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Etiqueta: Libertades propiedad y estado de derecho

Un paternalismo perjudicial hacia el inquilino

Desde la dictadura de Primo de Rivera, la historia legislativa española del arriendo para vivienda ha sido un verdadero desastre interventor por tratar de manera paternalista al arrendatario en detrimento del propietario.

La mayor aberración intervencionista se produjo durante el franquismo: hubo fijación de rentas máximas e instauración de viviendas de renta reducida, establecimiento del derecho a la prórroga forzosa a favor sólo del arrendatario y verdaderas dificultades para resolver judicialmente el contrato por parte del propietario. La consecuencia fue que la institución del arriendo quedó definitivamente tocada y, hasta el día de hoy, todavía en España hay escasez severa en la oferta de alquileres para vivienda; se calcula por el Banco de España que en el año 2005 existían más de tres millones de viviendas vacías.

Nuestra actual legislación, pese a mejorar la situación, no protege como debiera al propietario. Tomemos como ejemplo el actual artículo 9 de la LAU que, pese a comenzar proclamando que existe libertad para pactar la duración del contrato, acaba estableciendo un plazo mínimo exigible por el arrendatario de cinco años, reforzado con la imposibilidad de modificarlo por inaplicación de la libertad de pactos en contrario que supone el artículo 6 de la LAU (es decir, libertad condicionada tan a gusto de los partidarios de terceras vías entre libertad e intromisión de los poderes públicos).

Sería deseable que no se fijara por ley una duración mínima del contrato de arrendamiento y se estableciera libertad soberana de lo que acuerden las partes (por meses, años, lustros, décadas…). Pero ya se sabe, el legislador duda de la responsabilidad de los individuos y les da “sabiamente” guías mínimas aplicables para todos los casos.

Asimismo el artículo 21 de la LAU obliga al propietario a conservar la vivienda y, por tanto, a realizar a su costa todas las reparaciones necesarias para su habitabilidad, adjudicándole una obligación que debiera haberse dejado a la libre contratación de dichos términos entre las partes, sin establecer pautas obligatorias.

Además está la crónica dificultad de la recuperación posesoria de la vivienda por parte del propietario cuando el inquilino incumple sus obligaciones contractuales, haciendo del arriendo en España una aventura.

Pese a la reforma de la LEC (Ley 1/2000) y las posteriores reformas en relación con los juicios de desahucio (1,2), sigue habiendo demoras por la carga de trabajo acumulada en los juzgados. Asimismo el propietario, en muchas ocasiones, ve cómo se concede el beneficio de justicia gratuita si es solicitado por el demandado (consiguiendo dilaciones en el procedimiento con claro perjuicio para el arrendador); y cómo el demandado puede echar mano, aunque sólo sea una sola vez, a la enervación del desahucio al permitirle, antes de la celebración de la vista, la terminación del proceso mediante la puesta al día en el pago de sus rentas (existencia de cierta inseguridad jurídica para el demandante) que implicaría, además, la imposición de costas al propietario en caso de llevarse a cabo justo antes de que se le notifique la demanda al inquilino moroso. La historia no acaba todavía si se celebra juicio y el demandado termina interponiendo un recursos de apelación, debiendo el propietario esperar a que se resuelva para recuperar la posesión de lo que es suyo.

El via crucis del arrendador no ha concluido aún: una legislación excesivamente garantista con el infractor de los derechos de la propiedad impide una protección adecuada del arrendador frente a su inquilino demandado cuando este último se entretiene, por ejemplo, destrozando la vivienda antes de que se proceda a su lanzamiento.

Todas estas intenciones proteccionistas del legislador por favorecer al inquilino acaban por perjudicarle. Por la sencilla razón de que el propietario que estuviera dudando entre alquilar o no su propiedad, lo normal es que acabe por no hacerlo o pida unos avales bancarios inaccesibles para muchos de los que tienen verdadera necesidad de arrendar una vivienda.

Es deseable que el derecho defienda decididamente la propiedad, el libre desarrollo de la libertad de pactos y la eficaz recuperación de la posesión por parte del propietario ante incumplimientos contractuales del arrendatario. Con un número mayor de ofertas de alquiler todos saldríamos ganando, tanto propietarios como inquilinos.

Por desgracia, frente a estas deficiencias, las iniciativas del actual legislador parece que van justo en el sentido opuesto a lo anteriormente planteado: mantener el espíritu de la LAU y la LEC, mayor control de los arriendos para gravarlos fiscalmente, creación de una sociedad pública de alquileres, aprobar iniciativas legislativas de expropiación temporal de viviendas vacías para ser alquiladas por la administración, considerar a los okupas como una suerte de cultura urbana…

Todos salimos perdiendo. Ante las interferencias legislativas y la falta de protección integral de la propiedad privada, la realidad nos hablará siempre de escasez de viviendas en alquiler mientras no exista un entorno jurídico favorable que incentive a los propietarios a desprenderse voluntariamente de su posesión.

El Gobierno inflexible de Zapatero

Nadie con un mínimo de sentido común puede esperar del Gobierno que arregle la pobreza ni los problemas del mundo. Los países que han querido cumplir tales proezas siempre han acabado estando entre los más miserables de la Tierra: la URSS, Cuba o Corea del Norte son los ejemplos más visibles. ¿Qué nos hace pensar que este Gobierno es más sensato que todos los demás?

La única forma en la que actúan los Gobiernos es mediante las restricciones y el uso de la fuerza, el mandato absoluto e irrefutable, no habido excepción jamás. El gran problema es que las medidas de represión sólo funcionan, cuando lo hacen, al principio; después, el agente económico se habitúa a ellas o las esquiva como puede.

El carné por puntos es un ejemplo. Al principio indignó a mucha gente, pero ahora forma parte del paisaje. Los conductores se van acostumbrando a él y consideran un mal menor que les quiten puntos; es preferible a no coger el coche. Ante este cambio en los hábitos, el Gobierno no aprende y pretende fiscalizar aún más al hombre libre con más represión. Ahora Zapatero pretende endurecer las medidas en las carreteras secundarias, aumentar los radares y tramitar de forma automática todas las multas para poder cobrarlas de inmediato.

La nueva decisión del Gobierno podrá funcionar durante las primeras sanciones, pero luego las personas no acatarán las órdenes del dictador social, sino que intentarán esquivarlas o tomarán las sanciones como un mal menor. Tal y como ha sucedido con el carné por puntos, son preferibles a abandonar el coche. Y cuando esto ocurra, el Gobierno dará otra vuelta de tuerca y después otra, y otra. Al final, tal vez en unos años, el Estado nos obligará a colocar un distintivo en nuestro vehículo con un número que indicará el único día del mes en que podemos usar nuestro coche.

¿Le parece exagerado? Hace diez años era impensable que el Gobierno llegase donde lo ha hecho en la guerra contra el tabaco. La propia Elena Salgado ha reconocido en alguna ocasión que el objetivo es prohibirlo, pero que no se puede hacer de golpe. También era impensable que el Estado pudiese expropiar las viviendas de la gente si no las "usaba", y la tendencia va por ahí. En las listas de prohibiciones también está restringir los refrescos, alcohol o la bollería industrial, entre otros. Sanidad ha perdido algunas batallas, pero no la guerra. Lo que antes a muchos les parecía una intromisión inadmisible del Gobierno, ahora se empieza a ver como algo normal y en el futuro parecerá incluso necesaria. Lo podemos ver más claro con la libertad de armas y drogas. Hasta el siglo XX no existía en la mayoría de países ninguna guerra contra estos productos. Cuando empezaron, a muchos les pareció una medida inadmisible. Ahora, ya todos lo ven como necesario pese a que tales prohibiciones sólo causan más crimen e inseguridad.

Las medidas para "preservar el medio ambiente" van a ir en la misma dirección. Subirán impuestos a empresas, prohibirán productos, harán subir los costes y las multas aumentarán. Las empresas y particulares no cederán fácilmente a la extorsión del Gobierno y éste, en su divina visión, aumentará más las sanciones y la intransigencia.

Piensa Zapatero combatir la pobreza con más pobreza. Puede subvencionar a su electorado con dinero de los demás tanto como quiera, pero eso sólo le hará ganar votos, no aumentar nuestro bienestar. Y es que, en definitiva, cuando un político se muestra intransigente con temas que en realidad son externos a las funciones básicas del Gobierno, sólo quiere decir que será un Gobierno intransigente y tiránico.

La importancia de la propiedad

El derecho de la propiedad es un fenómeno tan antiguo como la mismísima humanidad. La relación entre propietario y bien surgió de forma natural en los albores de la historia. Es tal la importancia que adquirió desde sus orígenes que aparece protegida en los primeros códigos legales de los que tenemos conocimiento.

Como afirmaba León XIII en la encíclica Rerum Novarum, “poseer bienes en privado, […] es derecho natural del hombre, y usar de este derecho, sobre todo en la sociedad de la vida, no sólo es lícito, sino incluso necesario en absoluto”. La necesidad de este derecho es tal que sin éste, por ejemplo, no sería posible calcular ningún coste, ni la retribución que se le ha de pagar a una persona para desempeñar su trabajo. El desarrollo que ha experimentado el ser humano sería impensable si este derecho no existiese, y es que el ahorro es imposible sin propiedad.

No obstante, si existe un derecho que suele ser continuamente atacado y despreciado es éste. Los que más se oponen al mismo suelen basar su argumentación en que se trata del origen último de la miseria de muchas personas. Y en efecto es así, pero por razones totalmente opuestas a las que creen los que demonizan y tratan de minusvalorar el derecho de la propiedad.

Al comparar la situación económica entre los distintos países del mundo es casi inevitable preguntarse las razones por la que son tan dispares. Tradicionalmente se solía explicar esta diferencia por la distribución de las materias primas a nivel mundial. Sin embargo esta explicación dejó de tener sentido al comprobarse que países muy desarrollados podían existir en zonas de baja concentración de recursos. Posteriormente se acudió a la teoría de la explotación internacional entre los países. Según esta teoría los países pobres se encontraban en esta situación porque habían sido colonia de los países ricos. Una vez que obtuvieron su independencia partieron desde una situación de desventaja al haber quedado toda la industria en la antigua metrópoli. Esta teoría cayó por su propio peso cuando se comprobó que países en principio poco desarrollados económicamente experimentaban un desarrollo espectacular, mientras que otros que llevaban varias décadas más siendo independientes y que gozaban de una situación de partida más elevada, seguían al cabo de los años con una renta muy inferior al de las antiguas metrópolis.

Si tratamos de obtener características comunes en los países de menor riqueza económica, nos encontramos con una fundamental: la inseguridad jurídica de las propiedades de los ciudadanos más pobres. El proceso legal para adquirir y defender una propiedad frente a terceros es tan engorroso en dichos países que sólo los ciudadanos más pudientes, que pueden contratar los servicios de grandes asesores y que gozan de grandes contactos con sus respectivas administraciones públicas, pueden completarlo con ciertas garantías. Para el resto de los ciudadanos, la seguridad jurídica es nula. Así, tienen que adquirir sus viviendas, negocios, vehículos, etc., sin ninguna garantía de que el día de mañana sus derechos de propiedad puedan prevalecer frente a terceros. Los complejos procesos burocráticos son poco menos que de imposible acceso para la población en general.

Así, en estos países, la mayor parte de los ciudadanos compran y venden bienes cuya propiedad es, o bien desconocida o bien negada por sus administraciones públicas. En dicha situación el ahorro para los pequeños emprendedores se vuelve imposible. Poca gente se atreve a mejorar su negocio, cuando la propiedad de éste puede ser revocada por el Estado en cualquier momento. Además se encuentran con la dificultad añadida de que les resulta prácticamente imposible acudir a los mercados financieros, ya que no disponen de ninguna garantía que ofrecer al banco para obtener préstamos, al no ser reconocido oficialmente sus derechos de propiedad.

Es por ello que la debilidad de los derechos de propiedad se convierte en el principal obstáculo al que se enfrentan los ciudadanos pobres de los tradicionalmente denominados países subdesarrollados. El coste de este no reconocimiento de los derechos de propiedad ha sido tratado ampliamente por Hernando de Soto, que da ejemplos escalofriantes, como el hecho de que en Haití se necesiten cumplimentar 65 trámites legales, lo que suele abarcar un periodo de dos años, simplemente para obtener un permiso para arrendar un terreno público por un periodo de cinco años.

Por tanto el derecho a la propiedad no es la causa de la pobreza de muchos seres humanos. Es justo al revés: su negación es la que motiva que éstos no puedan beneficiarse del fruto de su trabajo. La propiedad es una herramienta esencial para que los ciudadanos puedan ver el resultado del trabajo que desempeñan y que éste se materialice en forma de inversión, plasmándose en diversas adquisiciones que queden, con seguridad, en las manos de estos pequeños emprendedores.

El PSOE quiere a la SGAE como censora

Ya resultó alarmante que los primeros borradores de la propuesta de ley que reforma la LSSI, la Ley de Impulso (je) a la Sociedad de la Información (LISI), se autorizara a "órganos competentes" sin especificar a cerrar y bloquear el acceso a páginas web, una función que finalmente la LSSI del PP dejó en manos de los jueces, como no podía ser de otra forma. Cualquier alcalde podría pedir que cerraran un blog molesto. Cualquier monclovita con ánimos de censor –Moraleda, por ejemplo– podría cerrar Libertad Digital.

Sin embargo, todo es susceptible de empeorar. El último borrador especifica que con "órganos competentes" se refieren a la SGAE y demás entidades de derechos de autor. Los proveedores de servicios de Internet deberán obedecer las órdenes de Teddy Bautista cuando solicite no ya el cierre de un sitio web, sino incluso la desconexión de un usuario de Internet por hacer uso de las redes P2P.

No cabe duda de que la creación de la plataforma Todos contra el canon y su éxito en la recogida de más de un millón de firmas ha preocupado mucho al Gobierno. Es un asunto sobre el que los ciudadanos, sea cual sea su adscripción política, están de acuerdo. Ya se sabe que para Zapatero y los suyos lo único más importante que ofrecerles regalos a titiriteros y nacionalistas es ganar las elecciones. De modo que Clos y la Camarada Carmen Calvo Poyatos están haciendo el paripé de que no logran ponerse de acuerdo y posponiendo la decisión de cuánto y en qué productos se nos obligará a pagar el diezmo más allá de lo que permite la ley. Seguramente nos enteraremos del monto que habremos de pagar sumisamente a la SGAE  el 28 de mayo por la mañana, bien tempranito.

Así pues, si esta propuesta provoca el escándalo que merece, es posible, puede que incluso probable, que jamás se apruebe la ley en el estado en el que está ahora. Quizá se corrija incluso antes de llegar al Consejo de Ministros. Pero ya resulta significativo que hayan llegado a pensar en imponer algo así. Parece claro que la libertad en Internet molesta al PSOE y al Gobierno; no dudan en hacer propuestas más dignas de Cuba, Irán o China que de un país democrático. Que, ahora que lo pienso, son tres de nuestras amistades más cercanas desde que Moratinos y ZP dirigen nuestra política exterior. Al final, todo encaja.

El sueño americano sigue vivo

"… Que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad". La Declaración de Independencia de los Estados Unidos dice, nada menos, que estas verdades son evidentes. La sonoridad de la frase ha retumbado en las mentes y en los corazones de los estadounidenses durante generaciones, y han hecho suyas esas palabras. Pero como son un pueblo práctico, las han llevado a cabo con denuedo. Han buscado su propia felicidad, han labrado su prosperidad en una sociedad que, por libre, les ofrecía todas las oportunidades de conseguir lo que querían. Cualquier persona con la suficiente iniciativa y perspicacia, con trabajo duro y contención en el consumo, podía convertirse en una persona adinerada. Es el sueño americano.

Desde una perspectiva socialista, el sueño americano resulta una amenaza. Si, en principio, cualquier persona puede labrarse un buen futuro para sí y su familia sin más que someterse a las normas del sistema capitalista (perspicacia empresarial, trabajo, ahorro, cumplimiento de los contratos y de la palabra dada, etc.), ¿para qué queremos el socialismo? Si sólo tenemos que mirar a nuestro entorno para ver que ese sueño se cumple a diario, ¿por qué contentarnos con el socialismo, que al fin y al cabo es una eterna promesa de un esplendoroso futuro que nunca llega? Si todos podemos burlar a la diosa Fortuna y coger por nuestra mano, por nuestra voluntad y nuestro empeño, al menos retazos de nuestros sueños, ¿dónde está la injusticia de las sociedades libres?

El socialismo tiene la ventaja de que la realidad no le importa, porque quiere sustituirla por otra cosa, de modo que no ve ningún problema en negarla. Y se ha esforzado en negar que el sueño americano se cumple. Pero la realidad es tozuda, y quienes no tengan miedo de encontrarse con ella podrán ver que, aún hoy, el derecho de todo hombre de procurarse su felicidad tiene en los Estados Unidos un refrendo permanente.

¿Estamos atados a nuestra condición económica como los siervos de la gleba a la tierra que cultivan? ¿Los ricos son ricos porque una vez instalados en la abundancia no hay quien les mueva? Una encuesta elaborada por la consultora TNS Financial Services revela que el 80% de los millonarios estadounidenses (quienes tienen un patrimonio de un millón de dólares o más) han conseguido su fortuna en una sola generación. Es decir, que la han creado ellos mismos; no la ha heredado. Tampoco es un fenómeno nuevo. Los mayores expertos en Estados Unidos sobre los millonarios, Thomas Stanley y William Danko, se refieren a un estudio de 1892 que encuentra que el 84% de los millonarios de entonces han alcanzado su fortuna sin herencia previa.

Tampoco es necesario alcanzar una fortuna de un millón de dólares para ser feliz, ni cualquier progreso es vano si no se alcanzan tales cotas. Un estudio que abarcaba la evolución de las rentas en Estados Unidos tomando una muestra de 1975 a 1991 revelaba que si se dividía a la gente por grupos de niveles de renta, lo que se obtenía era aproximadamente la misma división por grupos de edad. Es decir, que las rentas más bajas corresponden a las edades más tempranas y las mayores a las más avanzadas. Y simplemente para evitar la pobreza (teniendo en cuenta que la pobreza de verdad apenas si existe en Estados Unidos) hay que seguir normas muy sencillas, como "terminar el instituto, no tener niños hasta haberse casado y esperar al menos hasta los 20 para casarse".

Sí, en Estados Unidos no sólo tienen el derecho de buscar su propia felicidad, sino que aún cuentan con una sociedad que lo permite.

Las Damas de Castro

A Fidel Castro le salieron rana las mujeres. Obviando su historia personal, ausente casi por completo de féminas (madre tiene), al dictador le han salido protestonas sus mujeres. No suyas por propiedad y aún menos por afecto, suyas porque se dirigen contra él y la maquinaria represora que orquesta y perpetúa. Son las Damas de Blanco, que siguen, después de cuatro años, reclamando que les devuelvan a sus hombres, a Los 75, detenidos en la primavera del 2003 por discrepar, encarcelados bajo cargos falseados, supuestas conspiraciones y delitos inexistentes.

A ellas dedica Juan Ramón Rallo una entrada en su bitácora. A través del relato de un cubano que firma como Timmy, el lector se ve transportado a un mundo alejado de las historias de película sobre la resistencia, un mundo real, en el que el protagonista es un tipo del montón, que se siente culpable por sobrevivir como puede. Para Timmy, la diferencia entre ellos, víctimas durante demasiado tiempo de una dictadura comunista, y nosotros, víctimas de un Estado que nos seduce para dominarnos, a golpe de subvención y tráfico de influencias, es clara cuando habla de los periodistas extranjeros:

Sólo los protege un frágil mandamiento de los gobiernos "No dañarás al vasallo de otro". Y su propio gobierno, por torpe y que repugnante que pueda verse, suscribe el mandamiento: "Cuidarás de tus vasallos". A diferencia del ¿nuestro? que sigue una variante distinta y más simple: "Harás daño".

Mucho daño. No solamente miseria económica, sino también aniquilamiento de la justicia y la libertad. Como se explica en la página web de las Damas, las sentencias de veinte años de privación de la libertad son dignas de ser leídas para calibrar el atropello. Los delitos son una nube de humo: "Según el gobierno, los opositores participaban en las ‘provocaciones’ y actividades ‘subversivas’ lideradas por el jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba, James Cason. Sin embargo, la mayoría de los encarcelados no habían visitado nunca esa delegación diplomática, ni mucho menos conocido al señor Cason."

La cosa se agrava porque los presos de conciencia, por rechazar visitas de todo tipo y parte de su comida son represaliados dentro de las propias cárceles, donde la vida es ya un infierno: "las condiciones son –para todos los presos, no sólo para los presos de conciencia– infrahumanas: falta de higiene, escasos y malos alimentos, falta de espacio, abusos e incomunicación. Esta situación es difícil de combatir dado que, además, la observación de la situación de los derechos humanos en las cárceles cubanas no está permitida como actividad legítima, sino que es considerada ‘traición a la patria’ o un ‘atentado a la soberanía cubana’."

Timmy, quien publica sus reflexiones tras entrevistar a Laura Pollán, una de las Damas de Blanco, no es uno de Los 75. Es otra víctima de Castro, como cada cubano, incluidos los que no son tan conscientes de los abusos y tropelías del dictador y sus secuaces. Su seudónimo corresponde a un personaje de South Park, inválido, que sólo es capaz de pronunciar su nombre y el de su mascota. Refleja la realidad: la impotencia, la parálisis colectiva ante el abuso de la cúpula de poder y quienes tienen su favor.

No solamente están los muertos de Castro a sus espaldas, más de 100.000, también es responsable de las denigrantes acciones de quienes desprestigian la autoridad y la ley. La Policía viola niñas cubanas en los registros, algunas de las cuales terminan de jineteras, los hombres y mujeres de bien son represaliados y apartados de su puesto de trabajo, los estudiantes son expulsados de la universidad para impedirles el acceso a la formación y que sólo puedan conseguir trabajos sin cualificación. Mantener desarmado y mísero al pueblo es la mejor manera de alargar la barbarie. No hay más mercado que el ilegal. En esas condiciones la libre expresión implica el encarcelamiento, pero no como preso político, lo cual salvaría la honra del detenido, sino como un vulgar delincuente; te acusan de fraude y robo a tus compatriotas. Nadie habla de eso. Ellos no pueden. Nosotros miramos al techo. Terrible.

Tan terrible como la actitud del gobierno español de gira por la isla de la libertad. La semana pasada dos senadoras españolas recibieron a mujeres pro-régimen, que viajan por el mundo para denunciar el encarcelamiento de sus familiares (nuevos héroes de la revolución castrista) como terroristas en Estados Unidos. Tanto la vicepresidenta primera de la Comisión para Asuntos Iberoamericanos, Rafaela Fuentes, como la presidenta de la Comisión de Trabajo y Asuntos Sociales del Senado, y vocal de la Comisión de Asuntos Exteriores, Lentxu Rubial, hija del primer lehendakari pre-autonómico y vicepresidenta de la fundación Ramón Rubial que, entre otras cosas, atiende a presos españoles en el mundo, han sido las amables anfitrionas de las castristas. A diferencia de los familiares de las Damas de Blanco o de Timmy, que no han hecho nada, los héroes castristas se habían infiltrado en organizaciones "terroristas" asentadas en Miami que supuestamente ejecutan acciones criminales contra Cuba, incluida la colocación de bombas. ¿Le suena a chino? A mí también. Tiene tanto sabor a mentira como la información aparecida en el diario oficial castrista en la que se acusa a fundaciones benéficas y ONG’s de ser una plataforma terrorista a sueldo de los Estados Unidos, o como la propaganda que eventualmente aparece en la Agencia Cubana de Noticias atacando a la actual oposición, uno de cuyos miembros, Jorge Moragas ya no puede volver a Cuba. Organizaciones tan "peligrosas" como Reporteros Sin Fronteras, desde cuya página web alientan a agencias de todo el mundo para que apadrinen un periodista cubano encarcelado y no caiga en el olvido.

Terrible y vergonzoso. Tan vergonzoso como el acuerdo al que han llegado Joseba Azkarraga, consejero de Justicia, Empleo y Seguridad Social del País Vasco y María Esther Reus, ministra de Justicia de la nación caribeña. Según EFE, la agenda de la visita a Cuba de los representantes vascos con nuestro dinero, incluye varias sesiones de trabajo con el Tribunal Supremo Popular, con el cual esa Comunidad Autónoma tiene suscrito un acuerdo de colaboración. Las Damas de Blanco deben estar muy contentas al saber que el órgano represor que ha encarcelado a sus familiares va a funcionar asesorado por el Gobierno del País Vasco, lo que dará una mayor agilidad y eficiencia en su funcionamiento. ¿Se condenará ahora más rápidamente a inocentes, para celebrar el cuarto aniversario de la Primavera Negra de La Habana? Mientras tanto, ellas piden a Miguel Ángel Moratinos que no mire a otro lado, que las reciba.

Lo que denuncian Timmy y las Damas de Blanco con su día a día, con su persistencia silenciosa, es tan denigrante como el artículo de Carlos Carnicero a raíz de la visita de nuestro Ministro de Asuntos Exteriores a Cuba, pagado con los impuestos de todos los españoles. El periodista, conocido "experto en Latinoamérica, nacionalismo vasco, terrorismo de ETA o la cuestión palestina" declara sin pudor alguno: "En Cuba oigo el himno nacional y veo izar la bandera y no siento amenaza sino proximidad porque tengo la certeza de que dentro de veinte años seguirán las cosas igual si el enemigo, que siempre es exterior, no progresa."

Timmy no se "siente" amenazado en Cuba, vive amenazado, él y su familia, tanto como para ocultar su identidad. Las Damas de Blanco están amenazadas, y Los 75 padecen en sus carnes las amenazas del régimen del dictador Castro. Las palabras del periodista español me hacen enrojecer de vergüenza. Si Carnicero siente tanta proximidad con Cuba, debería irse a vivir allí; probablemente él disfrute de los mismos gustos que Castro y tenga tanta facilidad para acceder a esos placeres como el animal que rige los destinos de los cubanos que son, en su propia tierra, sospechosos en libertad condicional, como dice Timmy.

No se lo he contado, pero el personaje de South Park a veces es capaz de balbucear una frase: A World of Lies.

Sobre la adopción (II)

Hace unos meses escribí un artículo en torno a la adopción cuyas conclusiones levantaron un poco de polvareda. En el debate posterior se plantearon interesantes contra-argumentos y me gustaría revisitar el tema a la luz de estas réplicas y ulteriores reflexiones.

Entonces argüí que los padres tienen un derecho de tutela sobre sus hijos, un derecho a decidir con respecto a su desenvolvimiento en tanto el menor no pueda decidir por sí mismo. El papel de los padres es el de curador. El niño no es propiedad suya, es un sujeto de derecho, y en este sentido no puede ser víctima de maltrato o abusos. Pero en tanto carezca de autonomía y capacidad de elección forzosamente otros tendrán que decidir en su lugar. La pregunta es quién.

A la hora de asignar o identificar derechos, desde un punto de vista liberal, cabe hacerse dos preguntas: ¿es el elemento en cuestión susceptible de ser objeto de derecho? ¿Quién tiene el mejor título de reclamación sobre ese elemento? En el caso de las personas, ambas preguntas nos llevan a la auto-propiedad (derecho a decidir con respecto a nuestra propia persona). En el caso de los recursos externos, estas preguntas nos llevan a la propiedad privada a través del homesteading (el primer ocupante decide con respecto a su uso). En el caso de los niños el tema se complica, porque de un lado está claro que no son recursos externos sino personas humanas, pero al mismo tiempo no tiene sentido considerarlos plenos propietarios de sí mismos cuando son abiertamente dependientes de las decisiones de terceros. Luego por necesidad (a menos que defendamos que los niños han de permanecer aislados y valerse por sí mismos) debe ser legítimo que otras personas decidan con respecto al menor (decidan cómo tiene que ser educado, qué actividades debe practicar, etc.). Con esto contestamos a la primera de las dos preguntas: alguien tiene derecho a decidir con respecto al menor. En cuanto a la segunda, los padres tienen en relación con sus hijos un vínculo natural y objetivo del que carecen las demás personas. Ellos son, a diferencia del resto de la humanidad, quienes han traído el niño al mundo, y esta es la razón por la que poseen una mejor reclamación sobre la tutela del menor.

De este modo queda establecido que el niño tiene derecho a no ser agredido, pues es una persona con derechos propios, pero al mismo tiempo está sujeto a la tutela de sus padres en tanto no desarrolle la autonomía moral suficiente. (Stephan Kinsella tiene un artículo muy instructivo sobre esta cuestión: How we come to own ourselves.)

No obstante, quienes estén familiarizados con el concepto de la responsabilidad parental (véase también la discusión aquí) se preguntarán: ¿tienen los padres un derecho de tutela o más bien una obligación con respecto al niño? Si tienen una obligación, entonces es el niño el que tiene un derecho. Pero no vayamos tan rápido. El principio de la responsabilidad parental reza que los padres, por el hecho de colocar al niño en una posición vulnerable y de dependencia, tienen la obligación de proveerle sustento (hasta que esta vulnerabilidad/dependencia desaparezca). Del mismo modo que si empujamos al agua a un individuo que no sabe nadar tenemos la obligación de socorrerle (so pena de cometer homicidio), si traemos al mundo a un bebé que no puede sobrevivir por sí solo luego no podemos desentendernos, tenemos la obligación de darle sustento. Pero la obligación acaba aquí. Todo lo demás (la educación que debe recibir, las actividades que debe desempeñar, los valores que debe adquirir) no está cubierto por el principio de la responsabilidad parental.

Así, tenemos la obligación de los padres a proveer sustento y su derecho a decidir en aquellos ámbitos que trascienden la provisión de sustento. Ahora considerémoslo desde la óptica del menor, para que se vean claramente la implicaciones de esta conclusión: el niño tiene, ante todo, unos derechos negativos frente a las demás personas (derecho a no ser maltratado, abusado etc.), y en segundo lugar un derecho positivo a que los padres le provean sustento. Cualquier exigencia adicional ni queda cubierta por el principio de no-agresión ni por el principio de la responsabilidad parental (que a su vez deriva del anterior).

Llegados a este punto planteo la siguiente pregunta, que entronca con el debate sobre el mercado de adopciones: ¿de dónde se sigue que el niño tiene un derecho positivo a no ser traspasado a otra familia (y por tanto a permanecer en el seno de su familia biológica)? Los derechos positivos del niño (los derechos a recibir algo de los demás) empiezan y acaban con la provisión de sustento. Sin duda cabe imaginar muchos otros derechos positivos, lo difícil es justificarlos desde un punto de vista liberal, retrotrayéndolos al principio de no-agresión. Quienes no secundan el principio de la responsabilidad parental porque es un derecho positivo se contradicen si se oponen a la libre donación-adopción de niños. Quienes secundamos el principio de la responsabilidad parental entendemos que los niños sí tienen un derecho positivo (el de recibir sustento) pero de ahí no se colige ningún derecho positivo a permanecer bajo la tutela de los padres biológicos. El sustento también puede quedar garantizado siendo otra familia la que se encargue de cuidar al menor. Los afirmaciones del tipo "el niño tiene derecho a un familia con un padre y una madre" o "el niño tiene derecho a no ser cuidado por una familia distinta de la original", en tanto implican derechos positivos que no emanan del principio de no-agresión, me parecen ajenas al liberalismo.

Quizás haya quienes consideren que esta exposición peca de un exceso de racionalismo y que lo único que hay que sopesar es si un libre mercado de adopciones beneficia o no a los niños. Aunque no creo que la discusión abstracta sobre derechos pueda desvincularse de un examen más pragmático / utilitarista, recojamos el guante. Ya expuse que la libre donación-adopción de niños tiene a mi juicio tres efectos positivos fundamentales: en primer lugar desincentiva el aborto (la mujer embarazada que no desea tener un hijo tiene incentivos económicos para tenerlo y darlo en adopción), y este es un punto que debería considerar seriamente todo aquél que, como yo, se siente abrumado por las dimensiones del fenómeno abortista. En segundo lugar desincentiva el abandono al pie de la escalinata a favor de abandonos más "ordenados" (mediados por orfanatos privados, por ejemplo). En tercer lugar permite el traspaso de niños de familias que no los quieren a familias que sí quieren cuidar de ellos (y en la medida en que los maltratos y abusos se dan en los primeros, tenderían a disminuir). Sin duda en este contexto también habría indeseables que adoptarían a un menor para abusar de él escapando a la justicia, pero estos abusos ya se dan hoy en día y no está claro que fueran a suceder con más frecuencia. Pero, sobre todo, no creo que sea una razón para rechazar in toto un mercado de adopciones, por lo mismo que la existencia del fraude no nos lleva a prohibir todo el comercio de bienes (solo a prohibir y a perseguir los intercambios fraudulentos).

Progres, váyanse a Cuba

Las listas de distribución de correo son una de las mejores formas de estar al día y saber lo que se cuece en ciertos ámbitos. Una de mis favoritas es la Sexualities del Latin American Studies Association, gestionada por Adan Griego de la californiana universidad de Stanford. Lo malo de las listas es que junto a la información valiosa uno también recibe las mayores barbaridades. La libertad de expresión no es gratis, y yo estoy dispuesto a pagar su precio, aunque también puedo protestar cuando me plazca.

El pasado siete de marzo recibí un texto vía ese grupo cuyo titular anunciaba: "En lo que respecta a los derechos gays, ¿está Cuba por delante de los EE.UU?". La pieza provenía del USA Today y estaba firmada por DeWayne Wickham.

El artículo señalaba el gran movimiento que el "rígido" (sic) Gobierno de Fidel Castro estaba protagonizando a favor de los derechos de los homosexuales. Entre otros grandes hitos, el autor señala la producción y "visionado" de la película Fresa y Chocolate, el declive en la persecución de gays, la aparición de un personaje homosexual en un culebrón y el proyecto gubernamental de "dar a las parejas de personas del mismo sexo algún tipo de estatus".

Además, según afirma Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, "tenemos que redefinir el concepto de matrimonio" pues "el socialismo debe ser una sociedad en la que nadie sea excluido". El autor considera irónico que un Gobierno "llamado totalitario" expanda los derechos de los homosexuales mientras que a su juicio en los Estados Unidos se está produciendo justo lo contrario.

Una de las causas de este cambio reside en el papel desempeñado por Mariela Castro, sobrina del dictador –lo de dictador es mío, no de Wickham– y presidenta del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba. Otro factor es la estrategia cubana de defenderse de los "intentos norteamericanos por derrocar el gobierno comunista y reemplazarlo por una democracia al estilo de la de los EE.UU."

El artículo finaliza con las conocidas fórmulas de apoyo al régimen castrista: "El tira y afloja de 50 años de Cuba con los EE.UU es una lucha ideológica. Es una competición entre los ideales socialistas de este país y los esfuerzos norteamericanos por imponer su voluntad en esta isla nación (…) su resultado dependerá de la guerra de trincheras en la que Cuba lucha por los corazones y las mentes de su pueblo, tanto de los heteros como de los gays."

Uno puede ser comunista, castrista o lo que le guste. Algunos incluso afirman continuamente que en Cuba se vive mejor que aquí, aunque nadie se atreve a dar el paso de la emigración al paraíso socialista. No voy a decir nada que no se sepa sobre el inmenso océano de hipocresía que inunda el llamando "pensamiento progresista" en Occidente. Pero usar la represión y el intento fallido de genocidio –uso la definición actual del término, que incluye tanto a grupos políticos como a homosexuales– que los gays cubanos han sufrido bajo el régimen comunista cubano, a fin de redactar una pieza de propaganda y de paso presentar al presidente Bush como una amenaza para los derechos humanos rebasa con creces los límites no sólo de la profesionalidad, sino también de la moral.

Artículos como el reseñado son un insulto para las decenas de miles de gays y lesbianas cubanos asesinados, torturados y encarcelados desde que Castro, su amigo Che Guevara, sangriento representante de la homofobia más cerril, y los otros decidieron que los homosexuales éramos una excrecencia de la sociedad burguesa, y por tanto deberíamos desaparecer. Y si no lo hacíamos por propia voluntad, ya se encargarían ellos de echar una mano a la madre naturaleza, que al final ha dado la razón a quien la tenía. Lo mismo sostuvieron muchos marxistas sobre el judaísmo, aunque por fortuna hoy en día son pocos los socialistas que se atreven a defender estas ideas. No obstante, el precio en vidas que ha costado sacarlos de su delirio ha sido bien alto.

Celebro que el Gobierno de Cuba haya decidido que ya no hace falta ir cazando y matando homosexuales, aunque todo dependa del capricho de la sobrinita del dictador. No quiero ni pensar lo que ocurriría si mañana la señora se enemistara con un gay o, por ejemplo, discutiese con alguno sobre la elección de restaurante donde tomar el brunch dominical; ¿hay de eso en Cuba más allá de los hoteles para extranjeros y las mansiones de los dirigentes comunistas? Vamos, que a la mínima la situación puede volver a empeorar.

Hay que ser muy miope o poseer mucha mala fe para alabar a un régimen político en el que los principios rectores de la política se reducen a los antojos de la familia dirigente y a su proyecto de perpetuación en el poder sine die. No me gusta que Bush haya intentado reformar la constitución de su país para evitar el matrimonio gay, aunque a Wickham se le olvida mencionar que el presidente sí se muestra partidario de legislar para que las parejas gays no sean discriminadas en asuntos fiscales, de herencia y demás. Y en todo caso, digan lo que digan él y sus partidarios, son el pueblo libre y los tribunales de justicia los que en último caso decidirán, no el humor con que se levante alguna sobrinísima.

Entre un Bush o un miembro de Hazteoir.org y un comunista cubano –o un islamista de esos que le encantan a ZP, Zerolo y Moratinos– yo lo tengo muy claro. ¿Quién de ellos me considera una persona y por tanto ser racional y valioso en mí mismo? ¿Quién de ellos considera que poseo unos derechos y libertades inviolables que no pueden ser cercenados sin causa justa y razonada? ¿Quién de ellos se atendría a negociar conmigo? ¿En quién debo confiar en caso de llegar a un acuerdo?

Exhortar a los gays cubanos a decirle a Mariela Castro "Señora, quédese usted con sus derechos" sería apelar a un heroísmo rozando lo temerario. De todas formas, lo que sí les digo a tod@s l@s "mari progres" hispan@s y foráne@s es que su apoyo al totalitarismo no tiene ninguna gracia. Como mínimo, resulta trágico. Como máximo, es un viaje hacia el suicidio en el que espero no encuentren muchos compañeros de viaje. Se puede ser marica –y a mucha honra– pero no imbécil.

Problemas con las mujeres

"En los doce años que llevo dedicándome a esto, el porcentaje de mujeres ‘informáticas’ que he conocido no creo que llegue al 1%. Cuando empecé la carrera de Informática en el año 95, en Málaga, en mi promoción había 360 hombres y 5 mujeres."

Aquí arriba, en Madrid, la diferencia no es tan abrumadora. Eso no quita para que en mi antigua Facultad el porcentaje de mujeres entre los nuevos matriculados suela oscilar entre el 20 y el 30%. Y las había más desequilibradas. Lo que me lleva a preguntarme, efectivamente, como podrían llegar a ese porcentaje del 40% las empresas del ramo, habida cuenta de la escasez de materia prima. Seguramente, compensando en otras áreas. Ser hombre y trabajar de comercial, administrativo o secretario en una empresa de informática va camino de convertirse en un milagro sólo posible en empresas con menos de 250 empleados, o con sindicalistas increíblemente bondadosos y comprensivos.

Parece que a la izquierda le fuera imposible concebir que pueda haber diferencias entre hombres y mujeres, como si de una imposible e indeseable igualdad a nivel biológico y psicológico dependiera la posible, deseable y ya santificada en nuestra Constitución igualdad ante la ley. Los seres humanos hemos vivido casi toda nuestra historia en tribus, y nuestras habilidades y sentimientos evolucionaron para mejorar nuestra adaptación a ese hábitat. Muchas de las diferencias que existen entre los sexos se deben a ese proceso y se manifiestan incluso en algo tan trivial como la forma en que sacamos las llaves para abrir la puerta de casa.

Evidentemente, la diferencia crucial entre hombres y mujeres es la maternidad. Como dice Thomas Sowell en su Civil Rights: Rhetoric or Reality, "las ramificaciones económicas del matrimonio y la paternidad son profundas y frecuentemente opuestas en sus efectos en hombres y mujeres". Un informático, un científico, un ingeniero pueden ver cómo una parte importante de sus conocimientos y habilidades se quedan obsoletas si se retiran unos años de su profesión. Un profesor, un bibliotecario o un psicólogo no tienen ese problema. Eso podría explicar por qué las mujeres han tendido históricamente a elegir carreras profesionales como éstas últimas. El caso es que si yo podía ver pocas chicas en mi Facultad, mi hermano en cambio pertenecía a la minúscula minoría de hombres que estudiaba en la suya, Trabajo Social.

De hecho, Francisco, como por razones evidentes hacen todos los informáticos, recuerda que "en Telemática todos sabían que, para ver niñas, había que ir a Trabajo Social, a pesar de que nadie les impidiera a las chicas el acceso a aquella carrera". Y se lamenta de que "desde el 2003 hasta hoy, he recibido por correo electrónico 39 currículum, y todos son de hombres". Sin embargo, el PSOE opina que si, por ejemplo, las mujeres navegan menos por Internet que los hombres es debido a "la discriminación que sufre la mujer en el uso y el acceso a las nuevas tecnologías, lo que se conoce como brecha digital de género". Con esa mentalidad le salen las leyes que le salen, claro.

Francisco, como tantos otros, está temblando con la que se le viene encima, pues en caso de ser acusado por ser un machista recalcitrante, además de muy mala persona, la ley prevé que tenga que ser él quien pruebe que no discrimina; será culpable mientras no demuestre lo contrario. Es decir, que si no cumple con la cuota, lo empapelarán. Así es como funcionan las leyes socialistas.

Anciana oprimida

Como la primera persona del plural incluye al hablante, resulta que lleva siglos (o sea, doscientos años o más) sufriendo la invisibilidad doméstica y la heteronomía. Sufrimiento que tampoco parece muy creíble en alguien que ha sido funcionaria, política y gobernante casi toda su vida: tal vez su empatía le hace sentir el dolor que ella misma causa a las abundantes víctimas de su coacción política, que son tanto hombres como mujeres. Respecto a lo doméstico, tal vez deba quejarse a sus progenitores y parejas afectivas. Con "frecuentemente exaltadas como objeto puramente estético" seguramente tampoco se refiere a sí misma.

No es raro en un colectivista confundir intelectualmente la parte por el todo. Muchas mujeres han sufrido y sufren agresiones y represión, y en muchos sitios no son iguales a los hombres ante la ley, pero eso no significa que todas las mujeres puedan hacerse las víctimas de los daños sufridos por otras. La justicia no consiste en que unas mujeres no agredidas se beneficien porque otras mujeres distintas fueron o son agredidas; la justicia consiste en identificar a los agresores y obligarles a compensar a sus víctimas, sin que paguen justos por pecadores.

Ignorante profunda de economía y ética, De la Vega protesta con demagogia y cinismo por las "tasas de desempleo superiores a las de los hombres, salarios más bajos, escasa presencia en los puestos de responsabilidad, mayor precariedad laboral". Los salarios más bajos no se deben a sueldos distintos por la misma productividad (si fuera así los empresarios serían tontos si no contrataran sólo mujeres más competitivas); la escasa presencia en puestos directivos tal vez se deba a decisiones libres de muchas mujeres que prefieren dedicar menos tiempo y esfuerzo a su profesión y más a su familia; y el mayor desempleo y precariedad quizás se deban a las regulaciones laborales que presuntamente las protegen pero que lo que realmente consiguen es asustar a sus potenciales empleadores.

No le gusta a De la Vega que las mujeres soporten la carga principal de conciliar actividad profesional y familiar; no está de acuerdo con las decisiones libres que se tomen dentro de cada familia, así que va a corregirlas mediante herramientas políticas: multas y prisión para los malos, subvenciones con cargo al fisco para los que se porten bien. Como intervencionista aspira a la igualdad total, no ante la ley sino mediante la ley, y quiere más derechos políticos y sociales, es decir, violaciones socialistas de derechos de propiedad.

Según el principio de presencia equilibrada, ambos sexos estarán igualmente representados, no sólo en los órganos y cargos de responsabilidad del estado sino también en los consejos de administración de las empresas privadas. Lo siguiente será que los designen por sorteo. Con total desfachatez pretende que esta ley va a contribuir "al progreso de nuestro país, ya que la equidad de género es una exigencia de principio, es una exigencia ética de justicia, pero también es una política inteligente y rentable desde el punto de vista económico y social". La justicia trata de personas, no de hombres o mujeres, así que cualquier ley que considere el género es automáticamente contraria a la ética; y la política no es una actividad donde brillen precisamente la inteligencia y la eficiencia económica. "Hay quienes han dicho que esta norma es intervencionista… Creo sinceramente que cometen una enorme injusticia". Pobrecita, seguramente es cierto que lo cree sinceramente.

La Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva de Hombres y Mujeres es efectivamente un paso histórico: un gran hito liberticida que abarca todos los ámbitos posibles. No se corta la vice al reconocer que busca "cambios profundos en pautas de pensamiento", así que actuará en la educación, la creación artística e intelectual, y los medios de comunicación para imponer el principio de igualdad, la paridad y la imagen igualitaria. No contenta con regular los actos de los demás, también quiere inmiscuirse en las mentes ajenas. "Actuando así estamos extendiendo derechos, ampliando los espacios de libertad e igualdad de los hombres y mujeres de nuestro país". ¿Derechos? ¿Libertad? Resulta dudoso que esta señora sepa lo que significan.