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El frenazo chino ataca a las materias primas

"China’s economic restructuring has made pre-2008 paradigms out of date and off the mark” Hanfeng Wang.

He tenido el placer de dar un master sobre materias primas en la UNED, y al hablar con mis alumnos siempre me sorprendía la facilidad con la que asumían como incuestionables las cifras de consumo esperado en China. Y hay mucho que poner en duda.

Cuando hablamos del frenazo de China se tiende a asumir que hablamos de un colapso. Y no es así. Pero sí del fin de un modelo de endeudamiento agresivo y construir cosas como sea para crecer. Deuda excesiva e improductiva. Según Morgan Stanley, el país hoy necesita cuatro veces más deuda para crear una unidad adicional de Producto Interior Bruto (PIB) que hace solo cinco años. 

Cambiar ese modelo a uno más sostenible y orientado al consumo no es malo.

  • El 41% de las inversiones chinas va al sector de consumo y servicios, comparado con menos del 30% hace unos años.
  • La economía se está modernizando: las importaciones de productos de alta tecnología se han reducido de un 85% del total a un 71%.
  • Las exportaciones de bienes de alto valor añadido han crecido de un 50% hace cinco años a un 85,4%. A propósito, este dato es algo que aterra a los japoneses y su imperialismo monetario, algo que comentábamos aquí en “Abenomics y el timo de la estampita”.

Es decir, la economía china es cada vez menos industria y cada vez más servicios. Porque el modelo no era sostenible. Atrás quedan las acerías que fabricaban para luego volver a fundir lo producido, las ciudades-fantasma y los 28 millones de casas sin vender… Y las hileras de molinos de viento y paneles solares sin conectarse a la red. Cualquiera que las haya visto nunca lo olvida.

Nadie puede considerar ese cambio como negativo. Corea del Sur o Taiwán llevaron a cabo esa transición sin problema, solo tuvieron que adaptarse a crecimientos del PIB de entre el 2% y el 4%. Otra cosa es que, dado que el exceso de endeudamiento chino es enorme, sobre todo en las empresas estatales, como comentábamos en “Cuidado con China” , el aterrizaje no es tan sencillo. Porque la economía cada vez ahorra menos (cayendo desde 2010 tres puntos porcentuales) y se endeuda más.

El hecho de que una gran parte de esa deuda sea financiada internamente por bancos locales no mitiga el riesgo. Un esquema piramidal no deja de serlo porque los partícipes se presten mutuamente.

Un 200% de deuda sobre el PIB cuando el 48% de las empresas del Hang Seng, sobre todo las semi-estatales, no generan rentabilidades por encima de su coste de capital es un enorme problema. No desaparece y tiene un gran impacto sobre la capacidad de financiación de los sectores productivos, como muestra el informe de CICC “A Tale of Two Economies”. De hecho, es una losa a medio plazo en aquellos sectores que no pueden sobrevivir sin deuda adicional. Curiosamente, los sectores llamados estratégicos. Siempre igual, sale la palabra y se traduce en pérdidas.

Pues bien, el frenazo de la vieja economía china no es cíclico. Es estructural. Y tiene un enorme impacto en el mercado de materias primas. Estamos viéndolo de manera muy relevante en la demanda de carbón, cobre, mineral de hierro y petróleo, creando una sobrecapacidad productiva que deprime los precios a medio y largo plazo. Algo que nos viene de perlas a los países importadores.

Los productores de materias primas se habían acostumbrado a una demanda eternamente creciente impulsada por China y ahora se enfrentan al exceso de suministro, al que dichos productores, sobre todo de mineral de hierrocarbón cobre, siempre responden intentando reponer ingresos produciendo más, pensando que en un futuro cercano se revierte la ralentización de demanda. Un grave error, que analizaba McCoy sobre el desplome del cobre en “Un indicador clave se sigue desplomando” .  

Analicemos el impacto del frenazo chino en el petróleo, cobre, carbón y mineral de hierro, que son indicadores mucho más fiables del crecimiento en la actividad industrial que el PIB.

Empecemos por algo crucial. No debemos ignorar el efecto almacénUna enorme cantidad de materias primas adquiridas por China no se consumen, solo se almacenan. Estimar la demanda sin ajustar ese efecto maquillaje ha sido letal para muchos productores. Los inventarios de mineral de hierro por ejemplo, han subido un 57% entre 2013 y 2014. Y en carbón, como en productos petrolíferos, los almacenes están a niveles máximos de 2010.

  • En petróleo, los miembros de la OPEP ya mencionan que tienen que plantearse reducir sus exportaciones en un millón de barriles al día. China consume casi el 10% del petróleo del mundo. Pues bien, la demanda china entre enero y febrero cayó un 1,9%. En los primeros meses de 2014, la demanda ajustada por inventarios (es decir, quitando lo que se compra para almacenar) caía un 4,6% con respecto al mismo periodo de 2013. Las expectativas de consumo chinas están erróneamente basadas en que el país llegará a un consumo per cápita similar al de Estados Unidos o la OCDE y, como siempre, olvidan la eficiencia y la sustitución. Crean lo que ustedes crean, desconfíen mucho de estimaciones optimistas que después se reducen cada año un 30-35%.
  • En mineral de hierro, China supone el 63% de las exportaciones globales. Varios analistas, desde UBS a Standard Chartered, alertan de la dificultad para que el país cumpla sus estimaciones de crecimiento de demanda del 3% anual, lo que lleva a que el exceso de oferta en 2014 alcance las 136 millones de toneladas, llegando a 170 millones en 2015. Como ejemplo del frenazo chino, en 2012 había un déficit de mineral de hierro de 70 millones de toneladas, en pocos meses, el superávit era similar a esa cifra. El consumo de acero chino lleva estancado por debajo de las 60 millones de toneladas mensuales desde diciembre de 2012.
  • En carbón, China supone casi el 50% del consumo de carbón del mundo. Con un programa gubernamental buscando reducir la polución en el gigante asiático (por fin), las expectativas de crecimiento de demanda china no superan el 1,6% anual. Es decir, que es muy probable que las importaciones no superen las 220 millones de toneladas. Con un crecimiento de la producción global y de las exportaciones de Australia, Sudáfrica y Colombia… Nos enfrentamos a otro año de exceso de ofertasuperior al 20% .
  • En cobre, el problema es el mismo. Oferta creciente, demanda menguante del mayor consumidor, China, que supone un 39% del mercado global. La estimación de superávit del mercado del cobre refinado se ha revisado al alza en 2014 desde 327.000 de toneladas métricas a 369.000, y en 2015se prevé que supere las 400.000.

Mucho cuidado con ignorar los efectos de la sobrecapacidad productiva cuando los países exportadores buscan compensar ingresos perdidos con más producción, y no olvidemos el efecto depresor del exceso de almacenamiento. Porque es una combinación letal en el mundo de las materias primas.

Ignorar el elefante en la habitación es uno de los errores más grandes que cometemos al hacer estimaciones de futuro.

Asumimos periodos excepcionales, de acceso a crédito, liquidez, consumo o crecimiento, como nuevos paradigmas que se van a perpetuar eternamente. Se traza una línea ascendente desde una base que no se cuestiona si es sostenible o no. O peor, cuando se percibe que es excesiva, se justifica.

En el análisis de las materias primas, el error es aún mayor, porque se aplica sobre el mayor consumidor del mundo: China. Y cuando los economistas cometen una equivocación de hasta el 40% en sus estimaciones durante tres años consecutivos pero mantienen las expectativas a 2020 sin modificar, se magnifica el problema.

Ya conocen ustedes los argumentos… “la demanda china se va a multiplicar por dos en los próximos veinte años” etc. En el año 2012, un amigo de la petrolera Exxon me comentaba sobre el crecimiento chino: “No me lo creo. Y el que planifique usando las estimaciones oficiales de crecimientos de China como referencia solo puede llevarse desilusiones”.

Para el mercado de materias primas, y para todos, el cambio de modelo chino es positivo, no lo duden. Porque era insostenible. Pero no ignoremos los sustos que puede dar a un mundo enganchado a un carro donde los caballos estaban dopados.

Por supuesto, muchos dirán que todo es irrelevante, porque China, como buena dictadura comunista, crecerá y consumirá lo que decida el partido. Genial, pero que sepan que el argumento funciona en los dos sentidos. Si el partido decide cambiar el modelo, lo cambia.

En cualquier caso, un sistema no deja de ser insostenible porque lo decida el partido. Cae por su propio peso antes o después. Y con un poco de suerte, se lleva al partido con él.

La gestión pública no es más barata que la privada

Durante las últimas semanas hemos escuchado reiteradamente la cantinela de que el Tribunal de Cuentas ha constatado en su informe anual de 2011 que la gestión pública de ciertos servicios municipales resulta más barata que su concesión a una empresa privada. El argumento que suele aducirse es que con la gestión pública nos ahorramos el sobreprecio que hay que abonarle a la empresa privada para que amase beneficios: dado que en el sector público no hace falta obtener ganancias, el coste resulta mucho más asequible. Visto desde este ángulo, pues, el único motivo para externalizar la prestación de los servicios municipales sería el de engrosar las cuentas de resultados de ciertos lobbistas desalmados a costa de los contribuyentes: la conspiración neoliberal quedaría así descubierta. Bonita historia pero, como de costumbre, falsa.

¿Qué dice realmente el Tribunal de Cuentas?

Comencemos relatando fidedignamente los hechos. En efecto, si uno acude a las tablas del Informe de Fiscalización del sector público local, ejercicio 2011, comprobará que el coste por habitante en tres de los cinco servicios municipales analizados es sustancialmente superior en el caso de los ayuntamientos que los externalizan a una concesionaria que en aquellos otros que los gestionan directamente: 53,6 euros por habitante frente a 44,1 en el caso del abastecimiento de agua potable; 27,8 euros frente a 16,2 en el caso del servicio de limpieza, y 53,9 euros frente a 42,5 euros en la recogida de residuos sólidos urbanos. En cambio, la gestión privada fue más barata que la pública en el alumbrado público (24,6 euros por habitante frente a 33,6) y en el servicio de cementerio (4,59 euros por habitante frente a 4,66).

Aparentemente, por tanto, la gestión privada es inferior a la pública en tres de las cinco rúbricas tratadas. Mas esta conclusión resulta harto engañosa: el Tribunal de Cuentas reitera que, en los cinco servicios municipales estudiados, los ayuntamientos que gestionan por sí mismos esos servicios sólo le han proporcionado datos de sus costes directos (gastos de personal y corrientes), pero no de los indirectos o de la amortización, de ahí que la comparativa que efectúa sea sólo parcial, esto es, costes directos para la gestión pública frente a costes totales (directos, indirectos y amortización) para la gestión privada. Citemos a modo de ejemplo el párrafo referido a los servicios de limpieza:

Se ha obtenido información relativa a los costes de prestación del servicio de limpieza viaria en los ayuntamientos analizados. En los casos de gestión directa, en los que el ayuntamiento debía aportar información completa sobre los costes de personal, en bienes corrientes y servicios y costes financieros, así como de las amortizaciones y costes indirectos en caso de conocerse, se han obtenido datos del 83% de las entidades que eligieron esta forma de gestión, si bien sólo el 15% de ellas aportaron datos referidos a las amortizaciones y costes indirectos, por lo que los estudios se realizan sólo respecto a los costes directos aportados. Por su parte, el 73% de las entidades que eligieron cualquiera de las restantes formas posibles de gestión ha aportado datos respecto del coste que supuso para la entidad la prestación del servicio.

En suma, el Tribunal de Cuentas compara sólo una parte de los costes de la gestión pública con la totalidad de los costes de la gestión privada y los medios de comunicación rápidamente concluyen que la gestión pública es más barata que la privada. Disparatado, sobre todo porque, en dos de los cinco servicios municipales analizados, incluso con esa comparación parcial y sesgada, resultan más asequibles los privados.

El mal argumento de los beneficios

La explicación más extendida sobre por qué la gestión pública tiende a ser más asequible que la privada es que la empresa aspira a ganar dinero y, para ello, ha de incrementar los precios. En cambio, el sector público carece de ánimo de lucro, de modo que puede ofrecer tarifas más competitivas.

Desde luego, se trata de un argumento muy extendido entre políticos, periodistas y pensadores socialistas que, empero, debería horrorizar a aquellos que tengan alguna conexión ideológica con el marxismo. A la postre, Marx sostenía que la plusvalía (y, en última instancia, el beneficio capitalista) procedía de horas trabajadas por los obreros y no remuneradas por los capitalistas. De ahí que el obrero estuviera explotado: trabajaba un tiempo que no cobraba y parte de su subproducto le era arrebatado por el capitalista. Adaptando esta explicación a la gestión pública de los servicios municipales, sólo caben dos posibilidades: que los beneficios se los apropien enteramente los empleados públicos (en cuyo caso, el servicio público no sería más barato que el privado: únicamente los beneficios redundarían en los trabajadores en lugar de en el capitalista) o que, en efecto, esos beneficios no existan (en cuyo caso, los empleados públicos estarían siendo explotados por la Administración, ya que trabajarían un tiempo durante el que no serían remunerados, gracias a lo cual el servicio público resultaría más barato). ¿Hemos de concluir que la baratura del servicio público se debe a la explotación estatal de los empleados públicos?

Chascarrillo marxistoide al margen, ya hemos explicado en otras ocasiones que el beneficio es un fenómeno indisociable de los intercambios sociales y que tiene dos componentes. Uno, lo que podríamos llamar “beneficio extraordinario” que deriva de producir más barato o con mayor calidad que la competencia. Otro, que podríamos llamar “beneficio ordinario” que se explica porque toda inversión requiere un muy considerable adelanto de capital y la remuneración por tiempo y por riesgo de ese capital constituye el beneficio ordinario (o, dicho de otra forma, el tipo de interés). Que haya beneficios extraordinarios no es algo negativo: una empresa lo hace mejor que el resto y, por eso, transitoriamente obtiene más ganancias. Que haya beneficios ordinarios tampoco es negativo: alguien ha de soportar el coste de adelantar el capital necesario para invertir y ese coste de capital debe ser remunerado. Cuando el sector público provee un servicio, son los ciudadanos, a partir de sus impuestos, quienes adelantan todo el capital necesario para adquirir los bienes de capital fijos que usarán los empleados públicos (y cuyo importe queda reflejado en las partidas de costes indirectos y de amortización que el Tribunal de Cuentas ha obviado en sus cálculos); otra opción, claro, sería que las administraciones públicas le pidieran prestado a un tercero ese capital en lugar de arrebatárselo a los ciudadanos, pero en ese caso le pagarían intereses a su acreedor, y esos intereses jugarían exactamente el mismo papel que los beneficios de una empresa concesionaria.

Por tanto, la gestión pública sólo se ahorra el “coste” de los beneficios ordinarios en el sentido en que se los expropia al ciudadano (el ciudadano está forzado a adelantar todo el capital necesario para prestar esos servicios y, en cambio, no se le remunera el alquiler de ese capital). ¿Lo vuelve eso más barato que una concesionaria? Sólo en el mismo sentido en que podríamos decir que los servicios públicos desempeñados con trabajos forzosos y no remunerados son más baratos que los servicios por concesionaria: lo son porque el coste laboral no se remunera y no se explicita, aunque sí existe (lo internaliza por entero el trabajador). En el fondo, decir que la gestión directa sale más cara que la concesión por ahorrarnos los beneficios empresariales es como decir que el alquiler de un inmueble privado por parte de una Administración Pública sale más caro que su compra. Justamente, el alquiler es un pago que se efectúa para evitar comprarlo, es decir, para evitarnos realizar una fuerte inversión inicial quitándole un dinero a la gente que preferiría evitar en otras funciones.

Las concesiones no son libre mercado

Pese a este aparente alegato a favor de las concesiones de servicios municipales a empresas privadas, conviene remarcar que el modelo ideal del liberalismo frente a la gestión pública no es el de las concesiones, sino la libertad de mercado. Libertad de mercado no es que el político nos siga arrebatando nuestro dinero para entregárselo a una empresa privada en lugar de a una pública, sino que los ciudadanos decidan qué hacer y cómo gestonar sus vidas y sus propiedades… también en los servicios municipales.

Ciertamente, las concesiones competitivas tienen ventajas frente a la gestión pública directa: básicamente, el ayuntamiento dispone de múltiples ofertas (en términos de calidad y de precio) a la hora de prestar un servicio municipal. En la medida en que muchas opciones suele ser preferible a una sola opción, las concesiones parecen preferibles a la gestión directa. Ahora bien, las concesiones también son un terreno totalmente abonado a la corrupción estatal por parte de los grupos de presión. No es un problema exclusivo de las concesiones —los empleados públicos también son un lobby gigantesco que presiona a los políticos para obtener prebendas a costa de los contribuyentes—, pero acaso pueda en ocasiones verse magnificado por las características propias del proceso de concesión.

De ahí que la solución liberal no consista en combinar una oferta de servicios municipales liberalizada con un demanda administrada políticamente, sino en liberalizar oferta y demanda. Eso es justamente lo que propongo en mi libro Una revolución liberal para España: privatizar la provisión de servicios municipales devolviéndoles su gestión y administración no a los políticos, sino a los propietarios de los inmuebles que componen una ciudad y que deberían ser, a su vez, ser los copropietarios de sus espacios comunes.

Economía anémica y sin músculo

Si el presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, sube este miércoles a la tribuna durante el debate sobre el estado de la región a decirnos que, como escribe en su blog, su estrategia política para salir de la crisis garantiza «un desarrollo futuro sólido, con una economíainteligente, sostenible, interconectada y diversificada», yo le recomendaría, al menos, más prudencia.

La economía inteligente no es otra que la del ahorro. Es fácil, señor presidente, cualquier persona se lo podría explicar: si alguien gasta menos de lo que produce, ahorra y está siendo inteligente. Sin embargo,si gasta más de lo que origina, se endeuda, de modo que no está actuando inteligentemente y su futuro no se puede calificar como sólido sino como incierto, frágil y muy probablemente ruinoso.

Pues bien, aunque usted y su gobierno no producen nada, sí gastan, mejor dicho, despilfarran el dinero que obtienen del contribuyente mediante abusivos impuestos, algunos de ellos vergonzosos, como el de donaciones y sucesiones. Según su presupuesto, este curso dilapidarán 6.357 millones de euros, casi 69 millones más que el año pasado, para mantener, entre otras cosas, muchas empresas públicas que están en quiebra, son ineficientes y ejercen una competencia desleal como Promotur, Gesplan, Gestur o el ente que su gobierno utiliza como medio propagandístico, la televisión pública canaria. Por ello, la economía que impone su gobierno dista mucho del calificativo de inteligente.

Por otro lado, en lugares donde el Gobierno obstaculiza la búsqueda de recursos energéticos baratos, impone la implantación de fuentes energéticas excesivamente caras e impide que los empresarios puedan coordinar continuamente las necesidades y planes cambiantes de las distintas personas de la sociedad mediante infinidad de trabas burocráticas y leyes coactivas, como la de Renovación y Modernización Turística, no hay orden ni economía sostenible, sino un desorden insostenible.

Además, la economía interconectada y diversificada se produce gracias al fenómeno de la división del trabajo que aparece en las sociedades libres. Sin embargo, el pueblo canario dista mucho de serlo, dado que usted y su Gobierno impiden el libre ejercicio de la función empresarial, pretenden prohibir, con políticas tachadas de xenófobas en otros lugares, que los foráneos puedan trabajar en las Islas y, entre otras cosas, realizan discursos peligrosos, que han sido utilizados en el pasado para eliminar la libertad, como el de que somos demasiados. Por estas razones, nuestra economía no es diversificada, sino homogénea, basada en la subvención y la única interconexión suele derivar en corrupción.

En conclusión, señor presidente, prudencia, pues sus políticas liberticidas han condenado a más de 370.000 canarios al paro, la pobreza se ha incrementado escandalosamente y nos ha llevado a una economía anémica y sin músculo.

Rusia y la nueva Guerra Fría

Vladimir Putin está experimentando la gloria del héroe victorioso. Ésa es una sensación muy poderosa que genera cierta adicción y tiende a repetirse. Más del 70% de los rusos apoyan la reconquista de Crimea. Retrospectivamente, juzgan con benevolencia la sujeción por la fuerza de Chechenia y el zarpazo dado a Georgia en el 2008 por los territorios de Osetia del Sur y Abjasia.

¿Renace la Guerra Fría? En modo alguno. La Guerra Fría fue un episodio del siglo XX impulsado por una ideología universal de conquista, el marxismo-leninismo, que no era nacionalista sino internacionalista, utopía basada en la superstición de la lucha de clases y en el supuesto parentesco que vinculaba a todos los trabajadores del planeta frente a los capitalistas opresores que poseían los medios de producción.

El marxismo-leninismo, sustento de la URSS, era una disparatada construcción artificial, intensamente racional que, tras arruinar a medio planeta y dejar cien millones de cadáveres sobre el terreno, acabó por implosionar como consecuencia de sus propias deficiencias y contradicciones cuando Gorbachov intentó rectificar los errores. No eran errores en la ejecución del proyecto. La teoría completa carecía de sentido. No se podía rectificar. Había que sustituirla. Esa fue la ingrata y gloriosa tarea que le tocó a Boris Yeltsin.

Esto que hoy ocurre es más emocional y ancla en unas actitudes anteriores al marxismo-leninismo. Dicho en un lenguaje metafórico: el marxismo-leninismo congregaba a las personas tras ideas equivocadas. Era un mal de la cabeza. El nacionalismo las junta tras emociones compartidas. Es un mal del corazón.

(En realidad el nacionalismo también es un mal de la cabeza, en la medida en que la sensación física de amar a la patria, ese estremecimiento que provocan los himnos y las banderas, es la consecuencia de la acción de ciertos neurotransmisores encaminados a unificar a las tribus para fortalecerlas y lograr su supervivencia, pero esta aseveración, probablemente cierta, mas nunca confirmada, nos llevaría a un debate diferente que merece otra columna).

En fin, los rusos, con Putin en el puente de mando, tratan de reeditar la gloria del viejo imperio construido por los zares. ¿Hay que tratar de frenar este espasmo imperial? Yo creo que sí. El nacionalismo, en pequeñas dosis, además de ser inevitable contribuye al mejoramiento colectivo, pero, cuando se exacerba, como demostró Hitler, puede ser letal.

En Rusia, la mayor nación del planeta, que duplica el tamaño de Estados Unidos, Canadá, China o Brasil, los otros gigantes del mundo, vuelven a oírse los peligrosos argumentos del espacio vital o del supuesto derecho que tienen los Estados a proteger a las personas pertenecientes a la misma etnia radicadas en diferentes países. (Argumento que en nuestros días muy bien pudiera esgrimir México para invadir el sur de Estados Unidos ante los atropellos contra mexicanos indocumentados de personajes como Joe Arpaio, alguacil de Maricopa en Arizona).

¿Qué puede hacer Estados Unidos ante la actitud de Rusia? Primero, entender que el Moscú poscomunista no es, por definición, antioccidental. Ya no busca el dominio del mundo sino restablecer la grandeza de Rusia y su rol de potencia internacional. Algo así sucedía en el siglo XIX, cuando Rusia unas veces se aliaba a algunas potencias europeas y otras reñía con ellas.

Segundo, mantener afilada y creíble a la OTAN. El razonamiento de Stalin tras la Segunda Guerra vuelve a tener vigencia en Rusia. Entonces el padrecito Stalin pensaba que la seguridad de la URSS dependía del establecimiento de una zona de protección en el este de Europa que comenzaba en los países Bálticos y no concluía hasta Bulgaria. Hoy casi toda esa zona pertenece a la Unión Europea y está protegida por la OTAN. Para el sostenimiento de la paz es vital que se mantenga esa protección.

La OTAN fue un instrumento militar surgido durante la Guerra Fría que impidió el estallido de un tercer conflicto contra la URSS. Ahora servirá de elemento disuasorio ante la nueva-vieja Rusia. Por el bien de todos es muy útil mantenerlo aceitado. Los romanos tenían razón: si quieres la paz debes prepararte para la guerra. Si vis pacem, para bellum.

elblogdemontaner.com

Una revolución liberal para España

En Estados Unidos (…) el coste de la medicina preventiva se ha socializado a través de los seguros, de manera que su demanda (y su coste) se ha disparado. Para que nos hagamos una idea, en 2009 se realizaron 91 resonancias magnéticas por cada 1.000 estadounidenses y 228 tomografías computarizadas: un 50 % más que en Francia y más del doble que en España, Canadá o Reino Unido. Asimismo, se sometieron a un test de cáncer cervical y a una mamografía el 86 % y el 81 % de la población femenina de riesgo, dos de las tasas más elevadas del mundo (en España, por ejemplo, rondaron el 73 %).

En suma, la socialización de los costes sanitarios a través de los seguros públicos y privados ha cebado un tipo de demanda sanitaria especialmente cara: la demanda por servicios premium y preventivos. Una demanda que, para más inri, es bastante insensible a las alzas de precios: aunque los proveedores incrementen el precio demandado por sus servicios (con el propósito no sólo de aumentar sus beneficios, sino también de abonar salarios crecientes al personal sanitario y de adquirir las últimas tecnologías sanitarias a cualquier coste), la demanda no decae sustancialmente. Difícil en este contexto que la competencia opere: aunque el aumento de precios dé lugar a un incremento de la oferta de servicios sanitarios, la demanda de los mismos crece todavía más rápido con independencia de su precio.

De hecho, el estudio más exhaustivo realizado hasta la fecha sobre los sobrecostes de la sanidad estadounidense, a cargo de la consultora Mckinsey (…), concluye que la porción más significativa de esos sobrecostes se concentró en 2005 en los servicios ambulatorios. De no ser por esa porción de los sobrecostes, Estados Unidos habría gastado ese año en sanidad un porcentaje de su PIB (11,5 %) muy similar al de Suiza y Alemania (10,8 %). Pero ¿a qué se debe el sobrecoste ambulatorio? (…) La descentralización de parte de las funciones médicas a los ambulatorios debería contribuir a minorar significativamente el coste sanitario: los ambulatorios tienden a estandarizar el tratamiento, reducen la duración de las estancias y requieren de menor personal cualificado. El propio informe de Mckinsey reconoce que, efectivamente, el mero uso de los ambulatorios debería haber contribuido a una minoración de los costes totales del sistema de entre 100.000 y 120.000 millones de dólares, pero fueron otras prácticas perversas superpuestas al desarrollo del servicio ambulatorio las que realmente dispararon los costes en esta rúbrica por un monto de 436.000 millones: en concreto, el empleo abusivo de caros mecanismos de diagnóstico como consecuencia de una creciente demanda sanitaria absolutamente insensible a las alzas de los precios. Dado que los usuarios pueden demandar una gigantesca cantidad de servicios sanitarios sin soportar directamente su coste, éste tiende a dispararse sin que por ello contribuya a moderar la intensidad de la demanda.  


[…]

Aquellos entornos cuyo uso sea indivisible y genere numerosas externalidades sobre terceros serán difícilmente gobernables en régimen de propiedad privada individual: por ejemplo, un río es difícil que pueda trocearse en numerosas propiedades privadas individuales, por cuanto el uso que se efectúe en su curso alto afecta inevitablemente a los usuarios ubicados en los cursos medios y bajos. En general, los ecosistemas no pueden administrarse mediante la suma de propiedades privadas individuales: son sistemas tan complejos e interdependientes que las externalidades suelen ser de una complejidad mayor a la que puede acotarse y cuantificarse de un modo muy específico; o dicho de otro modo, las relaciones de causalidad lejos de ser inequívocas son bastante ambiguas (no queda claro quién es responsable de qué consecuencias negativas y, por tanto, es muy complicado establecer los términos de una negociación y de un reparto de costes).

En tales casos, la solución que históricamente se ha tendido a desarrollar ha sido la propiedad privada comunal sobre los ecosistemas (tierras de labranza, caladeros de pesca, acuíferos, bosques o cuencas hidrográficas). La propiedad privada comunal mantiene, por un lado, varias de las ventajas de la propiedad privada individual (la protección del medio ambiente coincide con el interés de los comuneros) y, por otro, evita algunos de sus defectos (la dificultad de internalizar las externalidades): y es que el poder de actuación de los comuneros dentro del ecosistema no es ilimitado, sino que queda sometido a las instituciones comunales, entendidas éstas como el conjunto de normas y de órganos gestores que se han desarrollado a través de la negociación entre los comuneros, de su conocimiento, de su experiencia y de su adaptación ante los cambios del entorno. El propósito de esas instituciones comunales es el de repartir los frutos del ecosistema entre los comuneros pero evitando degradar el ecosistema que proporciona tales frutos.

Ejemplos exitosos de propiedades privadas comunales los hay muy abundantes en todas las regiones del planeta: las tierras de labranza en el 80 % del territorio suizo, en tres millones de hectáreas japonesas y en muchos puntos del norte de España son propiedad comunal desde el siglo xvi; los sistemas de riego en Nepal, en Nuevo México (acequias), en el Valle de Aosta (consorzi), en Filipinas (zanjera), en Indonesia (subak), Tailandia (muang-fai) o en el levante valenciano (Tribunal de las Aguas de Valencia) y murciano administran eficientemente la escasa agua de estos territorios mediante regímenes de propiedad comunal; los bosques alrededor del río Chapere por parte de los yucararé en Bolivia o en Raniswara y Churiyamai, en Nepal, son otros ejemplos exitosos de conservación y reforestación por parte de comunidades privadas; y también los acuíferos en Finlandia, dos tercios de todas las carreteras suecas o los caladeros de pesca de Maine y Japón son bienes comunales. Llamativo es el caso de los elefantes en Botsuana, Malaui, Namibia o Zimbabue, los cuales son propiedad de las comunidades locales que, al encargarse de explotarlos comercialmente y protegerlos de los cazadores furtivos, han logrado en apenas un cuarto de siglo cuadruplicar su población mientras ésta seguía declinando en el resto de África (…).

[…]

Es un fenómeno tristemente habitual el pensar que, antes del advenimiento del Estado de Bienestar, la inmensa mayoría de la sociedad estaba del todo desamparada ante adversidades tan frecuentes como la enfermedad, los gastos funerarios, las enfermedades no aseguradas, la jubilación o la incapacidad. Y, ciertamente, la magnitud de la asistencia social hace 150 años era mucho menor que con los actuales Estados de Bienestar, pero no porque no hubiese instituciones sociales que permitieran contrarrestar las anteriores adversidades sino, simplemente, porque Occidente hace 150 años era mucho más pobre que ahora. O dicho de otro modo, aun cuando hace 150 años se hubiesen instalado Estados de Bienestar, éstos habrían proporcionado una asistencia social mucho más escasa que la actual. Ahora bien, con el nivel de riqueza disponible en la época, la extensión y variedad de la red de asistencia social voluntaria que emergió espontáneamente por todo Occidente resulta asombrosa y digna del mayor de los encomios.

La pata fundamental de ese sistema de asistencia social eran las sociedades de ayuda mutua. Su participación por parte de la población era muy amplia, especialmente para los estándares de riqueza de la época: a comienzos del s. XX, se estima que uno de cada tres hombres en EEUU pertenecían a una sociedad de ayuda mutua (…) y que tres cuartas partes de la población inglesa que en 1911 pasó a estar cubierta por la recién creada Seguridad Social ya lo estaban por las más de 9.000 friendly societies existentes en el país (…). El fenómeno no se restringía al mundo anglosajón, sino que en mayor o menor medida se extendía por todo el continente europeo (…).

Los servicios que ofrecían estas sociedades de ayuda mutua eran muy variados: la asistencia más común era la compensación por los sueldos perdidos en caso de enfermedad y el pago de los gastos por funeral, pero a lo largo del s. XIX fue haciéndose cada vez más frecuente que también cubrieran los desembolsos sanitarios, los seguros de vida, las pensiones de jubilación, viudedad y orfandad o incluso los gastos de viaje por cambio de trabajo (…). Los medios con los que contaban para tales fines no eran simplemente testimoniales, pues fueron capaces de crear orfanatos (71 sólo en EEUU, por ejemplo), asilos u hospitales punteros para su época.

[…]

En conjunto, por consiguiente, el peso del Estado se reduce desde casi 480.000 millones (equivalente al 45% del PIB) hasta 50.000 millones (menos del 5% del PIB), permitiendo una análoga reducción de la carga tributaria que soportan unos fiscalmente esclavizados ciudadanos. De hecho, por los motivos ya expuestos, el Estado mínimo podría ser mucho menor: si la asistencia social estatal deviniera innecesaria y una mayor parte de los servicios de justicia y de seguridad fueran externalizados enteramente al sector privado, el peso final del Estado se acercaría al 1,5% del PIB.

Tal como hemos explicado, esta considerable limitación del tamaño y de la coacción del Estado no sólo no deterioraría la calidad y disponibilidad de los servicios que reciben los ciudadanos, sino que los mejoraría y abarataría para su inmensa mayoría. Tentativamente, podemos elaborar el presupuesto familiar de dos tipos de familias bastante extendidos.

El primero sería el de un soltero sin hijos que actualmente percibe el salario modal de España (15.500 euros) y que, en el modelo de Estado mínimo planteado, vería cómo sus impuestos abonados se reducirían en 8.300 euros. Con esta cantidad debería poder hacer frente a los servicios municipales y a las infraestructuras utilizadas (cuyo coste dependería de multitud de factores, como el número de veces que usa las carreteras interurbanas o los servicios contratados en la comunidad donde habita, pero que no tendría por qué superar como media los 1.000 euros anuales, en línea con los cálculos anteriores), a la sanidad (que ya hemos estimado antes en unos 1.500 euros anuales), a la contratación de seguros variados para hacer frente al riesgo de paro o a la discapacidad, y finalmente a su ahorro para las pensiones (le restarían unos 5.300 euros anuales que permitirían abonarle, tras 40 años de jubilación, una pensión un 50% superior a la actual, así como amasar un patrimonio de 760.000 euros).

El segundo modelo de familia sería el de dos padres con un hijo. En tal caso, los gastos serán muy similares a los anteriores, pero existirán ciertas economías de escala: por ejemplo, la cuota de comunidad en la urbanización no será mucho mayor en tanto se pagaría por propiedad y los gastos sanitarios del hijo serían algo menores a los de los adultos (…). A cambio, esta familia debería soportar los gastos educativos de su hijo, que asumiendo un coste medio de 3.500 euros anuales durante 17 años de educación obligatoria y superior llegaríamos a un coste medio prorrateado durante toda la vida laboral de 1.500 euros. En tal caso, esta familia podría ahorrar para su jubilación unos 8.600 euros anuales, lo que al cabo de toda una vida laboral arrojaría un patrimonio conjunto de más de 1,2 millones de euros y una pensión un 20% superior a la que tendría derecho con el sistema actual.

NOTA: Este texto está compuesto de varios pasajes de Una revolución liberal para España, el más reciente libro de Juan Ramón Rallo, publicado por Deusto y que se presentará este martes en Madrid, a las 19:00, en la Fundación del Pino.

El fondo europeo de rescate bancario nace con menos dinero del usado para salvar a las cajas españolas

Los bancos europeos tendrán que poner 55.000 millones de sus propios fondos para rescatar a sus pares en dificultades. No será inmediato, ni mucho menos. El proceso se alargará una década. Pero este fondo debería servir, o al menos eso creen en Bruselas y Fráncfort, como dique contra futuras quiebras. O más bien, contra el peligro de que esas quiebras acaben afectando al contribuyente o poniendo en riesgo la solvencia de las cuentas públicas.

La nueva unión bancaria que este jueves nacía en Bruselas, tras una maratoniana jornada que se alargó por encima de las 17 horas, está pensada para establecer una serie de reglas comunes con un doble objetivo: por un lado, para impulsar la recapitalización interna de las entidades (lo que se conoce como bail-in). Esto quiere decir que a partir de ahora todos los bancos europeos, o al menos los 128 grandes que quedan bajo del paraguas del BCE, tirarán del dinero de sus acreedores y accionistas en primer lugar. La lógica dice, y así lo creen en Bruselas, que si esta medida es creíble obligará a una gestión más prudente de las entidades.

Pero la gran novedad de lo pactado en la capital belga está en ese Mecanismo Único de Supervisión (SRM en sus siglas en inglés) que controlará la actividad de las entidades y podrá iniciar el procedimiento de resolución. De esta manera, el SRM se configura como una especie de Frob europeo. Es decir, un organismo que controlará a las entidades (aunque la supervisión única ya está en marcha y seguirá en manos del BCE) y dirigirá las operaciones de liquidación o saneamiento cuando sea necesario.

Tanto el SRM como el BCE podrán iniciar el procedimiento de resolución. Eso sí, los gobiernos continuarán presentes en el proceso, porque en un plazo de 24 horas tras su inicio, tanto el Consejo como la Comisión Europea podrán hacer alegaciones al mismo que tendrán que ser incorporadas al procedimiento.

Como apuntamos anteriormente, una de las claves de lo pactado en Bruselas tiene que ver con el calendario. El SRM empezará a funcionar en 2015 y el fondo del que obtendrá los fondos para los rescates en 2016. Hasta entonces, cada país seguirá teniendo que hacer frente en solitario a las dificultades de su sistema financiero. No sólo eso, la implantación plena de la mutualización de deudas no llegará hasta 2023. A partir de ese momento, sí se puede decir que habrá una especie de fondo europeo conjunto del que se sacará el dinero para rescatar a los bancos en problemas, sea cual sea su nacionalidad. Hasta entonces, se ha establecido un calendario de mutualización progresiva, con un 40% para el primer año, un 60% en el segundo y un 6,6% adicional durante los años restantes, hasta cubrir el 100%.

En este punto, surgen dos dudas. La primera es la magnitud de este Fondo Único de Resolución. La cantidad acordada en Bruselas es de 55.000 millones de euros. Y será aportada en su totalidad por el sector financiero, en base al peso de cada una de las entidades.

Es una cifra importante, pero palidece ante las utilizadas en la última crisis. El conjunto del sector financiero europeo ha necesitado más de 4,5 billones de euros de inyecciones de capital desde 2007. Sólo en nuestro país, el Banco de España calcula que las ayudas públicas a la banca han supuesto más de 61.000 millones de euros en los últimos cinco ejercicios. Por lo tanto, parece muy optimista que con un fondo de 55.000 millones pensemos que pueden salvarse todas las entidades europeas si llega una nueva crisis.

En el Ministerio de Economía creen, como en Bruselas, que incluso así, éste es un paso decisivo. Por un lado, las nuevas reglas de supervisión y control deberían hacer más complicado que las entidades se desmanden. Por otro, la obligación de recapitalización interna hasta el equivalente a un 8% del pasivo debería ser un colchón más que suficiente para muchos bancos y, como apuntamos antes, un incentivo directo para que sus propios accionistas y acreedores exijan una gestión menos arriesgada. Por último, recuerdan que el SRM tendrá capacidad para apalancarse con el aval de las futuras contribuciones de los bancos. Pero aún así, nadie puede asegurar que si vuelve a haber una crisis sistémica no haya que recurrir, de nuevo, al dinero de los contribuyentes.

En cuanto a esto, en Economía calculan que las entidades españolas tendrán un peso de "entre el 10 y el 15%" en el nuevo fondo. Hablamos de 5.500-8.000 millones de euros. Es una cifra elevada, pero desde el Gobierno se recuerda que este tipo de esquemas, en el que se destina una cantidad previa ya está vigente en España a través del Fondo de Garantía de Depósitos, por lo que nuestros bancos no tendrán problemas en acostumbrarse a la situación. De hecho, sus cálculos apuntan a que no habrá mucha diferencia entre lo que aportan ahora mismo al FGD y lo que en el futuro tendrán que abonar (aunque en ese caso será a dos entidades, por un lado el fondo europeo y por otro el FGD nacional).

Burbuja de crédito: adictos al dinero fácil

“We are in the middle of an epic credit bubble…the likes of which I haven’t seen in my career” Joseph Baratta (2013)

Decía Larry Summers, hace unos meses, que las economías occidentales estaban “condenadas a ir de burbuja en burbuja”. Sin embargo, no se previenen, se estimulan. Y se dedica más tiempo a justificarlas como nuevos paradigmas que a alertar sobre ellas. Hace unos meses comentaba yo mismo en El País que “no veo una burbuja (de crédito) incipiente, creo que está ocurriendo ya. Distinto es lo que tarde en estallar, aunque haya un ejército de economistas oficiales negándolo, como ocurrió antes, con la inmobiliaria u otras”. La gran burbuja. Sabemos que está ahí, pero no cuándo pincha.

La Reserva Federal de Estados Unidos ha anunciado esta semana la retirada total de los estímulos monetarios en 2015, tras casi dos billones de dólares gastados y 11 millones de personas sacadas del mercado laboral para no computar como paro, como explicaba nuestro colaborador Juan Manuel López- Zafra en “Desmontando a Bernanke”.

¿Cuál es el problema? Que la política monetaria no ha beneficiado a la población, solo a los participantes del mercado financiero. Pero los riesgos sí los sufre el ciudadano. El dinero fácil ha inflado los activos financieros, pero la consecuencia de la reducción de la innecesaria política expansiva siempre la paga el ciudadano con mayor represión financiera.

La clase media perdió en la crisis, no tuvo acceso a la borrachera monetaria y paga la resaca.

Con el anuncio del fin del chute de azúcar a la economía, aunque sea gradual, empieza a retirarse también el dinero que se lanzó a buscar crecimiento y riesgo en mercados emergentes y activos de alto riesgo. Ya estamos viendo el impacto en mercados emergentes, la parada en seco que comentábamos aquí.

Otro síntoma de que la burbuja de dinero fácil está manifestando su agotamiento es el mercado de capital riesgo y los máximos históricos alcanzados en ventas y salidas a bolsa. Los grandes inversores que pusieron decenas de miles de millones al calor de tipos bajos y estímulos monetarios de la Reserva Federal aprovechan la enorme inflación creada en los activos de riesgo por dichas políticas para salirse de la mesa de juego.

Comprar bien y vender mejor. Ese es el objetivo de cualquier inversor. Fíjense ustedes que no he utilizado las palabras caro y barato tan erróneamente y alegremente utilizadas en el mundo inversor, porque son conceptos subjetivos y dependen del estado anímico de los participantes del mercado. Ahora vivimos periodos de euforia y cualquier cosa nos parece barata. Pues bien, cuando yo empecé a trabajar en la City un compañero mío me dijo “no te fijes tanto en quién compra como en aquel o aquellos que venden”. Y es ahora cuando los fondos de capital riesgo están vendiendo más y mejor.

Según Brean Capital, en los últimos seis meses, el 75% de las empresas sacadas a bolsa en Estados Unidos cotiza por debajo del precio de salida, y el 30% de ellas han sido puestas en el mercado por empresas de capital riesgo vendiendo sus participaciones. La cifra de operaciones de M&A (fusiones y adquisiciones) ha alcanzado un récord en lo que va de 2014. Más de 4.880 operaciones, un total de 552.400 millones de dólares, a niveles del récord de 2007, según Dealogic.

Las operaciones de salida del capital riesgo, sea vendiendo compañías a otra empresa o sacándolas a bolsa, han alcanzado 30.400 millones de dólares en lo que va de 2014, más del doble de la cifra registrada en el mismo periodo de 2013 y cercana al máximo de los mismos meses de 2007 (31.400 millones de dólares). Los fondos de capital riesgo aprovechan la euforia bursátil para reducir exposición.

Las empresas de capital riesgo han crecido de manera exponencial en estos años de fiesta monetaria y, hay que reconocerlo, han desempeñado un papel positivo, invirtiendo en nuevas empresas, start-ups, desarrollo e infraestructuras. Así, aprovechando un entorno de dinero fácil y barato, han generado unas rentabilidades medias anuales del 21% (tasa interna) y conseguido multiplicar el dinero invertido por proyecto completado hasta 1,6 veces desde 2008… con una media de deuda sobre capital de 29-33%. En 2013, según The Wall Street Journal, los grandes ejecutivos del capital riesgo se han repartido hasta 2.600 millones de dólares de beneficios salariales por consecución de objetivos.

Han sido años dorados para Wall Street. Pero en ese mismo periodo hemos visto las inversiones productivas caer a niveles de 1998, como comentábamos en “El espejismo de Estados Unidos”La Reserva Federal ha incentivado el intercambio de cromos mientras se penalizaba la inversión real, a pesar de que lo alertaban una y otra vez los grandes empresarios, como Rex Tillerson o Steve Wynn.

Los activos bajo gestión de las empresas de capital riesgo han aumentado un 13% anual en los últimos trece años. Y se han disparado un 60% desde la implantación de las políticas monetarias expansivas. No es casualidad.Obama y Bernanke han sido una bendición para ese Wall Street que el presidente iba a atacar.

Muchas empresas de capital riesgo han dado buenas rentabilidades y han demostrado superar la imagen de buitres que endeudan a las compañías para luego destruirlas. El sector ha creado empleo neto positivo en sus operaciones desde 2008. Pero su función no es aumentar la inversión productiva. No son empresarios, son gestores de activos.

En un entorno de crecimiento global moderado, con la desaceleración china, los problemas en algunas economías emergentes y sin la gasolina de una Reserva Federal agresiva, la posibilidad de generar las rentabilidades antes descritas es mucho menor, y ahí es donde se va a separar a los grandes fondos capaces de crear valor en periodos de menor euforia.

¿Cuáles son las primeras consecuencias?

  • La búsqueda del crecimiento por el crecimiento se para. Más del 70% de los fondos captados por empresas de capital riesgo ha ido a países emergentes. Es muy probable que, ante un alza de tipos, el capital prefiera invertir en economías maduras pero más seguras, como Europa y Estados Unidos.
  • La liquidez prima sobre las altas rentabilidades a largo plazo. Ante un escenario de valoraciones extremadamente generosas en las que los fondos han podido colocar sus empresas y activos a precios excepcionales, probablemente se imponga la moderación y la promesa de rentabilidades superiores se calme. Es ahí donde es más complicado que los inversores en capital riesgo acepten periodos de cinco años sin poder retirar su dinero.
  • Muchas de las inversiones hechas bajo la premisa de un entorno de aumento de masa monetaria global excesiva y tipos bajos perenne pueden sufrir pérdidas patrimoniales. Y es ahí donde la industria deja de subirse en el chute de azúcar sugar rush monetario y destacan los grandes gestores. Que caigan algunos operadores mal gestionados y mal acostumbrados a la fiesta del todo sube es muy saludable.

La burbuja de valoraciones eternamente expansivas y de crédito fácil explota. Siempre.

Un entorno de moderación inversora tendrá sin duda un impacto adicional sobre los países acostumbrados a la extrema liquidez. No por los proyectos y empresas ya financiados, sino por los futuros. Pero es esencial que se reduzca el crédito excesivo alimentado por las políticas expansivas, se recupere la cordura inversora ante un escenario de tipos de interés menos manipulado, se modere el optimismo y no se cree otro burbujón imposible de contener y de consecuencias imprevisibles. Porque sea con una crisis, inflación disparada o rescates, siempre lo acaban pagando los ciudadanos

El cigarrillo electrónico acabará con el tabaco

El tabaquismo está condenado a desaparecer a largo plazo, o, cuando menos, sus nocivos efectos sobre la salud se verán reducidos de forma drástica en las próximas décadas, lo cual, sin duda, supondrá una auténtica revolución en materia sanitaria, pero también a nivel industrial y de consumo. No es ciencia ficción. Ya está pasando, y la tendencia es imparable.

Este sueño, impensable hace apenas unos años, no se debe al agresivo intervencionismo estatal ni al abyecto prohibicionismo que propugnan los hipócritas moralistas de medio pelo que engrosan las filas del socialismo imperante. No. Si el impacto negativo del tabaco baja en los próximos años no será en ningún caso gracias al Estado y sus perversos aduladores, sino, muy al contrario, gracias al mercado y sus beneficiosos mecanismos de interacción libre y voluntaria.

La revolución en cuestión se llama cigarrillo electrónico (e-cig), un invento empresarial que, pese a su reciente creación -nació hace apenas una década-, se está extendiendo rápidamente entre los fumadores, cosechando unos resultados espectaculares. La clave de su éxito es simple: ofrece lo mejor del tabaco -hábito, sensación de calada y el chutede la nicotina-, pero desechando la larga lista de ingredientes peligrosos que contiene el cigarrillo convencional.

No todo el mundo desea dejar de fumar, por mucho que les duela a los ingenieros sociales que tanto gustan de imponer su voluntad a los demás; pero, puesto que enfermar no es plato de buen gusto para nadie, muchos ven el e-cig como una alternativa ideal para mantener su hábito sin que ello les cueste a la larga la salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hay más de 1.000 millones de fumadores en el mundo, y que el tabaco causa 5 millones de muertes cada año. Esta última cifra es cuestionable, dada la escasa credibilidad de dicha entidad, pero existe un amplio acuerdo acerca de los perjuicios que genera el tabaquismo a largo plazo.

Sea como fuere, lo indiscutible es que, hoy por hoy, no hay ni un sólo fallecimiento atribuido al consumo de e-cig. Y ello pese a que se calcula que ya existen unos 500 millones de vapeadores en el mundo -unos 800.000 en España-. Muchos dirán que es pronto para sacar conclusiones, dada su reciente implantación, pero lo cierto es que no hay estudios que demuestren lo contrario.

Hace escasos días saltó a los medios el primer caso de neumonía diagnosticado en España por consumo de e-cig -el segundo en todo el mundo-. Muy pocos repararon en el detalle de que se trataba de un "fumador importante", que estaba ingresado en el hospital por motivos distintos y que durante su estancia llegó a consumir "hasta cinco cargas diarias" de este producto, lo cual es una barbaridad. Pero es que, además, según los médicos que le atendieron, la causa de su neumonía lipoidea era la glicerina vegetal que contiene el cigarrillo electrónico.

La cuestión es que otros profesionales, como el doctor Konstantinos E. Farsalinosinvestigador jefe del Centro de Cirugía Cardíaca Onassis, desmintieron categóricamente esta posibilidad. "El glicerol es un elemento de la familia de los alcoholes, no un lípido, y, por tanto, es imposible que sea el responsable de la patología, incluso aunque se hubiera aspirado en forma líquida. Eso sería violar las leyes de la química". Es decir, hay otras probables causas.

No es el único. El prestigioso médico Michael Siegel, profesor en el Departamento de Ciencias de la Salud en la Universidad de Boston y con una larga experiencia en la lucha contra el tabaco, desmiente, punto por punto, el único informe que relaciona el consumo de glicerol con la neumonía lipoidea, elaborado por el German Cancer Research Center. De hecho, curiosamente, el primer caso de neumonía que se atribuyó al e-cigfue desmentido poco después, tras descubrirse que la enfermedad fue provocada por el uso de un inhalador de albuterol (Ventolín).

Uno de los contadísimos estudios científicos al que, hoy por hoy, se pueden agarrar los enemigos del e-cig -aunque nunca lo citan- fue publicado en 2012 por la Universidad de Atenas, y lo único que se demuestra es que el uso de un cigarrillo electrónico durante 10 minutos aumenta la resistencia de las vías respiratorias, sin que ello suponga ningún tipo de daño pulmonar. De hecho, respirar aire húmedo tiene el mismo efecto, y no por ello las autoridades gubernamentales y sanitarias se plantean restringir el número de habitantes en Galicia, donde la humedad es norma.

El profesor Siegel, por el contrario, demuestra en otro informe que vapear "no produce cantidades detectables de sustancias tóxicas y cancerígenas en el aire de un espacio cerrado", concluyendo incluso que "podría ser más insano respirar aire en las grandes ciudades en comparación con permanecer en la misma habitación con alguien que está vapeando". Recuerden que este experto no es, precisamente, un amante del tabaco y las tabaqueras.

Por si fuera poco, ninguno de los escasos estudios que ponen en duda ele-cig afirman que su consumo pueda tener efectos potencialmente adversos a largo plazo. Los informes acerca de la inocuidad de vapear, sin embargo, son numerosos. Y aunque se demostrara que no es saludable, hasta los científicos más descreídos se ven obligados a reconocer que vapear es mucho más sano y seguro que fumar.

Así pues, el alarmismo que se ha creado acerca de este producto es puro humo -del malo-, una vil argucia orquestada por aprendices de dictador para lograr su perverso objetivo, que no es otro que equiparar el e-cigal tabaco para, de este modo, poder restringir su consumo en lugares públicos y, sobre todo, gravar con onerosos impuestos su venta.

En el fondo, lo que hay detrás de esta campaña difamatoria no es otra cosa que la defensa de los grandes intereses creados en torno al sector del tabaco: tabaqueras y estanqueros quieren regular el e-cig porque bien saben que es competencia directa y, de seguir así, acabará con su negocio; las farmacéuticas, por su parte, han invertido mucho dinero en productos para dejar el tabaco frente a la alternativa fácil y eficaz del vapeo; reguladores y asociaciones de todo tipo no quieren perder sus suculentas y generosas subvenciones para combatir el tabaquismo; y el Estado, cómo no, también muestra reparos, dado que, al fin y al cabo, el hábito que dice rechazar le reporta más de 10.000 millones de euros al año en recaudación de impuestos.

No se equivoquen. Las suspicacias y falsedades que se vierten y seguirán vertiendo sobre el cigarrillo electrónico no buscan en ningún caso el bienestar de la población. La salud es la manida excusa que emplean los intervencionistas de todo pelaje y condición para sacar tajada del mal ajeno. La guerra contras las drogas y el tabaco son un claro ejemplo de ello. El Estado ha fracaso estrepitosamente en ambos ámbitos, causando, además, un elevado número de muertes y daños colaterales, cuyo volumen exacto es difícil determinar.

En España, por ejemplo, pese a contar con una de las leyes más prohibicionistas del mundo y una fiscalidad que ronda el 85% del precio final de cada cajetilla, el 30% de la población adulta y casi el 25% de los jóvenes sigue enganchada al tabaco, superando la media de la UE. España es el cuarto país europeo donde más se fuma, la Ley Antitabaco no ha logrado reducir este hábito y la masiva subida de impuestos que ha sufrido el tabaco tan sólo se ha traducido en un aumento exponencial del contrabando.

El e-cig, por el contrario, está destinado a convertirse en una alternativa mucho más saludable y barata que el tabaco, de ahí su crecimiento. Algunas estimaciones ya apuntan a que el número de vapeadores acabará superando al de fumadores en el plazo de una década, al menos en la mayoría de países desarrollados, salvando con ello millones de vidas, tal y como afirma Robert West, director de estudios del tabaco de la Universidad College de Londres.

Las limitaciones que pretenden imponer los colectivistas tan sólo lograrán frenar este beneficioso efecto, ya que buscan encarecer fuertemente este producto (impuestos) y restringir su uso, dificultando con ello el surgimiento de nuevas y eficaces mejoras en el mismo. Y ello bajo la absurda excusa de que la nicotina es adictiva, como tantos otros productos (naturales y farmcéuticos), si bien olvidan señalar que no es cancerígena.

Tal y como denuncia la plataforma Iniciativa Europea por el Vapeo Libre, creada para recabar firmas en toda la UE, la batalla acaba de comenzar. "Los vapers hicieron una adulta, responsable y privada decisión cuando eligieron esta joven, pero efectiva, alternativa que les permitió dejar o reducir un mortal hábito que se cobra cientos de miles de vidas cada año […] Cualquier intento de regulación de los cigarrillos electrónicos ha de interpretarse como una seria amenaza contra los derechos individuales y la esfera privada". Amén.

El arribismo del Partido Popular

Resulta casi de Perogrullo señalar que el PP, como el resto de formaciones políticas, es una máquina de poder sin demasiados escrúpulos. Apenas atendiendo a sus decisiones y actuaciones políticas, uno puede constatar de inmediato su absoluta ausencia de cortapisas morales a la hora de mentir compulsivamente con el propósito de saquear al ciudadano y de acaparar todavía más poder para los suyos. No son pocos quienes creen que la política debería ser otra cosa, algo más noble y dignificante; pero si uno ha interiorizado las lecciones básicas de Buchanan y Tullock, ya debería ser consciente de que, en los Estados modernos, la política es lo que es y no lo que románticamente querríamos que fuese: a saber, el arte de parasitar al ciudadano en beneficio de los grupos de presión organizados, llámense partidos políticos, sindicatos, patronales o grandes empresas afines al poder.

Precisamente por ello, resulta tan crucial que los súbditos de ese mastodóntico poder político sean conscientes de la necesidad de limitarlo y de mantenerlo a raya: una vez se acepta que no es ético utilizar la violencia contra terceros en beneficio propio y que, a la larga, los recortes de las libertades ajenas terminan repercutiendo negativamente sobre uno mismo, el poder político deja de ser observado como un oscuro objeto de deseo y pasa a ser considerado un peligroso monstruo que debe ser reducido a su mínima expresión posible. Como decía acertadamente Washington, el Estado “es un sirviente peligroso y un amo temible”.

Por desgracia, en la actualidad muchos ciudadanos han terminado aceptando la legitimidad de la violencia siempre que sea refrendada por una amplia mayoría social o siempre que tenga propósitos aparentemente nobles. La imperiosa necesidad de limitar el poder político ha pasado a un segundo plano y ha sido reemplazada por la ambición oportunista de formar coaliciones electorales mayoritarias para instrumentar ese poder político en beneficio propio. La sociedad deja de ser un ámbito de relaciones humanas pacíficas, voluntarias y mutuamente beneficiosas para convertirse en un campo de batalla donde los distintos grupos organizados perpetran una guerra civil fría con tal de acaparar porciones del poder político.

Es aquí donde el mensaje regenerador del liberalismo resulta tan apremiante: es urgente dejar de endiosar la coacción estatal como el deus ex machina capaz de resolver todos los problemas sociales para volver a considerarla el origen de muchos de esos problemas; dicho de otra forma, es urgente retirarle el cheque en blanco que muchos ciudadanos le han otorgado al Estado y a los políticos para recuperar la sociedad civil en toda su esencia. Eso es justamente lo que defiendo y promuevo en mi nuevo libro, Una revolución liberal para España: el Estado no es en absoluto necesario para la inmensa mayoría de funciones que tendemos a atribuirle (servicios municipales, protección del medio ambiente, construcción de infraestructuras, monopolio de la moneda, apoyo a la I+D, provisión de la educación, la sanidad, las pensiones o la asistencia social…) y, por tanto, no deberíamos aceptar ser sus siervos.

Las “utopías liberales”

Los partidos políticos, evidentemente, sienten una profunda y arraigada alergia hacia todo mensaje liberal que le recuerde a la ciudadanía cuál es el sano y recto propósito de su implicación en la vida pública: no el sometimiento a las élites partidistas, sino la eterna vigilancia para garantizar en todo momento la máxima limitación posible del poder político. En ocasiones, algunos políticos —especialmente dentro del PP— han intentado asimilar el mensaje liberal, portando propagandísticamente su estandarte para así desactivar cualquier incipiente movilización liberal dentro de la sociedad civil. Por fortuna, esa impostura popular parece que se halla en irreversible retirada: su reciente comportamiento gubernamental ha sido lo suficientemente elocuente como para que nadie que no se halle cegado por el sectarismo ideológico les siga identificando con el liberalismo. Superada, pues, la fase de intento de asimilación, anulación y desactivación desde dentro, parece que desde el PP han pasado a un segundo nivel: aceptando su antiliberalismo rampante, proceden a cargar contra el liberalismo. Sólo hay un problema: su vaciedad ideológica es tal que las críticas que hasta ahora han alcanzado a articular sólo sirven para reforzar las tesis liberales.

Así, este pasado miércoles, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, cargó en el Círculo de Empresarios contra “las utopías liberales” porque, a su juicio, “no sirven para ganar elecciones”. Sintomático arribismo, el de Montoro, que sólo visualiza lo que muchos veníamos denunciando: el PP es un partido populista y sin convicciones, cuya finalidad no es la de defender las libertades de los ciudadanos, sino mantenerse en el poder a cualquier precio.

Cual maquiavélico príncipe del antiliberalismo, Montoro rechaza el liberalismo por utópico, azuzando además el miedo a que, si los ciudadanos no se contentan con una opción centrista y pragmática como la del PP, correrán el riesgo de caer en manos de otros partidos (supuestamente) más ultramontanos. Pero el liberalismo no tiene nada de utópico: como demuestro en Una revolución liberal para España, se trata de una alternativa absolutamente realista y pragmática en todos los ámbitos sociales. Lo que dificulta su despliegue no es su irrealidad, sino la mayoritaria mentalidad liberticida de unos ciudadanos capaces de encumbrar al poder a voraces arribistas como Montoro.

Por ello, cuando el ministro de Hacienda nos pide que nos olvidemos del liberalismo, lo que está haciendo es pidiéndonos que le consistamos seguir reprimiendo nuestras libertades. Lo que nos reclama es que aceptemos ser sus rehenes y que asumamos que él es nuestro mejor carcelero posible de entre las nefastas opciones existentes. Lo utópico, a su juicio, es salir de la jaula; lo distópico, a mi juicio, es quedarse en ella bajo la batuta de personas obsesionadas con conservar su poder y sus prebendas parasitando a los ciudadanos. A la postre, produce auténtico pavor pensar cómo deben ejercer tales políticos ese poder cuasi absoluto que hoy detentan cuando ya desde un comienzo reconocen, sin tabú moral alguno, que su mayor propósito es, simple y llanamente, llegar al poder. Poder por poder, en beneficio propio a costa de los demás.

Mensajes antiliberales como el de Montoro no deberían desalentar a los liberales. Al contrario, deben servir como estímulo y constatación de la importancia del liberalismo. Ser idealista no es malo, en tanto en cuanto el idealismo nos marca el horizonte último hacia el que debemos tratar de tender: un mundo sin crímenes es un objetivo idealista, pero no por ello debemos ser complacientes con el crimen y asumirlo como un pragmático e inexorable resultado. Asimismo, y aplicado al caso de Montoro, lo único verdaderamente distópico es creer que políticos amorales como él —y como todos los restantes que pueblan el arco parlamentario— son quienes mejor procurarán por nuestras libertades y por nuestro bienestar: no, justamente su existencia y su mensaje prueban que el liberalismo es más necesario que nunca para proteger nuestras libertades.

El precio de la corrupción

Any society that would give up a little liberty to gain a little security will deserve neither and lose both” – Benjamin Franklin

Recuerdo que hace unos años en Italia, en medio de un escándalo de corrupción, le preguntaron a un político local sobre un apartamento en Roma que le habían regalado ilegalmente, y contestó: “Como me entere de quién ha sido el que me ha pagado el piso, le denuncio”. Visto desde el extranjero, los escándalos que leemos en la prensa española, y sus justificaciones por parte de unos y otros, me recuerdan aquel episodio.

Según el Banco Mundial, la corrupción puede recortar hasta un 0,5% del PIB de un país. Estudios de la misma entidad valoran el IMPACTO DE DICHA CORRUPCIÓN –en todas sus escalas- HASTA EN UN 2% DEL PIB DE LOS PAÍSES DE LA OCDE, incluido el nuestro. En un encuentro organizado por Transparency International en Lisboa, en junio de 2013, comentaban que:

– En la Unión Europea, entre un 10% y hasta un 20% del total de los contratos públicos se pierde en corrupción

– El cinco por ciento del presupuesto anual de la UE no se justifica

– Tres de cada cuatro ciudadanos europeos perciben que la corrupción se ha disparado en los últimos cuatro años

– Pero, sobre todo, SUPONE UNA PÉRDIDA DE CASI UN BILLÓN DE INVERSIÓN Y CAPITAL ANUAL

– A escala global, el 55% de los ciudadanos de 107 países encuestados percibe una influencia excesiva de los gobiernos en la economía

No es de extrañar que ante semejante situación, el capital se escape.

DEMASIADO GOBIERNO, DEMASIADO PODER, DEMASIADA CORRUPCIÓN. Por ello hace falta transparencia absoluta, anteponer los principios a cualquier consenso, liderazgo y cercenar el acceso desproporcionado del Estado a la caja como parte de la solución. Precisamente porque ESA ES LA ÚNICA MANERA DE GARANTIZAR LOS SERVICIOS ESENCIALES QUE LA GENTE VALORA. Si no, con la quiebra se hundirá todo, lo superfluo y lo necesario.

Tengamos en cuenta que un colapso institucional, cuando la deuda se ha disparado a casi un 90% del PIB, supondría una quiebra en cadena, que se llevaría por delante a la Seguridad Social y las pensiones, que están invertidas hasta un 90% en deuda soberana, a los bancos que acumulan 241.000 millones de bonos y créditos públicos… Y con ellos a las pymes y familias.

¿Es casualidad que esa percepción de corrupción creciente coincida con la crisis? No. ¿Y que se genere con el aumento del intervencionismo y el gasto público, a niveles el 49% del PIB de la UE, que se supone que es precisamente para combatir dicha crisis? Tampoco. Tras gastar cientos de miles de millones, la población sufre las consecuencias de lo que parecía un sistema muy atractivo, el ASISTENCIALISMO CLIENTELISTA, hasta que hay que pagarlo. “El socialismo es una idea estupenda hasta que se acaba el dinero de los demás” decía MARGARET THATCHER.

El helicóptero travieso ha dejado de repartir dinero entre todos, por poco que fuera, y solo se genera deuda. Hemos entregado libertad a cambio de seguridad y ahora no tenemos ni libertad ni seguridad.

La corrupción se tolera –incluso se incentiva- mientras a la mayoría le cae algo de la misma. PERO CUANDO SE ACABA EL SOBRE DE LA BASE DE LA PIRÁMIDE –PER, subvenciones, ayudas, primas, enchufes, contratos, amiguismo- NOS ENTRA LA INDIGNACIÓN. Por eso hay que recuperar los principios de austeridad, meritocracia y esfuerzo y DEJAR DE PENSAR QUE VOLVERÁ 2005 Y LA FIESTA.

Porque nunca hemos vivido periodos de mayor prosperidad que cuando la libertad económica estaba en máximos y el intervencionismo en mínimos. En las economías más intervenidas, la renta media es hasta 8 veces menor que en las economías con alta libertad económica. Desde que el intervencionismo y las políticas de gasto público se han instalado en las grandes economías, la desigualdad, que se había conseguido reducir a mínimos históricos gracias a la mejora de la libertad económica, no sólo no se ha reducido, sino que se ha disparado a los niveles más altos de la democracia (índice Gini).

EL DINERO DONDE ESTÁ MEJOR ES EN EL BOLSILLO DE LOS CIUDADANOS.

Sin embargo, nos llevamos las manos a la cabeza cuando algunos proponen reducir gasto y bajar impuestos, que han sido las políticas que han creado riqueza y prosperidad. COMO SI EL DINERO QUE SE DESPILFARRA NO FUERA NUESTRO. Es el chocolate del loro. Hasta que se convierte en el chocolatón. Creer que un problema de mala gestión se va a solucionar con más dinero público, no solo es ingenuo. Es peligroso. Y creer que un problema de corrupción que parte de una sociedad acostumbrada al paternalismo asistencial se soluciona con “otros políticos”, cuyos incentivos son los mismos, es suicida.

Hay que DESPRENDERSE DE LAS MANZANAS PODRIDAS para que no ocurra lo que pasó con la banca, que al esconder a los malos entre los buenos y pretender salvar a todos, se acaba igualando a la baja y todos, los eficientes y los insolventes, sufren el estigma.

Lo que genera la corrupción, y su impunidad, es incertidumbre y miedo. Aumenta la inseguridad jurídica para alimentar al Leviatán del estado depredador que sostiene esa corrupción, que siempre nos parece “bajísima” e “irrelevante” o peor “pasa en todos lados”… Y el inversor simplemente desaparece. La palabra más usada en el mercado es uninvestable –imposible de  invertir-. Por eso ante estos casos es donde hay que poner por encima de todo los principios de libertad y honestidad, demostrar que no “ocurre igual en todos casos”. LIDERAZGO Y CONTUNDENCIA, NO CONSENSO Y POLÍTICA DE AVESTRUZ. APROVECHAR QUE AHORA EL RIESGO PERCIBIDO ES BAJO PARA UNA CATARSIS REAL.

¿SUBE LA PRIMA DE RIESGO POR UN CASO U OTRO DE CORRUPCIÓN? No en la OCDE, aunque sí en los mercados emergentes. La razón es que en los países emergentes no se parte de la base de una estabilidad institucional que se da por garantizada en la OCDE. POR TANTO, LA PRIMA DE RIESGO SÓLO SE VE AFECTADA CUANDO SE PONE EN PELIGRO EL ESTADO QUE LA HA TOLERADO. Es decir, no se dispara el riesgo crediticio por los escándalos. Son solo síntomas, pero muy relevantes porque son causa directa del gasto inútil, la falta de responsabilidad presupuestaria y el resultado final, el sobreendeudamiento, la debilidad y la posible quiebra.

El problema de la corrupción -y sus consecuencias- es que SE CONVIERTE EN UN GRAVÍSIMO PROBLEMA FINANCIERO. Cuesta dinero cuando se pierde la confianza institucional y entonces, como en un país emergente, afecta a las primas de riesgo, que la Universidad de Cornell estima puede costar entre 300 y 350 puntos básicos de coste adicional de deuda. También cuesta por la huida de capital y caída de la inversión financiera directa, dos elementos que nuestro país necesita como el agua.

Y no es un problema causado por unos políticos, como si fueran extraterrestres que han caído de Ganímedes. SON EL REFLEJO DE UNA SOCIEDAD, NO UNA CASUALIDAD. Es un problema de un sistema económico que tolera e incentiva el clientelismo como modo de evitar el libre mercado, la meritocracia y la competencia.

Hace unos meses el periodista John Müller dio una excelente charla en Madrid en Cunef y mostraba las portadas de su periódico desde finales de los 80. Dos cosas me sorprendieron:

– Desde Roldán (2,6 millones de euros más o menos) a los últimos casos (ciento treinta y seis millones de ERE, que podrían ser hasta setecientos millones, y cuarenta y siete, hasta ahora, de Bárcenas) las cantidades se han multiplicado de manera exponencial . De hecho, SON LAS CANTIDADES ASTRONÓMICAS LAS QUE DIFERENCIAN A NUESTRO PAÍS DE MUCHOS OTROS DONDE TAMBIÉN SE DAN ESAS CORRUPTELAS. En Reino Unido el escándalo de las dietas de los parlamentarios le costó no volver a poder presentarse a las elecciones a un 30% de ellos, por una cantidad acumulada de un millón cien mil libras (1.320.000 euros).

Solo el caso Edu + ERE, los mayores casos de corrupción de la UE, suponen un coste acumulado cercano al 0,4% del PIB.

corrupcion expansion

– LA FALTA DE IMPACTO POLÍTICO. El propio Roldán decía: “Tengo dos alternativas: pegarme un tiro o tirar de la manta”. Y claro, mejor que no hable. Los nombres se repiten y apenas hay encarcelados, condenados… Hay más encausados pero por una cosa o por otra, no son condenados. Nuestra tendencia maniquea a analizar la corrupción desde el “y tú más” nos lleva a justificar lo que en otros países –donde también hay corrupción- sería inimaginable. Y nos lleva a equiparar a todos, dudar y acusar a todos, buenos y malos.

Es curioso, sin embargo que algunos se indignen con la corrupción en España en el puesto 40 de 177 del ranking mundial (cuanto mayor el puesto, más corrupto) y sin embargo alaben o asesoren a los regímenes más corruptos del mundo (Venezuela, el 160 de 177, etc…) . Gráfico cortesía de Transparency International.

Me dirán que es una exageración y que no es para tanto, que España se financia y no hay riesgos. IMAGINEN CÓMO MEJORARÍA LA FINANCIACIÓN, Y LAS CUENTAS PÚBLICAS, DE NO EXISTIR ESTE CÁNCER. Piensen que el impacto de un shock institucional es enorme y tiene efecto dominó, sobre Estado, bancos, empresas y familias. Y que ocurren, como hemos visto en países vecinos.

JUSTICIA, DIMISIONES Y MANO DURA. Los no corruptos deben saber que están empañando su prestigio tolerando el destrozo, que todos estamos financiando a los malos gestores, que además están expulsándonos del crédito, de la toma de decisiones, y apartando a los buenos de las instituciones. Eso no puede ser. Que la imagen de España no sea donde no se puede invertir.

El abandono de los principios, pensando que escondiendo el problema todo se olvida, ha funcionado a veces, no lo neguemos. Pero se acabó el dinero gratis. AHORA TOCA DEMOSTRAR LIDERAZGO, FORTALEZA Y CONTUNDENCIA. Por el bien de todos.