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El felpudo de Wyoming

Sólo hay que verlos en acción cuando aparece una alcachofa de esa cadena para comprobarlo. Pero si el espacio para el que les piden su participación es uno de los que con más saña atacan a las ideas que comparte mayoritariamente la derecha, el espectáculo es soberbio.

El hecho es que andaba anoche viendo La Secta (por motivos estrictamente profesionales, no se preocupen), cuando vi a parecer a D. Jorge Moragas, uno de los principales impulsores del nuevo talante del Partido Popular. ¿Recuerdan ustedes la escena de Gallardón babeando ante una reportera de ese canal mientras hablaban de Wyoming? Pues lo de Moragas fue todavía peor, y además estaba con la misma periodista que recogió para la posteridad aquellas declaraciones del alcalde madrileño, para que no haya suspicacias a la hora de determinar quién es más genuflexo ante los que insultan a diario a los votantes del PP.

Si lo de estos destacados profesionales de la política pepera fuera un rasgo común en su comportamiento con los medios nada habría que objetar, salvo la ausencia de sentido del ridículo. Sin embargo no es eso lo que ocurre. A los comunicadores que atacan, denigran e insultan diariamente a los políticos y votantes de derechas, los moraguianos, sorayenses y gallardonitas les dan las gracias con una sonrisa. En cambio, a los que defienden los principios de esos mismos votantes les llevan a juicio y, de paso, hacen todo lo posible para que se queden sin trabajo.

Treinta segundos después de que Moragas acabara de arrastrarse ante los enemigos jurados del PP, el presentador del programa y presunto maltratador verbal de becarios sacaba unas imágenes de Irak, acusando expresamente a Aznar de ser el responsable directo de las muertes ocurridas en aquel país, que además de ser una falsedad sólo apta para ser creída por retrasados mentales, es algo que a algunos, digamos, nos jode un poquitín. Pero ya saben, es que Wyoming es moooooe bueno. Y los dirigentes actual del PP unos linces. Sólo hay que ver a las dos especies en acción.

Los intereses de la ministra Sinde

He ahí el primer problema, el papel del Ejecutivo no debería ser el de proteger los intereses de unos u otros, o hacer que estos colisionen lo menos posible entre sí. El único rol que le debería corresponder al Estado y sus poderes es justo lo contrario: la garantía efectiva de que no se vulneran los derechos de los ciudadanos –que es algo muy diferente a "crearlos"– y la igualdad de estos ante la ley.

Además, la ronda comienza con una tomadura de pelo. Para que resultara más evidente qué intereses quiere proteger en realidad, la ministra podría haberse reunido con las entidades de gestión de derechos de autor (nos referimos a que lo hiciera en público). En privado es más que probable que haya tratado ya con ellas estos temas, ya que al fin y al cabo perteneció a la junta directiva de una, además de haber sido presidenta de la Academia del Cine. Si lo que pretendía era disimular, podría haber comenzado por las organizaciones de internautas. Posiblemente no les hiciera demasiado caso, pero al menos se vería obligada a escuchar argumentos que probablemente no le gusten.

Sin embargo ha decidido empezar con los supuestos representantes de los consumidores y usuarios. Y son tan sólo "supuestos" por un doble motivo. En primer lugar, las organizaciones que se definen de esta manera tan sólo representan a sus miembros, nunca al conjunto de los ciudadanos (todas las personas son usuarias y consumidoras de todo tipo de productos y servicios). En segundo término, por el hecho de que con quien se ha reunido González-Sinde es con el Consejo de Consumidores y Usuarios, una entidad adscrita al Ministerio de Sanidad y Consumo. Es cierto que en él están representadas las principales asociaciones del país y que son ellas quienes eligen al presidente. Pero también es verdad que la elección es a propuesta del ministro del ramo.

La actual presidenta de esta entidad es la ex senadora y ex diputada europea Francisca Sauquillo, con lo que su función política es más que evidente. No se puede pretender que una ex legisladora del PSOE nombrada para su actual cargo a propuesta del Gobierno tenga algo parecido que ver con la independencia. Así, la ronda de contactos de González-Sinde ha comenzado con una gran mascarada. El Gobierno se ha reunido consigo mismo y nos tratan de hacer creer que lo ha hecho con los usuarios. La guionista metida a ministra habla de "todos los intereses", pero resulta evidente que tan sólo le preocupan los del Ejecutivo y los de sus palmeros del autodenominado "mundo de la cultura". Y, casualidades de la política, estos se corresponden con los suyos propios.

Zapatero y su economía insostenible

Es el nuevo chunda chunda intervencionista frente al cual la oposición caerá rendida por miedo a ser políticamente incorrecta. Según el propio líder de la banda, el estribillo tendrá tres ingredientes: sostenibilidad medioambiental, sostenibilidad social y sostenibilidad económica.

La sostenibilidad económica establecida por decreto es la vieja matraca de Zapatero y de todos aquellos que no entienden cómo funciona el mercado. La idea consiste en sustituir el modelo económico a la fuerza y sustituirlo por una economía del conocimiento y de la innovación.

En estos momentos, se trataría de cambiar la desmoronada economía del ladrillo por una economía altamente productiva fundamentada en la investigación y el desarrollo. El modelo resultante nos permitiría, supuestamente, afrontar con éxito los retos de la globalización.

Melodía obsoleta

A los quinceañeros la melodía puede que les engatuse pero a los que llevamos más tiempo en esto, la musiquilla suena a déjà-vu obsoleto. En el año 2004 Zapatero llegó al poder hablando de un gran cambio, una revolución, del modelo económico.

Cuando a finales de aquel año Pedro Solbes se presentó en Las Cortes con los Presupuestos Generales del Estado para 2005, dijo que con aquellas cuentas se iniciaba la transición hacia un “nuevo modelo de crecimiento” fundamentado en el incremento de la productividad. Miguel Sebastián, por aquel entonces fontanero de Moncloa, recitaba de memoria aquello del I+D+i y el esplendoroso futuro de la economía española cada vez que le ofrecían cantar el himno del gobierno.

Todos hemos podido comprobar en qué quedó aquel cambio de modelo productivo. Una torre de ladrillo hueco que se vino abajo en cuanto la ficción zapateril tuvo que enfrentarse a la realidad de los recursos escasos de la economía. Y es que en el fondo del fracaso socialdemócrata se encuentra el famoso pecado, que no es exclusivo de la izquierda española, consistente en pensar que se puede diseñar desde arriba un modelo productivo.

Es la fatal arrogancia de la que nos hablaba Hayek: pensar que unos seres elegidos pueden saber mejor cómo organizar la sociedad que el conjunto de los individuos interactuando libremente en función de sus preferencias y valoraciones subjetivas que el gobernante no puede conocer.

Por ejemplo, la arrogancia de Zapatero de creer que podía provocar una revolución energética verde condujo a una burbuja de renovables que no sólo han costado decenas de miles de millones de euros, sino que ha pinchado y ahora muestra a las claras la insostenibilidad económica de la ingeniería social, por verde que esta sea.

La verdadera sostenibilidad económica sólo puede surgir de los órdenes espontáneos y armónicos que surgen de las acciones voluntarias en el mercado a partir de las acciones concretas de individuos, que guiados por la consecución de sus metas personales, se ven impelidos a satisfacer los deseos de otros ciudadanos a los que ni siquiera tienen por qué conocer (mano invisible en desafortunada expresión de Adam Smith). La idea no gusta a los políticos porque reduce su función a la mínima expresión.

Cambio climático

La sostenibilidad medioambiental, por su lado, es el estribillo político irresistible de nuestro tiempo. Sin embargo, es más fácil mencionarla que cantarla sin desafinar. Para Zapatero esta forma de sostenibilidad consiste en promover la economía verde, construir un modelo productivo bajo en emisiones y conjurar las amenazas planteadas por el cambio climático.

Resulta interesante observar que a pesar de las decenas de planes nacionales aprobados para convertir la economía española en la avanzadilla de un mundo libre de CO2, España sea el país que más incumple el fracasado Protocolo de Kyoto.

El último dato oficial es que nuestro país ha incrementado en más de un 52% las emisiones de gases de efecto invernadero cuando el compromiso era no pasar de un 15%. La verdad inconveniente es que EEUU, sin el racionamiento de Kyoto y con un modelo mucho más cercano al libre mercado que el español, ha logrado una tasa de incremento de emisiones muy inferior a la española y la mitad de la europea, desde que se firmó el protocolo.

Sólo la recesión económica permitirá a España dejar de distanciarnos del objetivo y acercarnos un poco dando la razón a quienes decíamos que cumplir el Protocolo de Kyoto supondría una enorme crisis económica para la economía española. No está claro a qué desafíos del calentamiento se refiere Zapatero (los milenaristas no suelen explicar las causas del apocalipsis).

Durante los últimos cinco años ha estado insistiendo machaconamente en el riesgo de la subida del nivel del mar hasta el punto de que su gobierno aconsejó a los españoles dejar de ocupar la primera línea de playa. Pero a los políticos hay que tomarles por lo que hacen con su dinero y no por lo que dicen. Y lo que Zapatero ha hecho con su dinero está muy claro: desoír sus pronósticos catastrofistas comprándose un chalecito en primera línea de playa.

Resulta muy improbable superar mediante planificación política el elevado nivel de sostenibilidad medioambiental que provee el mercado libre. El motivo es que los precios libres son el único indicador social de la escasez relativa de los recursos escasos y sólo en el mercado libre se tiende a evitar su despilfarro de manera eficiente.

La tercera y última rima que tararea Zapatero en la nueva ley es, cómo no, sostenibilidad social. En esta estrofa final, la Ley para la Economía Sostenible debe proveernos de empleo estable, cohesión social y un sistema de pensiones sostenible.

La estabilidad impuesta en el empleo no es algo que habitualmente pueda lograrse sin perjudicar la creación de empleo. Los funcionarios, por ejemplo, tienen un empleo estable pero en poco ayudan al crecimiento económico de este país.

La política laboral de este gobierno, con Caldera y Zapatero como ideólogos supremos, ya ha logrado el éxito de convertir a nuestro país en el campeón del desempleo entre los países desarrollados.

El empecinamiento en inflar con dinero de todos la burbuja renovable produce ahora decenas de miles de desempleados verdes y, aún si este no fuera el caso, el dinero que se detrae de otros usos y se dedica a sostener las energías que están demasiado verdes para funcionar de manera sostenible en mercado libre, provoca la pérdida de más del doble de empleos de aquellos que se generan con la subvención. Es la realidad económica del coste de oportunidad que los mercantilistas nunca han querido entender.

Pensiones y sistema de reparto

Por otro lado, pocas cosas pueden ser más insostenibles que el sistema público de pensiones de reparto, un sistema piramidal que hace que el timo de los sellos o el de Madoff parezcan juegos de niños. Por mucho que Zapatero nos cante la musiquilla de la sostenibilidad, su plan de pensiones es un puro timo que tratará de extender obligándonos a incrementar lo que aportamos y reducir lo que recibimos. Así Madoff también su hubiera salvado, por un tiempo.

En cuanto a la cohesión social, la cantinela no puede ser más errónea. Las sociedades se cohesionan de forma natural a través de la interdependencia propia de los intercambios voluntarios. La cohesión impuesta de Zapatero sólo puede acrecentar las disputas, dar rienda suelta a la envidia y multiplicar sin límite los agravios comparativos. En suma, la nueva canción de Rodríguez Zapatero combina la música melosa de la peor demagogia política con una letra que es la receta de un modelo socio-económico insostenible.

Los piratas de la UE contra Intel

Todo por “utilizar prácticas anticompetitivas para excluir su único competidor y reducir las opciones de los consumidores” y el efecto de “socavar la innovación”. ¿Qué es lo que hacía Intel? Ofrecer a sus clientes enormes rebajas en el precio, bien directamente rebajando el precio, bien ofreciendo esa rebaja en forma de dinero tras la venta.

Ofrecer productos a un mejor precio. ¿No es eso, precisamente, competir? ¿No sería dejar de hacerlo, estrictamente, un comportamiento contrario a la competencia? Como la lógica de los políticos es exactamente contraria a la de la realidad, resulta que para la Comisión Europea ofrecer mejores precios que su competidor no sólo no merece un precio (que ya otorga el mercado en forma de mayores beneficios), sino que le acarrea un castigo. Es obvio que aquí no es Intel quien ha actuado contra la competencia, sino la megalómana Kroes, que se crece robando a las grandes empresas competitivas. La prensa ya apunta a Google como siguiente víctima propiciatoria. Hagan sus apuestas. Yo digo que el botín rondará los 1.200 millones de euros.

Pónganse en situación. Hay varias empresas dedicadas al mismo producto. Tienen todas el mismo tamaño, el producto es bastante igual y el precio prácticamente el mismo. Estrictamente hablando, no están compitiendo entre sí. Excepto una, ACME, que ha logrado mejorar la calidad y producir con un menor coste. Reduce el precio y los consumidores, que son más listos de la Kroes, apuestan cada vez más por esa empresa. Alguno de los otros competidores no puede aguantar la pérdida de clientes y se ve obligado a cerrar. Otros, entre la zanahoria de los enormes beneficios que obtiene ACME y el palo de la desaparición por ruina, se ven obligados a atender a los consumidores de algún modo. Quizá apostando por invertir en una mayor calidad. Acaso con métodos productivos más baratos, que les permita competir en precio.

Pero la relación calidad precio de ACME es tan buena, que los consumidores que la escogen siguen creciendo. Pero su reinado depende de seguir siendo mejor que las demás empresas. Porque basta que, llamado por los enormes beneficios del mercado, entre en él un empresario con una fórmula revolucionaria para desbancar a la propia ACME. La veterana empresa, en nuestro ideal ejemplo, ella sola, ha logrado mejorar la atención a los consumidores. Ha expulsado del mercado a las que no lo hacen. Ha mejorado la tecnología y ha rebajado el precio. Ha sido ejemplo para todos de las ventajas de la dura y virtuosa competencia en el mercado. Bien, pues esa empresa, que ha sido una bendición para los consumidores, es la que se convierte en villano para los políticos. ¿No serán ellos los villanos?

¡Qué bien! Parados de por vida

¿Cómo? Ampliando el subsidio de paro seis meses más. ¿Por qué seis meses en lugar de uno u ocho? ¿Dónde está el límite?

Ampliar el período del subsidio significa muchas cosas y ninguna de ellas beneficiosa:

  • Más tiempo de subsidio es igual a más tiempo en el paro, por lo tanto, menos tiempo ocupado. Parece obvio, pero los socialistas no lo entienden. Está directamente relacionado con los incentivos humanos. Cuando en el colegio el profesor, ante la masiva petición de los alumnos de posponer un examen, lo dejaba para la semana siguiente, todos nosotros lo primero que hacíamos era ir al cine. Al final, siempre acabábamos igual, estudiando la última noche hasta las tantas. Si se alarga el subsidio de desempleo, el parado, involuntariamente, se relaja. Especialmente los que acaban de entrar en la lista. No hay vuelta de hoja: a más subsidio, más prolongado el desempleo.
  • El hombre común tiende a considerar que las crisis son como un temporal. Puede llover y tronar durante días, pero al final siempre sale el sol sin que nadie haga nada arreglándose todo rápidamente. El problema es que la meteorología y la economía son ciencias totalmente diferentes que no tienen nada que ver. Las crisis no duran un tiempo determinado y luego, como por arte de magia, viene la bonanza. De la crisis sólo se puede salir de dos formas. Una, buscado la alta productividad, bajando precios (salarios incluidos) e innovando en aquellos sectores que más demanda la gente. La otra, esperando a que el resto de países superen la crisis y gracias a la inercia del comercio internacional, salgamos de ella a rastras. Ésta es la solución del Gobierno: ser los últimos en salir de la crisis. Es el camino más doloroso y largo; pero políticamente el más fácil, el que más votos da por ser el populista. No es buena garantía ni para el presente ni para el futuro.
  • Un país que penaliza el trabajo con todo tipo de barreras "sociales" y favorece con contra-incentivos estatales el parasitismo, inevitablemente ha de tener una baja productividad. Efectivamente, España está a la cola de Europa en productividad. Una medida como prolongar más el subsidio de paro es un lastre para mejorar este punto.
  • Pensar que el Estado es la solución a la crisis muestra una sociedad poco madura e irresponsable que aún cree en una especie de "rentismo social". No pretende vivir de las rentas de una inversión particular, sino del capital de otras personas que voluntariamente trabajan para sí mismas pero que obligatoriamente lo hacen para otras a las que ni siquiera conocen. El rentismo social es parasitismo y constituye un asalto al trabajo de los demás.
  • El subsidio de desempleo no genera riqueza, más bien al revés. Destruye capital. Mala receta en tiempos de crisis.

Si alguien ha salido realmente fortalecido de esta crisis son los gobiernos de todo el mundo. La dependencia del ciudadano hacia el Estado se expande día a día de forma incontenible. El remedio del Gobierno siempre es el mismo: populismo y crear un clima de inestabilidad económica para fortalecer el lobby más básico de cualquier democracia, el votante cautivo. Cuanto más pobre y desesperada esté la población, más socialista se vuelve y, por tanto, más dependiente del Gobierno.

La única cura a las crisis y a la dependencia del Estado sólo es el liberalismo, el laissez faire, lo que nos permitirá recobrar el espíritu de superación y una sociedad próspera, rica y libre.

El desescamador que lo desescamare

Esta práctica consiste, más o menos, en crear una página web que se supone de un comerciante honesto, de forma que la gente trata de adquirir cosas a través ella. Por supuesto, tal adquisición exige un pago previo y el problema es que, como aquello es más falso que un decorado del Oeste, una vez sueltas el dinero te has quedado sin él. Y olvídate de recibir el bien presuntamente adquirido.

Hace unas semanas tropecé con uno de estos sitios. Si uno trataba de hacerse con la nueva Nintendo DSi, la búsqueda en Google, la pantalla en Pixmania y en otras del estilo, mostraba el anuncio de una tienda con la DSi a precios imbatibles. La navegación por la tienda, de cuyo nombre no puedo acordarme, era perfectamente normal, y el único punto extraño era que, en el momento de pagar, te exigían una transferencia en vez de aceptar pago con tarjeta.

Decidí entonces investigar un poco más, y, efectivamente, resultó que la tienda era un scam. Hay señores para los que diseñar una página web vacía es un verdadero negocio, aunque les dure el "negocio" unas semanas. Porque eso es lo que les ha durado. Según parece, la página se había puesto en marcha el 19 de abril. Unas cuatro semanas después, me resulta imposible dar con el nombre de la página usando Google, razón por la que no lo doy en estas líneas.

En un tiempo record, la estafa ha sido localizada y los agentes de la Sociedad de la Información han conseguido desmontar el tinglado: algunos internautas demostrando que se trataba de scam y otros eliminando la referencia de sus anuncios. Por supuesto, habrá unos cuantos compradores que se hayan visto estafados y para ellos esto no es consuelo. En todo caso, son sujetos de un crimen que se supone será perseguido por las autoridades competentes.

Lo más importante de la historia es reparar en que, hasta ahora, no ha aparecido el Estado en la misma. La sociedad, en este caso la de la información, se organiza espontáneamente de forma que en poco tiempo se ha localizado al estafador y se le ha desalojado de su posición. Google se juega mucha credibilidad y mucho futuro en que los estafadores no se cuelen en sus anuncios, y seguirá innovando e investigando para acelerar al máximo la localización y eliminación de scammers.

El Estado, por su parte, quiere erigirse en nuestro protector, quiere diseñar medidas que prevengan el scam, regulando más y más internet, para nuestra supuesta protección. No se da cuenta de que el scam ya es delito, que no se necesita nada más para prevenirlo, de la misma forma que no hace falta regular nada específico para saber que el robo es un delito. Todas las pretendidas regulaciones preventivas sólo consiguen reducir nuestra libertad, a cambio de pocos resultados.

Ninguna de las normas que diseñe el Estado va a ser mejor que lo que pueda hacer un agente tan interesado en sobrevivir como Google, o en no dejarse estafar como un servidor. A la historia descrita me remito. Y es una pena que no sea Google (u otro agente privado) el capacitado para perseguir los delitos; si fuera así, tengo la sensación de que los recién estafados volverían a ver su dinero, y el scam quedaría erradicado en poco tiempo.

Desgraciadamente, esa función sí que queda en el ámbito del Estado. Y no creo que este desescamador les desescame.

Remedios procesales

Conviene insistir en que solo tres individuos fueron condenados por su participación directa en los atentados, después de que el Tribunal Supremo estimara algunos recursos de casación interpuestos contra la sentencia dictada en primera instancia. A la vista del magro resultado de ese primer juicio del 11-M, parece evidente que muchos asesinos andan sueltos. Cualquiera que sea la valoración que merezca la actuación judicial, no puede perderse de vista que la ejecución de un atentado de estas características presupone la implicación de muchas más personas.

La parcialidad del conocimiento sobre el caso fue reconocida, por cierto, por los jueces presididos por Gómez Bermúdez. En el fundamento jurídico primero de su sentencia guardaron cuidado de resaltar que su objeto procesal se ceñía a la declaración de culpabilidad o inocencia de los procesados previamente por el instructor del sumario. Aun no siendo exacta esa acotación de los pronunciamientos posibles de una sentencia, los cucos magistrados guardaron la ropa para la posteridad.

De esta manera, mal que les pese a los leguleyos que no tienen ningún interés en arrojar luz sobre las incógnitas, una primera sentencia sobre unos hechos históricos tan poliédricos no equivale a dar carpetazo o marear los papeles de las causas que vengan después. Incluso si se atribuyera a esa sentencia una relativa eficacia prejudicial, no obstaría para continuar la búsqueda de la verdad material, inherente al proceso penal.

Por lo que se sabe, no se ha avanzado demasiado en la instrucción de las causas que separó el juez del Olmo del sumario principal, pero eso no significa que no deban dar resultados. Aunque otra Sala de la Audiencia Nacional, presidida por otro de los juzgadores del caso, Alfonso Guevara Marcos, desestimara el recurso de apelación de dos víctimas (Gabriel Moris y Pilar Crespo) contra la denegación de unas diligencias de prueba para determinar la naturaleza y el origen de todos los explosivos utilizados, ese jarro de agua fría no parece haber doblado su empeño por reclamar nuevas líneas de investigación. La Sala parece olvidar, en cualquier caso, que los restos de los trenes, con todos los vestigios que pudieran acumular, fueron eliminados a los pocos días de que ocurrieran los atentados. Una insólita actuación que ofrece indicios de encubrimiento, según el artículo 451.2 del Código Penal.

Otro resquicio que debería permitir fijar algunas piezas de este rompecabezas quedó abierto cuando la sentencia de la Audiencia Nacional dispuso que entregaría testimonios a varias acusaciones y defensas que anunciaron su intención de emprender acciones penales contra testigos y peritos que depusieron en el juicio. Aunque en un primer momento pareció renuente, el tribunal presidido por Gómez Bermúdez entregó finalmente las grabaciones de la prueba pericial química sobre los explosivos a la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M.

Llegados a este punto, cabe resaltar la responsabilidad que contrae el juez de instrucción encargado de tramitar las diligencias abiertas (y aquellos que deban instruir otras). Lejos de adoptar una posición pasiva y limitarse a denegar por sistema las diligencias que propongan las acusaciones particulares, deben dar el oportuno impulso procesal a las investigaciones. Aunque muchos jueces instructores timoratos no se atreven a dar un paso sin que lo refrende un fiscal, la ley les atribuye en exclusiva la dirección de la instrucción de los sumarios y tienen un amplio margen de actuación si quieren ejercer sus potestades como poder independiente.

En consecuencia, cabe exigirles que desempeñen sus funciones con la seriedad y profesionalidad que merecen unas actuaciones encaminadas a descubrir a unos criminales muy peligrosos que disfrutan de una inmerecida impunidad después de haber fulminado la vida de 193 personas ayer mismo, como el que dice. Probablemente no encontrarán un sumario más importante en su vida.

Afortunadamente, algunas víctimas valerosas no se han dejado intimidar por consignas y burlas que despiden una tinta de calamar apestosa. Las dificultades para lograr la empresa apetecida por quienes no quieren olvidar lo inolvidable se alzan poderosas. Para superarlas deben contar con unos jueces que no se amilanen ante las presiones de todo tipo. Un ejemplo de ellas se pudo observar la semana pasada al poco de conocerse el informe del perito Iglesias sobre los explosivos.

Para quien quisiera enterarse, el presidente del Gobierno encontró tiempo en el Debate del estado de la Nación para ufanarse de su abominable naturaleza, aunque mostrase una facundia tan limitada como cursi. Deliberadamente volvió a ligar su destino a la obediencia de la "ley del silencio" apenas rota por unas tenues protestas en el Congreso de los Diputados.

Ana Botella y la prostitución

La segunda teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid pretende tener razón en su cruzada personal contra la prostitución y, fina socióloga que es, tiene "la impresión de que está cambiando algo la percepción social de la prostitución". Su sermón moralizante se resume en recordar que se trata de "una realidad que debería avergonzarnos a todos". No se conforma con gobernar la ciudad de Madrid, también quiere controlar nuestras mentes y ordenarnos qué debe avergonzarnos, y no sólo a unos cuantos sino a todos.

Botella se refiere a "la violencia y las condiciones de esclavitud que sufren las mujeres prostituidas". Mete a todas las prostitutas en la misma categoría de esclavas violentadas, lo cual puede ser cierto para muchas pero seguro que no lo es para todas: conviene saber distinguir.

Critica que "durante mucho tiempo en nuestra sociedad ha predominado una actitud complaciente y permisiva, por no decir cínica e hipócrita". No especifica si ese "mucho tiempo" son días o siglos; y quienes no estén de acuerdo con su autoritarismo prohibicionista son cínicos e hipócritas.

"En la Europa del siglo XXI, son muchos los que todavía defienden que se trata de un trabajo más. Una posición fácil cuando se trata de personas desconocidas. Habría que comprobar esta opinión si la ‘trabajadora’ en cuestión fuese un familiar".

Resaltar en qué continente estamos y en qué siglo no parece muy informativo: pero la prostitución es un trabajo, una forma de ganarse la vida; diferente de los demás por la percepción moral de algunos (especialmente los más estrictos puritanos), pero perfectamente legítima mientras sea una decisión libre en la que no medie agresión de o a terceras personas. En el ámbito social de la señora Botella seguramente esté muy mal visto tener familiares prostitutas (o clientes): pero convendría que recordara que existen prostitutas que ejercen libremente y que tienen parientes a quienes no parece haber consultado. Además ¿desde cuándo la opinión de los parientes puede utilizarse para limitar la libertad de las personas?

Botella resalta que "estamos demasiado acostumbrados a mirar hacia otro lado", pero que "muchos reaccionan cuando se produce en su propia calle". Tal vez sabemos que hay realidades humanas que podemos deplorar pero que difícilmente vamos a cambiar mediante la coacción política. Y pedimos a nuestros representantes que al menos se ocupen de gestionar con un mínimo de eficiencia algo que es bastante público, las calles: es perfectamente consistente defender la prostitución voluntaria pero exigir que no se practique en ámbitos públicos.

Botella está tan perdida en sus malos argumentos que no para de darse la razón a sí misma, siempre escondida tras un plural mayestático: "Ante todo, teníamos razón cuando afirmamos que la prostitución atentaba contra la dignidad de la persona. Pues es una forma de explotación inhumana y degradante, cuya legalización atentaría contra derechos fundamentales". Cuando alguien no tiene argumentos sólidos en un discurso moral recurre al vaporoso concepto de la dignidad humana, en el cual cabe todo aquello que le disguste profundamente y que además no pueda aceptar que otros lo toleren. ¿En qué consiste la explotación si se presta un servicio voluntariamente a cambio de dinero? Lo de degradante es claramente su visión particular disfrazada de hecho objetivo. Y el derecho fundamental, el de la propiedad de cada persona sobre sí misma, difícilmente sufre en relaciones voluntarias.

Sigue: "Teníamos razón cuando defendimos que la prostitución es una forma de esclavitud… las mujeres son retenidas contra su voluntad, ellas y sus familias sufren amenazas y son coaccionadas mediante todo tipo de métodos, como palizas o violaciones en grupo". Algunas mujeres, quizás muchas, pueden estar esclavizadas para el sexo. Y los poderes públicos revelan su sistemática incompetencia al no ser capaces de solucionar esta lacra y proteger los derechos más elementales a la seguridad física; para distraer la atención, atacan a todas las prostitutas y a todos los clientes en general, y así de paso imponen su moral a todos.

Y sigue: "También teníamos razón cuando sostuvimos que la prostitución era una forma de violencia de género. A nadie se le escapa que las víctimas de prostitución y tráfico de personas son mujeres y que los mal llamados ‘clientes’ son hombres". En la categoría de violencia de género, que sobre todo se refiere a las relaciones afectivas, ya cabe cualquier cosa. ¿Es que las víctimas de la violencia tienen más derechos por ser mujeres? Parece que la igualdad ante la ley está muy pasada de moda.

No para: "Por tanto, el rechazo social de esta práctica debe ir paralelo a nuestra condena de la violencia de género en el ámbito doméstico. Para concluir, también teníamos razón cuando lanzamos el mensaje de que el cliente era cómplice y tenía una responsabilidad en la explotación sexual de cientos de miles de mujeres". Tenemos que mezclarlo y rechazarlo todo en bloque, sin hacer distinciones que sobrecarguen la inteligencia: la violencia en la pareja, la violencia de la explotación sexual y la prostitución consentida. Las cruzadas morales son así.

El colapso del dólar

En concreto, que seamos un colectivo al que nadie hace mucho caso porque no molesta al Poder o que la opinión de quienes defendemos una red alejada todo lo posible de las manazas de los políticos sea escuchada y atendida.

Como bien dijera el maestro Carlos Rodríguez Braun, en nuestro querido Estado del Bienestar "la redistribución no es de ricos a pobres sino de grupos desorganizados a grupos organizados". Sólo que este hecho no se limita a las transferencias económicas. Hemos pasado de ser un Estado de Derecho en el que todos somos iguales ante la ley a volver al Antiguo Régimen en la que se conceden diversos fueros y privilegios que ponen a unos encima de otros. En este caso, a artistas de la ceja por encima de usted y de mí, que cometemos el grave pecado de usar internet en lugar de ir al cine o ver la tele a recibir nuestra ración diaria de soma.

Zapatero nunca se ha preocupado por nosotros. Le basta con tener la máquina de la propaganda lo suficientemente bien engrasada para poder ocupar la poltrona el tiempo suficiente para modelar la sociedad a su antojo. Los estragos de la crisis sólo le quitarán el sueño si logran hacer olvidar a suficientes personas lo mala que es la derecha y lo buenos que son ellos, los progresistas. Y para eso ni siquiera le hace falta que los artistas se manifiesten a su favor o en contra del PP, que lo mismo le da. Basta con que hagan su trabajo, como nos recordó Borja Prieto. Mientras en las pantallas los malos sean curas, las familias estén rotas y los republicanos se transformen en inocentes demócratas, todo irá bien.

Así pues, Zapatero les dará lo que les pida. A no ser que en esa pantalla rectangular en la que basa toda su acción política aparezca un grupo de personas protestando ante los nuevos y los viejos fueros, contra el canon de siempre y el nuevo, ese que pagaremos los internautas, usuarios de móvil y esas televisiones que están naciendo ahora y que de prosperar permitirían romper con ese oligopolio de telediarios de izquierdas o, como mucho, que no molestan. Y sólo lo conseguirá una concentración lo suficientemente numerosa. Los números totales no importan. Sólo existen tres grandes categorías de manifestaciones: las que todos ignoran porque reúnen a tres gatos, aquellas con la gente suficiente como para poder decidir si se informa sobre ellas pero no tantas como para que resulte obligado y ese grupo selecto de movilizaciones que no se pueden ignorar y que hay que tratar de ridiculizar o neutralizar.

Los internautas nos hemos quedado hasta ahora quietecitos delante de nuestro ordenador, que es justo donde nos querían mantener. Desgraciadamente, en este sistema que sólo cambia a base de ruido en las calles, debemos demostrar que somos un grupo organizado que puede suponer un problema en plena campaña electoral. Vendrán partidos, o no, pero eso es lo de menos. Es la sociedad la que debe defenderse de los intentos por fiscalizarnos, tratarnos como culpables al margen de lo que hagamos, espiarnos para ver si cometemos el pecado –que lo es, y mortal– de descargarnos cine español.

Es posible que no lo consigamos. Pero es nuestro deber intentarlo. Allí nos veremos.

Internautas, ¡a la calle!

La pusilanimidad de Feijóo en materia lingüística contribuirá, de hecho ya lo está haciendo, a que se vulneren derechos esenciales que están por encima de las instituciones políticas, incluida la Junta de Galicia. Si encima lo hace con la intención de apaciguar a las fuerzas de choque nacionalistas tendremos que convenir que el presidente gallego es algo menos inteligente de lo que en su casa suponen. Cuando un grupo está dispuesto a imponer una medida totalitaria como es la utilización exclusiva del dialecto gallego en la educación y los medios oficiales, cualquier concesión del poder político no se interpreta como un acto de buena voluntad, sino como una muestra de debilidad que conviene explotar hasta sus últimas consecuencias.

Contaba Miguel Maura en su Así cayó Alfonso XIII que cuando comenzó la quema de iglesias para dar la bienvenida a la república era gobernador de Málaga un amigo de Alcalá Zamora, quien, de acuerdo con el jefe de la guarnición militar, propuso a los progresistas de la antorcha que salieran a las afueras a prender fuego a una capilla desacralizada. Así lo hizo el gentío, entre aclamaciones a los dos prohombres por su sentido realmente "popular". Inmediatamente después subieron a los dos en hombros y fueron en procesión incendiando todas y cada una de las iglesias y conventos de la capital.

A pocas semanas de las elecciones europeas, Feijóo se empeña en echarle una mano a Mayor Oreja mostrando a los votantes del PP gallego la ligera tomadura de pelo de la que fueron objeto. Aún es tiempo de rectificar, pero si el flamante presidente gallego actúa así nada más tomar posesión del cargo, podemos imaginar adonde puede llegar en términos progresistas dentro de tres años cuando tenga que revalidar su cargo ante las urnas. De momento ya vemos que la imagen del PP de cara a las europeas le importa menos que pasear a hombros de los nacionalistas. Por si acaso, tomamos nota.