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Billetes de banco, certificado de depósito y décimos de Manolita

Se mantiene vivo un debate dentro de la Escuela Austríaca sobre si la banca con reserva fraccionaria—sistema mediante el cual la banca puede emitir activos financieros mediante préstamos a la vista—puede y debería existir. Parte del debate entre aquellos que defienden que por mandato los bancos deben mantener un coeficiente de caja del 100% y los que creen que deben ser los bancos quienes a través de la libre competencia regulen sus activos, e el origen de los bancos como almacenes de depósitos y la posible corrupción de estos a entidades que además comerciaban con el dinero depositado.

Según Rothbard (1991), Hoppe (1994), Huerta (1998) y otros autores, los bancos nacieron como almacenes de depósito y los billetes de banco, antes de ser pagarés a la vista del portador, eran certificados de depósito. Los bancos, su teoría afirma, nacieron como almacenes con dos motivos principales: la guarda y custodia del oro y la emisión de certificados de depósito para reducir costes de transacción. El contrato mediante el que se comerciaba con los bancos era únicamente el deposito. Por la naturaleza de los contratos de deposito, el depositario no podía disponer de los bienes depositados, es decir, los banqueros no podían hacer uso del dinero como deseasen.

No obstante, con el tiempo, los banqueros se dieron cuenta de que no todos los depositantes requerían de su dinero a la vez y que gran parte del oro almacenado permanecía sin uso. Por tanto, empezaron a emitir más certificados de deposito que oro tenían en sus cajas fuertes para aumentar sus beneficios a costa de violar el contrato de deposito. El Estado les permitió llevar a cabo esta actividad fraudulenta y además les concedió privilegios como la institucionalización de un prestamista de última instancia para cubrirles en caso de pánico bancario. O eso cuenta la historia que los ciemporcientistas suelen citar.

Una objeción clara a esta teoría y que he visto pocas veces planteada (a George Selgin en su debate con Robert Murphy y a Capella (2009)), es que los certificados de depósito difícilmente podrían funcionar como billetes porque alguien debería estar pagando por el ejercicio de depósito. El contrato de deposito es un contrato de prestar un servicio, el de almacenar y proteger un bien. Este servicio se tendría que pagar con cierta regularidad, digamos mensualmente. Si los certificados de deposito circulasen como dinero, el banco-almacén no sabría a quién cobrarle por este servicio ya que este certificado podría cambiar de manos varias veces por día.

El banco-almacén tampoco podría cobrárselo del deposito, iría en contra del derecho, y de poder, cada nuevo poseedor de un certificado se vería obligado a visitar el almacén para asegurarse que el dinero sobre el que le han dado propiedad está ahí y no ha sido utilizado para cobrarse por el servicio. Los depósitos deberían ser pagados por el depositante original por un cierto periodo de tiempo, digamos tres meses. Si yo pago adelantadamente tres meses de deposito, en esos tres meses no voy a querer circular el certificado porque entonces estaré pagando un servicio para que lo llegue a disfrutar otra persona. Si me espero a que pasen los tres meses para intentar vender mi billete por otro bien, quizá me encuentre en la situación que la otra parte no lo quiera aceptar porque sabe o barrunta que el servicio de guardia y custodia no está pagado y que puede llegar al almacén y no encontrarse nada en caso de querer convertirlo en oro.

Es, por tanto, difícil de aceptar que en algún momento los billetes de banco fueran certificados de deposito. Si vemos imágenes de certificados de deposito, nos entran aún más dudas. En este certificado observamos que el servicio de deposito dura veinte años salvo que se renueve o retire todo, que ha sido pagado para cinco años y que a partir del quinto año el coste será de un 1% del valor del dinero depositado. Es difícil de creer que un título a un bien hasta veinte años salvo que se renueve—acto el cual deberá hacer el depositante original—que hasta dentro de cinco años tiene incentivo para no mover el billete y con un coste del 1% anual—otra de las ventajas de los préstamos a la vista frente a los depósitos a la vista: te generan un interés—.

Este modelo de certificado presenta una nota al final donde indica que ‘‘la facturación no se podrá realizar a terceros sin vínculo contractual con ALSUR […]’’, es decir, una vez pasa de manos, el depositante original continuará siendo el encargado de pagar por el deposito, que podrá hacerlo y asegurarle a quien lo tenga que aceptar que lo hará y esperar a que este confíe en él y además espere que terceros confíen en la palabra del depositante original, o no hacerlo y tener que retirar su dinero de ahí o defraudar a alguien dispuesto a aceptarlo.

Entonces, ¿qué son los billetes de banco si no son ni han sido certificados de deposito? Como bien define Capella (2009), ‘‘ son ‘‘pagarés, pasivos bancarios, documentos que representan deuda y que certifican derechos de cobro’’. Los billetes siempre han funcionado como tal. La reserva fraccionaria, más concretamente el contrato de préstamo a la vista, ha estado aceptado tanto por el derecho Romano como el derecho anglosajón. El derecho Romano permitía estos contratos mediante las figuras del  mutuum, el mutuum con stipulatio, el stipulatio o el depositum irregulare (Collins and Walsh 2014). El derecho anglosajón, por otro lado, contaba con lo que Selgin llama “the bagging rule” (2017; Fox 2015), se entendía que salvo que el dinero se depositase en una bolsa cerrada u otro objeto que indicase que no se podía acceder a él, el banquero podía disponer de ese dinero libremente para realizar préstamos a terceros con el requisito de que tuviese la cantidad demandada por el depositante a la vista.

Dejando de lado el revisionismo histórico e independientemente de si los bancos funcionaron únicamente como almacenes de dinero o no así o no, los mismos argumentos se pueden esgrimir contra aquellos que sí que quieren implantar este sistema. Difícilmente podrían los certificados de deposito circular como billetes bancarios sin un gran descuento. Un sistema donde solo el coeficiente de caja del 100% estuviese permitido tendría que lidiar con este problema e incluso ponerse de acuerdo entre todos y cada uno de los agentes de esa economía para solo intercambiar los billetes mensualmente, con el pago de cada nueva factura del almacén, pero eso les requeriría funcionar a crédito hasta que se liquidasen los pagos, lo que dudo que aceptasen.

Lo que definitivamente no son los billetes de banco es décimos de lotería como algunos (Block 1988, 30–31; Hoppe 1994, 71; Huerta de Soto 1998, 554) apuntan. Aún si se sufriese un pánico bancario y todos los clientes buscasen recuperar su dinero, los bancos aún tendrían otras maneras de pagar sus deudas: liquidando otros activos, incluso su patrimonio neto o negociando una novación.

Referencias

Block, Walter E. 1988. “Fractional-Reserve Banking: An Interdisciplinary Perspective.” In Man, Economy, and Liberty: Essays in Honor of Murray N. Rothbard, edited by Walter E. Block and Llewellyn H. Jr. Rockwell, 24–31. Auburn, United States: Ludwig von Mises Institute.

Capella, Francisco. 2009. “La Banca Con Eeserva Fraccionaria.” Liberalismo.Org, 2009.

Collins, Andrew, and John Walsh. 2014. “Fractional Reserve Banking in the Roman Republic and Empire.” Ancient Society 44: 179–212.

Fox, David. 2015. “Banks v Whetson (1596).” In Landmark Cases in Property Law, edited by Simon Douglas, Robin Hickey, and Emma Waring. London, United Kingdom: Hart Publishing.

Hoppe, Hans-Hermann. 1994. “How Is Fiat Money Possible? Or, The Devolution of Money and Credit.” The Review of Austrian Economics 7 (2): 49–74.

Huerta de Soto, Jesús. 1998. Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos. Madrid, Spain: Unión Editorial.

Rothbard, Murray N. 1991. What Has Government Done to Our Money? Auburn, United States: Richardson & Snyderises Institute.

Selgin, George. 2017. “The ‘Bagging Rule’ – Or Why We Shouldn’t Arrest (All) the Bankers.” Alt-M, September 6, 2017.

El centrismo moderado y la libertad

Uno de los numerosos memes que han inspirado el tema de las acciones de GameStop es un gráfico de Nolan donde los cuatro cuadrantes ideológicos aparecen felices mientras el centro llora desconsolado. Es muy divertido, pero bastante injusto con el centro político.

¿Por qué? Pues porque algo que alegra a todos los extremos del cuadrante, por definición, no puede molestar a la mayoría de las personas que se sitúan en el centro. Cuando no entiendes qué está pasando, pero todo el mundo es feliz ¿para qué preocuparte?

Con la polémica sobre los youtubers que van a fijar su residencia en Andorra la cosa cambia. Aquí hay tres cuadrantes a los que no le hace gracia el asunto, y otro que está feliz de que por fin el tema de los impuestos vuelva a primera fila del debate político. 

El centrista moderado random está confuso: los impuestos son buenos; pagan la sanidad y la educación. Pero emigrar de tu país nunca ha sido moralmente reprochable. Además, parece razonable pedir que los servicios que se reciben del Estado sean mejores que lo que son. Aunque chavales que ya son ricos podrían mostrar más solidaridad con sus conciudadanos. ¡Es todo muy confuso!

Cuando tu brújula moral no apunta a ninguna parte todo es fácil si no te tienes que mover. El problema empieza cuando el agua empieza a cubrir tus rodillas y tienes que decidir a dónde ir.

Una parte de esa agua es el teletrabajo. Algo que empieza a permitir a mucha gente deslocalizar sus servicios de allí donde residen. O dicho en cristiano: puedes trabajar para cualquiera sin importar las fronteras.

El éxito del teletrabajo es algo que ha surgido de la tecnología. Poder realizar un trabajo para otra persona que está a miles de kilómetros de ti (sin tener que transportar mercancía alguna) no ha sido fruto de un plan quinquenal o de una campaña de activismo. Simplemente podemos hacerlo con la tecnología actual, y esa misma tecnología lo irá haciendo cada vez más simple.

Lo que sí va a ser fruto de miles de mentes brillantes al servicio del mal es la reformulación del término frontera. 

Una frontera es el confín de un Estado. Todos entendemos que se refiere a su territorio físico. Hemos asumido que estas líneas en los mapas son importantes. Los que tenemos la suerte de vivir en occidente podemos cruzarlas, pero siempre consultando antes las leyes peculiares que los distintos burócratas han escrito sobre ellas. ¿Puedo cruzar con mi mascota? ¿Cuánto dinero en efectivo puedo llevar? ¿Qué tipo de comida?¿Cuánto tiempo puedo permanecer al otro lado?

Un incordio, sin duda, pero al menos todo se circunscribe a idea muy sencilla: estás bajo la jurisdicción de un Estado o de otro según el territorio que pises.

El mundo virtual complica mucho las cosas. Un ciudadano español trabajando para una empresa de Texas desde Segovia plantea algunos interrogantes. ¿Dónde cotiza? Porque nos han dicho que la seguridad social la paga el empleador, no el empleado. ¿Tendría derecho a una pensión en Estados Unidos? ¿Y qué pasaría con el ya quebrado sistema de pensiones español? ¿Y el IRPF dónde se pagaría? Nos han dicho que los impuestos son para pagar la sanidad y la educación, así que lo lógico sería que se pagaran en el país donde está la sanidad y educación del trabajador. ¿Eso le parecerá bien al Estado que mantiene la empresa en su territorio? ¿Y si ese Estado tiene a personas desempleadas?

Dos Estados grandes pueden llegar a acuerdos. Yo me quedo con esto y tú con lo otro y todos contentos. Pero hay terceros países que pueden ir por su cuenta. Y lo que es más interesante, hay territorios dentro de los Estados actuales que pueden echar cuentas y pensar que les interesa ir por su cuenta.

Los impuestos, como su nombre indica, dependen de la imposición que un determinado Estado puede realizar. Cualquier límite a esa capacidad va a ir seguido de un monumental esfuerzo intelectual para justificar la ampliación del poder estatal para superar ese límite. El objetivo claro va a ser la libertad individual y la capacidad de pequeños territorios para mantener su autonomía fiscal.

La duda va a ser qué postura va a mantener el centro moderado ante esto. ¿Lo moderado va a ser criticar la emigración? ¿Los temas internos de países pequeños van a ser manejados por los grandes con el visto bueno de lo más ilustrado de nuestra sociedad? ¿Hasta qué punto se podría llegar sin poner el riesgo la moderación? ¿Se podría incomunicar a un país si no cumple con los moderados dictámenes de la mayoría? ¿O sería más moderado invadirlo militarmente?

Lo que hemos visto en 2020 deja bastante claro que el optimismo no está justificado. 

La dolarización como herramienta de cambio: Lecciones del milagro ecuatoriano

La dolarización de la economía argentina podría darle inmediatos resultados a nuestro país:

1. Resolveríamos el problema de la inflación alcanzando rápidamente la estabilidad monetaria (algo similar a la hiperinflación de 1989-91 resuelta por la Ley de convertibilidad);

2. Al mismo tiempo las tasas de interés nominales bajarían a un dígito;

3. Al eliminar el riesgo de devaluación, las tasas de interés reales también bajarían (vean el caso de El Salvador);

4. Como consecuencia, sobrevendrían mayores inversiones, generadoras de empleo que a su turno nos permitirán recuperar la economía y emprender un proceso de crecimiento real.

Se dirá que la dolarización es condición necesaria, pero no suficiente para alcanzar el crecimiento real. Se dirá también que miremos el caso de Ecuador para comprender este punto, pues han dolarizado hace 20 años, y no han mostrado ningún milagro económico. Mi respuesta es que quizás el milagro está, pero no lo han podido ver.

El milagro ecuatoriano 

Ecuador tuvo en estos 20 años gobiernos populistas que podrían haber convertido al país en otra Venezuela. Eso no ocurrió. Correa primero, y sus delfines después, chocaron con la imposibilidad de imprimir dinero para expandir el tamaño del estado, imponiendo procesos hiperinflacionarios sobre el Ecuador. Correa atacó la dolarización en diversas ocasiones como aquel sistema que contenía sus intenciones, y eso debe ser visto como el primer milagro económico del Ecuador.

La dolarización resistió a los populismos, y hoy el pueblo acaba de elegir Presidente al único postulante que prometió mantener el esquema. No sólo eso. El nuevo Presidente, el banquero Guillermo Lasso, prometió una modernización financiera para acompañar a la dolarización, además de la liberalización de los mercados y bajas impositivas para atraer capital privado internacional.

La dolarización implica importar una institución monetaria que el propio país no pudo darse a lo largo de su historia. Con ello vienen otros desafíos, pues debe haber equilibrio fiscal, apertura económica y condiciones favorables a la inversión que requieren de múltiples reformas de mercado. 

Numerosos estudios de ciencias políticas muestran que cuando un país es gobernado por un populismo extremo como el que tuvieron Venezuela y Ecuador, la economía entra en un círculo vicioso de pobreza, indigencia, inflación que se profundiza en cada elección por la dependencia de gran parte del pueblo en las cajas de comida que los propios gobiernos reparten. Ecuador hoy logró romper este círculo. La dolarización fue esencial en este cambio que Ecuador está iniciando. 

Está claro que por ahora sólo son expectativas. Hay incontables casos de fracasos en la historia latinoamericana. Pero soy optimista, y el mercado -hasta ahora- también ha mostrado optimismo. 

La dolarización es subestimada en Argentina. Hoy no puedo dejar de pensar qué hubiera pasado si Carlos Menem en su segundo gobierno, o Mauricio Macri, hubieran optado por la dolarización. La historia pudo ser otra.

El visionario Milton Friedman y la economía de China

En octubre de 1976 se anunció que el Premio Nobel de Economía de ese año sería otorgado al economista estadounidense Milton Friedman. Casi exactamente un mes antes de aquel anuncio, Mao Zedong había fallecido. Apenas cuatro años después de su muerte, Friedman visitó China por primera vez. A su regreso, afirmó que China tenía el potencial de replicar el rápido crecimiento económico observado después de la Segunda Guerra Mundial en países como Japón o Alemania. Por aquel entonces, Friedman era quizá el único que veía factible una evolución tan positiva del futuro económico de China.

Es importante recordar que, en 1980, el 88% de la población china todavía vivía en una situación de pobreza extrema. Apenas cuatro décadas después, esa misma tasa ha caído a menos del 1%. Nunca antes en la historia se produjo una reducción tan intensa de la pobreza en un periodo temporal tan corto. Entender cómo fue posible semejante progreso es uno de los grandes retos de nuestro tiempo y nuestra respuesta a esta trascendente pregunta depende, en gran medida, del papel del mercado y el estado en la economía china. 

En 1980, el próspero futuro que acabó exhibiendo China distaba mucho de ser evidente. Friedman se sorprendió porque, durante su visita, comprobó que las obras de Friedrich Hayek no solo habían sido traducidas al chino, sino que eran bastante populares. Por ejemplo, había muchos artículos sobre Hayek en las principales revistas de economía chinas. De igual modo, Friedman se complació al descubrir que algunos economistas chinos ya poseían copias de la edición japonesa de su libro Libertad de elegir, que había sido publicado en el país nipón unos pocos años antes. De hecho, fue conocedor de que ya se estaba preparando una traducción al chino de dicha obra. Según explica en sus memorias, es evidente que Friedman se debatía entre la gran esperanza que albergaba y el lógico escepticismo que le hacía dudar sobre la capacidad de adaptación del régimen comunista. En un informe de 1980 escribió que las reformas económicas de China avanzaban en la dirección correcta, pero añadió que “solo el tiempo nos dirá si se llevan a cabo finalmente y cuáles serán sus efectos”. En aquel momento, estaba convencido de que China experimentaría cierto progreso a corto plazo, aunque mantenía sus dudas sobre las perspectivas de la aplicación de reformas de calado en el más largo plazo.

Friedman visitó China por segunda vez en 1988, de la mano del Instituto Cato estadounidense, un centro de pensamiento de referencia en el mundo libertario que  organizó una conferencia en Shanghái. Aquel era un evento extraordinario en sí mismo. Friedman pronunció un discurso durante el encuentro y no ocultó el hecho de que la transición de la economía planificada al sistema de mercado traería muchos beneficios, pero también implicaría costos considerables. Friedman comentó que, en su opinión, los líderes chinos estaban “seriamente comprometidos con el esfuerzo de transición” y recalcó que “el pueblo chino será el principal beneficiario de su eventual éxito, aunque no el único, porque si este empeño funciona bien, todas las personas del mundo se beneficiarán”. Aquellas palabras fueron casi proféticas. Después de todo, de no ser por el rápido crecimiento de la economía china, la economía mundial no hubiera experimentado un crecimiento tan positivo en las últimas tres décadas. China es ahora el motor de crecimiento que añade más velocidad al ritmo de expansión la economía mundial, pero Friedman identificó el potencial del país asiático ya en 1988.

La postura optimista de Friedman se vio alentada por una conversación que tuvo con el entonces secretario general del Partido Comunista, Zhao Ziyang, a quien describió como un político con una “comprensión realista de lo que significa liberalizar el mercado”. En su autobiografía, Friedman escribe que su conversación de dos horas con Zhao Ziyang le causó una impresión muy positiva: “mostró una comprensión sofisticada de la situación económica y de cómo funciona el mercado. E, igualmente importante, reconoció que se necesitaban cambios importantes – y demostró estar abierto a ellos”.

Cuando visitó Shenzhen, Friedman quedó impresionado por el hecho de que esta pequeña ciudad portuaria que apenas tenía 6.000 habitantes en 1982 se convirtió en una ciudad vibrante, con 500.000 habitantes, en apenas ocho años. Shenzhen fue la primera zona económica especial de China y aplicó los principios de la economía de mercado de forma mucho más fiel que algunos países de Europa o incluso algunas normas vigentes en Estados Unidos. Cuando visité Shenzhen en 2018 y 2019, para dar una conferencia en su universidad, me impresionó enormemente ver que ya se ha convertido en una metrópoli global, con 12,5 millones de habitantes y un increíble espíritu emprendedor.

En 1993, Friedman visitó China por tercera vez. Las impresiones de Friedman fueron más escépticas en esta ocasión que en 1988. Aunque pudo volver a reunirse con el secretario general del Partido Comunista, Jiang Zemin, el intercambio de puntos de vista fue más unilateral. Friedman solo pudo hablar durante diez minutos, mientras que Jiang Zemin monopolizó la conversación y habló durante un total de 45 minutos. Friedman manifestó entonces sus dudas sobre la capacidad de China para seguir recorriendo el camino que emprendió al reconocer el derecho a la propiedad privada e introducir los principios del libre mercado.

Actualmente, en Occidente existe un evidente malentendido a la hora de evaluar qué factores han contribuido en mayor medida al enorme éxito económico cosechado por China. Mucha gente cree que China ha descubierto una ”tercera vía”, un camino entre el socialismo y el capitalismo. Algunos incluso creen que el increíble éxito chino solo ha sido posible porque el estado ha conservado una influencia fuerte sobre la economía. 

En 2018, viajé a Beijing y conocí a Zhang Weiying, un economista chino que se reconoce seguidor de Hayek y Friedman. Weiying se mostró totalmente en desacuerdo con la interpretación predominante en Occidente y enfatizó repetidamente que la única razón por la que el estado sigue desempeñando un papel tan importante en la China moderna es la historia reciente del país, puesto que bajo gobierno de Mao el control de lo público abarcaba casi el 100% de la economía. Weiying me señaló, no obstante, que el éxito económico de China durante las últimas cuatro décadas se basa enteramente en el hecho de que ese enorme peso del estado se ha reducido gradual y progresivamente.

Durante nuestra conversación, Zhang Weiying enfatizó repetidamente que “el ascenso económico de China no se debe al estado, sino que se produce pesar del estado”. Sin duda, Milton Friedman se habría mostrado de acuerdo. Podemos decir que el brillante economista fue uno de los primeros en predecir con precisión el futuro de China. Hoy, como lo confirma un documento de trabajo del Foro Económico Mundial, el sector privado ya es la fuerza impulsora de la producción económica en China: “la combinación 60/70/80/90 se utiliza con frecuencia para describir la contribución del sector privado a la economía china. Ya aporta el 60% del PIB de China, genera el 70% de la innovación, sostiene el 80% del empleo urbano y crea el 90% de los nuevos puestos de trabajo. El sector privado también es responsable del 70% de la inversión y del 90% de las exportaciones”.Friedman, por supuesto, fue crítico con el hecho de que China no introdujese libertades políticas y civiles a la altura de las nuevas libertades económicas. En Chile, vio de primera mano cómo las reformas de libre mercado ayudaron a poner fin a la dictadura militar del país. Sin duda, esperaba que la mayor libertad económica también condujera a una mayor libertad política en China. Sin embargo, a pesar de sus esperanzas, se mantuvo escéptico, y con razón, como sabemos hoy. En cualquier caso, de acuerdo con las enseñanzas de Friedman, el milagro de la economía china confirma que lograr una mayor prosperidad para la gente solo es posible expandiendo los derechos de propiedad privada y promoviendo el libre mercado.

Libre Mercado a ultranza en Liechtenstein

Carlos Angulo Parra y Miguel A. Cervantes G

El mantra de la izquierda es que el capitalismo a ultranza es causa de pobreza, desigualdad, exclusión y explotación de los trabajadores. Sin embargo, no se detienen a analizar a países que practican el libre mercado a ultranza, como es el caso del principado de Liechtenstein. La izquierda radical ha tratado de hacer creer que el éxito de Liechtenstein procede del sector bancario, para minimizar sus grandes logros, pero éstos radican en su sofisticación de libre mercado, que lo aplica a ultranza.

Este pequeño principado, que en 2019 cumplió 300 años de existencia, se encuentra en un sándwich entre Austria y Suiza. El territorio de Liechtenstein cubre un área 160 km2. Está gobernado por el Príncipe Hans Adam II, un monarca comprometido con el libre mercado. Liechtenstein es una de las democracias más avanzadas y directas, con un alto nivel de transparencia y gobierno abierto. Es una monarquía constitucional: el príncipe posee el poder ejecutivo y los ciudadanos el poder legislativo.  

El catolicismo es la religión oficial y tiene la protección del Estado. De hecho es un país fuertemente católico, con grandes tradiciones, y al mismo tiempo un gran respeto a otras religiones. Los católicos son el 79,9% de la población, los evangélicos un 8,5% y los musulmanes un 5,4%.  

El PIB per cápita es de los más altos del mundo el equivalente a $191,790 dólares, por lo que supera a Suiza o Luxemburgo. Están censadas 4.567 empresas, y el 90 por ciento son de menos de 250 empleados, lo que nos indica que Liechtenstein es donde el empresariado está democratizado. Ello equivale a una empresa por cada 8 habitante. Cerca del 38 por ciento de la mano de obra trabaja en la manufactura de alta calidad, y el 60,9 por ciento en el sector de servicios. A ello se añade un 16 por ciento, que trabaja en el sistema bancario. El resto lo hace en servicios de consultoría, auditorias, aseguradoras, consultores corporativos, administradoras de activos y servicios legales. En el último censo, la población de Liechtenstein era de 38.749 habitantes. El porcentaje de extranjeros es del 34,2%. La población de extranjeros residentes en Liechtenstein por nacionalidad es la siguiente: Suiza 3.732, Austria 2.297, Alemania 1.694, Italia 1.183, y otras nacionalidades 4.356 habitantes.

Las características de libre mercado de Liechtenstein las dividimos por 5 componentes: tamaño del gobierno, sistema legal, moneda sana, libre comercio y su sistema regulatorio

  1. Tamaño del gobierno

En cuestión de impuestos, de acuerdo con el bufete Price Waterhouse Coopers, el ISR personal (impuesto sobre la renta) puede llegar hasta 22,4 por ciento entre el tramo federal y el de la comuna. El principado cobra el 8 por ciento y las comunas el resto. Aunque el ISR es bajo, no es el mas bajo a nivel mundial. Hay jurisdicciones que tienen impuestos más bajos como Hong Kong, Georgia y los países del Consejo de Cooperación del Golfo. El impuesto máximo corporativo es del 12.5 por ciento. El impuesto al valor añadido (IVA) es de 7.7 por ciento.

El gasto público como porcentaje del PIB es de 20 por ciento. Es de los más bajos del mundo, de modo que el gasto de gobierno no desplaza al sector privado.

  1. Sistema Legal

En Liechtenstein las personas están protegidas por el Estado de Derecho. El sistema legal de Liechtenstein es de los mejores del mundo por varios indicadores como el de Estado de Derecho del índice de gobernanza del banco mundial.

El registro de bienes raíces no es costoso y es bastante efectivo, tiene alta calidad en la administración catastral. Hacer valer los contratos es menos costoso que el promedio de los países de la OCDE. El sistema legal busca mantener la competencia y evitar prácticas monopólicas nocivas. No existen crímenes contra las empresas, y existe gran estabilidad política. Las reglas del juego no cambian y son previsibles.

  1. Moneda Sana

El principado tiene una unión monetaria con Suiza, y ha mantenido baja inflación, y gran estabilidad monetaria. El IPC en el 2019 fue del 0.4 por ciento, y el IPC promedio de los últimos 10 años ha sido de 0.6 por ciento. Los ciudadanos de Liechtenstein pueden tener cuentas en divisas extranjeras.

  1. Libre Comercio

Liechtenstein tiene gran compromiso con el libre comercio. Para el principado el comercio internacional es el motor de su economía. Desde hace siglos ha mantenido un gran compromiso con el libre comercio, primero con una Unión Aduanera con el imperio Austrohúngaro. Después de 1923, Liechtenstein tiene una Unión Aduanera con Suiza, y el arancel externo de esta unión aduanera es relativamente bajo.  Liechtenstein pertenece a la Asociación Europea de Libre Comercio que Incluye a Suiza, Islandia y Noruega. Por esta asociación, Liechtenstein está integrada al mercado europeo.

Liechtenstein tiene gran diversificación de socios comerciales. Por esta razón el porcentaje del comercio como porcentaje del PIB es uno de los mas altos superando a Suiza, Austria, y Alemania. Algunas de sus empresas exportadoras son: Hilti, (maquinaria para construcción) Vivadent (equipo dental). Liechtenstein tiene procedimientos aduanales agiles y transparentes que facilitan el comercio internacional Tiene una gran globalización financiera de acuerdo con el índice de globalización KOF Liechtenstein está abierto a la inversión extranjera, pero también las empresas de Liechtenstein invierten en el extranjero.

  1. Regulaciones

Tiene una gran competencia en el ámbito bancario, y por ello no existen desbalances macroeconómicos y evita que el gobierno absorba el crédito disponible. Liechtenstein tiene una política fiscal sólida; no tiene deuda, por lo cual tiene el mejor rating de las agencias clasificadoras.

Por lo que se refiere a la regulación laboral, Liechtenstein tiene una de las mejores. Los contratos temporales se pueden renovar hasta estar satisfecho con el trabajador para ofrecer un contrato permanente. No es costoso el despido justificado. No existen restricciones en el trabajo en días festivos, fines de semana, trabajo nocturno, u horas extras. Por haber regulaciones más flexibles existe bajo desempleo, y las personas que son despedidas inmediatamente encuentran otro trabajo. En Liechtenstein los trabajadores ganan $3,400 dólares al mes, como mínimo, pero el salario promedio es de $6,615 dólares al mes. Por la calidad de regulación laboral, Liechtenstein tiene una tasa de desempleo de menos del 1.5, que es la tasa más baja de la Unión Europea y más baja que Suiza.

En calidad regulatoria, y efectividad de gobierno, Liechtenstein tiene la puntuación más alta de acuerdo con el índice de gobernanza del Banco Mundial. Por ejemplo, no tienen corrupción en trámites. El tiempo para obtener los permisos de operación de empresas es menor que el promedio de los países de la OECD.

El hecho que los impuestos sean bajos y transparentes hace que sean predecibles, por lo cual se necesitan pocas horas para para hacer el pago de impuestos, y eso hace que Liechtenstein esté mejor clasificado en el número de horas para pagar impuestos que la OCDE. Cuando los impuestos son bajos, se reduce la incitación a buscar esquemas financieros para evadirlos.

Por esa gran calidad regulatoria, Liechtenstein se ha convertido en un centro de innovación. Por esta razón, el principado es el número 1 en patentes per cápita a nivel mundial, por encima de Suiza, Alemania o Luxemburgo, por ejemplo.

Si bien se puede escuchar el argumento de que muchas de las ventajas Liechtenstein es por ser un micro Estado, eso no se puede darse por sentado. Su éxito se da por lo práctico y sencillo de su sistema de libre mercado y baja intervención del Estado en la economía. Existen pequeños países como Barbados y St. Lucia, que no tienen la sofisticación de libre mercado de Liechtenstein y distan mucho de las características de calidad de vida para sus habitantes como las existentes en Liechtenstein

El lenguaje económico (III): la retórica bélica

1. El lenguaje bélico

Toda la literatura económica está contaminada por el lenguaje bélico, y digo «contaminada» porque el uso de tropos[1] lleva frecuentemente al error. Periodistas y políticos, en particular, son muy dados a las metáforas bélicas: se refieren a las «campañas» que van a realizar, las «batallas» que deben ganar o los «enemigos» que deben combatir. El Manifiesto del Partido Comunista, en 1848, proclamaba la «creación de ejércitos industriales» (Marx y Engels, 2013: 76).

Algunos economistas, por su parte, también quedan fascinados con la jerga castrense y afirman que las empresas tienen «poder» de mercado. Sin embargo, al contrario que los estados y mafias, las mercantiles no «conquistan», «dominan» o se «aniquilan» entre sí. En ausencia de privilegios gubernamentales —origen exclusivo del monopolio— una empresa sólo obtiene mayor cuota de mercado si es capaz de satisfacer, mejor que otras, las necesidades y deseos de los consumidores. Desafortunada es la expresión category killer[2] para referirse a los grandes distribuidores especializados como Ikea, Leroy Merlin, Decathlon, Toys “R” Us, MediaMarkt, etc.; ninguno de estos gigantes «asesina» a un pequeño comercio de su ramo. Son exclusivamente los consumidores, buscando su propio interés, quienes asignan las respectivas cuotas de mercado a cada empresa. La gran distribución obtiene, entre otras ventajas, economías de escala y puede ofrecer precios más bajos. En el libre mercado, las empresas que más crecen —Mercadona, Inditex, Amazon, Google— son aquellas que mejor sirven a los consumidores; como afirma Bastos (2005: 30): «El monopolio es decidido por el consumidor porque claramente le beneficia».

2. La guerra comercial

El comercio es una actividad pacífica. «La economía de mercado presupone la cooperación pacífica» (Mises, 2011: 969). Por tanto, «guerra de precios» es una mala metáfora. Las empresas (como los deportistas) no guerrean o luchan a muerte entre sí, tan solo compiten, entre otras formas, ofreciendo precios bajos a los consumidores. La mal llamada «guerra comercial» no es un fenómeno mercantil, sino político. Los comerciantes no sienten la necesidad de invadir, conquistar y robar pues obtienen lo que desean mediante el pacífico intercambio. La doctrina alemana del «espacio vital» —Lebensraum— y la japonesa «Esfera de coprosperidad de la Gran Asia Oriental» eran espurias, innecesarias y solo sirvieron para justificar la invasión militar de las naciones vecinas.

En tiempo de paz, las autoridades sólo pueden interferir el comercio dentro de su ámbito jurisdiccional: prohibiendo o restringiendo en sus fronteras la entrada y/o salida de bienes. Por ejemplo, en 2014, tras la anexión ilegal de Crimea y Sebastopol por parte de Rusia, numerosas personas y empresas fueron sancionadas por los gobiernos de EEUU, Canadá y la Unión Europea[3] por «acciones contra la integridad territorial de Ucrania». La respuesta del Kremlin fue bloquear la importación de alimentos perecederos[4] procedentes de esos países.[5] A resultas de esta «guerra comercial», el presidente Rajoy, en un derroche de cinismo, declaró que el veto ruso sería «un estímulo y un acicate» para los productores españoles; mutatis mutandis, los contribuyentes deberíamos aplaudir las subidas de impuestos porque cada nuevo rejonazo fiscal supone un «estímulo» para administrarnos mejor.

Las mutuas sanciones económicas —prohibiciones, cuotas, embargos, aranceles— entre gobiernos solo perjudica especia específicamente a exportadores, importadores, inversores y, en general, a los consumidores que se ven privados de ciertos productos o que deben adquirirlos en otros mercados en condiciones menos favorables. Toda guerra arancelaria interfiere la división del trabajo, reduce el número de intercambios y merma la calidad de vida de los consumidores. Habitualmente, los causantes de la intervención comercial no sufren personalmente los perjuicios ocasionados a la población, tal y como sucedía en la extinta URSS, donde las élites gubernamentales disfrutaban de las raspredelitel o «tiendas especiales restringidas».

Otras veces se dice que los productos foráneos «invaden» o «aniquilan» el comercio nacional. Lo justo es reconocer que determinados empresarios (i.e. chinos) se expanden porque son más competitivos: ofrecen precios bajos, horarios más amplios, trabajan todos los días del año, etc. Los mal llamados productos «invasores» son una bendición porque elevan el nivel de vida de los consumidores.

También es falaz afirmar que tal empresa «domina» un sector económico o que fulano es el «rey» de la informática. El «imperio» informático de Bill Gates no se parece en nada al Imperio de Napoleón: el primero se construyó mejorando la vida de millones de consumidores mientras que el segundo, manu militari, causó seis millones de muertos en Europa.[6]

3. Economía de guerra

Si «la guerra es la salud del Estado» (Bourne, 2013) no es de extrañar que las autoridades pretendan equiparar cualquier crisis a un conflicto bélico. Así aparecen las (pseudo) guerras contra la pobreza, las drogas, el cambio climático y más recientemente contra el coronavirus. Nunca esas «guerras» se han ganado o perdido. «Sirve entonces como cobertura y justificación de las violaciones de las mismas libertades civiles y económicas que se supone que el Estado debe proteger» (Hülsmann, 2020). Sin ir más lejos, en la pandemia por Covid-19 los políticos han cometido las violaciones propias de una guerra: confinamiento indiscriminado de la población, toque de queda, controles policiales, cierres perimetrales, monopolización de servicios (vacunación), requisa de productos (mascarillas, geles), restricción de la movilidad, cierre forzoso negocios, controles de precios, prohibición de las posiciones cortas en bolsa,[7] etc. «Economía de guerra» es un oxímoron pues la intervención política del mercado, a resultas de un conflicto bélico u otra clase de emergencia, produce inevitablemente resultados antieconómicos para el conjunto de la población. La fatal arrogancia ­—como decía Hayek— de los políticos sólo consigue entorpecer y ralentizar la movilidad de los factores de producción para adaptarse a los cambios en la demanda. El intervencionismo gubernamental en tiempo de guerra o crisis, con frecuencia, desemboca en un auténtico «socialismo de guerra» (Mises, 2011: 974).

4. El caso de Michael Porter

El paradigma de lenguaje bélico lo observamos en el libro Estrategia Competitiva,[8] de Michael E. Porter, profesor en la Escuela de Negocios de Harvard y director del Instituto para la Estrategia y la Competitividad. Este autor se refiere a la actividad empresarial de forma falaz: las empresas «atacan», «provocan», «defienden», «represalian», «contratacan», etc. La retórica bélica de Porter (2009) es tan fecunda que citarla en toda su extensión haría este texto demasiado voluminoso. Solo citaremos los ejemplos más significativos: «¿Por qué deberíamos entablar una lucha en la industria y con qué secuencia de tácticas?» (p. 91); «¿Qué capacidad tiene el competidor de sostener una guerra larga?» (p. 111); «la estrategia consistirá en escoger el campo de batalla más propicio[9] para luchar con ellos (competidores)» (p. 114); «se trata de evitar que el ajuste desencadene una descarga de represalias y de guerras indeseables» (p. 121); «algunas empresas consideran las tácticas competitivas exclusivamente como un juego de fuerza bruta: acumulan recursos sin procesar y con ellos atacan al contrincante» (p. 137). El modelo de análisis de la competencia de Porter parece extraído de un manual de inteligencia militar: «Necesidad de un sistema de inteligencia de la competencia» (p. 116). Toda esta retórica es perniciosa. Las estrategias militar y empresarial son distintas. En la primera, los contendientes buscan la destrucción, neutralización o rendición del enemigo. En la segunda, los planes se refieren a la producción, expansión, alianzas, precios, marketing, costes, orgánica, cultura corporativa, etc. La estrategia empresarial no busca cómo destruir a los competidores, sino cómo satisfacer mejor las necesidades y deseos de los consumidores. Es un desatino que la literatura empresarial haya importado las enseñanzas de generales y estrategas como Sun Tzú, Julio César o Napoleón.

5. Lenguaje castrense

Otra forma que adquiere la retórica bélico-económica es el uso de terminología militar en el ámbito empresarial. Comenzaremos con la expresión Task Force, que literalmente significa «fuerza de tareas», pero una mejor traducción sería «fuerza operativa».[10] Se trata de una agrupación temporal de unidades militares —maniobra, apoyos de fuego, ingenieros, transmisiones, logística— que se constituye ad hoc para el cumplimiento de una misión específica limitada en el tiempo. Metafóricamente, una Task Force es un puzle de unidades bajo un mando. Algunas empresas se refieren a su equipo comercial como «fuerza de ventas». En otros casos, se externaliza la función comercial contratando una Sales Force. Los gobiernos tampoco se libran de esta moda: el presidente Trump y la gobernadora de Puerto Rico, Wanda Vázquez[11] constituyeron en 2020 sendos Coronavirus Task Force: comités científicos para actuar frente a la pandemia de COVID-19.

En el ámbito organizacional, tenemos un buen ejemplo: el «Ejército de Salvación», movimiento evangélico mundial cuya misión es la expansión del cristianismo a través de las obras de caridad. Esta organización religiosa, desde 1878, ha incorporado no solo una terminología castrense, sino la estructura, empleos, valores y simbología (uniforme, bandera e himno) típicos de una organización militar.[12] Su jefe, llamado «general», es asistido por un «jefe de estado mayor» que dirige el «Cuartel General Internacional» ubicado en Londres. Sus religiosos son «oficiales», sus voluntarios «soldados» y la parroquia se llama «cuerpo». Debemos señalar que, de todas las categorías analizadas de lenguaje bélico, esta última es la que menos confusión produce, pues se trata de una inocua trasposición de la terminología militar al ámbito organizacional.

Bibliografía

Bastos, M. (2005). «¿Puede la intervención estatal ser justificada cien
tíficamente? Una crítica». Procesos de Mercado, vol. II, n.o 1, pp. 11 a 51. 


Bourne, R. (2013) [1918]: War is the Health of the State. Recuperado de: <http:// www.Boune%201918%20Wa%20is%20the%20Health%20of%20the%20State%20A4.pdf?>

Hülsmann, J. (2020). «Una protesta desde Francia». Auburn: Mises Institute. www. mises.org. Mises wire 04/30/2020.

Marx, K. y Engels, F. (2013) [1848]. Manifiesto del partido comunista. Madrid: Fundación de Investigaciones Marxistas.

Mises, L. (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

Porter, M. (2009). Estrategia competitiva. Madrid: Pirámide.

Salvation Army International (The). www.salvationarmy.org


[1] Según la RAE: Empleo de una palabra en sentido distinto del que propiamente le corresponde, pero que tiene con este alguna conexión, correspondencia o semejanza.

[2] «Asesino de la categoría».

[3] El 20 de junio de 2019, el Consejo Europeo prorrogó, hasta el 23 de junio de 2020, las medidas restrictivas en respuesta a la anexión ilegal de Crimea y Sebastopol por parte de Rusia.

[4] Frutas, verduras, carnes, pescados y productos lácteos.

[5] EE.UU., Canadá, Unión Europea, Australia, Noruega, Ucrania, Albania, Montenegro, Islandia y Liechtenstein.

[6] Existen diversas fuentes sobre los muertos y heridos causados por las Guerras Napoleónicas, entre 1797 y 1815. Los muertos en combate se sitúan entre 2,5 y 3,5 millones, y los civiles entre 700.000 y 3 millones. En España, según el coronel José Pardo de Santayana, experto en La Guerra de la Independencia española, si se compara la población que había antes de la guerra (11 millones) con la que quedó después, la reducción se aproxima al millón de habitantes. Cerca de 2 millones de franceses murieron por causa directa de la guerra.

[7] En marzo de 2020, Bélgica, España, Francia e Italia adoptaron esta medida.

[8] 2009. Madrid: Ed. Pirámide.

[9] Al menos, Porter emplea la cursiva en su analogía.

[10] En el Ejército de Tierra español se emplea el término «Grupo Táctico», si la unidad seminal es un Batallón o Grupo, y «Agrupación Táctica» para unidades de mayor tamaño (Regimiento).

[11]https://www.elnuevodia.com/noticias/locales/nota/lagobernadoraanuncianuevotaskforcemedicoparaatenderelcoronavirusenpuertorico-2554073/

[12] El Ejército de Salvación trabaja en 131 países. Fuente: www.salvationarmy.org (23/03/2020)

Algunas claves para entender la política española actual

Entrevista a Agustí Bosch, licenciado en Economía y profesor de Ciencia Política en la Universitat Autònoma de Barcelona, para conocer en mayor detalle algunas de las claves que nos permiten entender algunos de los aspectos más interesantes de la política española.

Hay una larga literatura que trata de las variables individuales y contextuales que afectan al hecho de ir a votar o no. El peso de cada una de estas variables ha ido cambiando con el tiempo, y en la actualidad parece que las variables contextuales permiten explicar mejor que las individuales algunas dinámicas de participación política y, sobre todo y más concretamente, electoral. ¿Es esto así? ¿Qué nos dice la evidencia más reciente?

Efectivamente, la literatura académica ha visto incrementar los análisis de la influencia de las variables contextuales sobre la participación electoral. Este tipo de variables estaban infraestudiadas en la tradición de estudios de encuesta y, por un mero efecto péndulo, es lógico que empiecen a ocupar la notoriedad que les corresponde. Pero yo no creo que esta “moda” sea debida a que las variables contextuales permitan explicar la participación electoral mejor que las individuales. Creo que es más bien debido a que son variables más maleables. Con esto último quiero decir que puede resultar difícil que se alteren las condiciones personales que pueden estimular la participación de un elector y que se ven reflejadas en esas variables individuales. Por ejemplo, el nivel de estudios de un adulto difícilmente cambiará entre elecciones, su clase social solo lo hará a muy largo plazo, y su género se mantendrá inalterado en la casi totalidad de electores. En cambio, sí que es realista que el contexto en que se libran las campañas electorales sea alterado, cambiante o manipulado. Por ejemplo, la coyuntura económica en que se encuentra el país es distinto en cada convocatoria electoral, el nivel de crispación mediática se puede modular, por no hablar de la gravedad de la pandemia u otras circunstancias que se ven reflejadas por las variables contextuales. La alteración de esas variables permite, a su vez, alterar el nivel de participación electoral y eso es muy relevante para una gran cantidad de personas e instituciones. En definitiva, creo que el estudio de la influencia de las variables contextuales sobre la participación electoral está de moda debido a su mayor relevancia política, no debido a su mayor capacidad explicativa.

Otra vez, pongamos un ejemplo. Las personas con discapacidad visual (variable individual) votan menos que la media. Esta es una regularidad triste pero –ya que la mayor parte de personas con discapacidad visual seguirán siéndolo en las próximas elecciones–  también es una regularidad bastante inmutable. Pero lo que sí muta es el repertorio de facilidades que las instituciones ponen a disposición de las personas con discapacidad visual para que puedan votar con cierta comodidad (variable contextual). Que existan papeletas braile, que los colegios electorales sean accesibles, etc., son contextos que pueden suponer un gran incremento en la participación electoral de este colectivo. Y por tanto, son asuntos muy relevantes para ser analizados científicamente. No obstante, su impacto sobre la participación electoral de este colectivo siempre será menor que el impacto que genera su condición de personas con discapacidad visual. La variable individual explica mejor el fenómeno que analizamos como académicos (la participación electoral), pero la variable contextual es más relevante para nosotros como civilización que persigue la integración de las personas con discapacidad visual.

En un artículo académico publicado recientemente en la European Political Science Review, comenta cómo se han intercalado etapas de “izquierdización” y “derechización” del electorado español desde el gobierno de Felipe González. ¿Quiere esto decir que el electorado español está poco ideologizado y tiene poca fidelidad de partido? ¿Cree que la polarización ideológica y la polarización afectiva pueden tener algo que ver en esta fluctuación?

Esta fluctuación no es propia de países poco ideologizados o con escasa fidelidad, sino que se da de manera bastante generalizada en todo el mundo. Tampoco es especialmente propia de etapas muy polarizadas. Por el contrario, esta fluctuación se explica a través de lo que llamamos un mecanismo termostático: cuando un gobierno de izquierdas aumenta continuamente el gasto público implementando políticas de mayor intervención estatal, entonces cada vez más ciudadanos se vuelven partidarios de una disminución del gasto público y el electorado se desplaza hacia derecha. La opinión pública actúa como un termostato político que intenta parar el gasto público cuando este ha aumentado y, contrariamente, intenta generar mayor intervención estatal cuando este ha disminuido. Es decir, las políticas de izquierdas hacen que los españoles se vuelvan de derechas y las políticas de derechas hacen que los españoles se vuelvan de izquierdas.

Este “policy mood” también tiene una clara relación con los resultados electorales. Todos los vaivenes electorales estudiados (menos el del 1982) provienen de largos periodos de desplazamiento continuado del estado de ánimo político. Aznar reemplaza a Felipe González en las elecciones de 1996 después de un larguísimo desplazamiento de las preferencias políticas. Igualmente, Zapatero reemplaza Aznar en las elecciones de 2004 después de una clara izquierdización del electorado español, especialmente durante la última legislatura. Y Rajoy sustituye Zapatero en las elecciones de 2011 después del cambio más repentino en las preferencias de los españoles. En solo siete años, el desplazamiento hacia la derecha del electorado español tiene una magnitud casi comparable en toda la época González. Ciertamente, todos estos vaivenes fueron influidos por factores coyunturales, pero en todos ellos también había un efecto ideológico de fondo a largo plazo.

También es importante destacar que los sucesivos gobiernos españoles han reaccionado ante el estado de la opinión pública de manera muy diferente a como lo han hecho, por ejemplo, los gobiernos de los EE. UU. Allí, los gobiernos responden a los cambios en las preferencias políticas de los ciudadanos acomodando sus políticas a la nueva realidad de la opinión pública. En cambio, en España, los gobiernos han sido incapaces de amoldarse. O quizás no han querido hacerlo por obstinación ideológica. Esto implica que, durante largas etapas del periodo estudiado, España ha sufrido gobiernos no representativos. Y la única manera que han tenido los españoles para forzar la recuperación de la representatividad de sus gobiernos es a través de un mecanismo fuerza más traumático: forzar el reemplazo de los gobernantes en un vaivén electoral.

Centrándonos en la cuestión de las elecciones, me gustaría hacerle una pregunta más general y otra más específica y dirigida a analizar los posibles resultados del próximo 4 de mayo. En primer lugar y analizando no solo las encuestas de estas próximas elecciones sino también lo que ha sucedido en los últimos años, ¿existe un hueco para un partido de centro, o son sus votantes más proclives a quedarse en casa (son más proclives al voto dual o al abstencionismo diferencial) que el resto?

El sistema español de partidos es bastante impermeable a los partidos verdaderamente centristas. Eso pasa porque la gran mayoría de circunscripciones españolas escogen muy pocos diputados al Congreso. Si dejamos de lado las provincias de Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Sevilla, las demás escogen tan pocos diputados que solo llegan a obtener representación dos o tres partidos. Los partidos centristas, generalmente pequeños en toda Europa, tienen muy difícil acceder a la representación parlamentaria en circunscripciones tan pequeñas como estas. Y eso deja muy poco espacio para consolidar un partido centrista en las Cortes Generales. Las opciones de disponer de un partido centrista podrían ser mayores en las elecciones autonómicas, municipales y europeas (con circunscripciones mucho más “permisivas”) pero es muy difícil que un partido sobreviva a largo plazo en esas elecciones sin una representación sólida en el Congreso de los Diputados y sin una presencia ostensible en el conjunto de la política española.

Ciertamente, España ha conocido coyunturas excepcionales en las que algunos partidos centristas han obtenido buenos resultados, pero un partido se consolida a largo plazo, no en momentos irrepetibles. Y ante la perspectiva habitual de no disfrutar de una oferta centrista de garantías, los votantes centristas han optado a menudo por quedarse en casa u optar por el mal menor.

Por otro lado, la Comunidad de Madrid tiene una ley electoral propia que establece una barrera legal del 5% para obtener representación. ¿Cómo afecta ésta en la composición de la asamblea? ¿Hace que el parlamento autonómico sea más proporcional que en otros sitios, o menos?

La ley electoral de la Comunidad de Madrid tiene dos elementos que actúan en sentido contrapuesto: la magnitud de la circunscripción y la barrera legal. La magnitud de la circunscripción es enorme (la mayor en cualquier elección que se haga en España) lo cual implica que deja entrar a muchos más partidos que los dos que aspiran a obtener la presidencia de la Comunidad. Y esa gran permisividad de la circunscripción madrileña conlleva que la proporcionalidad pueda llegar a ser máxima. Proporcionalidad máxima significa que los partidos pueden llegar a obtener un porcentaje de escaños casi idéntico a su porcentaje de votos. Curiosamente, eso no pasa nunca en el Congreso de los Diputados donde los dos partidos grandes siempre han obtenido un porcentaje de escaños mucho mayor que de votos y los partidos medianos siempre han obtenido un porcentaje de escaños mucho menor que de votos.

La barrera legal del 5% actúa como contrapeso y rectificación a esa permisividad. La lógica del 5% es que asignar un porcentaje de escaños casi idéntico a su porcentaje de votos está bien para casi todos los partidos… excepto para los muy pequeños, que fragmentan innecesariamente el sistema de partidos. Razón por la cual son excluidos del reparto.

Por tanto, respondiendo a la pregunta, el Parlamento autonómico es muy proporcional, excepto para los partidos muy pequeños. La berrera legal ciertamente restringe la proporcionalidad, pero lo hace partiendo de un nivel extremadamente alto, por lo que el resultado final no es tan perverso como en el Congreso de los Diputados.

Por último, también sobre las elecciones del próximo 4 de mayo. ¿Cree que en la Comunidad de Madrid se produce (o se puede producir) un voto dual, como el que en tiempos se daba en Catalunya o el País Vasco?

Es cierto que se puede estar produciendo un voto dual, ero más bien entre partidos algo marginales. Por ejemplo, parece evidente que los votantes de Más Madrid en las autonómicas y municipales votan a otros partidos en las elecciones generales. También puede estarse produciendo un fenómeno parecido (llamado abstención diferencial), que es lo que sucedía realmente en la Cataluña de los años ochenta y noventa según diversas investigaciones. Entonces, los votantes de CiU llegaban mucho más animados a las elecciones autonómicas (con su candidato preferido, con claras expectativas de victoria, etc) que no a las elecciones generales. Y por eso su nivel de participación electoral era máximo. Contrariamente, los votantes del PSOE llegaban con los ánimos contrarios y votaban mucho más en las generales. La abstención de unos en las autonómicas y la abstención de otros en las generales generaba una apariencia de voto dual en los resultados agregados. Pero los electores no alternaban el voto a unos y otros, simplemente se turnaban en la abstención.

Actualmente Madrid puede ser una nueva Cataluña en varios sentidos. El único que nos ocupa aquí es que los simpatizantes del PSOE han llegado tradicionalmente a las autonómicas madrileñas mucho más deprimidos de lo que llegan a las generales y, por tanto, su probabilidad de abstenerse ha sido mucho mayor. El peor resultado del PSOE en las elecciones autonómicas se explicaría porque sus simpatizantes se quedan en casa, no porque se pasen al enemigo.

Algunas cuestiones disputadas sobre el anarcocapitalismo (LVI): Sobre la panarquía

Directamente emparentada con el anarcocapitalismo, aunque no es exactamente lo mismo está la idea de la Panarquía. Digo emparentada porque muchos de sus cultivadores son autores que defienden el anarcocapitalismo, comenzando por el primero de ellos, Gustave de Molinari, pero no todos los panarquistas son ancaps pues hay también minarquistas y liberales clásicos, austríacos y chicagos e incluso profesadores de otros credos  políticos pues en teoría esta idea podría ser compatible con cualquier sistema de crrencias, o al menos así lo planteó el primero en tratar este tema en los tiempos de modernos Paul-Emile de Puydt. El principio de la panarquía es simple y complejo a la vez.

Cosiste en la libre elección de nacionalidad o de  forma de estado por parte de los individuos. Puydt propone establecer una suerte de registro en el que las personas se apunten a la forma de estado que ellas elijan, sin tener en cuenta la territorialidad  o la contiguidad. Sería una suerte de estado a la carta. De la misma forma en que podemos escoger la iglesia a la que pertenecemos también podríamos escoger el estado que nos apeteciese o no tener ninguno. Pensemos en una iglesia o religión  organizada. Esta puede perfectamente ofrecer una serie de servicios a sus miembros, ya sean de corte religioso como bautizos o entierros ya sea de corte económico o social como educación  o protección contra el infortunio en forma de servicios de atención médica, vivienda, educación o sustento en sus centros. En principio cualquier persona puede  optar por cualquiera de ellas y disfrutar de sus servicios en todo el mundo, simplemente con pertenecer a ella o estar registrado en ellas de una forma u otra. Generalmente no están limitadas a un territorio estatal y cualquier fiel desplazado a otro país puede en principio disfrutar de sus servicios sin grandes requisitos.

En este caso es obvio que podemos perfectamente optar por la que más nos guste o por ninguna si preferimos renunciar a sus servicios. Los costes de pertenencia varían según cada una. Algunas pueden requerir largos periodos de formación e interiorización de sus normas mientras que otras son más laxas. Algunas pueden requerir desembolsos monetarios o prestación física de servicios, mientras que otras no. Algunas pueden requerir determinadas pautas de conducta a sus fieles e imponer restricciones a determinadas formas de vida y otras no. Algunas pueden excomulgar a sus fieles o establecer requisitos muy duros de entrada o de salida. Pero en nuestras sociedades nada impide optar entre religiones o salir de ellas si no nos convencen.  Los panarquistas hacen una suerte de analogía de las religiones con la libre pertenencia al estado. Al igual que las religiones la libre pertenencia a los estados y al disfrute de sus derechos y deberes debería ser permitida y eliminarse por tanto el monopolio territorial del que ahora disfrutan los estados modernos. Ya hemos apuntado en alguna ocasión que el rasgo más definitorio de un estado moderno es su territorio sobre el que se impone de forma monopolista  en las condiciones que el mismo establece. En su momento fue visto como un avance de ciudadanía el hecho de que todos los habitantes de un territorio cuenten con una misma forma legal (ius solis) frente al tradicional ius sanguinis que establecía como requisito de pertencia el ser descendiente de otro nacional previamente establecido. Se eliminaba de paso la idea de dos tipos de ciudadanía.

Pero este nuevo concepto fue evolucionando hasta el punto de no poder concebir un estado o una nacionalidad sin la pertenencia a lgún territorio cartografiado y bien definido. El panarquista reconoce la dificultad de imaginar a día de hoy soluciones que no pasen por este modelo y mucho menos poder siquiera pensar en la posibilidad de escoger a la carta la forma de gobierno preferida. Molinari como protopanarquista pensó la posibilidad de escoger entre fuerzas de seguridad en competencia. El panarquista va más allá y quiere la posibilidad  poder escoger todos los serviciosque los estados prstan. Se que es difícil ser para nosotros concebirlo, pero  teóricos panarquistas como Aviezer Tucker, John Zube o Trent MacDonald hacen arqueología intelectual y descubren que antes del actual monopolio territorial existían instituciones que posibilitaban la existencia de distintas formas legales dentro de un mismo territorio.

El Imperio romano es buena fuente de inspiración para el panarquista. Como buen imperio no tiene unos límites fronterizos claros y operan dentro de él diversas formas de soberanía. Cualquiera que haya leido la Biblia sabe que, por ejemplo, los reyes de Judea operaban en el marco del Imperio tutelados por los emperadores o por el senado pero conservando sus leyes propias, como es fácil constatar en el caso de la condena a Jesucristo, llevada a cabo con leyes judias pero con la aprobación tácita de los funcionarios al cargo. Ademas de esta soberanía compartida en el imperio durante mucho tiempo coexistieron diversas formas de ciudadanía desde el ciudadano con plenos derechos y con tratamiento legal específico (como el caso de la condena  a San Pablo nos muestra) hasta los esclavos sujetos a otros fueros y tratamiento jurídico, pasano por otras formas legales.

La metodología de Schumpeter: algunos puntos interesantes

Joseph A. Schumpeter fue un economista austriaco que perteneció a la tercera generación pensadores de la Escuela Austriaca, junto a Hans Mayer y Ludwig von Mises, los otros dos personajes más ilustres de esa generación. Al contrario que Mises o incluso Mayer, Schumpeter es considerado por muchos autores como un economista no austriaco, debido a su posición positivista en materia epistemológica, su defensa del paradigma walrasiano de equilibrio general y el empleo de matemáticas en economía, a través de los sistemas de ecuaciones simultaneas. No obstante, la metodología de Schumpeter tiene ciertos elementos que destacan y se diferencian del positivismo más común dentro de la economía. En este artículo destacaremos cuáles son estos puntos que, sin duda, acercan a Schumpeter mucho más a la economía de la Escuela Austriaca.

Instrumentalismo moderado

Estrictamente hablando, la posición metodológica de Schumpeter es el instrumentalismo. Esto quiere decir que, epistemológicamente, Schumpeter se opone al esencialismo y niega la existencia de causas o explicaciones últimas. Esto explica que rechace un enfoque causal y abogue por uno funcional, entre otras cosas. Para él, como instrumentalista, la teoría no puede ser interpretada como algo más que un instrumento que nos permite hacer predicciones sobre eventos futuros. La realidad, la verdad, la esencia o la causa última de las cosas no son objetos de investigación científica. Solo existen teorías útiles o inútiles para predecir eventos futuros, no verdaderas o falsas (Popper 1983; Shionoya 1997).

Sin embargo, a diferencia de otros instrumentalistas más puros como Milton Friedman (Friedman 1953; Caldwell 1992), Schumpeter sostiene un instrumentalismo moderado (Shionoya 1997). Esto se debe a que, para éste, la teoría no es exclusivamente un instrumento de predicción, sino que también sirve para la descripción, explicación o entendimiento del mundo, sin que esto suponga reconocer la existencia real o la esencia de los fenómenos económicos. Es más, para Schumpeter, una predicción capaz de pronosticar el curso real de los eventos es imposible de obtener (Machlup 1951). De este modo, Schumpeter ya parece distanciarse de los economistas positivistas más ortodoxos, acercándose simultáneamente a la posición austriaca. Los siguientes puntos a tratar parecen confirmar esta primera hipótesis.

Apriorismo

Aunque no debemos olvidar que Schumpeter es positivista, hay ciertos momentos en los que parece apoyar un razonamiento más apriorista.  A pesar de creer en la verificación de la teoría mediante la evidencia o que las suposiciones básicas de las que parte la teoría pura se basan en la observación de hechos, Schumpeter deja claro que ningún hallazgo estadístico puede probar o rechazar una proposición para la que se tienen motivos para creer debido a hechos más simples o fundamentales que tienen que ver con la experiencia del día a día o histórica (Machlup 1951). De este modo, algo como la acción humana misma, que recibe la categoría de autoevidente y que reconocemos como un hecho fundamental que tiene que ver con una experiencia más amplia, como diría Rothbard (1957; 1976), podría ser reconocido dentro del esquema schumpeteriano como una proposición exenta de verificación. En tanto que todas las leyes praxeológicas están implícitas en el axioma de la acción, podríamos deducir que éstas tampoco pueden verse sometidas al principio de verificación, siguiendo el razonamiento de Schumpeter. Con ello, es posible entender la existencia de teoría a priori, que no depende de la verificación, dentro de la metodología de Schumpeter.

Más aún, se puede interpretar la metodología de Schumpeter en términos lakatosianos (Shionoya 1997), esto es, como un programa de investigación científica donde las proposiciones teóricas que conforman el núcleo duro son irrefutables o inmunes al testeo empírico, mientras que las hipótesis auxiliares que componen el cinturón protector no presentan tal inmunidad (Lakatos 1999). Esto es muy similar a la interpretación que Zanotti (2013) ha hecho de Machlup, también en términos lakatosianos. Con ello, podemos afirmar que existe un paralelismo a nivel metodológico entre Schumpeter y Machlup, que Shionoya (1997) enfatiza en primer lugar. Sabiendo también que Zanotti y Cachanosky (2015) consideran apriorista la interpretación de Machlup de la epistemología de Mises, e incluso más fiel y adecuada que la extremo apriorista de Rothbard, el hecho de reconocer un paralelismo entre Schumpeter y Machlup refuerza la idea de que la metodología de Schumpeter contiene algunos elementos aprioristas. De hecho, Schumpeter hace una distinción entre teoría e historia, muy similar a la que hace Mises o a la que también hizo Menger entre las ciencias teóricas y ciencias históricas.

Lo estático y lo dinámico

Por otro lado, Schumpeter establece una distinción fundamental entre lo que él llama estática y dinámica (Machlup 1951). Aunque su visión mecanicista de la economía y su devoción por el paradigma walrasiano pudiera limitar su análisis a una visión estática de la economía, su estudio del desarrollo económico y del papel del empresario le introdujo directamente en una visión dinámica de los asuntos económicos.

Para Schumpeter, lo estático y lo dinámico son campos distintos de la economía. Mientras que el primero se encarga de estudiar los sistemas en equilibrio, asumiendo una información dada y constante, donde solo ocurren pequeños cambios en la información, el análisis dinámico es un método que estudia cambios grandes y discontinuos, que rompen con el equilibrio económico (Machlup 1951; 1959). Esto es completamente coherente con el análisis dinámico que introduce Mises (1998). Además, también es similar a la idea de economía de giro uniforme, donde la información ya está dada y las preferencias son constantes, y el sistema tiende al equilibrio o estado final de reposo, que nunca es alcanzado (Mises 1998). Para Mises, la economía se centra en el análisis del proceso de mercado, de lo dinámico, aunque recurre como método, como herramienta, a construcciones imaginarias como la economía de giro uniforme o el estado final de reposo, que se centran en lo estático, para poder entender de manera simple los procesos dinámicos de mercado.

El empleo de matemáticas

Schumpeter defiende las matemáticas como herramienta en economía de manera explícita y contundente. Argumenta que el uso de sistemas de ecuaciones simultaneas para la representación de las interrelaciones económicas facilita una comprensión de las mismas que no puede alcanzarse de otra manera con la misma claridad (Machlup 1951). Considera las matemáticas necesarias para conseguir la formalidad del pensamiento, algo fundamental para el rigor y para tener amplias posibilidades de deducción. De hecho, ve en ellas la posibilidad de convertir a la economía en una ciencia exacta. Según Schumpeter, las matemáticas pueden emplearse en economía porque existen conceptos económicos como trabajo, materias primas, tiempo, dinero o interés, que son cuantitativos. Además, entiende que el pensamiento matemático va más allá de ser una mera herramienta técnica y lo concibe como una actitud fundamental de los científicos (Shionoya 1997).

Sin embargo, como apunta Shionoya (1997), Schumpeter no cree que toda lógica de la teoría económica tenga que estar representada matemáticamente (Schumpeter 1933). Es más, sostiene que el método matemático es incapaz de revelar los contenidos sustantivos de determinados objetos de estudio de la economía. En ese caso, cuando las matemáticas no pueden comprender las relaciones o regularidades más importantes, se debe confiar en el lenguaje común.

Con esas afirmaciones, Schumpeter parece acercarse a la crítica de Menger al lenguaje matemático en economía. Menger afirma que el lenguaje matemático es incapaz de descubrir las esencias de los fenómenos económicos (Jaffé 1976). Con esto, se puede decir que Schumpeter comparte esta idea cuando establece que las matemáticas son incapaces de revelar los contenidos sustantivos de los objetos de estudio de la economía. No obstante, no podemos decir que a lo que Menger llama esencia sea lo mismo que lo que Schumpeter denomina contenido sustantivo, debido a las diferencias epistemológicas entre ambos. Aun así, podemos concluir que la afirmación de Schumpeter sobre las limitaciones de las matemáticas es parecida a la de Menger.

Conclusión

A modo de conclusión, podemos decir que, aun reconociendo las distancias epistemológicas entre Schumpeter y la de economistas austriacos como Mises o Rothbard, existen algunos puntos dentro de la metodología de Schumpeter que son muy similares a las defendidas por austriacos más puros e, incluso, algunas ideas que permitirían seguir avanzando y construyendo metodología austriaca de la formas más pura y fiel al planteamiento de Menger y Mises. No obstante, esto es una cuestión de futuros artículos.

Referencias

Caldwell, Bruce J. 1992. “Friedman’s Predictivist Instrumentalism: A Modification.” Research in the History of Economic Thought and Methodology 10: 119–28.

Friedman, Milton. 1953. “The Methodology of Positive Economics.” In Essays in Positive Economics, 3–46. Chicago: University of Chicago Press.

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Contra el racionamiento de las vacunas

Desde que en julio del año pasado la Comisión Europea firmó un acuerdo marco con los estados miembros de la Unión para la compra anticipada de vacunas contra la COVID-19 ha transcurrido ya el tiempo suficiente para evaluar unos planes de vacunación mal concebidos para llegar al objetivo de distribuir las vacunas que inmunicen a la mayoría de la población europea en el menor tiempo posible. “Por cada mes que se adelante su distribución, se salvarán vidas, puestos de trabajo y miles de millones de euros” rezaba una de las consideraciones iniciales del anexo del citado acuerdo.  

En esencia los estados miembros confirieron un mandato a la Comisión para negociar y celebrar contratos de compra anticipada (APA, por sus siglas en inglés) con cada una de las empresas farmacéuticas, que ya en aquel momento avanzaban en la investigación y ensayo clínico de distintas vacunas. La celebración de contratos concretos, tras el anuncio de un determinado precontratos por parte de la Comisión, y la adquisición final de las vacunas y las obligaciones de pago corresponderían (art. 2) a los estados participantes en función de las cuotas asignadas a cada uno, salvo que se dispusiera otra cosa. En este sentido, las directrices del anexo del acuerdo perfilaron la posibilidad de que la Comisión Europea asumiera hasta el 50 por ciento del precio final, cuando se plantera una gran dificultad en distinguirlo del precio inicial adelantado a los fabricantes durante la fase de proyecto. Asimismo, la competencia para ejecutar las políticas de vacunación quedaban al arbitrio de los estados.

Cualquiera que sea el contenido exacto de cada uno de los acuerdos concretos suscritos con los fabricantes de vacunas – sometidos a confidencialidad, incluido el precio – según los últimos datos publicados por Ourworldindata, el conjunto de los países de la UE ha inoculado, al menos, la primea dosis de la vacuna a un 19´39 por ciento de su población[1], datos que palidecen frente al 61´96 por ciento de Israel, 48´66 del Reino Unido, 40´61 de Chile o el 39´85 de EE.UU. A la vista de estos resultados provisionales, el alcance de la ansiada inmunidad de grupo en la UE antes del verano se antoja imposible por los intervalos entre dosis de la mayoría de la vacunas hasta ahora aprobadas por la Agencia Europea del Medicamento (EMA). Incluso si, como parece, las entregas se multiplican por la llegada de las que se vayan aprobando, los retrasos provocados por las suspensiones o limitaciones de la aplicación de AstraZeneca y Janssen[2] en la mayoría de los países no se van a compensar por los medios públicos desplegados y los anuncios de apertura al sector privado en el proceso de vacunación de dosis adquiridas previamente por los gobiernos[3]. No así de las compras, la distribución y la inoculación paralela.

Este fracaso no puede achacarse – al menos no fundamentalmente – a la Comisión Europea, puesto que el acuerdo marco no impedía a los estados miembros explorar otras vías, complementarías del programa de compras coordinado (notificando con cinco días de anticipación su voluntad de excluirse, una vez informados de la inminencia de cada contrato de venta anticipada- art. 5) ni les obligaba a gestionar el proceso al modo de un sistema de economía socialista centralizado. Dicho de otra manera, las compras para garantizar una distribución e inoculación de vacunas gratuitas para la generalidad de la población no eran – ni son ahora una vez celebrados la mayoría de los contratos – incompatibles con la autorización a empresas o particulares que ya suministran otros medicamentos o adquirir las vacunas como consumidores finales.

Si acaso cabe apreciar que, tanto los gobernantes europeos como la Comisión, partieron del sobreentendido de monopolizar la demanda en cada país y asumir el papel de prestadores únicos de las vacunas contra el Covid-19, impidiendo el funcionamiento de un mercado, que a través de sus precios proporcionaría una información muy valiosa[4] a nuevos productores de vacunas y una distribución mucho más eficiente a personas dispuestas a pagar por ello. Asimismo, demostraron una autoconfianza desmedida en la virtualidad de las compras centralizadas a través de comités de funcionarios públicos, que a cada paso tendrían que recabar la opinión y aprobación de los estados miembros y obviamente sobrevaloraron la influencia que tendría la financiación anticipada de determinados proyectos en las condiciones de entrega de las futuras vacunas.

Como señaló hace poco el profesor Pedro Schwartz sobre el caso concreto de España, “so capa de que las vacunas se distribuyen gratuitamente, se ha prohibido su compra por personas individuales, así como la vacunación en hospitales privados y farmacias”. Los gobiernos europeos, y muy singularmente el español por su obsesión de dominar todos los resortes de la sociedad desde el gobierno, han impedido que sus ciudadanos se beneficiaran del funcionamiento de un mercado de vacunas para conseguir el fin apetecido.

Incluso en una situación de oligopolio de facto de la producción de vacunas, los precios en el mercado mundial por unidad son tan ridículos que la idea de que deban proveerse “gratuitamente” a toda la población es un completo desatino. A cambio, los gobiernos han conseguido que los europeos se sometan mansamente a fallidas “estrategias de vacunación”, esperando con paciencia su turno, segmentados por grupos de edad o profesiones. Un remedo de los planes de racionamiento gubernamentales de las guerras y posguerras del siglo XX (y de modo estructural de los regímenes comunistas) que parecían indefendibles en los países libres para proveer bienes de consumo a gran escala. Como en aquellas viejas historias del “estraperlo” de la autarquía en España, afloraron casos de corrupción gracias a los contactos con el poder o se presentaron chivos expiatorios cuando algunas personas escaparon del sistema.

La pandemia del Covid-19 ha causado ya demasiadas muertes. Sin embargo, ante la probabilidad de que, debido a sus mutaciones, se haga necesaria la vacunación periódica, todo este esquema tiene que reconsiderarse totalmente. El punto de partida debería invertirse para que los estados europeos se limiten a comprar y distribuir vacunas a las personas que carecen de medios para hacerlo. En un momento en el que la destrucción de una parte de la infraestructura productiva es un hecho y los presupuestos públicos presentan gigantescos déficit, debe plantearse una alternativa clara al modelo que han colado políticos incompetentes o sedientos de poder, aprovechando el miedo y la incertidumbre generalizados.

Nos va en ello la libertad … y la vida.


[1] Curiosamente España, con un 20´51 por ciento está por encima de Francia, 18´63, y por debajo de Alemania, 20´63.

[2] El 20 de abril el comité de seguridad de la EMA dictaminó que, infrecuentes trombos con bajos niveles de plaquetas deberían relacionarse como un efecto secundario muy raro de ésta última.

[3] En este sentido, en el caso español, después de que se demandara por el gobierno de la Comunidad de Madrid, mediante el anuncio de acuerdos de colaboración con una fundación de la patronal CEOE para que las Mutuas de accidentes se conviertan en centros de vacunación

[4] Recuérdese como, paradójicamente, los negociadores de la Comisión Europea