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El día en que Bernanke se vistió de austriaco

Pese a su reciente canonización por el consenso económico internacional, Ben Bernake sigue sin gozar de buena prensa entre los economistas austriacos. No es de extrañar: ha sido el autor intelectual y el ejecutor de la mayor ingeniería financiera que han acometido hasta la fecha los bancos centrales, con lo que ha hipotecado el margen de maniobra de la Reserva Federal (y de los tenedores de dólares) durante décadas. Pero, pese a todo, en alguna ocasión el expresidente de la Fed utilizó las anteojeras austriacas para analizar (acertadamente) la realidad económica que le rodeaba.

Nos lo contaba Hugo Ferrer la semana pasada: en las actas de la reunión del Comité de Mercado Abierto de la Fed del 9 de enero de 2008, Bernanke alertó del riesgo de recesión al que se enfrentaba la economía estadounidense echando mano de un indicador típicamente austriaco, a saber, la inversión de la curva de rendimientos.

La curva de rendimientos es una representación gráfica que recoge las relaciones entre los tipos de interés de los distintos activos y su plazo de vencimiento. La forma habitual de esta curva es ascendente y cóncava. La intuición es sencilla: cuanto mayor sea el plazo del activo en el que estamos invirtiendo, mayor interés exigiremos. ¿Motivo de fondo? Los tres elementos que determinan los tipos de interés de los activos (tiempo, riesgo y liquidez) se deterioran conforme diferimos el plazo de vencimiento, de manera que el tipo de interés aumenta. En circunstancias normales, por consiguiente, a mayor plazo, mayor interés.

La Teoría Austriaca del Ciclo Económico, sin embargo, explica cómo las entidades financieras –especialmente cuando cuentan con el auxilio de última instancia de los bancos centrales– tienen fuertes incentivos para arbitrar la curva de rendimientos, esto es, para pedir prestados capitales a corto plazo (abonando bajos tipos de interés) y reciclarlos en forma de inversiones a largo plazo (cobrando altos tipos de interés); ejemplos típicos de esta operativa bancaria pueden ser la captación de depósitos a la vista (deuda a ultracorto plazo del banco) para conceder hipotecas o préstamos empresariales. El resultado de esta intermediación financiera es que los tipos de interés a largo plazo se reducen hasta equipararse con los tipos de interés a corto (la curva de rendimientos se aplana), cebando el hiperendeudamiento a largo de familias y empresas, que utilizan para sufragar inversiones burbujísticas y no sostenibles.

Evidentemente, este proceso de auge disparatado termina eventualmente colapsando: los planes de los inversores no coinciden con las necesidades de los ahorradores, de modo que el castillo de naipes del hiperendeudamiento artificialmente abaratado se desmorona y la expansión crediticia degenera en parálisis crediticia. Es ahí donde entra el análisis de Bernanke: conforme los agentes más hiperendeudados van viendo que el crédito escasea y que no serán capaces de completar sus inversiones a largo plazo, su demanda de refinanciación a corto se dispara, aun cuando tengan que abonar tipos de interés altísimos. El objetivo de los agentes más endeudados es sobrevivir durante el período de sequedad crediticia… cueste lo que cueste. Por eso la curva de rendimientos se invierte (esto es, por eso los tipos de interés a corto se disparan con respecto a los tipos de interés a largo): porque tras la exuberancia irracional de los años del boom se regresa por fuerza a una cierta racionalidad crediticia que deja tiritando a los deudores.

La inversión de la curva de rendimientos suele marcar, pues, la conclusión de la etapa del auge insostenible financiado con deuda artificialmente barata para iniciar la etapa de saneamiento financiero y productivo (lo que inexorablemente implica reestructuraciones de deuda y liquidaciones de empresas burbujísticas). Después de haber negadodurante años la burbuja inmobiliaria, al menos parece que Bernanke sí supo darse cuenta de cuándo cambiaron las tornas en la economía estadounidense, y lo hizo empleando indicadores netamente austriacos: históricamente, todas las grandes crisis han venido precedidas, primero, de un aplanamiento de la curva de rendimientos y, segundo, de una inversión de la curva; tal y como describe la teoría austriaca. El problema es que el expresidente de la Fed no siguió a los austriacos en nada más: su receta era evitar el saneamiento financiero incentivando una nueva ronda de hiperendeudamiento a tipos de interés todavía más abaratados. No sólo no lo consiguió –porque la demanda de crédito no respondió a sus tipos de interés bajos: la famosa trampa de la liquidez–, sino que entorpeció el necesario desapalancamiento de la economía estadounidense hipotecando a la sazón el futuro de la Fed.

Sea como fuere, incluso Bernanke tuvo sus momentos de lucidez y conviene reconocérselo, aun cuando sea para reivindicar, una vez más, la más lúcida exposición teórica sobre los ciclos, esto es, la exposición de la Escuela Austriaca.

¿Hay que ponerle puertas al campo?

"El ocaso del campo bravo". Con este significativo título, Vicente Zabala de la Serna publicaba hace unos días en El Mundo un desolador artículo sobre las dificultades que las ganaderías de toros para lidia sufren desde que comenzó la crisis. Los años de la burbuja también llegaron a la Fiesta Nacional, con ayuntamientos y promotores peleándose por llevar a las figuras a cualquier pueblo perdido y cientos de festejos que sólo se justificaban gracias a la subvención pública. Ahora, llega el momento de apretarse el cinturón y se cuentan por decenas los hierros históricos que han cerrado o sufren cada mes por mantenerse en pie.

A corto plazo, es evidente que el panorama para los ganaderos de bravo no es nada halagüeño. Pero para cualquier economista, si toma una perspectiva temporal algo más amplia, la historia del toro de lidia es un relato de éxito. Probablemente no hay en toda Europa ningún otro gran mamífero no domesticado que disfrute de la situación de las reses españolas: ningún riesgo de extinción de la raza, siguen viviendo en su hábitat natural, no son necesarias excepcionales medidas de protección para evitar su caza, ni se han tenido que crear reservas para protegerle durante su proceso de reproducción. Más allá de lo que cada uno opine sobre el espectáculo en sí, en términos de sostenibilidad (esa palabreja tan de moda), hay pocos ejemplos mejores en el Viejo Continente.

El pasado sábado, nuestra compañera Miriam Muro publicaba un cuidado reportaje sobre Pedro Medrano y la Asociación Forestal de Soria, una iniciativa pionera en el campo español dirigida a recuperar los terrenos comunales para sus antiguos dueños. La idea es tan simple como revolucionaria: privatizar el monte (a través de la propiedad colectiva) y sacarle rendimiento económico, con el objetivo de proteger ese entorno y dinamizar un medio rural que muere un poquito cada día víctima de la despoblación y la falta de oportunidades. Y para los escépticos, un apunte: está funcionando. 

Un día antes de que saliera a la luz el artículo de Zabala, era The Economist el que publicaba un interesante reportaje sobre la situación de los océanos: "La tragedia del mar" (con versión ampliada, de tres páginas, en la edición impresa). El semanario británico se preguntaba qué puede hacerse para evitar la progresiva degradación del medio marítimo, especialmente en lo que hace referencia al mantenimiento de determinadas especies. Por poner sólo un ejemplo, los autores apuntan a que los estudios independientes calculan que "desde 1950, el número de ejemplares de algunas de las grandes especies (como atún, pez espada o aguja) ha caído alrededor del 90%".

Los anteriores ejemplos son tres aproximaciones muy diferentes a un mismo problema (la gestión de los recursos naturales), pero al mismo tiempo todos apuntan en la misma dirección: para que alguien se preocupe de algo, lo mejor es que ese algo sea de ese alguien. Eso sí, en este tema es más fácil ver el problema que acertar con la solución.

En lo que tiene que ver con la propiedad de la tierra y el aprovechamiento de la naturaleza, los defensores del libre mercado han incurrido históricamente en dos grandes errores. El primero ha sido la asociación de propiedad privada y propiedad individual. En esto ha tenido mucho que ver la conocida como tragedia de los comunes. La gestión de los bienes comunales no es sencilla, por no hablar de los bienes públicos, esos que se supone que son de todos y que, por no ser de nadie, acaban siendo sobreexplotados (como el mar), arrasados (como algunas especies supuestamente protegidas) o descuidados. De hecho, los países comunistas han sido precisamente los más devastadores para su propio entorno, precisamente por la falta de derechos de propiedad. En este sentido, es curioso que en la sociedad se haya instalado la idea de un capitalismo depredador de recursos naturales, cuando han sido los países más intervencionistas, de la URSS a Corea del Norte, los que con más denuedo han dañado el medio ambiente.

Pero que la gestión de la propiedad comunal sea diferente no implica que no sea perfectamente eficiente en determinados casos, como prueba el experimento de Medrano en Soria. Elinor Ostrom, la premio Nobel de 2009 conocida especialmente por sus estudios sobre el tema, estableció varias normas para lograr el éxito en la tarea: límites definidos, acuerdos colectivos, control efectivo, sanciones rápidas para los incumplidores, mecanismos sencillos de resolución de conflictos,… No es fácil, pero sí posible y, en muchas ocasiones, mucho más eficiente que cualquier otra alternativa.

El segundo equívoco reside en asociar propiedad privada y aprovechamiento inmediato de los recursos o empresarialidad. De nuevo, aunque probablemente sería la opción mayoritaria, no tiene por qué ser exclusiva. Así, cuando se habla de privatizar un bosque, la imagen que llega rápidamente a la cabeza es la de una gran maderera que se pondrá a talar todo lo que haya a su alcance. Es un doble error: primero, porque precisamente esta empresa será la más interesada en que su bosque sea sostenible. No es casual que la superficie boscosa en Europa haya crecido en las últimas décadas: sólo entre 1990 y 2005 pasó de 180,3 a 192,6 millones de hectáreas.

Pero, además, es que nadie obliga a que el propietario tenga un interés económico directo. En EEUU, algunas de sus organizaciones de conservación del medio ambiente ya lo están aprendiendo. Por eso, poco a poco, algunos ambientalistas han llegado a la conclusión de que si quieren proteger los terrenos de cría de una especie de aves o el hábitat de un insecto o simplemente un paisaje autóctono lo mejor, es simplemente, comprarlo. Y es una opción tan legítima y en cierto sentido eficiente como la de la maderera. Si un grupo valora (sea con el criterio que sea) un entorno, quiere mantenerlo intacto y paga por ello, no hay nada que la economía tenga que decir a eso.

Nada de esto es sencillo. Incluso, puede que el ser humano no haya creado todavía la tecnología que permita privatizar un pedazo de océano o un ejemplar de ballena. Pero sin duda, tener la posibilidad de aprovecharse de ello sería un enorme incentivo para los posiblesinventores.

También hay que asumir que, en determinados casos, la privatización directa y completa podría ser políticamente imposible, por muchas circunstancias (por ejemplo, seguramente, la mayoría de la población no querría que el Estado dejase de ser el propietario de sus parques naturales). Por eso, lo que se necesitan son soluciones imaginativas. Para terrenos especialmente valiosos que la sociedad quiera mantener en unas determinadas condiciones, se podría optar por concesiones a largo plazo asociadas a determinadas obligaciones. Ya existen algunos ejemplos. Imaginemos un parque natural que se le entrega a una empresa o una ONG durante medio siglo con una serie de requisitos: a cambio de mantener la flora y fauna y hacer estudios ambientales, podría organizar excursiones turísticas con un límite de visitantes al año.

No hay que olvidar que la población rural en España pasó de representar de casi el 21% del total en 1990 a menos del 18% en 2008. Y en los pueblos, el porcentaje de los mayores de 65 años supera el 22%, mientras que en las ciudades está alrededor del 15%. Es decir, que el medio rural pierde habitantes y los que quedan son más viejos. Es el eterno problema de la despoblación. Quizás, para evitarlo, una de las soluciones sea retar al dicho y ponerle, de una vez, puertas y vallas y cercas al campo.

Venezuela y la pesadilla del ‘petroestado’

"El petroestado recauda ingentes recursos, pero crea a su vez poderosos e irresistibles incentivos para decidir clientelarmente a la hora de redistribuir” Ibsen Martínez

En apenas dos meses, Venezuela ya registra 2.841 homicidios. Los paramilitares y la Guardia Nacional Bolivariana han provocado 21 muertos. El nivel de represión ha alcanzado cotas que generan titulares diarios en la prensa de todo el mundo.

Decía Milton Friedman que “si dejamos al gobierno a cargo del desierto, nos quedamos sin arena en unos años”. Los logros del chavismo son muy parecidos a lo que indica ese comentario del premio Nobel. Haber perdido la oportunidad generada por sus recursos naturales y hacer un sistema clientelista y subvencionado en vez de una economía moderna y desarrollada.

Hoy, Venezuela, quinto país exportador de petróleo y las mayores reservas probadas de crudo pesado del mundo, tiene una inflación del 56% y desabastecimiento de alimentos y productos básicos provocados por una política económica irresponsable.

La política social de devaluar, gastar y endeudar ha llevado a la economía a una situación insostenible de escasez, empobrecimiento generalizado y represión.

De hecho, a pesar de haber visto los precios del petróleo multiplicarse, la deuda de Venezuela y PDVSA, su empresa petrolera nacional, aumentó en 110.000 millones de dólares desde la llegada del chavismo.

El caso de PDVSA merece analizarse. De ser una de las empresas más punteras y eficientes del sector, ha multiplicado su plantilla mientras reducía su producción un 16% desde la llegada de Chávez, y la deuda aumentaba. A pesar de haber disfrutado de unos precios del petróleo en trayectoria ascendente continuada desde que el régimen chavista llegó al poder, Venezuela tiene el triste récord de haber hundido la productividad por empleado de PDVSA a niveles de 1940 y de haber destruido su estructura financiera con una deuda que se ha disparado -un 8,4% sólo en 2013- para financiar proyectos sociales que sorprenden por las cantidades gastadas. La ineficacia en el gasto por obra completada final se puede ver claramente en los barrios sociales de las afueras de Caracas.

A la hora de analizar los supuestos logros del chavismo que muchos medios comentan, siempre hay que recordar que el país se ha beneficiado de unos precios del petróleo que han subido de 18 dólares por barril a 108 dólares. Unos ingresos extraordinarios que se han dilapidado en enormes subvenciones y donaciones políticas a naciones amigas que no han ayudado ni a cambiar el modelo productivo, ni a modernizar y desarrollar las industrias autóctonas, sino a depender aún más de los precios del petróleo, convirtiendo a Venezuela, junto a Irán, en los países que necesitan un precio del crudo más alto para equilibrar sus presupuestos (más de 100 dólares el barril).

Descontando el impacto de la inflación, que en Venezuela supera ratios de doble digito, el crecimiento real de PerúChile o Brasil en los últimos catorce años es más de tres veces superior al venezolano, y sólo la devaluación salvaje de Maduro de los últimos meses ha desplomado la renta per cápita de 13.000 dólares a 9.000.

La mejora de los indicadores de riqueza en Venezuela palidece cuando se tiene en cuenta la enorme renta petrolera extraordinaria que se ha generado en los últimos catorce años. Más de 380.000 millones de dólares de ingresos “distribuidos revolucionariamente”, y el porcentaje de la población que vive en la pobreza, según Cepal, sigue por encima del 29%.

El Índice de Pobreza en Latinoamérica de la Fundación Ethos sitúa a Venezuela entre los tres países más pobres tanto en hogar como entorno, mientras las economías más abiertas -Chile, México y Colombia- quedaban en los puestos de menor pobreza.

Lo explico en “Viaje a la Libertad Económica”. El modelo chavista debilita sus propias instituciones y restringe perversamente las políticas públicas a la decisión personal del líder que firma los cheques. Se crean lo que se llaman los boliburgueses, muy similares a los oligarcas.

Para Venezuela, el petróleo ha sido una bendición y una condena. La enorme renta petrolera recibida enmascara unos resultados de la política de “redistribución revolucionaria” que son mucho más que decepcionantes. Desafortunadamente, ese proceso se ha llevado a cabo con la entrega voluntaria de la libertad de muchos ciudadanos a cambio de un asistencialismo al que hoy le descubren su cara más oscura. Represión generalizada.

Apostar por un estado represor a cambio de una supuesta prosperidad lleva a no conseguirla y además encontrarse, como hoy, con la imposibilidad de salir del sueño redistributivo que se convirtió en pesadilla sangrienta. Los que critican a la oposición parecen olvidar convenientemente que las instituciones han sido tomadas y controladas por el chavismo en un proceso lento, pero inexorable, desde hace más de diez años. A pesar de ello, sigo confiando en que se permita a unos y otros buscar una solución pacífica.

Mientras tanto, los economistas de consenso en España nos quieren convencer de que tenemos que aplicar las mismas políticas. Venezuela sin petróleo.

La salida a este infierno de inflación y desabastecimiento tras años de subvenciones y despilfarro público no va a llegar de la mano de la misma fórmula. Venezuela es un país magnífico con una población capaz, valiente y emprendedora. Sea el gobierno que sea el que dirija el país en el futuro, estoy seguro de que aprenderá  que la política de devaluar, inflacionar y tirar del gasto público y de la deuda es pan –poco- para hoy y desastre –mucho- para mañana. #SOSVenezuela.

El valor de la ideas

La realidad que nos rodea deriva, en gran medida, del inmenso poder de las ideas. La innata creatividad humana es el verdadero artífice del desarrollo económico a través de la esencial función empresarial, que, como acertadamente explicaba el economista Ludwig von Mises, no consiste en asignar y redistribuir de la mejor forma posible los siempre escasos recursos que están a nuestro alcance, sino que, muy al contrario, la clave para crear riqueza radica en la tendencia natural del hombre a buscar y descubrir nuevas oportunidades de negocio capaces de generar beneficio. El problema, por desgracia, es que no siempre se dan las condiciones socioeconómicas propicias en nuestro entorno para incentivar de forma adecuada la tan delicada y valiosa creatividad empresarial.

Entender correctamente la conexión que existe entre la creatividad humana y el particular contexto que rodea al individuo -la esencia de la economía, al fin y al cabo- no es tarea sencilla, ni mucho menos. No por casualidad el capitalismo es un invento relativamente reciente y, pese a su indudable éxito para lograr elevar el nivel de vida de la gente a cotas inimaginables hasta hace bien poco, tan sólo se ha asentado con fuerza en un reducido y privilegiado número de países, al tiempo que sigue haciendo frente a grandes y poderosos enemigos de la libertad económica e individual.

Por ello, el valor de las ideas también es esencial a la hora de comprender la naturaleza real de la economía y la auténtica lógica del mercado. Cómo funciona el sistema monetario y crediticio, y qué efectos produce sobre la economía real; cuál es el impacto de la fiscalidad sobre la actividad empresarial; cómo influyen el déficit y la deuda del Estado sobre el crecimiento económico; por qué es necesario recortar el gasto público; qué impacto tiene la regulación laboral… Todos ellos son aspectos clave, cuya particular configuración, según la política económica que se aplique, genera resultados diametralmente opuestos, o bien beneficiosos o bien tremendamente perjudiciales.

En este sentido, la denominada Gran Recesión, cuyo inicio tuvo lugar a mediados de 2007, tras el estallido de la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos, ha reabierto un intenso debate ideológico en el ámbito de la economía, librado entre los defensores de la libertad y los amantes del estatismo. De la resolución de este debate dependerá no sólo la ansiada superación de la crisis, también el bienestar de las generaciones venideras.

Un gran aporte para este debate es el nuevo libro de Diego Sánchez de la CruzSin medias tintas. Esta obra refleja la opinión de un variopinto y extraordinario grupo de economistas, analistas e inversores sobre múltiples aspectos clave de la crisis actual. Las reflexiones también se centran en la esencia de la libertad y la prosperidad económica.

En este compendio de entrevistas, el lector podrá encontrar respuestas clarificadoras y, lo más importante, correctas sobre muchos de los problemas que aquejan hoy en día a la economía mundial. Ideas, todas ellas, discordantes o políticamente incorrectas frente al pensamiento único, es decir, frente al estatismo dominante… pero completamente acertadas a la hora de explicar la compleja realidad que nos rodea. Y ello no sólo porque se trate de mentes brillantes, sino porque sus opiniones se asientan sobre una profunda teoría económica cuya validez ha sido fehacientemente demostrada a lo largo del tiempo, con resultados enormemente positivos para la humanidad.

Entre los valiosos protagonistas del libro encontramos a Carlos Rodríguez Braun, Juan Ramón Rallo, Peter Schiff, Juergen Donges, Arthur B. Laffer, Johan Norberg, Luis Garicano, Pedro Schwartz… El resultado es una visión imprescindible sobre la esencia de la libertad y la naturaleza del desarrollo económico.

Sin medias tintas es una obra alejada del dogmatismo estatista predominante, único y auténtico culpable de la actual situación y de los futuros males que causarán sus recetas anticrisis. Por ello, el auténtico valor de este libro no radica sólo en el interesante y selecto perfil de los entrevistados, sino, sobre todo, en las profundas ideas y valores que comunica en torno a la libertad y la propia naturaleza humana.

Diego Sánchez de la Cruz, Sin medias tintas, Unión Editorial, Madrid, 2014.

‘Sin Medias Tintas’: 20 grandes voces hablan de la Gran Recesión

"En el análisis económico, el consenso no significa nada". Así de provocador se muestra el inversor Daniel Lacalle en Sin Medias Tintas, el libro que acabo de publicar en Unión Editorial. Los lectores que se acerquen a este proyecto podrán disfrutar de veinte conversaciones de alto voltaje con dos decenas de entrevistados de primer nivel.

Uno de los protagonistas de las reflexiones incluidas en Sin Medias Tintas es el profesor Benito Arruñada. El Catedrático de Organización de Empresas de la Universidad Pompeu Fabra apunta en su conversación con Sánchez de la Cruz que "suponer altruismo en los agentes políticos es un buen contraste de deshonestidad intelectual, sobre todo cuando el analista supone que quienes actúan en el mercado son egoístas, pero defiende que las decisiones políticas persiguen el bien común. Esa especie de esquizofrenia epistemológica no es inconsecuente: lleva siempre a favorecer soluciones políticas de mayor intervención del mercado".

Otro invitado de primer nivel es Luis Garicano. El profesor de la London School of Economics apunta en su entrevista que España necesita "reducir la intervención que distorsiona la competencia y favorecer el desarrollo de mercados en los que el beneficio no se obtenga a base de capturar rentas". En su opinión, "sin liberalización económica y más competencia en nuestros mercados, financiar el "Estado del Bienestar será cada vez más difícil".

Más tajante aún se muestra la economista y profesora universitaria María Blanco, que denuncia abiertamente la "sumisión con la que la sociedad española mira al poder. Históricamente, teníamos un señor medieval o un monarca absoluto, hoy tenemos al Estado". También el influyente Anthony de Jasay ha sido entrevistado para Sin Medias Tintas. Quizá el pensador liberal más importante de las últimas décadas, de Jasay señala que "el igualitarismo es la nueva Religión del Estado" y apunta, además, que "avanzar hacia la equiparación salarial implica recuperar mecanismos dignos de la Unión Soviética".

El libro también incluye una entrevista con el inversor Peter Schiff. El Consejero Delegado de Euro Pacific Capital habla sobre cuestiones monetarias y financieras, aportando además su visión de nuestra particular crisis. Schiff lo tiene claro: afirma que "el problema del paro lo han creado los políticos españoles" y denuncia que los contribuyentes de nuestro país "cargan a sus espaldas con unos impuestos insoportables".

Otro "peso pesado" del liberalismo que incluye esta obra es el economista Pedro Schwartz. En su opinión, "como Mariano Rajoy no entiende mucho de economía, se deja llevar por Cristóbal Montoro… Y el resultado es una sucesión de subidas de impuestos que resta dinero a la gente y ni siquiera cumple su objetivo de aumentar la recaudación".

Uno de los momentos más destacados del libro es la entrevista con Carlos Rodríguez Braun. En esta charla, cargada de buen humor, pero también de pensamiento crítico, Braun afirma que "subir los impuestos y pretender que no aumente la evasión fiscal es como pedirle al Conde Drácula que garantice la seguridad de Transilvania".

El nuevo lanzamiento de Unión Editorial recoge además una entrevista con uno de los intelectuales liberales más importantes del momento: Johan Norberg. El investigador escandinavo habla de su país para denunciar que "en Suecia sabemos desde hace décadas que el socialismo no funciona, por eso hemos introducido medidas de liberalización económica. Me desagrada que se siga hablando de Suecia como si estuviésemos en los años 70: algunos deberían actualizar su discurso o estudiar un poco de historia".

El libro también incluye entrevistas con grandes economistas nacionales (Ignacio de la Torre, Juanma López Zafra, Juan Ramón Rallo y Juan Castañeda) e internacionales (Jerry Jordan, Juergen Donges, Arthur B. Laffer y Dan J. Mitchell). También el periodista británico Philipp Coggan, la activista cubana Yoani Sánchez y el ministro de Finanzas de Estonia, Jürgen Ligi, desfilan por las páginas de Sin Medias Tintas, coronando así una interesante colección de conversaciones.

En palabras de Daniel Lacalle, los entrevistados del libro "son referentes esenciales para comprender la crisis y el entorno económico. En el libro vamos a encontrar análisis concienzudo y pensamiento crítico, pero intelectualmente impecable. Sin paños calientes y sin demagogia. Con peso intelectual y honestidad. ¿Políticamente incorrecto? Tal vez, pero enormemente estimulante".

Sin Medias Tintas está disponible en papel, en Kindle y en versión electrónica.

La mano mutante y la mano invisible

Una de las metáforas más conocidas y no siempre comprendidas de la teoría económica del pasado es la de la "mano invisible" enunciada por el filósofo moral Adam Smith a finales del siglo XVIII. Detrás de esa idea está lo que después denominaría Hayek "orden espontáneo". Smith creía que cuando se respeta el "sistema de libertad natural", es decir, los instintos naturales que llevan al ser humano a luchar por su supervivencia y la de los suyos (el propio interés) y a intercambiar, entonces los objetivos de la comunidad y los del individuo se armonizarían. Así, buscando cada cual su propio interés, se alcanzarían también los fines sociales, como si una mano invisible actuara. Este ajuste espontáneo ha sido malinterpretado por economistas y políticos con muy buenas intenciones. Y, sin embargo, su opción, la de fijar y planificar desde arriba la consecución de los fines sociales como si no estuvieran alineados con los fines individuales, ha conducido nuestras sociedades: la tiranía de la mano mutante del Estado.

¿Por qué ha de mutar la Mano Visible?

Si, siguiendo respetuosamente los pasos del maestro escocés, consideramos que los intereses públicos y privados han de ser armonizados de manera activa por una instancia estatal, y simultáneamente analizamos qué hace desde su origen esta "mano visible" confrontada al orden espontáneo de los mercados, observaremos un sorprendente proceso. La intervención estatal sobre las decisiones empresariales, han cambiado en fondo y forma, de ahí el apelativo de "mano mutante".

Si en un principio el Estado era el encargado de asegurar que las normas del juego del mercado se respetaban, poco a poco se atribuyó la misión de diseñar esas reglas para que fueran justas. Y, en relativamente poco tiempo, si hablamos en términos de tiempo histórico, esa mano visible es la que decide qué significa regla justa, beneficio justo, actividad legal y legítima, etc. primando siempre una interpretación concreta de los términos "legal", "legítimo" o justo". En otras palabras, favoreciendo con sus decisiones a aquellos grupos de presión (incluidos determinados empresarios) que aseguran el engorde del mismo Estado y la permanencia en escaños y sillones presidenciales de los políticos del gobierno y de las demás instituciones que componen dicha estructura estatal (jueces, funcionarios, etc.).

Ningún miembro serio de la oposición estará interesado en desmontar la trama porque cuentan con llegar al poder más pronto que tarde, y los partidos bisagra harán lo necesario para lograr sus objetivos localistas y saciar la sed de Estado de los incautos votantes.

En esta situación, dado que los favores se financian con dinero del contribuyente, los gestores políticos han de reinventar la actividad de esa mano visible que no hace otra cosa más que fijar normas para que todos paguemos más impuestos y poder seguir comprando el poder. Y, por esa razón, los mismo que baja un impuesto, suben un parámetro de otro sin que te des cuenta y al final te toca pagar más.

Los grilletes de la egoísta Mano Invisible

Pero la mejor estrategia de quienes activan por control remoto a golpe de ley esa Mano Visible Mutante es la intelectual. Han convencido a aquellos cuyos intereses particulares llevan a una mayor prosperidad de todos, y también a aquellos que disfrutaban de esa mayor prosperidad, de que si no hay una mente superior, al estilo del Mago de Oz, que, primero, fije los objetivos individuales y, segundo, decida el camino que ha de seguirse para conseguirlos, el mundo sería un caos en el que reinaría el mal, el egoísmo (tan propio del individuo) y la gente moriría por las calles, con excepción de los tres capitalistas recalcitrantes e imbatibles.

Por el contrario, lo que nos cuenta la realidad es otra cosa bien distinta. Y un buen ejemplo de ello es la política anti empresarial del Gobierno socialista de derechas de Mariano Rajoy. Desde que subió al poder, los pequeños empresarios y autónomos, savia de la economía real española, han comenzado la dolorosa subida al Gólgota donde, al parecer, han de ser crucificados hasta que se vayan del país a cualquier otro lugar.

La semana pasada se anunció la "regulación" (comillas adrede) de la financiación mediante microcréditos, o donaciones voluntarias de pequeñas cantidades a proyectos específicos. Quien inventó esa idea y la puso en práctica, siguiendo su propio interés (porque no salió de la cabeza de ningún San Francisco de Asís) benefició a muchos parados decididos a hacer algo, a muchos pequeños empresarios con ideas buenas, tan buenas como para que cualquiera estuviera dispuesto a apostar por ellas. Así saltarían por encima de las restricciones financieras de los bancos. Eso es, en esencia, la mano invisible de Smith.

Por supuesto no pasó mucho tiempo antes de que nuestra mano visible, en su mutación de "salvador tuyo por tu propio bien" apareciera en escena y destrozara, vía ley de "protección" al empresario, esa posibilidad.

¿No se sienten más seguros ahora que nos protegen hasta estrangularnos?

Por qué perdió Rafael Correa

Volvió a suceder. La derrota del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, en las elecciones municipales del 23 de febrero no es un caso aislado. Es posible que el socialismo del siglo XXI, sus vecinos ideológicos, y el circuito del ALBA estén de capa caída.

Hay una cierta fatiga con el lenguaje tontiloco del chavismo. El péndulo se mueve en la otra dirección. El espectáculo venezolano, con los sangrientos atropellos de Maduro contra estudiantes desarmados, es demasiado repugnante.

Antes le sucedió a Cristina Fernández en Argentina, a Manuel Zelaya en Honduras (quien sacrificó a su mujer, Xiomara Castro, en las elecciones), a José María Villalta en Costa Rica, a López Obrador en México y a Aníbal Carrillo en Paraguay. Ese polvoriento discurso estatista, hecho de quejas y confrontaciones, ya no suele convencer, aunque todavía conserva su atractivo en algunos parajes indiferentes ante la experiencia. 

Son síntomas típicos de las sociedades con tendencias autodestructivas que practican alegremente la extraña costumbre de hacerse el harakiri. Es muy probable, por ejemplo, que una variante extrema del chavismo triunfe en El Salvador, donde el comunista Salvador Sánchez Cerén, exguerrillero de línea dura, encabeza las encuestas para los comicios del próximo día 9, lo que augura una época de conflictos, turbulencias y retroceso económico en el país más pequeño de América Latina.

En todo caso, Correa, el gobernante que más tiempo ha ocupado la casa presidencial de manera continuada en la historia de Ecuador, y el que más ha hecho crecer el gasto público aprovechándose de la bonanza petrolera, perdió 9 de las 10 ciudades más pobladas del país y la mayor parte de las prefecturas, como allá se llama a las provincias. Entre las ciudades están Quito, la capital; Guayaquil, el corazón económico, y Cuenca, la tercera gran urbe del país. Eso es un mazazo electoral.

¿Por qué Correa perdió esas elecciones, al margen de la tendencia latinoamericana actual a desplazar al chavismo de las casas de gobierno? Casi todo el mundo le reconoce que ha hecho infraestructuras importantes, que se ha esforzado por mejorar la educación, y que ha tenido el coraje de enfrentarse al sindicato de maestros, a los ambientalistas y a los indigenistas cuando le ha tocado defender el interés general de los ecuatorianos. Eso no lo discuten.

El problema es su carácter autoritario, su incapacidad para encajar las críticas, su trato áspero con quienes le contradicen, incluida una joven periodista que le hizo una pregunta incómoda en una rueda de prensa y la humilló públicamente llamándola "gordita horrorosa". ¿Qué manera es ésa de tratar a una dama?

Correa debe tener unos niveles estratosféricos de cortisol, la hormona del berrinche, del mal genio. (¿Por qué no le examinan las suprarrenales a ese hombre? A lo mejor es una cuestión sencilla de botica). Como Salvador Dalí, que todos los días se levantaba muy feliz de ser Salvador Dalí, Rafael Correa amanece tremendamente satisfecho de ser quien es, y no puede admitir que un caricaturista le gaste una broma o un articulista, con razón o sin ella, lo critique.

En lugar de comportarse como un servidor público, seleccionado para cumplir y hacer cumplir las leyes, como corresponde a un ordenamiento republicano, Correa se jacta públicamente de desobedecer las reglas del Consejo Electoral y del Parlamento, porque le parecen "obsoletas". ¿Por qué el ciudadano de a pie tiene que someterse a las leyes y el presidente está exento de esa obligación?

Ya Correa explicó que, como había sido elegido presidente, era, al mismo tiempo, el jefe del Poder Judicial y del Legislativo, de toda la nación. O sea, el déspota ilustrado, dueño de las instituciones, el tirano benévolo de la razón y el orden que impone su buen juicio en beneficio del pueblo, como aquellos monarcas del antiguo régimen felizmente desplazados por la democracia liberal tras las revoluciones del siglo XIX.

Correa terminará su mandato en el 2017. Si no rectifica acabará siendo tremendamente impopular. Ya se le ve la oreja al lobo. Sería una pena.

elblogdemontaner.com

Se duplica el número de herencias que se queda el Estado

La elevada carga fiscal que soportan las herencias en España dispara el número de casos en los que este patrimonio se queda en manos del Estado. Según el Centro de Información Estadística del Consejo General del Notariado, los procesos de renuncia han crecido un 110% entre 2007 y 2012.

Esta tendencia se ha acelerado en el último año estudiado (2012). Concretamente, se produjo un aumento interanual del 20%. Sin embargo, como muestra el siguiente mapa, el comportamiento es diferente dependiendo de la región que analicemos.

Renuncia de herencias

A la cabeza de la tabla está La Rioja, donde el aumento es del 197%. Los datos del Consejo General del Notariado apuntan también que el crecimiento de las renuncias a herencias entre 2007 y 2012 es especialmente alto en la Región de Murcia, las Islas Baleares, Andalucía, Cataluña, Galicia y la Comunidad Valenciana. El aumento observado llega al 178% en el caso murciano y al 147% en las Baleares. Para las otras regiones mencionadas, el crecimiento es superior al 130%. 

A continuación, encontramos a las Islas Canarias y a Castilla y León, donde el aumento de las renuncias ha sido del 111% y del 101%. Los datos son algo mejores en Cantabria, Extremadura, Aragón o Asturias, que registran aumentos del 96%, 84% y 80%, respectivamente. Las Comunidades con mejores resultados son Madrid (71%), Castilla-La Mancha (65%), País Vasco (47%) y Navarra (44%).

Los datos del Consejo General del Notariado no muestran el peso relativo de las renuncias sobre el total de herencias registradas en cada uno de los territorios autonómicos. A falta de esos datos, se puede hacer una primera aproximación comparando las renuncias totales con la población de cada región. De acuerdo con esta variable, los niveles registrados en Madrid son la mitad que en Cataluña (0,04% vs 0,08%).

La fiscalidad de las herencias fue revisada a la baja en los años previos a la crisis. Así, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Cataluña, La Rioja y Madrid aprobaron bonificaciones superiores al 99% en el Impuesto de Sucesiones. Sin embargo, el estallido de la Gran Recesión ha llevado a muchos gobiernos regionales a aplicar una fiscalidad más alta para las herencias. Un ejemplo es el de Cataluña, que aprobó esta medida en octubre de 2013 de cara a los presupuestos autonómicos de 2014.

Las diferencias en la presión fiscal a las herencias son notables entre ciertas autonomías. Por ejemplo, una herencia de 400.000 euros (quizás un piso) pagaría 80.000 euros al Fisco andaluz pero apenas tributaría en la Comunidad de Madrid.

Luis Garicano propone abolir este impuesto

El profesor de la London School of Economics ha sugerido "eliminar el Impuesto de Sucesiones y Donaciones a aquellas personas que se muden a España. El coste de esta medida sería trivial, ya que este gravamen recauda apenas unas décimas del PIB".

Garicano ha complementado esta propuesta hablando de "eliminar la imposición directa a los mayores de 65 años: que ni siquiera tengan que hacer la declaración de la renta una vez acrediten su edad. La medida se aplicaría a todos, españoles o extranjeros. ¿Cómo lo aprobamos? Muy fácil: reducimos las pensiones brutas que paga la Seguridad Social de forma proporcional y dejamos constante la pensión neta".

¿Qué pasa con el Impuesto de Donaciones?

El Impuesto de Donaciones tiende a mantener estructuras fiscales similares al de Sucesiones. En este caso, Madrid vuelve a llamar la atención por su bonificación del 99%, vigente desde los años de gobierno de Esperanza Aguirre. Esta desfiscalización casi plena del tributo de Donaciones no se ha traducido en una pérdida de recaudación, de acuerdo con los datos oficiales.

Así, tal y como confirmó José María Rotellar en 2012, este impuesto recaudó más en 2012 que en 2004, año en que dicho gravamen se aplicaba plenamente. Incluso comparando con 2007, año previo al estallido de la crisis, la recaudación actual es prácticamente la misma. Además, la tendencia es ascendente, ya que los ingresos crecieron casi un 50% entre 2011 y 2012.

En suma, el número de contribuyentes que pagan este gravamen ha crecido de 5.000 a 30.000 entre 2004 y 2012, facilitando este efecto "lafferiano" en la recaudación. No es de extrañar que Madrid experimente este fenómeno: para un padre andaluz, donar 180.000 euros a su hijo implica un pago fiscal de casi 30.000 euros, mientras que en Madrid no llega a los 300 euros, cien veces menos.

Pueden seguir a Diego Sánchez de la Cruz en su página web, su blog de Libre Mercado, su cuenta de Twitter y su página de Facebook. El 5 de marzo se publica su libro Sin Medias Tintas (Unión Editorial).

Falacias tributarias, inversión y donación

"I’m saying it bluntly, that this administration is the greatest wet blanket to business, progress and job creation in my lifetime” Steve Wynn (Julio 2011)

Me preocupa mucho la deriva populista de algunos grupos políticos, que se ha intensificado con el debate sobre el estado de la Nación. No debería extrañarme, cuando en un país en el que se ha disparado el gasto público en 180.000 millones desde 2003 se escuchan cosas tan alarmantes como “usted y yo estamos de acuerdo, no tenemos un problema de gastos sino de ingresos” sin que se revolucione el congreso. 

Por supuesto, es falso. España jamás ha ingresado más de 413.000 millones de euros en el pico de la burbuja inmobiliaria y de obra civil, a pesar de la mayor expansión de crédito después de China y Taiwán. Sin embargo, gastamos más de 60.000 millones por encima de esos ingresos fiscales burbujerosEl gasto se adaptó rápidamente a la fiesta, pero luego los gobiernos se niegan a reducirlo cuando el ciclo cambia. Y hay que recaudar.

Nuestros representantes se lanzan a la represión fiscal sin reconocer el más mínimo error en la gestión ni en el gasto. Cada vez que se comentaba en el debate el agujero dejado por el despilfarro y las facturas sin pagar por las administraciones públicas –total, entre 20.000 y 30.000 millones de euros- que han costado la ruina a miles de empresarios y centenares de miles de empleos, el silencio se tornaba en excusa y se sacaba el nuevo cuento, la demonización de las grandes empresas.

La primera falacia es el mantra de que “España es un paraíso fiscal para las grandes empresas”. En mi libro “Viaje a la Libertad Económica” lo rebato, y Diego Sánchez de la Cruz lo comenta también aquí. Basta con analizar los datos comunicados por las empresas del Ibex 35 para determinar que su tipo efectivo en el Impuesto de Sociedades asciende al 20% de las ganancias anuales. Pero además, en el caso de las grandes compañías industriales, la factura en impuestos alcanza hasta el 50% del beneficio neto generado en España y más de la mitad de los impuestos que pagan en todo el mundo, a pesar de contar con más ingresos fuera que en nuestro país.

Las empresas que registran beneficios en España, de hecho, se encuentran con una importante cantidad de impuestos que se deducen tanto a nivel nacional como local y regional, desde gravámenes sobre la actividad económica, verdes, sociales, de bienes inmuebles,etc. Esos factores, en el caso de las diez grandes empresas industriales, son casi equivalentes a su factura por impuesto de sociedades.

Si analizamos la totalidad de obligaciones tributarias que enfrentan las compañías españolas, el tipo es mucho mayor. De hecho, usando datos del informe Paying Taxes de Price Waterhouse Cooper, la presión fiscal total sobre los beneficios empresariales es del 59% en España frente al 41% de Europa.

Sin embargo queremos más, sin entender que es menos, a pesar de la evidencia. Demonizar a InditexMercadona o cualquiera de los grandes grupos es hambre para hoy y hambruna para mañana. Necesitamos muchos más de ellos, no atacarlos para confiscar unos euros más.

En vez de enorgullecernos de que nuestro país haya creado multinacionales con capacidad de superar la crisis del euro, la latinoamericana y seguir creando empleo y creciendo, las tratamos como el Sheriff de Nottingham en Robin Hood. Cállese y acepte, que puede ser peor. Hasta que se vayan, una a una, y recaudemos en cromos de Pocoyó

Imagínense por un segundo lo que hubiera ocurrido con las grandes empresas españolas si no hubieran podido deducir el fondo de comercio de su inversión internacional y cambiar su estructura a multinacional. Tendríamos un 12% del Ibex en quiebra por su exposición a construcción, concesiones en España y cambios regulatorios.

No nos importa la quiebra de mañana si ayer se recaudaron un par de miles de millones para pagar mayor gasto político. Además de confiscar y mantener la política del avestruz, queremos que se inviertan miles de millones en nuestro país. Donación.

Imagínense mi sorpresa estos días cuando leo unas declaraciones de Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, comentando su decisión de invertir menos en España ante la inseguridad jurídica creada por los eternos cambios regulatorios, similar a otras declaraciones de ejecutivos nacionales, y se genera una polémica casi de caza de brujas.

En Estados Unidos y Reino Unido he escuchado en multitud de ocasiones a los presidentes de las grandes empresas, energéticas, reguladas o de cualquier sector, criticar al gobierno abiertamente y tomar las decisiones que mejor defienden, en su criterio, a los accionistas. Recuerden a Rex Tillerson (Exxon) decir “no, thanks” a las sugerencias de Obama.

En el sector energético europeo, empresas alemanas como RWE E.On, incluso empresas semi-estatales como EnelGDF-Suez EDF, han tomado enormes decisiones de recorte de inversiones ante actuaciones gubernamentales que destruían valor, y han criticado abiertamente decisiones como el mal llamado impuesto de Robin Hood en Italia, los cambios en política nuclear en Alemania, o la congelación de tarifas en Francia. Pero solo en España he visto un revuelo y demonización mediática como el percibido esta semana con empresas privadas –y ojo, no privatizadas- como Iberdrola.

Tras sufrir un zarpazo regulatorio de 2.000 millones de euros en dos años, decidir no invertir más no solo es prudente, es imperativo.

Cuando España tiene una capacidad instalada de 104.000 megawatios para una demanda en punta de capacidad de 40.000 megawatios, pensar que deben invertir más no sólo es delirante, sino innecesario. Y no olvidemos que las inversiones reguladas eran obligatorias y dictadas por la planificación del estado, como comentaba en mi artículo “Oligopolios o planificación de burbuja”.

Cuando después de invertir 20.000 millones de euros en España se genera el mismo beneficio en 2013 que en 2002 en el territorio nacional debido a los constantes recortes, no invertir más en España es normal. Para los que dicen que las eléctricas “se forran”: tienen la peor rentabilidad sobre el capital empleado de todo el sector eléctrico europeo.  Aun así, el 15% de su plan de inversiones a 2016 se concentra en el territorio nacional en actividades reguladas y distribución.

Cuando sobra capacidad y las inversiones en distribución están limitadas ¡por ley!, invertir más en España es algo que ni el Estado quiere, como han dicho en muchas ocasiones tanto ministros como secretarios de estado. Amenazar con expropiar o cambiar a los gestores de empresas privadas es cuando menos intolerable.

Otras grandes empresas del sector, como Acciona, han tenido que hacer provisiones por pérdidas relacionadas con los cambios regulatorios de 2.200 millones de euros, equivalentes al 65% de su capitalización bursátil y se concentran en reforzar su crecimiento internacional y reestructurar sus actividades. Fuera de España, RWE anunciaba 3.300 millones de provisiones y E.On, tras tres años de ajustes, anunciaba en sus resultados que el 80% de su crecimiento sería fuera de Europa. La propia GDF-Suez, semi-estatal, llevaba a cabo 15.000 millones de euros de provisiones por pérdidas  y anunciaba que el 70% de sus inversiones hasta 2016 se centrarían fuera de Europa y un porcentaje mínimo, el 15%, en Francia.

El ataque a las empresas no es una casualidad, ni es nuevo. La tentación de pensar que confiscando e interviniendo nos vamos a forrar todos y no pasa nada viene desde hace siglos. Y siempre falla. Pero se lleva a cabo desde el conocimiento de que es un mensaje que vende muy bien en un país donde no parece interesarnos crear empresas y riqueza, sino sacar el último euro de las que sobrevivan al intervencionismo e ir juntos, como el coro de Nabucco, a la igualdad en la miseria. Y cuando las empresas a las que confiscamos “por el pueblo” caen, le echamos la culpa a los socorridos mercados o a Merkel y a correr.

Esperemos que los españoles despierten, porque convertirnos en “Argentina sin petróleo” puede parecer un objetivo muy goloso para algunos, pero es muy doloroso para todos. 

Vida y milagros de Méndez y Toxo

Las visitas frecuentes a los restaurantes más acreditados y los viajes en los cruceros más exclusivos ya no son patrimonio de los potentados. Los principales defensores de la clase obrera son también rostros habituales en estos ambientes de lujo, con la salvedad de que ellos lo hacen con cargo al bolsillo del contribuyente, para orgullo de todos los que financiamos el espléndido tren de vida de tanto benefactor. Y es que los dos sindicatos mayoritarios en España, autotitulados "de clase" (alta), sólo conservan de sus principios fundadores la verborrea marxistoide que interpreta las interacciones sociales bajo el esquema decimonónico de la lucha de clases. Hoy en día, la Unión General de Trabajadores y las Comisiones Obreras son emporios empresariales cobijados al abrigo del presupuesto público, dedicados fundamentalmente a mantener el tinglado que permite a sus dirigentes disfrutar de todos los vicios pequeñoburgueses que las organizaciones de izquierdas siempre han condenado.

Horcajo y Algarra, Xavier y Javier respectivamente, son periodistas bien conocidos por su participación en los programas más exitosos de la cadena Intereconomía. Ambos han dado a la imprenta el libro Sindicatos, S. A., subtitulado "Toxo y Méndez, los mandarines del capitalismo obrero", que esmalta precisamente el éxito de los dos dirigentes sindicales en su empeño de convertir a unas organizaciones creadas para defender los derechos del trabajador en dos auténticos imperios financieros.

El rosario de escándalos del sindicalismo español, en el que la UGT ostenta un merecido protagonismo, distrae la atención del ciudadano de la causa principal que permite tanto latrocinio, que no es otra que la liberalidad con que estas organizaciones utilizan el dinero público. Tras dos capítulos en los que se relata la llegada al poder de Méndez y Fernández Toxo, imprescindibles para fijar el perfil biográfico de ambos mandarines, Horcajo y Algarra explican con detalle la manera en que las dos organizaciones han llevado a cabo todo un programa expansivo para rentabilizar el intenso caudal de fondos públicos que reciben cada año, sin que se sepa, hasta el momento, cuál es el beneficio tangible que los trabajadores españoles reciben a cambio. Los grandes escándalos de la UGT, desde la estafa de la cooperativa de viviendas PSV hasta el fondo de reptiles de la Junta de Andalucía, ocupan por derecho propio un lugar de deshonor en este libro, imprescindible para hacerse una idea cabal de los verdaderos intereses de estas organizaciones.

El anexo que se incluye como propina, con el nutrido listado de empresas vinculadas a UGT y CCOO, justifica sobradamente el título que Horcajo y Algarra han elegido para esta obra. Pocas empresas del IBEX 35 pueden exhibir un ramaje corporativo tan frondoso como el que ofrecen estas dos corporaciones sindicales gestionadas por Méndez y Toxo. Dos empresarios de postín, cuyo ventajismo la clase política en pleno se negará siempre a suprimir.