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El camino autoritario de Bolivia

Unas semanas atrás participé como ponente en un ciclo de conferencias (aquí) que organiza la universidad UCEMA de Buenos Aires. Fui como representante de la organización Libres en Movimiento. Nos convocaron los desafíos de la democracia, los avances y retrocesos experimentados al respecto en la región. También el análisis sobre el papel de las instituciones públicas a la hora de plantear respuestas en este contexto de constante cambio y volatilidad en Latinoamérica.

La conferencia giró en torno a la situación política en Bolivia en un momento clave. Hay proceso de desgaste interno que atraviesa el Movimiento al Socialismo (MAS). Se agudizan las prácticas autoritarias del régimen de Luis Arce. La oposición política actúa en un contexto de persecución, de carencia de propuestas estructurales alternativas. Y ello bajo un evidente intervencionismo del Gobierno en todas las instituciones públicas. Esto dificulta enormemente la construcción de un proyecto de oposición que prospere en el largo plazo.

Degradación institucional

Desde el año 2006, Bolivia ha sido testigo de la degradación institucional permanente y progresiva que ha ejecutado el MAS. Se agravaron las carencias que quedaron pendientes antes de la llegada del régimen al poder y que era necesario corregir, respecto de elementos que no se habían superado entonces. Desde el retorno a la democracia el año 82’, el sistema de justicia o la corrupción como enfermedad incrustada en las instituciones pública ha creado un sistema totalmente sometido al poder central. Tenemos una economía al borde de la crisis y una sociedad tan dividida y polarizada como en los peores momentos de la historia nacional, pero con un ingrediente adicional que caracteriza a este tipo de autoritarismos de corte populista: la fragmentación a través del odio.

En las próximas elecciones nacionales, en caso de noticia de última hora, se habrán cumplido casi veinte años desde la conquista del poder –atendiendo a los términos que ellos suelen batir en sus arengas: la permanencia en el poder pasa por el asalto y la lucha irreconciliable entre unos y otros– de Evo Morales y el MAS.

Trazos del sistema masista en Bolivia

El panorama que se vislumbra no es halagüeño. A lo largo de este periodo se ha reproducido una práctica política que será difícil superar. Ha exacerbado las falencias del sistema político bolivariano, como una base social construida desde el propio ideario autoritario. El sometimiento de todos los poderes públicos. La corrupción y el narcotráfico impulsados desde las instituciones públicas de representación, como el Gobierno. El prebendalismo y el corporativismo a costa de la distribución equitativa de los recursos del Estado. La inexistencia de un principio de imparcialidad a la hora de impartir Justicia. Y la desinstitucionalización de todo el sistema político. Todo ello para que, en medio del caos, sea más sencillo imponer el rodillo totalitario y someter a la ciudadanía.

El MAS representa lo opuesto a una alternativa democrática. Los componentes de este partido son diversos en cuanto a la base y la representación social. Pero se distinguen por su método de interacción con la sociedad y la administración pública. También por la concepción que tienen del espacio público en lo que respecta al quehacer institucional y a la práctica política democrática en sí misma.

Luis Arce

Ese es uno de los motivos por los cuales la lógica autoritaria del MAS no se diferencia en uno y otro momento desde el 2006. Y ello teniendo en cuenta el periodo transitorio entre el 2019 y el 2020, que significó un recambio en la representación del partido y en la presidencia del Estado. Habiendo ganado las elecciones nacionales en 2020, Luis Arce continúa poniendo a disposición de sus propias bases la síntesis de los trece años de gobierno de Morales. Esto supone un autoritarismo desempeñado desde el poder central que busca capturar el debate en torno a la sociedad, la igualdad, la conciencia ciudadana y la justicia social. Hilvana una lógica hegemónica de ruptura con el orden constitucional ya seriamente debilitado en ese momento.

Incluso, la lógica autoritaria de Luis Arce se agudiza porque carece de tres factores claves que, en parte, explican este proceso. Son la base social y política, la bonanza económica y la imagen internacional. Además, que su propio proyecto político está en juego y el tablero no se inclina en particular frente a un adversario de oposición, sino a un enemigo interno que le impone la radicalidad de su juego.

MAS es el problema

Por tanto, el problema no es del caudillo de turno, sino del partido político en sí mismo. Se agotan aquellos que piensan que con el MAS es posible llegar a acuerdos de Estado. Y que los hechos de violencia y de interrupción del orden constitucional son circunstanciales. Para que ello ocurra, el partido tendría que experimentar un revulsivo que haga reflexionar a las bases que lo componen y renovar los liderazgos que se vislumbran en su interior. Cuestión improbable observando su naturaleza de origen: organizaciones hiper-verticalistas y personalistas, que entienden el proceso democrático como un puente entre lo deseado y lo obtenido a costa de la legalidad.

La democracia es una conversación pública de voces plurales. Es el proceso mediante el cual convergen posiciones distintas, pero que tienen la predisposición de llegar a un acuerdo que construya la idea de habitabilidad entre todos. La política es el vehículo para ello.

En Bolivia es necesario y urgente cambiar esa concepción de la política. Fortalecer la idea que se ha concebido a la hora de defender la democracia y asegurar su instalación en el sistema público, como forma de convivencia entre todos los bolivianos. No caben medias tintas a la hora de denunciar los hechos que ponen en evidencia el totalitarismo perpetrado por el MAS. Es el momento de trasladar a la ciudadanía, con contundencia, la esperanza en un proyecto político alternativo. Éste ha de ser capaz de atraer la convicción de la gente en hacia una propuesta para de su vida, más allá de la falsa política que ha experimentado el país en las últimas décadas.

El innecesario terror empresarial hacia la inteligencia artificial

ChatGPT, un prototipo de un robot de inteligencia artificial que es capaz, por medio de un sistema de chat, de producir respuestas a preguntas escritas, se ha convertido en el nuevo terror nocturno de muchas personas.

El bendito robot

Comencemos con los abogados y la ingente cantidad de horas de sueño que pierden ante el prospecto de ser reemplazados por el robot escribiendo contratos. Ya un par de ellos se me han acercado con los ojos vidriosos, llenos de pánico ante la noción, ante la posibilidad. Uno requirió del robot que redactara un contrato, tomando en cuenta determinadas condiciones, como las formas en las que se repartirán los riesgos en algunas situaciones, indicando el precio, el objeto contractual y, la identificación de las partes. Ante la mirada incrédula del mecanógrafo glorificado, el robot convirtió todo ésto en un texto plagado de cláusulas. Todo esto en cuestión de segundos y a un costo energético inferior al de freír un huevo.

Lo siento por mis cercanos abogados practicantes. Muchas de sus tareas serán automatizadas por el robot. De hecho, mucho antes de la llegada del temido robot artificialmente inteligente ya estaban funcionando como autómatas, respondiendo automáticamente a estímulos externos. ¡Mírenme a los ojos y nieguen lo usual que resulta recibir una consulta de un cliente, tomar nota del nombre, del de la contraparte, de lo que se quiere hacer por medio del contrato, los plazos y la condiciones, para después abrir un archivo en una carpeta alojada en el disco duro de sus computadores con nombre “modelos y minutas,” y reemplazar los elementos necesarios en el texto modificado solo hace un día!

If this, then that

Se trata ésta de una tarea típica de ITTT (if this, then that). Cuando el potencial cliente atraviese la puerta, saludar. Después de dar la mano, caminar a través del pasillo donde están colgados los certificados de todos los seminarios de actualización los sábados en la mañana en algún hotel de cadena -ante los vestigios de la fiesta de grado de la noche anterior. Donde se lea “nombre,” introducir el de una de las partes. Cuando se diga “domiciliado en,” introducir lugar donde vive la parte. Cuando se lea “cláusula arbitral,” introducir la misma bendita cláusula que ya hace años redactó x o y cámara de comercio, etc. No antes de las 18:00 del viernes siguiente, enviar texto del contrato como archivo de Word 96 adjunto a un mensaje de correo electrónico a dirección gerenciapollollon@orotel.org. Fin de la instrucción.

El empresario y la automatización

Cualquier individuo que ejerza la función empresarial, es decir, cualquier individuo que se encargue de coordinar las acciones de los dueños de los factores de producción con las de los consumidores por medio de la innovación, puede ver que varias de sus tareas más cotidianas sean susceptibles de automatización. Su ejecución, entonces, puede ser por medio de un robot que integre algún tipo de tecnología de IA. Cuando el vendedor reciba una transferencia bancaria como pago por un servicio, el robot puede encargarse de enviar automáticamente una confirmación, con un agradecimiento y un número de rastreo. Éste correspondería a un envío que, segundos antes, ya habría ejecutado, por medio de una empresa de transporte.

Un abogado podría -y será- asistido por un robot similar. Es probable que, eventualmente, reciba un mensaje de correo electrónico de un cliente habitual, solicitando un contrato con tal persona, para hacer tal cosa, y el robot se encargaría, en cuestión de segundos, de responder el mensaje adjuntando el archivo con el contrato -posiblemente, mejor- redactado. Incluso se podría instruir al robot para que incluyera el grado óptimo de latinismos.

El innecesario terror empresarial hacia la inteligencia artificial

Éstas son actividades que son necesarias para el empresario al enfrentar el problema de comprender cuáles son las necesidades de los agentes del mercado: cuáles sus grados de urgencia, cuál el momento en el que se podrían satisfacer y a qué precios lo haría. La verdadera pregunta no es si puede la IA ejecutar esas acciones a un menor costo que cualquier humano, pues esta pregunta se contesta con un sí vociferante. En realidad, la pregunta de fondo es si la inteligencia artificial puede reemplazar la función social dentro de la economía de mercado del empresario.

Las opiniones en favor del reemplazo del empresario por robots de inteligencia artificial son tantas como son ambiciosas. Se ha afirmado al respecto que mejores y más sofisticados algoritmos conllevan a mejor servicio y un mayor éxito empresarial. Incluso, que los atributos del empresario -de materia individual, de naturaleza racional- exitoso, cómo enfrentar la incertidumbre del futuro y mantener un agudo sentido para interpretar señales del mercado, son prácticamente cosas del pasado. Además de esto, también se ha dicho, haciendo referencia al deep machine learning, que es comparable con el aprendizaje del que son capaces los seres humanos, dando a entender que, mientras que un agente puede posiblemente perder la concentración y cometer un error en ese proceso de aprendizaje, un robot no estaría expuesto a esa posibilidad.

El robot triunfa en un mundo de valores objetivos

El empresario exitoso, es decir, aquel que es capaz de satisfacer las necesidades de los consumidores a cambio de ganancias empresariales, actúa en un contexto de incertidumbre, aprovechando los errores que se comenten en el mercado. Las afirmaciones acerca del eventual reemplazo del empresario parten de una premisa esencialmente problemática: la objetividad del valor de los fines de los individuos y de los medios para conseguirlos. Siendo el valor objetivo, no es más una experiencia de los individuos, sino algo intrínseco que irradia de los medios, y que se puede conocer respecto de las necesidades sin esperar a que los individuos lo revelen por medio de sus acciones voluntarias.

Para conocer el valor de las necesidades, por ejemplo, las acciones no valdrían más que mil palabras. El conocimiento sobre las valoraciones sería científico y, por ende, la forma de llegar a él sería por medio de, por ejemplo, por medio de la lectura o el cálculo matemático. Sería medible y expresable por medio de una serie de complejos sistemas de ecuaciones. Para conocer las valoraciones, entonces, tanto de los individuos como de la sociedad, sería tan solo necesario una sofisticada operación matemática de maximización.

El conocimiento sobre las valoraciones, de los costos, de lo que está llamado a ser producido y de lo que no, no tendría que ser descubierto, por medio de la acción de los individuos, vendiendo y comprando todo el tiempo. Por el contrario, ese conocimiento estaría ya dado (y de ahí la palabra dato) como aquellos que procesaría el robot.

Una cuestión de maximización

Con una cantidad vasta de datos acerca de las preferencias de los agentes, un robot de inteligencia artificial podría conocer las necesidades de los consumidores, las valoraciones de los dueños de los factores de producción en cuestión de segundos y por medio de algún tipo de función de maximización, ejecutada un computador con una alta capacidad de procesamiento de información. De ser esto así, un robot no tendría por qué preocuparse de cometer errores ni lidiar con la incertidumbre.

Gran parte de la incertidumbre que enfrentamos los individuos es acerca del rumbo de las acciones de los demás en el futuro, determinadas por sus respectivas escalas de valoración. Acertamos o erramos, entonces, en nuestro intento de conocer y actuar de acuerdo a esos cursos de acción, tratando de satisfacer aquellas necesidades directa o indirectamente. Con información perfecta acerca de las preferencias de los demás agentes del mercado en el futuro, no habría posibilidad alguna de cometer errores y tampoco falta de certeza acerca del rumbo de las acciones de los demás, puesto que la información en la que se expresa es data.

Valor subjetivo

Precisamente por no ser el valor objetivo, sino subjetivo, precisamente por el hecho de que hay cosas que son necesidades para unos individuos, pero no para otros, precisamente porque para algunos individuos algunas cosas son valoradas como medios, pero para otras no, la información necesaria para poder determinar qué producir y qué no, no está dada.

Esta información está llamada a ser descubierta, en un proceso a través del cual los individuos, voluntariamente, revelan sus preferencias a través de sus acciones. Son sus acciones las que revelan sus preferencias y la información acerca de éstas se transmite a través de los precios que resultan de todo el concierto de intercambios que componen el mercado. Como la información respecto de aquellas valoraciones es del sujeto, obedeciendo a coordenadas de tiempo y lugar que surgen, pero que jamás se repiten, no es susceptible de conocerse por medio de operaciones matemáticas; no es posible conocerlo de manera perfecta. Conforme van cambiando las preferencias, así va creándose cada vez nueva información acerca de ellas -y ese proceso, al no cesar jamás, no puede alcanzar un grado de perfección, en donde nada le sobre o falte.

Un robot no puede sustituir a un empresario

El empresario no puede conocer qué producir, en qué momento hacerlo ni a qué precio por medio del análisis de datos, sino que tiene que juzgar qué curso de acción tomar por medio de la comprensión de la información que transmiten los precios. Esa información no puede ni siquiera verbalizarse, mucho menos formalizarse de manera escrita, de tal manera que se pueda alimentar un procesador con ella. En ese proceso, haciendo una imagen de cómo será el futuro en términos de las valoraciones, el empresario puede acertar, pero también cometer errores -y los cometerá, independientemente de lo ingente de su esfuerzo por no desconcentrarse.

Sus errores son, a su vez, conocimiento en el mercado, para otros empresarios, acerca de lo que no es prudente hacer y “sugieren” otros cursos de acción. Incluso cuando el empresario acierta y consigue ganancias, también esto es interpretado como un error por parte de otros. Satisfizo el empresario ciertas necesidades, pero, siendo subjetivas las preferencias, no pudo hacerlo con todas y esto es comprendido por otros potenciales empresarios como un error para aprovechar. El aparente éxito empresarial de Apple con el iPhone es interpretado por Google como una oportunidad de ganancia empresarial por medio de la producción de Android.

El robot artificialmente inteligente no puede reemplazar al empresario y, por ahí derecho, ninguna acción humana que se encargue de comprender las necesidades futuras de los demás para actual de acuerdo a ellas. Al desaparecer tanto el error como la incertidumbre del futuro -lo cual no es posible mientras tengamos agencia- desaparecen las dos condiciones de posibilidad de la función empresarial.

Not today…

Así que, por el momento, a despreocuparse. El robot no nos reemplazará. Lo que sí hará será disminuir una gran cantidad de costos de producción de aquellos procesos que podrán automatizarse -que ya, de entrada, lo estaban- lo cual liberará la mente humana aún más para continuar con su incansable afán de inventar medios novedosos, para aquellas necesidades que seguirán surgiendo.

Eso sí, el final del abogado escribano que responde a estímulos externos automáticamente está cerca. Muy cerca -y lo último que verán sus ojos será la fría sonrisa de ChatGPT.

Ver también: Por qué la inteligencia artificial no puede pensar

A vueltas con el positivismo jurídico (III): sus antecedentes filosóficos en Kant

En los artículos anteriores de esta serie (I, II) recordamos, en una primera aproximación, los rasgos característicos esenciales del positivismo y destacamos algunas de las contradicciones internas del sistema. Además, puse de manifiesto el distanciamiento que dicha corriente supone respecto de la idea de la justicia y del derecho clásicos. En este artículo vamos a intentar bucear en el origen de esa ruptura -del positivismo con los planteamientos “clásicos”-. Buscamos entender el recorrido que, desde ahí, han tenido las dos posturas fundamentales que estamos comparando -positivismo jurídico frente a la corriente del derecho natural- y la relación de ambas con el liberalismo.

Como ya recordábamos, si bien los clásicos distinguían dos ideas de justicia -la general y la particular- no existía realmente contradicción entre ambas. La justicia general es una suerte de conformidad entre la conducta del individuo y la ley moral. Por justicia particular se entendía lo “debido”, aquello que le corresponde al otro y que, por tanto, “hay que darle”. El hombre justo es quien no coge más de lo que le corresponde, ni contribuye con menos de lo que es su obligación. “Lo que corresponde” depende de la naturaleza de las cosas y de las personas. También depende de la situación actual a la que se ha llegado tras el transcurso del tiempo. Así, la justicia particular era una suerte de concreción o especie de la justicia general.

Immanuel Kant

Con Kant, sin embargo, los campos de lo jurídico y de la moral se deslindan. Distingue entre ambos en función de la motivación de la acción: aquella norma que hace del deber interno el motivo de la acción es moral. La que admite otras motivaciones -más allá de la actitud interior- es jurídica. Así, mientras el derecho es una norma heterónoma -externa- cuya razón de deber le viene al sujeto dada del exterior, la moral -aunque pueda prescribir también acciones exteriores- es una norma interna. De ahí se deduce que la legalidad o ilegalidad de la acción es la mera coincidencia -o no- de la acción con la ley externa. La moralidad viene dada por la coincidencia entre la motivación del obrar y el deber impuesto por la ley interna.

Pero la cosa no se queda ahí y se complica: aunque la moral es, para Kant, el reino de las normas internas, y el derecho el de las externas, existe un deber moral de cumplir por imperativo categórico interno. Es decir, por prescripción moral, el deber de cumplir la norma jurídica. El derecho debe, así, cumplirse por razones estrictamente formales (porque es un simple deber: “El convertir en máxima para mí el obrar de acuerdo con el derecho es una exigencia que la ética me formula”). Y con ello se empieza a quebrar la necesidad de que el deber moral de cumplir la norma jurídica tenga relación con valores materiales relacionados con lo justo o con el bien común. Esto es, existe ese deber no en virtud de unos valores materiales o unos fines -imperativo hipotético-, sino en virtud de un imperativo absoluto: hay que hacerlo simplemente porque es obligación.

La semilla del positivismo

Como vemos, esa concepción de la norma jurídica, que debe cumplirse porque existe un deber moral -interno- de que así se haga, al margen de su contenido, vemos que tiene ya resabios, aunque sean seminales, de lo que después será el positivismo. Eso no implica que Kant sea positivista. Y es que Kant sí reconoce el fundamento racional del derecho positivo. Para el filósofo de Könisberg, hay una serie de principios que la Ciencia del derecho debe tener en cuenta. Pero se trata, como se ha visto, de unos principios formales, a priori.

Aun así, que Kant no sea positivista en el sentido que nosotros venimos utilizando no significa que se le pueda considerar iusnaturalista, como pretenden algunos. En efecto, Kant habla de derechos y leyes “naturales”, innatas. Leyes jurídicas anteriores al derecho positivo y que obligan a priori antes de cualquier imposición por parte de la autoridad. Esto lleva a algunos a considerarle “iusnaturalista”. Pero para él dichas leyes -les dé el nombre que les dé- no son “naturales” en el sentido de que se refieran a la naturaleza o puedan ser conocidas por la experiencia. Utilizar el término “iusnaturalista” no deja de ser un jugar con las palabras, cambiando su sentido en medio de la partida, para aparentar lo que no se es.

La ley es formal, y queda desvinculada de la justicia

El valor del derecho queda, pues, reducido con Kant a un mero condicionamiento formal (“cumplir porque es un deber”). No hay una eferencia a algo material -porque sea lo “justo” o lo dirigido al “bien común”-. Está basado en unos principios generales e inmutables previos que la Ciencia del derecho debe tener en cuenta. Pero siendo el derecho formal por su esencia, y desentendido de sus contenidos. Así, con Kant se abre una grieta, por tanto, en la relación entre el derecho y los fines naturales del hombre. Con el tiempo llevará a la ruptura entre el positivismo jurídico, según lo conocemos, y los planteamientos iusnaturalistas clásicos. Ello derivará en que la ley sea obligatoria por el simple hecho de ser ley -al margen de su justicia-.

Nuestro autor continúa hablando de derecho “natural”, leyes “naturales”. Pero es en un uso del término “natural” alejado del de los clásicos. Habla de derechos subjetivos innatos, pero los reduce a la “libertad”, de la que los demás son corolario. Y es que para Kant el derecho es “el conjunto de las condiciones en virtud de las cuales la libertad de cada uno puede coordinarse con la libertad de los demás, según una ley general de la libertad”.

En la próxima entrega profundizaré en la fundamentación iusnaturalista -en comparación con la kantiana-, en su concepción del hombre y en el papel que la libertad juega en la naturaleza y vida de éste, distinguiéndola también de las posturas liberales.

Serie ‘A vueltas con el positivismo jurídico

(I) Las inconsistencias del iuspositivismo

(II) La idea clásica de la justicia, y su relación con el Derecho

La economía puede restar más de 6 puntos de intención de voto al PSOE

Instituto Juan de Mariana, 17 de julio de 2023

El Instituto Juan de Mariana publica el informe Midiendo el voto económico en España: ¿el partidismo nubla la razón? El estudio mide cuál es la incidencia de los factores económicos en el sentido del voto.

  • El estudio se basa en “la percepción subjetiva de los individuos sobre el estado de la economía”. El informe se basa en las encuestas postelectorales del Centro de Investigaciones Sociologicas (CIS), de 2008, 2011, 2016 y 2019. 
  • La incidencia del voto económico tiene mucha importancia. Si la situación económica no condicionara el voto, “los políticos serían libres para seguir cualquier tipo de política que elijan, sin tener en cuenta cómo benefician a la gente”.
  • “El partidismo es el principal conductor del comportamiento electoral, pero la valoración de la situación económica permanece también importante”, concluye el estudio. “La economía sigue siendo central a la hora de determinar los resultados electorales”. Pasar a tener una valoración mala o muy mala de la situación económica reduce el apoyo al partido del gobierno en 8 puntos porcentuales.
  • En el caso del principal apoyo del Gobierno, “entre los que votaron al PSOE en 2019, tener una valoración mala o muy mala de la situación de la economía española reduce las probabilidades de que vuelvan a votar al PSOE en 16 puntos porcentuales”.
  • Según el CIS, un 40% de los votantes del PSOE considera que la situación es “mala o muy mala”. Esto quiere decir que 6,4 puntos del voto del PSOE de las últimas elecciones podría no repetir sólo atendiendo a su visión de la marcha de la economía. En 2019, el PSOE ganó las elecciones con un 28% del voto.
  • La creciente polarización ha reducido la incidencia del voto económico. 
  • La evolución de la desigualdad tiene una mayor influencia en los partidos de izquierdas. Mientras, la evolución del paro tiene una mayor impronta en el voto de los partidos de derechas. 
  • El Instituto Juan de Mariana publicará en breve otro informe haciendo balance de la economía bajo el gobierno de Pedro Sánchez. 

El factor económico incide en el sentido del voto. La medida en que la economía incida en el voto es muy importante. Si el voto económico fuera determinante, los políticos le prestarían más atención. Si fuera marginal, el desempeño de la economía no estaría entre las preocupaciones de los gobiernos.

El voto se sustancia en una única decisión, la de entregar la papeleta de un partido o la de otro. Pero los motivos que pueden llevar a tomar esa decisión son múltiples. Influyen las preferencias ideológicas, cuestiones personales, factores sociales, o económicos, más otros factores que tienen que ver con la actualidad del momento, o con la visión que tenga el votante de la utilidad de su decisión. 

De ahí la dificultad de aislar la incidencia que tiene cada motivo en la decisión final. Para lograr acercarse a una medición del voto económico, se han seguido dos metodologías. Una parte de la literatura “ha utilizado variables macroeconómicas como el crecimiento económico o la desigualdad como determinantes del apoyo al partido titular en el gobierno”. El informe, elaborado por el economista Santiago Calvo, sigue otro camino. Parte de “la percepción subjetiva de los individuos sobre el estado de la economía, lo cual evita la falacia ecológica y las falsas inferencias sobre el voto económico”. La polarización ha estado vinculada especialmente a “cuestiones ideológicas y territoriales”.

El informe se basa en la literatura relevante para describir la situación política actual. Está marcada, entre otras características, por el surgimiento de nuevos partidos, y la polarización. Esta polarización ha contribuido a una mayor participación política. “Pero también ejerce una influencia negativa sobre el voto económico”, concluye el estudio.

Según explica el informe, obtiene los datos de las variables sometidas a estudio a partir de las encuestas postelectorales del CIS de 2008 (2757), 2011 (2920), 2016 (3145), y 2019 (3269). La variable independiente principal es la percepción general sobre la situación económica. Finalmente, el informe hace “un ejercicio de prospectiva en el que utilizamos los barómetros fusionados del CIS desde enero a marzo de 2023 para observar la relevancia de la economía a la hora de condicionar el voto”. Así, “nuestras estimaciones indican que, entre los que votaron al PSOE en 2019, tener una valoración mala o muy mala de la situación económica reduce las probabilidades de que vuelvan a votar al PSOE en 16 puntos porcentuales”.

Santiago Calvo López es doctor en economía con mención internacional por la Universidad de Santiago de Compostela. Ejerce como profesor en la Universidad Francisco Marroquín, y es investigador postdoctoral en Esade. Colabora con varios medios de comunicación, como La Voz de Galicia y Libre Mercado. Santiago Calvo ha publicado informes con varios think tanks como New Direction, o el Institut Ostrom, y es investigador del Instituto Juan de Mariana.
El Instituto Juan de Mariana (IJM) es una institución independiente dedicada a la investigación de los asuntos públicos. Es un punto de referencia en el debate de las ideas y de las políticas públicas con la vista puesta en una sociedad libre. Con el fin de mantener una independencia plena, el IJM no acepta subvenciones o ayudas de ningún gobierno o partido político. Se financia gracias a las aportaciones que voluntariamente realizan aquellas personas que comparten nuestro fin social o a la prestación de servicios.

Midiendo el voto económico en España: ¿el partidismo nubla la razón?

El Instituto Juan de Mariana publica el informe Midiendo el voto económico en España: ¿el partidismo nubla la razón? El estudio mide cuál es la incidencia de los factores económicos en el sentido del voto. El factor económico incide en el sentido del voto. La medida en que la economía incida en el voto es muy importante. Si el voto económico fuera determinante, los políticos le prestarían más atención. Si fuera marginal, el desempeño de la economía no estaría entre las preocupaciones de los gobiernos.

Según explica el informe, obtiene los datos de las variables sometidas a estudio a partir de las encuestas postelectorales del CIS de 2008 (2757), 2011 (2920), 2016 (3145), y 2019 (3269). La variable independiente principal es la percepción general sobre la situación económica. Finalmente, el informe hace “un ejercicio de prospectiva en el que utilizamos los barómetros fusionados del CIS desde enero a marzo de 2023 para observar la relevancia de la economía a la hora de condicionar el voto”. Así, “nuestras estimaciones indican que, entre los que votaron al PSOE en 2019, tener una valoración mala o muy mala de la situación económica reduce las probabilidades de que vuelvan a votar al PSOE en 16 puntos porcentuales”.

Puedes descargar el informe en este enlace.

Aragón en la Guerra Civil española. ¿Una verdadera experiencia anarquista? (II): Las columnas libertarias

En el primer artículo de esta serie analizamos las colectividades anarquistas en la Guerra Civil. Cómo se llevaron a cabo, su recorrido e importancia en el conflicto, y atendiendo al título del artículo, nos preguntamos si fueron una verdadera experiencia anarquista. En este segundo artículo hablaremos del segundo de los pilares que conforman mi estudio del anarquismo en Aragón: las columnas militares.

Milicias Antifascistas

Si en una guerra la economía es importante, el aspecto militar lo es aún más. El control armado es imprescindible para estructurar cualquier revolución. Tras el golpe de Estado de julio de 1936, había aparecido un vacío de poder que habían ocupado las milicias armadas. El Estado republicano fue incapaz de controlar militarmente la situación. Las milicias, organizadas muchas veces a través de los sindicatos y partidos, acabaron haciéndose con el control de la calle.

El día 21 de julio se creó el Comité Central de Milicias Antifascistas y comenzaron a organizarse las columnas militares desde Valencia y Cataluña para liberar a Zaragoza de la “bestia fascista”. Se trataba de un organismo compuesto por las fuerzas y sindicatos leales a la república, controlado por la CNT, que se encargaría de dirigir el proceso bélico y revolucionario. Algunas de las figuras más relevantes que formaron parte del comité fueron García Oliver o Abad de Santillán.

Comité de Guerra del Frente de Aragón

Más tarde se constituiría el Comité de Guerra del Frente de Aragón, su composición era muy heterogénea. Tenía tres cenetistas (Buenaventura Durruti, Antonio Ortiz y Cristóbal Aldabaldetrecu), un ugetista (José del Barrio), un representante del POUM (Jordi Arquer) y seis asesores militares: Franco Quinza, el coronel Villalba, el teniente coronel Joaquín Blanco, el comandante Reyes y los capitanes Medrano y Menéndez[1]. Se ha hablado mucho en torno a las cifras de los hombres que conformaron las columnas. Las fuentes anarquistas oscilan entre los 20.000 y los 30.000, lo que es una cifra del todo exagerada. El historiador Martínez Bande habla de 15.000, una cifra que puede estar más cercana a la realidad.

Entre los días 21 y 23 de julio las milicias penetraron en el territorio aragonés para intentar tomar las tres capitales de provincia, Zaragoza, Huesca y Teruel. Las tropas de la V División y miembros de la guardia civil controlaron las principales localidades de Aragón, a excepción de Barbastro. Desde mediados de agosto Aragón quedó dividido en dos zonas bien diferenciadas, el oeste, zona de mayor implantación ugetista, controlado por el bando sublevado. El este, zona mayoritariamente cenetista, controlado por las milicias y las columnas.

La miliciana

Las milicias impusieron su autoridad más fácilmente en aquellas localidades donde no había sindicatos antes de la sublevación[2]. Los milicianos realizaron una dura represión contra comerciantes, propietarios, conservadores y miembros del clero. Se quemaron iglesias y conventos a la vez que se destruían imágenes y objetos de culto religioso delante de las puertas de los centros religiosos. En Aragón fueron asesinados 549 miembros de la Iglesia, de ellos casi 400 en Huesca, con el caso especial de Barbastro, donde se asesinó al 88% de la diócesis[3].

En la situación inicial de las milicias, la mujer cobró un protagonismo que hasta ahora no había conseguido. La figura de la miliciana aparecería como algo mítico, empuñando un fusil y vistiendo un mono azul como cualquier otro hombre. Pero este sueño fue muy efímero, desde septiembre de 1936, con la llegada de Largo Caballero a la presidencia del gobierno, la mujer fue apartada del frente. Ni siquiera la asociación de Mujeres Libres pudo hacer oposición a esta situación, la mujer se vio relegada una vez más a labores de retaguardia e intendencia.

Homenaje a Cataluña

En cuanto a la organización de las columnas, durante los primeros meses fue bastante similar. El primer paso era el reclutamiento de combatientes, cada sindicato o partido político anunciaba por los distintos medios de comunicación el llamamiento a filas con una dirección a la que acudían los voluntarios. En el momento en el que se alistaba se les pagaba diez pesetas diarias y comenzaba su proceso de instrucción. El material militar que recibían los milicianos era de pésima calidad, en ocasiones incluso inservible. Orwell lo relató muy bien en su obra Homenaje a Cataluña, muchos de los fusiles y granadas que utilizaban eran del S.XIX y prácticamente no había ametralladoras y morteros.

Posteriormente veremos como dependiendo de la afinidad ideológica de cada columna se organizaban de una manera diferente. Centrándonos en el caso que nos ocupa, las milicias de la CNT-FAI se organizaban de una manera revolucionaria, evitando jerarquías típicas del ámbito castrense. La unidad básica era la centuria, divididas en grupos de 25 hombres. Cinco centurias componían una agrupación.

“Microcosmos de una sociedad sin clases”

En cuanto a la elección de delegado se hacía de manera asamblearia, cada grupo elegía a su delegado, y todos ellos, al delegado superior de la centuria. Los delegados de la centuria elegían a su vez al delegado de la agrupación que integraban el Comité de Agrupación, organismo supremo de una columna anarcosindicalista. A estos delegados se le sumaba un asesor militar, normalmente un oficial del ejército, pero que no contaba con voto. No había una vestimenta o un armamento reglado, cada miliciano tenía libertad para vestir como quería, además tanto delegados como soldados se trataban de la misma manera. En palabras de Orwell: “Las milicias españolas, mientras duraron, constituyeron una especie de microcosmos de una sociedad sin clases”[4].

Hubo gran cantidad de columnas, pero sin duda las más relevantes fueron las que partieron desde Barcelona: La Columna Lenin (organizada por el POUM), Ascaso, Carlos Marx, Ortiz, Durruti y Macià-Companys. La Columna Ortiz fue una de las primeras en estructurarse en Barcelona, alrededor de 800 combatientes salieron de Barcelona hasta llegara Caspe. Allí absorbió a gran parte de las milicias que estaban combatiendo desde los primeros días de la guerra, llegando a acumular alrededor de 2.000 hombres.

Las columnas

La Columna Ortiz era una de las más efectivas a nivel militar y logístico, fue el contingente que más se adentró en el territorio aragonés, aunque tuvo que replegarse. Antonio Ortiz fijaría su cuartel general en Caspe y, posteriormente, en Híjar. La Columna Ascaso saldría de Barcelona un día más tarde, el 25 de julio, y tomaría su nombre del recién fallecido anarquista, Francisco Ascaso. Estaba compuesta por alrededor de 1500 hombres y establecieron el cuartel general en la localidad de Vicién, protagonizaría enfrentamientos en las inmediaciones de Huesca[5].

Cabe destacar también la acción de la Columna Pirenaica, compuesta por milicianos aragoneses y catalanes comandados por Mariano Bueno, que tomaron la posición más septentrional del frente. La única columna compuesta en su totalidad por combatientes aragoneses fue la denominada Milicias de Barbastro, estaba comandada por el coronel Villalba. Recordemos que Barbastro fue la única gran localidad de Aragón donde no triunfó el golpe de Estado en primera instancia.

El PSUC y la UGT también tuvieron su propia columna, más tarde se denominaría Carlos Marx, estaba compuesta por alrededor de 3.000 milicianos. Su aportación militar más relevante fue la toma de Almudévar. El POUM también contaba con su propia columna, la Columna Lenin, integrada por 1.500 hombres dirigidos por Jordi Arquer y Manuel Grossi, procedente de Asturias.

El frente aragonés

Tras el fracaso de la toma de la isla de Mallorca, parte de las tropas destinadas a las Islas Baleares fueron enviadas al frente aragonés, creándose la columna Roja y Negra. También se constituyó en el mes de agosto la columna de ERC, Maciá-Companys, cuya área de actuación fundamental será Montalbán. Las columnas procedentes de Valencia tardaron unos días más en organizarse, hasta agosto no salieron las dos grandes columnas valencianas. La Torres-Benito, compuesta por milicianos de distintos sindicatos y partidos políticos, y la Columna de Hierro, con un claro carácter revolucionario. Ya en septiembre tendremos la columna valenciana con mayor influencia comunista, la Eixea-Uribe, comandada por Juan Antonio Uribe, diputado del PCE.

A principios de octubre se organizará la que seguramente fue la columna valenciana con mayor eficacia en el campo de combate, la Columna Peire, compuesta por militares entrenados y con buen material[6]. Los enfrentamientos entre las columnas y los militares sublevados se dieron a lo largo y ancho de todo el frente. La falta de preparación, experiencia y material de las columnas hizo que partieran con una gran desventaja. 

Largo Caballero llega al poder

Con la llegada de Largo Caballero al poder y sobre todo tras los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, se produjo un proceso de militarización de las columnas. Como indica Julián Casanova, no seriamos honestos si dijéramos que no hubo un debate interno dentro de las filas del anarquismo en torno a la militarización. Son necesarias nuevas investigaciones que estudien las posibles contradicciones entre el ideario anarquista y las actuaciones que llevaron a cabo, no sólo a nivel militar, sino también a nivel político.

Entre enero y febrero de 1937, prácticamente todas las columnas de milicianos fueron integradas en el nuevo Ejército Popular de la República (EPR), encuadrando a los soldados en una tradicional jerarquización militar. Únicamente quedaron excluidas de la militarización dos columnas, la Macia-Companys y la Pirenaica, que se quedaron como dos brigadas autónomas, la 131 y la 130 respectivamente.

La Columna Ortiz quedó integrada en la División 25, compuesta por las brigadas 116, 117 y 118. La Columna Durruti pasará a ser la División 26, compuestas por las brigadas 119, 120 y 121. Su jefe será Ricardo Sanz, recordemos que Buenaventura Durruti había fallecido el 20 de noviembre. El comunista Antonio Trueba será el encargado de dirigir las brigadas 122, 123 y 124, que componían la División 28, antigua Columna Ascaso. Finalmente, la Columna Lenin quedará restituida como la División 29, con únicamente dos brigadas, la 128 y la 129.

CNT y FAI no aceptan la militarización

Esta sería la estructura militar básica hasta la caída del frente de Aragón en marzo de 1938[7]. Aunque había sectores anarquistas que no apoyaban esta militarización, había grandes personalidades como Joaquín Ascaso que sí que la vieron con buenos ojos. En una entrevista de Lucien Hausard decía lo siguiente: “En las presentes circunstancias, la militarización es absolutamente precisa, indispensable […] Es evidente que, de acuerdo con ello, la CNT y la FAI no pueden aceptar la militarización y el mando único más que bajo el control de las organizaciones revolucionarias”[8].

A pesar de la innovación y el furor revolucionario de las milicias, a nivel estrictamente militar podemos decir que fue un fracaso. Su objetivo principal era tomar las tres capitales de provincia de la región aragonesa, especialmente Zaragoza. Pese a que tuvieron sitiadas a Huesca y Teruel, no pudieron conseguirlo. Paola Lo Cascio explica este fracaso por varios factores, en primer lugar, la falta de organización y coordinación. La improvisación de los propios milicianos hizo que no se estableciera ningún plan concreto a nivel estratégico, además del continuo debate sobre si hacer primero la revolución y después la guerra o al contrario[9].

Una corta experiencia anarquista

Por otro lado, la gran cantidad de sindicatos y partidos políticos que organizaron las milicias provocó una gran atomización del poder. La falta de un organismo central hizo que cada columna hiciera la guerra por su cuenta, sin conformar un plan operacional y táctico entre las distintas milicias. Por último, un tema tremendamente relevante en un conflicto bélico, el material militar. La mala calidad y antigüedad del armamento que utilizaban las milicias era enorme, sin contar con la falta de municiones, armamento pesado y artillería.

De nuevo, al igual que con las colectividades, nos encontramos con una experiencia anarquista muy corta. El conflicto interno dentro de las filas anarquistas entre el ideario anarcosindicalista y su actuación dentro del campo de batalla era evidente. Con esta información podríamos entrar en un largo debate sobre la defensa y la seguridad descentralizada. ¿Es realmente efectivo un ejército sin una autoridad jerárquica y central? ¿Fueron las milicias anarquistas un fracaso a nivel militar por no estar sujetas a una estructura castrense?


[1] Julián, Casanova, De la calle al frente…, op. cit., p. 166.

[2] Ibidem, pp. 170-171.

[3] Ibidem, p. 174.

[4] George, Orwell, Homenaje a Cataluña…, op. cit., p. 133.

[5] Paola, Lo Cascio, “las columnas hacia el frente de Aragón”, en José Luís Ledesma (ed.), El estallido de la guerra. La sublevación militar y la llegada de las milicias, Barcelona, Diputación Provincial de Zaragoza-El periódico de Aragón, 2006, col. “La Guerra Civil en Aragón”, pp. 70-80.

[6] Ibidem, pp. 81-90.

[7] Julián, Casanova, Anarquismo y revolución…, op. cit., p. 114.

[8] Joaquín, Ascaso, Memorias (1936-1938) Hacia un nuevo Aragón. Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2006, p. 138.

[9] Paola, Lo Cascio, “las columnas…”, op. cit., p. 90.

Serie Aragón en la Guerra Civil española. ¿Una verdadera experiencia anarquista?

(I) Las colectividades

‘Get Woke, Go Broke?’

James E. Hartley. Este artículo fue publicado originalmente por Law & Liberty.

El capitalismo de mercado es una dimensión creciente y preocupante de la vida económica y política contemporánea, especialmente entre las gigantescas corporaciones multinacionales que dominan tantos aspectos de nuestras vidas.

Carl Rhodes

Capitalismo moralista

Estos lamentos se han hecho omnipresentes en los círculos conservadores. Se ha vuelto difícil seguir el ritmo de la indignación del día. Las empresas despiertas han adoptado las normas de los programas favoritos de la izquierda, tanto en la publicidad como en las declaraciones públicas, así como en la adopción de las directrices ESG (Environmental, Social, and Governance) y DEI (Diversity, Equity, and Inclusion), dejando a los conservadores echando humo.

Lo sorprendente es que la cita inicial no fue escrita por un conservador. Es la valoración de Carl Rhodes en Woke Capitalism: How Corporate Morality is Sabotaging Democracy. Rhodes, profesor de Estudios de Organización en la Universidad Tecnológica de Sydney, es un progresista muy orgulloso. Aunque odia el capitalismo moralista tanto como todos esos “reaccionarios de derechas”, se esfuerza por asegurar al lector en casi todas las páginas que él no es uno de ellos.

La concentración del poder político

¿Hemos encontrado por fin un punto de acuerdo entre conservadores y progresistas? ¿Es éste el principio del fin de la guerra cultural? Consideremos el siguiente par de citas. La primera es de Mark Hemingway en Law and Liberty. La segunda es de Rhodes.

Parece obvio que el capitalismo, y su necesaria regulación, funciona mejor cuando todos tenemos claro dónde acaba el interés propio y dónde empieza la responsabilidad social. El “capitalismo despierto” está desdibujando claramente esa línea. Si crees que se puede confiar en los directores ejecutivos obscenamente ricos para que digan al votante medio qué es lo que más le conviene en relación con la masculinidad tóxica, los derechos de los homosexuales, la libertad religiosa o cualquier otra cuestión controvertida, probablemente comprarás cualquier otra cosa que vendan.

El verdadero peligro del capitalismo woke no es que debilite el sistema capitalista, sino que cimente aún más la concentración del poder político en una élite corporativa … [lo que es] una amenaza para una política progresista que se atreve a mantener la esperanza en la posibilidad de la igualdad, la libertad y la solidaridad social.

Carl Rhodes

El fenómeno del rico moralista

Obsérvese que, aunque el lenguaje es diferente, ambos pasajes critican exactamente lo mismo. ¿Qué derecho tienen los CEO ricos a engrandecerse más allá de la esfera económica para convertirse en las principales voces a la hora de abordar los males sociales?

En cierto sentido, el análisis del problema que hace Rhodes podría estar sacado directamente de la obra de Michael Novak El espíritu del capitalismo democrático, en la que se describe perspicazmente una división tripartita del poder. Primero está el orden político, un conjunto de representantes elegidos democráticamente; en segundo lugar, el orden económico, un sistema de libre mercado con empresas que buscan beneficios; y en tercer lugar, el orden moral-cultural, con iglesias, universidades y medios de comunicación que compiten por la influencia en el mercado de las ideas. Novak argumenta enérgicamente que esta división de poderes da lugar a una sociedad más sana que aquella en la que existe una fuente unitaria de poder.

En términos de Novak, el problema del capitalismo woke es que hace que el propio sistema se desmorone. Como dice Rhodes

El capitalismo woke no respeta los límites. Implica que las organizaciones del segundo sector asuman las responsabilidades de los otros dos. El problema es que, mientras que el Estado y el tercer sector no tienen ánimo de lucro, el segundo sector, por definición, sí lo tiene. Cuando este afán de lucro repercute en las actividades de los otros dos sectores, las cosas cambian.

Carl Rhodes

Rhodes tiene poca paciencia con los progresistas que se alegran de que los líderes empresariales abracen sus causas favoritas. Los que celebran el Capitalismo Woke son “ingenuos, si no crédulos”.

¿Por qué es un problema el Capitalismo Woke?

En cuanto al criterio de la ferocidad retórica dirigida a las empresas que adoptan causas políticas progresistas, Rhodes no cede nada a los críticos conservadores que tan claramente desprecia. Está totalmente de acuerdo con los conservadores en que las empresas están sobrepasando los límites que les corresponden en la sociedad. Pero, antes de celebrar esta unificación de la izquierda y la derecha, debemos señalar que hay una diferencia fundamental en las críticas. En la frase de dos palabras “Capitalismo moralista”, ¿cuál es la palabra problemática?

Para los conservadores, el problema es “Woke”. Como dijo Milton Friedman: “La responsabilidad social de las empresas es aumentar sus beneficios”. El trabajo del directivo es actuar de acuerdo con los deseos de los accionistas, cuyos deseos “generalmente serán ganar tanto dinero como sea posible mientras se ajustan a sus reglas básicas de sociedad, tanto las plasmadas en la ley como las plasmadas en la costumbre ética”. El problema del capitalismo moralista son los directores generales que han decidido perseguir otros objetivos, independientemente de la rentabilidad de la empresa o, en algunos casos, en detrimento de ella. Especialmente irritante para los conservadores es que las empresas parecen abrazar todas las obsesiones de la izquierda.

Excoriar a Jeff Bezos

Rhodes, por su parte, cree que el problema del capitalismo moralista es el “capitalismo”. El problema no es que las corporaciones expresen su acuerdo con las causas que Rhodes abraza. El verdadero problema es que las corporaciones aún no se han comprometido a un pacto suicida.

Considere algunos de los ejemplos que Rhodes discute ampliamente. Jeff Bezos se comprometió con 10.000 millones de dólares para luchar contra el cambio climático. También batalló con Trump por la inmigración. Ganó un premio de la Campaña de Derechos Humanos por su apoyo al matrimonio entre personas del mismo sexo. Después de señalar todas estas cosas, Rhodes excoria a Bezos. El principal problema: Amazon, la empresa que generó tanta riqueza para Bezos, gestiona activamente sus asuntos financieros para minimizar los impuestos que paga. Como señala Rhodes, no están haciendo nada ilegal al evitar los impuestos. Simplemente están siendo inmorales. “Tenemos que recordar aquí que pagar impuestos es la principal forma en que las corporaciones pueden contribuir a la sociedad”. Se podría pensar que las empresas contribuyen a la sociedad pagando a sus empleados y suministrando bienes y servicios a sus clientes, pero esas contribuciones no son nada comparadas con los ingresos fiscales que aportan al gobierno.

Gilette y la “masculinidad tóxica”

El libro está lleno de ejemplos en la misma línea. Claro, Nike abrazó a Colin Kaepernick después de su arrodillamiento durante el himno nacional en los partidos de la NFL. No fue un hecho aislado. Nike abrazó el movimiento feminista en la década de 1970 y Rhodes señala: “Conectar su marca con causas socialmente conscientes ha sido un motivo para Nike desde entonces.” Pero, no se dejen engañar. Nike utiliza fábricas de explotación forzando a la gente a “condiciones de vida inhumanas” para fabricar sus productos.

¿Por qué Rhodes es tan crítico con estas empresas que apoyan públicamente causas en las que él cree? Su capítulo sobre Gillette lo deja claro. En 2019, Gillette lanzó un nuevo anuncio de televisión, atacando directamente la masculinidad tóxica, vinculándose así al movimiento #MeToo. A estas alturas del libro, el lector está condicionado a esperar una letanía de horrores corporativos cometidos por Gillette. Pero Rhodes no ofrece tal lista. El único pecado de Gillette: publicaron este anuncio porque pensaron que sería bueno para sus ventas. Su objetivo era “influir en la opinión pública y mejorar la actitud de los consumidores hacia la empresa”. Ese segundo objetivo, como el pecado original, mancha todo el esfuerzo. “Ya no contentas con influir en nuestros hábitos de gasto y estilos de vida, con el capitalismo woke las grandes empresas enrolan el corazón mismo de nuestras creencias morales en sus estrategias comerciales”.

Como antaño

Rhodes echa claramente de menos los viejos tiempos:

Hubo un tiempo en que las empresas estaban inextricablemente asociadas al conservadurismo de derechas. El capitalismo moralista cambió todo eso con empresas que se promocionan directa e inequívocamente como progresistas y políticamente activas, a menudo con un director general multimillonario como portavoz conspicuo y héroe de acción (política).

Carl Rhodes

Atrás quedaron los días en que la izquierda sabía que las empresas eran monstruos chupasangres que querían destruir todo lo bueno. Esos malvados cerebros que dirigen las grandes corporaciones han aprendido a ponerse una máscara, engañando a los incautos en su intento de “hacerse con el poder político”.

Incluso el esfuerzo de Bill Gates por convencer a los multimillonarios de que dediquen la mitad de su riqueza a causas benéficas forma parte de esta conspiración maligna. “Al final, la filantropía multimillonaria moderna es un ejercicio del poder capitalista, efectivamente una extensión de ese poder más allá de los confines de la economía. Desvía activos privados a fines públicos, pero sin ninguna responsabilidad pública. Es profundamente antidemocrática y sirve para apuntalar el poder y la influencia de los protagonistas multimillonarios de la sociedad contemporánea”. ¿Quiere un ejemplo? La Fundación Mellon donó 5,3 millones de dólares para suministrar libros a las cárceles. Rhodes se queja de que el regalo no hace más que enmascarar el problema del encarcelamiento masivo. A caballo regalado, Rhodes le mira el diente.

Abrazando a Milton Friedman

Aunque es divertido ver cómo Rhodes vuelve cada acto de progresismo corporativo contra sí mismo en su búsqueda por demostrar que la única cura para el capitalismo de guardia es el fin del capitalismo, el libro plantea una cuestión bastante provocativa para los críticos conservadores del capitalismo de guardia. Cuando se trazan las líneas de batalla sobre la conveniencia de las causas políticas progresistas, es bastante natural que los conservadores vean a los líderes empresariales como meros comparsas del otro bando. Rhodes, sin embargo, cree que esa línea de batalla está mal trazada. En su opinión, la división estriba en la conveniencia de que las empresas maximicen sus beneficios. En opinión de Rhodes, el capitalismo moralista es un problema porque engaña a la gente, haciéndole creer que los líderes empresariales se centran en algo más que en los beneficios.

He aquí la pregunta inquietante: ¿y si Rhodes tiene razón sobre el verdadero objetivo de los capitalistas moralistas? Utilizando la formulación de Friedman, la responsabilidad de los líderes empresariales es obtener beneficios. Para obtener beneficios, es necesario persuadir a la gente para que compre su producto. Supongamos por un momento que abrazar causas progresistas se traduce en mayores beneficios para una empresa. Supongamos que a la clientela de una empresa le gustan las causas progresistas y es más proclive a comprar productos de empresas que comparten sus valores. Si eso es cierto, ¿qué debería hacer una empresa si quiere seguir el mandato de Friedman de que la única responsabilidad de la empresa es obtener beneficios?

Get woke, go broke

Antes de reflexionar sobre las implicaciones de esta pregunta, deberíamos examinar primero la presuposición. En la cadencia popular, si una empresa se vuelve woke, ¿realmente quiebra? Tanto los detractores como los defensores de la adopción de causas progresistas por parte de las empresas nos proporcionarán muchas pruebas anecdóticas. Las ventas de Nike aumentaron tras el anuncio de Kaepernick; las de Bud Light cayeron tras la promoción de Mulvaney. Encontrar anécdotas que confirmen tu sesgo inicial sobre el asunto es fácil; encontrar estudios desapasionados que sean persuasivos para las personas que no están de acuerdo es imposible.

Pero, dejemos a un lado la cuestión de si la moralina woke es o no rentable; en realidad, esa no es la pregunta correcta. Imaginemos que un director general cree que una campaña publicitaria de woke será rentable. Al fin y al cabo, la publicidad no es una ciencia exacta; si lo fuera, nunca habría campañas publicitarias fallidas. Si un dirigente empresarial cree que será bueno para los beneficios adoptar la moralina woke, ¿qué debería hacer? Parece un poco extraño que la gente argumente que las empresas deben centrarse en los beneficios, pero que una empresa no debe adoptar causas progresistas cuando los directivos creen que será rentable hacerlo.

Todo por el dinero

Pensado así, surge una conclusión curiosa. Si se está convencido de que una empresa que se vuelva woke irá a la quiebra, ¿cuál es el problema con el capitalismo moralista? ¿No desaparecerán las empresas que adopten posiciones progresistas? El verdadero problema para los conservadores se produce si el wokismo es rentable. El verdadero problema es si Rhodes tiene razón, que el Capitalismo Woke no es más que una forma cínica de maximizar los beneficios. Si es rentable, ¿no debería fomentarse?

Pensar en las implicaciones de estas preguntas hace evidente que el debate sobre las Empresas Woke no es más que una guerra de poderes para el debate sobre el mejor conjunto de normas culturales. En una sociedad profundamente dividida sobre esta cuestión, ¿es sorprendente que las empresas se hayan dado cuenta de que unirse a la guerra cultural de forma selectiva puede ser un medio de atraer nuevas ventas? Esta estrategia puede fracasar, pero también puede funcionar. En un mercado libre, toda decisión empresarial conlleva un riesgo; si quiere evitarlo por completo, manténgase fuera del mercado. Sin embargo, si se quiere ganar la guerra cultural, en lugar de quejarse de las empresas que intentan maximizar sus beneficios, sería mejor centrarse en las instituciones morales y culturales.

Oxfam vuelve a hacer de las suyas contra el capitalismo

Len Shackleton. Este artículo fue publicado originalmente en CapX.

¿Qué le pasa a Oxfam? Esta enorme organización benéfica internacional, fundada en 1942 como Comité de Oxford para el Alivio de la Hambruna (Oxfam) para ayudar a los hambrientos ciudadanos de la Grecia ocupada por los nazis, ha realizado durante décadas una excelente labor en el mundo en desarrollo; o lo que ahora debemos llamar el Sur Global. Pero en los últimos años parece haber perdido el rumbo.

Escándalos sexuales y antisemitismo

El comportamiento escandaloso de sus agentes en Haití y Chad, y más tarde en la República Democrática del Congo, y la forma inadecuada en que Oxfam reaccionó ante las denuncias de graves conductas sexuales inapropiadas, intimidación y acoso. En dos ocasiones se ha prohibido temporalmente a la organización optar a fondos de ayuda del gobierno británico. Éstos constituyen una parte importante de sus ingresos.

Ha habido acusaciones de que Oxfam ha sido sistemáticamente anti-israelí, si no directamente antisemita. Y en 2015 su filial belga fue acusada de financiar indirectamente el terrorismo palestino.

Más cerca de nosotros, se ha afirmado que sus tiendas benéficas, que pagan impuestos más bajos y están exentas de IVA, han contribuido al declive de la High Street británica. Y han destruido negocios privados, especialmente en el comercio de libros de segunda mano.

Lenguake woke y anticapitalismo

En marzo de este año, la organización se metió de lleno en la guerra cultural. Publicó un documento de 92 páginas en el que instaba a sus empleados a cambiar palabras como “madre” y “padre” por “progenitor”, más inclusivo. Y a llamar a las futuras madres, “personas que se quedan embarazadas”. Unas semanas más tarde, a este discurso habitual le siguió un extraordinario vídeo en el que se celebraba el Mes del Orgullo. En él, aparecía JK Rowling como una odiosa “Terf”.

Dejando todo esto a un lado, una constante en la personalidad pública de Oxfam desde hace varios años ha sido su gusto por los ataques en toda regla contra el sistema capitalista. Afirma que es una estafa que empobrece a los pobres, una afirmación naturalmente acompañada de demandas de intervención política masiva y niveles confiscatorios de impuestos.

Impuestos a los ricos

Así, cada año, coincidiendo con la reunión de Davos del Foro Económico Mundial, Oxfam publica un informe en el que ataca a los multimillonarios y a las grandes empresas y aboga por una redistribución a una escala sin precedentes. A menudo estas afirmaciones se basan en estadísticas poco fiables y en una mala interpretación de los datos, mientras que las propuestas políticas son ingenuas en extremo.

A estas diatribas anuales se suman de vez en cuando otras de tono similar. La semana pasada vimos un buen ejemplo, cuando Oxfam unió fuerzas con ActionAid para afirmar que 722 grandes empresas obtuvieron más de 1.000 millones de dólares de “beneficios extraordinarios” en 2021 y 2022, mientras que “mil millones de trabajadores de 50 países sufrieron un recorte salarial real de 746.000 millones de dólares” en 2022.

A raíz de esto, Oxfam y ActionAid propusieron un impuesto del 50%-90% sobre estos beneficios extraordinarios para recaudar entre 523.000 y 941.000 millones de dólares. Esta cantidad podría utilizarse para “ayudar a las personas que luchan contra el hambre, el aumento de las facturas energéticas y la pobreza en los países ricos, y para proporcionar cientos de miles de millones de dólares para apoyar a los países del Sur Global”.

Amitabh Behar

El director ejecutivo interino de Oxfam Internacional, Amitabh Behar:

La gente está harta de la codicia de las empresas. Es obsceno que las empresas hayan obtenido miles de millones de dólares en beneficios extraordinarios mientras la gente de todo el mundo lucha por conseguir alimentos suficientes o productos básicos como medicinas y calefacción… unas pocas empresas cada vez más dominantes están monopolizando los mercados y fijando precios por las nubes para llenar los bolsillos de sus ricos accionistas. Las grandes farmacéuticas, los gigantes de la energía y las grandes cadenas de supermercados engordaron descaradamente sus márgenes de beneficios durante la pandemia y la crisis del coste de la vida.

¿Es esto cierto? Casi seguro que no. Un vistazo a la metodología empleada por los autores del informe sugiere que han vuelto a las andadas.

Las trampas de Osfam

Para medir los “beneficios extraordinarios”, comparan los beneficios de 2021 y 2022 con la media de los beneficios de 2017-2020, pero sin ajustarlos a la inflación. En cambio, la caída de los salarios de los trabajadores es una caída en términos reales. Así que no están comparando lo mismo con lo mismo. En cualquier caso, es exagerado suponer que todos los aumentos de beneficios se deben a la subida de precios, sin tener en cuenta la evolución de las ventas y otros factores que determinan los beneficios. No es de extrañar, por ejemplo, que “Big Pharma” -uno de los villanos de pantomima habituales de Oxfam- haya aumentado sus beneficios dada la mayor demanda de vacunas durante y después de Covid.

El mecanismo para recaudar y distribuir los ingresos adicionales que los impuestos propuestos por Oxfam podrían teóricamente recaudar (en la práctica sería mucho, mucho menos) es inexistente. Todo este ejercicio no es más que otro palo con el que golpear al perro capitalista. Sin duda hace que las personas que escriben este tipo de informes se sientan orgullosamente enfadadas. Pero, ¿de qué sirve?

Oxfam depende del capitalismo

En realidad, todo lo que hace Oxfam depende del sistema capitalista. Los alimentos y el agua que distribuye son producidos por alguien con ánimo de lucro. También los vehículos que los distribuyen. También los equipos que utiliza para cavar pozos o construir escuelas.

En algún recóndito lugar del cerebro de la organización benéfica seguramente se reconoce este hecho. En su informe anual, por ejemplo, Oxfam reconoce su asociación con empresas como IKEA y Unilever. Imagino que muchas de estas empresas colaboradoras habrán obtenido algunos de esos “obscenos” beneficios inesperados. Hay que tener la piel gruesa para asociarse con Oxfam. Tal vez se unirían más si la retórica antiempresarial se atenuara un par de grados.

En última instancia, esta retórica, al igual que el comportamiento del personal de la organización, es responsabilidad de los fideicomisarios de Oxfam. Pocos de ellos tienen mucha experiencia empresarial, y los que la tienen tienden a estar en el extremo más apacible de la economía. El Presidente de Oxfam GB también preside Guardian Media, y ocupó un cargo similar en Channel 4. Otros fideicomisarios han trabajado en marketing y publicidad. Otros fideicomisarios han trabajado en marketing, en bufetes de abogados o para otras organizaciones benéficas y organismos sin ánimo de lucro.

Tal vez deberían contratar a algunos administradores que hayan trabajado en las partes más duras de la economía y que tengan una visión más positiva de las empresas que la de los fanáticos de la virtud que parecen constituir una gran proporción de sus empleados.

Ver también

Las trampas de Intermón Oxfam contra los paraísos fiscales (Juan Ramón Rallo)

Oxfam: mentiras sobre autoridad y pobreza (Juan Ramón Rallo)

Camelos Oxfam (Carlos Rodríguez Braun)

Oxfam: la libertad amenaza y la desigualdad mata (Carlos Rodríguez Braun)

Warren Sánchez, ni bien ni mesurado

Warren Sánchez, el hombre que tiene todas las respuestas, perdió casi todos los papeles y los nervios en el debate de Atresmedia del lunes frente a Albertinho Feijoada. En ocasiones, el líder carioca del Partido Popular parecía un sonriente director de una «escola do samba» de Río de Janeiro, contento ante las facilidades que le brindó su rival.

Recuerdo que de adolescente me impresionó el primer cantar de Mio Cid, que leíamos en el bachillerato en mi Buenos Aires natal: «Sospiro mio Çid ca mucho avié grandes cuidados,/fabló mio Çid bien e tan mesurado». No encajaba con un noble héroe luchador, ni eso ni el comienzo: «De los sos ojos tan fuerte mientre lorando». El profesor nos explicaba la historia y el contexto para que apreciáramos la hazaña y la honra.

Los récord de Warren Sánchez

La conducta de Warren fue exactamente la opuesta. No habló bien, ni mucho menos desplegó mesura. Al contrario, se empeñó en interrumpir a Albertinho y en promover el diálogo de sordos, que fue a menudo la discusión. Además de las manidas y absurdas reclamaciones al jefe conservador por ser cómplice de las pérfidas empresas eléctricas y los asquerosos ricos, Sánchez acusó los golpes sobre las devastadoras consecuencias de su legislación supuestamente feminista, y tropezó, por extraño que parezca, justo en el tema que pretendía que fuera o suponía que iba a ser su punto fuerte: la economía.

Ya he apuntado en un vídeo reciente en La Razón que la apuesta de Warren y sus partidarios por la carta económica tiene mucho peligro. En efecto, insistir en que todo va bien gracias al Gobierno, y si hay algo malo es por culpa de Putin, evoca la famosa frase de Groucho Marx: «¿A quién va a creer usted, a mí o a lo que usted ve con sus propios ojos?». Y la gente ve con sus propios ojos su propio empobrecimiento. Ve los impuestos. Ve el paro. En tales circunstancias, y teniendo el récord que ostenta Warren Sánchez de desapego a la verdad, el anunciar que la izquierda logrará en la próxima legislatura el pleno empleo, nada menos, no satisfará ni a los más entusiastas del contubernio Frankenstein.

Antes del debate, ya había bastante inquietud en el PSOE por los resultados de las próximas elecciones. Ahora, lógicamente, hay más.

Una teoría alternativa del ciclo económico

Recientemente, en el último curso del grado de Economía en la Universidad de Cambridge, comenzamos la asignatura de teoría avanzada del ciclo económico. Se basa en comprender, estudiar y analizar matemáticamente las principales características de las diferentes teorías y modelos del ciclo económico. Sin duda, es una asignatura que me ha parecido fascinante y de gran utilidad para comprender el mundo en el que vivimos.

Tal y como nos han explicado multitud de veces, cada teoría del ciclo tiene sus fortalezas y debilidades. Y cada una es más eficiente explicando unos u otros aspectos de la economía. Es por ello por lo que un día en clase me surgió el interés en profundizar algo más en una teoría del ciclo alternativa como es la de la Escuela Austriaca. Tras haber asistido a varias conferencias en el Instituto Juan de Mariana o la URJC y, sin ni siquiera ser yo un férreo austriaco, conocía la teoría algo por encima. Sobre todo en lo relacionado con las principales variables de su modelo y algunas de sus dinámicas.

Teoría austríaca del ciclo económico

Tras profundizar algo más en ella, sin embargo, me he percatado de que, a pesar de que algunos de sus aspectos puedan resultar parcialmente desdeñables desde el punto de vista de la macroeconomía moderna, sin duda muchos otros siguen en vigor y facilitan el entendimiento de muchas de las tendencias económicas que observamos hoy. Es por ello por lo que, en la presente columna, me dispongo a dar algunas pinceladas sobre la teoría austriaca del ciclo económico.

Comenzando por sus orígenes, cabe resaltar que la teoría austriaca del ciclo tiene sus raíces en el trabajo de Böhm-Bawerk. Es uno de los primeros economistas en resaltar las intervenciones de las autoridades monetarias sobre los tipos de interés como causa principal de las recesiones. Durante las fases alcistas, la masa monetaria y el crédito creados a raíz de la liquidez adicional generada por el banco central dispararía los niveles de inversión y consumo por encima de los correspondientes a la tendencia. Ello genera, por lo tanto, una descompensación o desequilibrio entre la capacidad productiva de la economía y los planes de consumo y ahorro intertemporales de los agentes económicos. Dicho desequilibrio sería el que, tras algún tiempo, terminaría causando una recesión que corregiría los excesivos niveles de inversión y endeudamiento y volvería a situar a la economía dentro de sus capacidades productivas reales.

Implicaciones de política monetaria

Tras leer el párrafo anterior, cualquier con unas mínimas nociones de historia del pensamiento económico, habrá podido observar que el pensamiento de los austriacos difería y difiere en gran medida de lo que podríamos considerar el mainstream académico. En este caso, las diferencias son notorias, sobre todo en lo respectivo a las visiones sobre política monetaria. Esta política está en el núcleo de la teoría austriaca del ciclo.

Los austriacos, a este respecto, no solo argumentan que la intervención de los bancos centrales en la economía es la causa primaria de las recesiones, sino que defienden asimismo que las políticas monetarias expansivas (como los tipos cero o el quantitative easing), simplemente contribuyen a postergar en el tiempo los ajustes estructurales necesarios para que la economía vuelva a situarse dentro de su potencial productivo.

En la teoría austriaca, la expansión crediticia generada por el exceso de liquidez introducido en la economía por los bancos centrales durante la fase alcista del ciclo, o como política contracíclica durante una recesión, son la causa motora del desequilibrio en la asignación de recursos productivos en la economía, contribuyendo únicamente a agravar y posponer los ajustes necesarios para retornar a un punto de equilibrio dinámico.

Coordinación intertemporal

Un punto fundamental en la teoría austriaca es la relevancia que se le otorga a la coordinación intertemporal entre las decisiones de producción, ahorro y consumo, siendo (muy en la tradición de Kirzner) las decisiones empresariales agregadas las cuales determinan la asignación intertemporal de recursos productivos, incluyéndose en dichas decisiones la estructura, evolución y utilización del stock de capital disponible.

La clave se encuentra en que dichas decisiones en su conjunto han de ser consistentes intertemporalmente con los planes de consumo de los agentes para que la economía se mantenga en equilibrio en el largo plazo. Para ello, una herramienta esencial en una economía de mercado son los precios, entre los cuales se encuentran los tipos de interés, ya que estos ejercen de señal para la coordinación intertemporal del consumo y la producción, es decir, de la oferta y la demanda.

Los tipos de interés: coordinación o descoordinación

Por su parte, los tipos de interés ejercen como mecanismo de señalización principal en el mercado de fondos prestables, siendo este en el que los agentes ofrecen sus ahorros tras tomar la decisión de posponer su consumo en el tiempo (a cambio de una rentabilidad en formato de tipo de interés) y los emprendedores demandan fondos para inversión (pagando por ello un tipo de interés), generando así producción futura. El precio de equilibrio en dicho mercado sería denominado como tipo de interés natural, Wicksell dixit. En dicho punto de equilibrio, la rentabilidad total percibida por los ahorradores sería igual al incremento de producción futura, posible a raíz de un empleo productivo de dichos ahorros, canalizados a través de proyectos empresariales generadores de valor en el largo plazo.

En todo este proceso, según los austriacos, serían los bancos centrales los principales culpables de la generación de recesiones, por su manipulación de los tipos de interés. Tras una reducción artificial de los tipos de interés, el boom de crédito que se generaría no tendría su raíz en un aumento de la propensión marginal al ahorro o un incremento previo de la oferta de fondos prestables, sino a una transferencia forzada de recursos entre ahorradores e inversores, generando, además, una mayor demanda de crédito para el consumo e inflando de manera artificial la demanda agregada. Parte de dicho incremento de demanda se podría ver satisfecho por aquellas industrias con una mayor elasticidad de oferta, pero no asimismo por aquellas con mayor rigidez en los procesos productivos, lo cual terminaría destruyendo tejido productivo y descompensando la estructura de la economía, conllevando a una recesión.

Reducir la intervención

Si bien es cierto que los austriacos consideran las recesiones económicas como algo inevitable e incluso sano para la economía en un escenario de desequilibrio, también consideran que, en una fase recesiva, una pérdida de confianza inversora y reducción del flujo de crédito por expectativas negativas puede intensificar la tendencia recesiva más allá de lo necesario para la reestructuración del tejido productivo.

Es por ello por lo que algunos austriacos, como era el caso de Hayek, defendían que en un escenario así una mínima intervención en forma de políticas contracíclicas en la economía era aceptable, ya que esto evitaría lo que catalogó como contracción secundaria, escenario en el cual en plena recesión, una mayor preferencia por activos líquidos por parte de los agentes económicos conduciría a un colapso de los niveles de demanda, caída del nivel de precios, y, consecuentemente, un agravamiento de dicha recesión; tal y como ocurrió en la Gran Depresión de los años 30.

En conclusión, tal y como hemos analizado en el presente artículo, la teoría austriaca del ciclo sitúa la creación artificial de liquidez por parte de los bancos centrales como causa nuclear de las crisis económicas, al generar niveles de inversión y consumo superiores al potencial productivo real de la economía. Además, dicha teoría establece que las políticas contracíclicas por parte de los bancos centrales solo contribuyen a atrasar y agravar la recesión, al no permitir que la recesión realice los ajustes estructurales necesarios en la economía para su retorno a un equilibrio dinámico, con la única excepción de la prevención de un escenario de contracción secundaria.