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La democracia posible

A día de hoy todavía quedan plazas ocupadas por indignados en toda España desde que hace ya casi un mes un movimiento aparentemente heterogéneo y abierto se echara a la calle a protestar contra el poder establecido. Primero se presentaron bajo el paraguas de una marca blanca que fue descubriendo un programa de carácter netamente colectivista y populista bautizado como ‘toma la plaza’ y entre cuyas exigencias para cambiar el sistema se encuentra la nacionalización de los bancos, la expropiación de viviendas o la subida de impuestos entre otras medidas socialistas.

Aprovechando un clima generalizado de indignación, la Izquierda social, decepcionada con la Izquierda política por no encontrar una salida de izquierdas a la crisis, se ha echado a la calle buscando una legitimidad que no encuentra en las urnas. La democracia asamblearia ha dejado de ser el sueño húmedo de algunos teóricos nostálgicos de una Antigua Grecia idealizada bajo el totalitarismo democrático actualizado en la tiranía de la voluntad general rousseauniana para llevarse a la práctica en el mismísimo centro de España.

Las últimas noches en Madrid nos han dejado una metáfora casi perfecta sobre la cuestión de fondo que planea sobre esta disyuntiva entre legitimidad representativa y legitimidad popular. Lo que entendemos por democracias en Occidente es algo más que un mero procedimiento de toma de decisiones en el que la mayoría impone su voluntad; al contrario, permite el control efectivo del poder eligiendo gobiernos de mayoría que respeten a las minorías. Frente a esta democracia representativa o liberal, se contrapone la democracia como fin en sí mismo sin admitir, por tanto, ningún tipo de cortapisa a esa decisión ejecutiva, casi sagrada, que emana de la mayoría.

Esta forma de democracia pura tiene, además, el inconveniente de su difícil articulación en sociedades complejas. El proceso farragoso que se está reproduciendo en algunas plazas españolas demuestra cómo el tiempo es un bien escaso y la especialización también hace necesaria la existencia de representantes que tengan un mandato legal y reconocido por el que tomar decisiones. Lo contrario supone dejar el control de esas asambleas a minorías ociosas e interesadas en atribuirse una representación ficticia, proceso por el cual pretenden legitimarse como mayoría e imponer su voluntad sobre el resto de la población. La propia naturaleza de estos grupos, parasitaria del Estado, es la que marca su agenda, pues siempre tenderán a aumentar la dependencia individual del colectivo, ya que ese es su propio modelo de existencia que no solo quieren mantener sino incrementar y perpetuar.

La democracia real y posible es la que ya tenemos, con sus imperfecciones que también son las nuestras. Por muy indignados que estemos legitimar la toma de las calles solo nos conducirá a poner en duda la legitimidad representativa y socavar el Imperio de la Ley. Mientras exista, no todo vale, y permanecer dentro de sus límites es el mejor aval de una sociedad libre y próspera. Puestos a mirarnos en el espejo de los antiguos filósofos griegos en estos tiempos, sería conveniente recordar la última lección que nos legó Sócrates al aceptar su condena a muerte bebiendo la cicuta en lugar de escapar a la fatal pero legal sentencia.

5 de mayo, 22 de mayo y 27 de junio: algo más que fechas

Tories y liberales se jugaban mucho en la consulta del 5 de mayo, especialmente los segundos, quienes en un análisis más bien sesgado de la realidad política del país, culparon un año antes al sistema electoral de ser el responsable de que siguieran siendo la tercera fuerza política. Por lo tanto, en el Acuerdo de Gobierno de 2010, la celebración de un referendo para alterarlo fue su gran logro y la gran cesión hecha por los conservadores.

Conocidos los resultados, sacamos dos lecturas complementarias: que los británicos avalaron las tesis de David Cameron (contrarias al cambio) y que la tradición sigue pesando mucho en el elector de las Islas. Así, el 70% vs 30% final, no deja lugar a las dudas. A partir de aquí, y esta es la gran lección, la coalición gubernamental no ha mirado atrás y ha continuado trabajando de cara a la consecución de sus objetivos, los cuales tienen como centro principal, la recuperación económica del país, sin perder de vista la intervención en Libia o la presencia en Afganistán.

En efecto, tras el 5-M, David Cameron se reunió con Barack Obama, definiendo la relación, otrora calificada como "especial", de "esencial" y centrada más en los asuntos de seguridad que en los económicos. Igualmente, el próximo 27 de junio se verá con José Luis Rodríguez Zapatero. Será la primera reunión bilateral tras la victoria del británico en 2010. Este hecho contrasta con las relaciones cercanas mantenidas por el PSOE con Gordon Brown, especialmente cuando se convirtió en Primer Ministro.

En efecto, el escocés fue un modelo a imitar desde el punto de vista económico por los socialistas españoles, cuando ya escribimos en estas mismas páginas que no hizo más que repetir las fórmulas económicas del Laborismo de los años setenta, es decir, aquel partido y aquellas medidas que terminaron por arruinar las arcas del país, que sobredimensionaron el Estado y que, en última instancia, relegaron de la categoría de key player en la esfera internacional a Reino Unido.

Este dato es significativo pues más allá del color y credo político de sus partidos respectivos, Cameron y Rodríguez Zapatero han mostrado un actitud (y aptitud) bien diferente para encarar la crisis económica. Así, mientras el tory, aún a riesgo de perder votos, no dudó en hablar durante la campaña electoral de 2010 de la necesidad (como sinónimo de obligatoriedad) de introducir "medidas impopulares", esto es, recortes en los gastos sociales, cediendo así protagonismo su concepto de "big society" a los imperativos dictados por el escenario económico.

Frente a este modus operandi, el político español empleó una táctica diametralmente contraria en función de la cual, se auto-proclamó el "último defensor" del Estado de Bienestar y siguió con su política despilfarradora, pendiente de los conceptos grandilocuentes y de los titulares en la prensa y alejada, en consecuencia, de todo realismo.

Los resultados están ahí. Mientras Reino Unido cubre etapas en su recuperación y su gobierno (o por mejor decir, los conservadores) cuenta con un apoyo mayoritario de la opinión pública, el PSOE se hundió en las municipales y autonómicas del 22 de mayo, viviendo inmediatamente una no tan silenciada guerra civil para decidir quién era el sucesor de Rodríguez Zapatero. Todo ello sin olvidar las "recomendaciones" recibidas por parte de la Comisión Europea.

Desde la perspectiva del ciudadano español hay razones para la esperanza sin que esta afirmación suponga una contradicción con las ideas expuestas en los párrafos precedentes. ¿A qué nos referimos? Respuesta muy fácil: desde las actuales instancias gubernamentales, la principal acusación hecha al Partido Popular y a Mariano Rajoy es que en caso de ganar las próximas elecciones, aplicarán "la política económica Cameron". Al respecto, las críticas y reproches a las propuestas económicas del PP son un calco de las recibidas por parte del gobierno británico durante estos últimos meses y se resumen en el manido tópico (valga la redundancia) de querer desmantelar el Estado de Bienestar.

El origen de las fortunas no está en la miseria de los pobres

El viernes 3 de junio se le entregó un premio humilde a un hombre humilde: el Premio Juan de Mariana a toda una vida dedicada a la defensa de la libertad fue a parar a Giancarlo Ibargüen. La corbata de color “rojo Marroquín” delataba, no sólo a él sino a todos los que vinieron desde Guatemala para festejarle, su procedencia: la Universidad Francisco Marroquín.

Su humildad, una de las trazas de su categoría personal, le llevó a interpretar la concesión del premio como un homenaje a la institución que lidera y dirige, y en realidad no era así, el Premio era para él. Pero eso nos permitió a los asistentes a la Cena de la Libertad y a todos los que lo deseen (el vídeo ya está disponible) disfrutar de una lección magistral de pedagogía.

No me llamó la atención solamente que la Universidad Francisco Marroquín (UFM) sea una organización sin ánimo de lucro que, sin embargo, funciona siguiendo los dictados de la oferta y la demanda; ni que sea dirigida por un consejo de empresarios y emprendedores, sin subvenciones ni ataduras estatales, que no participa en temas políticos sino que educa en las cuestiones trascendentales. Giancarlo explicó cómo su tarea es luchar contra ideas como la que precisamente vio en este viaje, en un cartel de la plaza invadida por indignados en Gandía: el origen de las fortunas está en la miseria de los pobres.

Lo que más me llamó la atención es la metodología de la educación que practican en La UFM: cómo, a la luz de los cambios en la informática, han incorporado los avances a sus enseñanzas, dando valor a la creación de conocimiento por los alumnos. El profesor, en vez de dictar (como un dictador), se convierte en tutor de una enseñanza co-lectiva, lanzando preguntas, estimulando el carácter liberal y la inteligencia propia de los individuos. La idea de fondo es potenciar las posibilidades de acción de los individuos. Los alumnos son responsables de su proceso de aprendizaje y son independientes desde el punto de vista intelectual. Hay una similitud, explicaba Giancarlo Ibargüen, entre este proceso de aprendizaje socrático y el proceso de mercado en competencia hayekiano. Las ideas compiten entre ellas y se da un proceso de descubrimiento, surge un orden espontáneo en las ideas que emergen de los alumnos.

El profesor sabe más que los alumnos individualmente, pero no puede aprehender el conocimiento disperso de las mentes de los alumnos honestamente interesados en aprender y descubrir. El profesor es un facilitador y… un alumno más.

Cuando tuve ocasión de charlar un ratito con Giancarlo le dije: “Si yo hago eso en cualquier universidad española me echan del país”.

La lección es doble porque, como señaló Carlos Rodríguez Braun, nos llega de un país pobre, de América Latina, esa parte del mundo que caricaturizamos por su falta de libertades, sus dictaduras liberticidas… como si la Vieja Europa estuviera a salvo de todo ello.

Se nos llena la boca hablando de libertad pero no existen universidades verdaderamente a salvo de los dictados del Estado. Al menos de momento. Estamos en un país sin separación de poderes, en el que tras una dictadura que acabó por muerte natural del dictador, ha sobrevenido otro tipo de dictadura, la de un sistema partitocrático hermético y podrido que no tiene mucha pinta de cambiar. Simplemente porque quienes perderían más son los que deberían cambiar las reglas del juego y airear la democracia.

Nuestra prepotencia europea nos impide muchas veces prestar atención al ejemplo de quienes, desde la humildad, nos muestran un camino de libertad. Y por eso, mientras en Guatemala se forman generaciones de jóvenes libres e independientes, los nuestros acampan en las plazas y exhiben lemas tan errados como dañinos.

Ineficiencias políticas

La defensa a ultranza del crecimiento de los servicios públicos, o sea, de los prestados directa o indirectamente por las administraciones públicas, suele presentar una ventaja aparente aunque un perjuicio real.
 
Se dice que, dado que lo que funciona mal es noticia y nunca lo es lo contrario -lo que sí parece ir bien-, se está dando una mala impresión de la administración pública. Deberían los medios y el público en general enfocar su atención en todos aquellos actos docentes, médicos, administrativos, y de todo cariz que se están realizando sin corrupciones, con afán de eficacia y de servicio. En lo que se refiere a las inversiones públicas sucede igual. El faraónico edificio cultural, el tendido ferroviario en áreas de escaso tráfico y otros gastos suelen estar justificados en cuanto están terminados por el mero hecho de que ahí están, se ven y, por tanto, es lo que hay. Esta visión bondadosa de lo público tiene tanto una fácil respuesta racional como una difícil refutación propagandística. La escuela pública que imparte docencia es buena por eso mismo, porque imparte docencia. La magnífica obra de arquitectura es admirable e irrenunciable porque está. Pero es lo que no se ve de ambas lo que justamente la cuestiona más. Es la inversión o inversiones que no se han hecho por destinar los recursos a lo que se ve lo que plantea las dudas acerca de lo realizado.
 
Un servicio no es bueno en sí mismo sino que sólo lo hace bueno si, dadas las circunstancias de incertidumbre e ignorancia esenciales de la acción humana, se ha tomado la opción de gasto que resultaba más rentable en determinado momento teniendo en cuenta aquello a lo que se ha renunciado.
 
Los más de cincuenta millones de euros del erario público de un centro cultural parecen bien empleados cuando ese centro "está", se ve y se visita. Sucede que la inversión ha sido sufragada con impuestos o con préstamo público, es decir, impuestos trasladados a las generaciones posteriores. De esa manera nunca se podrá saber con seguridad qué otra inversión podría haberse realizado en su lugar. La razón es que no existe un sistema de precios formado libremente que muestre las preferencias de uso de los recursos por los ciudadanos. De esa manera, la única decisión está en manos de gentes que no son propietarios de esos recursos y que no son, por ello, responsables de las pérdidas alternativas, de los costes de oportunidad que conllevan. La única forma de guiar las políticas públicas es, como sano método previo, evitar realizar el gasto sin antes considerar que, si dejamos en manos de los particulares ese dinero sin aplicarles tributo alguno, es la preferencia verdadera de su dueño la que guiará el mejor uso deseado. Siendo así, los precios reflejarían esas preferencias y, por lógica y en realidad, mostrarían los costes de oportunidad rápidamente.
 
Este modo de analizar el gasto público es contrario a los intereses de quien decide sobre lo ajeno. El político y el funcionario es, por honesto y ajustado a la ley que sea, un cazarrentas, dicho sin acritud, que tiende a maximizar su estatus de prestador de servicios para mantener su puesto. Si no presta el servicio tal y como se espera de él, pierde el puesto. Dicho de otra manera directa: si no gasta arbitrariamente los recursos, es decir, si no los gasta al modo dicho antes, sin tener en cuenta los verdaderos costes del mismo, no cumple con su función.

Acerca del principio de subsidiariedad

Desde la primera encíclica social Rerum novarum hasta la Caritas in veritate se ha ido perfilando una doctrina social de la Iglesia que pretende servir de guía moral para los católicos en asuntos relacionados con la organización de la sociedad.

De los diversos principios que destacan en dicho cuerpo doctrinal -dignidad de la persona humana, solidaridad, primacía del bien común, etc.-, quisiera detenerme en el principio de subsidiariedad. Partiendo de que el hombre, la familia y la comunidad doméstica es anterior a cualquier forma de comunidad política (RN, 6-10), este principio queda definido así: "una estructura de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino más bien debe sostenerle en caso de necesidad…" (CA, 48). La responsabilidad individual precedería siempre a la global.

Si de verdad se cree en la dignidad de las personas humanas, se ha de proteger y respetar al individuo, a la familia, a las asociaciones y corporaciones creadas voluntariamente por aquéllas. Toda persona o cuerpo intermedio tiene algo original y valioso que ofrecer a la comunidad. Arrebatar a éstos las funciones que les competen, es decir, lo que pueden hacer "por su propio esfuerzo e industria" para confiárselo a comunidades (políticas) mayores sería un "grave perjuicio y perturbación del recto orden" (QA, 79).

La iniciativa privada tiene, por tanto, una función pública y su inadecuado reconocimiento daña seriamente el principio de subsidiariedad. Éste impondría a los poderes públicos una obligación moral de no entorpecer el espacio vital de las células menores y esenciales de la sociedad para evitar suplantar su libertad o creatividad y "privarlos de su legítima y constructiva acción" (GS, 75). Sólo excepcionalmente (y de forma temporal) el Estado debiera ejercer una función de suplencia en los casos en que el individuo o las asociaciones espontáneas sean incapaces de dar una respuesta satisfactoria a un problema concreto. El Estado subsidiario es algo muy distinto al Estado asistencial.

Lo que pueda hacer la sociedad civil no lo haga la Administración pública y que ésta haga exclusivamente lo que no puedan hacer los ciudadanos. Se podría resumir así en pocas palabras el llamado principio de subsidiariedad horizontal o funcional que pone límite a la actuación excesiva o injustificada del Estado y del aparato público en la sociedad. Sin embargo, dentro de la característica ambivalencia que existe en la doctrina social de la Iglesia en su relación con el Estado, a pesar de apelar a la subsidiariedad, se encomiendan al mismo tiempo innumerables misiones al poder político exhortándole a intervenir e incluso a planificar y proponer objetivos al conjunto de la sociedad (véase si no como ejemplo PP, 33; MM, 150, 20 y 21). Explícitamente se reconoce también el principio de subsidiariedad de los Estados con respecto a las organizaciones internacionales (PT, 140).

A los teóricos del Estado les faltó tiempo para dar con otra formulación de este principio conocido como subsidiariedad vertical o territorial que legitima la injerencia estatal para intervenir en cualquier área de la vida social. Con la coartada de impedir un centralismo del poder se promueve otra forma de estatismo al abogar que lo que no hace el Estado central lo debieran hacer subsidiariamente otras entidades públicas inferiores (regionales o locales). Se pervierte el principio esencial de la iniciativa particular que fomenta la libertad responsable de las personas -y que es una constante en todas las encíclicas sociales- para dar entrada a la acción paternalista e indiscriminada de los poderes públicos y sus mandatos. "Los males comienzan cuando en lugar de apelar a las energías y a las iniciativas de individuos o asociaciones, el gobierno los sustituye", nos recordaba el filósofo, jurista y teólogo insigne Antonio Rosmini (condenado y rehabilitado por la misma Iglesia).

Por su parte, desde que el socialista y cristiano Jacques Delors redescubriera el principio de subsidiariedad a principios de los años 90, las élites políticas de la construcción europea se apropiaron descaradamente del mismo como si fuera propio y lo integraron en su acervo comunitario. Obviaron el enfoque horizontal esencial de este interesante principio originalmente enunciado en las encíclicas papales y recalcaron su formulación vertical para establecer un reparto de competencias entre los diferentes gobiernos territoriales y legitimar de esta manera su propia acción. Les sirvió, además, de anzuelo edulcorado para que los diversos políticos nacionales aceptasen ese constructo burocrático supranacional.

Así, apelando al principio de subsidiariedad (vertical), las labores legislativas y las decisiones ejecutivas no se tomarán en Bruselas cuando puedan hacerse en instancias políticas inferiores. Un diseño fetén de la gobernanza europea basado en el gobierno multinivel. No puedo sino unirme a la denuncia acertada en esta materia que hizo el profesor Schwartz al analizar la constitución europea: "siempre poderes y nunca individuos".

Los falsos gerentes del bien común mediante la coacción –que son legión- participan activamente en demasiadas actividades que corresponde realizar a los particulares.

Parece claro que si el ciudadano dimite de su soberanía, el intervencionismo político intentará inmiscuirse en todos los asuntos sociales privados o públicos, transformando así al ciudadano-activo en sujeto-pasivo dentro de una sociedad tutelada e ineficiente en la que apenas se deja oportunidad a que maduren los frutos de una sociedad libre.

Los estatistas de todos los niveles debieran contemplar "horizontalmente" la sociedad, al menos alguna vez en su vida, y tratar de entender que los asuntos públicos no se limitan a los del gobierno (en cualquiera de sus manifestaciones) y que tal vez sería bueno cultivar también desde la política la virtud de la paciencia para dejar crecer y prosperar organizaciones voluntarias para alcanzar los legítimos fines que sus actores consideren importantes siempre que sean respetuosos con los derechos de los demás.

El día que Merkel se transformó en ZP

La mujer de hierro alemana se ha vuelto de un maleable que asusta a sus colegas europeos. Y es que en materia energética, Angela Merkel parece ser más zapaterista que el propio Zapatero. El día que la canciller anunció el cierre de todas sus plantas nucleares para 2022, los países que forman la UE descubrieron con estupor que la posibilidad de una política energética común era una utopía más grande si cabe que la de una Europa unida, próspera y en paz.

Podría entenderse en un país que viviera bajo la amenaza constante de un terremoto de horribles consecuencias como el que asoló Japón. Podría entenderse en un país donde las reservas de petróleo, carbón o gas natural fueran tan abundantes que no se necesitara otro recurso energético. Pero Alemania no es ni lo uno ni lo otro. Tiene un riesgo sísmico bajo o moderado (en especial, en el sur, con niveles similares a los de Granada o Murcia) y depende como casi todos los países europeos en mayor o menor medida de fuentes de energía foráneas, fuentes de energía que desgraciadamente no constituyen ningún mercado libre, sino que están en manos de los estados, sus gobiernos u organizaciones como la OPEP.

Cuando Merkel accedió al poder lo hizo como una canciller inteligente, audaz, dura, capaz de luchar y sacar de la crisis a una Alemania sumida en el desastre que habían provocado varios años de políticas socialdemócratas. Mientras la política interna le ha ido bien, mientras sus actuaciones fueron acertadas o al menos no demasiado perjudiciales para sus ciudadanos, Merkel incrementó su fama, su mito. Pero es en los malos momentos cuando los líderes demuestran su capacidad, su aptitud, su coherencia, que es a la larga lo que más aprecian los votantes. Es aquí donde Merkel desbarra y lo hace espectacularmente.

La política de Merkel en materia nuclear ha sido errática. Alemania es un país con una tradición ecologista muy fuerte y, precisamente por la crisis y por las medidas que se han tenido que tomar, la imagen de la política no está en su mejor momento. Las últimas elecciones regionales han permitido a la izquierda recuperar parte del poder. Por lo tanto, hay que entender en clave interna esta decisión que tiene tan soliviantados a los ministros de energía de la UE. Merkel ha debido entender que si opta por medidas ecologistas, los votos de la izquierda van a volver a su asiento en la contabilidad electoral. Sin embargo, no se ha dado cuenta de que la coherencia es un atributo que también contemplan sus propios electores y sería posible que lo que gane por un lado lo pierda por otro, o incluso que ese balance sea negativo. Una vez más, los ciudadanos se deben adaptar a las políticas públicas y no al revés.

Cuando en 2010 Merkel accedió a que las centrales nucleares de su país no se cerraran antes de 2036, lo hizo para que los alemanes no tuvieran que afrontar el gasto financiero que suponía un cambio en el modelo energético. Ahora parece que ese cambio es pertinente, pero supone una serie de problemas de complicada solución. Si Alemania quiere cumplir con otra exigencia ecologista –la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero– debería sustituir la energía nuclear sólo por renovable, pero dados los costes que conlleva y que no es una energía que pueda cubrir una demanda continua, la sustitución es cuando menos cara y técnicamente dudosa, si no imposible.

La mayoría de las centrales nucleares se encuentra en el sur del país, la zona también más industrial, y la mayoría de las centrales renovables están en el norte del país. La planificación no es el fuerte de la política. Además de centrales de cualquier tipo, se necesitan líneas que transporten la energía y unas y otras también despiertan el rechazo de los vecinos que no las quieren por su patio trasero. Así pues, es de esperar que se puedan producir nuevas protestas y retrasos que a medio plazo generarían déficits energéticos locales, posiblemente apagones que afectarían la competitividad, la productividad y la recuperación alemanas.

No contenta con ello, a la canciller le ha dado un ataque de exotismo. Merkel y algunas empresas energéticas y financieras alemanas apoyan el proyecto Desertec que pretende crear en el norte de África una red de plantas solares que deberían cubrir el 15% de las necesidades energéticas europeas, incluidas las alemanas, en un plazo de 40 años. Parece que los problemas que atraviesan los países de la zona no son un inconveniente. Otros proyectos pretenden hacer algo parecido pero con energía eólica "mar adentro" en el Mar Báltico y el Mar del Norte. Y todavía hay gente que a esto le llama mercado y neoliberalismo.

No menos importante es a quién va a beneficiar esta situación en detrimento de los alemanes. De entrada, Francia con sus centrales nucleares puede exportar energía a Alemania mientras ésta se "normaliza". Por otra parte, dependerá mucho más de las fuentes externas de combustibles fósiles como el gas natural que viene de Rusia y el Mar del Norte o del carbón, que puede venir de Polonia y Sudáfrica. Qué decir que esto suele ir acompañado de un incremento de los precios, sobre todo si es la gran locomotora europea la que tiene que pagar. Es posible por tanto que la geoestrategia europea y su estabilidad política se vean alteradas por los intereses partidistas de una canciller que brilló en su momento, pero que ahora se muestra tan gris, al menos energéticamente hablando, como nuestro Zapatero.

Democracia y Estado de Bienestar

La democracia es incompatible con la unificación del poder económico. La redistribución patrimonial, así como la interferencia pública en los negocios privados que representa el Estado de Bienestar, provocan la descomposición del régimen democrático. No es casualidad que los países más socialistas acaben siendo gobernados de forma totalitaria (Mises).

La democracia no sólo exige representatividad y participación en la formación de los órganos de gobierno de una nación, sino que, además, se define por garantizar principios como el respeto de la libertad individual, el imperio de la ley frente al gobierno arbitrario, y la alternancia pacífica en el ejercicio del poder político (Acton). La gobernabilidad exige que tanto las diferentes potestades como la estructura del poder y su administración sean consideradas elementos pre-constituidos en unos términos que resulten inalterables por quien ejerce de manera contingente dicha autoridad.

La representatividad no equivale al gobierno asambleario. La extensión del orden político hace imposible que la mayoría de las decisiones sean adoptadas con el apoyo o la desaprobación directos provenientes de los ciudadanos. La representación se vuelve inevitable. También, a medida que el orden se hace más extenso, la representación se desliga del mandato imperativo, e incluso de la proporcionalidad estricta en relación con el apoyo explícito concitado. Los sistemas democráticos amplios aspiran a un tipo de gobernabilidad que impide aplicar mecanismos que son propios del concejo abierto. No obstante, la acción política queda sometida a la presión de la opinión pública (Weber, Mises, Hayek).

El Estado de Bienestar representa la última forma histórica conocida de esa expresión moderna de asociación de dominación que es el Estado (D. Negro). La socialdemocracia ha hecho suyo el artefacto, venciendo en la contienda disputada entre totalitarismos durante gran parte del siglo XX (Jouvenel). El Estado de Bienestar no se limita a excluir del legítimo uso de la violencia a otro tipo de organizaciones o individuos existentes dentro o fuera del territorio que aspira a dominar (Bastiat). Personifica además la clase de fuerza social que ha logrado extirpar del orden espontáneo instituciones primordiales como son el Derecho y el Dinero (Hayek).

La tesis que considera incompatible cualquier tipo de organización democrática del poder político con la existencia del Estado de Bienestar se explica en Burocracia, de L. von Mises. La centralización de las decisiones y su inclusión en un sistema de mandatos específicos convierten al individuo en una pieza determinada dentro del engranaje del Estado. Asimismo, la complejidad de las decisiones que debe afrontar el gobernante requiere de la formación de una estructura burocrática que acabará convirtiendo a los representantes políticos en simples "asambleas de hombres-sí". La pretendida omnisciencia del Estado hace que una tropa de funcionarios tenga reconocida la facultad de influir directa y meticulosamente en la vida y expectativas de los ciudadanos. A través del Derecho administrativo se pretende constreñir la arbitrariedad de estos pequeños tiranos, suplantando progresivamente al Derecho civil en ámbitos que habían sido tradicionalmente privados. Los funcionarios (fijos y políticos), a pesar de las limitaciones predispuestas, son quienes impulsan la necesidad presupuestaria, el grado de persecución del infractor, el contenido específico del mandato… A medida que crece la necesidad de burocratizar el Estado, éste se aleja más y más de la democracia efectiva.

Sin embargo, no sólo la burocracia representa un obstáculo que cercena los principios de libertad individual, gobernabilidad y representatividad, que constituyen el fundamento de la democracia. El político, a través de su ejercicio de adhesión organizativa e ideológica, degenera en un tipo de agente profesionalizado que deja de vivir para la política, para empezar a vivir de ella (Weber). Los partidos quedan integrados dentro del Estado de Bienestar como una pieza básica de su engranaje, reproduciendo dentro de su propia estructura la necesidad burocrática que tiene la administración pública. Los políticos profesionales admiten, e incluso abrazan, su divorcio del resto del cuerpo social, formando así una élite gobernante (Pareto). Desde ahí, pasan a convertirse en funcionarios del Estado, pero no en su sentido convencional (tampoco de manera directa y permanente), ya que adoptan con facilidad la categoría de activos reclamados por la empresa privada en orden de incorporarse dentro de sus cuadros directivos. El objetivo de aquellas es lograr unas relaciones satisfactorias con los órganos de intervención y las autoridades que más perturben su ámbito de actividad empresarial. Existe incluso el "político" que permanece siempre afecto a esta situación, sin ejercer nunca cargo o magistratura formalmente interna del Estado.

El Estado de Bienestar genera burocracia, destruye con sutileza el sistema democrático, y junto a él, los principios de libertad y participación que se le presuponen. Al mismo tiempo, el Estado de Bienestar genera una élite de agentes que ejercen sus funciones también en el sector privado a modo de conexión entre mercado, partidos políticos, sindicatos y administración pública. La estructura de dominación representada por este tipo de Estado hace inevitables tanto el retroceso de las libertades como la impracticabilidad democrática.

Es ilógico y contradictorio considerar que el Estado de Bienestar resulta compatible con el régimen democrático. El uso de la palabra democracia dentro de un programa político que aspire a incrementar la intervención del Estado será, en el mejor de los casos, un gravísimo error intelectual. Desgraciadamente, la historia nos proporciona ejemplos de cómo la bandera democrática ha servido de coartada para ocultar la ferocidad del discurso totalitario.

100 horas cargadas de adrenalina

A partir de hoy y a lo largo de cuatro jornadas, el Instituto Juan de Mariana comienza la celebración de una serie de eventos que reflejan de manera concentrada tanto la misión como la evolución de este proyecto en defensa de la libertad individual desde que fue creado, hace ya seis años. Hemos metido en una píldora de casi 100 horas de largo un congreso de economía, una tesis doctoral, una feria de libros, una gala en reconocimiento a uno de nuestros grandes héroes del liberalismo y una excursión. Quien sea capaz de engullir esta pastilla estará curado contra la depresión intervencionista durante al menos los próximos 12 meses.

El IV Congreso de Economía Austriaca ha dado comienzo esta misma mañana y contará con la participación de ponentes de siete países. El nivel y la originalidad de muchas de las ponencias suponen una nueva cota en el intento del Instituto por atraer las aportaciones más novedosas en el debate de las ideas de esta escuela de economía y de sus críticos. La jornada de hoy miércoles se cerrará con la defensa de una tesis doctoral a partir de las 19:00. Mientras, la clausura de la segunda y última jornada del Congreso llegará con la presentación de un paper a cargo de Alejandro Chafuén sobre "Fe Cristiana y Economía Austriaca".

LIBERacción, la feria de libros liberales, desplegará a los amantes de la libertad nada menos que 18 presentaciones de las obras liberales publicadas en el último año. El público podrá conocer personalmente a sus autores favoritos o discutir ideas con otros lectores entre las 10:00 y 14:30 del viernes, 3 de junio. Un año más, el IJM hace un esfuerzo por acercar al público a unos autores que han puesto la libertad y la responsabilidad de los individuos en el centro de sus pensamientos.

La noche del viernes celebraremos la quinta edición de la Cena de la Libertad. Este año entregaremos el premio Juan de Mariana a Giancarlo Ibargüen, uno de los mayores campeones mundiales en la defensa y la difusión de las ideas liberales. La cena de este año supone un reto logístico para una organización como la nuestra. Más de 200 personas se darán cita en el Casino de Madrid para celebrar los logros de Giancarlo y de personas que, como él, inspiran a miles de individuos en todo el mundo con sus ideas y sus acciones.

Esperamos desarrollar toda esta actividad con enorme eficiencia energética para que el sábado todavía nos queden fuerzas para llevar al premiado y a quienes vienen de lejos a conocer la Universidad de Alcalá de Henares, cuna de la escolástica tardía junto a la Universidad de Salamanca.

Este despliegue de eventos en defensa de la libertad no sería posible sin el entusiasmo y el apoyo económico que nuestros 300 miembros nos transmiten cada día. Esperamos que lo disfruten.

A los jóvenes nadie les debe nada

Decía el gran Mark Twain: "No ande por ahí diciendo que el mundo le debe su sustento. El mundo no le debe nada. Estaba aquí antes".

Los tiempos cambian y actualmente la gente no sólo cree que el mundo le debe su sustento sino que además añaden a la factura el piso, el trabajo y la pensión. Eso al menos es lo que parece que pide el nuevo movimiento de extrema izquierda, colaborador en la preparación del 15M y la famosa "acampada" de Sol, que trata de sacar provecho al descontento de la juventud por la situación actual (40% de paro en este colectivo) para el fin de siempre: más socialismo.

Una lectura del manifiesto (firmado por profesores y otros profesionales de vivir de lo público que no creo que estén muy afectados por la crisis) deja bastante claro que en realidad lo que quieren estos revolucionarios es que todo se quede exactamente igual que está ahora. A saber, la educación debe quedarse tal como está porque son la generación mejor preparada de la historia, las condiciones laborales ni tocarlas que gracias a los sindicatos y a la negociación colectiva los trabajadores tienen derechos, y por supuesto que los pisos no los vendan los malvados especuladores y que se encargue el Estado de repartirlos socialmente.

Dicen que señalan a los culpables de la crisis, pero aparte de la socorrida alusión al capitalismo no se ve por ninguna parte a quiénes acusan. Se nota que no hay un chivo expiatorio claro y, puestos a movilizar a las masas, cuanto menos tengan que pensar, mejor.

Aunque entre todo este maremágnum revolucionario/conservador hay algo que sí moviliza a la juventud: la idea de que la sociedad les debe bastante y no está cumpliendo con su obligación. Pues bien, es una demanda que merece una respuesta muy clara por parte de la sociedad y voy a intentar darla en su nombre:

Cuando las personas nacemos, no servimos para mucho: comemos, dormimos y lloramos cuando no podemos hacer alguna de estas dos cosas. Nuestros padres u otras personas se encargan de nosotros durante esta etapa y nos cuidan hasta que nos desarrollamos y aprendemos a valernos por nosotros mismos. En otra especie ese aprendizaje constaría en saber cazar, recolectar frutos y huir de los depredadores. En cambio, como somos seres humanos que viven en un entorno social, para poder sobrevivir necesitamos aprender algo mucho más complicado y productivo: servir a otros miembros de la sociedad. 

A nadie le gustar servir a otros. Todo sería mucho mejor si cada persona se pudiera dedicar a lo que quisiera y recibiera lo necesario para vivir por ello. Pero, mira por dónde, vivimos en el mundo real, un mundo donde los recursos son limitados y para hacerte con una porción de ellos tienes dos opciones: robar o intercambiar tus servicios por ellos. Y para poder intercambiar tus servicios por algo tan valioso como una casa o un salario no te queda más remedio que adecuar éstos a algo que la sociedad valore lo suficiente.

Por lo tanto, antes de afirmar que la sociedad te debe algo, pregúntate qué has dado para merecer ese pago. Si la respuesta es nada, es que estás intentado quitarle a la sociedad algo por lo que no has pagado. En otras palabras: la estás intentado robar. Y la sociedad no son sólo los banqueros o las multinacionales; la sociedad son tus tíos, el vecino de enfrente, el padre de tu mejor amigo y el panadero que se levanta a las 4 de la madrugada para hacer el pan que tanto te gusta.

¿Esto quiere decir que la juventud no tiene derecho a protestar? Todo lo contrario, porque de la misma manera que la sociedad no les debe nada, ellos tampoco deben nada a la sociedad. Por lo tanto, no tienen por qué pagar las pensiones de gente que contribuyó a un sistema piramidal, ni tolerar leyes que privilegian a los trabajadores en activo por encima de los que se incorporan al mercado laboral, ni que se les hipoteque para sostener a cajas y promotoras que no quieren vender sus activos (pisos) a precio de mercado.

En definitiva, en vez de intentar robar a la sociedad, deberían intentar que cierta parte de la sociedad deje de robarles a ellos. Aunque, claro, para eso que no cuenten con los abajo firmantes habituales, es lo que tiene ser un revolucionario financiado por el Estado.

Sexo y poder

Gracias al paulatino derribo de barreras comerciales y lingüísticas y el uso masivo y disperso de Internet, vivimos tiempos de globalización real. Asistimos en nuestros días a un proceso en el que los mercados, las noticias, las modas y las costumbres locales se interrelacionan y entrecruzan para conformar los de la humanidad entera a una velocidad de vértigo. Tal vez como en ninguna época anterior porque nunca como hasta ahora los canales de comunicación entre personas se habían multiplicado tanto. Mucho más que cuando que el gran medio de comunicación de la segunda mitad del siglo XX, la televisión, mantenía gigantescas audiencias. De ahí que tantos gobiernos y sus encargados estuvieran obsesionados –y siguen estándolo– con controlar y utilizar ese medio de comunicación para difundir sus mensajes y propaganda.

Un tiempo también en el que se propagan como la pólvora las noticias sobre las muchas contradicciones entre las ideologías mesiánicas, tantas veces presentadas como liberadoras, la pluralidad de concepciones sobre la aplicación de la Ley y el Derecho y realidades tan antiguas como el abuso de poder para cometer delitos y conseguir todo tipo de beneficios mediante la coacción y la prevalencia en un puesto que conlleve mando.

Resulta significativo que quien se encontraba al frente de una de esas instituciones que nacieron de los acuerdos de Bretton-Woods (el Fondo Monetario Internacional) y que se había proclamado como puntal de una suerte de gobierno mundial en materia de finanzas en las recientes cumbres de Washington y Londres, dotado de fondos especiales para financiar el rescate de estados insolventes –es decir, alguien a quien se le habían atribuido más poderes– se haya visto involucrado en un suceso, cuya gravedad –de confirmarse– no cabe minimizar.

El caso del director gerente Dominique Strauss-Kahn, quien obtendrá una jugosa pensión vitalicia después de dimitir de su cargo, con independencia del resultado del procedimiento penal que se sigue contra él, no resulta aislado en la escena política de sociedades occidentales como la francesa.

Obviamente, las imputaciones que pesan sobre el ya ex director del Fondo Monetario Internacional de haber intentado violar a la camarera de un hotel deben probarse. Parece que el caso presenta un nuevo ingrediente que puede distraer la atención sobre lo fundamental, dado el origen guineano de la empleada. Pero tampoco puede despacharse el asunto con la frivolidad y parcialidad de sus amiguetes socialistas franceses. Según éstos, se trataría bien de una conspiración norteamericana contra el pobre DSK o bien, como ha dicho un redomado cínico llamado Jack Lang, de un incidente en el que "en realidad, nadie murió en la habitación de aquel hotel".

En cualquier caso, parece que su brillante abogado norteamericano no va a anunciar la culpabilidad de su cliente y cabe esperar, después de que un juez decidiera ponerlo bajo arresto domiciliario e imponerle la prestación de una fianza de un millón de dólares, además de otras garantías para asegurar su presencia en un futuro juicio, que tendrá amplias posibilidades de repreguntar a la denunciante sobre los hechos y las circunstancias del caso.

Lo asombroso de Francia no es que su reciente historia esté salpicada, a derecha e izquierda, de sórdidos casos de derechos de pernada en la política que tratan de taparse con apelaciones a la intimidad y a la libertad de las personas implicadas (¡!), sino que se imponga la ley del silencio sobre ellos.

¿Y en España? Me permitirán lanzar la hipótesis de que, aunque pesa mucho el modelo francés, con una similar predisposición de la casta política a correr un tupido velo sobre esas relaciones que engendran tantos peligros, la cual siguen tan fielmente sus medios de comunicación títeres, la aplicación de dobles raseros campa con sorprendente impunidad.

Hace años saltó a la palestra un caso de acoso sexual de un alcalde de Ponferrada a una chica a la que, en un tiempo mejor para ella, había aupado hasta conseguir la concejalía de Hacienda de su Ayuntamiento sin otro mérito que el ser su amante. Agriada la relación, la chica lo denunció por acosarla sexualmente. El caso tenía las suficientes aristas como para que tanto los miembros del partido de ese alcalde (el PP) como la oposición de entonces (PSOE e IU) hubieran mostrado una extraordinaria prudencia, al tiempo que reclamaban un total esclarecimiento de los hechos por un juez independiente. Lejos de ello, el caso fue particularmente revelador del entendimiento sectario que existe de la política en su sistema partitocrático. Si los correligionarios del alcalde no criticaron siquiera sus peculiares métodos de selección en el seno de su sección local, los partidos de izquierda y sus medios de comunicación "independientes" organizaron una campaña de odio contra los políticos de la derecha (recuérdese que ese alcalde se presentaba como la quintaesencia de un político de ese partido).

Compárese con las reacciones a las denuncias también por acoso sexual contra un diputado de Izquierda Unida en la Asamblea regional de Madrid por parte de una compañera de su partido.

No hace falta ser abogado defensor para darse cuenta de que la realidad puede ser extraordinariamente poliédrica y que la búsqueda de la verdad no constituye una empresa fácil. Pero, al menos, cabría esperar una mínima simetría en las reacciones ante denuncias análogas. Obviamente en España los grupos de comunicación públicos y semiprivados se han configurado en los últimos años siguiendo los deseos del actual gobierno y sus aliados. Es por esto por lo que la difusión de noticias y opiniones en Internet se revela tan importante para escapar de la uniformidad reinante.

En conclusión, las relaciones de los poderosos con la sexualidad (cualquiera que sea ésta) permiten abandonar el bostezo en el momento que cometen crímenes para satisfacerlas. De ahí que, al contrario de lo que ocurre en Gran Bretaña y Norteamérica, sea tan sospechoso el silencio de los medios de comunicación sobre ese particular cuando las probabilidades de que los políticos de ambos sexos abusen también en ese ámbito y se presten a la corrupción son muy evidentes.