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La tragedia los desconcierta

Los fanáticos del ecologismo no soportan que la Gaia haya hecho tanto daño y algunos se han apresurado a responsabilizar al ser humano. Puestos a desfasar, lo suyo es echarle la culpa al cambio climático antropogénico. En efecto, algunos famosos como el actor Danny Glover ya han declarado que el calentamiento está detrás de la catástrofe de Haití. Según el actor de Arma Letal "cuando vemos lo que hicimos en la cumbre de Copenhague, esta es la respuesta, esto es lo que pasa". Ante afirmaciones como ésta, uno duda si esta gente ha perdido el juicio o si se trata de una versión macabra de los exagerados fotomontajes de Greenpeace sobre los efectos del cambio climático en España.

En el fondo, lo que ocurre es que el suceso de Haití no encaja en la visión que el movimiento radical ecologista lleva décadas vendiendo a toda la sociedad y eso les pone de los nervios. Por mucho que se empeñen en meter el eslogan hasta en la sopa, la naturaleza no es ese idílico marco armonioso que la actividad humana no hace sino desestabilizar. En esta y en otras muchas ocasiones podemos comprobar hasta qué punto la naturaleza es devastadora. En realidad, si no fuera por la acción cooperativa del ser humano para aminorar los efectos de los fenómenos naturales sobre el hombre, los habitantes del planeta serían muy pocos y estarían siempre luchando por la subsistencia. La muerte sorprendería a los hombres en múltiples circunstancias que hoy consideramos seguras y tanto la esperanza como las condiciones de vida serían muy reducidas.

En el futuro la naturaleza seguirá deparándonos sucesos de una extraordinaria fuerza cuyas consecuencias pueden resultar brutales para nuestra especie. Ante esta realidad, lo máximo que podemos hacer es defendernos y asegurarnos contra sus efectos dañinos. Para lograrlo tenemos que enriquecernos y ser capaces de desarrollar las instituciones con las que luchar contra las consecuencias de esos duros fenómenos naturales. En Japón, por ejemplo, la ocurrencia de terremotos de una escala similar a la del de Haití es algo relativamente frecuente. Sin embargo, los efectos sobre los seres humanos son enormemente inferiores gracias a que el progreso económico ha permitido a los japoneses levantar construcciones a prueba de la mayoría de los movimientos sísmicos que se dan en la zona. Además, el desarrollo de los mercados actuariales en el país asiático permite a los supervivientes reponer en poco tiempo los bienes destruidos.

Los ecologistas proponen restringir las actividades de mercado porque las responsabilizan de la pérdida de un paraíso que nunca ha existido. En realidad, es precisamente la acción de los seres humanos en el marco del libre mercado lo que nos puede permitir generar la riqueza, el capital y la energía barata con los que afrontar los embates de la naturaleza minimizando el sufrimiento y las pérdidas que provocan.

Democracia en Chile

La concertación ha funcionado bien, y en cuatro elecciones ha logrado alejar de la primera magistratura a la derecha de Chile, una parte de la cual se siente identificada con Augusto Pinochet. No es posible dar por bueno todo lo que se ha hecho en política económica en estas dos décadas en el poder, pero si bien han reformado el modelo económico que recibieron de la dictadura, no lo han sustituido por otro distinto. Gracias a ello, Chile ha logrado un crecimiento económico muy notable, ha luchado eficazmente contra la pobreza y es, hoy, una economía desarrollada. La primera de América del Sur. Es fácil resumir las razones: en el informe de 1975 de Libertad Económica en el Mundo de los institutos Cato y Fraser ocupaba el puesto 71 de los 72 países estudiados, y en el último informe es ya la quinta economía más libre del mundo.

Bien por la clase política chilena. Ha sabido instaurar una democracia después de una dictadura brutal, ha sabido mirar hacia delante más que hacia atrás, sin mirar por ello a otro lado frente a los crímenes del régimen de Pinochet. Y de éste ha tirado lo que se merecía estar en la basura de la historia sin hacer lo mismo con el modelo económico.

Ahora puede ganar la derecha sin que pase absolutamente nada. Los cronistas dicen que no se vive un ambiente de tensión, más allá de las esperanzas llamadas a cumplirse o quebrarse según quién sea el candidato de cada uno. Sebastián Piñera no presenta una alternativa institucional, sino meramente política. Y Chile no puede permitirse una victoria permanente de la Concertación sin degradar la propia democracia. Una victoria de Piñera implicaría que el país seguiría unas políticas y no otras, pero no sólo no pondría en riesgo la democracia, sino que le otorgaría la oportunidad de consolidarse y cerrar una larga transición desde la dictadura.

Zapatero a expiar sus (muchas) culpas

Por ejemplo lo de poner al presidente a rezar en una asamblea de confesiones cristianas, cosa que aquí deberíamos hacer mensualmente con Zapatero a ver si algún día hacemos de él un hombre de provecho. 

La circunstancia de que nuestro presidente del Gobierno diga que es laico sin saber qué significa (como tantas cosas) no es impedimento para que participe en acontecimientos penitenciales como el que va a tener lugar el mes próximo en Washington. Al contrario, Zapatero lo necesita más que muchos de los que van a acudir al ritual como es público y notorio. 

Nuestro problema es que la Iglesia española tiene un nivel tan lamentable por mundano, que si Zapatero acudiera a una liturgia moderna se encontraría con obispos y curas mucho más laicos que él, si es que ello fuera posible. Sólo hay que recordar los espectáculos de la parroquia roja de Vallecas, con Bono y Zerolo comiendo rosquillas y abrevando calimocho en comunión con otros marxistas y ateos (comenzando por los concelebrantes) para desechar una idea que no cumpliría su objetivo.

No obstante para eso están los EEUU, donde presidentes tan laicos como ZP no tienen inconveniente en rezar sincera y públicamente por la nación y sus ciudadanos. Esta visita de Zapatero para participar también en la oración comunitaria va a ser, probablemente, lo único provechoso de su presidencia europea semestral. Igual cae al suelo lanzando espumarajos y algún cura católico presente consigue expulsar los demonios que atormentan su alma. Vade Retro.

Google, China y la libertad

Desde hace varios años una media de cincuenta "ciberdisidentes" sufre penas de prisión en el gigante asiático y los dirigentes comunistas inventan mil maneras de impedir que los súbditos (quien está sometido a un sistema como el del PCCh no puede ser considerado en rigor un ciudadano) accedan a una gran cantidad de contenidos a través del ciberespacio.

El debate fue especialmente encendido hace años, a raíz de la detención de un "ciberdisidente " con la colaboración de Yahoo. Y ahora ha vuelto a abrirse por un motivo radicalmente opuesto. Si entonces un gigante de internet colaboró de manera vergonzosa e injustificable con la dictadura, ahora otro muestra una actitud que honra a sus responsables. Es cierto que debería haberla tenido mucho antes. Hace cuatro años Google accedió a plegarse a las exigencias del Partido Comunista que rige los destinos del país más poblado del mundo, algo que le valió numerosas críticas por algo que desde este mismo espacio consideramos que hacía de esta compañía víctima y cómplice de manera simultánea.

Es cierto que el comportamiento de este periodo por parte de Google ha sido al menos más digno que el que caracterizó a su rival cuando se convirtió en colaborador de la dictadura. Se limitó a censurar tal como le exigía el régimen, pero no fue cómplice de la represión contra ninguna persona. Y, tal vez por eso mismo, su servicio de correo electrónico ha sido víctima de ataques cuya responsabilidad niega el Gobierno de Pekín dando unas excusas difíciles de creer.

La respuesta del régimen comunista, negando su más que posible responsabilidad y "llamando al orden" a Google sin citarlo, demuestra que a los gobernantes chinos les preocupa que este gigante online deje el país asiático. Preocupación comprensible si se tiene en cuenta que el ejemplo podría cundir y terminaran marchándose otros como Yahoo o MSN. Los dirigentes de la dictadura entienden que un gran desarrollo de internet en el país tiene grandes ventajas económicas. Por eso mantienen una política represiva más suave que la cubana o la norcoreana. Y por eso también les asusta tanto la reacción de Google.

Ahora le toca mover ficha a la compañía estadounidense. La mejor opción sería cerrar la versión china del buscador pero dejar libre acceso (actuando desde el exterior) a los ciudadanos del país asiático a sus otros servicios, como el correo electrónico, el chat GTalk o Google Wave. Así, privaría a la dictadura de los beneficios de su presencia en territorio controlado por ella pero seguiría prestando una gran ayuda a aquellas personas que buscan comunicarse con un menor control del régimen. Con independencia de que pueda molestar a algunos, algo así ayudaría más a la libertad en China que cientos de campañas por parte de miles de activistas de todo el mundo.

El desastroso parto de la conjunción planetaria

Desde el Parlamento a la Comisión, pocos se libran de sentir una adoración casi sacra por ese conato de Estado mundial en el que algunos se empeñan en convertir lo que comenzó siendo una simple unión aduanera: la Unión Europea. Pero al lado de Zapatero, todos esos políticos de casta, todas esas hornadas de tecnócratas más centrados en el krátos que en el tecnos, parecen corderitos ultraliberales.

Ha tenido que llegar nuestro presidente del Gobierno para remover las tranquilas aguas de unos funcionarios que sólo aspiraban a pastar en los presupuestos comunitarios a cambio de aplastar a los europeos con voluminosas regulaciones que por supuesto ni se llegan a leer. En apenas unos días desde la presidencia de turno, Zapatero ya ha lanzado dos ocurrencias a cada cual más absurda. Tan disparatas son que incluso las gargantas profundas de la Unión Europa están teniendo problemas de digestión.

La primera fue extender el quebrado modelo español de energías renovables y de economía falsamente sostenible al resto de nuestros socios comunitarios, so pena de ser sancionados por ese egregio líder político cuyo país carga con una tasa de paro del 20% y un déficit público anual de más de 100.000 millones de euros. Magníficos referentes con los que ponerse a impartir lecciones y a sancionar a aquellos que se salgan del guión por él marcado, esto es, a aquellos que empiecen a crecer, crear riqueza y reducir el paro.

No es de extrañar que la prensa europea lo recibiera con una mezcla entre mofa, desprecio y compasión. Hasta la fecha, no conocemos casos exitosos de pordioseros administrando las finanzas de multimillonarios. Tal vez por eso, dentro del PSOE no se aclaran a elegir entre el capirote o la camisa de fuerza; entre el ridículo de la ignorante arrogancia o la enajenación mental transitoria a lo Napoleón.

La segunda boutade presidencial parece ser fruto de esa mística conjunción planetaria que en su día ya nos pronosticara Leire de Nostradamus. A Obama se le ha ocurrido que los bancos rescatados con el dinero de los contribuyentes deben financiar sus manirrotos proyectos faraónicos. No está mal: primero se roba a los estadounidenses para salvar indiscriminadamente a todo banco que se les cruzara por en medio (incluso a aquellos que no querían ser rescatados) y luego la víctima a la que tienen que indemnizar los bancos no son esos contribuyentes asfixiados por deudas e impuestos, sino a un manirroto Obama que no para de gastar el dinero de esos mismos contribuyentes.

Por cierto, Obama miente. Sería largo de explicar, pero las pérdidas que atribuye al Tesoro por más de cien mil millones de dólares todavía son provisionales. Imagine que usted adquiere un paquete de acciones de Telefónica a 15 euros y el precio cae a 10. Puede concluir que ha perdido dinero, pero esas pérdidas sólo serán definitivas si vende esas acciones antes de que vuelvan a 15.

Las pérdidas que alega Obama están calculadas sobre la depreciación de las acciones (mejor dicho, de los warrants) de los bancos acumuladas a mediados de 2009 que están en propiedad del Tesoro. Desde entonces, muchas de ellas ya se han revalorado alrededor de un 20% y si la economía sigue recuperándose, continuarán apreciándose.

Lo cual no quita para que al final, muy probablemente, se produzcan pérdidas, pero esas vendrán más bien por la incapacidad de ciertas empresas para repagar el dinero que el Tesoro les prestó. De momento, los bancos más solventes ya devolvieron unos 150.000 millones de dólares a mediados del año pasado. Ahora mismo, los peores y más arriesgados deudores son empresas que nunca, bajo ningún concepto, debieron ser rescatadas, como General Motors o los gubernamentales gigantes hipotecarios Freddie Mac y Fannie Mae. Pero, ¡ah!, estas empresas que a buen seguro arrojarán milmillonarias pérdidas para el Tesoro están exentas del nuevo impuesto que pretende crear Obama y, en cambio, otras que ya han pagado sus deudas, como Goldman Sachs o Morgan Stanley, no lo van a estar. Un disparate intervencionista cuyo objetivo es el de siempre: dotar de más poder a los políticos para repartir dádivas y comprar voluntades.

Zapatero, por supuesto, se ha entusiasmado con la idea. Todo cuanto sea crear nuevos impuestos cuenta con el espaldarazo socialista. Lo que no queda claro es qué sentido tiene darles centenares de miles de millones de euros a unos debilitados bancos y cajas para evitar que quiebren y, posteriormente, quitarles un pellizquito de esos fondos para maquillar el dispendio en el que incurren los políticos. En lugar de crear un nuevo impuesto, bien podrían reducir proporcionalmente los fondos que les van a entregar, haciendo innecesario el viaje de ida y vuelta.

Claro que entonces nuestros Estados se quedarían sin poder crear un nuevo impuesto que, con la excusa de recuperar el dinero prestado, grave a los bancos de manera permanente. El efecto trinquete: todo intervencionismo que avanza, no retrocede.

¡Qué fácil y transparente habría sido dejar a los bancos insolventes quebrar y a los solventes prosperar en lugar de repartir carretillas de millones, por un lado, e imponer nuevos tributos a justos y pecadores por otro! Pero cuanto más enfangado esté el asunto, más fácil les resulta meter mano. Qué bien se lo están pasando nuestros socialistas en estos momentos de crisis y desconcierto que ellos mismos contribuyen a agravar.

El gran crimen del Gobierno

Lo interesante de las manifestaciones de Corbacho no fueron sus datos, sino sus declaraciones. Afirmó que en tiempos de crisis la economía sumergida aumenta. Durante el año 2009, la Inspección de Trabajo hizo un 30% más de actuaciones que el año anterior, lo que representó para la administración una recaudación en multas de unos 1.000 millones de euros (un 12,5% más que en el año 2008).

Todos los políticos y gobiernos de Occidente han perdido el mundo de vista y se han olvidado del origen de su función. El papel que desarrollan todos es el mismo: el de arbitrario juez económico y civil. Han olvidado una de las bases del buen Gobierno. El Estado trabaja para gente. Cada individuo que compone la sociedad no ha de dar explicaciones de nada al Gobierno. Sólo el Gobierno ha de dar explicaciones de lo que hace. El S. XX y XXI se han convertido en la sumisión y esclavización del ciudadano al tirano, al Gobierno y a la administración. George Orwell estaría orgulloso de su novela 1984.

Si en épocas de crisis aumenta la economía sumergida no es por gusto, es por necesidad. Que la administración, en plena crisis, quiera aumentar su recaudación con más impuestos contra la sociedad, incrementar las multas y subir de forma arbitraria los costes del mercado es un crimen contra el hombre libre. El Estado se ha convertido en la Santa Inquisición del Medievo. A igual que la Iglesia de entonces, que dejó de servir a la gente para obligarla a adaptar su estilo de vida y creencias, todos los gobiernos occidentales han hecho lo mismo en los últimos cien años. Castigan al infiel por una promesa futura de un mundo mejor. Los resultados son el terror, la represión, el robo legalizado, la esclavitud y la persecución económica y social.

Las cosas claras. El hombre nace libre y tiene derecho a su vida, propiedad y libertad. La función del Gobierno es garantizar estos tres principios. Pero lejos de garantizarlos son sus peores enemigos. Si no pagamos una cuota de la hipoteca, la policía nos echa de casa sin reparos, pero si un tipo que no quiere trabajar se cuela en nuestra casa y no sale de ahí, es imposible que la justicia lo eche. Si un delincuente nos roba, no se pasará más de dos horas en la comisaría; pero si nos defendemos de su agresión, nos multan por uso excesivo de fuerza. Y si nuestra web no se adapta al pensamiento único del Estado, la ministra Sinde nos cierra la página.

¿Qué legitimidad tiene un Gobierno así? Ninguno. La tiranía, aunque se cambie de ropajes cada cuatro años, va contra los principios fundamentales del hombre. Aunque lo exija la ley, el principio del hombre libre siempre ha de ser mismo: no dar explicaciones al Estado por nada por ejercer su libertad de expresión, de elección o propiedad (siempre y cuando no sea un crimen, cosa que no hace falta ni decir). Los impuestos, las leyes del Estado del Bienestar, la persecución del Gobierno contra las empresas, empresarios y particulares, o la imposición ecológica y del "bien común" son un crimen contra el ciudadano. Son el gran crimen de lo que representa el Estado hoy día en Occidente.

El gran golpe

Como es sabido, la Fed dirigida por Alan Greenspan colocó durante dos años los tipos de interés en el 1%, con lo que provocó una expansión del crédito sólo parangonable a la que desembocó en la Gran Depresión de los años 30. Para Bernanke, miembro de la Junta de Gobernadores de la Fed desde 2002, este impulso crediticio estaba perfectamente justificado porque en 2001, y especialmente tras la burbuja de las puntocom y el mazazo que supuso el 11-S, la economía estadounidense atravesaba por una pequeña crisis, que sólo se empezó a remontar ya bien entrado 2003.

En otras palabras, dado que Greenspan y Bernanke no podían aceptar que las malas inversiones acumuladas durante el ciclo económico anterior se liquidaran, prefirieron inyectar un chute crediticio que trocara los necesarios reajustes por nuevos desajustes. Así, como haciendo caso a las recomendaciones de Paul Krugman, la Fed trató de sustituir la burbuja tecnológica por la burbuja inmobiliaria.

Bernanke, sin embargo, considera infundada la afirmación de que esa burbuja inmobiliaria fuera consecuencia de la política de la Fed de abaratar tanto como fuera posible el coste de los créditos. O sea, que Bernanke cree posible que el dinero barato estimule la cantidad de buenas inversiones necesarias para reanimar la economía pero ve complicado que las genere malas. Bien está, pues, que los tipos de interés dejen de desempeñar papel alguno en la coordinación intertemporal de los agentes económicos y pasen a convertirse en el juguete del burócrata de turno para inundar de maná nuestros hogares cuando lo considere pertinente.

Para el presidente de la Fed, hay cuatro argumentos que claramente demuestran que el banco central no fue el responsable, o al menos no el principal responsable, de la reciente burbuja inmobiliaria.

El primero sostiene que los precios de la vivienda venían subiendo de manera ininterrumpida desde 1990; de hecho, entre 1999 y 2005 lo hicieron casi todos los años por encima del 10%. ¿Es posible, se pregunta Bernanke, que la política monetaria que desarrolló la Fed entre 2002 y 2005 ocasionara ese brutal efecto acumulativo sobre los precios?

Bernanke parece ignorar, o querer ignorar, cómo surge y se desarrolla una burbuja. En general, una burbuja de precios no suele surgir aleatoriamente sobre cualquier activo, sino que se concentra en alguno que todos los inversores consideran que va a revalorizarse (porque sea relativamente escaso, por ejemplo). Es sobre esa subida original basada en razones fundamentales sobre la que se edifica una pirámide de naipes especulativa que termina desmoronándose tarde o temprano.

Por ejemplo, ¿era lógico que los precios de la vivienda despuntaran en España? Sí, porque teníamos la oferta limitada y tanto la población inmigrante como la de jóvenes en edad de emanciparse había crecido mucho. ¿Era lógico que crecieran tanto? No, pero ahí ya entró una demanda especulativa alimentada por el crédito barato. Pues lo mismo sucedía en Estados Unidos, donde los precios de la vivienda estaban condenados a subir desde comienzos de los 90.

Pero no estamos, o no deberíamos estar, discutiendo eso, sino sobre la razón de que se diera una burbuja en los mismos. Si en lugar de en los precios nos fijamos en otro indicador más relevante, la relación entre el precio de los pisos y el de los alquileres (también llamado "PER de la vivienda"), nos daremos cuenta de que esta ratio se mantuvo estable entre 1975 y 2000 en Estados Unidos: si otorgamos un valor 100 a la del año 2000, el valor más bajo fue el registrado en 1975: 90; y el más alto el de 1980: 105. ¿Qué sucedió con el PER a partir de 2001, justo cuando la Fed empezó a bajar tipos de manera alocada? Pues que pasó de 100 a 140. Ahí es nada: en apenas cinco años se infla más la burbuja que en 25. Pero la Fed no tuvo nada que ver en ello. Claro.

El segundo argumento que se saca Bernanke de la manga es un estudio econométrico que analiza precios de la vivienda en función de las condiciones macroeconómicas vigentes (PIB, consumo personal, inflación, desempleo, porcentaje de la construcción en el PIB y tipos de interés de la Fed). El modelo asume que la relación de los precios con todas estas variables es estable a lo largo de la historia, y por tanto que nos permite comparar el precio esperable de la vivienda según las regularidades históricas con el que realmente se dio. Los resultados de este estudio resultan bastante positivos para el banco central: aun con los tipos de interés en el 1%, no cabía esperar que los precios de la vivienda subieran tanto y por consiguiente que deben entrar otros factores en la explicación de la burbuja.

De entrada, no deja de ser llamativo que este estudio que exculpa a la Reserva Federal de su desastrosa política monetaria lleve el sello y esté financiado… por la Reserva Federal. Detalle que, convenientemente, Bernanke silencia en su discurso.

Sin embargo, lo grave, o lo más grave, no es esto, ya que hoy en día casi todos los economistas que realizan este tipo de estudios viven directa o indirectamente de los bancos centrales, sino la propia endeblez de los supuestos sobre los que se asienta el trabajo. Si el modelo econométrico empleado busca relaciones históricas estables entre los tipos de interés y el precio de la vivienda, ¿qué sentido tiene dar un valor esperado a los precios de la vivienda en función de unos tipos de interés que no se habían dado jamás en la historia? Mejor dicho: entiendo qué sentido tiene hacerlo desde un punto de vista matemático, en el que se supone que las relaciones funcionales entre dos variables son estables o cambian de una manera conocida, pero no desde un punto de vista económico, que debería tener presente que los tipos de interés se redujeron tanto como fue necesario para estimular una economía en recesión mediante la creación de una burbuja inmobiliaria. Si obviamos el hecho de que no todos los descensos de un punto en los tipos de interés estimulan tanto la demanda de endeudamiento y que la Fed colocó las tasas a unos niveles que le permitiera crear un boom crediticio artificial (fueran éstas cuáles fueran), entonces el estudio econométrico deviene pura filfa.

La tercera línea de defensa de Bernanke tiene más sentido: de acuerdo con el presidente de la Fed, el banco central sólo es responsable de las reducciones en los tipos de interés, pero no de todo el deterioro de los estándares crediticios que se produjo en la última década, y que es responsable de buena parte de la burbuja.

Obviamente, la Fed no obligaba a los bancos a conceder hipotecas sin entrada, a referenciar los tipos de interés al Libor o a prestar dinero a gente insolvente. Pero Bernanke no explica toda la realidad. Las torpes decisiones de los bancos privados eran perfectamente racionales si la economía hubiese seguido creciendo, si los precios de la vivienda hubiesen seguido subiendo y si el desempleo se hubiese mantenido en niveles bajos; esto es, si el boom artificial generado por la política de dinero barato de la Fed no se hubiese interrumpido en 2005. Los impagos a partir de 2006 se disparan no tanto porque los deudores de los bancos fueran subprimes, sino porque cuando la economía se estanca, los deudores marginalmente menos solventes son siempre los primeros en ahogarse.

Por consiguiente, aun sin quitar responsabilidad a unas prácticas bancarias desnortadas por treinta años de ingeniería financiera (cuestión distinta es a qué se debe la explosión de esa ingeniería financiera, y aquí sí podríamos buscar grandes responsabilidades dentro de la Fed y en su abandono del patrón oro), no debe olvidarse el espejismo de bonanza que generó la Reserva Federal y que llevó a los bancos privados a creer que todo el monte era orégano, hasta el punto de olvidar que no hay que prestar a quien va a dejar de pagar tan pronto como le vengan mal dadas.  

Por último, Bernanke se refugia en una correlación por países entre la laxitud de la política monetaria y el incremento de los precios de la vivienda. En ella se aprecia que, aunque ambas variables están relacionadas, el caso de Estados Unidos no es especialmente sangrante, ya que hay países –como Nueva Zelanda– con una política monetaria más estricta en la que los precios subieron mucho más y otros –como Grecia–con una política bastante más laxa en la que subieron bastante menos.

Aparte del hecho nada desdeñable de que el indicador empleado para medir el grado de laxitud o rigidez de la política monetaria es del todo inapropiado (pues arrojan resultados como que los paradigmas de la ortodoxia monetaria son Japón, con un tipos del 0%, o Alemania, con tasas del 2%), Bernanke debería saber que los bancos centrales pueden, en cierta medida, expandir el crédito, pero no pueden controlar dónde va a dirigirse. Como ya hemos comentado, las burbujas se generan si existen condiciones objetivas en los activos para que los precios suban, y por ello el hecho de que no en todos los países donde los tipos de interés bajaran, se produjeran automáticamente alzas en los precios de los inmuebles sólo demuestra que esas economías ya estaban relativamente saturadas de viviendas, o que sus ciudadanos ya estaban endeudados hasta las cejas y eran incapaces de demandar más hipotecas.

Así mismo, ni cabía esperar que las bajadas de tipos de interés de la Fed en 2001 y 2002 relanzaran la burbuja tecnológica cuando ésta ya había estallado y se había revelado un fiasco, ni que los actuales tipos al 0% revigoricen la burbuja inmobiliaria que pinchó en 2007. Pero esto no significa que la Fed no impulsara con anterioridad ambas burbujas abaratando el endeudamiento y generando un boom artificial en la economía.

Ya ve, Míster Bernanke: si quiere mentirnos como nos mintió en 2005 cuando negó que existiese una burbuja inmobiliaria, deberá buscarse falacias mejores. Ya estamos muy escarmentados del juego politiquero que practican los bancos centrales, empezando por el suyo.

Mr. Bernanke: los responsables son ustedes

Eso es, al menos, lo que opina la mayoría de los encuestados por la Fundación de las Cajas de Ahorros de España, situando al líder popular por debajo de Zapatero en el grado de confianza para salir de la crisis. Es un resultado asombroso porque hasta hoy había un consenso general en que no existe nadie capaz de hacerlo peor que Zapatero. Hasta el último medio cargo de la más remota Casa del Pueblo sabe perfectamente que su presidente es una calamidad pública, así que o bien la encuesta se ha realizado en los pasillos de Ferraz o va a ser cierto que en España nadie dice la verdad cuando le preguntan sobre política.

Pero, ¿y si fuera cierto que la mayoría de los españoles confía menos en Rajoy que en Zapatero para acabar con la crisis? Entonces Arriola tendría un problema difícil de resolver, puesto que si la estrategia del PP para vencer a Zapatero en 2012 ha sido hasta ahora dejar que los problemas económicos acaben por hastiar a los votantes socialistas y resulta que ni siquiera así consigue Rajoy remontar el vuelo, ya nos contarán D. Pedro y D. Mariano en qué otros asuntos importantes tiene el PP margen para ofrecer una alternativa seria de Gobierno en que los electores puedan confiar.

En la defensa del derecho a la vida el PP pasa de perfil, limitándose a no sancionar a los altos cargos que acuden a las concentraciones en contra de la nueva ley del aborto, al igual que ocurre con el separatismo catalán, muy del gusto del nuevo PP de cara a futuros pactos, con el derecho a utilizar la lengua común de los españoles en todos sus territorios o con la necesidad evidente satisfacer las necesidades hídricas del sur de España con el agua sobrante en el norte, donde también Rajoy anda mansurreando para no poner en evidencia a su secretaria general, firme partidaria de que el agua de los ríos sea propiedad exclusiva del Gobierno autonómico por cuyo territorio transcurre una parte del cauce.

Si el PP piensa dejar a Zapatero cocerse en su propio fracaso puede ocurrirle lo que a Aznar en el 93 con González. La diferencia es que hasta ese momento el antecesor de Rajoy sólo había perdido unas elecciones generales y él ya lleva dos fracasos consecutivos. Uno más sería excesivo hasta para el PP, pero vaya usted a saber si eso está también previsto en los planes de Arriola. "Rajoy 2020", como las olimpiadas de Gallardón.

Una encuesta para Arriola

Se puede formular de esta manera: "a medida que una discusión en internet se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende al 100%". En cualquier caso, aunque sea inevitable que en muchas ocasiones las discusiones terminen por estos derroteros, no estaría de más intentar dar los menos motivos posibles para que las cosas terminen así. Pero nada, que si quieres arroz: el Gobierno ha decidido que las webs de enlaces las cerrará la Sección Segunda de la Comisión de Propiedad Intelectual, es decir, la SS.

La red está que trina, y no es para menos. Los internautas han vivido en sus propias carnes la forma de legislar que tiene este Gobierno. Primero, se propone un texto que va en contra de los intereses, la moral o los derechos de un grupo más o menos extenso de españoles. Este texto incluye disposiciones auténticamente desvergonzadas, como pueda ser, por ejemplo, que las menores de 16 años puedan abortar sin permiso ni conocimiento de sus padres. El alboroto subsiguiente se centra mucho en esos apartados, porque son los que más pueden movilizar a los contrarios a la ley e incluso a algunos tibios. Finalmente, en algún punto del debate, el PSOE se echa para atrás retirando parte de esos puntos tan escandalosos, pasando a argumentar que habiéndolos quitado ya no hay razones para oponerse. Y muchos se lo creen, claro.

Así ha pasado con esta ley. Los internautas han centrado sus protestas en que el cierre afectaba a derechos fundamentales, así que tenía que ser un juez quien así lo dictara y debía ser regulado en su propia ley orgánica y con un debate amplio y, a ser posible, consenso. El Gobierno dio a entender el viernes que así sería y que, por tanto, las protestas ya sólo podrían deberse a que se estaba "mal informado" –concepto muy empleado por el PSOE para englobar a quienes se ponen a sus iniciativas– o que simplemente querían bajarse cine y música gratis y se opondrían a cualquier cosa que pusiera eso en peligro.

La jugada es buena, pero no han conseguido que ni siquiera los más entusiastas del Gobierno en todos los demás ámbitos, incluyendo la gestión de la crisis, que alguno hay, se hayan tragado el anzuelo. Primero, porque el texto sigue en el anteproyecto de Ley de Economía Sostenible, que ya me dirán ustedes qué hace ahí salvo porque lo haya metido de capón el lobby de Teddy Bautista y sus mariachis, impidiendo un debate aislado y diferenciado. El Gobierno pretende así poder conseguir el apoyo de algunos nacionalistas para la medida a cambio de alguna gabela presupuestaria, y seguramente lo consiga, algo que no podría lograr de estar tramitado aparte.

Por otro lado, la introducción de la figura de un juez es casi meramente cosmética. No del todo, cierto, pues podrá frenar, pongamos, un hipotético intento de la comisión de cerrar un diario digital porque tenga enlaces a redes P2P. Pero no será un magistrado quien decida qué sitios web vulneran los derechos de propiedad intelectual y deben ser cerrados. Eso lo hará una comisión dependiente del Ministerio de la Ceja en la que estarán incluidos miembros de las entidades de gestión; es decir, los titiriteros serán juez y parte. Y podrán equivocarse lo que quieran, pues los posibles perjuicios que provoquen sus decisiones los pagará el Estado. Es decir, que si a usted le roban, quien tiene que restituirle es su seguro, si lo tiene contratado, o el ladrón, si lo pillan y tiene con qué. Sin embargo, si los artistas deciden sentirse perjudicados por una web y la cierran injustamente, quien les representará en los tribunales será el Estado y quien pague las consecuencias si los jueces dan la razón al pobre ciudadano al que violan sus derechos no será la SGAE sino los contribuyentes.

En definitiva, el texto de la ley Sinde es un intento de conseguir que la SGAE y sus acólitos puedan cerrar webs como medida cautelar con todo el peso del Estado. ¿Y por qué? Porque, cada vez más, los jueces estaban viendo estos sitios de internet como meros intermediarios que no cometían delito alguno, y por tanto se negaban a cerrarlos, en algún caso condenando a la SGAE por mala fe procesal al pedirlo. Es lo que tiene disfrutar de un Gobierno a tu servicio, plenamente dispuesto. Si no tienes la razón, te da la fuerza para imponerte de todos modos.

El Gobierno crea la SS

Pero en este caso, no me estoy refiriendo al latrocinio de la subida fiscal sino al despilfarro de recursos que supone y supondrá el rescate público del sistema financiero español.

Si un sólido sistema democrático como el de Estados Unidos no ha logrado evitar el despilfarro de miles de millones de dólares para rescatar por la puerta de atrás a grandes bancos de Wall Street a través de la aseguradora AIG, qué no pasará en un país como España, en el que la cultura del pelotazo, lejos de desaparecer, está aún plenamente vigente, sobre todo, en el sector público.

El actual secretario del Tesoro de Estados Unidos, Tim Geithner, está en el punto de mira tras haber ocultado a la opinión pública un gran rescate bancario sin el consentimiento del Congreso cuando presidía la Reserva Federal de Nueva York. Haciendo uso de prácticas propias de la mafia, Geithner ordenó a AIG tapar el asunto pero, por suerte, un congresista levantó la liebre gracias al apoyo de algunos medios de comunicación.

El escándalo, pese a que ahora está siendo investigado, pone de relieve la facilidad y el descaro con el que los organismos públicos despilfarran el dinero de los contribuyentes –en este caso, un mínimo de 13.000 millones de dólares– en beneficio propio, sin importar las consecuencias.

El Gobierno español ya ha puesto encima de la mesa un fondo de rescate (FROB) por valor de 90.000 millones de euros, que equivale al 9% del PIB nacional. Este inmenso dineral será gestionado por el Banco de España y el Ministerio de Economía. El manguerazo de billetes comenzará en breve y, sin duda, supondrá un caldo de cultivo idóneo para el ejercicio de la corrupción política y financiera al más alto nivel. Numerosas entidades serán salvadas con nuestro dinero sin importar la ineficiente gestión llevada a cabo por sus directivos –en su mayoría ex políticos en el caso de las cajas de ahorros– ni calibrar si realmente merece la pena o no acudir al rescate.

Por el momento, la intervención de Caja Castilla-La Mancha (CCM), la primera del Banco de España, se está saldando sin consecuencias penales de ningún tipo. Y eso que la entidad vulneró la ley al conceder créditos por valor de casi 1.000 millones de euros al entorno de sus directivos, aparte de dejar un agujero milmillonario en su balance.

Asimismo, la fusión de Caja España y Caja Duero supondrá, como mínimo, 562 millones de euros para las arcas públicas. Pero lejos de arrugarse, ambas entidades han acordado duplicar los componentes de la nueva Asamblea General (34 personas) para asegurarse que todos los directivos mantendrán su sillón tras la integración.

¿Alguna reacción política al respecto? Ninguna. Los grandes partidos aplauden al unísono y con fervor la dilapidación de nuestros escasos recursos con tal de mantener inamovible el statu quo que les garantiza una posición privilegiada y dominante como casta. Por desgracia, estos dos pequeños ejemplos de robo institucional se verán multiplicados conforme comience a funcionar el famoso FROB. El gran golpe está en marcha y las víctimas, una vez más, serán todos los contribuyentes.