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Algunas cuestiones no disputadas del anarcocapitalismo (LXXVIII): Anarquía y estadísticas

Los recientes debates acaecidos en España sobre el control al que el gobierno quiere someter a los institutos encargados de elaborar y publicar información económica o social, como el Instituto Nacional de Estadística o el Centro de Investigaciones Sociológicas, deberían hacer reabrir el debate que abrió Rothbard hace ya bastantes años sobre el papel que juegan las estadísticas en el funcionamiento de los estados modernos.

En su trabajo Statistics, Achilles’ heel of goverment, Rothbard nos informa de que sin estadísticas un estado moderno no cuenta ni con la información necesaria ni con la legitimidad para actuar y nos advierte de la necesidad de no dar excesiva relevancia a este tipo de datos, pensados fundamentalmente para poder intervenir en la vida social o económica. En un principio, las estadísticas, contras las que a priori no hay nada que objetar, parecen ser benéficos e inofensivos datos sobre las múltiples dimensiones de la vida social, que nos informan de forma objetiva y que dan pie a numerosos titulares de prensa y son objeto de debate tanto en los medios de comunicación como en la vida social. Además, sirven para zanjar discusiones y para refutar de forma tajante argumentos expresados de forma literaria.

Prohibir las estadísticas

El conocimiento estadístico parece ser de una naturaleza superior a los expresados de forma no numérica o formal. Ahí está la clave de su importancia y la razón por la cual el estado intenta controlar su elaboración y su posterior publicación y de ahí también lo pertinente de cuestionarlas desde el punto de vista que inspira estas líneas.

En un coloquio hace años, uno de los ponentes afirmó que el gobernador de Hong Kong en tiempos de la colonia británica había prohibido a su gobierno la elaboración de estadísticas en su territorio. Desconozco si esta decisión se tomó o no finalmente, pues no pude encontrar fuentes que la contrastasen, pero aunque no tuviese lugar, la idea del gobernador es muy sugerente y los resultados de su gestión parecen haber corroborado que se trató de una muy buena idea.

Hong Kong

El gobernador se libró en primer lugar de los conflictos y demandas sociales que acostumbran a derivar de la publicación de este tipo de datos. Los habitantes del territorio no sabían si ganaban más o menos que sus vecinos o de si la renta de su barrio está mejor o pero distribuida que la de otro colindante. Tampoco sabían si los hombres ganaban más o menos que las mujeres, los jóvenes que los viejos o los inmigrantes que los nativos. También desconocían el tamaño medio de sus viviendas o su relativa esperanza de vida, entre otras muchas cosas que desconocían.

Y aun así no pasó nada, pues el país prosperó hasta convertirse con el tiempo en uno de los países más ricos y libres económicamente del mundo. Nuestro gobernador entendió que precisamente al desconocer todos esos datos disminuía el número de agravios potenciales que se podrían dar entre sus habitantes, al tiempo que se eliminaban buena parte de las demandas de intervención pública para supuestamente nivelar los resultados.

De hecho, si lo pensamos bien, cuáles en última instancia el interés de la clase gobernante en conocer todas esas desigualdades relativas, sino el de buscar una legitimación para intervenir y adquirir por consiguiente más poder político con la excusa de intentar equilibrar los indicadores para que aparenten igualdad (porque lo que se quiere igualar es el dato estadístico no las causas que lo originan). A la falta de legitimidad de la intervención en caso de desconocer se le suma la falta de capacidad administrativa para operar sin la información relevante para poder actuar.

Instrumento para la intervención

Los aparatos administrativos modernos precisan para poder operar de infinidad de datos, que obtienen a través de sus agencias o incluso con la colaboración activa de los administrados. Precisan de censos y catastros actualizados y de datos sobre las rentas de la población que obtienen con la colaboración de empresas y ciudadanía. Necesitan de cifras agregadas de paro y de índices de inflación o de desigualdad como el famoso índice de Gini, tan citado en todo tipo de debates políticos o académicos.

Tampoco desdeña por su utilidad elaborar todo tipo de indicadores de consumo para gravarlo con impuestos, de morbilidad para la gestión de sus sistemas de salud o de mortalidad para sus sistemas públicos de pensiones. Por supuesto, también gustan de hacer clasificaciones por edad, sexo y a veces incluso de raza para desmenuzar todo tipo de diferencias entre los humanos que pudiesen ser usados con fines políticos.

Dicho esto no se puede negar que las estadísticas tienen mucha utilidad en una economía de mercado para poder calcular primas de seguro o realizar estudios de mercado. También por supuesto en la ciencia, en la industria o en la ingeniería, pues sin ella muchos cálculos no podrían llevarse a cabo y muchos desarrollos actuales no se habrían dado. No es para nada este texto una crítica a la estadística como ciencia o disciplina de estudio, sino a los usos que de esta se hace de forma análoga las críticas que los austríacos hacen del uso del formalismo en determinados ámbitos de las ciencias políticas y económicas.

Utilidad

Si bien los orígenes de la estadística tienen mucho que ver con la actuación de los estados, como su propio nombre bien indica, esta se ha desarrollado por su cuenta y puede considerarse una disciplina autónoma, válida para usos privados o públicos. Conserva aún ciertos resabios de estatismo, como por ejemplo su uso frecuente del nacionalismo metodológico en sus estudios; esto es, el locus del análisis acostumbra a ser el del típico estado-nación o alguna de sus unidades administrativas.

Así, lo más habitual es en encontrar estudios como por ejemplo el de tasa de accidentes de automóviles de hombres y mujeres en España en el año 2021 o el consumo de alcohol entre la población también española. No tienen nada de malo estos estudios, pero bien pudiera ser que el factor determinante no fuese el de ser español, sino el de ser hombre o joven respectivamente, y esa debería ser el factor explicar que se explicaría mejor con análisis de tipo cualitativo de las razones de esas tasas, pero sin circunscribirlas a un estado en concreto.

Estatismo subyacente

Pero quien encarga o usa esas estadísticas son los estados y las hacen a su imagen y semejanza, con el problema de que no todos los agrupamientos sociales españoles son homogéneos al respecto y la tasa bien poco puede informar sobre una situación concreta. Se identifica en muchas ocasiones a la sociedad con un estado concreto y el problema es que ambos no tienen necesariamente porque coincidir. Pero el hecho es que estas estadísticas contribuyen a crear la conciencia de identidad entre ambas y refuerzan el imaginario estatal, al darle algo parecido a una identidad ontológica. Así, decimos que España crece o decrece o es más igual o desigual que Francia o Portugal, por ejemplo, cuando estas metáforas no son de utilidad para la vida cotidiana.

Y además, como vimos, refuerzan el poder de los estados. Primero, porque refuerzan su imagen de competencia, de disponer de información precisa, actualizada y sobre todo objetiva sobre los diversos fenómenos sociales y económicos. Uno de los principales atributos del poder político contemporáneo derivado y fuente de poder, al mismo tiempo, es su pretensión de objetividad y de que sus datos y estimaciones son ciertos, mientras que los que ofrecen institutos y organizaciones privados son de parte y, por tanto, de menos confianza.

El estado se constituye así como un ente neutral y desinteresado que busca ofrecer la mejor información posible. Una vez establecido este principio de pretendida objetividad, se entienden luego los esfuerzos que los gobiernos llevan a cabo para intentar controlar la dirección de las agencias encargadas de llevar a cabo los cálculos estadísticos o de pilotar el diseño de los distintos indicadores, cambiando las fórmulas si hace falta como estamos viendo en el caso del IPC o las tasas de desempleo en España. Una vez lograda la fama de seriedad y objetividad, el resto viene fácil.

Relatos de opresión y agravio

En segundo lugar, porque las estadísticas pueden generar agravios entre colectivos, pues cualquier diferencia estadística entre colectivos bien explicada puede conducir a un relato de agravio y opresión histórica, con razón o sin ella. Si comparamos colectivos, sean estos los que sean, es muy probable que ofrezcan diferencias que pueden en ocasiones ser sustanciales, pues es casi imposible que dos colectivos escogidos al azar ofrezcan los mismos resultados.

Gordos y flacos, alto o bajos, rubios o morenos, extremeños o riojanos analizados estadísticamente ofrecerán resultados dispares en uno o varios indicadores. Si la diferencia es sustancial o no dependerá del observador, pues, no es a priori fácil definir cuando es relevante o no una diferencia. Pero si estos colectivos parten, a priori, o a posteriori después de obtenidos los datos, de un discurso teórico que explique esta diferencia como algún tipo de opresión o discriminación fácilmente se convertirán en motivo de agravio.

Una vez establecido el agravio y documentado estadísticamente, sólo queda que el estado se ofrezca voluntario a nivelar o equilibrar la situación causante del problema, de tal forma que los índices se adecuen a la situación correcta. ¿Cuál es esta? La que en cada momento determinen los gobernantes de turno. Porque la cuestión de determinar cuál debe ser la situación correcta, por ejemplo el grado de desigualdad salarial aceptable o el nivel de distribución de la renta por percentiles y no existe una tabla o una vara de medir que indique cuál debe ser el número correcto. Esto lo determinará el gobernante. Pero en el proceso el gobierno se hace literalmente dueño de nuestras rentas o de nuestras empresas, de tenerlas, para poder repartirlas a voluntad.

Fuente de legitimación

Esto es, nuestras rentas son nuestras hasta la cantidad que el gobierno determine pertinente (se observa fácilmente en los impuestos progresivos como el IRPF). Lo que se determine como pertinente depende de la voluntad de quien elabora y hace cumplir las leyes fiscales y como es fácilmente constatable a lo largo de la historia, estos parámetros se han modificado sustancialmente según el ideario o los intereses de la clase gobernante, pero justificándose siempre en algún tipo de disfunción social medida por estadísticas. Esta se revela, pues, tanto como el talón de Aquiles como una de sus principales fuentes de legitimación. Es bueno, pues, tenerlo en cuenta antes de aceptarlas acríticamente.

¿Es Kate Forbes víctima de un laicismo agresivo o simplemente una mala política?

William Atkinson. Este artículo ha sido publicado originalmente por CapX.

Una semana en política no es nada de tiempo: la transformación de Kate Forbes de heredera aparente del SNP a aparente inútil ha sido lo suficientemente rápida como para dar un latigazo a una mosca. Desde que el lunes anunció su candidatura al liderazgo, la Secretaria de Finanzas ha visto cómo caía el apoyo de los diputados debido a su postura sin paliativos en una serie de cuestiones sociales. 

Forbes es uno de los cerca de 13.000 miembros de la Iglesia Libre de Escocia. Nunca ha ocultado su fe: en una ocasión declaró a la BBC que “cree en la persona de Jesucristo” con todo su “corazón, alma, mente y fuerza”. Lo que la ha metido en problemas no es que sea creyente, sino que su iglesia tiene puntos de vista sobre cuestiones como el matrimonio homosexual, el aborto y los hijos fuera del matrimonio que no encajan bien con el progresismo de un partido hoy en día tan interesado en posar con una bandera del Orgullo como con la Saltire.  

La sorpresa de que un cristiano declarado pueda tomarse la Biblia en serio recuerda la controversia causada por Jacob Rees-Mogg y Tim Farron en los últimos años cuando se les preguntó por su propia opinión sobre el pecado. Rees-Mogg disgustó a los presentadores de Good Morning Britain al revelar que, como católico, estaba de acuerdo con la doctrina papal sobre el aborto. Farron pasó las elecciones de 2017 acosado por sus opiniones sobre el sexo gay, a pesar de haber votado a favor del matrimonio homosexual. 

Todo esto plantea la pregunta: ¿puede un político cristiano sobrevivir en una era “agresivamente secular”? ¿Es Forbes víctima de la “intolerancia anticristiana”, como sugiere su Iglesia? No es la primera “wee Free” que aspira a liderar el SNP. Gordon Wilson dirigió el partido de 1979 a 1990 sin que su fe fuera un problema. Escocia no legalizó la homosexualidad hasta 1981, y el matrimonio gay hasta 2014. Decir que “no se pueden tener” los puntos de vista de Forbes y “liderar un partido moderno” -como hizo un periodista en Twitter- es algo muy nuevo. 

Sólo el 46% de los británicos se identificaron como cristianos en el último censo, frente al 72% de hace dos décadas. Sólo el 7% de los escoceses acude a la iglesia con regularidad. La mayoría de nosotros entiende cada vez menos de cristianismo. Para quienes toman sus opiniones políticas del último ataque de nervios al otro lado del Atlántico, es fácil caricaturizar a Forbes como Pat Buchanan con gaitas.  

Hay mucho en la tesis de Tom Holland de que el progresismo moderno es la corriente descendente de dos milenios de declarar que los últimos serán los primeros, y todo ese jazz. Aunque la mayoría de los de mi generación se declaran abiertamente laicos, son sinceramente tolerantes y se abstienen del sexo, las drogas y las borracheras por una piedad concienzuda que los cristianos conocen desde hace siglos. De ahí que los jóvenes católicos suelan organizar las mejores fiestas. 

Como ocurre con cualquier fe, hay quienes se toman sus credos más en serio que otros. Si la Iglesia Libre de Escocia se sitúa en un extremo del espectro, los entusiastas de la autoidentificación de género del SNP pueden considerarse en el otro. Pueden profesarse liberales, pero la tolerancia es un fenómeno reciente y poco frecuente. La mayoría de los credos a lo largo de la historia han buscado la victoria total sobre sus enemigos. Para los woke, Forbes debe ser condenado, y expulsado de la carrera por el liderazgo.

Sin duda leeremos versiones del argumento “Lector, es la izquierda woke la que es realmente intolerante” sobre Forbes. Aunque hay algo de cierto en ello -y no tengo nada que ver con los talibanes trans de tartán- no creo que explique del todo las dificultades de Forbes hasta ahora. Tiene algo de Rishi Sunak. No sólo porque nuestro Primer Ministro hindú es también profundamente religioso -tiene una estatua de Ganesh en su escritorio-, sino porque también es una ministra de Economía joven, con talento y que asciende rápidamente, con poca experiencia en la cima de la política. 

Cuando Sunak fue cuestionado el año pasado sobre las finanzas de su esposa, la pregunta obvia era por qué no se había dado cuenta de que su condición de no dominante podría ser un problema. Eso delataba una ingenuidad política fundamental. Del mismo modo, Forbes debe haberse dado cuenta de que su fe provocaría esta línea de preguntas de los periodistas, especialmente después de la reciente controversia de su partido sobre los límites del liberalismo social y la experiencia de Farron. 

Forbes podría haberlo manejado mejor. Eso no significa tener un Alastair Campbell que diga que ella “no hace a Dios”. Tampoco significa suprimir sus propias opiniones religiosas para seguir la línea del partido, como parece que hace su oponente Humza Yousaf, que es musulmán. No tiene que dar al SNP lo que es del SNP y a Dios lo que es de Dios. Pero debería haber tenido preparada una respuesta, y estar preparada para cambiar de tema lo antes posible. 

En defensa de Forbes, ha tenido poco tiempo para prepararse para esta contienda. La dimisión de Sturgeon fue totalmente inesperada, y Forbes ha estado de baja por maternidad durante meses. Y a pesar de los alocados vaivenes de las casas de apuestas, esta debacle no es necesariamente terminal para su candidatura. Según las encuestas, los miembros del SNP son los segundos más conservadores desde el punto de vista social de todos los principales partidos del Reino Unido. Puede que sus compañeros diputados se escandalicen, pero puede que los miembros del partido sean un poco más comprensivos. 

La única conclusión de esta debacle hasta ahora es que la vida es más fácil para un conservador social en un partido de derechas que en uno de izquierdas. Pero si algo positivo se puede sacar de todo este asunto, es que un poco más de cultura religiosa entre nuestra clase política no estaría nada mal. En lugar de imitar a la izquierda estadounidense, que trata cada caso de religión en política como una derivación del caso Roe contra Wade, deberían practicar un poco más la tolerancia que predican. 

Sería ridículo pensar que si un Farron, Rees-Mogg o Forbes llegaran al poder convertirían Gran Bretaña en una Arabia Saudí cristiana. Son los herederos de los paganos, y no van a producir un Juliano el Apóstata a corto plazo. Pero algunas voces religiosas más en la política no estarían mal, especialmente en un país que se precipita hacia los 300.000 abortos al año sin apenas discusión.

Sin duda leeremos versiones del argumento “Lector, es la izquierda woke la que es realmente intolerante” sobre Forbes.

Fiscalidad omnipotente

Una de las consecuencias del Estado del Bienestar, en su cruzada por destruir el Estado de Derecho, es el aumento sin paliativos de la presión fiscal. Desde la Segunda Guerra Mundial, con un brevísimo interregno durante los años 80 y 90, el mundo ha caminado hacia la fiscalidad en prácticamente todos los ámbitos de la vida humana. El impuesto sobre la renta, sin ir más lejos, una medida implantada en Estados Unidos en 1913 como algo temporal, se ha convertido en el principal instrumento recaudador de los Estados, junto con los impuestos sobre los productos.

Pues bien, en el mundo moderno, en el que la fiscalidad ya abarca casi la mitad de lo que producimos, la cuestión sobre en qué se gasta el dinero ha adquirido tintes sobrenaturales. No se recaudan impuestos para mantener la seguridad, pintar los pasos de peatones o construir carreteras, sino que la fiscalidad sustenta un entramado de empresas públicas. Pese a ello, el Estado introduce la competencia del sector privado en la práctica totalidad de sus funciones: seguridad privada, autopistas de peaje, aeropuertos privados, urbanizaciones, etc.

Estatalización de los servicios

El siguiente paso, sobre todo, como decimos, a partir de la Segunda Guerra Mundial, fue que el Estado se hiciera con la gestión de servicios que, tradicionalmente, habían sido provistos por el sector privado a través de contratos voluntarios. Ahí tenemos a Clement Atlee estatalizando los hospitales británicos, aunque un tercio de ellos fuera de gestión privada y financiación voluntaria, especialmente de órdenes religiosas a través de donaciones caritativas. O la educación y las pensiones, originariamente gestionada por sindicatos y mutualidades de trabajadores.

Ahora, ya en el s.XXI, con el Estado gestionando catastróficamente dichos servicios (seguridad social en quiebra, colegios produciendo en serie analfabetos funcionales o interminables listas de espera para un especialista médico o una operación), sumamos una nueva función para el gasto público: el control del medio ambiente.

Chamanes fiscales

De la misma forma que los indígenas precolombinos (no todos) creyeron manejar los designios de la naturaleza a través del sacrificio de seres humanos (no siempre), nuestros actuales gestores políticos (y esto es bastante transversal), abducen poder ordenar sobre el medio ambiente a través de la fiscalidad. Un impuesto a los plásticos, a los carburantes, a la entrada en ciertas calles y, por arte de magia, la reducción de ciertas emisiones haría que el ser humano manejase de forma benigna el clima. No se pide aumentar la fiscalidad, ya más alta que nunca, en favor de mejorar servicios “tradicionalmente” estatales, sino por una nueva forma de gestión: la del planeta en su conjunto.

En este sentido, los ciudadanos parecen haber asumido con regocijo, y a veces hasta con alegría, la posibilidad de que los políticos hayan abdicado de las funciones tradicionalmente asumidas, de los bienes públicos que la teoría neoclásica nos predispone a la gestión estatal, si no a un poco más de función en la vida diaria de los ciudadanos. La consecuencia, desde el punto de vista de la libertad, siempre es negativa. A las restricciones de la vida diaria, normalmente fiscales, se le suman ahora las referidas a la movilidad. Los impuestos verdes tuvieron un enorme auge a comienzos de este siglo, aunque la cuestión sigue adelante, como el reciente impuesto a los plásticos no reutilizables.

La movilidad

Pero en lo que los ayuntamientos parecen haber encontrado un nuevo filón, como decimos, es en la movilidad, especialmente a través del vehículo privado. No es únicamente una manida cuestión de reducción de las emisiones, sino en la reducción de la gestión del tráfico rodado para las corporaciones municipales, algo que facilita enormemente su labor. Esto es, se da la paradoja de que, mientras que se asumen más competencias y restricciones al individuo con la excusa del medio ambiente, los gestores estatales se encuentran con menor cantidad, en este caso de tráfico, que gestionar. Como se aprecia, el aumento de la presión sobre las libertades no es únicamente cuestión de recaudación, sino de reducir los preceptos más básicos del gobierno, por otro lado.

Un ejemplo de justicia sin Estado: la ley gitana

Uno de los temas que mayor controversia genera dentro del mundo anarcocapitalista es como se articularía un sistema de justicia sin Estado. Si bien hay autores que han teorizado sobre el asunto, como el economista Bruce Benson en su obra Justicia sin Estado, o el filósofo Bruno Leoni en La Libertad y la ley, sigue siendo un tema que levanta pasiones y fomenta encarnizados debates entre los libertarios.

Uno de los aspectos más positivos del mundo libertario es que te hace acudir a la historia para intentar responder las preguntas que te formulas, te hace pensar si ha habido ejemplos históricos que otorguen algo de luz a estos problemas. Es por ello por lo que me gustaría plantear si la justicia gitana podría considerarse un tipo de justicia válida en un sistema sin Estado.

Nomadismo

El pueblo gitano tiene mucha presencia en España. No nos detendremos en su historia porque nos tomaría mucho tiempo, sino que nos centraremos de manera exclusiva en cómo se articula su sistema de justicia transnacional. En primer lugar, hay que tener en cuenta que la organización política de los gitanos se ha mantenido anárquica, ya que no cuenta con ningún nivel de centralización en ningún país del mundo, en parte por su carácter nómada, un nomadismo que hace muy difícil que se pueda conformar un Estado centralizado. Más allá de los grupos de parientes y la comunidad más cercana, los gitanos no reconocen ningún tipo de autoridad.

A continuación, vamos a desarrollar la llamada “ley gitana”, conocida como Kriss Romaní o Romaniyá, se trata de un conjunto de normas tradicionales y de instituciones que regulan la aplicación de su derecho interno y que se aplica única y exclusivamente en el terreno de las relaciones entre los romá[1]. La sociedad gitana es patrilineal y patrilocal, la autoridad la encarnan los ancianos, quienes cuentan con prestigio, sabiduría, intachable conducta moral y espíritu de justicia.

Patriarcas

La función de los patriarcas (Sero Romengue) es mediar entre disputas con el objetivo de que se llegue a un consenso entre partes. De entre todos estos ancianos se seleccionan a los más respetados, denominados como Krisnitorya, serán los jueces que encabecen el consejo de ancianos y los últimos responsables de la comunidad. El sistema de elección de estos jueces, salvando la anacronía, se puede asimilar al sistema de cadíes del mundo árabe, en el que tu prestigio como juez depende de tu respetabilidad. La versión femenina de esta figura sería la Phuri Dari, quién se encargaría de los conflictos de mujeres y niños, aunque también puede dar su opinión en el Kriss.

Dentro de esta justicia se tipifican tres tipos de delitos: los que afectan a la persona ofendida y a todo su linaje, los que implican al infractor, pero no a su familia, y los delitos que sólo comprometen a los implicados. En cuanto al primer grupo encontramos tres delitos, tendríamos el juramento en vano, semejable a nuestro delito de injurias o calumnia.  En segundo lugar, la agresión física que es una falta grave pero solucionable, en tercer lugar, tendríamos el homicidio cuya pena es la expulsión o destierro de la kumpania (campamento). En el segundo grupo tendríamos los delitos de carácter sexual, adulterio, abandono del cónyuge… Finalmente, en el tercer grupo tenemos delitos de tipo económico.

Culpabilidad objetiva

Como hemos señalado anteriormente, el sistema de aplicación del derecho es el Kriss, el principio central de la Romaniyá es la “culpabilidad objetiva”, mientras más grave sea el derecho mayor implicación tiene en el grupo parental, aspecto que entraría en conflicto con los principios libertarios. Según Venecer Gómez hay tres criterios que prevalecen en la “ley gitana”, a) un ordenamiento de carácter moral predeterminado por la tradición y generado en función de la correlación armónica de los individuos, b) la inclinación de este ordenamiento hacia la reparación del perjuicio: moral o materialmente, sin un carácter punitivo o vengativo, y c) la desvinculación total entre lo justo o lo legal[2].

Una vez iniciado la Kriss, cada uno de los implicados expone su versión del conflicto, los ancianos tienen como objetivo lograr un acuerdo entre partes, ya que la Romaniyá es de carácter conciliador, basada en principios como el honor, la palabra, la vergüenza y la convivencia pacífica. Se intenta que el acusado acepte su error y lo corrija por su propia voluntad, o en el caso contrario, que asuma el castigo consciente de que lo merece.

Castigo

En cuanto al tipo de sanciones, encontramos cuatro principales, a) simbólica, que consiste en reembolsar los gastos de la Kriss, b) el pago de una multa denominada glaba, c) castigo corporal, que prácticamente ya no se utiliza, y d) el rigate que implica el destierro permanente y declarar al ofensor marimé (contaminado), sería semejable a la pérdida del honor en la Edad Media, es decir, perderlo todo. El marimé no puede tener ningún contacto con su comunidad o su familia. Se puede establecer un marimé temporal en casos de robo y violencia cuyo castigo son trabajos comunitarios, el individuo tiene que trabajar un tiempo indefinido sin salario, con el fin de compensar a la sociedad rom por el daño causado[3].

Estas son las directrices básicas de este sistema de justicia transnacional romaní que lleva funcionando siglos sin Estado. Si bien es cierto que algunas de sus premisas podrían no ser aceptadas por un régimen libertario, otras muchas serían perfectamente compatibles y nos sirve como ejemplo práctico de como sí es posible que exista un sistema judicial sin Estado.


[1] ROJAS, Claudia Andrea y GAMBOA MARTÍNEZ, Juan Carlos. “La Kriss Romaní como sistema jurídico transnacional.” Iconos. Revista de Ciencias Sociales. Num. 31 (2008): pp.43-55.

[2] Gómez, V., 2002, “Prolegómenos sobre la Kriss Romaní o Ley Gitana”, en Encuentros en la diversidad, tomo 2, Ministerio de Cultura, Bogotá.

[3] The Patrin Web Journal (ISSN 1481-3440). Disponible en http://www.geocities.com /paris/5121/patrin.htm.

Entrenar nuestro autocontrol y disminuir nuestra preferencia temporal

La preferencia temporal es uno de los conceptos centrales del pensamiento austriaco. Cuando actuamos tendemos a revelar una serie de constructos subjetivos, como nuestras preferencias sobre los bienes (si consideramos subjetivamente que un bien es más valioso que otro), manifestamos nuestra confianza en los demás, nuestra aversión al riesgo y el grado de preferencia por la satisfacción presente frente a la futura[1].

Preferencia temporal en economía

La preferencia temporal tiene un rol protagonista en muchas explicaciones económicas austriacas, algunas pueden ser:

  • Ajuste de ahorro e inversión: menores tasas de preferencia temporal (menor preferencia por la satisfacción presente) lleva a un aumento del ahorro e inversión en relación con el consumo. Si esta situación se da con precios de mercados, no manipulados ni distorsionados, la inversión se destina a las necesidades más urgentes y los tipos de interés caen como consecuencia de ese mayor ahorro, impactando a su vez sobre la preferencia temporal.
  • Formación del tipo de interés: el TI es la expresión de la preferencia temporal de los agentes. Cuando no valoramos los bienes futuros tanto como los presentes, les aplicamos un descuento temporal, por preferencia temporal y por las preferencias sobre el riesgo y la liquidez. Así, cuando acudimos al mercado con nuestras preferencias individuales sobre el tiempo y el riesgo, el tipo de interés se expresa como un precio de mercado.
  • Ciclo económico: los impuestos, los niveles de rentas, los tipos de interés y la inflación impactan sobre las señales de mercado y la preferencia temporal de los consumidores y empresarios En el caso del ciclo económico, la reducción del TI aumenta el valor presente de los bienes de capital y tiende a aumentar la inversión[2], si, por ejemplo, el TI disminuye a largo plazo, la inversión a largo plazo aumentará. Cuando las disminuciones del TI son artificiales, no requieren que los agentes económicos estén dispuestos a retrasar su consumo presente a cambio de más consumo futuro, de modo que simultáneamente los hogares demandan bienes de consumo duraderos y las empresas demandan bienes de capital que alargan su estructura productiva, y aumenta la deuda a largo plazo financiada con deuda a corto plazo. Esta sobreinversión, unida al descalce de plazos y agravada por el efecto multiplicador de la inversión, encontrará en algún momento límites reales y financieros que se traducirán en inflación y subidas de los IT, dando lugar al conocido ciclo.

Preferencia temporal en política y sociología

La preferencia temporal también desempeña un papel muy importante en explicaciones políticas o sociológicas. Bastos nos lo sintetiza estupendamente en su charla Repercusión del tiempo en la Política y la Economía en la UFM, en la que da una importancia sustancial a la represión del tiempo o a la postergación de las gratificaciones, lo que conductualmente se denomina autocontrol, y que debe complementarse con el adecuado entrenamiento y formación financiera para que se convierta en una ”cultura del tiempo” y constituya una ”clase alta respecto al tiempo”.

Mayor autocontrol implica aplicar un menor descuento por demora, es decir, descontar menor valor a reforzadores o una meta lejana en el tiempo por el simple hecho de estar lejanos en el tiempo (igualdad de condiciones). Por ejemplo, si a un niño se le ofrecen un caramelo en el presente o una bolsa de caramelos al final de la tarde y elije el caramelo presente por impaciencia o impulsividad, esta subjetivamente devaluando mucho la bolsa de caramelos al final de la tarde, al punto que el caramelo presente la supera en valor, de ahí la decisión del niño.

Sin embargo, cuando pasamos de analizar un caramelo que se le da a un niño en la escuela y analizamos el autocontrol, descuento por demora y preferencia temporal vinculados al trabajo, el dinero, el capital, el ahorro y la inversión, los conocimientos económicos del agente resultan ser muy importantes. En estos casos tiene un efecto diferenciador mayor cuando trabajamos y postergamos consumo presente para adquirir bienes de capital como tecnología que aumente nuestra producción o productividad, que cuando simplemente postergamos el consumo presente para obtener bienes de consumo de mayor cantidad o mejor calidad en el futuro.

En consecuencia, la preferencia temporal es una categoría universal, es decir, es característico de la acción humana que cualquier persona que quiera conseguir un resultado, si lo puede conseguir antes, así lo preferirá. Los resultados lejanos en el tiempo, por razones económicas y personales, se descuentan, es decir, si voy a esperar es porque voy a ganar más, de lo contrario no esperaré. El problema es que los que pueden esperar obtienen muchos beneficios y ventajas en la economía, el agricultor que no consume todos sus ingresos como el resto de sus compañeros y ahorra para comprarse un tractor se diferencia mucho de sus semejantes. Surgen las preguntas ¿Es la espera igual para todos? Evidentemente, no. ¿Y se puede entrenar el autocontrol? Sí, puede y debe entrenarse.

Preferencia temporal en psicología

La relación entre el tamaño del reforzador y el descuento por demora no es lineal, algunos sujetos aplican tasas de descuento más radicales, estos sujetos tienen mayores dificultades en el autocontrol y las recompensas remotas les parecerán mucho menos valiosas. Adicionalmente, el autocontrol constituye un aspecto propio de las diferencias individuales o la personalidad y un descuento por demora mayor o más abrupto (menor autocontrol) se asocian con una amplia gama de problemas como participar en relaciones sexuales sin protección o beber demasiado en fiestas; suelen presentarse en adultos jóvenes más que en adultos mayores, en personas con conductas adictivas, menor coeficiente intelectual, menor nivel educativa y menores ingresos. (Domjan, 2016, p. 176-177).

Algunos autores han estudiado el autocontrol es estudios longitudinales. Moffit et al (2011), encontraron que el autocontrol en la niñez predice el éxito y el fracaso (ingresos y prestigio de sus ocupaciones) en la vida adulta, mayor disposición al ahorra y la acumulación de activos financieros, menores problemas financieros en la adultez, una mejor salud (anomalías metabólicas, infecciones de transmisión sexual, recuento de glóbulos blancos, etc), menores tasas de consumo de drogas y conducta criminal.

El autocontrol en las primeras edades predice el éxito y el fracaso en la edad adulta más allá de la inteligencia y la riqueza familiar. Esto puede deberse a su relación con el control de los impulsos, que protege al individuo de situaciones de riesgo, adicciones y conflictos interpersonales. Además, dentro de la economía de mercado, un mayor autocontrol permite a los individuos evitar gastos pequeños y superficiales que ralentizan su movilidad social y, como se mencionaba al principio, les permite realizar mejores inversiones, adquirir bienes de capital, alcanzar un nivel profesional y ascender en el mercado laboral.

Desde la perspectiva de la teoría de juegos, la estrategia cooperativa y el autocontrol plantean dificultades similares. La estrategia cooperativa será la mejor si los demás también cooperan, por lo que, si sospecho que los demás no cooperarán, es poco probable que me pase a ese escenario. Del mismo modo, si no tengo experiencia previa de autocontrol, es decir, no confío en mi yo futuro, el autocontrol no será una buena estrategia para mi yo actual. En resumidas cuentas, si los demás no han cooperado o yo no he mostrado autocontrol antes, ¿por qué voy a esperar que eso cambie en el futuro?[3]

Entrenamiento del autocontrol

Por eso, si queremos mejorar nuestro autocontrol o el de nuestros hijos, debemos entrenarles para que sean capaces de hacerlo. El entrenamiento cumple una triple función: el refuerzo tras la espera establece la asociación positiva (paciencia puede premiar), les permite desarrollar herramientas de autorregulación para hacer frente a la frustración y las experiencias de autocontrol en el pasado les permiten ser capaces de confiar en sí mismos en el futuro (cooperar con su yo futuro).

El entrenamiento es relativamente sencillo:

  • Una forma puede ser exponer al individuo a gratificaciones mayores prolongadas en el tiempo en vez de ofrecerle siempre recompensas inmediatas. En este caso debemos introducir en la medida que podamos recompensas demoradas y posteriormente ofrecerle elegir entre la opción inmediata y demorada.
  • Otro procedimiento efectivo se conoce como ´´moldeamiento´´ e implica que la recompensa se presente inicialmente sin demora, para luego ir introduciendo la demora progresivamente en ensayos posteriores.
  • Otra técnica útil que facilita el autocontrol es la introducción de tareas de distracción durante el aplazamiento. Esto es habitual entre los inversores, que recomiendan que, una vez tomada una decisión, nos centremos en otras cosas para evitar sabotear nuestras inversiones o sufrir ansiedad por las fluctuaciones. Debemos entrenar esta técnica, pero también comprenderla y tratar de generalizarla a diferentes contextos, ya que en muchas situaciones es difícil hacer un seguimiento de una decisión sin afectar de una forma u otra su resultado.

En conclusión, el autocontrol es un componente critico de la socialización y adaptación emocional, es un diferenciador socioeconómico muy importante, pero principalmente, es una herramienta para poder alcanzar nuestros proyectos económico y personales. El autocontrol puede perderse, y por fortuna, también puede adquirirse y recuperarse, su entrenamiento es especialmente útil en niños o personales que han sido expuestos a escenarios económicos como la hiperinflación y su preferencia temporal se ha visto gravemente afectada.


[1] Al hablar de preferencia temporal también podemos decir la preferencia por un bien presente sobre un bien futuro. Pero de igual forma, con ´´bien´´ no nos referimos a propiedades físicas sino a satisfacción. Un mismo bien es una misma satisfacción subjetiva que se compara en el tiempo.

[2] Cuando los tipos de interés son bajos, los inversores pueden obtener una tasa de retorno más baja en sus proyectos de inversión y aun así generar una ganancia. Esto hace que los proyectos de inversión sean más atractivos y, por lo tanto, aumenta el valor presente de los bienes de capital.

[3] Para profundizar: Rachlin, H. (2000). The science of self-control. Harvard University Press.

Experimentando la teoría del control de precios en Cuba

Es indudable que Cuba tiene grandes atractivos turísticos. Se puede visitar La Habana Vieja, bañarse en sus paradisíacas playas o hacer senderismo por Viñales. Pero para un economista, y más si es de la escuela Austriaca, y más aún si está familiarizado con la teoría de control de precios de Mises, Cuba tiene un atractivo adicional, me atrevería a decir que excepcional, que será difícil que pueda experimentar en algún otro país abierto al turismo.

La pista de la experiencia la da la existencia del ministerio de Finanzas y Precios, ubicado en la plaza de Cervantes de La Habana Vieja. En efecto, en Cuba hay controles generalizados de precios, lo cual da una oportunidad única para conocer de primera mano los efectos que Mises predice en su teoría.

Una intervención que provoca más intervención

Rápido recordatorio: Mises razona que, al establecer un precio por debajo del precio de mercado, si el gobierno quiere que efectivamente se cumpla su objetivo (esto es, que la gente pueda adquirir el bien al precio regulado) tendrá que ir ampliando el ámbito de su intervención hasta llegar a regular toda la economía con planificación central. Esto ocurre por etapas, la primera de las cuales son las ventas forzadas, lo que hace que el stock del bien se agote, puesto que la carencia de rentabilidad impide su renovación.

Pero eso lleva al desabastecimiento del bien, puesto que a su vez los productores dejarán de producirlo, a menos que se regulen los precios de los factores productor que requiere el bien a efectos de mantener su rentabilidad. Esta nueva regulación de precios desencadena procesos similares en nuevos bienes y sucesivamente hasta que al gobierno no le queda más remedio que regular todos los precios y todas las cantidades que se producen, con lo que se entra en una planificación central y el caos completo en la economía.   

Cuba: un caso único

En todos los países hay controles de precios, pero sus consecuencias son difíciles de experimentar en el día a día por el ciudadano, puesto que afectan a bienes duraderos y sus efectos tardan en notarse. Por ejemplo, la regulación de precios máximos a que están sometidos los servicios mayoristas de telecomunicaciones en Europa ralentiza los despliegues e innovaciones respecto a otras áreas geográficas, pero tarda en tener efectos directos sobre nuestra actividad. Es posible que la red vaya mal algún día, pero normalmente no lo atribuimos a que se van reduciendo las inversiones en bienes duraderos como consecuencia del control de precios. Si no se quitan estos controles, seguramente en unos años estos malos funcionamientos se generalicen, y echaremos la culpa a que los operadores no invierten, sin reparar en que dejaron de invertir porque había tal control de precios.

Por eso es tan única la experiencia cubana, porque aquí sí están estos controles de precios aplicados a todos los bienes, a los que consumimos cada día y a los que son más duraderos. Y podemos experimentar desabastecimientos, por ejemplo, de huevos o de agua embotellada, cosa casi imposible de vivir en países sin estos controles.

Llenar el depósito por 5 euros…

Empecemos por un primer control de precios, que es básico para el resto del artículo: el gobierno cubano fija el cambio entre la moneda local (peso cubano) y las divisas cuya conversión autoriza. Así, el cambio del Euro está fijado en 120 pesos cubanos. Este “precio” está por debajo del de mercado, que valora el Euro en bastante más (140-160 pesos durante mi estancia). ¿Desaparece la provisión de Euros? No, puesto que se deja funcionar al mercado informal y en éste si se llega al precio libre. Mientras el gobierno cubano no trate de forzar el cumplimiento del tipo regulado de cambio, seguirán fluyendo las divisas, incluido el dólar, cuya utilización está prohibida. O sea, que aunque hay un control de precios, este no es efectivo y no tiene consecuencias para el mercado.

Con este tipo de cambio, ya seremos capaces de analizar la situación de un bien tan preciado como la gasolina, sobre todo para quien está tratando de recorrer la isla en un auto de “renta”. El litro de gasolina especial está fijado en 30 pesos cubanos, que al cambio son 20 céntimos de euro. Sí, relean la frase anterior todas las veces que hagan falta para creérselo. Puedes llenar el depósito por 5 euros.

Si haces la cola

A ese precio, la gasolina está muy por debajo de su valor incluso en términos de poder adquisitivo cubano. ¿Cuál es la consecuencia? Desabastecimiento, colas y racionamiento, y eventual deterioro y abandono de las instalaciones. El número de gasolineras es muy reducido. El conductor pasa al lado de gasolineras sencillamente desmanteladas, otras con los temibles conos y cadenas que informan visualmente de ausencia de combustible, y cuando por fin encuentra alguna con los surtidores abiertos, no necesita verlos para saber que es así, pues la larga cola de vehículos esperando a poner gasolina actuará como heraldo.

Y entonces aparece el racionamiento. Como hay claramente más demanda que oferta al precio regulado, se tienen que implementar criterios adicionales para repartir el combustible existente. A un observador no metido en la vida cubana, el criterio le parece aleatorio,  a definición del empleado: en alguna gasolinera te dejan poner 10 litros, en otras 20, en otras llenarlo y en otras no te dejan a ti, pero a otros sí. Insisto, esto es lo que ocurre en las que tienen, que muchas carecen directamente qué vender.

Este desabastecimiento de gasolina necesariamente tiene efectos directos sobre algo bastante importante para los individuos, como es el transporte, y en particular el transporte público.

Desabastecimiento

Lo ideal para este análisis sería empezar por el precio regulado de tal servicio. Desafortunadamente (a estos efectos) no monté en ningún autobús, por lo que no sé el precio de este medio. Lo que sí sé es que iban llenos a rebosar y, por lo que comentaba la gente, su aparición es completamente imprevisible. Ambas son buenas razones para no encomendarme a su uso para llegar a sitio alguno. Lo que sí utilicé es la “lancheta” de Casablanca, un ferry de pasajeros que cruza la bahía de La Habana. Su precio: 2 pesos cubanos. O sea, ni para cubrir los costes de imprimir el ticket si es que me hubieran dado alguno. Cabe pensar que el precio del autobús público no será mucho mayor.

De ser así, estamos en otro caso de precio muy por debajo de valor y posiblemente del coste de los factores de producción. Y ello explicaría el desabastecimiento evidente que sufre la isla, tanto más acusado conforme uno se separa de La Habana. El primer efecto ya se ha descrito: autobuses llenos a rebosar, y paradas repletas de gente, mejor dicho aceras llenas de gente que uno no sabe muy bien qué están haciendo, en respuesta a la incertidumbre absoluta sobre cuándo pasará el próximo autobús.

Avanzando hacia formas de transporte del siglo XIX

Ya fuera de La Habana, lo que te encuentras es gente a caballo y. esta es buena, carros de caballo ómnibus, como en los albores del siglo XX. Sí, la gente se sube y se baja de los carros, como aquí del autobús o del tren. Si bien los carros pueden cubrir razonablemente el servicio local, ¿qué ocurre con el regional? Aquí los carros no son viables por las distancias y el tiempo que les requiere cubrirlas. Y lo que tenemos es, junto al esporádico e imprevisible autobús, todo tipo de vehículos reconvertidos en transporte de pasajeros. Por supuesto, destacan esos coches americanos de los años 50 que tantas veces hemos visto en fotos de Cuba, pero hay muchas otras alternativas de transporte, entre las que destacan los camiones a cielo abierto, donde los pasajeros van de pie agarrados donde puedan.

Por supuesto, ninguno de estos vehículos presta servicio a precios regulados. Más bien, a tenor de lo que nos comentó alguna pasajera improvisada en nuestro asiento trasero, lo contrario, precios bastante abusivos, sobre todo a la vista del precio que tiene la gasolina.

Deterioro

Si avanzamos aguas arriba en la producción tanto de la gasolina como del transporte público, lo que deberíamos encontrarnos son instalaciones cada vez más deterioradas, puesto que no hay incentivo para reinvertir en una gasolinera o en un autobús con el que apenas somos capaces de recuperar el coste del combustible. Y así es, claro: ya me referí a las gasolineras desmanteladas y no quiero abundar en el estado de los baños de aquellas que estaban operativas. En cuanto a los buses, su grado de destartalado no invita al optimismo sobre la posibilidad real de que concluyan cada uno de los viajes que empiezan.

Más en general, es bien conocido y casi mítico el estado ruinoso de numerosos inmuebles en La Habana Vieja y el Malecón, por referirme a dos sitios turísticos que cabe pensar se cuidarán mejor que los barrios periféricos. No deja de ser una consecuencia más o menos directa de la imposibilidad de obtener rentabilidad de la producción a precios regulados, que impide la reinversión en activos.

Comercio minorista

Ahora tocaría hablar del comercio minorista, y en particular de las tiendas de alimentos. Pero creo que voy a dejar el ejercicio para el avezado lector. Deduzca él a partir de lo que ocurre con gasolina y gasolineras qué puede suceder en las tiendas si el precio de un huevo está fijado en 2,2 pesos cubanos y el del litro de leche en 0,25. Ahora pregúntese cómo saber si una tienda tiene mercancías. Y deduzca por qué, pese a ello, funcionan los restaurantes.

Los anteriores son meros apuntes de una situación bastante caótica, como siempre ha correspondido a los intentos de planificación central. El turista lo observa con curiosidad, incluso científica si es economista; pero cuando vuelve a su país, que aún no “disfruta” del socialismo en la misma medida que el paraíso cubano, el drama en aquella isla sigue. Porque su observación no es más  que otro día de incertidumbre para los cubanos.

El agotamiento de la nueva ola populista

En la región sudamericana todavía persisten los intentos de desestabilizar el orden institucional desde los poderes constituidos y la tentación populista sigue vigente en un contexto donde las instituciones y la democracia como sistema político continúan en desarrollo. La corrupción, la desigualdad económica y social y la inestabilidad política fomentan el advenimiento de movimientos políticos radicales que retornan al poder o lo conquistan basándose en discursos radicales que buscan el desprestigio de la democracia representativa con el objetivo de articular una estrategia hegemónica del poder por el poder.

Sin un programa constitucionalista sólido

Este cambio hacia la izquierda en la región se debe también a un agotamiento de la sociedad en relación con la pandemia del Covid-19 y sus consecuencias en el plano social y económico. La desafección de la gente hacia la política y la crisis del sistema evidenciado en muchos países de la región se agudizaron, lo que produjo un terreno fértil para la aparición y posterior conquista de líderes políticos populistas de viejo cuño, como Lula Da Silva o Luis Arce, y desde el anti-establishment, con Gustavo Petro o Gabriel Boric.

Uno de los problemas consustanciales a esta realidad es la ausencia de un programa político sólido desde la posición que defiende el constitucionalismo y los principios del orden democrático, toda vez que en un contexto de permanente inestabilidad política y económica es necesario ofrecer a la ciudadanía garantías de crecimiento, desarrollo y seguridad, sin caer en las tentaciones demagógicas, sino asumiendo un papel político protagónico en la agenda pública. Eso ocurre cuando se acepta el compromiso de los valores democrático-liberales en la pugna política contra una izquierda que en nombre de la democracia pretende destruirla.

¿Fin de una era?

En este último tiempo hemos asistido a tres golpes duros para la izquierda radical en la región. La sentencia de seis años de prisión por corrupción contra la vicepresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, el fallido golpe de Estado perpetrado por Pedro Castillo en Perú y su posterior destitución, y la contundente victoria del ‘rechazo’ al nuevo texto constitucional ofrecido y promovido por el presidente de Chile, Gabriel Boric. Estos hechos exponen la realidad a la que asiste la izquierda latinoamericana, cada vez más alejada de los cánones que ofrece la democracia y sus instituciones. A ojos de la ciudadanía, estos acontecimientos pueden suponer en el medio plazo una regresión del proyecto internacional del Grupo de Puebla y sus aliados en Europa y el mundo y, por lo tanto, su fracaso.

Los años en que Hugo Chávez asume el poder en Venezuela, coinciden con una bonanza económica (2002 al 2012, aproximadamente) fundamentada en el aumento de los precios de las materias primas y los hidrocarburos. Muchos países de la región sudamericana son productores y exportadores de petróleo y gas y sus derivados, por lo que son beneficiados del contexto económico internacional que se suscita en aquel momento. Este momento también coincide con el arribo de liderazgos fuertes alrededor de proyectos políticos afines a la izquierda, con atisbos regeneradores que se implanta en la región y, en gran medida, de forma colateral a una recesión económica en el continente y frente a un desgaste institucional y político generalizado como consecuencia de la situación económica, los casos de corrupción y las carencias sociales irresueltas.

Un nuevo contexto

El contexto internacional y económico de esta nueva ola populista no es el mismo que la bonanza económica que experimentó la región entre en aquellos años, fundamentada en el aumento de los precios de las materias primas y los hidrocarburos. Los liderazgos caudillistas y potentes de entonces no son los de hoy (recordemos a Hugo Chávez, Fidel Castro y la fuerza que en su día capitalizó Lula Da Silva, de la que hoy carece) y la sintonía entre ellos como proyecto aglutinante, esto es, una estrategia conformada en bloque, como en los primeros quince años de este siglo, no existe.

La comunidad internacional denuesta las figuras de Nicolás Maduro y Daniel Ortega. Los casos de corrupción de Cristina Kirchner, la ‘huida hacia adelante’ de Pedro Castillo y la debilidad en cuanto a un liderazgo más bien extenuado de Lula Da Silva son evidentes. Por lo tanto, su fuerza de un proyecto conjunto hoy es muy limitada.

El fin de la era industrial

Las necesidades en el ámbito de la seguridad evolucionan a medida que cambian las relaciones sociales, los dominios en los que se desenvuelven esas relaciones, las innovaciones en los medios de producción, la propiedad y en las técnicas y tecnologías de ataque y defensa. Un cambio en alguna de estas obliga a reevaluar las necesidades de seguridad, son cambios en la lógica de la violencia.

Paleolítico y neolítico

Así, en el paleolítico, donde apenas teníamos bienes materiales, no era necesaria una organización demasiado elaborada ni tenía sentido especializarse en el empleo de la violencia frente a terceros, pues los bienes que había se deterioraban fácilmente y era más sencillo obtenerlos totalmente nuevos de la naturaleza cuando se necesitasen. Sería suficiente una organización nómada pequeña y evitar rivalizar con otras tribus en el mismo territorio para maximizar la seguridad.

Con el neolítico cambia por completo la lógica de la violencia, porque las personas empiezan a encontrar valor en el hecho de poseer. El desarrollo de la agricultura cambia los incentivos para poseer el territorio, para apropiarse de los frutos del trabajo y a tener utensilios para trabajarla. Esto genera riqueza, pero la hace inmóvil. Por ello, empieza a ser rentable especializarse en la violencia para apropiarse de la riqueza de terceros, y también asociarse para defender la riqueza de los ataques de terceros.

Así es como aparecen las primeras comunidades políticas, donde aquel que es capaz de organizar la defensa y/o el ataque se convierte en el líder, en la Potestad, el poder socialmente reconocido. Y con él aparece la división del trabajo en la violencia frente a otras comunidades políticas: la clase guerrera. También la construcción de murallas para disuadir y defenderse mejor.

Imprenta, pólvora y América

En el momento en el que la imprenta y la pólvora irrumpieron en la Europa del siglo XVI, recién descubierta América, y con Lutero fragmentando la Autoridad de la Iglesia, se hizo necesaria una evolución en las formas de proveer seguridad: el Estado. Al introducir Lutero la crisis de la Autoridad común en la Cristiandad, Europa se cubrió de las guerras de religión, provocando un estado de guerra civil permanente entre católicos y protestantes. La introducción del uso armamentístico de la pólvora mediante arcabuces y mosquetes primero, y con cañones después, alteró la forma tradicional de proveer seguridad mediante fortalezas, castillos y caballería. Y los cientos de miles de grabados críticos de los Lucas Cranach difundiendo las tesis luteranas gracias a la imprenta fueron un ataque más efectivo contra la Iglesia que el de cualquier rey anterior intentando asaltar Roma.

Con el descubrimiento de América la totalidad del globo quedaba asignada a algún poder político. Así las cosas, un monopolio de la violencia, un ejército profesional y homogéneo, junto a una Autoridad vinculada a unos límites territoriales concretos resolvía el problema de proveer seguridad en ese contexto. Esta fórmula exitosa fue el Estado, que era una mejor manera de proveer seguridad en ese contexto de guerra civil europea mediante la idea de soberanía política moderna.

Estado-nación

El Estado es así la forma moderna de organizar el poder político para proveer seguridad. Para ello, necesitan homogeneizar la población a gran escala para facilitar la cooperación y comunicación. Homogeneizan leyes, idiomas, educación, ejércitos, servicios públicos y se empieza la producción en masa para abastecerlos, dando paso a la Era Industrial, donde priman las economías de escala. Homogeneización, producción a escala y eficacia sobre eficiencia eran las leyes por las que se reproducía esta forma política.

Con la Revolución Industrial llegaron las fábricas, que requerían una gran inversión en capital fijo, estaban muy vinculadas a las materias primas de un territorio y eso las hacía muy débiles frente a la extorsión. Los trabajadores vieron muy incrementado su poder de negociación, pues podían paralizar el proceso de producción ocasionando enormes costes. El marxismo fue el relato legitimador de ese cambio de poder de negociación, impulsando el movimiento obrero y mejorando sustancialmente las condiciones de vida de los trabajadores industriales.

Megápolis

El Estado también consiguió un enorme poder de negociación, traducido en impuestos sobre la producción, al ser el encargado de proveer una seguridad eficaz para disfrutar de los beneficios de la producción a escala. También había que proteger las rutas de mercancías, y para ello tenían que ser absolutos en su territorio –soberanos–, debían tener toda la riqueza generada subordinada a su interés.

La necesidad de mano de obra para las fábricas también dio paso al éxodo rural a las grandes ciudades, megápolis, donde la vida tradicional se desvanecía para poner su foco en la producción. El hombre tradicional dejaba paso al hombre masa, al proletario cuyo salario le llegaba justo para mantener a su prole. El proceso ha sido tan profundo que no se quedó ahí, también se ha quedado sin prole, siendo ya un mero individuo tímido e industrioso que mira con temor a lo único que queda frente a él: el Estado.

Internet; bitcoin

Al igual que en ese paso de la Edad Media a la Modernidad, en nuestro tiempo nos encontramos con nuevos dominios, el ciberespacio y el espacio exterior. Las mercancías ya no solo viajan por tierra, mar y aire, ahora lo hacen también por el ciberespacio, y el Estado ya no tiene soberanía allí ni está especializado en proveer seguridad en ese ámbito. Además, la guerra en el ciberespacio es la guerra más asimétrica que hay, un solo ciberdelincuente puede vencer a toda una división de ciberfuncionarios, y el Estado que no tiene capacidad en el espacio exterior dependerá de terceros.

Además, nos encontramos con un cambio en la distribución de la información y del conocimiento que deja a la imprenta como un artilugio de coleccionista: Internet, que provoca una crisis de Autoridad en las instituciones modernas del conocimiento y la información: Universidades, medios de comunicación (televisión, radio y prensa) y el propio Estado. Bitcoin cambia más la lógica de la violencia de lo que lo hicieron las armas de pólvora, al poner un límite patrimonial a la capacidad de expropiación del Estado y permitir hacer un patrimonio portátil, secreto, inconfiscable y transmisible sin censura, supone un salto cuántico en la defensa y el ataque.

Micrópolis

También nos muestra cómo el código de programación es una nueva forma de ordenación superior a la ley estatal. Ahora el Estado ya no es ni eficaz ni eficiente en proveer seguridad, y cada vez su extorsión es más puesta en duda. La producción ya no es a escala, homogénea ni vinculada a un territorio concreto, sino que gracias a internet permite ajustar mucho la oferta a la demanda, haciéndola personalizada y con cada vez más productos y servicios digitales. Esto hace decaer el peso del sector industrial en las economías, y con ello el poder de negociación de los trabajadores.

Todos estos cambios hacen que la forma de organización política y social de la Edad Moderna, el Estado con sus megápolis, sea cada vez más disfuncional para más capas sociales, para los cuales su capacidad de producción de seguridad, es decir, su Potestad, y su Autoridad están más que cuestionadas. Si en la Era Industrial las leyes que la regían eran la producción a escala, la vinculación a materias primas en un territorio y la homogeneización; en la Era de la Información son la aportación de valor en el margen, la facilidad para conectar oferta muy específica agregando la demanda gracias a Internet y la personalización. Parece razonable aplicar estas leyes también al territorio político, pues hacer jurisdicciones personalizadas, Micrópolis, permitiría dirigir una transición de una era a otra realineando los incentivos y evitando la ruptura social.

—¿No es usted algo pesimista? —preguntó con exquisito cuidado la señorita Prim mientras miraba disimuladamente el reloj.

La anciana la contempló en silencio.

— ¿Pesimista? En absoluto, querida mía. ¿Pero qué ha de hacer un centinela, sino dar aviso de lo que observa? No hay centinelas pesimistas u optimistas, Prudencia. Hay centinelas despiertos y centinelas dormidos.

El despertar de la señorita Prim, Natalia Sanmartín

Sólo sí es sí. ¿Es oro todo lo que reluce?

La mentira es un arma revolucionaria

Lenin

Si conoces a tu enemigo y te conoces a ti mismo, no deberías temer el resultado de mil batallas. Si te conoces a ti mismo, pero no a tu enemigo, por cada batalla que ganes sufrirás una derrota

Tsun Tzu

La mayoría de los españoles están convencidos de que el “problema” de la rebajas de condena a agresores sexuales, motivado por la mal llamada ley del “sí es sí”, obedece a la simple inexperiencia (ignorancia, o torpeza jurídica) de los del partido de la Ministra de Igualdad. Algunos incluso avanzarán unos centímetros más: “Que son unos inútiles, sí; pero, sobre todo, soberbios y sectarios, ese es el problema que les llevó a no escuchar a las decenas de voces que, cual canarios alertando de la fuga de grisú, les advirtieron desde los cuatro puntos cardinales”, se atreverán a añadir los más “radicales”.

En el caso de sus socios de gobierno del PSOE, el problema -según nuestros compatriotas-, no es ya sólo la torpeza, que también, sino la ambición, cierta obsesión por el poder, “constatada” -dirán-, en las palabras que Carmen Calvo espetó a Iglesias en la Ser, en las que, sin embargo, simplemente reconocía “respeto a la ministra de Igualdad” a pesar de las “objeciones clarísimas” que, contra dicha ley,  tenían algunos miembros del Gobierno pertenecientes al PSOE (“ves, lo sabían, pero la obsesión por mantenerse en el poder les llevó a tragar”).

Bastaría, sin embargo, con dedicarle quince minutos a la cuestión -sólo quince viendo el video de Juan Ramón Rallo, si lo hacemos a través de los medios tradicionales, ni con mil horas-, para empezar a intuir nuestro error, al menos respecto a los de Podemos, y entender que el origen del supuesto “problema” puede no haber estado en la “torpeza” de nuestra ministra y su equipo: Seguiríamos creyendo que su intención última es loable [reducir la comisión de los delitos de agresión sexual], aunque su método –no siempre confesado- sea poco “ortodoxo”; y es que muchos -podemitas o no- consideran injusto, poco práctico o incluso errado, corregir al “delincuente” a través de la condena penal -lo que llaman “punitivismo”- y creen que lo realmente progresista es alcanzarlo a través de otras alternativas (educación, socialización, “empoderamiento” económico…), mientras se reducen las penas demasiado “agresivas”, aunque no se atrevan a confesarlo tan claramente como nos gustaría.

Con esta interpretación los impulsores de esta ley no serían ya tan tontos -con o sin orejeras sectarias-; serían, simplemente, unos cobardes -equivocados o no- sin valentía para confesar sus poco comprendidos métodos (los del PSOE seguirían siendo cómplices, ya por ideología, ya por practicidad).

Me temo, sin embargo, que en esto, como en otras muchas cosas, estamos siendo demasiado ligeros, inconscientes del sesgo que quizás nos puede y nos confunde una vez más: espontáneamente -o tras hábil y calculada manipulación- tendemos a pensar que la intención que dirige el actuar de los políticos es, generalmente, el bien común, y, como mucho -generalmente sólo con carácter excepcional y en los casos más incomprensibles y groseros- la búsqueda del beneficio personal -normalmente del poder por el poder, o del dinero-. No hay motivo racional y lógico, sin embargo, para que sea así. Generalmente les tomamos por mentirosos en casi todo, menos en las motivaciones últimas que aducen para justificar sus actos; esas sí tendemos a creérnoslas, sobre todo cuando parecen obedecer a lo que nosotros creemos (bien común, poder o dinero). ¿Por qué?

A nadie se le ocurre pensar -salvo a los locos conspiranoicos, por supuesto- que todo pueda ser una farsa; que puede haber otras motivaciones, ocultas y nunca confesadas, difíciles de adivinar por la gente “normal”; que es un error dar por hecho que los demás tienen idénticos fines a los que tenemos -o tendríamos- nosotros; que el mal no es, para muchos, simple ausencia -errada y torpe- de bien. Creo que no hacerlo es un error. Deberíamos plantearnos otras alternativas -por anímicamente duro y mentalmente difícil que sea-, aunque fuera sólo para descartarlas. Muchos llevan diciendo, al menos desde Zapatero, que nos gobierna un puñado de incapaces, sin experiencia ni conocimiento, cegados por su ideología -PSOE-, o de cobardes acomplejados -PP-. Pues para ser tan inútiles, es llamativo que sus supuestamente estúpidas políticas sigan aplicándose décadas después, por los unos y por los otros, en todos los países a la vez, siempre en la misma dirección, sin dejar -ni por un segundo- de seguir “ganando yardas”, aunque sea centímetro a centímetro. “Es el signo -aleatorio y arbitrario: ergo evolutivo fetén- de los tiempos”, se dirá. Todo siempre tan casual…

Decía alguien a quien se tiene por mentor ideológico -e incluso amigo- de Hilary Clinton o de Obama, autor de “Tratado para Radicales. Manual para revolucionarios pragmáticos” -tan caro para muchos izquierdistas, tanto íberos como celtas-, Saúl Alinsky, en la dedicatoria de su libro:

Que se me perdone por tener al menos un reconocimiento para el primer revolucionario: de todas nuestras leyendas, nuestra mitología y nuestra historia (y quién puede saber dónde termina la mitología y dónde empieza la historia, o cuál es cuál), el primer revolucionario conocido por el hombre, aquel que se rebeló contra el poder establecido y lo hizo de manera tan eficaz que pudo al menos ganarse su propio reino: Lucifer.

Saúl Alinsky

(Nota: la página en la que aparece lo anterior ha sido expurgada -no sabemos si por error o simple casualidad- de varias de las versiones que del libro hay en la red en pdf). Se me dirá que esas palabras son mero esnobismo, pedantería propia de un cursi, exabrupto inane de un provocador profesional. Seguramente. Pero, puestos a creer como creemos las motivaciones confesadas por nuestros políticos “de medio pelo”, deberíamos, quizás, darles, con igual actitud, una vuelta también a estas palabras. Por si acaso, digo. A lo mejor empezamos a ver el mundo de otro color… o quizás no.

Hablemos de sexo (y educación)

¿Cómo aprendió lo de los pájaros y las abejas?

Crecí en una familia católica muy tradicional y en la escuela no me daban clases de educación sexual. Pasé ese tiempo en la biblioteca del colegio leyendo una serie de libros que mostraban cómo hacer aviones de papel cada vez más complicados. Así que me perdí todo eso de los pepinos y los condones, pero creo que al final salí bien: Tengo cuatro hijos encantadores y amplios conocimientos de aviación A4.

Educación sexual obligatoria

Sin embargo, para asegurarse de que todos los niños reciben una formación básica en salud, relaciones y educación sexual, el Gobierno hizo obligatorias las dos primeras en todos los colegios, y la educación sexual en secundaria, que se impartirá a partir de septiembre de 2020.

Como se puede imaginar, hubo toda una serie de puntos de vista sobre lo que debe y no debe ser cubierto. Todo lo relacionado con los valores morales es difícil de manejar, dada la diversidad de opiniones en la sociedad.

Se pidió al equipo encargado de la tarea que elaborara algo que suscitara un amplio acuerdo, y el plan de estudios final y las directrices legales para las escuelas son una clase magistral de búsqueda de consenso.

Imposición…

En la actualidad, la enseñanza de estas materias en las escuelas es un tema cada vez más candente. Cada vez son más los padres que se quejan de que a sus hijos se les enseñan cosas con las que no están de acuerdo o de un modo que consideran demasiado explícito para la escuela. Algunos pertenecen a grupos religiosos con creencias especialmente conservadoras en materia de sexo y familia, pero la mayoría no.

Y no es difícil entender por qué están preocupados. Un libro de texto que se utiliza en las escuelas de todo el país aconseja a los profesores que:

Puede ser una buena idea dejar los sentimientos para el final. Aquí se puede hacer hincapié en que el amor y el afecto son a menudo partes importantes del buen sexo, pero no siempre. Para otros, el buen sexo es rápido, duro y anónimo. También puedes explorar el hecho de que algunas personas disfrutan sintiendo dolor durante el sexo, lo que a menudo se conoce como kink o BDSM. Como en todas las prácticas sexuales, lo importante es que el sexo sea consentido y que los miembros de la pareja sepan escuchar y respetar los deseos del otro.

Está dirigido a los adolescentes.

Y ocultación

También parece haber varios casos en los que las escuelas impiden a los padres ver el material utilizado con los alumnos alegando derechos de autor o privacidad. Incluso se ha llevado un caso a la Oficina del Comisario de Información (ICO), donde el regulador falló a favor de que la escuela negara a las familias el acceso a los recursos. Esto equivale a decir que los padres no tienen derecho a saber lo que se enseña a sus hijos.

Si a esto añadimos la preocupación por la forma en que las escuelas tratan las cuestiones de transexualidad con los alumnos sin informar a los padres, el resultado son crecientes peticiones de intervención gubernamental. El año pasado, algunos diputados propusieron enmiendas al proyecto de ley de escuelas (ahora desechado) para reforzar aún más la transparencia de los planes de estudios.

No estaba previsto que fuera así, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Chris Jones, Director de Estrategia Corporativa del Ofsted, lo explica:

Los directores pedían sobre todo información sobre lo que debía o no debía enseñarse a cada edad. A los directores se les dejaba decidir cuándo se debía enseñar algo, pero algunos percibían esto como una falta de apoyo por parte del Departamento de Educación (DfE).

Las orientaciones identifican un requisito mínimo, pero no contemplan ningún tope sobre lo que se puede enseñar a qué edad, por lo que puede haber presiones para ir más allá, lo que puede causar conflictos con algunos padres”.

En manos de activistas

Para que quede claro, el Ministerio de Educación indicó a las escuelas el mínimo que debían cubrir, pero no dónde podían o debían detenerse. Además, introdujo estos requisitos sin tener en cuenta los recursos que las escuelas podían utilizar. Esto dejó a los profesores y a los padres sin saber cuáles eran las obligaciones de las escuelas, y un vacío de recursos que llenaron varias organizaciones activistas que vieron la oportunidad de utilizar las escuelas para impulsar y ganar dinero con su propia agenda.

El miedo al Ofsted (Oficina de Estándares en Educación, Servicios para la Infancia y Habilidades) tampoco ayuda. Las escuelas siempre se preocupan por cómo van a ser juzgadas, y aunque algunas escuelas han tenido malas notas en las inspecciones porque no cubrían lo suficiente con sus hijos, todavía no se ha tirado de ninguna escuela por ir demasiado lejos. La presión va en una sola dirección.

Ofsted dirá que esto se debe a que sólo pueden inspeccionar de acuerdo con la ley y las directrices, y éstas no establecen lo que es “ir demasiado lejos”. Es un argumento razonable. En los casos en los que anteriormente se ha puntuado negativamente a los centros por prácticas que no habían sido explícitamente descartadas por el Departamento de Educación (DfE) -como el inicio temprano de los GCSE por parte de los niños, o la amplitud o profundidad de determinados planes de estudios-, se produjo un revuelo en el sector y tuvieron que dar marcha atrás.

Así que corresponde al DfE resolver las cosas.

Una revisión urgente

La buena noticia es que cuando se estableció la obligatoriedad de la educación sexual, el Ministerio se comprometió a revisar la situación cada tres años.

Pero dada la actual controversia y el hecho de que el departamento ya está trabajando en la orientación para las escuelas sobre cuestiones de transexualidad, los ministros no deberían esperar hasta entonces. Aunque para evitar abrir la caja de Pandora, yo sugeriría que se limitaran a hacer tres cosas.

En primer lugar, encargar una revisión de la práctica de la Educación Sexual y las Relaciones (ESR), con términos de referencia muy específicos que se limiten a definir dónde debe estar el “techo” para cada rango de edad, y qué deben hacer las escuelas para implicar a los padres en la creación, impartición y evaluación de su currículo de ESR.

En segundo lugar, deben aclarar a las escuelas -y, si es necesario, al ICO y a los editores- que los padres tienen el derecho legal de ver, comentar y, si es necesario, compartir los materiales utilizados para el plan de estudios. Si existen impedimentos legales para ello, deberían estudiar la forma de eliminarlos.

El papel de los hogares

Por último, el Ofsted debe explicar cómo utilizará las nuevas orientaciones en sus inspecciones y cómo los padres u otras personas pueden manifestar sus preocupaciones.

La transparencia es casi siempre la mejor manera de eliminar las malas prácticas, promover mejores enfoques y tranquilizar a las personas preocupadas. En última instancia, los niños “pertenecen” a su familia, por lo que la educación sexual y reproductiva debe enfocarse siempre como una colaboración entre el hogar y la escuela.

Y si el Gobierno consigue revisar correctamente la educación sexual, habrá más niños mejor preparados para crecer sanos y salvos, aunque quizá con menos conocimientos sobre cómo hacer aviones de papel, lo cual no es malo.