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Sarkozy offline

El inquilino del Eliseo ha decidido gastar otros 99 millones de euros en revivir esa paletada franco-alemana (ahora cien por cien francesa) llamada Quaero con el que se pretende competir con Google. El proyecto, impulsado por Chirac y Shöeder y con un gasto inicial previsto de entre 450 y 1.000 millones de euros, pareció irse al traste cuando Merkel fue nombrada canciller de Alemania. La democristiana decidió sacar a su país de esta mala y vulgar copia del buscador más popular del mundo y la idea parecía finiquitada.

Pero no, Sarko ha decidido jugar a científico loco de relato de terror y trata de revivir a la criatura muerta. Sólo que en vez de utilizar electricidad o alguna pócima de su invención, lo hace con el dinero de los contribuyentes, dándoselo a unas empresas que lo recibirán con alborozo aunque seguramente no crean en el proyecto. Y en Bruselas, encantados. Ya sabemos que todo lo que no suene a libre mercado gusta mucho en la ciudad de los eurócratas.

Lo que no parece gustarles tanto, aunque no se oponen del todo, es la otra genialidad del marido de Carla Bruni. El presidente francés pretende que la televisión pública se financie a través de un impuesto sobre las conexiones a Internet y otro sobre los anuncios que emitan las cadenas privadas. Esto último, a lo que la Comisión Europea no tiene nada que oponer, ya es de por sí demencial. No sólo se obliga a las emisoras que no son propiedad del Estado a competir con un rival tan innecesario como ineficiente. Además se pretende estropear sus cuentas (al encarecer su publicidad tendrán menos clientes o deberán rebajarla, en cualquier caso perderán dinero) para mantener vivo a ese competidor desleal. Pero al menos entra en la lógica de cualquier intervencionista tradicional.

Pero lo del impuesto a las conexiones a internet ni tan siquiera responde a dicha lógica. La única relación entre internet y televisión es que los usuarios de la red pasan menos tiempo frente a la pequeña pantalla que el resto. La idea de Sarkozy tan sólo servirá para mantener vivo a un monstruo (todas las televisiones públicas lo son) que debería desaparecer a costa del avance de internet en Francia. Al encarecer la conexión con una tasa que se sume a las ya existentes, lo único que se consigue es que los potenciales usuarios se lo piensen más antes de contratar el acceso y que alguno decida no hacerlo. Y esto es una idea del mismo que gasta el dinero de esos contribuyentes en una paletada como Quaero.

Por no pagar el diezmo

La tropa del coronel Hernando, destinada a sofocar el crimen en las comunidades gobernadas por el PP, lleva un par de años empleándose a fondo con los altos cargos populares aunque hasta el momento no se haya producido una condena judicial que compense tanto esfuerzo, pero en lo de meter y sacar de la cárcel a alcaldes peperos es absolutamente profesional y nuevamente lo ha demostrado.

El último episodio ha ocurrido esta semana, con la detención e ingreso en prisión del alcalde popular de Torre Pacheco y la imputación de la primera empresa de la región y una de las más importantes de Europa en turismo residencial; la misma empresa que ha puesto ella solita el nombre de Murcia en los catálogos más exclusivos del turismo residencial sin pedir ni una subvención a cambio.

¿El delito? Bien, eso es algo que hasta el momento se desconoce. Aquí lo primero es meter a la cárcel a los alcaldes, imputar a los empresarios y después ya se verá. Tenemos el antecedente del alcalde de Totana, encarcelado en medio de una redada espectacular, con los medios de comunicación progresistas convenientemente avisados del lugar y la hora para que nadie les arrebatara la noticia, que se ha chupado dos meses de trena sin que hasta el momento se sepa de qué se le acusa. Dos meses de cárcel, dos, que es casi a lo que le sale a un etarra cada asesinato.

En el caso de Torre Pacheco y la empresa Polaris World, la prensa de progreso apunta a que en un convenio urbanístico pudo haber una valoración irregular de los terrenos a compensar. Una operación con un diferencial de cuatrocientos mil euros para una empresa que factura más de mil millones anuales es un asunto en que ni al que asó la manteca se le ocurriría hacer una irregularidad dada la nimiedad relativa del montante de la operación.

Mas los problemas de Polaris World arrancan del hecho de que su presidente es el único promotor inmobiliario conocido en el mundo en declarar públicamente que jamás pagaría un soborno a los políticos, y además cumplirlo a rajatabla con grave perjuicio propio en más de un caso. Si hubiera hecho negocios con dos o tres alcaldes socialistas al progresista modo hubiera comprado el salvoconducto necesario para transitar por la vida mercantil sin miedo a las bermejeadas.

El creador de Polaris World creyó que estaba operando en un sistema de libre mercado en que el éxito o el fracaso sólo dependen del talento y la capacidad del individuo. A estas alturas ya se habrá desengañado, pero siendo hombre de principios no es previsible que se avenga a pagar el diezmo habitual a los políticos para seguir teniendo derecho a crear puestos de trabajo y riqueza para la región. Así que si mañana echa la persiana de su emporio, hace las maletas y se marcha a hacer ricos a los croatas o los brasileños nadie podrá reprochárselo.

Zapatero, que dice estar dispuesto a proteger a los promotores de riqueza de la crisis, se refiere seguramente a meterlos en la cárcel, donde ciertamente está todo el mundo muy protegido. Más de cuatro mil trabajadores murcianos se irían al paro en todo el proceso, pero ¿qué es el futuro de cuatro mil familias comparado con el honor herido de Bermejo?

A los políticos, ni agua

Hasta el 9-M, el agua no era ningún problema en Cataluña. Ha sido acabar las elecciones y parece que los ciudadanos de Barcelona vayan a morir de sed en días. Ahora sabemos que el propio Gobierno pidió a la Generalitat que ocultase el problema del agua hasta pasadas las elecciones, lo que supone un claro fraude a los electores. Los políticos catalanes montaron hace unos años un jaleo de aúpa por el trasvase del Ebro alegando que crearía problemas medioambientales, de sostenibilidad, abastecimiento, etc. En cambio, ahora dicen que esos problemas no existen en el caso del Segre, que es un afluente del Ebro. Se ve que los problemas medioambientales dependen sólo de quién ostente el Gobierno.

Estos ilustrados políticos han permitido durante años que una fuga en Badalona perdiese, y pierda aún, tanta agua potable al día como para abastecer diariamente a 2.000 personas. No es un fallo nuevo; las autoridades sabían de su existencia ¡desde 1974! Los continuos problemas de falta de agua en Barcelona no son recientes y eso es algo que todo el mundo sabe. Pero ni el Gobierno central ni la Generalitat han hecho nunca nada para solucionarlo. Eso sí, los burócratas catalanes han encontrado conveniente gastarse 1,4 millones de euros, sólo en 2007, en estudios sobre los brujos y brujas (12.000 euros), la almeja brillante (casi 28.000 euros), la colocación de libros en las bibliotecas públicas de Girona (24.000 euros) o la trufa negra.

Mientras el Gobierno catalán se gasta nuestro dinero irresponsablemente, ahora se plantea si hacer el trasvase cambiándole el nombre para que nadie diga que es un trasvase, o si traerá el agua en cisternas, en trenes o a saber cómo. Tal vez se pongan de acuerdo cuando ya no quede ni una gota de agua en la ciudad. Eso sí, hay una medida que todos han encontrado necesaria y de inmediata aplicación: multar hasta con 3.000 euros a esos criminales que llenan sus piscinas y riegan sus plantas. Para tal labor, que conllevará un sustancial ingreso extra a la administración, no han dudado en movilizar a los mossos d’esquadra y policías locales más cualificados. El resto de delitos han pasado a segundo término.

Todo el mundo sostiene que el agua, como producto fungible que no es libre y que nos brinda la naturaleza, ha de tratarse de forma ecológica, sostenible y atendiendo correctamente a su buena distribución y precio. Esto significa que el agua, y el transporte de ésta, son escasos y la economía privada trata de esto precisamente: de la distribución de los bienes escasos, porque si nos sobra un bien o servicio no hace falta economizarlo ni cuidarlo. En 1968 la revista Science publicó un artículo del científico Garrett Hardin titulado La tragedia de los comunes. En el ensayo, Hardin decía que cuando un bien es libre, esto es, no tiene propietario, tiende a desaparecer por la sobreexplotación, por lo que de alguna forma, su producción o distribución ha de ser regulada, ya sea mediante el mercado, el Estado o alguna combinación de estos.

La respuesta estándar en nuestros días es que el Estado tome esta responsabilidad con las consecuencias de siempre y que hemos visto estas semanas. La irresponsabilidad y el oportunismo, así como el castigo hacia los únicos inocentes, los ciudadanos, son las únicas medidas que se aplican. Pocos caen en la cuenta que si un bien escaso se privatiza en su totalidad, las empresas del ramo y sus directivos, trabajadores y accionistas harán todo lo que puedan para que los consumidores, razón última de su existencia, no queden desasistidos. Las empresas no dejan que sus productos se desperdicien durante más de 30 años, ni prohibirían adquirirlo a sus consumidores y menos aún les multarían por usar de forma "incívica" aquello que les ofrecen.

Si el agua, por culpa de la ineptitud de los políticos, se ha convertido en un bien escaso, eso significa que tiene un precio. Hay dos caminos, privatizar todo lo concerniente a ésta y así asegurar su suministro, o seguir como ahora y volver a estar igual o peor año tras año. ¿Cree que los políticos van a renunciar a su negocio del agua?

Fitna y las puertas al campo

Primero fue Network Solutions quien decidió cerrar la página donde el diputado del Partido Liberal holandés Geert Wilders pretendía colgar la película antes de que tuviera la oportunidad de hacerlo. La razón es que la empresa está "investigando" si la web de Wilders viola sus normas de uso a raíz de "unas quejas" misteriosas cuya naturaleza y procedencia no han aclarado.

Resulta cuando menos sorprendente que cierren el sitio antes de que pueda haber en él contenido cuestionable de ningún tipo. Pero están en su derecho: cuando contratas a Network Solutions como proveedor aceptas que puedan hacerte esto. Una buena razón para que nadie vuelva a hacerlo nunca más, y traslade sus dominios y sitios web a otra empresa si puede.

Poco después, Geert Wilders publicó su polémico documental en Liveleak, una compañía que se postula como el YouTube sin censura para vídeos con contenido informativo. Tanto es así que incorpora desde 2006 los contenidos de Ogrish.com, aquel sitio que se hizo famoso en España cuando se impidió acceder a él desde nuestro país por tener fotos de las víctimas del 11-M. Pues bien, pese a que la política del sitio expresamente indica que tienen en alta estima su "imparcialidad", acabó retirando el vídeo por miedo a represalias contra su personal, que había recibido amenazas.

Poco importaría el contenido del cortometraje de Wilders si no fuera porque es precisamente por él por lo que se enfrenta a la censura. Como denuncia Edurne Uriarte, ni la ONU ni el Consejo de Europa ni varios gobiernos occidentales se preocuparon absolutamente nada por Farenheit 9/11, clara incitación al odio contra Bush y los republicanos, o por Comandante, apología evidente de una tiranía. Tampoco es que debieran hacerlo, claro. Sin embargo, ahora todo son condenas y críticas a Geert Wilders por atreverse a expresar su opinión sobre el Corán. Como en su día denunciaron a Oriana Fallaci y la llamaron de todo por escribir lo que escribía. Ambos han hecho su panfleto, su grito a Occidente para que reaccione y se defienda.

Es la censura del miedo. Theo Van Gogh se burló de los judíos y no sufrió más que críticas. Hizo lo propio con los musulmanes y lo mataron. Se puede criticar todo y a todos porque no se van a vengar cortando el cuello del ofensor. Menos al islam, claro, porque entonces puede que sí lo hagan. Son los políticos tan cortos de miras que no entienden que es precisamente eso lo que envalentona a los islamistas: saber que pueden gritar tranquilamente que hay que matar a judíos y cristianos, hacerlo y que las críticas se las lleve un diputado holandés que hace una película. O quizá lo entiendan perfectamente y por eso actúan como lo hacen.

Lo bueno es que en internet es cada vez más difícil ponerle puertas al campo. Aquello que retiró Liveleak ahora puede verse en Google Video, DailyMotion (subtitulado en español) y otros muchos sitios. Incluso, y no deja de ser una ironía, en YouTube. La campaña ha hecho que el vídeo sea visto por mucha más gente, que podrá criticarlo y ponerlo verde cuanto quiera.  Otra de tantas razones por las que internet es algo maravilloso.

¡No a la explotación del trabajador!

Pero, en realidad, ¿Cuántos impuestos pagamos? ¿Son algo que pagan los ricos mientras que nosotros, humildes trabajadores, apenas si contribuimos al fondo común? Los políticos nos hablan de los beneficios que nos dará el Estado, mientras nos sugieren la idea consoladora (pero que debiera provocar vergüenza si esta palabra tuviese el significado de antaño) de que, al fin y al cabo, lo pagarán otros. ¿De veras lo pagan otros? ¿Es cierto que el mileurista apenas si paga impuestos?

Para saberlo sólo tenemos que asomarnos a esa ventana a mil mundos que es Internet y elegir, de todos los paisajes posibles, el que nos describe cuantosimpuestospago.com. Uno sólo tiene que introducir un sueldo neto y te dice cuánto pagas al Estado. No menos de un 40 por ciento. Basta con sumar el IRPF correspondiente, un cálculo de IVA razonablemente aproximado y toda la cuota a la Seguridad Social, incluso la que paga formalmente el empresario, pero que, en realidad, paga el trabajador. ¿Por qué?

Porque el empresario mira al futuro haciendo una estimación de lo que puede aportar el currante a la empresa y al presente viendo los costes que tiene que asumir por contratarte. La Seguridad Social, toda ella, forma parte de los costes, de modo que a él le da igual si el trabajador se lo lleva todo o si, de esa cantidad, el Estado quita una parte para financiar la SS. O, si quiere verlo de otro modo: ese dinero es nuestro, porque es lo que paga el empresario por nuestro trabajo. Es nuestro trabajo quien justifica ese total. Si no existiese la Seguridad Social y el trabajador se llevase al bolsillo lo que ahora se lleva el Estado, al empresario le seguiría dando igual. Él mira el coste total, no el uso que se haga de ese dinero. Pero ese uso sí nos influye a los trabajadores, porque sale de nuestra renta. Luego hay no menos de un 37,35 por ciento de nuestro sueldo sobre el que no se nos reconoce el derecho a decidir y que va directamente al pago de la Seguridad Social. Si sumamos IRPF e IVA, ¿en qué nos queda?

Pongamos como ejemplo un mileurista. Un trabajador soltero y sin hijos que cobra 16.000 euros en 12 pagas de 1.016 euros. Metemos la cantidad en cuantosimpuestospago.com y ¿cuál es el resultado? Que, en realidad, está ganando, aunque no lo sepa, 20.960 euros, pues tiene que contar con el tramo “empresarial” de la SS. Sumado este al tramo “obrero”, ello supone que paga a la Seguridad Social 5.976 euros al año. Si, en lugar de dedicarlo a la SS lo invirtiese en Bolsa le bastarían 15 años de aportaciones para superar ampliamente la pensión que puede ofrecer el mísero sistema público. Pero sigamos. Pagaría 1.680 euros al año de IRPF, más, aproximadamente, 1.490 en IVA. En total, 9.146 de los 20.960 euros que paga el empresario por su trabajo. Esto es, que sólo queda para el trabajador el 56 por ciento de la renta que él ha generado. O, lo que es lo mismo, estaría trabajando para el Estado de enero a la primera decena de mayo y para él sólo lo que quede hasta diciembre.

¿Quién dice que no hay explotación del trabajador?

La agrietada bola de cristal de Solbes

Si la bacteria se introduce en el cuerpo de un político economista el efecto suele multiplicarse y si el infectado es un ministro de Economía las alucinaciones llegan ya a un grado indescriptible.

Hace ya tiempo que a nuestro vicepresidente económico, Pedro Solbes, le infectó esta curiosa bacteria, y los síntomas que muestra son agudos. En su caso estas visiones vienen acompañadas de una arrogancia desmedida. Hace un par de semanas se le ocurrió predecir, bola en mano, la evolución del Euribor. No está claro si el cristal de su esfera sólo muestra sus deseos o también sus malas teorías, pero lo que resulta obvio es que este hombre es demasiado osado. Ni corto ni perezoso el ministro aseguró a toda España que "en las actuales circunstancias podemos pensar que el Euribor no subirá más". Quienes todavía se creen las predicciones de Solbes debieron dormir más tranquilos aquella noche.

Pero el oráculo no podía estar más equivocado. El pasado viernes el Banco Central Europeo anunció una batería de inyecciones crediticias por un montante total de 150.000 millones de euros después de que el Euribor a doce meses escalara hasta siete décimas por encima del tipo de interés de la eurozona situándose en 4,736%, el máximo del año.

Es posible que la equivocación venga de su nublada visión profética, pero es mucho más probable que el error tenga que ver con su oscura teoría económica. Solbes parece creer que el Banco Central Europeo puede determinar los tipos del mercado interbancario, aquel en el que los bancos se prestan entre ellos. Sin embargo, aunque el BCE puede influir en ellos, no tiene ninguna varita mágica que obligue a los bancos a prestar al tipo que Trichet y compañía querrían. Es la liquidez y la solvencia de cada banco lo que tiende a determinar esos tipos y eso no se modifica imprimiendo papelitos y regalando crédito con dudoso respaldo.

Solbes también recurrió hace unos meses a su agrietada bola de cristal para predecir la duración de la fuerte inflación que estamos sufriendo y comentó que duraría hasta mediados de este año. Ojalá me equivoque, pero creo que la infección que sufre este hombre es grave y ya no da pie con bola.

¡Yo también quiero una subvención!

Es para estar orgullosa, desde luego, sobre todo tratándose del Gobierno de la región con la mayor tasa de paro y la economía más subdesarrollada de todo el continente europeo. Los parados andaluces que no llegan a final de mes son ahora mucho más felices, sabiendo que sus políticos, a quienes votan con rigor estajanovista desde hace veinticinco años, se preocupan de solucionar sus problemas de esa forma tan efectiva, por ejemplo subvencionando el cine basura.

No entraré a valorar los méritos cinematográficos de una película que no pienso ver, pues desde hace lustros sigo una dieta estricta que me impide contemplar ninguna producción del cine español, régimen que recomiendo vivamente por sus saludables efectos espirituales.

No obstante, dado que las instituciones progresistas se muestran tan proclives a regalar el dinero ganado honradamente por los ciudadanos, voy a escribir un guión para una película de temática gay, cuyas líneas maestras me permito esbozar a continuación.

El protagonista es alto cargo del Gobierno de progreso de un país imaginario, cuyo principal mérito es su condición homosexual. Gracias a las prebendas de su cargo regala puestos de trabajo en las oficinas de la administración a numerosos homosexuales a cambio de favores de todo tipo que incluyen las actividades más depravadas, quiero decir, imaginativas. Al mismo tiempo desvía los fondos públicos hacia un entramado de empresas de la que es titular junto a su novio y para acallar las críticas alimenta también con profusión todos los circuitos económicos del lobby gay. Será una película "arriesgada", en la que habrá sexo explícito, historias sentimentales autodestructivas, abundante consumo de estupefacientes y muchas escenas incomprensibles desarrolladas en medio del más absoluto silencio, es decir, una película española cien por cien.

En cuanto lo tenga listo intentaré encontrar un director "comprometido" que lo quiera llevar a la gran pantalla. Vayan preparando la faltriquera, señores consejeros de cultura de todas las comunidades autónomas, socialistas o populares. A veinticinco mil napos por consejería esto es un negocio redondo. Creo que al fin he encontrado mi vocación.

Bajan las máquinas de afeitar y sube la leche

Nuestro técnico tiene parte de razón, pero la gente adquiere ordenadores una vez cada cuatro años, y por esas cosas que los burócratas no acaban de entender, las personas normales compramos productos de uso inmediato, fungibles o no duraderos, varias veces al día o a la semana.

Estas características de consumo, le dirán los técnicos, están previstas en el cálculo del IPC, pero es evidente que el medidor falla, y ya no sólo por la ponderación sino por muchos otros errores de omisión como el de no incluir las variaciones de precio en la vivienda de propiedad, algunos impuestos, el arbitrario sistema de medición por números índice y otros problemas insolubles como la imposibilidad de medir la calidad de los productos respecto al precio, algo que sólo el mercado y no un burócrata puede establecer.

El desfase del IPC con la realidad ha calado últimamente entre la gente debido a la fuerte pérdida de poder adquisitivo que hemos sufrido sin que el índice oficial haya experimentado grandes variaciones o, al menos, variaciones similares a las de nuestra cesta de la compra. No sólo eso, sino que incluso nuestra pérdida de poder adquisitivo es superior a la europea. La inflación subyacente (alimentación y energías) ha sido un 25% superior a la nuestros vecinos comunitarios y los productos de primera necesidad, desde agosto de 2007, se han disparado. La leche ya es más cara que la gasolina, en términos interanuales ha subido casi un 30%, y en general, los alimentos básicos como el pan, arroz, pasta, queso o huevos, tienen crecimientos de dos dígitos.

A pesar de las incongruencias del sistema de cálculo, omisiones convenientes y la falta de realismo, están usando este índice para moldear nuestra vida, como por ejemplo, revisar nuestros salarios y pensiones.

En definitiva, los indicadores macroeconómicos del Gobierno ya hace mucho tiempo que no sirven como datos objetivos que sirvan para aplicar medidas en beneficio del ciudadano, sino como demostración de lo bien que gestiona el Estado. El medio se ha convertido en un fin. Algo que también hemos visto con las nuevas estadísticas de empleo, que esconden a parte de parados, o la reforma de la educación que, favoreciendo la ociosidad y el mínimo esfuerzo, sólo pretende disimular el nefasto nivel de nuestros estudiantes permitiendo que los alumnos vayan pasando cursos y mejoren así las estadísticas.

El gran problema es que por más que se repita una mentira ésta no cambia la realidad. Las consecuencias en el maquillaje de los precios siempre la acabamos pagando nosotros. Un maquillaje que cada vez es más caro.

Cuatro años de Red Liberal

Además, no es que estuviera demasiado claro que hubiesen logrado ganar siguiendo mis consejos, tan amables e interesados (uno, que cobra sus columnas). Pero yo decidí hacerme caso a mí mismo, por una vez, y monté Red Liberal ese mismo mes de marzo de 2004.

Notaba entonces cómo la derecha empezaba a movilizarse en internet. Creo que no llegué a imaginar hasta dónde iba a llegar la marea que empezaba a levantarse entonces, dentro y fuera de la red. Cuatro años después existen redes de blogs, sitios web, laboratorios de ideas, plataformas de movilización ciudadana y asociaciones de todo tipo dispuestas a dar la batalla a la hegemonía de la izquierda en la batalla de las ideas. Un dominio logrado no gracias al mayor o menor acierto de sus tesis, sino a la abrumadora mayoría que forman sus acólitos en universidades y medios de comunicación. Una situación que se reproduce en el resto de Occidente, pero que en España llega al paroxismo.

Esta situación pone, sin duda, en un brete al PP, que siempre será retratado como "extremista" haga lo que haga. Se ha visto durante todo esta legislatura, en que en la inmensa mayoría de los medios televisivos se ha calificado como inconcebible el hecho de que el PP se mantuviera fiel a la política antiterrorista que tanto el PSOE como esos mismos medios decían apoyar hasta febrero de 2004. Se ha pintado también de "derecha extrema" una posición respecto al matrimonio homosexual compartida por la mayoría de los partidos socialdemócratas en Europa y Estados Unidos. Y así podríamos continuar. Por eso resulta ridículo pretender ahora "centrar" el mensaje. Da lo mismo lo que se diga o se haga; el PP siempre será extremista mientras esté en la oposición y las televisiones, gracias en buena parte a Aznar, se mantengan fieles a la doctrina zapateril.

Así pues, durante estos cuatro años ha surgido una fuerte oposición a los dogmas de la izquierda, una oposición que ha encontrado en internet su vía natural de expresión y propagación de ideas. Pero en esa lucha nos ha faltado contar con la organización de la derecha con más miembros y mayor capacidad de movilización, el propio Partido Popular. Es cierto que han apoyado las diversas manifestaciones que tanto las víctimas como plataformas como Hazte Oír han organizado. Pero han renunciado a la batalla de las ideas, de modo que sus posturas han sido desacreditadas con cierta facilidad usando estereotipos que ya debieran estar un pelín gastados a estas alturas, pero que siguen vivos con sorprendente fuerza.

No obstante, si quisieran, lo tienen fácil. No han de inventar nada, sólo mirar a lo que han hecho ya los republicanos en Estados Unidos. Y no me refiero a montar convenciones de color naranja, sino a crear una red de militantes cuya labor no sea acudir a los mitines sino convencer a la gente de su entorno: familia, amigos, compañeros de trabajo, etc. Seguramente no se apuntarían los 700.000, pero sí podría hacerlo un número que marcase la diferencia y ayudase a contrarrestar la influencia de las televisiones. Pero para lograrlo el PP debe definirse con claridad. Luego, Internet puede serle de gran ayuda para explicar sus ideas a los militantes y ayudarles a encontrar argumentos con los que defenderlas entre quienes tienen más cercanos. Pregunten a Karl Rove, ahora que está libre.

Algo así sería un cambio. Pero me temo que en el congreso que se avecina nadie hablará ni de ideas ni de su difusión ni de cómo llegar directamente a la gente, sin filtros mediáticos. Me da que se hablará del liderazgo de Rajoy, de centrar el mensaje y de cómo aplacar a periodistas y medios que no trabajan para informar sino para influir en contra de la derecha. Sería una gran manera de facilitarle el trabajo a Zapatero, sin duda.

Pero, en cualquier caso, hagan lo que hagan los populares Red Liberal, el Instituto Juan de Mariana y todas las demás redes de blogs, sitios web, laboratorios de ideas, plataformas de movilización ciudadana y asociaciones seguirán luchando por su cuenta y riesgo. Porque nos movemos por ideas, no por afán de poder ni por sectarismos partidistas.

Ya hemos probado con el canibalismo y no funciona

Será eso, o simplemente que estoy tan habituado a las cloacas que ni mi buen daimon tiene fuerzas para apartarme de algunas de ellas. Así es la ciudad de los medios de comunicación, donde las grandes avenidas están escondidas y son las cloacas las que están sobre el firme.

El caso es que he visto la última creación de un viñetista con el alma rota en la que un oscuro personaje dice: "Si falla el capitalismo, podemos probar con el canibalismo". El capitalismo es la sociedad libre, el conjunto de instituciones basadas en una red de intercambios voluntarios, en el acuerdo entre dos o más personas. Es la sociedad kaleidoscópica, varia, libre y espontánea; es la disolución de la jerarquía y la emergencia del buen consenso, el que llega sin imposiciones.

El capitalismo es la sociedad en la que podemos decir "no" a lo que nos concierne y no deseamos. Y "sí" sólo a lo que nos concierne. Es la sociedad de la responsabilidad individual, permítanme el pleonasmo. Es la sociedad de la generosidad, porque ésta sólo puede ser voluntaria y porque el individuo, en una civilización capitalista, está permanentemente volcado hacia los demás. La persona está unida íntimamente a sus derechos, sin que le sean arrebatados en nombre de nada o de nadie. Pero, por propia voluntad y en compleja colaboración con otros, está volcada a trabajar para los demás, para muchos otros que, en su mayoría, jamás conocerá. Y vive con lo que los demás le sirven, en ese orden de cooperación humana que llamamos mercado.

¿Puede fallar algo así? No lo creo. No lo ha hecho jamás. Pero su opuesto sí lo conocemos. Es el canibalismo, sí, que muchos llaman socialismo. Es la sociedad jerárquica en la que los muchos son piezas inermes de los planes de unos pocos. En que sus voluntades están truncadas, negadas y prohibidas. El canibalismo es aquella sociedad de la Unión Soviética en que se robó a los ucranianos hasta los granos que hubiesen servido como simiente. Aquella en que los padres mandaban a sus hijos a las ciudades para volver al pueblo a encontrarse con la muerte al menos con la débil esperanza de que sus hijos, abandonados, tuviesen más suerte con ellos. "Abandonar a los hijos es un crimen", decían los carteles. "Comerse a los hijos es un crimen", recordaban otros.

Sí. Ya hemos probado el canibalismo. Y no funciona.