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La ceguera de RTVE

Por el momento, el Gobierno no considera necesario que el ente público emita publicidad para su financiación, y ha encargado tan importante tarea a las televisiones privadas y los operadores de telecomunicaciones, que se unen en la misma a los ya acostumbrados contribuyentes.

Hombre, decir, como proclama una y otra vez RTVE, que la publicidad en la TV pública ha pasado a la historia es mucho decir. De la misma forma que este Gobierno ha tomado esta decisión ahora, la puede revocar con idéntica facilidad dentro de seis meses. Así pues, que nadie desdeñe volver a disfrutar de publicidad en RTVE. Es lo bueno que tiene vivir en sociedades democráticas avanzadas como la nuestra, que siempre el omnipotente Gobierno te puede dar una sorpresilla.

Pero asumamos que fuera así durante una temporadita. ¿Cuál será el efecto sobre RTVE? Para empezar, sus ingresos ya no dependen de ella misma y de la audiencia que pueda conseguir. Aunque este último indicador, la audiencia, le puede seguir guiando en sus decisiones "empresariales", lo cierto es que dicha audiencia no va a tener su reflejo monetario. Para las restantes teles, sí: a mayor audiencia presumiblemente consiguen más ingresos, y esto justifica la búsqueda de programas aceptables para su público.

Es más: como los ingresos de RTVE dependen de los de sus competidoras en audiencia, y los ingresos de éstas serán tanto mayores cuanta más audiencia consigan, parece que a RTVE le podría interesar minimizar el número de sus telespectadores.

Entonces, ¿cómo va a saber RTVE qué clase de programas incluir en su parrilla? El criterio seguido hasta ahora ya no le vale. En el fondo, al impedirse el acceso de RTVE al mercado publicitario, el efecto es que se la deja ciega. Ya no podrá ni sabrá adaptarse a lo que demande el mercado. Es un futuro ciertamente negro, como corresponde a la minusvalía que la decisión gubernamental le ha infligido.

En ausencia de criterios económicos, los criterios políticos son los únicos. Y no es que estos estuvieran ausentes hasta ahora de la gestión de RTVE, ni mucho menos. Pero en todo caso había una cierta disciplina impuesta por el objetivo de audiencia. Eliminado este objetivo, los criterios políticos son los únicos apoyos que le quedan a RTVE para su deambular futuro.

Me da la impresión de que la próxima Nochevieja, las campanadas ya no las veremos en RTVE. Al tiempo.

El descrédito

Se lo hacía ver una periodista al preguntarle cómo podía liderar la recuperación un país que dobla la media europea en paro. The Financial Times ha dicho que "una España torpe guiará a Europa".

El crédito internacional de nuestro Gobierno y el de España no ha dejado de caer. Zapatero tuvo una buena acogida en los medios foráneos, y en ocasiones le han prestado atenciones inmerecidas. Pero llevan años dándole una estopa que está sólo un cuerpo por detrás de la que recibe Berlusconi.

Desde que el Wall Street Journal le considerara un "presidente por accidente", le han caído a Zapatero tortas de todos lados. Le han llamado "populista", "provinciano", "sectario", le han puesto como un cobarde o un mentiroso, como un tramposo. Y ven en él un personaje ideologizado, que vive al margen de la realidad, y que ha pasado de ella con graves consecuencias para los españoles. Gracias a Zapatero, España es ahora "irrelevante".

No le doy a la prensa extranjera el crédito que le conceden habitualmente los medios y el público. Suele mirar a España con un desenfoque notable, especialmente en la cuestión nacional y la incidencia del terrorismo. Pero las críticas de la prensa de fuera al Gobierno y, por extensión, a nuestro país (le hemos elegido dos veces, al fin y al cabo) son importantes por dos razones.

Primero porque degradan la imagen exterior de nuestro país y, especialmente, de nuestra economía, que es donde nos las están dando (casi) todas. Y segundo, porque la prensa extranjera no está atada a los intereses políticos nacionales y por tanto resulta inmune ante la sucesión de consignas enlatadas en que consiste el discurso de Zapatero. Fuera se han dado cuenta de que es un hombre risible.

Entre narcos y terroristas

Por el momento está dispuesto, como poco, a cambiar la Ley Orgánica del Poder Judicial para hacerlo. Y todo para crear un sistema rápido –del que tampoco sabemos lo suficiente como para estar seguros de que protege el derecho a la libertad de expresión– que lleve a la Audiencia Nacional a cualquiera que la futura comisión del Ministerio de Cultura considere que viola la propiedad intelectual con un sitio web.

Cierto es que, en principio, los planes que muchos se empeñan en atribuir a González-Sinde a pesar de que parezcan cosa del propio ZP eran mucho peores. Ahora al menos se pone a un juez, aunque por el momento no queda demasiado claro cuál será su función; eso se verá según se vayan presentando los cambios legislativos. Por el momento tan sólo nos queda claro que tener una web que alguien pueda considerar atentatoria contra los derechos de autor puede llevarle a uno al mismo sitio que a los narcos y terroristas: a la Audiencia Nacional.

Otra cosa ha quedado también clara. O Francisco Caamaño ha mentido para tratar de confundir o sus nulos conocimientos de la Constitución deberían costarle no sólo el puesto de ministro sino también el doctorado en Derecho y la plaza de profesor de esta materia. El titular de Justicia ha dicho literalmente que están en conflicto "por un lado el derecho de propiedad intelectual, que es un derecho fundamental, y por otro, los derechos fundamentales a la libertad de expresión y a la información".

Por mucho que buscamos, no encontramos que la propiedad intelectual entre los derechos fundamentales reconocidos en la Sección I del Capítulo II de la Constitución Española. Dudamos de que, puesto que no figura en ninguno de esos artículos (del 15 al 29), un profesor de Derecho Constitucional y ministro de Justicia como Caamaño pueda creerse lo que ha dicho. Si se lo cree, resultaría que estamos ante un perfecto incompetente.

Tal vez, no cabe descartar lo que decíamos al iniciar este artículo, pretendan reformar la Constitución para incluir la propiedad intelectual entre los derechos fundamentales. Con este Gobierno todo es posible. Incluso juzgar entre narcos y terrorista a los responsables de una simple página web.

El maestro Ciruela abre en Europa una escuela

La realidad no tiene para él ningún valor, de hecho no existe en lo que a él respecta, y si en algún caso los hechos contravienen sus predicciones con tozudez, su respuesta es persistir en el error con mayor terquedad. Un tipo cojonudo nuestro presidente.

De joven tuvo que ser absorbido por un vórtice cuántico que le alejó definitivamente del espacio-tiempo en el que se desarrollan los fenómenos físicos, de ahí que a sus cincuenta años siga creyendo sinceramente que sus deseos transforman la realidad y la de los que le rodean. Un tipo así dedicado a la venta ambulante es peligroso; como presidente del Gobierno es letal.

Cuando el proceso rotatorio anunció la llegada de Zapatero a la presidencia de la UE, los medios de comunicación extranjeros soltaron la gran carcajada, mayormente porque La Secta no emite para el resto del continente y, aunque lo hiciera, su audiencia sería previsiblemente igual de lamentable, así que la imagen que el presidente tiene fuera de nuestras fronteras es, a diferencia de España, completamente fidedigna. Ahora bien, después de este primer anuncio de Zapatero sobre lo que pretende hacer con Europa la risa se habrá convertido en un rictus de estupor mezclado con miedo a partes iguales. Este tío va a dejar Europa que no la va a conocer ni la progenitora B que la alumbró (por no seguir las recomendaciones del Gabinete de salud reproductiva). Y si a los ciudadanos europeos les gusta su actual forma de vida peor para ellos.

El problema de Zapatero es que su capacidad destructiva en Europa va a ser mucho más limitada que dentro nuestras fronteras, donde actúa con una patente de corso que nadie le ha expedido, porque también en democracia existe un Estado de Derecho que vincula a los gobernantes; a ellos en primer lugar. Otra cosa es que las instituciones garantes de la legalidad y la leal oposición miren para otro lado a la espera de heredar el país a beneficio de inventario, en cuyo caso no convalidan el delito sino que, sencillamente, se convierten en sus cómplices.

Zapatero es el gobernante que ha provocado en cualquier país la mayor devastación política, económica y social en el menor tiempo posible, lo que no le impide proponer una agenda al resto del continente por una década con sanciones a los que se salgan de sus recetas: envilecimiento de la política, subida de impuestos, derroche presupuestario, legislación contra la propiedad privada y la familia, idiotización de la infancia y la juventud a través del sistema educativo y creación de una casta de pesebristas que agiten las masas a su favor. Si no fuera porque la Unión Europea tiene un presidente permanente desde el pasado uno de diciembre y algunos primeros ministros sensatos, la llegada de Zapatero a la presidencia europea sería un nuevo Lepanto con el resultado invertido. En todo caso, está bien que la izquierda europea conozca de primera mano cómo se las gasta su referente más radical. Hala, a disfrutar el momento, que un semestre pasa volando.

La Antirrevolución industrial

Pero aún así, fue esa sociedad española la que mayoritariamente aupó a esa pandilla de iletrados e incompetentes al Gobierno y por tanto –aun cuando algunos ni votáramos ni les votáramos– es esa mayoría social la que sí merece ser ridiculizada.

Entre otras cosas porque el descontento que se vive en nuestro país contra la gestión del PSOE es tan mayúscula que sólo llega a pasar el cepillo todos los meses para cobrar el subsidio de desempleo. Ejemplar resistencia cívica que obtiene los réditos que le son de justicia: endeudamiento, paro y un tejido productivo cada vez más esclerotizado.

Si ayer se certificaba la tan trágica como asumida realidad de que España se ha convertido en el paraíso europeo de la destrucción de empleo, hoy nos hemos desayunado con otra ronda de esa monserga rojiverde sobre la economía sostenible y los empleos verdes. Los sindicatos europeos, esos que en casa sirven de suicida inspiración para seguir engrosando las listas del INEM, reclaman a Zapatero que promocione desde la presidencia de la UE una transición hacia un modelo productivo basado en tecnologías "ecológicas y sostenibles".

Saben bien los sindicatos a quién se dirigen con sus panfletos. Pues lo que en la prensa londinense puede sonar a sarcasmo, aquí se escucha con devoción. Qué más querría Zapatero que detentar en Europa el poder suficiente como para hacerles caso. De momento, sin embargo, parece que su semestre de Virrey europeo se limitará a un impulso ideológico a favor del derroche energético, que no otro apelativo ha de recibir la producción de energía por medios carísimos.

Ya debería haber quedado suficientemente claro que subvencionar a las empresas para que sean ineficientes no genera riqueza y destruye empleo, por mucho que el ministro del ramo se empeñe en mentir. O al menos, los socialistas y los sindicatos, tan consternados ellos por la situación de millones de parados como para seguir machacándolos con su estiércol ideológico, deberían haber prestado más atención a la letra pequeña de las inversiones públicas en "energías verdes".

En España tenemos sobrada experiencia de cuáles son sus efectos. Incluso algunos hemos realizado algún estudio que arroja que los casi 30.000 millones de euros con los que se han forrado cuatro capitalistas más amantes del Estado que del mercado –¿o es que nos creemos que las empresas que producen energías renovables no tienen accionistas?– y se ha endeudado a las clases medias, han terminado por destruir más de 100.000 puestos de trabajo.

Rica (o paupérrima) experiencia que por lo visto sirve de base a nuestra izquierda para perseverar en el error, en su error. Lo llaman economía sostenible cuando la teoría y la práctica demuestran que no hay sistema económico menos sostenible que el que condena a las empresas a la bancarrota. Fíjense si no en cómo empiezan a malvivir nuestras compañías por obra y gracia de esta revolución en la sostenibilidad ecológica: nuestras empresas pagan la cuarta electricidad más cara de toda Europa cuando apenas dos años antes estaban abonando el precio medio del continente. Hemos pasado de 9,6 céntimos por kilowatio en 2007 a 11,5 en 2008. Ahí es nada: un aumento del 20% en el coste de la electricidad en medio de un contexto deflacionario en el que los precios de los productos están cayendo. ¿Se pueden imaginar qué estarán haciendo los márgenes de beneficio de nuestras compañías? Vender barato y comprar caro nunca fue la base de ningún éxito empresarial.

Así, no es extraño que la sangría laboral prosiga y de hecho a este ritmo difícilmente revertirá, ni aún dentro de cinco años como se afana en proclamar un optimista político. Debe ser que el empleo verde y sostenible era el del buen salvaje, esa superchería que desde Rousseau a Polanyi ha impregnado el pensamiento izquierdista. La reaccionaria "antirrevolución Industrial", como ya la definiera Ayn Rand en los años 60, sigue siendo la Estrella Polar de nuestros socialistas.

Tribunal de la Incompetencia

2009 ha sido un gran año para la CNC, conocida anteriormente como Tribunal de Defensa de la Competencia. Según su última memoria, el regulador gubernamental abrió 21 expedientes el pasado ejercicio –el doble que en 2008–, imponiendo multas por valor de 191 millones de euros, un 560% más que en 2008.

Muchos –la mayoría– pensarán que esta frenética actividad es signo inequívoco de que, al menos, un organismo está cumpliendo rigurosamente con su cometido que, en este caso, no es otro que defender a los consumidores de los supuestos abusos de las grandes empresas. Y, sin embargo, se equivocan.

Pocas son las entidades públicas más hipócritas, falaces y perversas que las que actúan bajo la rúbrica de "defensa de la competencia". Y es que este tipo de tribunales especiales se levantan sobre toda una montaña de legislación errónea que tergiversa y manipula el concepto mismo de "competencia". Dicho término ha de ser entendido, única y exclusivamente, como un proceso social dinámico en el que una infinidad de empresarios rivalizan entre sí por satisfacer las necesidades de los consumidores y obtener así beneficios de forma legítima. Todo ello sin recurrir a la violencia, la coacción o a la amenaza del uso de la fuerza (que es lo que hace el Estado).

El libre mercado no es más que eso. Vendedores y compradores que satisfacen sus fines acordando intercambios libres y voluntarios que se materializan en precios. Pero hete aquí que nuestra querida clase política, quienes ejercen el monopolio de la ley, entienden la competencia como una situación de equilibrio perfecto en el que los empresarios apenas cuentan con margen para actuar.

No obstante, según estos tribunales, las empresas que suben tarifas corren el riesgo de ser enjuiciados por "precios abusivos"; los que abaratan sus productos bien pueden ser acusados de "competencia desleal"; y, por supuesto, ¡hay de aquellos que acuerden precios!, pues la sanción por "confabulación" es casi segura. Entonces, ¿en qué quedamos? En la práctica, el único objetivo de la ley es impedir, precisamente, que los vendedores compitan.

El error conceptual parte de los modelos matemáticos que se suelen estudiar en las facultades de Económicas. La mayoría de manuales enseñan una supuesta "competencia perfecta" que, sin embargo, nunca se produce en el mundo real. Dicho término alude a una situación ideal en la que todos los empresarios venden el mismo producto al mismo precio. Como poco, resulta contradictorio –por no decir vergonzoso– que economistas y políticos califiquen de "perfecta" la ausencia misma de competencia.

La legislación que opera en este ámbito constituye un atentado contra el libre mercado, y los órganos que la aplican auténticos Tribunales de la Incompetencia. Sonado fue el caso de Microsoft, condenado por ocupar una "posición de dominio" en su sector, y mucho me temo que el siguiente será Google por razones análogas. Los burócratas no entienden, o no quieren entender, que el éxito de las grandes empresas consiste, precisamente, en satisfacer de la mejor forma posible a los consumidores.

El único monopolio real radica en obstaculizar o impedir la entrada de nuevos competidores en un determinado sector mediante barreras administrativas. Dicho concepto carece de sentido en el libre mercado, ya que nada impide que cualquier otro empresario perspicaz tumbe al gigante a la mínima de cambio. Ésa, y no otra, es la esencia del proceso dinámico de la competencia.

Las grandes empresas corren el riesgo de caer en cualquier momento y ser sustituidas por otras más eficientes. Véase sino la otrora poderosa industria de velas hasta el nacimiento de la bombilla, el sector del carbón hasta el uso del petróleo, los gigantes ferroviarios hasta el despegue de la aviación civil… y así, desde que el hombre es hombre.

Aumento ilegal de precio es cobrar más que un colega,
pero si cobra usted de menos es desleal competencia.
Y téngalo bien presente, no haya en esto confusión:
Si cobran todos lo mismo será confabulación.
Debe competir, es cierto, pero ande con pies de plomo,
pues si conquista el mercado, ¡qué más claro monopolio!
¿Precio abusivo o escaso? El uno al otro no quita.
Si el Bien Público está en juego, ¿por qué no la parejita?

(Tom Smith y la increíble máquina de hacer pan)

Mr. Bean y el XSS

Resulta difícil de entender para un lego, incluso para alguien que sabe algo de ordenadores pero no de seguridad informática, saber qué ha sucedido en realidad. Porque por mucho que el Gobierno insista en hablar de un "fotomontaje" son demasiados los que han visto directamente en su navegador la foto de Mr. Bean sustituyendo a la del presidente del Gobierno. Y sin embargo, es cierto que la seguridad de los servidores que alojan la web no ha sido comprometida. Pero ¿cómo se traduce este galimatías?

Normalmente se entiende como un ataque el uso de alguna técnica que permite a los malos entrar en el ordenador de otro como si fuera el propio o inutilizarlo de alguna forma. No es eso lo que ha pasado. Lo que se ha producido es un ataque empleando una técnica llamada cross-site scripting o XSS, información que imagino les habrá dejado igual de fríos. Mediante esta técnica pueden lograrse muchas cosas, entre ellas alterar un sitio web sin entrar en él, que es lo que han hecho en este caso.

Muchas veces, por ejemplo, haciendo una búsqueda en Google (por ejemplo, "ld"), podrán ver cómo la dirección de la web es un galimatías un poco incomprensible ("http://www.google.es/#hl=es&source=hp&q=ld&btnG=Buscar+con+Google&meta=&aq=f&oq=ld&fp=cd373de720a5339") en el cual se le envía al buscador un montón de información, entre la que destaca el texto que queremos encontrar en la web. En muchas páginas puede suceder que si en lugar de enviar un texto, digamos, normal, se envía código escrito en algún lenguaje de programación se consigue que éste se ejecute, lo que nos puede permitir, entre otros resultados, alterar el contenido que ven los usuarios.

Cuando ustedes accedían a la web por la dirección habitual, www.eu2010.es, veían la web en su estado normal. Sin embargo, el hacker en cuestión hizo circular una dirección similar a esos prodigios de arte abstracto que son a veces las direcciones de las páginas de los buscadores que hacía que la web de la presidencia española de la UE mostrara la imagen de Mr. Bean. No era un fotomontaje, no, pero tampoco fue un ataque clásico, de los que permiten a los malos hacerse con el control de la página. La web, vamos, no fue "hackeada", tal y como se suele emplear ese término.

Pero el problema es que da lo mismo si a esto se le llama técnicamente un ataque o no, porque el resultado que han visto los internautas ha sido equivalente a si lo hubieran hecho. Se trata de una imagen de notable incapacidad tecnológica la que ha dado este Gobierno del nuevo modelo de desarrollo productivo, basado en el I+D y no en el ladrillo, y todas esas monsergas propias de quien no sabe de qué habla. No es que no se lo merezca, claro.

Se nos comen

Es evidente que para financiar el gasto público hay que subir los impuestos o hay que emitir deuda; lo primero arrebata el dinero que tienen los ciudadanos en sus cuentas corrientes y lo segundo disminuye la cantidad de ahorro disponible en los mercados crediticios al que las familias y las empresas pueden echar mano para invertir.

Lo anterior son puras matemáticas casi de preescolar. Nada hay que objetar. Lo que en todo caso los adoradores de ese Becerro de Oro llamado intervencionismo estatal aducen para justificar la voracidad fiscal es que el gasto público puede resultar para la economía más eficiente que el gasto privado (crea más riqueza por euro gastado); entelequia que debería haberse derrumbado hace unos 90 años –cuando Ludwig von Mises demostró el teorema de la imposibilidad del socialismo­– o, si no son demasiado aficionados a las lecturas de buenos tratados y artículos de teoría económica, allá por 1989 cuando cayó el Muro. Baño de realismo, creo que se llama.

Sin embargo, es verdad que existe un cierto clavo ardiendo al que pueden agarrarse estos científicos de la propaganda estatista. En época de crisis los agentes económicos se niegan a endeudarse, a demandar crédito en los mercados. Como mucho, están dispuestos a refinanciar sus excesivas deudas pasadas, pero pocos –aunque alguno hay– acuden realmente al banco para comprarse una casa a precios todavía inflados o para montar una empresa en medio de un panorama cuando menos incierto. En general, durante una crisis es de esperar que el volumen agregado de crédito (o de deuda) se reduzca, precisamente porque durante la época del auge artificial esa cifra se hipertrofió gracias a la barra libre del sistema bancario.

Los keynesianos, por consiguiente, saltan en seguida a señalar que durante una crisis el gasto público financiado con déficit no expulsa la inversión privada: si nadie quiere endeudarse, ¿por qué el Estado no puede aprovechar el vacío para darle un pequeño empujoncito a la economía?

No me centraré en desarrollar cuáles son todos los efectos perversos que, también en una crisis, provoca el déficit público. Para más detalles –perdón por la autocita– puede consultarse el resumen económico de 2009 que publiqué en el Suplemento de Fin de Año en esta casa, pues versa precisamente sobre eso.

Tan sólo me centraré en una preocupante situación: las familias ahorraron en el tercer trimestre de 2009 casi 25.000 millones de euros, invirtieron 16.000 y les restaron 9.000 millones para financiar a otros agentes económicos que quisieran endeudarse. Algo por otro lado insólito, ya que nuestras familias venían necesitando pedir prestados del orden de 15.000 millones de euros trimestrales.

Por lo que respecta a nuestras empresas, también han realizado un buen ajuste, ya que de endeudarse a ritmos superiores a 30.000 millones por trimestre, en éste tan sólo han pedido prestados 5.000. Es decir, nuestras familias a día de hoy son capaces de financiar toda la inversión que realizan nuestras empresas y aún les sobran unos 4.000 millones.

Pues bien, hete aquí que entra el Estado en el paisaje y nuestros desequilibrados políticos presentan unas desequilibradas cuentas por las que en sólo un trimestre han de pedir prestados 18.000 millones de euros. Total, que la economía española, tras deducir la aportación positiva del sector bancario, ha de pedir prestado al exterior 10.000 millones de euros. Así, pese al ajuste que tendríamos que realizar en la crisis, la economía española ha terminado adeudando 10.000 millones de euros más –y no menos– en apenas tres meses.

¿Y para qué querríamos tener un ahorro neto, en lugar de un endeudamiento neto, de 10.000 millones de euros?, se preguntarán los keynesianos. Quizá se olvidan de que los españoles deben al extranjero, en términos netos, casi un billón de euros, es decir, todo lo que producimos en un año.

¿Nunca se les ha ocurrido a los economistas profesionales que la amortización de las deudas pasadas es una forma de invertir nuestro dinero; de incrementar nuestra renta futura y de reducir esos desajustes nuestros que han degenerado y nos están perpetuando en esta crisis? Parece que no, por eso, tan pronto como sale un pequeño brote verde, se lo meriendan. Ya sabe, las familias ahorran 9.000 millones de euros y el Estado se pule 18.000 en abrir zanjas y volverlas a tapar y en pagar la prestación de desempleo a esos parados procedentes de la ausencia de una liberalización laboral que ese mismo Estado se niega a aprobar. Grandes, muy grandes.

Sistema electoral y autogobierno

En la España actual, los sujetos que se hacen con el control de los partidos políticos manejan el sistema democrático a su antojo gracias a la Ley Electoral. Los representante lo son de sus partidos y no de sus electores. La ciudadanía desconfía cada vez más de estos vendemantas profesionales, pero a ellos les importa bastante poco. Lo único que cuenta es que el líder del partido confíe en ellos, y para el líder lo único importante es que la ley siga como está.

En este contexto maloliente es en el que el presidente del Congreso ha afirmado que "sería conveniente que las cúpulas de los partidos redujeran el poder que tienen en materia electoral, que no es poco". Una declaración como esta sería una simple obviedad si no fuera porque todos lo piensan pero nadie se atreve a decirlo claro y alto. Otra forma de describirlo es que vivimos en una partitocracia en la que los electores no pintan prácticamente nada. Piense uno lo que piense del sistema democrático, lo que tenemos en España es bastante peor. Un grupo de depredadores manejan nuestras vidas a placer gracias al control que ejercen sobre las listas de sus partidos, sin que tengamos otro mecanismo de control sobre ellos que votar por otro organizador de listas cuatro años después de la anterior votación.

Aquí es impensable que el Ejecutivo sufra un revés del legislativo como ocurre en países democráticos. Hace un año los españoles (y gran parte de los europeos) asistían atónitos a la negativa del congreso norteamericano a aprobar el plan Paulson-Bush. En los últimos meses veíamos desde este lado del Atlántico cómo el presidente Obama iba diluyendo su ley sanitaria para lograr la aceptación de las Cámaras a pesar de que su partido cuenta con mayoría en las dos. Allí no basta con tocar la corneta y ordenar el voto de los miembros del partido a la propuesta del Gobierno. Obama ha tenido que quitarle a su propuesta casi todos los aspectos que la hacían revolucionaria para su país porque sus camaradas no se deben al partido, sino a los electores de su circunscripción. En 1997 el vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, experimentó en qué consiste eso de la democracia norteamericana cuando el Senado votó sobre su famosa propuesta de racionamiento de CO2 y creación de un mercado en el que comerciar los permisos. El resultado fue que ni un único senador demócrata votó a favor de la posición del Gobierno Clinton-Gore (demócrata) por lo que Estados Unidos nunca ratificó el Protocolo de Kyoto. Eso tiene algo de democrático. Lo de aquí se parece más a un circo cutre en el que varios domadores se meten en una jaula de gatos mansos y exigen a sus amaestrados levantar una patita cuando proponen algo.

La propuesta de Bono podría ayudar a mejorar las cosas. Sin embargo, el problema de fondo no es cómo se elige a los "representantes", sino qué es lo que los representantes pueden hacer una vez elegidos. Los elija quien los elija y se elijan como se elijan, si luego pueden aprobar impuestos confiscatorios, restringir las acciones pacíficas o esclavizar a los ciudadanos, las formas importarán un pimiento. La decadencia de nuestro sistema proviene de un cóctel hecho a partes iguales de partitocracia y de la falta de limitaciones del poder político. Si queremos regenerar la putrefacta política española, a la necesaria reforma del sistema electoral le tiene que acompañar una reforma que fortalezca y amplíe la esfera de autogobierno del individuo.

Sexoencuesta

Alguien que sepa de psicología evolucionista les sabrá dar todas las razones de que las mujeres piensen en el amor romántico y en la reproducción y los hombres en el deseo sexual, que las mujeres se centren en seleccionar bien la pareja y los hombres tengan una estrategia… dispersa.

Todo eso lo sabíamos y lo sabía el Gobierno. ¿Por qué destina sacos de dinero público a esa encuesta? Sorprendentes o no, ¿qué relevancia tienen esos resultados para la acción del Gobierno? La ministra Aído, apenas miembra de este Gobierno, ¿qué ha dicho de tal desigualdad fraudulenta? ¿Cómo permite a los genes que sigan ordenando un comportamiento tan poco progresista? Usted mezcla los genes con la manía de la gente de hacer lo que les parece y luego pasa lo que pasa.

Es evidente que el Gobierno no ha hecho la encuesta para que Aído luche contra los genes, que contra la libertad de cada cual ya tiene sobrante tarea. ¿Por qué, entonces? Holgaría decir que el sexo pertenece al ámbito privado si no fuese porque el objetivo del Gobierno es convertirlo en un asunto público. Por eso dice que la encuesta es sobre "salud sexual", porque está aceptado que el Gobierno puede entrar en cómo manejamos nuestra salud. Por esa vía quiere entrar en nuestra casa, y en nuestra cama. Se trata de romper todas las barreras entre lo público y lo privado para que el Gobierno haga y deshaga a voluntad. Todo, desde cómo gestionamos nuestra salud o la educación de nuestros hijos a lo que consumimos, cómo nos desplazamos… todo es ámbito de decisión del Gobierno. Ni lo más íntimo se escapa de su mirada. Gran hermano.

No me considero una persona conservadora en lo moral, pero desconfío de el Gobierno entre en ese terreno. Sus efectos no son en la moral menos devastadores que en la economía. El pudor es un sentimiento útil para proteger la intimidad y, en última instancia, a la persona. Será por eso que la camarilla que nos gobierna no conoce la vergüenza.