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La función de unidad de cuenta del dinero

Cualquiera que se haya interesado por los aspectos económicos del dinero habrá leído en los libros de economía las tres funciones o características del dinero, a saber, medio de intercambio, reserva de valor y unidad de cuenta. Muchos autores, tanto seguidores de la Escuela Austríaca de Economía como de otras escuelas económicas, han dado extensas explicaciones sobre la adopción de estas características en un bien que se va monetizando, es decir, que se va convirtiendo en dinero. Sin embargo, desde mi punto de vista, la función de unidad de cuenta no suele ser analizada con la profundidad que lo son las otras dos. Se pasa a menudo de puntillas sobre esta como si fuese una característica trivial una vez un bien ya posee las otras dos. Mi intención con este artículo es plasmar por escrito una posible explicación de esta función principal del dinero.

Mi propuesta es: un bien adquiere la propiedad de unidad de cuenta cuando el precio de dicho bien consigo mismo es uno o lo más próximo a uno posible. ¿Cómo podría ser de otra forma? Déjenme explicarme. Tal y como Carl Menger explica en su genial libro “El Dinero”, los bienes no tienen un único precio si no dos, el precio de compra y el precio de venta, el bid y el ask. Además, también explica que la liquidez de un bien es tanto mayor cuanta menor diferencia haya entre estos dos precios. Cuando esta diferencia se hace mínima, un bien adquiere liquidez máxima. Así, cuando dicho bien tiene una amplia oferta y demanda, estos dos precios convergen y puede considerarse que este bien se está o se ha monetizado.

Los manuales clásicos de economía tratan los precios como una relación relativa entre los precios únicos de cada uno de los bienes sin profundizar en el hecho de que cada bien tiene dos precios en vez de uno. Por tanto, según la visión mainstream no tendría sentido comparar el precio de un bien consigo mismo ya que siempre será la unidad.

Resumiendo, un bien adquiere la función de unidad de cuenta cuando su precio de compra y su precio de venta son prácticamente el mismo. Esta función surge según este bien va adquiriendo liquidez en términos mengerianos. ¿Por qué esto es importante? Bien, en el caso de que vayamos a un mercado, si el vendedor de un puesto tuviese a la venta un producto con un precio de X unidades monetarias, si el precio de compra y de venta de las unidades monetarias no fuesen muy próximas, esa cifra “X” no nos serviría para hacer una conversión momentánea entre el precio de los bienes que demandamos y el precio de los bienes que nosotros ofrecemos. El precio sería diferente según la posición en la que nos encontramos, ya sea vendedor o comprador. La característica de unidad de cuenta, entendiendo la palabra “unidad” tanto como medio como valor unitario facilita enormemente el cálculo mental de la conversión de precios entre múltiples productos.

Es decir, la función de unidad de cuenta del dinero se produce por la convergencia entre el bid y el ask, o lo que es lo mismo, por tener un spread mínimo haciendo que, en los intercambios, nos sea irrelevante en qué posición del intercambio nos encontremos ya sea tanto comprador como vendedor.

Réplica a El lenguaje económico II: Las matemáticas

El Dr. José Hernández Cabrera ha escrito recientemente un artículo: “El lenguaje económico (II): Las matemáticas”[1] en el que expone con brevedad su óptica sobre posibles razones o sinrazones de la matematización de la economía e intenta justificar que ello ha sido innecesario y que ha sido perjudicial para la ciencia económica. Como ven mi amigo no se corta. Por lo que parece, lecturas e interpretaciones aproximadas hay bastantes. También hay múltiples y variadas en el sentido contrario. Él me conoce y sabe que juntos y por separado hemos estudiado y trabajado el Tratado La Acción Humana de Mises, y en su libertad me ha invitado a hacerle una réplica a su artículo. Mi reflexión más que una réplica contradictoria o de pugna seguirá en la línea de búsqueda conciliatoria. Estoy vivo, muy vivo por ahora, aunque cada vez con menos tiempo restante y advierto que no estoy solo. Estoy con los otros. Sereno, estable, acompañado, bien sea para alcanzar con ellos algún tipo de acuerdos, bien, en cierta tensión, cuando me encuentro en búsqueda de acuerdos mediante negociación o, en mucha tensión, cuando me encuentro ante conflictos. Esto veo que pasa a todas las personas, físicas y jurídicas. Y dada la escasez manifiesta de tiempo en nuestras vidas, no debemos perder tiempo.

La ciencia económica, como ciencia social, como ciencia humana, se ocupa de problemas en contextos de escasez. Esta condición es inexorable. De no existir escasez, serían los bienes libres y no habría planteamiento económico alguno. La cosa es que los agentes económicos libres, cada quien, en su acción (humana) toma decisiones y al decidir elige y renuncia, en ello tienen puesta todos y cada uno su atención considerando sus respectivos y diferentes objetivos.

“La disputa sobre el método”

Sobre la Teoría de la Elección Racional (TER)

José Hernández Cabrera, en su ímpetu, con su estilete habitual y con claridad, intenta argumentar que las matemáticas no son sólo innecesarias sino también perjudiciales para la economía. Al final de su artículo pone un ejemplo ilustrativo, dice, del error de matematizar las ciencias humanas y, en particular la economía. Lo hace utilizando la Teoría de la Elección Racional (TER) expuesta por una catedrática de universidad, la cual sostenía que “para que un agente sea racional debe tener preferencias racionales, a saber, completas y transitivas”. Y seguía José diciendo: “Solo el axioma de transitividad resulta problemático: …. dicho en román paladino: si Juan prefiere un té a un café y un café a un chocolate, entonces prefiere un té a un chocolate. Los economistas matemáticos consideran que un orden de preferencias puede presentarse como una función ordinal de utilidad: U(x) > U(x’) > U(x’’) y que la elección racional coincide con su maximización”. Seguidamente indica, “semejante ‘teoría’ es ajena a la realidad …” y lo expone así: “un consumidor puede preferir un café por la mañana, un té por la tarde y un chocolate por la noche; e incluso alterar ese orden al día siguiente sin dejar por ello de ser racional. …. La TER, por tanto, no se refiere a como elige un ser humano, sino a como lo haría un robot cuyos gustos son inalterables. Efectivamente, la transitividad solo puede darse en un mundo irreal donde los hombres son maquinas o donde el tiempo no existe”.

Me ha sorprendido mucho esta conclusión. Un ‘mundo irreal’ no tiene que traducirse como ‘falso’; se puede tratar de un contexto donde se introduce un cierto grado de abstracción para simplificar un problema complejo. Y, desde luego, el mundo que describe la TER no necesita en absoluto que los “decisores” sean robots, porque los robots nunca deciden, se limitan a cumplir órdenes. Permítaseme extenderme un poco sobre este punto que me parece particularmente importante.

Sobre los robots, las máquinas y el ser humano.

En relación con este punto lo primero que habría que preguntarse es:¿es el hombre realmente libre?, ¿tiene libre albedrío o no es más que una máquina biológica, un robot? Hay ‘cientistas’[2] que tratan de explicar la  libertad humana a partir de una filosofía estrictamente materialista[3], pero, en mi opinión, esto es un auténtico sinsentido.

Si el universo es estrictamente determinista, el hombre es un robot. La idea de que somos capaces de decidir libremente no es más que una ilusión, tal vez una ilusión que “la naturaleza” nos fuerza a aceptar para poder sobrevivir, pero ciertamente una ilusión. Ahora bien, podría ser que el universo no fuese estrictamente determinista, que en la evolución del cosmos existiese un cierto margen de azar[4]. Aún así, seguiríamos siendo robots, pero robots de comportamiento aleatorio. Podría ocurrir que dentro de esa parte del cosmos que son nuestros cerebros existiera una “máquina generadora de azar”. De este modo las decisiones libres se podrían ligar al azar, como hace el filósofo Robert Kane. Sánchez Molinero[5] resume la tesis de Kane con estas palabras: “el cerebro humano no está programado de tal modo que en cada momento tenga que ir en una dirección especifica; en algunas ocasiones los programas cerebrales se quedan sin saber qué hacer y entonces se produce el “salto cuántico”, es decir, interviene el azar”; y esto es lo que nosotros percibimos como decisiones “libres”. Pero, ¿qué clase de libertad sería ésta?, ¿dónde queda relegada la libertad humana?, ¿tiene esto algo que ver con el libre albedrío?

Evidentemente, si negamos el libre albedrío, La TER carece de sentido, aunque no todos los usuarios de la misma sean conscientes de ello. A lo sumo, podríamos interpretarla, en un sentido positivo, como el intento de describir una ilusión –la ilusión que nosotros tenemos de decidir libremente. Si por el contrario lo aceptamos –si reconocemos la existencia de una voluntad, situada más allá de la física, que es causa última de las decisiones libres–, podemos aceptar la teoría en cuestión como un paso adelante en nuestra búsqueda de la verdad. Simplemente tratamos de descubrir cómo deciden los seres humanos. Aunque el comportamiento de un ser libre, a nivel individual, sea (o pueda ser), en muchas ocasiones, absolutamente imprevisible, eso no impide que podamos observar, con mayor o menor fiabilidad, regularidades predecibles en los grupos humanos, pautas estables de comportamiento.

Lo que resulta más problemático es la interpretación de la TER en términos normativos. Desde luego la catedrática que refiere Hernández Cabrera en su artículo no quedó muy bien al afirmar que “para que un agente sea racional debe tener preferencias racionales, a saber, completas y transitivas”, interpretando esta aseveración como una proposición “normativa.” Formalmente ese “debe tener” podría inducirnos a pensar que se trata de una proposición normativa. Pero no lo es, a menos que estemos dispuestos a tragarnos que las preferencias incompletas o intransitivas son algo “malo” o “indeseable” en algún sentido. Yo desde luego no veo nada malo en las preferencias incompletas. En muchas ocasiones renunciamos a comparar alternativas, reservamos nuestro juicio porque no tenemos suficiente información, o por cualquier otra razón. Tenemos preferencias incompletas.

La cuestión del tiempo.

La otra cuestión que Hernández Cabrera plantea como problemática es el tratamiento del tiempo en la TER. Efectivamente, el análisis económico puede plantearse unas veces en sentido estático y otras en sentido dinámico. Son distintas formas de tratar el factor tiempo. Un mismo sujeto puede tener preferencias racionales cambiantes con un orden transitivo y completo en la mañana, en la tarde y en la noche; o bien un orden cambiante de un día para otro. Esto no implica irracionalidad, como reconoce Hernández Cabrera, ni tampoco puede inferirse que trunque el alcance de la TER. La teoría de la utilidad cuenta con instrumentos, matemáticos, por cierto, para tratar estos problemas. Los cuales pueden resultar a veces bastante complejos, pero no imposibles de tratar.

Las sorpresas del tiempo (mañana, tarde y noche…) y de la racionalidad operan por doquier, también dentro de la economía austriaca. Así, cuando la argumentación austriaca habla del ‘conocimiento disperso’ y del ‘tiempo’ requerido en “los procesos sociales dinámicos” me percato de cómo varía el conocimiento a lo largo del tiempo, tanto el conocimiento que cada uno tiene de sí mismo como de los demás. Pero esto no puede llevarnos a afirmar que existe una diferencia “esencial,” infranqueable, entre el conocimiento de un período y el de otro. En este sentido, leo en Zanotti (2008)[6], que las diferencias entre los autores clásicos de las Escuela Austriaca han sido “demasiado enfatizadas, más por problemas terminológicos y de definiciones que por problemas reales. Hablar, por ejemplo, de una diferencia ‘esencial’ entre Mises y Hayek respecto al tema ‘conocimiento’ me parece en ese sentido un imposible epistemológico. Ellos no podrían ponerse de acuerdo ni con ellos mismos, según fuesen los diversos períodos de su pensamiento. Así que, si fuera el caso de buscar diferencias ‘esenciales’, habría que buscarlas entre los Mises 1,2,3,4… y Hayeks 1,2,3,4,… Hasta que la Escuela Austriaca tuviera una implosión en mil escuelas ‘esencialmente’ diferentes perdiendo la noción de programa de investigación, diverso pero identificable en relación a los otros programas de investigación neoclásicos”.

Recapitulando, permítanme, el hombre es ‘racional’, el tiempo opera, las máquinas o robots están predeterminadas, el hombre tiene libre albedrio, la economía tiene su sitio y la matemática también tiene su sitio, como la TER tiene su sitio y su alcance. Y yo me encuentro lejos del determinismo, lejos de la filosofía materialista y convencido de disponer de libre albedrio.

Sobre el uso de las matemáticas en la economía en la disputa del método.

No acabo de ver el calado de la discusión sobre la matemática en la economía. Creo que el debate refleja la pugna entre dos escuelas de pensamiento muy afines en su alcance, aunque también muy obstinadas en sus métodos. Para “desencallar” el debate me permitiré apuntar lo siguiente: cada individuo, cada quien, para su acción, elección o renuncia, define sus objetivos en libertad e intenta lograrlos en relación con los otros. Pero estos procesos suelen tropezar casi siempre con restricciones exógenas y endógenas. Restricciones exógenas como las relacionadas con la escasez de recursos, los precios relativos de bienes, los precios de factores productivos, las rentas, las políticas fiscales, monetarias y cambiarias, así como las políticas sociales, culturales y religiosas desplegadas en el ordenamiento jurídico y en los usos y costumbres de cada momento. Por otro lado, están las restricciones endógenas, integradas o no en los diferentes objetivos a lograr: como las preferencias, la aversión al riesgo, la cultura, etc.

Nada de esto constituye un problema insuperable para el análisis del logro, alcance y sostenibilidad de los acuerdos en una sociedad civilizada. El análisis puede llegar a ser muy complejo. La búsqueda y el logro de los acuerdos en la acción humana entre personas distintas con objetivos distintos y restricciones diversas es un arte que define lo alcanzable y lo inalcanzable a la luz de los datos disponibles. Más aún, los parámetros y las variables pueden ser, y de hecho son, cambiantes. ¿Por qué? ¡Porque estamos vivos! Hay que asumir la complejidad propia de la existencia humana tanto en la esfera económica como en otras esferas. Y también hay que asumir que los seres humanos a menudo somos inconsistentes; y nos equivocamos. Suponer que somos racionales en el sentido que la TER da a esta palabra, o incluso en el sentido más amplio de la “praxeología” de Mises, es ciertamente un supuesto restrictivo. Pero ninguna teoría puede aspirar a ser una representación exacta de la realidad que pretende estudiar. Conocer implica construir “modelos,” nunca representaciones perfectas, del mundo que nos rodea.

¿Hasta qué punto son necesarias las matemáticas para la construcción de los modelos económicos?  La economía clásica, hasta el último tercio del siglo XIX, se construyó en base a razonamientos puramente verbales. El mismo Marshall, relegó toda su argumentación matemática al espacio de las notas a pie de página. Sin embargo, con León Walrras, Wilfredo Pareto, el marginalismo y todo el desarrollo posterior de la escuela neoclásica, la economía se ha ido llenando de matemáticas hasta alcanzar su culmen en la moderna teoría del equilibrio general.

Evidentemente, se puede llegar bastante lejos en economía sin apenas recurrir a las matemáticas, como ya nos mostraron Smith, Ricardo y los grandes economistas de la Escuela Clásica, así como Mises, Hayek y todos los grandes autores de la Escuela Austriaca. Pero a veces el recurso a las matemáticas resulta ineludible. Sobre todo, cuando entramos en el terreno de la economía cuantitativa y nos planteamos la contrastación de hipótesis basadas en modelos abstractos. Entonces nos damos cuenta no sólo de la importancia de la econometría, que es una disciplina esencialmente matemática, sino también del grado de formalización de la teoría en la cual se apoya. A menudo, la formalización matemática nos ayuda a darnos cuenta de matices que el análisis puramente verbal tiende a pasar por alto.

Para ilustrar esto último con un breve ejemplo, tomemos la teoría de la utilidad. Ciertamente, la oferta y la demanda se pueden racionalizar muy fácilmente sin recurrir a funciones de utilidad, lagrangianas y determinantes hessianos. Basta con ir a algún texto elemental de introducción a la economía. Pero el desarrollo de la teoría formal (matemática) de la utilidad nos permite descubrir la interdependencia entre las funciones de demanda de los distintos bienes; y nos lleva a la conclusión práctica de que las funciones de demanda no deben estimarse de manera aislada sino “en bloque” (sistemas de ecuaciones de demanda).  Esta estimación “en bloque” nos permite apreciar hasta qué punto son significativas las interdependencias y qué tan graves pueden ser los errores cometidos cuándo no las tenemos en cuenta. 

No quisiera dejar en el aire la referencia que hice más arriba a la teoría del equilibrio general. Sin matemáticas sería imposible abordar cuestiones tales como la existencia o la estabilidad del equilibrio general competitivo. Ahora bien, ¿hasta qué punto es útil dicha teoría?, ¿en qué quedan los teoremas de eficiencia cuando se reconoce la presencia de “imperfecciones” inevitables –monopolios, regulaciones, etc.– y la inexistencia de reglas generales para la búsqueda de un “segundo óptimo” (second best)? Mucha gente piensa que toda la teoría del equilibrio general es irrelevante desde el punto de vista empírico. Esta área de la economía constituye sin duda el reino de los matemáticos. Pero, para mí, no es la más interesante.

Hay que asumir la complejidad propia de la interdependencia requerida para la existencia de ‘actividad económica’, que nace de que al menos voluntariamente se geste una relación, el intercambio voluntario (interdependencia) entre al menos dos agentes económicos diferentes, ya sean individuos, familias, empresas (sector privado), gobierno (sector público) y los agentes privados y públicos del resto del mundo (sector exterior). De estos intercambios en los mercados de bienes y servicios, en los mercados de factores productivos, en los mercados de activos financieros y de divisas fluye la posibilidad de “procesos sociales dinámicos” con dimensión económica, social y política, expresados en términos austriacos del profesor Huerta de Soto (2011)[7], que converjan a logros por otra parte no alcanzables sin los intercambios voluntarios y también se hace posible que la actividad económica sea susceptible de medición, al menos de medición aproximada. La cataláctica y la praxeología requiere y se apoya en ‘el cálculo económico’, en el ‘cambio directo’ o en el ‘cambio indirecto’. Asimismo, la escuela neoclásica, ‘prima hermana’ de la escuela austriaca en su alcance, aunque díscolas entre ellas, por sus diferencias en método sobre requerimientos formales, matemáticos, concluye similarmente definiendo el logro de ‘los equilibrios parciales’ o ‘el equilibrio general’ mediante los mercados y la determinación de los precios relativos sostenedores espontáneos de los acuerdos logrados.

Creo que los argumentos austriacos de la acción humana combatiendo sin tregua el despilfarro, considerando los intercambios voluntarios, tanto bajo ‘cambio directo como indirecto’, permiten conciliar conclusiones con aproximaciones diferentes, haciéndolas compatible en su dinámica, no sólo en economías de ‘giro uniforme’, sino también ‘en crecimiento’, sin ingenuidades, ni dicotomías, ni pugnas. La negociación y los acuerdos en todos los ámbitos ponen a los individuos, las sociedades, la libertad, la justicia y la política en su sitio y en ello la matemática y la economía aprecio que se apoyan o pueden apoyarse recíprocamente.

Sobre la “tijera” de Marshall y el significado de los modelos, el punto de equilibrio y los precios relativos.

Sobre estas cuestiones haré tres observaciones[8]:

Primera. La tijera de Marshall encierra un modelo muy complejo, a pesar de su aparente simplicidad [9]. Lo que no se puede olvidar nunca es que se trata de un modelo. Y los modelos han de ser juzgados por su capacidad predictiva. ¿Existe algún criterio mejor? Si lo hay, que alguien me lo explique.

Los humanos siempre estamos utilizando modelos. Los necesitamos para entender el mundo que nos rodea y también para actuar. Incluso en las situaciones más simples. Si quiero cruzar una calle y veo que un coche viene hacia mí, calculo rápidamente la probabilidad de que me atropelle y tomo la decisión de cruzar o no cruzar. Normalmente supongo que el conductor de ese coche no es un loco que va a acelerar para atropellarme. Decido cruzar y corro hasta la otra acera. He fabricado un modelo de comportamiento y lo he “verificado” cruzando la calle con éxito.

También la teoría de la acción humana de Mises se puede interpretar como un modelo, construido a través de un ejercicio puramente deductivo, a partir de unos supuestos, los cuales se presentan como verdades a priori; aunque yo no tengo tan claro que lo sean. Por ejemplo, la idea de que toda acción humana busca la felicidad (mejorar en algún sentido). O la idea de que un sujeto plenamente feliz no actúa, no necesita nada y, por consiguiente, no hace nada. Aquí uno puede legítimamente preguntarse: ¿qué es la felicidad?, ¿quién puede definir un concepto tan abstracto con precisión?, ¿acaso la acción humana, del tipo que sea, no puede ser en sí misma una fuente de felicidad? En cualquier caso, yo nunca podría interpretar estas ideas como verdades a priori. Sí puedo aceptarlas como meros supuestos, en el mismo sentido que acepto la noción de equilibrio en la teoría neoclásica.

Segunda. La noción de equilibrio es fundamental para entender lo que significa “la tijera” de Marshall. Aunque el equilibrio es siempre una abstracción, no es observable. Nosotros nos ponemos unos anteojos para ver el mundo (los mercados en este caso), anteojos para vislumbrar el equilibrio. Podríamos desterrar el concepto de equilibrio, pero siempre tendríamos que recurrir a algún modelo para saber cómo funcionan los mercados. Los modelos son las gafas que podemos utilizar para aproximarnos y ‘movernos’ por el mundo.

Ahora bien, como ya he dicho antes, los equilibrios de mercado no son observables. Se trata de abstracciones. Cuando me encuentro con una distribución de precios –digamos, los precios efectivamente pagados por los pisos en una determinada zona– y una cantidad –el número de pisos de calidad más o menos similar vendidos en esa zona–, calculo el precio medio y supongo que ese es el precio de equilibrio en ese momento para esa clase de viviendas. Si repito este cálculo a lo largo de un trimestre, por ejemplo, y veo que el precio (medio) ha bajado y la cantidad ha subido, lo atribuyo a un aumento de la oferta. Y concluyo que nos estamos moviendo a lo largo de una función de demanda decreciente. De modo parecido, cuando observo que el precio y la cantidad se mueven en la misma dirección, lo atribuyo a variaciones en el nivel de la demanda y concluyo que nos estamos moviendo a lo largo de una función de oferta creciente.

Naturalmente, en todo momento puede haber gente que reserve sus decisiones de compra o de venta en espera de tiempos mejores. Las expectativas también influyen en las ofertas y las demandas individuales. Lo mismo que las rentas, los precios de otros bienes, etc. Son las variables que normalmente agrupamos bajo el paraguas del coeteris paribus (lo cual nos remite a la TER). Algún cambio en esas variables podría hacer que las demandas y las ofertas se movieran al mismo tiempo. Nos encontraríamos entonces con un problema de identificación. Para sortearlo tendríamos que indagar qué es lo que hay detrás de la cláusula coeteris paribus y ver qué ha pasado ahí. A menudo, estos problemas de identificación podemos sortearlos con trucos econométricos, que también se apoyan en modelos más o menos discutibles. No podemos desprendernos de los modelos.

La “tijera” de Marshall, si somos capaces de identificar correctamente las funciones, puede servirnos para predecir eventos importantes. Por ejemplo, qué va a ocurrir en el mercado de trabajo menos cualificado cuando se establece un salario mínimo superior al de “equilibrio” –aunque esta referencia no sea más que una abstracción. O qué repercusiones puede tener el control de los alquileres en el mercado de la vivienda. …

Tercera. Hernández Cabrera cita a Zuloaga (2012)[10] tratando la tijera de Alfred Marshall y señala que “el error más grave es filosófico, porque la <<Tijera>> presupone que oferta y demanda son conocidas con anterioridad al intercambio, <<pero las expectativas del comprador y el vendedor se basan en informaciones dispersas, intenciones personales, intimidades ocultas… etc. que resulta imposible representarlas por una expresión matemática y con antelación al hecho real de un acuerdo transaccional>>”. Hernández Cabrera hace una lectura audaz, aunque creo algo atrevida, precipitada. Él infiriendo lo innecesario de la matemática para la economía afirma seguidamente: “El razonamiento correcto es el inverso: solo una vez que se produce el intercambio, fijando precios y cantidad, podemos hacernos una idea sobre la oferta y la demanda”. Es verdad que no se aprecia ex-ante la oferta y la demanda. Lo que sí se aprecia de “la tijera” es el punto de cruce, resultante del acuerdo de intercambio voluntario, precio y cantidad acordada (p, x). Se aprecian los acuerdos alcanzados. Y hasta a veces se refrendan ante notario. Y el mismo Hernández Cabrera indica que ex-post podemos hacernos una idea sobre la oferta y la demanda. Resalto la relevancia de este punto, más que el ex-ante o el ex-post. Advertimos esto porque las personas captamos los precios de los bienes, ciertamente no podemos directamente observar las preferencias o gustos de los demás, pero conocemos y reconocemos los propios gustos, preferencias y objetivos, cada uno de sí mismo. Al captar los precios de los bienes se captan los precios relativos. Los precios relativos observables permiten a cada quién decidir con su información subjetiva las cantidades susceptibles de demanda y de oferta y las cantidades reales del intercambio voluntario que son las de compra-venta dependiendo del precio y el lado corto del mercado. ¡Esto es fantástico! y merece ser lo destacado. Lo importante, lo realmente relevante. Una información, una realidad objetiva, observable, captable, por el conjunto y por cada persona que concurre al mercado ‘toca tangencialmente o mediante solución de esquina’[11] con una información real subjetiva, conocida por cada persona, de manera que cada quién va tomando decisiones sobre cantidades observando los valores del vector de precios relativos. Cada escuela puede, por sus respectivas metodologías, explicar los procesos de ajuste, bien mediante los ‘procesos sociales dinámicos’[12] de la escuela austriaca o bien por los ‘excesos de demanda positivos o negativos’ que explican la convergencia del ‘núcleo de la economía’ y de los precios hacia el vector de precios relativos eficiente propio del ‘equilibrio general competitivo’[13]

La economía puede analizarse y estudiarse con robustez siguiendo ambas escuelas y sus metodologías. Afirmo que la matemática al servicio de la economía me ha ayudado a comprender los conocimientos que he alcanzado y también a atisbar la magnitud de mi ignorancia, sin ser condición necesaria ni suficiente para lograr la entera comprensión de la economía. Las escuelas austriaca y neoclásica con sus sistemas metodológicos abiertos me han ayudado.

Es verdad que no vemos las tijeras de Marshall ni la navaja de Ockham, no vemos las demandas marshalianas, ni hicksianas ni las ofertas ni los costes marginales cuando vivos vamos por la calle. Es verdad que no vemos las preferencias y gustos de las personas. Es verdad que no vemos por las calles las distintas restricciones tecnológicas formales que operan en las empresas. Pero no verlo, no ver funciones de utilidad ordinal, curvas de indiferencias, relaciones marginales de sustitución, restricciones presupuestarias, isocuantas, relaciones técnicas de sustitución, procesos productivos y combinación lineales de los mismos, funciones de beneficios, ingresos y costes,…., reitero, no verlas por las calles no implica que no existan, que no operen, que no ayuden y tampoco que no se necesiten para entender también la toma de decisiones propias de la acción humana mejorando y complementando la construcción lógica teórica.  La abstracción matemática puede ayudar, incluso su razón para aplicarla suele ser, aunque no siempre, simplificar la aproximación al problema complejo objeto de análisis. Nos puede permitir alejarnos para ver el bosque mejor.  Ello puede entrañar la incomodidad del ‘formulismo matemático’ pero no por ello creo cabe considerarla como “innecesaria complicación” que “choca frontalmente con el principio de sencillez o parsimonia atribuido al escolástico Guillermo de Ockham”[14].

Alongarnos a ver. ¿Un atrevimiento o algo necesario?

¿Qué podemos ver en los asuntos económicos y en la necesidad de medición? Casi todo está escrito en los clásicos sin formalización matemática. Tras León Walrras, en cambio, con Alfred Marshall, Wilfredo Pareto, el marginalismo y la escuela neoclásica, con sus intentos de aproximación “al paradigma dominante: el positivismo”[15], la economía así explicada se ha llenado y rellenado de matemática desde la escuela neoclásica hasta la máxima expresión formal con la teoría y teoremas del equilibrio general y el mismo desarrollo de la propia ‘economía matemática’. También la economía puede seguirse muy bien en los textos y artículos de la escuela austriaca con Mises, Hayek, Rothbard, Huerta de Soto, Bastos, Rallo…, sustentada en la argumentación, la cataláctica y la praxeología, que ha seguido en su gran desarrollo la más genuina línea clásica. Aunque no les quepa duda que también calcula y mide, porque el hombre en su acción humana en su toma de decisiones necesita hacerlo y calcula, ¡claro que calcula y mide! ‘El Cálculo Económico’ es criterio permanente para la cataláctica y la praxeología, pues intentar combatir sin tregua el despilfarro buscando caminos de mejora lo requiere cada quien en su acción. Como explicita el axioma central de la praxeología: “Toda acción humana es el intento deliberado de pasar de un estado menos satisfactorio a otro más satisfactorio. Acción humana como libre e intencional con conocimiento disperso” Zanotti (2008)[16]. Ya desde antiguo se dice: ‘siéntate a calcular tus gastos’. Ciertamente Mises (2011)[17] indica que “en la esfera praxeológica, el concepto de medición carece totalmente de sentido”. Esto paradógicamente lo hace, y muy bien, en la tercera parte de su impresionante Tratado, titulada certeramente ‘El Cálculo Económico’, que tiene tres capítulos: “XI La evaluación sin cálculo”, “XII El ámbito del cálculo económico”, y el “XIII el cálculo monetario al servicio de la acción humana”. Al servicio de la acción humana todos los recursos, siempre escasos, deben y pueden utilizarse. En la misma página 271 ante la realidad patente apreciada de que “los precios del mercado son hechos históricos, resultado de una constelación de circunstancias registradas en un cierto momento del irreversible proceso histórico” Mises necesita entrar en la idea (abstracción) de Estabilización. Idea que desarrolla en su punto 5 para la validez de los métodos del ‘cálculo económico’ que ‘solo exige evitar que se produzcan graves y bruscas variaciones en la cantidad de dinero’, ‘un sistema monetario inmune a la interferencia estatal’ impidiendo ‘que el gobernante provoque por sí mismo inflación’ y evitando ‘que introduzca la expansión crediticia de la banca privada’ (la reserva fraccionaria). Todo ello se hace preciso para que no se desarticulen las relaciones monetarias (y su reflejo en los precios visibles, observables) y perturben ‘el cálculo económico’ preciso para decidir y actuar, sin exigir la rigidez en el poder adquisitivo de la unidad monetaria por impensable e irrealizable.

Tras el disfrute de la lectura permanente del tratado de Mises….y de la escucha y participación atenta a debates donde se abordan los diferentes problemas desde la óptica austriaca, en congresos, reuniones, jornadas y encuentros, también me ha surgido interés por escrutar los textos y abordar la sistematización estructural sintética de esta forma de analizar. Escrutando las referencias bibliográficas he visto qué bueno es apoyarse en lo que otros economistas han pensado y escrito antes, así en este punto me gustaría destacar el trabajo de Zanotti, G.J. (2008)[18] apoyándose en lo que han pensado los grandes economistas austriacos y ha realizado una síntesis  en su artículo y conferencia: “Axiomas y  Teoremas en la Escuela Austriaca de Economía”. Al leer el axioma central, los teoremas praxeológicos y los teoremas de la economía aprecio múltiples paralelismos en conceptos, conclusiones o implicaciones de ambas escuelas encauzadas por sus respectivas metodologías. Cito algunas: que la acción es para mejorar y para empeorar mejor es estar quieto, los medios son escasos, toda acción implica acto de valoración, satisfacción de necesidades prioritarias, medios y fines, falibilidad, el acto de valoración es subjetivo, bienes de consumo y bienes de producción, producidos y originarios, los factores de producción, acción humana transeúnte (externalidad), ley de la utilidad marginal, la utilidad marginal decreciente, la productividad marginal, la productividad marginal decreciente, la relación inversa entre la utilidad marginal del factor trabajo con la utilidad marginal del ocio, la acción humana transcurre en el tiempo, la ley de preferencia temporal (consumo presente-consumo futuro), el interés originario, ahorro e inversión y su relación con el ahorro previo, el sujeto actuante como inversor: el aumento del capital disponible (inversión neta), el mantenimiento del capital disponible (la amortización o depreciación) y el consumo del capital, la división del trabajo, las condiciones necesaria para el intercambio, la oferta y la demanda encuentran una valoración común en el precio, el precio implica la síntesis del conocimiento disperso, tendencia directa entre oferta y precio, tendencia inversa entre demanda y precio, el mercado tiende espontáneamente acercar las expectativas de oferta y demanda a través del precio, los precios son condición necesaria para ‘el caculo económico’, el cambio directo o trueque se complica con el aumento del número de agentes demandantes y oferentes, el cambio indirecto (moneda) lo resuelve, el precio del dinero es su poder adquisitivo, el aumento de la oferta de dinero produce tendencia a la baja de su poder adquisitivo, el aumento de la demanda de dinero genera la tendencia contraria,…, los efectos adversos de la intervención pública des-economizarían, descoordinación entre oferta y demanda por controles de precios mínimos o máximos efectivos, la desviación de producción y de comercio hacia zonas de menor productividad por tarifas arancelarias, la no neutralidad del impuesto, la menor capitalización derivada del impuesto directo, el reparto de la carga del impuesto depende de las sensibilidades de los demandantes y oferentes, el cálculo económico es imposible bajo socialismo, tal sistema económico no permite conocer los precios de los factores de producción. En definitiva,alongándome con cierto atrevimiento he visto todo un elenco de implicaciones realmente validas y robustas.

En conclusión

Con todo, ambas escuelas intentan aproximarse de forma diferenciada metodológicamente a los mismos intercambios voluntarios, a lo que ocurre cuando los agentes, las personas en su respectiva acción humana, de forma voluntaria y libre, concurren en los mercados que operan como mecanismos de asignación de bienes, servicios, factores y activos financieros. En esta tarea la matemática, el análisis formalizado es una herramienta, un recurso, susceptible de utilizarse en sus diferentes niveles, en el campo propio de la economía, no con ánimo determinista, de conocimiento exacto, en absoluto, sino como recurso que posibilita la aproximación al conocimiento de la acción humana y social mediante un sistema axiomático-deductivo o mediante modelos, simples o complejos, que intentan captar en sus dinámicas las pautas estables de comportamiento de los diferentes agentes que concurren en los diferentes mercados y su interdependencia.

Hay que asumir la complejidad propia de la interdependencia requerida para la existencia de ‘actividad económica’ que nace de que voluntariamente se geste una relación, el intercambio voluntario. De estos intercambios en los mercados fluye la posibilidad de “procesos sociales dinámicos” con dimensión económica, social y política, que converjan a logros por otra parte no alcanzables sin los intercambios voluntarios. Tales intercambios voluntarios, flujos, hacen posible que la actividad económica sea susceptible de medición, al menos de medición aproximada. Creo que los argumentos propiamente austriacos de la acción humana combatiendo sin tregua el despilfarro, considerando los intercambios voluntarios permiten conciliar conclusiones con aproximaciones diferentes, sin ingenuidades, ni dicotomías, ni pugnas. La negociación y los acuerdos en todos los ámbitos ponen a los individuos, las sociedades, la libertad, la justicia y la política en su sitio y en ello la matemática y la economía aprecio que se apoyan o pueden apoyarse recíprocamente.

Bibliografia:

Dennet D.(2004), Freedom evolves, Viking-Pienguin Group, 2004.

González Pérez J.M.(2019), La Igualdad.XII Congreso de Economía Austriaca, 2019. Madrid.

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[1] Hernández Cabrera José (2021), “El lenguaje económico (II): Las matemáticas”. Instituto Juan de Mariana, 5.4.2021

[2] “Los economistas austriacos denominan cientismo a este “intento profundamente acientífico de transferir acríticamente la metodología de las ciencias físicas al estudio de la acción humana”. Por desgracia, la disputa sobre el método en la ciencia económica es el origen de otros tantos desacuerdos en el plano teórico, tal y como apunta Moreno (2021)”. Véase Hernández Cabrera J (2021) citando a Rothbard (20011), pag.3 y a Moreno (2021). Véase en Von Mises L. (2015) en el ESTUDIO PRELIMINAR incorporado por Huerta de Soto J. pág. xlii. La metodología apriorístico-deductiva y la crítica del positivismo cientista.

[3] Sánchez Molinero, J.M. (2015), “Últimas preguntas. Un ensayo sobre los límites de la razón”. NTh nº 21, pag.43 2ª Época. ISTIC. Tenerife.

[4] Véase Sánchez Molinero, J.M. (2015). Ob.cit. Pág.46.

[5] Véase Sánchez Molinero, J.M. (2015). Ob.cit. Págs. 46 y.47.

[6] Véase Zanotti, G.J. (2008) , Axiomas y Teoremas en la Escuela Austriaca de Economía. Conferencia para el II Simposio Internacional. Fundación Hayek.. PDF created, www.pdffactory.com .

[7] Véase en Von Mises L. (2015) concretamente tras el índice general de la obra el ESTUDIO PRELIMINAR incorporado por Huerta de Soto J., al referirse a “la economía como teoría de los procesos sociales dinámicos: crítica del análisis del equilibrio (general y parcial) y de la concepción de la Economía como una mera técnica maximizadora”; págs. xliv-xlvii. Me ha sorprendido leerlo. Veo, leyendo el tratado de V. Mises, efectivamente su gran mérito “de construir toda Ciencia Económica de una manera lógica sin necesidad alguna de utilizar funciones…”. Pero, por otro lado, no alcanzo a vislumbrar, por qué afirma Huerta de Soto J. que en Von Mises hay razón “para negar el sentido que tiene la construcción matemática de una Ciencia Económica basada en el modelo de equilibrio (general o parcial) …”. Véase González Pérez J.M. (2019) como un ejercicio de aproximación ecléctica.

[8] Con la ayuda inestimable de mi profesor y maestro Sánchez Molinero, José Miguel (UVA), tras debatir sobre ello.

[9] Incorporo un comentario a mi réplica de Muñoz Cidad, Cándido (UCM), que fue decano de mi facultad y me animó a emprender la actividad docente: “Las tijeras” son muy útiles para explicar y hacer intuitivas cosas complicadas. El propio Walrras a mí me explica muy bien toda una economía interdependiente (que es una idea que entienden mal los no economistas y el economista medio). Lo que no me parece que interese es la matematización actual más ingenieril que económica (sin base económica) así como todas esas regresiones forzadas, cada vez más complejas desde el punto de vista estadístico-teórico. Y qué pocos temas de interés nuevos han sacado la presunta economía matemática. Muy recomendable el excelente libro de Deirdre Nansen McCloskey: ‘Por qué el liberalismo funciona’. Deusto contra la nueva clerecía progresista. …. Además, hace una excelente crítica a Piketty, …”.

También incorporo un comentario recibido de Barbé Durán Lluís (UAB), mi primer jefe en Bellaterra, resaltando la Matemática y la importancia de la Inferencia Estadística del campo económico-social, así como su acuerdo con Cándido Muñoz Cidad en el interés que presentan los libros —todos— de McCloskey, …Uno de sus primeros libros … La Economía como retòrica, es impagable”.

[10] Zuloaga, M (2012), “Oferta y demanda: una crítica a la Tijera de Marshall”. Recuperado de: https://mzuloaga.wordpress.com/2012/08/23/tijera/

[11] ¿Tangencias entre las Relaciones Marginales de Sustitución (RMgS) dadas las preferencias y las restricciones presupuestarias, definidas por los precios relativos de los bienes y servicios?; ¿tangencias entre las Relaciones Técnicas de Sustitución (RTS) dadas las tecnologías y los precios relativos de los factores requeridos?; ¿tangencias entre RMgS y RTS?; ¿O, soluciones de esquina bajo las condiciones de Kuhn Tucker? ¿Abstracción de alcance interesante?

[12] Véase González Pérez JM (2019), La Igualdad. XII Congreso de Economía Austriaca, 2019. Madrid.

[13] Véase Hildebrand W. y Kirman A.P. (1976, 1982), concretamente creo es suficiente su resumen introductorio págs.9-45.  Introducción al análisis del equilibrio, Antoni Bosch, editor. Traducción y edición 1982.

[14] Véase HCJ (2021), en su punto sobre el lenguaje matemático.

[15] Véase Hernández Cabrera J (2021), en su punto sobre la disputa del método.

[16] Véase Zanotti, G.J. (2008) , Axiomas y Teoremas en la Escuela Austriaca de Economía. Conferencia para el II Simposio Internacional. Fundación Hayek.. PDF created, www.pdffactory.com .

[17] Véase Mises, L. (2015). La Acción Humana. Tratado de Economía. Madrid: Unión Editorial. Undécima edición. Pág. 271, también lo cita HCJ (2021),

[18] Ya citado. He leído con mucha atención los enunciados del axioma central de la praxeología, los enunciados de los 24 teoremas praxeológicos  y los 87 teoremas de la economía ( Primera parte del núcleo central : 1-8 sobre el paso a los precios; 9-19 Sobre ‘Cambio indirecto’ (moneda); 20-23 sobre factores de producción: a) sobre el factor capital (24-34); b) sobre el factor trabajo 35-49; c) sobre factores originarios de producción de naturaleza no humana 50-54;  Segunda parte del núcleo central (intervencionismo): 55 (teorema central); 56-58 sobre precios; 59-64 sobre moneda; 65-69  sobre Mercado de capitales (teoría del ciclo); 70-77 sobre Trabajo y salarios; 78- 81 sobre Recursos naturales; 82-85 sobre medidas  adicionales de restricción de la producción; 86-87 sobre socialismo (cooperación social en ausencia total de mercado)  y creo ver paralelismo de los conceptos y equidistancia cuidada en los métodos.

El drama chileno

El fin de semana pasado los chilenos acudieron a las urnas para elegir a sus 155 representantes para la Convención Constituyente que se encargará de redactar una nueva Constitución. El bloque de izquierda, entre los que se incluyen representantes del centro y la izquierda radical (Apruebo y Apruebo Dignidad) ha obtenido 53 escaños y los llamados ‘independientes’, 48. Los representantes de los pueblos indígenas tienen 25 escaños y el bloque de la derecha tan solo 37. A estos últimos no les alcanza, ni siquiera, para proponer peticiones de veto a las enmiendas. La izquierda radical, contando con los moderados de Apruebo y los independientes, tiene la posibilidad para aprobar la futura Constitución chilena.

El presidente Sebastián Piñera en su comparecencia después de conocer los resultados dijo “no estamos sintonizando adecuadamente con los anhelos de la ciudadanía”. Lo cierto es que los liberales y el centro derecha -no solo en Chile- se niegan a dar la batalla ideológica, y su importancia, parece ser, no está en la agenda, cuando en realidad la batalla ideológica debería ser un eje ineludible para promover un mensaje sobre los buenos resultados obtenidos, en el caso de Chile. Eso es, precisamente, lo que hacen los populistas. Ellos tienen un manejo sólido del lenguaje y cuando las cifras no son halagadoras, se las inventan, pero siempre consideran la comunicación como parte imprescindible de su estrategia y le dan la importancia que se merece al posicionamiento de su narrativa.

Con tan solo el 41 por ciento de participación los asambleístas elegidos crearán una nueva Constitución para los todos los chilenos. Cabe mencionar que la Constitución de 1980 tiene más de cincuenta reformas. En el año 2005 el presidente socialista, Ricardo Lagos, tras la aprobación por el Congreso chileno de una serie de reformas constitucionales propuestas por el entonces presidente, éste manifestó: “Hoy, el nuevo texto constitucional se pone a la altura del espíritu democrático de todos los chilenos; y hoy Chile se une tras este texto constitucional”. Por ello, el falaz argumento de que la Constitución de 1980 es la “constitución de la dictadura”, no se sostiene.

Algunas de las propuestas para la redacción de la nueva Constitución chilena son: un mayor protagonismo del Estado en la política económica (intervencionismo), la idea de la Plurinacionalidad y la posibilidad de modificar el sistema de gobierno a uno ‘semi presidencialista’.

La Convención Constituyente tiene su antecedente en las protestas sociales de 2019 bajo el discurso de la desigualdad, la injusticia y el retraso social creyendo que una nueva Constitución es la solución a todas las deficiencias estructurales y a la crisis social y económica. Sin embargo, es preciso señalar que Chile con su actual Constitución es una de las mejores democracias del mundo y la tercera de América Latina, es el país con las instituciones más sólidas de la región donde sus ciudadanos gozan de libertades plenas, y uno de los países que más ha reducido sus índices de desigualdad económica y social en el continente.

Entonces, ¿por qué surgen las protestas y una propuesta de nueva Constitución?

En definitiva, la política es el instrumento para transmitir emociones y consolidar intereses. Y a pesar de lo que muchos creen, el crecimiento y la prosperidad no se perciben de forma espontánea, se debe comunicar con ánimo de presentar a la ciudadanía de dónde vienen y el porqué de los resultados.

El populismo se sirve de las crisis con el objetivo de obtener réditos del poder y avanzar en sus proyectos totalitarios. Si la crisis real no existe, juega con la retórica y la comunicación con el ánimo de intoxicar el ambiente político y aumentar la polarización y el enfrentamiento.

Ahora Chile se enfrenta a una dura batalla donde, lamentablemente, primarán los intereses demagógicos sobre los resultados prácticos y evidentes de una de las mejores democracias y economías de la región y de un país que ha alcanzado niveles de desarrollo como pocos en América Latina poniendo en marcha una política de libre mercado y abriendo sus fronteras al mundo.

En busca de un titular

La descripción periodística objetiva de un hecho es imposible. Incluso cuando quien la realiza cree actuar desinteresada ydesapasionadamente (segunda la segunda acepción que de “objetivo, objetiva” da la RAE), esa descripción nunca es “independiente de la propia manera de pensar o de sentir” (primera acepción de la RAE), y está siempre condicionada, lo queramos o no, por la forma de ser, de pensar, de vivir y de entender el mundo de quien la realiza. Si ni siquiera es del todo objetiva una fotografía, que siempre recoge una muestra, por definición parcial, y dependiente del fotógrafo, de la realidad que pretende captar, qué no ocurrirá cuando para elaborar una crónica el periodista tiene primero que captar todo lo que pueda de esa realidad dinámica y, por definición, inasible en su totalidad (primer filtro), comprenderla y asimilarla a través de los conceptos y forma pensar propios (segundo gran filtro), y transmitirla a través de palabras, polisémicas y nunca biunívocas (tercer gran filtro). Así, cuanto más escueta esla crónica, más se simplifica esa realidad, y más patente quedan los prejuicios de su autor. En el titular de la noticia se llega al extremo.

En los últimos días estamos asistiendo a lo que parece una forma casi unánime de describir lo que está ocurriendo en Israel. Las crónicas -no digamos ya los titulares- de la práctica totalidad de los periódicos de nuestro país tienen el mismo enfoque: todos destacan el poder y la fuerza, aparentemente incontrolados e incontrolables, de Israel, el dolor y la muerte que está ocasionando en los palestinos, la debilidad e indefensión de éstos últimos, las decenas de niños y de mujeres palestinas fallecidas… en definitiva, la injusticia y la inmoralidad de la respuestajudía frente a los ataques.

No deja de llamar la atención esa forma coincidente, uniforme y sencilla de entender y describir unos hechos tremendamente complejos, que hunden sus raíces en circunstancias históricas, religiosas, políticas,ideológicas e incluso económicas profundos y difíciles de entender que deberían dar lugar a una gran diversidad de opiniones que no existen; asombra una crítica tan unánime y radical a la forma de actuar de un país democrático en el que rige el estado de derecho y en el que se respetan los derechos individuales y la libertad religiosa y de culto; un país que creció sobre los despojos del Imperio Otomano -no es el único-, tras una decisión de la ONU y apoyándose, al menos en parte, en los kibutz, el ensayo real más parecido que conozco al Walden Dos de Skinner, que tan caro debería ser para la izquierda; en el que, frente al lanzamiento indiscriminado de cohetes desde Gaza, se responde con intervenciones quirúrgicas que tratan de atacar exclusivamente a la infraestructura terrorista y a sus impulsores, aunque pueda ser más lento, menos efectivo y más arriesgado. Nadie parece necesitar explicar -quizás porque todos consideran igual de “irrelevante”- cuál es el origen del dinero con el que los palestinos han comprado todas esas armas a pesar de la situación en la que se encuentra su población; ni el porqué del ataque palestino; ni la forma en la que los terroristas palestinos esconden su infraestructura tras hospitales, colegios o edificios civiles; ni el uso que otros países hacen de la “reivindicación palestina”, y mucho menos de sus fines; ni la forma en que esa reivindicación ha evolucionado desde 1948, y especialmente desde 1964, y quiénes han sido sus impulsores y sostenedores y por qué…

Tiendo a pensar que hay una razón poderosa que explica esa casi unanimidad al enfocar la cuestión palestina. Pero de las ocho o diez que se me ocurren, ninguna me parece suficiente por sí sola, ni siquiera destacable sin todas las demás; quizás por eso me veoincapaz de resumirlas en un par de páginas, y mucho menos de ponerle título al comentario.Aún así, mis prejuicios me impiden pasar página y me obligan a seguir buscando esa causa principal y con mayúsculas, que condiciona la forma de pensar de tanta gente,a izquierdas y derechas, en idéntica dirección… seguramente para nada. Eso sí, que no me digan que esa unanimidad es prueba de objetividad, ni en este ni en ningún otro asunto: la objetividad es metafísicamente imposible en el ser humano, lo queramos o no.

El ajedrez y la libertad

¿Querría jugar si las reglas del juego permanecieran inmutables, pero la distribución de las recompensas fuera alterada de acuerdo con los principios igualitarios: si los premios, los honores, la fama no fueran dados al ganador, sino al perdedor, si el hecho de ganar se considerara como un síntoma de egoísmo y el ganador fuera castigado por el crimen de poseer una inteligencia superior, y la pena consistiera en la suspensión por un año, para darles una oportunidad a otros? ¿Intentarían, usted y su adversario, jugar no para ganar, sino para perder? ¿Qué le causaría esto a su mente?

Ayn Rand

La serie “Gambito de Dama” ha puesto de moda el ajedrez, algo que celebro. El ajedrez guarda valores que nos acercan a aceptar la realidad tal y como es: altamente compleja y que empezamos a masticar desde los cuatro años, como indica el escritor Arturo Pérez Reverte en un maravilloso artículo. que indico abajo. 

Hace tiempo leí una carta de Ayn Rand a Boris Spasski con la que disfruté de la admiración que le supuso ver dos mentes al límite de su ingenio y disciplina. La rusa explora cómo el ajedrez se parece a la vida. No podría estar más de acuerdo en su apreciación. La escritora ve cómo el mundo es un tablero y las piezas tienen diferentes cualidades. Tienen sus fortalezas y debilidades y para sobrevivir no queda más que, dentro de los límites que nos ponen las leyes de la naturaleza y las leyes del poder, encontrar un hueco y ser felices.

¿Por qué me gustó tanto?

Porque la primera derivada, lo fácil, hubiera sido pensar “algunos nacen reyes y otros peones, pero seamos todos peones”, ¡puño al aire! ¿Qué resultado vemos con esta negación de la realidad? Hambre y guerra, lo llevamos viendo varios miles de años. 

El problema es el de siempre, ya que los peones no podrían ganar en ningún universo conocido a un regimiento de reyes, reinas, torres, alfiles, caballos y, sobre todo, peones. Bien diversificados, preparados para la dureza a la que se enfrentan y dispuestos a comportarse como un equipo. Siendo honesto, al final somos casi todos peones aunque de vez en cuando salga un Einstein, un Freud, un Kant o un Spaski, que son sustancialmente superiores al resto y no encuentro otra opción más que admirarlos. La alternativa a la admiración es la indiferencia, respetable, o la envidia, execrable.

¿Por qué mundo debemos luchar?

Por un mundo que protege al peón indefenso ante la crudeza de las piezas negras, por ejemplo, en caso de que consideremos ser las piezas blancas, que sería la realidad que nos rodea. Hay dos maneras de ayudar a una pieza indefensa en ajedrez: cooperando o compitiendo, casi sinónimos, por cierto. Cooperar sería si nos acercamos a la parte del tablero donde está el peón indefenso para auxiliarlo consiguiendo igualar fuerzas. Competir sería amenazar a las negras en el otro lado del tablero haciendo que el peón, gracias a la innovación y la creatividad de la jugada de las blancas, mejore su maltrecha situación de debilidad.

Por un mundo en el que de una vez aceptamos que ni somos iguales, ni partimos desde el mismo sitio del tablero. ¿Duro? Quizá realista. Y solo aceptando esa dureza podremos asumir que debemos dudar de quien nos ofrece libertades positivas, porque será el lobo de Caperucita. Debemos intentar conquistar, con la cabeza alta, las libertades, seamos quien seamos, nacer peón o nacer torre jamás nos puede quitar las ganas de ser mejores. 

Me retiro con Borges, cuando dice:

Dios mueve al jugador, y éste, a la pieza. 

¿Qué dios detrás de Dios la trampa empieza

de polvo y tiempo y sueño y agonías?

No se me ocurre mejor manera de acabar.

El Mar Negro (II): el impacto soviético

Uno de los principales problemas que suelen afectar a los ecosistemas, o al menos uno de los más publicitados, es la proliferación de especies invasoras. Hay que decir que este argumento es un poco tramposo, pues da la sensación de que los sistemas ecológicos son cerrados, aislados de otros, que las especies que los habitan son eternas y únicas y apenas sufren variaciones en su calidad genética, en la cantidad de individuos y especies distintas que los componen, y que las condiciones se mantienen para siempre. Los ecosistemas son sistemas dinámicos que tienen sus propios mecanismos de defensa y adaptación y que cambian con el tiempo, soportando desde luego la invasión de especies, de modo que una multitud de pequeños cambios a lo largo del tiempo termina dando lugar a uno lo suficientemente profundo como para considerar que estamos ante un nuevo ecosistema. Es cierto que, antes del hombre, estas invasiones eran posiblemente más pausadas y el ecosistema tenía más tiempo para adaptarse a los cambios. El ser humano, como especie dentro del ecosistema global que forma la Tierra, ha creado e introducido en ella la tecnología que le permite hacer mucho más rápidos los intercambios de materiales, energía o información, además de cambiar las condiciones del entorno para su comodidad[1] y esto, obviamente, termina impactando sobre los ecosistemas, más acostumbrados a cambios más suaves y prolongados en el tiempo.

En los años 80 apareció en el Mar Negro una nueva especie, la Mnemiopsis leidyi, un cetanóforo (una especie de medusa) proveniente de la costa americana del Atlántico. Esta especie invasora, que también arraigó en toda Europa y en la parte occidental de Asia y que seguramente se introdujo de manera accidental en buques mercantes provenientes de Estados Unidos, se alimenta de zooplancton -en el que se incluyen las larvas de pescado y crustáceos-, así como de otras medusas. Al ser hermafrodita, es capaz de fecundarse a sí mismo, por lo que su proliferación no está condicionada a la aparición de otro espécimen de género contrario. Además, en su nuevo entorno del Mar Negro no tenía ninguna especie que lo depredara, por lo que su población se disparó sin apenas problemas, alimentándose del zooplancton que en unos pocos años empezó a escasear, afectando a las especies que sí dependen de él, entre ellas, algunas de las especies que se pescaban y que fueron escaseando.

Sin embargo, siendo la situación preocupante, hubo un elemento que vino a alterar aún más el estado del Mar Negro durante los años 80: la ineficacia de la agricultura soviética a la hora de satisfacer las necesidades alimentarias de su población. Su agricultura era una parte más de la planificación económica y no estaba sujeta a una investigación de la mejora del rendimiento, al menos no cómo lo estaba en otros países. A ello se unió la megalomanía del régimen que se embarcó en la construcción de infraestructuras sin el debido estudio de su viabilidad, siendo más importante el hecho de mostrar estas inútiles obras de ingeniería como grandes logros de su poder. La economía soviética de los años 80 estaba en crisis, pese a que en Occidente se la tenía como una potencia, no sólo en el aspecto militar, sino también en el económico.

La URSS llevaba muchos años teniendo dificultades para alimentar a su población, pues tenía una agricultura demasiado anticuada comparada con la de su enemigo occidental. Ello le obligó a hacer dos cosas. La primera fue endeudarse, comprando trigo a su gran enemigo americano y a sus aliados. La segunda fue optar por una explotación sin sentido de sus recursos hídricos y el abuso de abonos químicos, con la esperanza de que sus cosechas tuvieran un mayor rendimiento. En el entorno del Mar Negro, las fértiles -hasta hacía relativamente pocas décadas- llanuras cerealistas empezaron a recibir dosis excesivas de abonos de nitrógeno, fósforo y otros productos químicos. Por otra parte, con la intención de aprovechar mejor los recursos hídricos, se realizaron presas a lo largo de los ríos que desembocaban en sus aguas, como la de Stalin en el Dniéper o la de Tsimlyansk en el Don; presas que no tenían en cuenta cosas tan básicas como el proceso de colmatación en el transcurso de los años[2]. Esta necesidad megalómana también afectaba a sus países satélites. El dictador rumano Chauchescu planeó drenar el delta del Danubio, talar la vegetación y poner arrozales. Afortunadamente, semejante salvajada no se llevó a cabo.

En los 80, un exceso de contaminantes empezó a verterse hacia el Mar Negro, el nitrógeno y el fósforo de los abonos ayudaban al fitoplancton a desarrollarse de manera descontrolada, a la vez que la Mnemiopsis leidyi depredaba el zooplancton que se alimentaba de él. Esta dinámica propició la eutrofización del mar, fenómeno que ocurre cuando hay un aporte excesivo de nutrientes que favorece una proliferación excesiva del fitoplancton que, a su vez, termina con el oxígeno libre que hay disuelto en las aguas, del que vive la mayoría de las especies acuáticas, provocando la muerte de estas o su migración a zonas aún adecuadas para su vida.

La contaminación del agua fue la gran aportación del régimen soviético y otros países comunistas al medioambiente del Mar Negro, y no sólo de fósforo o nitrógeno. La agricultura soviética también usaba de manera masiva los pesticidas que, a diferencia de Occidente, no tenían un control para impedir daños colaterales. A eso había que añadir la contaminación radiactiva proveniente del accidente de Chernóbil y otras fuentes, así como los habituales vertidos de aguas fecales o contaminadas por la industria, que tampoco tenían los sistemas de limpieza que se estaban desarrollando con mayor o menor acierto en Occidente. La proliferación de presas también estaba afectando al agua que llegaba al mar, con una fauna piscícola especialmente afectada, sobre todo, la migrante. Un ejemplo de este desgobierno ocurrió en 1983, cuando una presa industrial en la ciudad de Stebniki estalló liberando en el mar 400 toneladas de compuestos potásicos, que contaminaron las aguas durante décadas.

La solución chocó con unas circunstancias difíciles. Los institutos científicos de la URSS ya habían avisado de que se debía hacer algo y su análisis de la situación, pese a haber sido ignorado por el régimen, era certero y proporcionó datos a los investigadores posteriores. La desaparición de la URSS afectó al proceso de investigación que, de la noche a la mañana, se vio sin fondos ni medios. El caos político pareció acrecentar el problema o, al menos, paró el planteamiento de soluciones.

La introducción de un depredador natural para el Mnemiopsis leidyi no era una buena solución, pues no habría dejado de ser otra nueva especie invasora que podría afectar a las existentes, así que el único recurso factible era reducir los vertidos y eso era, literalmente, cambiar la política agrícola de varios regímenes comunistas o en breve excomunistas. En este sentido, puede que la desaparición de la URSS y la democratización de sus países satélites fuera una ayuda inesperada.

En unos años, la presión sobre la ecología del Mar Negro se redujo significativamente con la introducción de sistemas más adecuados en la agricultura, tras la apertura del bloque del Este a Occidente. Por otra parte, una de las cosas que más llamó la atención a los científicos fue la relativa y rápida recuperación de los ecosistemas cuando los vertidos se redujeron. El grado de eutrofización disminuyó y algunas especies empezaron a prosperar de nuevo, aunque otras desaparecieron. En la actualidad, otros peligros amenazan al Mar Negro desde lo que fue la URSS. Los problemas militares y políticos entre la Federación Rusa y Ucrania, por una parte, y Georgia por otra, impiden hacer frente a este y otros muchos asuntos y se está volviendo a viejos escenarios.

Resulta sorprendente ver cómo la izquierda comunista se ha hecho con el monopolio de la lucha por el medio ambiente y cómo es el capitalismo el que, desde el punto de vista popular, agrede al planeta Tierra, al equilibrio ecológico y a la biodiversidad. Un repaso a la historia muestra que los principales desastres naturales a manos del hombre han venido de sistemas políticos de carácter totalitario o autoritario, aunque no únicamente. Sólo hay que ver actualmente cómo afronta la República Popular China la lucha contra la contaminación: de ninguna manera práctica que la rebaje y sí mediante un gran plan de propaganda que endosa a sus enemigos occidentales sus propios desastres.

Al contrario, si de algún lugar surgen las denuncias y las soluciones a estas catástrofes, es de aquellas sociedades donde se es más libre a la hora de criticar o denunciar las agresiones y de buscar las soluciones. El socialismo/comunismo y el ecologismo tienen una coincidencia muy evidente: ambos defienden una solución basada en la regulación, la intervención económica y la ingeniería social. Ambos se complementan muy bien y uno, el ecologismo, le sirve como base moral al otro, el comunismo/socialismo. Desde un punto de vista más político, la excusa del daño medioambiental ha sido usada para instalar políticas mucho más restrictivas, con o sin razones científicas, sobre las actividades humanas. Las instituciones favorables a la intervención y las personas o grupos que las dirigen se han congratulado en encontrar una razón moral que justifique su existencia. El problema en Occidente es que el resto del espectro político ha aprendido esta estrategia de colaboración entre ideologías y, hoy por hoy, conservadores, cristianodemócratas y populistas de diversas familias incluyen en sus programas ciertas políticas que, no hace mucho, sólo se podían leer en los programas de los partidos verdes.

Por último, quiero incidir en la capacidad que tienen los ecosistemas para reparar las heridas que las circunstancias, entre las que se encuentra la acción del hombre, pueden infligir y que está basada en su dinamismo y capacidad de adaptación. No estoy diciendo con esto que se pueda hacer cualquier cosa porque al final se ‘curan’, pero sí observo que en los mensajes mediáticos se ignora esta resiliencia (sí, en este caso está bien usado el término) de los ecosistemas, que se muestran habitualmente como sistemas frágiles que hay que mimar.

En el siguiente artículo analizaré la explotación comercial pesquera y cómo, desde la otra orilla del Mar Negro, la costa turca, se actuó de manera insensata en nombre de la intervención estatal.


[1] Hay que tener en cuenta que, de alguna manera, esta capacidad la tienen todas las especies, siendo más marcada en las especies animales sociales.

[2] No es raro que los regímenes totalitarios cometan este tipo de errores. La presa de las Tres Gargantas en China lo está experimentando en la actualidad o, si nos vamos a casos más antiguos, la de Asuán en Egipto, es otro ejemplo de mal diseño. La sobreexplotación de los acuíferos, que son sobreexplotados sin esperar a que las lluvias los recarguen, terminan provocando la desertificación de la zona, como ocurrió con el Mar de Aral.

El Mar Negro (I): Un acercamiento

La planificación central silenciosa: cuando los objetivos ESG se imponen a través de los bancos centrales


Cualquier persona que comprenda el funcionamiento de la política monetaria y de los bancos centrales en los países occidentales, sabe que la emisión de dinero es una actividad en monopolio legal, que además es llevada a cabo por una entidad política, pretendidamente independiente, movida por criterios políticos más o menos afines al bienestar social.

De que es un monopolio legal no tendrán ninguna duda los numerosos televidentes que disfrutaron con la primera temporada de La Casa de Papel y llegaron a su último episodio, en el que el Profesor explica perfectamente lo que hacen los bancos centrales (en su caso, la Casa de la Moneda) y que no se le deja hacer al común de los mortales. Él lo aplica a la impresión de billetes: sabemos que Casa de la Moneda imprime billetes, una actividad poco sofisticada; pero si usted trata de hacer la misma actividad en casa, será detenido por falsificación, aunque su billete sea exactamente igual que el que haya producido el banco central. Imaginemos cuanto más fácil puede resultar esta “impresión” de dinero en un mundo digital, donde basta apretar al Enter tras la cifra deseada para crear dinero en una cuenta.

En resumen, el dinero se suministra al mercado, en general, mediante un monopolio legal y en planificación central[1]. Las razones por las que esto se hace así son muy diversas y hasta pueden sonar lógicas; no voy a entrar en ellas, pero sí quiero recordar al lector que este sistema tiene poco más de un siglo de historia, y que en el pasado no era así, existiendo, en general, competencia de monedas y emisores, por llamarlos de alguna manera.

Contrariamente a la mayor parte de los bienes, el dinero está presente en todas las actividades económicas y en casi todas las transacciones entre individuos. Por ello, cualquier economista que conozca los efectos negativos de los monopolios legales, debería poder fácilmente extrapolar los riesgos que supone un monopolio legal en la “sangre” del sistema. Por ejemplo, el monopolista podría dar el dinero recién creado en condiciones distintas a según qué empresas, o incluso denegárselo, y de esta forma decidir ganadores y perdedores en la economía.

El problema se agudiza en un entorno de tipos de interés artificialmente bajos (y digo “artificialmente” porque son obra de ese monopolista legal y no reflejan las preferencias de los individuos: ¿cómo va a querer alguien que le quiten dinero por ahorrarlo?), en el que las empresas han tendido a sobre-endeudarse como consecuencia de dichas señales erróneas. Así, se ha generado una enorme dependencia económica de la deuda[2], por lo que diferencias en las condiciones de acceso a la misma suponen la diferencia entre viabilidad y desaparición para muchas empresas.

La solución a esta evidente amenaza ha consistido en dotar a los bancos centrales de una exquisita independencia del poder político, y en definir de forma precisa sus objetivos, tradicionalmente definidos en función de la inflación. Vamos, que han de tratar a todos los bancos por igual con respecto al dinero creado en la búsqueda de ese objetivo de estabilizar los precios, o estabilizar el valor del dinero[3].

Hasta aquí todo fenomenal. Pero ¿qué ocurre si se utiliza el banco central como herramienta para conseguir otros objetivos en el mercado? Acabamos de ver el potencial de los bancos centrales como planificador central: con sus decisiones, pueden elegir ganadores y perdedores, con independencia de las preferencias de los individuos. Si, por ejemplo, el banco central decide que no se han de dar préstamos a las tiendas de mascotas, ¿qué viabilidad tendrán éstas?

Para mi sorpresa, algo parecido, aunque con muchos más grados de sutileza, está ocurriendo. Resulta que el Banco Central Europeo ha decidido la inclusión de riesgos relacionados con el cambio climático en la valoración de los riesgos de los bancos a que supervisa: “Climate-related risks can be captured in risk categories that are already used by financial institutions and reflected in the Basel Framework, for example credit risk, market risk, liquidity risk and operational risk.[4]. Además, ahondando en dicha sorpresa: “it is becoming ever clearer that beyond climate-related risks, biodiversity loss could also be a source of material financial risks.” Como lo leen.

Anécdotas aparte. ¿qué significa todo esto? No siendo experto en regulación bancaria y financiera, quizá me equivoque en mi análisis. Pero al menos quiero dejar claro lo que pienso que significa. Si me equivoco, tanto yo como mi paz mental agradeceremos la enmienda.

Mi lectura es que los activos de los bancos (que son, principalmente, inversiones o préstamos en terceras empresas) se van a calificar no solo en base a los riesgos tradicionales (crédito, mercado, liquidez y operativos), si no también en base a riesgos climáticos. Esto es, según la “neutralidad” que el proyecto empresarial presente respecto al medio ambiente. Así pues, si el proyecto se juzga nocivo para el medio ambiente, su riesgo tenderá a ser mayor, y, en consecuencia, serán peores sus condiciones para acceder al crédito. Los bancos quedarán disciplinados como correa de transmisión, en la medida en que el riesgo global de su cartera les penaliza en su acceso a los recursos del BCE.

En resumen, se permite al BCE (no sé si a otros bancos centrales también) discriminar en el acceso a fondos según la actividad empresarial. Hasta dónde yo sé, esto carece de precedentes. Por el contrario, sienta uno peligroso en cuanto a dirigismo de las economías de la zona Euro.

No voy a discutir la base científica del cambio climático que es en lo que se apoya la clase política para este proyecto de tintes soviéticos. Incluso podemos aceptar que no haya dudas sobre tal fenómeno (cuya evidencia se construye con modelos a 30 años vista, como si alguno de ellos pudiera prever siquiera qué va a pasar la próxima semana). El problema es que esto abre una puerta a este uso torticero del monopolio legal auto-conferido por los Gobiernos. Y no sólo eso, sino que también existe una hoja de ruta clara por la que es fácil adivinar que pueden seguir estos derroteros de planificación central. Esa ruta se llama objetivos ESG[5] (“Environmental, Social and Governance”) y está ya presente en muchos gestores de fondos, empezando por el más voluminoso del mundo, Blackrock.

Así que, si atribuir riesgos climáticos dentro de los bancarios se impone, ¿por qué no poner riesgos relacionados con políticas de género o con cualquier cosa políticamente correcta que se les ocurra a los inconscientes planificadores centrales?

Por supuesto, Blackrock es libre de escoger como invierte el dinero de sus inversores; si el mercado no está intervenido, sus fondos ESG tenderán a dar menos rentabilidad que fondos análogos que solo se guíen por este último criterio, y será la decisión de los partícipes si prefieren más rentabilidad o estar socialmente comprometidos en los términos propuestos por Blackrock. Pero la cosa es muy distinta si el que está imponiendo su preferencia es el monopolista legal en la emisión del dinero, porque entonces nos está comprometiendo a todos con sus criterios, estemos o no de acuerdo con ellos.

Lógicamente, los lectores que crean en la democracia se preguntarán de qué vale votar “Libertad” si al final los organismos independientes nos pueden implantar la planificación central por la puerta de atrás. A ver si encuentran respuesta.


[1] El “en general” es para que no me acusen los lectores de olvidarme de Bitcoin y otras criptomonedas. 

[2] Casualidades del destino, parece que estos días el Bank of America está advirtiendo sobre que “los riesgos de fragilidad en el mercado son los más altos de la historia debido a la alta dependencia de la Fed”. Ver la noticia de El Economista: https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/11211196/05/21/BofA-alerta-de-que-los-riesgos-de-fragilidad-en-el-mercado-son-los-mas-altos-de-la-historia.html

[3] Si alguien tiene dudas sobre el objetivo principal del BCE solo tiene que mirar el artículo 127.1 del Tratado de la UE.

[4]All the way to zero: guiding banks towards a carbon-neutral Europe”, Keynote speech by Frank Elderson, Frankfurt am Main, 29 April 2021. Disponible en https://www.ecb.europa.eu/press/key/date/2021/html/ecb.sp210429~3f8606edca.en.html

[5] Environmental, Social and Governance

Bienestar Sustentable: capacidades y libertades

Jhoner Perdomo 1*, Mauricio Phélan C 1 and Sary Levy-Carciente 1,2

1Universidad Central de Venezuela. Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales.

2Academia Nacional de Ciencias Económicas. Venezuela.

*Correspondencia: jhonerperdomo@gmail.com.

Nota: El artículo recoge información contenida en Bienestar Sustentable. Una forma de hacer vida, una forma de hacer política (Ed. Universo de Letras, Madrid).

Los modelos de desarrollo y bienestar actualmente están evolucionando hacia perspectivas multidimensionales, destacando elementos éticos que respeten valores y principios consustanciales a la condición humana -desarrollo en libertad- y de sostenibilidad, tanto ambiental como temporal, fomentando una consciencia sobre la responsabilidad de las generaciones presentes.

El desarrollo en libertad nos invita a incorporar el valor que tienen las capacidades de las personas para forjar su propio desarrollo. Esa capacidad que tienen los propios individuos se potencia con otras capacidades, oportunidades sociales y libertades para lograr el florecimiento humano y el bienestar de las personas, basado en lo que el individuo valora en ser y hacer. En ese sentido, en la medida que el individuo logre más capacidades, podrá ir ampliando sus libertades y a su vez generando mayor bienestar.

Uno de los principales desafíos para el desarrollo en libertad es incorporar las condiciones futuras del bienestar manteniendo las libertades presentes y futuras. Lograr resultados positivos, considerando el costo que ello puede tener para las futuras generaciones e inclusive la suya en un momento futuro. Ello es: una persona puede estar disfrutando de cierto nivel de bienestar hoy, sin percatarse de estar reduciendo o suprimiendo sus libertades y capacidades de su propio bienestar en el futuro. En muchos casos, incluso, sin poder tomar decisiones como agente de su propio bienestar. Asimismo, sus decisiones presentes tendrán impacto en las capacidades y libertades de las siguientes generaciones.

Un modelo de desarrollo puede ser considerado como generador de bienestar si el mismo es sustentable en el tiempo. Precisamente la cuestión no es qué modelo genera más bienestar, sino cuál genera más bienestar de forma sustentable en el tiempo, ¿cuál otorga las mejores garantías para que ese bienestar que ostentan los países llamados desarrollados, o quiénes quieran alcanzarlo, perdure? Así, es evidente la necesidad de cambiar la perspectiva de lo que es un bienestar presente aceptable.

En ese sentido, el bienestar debe ser más que una forma de vida del presente y plantear una alternativa basada en el Bienestar Sustentable, que permita crear más condiciones para la sustentabilidad y mayor responsabilidad. En este orden de ideas, las personas tomarán decisiones para su bienestar actual, considerando el riesgo y los costos que eso implica para su propio bienestar futuro y el de otros. El bienestar actual condicionado por el futuro favorece la creación de consciencia y el fortalecimiento de una ciudadanía libre y responsable. Ello a su vez induce a considerar las múltiples aristas del desarrollo concibiéndose bajo un enfoque multidimensional y de capacidades que habilitan y potencian al individuo en sociedad.

Para poder afirmar que algo es sustentable, es necesario incorporar todas las dimensiones asociadas al bienestar: debe ser sustentable económicamente, porque de lo contrario generaría una deuda social inaceptable; debe ser sustentable políticamente, porque de lo contrario limitaría la gobernabilidad; debe ser sustentable culturalmente, porque de lo contrario generaría tensiones que atentaría con la paz; debe ser sustentable ambientalmente, porque de lo contrario se alterarían las posibilidades ecológicas; y naturalmente, debe ser sustentable éticamente, porque estos fundamentos no son negociables. Las dimensiones deben estar equiparadas a fin de garantizar la armonía entre ellas, con la finalidad de integrar una visión temporal de la sustentabilidad entre presente y futuro.

Es también importante reemplazar la visión de medición de resultados – más asociadas al ahora y a los enfoques actuales de desarrollo – incorporando la de capacidades que permite obtener las condiciones asociadas para la sustentabilidad del bienestar. Amartya Sen plantea que la sustentabilidad es el impulso de las capacidades del presente, sin comprometer las capacidades de las generaciones futuras; ya que desconocemos en el presente lo que ellos valorarán en ser y hacer, y suponerlo es una supresión de sus libertades. Entonces ¿Qué condiciones generan capacidades? Y la respuesta es que éstas son múltiples y diversas: desde la institucionalidad, la democracia, la educación, la familia, el derecho de propiedad, o en general el estado de derecho, las libertades, entre otras. Son condiciones que en sí mismas generan capacidades y sustentabilidad.

Lo anterior sienta las bases de una concepción más amplia de bienestar. Al incorporar sus condiciones futuras, se abre un camino para alcanzar la sustentabilidad. Es decir, un Bienestar Sustentable. Al integrar el enfoque de capacidades y el enfoque multidimensional del bienestar nos lleva a considerar las capacidades centrales propuestas por Martha Nussbaum. Las 12 dimensiones del Bienestar Sustentable serían entonces: Vida; Salud Física; Integridad Física; Sentidos, Imaginación y Pensamientos; Emociones; Razón Práctica; Afiliación: Amistas, Afiliación: Respeto; Relaciones con otras especies, Control sobre el Juego y la distracción, Control sobre el entorno Político; y Control sobre el entorno Material. Agregándolas en cuatro grandes macro-capacidades, tendríamos: (1) Cuerpo: como elemento que nos conecta físicamente con el mundo, el cual, se debe mantener con salud e integridad hasta su muerte natural de ser posible; (2) Mente: para ser capaces de pensar, sentir las emociones y concretar el razonamiento de la buena vida y las virtudes en la que debemos ser y hacer; (3) Relaciones: y (4) Manejo del Entorno que permite contactarnos con la sociedad y con la naturaleza, para poner en práctica las virtudes y nuestras libertades. Véase la Figura 1.

Plantear el Bienestar Sustentable desde el enfoque de capacidades, tiene como hipótesis que en la medida que existen mayores capacidades, oportunidades y libertades, habrá mayores posibilidades de que dichas condiciones generen sustentabilidad. Así, en el tiempo, las personas tendrán garantías para poder ser y hacer lo que valoran, incrementando sus libertades y su bienestar. Entonces para un Bienestar Sustentable se debe considerar los riesgos hacia el futuro por medio de las condiciones existentes para que el bienestar sea sustentable en el tiempo, y esas condiciones estén basadas en las capacidades del presente.

Partiendo de estos elementos teóricos, se realizó una prueba estadística con los países de Latinoamérica. Para ello, se consultaron diversas bases de datos: Latinobarómetro, LAPOP, Foro Económico Mundial, Banco Mundial, diversas instancias de las Naciones Unidas, CATO, HERITAGE y FRASER, así como empresas internacionales como GALLUP y Google, entre otras. Se seleccionaron un total de 116 indicadores distribuidos entre las 12 dimensiones y se aplicó un análisis de correspondencias múltiples (ACM).

Los países de la región con los mejores resultados y por lo tanto con condiciones del Bienestar Sustentable son Uruguay, Chile y Costa Rica (ver Fig. 2). Son países donde las personas tienen las mejores garantías para que en el futuro puedan tener mayores oportunidades para ser y hacer lo que valoren. En el caso de Uruguay se puede notar la armonía favorable en las diversas dimensiones, lo que representa un modelo a estudiar y posiblemente a replicar.

En conclusión: el modelo de Bienestar Sustentable ofrece un enfoque de desarrollo integral, que rescata tanto valores éticos como de sustentabilidad (temporal y ambiental) favoreciendo así la concientización de una ciudadanía libre y responsable. Este trabajo permite mostrar que no solo son fundamentales los valores en su concepción y dimensionamiento, sino que es factible su medición para guiar la toma de decisiones tanto públicas como privadas.

Referencia

Perdomo, Jhoner; Phélan, Mauricio and Levy-Carciente, Sary (2021). El Bienestar Sustentable. Una forma de hacer vida, una forma de hacer política. ISBN: 9788418570636. 344pp. Madrid: Editorial Universo de Letras. Disponible en: https://n9.cl/jhoner

Mises no comprendió a Menger III

El objetivo de mi comentario en el instituto Juan de Mariana es hablar de Bitcoin desde la perspectiva de lo que puede aportar para nuestra libertad. En ocasiones anteriores he tratado cuestiones sobre teoría monetaria y sobre teoría del intercambio porque considero que son cruciales para poder entender Bitcoin.  

Más concretamente analicé el encaje de Bitcoin con la teoría monetaria dominante en la tradición austriaca, que es la teoría de Ludwig von Mises, y que la verdad, tiene un encaje bastante malo. La teoría de Mises no explica bien Bitcoin; Bitcoin es real, y una teoría que no explica bien la realidad no es una buena teoría.

Uno de los problemas de la teoría de Mises es que, como ya he comentado en ocasiones anteriores, no presta demasiada atención a la teoría de las mercancías. Es decir, a los bienes que utilizamos como medios de intercambio pero que no son dinero. Mercancía es todo lo que cada uno de nosotros producimos o adquirimos que no es para nuestro autoconsumo sino para obtener algo a cambio, que en una economía altamente especializada tiende a ser prácticamente la totalidad de nuestra producción.

Por ejemplo, un abogado puede que alguna vez se preste servicios a sí mismo, pero la mayoría de sus servicios los realiza para obtener algo a cambio. Es decir, sus servicios prestados a terceros son para él un medio de intercambio, una mercancía. 

No voy a negar que el significado popular de mercancía no cuadra demasiado con lo que digo en el párrafo anterior, pues por mercancía solemos entender un bien tangible que además puede consumirse. Y de hecho este significado es el que utiliza Mises en su teoría.

Sin embargo, Carl Menger utiliza un significado radicalmente opuesto a la acepción popular, y tiene muy buenas razones para hacerlo. Para Menger un bien es una mercancía en tanto en cuanto sólo tiene valor de cambio para su propietario. Es decir, el propietario no tiene ninguna intención de consumir el bien sino de volverlo a vender. Y en el momento que este propietario o el siguiente consumiera el bien, entonces dejaría de ser una mercancía.

Por tanto, según esta definición utilizada por Menger es fácil concluir que el dinero es siempre una mercancía, pues los propietarios no lo poseen con intención de consumirlo sino con intención de intercambiarlo más tarde o más temprano. Y los bienes que no se pueden consumir, como la moneda fiat o Bitcoin, son mercancías en estado puro. Una mercancía es además dinero cuando su vendibilidad es muy alta, cuando es generalmente aceptada para los intercambios.

Como Bitcoin es una mercancía o medio de cambio pero no es generalmente aceptado, necesitamos una buena teoría de las mercancías para poder explicarlo. Y la más rigurosa y acertada en mi opinión es la teoría de Menger que le dedicó el capítulo VII entero en sus Principios de Economía política. Cabe destacar el siguiente comentario de Menger en este mismo capítulo:

“Como en otras cuestiones, también en este punto mantiene Schmalz una teoría muy peculiar. Confunde en su obra (Staatsw. in Briefen, 1818, I, pág. 63), a consecuencia de su errónea concepción de la relación entre el dinero y las mercancías, la idea de mercancía con la de bienes de uso en el estricto sentido de la palabra y llega, por tanto, a una definición científica de las mercancías radicalmente opuesta a la que hemos ofrecido más arriba.”

Este comentario es directamente aplicable a Mises, que por mercancía entiende bien de uso o consumo, justo lo contrario que Menger. En la teoría de Mises no cabe la posibilidad de que un bien tenga valor solo por ser única y exclusivamente un medio de cambio. Para Mises, el bien tiene que ser de consumo, o al menos tiene que tener una relación de convertibilidad histórica anterior, directa o indirecta, con un bien de consumo. Por tanto la teoría de Mises no puede explicar Bitcoin, pues Bitcoin es un medio de cambio “puro” desde que se inventó.

Satoshi Nakamoto intercambió su esfuerzo y su electricidad a cambio de unidades de Bitcoin, y basta observar como bautizó a su criatura, leer su whitepaper o sus comentarios en diversos foros para llegar a la conclusión más que razonable de que él valoraba más esas unidades de Bitcoin que su esfuerzo y su electricidad porque consideraba que Bitcoin podría llegar a ser demandada como medio de cambio en el futuro, y no por ninguna otra razón. 

Se podría decir que ese “podría llegar a ser” es un futurible, una utilidad especulativa y por tanto no es una utilidad real.  Creo que esto es irrelevante, pues eso pasa con cualquier otro invento nuevo, no es especial de los bienes que solo sirven como medio de cambio.  Cuando alguien inventa algo nuevo siempre lo hace de manera especulativa, no tiene la certeza de que los demás lo vayan a demandar. Y además esto pasa también con bienes que no son nuevos.  ¿Cuántas veces un comerciante se tiene que “comer” su mercancía (ropa, alimentos, etc) porque no consigue venderla?

Toda acción humana mira siempre hacia el futuro, especula con el futuro y conlleva más o menos incertidumbre. Bitcoin, por supuesto, no estuvo exenta de esa incertidumbre en su concepción, ni tampoco lo está ahora por mucho que ya se esté utilizando como medio de intercambio. 

En conclusión, observar el carácter de mercancía de Bitcoin, siempre según Menger, nos permite entenderla y explicarla mejor.  No tiene demasiado sentido pretender encajarlo en la teoría del dinero cuando todavía no lo es, y además podría no llegar a serlo nunca.  Esto no quiere decir que no pueda ser útil como mercancía, pues podría cumplir funciones complementarias a las del dinero como por ejemplo intermediar intercambios a más largo plazo, de forma análoga a como el oro las cumple actualmente a pesar de no ser dinero. 

No creo que volvamos a tener un buen dinero hasta que se lo quitemos al Gobierno de las manos, es decir, no podemos quitárselo violentamente, todo lo que podemos hacer es introducirlo astutamente de tal forma que no lo puedan parar.”

F.A. Hayek, 1984

Mises no comprendió a Menger I

Mises no comprendió a Menger II

La concepción del Estado y la democracia en la teoría marxista

Hace escasamente un mes se originó en Twitter, a raíz de unas declaraciones de la Ministra de Trabajo sobre comunismo y democracia, un interesante debate acerca de la concepción del Estado y la democracia liberal en la teoría marxista. Leyendo a ciertos marxólogos como Callinicos (2011), se me ocurrió profundizar en el asunto y tratar de expandir mi argumento sobre por qué el marxismo clásico y la democracia liberal son antagónicos y se repelen entre sí por sus propias bases teóricas. No es poca la influencia de las ideas marxistas en el campo de la teoría democrática, siendo más relevante incluso la fuente de la que emana dicha teoría en la escuela marxista: la concepción del Estado por parte del filósofo prusiano.

La concepción de Estado y democracia en la teoría marxista van inextricablemente unidos al funcionamiento del sistema capitalista y las teorías de Marx en torno a este. La idea principal de Marx en este sentido es que la existencia de un gobierno democrático es imposible en una sociedad capitalista. Según Marx, la concepción liberal del Estado (Locke, Mill…) es una mera ilusión, debido a que la libertad formal y la igualdad ante la Ley y en materia de derechos individuales se verían afectados por efectos parciales de las medidas de ese mismo Estado, que nunca serían neutrales, debido a la imposibilidad de la “neutralidad estatal”, tan perseguida en ocasiones por muchos liberales. Acorde a la teoría marxista, el Estado defendería los intereses de la clase capitalista, ya que esta sería a su vez la base material de la propia estructura estatal.

Es por ello por lo que Marx ve las capacidades transformadoras de movimientos como el del sufragio universal como extremadamente constreñidas por la desigualdad existente entre las diferentes clases sociales y las consecuencias propias de dicha estructura de clases en lo referente al acceso al poder político y socioeconómico, encontrándose íntegramente ligados, según Marx. Marx, por tanto, se opone frontalmente a la democracia representativa y pone constantemente en tela de juicio su funcionamiento y estructuras. Para Marx, las elecciones y el voto son un medio incapaz de controlar los poderes del Estado o variar mínimamente su funcionamiento. Marx ve al Estado meramente como un ente coordinador de una sociedad de clases en pro de la clase dirigente, siendo esta la poseedora del poder económico.

Una de las obras de las que creo que más se puede extraer acerca de la concepción marxista del Estado es El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852). Dicha obra analiza la llegada y asentamiento en el poder de Luis Bonaparte entre 1848 y 1852, describiendo los medios a través de los cuales el mandatario francés logró acumular poder y centralizarlo en el ejecutivo, erosionando la capacidad de influencia de la sociedad civil sin poder económico sobre el destino de la nación y el funcionamiento del Estado. En este libro, Marx elimina cualquier halo de bondad o benevolencia de la figura del Estado y lo representa como un agente político que ejerce coerción sobre la sociedad civil de manera constante y cuyas acciones no dependen de los designios ni deseos de esta. Para Marx no es la sociedad civil la que modela al Estado, sino que son el Estado y sus múltiples instituciones asociadas las que constriñen los poderes de la sociedad civil (tanto en el plano económico como político) y la modelan al antojo de los planes de este gran ente, situándolo como uno de los principales agentes de la superestructura.

Marx ve al Estado como una fuerza coercitiva y coaccionadora de la sociedad civil por la influencia que sobre él ejerce la clase económicamente dominante. El Estado previene cualquier movimiento social contrario a los poderes establecidos, reprimiendo cualquier fuerza que trate de alterar el orden políticamente predominante, como sería el caso de la revolución proletaria. El Estado, por lo tanto, funcionaría como un mecanismo de defensa y protección de los poderes fácticos y no un mecanismo de coordinación de los intereses y designios de la sociedad. La tesis principal de Marx en lo que respecta su concepción del Estado se basa en que, en un orden económico de carácter capitalista, el Estado jamás podrá llegar a ser independiente de la clase económicamente dominante, es decir, de aquella que controla los medios y procesos de producción, ya que el poder y continuidad del Estado dependerían en gran parte de las bases materiales de la sociedad, como ocurrió en el caso de Luis Bonaparte y su protección de los intereses económicos y el poder material de la clase capitalista durante la Segunda República en Francia.

Para Marx la distribución del poder económico va estrechamente ligada a la distribución del poder político (un asunto que recientemente ha tratado Thomas Piketty desde una renovada perspectiva). Tal y como Marx pone de relieve en el Manifiesto Comunista (1848), el Estado ejercería de mero comité coordinador de los intereses de la burguesía, sirviendo para resolver conflictos de interés entre distintas facciones del poder económico y coordinar las diferentes fuerzas que conforman a este. El limite de acción del Estado, de acuerdo con la teoría marxista, sería aquel en el cual la actuación del ente estatal tuviera efectos perniciosos para la acumulación de capital en la economía, ya que estaría erosionando las bases materiales del propio Estado, siendo las relaciones de producción la principal brújula de la acción estatal. Por ello, Marx cree que los mecanismos constitucionales de control y limitación del poder del Estado, propios de las democracias liberales, no son más que un sistema de legitimación y defensa de los intereses de la clase capitalista. Por lo tanto, el marxismo clásico argumenta que la libertad propia de las democracias de corte liberal no es más que un elemento puramente formal, ya que la igualdad material sería un eje fundamental para la verdadera construcción de la libertad de la sociedad civil y, hasta que dicha libertad real no sea alcanzada, no se podría construir una verdadera democracia. Siguiendo esta línea argumental, las tesis marxistas defienden la necesidad del derrocamiento del sistema capitalista y sus estructuras previamente a la instauración de la democracia real, únicamente realizable en el sistema comunista.

Llegados a este punto debemos tratar de entender cual es el concepto de democracia en el marxismo y que implicaciones políticas tiene. La realización de la democracia, en la teoría marxista va inextricablemente ligada a la llegada al estadio del comunismo, basando la idea de libertad en una planificación económica centralizada, la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción y su colectivización, y la obligación de trabajar, llegando así a una igualdad material relativa (“De cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades”), que llevaría a la realización plena de la libertad. Es decir, frente a la democracia liberal y representativa, Marx propone un modelo de democracia obrera y participativa (entendido esto último como algo muy cercano a ciertos modelos de democracia directa). Un caso en el que dicho modelo fue aplicado prácticamente en su plenitud fue la Comuna de París, en la que todos los políticos y funcionarios públicos permanecían en un estatus de permanente revocabilidad. Marx reniega completamente del modelo de democracia representativa y teoriza un modelo en el que la participación de la ciudadanía en la política no es únicamente un derecho, sino una condición sine qua non para el correcto funcionamiento de la democracia participativa.

Finalmente, a lo largo de los últimos 170 años, no todos los marxistas permanecieron en estas posiciones, y muchos teóricos de la segunda y tercera Internacional, como es el caso de Eduard Bernstein, teorizaron un revisionismo marxista que aceptaba las instituciones y funcionamiento propios de la democracia representativa, defendiendo la idea de que dichos elementos podrían proveer de poder de emancipación a la clase obrera a través de la representación política y la canalización de los intereses del proletariado mediante los partidos. Pero ese, es tema para otro artículo.

Referencias:

Callinicos, A. (2011). The revolutionary ideas of Karl Marx. Haymarket Books

Engels, F., & Marx, K. (1848). Manifiesto comunista. Alianza Editorial.

Marx, K. (1852). El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Alianza Editorial.