes además no sabrían sacarle valor.

Y, de paso, ponerse la medallita con el ciudadano allá donde al ciudadano le importa menos, en lugar de dónde realmente debería hacerlo, de paso previniendo las graves crisis económicas a la que la permisividad con los bancos no aboca una y otra vez.

Ver también

El reglamento de protección de datos: enterrando recursos de los europeos en la economía improductiva (Fernando Herrera).

Contra las legislaciones de protección de datos (José Antonio Baonza Díaz).


[1] En China y otros países tal vez sea otro cantar.

Mercancías y dinero como bienes de capital

En la obra de Carl Menger podemos observar como el tiempo está presente como cuestión esencial en todos sus desarrollos teóricos. Ya desde el mismo prólogo de Principios de Economía Política define a la misma como “las condiciones bajo las cuales desarrollan los hombres su actividad previsora en orden a la satisfacción de sus necesidades”. Como es habitual en el lenguaje de Menger, el término “actividad previsora” es sencillo y tremendamente explicativo. El hombre economiza en el tiempo, mirando hacia el futuro.

De este modo, para que un bien pueda considerarse como tal tiene que satisfacer una necesidad humana, que puede ser inmediata o no.  Aunque yo creo que en la primera edición de Principios de Economía Política esto es bastante obvio, en la segunda edición Menger matizó su definición de bien para que quedara, más claro aún si cabe, este componente temporal añadiendo la palabra anticipación a la primera condición para que una cosa se pueda considerar un bien, quedando redactada de a la siguiente manera: “La percepción, o, la anticipación de una necesidad humana”.

El mero acto de almacenar o atesorar cosas ya implica que estamos anticipando una necesidad futura, pues si la necesidad fuera presente o inmediata, no almacenaríamos la cosa y la consumiríamos inmediatamente, o la utilizaríamos solo ahora para desecharla posteriormente. En este sentido la utilidad técnica de la cosa es irrelevante desde un punto de vista económico, lo relevante es que satisfaga efectivamente una necesidad. 

Si inventamos un extintor, no tendría ningún sentido afirmar que no es tal hasta que de manera efectiva satisfaga la necesidad de apagar un incendio (no un fuego de prueba controlado), o afirmar que realmente nunca fue un extintor si, afortunadamente, nunca padecemos un incendio o si cuando llega el momento de usarlo no es eficaz porque el fuego tuvo origen eléctrico, y a la hora de inventar el extintor erramos al no tener en cuenta esa posibilidad. Insisto que el carácter de bien del extintor no reside en la apreciación de las propiedades objetivas para apagar un fuego (utilidad técnica), sino en la conexión causal de que la cosa será apta para satisfacer la necesidad futura de apagar un eventual incendio.

La utilidad del extintor no es distinta mientras transcurra el tiempo hasta que satisfaga esa necesidad. La utilidad es siempre esperada, incluso hasta en los bienes de consumo más inmediato. Una nuez nos puede parecer útil hoy para satisfacer nuestro hambre en el futuro cercano, y cuando la abramos mañana encontrarnos con la desagradable sorpresa de que está podrida y es incomible. La utilidad de un bien es siempre esperada y conlleva un menor o mayor grado de incertidumbre.

En el capitulo 2.1 sobre La Necesidad Humana, donde Menger en su análisis comienza a poner en relación las cantidades de bienes con las necesidades humanas, el factor tiempo cobra un protagonismo total, explicando con detalle como las cantidades necesarias de un bien dependen totalmente de nuestra previsión futura de la necesidad de dicho bien a lo largo del tiempo.

Aquí comienza a dibujarse ya el concepto de utilidad marginal de Menger, donde la relación entre la cantidad de un bien y el tiempo es esencial.  Las unidades de un bien que necesitamos de manera inmediata son más necesarias que las unidades de un bien que prevemos necesitar en un futuro lejano.  Valga el clásico ejemplo de los vasos de agua, el vaso de agua n es más valioso que el vaso de agua n+1, porque el vaso n es el que utilizamos antes en el tiempo para satisfacer nuestra sed.

Las mercancías son bienes destinados a un eventual intercambio. En una economía moderna altamente especializada es muy habitual que los bienes y servicios que producimos no tengan ningún valor de uso para nosotros, y por tanto tenemos una enorme necesidad de intercambiar. Las mercancías son los bienes que posibilitan el intercambio en primera instancia, el primer eslabón en esa cadena. Las producimos por su valor de cambio y la utilidad de la mercancía es poder intercambiarla obteniendo el mayor valor posible.

De la misma forma que el extintor, la posibilidad de que una mercancía finalmente satisfaga la necesidad esperada, en este caso la de intercambiar, es incierta y se producirá en un futuro más o menos mediato, pero futuro en todo caso.  Y la incertidumbre no solo existe en el sentido del mayor o menor valor que consigamos obtener de dicho intercambio, incluso existe la posibilidad de no obtener ningún valor en absoluto.  Esto es muy habitual en aquellas mercancías que se producen en exceso, o las mercancías de nueva invención.

Sobre la conexión causal de los bienes, Menger acaba concluyendo lo siguiente:

Por consiguiente, lo primordial no está en los números ordinales de los bienes de que hemos venido hablando en esta sección y de los que se hablará en la siguiente, a propósito de las leyes que rigen estos bienes, aunque no es menos cierto que tales números constituyen, a condición de ser bien entendidos, un medio auxiliar provechoso para la exposición de un tema tan difícil como importante. Lo primordial, a nuestro entender, es la comprensión de la conexión causal entre los bienes y la satisfacción de las necesidades humanas y de la relación causal más o menos directa de los primeros respecto de las segundas.

Carl Menger. Capítulo 1.2 de los Principios de Economía Política)

Dado que la mercancía es un medio para obtener otros bienes, cabe la posibilidad de plantear que sea un bien de orden superior, pues no satisface nuestras necesidades finales de forma inmediata, sino de manera mediata o indirecta.  De la misma manera que vamos con trigo a un molino para obtener harina a cambio, se podría decir que el carácter de mercancía de un bien cumple la misma función que el molino si producimos trigo para intercambiarlo interpersonalmente por harina.  La mercancía, el trigo, en este caso actúa de intermediario que sirve para intercambiar nuestro tiempo y esfuerzo por harina. Puede ser trigo o cualquier cosa de valor suficiente para obtener la harina que necesitamos.

Considerando que en todo intercambio se crea nuevo valor, pues ambas partes valoran más lo que reciben que lo que entregan, todo lo anterior nos permite plantear, a su vez, y al igual que para cualquier bien de capital, que el valor de la mercancía proviene del valor añadido proporcionado por los intercambios que la mercancía se espera que facilite. Así que, por ejemplo, cuanto más duradera sea la mercancía más intercambios puede facilitar pasando de mano en mano, y mayor será su valor como medio para el intercambio.

Las mercancías que no abandonan nunca su carácter de mercancía son aquellas que el mercado reputa como más valiosas para el fin de intercambiar, y serían bienes de capital permanentes.  Este es el caso de la moneda, el bien de capital permanente más importante de una economía tal y como expone aquí Carlos Alberto Bondone.

Vox, Espinosa de los Monteros y la aniquilación del liberalismo

Vox nunca ha sido un partido liberal. Y, por ello -entre muchas otras cosas- nunca he sido cercano a ellos. Incluso he mostrado en público mi rechazo hacia dicha formación. Todo ello no quita que, aunque Vox jamás haya sido liberal, no tuviera integrantes liberales o liberal-conservadores, si aceptamos pulpo como animal de compañía. Uno de dichos integrantes y que, hasta el día de ayer, era una de las caras más visibles de Vox es Iván Espinosa de los Monteros. En una rueda de prensa en el Congreso de los Diputados, el que había sido portavoz de Vox en la cámara baja durante la pasada legislatura, dimitió de todos sus cargos en el partido. Y se negó a recoger su acta de diputado, alegando que regresaría a trabajar al sector privado.

Tal y como multitud de medios publicaron a primera hora de la mañana y varios de sus compañeros de partido ratificaron después, su marcha de la formación verde se produce tras los malos resultados de la formación el 23-J. Y tras serias discrepancias con la dirección del partido en materia ideológica y programática. Estas rencillas, a pesar de haber salido a la luz ahora, posiblemente llevaran tiempo presentes. Se podía intuir por un tuit de Ortega Smith en el que afirmaba que algunos en Vox nunca supieron valorar el trabajo de Espinosa de los Monteros.

Despeñándose por el nacionalismo

Si acudimos exclusivamente a los hechos, la situación es muy clara. Desde la llegada de Buxadé a la dirección nacional de Vox, el partido ha ido purgando paulatinamente cualquier atisbo de liberalismo económico de sus programas y discursos. Y ha eliminado a todos aquellos miembros del partido cercanos a las ideas del liberalismo económico.

Esto último lo pudimos comprobar cuando Buxadé vetó de las listas electorales a Rubén Manso y Sánchez del Real. Sin ir más lejos, Rubén Manso es doctor en economía, profesor de Economía financiera y técnico del Banco de España. También es el artífice del programa económico de Vox de 2019 (que no se parece en nada al de 2023 tras el viraje falangista de la formación). Por ello, con la salida del partido de Iván Espinosa de los Monteros, simplemente se consolida el programa y visión política profundamente nacionalista, proteccionista y, por ende, intervencionista. Es el que Vox venía pregonando desde hace ya más de un año.

Que nadie les engañe: en Vox ya no queda ni un atisbo de liberalismo económico. Tras la presentación de la “Agenda España” como marco de acción política del partido, pasaron a convertirse en un movimiento nacional-populista más. Un partido al estilo de Orbán en Hungría o Le Pen en Francia. Pero, para evitar ser acusados de simplistas, vayamos a lo fáctico. ¿Qué propone Vox en materia económica que pueda haber sido una de las principales causas para la marcha de Iván Espinosa de los Monteros?

Proteccionismo y pobreza

En primer lugar, cabe resaltar las fuertes posturas proteccionistas de Vox en materia comercial y de flujos internacionales de capital. En la Agenda España se menciona en múltiples ocasiones, por ejemplo, la necesidad de reducir la importación de productos extracomunitarios, como las hortalizas marroquíes. El objetivo es fomentar el consumo de productos internos, cuyo precio, según Vox, debe ser estipulado en un nivel de “precio justo”.

Para ello, Vox habla de una supuesta competencia desleal que en realidad no es tal. Y pide salirse de todos los tratados de libre comercio firmados por la UE que supuestamente conlleven a dicha competencia desleal. Tal y como hemos comentado en multitud de ocasiones en esta columna, dichas políticas solo conllevarían a un escenario de retaliación comercial. Veríamos un incremento notable del nivel de precios interno y una disminución de las posibilidades de consumo de los ciudadanos españoles.

Debido al peso de las exportaciones sobre el PIB español, España depende enormemente de lo que exporta. Una política proteccionista que conllevara a políticas de retaliación por parte de terceros países (Marruecos es uno de nuestros principales socios comerciales, por ejemplo) haría un enorme daño a la economía española.

Extremos, y juntos

Además de esto, Vox lleva ya un par de años pidiendo restricciones a la inversión extranjera en España. Por ejemplo, votaron en contra de los beneficios fiscales para extranjeros que fueran a vivir a la Comunidad de Madrid o invirtieran en ella. Alegaban que el Estado debe preservar las industrias nacionales… aunque estas sean gravemente deficitarias. Vox, en resumen, pretende atentar contra el libre comercio y la libre circulación de capital entre distintos países. Sigue la línea de algunos de sus amigos europeos como Marine Le Pen.

Llama la atención que en multitud de votaciones en materia relacionada con el comercio o la regulación de flujos de capital internacional, tanto en España como en Europa, Vox ha votado junto a la izquierda en repetidas ocasiones, situando al extranjero como chivo expiatorio de los problemas económicos de España.

Vox, Espinosa de los Monteros y el liberalismo

Un brillante ejemplo de ello fue la ya mencionada votación sobre la deducción del IRPF para contribuyentes que no hayan vivido en España en los últimos cinco años y se mudaran a vivir a la CAM, votando y argumentando Vox junto a Más Madrid y al PSOE y consecuentemente tumbando la propuesta de Ayuso. Una buena noticia de estas acciones es que el proteccionismo de Vox ya no podrá influir en la Comunidad de Madrid, ya que los votantes madrileños se cansaron de ello y decidieron quitarle 3 escaños a Vox (haciéndoles irrelevantes) y otorgar una amplia mayoría absoluta al liberalismo de Isabel Díaz Ayuso.

Si esto solo son algunos ejemplos de lo que Vox ha mostrado de cara al público en materia de política económica desde que Buxadé tomó de manera encubierta el control del partido, imaginen como pueden haber sido las disputas internas entre liberales y falangistas en Vox. Finalmente, con la dimisión forzada de Iván Espinosa de los Monteros, se consolida la victoria del falangismo en Vox, con la consecuente aniquilación del liberalismo que desde hace algún tiempo ya era irrelevante en dicha formación. Crónica de un viraje anunciado.

Ver también

En defensa de Espinosa de los Monteros. (Fernando Parrilla).

El fenómeno ideológico de Vox. (María Blanco).

En defensa del liberalismo de 1989 (II): mata al boer

Elon Musk puso el foco hace pocos días en un problema que lleva años siendo ignorado por occidente: la violencia sobre los boer, la población blanca en Sudáfrica.

Mata al bóer es el grito de guerra de los movimientos populistas de este país. Las consecuencias de este clima racista están perfectamente documentadas y detalladas en el libro Kill the Boer: Government Complicity in South Africa’s Brutal Farm Murders, de Ernst Roets. En español es posible conocer este problema por medio de los artículos de Marcel Gascón en Libertad Digital, los que dan suficiente información para entender que estamos ante un problema muy serio que puede degenerar a algo mucho peor, lo que podría ser fácilmente atenuado si la prensa occidental no hubiera decidido mirar para otro lado.

La denuncia de Elon Musk

Y ha sido precisamente la denuncia de Musk la que ha sacado el problema del fondo del cajón y lo ha puesto sobre la mesa. La reacción de la prensa de izquierda no ha sorprendido a nadie: quitar hierro al asunto o incluso llamar racista al propio Musk. Una parte de la derecha está vinculando este comportamiento de la prensa a una consecuencia del pensamiento woke. Un efecto secundario del Black Lives Matter. Lo woke, como evolución de la izquierda de los últimos lustros, tienen su impacto en todo, pero me temo que se está perdiendo la perspectiva al relacionar problemas muy viejos con tendencias muy nuevas.

Y aquí retomamos la defensa de los análisis que grandes liberales hicieron antes de la caída del Muro de Berlín. Jean-François Revel le dedicó dos capítulos de su libro El conocimiento inútil a este tema: Función política del racismo y Función internacional del antirracismo. En ellos se explica el mecanismo que ha permitido a la izquierda conseguir utilizar el racismo como una cabeza de playa para atacar a las democracias liberales, y la forma en que el movimiento antirracista internacional (en ese momento con el apartheid sudafricano como su principal leitmotiv) estaba eclipsando al resto de desmanes de otros regímenes (casi todos socialistas y comunistas).

La ceguera voluntaria

Revel documenta de forma muy detallada los crímenes que gobiernos africanos cometieron sobre su propia población (dirigentes negros masacrando y condenando al hambre a población negra). La prensa occidental actuó del mismo modo entonces que ahora: ignoró el asunto y, cuando le obligó a prestar atención, quitó hierro al componente racial. Como explica Revel:

¿Por qué esta ceguera voluntaria? Porque es preciso que en ningún caso se pueda reprochar a africanos haber hecho morir deliberadamente a otros africanos.

Jean François Revel

En el caso sudafricano actual este sesgo se agrava considerablemente. No solo estamos ante un gobierno africano dejando morir deliberadamente a otros africanos, sino que estas víctimas africanas son de raza blanca, y herederos de quienes protagonizaron un régimen repulsivo cuya caída fue uno de los mayores éxitos internacional de la izquierda mundial.

Criterio racista sobre lo que es, o no es, racismo

Ante un panorama así existen serias dudas de que esta viñeta no pueda convertirse en realidad. Para muchos, aquí entra en juego lo woke. El racismo solo puede ser de blancos a negros, y nunca al revés. Pero Revel ya nos previno sobre esta trampa:

Y, para decirlo todo completamente, el racismo blanco no es reprensible más que si procede de una sociedad capitalista y democrática. La matanza de asiáticos o de africanos por socialistas europeos está autorizada, igual que la discriminación contra los negros en Cuba. En definitiva, el único racismo es el racismo blanco capitalista.

Jean François Revel

Esto es clave para entender la época que estamos viviendo. La izquierda actual es heredera de la que Revel estudió con tanto empeño. Décadas de intelectuales generando chatarra ideológica con un único fin: atacar a las democracias liberales para favorecer a los totalitarismos socialistas.

Los monos y la escalera

A mucha gente este razonamiento le parece caduco. Ya no existe el telón de acero, ahora tenemos al Foro de Davos y la Agenda 2030 como enemigos de nuestras libertades.

Se pasa por alto un mecanismo humano (y animal) muy básico que se describe en la fábula del experimento de los monos y la escalera. Es posible que la mayor parte de los intelectuales de la actual izquierda hayan olvidado con qué fin siguen escandalizando frente a un racismo muy concreto, mientras que el resto les deja indiferentes, pero su comportamiento no deja lugar a dudas. Y es exactamente el mismo que tenían aquellos intelectuales que eran fieles a la URSS.

La autocondena

Entendiendo esto se puede ir más allá de culpar al globalismo o a una URSS que ya no existe. La propaganda anticapitalista del siglo XX se construyó sobre las debilidades de la civilización occidental. Nuestra propensión a criticarnos a nosotros mismos de forma constante. Esto creó un relato en el que los malos siempre éramos nosotros, y donde nuestras víctimas nunca podrían ser culpadas de nada. Romper con ese relato es la única forma de liberarnos de la maldición que nos aflige desde hace demasiado tiempo.

Nuestra civilización ha inventado la crítica de uno mismo en nombre de un cuerpo de principios válido para todos los hombres y del que deben, pues, depender todas las civilizaciones con verdadera igualdad. Pierde su razón de ser si abandona ese punto de vista. Los persas de Heródoto pensaban que todo el mundo se equivocaba menos ellos; nosotros, occidentales modernos, no estamos lejos de pensar que todo el mundo tiene razón, salvo nosotros. Esto no es un desarrollo del espíritu crítico, siempre deseable; esto es su abandono total.

Jean François Revel
Serie ‘En defensa del liberalismo de 1989’

(I) El fenómeno de Desokupa

Por qué falló el conservadurismo

Artículo original en inglés por Claes G. Ryn en Law & Liberty

Los observadores serios de la escena política e intelectual de Estados Unidos difícilmente pueden dudar de que el conservadurismo estadounidense está desorganizado. Una serie de nociones incompatibles de conservadurismo compiten entre sí. ¿A qué se debe esta fragmentación y controversia? No hay una respuesta sencilla, pero un nuevo libro del presente autor relaciona la desorientación con el hecho de que el movimiento conservador no haya logrado sus objetivos de siempre y con que se vea obstaculizado por viejas debilidades, ahora quizá crónicas.

Fue en la década posterior a la Segunda Guerra Mundial cuando empezó a tomar forma en Estados Unidos un movimiento intelectual y político conscientemente conservador. Contaba con importantes pensadores en campos como la historia, la teoría política, el derecho, la sociología, la literatura y la economía. La publicación en 1953 del libro de Russell Kirk The Conservative Mind marcó un hito y le valió la reputación de “padre” del conservadurismo estadounidense moderno. William F. Buckley Jr. y su revista National Review (fundada en 1955) desempeñaron un papel fundamental en la conexión de las ideas con la política práctica. La revista proporcionó el fundamento intelectual para una alianza política de grupos dispares, como libertarios, católicos tradicionales y otros tradicionalistas. La coherencia intelectual pasó a un segundo plano para forjar un áspero consenso político.

El conservadurismo en los últimos 75 años

El movimiento quería apuntalar la civilización occidental tradicional con sus antiguas resonancias griegas, romanas y cristianas, y se oponía a lo que denominaba el Estado Leviatán. El totalitarismo había sido derrotado en Alemania, pero seguía existiendo en la Unión Soviética, y en Estados Unidos el Gran Gobierno estaba siendo impulsado por intelectuales y políticos progresistas.

El movimiento reafirmó el sistema estadounidense de gobierno constitucional limitado y descentralizado. Los valores morales y espirituales que, en su opinión, informaban la Constitución se estaban desvaneciendo en las universidades y otras instituciones estadounidenses. Este cambio cultural amenazaba en última instancia el Estado de derecho y las libertades tradicionales. En economía, el movimiento abogaba por el libre mercado y la disciplina fiscal en el gobierno.

En ocasiones, el conservadurismo parecía progresar considerablemente. Durante la presidencia de Ronald Reagan, los representantes del movimiento llegaron a declarar que el conservadurismo por fin había “triunfado”. Esta noción ilustraba una visión bastante superficial del estado de Estados Unidos y de lo que marca la dirección a largo plazo de una sociedad. En la década de 1980, la evolución de la cultura general, en concreto, de las universidades, no apuntaba en la dirección del triunfo. Como se puede comprobar aún más fácilmente hoy en día, el conservadurismo no había sido capaz de invertir las tendencias sociales más profundas a las que se oponía y que estaban configurando el futuro.

El gobierno federal estadounidense se ha expandido de forma espectacular y se ha centralizado progresivamente. El federalismo se ha debilitado enormemente. La Constitución estadounidense ha sido, en aspectos importantes, abandonada. Por ejemplo, el poder de ir a la guerra, que los Forjadores asignaron muy deliberada y explícitamente al Congreso, ha sido absorbido por el Ejecutivo. Se ha construido un elaborado estado de seguridad nacional con una capacidad casi ilimitada para vigilar a los estadounidenses, y el gobierno y los medios sociales, en tándem, censuran rutinariamente las opiniones desaprobadas.

El presidente Eisenhower advirtió contra “el complejo militar-industrial”, pero su tamaño y poder no han hecho más que crecer. La influencia de las grandes finanzas y las grandes empresas es mayor que nunca. Estados Unidos es hoy mucho menos una república constitucional que una plutocracia en la que las regulaciones y los mercados están fuertemente sesgados a favor de los grandes intereses económicos.

“Disciplina fiscal” es casi la última frase que podría utilizarse para describir la gestión financiera del gobierno federal. Los enormes déficits se han convertido en rutina, y el tamaño de la deuda nacional supera con creces el del PNB, condiciones que los economistas y políticos de los años 50 habrían considerado una pesadilla.

La delincuencia, incluidos los asesinatos, está más extendida y es más atroz que nunca, y en muchos lugares el Estado de Derecho sólo se aplica de forma selectiva. La drogadicción está por todas partes.

En cuanto a los valores tradicionales admirados por los antiguos conservadores, han sido sustituidos en las instituciones más influyentes de Estados Unidos, incluidas las universidades, y en la vida privada, incluso en algunas iglesias, por sus virtuales opuestos, la cultura woke y la de la cancelación.

A lo largo de los años, los conservadores han gastado cantidades increíbles de dinero en ganar elecciones e influir en los puntos de vista políticos en el Congreso de Estados Unidos y en otros lugares. Sin embargo, apenas han influido en las tendencias sociales generales. A los progresistas liberales y a los izquierdistas les gustaría pensar que el conservadurismo estaba atrasado desde el principio y que estaba destinado a ser derrotado por ideas superiores. La razón principal del fracaso del conservadurismo es bien distinta: el movimiento diagnosticó mal los problemas a los que se enfrentaba y adoptó las prioridades equivocadas. 

El papel de los intelectuales

Al principio, los principales intelectuales conservadores, entre los que destacaba Kirk, señalaban la cultura general como determinante de la evolución de la sociedad. Era la vida de la mente y la imaginación -en la religión, las universidades, la literatura, el cine, la música, las demás artes y los medios de comunicación- lo que daba a la gente su visión básica de la realidad y formaba su sensibilidad. Según Kirk, “la cultura” creó sus esperanzas y temores más profundos y les predispuso a determinadas actitudes políticas. Un pensador afín, que había llamado la atención del público incluso antes, era Peter Viereck.

Ambos habían estado profundamente influidos por el gran profesor de Harvard Irving Babbitt (1865-1933), que sostenía que la imaginación desempeña un papel central en la formación de la vida de los individuos. Una sociedad sana presupone ciudadanos con una mezcla de carácter moral e imaginación sólidos. Kirk, Viereck y otros argumentaron que, a menos que la deteriorada cultura moral-espiritual, intelectual y estética de Estados Unidos fuera reconducida por un tradicionalismo cultural creativo, un sentido deformado de la realidad destruiría lo que quedaba de la civilización occidental y el orden constitucional de Estados Unidos.

Muchos intelectuales han escrito sobre “principios”… pero rara vez sus debates sobre las cuestiones últimas han superado el nivel de las grandes generalidades, y normalmente han avanzado conclusiones ideológicas y políticas preconcebidas.

Pero una visión diferente de lo que era más necesario se convertiría en dominante en el movimiento conservador: La forma de lograr el cambio era ganar poder político. La línea editorial de la National Review de Buckley era paradigmática. Era una revista intelectual, pero, sin que los propios editores se dieran cuenta, las ideas se convirtieron para ellos en gran medida en un medio para conseguir victorias políticas, especialmente elecciones presidenciales. Este sentido de las prioridades desvió la atención y los recursos de la necesidad de cambiar la cultura.

El movimiento se vio afectado por una forma profundamente arraigada pero dudosa de pragmatismo estadounidense, que tiende a descartar la importancia de la mente y la imaginación y a veces roza lo filisteo. Pensemos en la atención que prestan los medios de comunicación a la política presidencial, las elecciones y las batallas en el Congreso de Estados Unidos. ¿Hay algún ámbito de actividad que pueda influir más en la vida de los estadounidenses? ¿Acaso el poder de determinar el futuro no reside en última instancia en Washington DC?

En la década de 1980, cuando el movimiento celebraba el “triunfo” del conservadurismo, las personas más atentas a “la cultura” podían ver que lo que allí ocurría en realidad seguía radicalizando la mente y la imaginación estadounidenses. La Nueva Izquierda y la Contracultura de los años sesenta y setenta no habían sido aberraciones transitorias. Reflejaban tendencias amplias y discernibles desde hacía mucho tiempo dentro de la sociedad occidental que estaban socavando o sustituyendo las creencias clásicas y cristianas. La cultura despierta y la cultura cancel no son sino nuevas manifestaciones extremas de las mismas tendencias generales. Son esas tendencias las que han producido la radicalización progresista de la política estadounidense y las que siguen sorprendiendo y confundiendo a los conservadores.

El movimiento nunca comprendió del todo las fuentes más profundas de la conducta humana ni la profundidad de los problemas a los que se enfrentaba. La política puede ser en algunas circunstancias supremamente importante, pero no puede haber una acción política realista y eficaz sin un diagnóstico adecuado de los problemas que hay que abordar y sin comprender los límites de la política.

El movimiento no ha ignorado las ideas. Muchos intelectuales han escrito sobre “principios” y han defendido cosas como los programas de “grandes libros”, pero rara vez sus debates sobre las cuestiones últimas han superado el nivel de las grandes generalidades, y normalmente han avanzado conclusiones ideológicas y políticas preconcebidas, como cuando se ha demostrado que el archi elitista Platón era en realidad un defensor de la “democracia”. Algunos conservadores del movimiento han hablado del papel crucial de las artes y la imaginación, pero rara vez han intentado explicar en profundidad qué es la imaginación o por qué influye tan fuertemente en los seres humanos.

El movimiento nunca alcanzó una cultura filosófica madura. Quizá el mejor ejemplo de esta debilidad sea que muchos pensadores supuestamente conservadores respaldaron una visión antihistórica de los valores superiores y de la existencia humana en general. Se sintieron atraídos por la opinión de Leo Strauss y sus discípulos de que, a la hora de comprender los valores superiores, no había nada que aprender de la historia y la tradición. Sólo importan los principios abstractos y ahistóricos. Sin embargo, el padre del conservadurismo moderno, el pensador y estadista británico Edmund Burke, había subrayado lo contrario. Temía las ideas abstractas de la Revolución Francesa. Sostenía que, aislados, los individuos y las generaciones individuales tienen escasos recursos morales e intelectuales.

Pero a través de un esfuerzo intergeneracional, podemos acceder y aportar creativamente la sabiduría de la humanidad, lo que Burke llamó “el banco y el capital de las naciones y de las épocas”. Aquí hizo explícita y desarrolló una predisposición que llevaba mucho tiempo implícita en la civilización occidental, especialmente en el cristianismo. Su inclinación era paralela a la de los Forjadores de Estados Unidos. Por ejemplo, en los Federalist Papers, James Madison respalda explícitamente confiar en la experiencia y rechaza pensar como un “teórico ingenioso” que planea una constitución “en su armario”.

Resulta paradójico que, al respaldar el pensamiento ahistórico y abstracto del derecho natural y rechazar la guía de la historia, muchos miembros de un movimiento estadounidense supuestamente conservador se sintieran atraídos por una postura intelectual asociada hasta entonces con izquierdistas y revolucionarios.

Preocupado por ganar las elecciones y los debates políticos, y poco dispuesto a abordar las cuestiones más exigentes de la mente y la imaginación, el movimiento se vio finalmente desbordado por las tendencias culturales que había ignorado en gran medida. Incluso su noción de la política quedó truncada. Ahora que el conservadurismo se encuentra en un estado de desorientación, cabe preguntarse si sus arraigados hábitos intelectuales y de otro tipo se interpondrán en el camino de un autoexamen y un examen de conciencia urgentemente necesarios.

Es hora de que el gobierno elimine la limitación del precio de la energía

Artículo original en inglés por Dillon Smith en CapX

En los últimos años se han producido cambios extraordinarios en los mercados energéticos. Los precios se han disparado hasta niveles impensables hace poco tiempo. El Gobierno ha intervenido para subvencionar directamente las facturas energéticas, con un coste asombroso para los contribuyentes, y se han sucedido las quiebras de proveedores, que han repercutido en los consumidores.

Pero hay un aspecto muy importante de esta crisis que ha pasado casi desapercibido: la competencia prácticamente ha desaparecido del mercado minorista. Antes de la crisis energética, se podía ahorrar mucho en la factura cambiando de tarifa o de proveedor, pero ahora ya no hay precios competitivos. Aunque la volatilidad de los precios al por mayor tiene mucho que ver, hay otro culpable: el tope de precios de la energía (EPC) de Ofgem.

¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Como tantas otras intervenciones del Gobierno, se introdujo con las mejores intenciones y sólo pretendía ser temporal. El tope de precios se diseñó para hacer frente a la “penalización por fidelidad”, por la que los clientes que llevaban muchos años con un proveedor se veían estafados en sus facturas. Los más avispados podían ahorrar mucho, pero para los clientes (a menudo de edad avanzada) que encontraban este proceso demasiado confuso o complicado (o los que se acogían a una “tarifa de adquisición” con descuento), la tarifa variable estándar de un proveedor solía tener una pésima relación calidad-precio.

Por eso se introdujo el tope de precios (tras un tope anterior para los clientes con contadores de prepago), esencialmente como sustituto de la competencia para quienes no podían “participar” en el mercado. El tope debía ser la mejor estimación de Ofgem sobre cuál debería ser el precio “justo” para esos clientes, y funcionar realmente como un tope, con la competencia prosperando por debajo de ese nivel. Y, por supuesto, esto sólo iba a ser temporal, mientras el Gobierno ponía en marcha otras iniciativas para hacer frente a la desvinculación, como el despliegue de contadores inteligentes y la mejora de los procesos de cambio de proveedor. 

Así funcionó durante los primeros años del límite (2019-2020). Pero la crisis energética lo cambió todo. Con los precios al por mayor por las nubes, muchos de los proveedores clandestinos quebraron. Se hundieron por sus arriesgadas prácticas empresariales, sin duda, pero también por la rigidez del EPC, cuyos periodos de revisión de seis meses eran demasiado infrecuentes para permitir a los proveedores ajustar sus precios a la volatilidad mayorista (Ofgem actualizó posteriormente este periodo, haciéndolo trimestral). 

Además, el nivel del EPC se convirtió rápidamente en el precio más barato del mercado en lugar de un tope, ya que las tarifas fijas (no cubiertas por el EPC) se encarecieron cada vez más, antes de que la mayoría de los proveedores acabaran retirándolas. Las tasas de cambio cayeron en picado y ahora casi todo el mercado está cubierto por el EPC, con tarifas fijadas al nivel máximo o justo por debajo. Y, por supuesto, el Gobierno intervino con la Garantía de Precios de la Energía el invierno pasado (sustituyendo al límite), hasta que expiró en junio. 

Distorsiones del mercado en la actualidad

La competencia en el mercado prácticamente ha desaparecido. Sí, han empezado a aparecer algunas ofertas de precio fijo, pero la mayoría se sitúan dentro del 1% del nivel máximo. Ofgem está tan preocupada por el riesgo de quiebra de los proveedores como consecuencia de la volatilidad del mercado mayorista que ha activado una medida conocida como “Cargo de Estabilización del Mercado”. Esta medida obliga a los proveedores a reembolsarse mutuamente cada vez que un cliente cambia de proveedor (a una tasa semanal fijada por Ofgem), con el fin de protegerse de las pérdidas financieras derivadas de los requisitos de cobertura de la CPE. En otras palabras, Ofgem desincentiva directamente la competencia en el mercado para salvaguardar las finanzas de los proveedores.

Estas y otras contorsiones están diseñadas para que el EPC funcione en un mundo para el que no fue diseñado. Fundamentalmente, el EPC se concibió para el mercado de ayer (benigno); en el mundo de hoy es evidente que ya no sirve para este propósito. Los expertos advierten de que los precios más altos podrían acompañarnos durante toda esta década y más allá, mientras que la volatilidad podría volver este invierno si el tiempo no coopera y Putin decide hacer de las suyas. De ser así, es la receta para que otra intervención “temporal” se convierta en permanente, mientras el público se acostumbra a que el Estado fije el precio de la energía, deshaciendo gran parte del duro trabajo de la privatización.

Es cierto que, si los mercados recuperan la estabilidad, la competencia podría empezar a surgir bajo la limitación. Pero nuestro régimen regulador no puede basarse en la esperanza de que los mercados se “normalicen”, e incluso si lo hacen, el tope de precios reduce el incentivo para competir (parte de la razón por la que siempre se pensó que era temporal). Además, el régimen actual desincentiva la innovación y es incompatible con nuestras necesidades energéticas futuras, como unas tarifas más dinámicas basadas en el tiempo de uso (fundamentales para nuestros esfuerzos por alcanzar el objetivo de energía neta cero). 

Por eso, en una nueva nota informativa del Centre for Policy Studies pedimos al Gobierno que suprima el límite de precios en su forma actual, ayudando así a estimular la competencia, bajar los precios para los consumidores y luchar contra la inflación. Analizamos otras formas en que el Gobierno puede abordar la “penalización por fidelidad” de una manera menos perjudicial, como hacer permanente la actual prohibición de las tarifas de adquisición única, o la idea de una “tarifa relativa”. 

Además, las reformas de la limitación de precios deberían ir acompañadas de un mayor apoyo a los clientes vulnerables y con rentas más bajas. Un mundo de precios más altos y volátiles significa que el Gobierno no puede confiar en soluciones ad hoc, dejando que los clientes se pregunten cuántas ayudas recibirán. Utilizar el sistema de prestaciones para determinar la elegibilidad (como es el caso de los programas actuales) crea el riesgo de precipicios y no cubre a todos los que razonablemente podrían necesitar ayuda. Por tanto, el Gobierno debería introducir una “tarifa social”, como muchos han sugerido, con una orientación más sofisticada dirigida a quienes gastan una proporción excesiva de sus ingresos en facturas energéticas. 

Fundamentalmente, el Gobierno necesita construir un régimen resistente que equilibre más eficazmente el apoyo a los clientes vulnerables con una competencia floreciente. Al fin y al cabo, como muestra cualquier libro de economía, la mejor protección para los consumidores es la competencia, no el control estatal de los precios.

El negocio del Software Libre (IV): Hackers frente a académicos

Hackers frente a académicos. En mi último artículo sobre modelos de negocio en el Software Libre comentaba las cuentas de las empresas que gestionan las principales redes sociales y, a modo de epífora, repetía que podía ser una casualidad que a mayor implicación en proyectos de Software Libre, mayores eran los beneficios de esas empresas.

Si bien yo no considero que sea una casualidad, tener que escribir ese artículo a modo de preámbulo del presente es algo que me permite ilustrar la sinrazón de los cientificistas que se empeñan en intentar crear modelos reproducibles cuando intervienen humanos.

Los humanos sueñan, los androides, no

Cuando intervienen humanos no se puede crear un modelo capaz de obtener los mismos resultados si la prueba se realiza de la misma forma. Porque no hay dos personas iguales. Y en la economía, el elemento fundamental de estudio es la persona. Igual que en la tecnología.

Entre los muchos puntos en común que tienen la Escuela Austríaca y el Materialismo Filosófico es que ambas escuelas tienen una premisa clara, que es que cuando intervienen humanos todo cambia respecto a si no intervienen humanos y, a partir de ahí, desarrollan metodologías de estudio.

Esta es la verdadera potencia de estas dos escuelas y por la que trituran cualquier cientificismo o cualquier academicismo. Ya sea analizando a través de la praxeología y el individualismo metodológico de la Escuela Austríaca o a través de las metodologías alfa y beta-operatorias del Materialismo Filosófico, vemos que es imposible aplicar modelos matemáticos que devuelvan los mismos resultados cuando al menos una de las variables implica la acción humana.

Sólo Dios conoce el precio matemático

Como ya explicó hace cuatro siglos el Cardenal Juan de Lugo: «Pretium iustum mathematicum licet soli Deo notum» (sólo Dios conoce el precio matemático justo [de las cosas]) o su contemporáneo Baltasar Gracián, quien en su aforismo 26 de Oráculo manual y arte de prudencia dice:

Todos son idólatras: unos de la estimación, otros del interés y los más del deleite. La maña está en conocer estos ídolos para el motivar, conociéndole a cada uno su eficaz impulso: es como tener la llave del querer ageno.

Baltasar Gracián

Y en su aforismo 252:

Entienda el atento que nadie le busca a él, sino su interés en él, o por él.

La actitud del hacker

Eric S. Raymond comienza su apartado “La actitud del hacker” de Cómo convertirse en hacker afirmando:

Los hackers resuelven problemas y construyen cosas, y creen en la libertad y la ayuda voluntaria mutua. Para ser aceptado como hacker, deberás comportarte como si tuvieras esta actitud en tu interior. Y para comportarte como si tuvieras esta actitud, deberás creerte de verdad dicha actitud.

Pero si piensas en cultivar las actitudes de hacker solo como una forma de ganar aceptación en esta cultura, te estás equivocando. Transformarse en la clase de persona que cree estas cosas es importante para ti —para ayudarte a aprender y mantenerte motivado. Como en todas las artes creativas, el modo más efectivo de transformarse en un maestro es imitar la mentalidad de los maestros —no sólo intelectualmente, sino también emocionalmente.

Eric S. Raymond

Software libre

Y aquí es donde está la clave por la que las empresas que desarrollan Software Libre llegan mejor a un mayor público. El principal valor de las empresas es su personal. De nada sirve tener grandes extensiones de terreno fértil si no tienen personal que lo sepa cultivar o de nada sirve tener costosísimas máquinas sin técnicos que operen con ellas.

Las empresas tecnológicas no requieren de terrenos en zonas con una determinada climatología y acequias para regar ni de naves industriales con hornos, prensas y otra maquinaria que requieren de un gran capital para poder desarrollar su actividad, sino que requieren de una inversión en material muy pequeña en comparación con otros sectores, pero, sobre todo, necesitan un personal muy competitivo.

Competencias frente a diplomas

En la selección de personal de las empresas suele haber un conflicto entre primar las titulaciones o las competencias de los candidatos. En las empresas tecnológicas, al ser un mercado menos intervenido, este conflicto es mucho más profundo.

En muchos sectores es necesario tener una titulación, incluso una colegiación, para poder desarrollar una actividad profesional. Ahí, poco conflicto hay: sólo aquellos que tienen tal o cual diploma ejercen esa actividad. Pero a la hora de trabajar en el sector tecnológico, en el que la demanda de personal supera en mucho a la oferta, esa barrera de entrada es inviable.

Enseñanza de la tecnología y la universidad

Es más, la lentitud y burocracia del sistema universitario intervenido ralentiza tanto la adaptación de los temarios que no puede abastecer de personal a las empresas que están demandando personal con unos conocimientos en permanente evolución. El mejor personal en un sector tan cambiante como es el tecnológico no es el que más títulos tiene, sino el que mejor se adapta a cada necesidad, evolucionando sus conocimientos y sus acciones a medida que evolucionan las demandas.

Pero encontrar esos perfiles requiere de un esfuerzo importante por parte de los reclutadores. Si bien es cierto que se le da cierta importancia a los «soft skills» (lo que en español siempre hemos llamado «competencias») en el sector tecnológico, al ser algo tan inherentemente humano, es imposible de parametrizar. Es menos costoso para el que toma la decisión de contratar a una persona mirar el número de títulos que tiene.

Y aquí entran en conflicto los intereses de la empresa con los intereses particulares del tomador de decisión.

Pañoleta como título

Hay diversas fórmulas para saber, o intuir, a priori, si un trabajador tiene determinadas competencias o no.

Aquel que ha sido Scout (o miembro de algún grupo similar basado en las enseñanzas de Lord Baden-Powell), quizá no entendía de niño por qué era bueno para su aprendizaje hacer una marcha de 200 kilómetros en una semana. Yo no entendía por qué tenía que cargar más peso que otros compañeros. De hecho, me molestaba.

Veinte o treinta años más tarde, ves la importancia de eso que aprendías de forma lúdica: si cargabas mucha comida, pesaban mucho las mochilas, pero si cargabas poco, podías quedarte sin comida al cuarto o quinto día. Si no preparabas bien la indumentaria, tenías rozaduras que acababan siendo un suplicio. Si alguien se quedaba rezagado, todo el grupo le ayudaba, porque la consecución del objetivo del grupo dependía de que todos los miembros del grupo lo alcanzasen.

Boy Scout

Ana Sáenz de Miera publicó en Forbes un artículo (Por qué contratar una persona que haya sido Scout) en el que plasmó una serie de competencias que se adquirían en Scouts:

  • Sabe trabajar en equipo.
  • Es creativo.
  • Respeta su escala de valores y su palabra.
  • Sabe liderar y ser liderado.
  • Es empático.
  • Valora el esfuerzo.
  • Sabe ponerse objetivos y evaluarlos.
  • Es generoso.
  • Lucha contra la injusticia.
  • Es una persona “con recursos”.

La academia es el problema, el Software Libre es la solución

Todos los puntos que describe Ana Sáenz de Miera son importantes a la hora de trabajar en equipo en cualquier sector. Pero, en el sector tecnológico, además, hay que tener dos competencias más: saber algo de tecnología y entender algo el mercado. Para el que tiene la actitud adecuada, aprender a programar o a administrar sistemas es extraordinariamente simple:

Aquel que es capaz de estructurar ideas de forma metódica, programar es sólo convertir esas ideas a un lenguaje de programación. Y siempre va a poder ayudarse de la documentación o de programas que le ayuden. Aquel que es capaz de estructurar cómo deben comunicarse los elementos de un sistema informático, administrar sistemas es sólo instalar o programar servicios en máquinas. Y siempre va a poder ayudarse de la documentación o de programas que le ayuden.

Lo importante no es saber todas las funciones de determinado lenguaje, sino cuándo utilizar una u otra funcionalidad. Y por qué unos programas funcionan y tienen muchos usuarios y una gran comunidad de desarrolladores y documentadores y otros no.

Diferencias entre el académico y el hacker

En el Software Libre, en el que el precio no es un hecho diferencial por el que un usuario acaba utilizando uno u otro programa, es donde mejor se puede comprobar la acción humana y la dispersión memética. No hace falta leer a Ludwig von Mises, ni a Richard Dawkins, ni a Daniel Dennett, ni a Susan Blackmore para comprobar que aquellos programas que mejor funcionan son aquellos en los que mejor funciona su comunidad.

El académico lee sobre la comunidad, el hacker vive la comunidad. El académico imagina e idealiza. El hacker materializa. Quizá, después de haber vivido la comunidad, lee sobre comunidades y memes. Pero, como ya tiene una base material, puede extrapolarlo a otros contextos. El hacker construye. Construye en comunidad. Construye para la comunidad. Construye con otras personas, para otras personas. El académico, en el mejor de los casos, escribirá un paper que sólo citarán otros académicos.

El Zen de Python, la clave del éxito del Python

La base del éxito de Python no es su simplicidad, su rápido aprendizaje, que tenga «las pilas incluidas» o su gran cantidad de paquetes de terceros. La base del éxito de Python es su zen:

  • Bonito es mejor que feo.
  • Explícito es mejor que implícito.
  • Simple es mejor que complejo.
  • Complejo es mejor que complicado.
  • Plano es mejor que anidado.
  • Disperso es mejor que denso.
  • La legibilidad cuenta.
  • Los casos especiales no son tan especiales como para romper las reglas.
  • Aunque la practicidad vence a la pureza.
  • Los errores nunca deberían pasarse por alto.
  • A menos que esté explícitamente pasado por alto.
  • En caso de ambigüedad, rechaza la tentación de adivinar.
  • Tendría que haber un — y preferiblemente únicamente uno — camino obvio para hacerlo.
  • Aunque ese camino puede no ser obvio la primera vez, a menos que seas holandés.
  • Ahora es mejor que nunca.
  • Aunque nunca es, en algunos casos, mejor que ahora mismo.
  • Si la implementación es difícil de explicar, es una mala idea.
  • Si la implementación es fácil de explicar, puede que sea una buena idea.
  • Los namespaces (espacios de nombres) son una gran idea — ¡hagamos más de estos!

La importancia de la comunidad

Esta gran aportación de Tim Peters, con su toque de humor (a menos que seas holandés, en referencia a Guido van Rossum) y el hecho de que el humor sea un elemento fundamental en este lenguaje desde su raíz, ya que el nombre de Python viene por la afición de Guido a los Monty Python o que la propia documentación oficial de Python cuente con un apartado de humor es lo que ha hecho que se cree una comunidad tan grande alrededor de Python. Y esa comunidad es lo que ha hecho grande a Python.

Podría poner muchos ejemplos de la importancia de la comunidad del Software Libre, pero me limitaré a dos que han desbordado el campo de la tecnología (y que desarrollaré en futuros artículos):

El primero son los hackatones. Muchos grandes proyectos de Software Libre como Bootstrap o React, nacen de reuniones de hackers. Como los hackathones han demostrado su funcionalidad, en otros ámbitos se ha copiado este modelo de solucionar necesidades.

El segundo ejemplo es que hay proyectos libres, como OpenStreetMap, que crecen gracias a que se reunen hackers para mejorarlos a través de acciones como el State of the Map, el Humanitarian OpenStreetMap Team o el Missing Maps. Modelos similares también se aplican en las comunidades de Wikipedia. los Beers and Blogs, o en las Install Partys, donde la tecnología es la base de partida, pero no el fin de la acción.

Hackers, académicos y redes sociales

Del mismo modo que el niño que recorre 200 kilómetros en una marcha de una semana aprende una serie de competencias y que las interioriza gracias a una experiencia vivencial, el hacker vive la comunidad del Software Libre.

Por eso, las empresas de redes sociales que se nutren de hackers son capaces de desarrollar aplicaciones que generen un marco mínimo de cooperación social. La acción humana desarrolla de forma espontánea todo lo demás.

El académico puede estudiar, analizar e intentar parametrizar las interacciones humanas. Pero la subjetividad no es parametrizable. Con las redes sociales ocurre como con la economía: todo intento de planificación acaba fallando.

Copyleft Fernando Vicente. Puede copiar este texto. Escrito originalmente en Markdown con vi sobre Ubuntu GNU/Linux, usando sólo Software Libre.

Serie ‘El negocio del software libre’

(I) Las instituciones

(II) El caso de Wikipedia

(III) Sólo crecen las redes sociales que liberan código

Para más información sobre las limitaciones de la academia: Alberto Mera: Ciencia fiat