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Etiqueta: Libertades propiedad y estado de derecho

La ética de la prostitución

Si algo caracteriza a los políticos es su hipocresía, su mezquindad, su nula capacidad intelectual y, sobre todo, el absoluto desprecio que tienen a la libertad de las personas. Así, los cráneos privilegiados del Ayuntamiento de Madrid (véase Gallardón y Ana Botella) han tenido la brillantísima idea de empapelar todas las estaciones de metro con una campaña publicitaria en contra de la prostitución que nos dice lo siguiente:

Tú dinero hace mucho daño. Porque tú pagas, existe la prostitución.

Todo ello bajo una imagen que muestra un prostíbulo de carretera con el nombre “Club Tráfico de armas” en un caso y “Club Explotación de Mujeres” en otro. En la radio se pueden escuchar cuñas como la siguiente:

Soy un billete de 50 euros, y he visto muchas cosas… mi dueño es un proxeneta, y ahora estoy con muchos compañeros, porque nos van a cambiar por un kalashnikov… Tu dinero hace mucho daño. Porque tú pagas existe la prostitución.

La idea es culpabilizar al cliente insistiendo que su dinero es la causa de la explotación de la mujer y el tráfico de armas. Además de derrochar demagogia, es una memez, qué duda cabe.

Veamos. Si se tuviera que resumir todo el liberalismo en una sola idea ésta seria que cada ser humano es propietario absoluto de sí mismo. Esto significa que cada persona debe ser la única que tome decisiones sobre su vida y sus propiedades, entre ellas su cuerpo.

Las personas, por tanto, pueden mantener relaciones sexuales con quien consideren oportuno siempre que las dos partes estén de acuerdo. Una prostituta es simplemente una persona que intercambia voluntariamente servicios sexuales a cambio de dinero. La palabra clave es “voluntariamente”, es decir, que se cumple lo siguiente:

  1. La cooperación se basa en el contrato, en donde cada parte le entrega voluntariamente una cosa a alguien.
  2. Se basa en la simetría porque las dos personas mantienen una posición de igualdad. No hay niveles ni subordinación.
  3. Cada uno de los participantes persigue sus propios fines.

El tercer punto es importante porque algunos nos intentan convencer de la necesidad de la ilegalización con el argumento de que la prostituta realmente no quiere hacer ese trabajo y está explotada.

Pero la verdad es que la relación entre prostituta y cliente se establece porque ambos creen subjetivamente que saldrán beneficiados con el intercambio. Un intercambio es económicamente posible solamente entre personas cuyas valoraciones de los bienes y de los medios de intercambio difieren en direcciones opuestas. Cuando existe una desigualdad en las valoraciones subjetivas. Cada uno valora el bien que va a adquirir en mayor grado que el bien que ya posee. Por lo tanto, las dos partes ganan porque, de lo contrario, el acuerdo no tendría sentido y no se efectuaría.

La prostituta, como todos nosotros, ejerce la función empresarial. Persigue un fin que ha descubierto que subjetivamentees importante para ella e intenta encontrar el medio que subjetivamente cree más adecuado para lograr ese fin. Y simultáneamente renuncia a otros fines y medios que considera menos importantes según su propia escala valorativa de fines. (Es importante señalar el carácter esencialmente subjetivo que tienen los fines, medios y costes.) Ha valorado los pros y los contras de las distintas opciones que se le presentan y se ha decantado por la más atractiva (económicamente o por otros motivos). ¿Por qué no se merece entonces los mismos derechos que las demás profesiones?

Los servicios que presta la prostituta pueden ser a cambio de dinero y/o de otros bienes y servicios. A muchos lo que realmente les molesta es que haya dinero de por medio. Pero, ¿por qué la legitimidad de un acuerdo va a variar dependiendo de si se efectúa con o sin dinero?

Si el intercambio (practicar sexo a cambio de dinero) no viola los derechos de nadie, ¿con qué derecho alguien puede inmiscuirse y prohibir un acuerdo voluntario y libre entre dos personas?

Ninguna opción moral concreta justifica la prohibición y la ilegalización de la prostitución. En este sentido, la posibilidad de prostituirse es un derecho humano.La prostituta tiene todo el derecho de explotar su cuerpo como quiera.

Un aviso para navegantes, es decir, moralistas, feministas y demás liberticidas: que sea un derecho no quiere decir que se tenga que ejercer. En ningún momento estoy recomendando a la gente que se prostituya. Simplemente estoy diciendo que es una decisión estrictamente personal que no incumbe a terceros.

Una prostituta no es ninguna víctima. Lo es cuando el Estado ilegaliza la prostitución y la deja sin cobertura ni derechos legales. Y de esto precisamente hablaremos en un próximo comentario.

El verdadero bloqueo de Cuba

Dejemos de lado, por el momento, el hecho de que gracias a la destrucción del libre mercado, la propiedad privada y, con ellos, la prosperidad, para un cubano medio adquirir un ordenador supone un esfuerzo similar a comprarse una casa en España en el cenit de la burbuja. Obviemos el hecho de que, pese a todo, algunos cubanos ya tenían ordenador, obtenido al margen del régimen. ¿Qué podrán hacer con él cuando lo tengan? Desde luego, conectarse a internet, no. Al menos, no a la red universal a la que todos nosotros accedemos. Si quieren cumplir la ley, claro.

Los cubanos, en principio, no pueden acceder a internet, sino a una intranet controlada por el Gobierno en la que pueden enviarse correos electrónicos, leer el Granma y poco más. Sin embargo, el férreo control sobre la información ejercido por la dictadura se va resquebrajando poco a poco. La gente se intercambia información por medio de pendrives. Además, existen conexiones ilegales a la internet de verdad vía satélite. Los pocos que tienen permiso del Gobierno para acceder a la red, aun con cierta censura, a menudo venden su usuario y contraseña para que otros los usen fuera de su horario laboral. Noticias, música y películas circulan por un mercado negro de la información.

Evidentemente, estos accesos no pueden compararse con una conexión a internet como la que disfrutamos usted y yo. Yoani Sánchez, recientemente galardonada con el premio Ortega y Gasset por su blog Generación Y, escribe en su casa, copia sus textos a una memoria USB y los sube al blog en los pocos minutos en que puede conectarse cada día. Su blog, en el que critica constantemente al régimen empleando ejemplos cotidianos, es el más leído de Cuba, pese a que oficialmente ya no se pueda acceder a él por medio de las conexiones "oficiales", que evidentemente pueden sortearse con algunos conocimientos técnicos. Eso, y la distribución vía pendrives, claro.

En esta lucha desigual entre un Estado omnipotente y censor y todo un movimiento digital que lucha por la libertad de información existe un héroe, Guillermo Fariñas, que estuvo cuatro meses de huelga de hambre para reclamar al Gobierno cubano, sin éxito, la libertad de acceder a internet. El suyo fue un sacrificio no sólo por el pueblo cubano, sino por todos los internautas del planeta, cuya vida es más pobre por el hecho de no poder contar con la voz de los cubanos en esa conversación global que es la red de redes. Este jueves 17, a las 15:30, ustedes y yo podremos charlar con él. Evidentemente, no estará en su casa, ni en ningún otro lugar donde los tiranos pudieran impedirle hablar con nosotros. Eso sí, la culpa de que tenga que esconderse, ya lo saben, es del "bloqueo".

El gran asalto

Zapatero dejó claro en su discurso de investidura que se iba a cobrar la mayoría en el CGPJ y el Tribunal Constitucional que considera que le deben desde hace tiempo por la mayoría socialista en el Congreso. La Justicia será la primera gran batalla de esta legislatura, porque una vez ganada esta, humillada la institución ante los designios del Gobierno, caerán todas las demás. Las que transformarán nuestra democracia en otra cosa. Y todavía los hay en el PP que están dispuestos a pactar la traición. Centrismo, parece que lo llaman.

Parte de la sociedad no está dispuesta a resignarse. Que en ella no se puede incluir a los empresarios, a día de hoy no habrá quien lo niegue. No hay nada más tímido que un millón de dólares, decía Keynes. Ni más cobarde que un millón de euros, podríamos decir ahora. Pero es precisamente en este ámbito, el empresarial, donde se avecina una lucha titánica por el control. Intermoney (y otra excelsa institución, dicho sea de paso), gana un nuevo miembro en el Gobierno: ya no sólo está la mujer de Carlos Arenillas; ahora también se sienta en el banco azul Miguel Sebastián.

Sebastián ha sido el vértice de la "triangulación perturbadora" (Moncloa-CNMV-SER) que ha sido una de las manos con que se quería sisar Endesa. La otra es el Ministerio de Industria y aledaños (CNE, principalmente), que caerá en las manos de Sebastián. El affaire Endesa está cerrado, pero todavía queda por cerrar el asalto a Iberdrola por EDF, que parece contar con el visto bueno de Moncloa.

Pero el gran asalto podría ser otro: Telefónica. Zapatero ha demostrado que es capaz de cambiar la ley, violar las normas europeas, decir que no quiere que Endesa vaya a una empresa extranjera con participación pública y luego entregarla a Enel… lo que sea con tal de colocar sus piezas sobre el tablero empresarial español. Y Telefónica es la gran dama en este juego: una multinacional con medios y dinero para crear un imperio mediático al margen de Prisa. Los recelos mutuos entre el órgano de poder y ZP podrían resolverse con Telefónica como ariete mediático y económico de su lado.

Gerardo Díaz Ferrán, aquel valiente que anunció antes de las elecciones que se vería el 10 de marzo con Pedro Solbes, tendrá que decidir si piensa dedicar su gallardía liberal a ver pasar los cadáveres o hará algo más.

Chulería ministerial y coacción sindical

Parece que por fin se acabó la huelga de los funcionarios de Justicia. Y finaliza con un acuerdo que aparenta tablas y que, por tanto, las partes afectadas pueden vender como victoria propia. Bueno, no todas. Los peor parados, los miles de ciudadanos que se han visto rehenes de unos sindicalistas sin escrúpulos y la chulería de un ministro prepotente, no puede decir que ha salido victoriosa.

El daño generado por esta situación supera con mucho el cuantificable en dinero. A las docenas de miles de personas que han visto retrasarse los juicios a los que tenían que hacer frente, se suman los no menos de miles de ciudadanos que necesitaban para todo tipo de trámites certificados de los distintos registros dependientes de Justicia. ¿Realmente podrá mirar a la cara un sindicalista a una viuda o a sus hijos y explicarles sin sentir vergüenza que no han podido conseguir el certificado de nacimiento o defunción que necesitaban para el seguro por un aumento salarial? Y no sólo es las dificultades que le crea ante la compañía aseguradora, es la frustración generada en una etapa tan difícil como la inmediatamente posterior a la perdida de un marido o un padre. Y supuestos como este, a montones.

Los culpables de la situación no son otros que el propio ministro y los sindicatos. Uno por su chulería. El mismo Mariano Fernández Bermejo que no duda en gastarse 250.000 euros de los contribuyentes en una reforma de un estupendo ático propiedad del Estado, totalmente innecesario al tener el ministro su residencia particular en las afueras de Madrid, se ha cerrado en banda durante demasiado tiempo ante las peticiones de aumento de sueldo para luego concederlas. Pero sus formas dejaban claro que no lo hacía por no incrementar el gasto público, sino porque a chulo no le gana nadie.

Los sindicatos no son mejores. Han utilizado a los ciudadanos como rehenes. Como todo grupo que intenta obtener ventajas o privilegios del Estado, apelaron al bien común. Para tratar de conseguir una inmerecida simpatía de los ciudadanos, argumentaban que el hecho de que se les suba el sueldo a los funcionarios implica una mejora automática en la calidad de su trabajo. Por supuesto, no han explicado en que consiste tan extraña relación causa-efecto. Tal vez porque no existe. Y si existiera, sería una bien irritante: que los funcionarios saben que pueden trabajar más y mejor, pero no lo hacen porque no quieren, pese a haber aceptado al comenzar a trabajar el sueldo que cobraban.

El argumento de que los funcionarios de las comunidades autónomas donde están transferidas las competencias de Justicia cobran más que los que trabajan para el ministerio del ramo es falaz. A idéntica labor no tiene por qué corresponder igual sueldo. Si querían un sueldo mayor deberían haber opositado a las administraciones autonómicas en vez de a la general del Estado. Pero además es peligro, puesto que puede degenerar en un bucle permanente de chantaje utilizando a los ciudadanos como perpetuos rehenes.

Una vez conseguida una cierta equiparación salarial (no completa, pero próxima a lo exigido por los sindicatos), es suficiente con que los funcionarios de una comunidad autónoma se declaren en huelga para conseguir un aumento y salgan victoriosos de su pulso con el gobierno regional. Volverá a producirse la diferencia anterior a la huelga recién terminada. Y ahí puede venir un nuevo paro indefinido hasta una solución similar a la actual. Estamos ante un mal propio de una administración demasiado grande, con funcionarios blindados en exceso y sindicatos con un poder de coacción sin límites.

Charlton Heston y la NRA

El líder de la igualdad ante la ley sin distinción de raza estaba acompañado, además, por el calor de finales de agosto y por varias figuras del espectáculo. Joan Baez y Bob Dylan; Peter, Paul y Mary; Marlon Brando y Charlton Heston. El actor había hecho campaña pocos años atrás por el candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos Adlai Stevenson y más tarde por John F. Kennedy.

Este sábado Charlton Heston ha sido vencido por la misma enfermedad que se llevó a su amigo Ronald Reagan y el domingo los medios de comunicación de todo el mundo le dedicaban espacios para su obituario. En España se ha destacado su presencia en las pantallas, ciertamente imponente, pero de su actividad pública no se ha hablado tanto de su lucha por aquellos derechos civiles como de su defensa de otro derecho fundamental: el que tiene toda persona a defenderse y a acudir a los instrumentos más adecuados para hacerlo. Desde 1998 y durante cinco años estuvo al frente de la más antigua organización de EEUU de defensa de los derechos civiles: la Asociación Nacional del Rifle. No le han llovido los elogios por ello, precisamente. No se ha llegado tan lejos como Spike Lee, quien en una ocasión dijo "alguien debería dispararle con una .44 Bulldog", pero se le ha pintado como una especie de perturbado moral. ¡Cuántos periodistas se habrán dejado engañar encantados por las burdas manipulaciones de Michael Moore! Sarna con gusto, ya se sabe.

La libertad no cuenta con muchos amigos entre nuestros periodistas. La verdad tampoco, dicho sea de paso, que para ello son, muchos de ellos, admiradores del orondo Moore. Pero de todas, la libertad de armas es la que más inquina sufre por todos ellos. Cómo se le puede negar a nadie el derecho a defenderse es un misterio para mí. Me pregunto cuántos de quienes se horrorizan con la idea de que en Estados Unidos, Suiza (o Gran Bretaña hasta 1997) se mantenga esa libertad mantendrían su opinión si supiesen que salva muchas vidas y que la muerte acompaña siempre al control y las restricciones, como en Omaha, Virginia o Columbine.

Las diez primeras Enmiendas a la Constitución de los Estados Unidos son una breve Declaración de Derechos. La primera de todas reconoce la libertad de conciencia y de expresión, y la segunda la de defenderse con un arma, lo que da idea de la consideración que le dieron los redactores de aquella Constitución. A su defensa dedicó los últimos de sus años no mermados por la enfermedad Charlton Heston. Descanse en paz.

Fitna y las puertas al campo

Primero fue Network Solutions quien decidió cerrar la página donde el diputado del Partido Liberal holandés Geert Wilders pretendía colgar la película antes de que tuviera la oportunidad de hacerlo. La razón es que la empresa está "investigando" si la web de Wilders viola sus normas de uso a raíz de "unas quejas" misteriosas cuya naturaleza y procedencia no han aclarado.

Resulta cuando menos sorprendente que cierren el sitio antes de que pueda haber en él contenido cuestionable de ningún tipo. Pero están en su derecho: cuando contratas a Network Solutions como proveedor aceptas que puedan hacerte esto. Una buena razón para que nadie vuelva a hacerlo nunca más, y traslade sus dominios y sitios web a otra empresa si puede.

Poco después, Geert Wilders publicó su polémico documental en Liveleak, una compañía que se postula como el YouTube sin censura para vídeos con contenido informativo. Tanto es así que incorpora desde 2006 los contenidos de Ogrish.com, aquel sitio que se hizo famoso en España cuando se impidió acceder a él desde nuestro país por tener fotos de las víctimas del 11-M. Pues bien, pese a que la política del sitio expresamente indica que tienen en alta estima su "imparcialidad", acabó retirando el vídeo por miedo a represalias contra su personal, que había recibido amenazas.

Poco importaría el contenido del cortometraje de Wilders si no fuera porque es precisamente por él por lo que se enfrenta a la censura. Como denuncia Edurne Uriarte, ni la ONU ni el Consejo de Europa ni varios gobiernos occidentales se preocuparon absolutamente nada por Farenheit 9/11, clara incitación al odio contra Bush y los republicanos, o por Comandante, apología evidente de una tiranía. Tampoco es que debieran hacerlo, claro. Sin embargo, ahora todo son condenas y críticas a Geert Wilders por atreverse a expresar su opinión sobre el Corán. Como en su día denunciaron a Oriana Fallaci y la llamaron de todo por escribir lo que escribía. Ambos han hecho su panfleto, su grito a Occidente para que reaccione y se defienda.

Es la censura del miedo. Theo Van Gogh se burló de los judíos y no sufrió más que críticas. Hizo lo propio con los musulmanes y lo mataron. Se puede criticar todo y a todos porque no se van a vengar cortando el cuello del ofensor. Menos al islam, claro, porque entonces puede que sí lo hagan. Son los políticos tan cortos de miras que no entienden que es precisamente eso lo que envalentona a los islamistas: saber que pueden gritar tranquilamente que hay que matar a judíos y cristianos, hacerlo y que las críticas se las lleve un diputado holandés que hace una película. O quizá lo entiendan perfectamente y por eso actúan como lo hacen.

Lo bueno es que en internet es cada vez más difícil ponerle puertas al campo. Aquello que retiró Liveleak ahora puede verse en Google Video, DailyMotion (subtitulado en español) y otros muchos sitios. Incluso, y no deja de ser una ironía, en YouTube. La campaña ha hecho que el vídeo sea visto por mucha más gente, que podrá criticarlo y ponerlo verde cuanto quiera.  Otra de tantas razones por las que internet es algo maravilloso.

Shostakovich sobrevive a todos sus críticos

Dmitri Shostakovich era un hombre meticuloso, reservado y muy tímido. Fumador empedernido y gran aficionado al teatro, a la literatura, al fútbol y al vodka. Las grandes reuniones le incomodaban sobremanera. Sólo disfrutaba de la compañía de unos pocos amigos. Comenzó de niño a tocar el piano guiado por su madre. Se convirtió pronto en un pianista excepcional.

Apenas contaba con once años cuando vio venir la revolución bolchevique, por lo que se le podía considerar un genuino músico del proletariado moderno. A diferencia de Stranvisnki, Rachmaninov o Prokofiev, no había conocido apenas la época de los Romanov ni había residido en el extranjero, con lo que habría evitado la ocasión de "contaminarse" de la decadencia burguesa occidental. Se convirtió en el representante de la música soviética.

Shostakovich cometió empero muchos "pecados". Fue blanco de continuos reproches por parte de quienes se han considerado autoridades en materia musical: dentro de la URSS fue duramente criticado en numerosas ocasiones por componer música formalista y escapista que no se ajustaba a los cánones del realismo socialista. Con todo y con ello, compuso sinfonías en honor a la Revolución de Octubre y al Primero de Mayo, fue "acogido" por el PCUS y finalmente se le nombró delegado del Soviet supremo.

En el resto de Occidente, por su parte, fue relegado por no seguir la corriente de la música atonal o dodecafónica que se impuso –casi sectariamente– en la música clásica occidental tras la Segunda Guerra Mundial. Por si fuera poco, la firme aceptación de su música por parte del mercado en estos últimos años le ha convertido en un músico menor para aquellos puristas que raramente consideran bueno lo que acaba siendo popular. Ya se sabe que es sospechoso tener cierto gancho comercial en algo tan serio como la música clásica.

Por todo ello, ha sido siempre un personaje incómodo e inclasificable para casi todo el mundo. Hoy, sin embargo, empieza ya a reconocerse inevitablemente como uno de los grandes músicos del siglo XX. Shostakovich pervive, indestructible, a sus críticos.

Su vida estuvo trágicamente marcada por el control burocrático del arte por parte del partido comunista de la URSS. Dmitri apoyó en sus años de juventud la Revolución de 1917 pero no tardaría en comprobar en sus propias carnes que el sistema soviético de control y planificación centralizada era una maquinaria de hacer picadillo a los seres humanos y a sus ideas. Sobrevivió al mismo, que no fue poco. Pero es que, además, fue un paciente muñidor de partituras contemporáneas esenciales como su quinteto con piano, el trío nº 2, su ciclo sinfónico, los 24 preludios y fugas para piano solo y sus quince cuartetos.

Sus obras nos hablan de un espíritu que logró expresar su propia voz pese a las muchas restricciones a que se vio sometido por parte de aquellos que se prevalieron cobardemente del poder coactivo estatal para organizar la sociedad. Sus imponentes quince sinfonías representaron su faceta pública; su música de cámara, desgarradora, su vida más íntima.

Si me hubiesen dicho hace unos años que, con el correr del tiempo, uno de mis músicos predilectos del siglo XX sería un símbolo del régimen soviético habría pensado que era una broma. La realidad humana es siempre mucho más compleja de lo que creemos, por mucho que nuestros amigos colectivistas se empeñen en ocultarlo.

La buena música nos forma y moldea culturalmente al hacerla nuestra, no sin cierto esfuerzo. Nos humaniza y puede hacernos mejores. Considero enriquecedor escuchar música de calidad (la que sea). La de Shostakovich lo es.

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El parto de los Montes y las varas

No hace mucho tiempo tres magistrados de la Audiencia Provincial de Madrid, estimando un recurso de apelación contra un auto de un juzgado de instrucción de Leganés que sobreseía provisionalmente el asunto, dictaron un resolución mediante la cual confirmaban el archivo del procedimiento penal que se tramitaba contra los médicos del Hospital General de Leganés Miguel Ángel López Varas, Luis Montes Mieza y otros que no recurrieron, siempre que no surjan otros indicios contra ellos. Sin embargo, de forma un tanto sorprendente, y con el apoyo del fiscal, la sala elimina la mención a la mala praxis médica, que el instructor daba por sentada a la luz del dictamen pericial emitido por tres especialistas designados por el colegio de médicos. No creo que sea suficiente para evitar que algunos familiares de los fallecidos en extrañas circunstancias en ese hospital reclamen a los responsables por la vía civil, la cual no exige una prueba tan concluyente para destruir la presunción de inocencia.

Este caso reúne tantas notas de manipulación por parte de un grupo ansioso de poder que resulta paradigmático y explica como pocos los derroteros de la siniestra polarización y sectarización que deliberadamente ha introducido una casta política implacable y falta de escrúpulos. Veamos por qué.

Acostumbrado como estoy al rechazo de toda racionalidad en los debates públicos, llama la atención, sin embargo, la grosera alteración de los términos en los que el caso de las sedaciones terminales en la unidad de urgencias del hospital de Leganés se ha planteado. Partamos de que, para emitir una opinión, tendrían que aclararse los hechos concretos acaecidos, para, en segundo lugar, analizar si, acotados los elementos fácticos, éstos pueden calificarse como ilícitos desde una doble perspectiva jurídica, en sus vertientes penal y civil. Un caso de este tipo merece, por último, que la reflexión se extienda a abordar sus aspectos éticos.

Conviene aclarar que un sobreseimiento provisional, en contra de lo que las terminales propagandísticas del nuevo régimen propagaron, no equivale a la libre absolución de los encausados. De hecho, el juez instructor especificó que tomaba esa decisión porque no había quedado justificada debidamente la perpetración de los delitos que motivaron la práctica de las diligencias penales, es decir, inducción/ayuda al suicidio, homicidio imprudente y omisión del deber de socorro.

Les guste o no a los apologistas del doctor Montes y compañía, para que la eutanasia pueda considerarse todavía como tal, y no como un burdo asesinato, debe contar con el consentimiento libre del paciente, y, aun así, el vigente derecho penal español tipifica esa conducta como delito de ayuda al suicidio.

Me gustaría resaltar uno de los elementos que expresa el juez instructor para justificar su decisión de detener sus investigaciones. Debe tenerse en cuenta que los jueces de instrucción juzgan provisionalmente conductas al tiempo que investigan los hechos que justifican la apertura de diligencias penales. En este caso el juez sopesa el citado dictamen médico sobre cuarenta sedaciones terminales practicadas bajo la responsabilidad de uno u otro de los médicos reseñados, quiénes trabajaban en esa unidad de urgencias del Hospital General de Leganés Severo Ochoa (a su vez gestionado por el servicio madrileño de salud del gobierno regional) y las declaraciones que estos individuos le prestaron como imputados. Con una mejorable redacción, el juez Rosel plasma en las páginas quinta y sexta de su auto lo siguiente:

La autopsia habría permitido conocer si la muerte devino por la enfermedad que ya padecía el sujeto o bien por la sedación terminal administrada. Pero, como informaron los peritos, ya no era posible lograr los resultados con exhumaciones y esa línea de trabajo quedaba descartada, debiendo oírse, a continuación, las explicaciones de los médicos, que merecían de la ocasión para describir sus actos.

En ellas hay discursos muy llamativos. Se ha llegado a decir, incluso, que la sedación terminal no causa la muerte. Así. Ahora bien, hay muchas remisiones a criterios fundados en la literatura científica y a la actuación siguiendo criterios o recomendaciones generalmente aceptadas por la sociedad médica y no puede irse más allá. No puede predicarse que los médicos, conscientes, sedaran al paciente para causarle una muerte inmediata. Tampoco que, negligentemente, prescribieran tales fármacos, sin conocer sus consecuencias letales. No. Nada de esto puede aseverarse y presumirlo, como parece, no basta a los fines del reproche penal. De sus manifestaciones se desprende que los médicos creían, en todo caso, obrar lícitamente y actuar dentro de cánones prefijados por la ciencia. Entendían que sus pacientes morirían en un muy corto espacio de tiempo y que debían mitigar sus dolores. Ante ello, decidieron sedar y se obtuvo lo pretendido, que no era otra cosa que la esperada muerte, pero indolora.

Ante todo esto, uno no puede más que acordarse de aquella novela-profecía Un mundo feliz de Aldoux Huxley (o Brave New World). El mundo utópico donde se acaba con el sufrimiento y el dolor, a costa de la introducción de un régimen totalitario que somete a sus felices esclavos a una programación vital. De los rituales sacrificios que se hacía de los ancianos (antes de que llegaran a mostrar arrugas). De conceptos tan siniestros y tan popularizados hoy por la ideología de la posmodernidad como "ingeniería emocional". No en balde las consignas de aquel régimen eran "comunidad, identidad y estabilidad". Dejo apuntado un campo de investigación interdisciplinar para semiólogos, comunicólogos, politólogos y juristas, sin descartar a los psicólogos y psiquiatras: ¿por qué uno de esos médicos se convirtió en uno de los símbolos de la plataforma PAZ de apoyo a un candidato, que a su vez le prometió "protección"? "No consentiré que nadie persiga a profesionales dignos por intentar ayudar a morir dignamente", dijo el orate… Pues así estamos.

El País rescata a Keynes

El diario El País publicó el pasado jueves un reportaje, titulado "Keynes regresa en ayuda de la banca", cuya tesis principal dice que EEUU y los liberales son tremendamente incoherentes porque sus prédicas a favor del libre mercado terminan justo cuando generan problemas: entonces, aquéllos comienzan a clamar por la imprescindible intervención del Estado para que solucione los excesos de dicho sistema. Emilio Ontiveros, presidente de AFI y economista cercano al PSOE, resume perfectamente la idea: "La paradoja es que la patria del liberalismo y de los excesos neoconservadores se ve obligada a dejar de lado la ortodoxia cada vez que llegan auténticos problemas".

La frase de marras contiene dos errores: 1) el sistema monetario de EEUU no tiene nada de liberal; 2) las medidas intervencionistas que se vienen adoptando en los últimos meses no van a remediar, de ninguna manera, la crisis.

Bien por ignorancia, bien por mala fe, los intervencionistas imputan al liberalismo las consecuencias desastrosas de un esquema financiero que diseñaron ellos mismos. En la actualidad, la moneda es un monopolio público de curso forzoso, y los Bancos Centrales manipulan los mercados crediticios fijando tipos de interés de intervención. No existe ningún tipo de libertad monetaria (bajo la cual los bancos comerciales podrían emitir sus propias monedas) ni de respaldo a las divisas nacionales (se trata de dinero fiduciario no convertible en oro).

Pero otra parte, conviene saber que la crisis actual se debe a que la Reserva Federal y el Gobierno de EEUU han venido siguiendo políticas típicamente keynesianas para salir de la recesión de 2001. Políticas monetarias y fiscales expansivas. Greenspan redujo los tipos de interés al 1% durante más de un año, y Bush ha recurrido sistemáticamente al déficit público desde el referido 2001.

De hecho, hace unas semanas el famoso economista keynesiano Paul Krugman defendió la guerra de Irak desde el punto de vista económico aduciendo lo que sigue: "La guerra en general es expansiva para la economía, al menos en el corto plazo (…) en un momento en que la insuficiente demanda es el problema, la guerra de Irak actúa como una especie de Programa Público de Trabajo, que genera empleo directa o indirectamente".

EEUU está al borde del abismo después de a) haber terminado –desde 1973– con cualquier resquicio de libertad monetaria y b) haber aplicado con escrupulosa precisión políticas keynesianas desde 2001. ¿Con qué cara puede sostenerse que el liberalismo ha fracasado, y que ha llegado el momento de revivir a Keynes?

Los intervencionistas están utilizando la táctica que ya emplearon tras el crack del 29: culpar de todos los males económicos al laissez-faire. En aquel entonces el diablo fue Herbert Hoover; ahora se llama George W. Bush. Sin embargo, ninguno de estos dos presidentes republicanos aplicó políticas liberales que tuvieran que ser revertidas para salir de la crisis. Más bien ocurrió lo contrario.

Bajo el mandato de Hoover se aprobaron el mayor arancel al comercio exterior de la historia de EEUU (el Smoot-Hawley, que cuadruplicaba las tasas anteriores) y una de las mayores subidas de impuestos en tiempo de paz (la Revenue Act de 1932 duplicó, por ejemplo, los impuestos sobre beneficios). Bajo el mandato de Bush, el gasto público se ha incrementado a un ritmo nunca antes visto en EEUU (más que con los manirrotos Johnson y Carter), al tiempo que se ha limitado la libertad empresarial (por ejemplo, mediante la Ley Sarbanes-Oxley).

Vaya usted a saber qué tendrán Hoover y Bush de liberales, pero los intervencionistas (que comparten el fondo de la política económica de ambos) han decidido endilgar la presente crisis al libre mercado.

No es cierto que el keynesianismo sea ahora, como sugiere El País (y como ya se repetía en tiempos de Solchaga), "la única política económica posible". La Fed puede tratar de salvar a los bancos de la quiebra nacionalizando toda la deuda basura de la banca comercial, pero eso sólo acabará con el dólar y con la inversión empresarial productiva. Y es que, sencillamente, el Gobierno no tiene capacidad para convertir la deuda basura en deuda de calidad: lo único que puede hacer es redistribuir el coste de esa deuda. La alternativa a la descapitalización de los bancos es la descapitalización de las familias y las empresas, en una suerte de injustificado vampirismo financiero.

La solución tampoco pasa por rebajar los tipos de interés, ni por aumentar el gasto público. Lo primero sólo contribuiría, como mucho, a añadir más deuda a la montaña de mala deuda que está a punto de desmoronarse; lo segundo sólo reduciría la cantidad de ahorro disponible para amortizar la dichosa montaña.

La crisis es inevitable, y todo incremento de la intervención pública no hará sino contribuir a agravarla. A medio plazo, hay que favorecer un ajuste suave, con menos impuestos, menos gasto público y más libertad en los mercados de factores productivos; a largo plazo, hay que reformar el corrupto sistema financiero internacional para avanzar hacia la libre emisión de divisas convertibles.

Éstos son los presupuestos del liberalismo, que vienen atacándose sin vergüenza alguna desde los albores del s. XX. Éstos son los presupuestos del liberalismo, que los economistas keynesianos actuales desconocen porque sus padres intelectuales contribuyeron a enterrarlos. Éstos son los presupuestos del liberalismo, cuya violación ha generado la crisis actual. Y éstos son los presupuestos que deberán asumirse para salir de ella.

Keynes jamás llegó a morir, porque sus discípulos se encargaron de rendirle un merecido homenaje emponzoñando el sistema financiero internacional. No es momento de resucitar a tan peligrosos vivos, sino de enterrarlos y asegurar el ataúd con poderosos candados.

El Tíbet no es Hong Kong

Las últimas revueltas en Lhasa, protagonizadas por miembros de la organización independentista Tibetan Youth Congress, y la subsiguiente represión de las autoridades chinas han suscitado un gran número de comentarios en Occidente. Dejando al margen a los partidarios del comunismo chino y a los que acusan al Dalai Lama de ser un agente de la CIA (es cierto que en el pasado aceptó fondos tanto de Washington como de Taiwán), llaman la atención los que proponen una solución mediante la aplicación del modelo "dos sistemas, un país", es decir, el sistema vigente en lugares como Hong Kong y Macao.

Hace unos días, Luis Racionero expresaba en El Imparcial su confianza en que Pekín consintiera que el Dalai Lama, quien hace más de dos décadas renunció a la independencia de su país, gobernase un Tíbet autónomo "hasta que la maduración de la democracia en China permitiera llegar a acuerdos beneficios para ambos países sin necesidad de que el gigante aplaste al pequeño". El escritor deseaba que el Tíbet se desarrollase como lo ha hecho Andorra y que sus habitantes alcanzasen la prosperidad económica.

Por su parte, Sir Malcolm Rifkind, secretario de Asuntos Exteriores británico entre 1995 y 1997, defendía en el diario The Timesuna solución optimista y "disponible" basada en el capitalismo y en la relativa libertad de que disfrutan en Hong Kong y Macao, un arreglo que según él China estaría encantada de ofrecer a los taiwaneses. Al igual que Racionero, el político británico considera que la concesión de autonomía y la creación de un Gobierno presidido por el Dalai Lama no serían demasiado difíciles de aceptar para China, cuya política de emigración masiva a la región ha sido un fracaso. Por desgracia, el autor olvida hechos tales como las matanzas, la destrucción del patrimonio artístico y cultural del Tíbet y la pena de muerte por hablar la lengua tibetana o poseer imágenes del Dalai Lama. El artículo termina con una apelación al diálogo a cambio de que el Dalai Lama renuncie a la independencia de su país y a la violencia, como si no lo hubiera hecho antes (ha llegado a amenazar con su dimisión si el Tibetan Youth Congress no cambiaba su táctica) y deseando que "una oferta seria de reforma política y cultural" conlleve "una oportunidad única para que la nueva China sea bienvenida y ocupe el lugar que le corresponde en el panteón de las naciones".

Unos análisis hechos desde la buena fe y el sincero respeto por el pueblo tibetano, aunque también desde la más profunda ignorancia de la labor realizada por el Dalai Lama, algo que China conoce bien y que teme más que un año sin monzones.

En primer lugar, una de las tareas más importantes llevadas a cabo por el Gobierno tibetano en el exilio ha sido la paulatina democratizaciónde sus prácticas y estructura. Así, en 1963 la administración de Dharamsalapromulgó una Constitución que entre otras cosas prevé la destitución del propio Dalai Lama, quien siempre se ha mostrado contrario a la conversión de su país en un parque temático para el disfrute de las minorías contraculturales de Occidente. Además de esto, en los años 60 se creó una Asamblea Nacional Tibetana cuyos miembros son elegidos en la actualidad por sufragio universal de todos los exiliados, cuya tasa de alfabetización es superior al 80%. Este parlamento elige a su vez a un Gobierno y posee iniciativa legislativa. En 1992, el Dalai Lama renunció a jugar un papel político en el futuro Gobierno del Tíbet y en 2000 propuso cambios en la Constitución para que el primer ministro fuera elegido directamente por el pueblo.

En 1973, el Dalai Lama realizó su primera visita a Occidente y en 1987 afirmó en el Congreso de los Estados Unidos que el pueblo tibetano "debe ejercer sus libertades democráticas básicas". En efecto, una de las constantes de su discurso es su convicción de que gracias al exilio muchos tibetanos han conocido la democracia y los derechos individuales ("Vivir fuera del Tíbet me ha proporcionado una perspectiva inestimable, la de saber que nuestro sistema político anterior estaba anticuado y mal equipado para afrontar los desafíos del mundo contemporáneo") y que el acerbo político y cultural occidental, incluida la economía de mercada, contiene una serie de valores que trascienden las diferencias culturales:

Algunos líderes asiáticos afirman que la democracia y las libertades a ella asociadas son productos exclusivos de la civilización occidental. Arguyen que los valores asiáticos son, si no diametralmente opuestos a la democracia, sí al menos significativamente diferentes (…) El reconocimiento y respecto de los derechos humanos básicos, la libertad de expresión, la igualdad de todos los seres humanos y el Estado de Derecho no son simples aspiraciones, sino las condiciones necesarias de una sociedad civilizada.

Pensar que China vaya a admitir con facilidad que un hombre que expresa su admiración por intelectuales como Karl Popper, Amartya Sen y el mismísimo Robert Nozick, aplaudió la caída de la Unión Soviética y agradeció el papel jugado por Estados Unidos y Europa en su fin y afirma que "cuanto más aprendan los tibetanos sobre su potencial individual y su capacidad para jugar un papel en su propio gobierno, tanto más fuerte devendrá nuestra sociedad" ocupe la jefatura de un gobierno tibetano autónomo pertenece al mundo de los sueños. Nadie planta una bomba de relojería en su propia casa. Sólo los incautos pueden llegar a creer que Pekín esté dispuesto a destituir al heredero alternativo del Dalai Lama (el Partido Comunista creó una organización budista propia, igual que hay que hay una jerarquía católica china) y a restituir al Dalai Lama para permitirle difundir su mensaje por toda China. Es por esto que las negociaciones, si las hay, serán largas y difíciles, justo lo contrario de lo que creen los ingenuos, y que el retorno de Tenzin Gyatso y su libertad de expresión y movimiento deben ser condiciones sine qua non de cualquier acuerdo aceptable para los gobiernos occidentales, más allá de la apertura de un centro comercial y de un par de fábricas.

No es la acumulación de capital y el consumo masivo lo que preocupa a los comunistas chinos, sino la afirmación de la autonomía individual frente a un Estado omnipotente. Eso es lo que representan el Dalai Lama y los suyos. Las llaves de China no se hallan en Hong Kong, sino en Dharamsala.