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¿Sin casa? Ni falta que hace

En primer lugar quiero dejar constancia de que estoy convencido de que la gran mayoría de ellos sí podrá hacerlo en algún momento. Pero, en cualquier caso, también quiero dejar claro que si no lo hacen no pasa absolutamente nada. Sé que en esta España amante del ladrillo en propiedad, cerril y obtusa en las finanzas personales, se identifica mayoritariamente a la vivienda con el patrimonio. Pero en absoluto son lo mismo y cualquiera puede tener una vida próspera y feliz sin necesidad de firmar el último plazo de una hipoteca.

Esto es relativamente sencillo: invertir es convertir la renta en riqueza. Y durante la mayor parte de nuestra vida nos dedicamos a trabajar para obtener una renta. Lo suyo es ir detrayendo una parte de ésta para convertirla en riqueza, en un patrimonio con que afrontar los últimos años de nuestra vida con plena seguridad económica. La vivienda es una opción, claro está. Pero no es la única ni necesariamente la mejor. Veamos.

Por un lado el servicio que nos presta una vivienda en propiedad, el hecho de poder vivir en ella, nos lo daría igualmente el alquiler. Y por otro hay otras formas de crear un patrimonio, como la inversión en Bolsa a largo plazo o en fondos de inversión o de pensiones. Una persona podría vivir alquilado toda su vida y ganarse la seguridad económica destinando lo que no le cuesta una hipoteca a invertir en empresas, ya sea comprando acciones en Bolsa, ya en fondos de todo tipo. Cuando compramos una casa adquirimos un servicio (poder vivir en ella) y creamos un patrimonio. Hacemos esas dos cosas. Pero podemos hacerlas por separado.

Cómo se puede crear un patrimonio personal y las ventajas que éste puede tener para cada uno de nosotros y para el conjunto de los españoles quedará para otro artículo, pero por lo que se a vivir en una casa, el alquiler ofrece una flexibilidad única, que permite adaptarnos más fácilmente a nuestros gustos o hace más barato cambiar de lugar buscando mejores oportunidades profesionales y económicas. Perdemos mucho dinero por no querer o no poder movernos de donde vivimos.

Si usted nunca compra una casa, nada le impide ser plenamente feliz y tener una vida próspera y plena de satisfacciones.

Profesores franceses contra la libertad

Pero todo esto sólo funciona, claro, cuando la sociedad no se inventa "derechos" y "libertades" que bien poco tienen de tales y cuyo objetivo es simplemente coartar las verdaderamente esenciales, como la de expresión. Eso es lo que acaba de suceder, cómo no, en nuestra vecina Francia, esa supuesta patria de los derechos humanos que en la práctica funciona como una dictadura de burócratas graduados en la Escuela Nacional de Administración y de sindicalistas, como demostrara Philippe Nemo.

A finales de enero nació una página web llamada Note2be, en la que los usuarios podían puntuar a sus profesores y hablar sobre ellos en un foro. Fíjense qué cosa más sencilla y más tonta. Sin embargo, los sindicatos no podían tolerar que quedaran expuestas a la luz las vergüenzas de sus miembros, así que han planteado y ganado una batalla legal para evitarlo. El juez les ha dado la razón con el peregrino argumento de que "el ejercicio de la libertad de información y expresión tiene como límite que no se atente contra las libertades docentes". Es decir, nos inventamos un engendro denominado "libertades docentes", que supongo que significa que nadie tiene derecho a fiscalizar si el dinero público que cobran los profesores está bien empleado o si habría que darles una patada en el culo, y ese engendro nos sirve para prohibir la libertad de expresión. Pues eso, y no otra cosa, es poder puntuar a los profesores y discutir sobre ellos. Libertad de expresión, pura y simple.

Al ministro de Educación le parece muy bien que se anteponga "la vida privada" a la libertad de expresión. El problema es que el desempeño profesional de alguien es cualquier cosa menos vida privada, sobre todo si ese alguien resulta ser funcionario público, al que pagan a la fuerza todos los franceses. Si no puede existir libertad sin responsabilidad, los profesores no pueden tener la libertad de impartir la clase como les dé la gana sin enfrentarse a las consecuencias si lo hacen mal. Dado que Francia es un país aún más esclerotizado que España, entre esas consecuencias no estará, desgraciadamente, la posibilidad de ser despedido. Pero debería estar al menos la de ser criticado por quienes lo sufren.

Sin duda, un sitio web donde se permite el anonimato a la hora de censurar a los profesores es proclive a ciertos abusos. Pero son esos abusos los que, en un momento dado, pueden perseguirse, no el derecho a exponer una opinión sobre el desempeño profesional de un docente. El juez, sin embargo, no lo ha visto así, convirtiéndose de esta manera en una pieza más del engranaje que hace de Francia, y de buena parte de Europa, un lugar donde hablar de derechos humanos es hablar de los privilegios que unos grupos de presión han logrado a costa de los demás ciudadanos.

Microsoft y la competencia

Diez años lleva contra la empresa de Gates y en octubre, tras sucesivos palos en forma de sanciones crecientes, ésta decidió rendirse y compartir su creación con un conjunto de rémoras. Pero como no lo ha hecho en la medida, en la forma y por el precio exigidos por la CE, y como la voracidad recaudadora de ésta no parece conocer el rubor, esta semana se ha producido una nueva sanción, de 899 millones de euros, a la que seguramente seguirán otras.

Más allá del desaforado apetito de las administraciones por lo ajeno, en este caso se ventilan dos concepciones de en qué consiste la competencia. La primera, en línea con la economía neoclásica, entiende que es una situación en que hay un gran número de oferentes con escasa diferencia entre ellos y sin un actor predominante. Como quiera que la realidad no es, precisamente, el punto fuerte de los modelos neoclásicos y los desmiente a cada ocasión, la respuesta habitual consiste en decir que lo que está mal no es la teoría sino la práctica. Y al grito de "te voy a dar yo a ti competencia", recomienda que sean las administraciones quienes hagan bueno el modelo, aunque sea pistola en cinto.

La otra no presupone un resultado final, porque entre otras cosas no ve la competencia, ni el mercado, como una situación, sino como un proceso. Un proceso de descubrimiento, como lo describió Hayek; un proceso abierto que no sólo no necesita intervención del Estado para funcionar, sino que tiene como condición sine qua non que el único papel del Estado sea proteger la propiedad y la libertad.

No podemos saber de antemano cuál será la forma óptima del mercado, el número de oferentes adecuado o su tamaño. Por eso resulta conveniente confiar en la verdadera competencia y esperar que la rivalidad y el deseo de generar nuevos beneficios expulsen a las empresas que no sirvan al consumidor. Claro, que la CE tendría menos tarea que hacer.

Ea, ea, ea… Chávez se cabrea

El éxito que el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, ha cosechado en su enésima ofensiva contra el movimiento terrorista totalitario en la que ha caído el dirigente comunista Raúl Reyes ha sacado de sus casillas al gorila rojo quien, desde su insufrible programa de televisión, Aló Presidente, ha ordenado la retirada de su embajador en Bogotá y mandado diez batallones a la frontera con Colombia después de guardar un minuto de silencio por uno de los terroristas más sanguinarios de Latinoamérica.

Si el monopolio del uso de la violencia puede tener alguna justificación, esa es precisamente la de la ventaja competitiva que puede tener en el uso que Uribe le da para proteger la vida y la propiedad de los colombianos de las fauces de las FARC. Ese uso defensivo de la violencia –que desgraciadamente Uribe no mantiene en su "lucha contra el narcotráfico"– es precisamente lo que ha hecho que la popularidad del presidente colombiano se mantenga en máximos históricos desde su llegada al poder. Alguno dirá que a Reyes se le abatió en suelo ecuatoriano y que eso no puede considerarse un uso defensivo de la violencia. En mi opinión lo que constituiría un uso ofensivo de la violencia sería la matanza de inocentes –que no se ha producido– o el uso de los fondos públicos de los ecuatorianos para proteger a estos criminales que manchan de sangre al movimiento de izquierdas.

Chávez se ha apresurado en convencer a Rafael Correa de que debe poner firme a Uribe y ha declarado él mismo que la muerte de un criminal de las FARC en la frontera venezolana sería motivo de guerra. Eso sí que es dejar bien claro tu disposición a usar los impuestos de los maltrechos venezolanos para sustentar el intento de eliminar las libertades individuales en el país vecino. Sin embargo, dudo mucho que Correa le siga el juego por mucho tiempo. La labor incansable de Uribe ha logrado que la comunidad internacional haya dejado de ver a esos revolucionarios colombianos como simpáticos idealistas. La lucha contra esos desalmados ha recuperado la legitimidad que nunca debió perder, y contra eso es muy difícil luchar por muy "hermosa" que sea la experiencia democrática de estos dos amantes del autoritarismo.

El todavía presidente de Venezuela se cabrea, vocifera y da brincos y piruetas desde la jaula dorada en la que empieza a convertirse su Gobierno. Motivos no le faltan. Chávez es miembro honorífico de un club internacional para la recuperación del socialismo conocido como Foro de Sao Paolo que empieza a perder socios después de un largo periodo de expansión. Para colmo de bienes, este benefactor de los terroristas latinoamericanos ha perdido un referéndum al son del "por qué no te callas", está perdiendo lentamente a su amigo Fidel Castro, una asquerosa multinacional capitalista como Exxon le está ganando la partida contra sus impunes expropiaciones en tribunales internacionales y la población se está atreviendo a contestar sus continuas payasadas belicosas. Ea, ea, ea…

¿Quieres libertad? ¡Pues a pagar!

Los impuestos son la base de la libertad y, ya puestos, la base de nuestros derechos. Y para rematar la faena nos dice que "no hay propiedad privada sin impuestos, ni contratos sin impuestos, ni préstamos sin impuestos".

Laporta, que acusa a los liberales de utilizar una "estúpida lógica", no se ha parado a pensar que si no existe la propiedad privada sin impuestos, ¿sobre qué iban a recaer los impuestos? ¿Había impuestos antes de la propiedad privada? Este catedrático de Filosofía del Derecho se ha ganado el puesto con una idea absolutamente revolucionaria: existían las cargas fiscales sobre la nada. En el origen fue el Estado y creó las libertades y los derechos, cabe pensar que en siete días. Y los demás utilizamos una "estúpida lógica".

Pero es que defender que la libertad, que es ausencia de coacción, depende de los impuestos, que son la esencia de la coacción, exige sin duda un gran esfuerzo. ¿De veras no tenemos derecho a la vida, a la libertad de expresión, a la creación de riqueza, al intercambio, si antes no ha venido el Estado a sacarnos los cuartos? Los impuestos ¿son anteriores a los derechos de la persona? No lo son y no hay Laporta que pueda negarlo.

Pero luego están los "derechos positivos", es decir, los "derechos" a recibir una serie de servicios (educación, sanidad…) provistos por el Estado. Es claro que si no hay impuestos no hay colegios u hospitales pagados por el Estado, porque éste no crea riqueza: nos la quita primero y luego la gestiona. Pero es obvio que aunque no hubiese ingresos públicos siempre habrá colegios u hospitales, como demuestra el hecho de que muchos españoles, incluso después de haber cumplido con Hacienda, desprecien los colegios y hospitales públicos y estén dispuestos a pagar una segunda vez buscando lo que ofrecen los empresarios privados.

Es cierto que el mercado necesita al Derecho como base, pero el Derecho no lo inventó el Estado ni lo necesita para desarrollarse, como demuestra el origen consuetudinario del derecho mercantil. O del Derecho Romano. Pero hay más: cualquiera que esté en el mundo sabrá que los gastos públicos dedicados a mantener el Estado de Derecho (jueces, policía y demás) son una pequeña fracción del total. Está claro que podemos rebajar los impuestos hasta dejarlos en la décima parte, o menos, si sólo se dedican a proteger la propiedad y la vida en libertad. Y cada rebaja de impuestos es una mejora en nuestra libertad.

¿De verdad es tan complicado de entender?

Me paso el día bailando

La lumbalgia que atormenta a la señora de Fernández debe tener carácter episódico, porque lo cierto es que en las imágenes del happening se le ve muy suelta. Y eso que lo que sonaba por los altavoces era tan sólo el tema electoral de las juventudes socialistas, porque si llegan a poner alguna de las inmortales composiciones del grupo Los Cirros (The Beatles eran conocidos en sus buenos tiempos como "Los Cirros de Liverpool"), la pobre mujer hubiera podido acabar descoyuntada de tanto mover el esqueleto.

Las lumbalgias, y en general las afecciones musculares de la espalda, suelen requerir algunas semanas de reposo, salvo que el paciente sea cónyuge de un alto cargo socialista, en cuyo caso lo que le viene bien a esos riñones doloridos es viajar en coche durante cuatro horas y nada más bajarse tirarse otra hora más de pie haciendo palmas y moviendo el culito al ritmo de la música.

Miren de nuevo las imágenes. ¿Ven a un señor con la chaqueta de pana oficial haciendo el chorra a la izquierda de Bermejinsky? Es el secretario general de los socialistas murcianos, trabajando a brazo partido por defender los intereses de la región. También le dolía la espalda, en este caso de tanto luchar por traer agua Murcia y mejorar sus infraestructuras, como sabemos todos los murcianos. Otra lumbalgia del carajo y sin embargo ahí le tienen, como un mozalbete hasta arriba de pirujas riéndole la gracia al paracaidista oficial del partido por el bien de todos sus votantes. No, si sufridos lo son un rato.

Y la señora de Bermejo, mujer sacrificada donde las haya cuya baja laboral pagamos todos los españoles, haciendo los coros a pesar también de ese tremendo dolor de espalda. Para que luego digan que el piso del ministerio no tenía humedad.

Muevo la pierna
Trinco el parné
Tapo la bajante
Cambio los bidés

Compro jardineras
Amplío el salón
Ponme aquí el jacuzzi
¡Bermejinsky es el mejor!

Bailandooooo

Un programa para la SGAE

Este humilde articulista –¿me considerarán un "creador" los artistillas progres debido a que me dedico a escribir?– ha decidido revisar el programa electoral del PSOE para ver que medidas contempla referidas a internet y se ha encontrado con varias destinadas a favorecer a los de la ceja.

Puede usted pensar que nos referimos a ese ciberpoli camuflado con el nombre de "Defensor del Internauta" que los socialistas quieren poner para vigilar las "buenas prácticas" en la red (para perseguir los delitos online tanto la Guardia Civil como la Policía Nacional disponen de unidades específicas). Como dudo que eso de las "buenas prácticas" se refiera a evitar el cibersexo, como cuando hace décadas el policía multaba a esos jóvenes que se daban el lote en un parque público, y para la delincuencia ya existen los cuerpos y fuerzas de seguridad, eso suena realmente mal. Y más si se tiene en cuenta el reciente intento de convertir a la SGAE en una entidad con capacidad censora en internet.

Pero no nos referimos a ese asunto. Hay dos puntos todavía más claros y menos susceptibles de interpretación. En la página 130 se dice: "fomentaremos la industria de Contenidos Digitales de ocio y audiovisual, preservando nuestro acervo cultural y favoreciendo nuevas formas de protección de la propiedad intelectual". Toda la frase es terrible, pues el modo en que los políticos entienden el "fomento" de la cultura es a través de subvenciones, pero el final es todavía peor. ¿Cuáles son esas maneras de proteger la propiedad intelectual? Si fuera algo que no resultara escandaloso lo dirían claramente. Suena a penalización de prácticas como el intercambio de archivos o la imposición de formas de censura con esta excusa. La SGAE les estará agradecida si lo hacen.

Pero no se termina ahí la cosa. En la página 252 nos encontramos con que "Para seguir apoyando a nuestros creadores y artistas, favoreceremos nuevas formas de propiedad intelectual que garanticen el legítimo derecho de los autores a una retribución justa y que sean acordes con la evolución de las tecnologías y los hábitos de uso y consumo". Aparte de que esto suene a la imposición del canon a todavía más productos y servicios tecnológicos (¿tal vez las ADSL?), se ve que no están contentos con "proteger" todavía más la citada propiedad intelectual. Además pretenden ampliar el concepto de la misma. Temblad, internautas.

Dos páginas después se dice: "Impulsaremos acuerdos entre creadores, Sociedades de Gestión, operadores de telefonía, propietarios de derechos discográficos y cinematográficos, para respetar los derechos de propiedad intelectual de cada una de las partes en línea". Sólo falta recordar que un viejo objetivo de las entidades de gestión que los proveedores de internet vigilen lo que hacen sus usuarios cuando se conecten para que les impidan descargarse contenidos protegidos con derechos de autor. Sobran las palabras.

Y la traca final. Los impuestos para la difusión de la obra de los artistas que apoyan al partido socialista: "Desde el PSOE trabajaremos para fortalecer la presencia de la cultura española en Internet, así como en los nuevos vehículos de comunicación. Para ello propondremos la creación de un gran portal ‘cultura.es’ o ‘cultura España’ en Internet como puerta de entrada y motor de búsqueda de la realidad cultural española en todo el mundo." El propio ZP ha dejado claro que los "creadores" que le apoyan son "la cultura" y "identidad" españolas, por lo que no hay duda de que dicho portal será una plataforma publicitaria del trabajo de esas personas pagada con los impuestos de todos los españoles.

Artistas por ZP y ZP por sus artistas.

El Estado no ha de decidir sobre nuestro futuro

Las pensiones de la Seguridad Social son una estafa piramidal que está al borde de la quiebra. No sólo son financiadas por medio de la extorsión –o pagas, o el Estado se venga contra ti persiguiéndote– sino que su rentabilidad, si es que se puede llamar así, depende de la gracia del político en época de elecciones.

La pensión pública es cara y forzosa: ¿sabe que si usted cobra 1.000 euros brutos al mes está dando, quiera o no, una tercera parte, 300 euros, a la Seguridad Social, más lo que su empresa aporta por usted y que jamás verá en su nómina? Su gestión siempre es improvisada, precaria e ineficiente: ¿sabe también que el Gobierno se está gastando ahora mismo su dinero en otra persona y que aún no ha ahorrado por usted ni un solo céntimo? Se fundamenta en la estafa: ¿sabe que AFINSA fue intervenida por el Estado por financiarse igual que las pensiones públicas, lo que se considera económica y legalmente un fraude?

Si usted contrata un plan de pensiones privado lo cobrará desde el primer año si está en los plazos legales y se le reintegrará todo el capital aportado más el rendimiento que éste haya generado, da igual cuando lo haya abierto. En cambio, el periodo mínimo de cotización para cobrar una pensión pública es de 15 años (hasta el año pasado eran 12,5, así que no descarte que en breve necesitemos cotizar como mínimo 20 años para ver un poco de nuestro dinero). ¿Qué entidad privada cambia las condiciones de un "contrato" de forma unilateral y sin nuestra aprobación expresa como hace el Estado con las pensiones? Ninguna, y si lo hace es juzgada y multada. La pensión estatal tampoco se traspasa a los herederos en caso de defunción del progenitor. El dinero que haya pagado éste se lo queda el Estado, sin más. Otra vez, nada que ver con los planes de entidades privadas. Algo similar sucede con las viudas. ¿Por qué el Estado se queda con la mitad de la pensión del cónyuge? ¿En qué entidad privada ocurre algo así? ¿Por qué todos, empresas y particulares, estamos sometidos a la ley menos el Estado?

En cualquier entidad privada donde tenga un plan de pensiones le dirán la rentabilidad que tiene su plan y cuánto dinero va a percibir al jubilarse, incluso lo podrá consultar por teléfono o internet. Es el mínimo de transparencia que exige el mercado. Desde hace unos años el Gobierno ha emprendido una batalla por la transparencia en las empresas y otra vez más, es el Estado es quien se queda al margen de la ley al ser la organización más opaca y fraudulenta de nuestra sociedad. No tenemos ni idea de cuánto cobraremos al jubilarnos y no hay forma de asegurar que vayamos a cobrar algo siquiera; es más, parece más probable que no.

Recientemente el Gobierno aprobó una ley que permite retirarnos a los 70 años y así elevar hasta un 15% la pensión del trabajador. Hasta ahora es opcional, pero es cuestión de tiempo que hagan la medida obligatoria como ya ha ocurrido en otros países como Alemania, aunque aún no haya entrado en vigor. Por qué tenemos que pagar con más trabajo la gestión irresponsable del Gobierno.

Hágase una pregunta. ¿Se considera usted un imbécil total? El Gobierno está convencido que sí, por eso nos obliga a que le demos nuestro dinero para gestionarlo "responsablemente" por nosotros. Los burócratas, como siempre, subestiman al hombre libre. Los españoles tenemos una firme voluntad de ahorrar. Según ADICAE (Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas de Ahorros y Seguros), las familias españolas tienen en acciones y participaciones de fondos de inversión más de la mitad de sus ahorros, un porcentaje que supera el de otros países, como Francia, donde esta cifra es del 37% e incluso Estados Unidos, el país con mayor tradición bursátil. Es más, según Profim, compañía de asesoramiento en fondos, entre 1991 y 2006 el sector de los fondos de inversión, cuya diferencia con los planes sólo es legal pero no económica, se ha multiplicado por nueve. Y si lo miramos por la parte de la oferta, sólo en el primer cuatrimestre de 2007 se registraron en la CNMV más de 100 fondos de inversión nuevos. Ya hay casi 3.000 fondos de gestoras españolas. A esto sumemos más de 7.000 fondos de gestoras internacionales que se pueden comercializar en España.

Tiene su gracia que los burócratas nos llamen irresponsables y afirmen sin sonrojarse que ellos se preocupan más que nosotros por nuestro dinero y nuestro futuro. La realidad nos indica todo lo contrario: ellos nos confiscan nuestra riqueza y la pierden en a saber qué. Y con lo poco que nos dejan le sacamos el máximo provecho empleando las oportunidades que nos brinda el libre mercado.

José Manuel González-Páramo, miembro del Comité Ejecutivo y del Consejo de Gobierno del BCE, ha dicho recientemente que es necesario un "debate público, abierto y en profundidad acerca del futuro de nuestros sistemas públicos de pensiones". Sin duda, pero su solución pasa por ahogarnos más, manteniendo o aumentando los ingresos del Estado y reduciendo prestaciones sociales. No es el buen camino. El modelo actual es injusto, fraudulento e ineficiente hasta el punto de rozar la quiebra del sistema.

Es más, la solución no es convertir el actual sistema de reparto en uno de capitalización individual, esto es, lo que se entiende generalmente por privatización de las pensiones. Eso significaría que el Estado nos seguiría ordenando qué hacer con nuestro dinero y cómo emplearlo. La solución más acorde a la libertad individual y al respeto de las decisiones de cada persona es que cada cual gestione su dinero y su vida como le venga en gana sin dar explicaciones a nadie, y eso significa que ninguna ley ni oligarca político nos ha de imponer si hemos de invertir el dinero en nuestro futuro, el de nuestros hijos o en cualquier otra cosa que decidamos. Esa es nuestra decisión y la de nadie más. El sistema de pensiones públicas ha de ser abolido.

Un granero para el acabóse

Hoy hemos sabido de una de esas creaciones que sólo son concebibles por el esfuerzo en comandita de centenares de políticos de todos los países y que constituye, en consecuencia, una de las más perfectas, grandiosas y feroces tonterías de la era contemporánea.

Su magnitud es tal que le han tenido que encontrar un nombre a su altura. Bóveda Global de Semillas de Svalbard, le han bautizado, en lugar de Bobada Global, como hubiese sido conveniente. Consiste esta creación de políticos de toda laya en hacer un granero con paquetes sellados y cerrados en herméticas cajas y hundirlo a 130 metros bajo el duro y gélido hielo permanente del Círculo Polar Ártico. Y todo ello, pásmense, ¡para alimentar a la humanidad en caso de catástrofe!

Yo lo puedo ver con total claridad. Una superpoblación incontrolada de políticos pone en peligro a la humanidad entera hasta erradicarla casi por completo de la faz de la Tierra junto con las selvas de entrambos trópicos, los amables campos de Europa, los arrozales de China e India, las feraces áreas regadas por el Nilo y la extensión entre el Tigris y el Éufrates que vio nacer al hombre civilizado. Y, con ellas todas las tierras de las que hemos podido extraer alimento y consuelo.

Desperdigados, abrazados quizás en pequeñas poblaciones nómadas, a cubierto de nuevas razas de políticos, los hombres resistentes al acabóse, los que mallleven aquella vida "solitaria, pobre, brutal y breve" de que hablaba Hobbes, tendrán, al menos, el consuelo de que pueden recurrir al mapa del tesoro y recorrer medio mundo nada menos que hasta el Polo Norte, escarbar 130 metros de hielo, romper las herméticas cajas… y sacar unas cuantas semillas. Ni unas barritas energéticas con que realizar el viaje de vuelta, ni un Red Bull con que dar ánimos al aterido cuerpo. Unas semillas para echarlas al bolsillo, emprender el viaje de vuelta, echarlas a la tierra y esperar unos cuantos meses hasta… hasta comerse los primeros brotes, imagino, si es que para entonces no ha perecido la humanidad toda, víctima del último engaño de la clase política.

Y no crean que soy muy optimista. Porque esa proliferación incontrolada, exponencial, de políticos se está produciendo ya, anegando la vida ciudadana de propuestas estúpidas y dañinas. Quién sabe. Pero espero que a algún que otro empresario se le ocurran ideas mucho más baratas, más realizables, más lógicas y más humanas. Quizá la construcción de una Arcadia en que la única prohibición sea la del acceso a los políticos.

Contra la mula y el torrente

Los Bancos Centrales, que nacieron para financiar directamente los déficits públicos de los Gobiernos (así ocurrió con el Banco de Inglaterra, o, en España, con el Banco de San Carlos), evolucionaron más tarde hacia una especie de monopolios públicos destinados a proteger a la bancos comerciales de sus desmanes, excesos e irresponsabilidades, a cambio de que éstos les sustituyeran como paganos de los ingentes endeudamientos estatales. De esta manera, los Estados han logrado sufragar políticas tan represoras de la libertad individual como la educación pública adoctrinadora, las guerras de agresión o la expansión del dispendio social.

La libertad no ha sido la única víctima de esta permanente línea de crédito de la banca al Estado. Los más claros efectos económicos de este estado de cosas han sido las inflaciones galopantes, que han horadado el poder adquisitivo de los ciudadanos, y unos ciclos económicos que han arruinado a millones de inversores, atraídos con engaños a burbujas especulativas artificiales.

La connivencia entre la banca y el Estado está presente, en mayor o menor medida, en todos los países del mundo. En España, por ejemplo, hemos tenido abundantes ejemplos de ello en las últimas semanas.

Ante las sensatas palabras de Eduardo Zaplana sobre los problemas de liquidez que afronta el sistema bancario español, tanto el Banco de España como el Ministerio de Economía saltaron al unísono para defender a las entidades de crédito. Solbes empleó términos tan rotundos como "lamentables" o "irresponsables" para referirse a las declaraciones del portavoz parlamentario del PP.

Sin embargo, no queda tan claro que esos temores sean del todo infundados. El Financial Times publicaba a principios de febrero que los bancos españoles habían acudido en masa al Banco Central Europeo para solicitar la liquidez que necesitaban y que no les proporcionaba el mercado. Sólo en diciembre pidieron prestados 44.000 millones de euros, frente a la media de 20.000 registrada en los meses anteriores.

Además, y esto fue muy poco comentado en España, el colateral que aportaron los bancos españoles para recibir la liquidez del BCE consistió, en su mayoría, en bonos hipotecarios, para los que, a día de hoy, no existe mercado. Dicho de otra manera, los bancos españoles sobreviven porque el BCE les presta contra unos activos contra los que casi ningún inversor privado quiere prestar. ¿De qué saludable situación estamos hablando?

Lo cierto es que, si las tasas de morosidad llegaran a repuntar en España (lo cual no es nada improbable, habida cuenta la crisis económica y de la subida del paro) y, como consecuencia, esos bonos hipotecarios llegaran a ser degradados por las agencias internacionales de calificación de riesgo (tal y como ha sucedido en EEUU), ni siquiera el BCE podría, según sus estatutos, prestar a los bancos españoles, de modo que éstos afrontarían una auténtica suspensión de pagos.

Con un repunte de la morosidad, a este problema de liquidez se le añadiría otro de solvencia, por cuanto los activos hipotecarios perderían buena parte de su valor. El Banco de España trata de crear una ficticia sensación de confianza diciendo que las provisiones actuales de los bancos suponen más de un 200% de los créditos dudosos. Sin embargo, tal y como ha calculado el Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, sólo con que la morosidad alcanzara la media del período 97-99, las provisiones actuales ya serían insuficientes para cubrirla. Y si llegara a situarse a los niveles de la última crisis económica (92-96), la banca tendría que captar más de 120.000 millones de euros para reponer las pérdidas, lo que supondría su descapitalización de facto.

Quizá por ello, el Gobierno ya ha empezado a aplicar medidas tendentes a asistir a la banca, aun cuando las camufle como medidas para beneficiar a las familias españolas.

Ayer mismo, Solbes prometió la gratuidad de la ampliación de plazos de las hipotecas, ante lo cual la banca aplaudió con las orejas. No obstante, Ausbanc, la asociación de consumidores de servicios bancarios, sostuvo que con tal medida sólo se pretende contener la morosidad, que ya está empezando a preocupar a los bancos.

Lo cierto es que la promesa de Solbes es una adaptación de otros planes que ha intentado implantar Bush en EEUU a raíz de la crisis subprime pero que han fracasado de manera estrepitosa. También allí la congelación de los tipos de interés o las ayudas estatales a las familias más endeudadas eran una manera de prolongar el endeudamiento vital de los ciudadanos en beneficio de un sector financiero que los ha atraído con unos tipos fraudulentamente bajos.

En EEUU ya están cayendo los precios de las viviendas, de ahí que a las familias más endeudadas les traiga a cuenta dejar vencer sus hipotecas en lugar de continuar pagando intereses. En España podría llegar a ocurrir lo mismo cuando el pinchazo de la burbuja inmobiliaria se manifieste en caídas importantes de precios. La banca teme esta situación, a la que no podría hacer frente de ningún modo. Por eso acepta cualquier remedio que incentive a las familias a seguir pagando.

Por si el anterior pasteleo fuera poco, el 25 de enero el Gobierno aprobó que el ICO avale los fondos de titulización de activos con 3.000 millones de euros, pero ya se rumorea que podría ampliarse hasta los 10.000 millones y para cualquier tipo de activos inmobiliarios. Sin entrar en demasiadas complejidades financieras, con estas operaciones el Gobierno está comprometiéndose a pagar en caso de que miles de deudores hipotecados no lo hagan. Dicho de otro modo: está trasladando a los contribuyentes el coste de un posible impago generalizado de hipotecas.

La finalidad de este aval es, simple y llanamente, permitir que los bancos puedan desprenderse de esos activos con mayor rapidez, para que así la morosidad no la sufran ellos, sino todos los españoles.

Se trata de algo similar a lo que sucedió en EEUU. El Tesoro venía prestando aval explícito de 2.000 millones de dólares (bastante menos que lo pretendido por ZP) a las dos principales empresas hipotecadoras, Fannie Mae y Freddie Mac, lo cual permitió a éstas elevar su solvencia aparente y extender el crédito hacia actividades mucho más arriesgadas, tal y como denunció Greenspan durante sus últimos años al frente de la Reserva Federal.

En aquel momento sólo el congresista republicano Ron Paul se atrevió a exigir el fin del aval explícito, para evitar que los contribuyentes soportaran las pérdidas futuras de esas dos empresas. Nadie le hizo caso, pero el tiempo, como en tantos otros asuntos, le ha dado la razón: en el tercer trimestre Freddie Mac perdió 2.000 millones de dólares. Pero lo peor está por llegar: esta empresa, con un capital de sólo 42.000 millones, tiene una exposición a las hipotecas subprime de 120.000.

¿Estamos repitiendo en España los mismos errores que en EEUU? De momento, eso parece. La única diferencia a nuestro favor es el superávit de las arcas públicas; que, sin embargo, podría ser engullido por el gasto social que tanto PP como PSOE prometen en plena orgía electoral.

Es hora de terminar con la estrecha relación entre la banca y la política, que sólo daña a la gente honrada: ahorradores, trabajadores, empresarios e inversores que no se cobijan bajo la sombra del poder. La estabilidad financiera y la austeridad presupuestaria que el fin del intervencionismo bancario conllevaría serían dos de los principales baluartes en la protección de la libertad.