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Los 110 km/h es lo de menos; el problema es el Estado

Ya lo decía aquél: no subestimes el poder del Lado Oscuro. A Zapatero no le ha hecho falta ni ponerse una máscara negra ni distorsionarse la voz para que nos demos cuenta de ello. Simplemente continúa con sus medidas liberticidas y sin sentido que nunca se le pasarían a nadie por la cabeza en su sano juicio y en la situación en la que se encuentra España actualmente.

Poco después de violar los derechos de los dueños de los bares al negarles la posibilidad de decidir si en su bar se fuma o no, el gobierno ha decidido tomar la medida de reducir el límite máximo de velocidad en las autovías de 120 a 110 Km/h. ¿Cuál es el motivo/justificación? Reducir el consumo energético del país, ayudándonos así a ahorrar. Toma ya. Se van superando.

No creo que haya mucha gente que se crea las explicaciones del gobierno (ya hay científicos que han demostrado que el ahorro de esta medida no llegaría ni al 2-3%). Más bien nos damos cuenta del afán recaudatorio que tiene el Estado.

Pero para mí lo preocupante del caso no son las medidas liberticidas de turno (que también), sino una serie de espantosas conclusiones a las que llegamos cada vez que se producen. Así, a bote pronto, se me ocurren algunas que ponen los pelos de punta:

1.- El Estado del Bienestar supone un continuo y progresivo avance en cuanto a la intervención y control de todos los aspectos de nuestra vida. Representa la más espectacular expansión del poder político sobre las vidas y los intereses de los ciudadanos. Instintivamente tiende a expandirse, acaparar más funciones, concentrar más poder y expoliar más dinero a los ciudadanos. Este énfasis regulador y expansionista se traduce en que es el hipertrofiado Leviatán pilotado por los políticos de turno el que se ocupa de nuestro futuro. En su afán de cuidarnos "desde la cuna hasta la tumba", el Estado se ha adueñado ilegítimamente del papel de eliminar nuestras incertidumbres y tomar decisiones por nosotros (y nuestro bien).

2.- La idea de que el Estado es un instrumento para transformar económica y socialmente las sociedades es compartida por todos los partidos políticos sin excepción. La única diferencia son los fines que se proponen alcanzar y los beneficiarios de sus políticas.

3.- En la democracia moderna la tripartición clásica del poder se ha quebrado y los gobiernos han traspasado los poderes que las constituciones les habían asignado. Lo cual, dicho sea de paso, no la hace muy liberal, pese a que así la llamen. Hayek se refería a ella como democracia ilimitada, ya que el poder que se le otorga es ilimitado. La primera consecuencia de una democracia ilimitada es que sus resultados no suelen ser los deseados o aprobados por la mayoría de la sociedad.

4.- El poder político se olvida del interés general para centrarse en ganarse el apoyo de grupos organizados de presión concediéndoles todo tipo de beneficios, que es lo mismo que decir que los gobiernos se centran exclusivamente en alcanzar sus propios fines (mantenerse en el poder). Los políticos actúan praxeológicamente, pero no catalácticamente.

5.- Si algo caracteriza al estado democrático actual es la hipertrofia legislativa y la mentalidad constructivista en las ciencias jurídicas. La ley se ha convertido en un medio para conseguir fines políticos. Así, la justicia consiste en la arbitraria estimación sobre la base de la impresión, más o menos emotiva, que produce el resultado final y concreto del proceso social al Gobierno de turno. De esta forma, el estado democrático se ha convertido en una institución moral. Se adueña de la moral y la legisla, es decir, elige los fines que deben perseguir los individuos y se los impone.

6.- El único que nunca tiene la más mínima intención de ahorrar es el Estado. Y ahora, sorprendentemente, nos dice que la reducción del límite de velocidad es para que ahorremos. Quiere estimular el ahorro privado. Lo cual a mí me parece perfecto, pero viniendo de un gobierno que ha gastado como si no existiese mañana y que ha apoyado sin reparos el consumo frente al ahorro para revitalizar la economía (viva Keynes)…

7.- El individuo adulto espera que el Estado elimine la crueldad y la incertidumbre del destino, además de compensarlo por los sufrimientos, las frustraciones y las necesidades que acarrean una vida civilizada en común. Se crea, de esta forma, una sociedad de gente infantil que rehúye sus asuntos y sus responsabilidades, ya que piensa que la resolución de sus temas y preocupaciones vitales pasan por el gobierno. Entrega, por tanto, su libertad y autonomía.

8.- La paradoja del intervencionismo: el Estado utiliza las crisis para aumentar su poder y proponerse como solución a los problemas que él mismo ha creado.

9.- El gobierno dice querer ser dependiente energéticamente, pero se niega a liberalizar el mercado energético y a confiar en la energía nuclear (que compramos a Francia).

10.- El Estado no se puede limitar. Lo siento por los liberales ingenuos que creen en la división de poderes y las constituciones, pero el poder no se divide.

Esto, a bote pronto. Por eso decía antes que la reducción de velocidad es lo de menos comparado a lo que estamos viviendo y lo que se nos viene encima.

Las ambiciones de Moratinos y los hermanos Castro

Desde que Rodríguez Zapatero accediera al poder, se ha tratado de buscar todo tipo de explicaciones a la política que su Gobierno ha desarrollado hacia la dictadura de los hermanos Castro. La reciente visita de Miguel Ángel Moratinos a La Habana para pedir el apoyo (que no ha logrado) de los longevos dictadores caribeños a su candidatura para ocupar la Dirección General de la FAO puede explicar en parte por qué se esforzó tanto en servir a los intereses del régimen comunista cubano.

Puesto al frente de la diplomacia por un Rodríguez Zapatero que ha demostrado no conocer la política internacional y que, al mismo tiempo, se muestra raudo a mantener excelentes relaciones con todo lo que suene a izquierdas, a Moratinos no pudo costarle mucho convencerle de que la vía de acción adecuada era apoyar en la medida de lo posible a los Castro frente a quienes en España y fuera de ella apuestan por ayudar a la oposición democrática frente a los dictadores. De hecho, su éxito en este menester fue tal que a Trinidad Jiménez no le ha quedado más remedio que mantener la misma línea. Pero la cuestión clave es saber a qué responde esta estrategia.

Con su candidatura a dirigir la FAO, se ha visto claro que Moratinos no se iba a conformar, cuando llegara su momento de salir del Gobierno, con volver a ser un diplomático corriente o ser un simple diputado. Sus ambiciones son mucho más altas. Hay incluso quien apunta a que desde hace tiempo su aspiración es llegar un día a ocupar la Secretaría General de la ONU (para lo cual la FAO podría ser un buen trampolín, por cierto). Para lograr dicho objetivo necesita el apoyo de un gran número de gobiernos de todo el mundo, con independencia de que estos sean democráticos o no. Y, por desgracia, en una ONU donde abundan las dictaduras, los hermanos Castro pueden ejercer una gran influencia en una cantidad muy grande de gobernantes de muchos continentes.

Y es esa aritmética de cara a llegar a lo más alto de la ONU la que podría estar detrás de la política que implementó hacia el régimen castrista, sumamente positiva para los dictadores y muy dañina para sus opositores. Abandonar a los demócratas cubanos y convertirse en el principal "lobbista" del régimen comunista ante el resto de la Unión Europea ha podido ser el precio pagado por adelantado por Moratinos para obtener un hipotético apoyo posterior de los Castro a sus aspiraciones puramente personales.

Sin embargo, la jugada le ha salido mal. Al menos por el momento. Moratinos ha aprendido una dura lección que cualquier conocedor de las Relaciones Internacionales debería saber. Como cualquier dictador, los hermanos Castro no son amigos ni socios de los que el resto del mundo pueda fiarse. Al final no dudan en traicionar a quienes más les han ayudado, puesto que sólo piensan en sus propios intereses. Y el ex ministro de Exteriores español y Zapatero no pueden resultarles ya demasiado útiles.

Es posible que Moratinos vendiera la defensa de la libertad y los Derechos Humanos de los cubanos a cambio del apoyo a sus ambiciones personales. Y lo habría hecho desde el Gobierno de España y con los recursos públicos financiados por los españoles. Sólo por eso, no haber obtenido el apoyo de los Castro merecería ser considerado como justicia poética.

Las contradicciones del anarquismo colectivista

El anarquismo es la propuesta política de organizar una vida social sin el Estado. Hay varios anarquismos, por lo que esta definición se queda necesariamente corta, pero esta idea, la de una sociedad sin Estado, es lo que define al anarquismo y lo que hace común a todas sus manifestaciones. Hay anarquismos individualistas y colectivistas, con Pierre-Joseph Proudhom como bisagra entre ambos. Hay, también, varios anarquismos individualistas y varios colectivistas.

Pero de los primeros nos podemos quedar con la síntesis de Murray N. Rothbard, que combina la economía austríaca con el iusnaturalismo, y del segundo, con la línea de Bakunin y Kropotkin, aunque haya diferencias entre ellos. Parten de la idea de que el hombre es bueno por naturaleza, pero que está constreñido por unas instituciones que, además de mantenerle en una esclavitud, le corrompen y permiten la explotación de unos por otros. La principal de esas instituciones es el Estado, pero no la única. También, para algunos al mismo nivel o superior, la religión. Y, en general, todo tipo de usos sociales que podemos identificar, grosso modo, con la moral. La perspectiva del anarquismo colectivista no es puramente negativa. Creen en el progreso del hombre, ligado al avance de la ciencia y a la transmisión a las masas de la cultura. Una cultura emancipada de los viejos prejuicios y asentada sobre principios materialistas y verdaderamente científicos.

No carece de programa económico, por otro lado. La producción no sería capitalista, porque no se reconoce la institución de la propiedad privada. Recaería en una propiedad común, que haría comunes también los frutos del esfuerzo y los bienes que luego se repartan. Esto no es una contradicción, excepto, acaso, con la realidad y con la naturaleza humana. La gestión común está condenada al fracaso, como muestran cuantos ejemplos se han dado.

Para entender por qué fracasa sistemáticamente la gestión común, podemos seguir el ejemplo que pone David Osterfeld en Prosperity versus planning. Partamos de una comuna de 1.000 personas que producen 100.000 fanegas de trigo al año a razón de 100 por trabajador. Las venden a un precio de 5 dólares por fanega, por lo que cada uno se lleva 500 dólares al año. Pedro, totalmente imbuido por las ideas colectivistas, decide incrementar su trabajo hasta las 150 fanegas al año. Al final del ejercicio se producirán 100.050 fanegas, que dividido entre los 1.000 trabajadores arroja una nueva división en los 500,25 dólares. En definitiva, Pedro ha aumentado su trabajo en un 50 por ciento y le saca un rédito del 0,05 por ciento. Los otros 999 también se beneficiaron en un 0,05 por ciento, aunque en su caso sin aportar una fanega más al común. Él carga con todos los costes de su mayor trabajo, y el resultado se divide entre todos. Juan, sin embargo, ha entendido cómo funciona el sistema y decide trabajar la mitad. Ahora se producirán 99.950 fanegas, que reducen las ventas a 499.750 dólares, o 499,75 por persona. Juan trabaja la mitad y sólo pierde un 0,05 por ciento. Mientras que se lleva todo el beneficio de aumentar su ocio, los costes de la menor producción se reparten entre toda la sociedad.

Y aquí sí empiezan las contradicciones del anarquismo colectivista. Porque hay poderosísimos incentivos para no trabajar más y para trabajar lo menos posible. La sociedad comunal, que emergería naturalmente una vez eliminado el Estado, resulta ser un fracaso. No hay más que ver los carteles propagandísticos que llamaban a los miembros de las comunas aragonesas a trabajar. Y para lograr sus objetivos, recaló en un gobierno dictatorial. Así define Julián Casanova al Consejo de Aragón: “Creó sus propios órganos de policía, efectuó requisas, impuso rígidos mecanismos de control de la economía, administró justicia y sobre todo utilizó un amplio aparato burocrático y propagandístico para consolidar el poder de la CNT”.

Esta contradicción surge de un puro error intelectual, y es la pretensión de que una vez eliminado el Estado surgirá un determinado tipo de sociedad, que es la preferida por esta corriente. Es un non seguitur. Lo que elijan hacer las personas liberadas del Estado no tiene por qué tener la forma que dicen los anarquistas colectivistas. Si ese colectivismo no es una mera predicción sobre la estructura que adquirirá una sociedad libertaria o una propuesta que puedan aceptar libremente los trabajadores, podrán asimismo rechazarla. Y es un programa político que deba imponerse, tendrá que hacerlo un órgano coactivo centralizado, es decir, un gobierno. Y ello vale también para la propiedad. Puedes partir de no reconocer ninguna, pero en cuanto un ciudadano mezcle su trabajo con la tierra, la considere suya y el resto de ciudadanos así lo reconozcan, o respetas ese desarrollo de la sociedad libre, o impones por la fuerza el esquema de un comunismo que ya no sería libertario.

Y como esta llegan el resto de contradicciones. Lo que se ha descrito en el campo de la economía vale para el de las creencias. Se puede confiar en que el desarrollo de la ciencia y la cultura arrinconará, hasta hacerla desaparecer, a la fe religiosa. Pero si no es así, o te quedas con tu anarquismo y convives con los creyentes y sus usos, o impones tu pensamiento y recalas en el poder de algún gobierno.

El anarquismo individualista tiene sus insuficiencias. Bien derivadas de que la ausencia del Estado lleve a carencias esenciales a la sociedad, bien porque el desarrollo de la economía no nos ha conducido todavía a entender plenamente que una sociedad libre daría con las instituciones necesarias para el reconocimiento y el libre ejercicio de los derechos. Pero la perspectiva de este anarquismo es completamente distinta, y por eso elude las contradicciones del colectivismo anarquista. Parte del estudio de la naturaleza humana y del funcionamiento de una sociedad libre, basada en los derechos de la persona, incluidos los derivados de la propiedad privada. Y no busca imponer un esquema predeterminado, sino que entiende que la sociedad que surgirá naturalmente funcionará lo suficientemente bien como para permitirnos cumplir razonablemente nuestros objetivos vitales. Los ácratas colectivistas deberían replantearse o su anarquismo o su colectivismo.

Fuera de la ley

Apenas he variado mis hábitos, y mis vicios son más o menos los mismos de siempre, pero, de un tiempo a esta parte, muchas de las cosas que hacía de forma cotidiana se han ido situando fuera de la ley. No es que haya añadido perversidad a mis actos, sino que la expansión legislativa ha sido tal que cada vez son más los hechos cotidianos que han sido regulados y expulsados del orden moral que el Estado prescribe. Tampoco debería escribir en primera persona, el mío no es un caso excepcional, pues todos nos hemos visto afectados por igual sin discriminación aparente.

Los fumadores no pueden ya fumar a no ser que se protejan tras las paredes de sus casas; los padres de familia descubren que circulaban hasta ahora a una velocidad hoy multada; no se permite escribir topónimos de algunas regiones españolas en español; prestar y compartir música o películas es ilegal; ¡hasta se controla el peso de las modelos y se regula el tallaje! La lista es interminable y se anuncian nuevas leyes que amenazan con perseguir el pensamiento disonante de la corrección política.

Norma a norma, desde la administración local pasando por la nacional hasta la europea, se ha ido sustituyendo la costumbre y la autonomía de las personas para resolver sus problemas por una organización centralizada, coactiva y monopolística de la sociedad. De forma concienzuda, metódica y paulatina, vivimos un proceso burocratizador que convierte al hombre en un sujeto pasivo cuyo camino es marcado desde arriba. Sin libertad ni responsabilidad para tomar decisiones autónomas nos deshumanizan y nos condenan a vivir como autómatas dentro de la granja feliz que han diseñado para nosotros.

La igualdad de todos los ciudadanos bajo estas prohibiciones y regulaciones parece garantizada, pero por encima de estos se sitúan los éforos contemporáneos. Haciendo y deshaciendo con capacidad para situarse por encima de la ley, los políticos no solo tienen capacidad para regular la realidad sino que pueden transgredir las normas generales situándose por encima del bien y del mal. Sus privilegios se mantienen y los demás ciudadanos no tienen autoridad ni potestad para reclamar sus derechos. La fuerza es monopolio del Estado y éste se cuida mucho de que sus ciudadanos puedan estar armados mientras que la legitimidad de esos derechos se obtiene por el hecho de pertenecer a la comunidad política, eliminando cualquier posibilidad para reclamar derechos previos que no puedan ser cercenados por una decisión política.

¿Cortinas de humo? ¿Agenda política estratégica? Preguntas superficiales dado que mientras prevalezca la dictadura del positivismo todas las facetas de nuestras vidas serán susceptibles de ser reguladas por el bien común o nuestro propio bien, eso sí. Mientras tanto, quienes se empeñen en mantener sus proscritas costumbres se quedarán fuera de la ley, con todas las consecuencias que eso conlleva.

Por qué los políticos son corruptos, ineficientes y mentirosos

La respuesta corta es simplemente porque pueden serlo. ¿Qué hace un político? No hay mucha diferencia con la de un empresario. Ambos buscan una necesidad y la cubren. Una de las definiciones de empresario político es aquella persona que intenta obtener beneficios a cambio de reformas. (La forma más extendida del concepto es otra, y se refiere al hombre de negocios que intenta ganar beneficio mediante subsidios, proteccionismo, contratos del Gobierno o influencias políticas. Esto es lo que conforman los lobbies de la banca, ecologista o sostenible, sector alimenticio… Este sistema es que nos lleva al Capitalismo de amigotes o Crony Capitalism).

Las diferencias entre un político y un empresario son básicamente que:

  1. El empresario necesita el favor del mercado para triunfar: el de su cliente, acreedores, accionistas y proveedores. La pérdida de confianza destruye al empresario al momento. El político no necesita el favor del "mercado", es decir, de la gente. En todas las naciones siempre hay dos partidos mayoritarios que controlan el país hagan lo que hagan. Solo necesitan el favor corporativista de otros políticos (oposición, parlamento, municipios…) y lobbies para conseguir sus fines.

     

  2. El empresario no puede saltarse la legalidad, el político sí. Los medios políticos, en sentido amplio como: Gobierno, partidos, sindicatos, patronal… se financian mediante el robo de los impuestos, el fraude de la deuda o la extorsión de las tasas y multas. Si un empresario usara estas herramientas para crecer, iría a la cárcel. Solo una empresa privada en este país (y probablemente en el mundo) cobra un impuesto privado. La SGAE. La razón se debe a la unión política que tienen con el Gobierno. En un laissez faire, tal absurdidad no podría existir.

     

  3. La irresponsabilidad. Un empresario siempre ha de ser responsable de sus acciones. Si vende artículos defectuosos o engañosos, tarde o temprano, pagará tal abuso. Incluso si hace una línea de productos que no gusta a la gente —el mercado—, lo tendrá que retirar. El político es todo lo contrario. Las acciones del político no tienen consecuencia. En este país hay escándalos cada día y ningún político dimite ni se le juzga. Incluso si hacen políticas nefastas para el país, son asumidas como gajes del oficio. ¿Por qué el Gobierno no ha de responder ante las pérdidas que ha provocado su ley antitabaco, Plan E, políticas ecologistas de Miguel Sebastián…?

Si una persona no es responsable de sus actos y tiene derechos ilimitados para hacer lo que quiere, ¿en qué se convierte de forma lógica? En un tirano. Es lo que les ocurre a los niños pequeños. Un niño de cinco años no entiende qué implica la responsabilidad, por eso acude a la violencia y conductas antisociales continuamente. Si tal comportamiento se le permite, lo único que hacen los padres es convertirlo en un sociópata. Solo los niños y el Gobierno recurren siempre a la violencia como forma habitual de interaccionar con la sociedad. Una sociedad así, no está madura.

El hombre medio desconoce que todo hombre se mueve por incentivos, no por vocaciones. La vocación del buen político es "servir a la gente" según la opinión popular. Pero los incentivos para dedicarse a la política son el beneficio personal. Incluso el que por vocación se dedica a la política no puede triunfar, ya que el corporativismo del sector y la búsqueda de intereses personales lo expulsan. El buen político, el que triunfa, es porque sabe negociar bien con relación a los intereses de su partido y/o Gobierno. Eso no tiene nada que ver con buscar fines humanistas para la sociedad. Los fines humanistas no son más que un engaño más para conseguir metas personales. ¿Se acuerda de las promesas de Zapatero? Ha hecho todo lo contrario a lo que prometió. Y no dude que en las elecciones de mayo una avalancha de ciudadanos votará a los socialistas.

La fe del ciudadano en el político se debe a la falacia de Hobbes o del Leviatán: el hombre es brutal y destructivo por naturaleza, por tanto, ha de existir uno de esos seres brutales y destructivos que lo coordine todo haciendo mejor a la sociedad. Tal invocación a la autoridad coercitiva no es más que un ensalzamiento mitificado del "buen gobernante" que solo existe en la imaginación de quien lo propugna.

¿Por qué los políticos son corruptos, ineficientes y mentirosos? Porque les resulta gratis. No tienen controles. No hay restricciones a sus acciones ni puede haberlas jamás porque ellos poseen el Poder. La única solución es limitar la fuerza de los medios políticos, ya sean sindicatos, patronal, funcionarios y evidentemente el propio Gobierno. El mayor incentivo para el crimen es la política, especialmente con un Gobierno Omnipotente.

Los enemigos de las mujeres

Uno de los mayores errores que hemos cometido nunca las mujeres es aceptar la idea de que para combatir la discriminación hay que discriminar. Es como si se propusiese, para combatir la esclavitud, el esclavizar a los amos. Este error, que se ve más claramente cuando se cambia el contexto, es defendido especialmente en un día como hoy, señalado en el calendario como Día Internacional de la Mujer.

Detrás de la ingenuidad de creer que, por conceder un día especial a las mujeres, la sociedad va a recapacitar acerca de lo importante que es la población femenina, hay un oscuro intento de controlarlo todo, empezando por la mujer.

Bien es verdad que en determinadas empresas hay diferencias salariales en función del sexo, y que hay mujeres maltratadas y asesinadas por sus parejas. Es verdad que a lo largo de la historia hemos pasado de no tener alma reconocida por el hombre en la Grecia antigua a necesitar la firma de un familiar varón para abrir una cuenta corriente en el banco en la España franquista.

Pero en la actualidad, y gracias al sacrificio y esfuerzo de muchas mujeres que nos precedieron, unas cara al público como feministas militantes y otras simplemente como mujeres que exigían igualdad ante la ley, las cosas no son igual. Probablemente esas mujeres luchadoras sentirían espanto al contemplar en qué han quedado sus reivindicaciones. Hemos pasado de las manos del padre a las manos del marido, y de ahí, directas, a las manos del Estado. Y lo que es aún peor: quienes pretenden esclavizar de nuevo a la mujer son otras mujeres. No dudo que tengan muy buenas intenciones, pero los resultados cantan.

El problema de fondo es el mismo que se planteaba en la antigüedad: ¿quiénes son los hombres para conceder graciosamente que las mujeres tienen o no alma? Es más, aun en el caso de que los afirmaran, ¿dejarían de tener las mujeres de entonces el mismo alma que los hombres (si es que estos la tienen)? La cuestión hoy en día es la igualdad de hombres y mujeres. ¿Quién son esas feministas colectivistas para decirnos a las demás mujeres si somos o no iguales a los hombres? Mientras las leyes se apliquen por igual a ambos, lo de menos es que venga una indocumentada a repartir sellos que certifican la igualdad.

A pesar de lo obvio que parecen estos argumentos, la mayoría de las mujeres sonríen encantadas cuando les felicitan en "su día" y se entretienen recordando lo malo que es la llamada violencia de género, lo maravillosas que somos las mujeres, las diferencias salariales y que no hay mujeres en puestos directivos. Juegos infantiles.

La violencia es mala cuando no es en defensa propia, tanto si el agredido es un hombre como si es una mujer. Y si hay más violencia hacia las mujeres es, entre otras cosas, porque nuestras madres y padres no nos enseñan a defendernos y nuestros gobernantes se aseguran de que no lo hagamos. Si tu pareja te pega, denuncia. ¿A quién? ¿A una justicia que hace años nos da miles de razones para dudar de su eficiencia? No, primero, defiéndete, si sabes y ves la oportunidad. Y eso implica aprender a nivelar la diferencia física entre hombres y mujeres, lo que es posible gracias a la libertad de armas.

No hay mujeres en puestos directivos. ¿Y qué? ¿Hay una confabulación de hombres para que no asciendan las mujeres? ¿Y la solución es crear leyes que obliguen a los hombres a ceder puestos directivos? Los datos dicen que es al revés, las cuotas aseguran que las minorías sigan siéndolo. Los estudiantes afro-americanos que estudiaron en grandes universidades americanas por "cuota" salieron peor preparados porque se era condescendiente con ellos, y engrosaban las filas del paro.

¿Por qué no hay más mujeres empresarias? Porque hay que arriesgar. Pues a lo mejor el problema (si es que es un problema) es que la mujer es más conservadora, dedica su tiempo a cosas diferentes que el hombre y tiene otra escala de valores. ¿Ser jefe es lo más importante? Pues que la que quiera, que arriesgue y monte su empresa. La solución de dar ayudas a mujeres empresarias por el mero hecho de ser mujer perpetúa la diferencia, la cristaliza y deja a la mujer a expensas de que el gobernante (hombre o mujer) le dé la ayuda o no.

Los enemigos de las mujeres no son los hombres, ni tampoco otras mujeres. Unos y otras funcionamos según los incentivos que hay en nuestra sociedad. Y esos incentivos dependen de los legisladores, los gestores políticos, los jueces… Pero también de quienes votan y quienes nos abstenemos. En el siglo XXI, en un continente que pertenece a lo que se llama "Primer Mundo", con pleno acceso a la Universidad, con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, ¿vamos a seguir las mujeres comprando el cuento del falso feminismo que nos vende el Estado? La machacona insistencia en la igualdad no hace sino abrir la brecha de la diferencia, pero, además, es una excusa perfecta para que el Estado compre nuestra libertad con la moneda de cambio en la política: la subvención, el privilegio, el cargo…

El día que la mujer se rebelde de verdad contra el verdadero negrero empezaremos a caminar en la buena dirección.

El Norte de África une a los tiranos de todo el mundo

Oriente Medio y el norte de África son las regiones que mayor número de sátrapas concentran en sus gobiernos. Su casta política busca el enriquecimiento personal al tiempo que a la población le niegan el binomio bienestar-libertad. Practican una ostentación y un lujo que contrasta que la miseria de buena parte de los estratos sociales. En ocasiones, se usa la religión como pretexto; en otras, el burdo y manido recurso al neocolonialismo.

La sociedad civil ha dicho basta y ha arremetido. Mubarak cayó, no sin antes cometer un fraude electoral mayúsculo, que quizás, por paradojas de la vida, fue el detonante de su final. El estrafalario Gadafi, de momento, resiste. Veremos por cuánto tiempo y en qué condiciones queda el país, sea cual sea el resultado final.

Mientras tanto, la comunidad internacional "seria", esto es, aquella que apuesta por el Estado de Derecho, sigue sin saber muy bien cómo afrontar esta situación. Las advertencias al libio han caído en saco roto, quien de una forma cínica acusó a Al Qaeda de estar detrás de las revueltas, cuando realmente se está enfrentando a un pueblo que carece de medios para la lucha armada y que sólo cuenta con la fe en sí mismo para derrotar al tirano.

En cierta forma, está siendo un levantamiento romántico; de ahí que el régimen libio se esté cebando a la hora de aplacarlo. El resultado momentáneo es que las víctimas civiles proliferan. Con independencia de la solución final, será complicado que las heridas cicatricen en el corto y medio plazo.

Por otro lado, la otra parte "folclórica" de la comunidad internacional, esto es, el populismo, dice tener la receta para poner fin a los problemas. Ahí entra en juego el ínclito Hugo Chávez, quien fue uno de los valedores principales del dictador libio en los últimos meses, pues desde su punto de vista ambos estaban unidos frente al imperialismo…

La propuesta de "Comisión de Paz" defendida por el venezolano contó con el aval del gran dictador, aunque retirado, Fidel Castro. Éste sigue contemplando el mundo como si estuviéramos en plena guerra fría. Habla de la OTAN como organización maléfica. Habla de expolio de petróleo a Libia y, sobre todo, el cubano es cínico cuando sostiene que el mundo occidental tiene miedo a la democracia en el norte de África. Esto último lo afirma alguien que tiene a su pueblo bajo el yugo de la tiranía desde hace más de 50 años y donde los derechos humanos son una utopía.

Uno y otro, Chávez y Castro, hablan sin pudor de "evitar una guerra imperialista en Libia", sin echar un vistazo al panorama doméstico que tienen. No menos cínico es el punto de vista de esa organización fantasmagórica llamada ALBA, que da su apoyo y solidaridad al pueblo libio. Como diría un castizo, "a Dios rogando y con el mazo dando".

De la misma manera, es evidente que esta ola democrática amenaza con extenderse y no sólo en el contexto geográfico inmediato, sino más allá. Buen ejemplo de la veracidad de esta tesis es que Corea del Norte y China ya toman medidas. Kim Jong Il trata a toda costa de mantener el hermetismo de su país, aquel que le permite que la población sufra hambrunas y bombardear a su antojo submarinos y el territorio de Corea del Sur.

En cuanto a China, el "gigante amarillo" no está pasando por sus mejores momentos a nivel económico. Un problema con el que su capitalismo planificado no contaba se está cebando con ella en los últimos tiempos: la inflación. Curiosa la interpretación que ha hecho el gobierno de Pekín de lo que sucede en el norte de África, hablando de "caos" frente a la "estabilidad" que había con los tiranos previos y actuales. En función de este análisis, en China hay barra libre para cualquier intento de alterar el orden establecido.

La manipulación inevitable

El mapa fue concebido como una guía, una representación simbólica del territorio. En tanto tal, su significado siempre tuvo un sentido de dominio del entorno y, especialmente, de dominio político de las poblaciones asentadas en el territorio. Como Miguel Anxo Bastos identifica acertadamente, el mapa es la simulación sobreponiéndose a la realidad, la elaboración simbólica que los personajes dominantes imponen a los dominados para que éstos legitimen su sumisión. Al término de esto, aunque es cierto que el territorio, especialmente el territorio no humanizado, impone su realidad a la del mapa, la progresiva configuración humanizada de más y más extensiones de Naturaleza, convierte a ésta en subsidiaria del símbolo, del mapa.

El incremento exponencial de la complejidad social supone que las capas de símbolos, superpuestas a la realidad en escalones inmediatos, van multiplicando ese solapamiento de unas a otras formando redes de metasímbolos donde una jerarquía dinámica de modelos conectados crecen en todas direcciones, justificándose a sí mismos, orientando las acciones y aumentando su distancia con lo que anteriormente percibíamos como realidad. Las autorreferencias de los cada vez más complejos sistemas simbólicos de las redes sociales de comunicación terminan por evidenciar claramente lo que ahora sabemos lleva ocurriendo desde los albores de los intercambios sociales, bien voluntarios, bien forzados: que el mapa precede al territorio y no al contrario. Hayek acierta cuando dice que la ciencia no estudia la realidad, sino la representación mental de la realidad. Apunta también, al igual que el resto de le Escuela Austriaca, que tal representación es configuradora de la misma realidad con lo que representación y realidad parecen confundirse. Es más, es la representación lo real, lo que mueve a la acción.

Pero lo que esto nos lleva a concluir es que, aplicando un filtro moral liberal, la resultante de esto es ambigua. Por un lado, podríamos argumentar que en esta complejidad, autoorganizada en su conjunto, el factor involuntario supera al planificado y al impulsivo, que ni la razón ni el instinto son las fuerzas más influyentes, sino que es algo poco consciente pero suficientemente represor del instinto lo que configura las redes neuronales, en el cerebro y las institucionales, en la sociedad. Pero es altamente cuestionable que, por más que los liberales aportemos esos filtros éticos, podamos negar la realidad de la mentira, la fuerza del engaño. Éste, precisamente por ser autoinfligido, por ser autoengaño, supera al control global y es autoorganizado, pero, en la medida en que las redes de símbolos se jerarquizan en torno a nodos con limitado pero evidente control del entorno de símbolos, las posibilidades de planificación limitada, de manipulación al servicio de la coacción y del dominio, la simulación del dominio, de los atributos del poder, ejerce por sí mismo un poder que parece totalmente imposible de suprimir.

Nos queda, eso sí, aspirar a que, cada vez que se pueda identificar un nodo manipulador, tal acción sea debidamente denunciada, debidamente desobedecida y debidamente disuelta en el laberinto de la fe en lo no coactivo. Y para eso, para combatir la simulación del poder, la precedencia del mapa dominante sobre el territorio, de la mentira prodominio, hemos de oponer la precedencia del símbolo de lo autoorganizado sobre lo dirigido, la mentira de la dispersión frente a la de la centralización, el antimapa disperso, frente al mapa concentrador. En definitiva, el individualismo radical frente a todo lo demás.

Los placeres de Tía Margarita

Tante Marguerite es un renombrado restaurante parisino situado cerca de la Asamblea Nacional. Ha tenido que bregar, como todo el resto de locales, con el decreto Bertrand (el equivalente pajinesco de allí) que no permite fumar desde enero 2008 en ningún lugar público cerrado de Francia (ninguno, oiga). El Estado galo se preocupa tanto como aquí de la salud de sus insensatos ciudadanos y de los derechos de los fumadores pasivos.

La dueña del referido restaurante, viuda del célebre chef Bernard Loiseau, no ha querido renunciar a su clientela fumadora. Como buena emprendedora, y con el pequeño resquicio que la previa ley Evin ofrecía, ha ideado unos reservados especiales con un sistema ingenioso (y caro) para que ninguno de sus empleados tenga que respirar el fétido humo expelido por sus viciosos clientes, acostumbrados en darse al placer de fumar al tiempo que saboreaban un buen plato culinario, un café cargado o una copa de cognac. Primitivos…

Para ello, la comida se sirve mediante un sistema de pasaplatos en espacios herméticos (con acceso de doble puerta) y presurizados para que las insalubres prácticas puedan llevarse a cabo de forma segura. Unos potentes extractores de humo hacen el resto del trabajo. Los camareros se comunican con la molesta clientela mediante walkie talkies; con este cinturón sanitario evitan entrar en las contaminadas salas y respirar el aire viciado.

Toda esta logística le ha parecido insuficiente a la asociación de Derechos de los No Fumadores (DNF), que ha denunciado al Tente Marguerite por no contar sus reservados con puertas herméticas y, sobre todo, por fomentar en Internet y en la prensa el deleznable placer del fumeteo. Tal apología deberá ser erradicada de los templos de la degustación francesa. Y vaya si lo van a conseguir. La ley está de su parte y la vigilante DNF se ha servido de ella. Cela va de soi.

La viuda Dominique Loiseau ha comparecido el pasado enero como acusada ante el tribunal correccional de París. Ha alegado incomprensibles y egoístas justificaciones sobre su derecho de propiedad y de libre emprendimiento. Menuda arrogancia. El tribunal dará su veredicto el próximo 10 de marzo. Dicho fallo marcará también el destino del resto de locales galos que han instalado salas de fumar en su negocio intentando saltarse la "Ley".

Por cierto, buena parte de los clientes del Tente Marguerite son parlamentarios ("diputés", como diría nuestro ínclito ZP). Los mismos que aprobaron la ley anti-tabaco. Ninguno de ellos ha apoyado a la parte acusada y señalada por la neoinquisición.­­­­­­­


Coda: Holanda está de vuelta. Fue una de las primeras naciones de Europa en aplicar la prohibición draconiana del tabaco en todos los locales abiertos al público (si bien se permitió la práctica asentada de fumar marihuana en los coffee shops, siempre que no se mezclara con el pestilente tabaco). Recientemente ha dado marcha atrás y ha matizado dicha prohibición general: admite que puedan existir oasis de nicotina; se salvarán del desierto libre de humos aquellos pubs o cafés de menos de 70 metros cuadrados si sus dueños así lo deciden y no tienen contratados a terceros. Escocia está también planteando la derogación parcial del smoking ban. Bienvenida, cordura chiquita.

La Comisión europea dictará en breve directivas para unificar criterios con el fin de que no se desmadren las excepciones, tal y como ha sucedido en Holanda, y para que no haya duda del alcance de la prohibición en el territorio de la Unión. Hay cosas con las que no se juega.

Un ejemplo real de Justicia Social

Según wikipedia, la justicia social "es un concepto que define la búsqueda de equilibrio entre partes desiguales, por medio de la creación de protecciones o desigualdades de signo contrario, a favor de los más débiles (…) Para graficar el concepto suele decirse que, mientras la justicia tradicional es ciega, la justicia social debe quitarse la venda para poder ver la realidad y compensar las desigualdades que en ella se producen".

Para poder juzgar si dicha justicia de verdad cumple con su objetivo, nosotros también deberemos quitarnos la venda de los ojos y observar la realidad que provocan las acciones llevadas a cabo en su nombre.

Cojamos por caso una historia real, similar a tantas otras que cualquier persona pueda conocer o haber vivido; nos encontramos en la España de 2001, tres compañeros de clase terminan su último curso de bachillerato y empiezan caminos distintos. Tenían notas parecidas, jugaban igual de mal al fútbol, intentaban ligar con las mismas chicas y sus padres eran del mismo nivel económico. No había, por tanto, ninguna razón para intervenir en sus vidas, ya que estaban igualadas de partida.

El primero de los amigos, llamado Juan, decidió empezar a trabajar en el sector de las tecnologías de la información, ya que le gustaban los ordenadores y consideraba absurdo estudiar la carrera de informática (atestada de gente por aquella época), siendo un sector con unos avances espectaculares donde se podía aprender sobre la marcha. Su decisión tuvo un coste alto, ya que después del pinchazo de la burbuja de las puntocom el trabajo no sobraba y se tuvo que conformar con puestos mal pagados donde se trabajaban muchas horas.

Durante un par de años no pasó de ser un mileurista que tenía que aguantar a jefes bastante incompetentes (contratados durante la burbuja) y compañeros que no sabían manejar un ratón. Pero se fue formando, sus conocimientos crecieron y parte de los pocos ahorros que tenía los destinaba a certificarse en las tecnologías que él pensó que tendrían mayor demanda en el futuro.

Su esfuerzo empezó a dar frutos y fue aumentando su sueldo según cambiaba de empresa. Seguía trabajando muchas horas, pero ya tenía un sueldo decente (disminuido por grandes impuestos) que le permitió comprar su primera vivienda. Corría el año 2004 y los precios eran bastantes altos, así que se tuvo que conformar con un piso de dos habitaciones en la periferia de Madrid.

Para poder hacer frente a los gastos del piso, trabajó aún más duro y siguió formándose, aumentando con ello su sueldo (y sus responsabilidades). 

En la actualidad, Juan cobra cerca de 36 mil euros y es muy apreciado en su empresa (una multinacional puntera), le quedan apenas 10 años de hipoteca y tiene unos suculentos ahorros bien invertidos. Hay quien afirma que es un privilegiado y pide que le aumenten los impuestos por ello –"hay que arrimar el hombro", dicen–, pero a Juan nadie le ha regalado nada y en cambio él ha tenido que regalar muchas cosas. Haciendo cálculos, hasta ahora, casi cerca de 200.000 euros en impuestos de la renta, seguridad social e IVA, y escrituración del piso. Su patrimonio (con el actual precio de los pisos) no se acerca a esa cantidad.

En cambio, sí hay dos privilegiados en esta historia. Uno es Luis, otro de los amigos. Decidió estudiar filología e idiomas. Vivió en un piso de alquiler, subvencionado por la comunidad de Madrid, muy cerca de la universidad pública, hasta que se fue a vivir a Alemania, hará tres años, con una beca de la Unión Europea. Desde hace dos años por fin trabaja, y tiene un no despreciable sueldo de 40 mil euros y ninguna intención de volver a España para devolver en impuestos lo recibido en educación y alquiler durante sus años de estudiante.

El último personaje de esta historia es Óscar. Éste estudió física durante seis años (también en la universidad pública), trabajó de administrativo durante dos, época en la que, gracias a su exiguo sueldo, consiguió un piso de protección oficial en un barrio nuevo de Madrid (por el mismo precio que le costó a Juan el suyo 30 Km. más lejos), y al que se fue a vivir con su novia, la cual cobraba tres veces más que él… Actualmente, está en el paro y cobra (o cobraba) un subsidio de 400 euros, mientras se saca otros 600 en dinero negro trabajando en la hostelería los fines de semana.

Con ocasión del 10º aniversario de su salida del instituto, los tres ex compañeros se volvieron a ver. Una vez que se habían puesto al día sobre sus respectivas vidas, pasó algo curioso: Luis y Óscar no sólo no agradecían a Juan su aportación de miles de euros en impuestos para financiar sus estudios y vivienda, sino que, muy al contrario, se asombraban sobre qué clase de país era España, donde dos licenciados como ellos no recibían un sueldo superior al de una persona que había abandonado los estudios a los 18 años. En el caso de Óscar, los lamentos eran mayores al constatar que un físico como él estaba en el paro, malviviendo con 400 míseros euros, mientras que a Juan nunca le había faltado trabajo en aquellos años. "No era socialmente justo –sentenciaron los dos–; el gobierno debería hacer algo".

Por supuesto ese algo sería volver a intervenir en la vida de Juan para quitarle más dinero y dárselo a unos licenciados cuya licenciatura él había contribuido a pagar.

Recordemos que Juan no era más listo que sus compañeros, no era más guapo, no se le daban mejor los deportes ni su familia tenía más dinero. Simplemente escogió, cuando solo tenía 18 años, buscarse la vida por su cuenta. Ese fue su error, ya que la justicia social no es ciega, pero tiene una vista muy particular; es incapaz de ver a nadie que no se acerque a ella y le pida limosna rellenando impresos, esperando colas y demás trámites burocráticos. En cambio, ha desarrollado una visión sobrenatural a la hora de detectar a un contribuyente, hasta el punto de que sustrae el dinero a la mayoría sin que ésta pueda llegar a verlo.

Arbitrariedad social es su verdadero nombre, y seguirá sembrando injusticia y desigualdad mientras que a la mayoría de la sociedad le cieguen los privilegios, la ignorancia o ambas a la vez.