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Zapatero, Centinela de Occidente

Aurora ha vuelto a dar señas sobradas de esa cualidad en sus artículos, y especialmente en el último, que de otro modo jamás se habría llamado Elogio de la inmoralidad

No es una puesta al día de Mandeville, aquél inspirador de Adam Smith, sino un sano ejercicio contra cierto moralismo pegajoso y, en ocasiones, hasta poco edificante. La periodista ha señalado el caso de la reacción de la prensa de la racista Albión contra la selección española por el gesto de simpatía hacia China con una foto en que se rasgaban los ojos. "La gente se ofende por todo", se queja, y con razón.

La raíz de ese mal viene de esa concepción colectivista, y por tanto falsa, de respeto. El individuo no es ya nadie por sí. Sólo se le considera como miembro de tal o cual grupo. Y la política se ha transformado desde el individualismo que conquistó los Derechos del Hombre al colectivismo que ve en el grupo fuente de derechos y sujeto de todo tipo de agravios y vejaciones, reales o imaginarios, pero siempre prestos a pasar por la caja del Estado. Si bien, ¿no habrá tenido que ver algo la izquierda en esta podredumbre de los derechos? En cualquier caso, pertenecer a grupos agraviados es un gran negocio en política y por ello no hay manifestación espontánea de expresión, incluso las más preñadas de simpatía, que no se vean como un agravio culposo. Como una inmoralidad. En estas, condiciones, ¡viva la inmoralidad!

Sigue Aurora en su elogio hasta esculpir la siguiente frase: "Seguramente la culpa de todo la tenga Zapatero, que está viciando la moral de los españoles". "Será, a diferencia de la elegía al doctor Negrín, un brutal ejercicio de ironía", pensará el lector. Y acierta.

Acierta porque, de hecho, no se puede considerar de otro modo. Si algún título reservará la Historia para Zapatero es el de Centinela de Occidente. Perro Cervero de la moral, Zapatero no da resquicio a quien ose comportarse de forma inmoral. Como esto de las buenas y malas costumbres no se puede dejar al libre albedrío de la sociedad, que para algo debe de haberse inventado el Gobierno, qué entre dentro y fuera de la moral que lo decida el elegido. El elegido democráticamente, es decir.

Y aquí están, los neoinquisidores, en una cruzada contra la inmoralidad que no tiene parangón en la historia reciente de España. La ha emprendido contra el tabaco. También contra las hamburguesas, en lo que no es sino el primer paso de una persecución en toda regla contra las grandes tallas. Las pequeñas tienen también su pedigrí de perseguidas, que este es un Gobierno que abomina de los extremos, como todo el mundo sabe. Para Sanidad el vino es una "bebida alcohólica peligrosa". Quién
sabe, incluso los píos rezos que dedica Rajoy a la familia, si se producen extramuros su vivienda, podrían convertirse en inmorales, a ojos del Gobierno.

Eso que ganamos. Si Zapatero cuida de nuestra moralidad, una tarea menos de qué preocuparnos. Pero quizá, sólo quizá, y dicho sea con el permiso de la autoridad, y aunque lo que vaya a decir sea una blasfemia contra la religión progresista, es posible que lo que haga cada uno con su cuerpo y su conciencia no sea asunto del Gobierno.

Nacional socialistas de ayer y hoy

Esas dos últimas palabras me evocan multitud de falsos recuerdos, esos que uno va creando cuando lee historia y quiere ilustrar con imágenes el relato de lo ocurrido. "Espacio vital". Casi recuerdo a Hitler llamando a los alemanes a conquistar el Lebensraum, a tomar control sobre el territorio que les permitiría abastecerse sin necesidad de comerciar pacíficamente con los vecinos. El Espacio vital, némesis del comercio, es la ideología de la guerra.

El Nacional Socialismo, vencido en su terreno favorito, el campo de batalla, reaparece bajo nuevos ropajes y vuelve a infiltrarse en la Historia incluso después de que se considere que ha sido engullida por ella sin dejar más rastro que unas cuantas defecaciones.

El titular sintetiza eficazmente tanto el fondo de la última guerra de Rusia con Georgia como el contenido de la noticia, que es una entrevista a un político de Abjacia, otra región que se quiere desligar de Georgia. "Moscú", dice la noticia, "no puede permitirse la pérdida del control del tránsito del petróleo y de gas que Estados Unidos y Occidente tratan de organizar al margen de ella".

El control público de los recursos es el control político. Y la guerra es un instrumento de la política. El control privado de éstos lleva a la libre colaboración en el mercado por medio de los intercambios. Los recursos en manos del Estado están puestos al servicio de los políticos; los que están en manos de la gente, al servicio de los ciudadanos.

Nacionalista y socialista, la ideología del Espacio vital no ha desaparecido. Sigue calentando los corazones de muchas personas de izquierdas. Quizás no sepan que ello no tiene nada de contradictorio.

Privilegios bananeros

Aunque este acuerdo, que saldaba políticamente las disputas que mantienen ya desde hace 16 años los políticos de estas dos regiones, no formaba parte de la Ronda de Doha, bastó que se anunciara la ruptura de las negociaciones de la ronda para que los europeos promulgaran a los cuatro vientos que no firmarían el trato alcanzado unos días antes para reducir el arancel del plátano de manera progresiva.

La misión era casi imposible. A la burrocracia internacional, a la que no le duele en el bolsillo que no se llegue a un acuerdo comercial que alivie la pobreza, se le pedía llegar a un acuerdo que contentara al mismo tiempo a los productores agrícolas de los países pobres y a los privilegiados lobbistas europeos de la Política Agraria Común.

Doha reventó por la detonación de un cóctel intervencionista de teorías erróneas e intereses de los grupos privilegiados. Por un lado, nuestros políticos defienden total o parcialmente las medidas que los enemigos tratan de imponernos en tiempos de guerra, que no es otra que limitar nuestras importaciones, ya sea mediante sitios, bloqueos, cañones o aranceles. Por el otro, la casta de privilegiados que ha crecido a la sombra de la Política Agraria Común y otras políticas del Estado del malestar europeo, no está dispuesta a perder sus prerrogativas por banalidades como dirigirnos hacia un mundo más justo donde impere la libertad comercial y ayudar así a reducir la pobreza.

Los lobbies europeos, los que nos toman por rehenes y nos exprimen metódicamente para extraernos el jugo día sí, día también, están de enhorabuena. Celebran por todo lo alto que usted y yo no podamos intercambiar en libertad, directa o indirectamente, diversos productos con los necesitados productores de otros países. Un buen ejemplo de estas castas que usan la violencia para impedirnos intercambiar en libertad la encontramos en el sector del plátano. La Asociación de Organizaciones de Productores de Plátanos de Canarias se apresuró a celebrar la ruptura del acuerdo con anuncios a toda página en la prensa de las Islas Afortunadas pidiendo que nunca se dejen entrar libremente las bananas centroamericanas en la Unión Europea.

Aparte de la hipocresía que supone estar todo el tiempo hablando de solidaridad y ayuda al desarrollo para después impedir por la fuerza lo que realmente puede permitir el progreso de los países pobres, estas políticas agreden a casi todos para proteger a unos pocos privilegiados y dejan la imagen de Canarias y de toda España por los suelos. Si hay un sector estratégico para el desarrollo de las sociedades, ese es el comercio libre. No dejemos que sea secuestrado y mutilado por los intereses espurios de políticos, burrócratas y pseudo empresarios.

Miedo a la libertad

Claro, ella quiere traer un funcionario con sueldo fijo (a poder ser bien alto) desde los dieciocho hasta los sesenta años en que acceda a la jubilación anticipada. Toda una vida enganchado a la ubre estatal como un mamoncete es el futuro ideal que este sindicato sueña para cualquier francés que viene al mundo.

Huelga decir que si todos los franceses pensaran como sus líderes sindicales el país galo sería como Cuba o Corea del Norte, donde todo el mundo vive del Estado, y lo de "vivir" es un eufemismo, como demuestra el nivel de vida de la población que disfruta de las mieles del paraíso socialista.

Nada que criticar por tanto en esta campaña de un sindicato francés, que sin duda hará morirse de envidia a nuestros sindicalistas por no habérsele ocurrido antes a ellos. La cultureta socialdemócrata ha conseguido socavar de tal forma los valores esenciales de una sociedad libre que lo que antes se consideraba normal y hasta necesario (pasar unos primeros años de formación en trabajos poco remunerados, sobre todo si no se tiene la adecuada cualificación académica, para ir subiendo posiciones en la escala profesional de acuerdo a la propia valía), ahora es considerado una tragedia.

Los nenes de hoy en día quieren vegetar durante veinticinco años estudiando poco y pasando cursos por decreto, y al día siguiente de licenciarse exigen una vivienda "digna" y un puesto de trabajo indefinido con un buen sueldo cerca de la casa de mamá para que les lave la ropita y les cocine el potaje diario. Y en lugar de sacarles de su error y decirles que la vida es una constante tarea de superación personal y de sacrificio, los políticos y los medios de comunicación, auxiliados en la banda por los sindicatos, les dan la razón y afirman que el hecho de que un chaval comience su carrera profesional cobrando un salario mínimo es una injusticia por la que todos los demás debemos pagar.

Cuando en los ochenta salías de casa a las seis de la mañana, te montabas en un coche de decimocuarta mano y te metías dos horas de carretera infernal para llegar a tiempo al curro, no pensabas que alguien estaba cometiendo un crimen social contigo. Al contrario, te sentías afortunado de hacer encontrado un trabajo fuera del campo. Tal vez fuera porque entonces los padres no educaban a sus hijos como unos resentidos sociales que debían exigir a los demás la satisfacción de sus necesidades. Al contrario, con su ejemplo enseñaban que a través del talento, la disciplina y mucho esfuerzo, un hombre es capaz de alcanzar todas sus aspiraciones. No había ningún mérito adicional en ello. Es la vida, y lo único que hacías era enfrentarte a ella con agallas y optimismo.

Si muchos de los grandes empresarios actuales, en lugar de aceptar trabajos poco remunerados con dieciséis años, se hubieran limitado a exigir "una vivienda digna" y un sueldo acojonante, o se hubieran hecho liberados sindicales, probablemente se habrían jubilado como supervisores de conserjería. Ejemplos los hay a miles, pero eso no se les enseña a los jóvenes, no sea que pierdan el miedo a la libertad y comiencen a confiar en ellos mismos.

Con su pan se lo coman. Ahora bien, como todos los niños que vengan al mundo con mamás como la de esta campaña sindical se conviertan en funcionarios, dirigentes de ONG’s o miembros de grupos de presión subvencionados, no sé quién va a sacar adelante el país. Y no sé a usted, pero a mí ya me empiezan a doler las pelotas de trabajar para tanta gente.

Phising

Los casos más llamativos suelen ser los referidos a cuestiones como enlaces o comentarios de lectores en bitácoras, donde el fallo muchas veces va en contra de la legislación vigente. Pero hay otros. Un ejemplo de ello es la decisión del Juzgado de Primera Instancia número 2 de Castellón que hace responsables a los bancos de que haya delincuentes que se hacen pasar por dichas entidades para estafar a sus clientes.

El phising es una práctica delictiva por desgracia muy común, y cuya forma más habitual es el envío de correos electrónicos en los que los estafadores se hacen pasar por un banco o caja de ahorros que solicitan al destinatario que entre en una página en concreto para introducir datos como su número de cuenta, contraseñas y otros posibles datos necesarios para poder operar por internet. A pesar de lo común de esta práctica y de lo sospechoso que resulta recibir un mensaje escrito en un mal español (por lo general, aunque no siempre, es así) en el que se pide una información tan sensible, hay personas que pican.

Para ellos el perjuicio es terrible, puesto que sus cuentas corrientes quedan a disposición de desaprensivos amigos del dinero ajeno (y no nos referimos a la Agencia Tributaria, cuya imagen curiosamente también fue utilizada para un caso los aquí comentados). Pero los únicos culpables son los estafadores, no los bancos o las cajas de ahorros. Nadie es responsable de que otros utilicen ilícitamente su imagen con intención de sacar un beneficio perjudicando a un tercero. De hecho, a estas entidades estas estafas les perjudican, pues dañan la confianza de muchos clientes en los servicios bancarios online.

De todos modos es comprensible que los clientes estafados, en este caso lo son de Bancaja, traten de responsabilizar a las cajas y a los bancos por el daño que han sufrido. Pero no lo es que un juez les dé la razón aludiendo a que las entidades no hacen lo suficiente para evitar esta estafa. Es como si pretendiera que un fabricante de electrodomésticos fuera responsable de los daños que a la instalación eléctrica de una casa pueda hacer una lavadora de un tercero vendida como si fuera suya. Por alto que sea el nivel de seguridad que consigan implantar los bancos, siempre habrá fallos causados por la ingenuidad o el descuido de algunos clientes, y la culpa de que haya estafadores que se aprovechen de ello tan sólo es de estos delincuentes.

Que hay bancos y cajas que realizan prácticas poco o nada honestas es indudable. Pero este no es el caso. Además, uno debe valorar a la hora de utilizar estos servicios una cuestión tan importante como es la seguridad. Algunas entidades, por ejemplo, no ejecutan una operación ordenada por internet hasta que el cliente no introduce un código que se le ha enviado a su teléfono móvil. Optar por quien ofrece un extra de seguridad de este tipo es una buena opción, y no culpar a otro de la ingenuidad propia ante unos estafadores que nos han hecho creen que son lo que no son.

Pobreza para el ciudadano

Lamentablemente, Occidente está dominado por el socialismo y la tiranía de las buenas intenciones que nos llevan al otro extremo. Algo que se agrava con las promesas no cumplidas de todo político. En lo poco que llevamos de legislatura, la Renta Básica de Emancipación sufre retrasos de medio año. Según los últimos datos, no la cobraron ni el 12% de los jóvenes que la solicitaron. Curiosamente, el Gobierno socialista consideró esta cifra un éxito. Algunos cheque-bebé se demoran hasta cuatro meses. Sólo 8 millones de declarantes han recibido los 400 euros del Gobierno, el restante 46% de los contribuyentes no ha visto ni un céntimo.

Con estos ejemplos es lógico que se ataque al Gobierno y al socialismo en términos de eficiencia. La economía privada es más eficiente que la estatal en términos de rendimientos y creación de riqueza, pero muchas veces se desprecia algo mucho más básico, y es la incapacidad crónica de cualquier Gobierno para satisfacer las necesidades del ciudadano.

En España por ejemplo, tenemos un panorama económico más que preocupante. Los productos básicos sufren subidas de dos dígitos, la confianza del consumidor se derrumba, el desempleo sube como un cohete, la morosidad no para de aumentar y somos de los primeros en la UE en desempleo total, juvenil y femenino. ¿Qué hace el Gobierno? El ministro de Industria, Miguel Sebastián, quiere gastarse casi 400 millones de euros en comprar bombillas que además contaminan y repartirlas por lo alto y ancho del país. Esta semana el Estado ha destinado 25 millones de euros a la bahía de Acapulco en México [!]. Como si esto no fuera poco, también el Gobierno quiere cofinanciar el 60º aniversario de los Derechos Humanos de la ONU y destinar más de 10 millones de euros a la lucha contra el SIDA. ¿Toca ahora despilfarrar el dinero en todo esto? ¿Alguien del Gobierno se ha dado cuenta que mucha gente que le votó lo está pasando, y pasará, francamente mal?

Evidentemente un socialista, que parece tener los bolsillos llenos por el desprecio que muestra ante la crisis, considera tal dilapidación de dinero usurpado al ciudadano libre un logro social, pero cualquiera con un mínimo de sentido económico ve claramente que el Gobierno no sólo es ineficiente o que sus acciones nacen de la coerción y la extorsión de los impuestos y leyes arbitrarias, sino que es incapaz de localizar los problemas o carencias reales del hombre para neutralizarlas como oferente alternativo al del libre mercado. La gran ventaja del liberalismo no sólo es que cada uno puede hacer con su vida y propiedad lo que le dé la gana, sino que es capaz de detectar las carencias de la sociedad (demanda) para facilitarlas a través de un precio (oferta). El mercado, a diferencia del Gobierno, siempre cubre las más urgentes de las necesidades. Los políticos en cambio, siempre cubren las más urgentes necesidades de sus gabinetes, ministerios y amigos generando pérdidas netas a la economía del ciudadano.

Ya no es cuestión de liberalismo, sino de sentido común. Cuando más ricos sean el Estado y los políticos, menos recursos poseeremos nosotros para nuestro bienestar y más dinero dispondrán ellos para incrementar su poder y cederlo a causas perdidas. Jamás ningún país ha salido de una crisis con estas recetas económicas, y es que ningún Gobierno tiene la capacidad ni la voluntad de solucionar los problemas reales de la gente.

Clásicos Populares

Fernando no ha adoptado ese tono fúnebre que se gastan en Radio 2, que bien parece que los locutores, en vez de dar paso a una genial creación humana parece que vayan a dar la peor de las noticias. No, Argenta, con su inseparable Araceli, ha hablado con pasión de la música y ha tratado con total naturalidad tanto al oyente como al "viejo peluca" o al "sordo genial".

No es que los nuevos responsables de la empresa pública hayan cambiado de criterio sobre lo que debe ocupar esa franja horaria en la primera cadena pública de radio. Es, simplemente, que Argenta tiene más de 58 años y, en consecuencia, entra en el plan de adelgazamiento de la pública emisora.

La noticia es penosa, como feliz ha sido la noticia diaria de su emisión, y especialmente por un período tan prolongado. No es que esté yo en contra de su plan de despidos, ya que los medios públicos los hacía yo adelgazar hasta cerrarlos por completo.

Pero Clásicos Populares es el gran contraejemplo de la realidad precisamente de estos medios públicos. La razón de ser de ellos es la de voceros del poder de turno. Por un lado se justifica su existencia simplemente uniendo las palabras "servicio público", pero la realidad es que el mismo día en que una ley prohibiese la emisión de contenidos informativos en los medios públicos, iban a anunciar su cierre inmediato. Hay muchos grupos, muy voraces, deseando llevarse los pastizales que Gobierno y Comunidades Autónomas se dejan en sus órganos de propaganda, y si no pudiesen seguir utilizándolos preferirían destinar ese mismo dinero a satisfacer a clientelas políticas.

Los medios públicos imitan a los privados en las fórmulas que dan dinero y se justifican aludiendo a su necesidad de sobrevivir económicamente. Pero ni compitiendo deslealmente con los medios privados ni poniendo al servicio del político de turno millones y millones de euros tienen viabilidas económica los TVE o canal autonómico de turno.

El programa de Argenta, que a nadie molestaba, era una buena excusa para el mantenimiento de la siempre Radio Nacional de España. Se ha esfumado ya, y muchos la echaramos de menos.

No al voto electrónico

Fernando Herrera se sorprende de la gran cantidad de cosas que podemos hacer y, de hecho, hacemos por vía electrónica, mientras algo en apariencia tan sencillo como votar por internet o telefónicamente nos está vedado. "¿Nos fiamos menos del teléfono para un voto que apenas va a tener influencia en nuestra vida que para una operación con el banco, que nos la puede arruinar?", se pregunta.

Es un argumento muy válido, pero sólo si eliminamos del paisaje el hecho incontrovertible de que el voto ha de ser secreto. Cuando una operación electrónica está asociada a una identidad, se abre la puerta a innumerables mecanismos de control y posibilidades de auditar el proceso, empezando por el hecho de que uno mismo puede acceder a los resultados y mirar qué actos se supone que hemos llevado a cabo electrónicamente, comprobando que se está haciendo todo bien.

Sin embargo, al votar, la opción que hemos elegido se desvincula completamente de nuestra identidad. De hecho, es un requisito obligatorio y es necesario que así sea. Hay que evitar que nuestro voto esté condicionado por lo que puedan pensar de él terceras personas. No es difícil pensar en circunstancias en las que esto resulta clave: desde evitar que el cacique del lugar pueda comprobar que estamos votando por él a que nos fiscalicen los proetarras repartidos por las mesas electorales del País Vasco y Navarra. De hecho, las papeletas deberían estar situadas en cabinas y debería ser obligatorio que todos o llegáramos con el voto traído de casa o lo introdujéramos en el sobre dentro de esas cabinas protegidas por cortinas.

Ese requisito del secreto hace que el voto electrónico, por más que el recuento sea instantáneo, sea mucho más vulnerable al fraude que el emitido con papel. De ahí que sea desaconsejable el proyecto del Gobierno de que los emigrantes españoles en el extranjero voten por internet. Josu Mezo, editor de Malaprensa y conocido detractor del voto electrónico, escribió en 2004, recordando el clima de elecciones como las repetidas a la Asamblea de Madrid o las generales del 14-M, que "gracias a nuestro actual procedimiento de votación y recuento, en ninguna de ellas hubo dudas de que los votos contados eran los votos realmente depositados en las urnas. ¿Podríamos decir lo mismo si el escrutinio lo hubieran hecho ordenadores conectados en red? Creo que la respuesta es obvia. Si implantamos el voto electrónico, más pronto que tarde habrá unas elecciones con un resultado sorprendentemente favorable para el partido en el poder, y muchos ciudadanos de buena fe creerán que ha habido tongo, sin que se sea posible probar lo contrario".

Otra cosa distinta sería emplear la tecnología para facilitar el proceso de voto. Podrían emplearse máquinas en esas cabinas secretas en las que pudiéramos emitir por medio de una pantalla táctil nuestro voto, que se imprimiría inmediatamente para que pudiéramos depositarlo en la tradicional urna. Se ahorraría mucho papel usado para imprimir papeletas de partidos carlistas y demás fauna y las papeletas podrían ser emitidas de tal modo que luego se pudieran escanear electrónicamente de forma sencilla, acelerando el escrutinio pero dejando un rastro de papel verificable que permitiera hacer un recuento. No sé si merecería la pena el gasto, la verdad, pero tampoco que se deba ir más allá si queremos seguir manteniendo la mucha o poca confianza que tengamos en nuestro proceso democrático.

Vamos a contar mentiras

Sin embargo, España se caracteriza por ser un país que, en general, muestra un escaso interés por mantenerse al tanto de la actualidad económica, tal y como reflejan los datos referidos al consumo de medios de comunicación o páginas web especializados en este ámbito, en comparación con otros países desarrollados.

Por el contrario, en general la población española todavía se informa únicamente a través de la televisión. Un medio que, salvo contadas excepciones, tan sólo suele ofrecer a sus espectadores las declaraciones de los principales partidos políticos, o las meras opiniones de periodistas afines que se dedican a repetir las directrices marcadas desde Ferraz y Génova. Pero, ¿y los análisis en profundidad?, ¿y la exposición de datos capaces de marcar tendencias y aventurar lo que se nos avecina? La mayoría los desconocen.

De ahí, precisamente, la gran irresponsabilidad que ha cometido, y sigue cometiendo, el Gobierno en su intento de ocultar a los ciudadanos la gravedad de la crisis económica que se cierne sobre nuestras cabezas. El Ejecutivo socialista es culpable de mentir a los españoles. Primero, negando la crisis, y ahora atenuando la crudeza de los datos referidos al paro, la inflación o el PIB, entre otros. O, lo que sería aún peor y más preocupante, nuestro Gobierno es del todo incompetente por ignorar la realidad de la situación, ya que una y otra vez ha fallado escandalosamente en sus previsiones macroeconómicas. Y ni siquiera se ha disculpado.

El PSOE se ha empeñado en transmitir un mensaje erróneo a la ciudadanía. Tan sólo es necesario retroceder unos meses en el tiempo, hasta justo antes de las elecciones generales, para percatarse de la gran estafa: "Aquí no pasa nada, y si pasa, no se preocupen porque saldremos de ésta en breve". Sin embargo, la realidad es, por desgracia, muy distinta. España se enfrenta a una crisis larga, dura e intensa, cuyo fin no se vislumbra a medio plazo.

De hecho, la tormenta apenas acaba de dar comienzo, y dejará tras de sí un innumerable reguero de víctimas en este país. Muchos se verán abocados al temido desempleo de larga duración, a la caída de sus inversiones, al impago de sus deudas e incluso al embargo de sus casas. No se engañen. La crisis financiera y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria afectarán con especial virulencia a España debido a su elevado endeudamiento, tanto inmobiliario como exterior. De haber sabido hace un año que esto podía suceder, ¿se habría usted arriesgado a comprar un piso cuyo precio estaba inflado?, ¿se habría gastado sus ahorros en un viaje al Caribe? En definitiva, ¿se habría usted endeudado hasta las cejas? Lo dudo.

Las mentiras del Gobierno en esta materia tienen efectos muy graves sobre la población. Sobre todo para aquellos que están menos informados. Los engaños no solucionan nada. Por ello, recomendaría a los miembros del Ejecutivo que apliquen el principal mandamiento presente en todo manual de autoayuda: reconocer el problema es el primer paso hacia su solución.

Sí al voto electrónico

En cambio, parece mentira lo poco que, en una democracia que se pretende "avanzada" como la nuestra, ha avanzado la posibilidad del voto electrónico. De hecho, en este concreto aspecto, parece que no haya llegado aún la Sociedad de la Información.

Lo cierto es que por internet podemos realizar transacciones de las más importantes que nos imaginemos, en las que está en juego nuestro dinero y patrimonio. Podemos comprar prácticamente de todo, desde una entrada de teatro a una casa; podemos apostar a juegos de azar; podemos realizar cualquier tipo de operación bancaria… si hasta nos podemos arruinar en Bolsa. Y, sin embargo, no podemos votar.

Podemos realizar donaciones, y participar en subastas. Consultar el tiempo, jugar solos o acompañados. Podemos cometer terribles delitos que prefiero no enumerar. Podemos hacer cosas simples o complejas. Hay quien incluso hace la declaración de la renta por internet, ¿alguien puede imaginar una acción más responsable en nuestra sociedad dejada al arbitrio de la red de redes? Y, sin embargo, no podemos votar.

Alguien dirá que no todo el mundo tiene acceso a internet. Pero tampoco parece necesario para emitir un voto. Si hay voluntad, la Sociedad de la Información tiene soluciones que no pasan por la banda ancha. Por ejemplo, se podría votar telefónicamente, desde el teléfono fijo o el móvil. La práctica totalidad de los bancos ofrecen este canal para sus operaciones. Y en estas jugamos con nuestro dinero, ¿por qué no íbamos a poder votar telefónicamente? ¿Nos fiamos menos del teléfono para un voto que apenas va a tener influencia en nuestra vida que para una operación con el banco, que nos la puede arruinar? Y, sin embargo, no podemos votar.

Es curioso que en plena concienciación ecologista a nadie se le ocurra el gran ahorro en términos medioambientales que supondría la generalización del voto electrónico. ¿Cuántos arbolitos hacen falta para imprimir las ingentes cantidades de papeletas que se han de suministrar a los colegios electorales? ¿Y el gasto energético de su transporte, y de las urnas, y de los mismos votantes cuando viven lejos de su colegio electoral? La de tiempo y dinero que podríamos ahorrar para otros menesteres más dignos del Estado del bienestar. Y, sin embargo, no podemos votar.

Parece que la fiesta de la democracia exige inexcusablemente de nuestra presencia física cada cuatro años (con la curiosa excepción del voto por correo, convencional, no electrónico). No importa lo que avance la tecnología o el desperdicio de recursos que ello suponga, los gobiernos no parecen dispuestos a privarse de sus papeletas. Así que podemos declarar y pagar impuestos por vía electrónica, pero no podemos votar… aquí hay gato encerrado, como dice el refrán.

Desde luego, el voto electrónico tiene mi voto, y que sea por última vez presencial.