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El gran asalto

Zapatero dejó claro en su discurso de investidura que se iba a cobrar la mayoría en el CGPJ y el Tribunal Constitucional que considera que le deben desde hace tiempo por la mayoría socialista en el Congreso. La Justicia será la primera gran batalla de esta legislatura, porque una vez ganada esta, humillada la institución ante los designios del Gobierno, caerán todas las demás. Las que transformarán nuestra democracia en otra cosa. Y todavía los hay en el PP que están dispuestos a pactar la traición. Centrismo, parece que lo llaman.

Parte de la sociedad no está dispuesta a resignarse. Que en ella no se puede incluir a los empresarios, a día de hoy no habrá quien lo niegue. No hay nada más tímido que un millón de dólares, decía Keynes. Ni más cobarde que un millón de euros, podríamos decir ahora. Pero es precisamente en este ámbito, el empresarial, donde se avecina una lucha titánica por el control. Intermoney (y otra excelsa institución, dicho sea de paso), gana un nuevo miembro en el Gobierno: ya no sólo está la mujer de Carlos Arenillas; ahora también se sienta en el banco azul Miguel Sebastián.

Sebastián ha sido el vértice de la "triangulación perturbadora" (Moncloa-CNMV-SER) que ha sido una de las manos con que se quería sisar Endesa. La otra es el Ministerio de Industria y aledaños (CNE, principalmente), que caerá en las manos de Sebastián. El affaire Endesa está cerrado, pero todavía queda por cerrar el asalto a Iberdrola por EDF, que parece contar con el visto bueno de Moncloa.

Pero el gran asalto podría ser otro: Telefónica. Zapatero ha demostrado que es capaz de cambiar la ley, violar las normas europeas, decir que no quiere que Endesa vaya a una empresa extranjera con participación pública y luego entregarla a Enel… lo que sea con tal de colocar sus piezas sobre el tablero empresarial español. Y Telefónica es la gran dama en este juego: una multinacional con medios y dinero para crear un imperio mediático al margen de Prisa. Los recelos mutuos entre el órgano de poder y ZP podrían resolverse con Telefónica como ariete mediático y económico de su lado.

Gerardo Díaz Ferrán, aquel valiente que anunció antes de las elecciones que se vería el 10 de marzo con Pedro Solbes, tendrá que decidir si piensa dedicar su gallardía liberal a ver pasar los cadáveres o hará algo más.

Chávez aprieta el acelerador

De hecho, en las últimas dos semanas el gorila rojo ha expropiado tres productoras de cemento y una importante empresa siderúrgica. A juzgar por sus objetivos, la construcción del socialismo está al caer.

Sin embargo, lejos de acercarle a su ansiado sueño colectivista, estos nuevos robos pueden conducirle al abismo por el que el pueblo indignado suele arrojar a los tiranos. Y es que hasta ahora la vía venezolana hacia el socialismo marchaba relativamente bien para sus dirigentes porque se dedicaban principalmente a expropiar materias primas como el petróleo, para cuya extracción y comercialización no se requieren de grandes dotes de gestión y que suponen una continuada fuente de ingresos. Además, Chávez ha contado con la ayuda de empresas occidentales que se aliaban con él con tal de hacerse con parte del botín. Sin embargo una cosa es expropiar una fuente de energía o una materia prima que luego vendes en el mercado y otra bien distinta es hacerte con una empresa que se dedica a crear productos cambiantes gracias la cooperación de numerosos bienes de capital y que requieren de una compleja gestión siempre alerta a los caprichosos cambios de los consumidores en el mercado.

Lo simpático de esta nueva ola de expropiaciones es que los propietarios de la mayoría de las acciones de la siderúrgica SIDOR se han destacado en los últimos años por defender públicamente la política ultra intervencionista del matrimonio Kirchner en Argentina. Es como si La Rebelión de Atlas estuviese ocurriendo en la realidad y Orren Boyle, el presidente de Associated Steel, hubiese sido expropiado por los politicastros que tanto defendía. Parece que a la familia Rocca, los Boyle del momento, no le ha gustado en esta ocasión el sentido de estas nuevas agresiones contra la propiedad privada. Es lo que tiene jugar con fuego, que uno termina quemándose. A lo mejor esta experiencia le sirve para que se transformen en los Rearden del mañana y déspotas como Chávez dejen de encontrar apoyos en el mundo empresarial.

¡Nuestros cineastas amenazan con irse a EEUU!

Parece ser que no teníamos ya suficiente con Teddy Bautista, para el cual 120 millones de euros en concepto de canon digital son una miseria y que, tras años insultado a quienes nos oponemos a dicho sobreprecio, dice abogar ahora por un pacto donde "donde la concertación sustituya a la confrontación"; ni con Luis Cobos, cuya entidad sin animo de lucro disponía 41,5 millones de euros en deuda pública y fondos de inversión; ni con el "galáctico" Jaume Sisa, sobre cuyo apellido evitaremos hacer chistes fáciles, imaginando contubernios; ni con José Luos Borau, afamado inventor de la presunción de culpabilidad; ni con David Bisbal, el gran experto de temas de los que nada sabe; ni con Pau Donés, que no duda en insultar a sus fans. No, no era suficiente; necesitábamos alguien más, como por ejemplo la presidenta de la Academia de Cine.

Ángeles González-Sinde se suma al discurso victimista y al insulto a quienes se oponen al canon. Este jueves ofreció una conferencia de las que merecen ser recordadas por la caradura demostrada y por lo absurdo de los argumentos. Se lamenta la señora de que el ministro Montilla escuchara y tuviera en cuenta a las empresas "importadoras de tecnología". Está claro que la única voz que considera que tenía que haber sido escuchada es la de "más de ocho mil autores" (¿de dónde sacará esa cifra?). Se ve que para González-Sinde lo que opinen los consumidores no cuenta. Será que criticar a los "culturetas" es antipatriota y, por tanto, nadie tiene derecho a hacerlo. Y cómo no se va a lamentar, si lo hace hasta de que su institución "sólo" recibe 101,62 millones de euros anuales del Ministerio de Cultura.

Arremete, como ya hiciera en su día Luis Cobos, contra las empresas proveedoras de internet. Se queja de que en la Ley del Cine estas compañías se hayan "ido de rositas" (se ve que hay que castigarlas por vendernos un servicio que nos permite acceder a la red) y le parece sospechoso que Telefónica (el recurso fácil, personalizar en el operador dominante en el mercado) ofrezca 20 megas de conexión. Dice que son demasiados. Entérese la presidenta de la Academia del Cine que son pocos comparados con los disponibles en otros países. No vamos entrar a fondo aquí en las otras cuestiones sobre las que ha hablado, por salirse de los temas que corresponden a esta sección, pero ahí también se ha lucido. Pretende obligar por ley a que las televisiones gasten más en cine español y, cómo no, arremete contra Hollywood (ya saben, ese lugar maldito con cuyo reconocimiento suspiran todos los actores y directores españoles).

Entérese esta señora (o señorita) de que el problema del cine español no es otro que… el cine español. En líneas generales, que en todo hay excepciones, su calidad deja mucho que desear. Y eso se aplica tanto a actores como directores y guionistas. Aunque consiguieran que nadie se descargara una película gratis de internet, su público seguiría acercándose cada vez más a cero. Y eso no se arregla con el canon, que lo único que hace es rellenar los bolsillos de esas personas que o no saben o no quieren hacer productos que gusten a los consumidores.

Un apunte más. Hemos oído demasiadas declaraciones muy duras en torno al tema del canon por parte de quienes se forran con él en la semana de la investidura de Zapatero y las anteriores. Esto sí resulta sospechoso. Suena a aviso al presidente del Gobierno para que recuerde el apoyo que le dieron durante la campaña electoral y les pague con el dinero de todos los españoles. ¡Manda megas!

¡Manda megas!

El motivo de esta decisión sin precedentes es que los españoles somos reticentes a pagar el canon digital que Z prometió al artisteo en pago de sus favores durante la campaña electoral. Y es que a nuestros artistas no les basta con fagocitar por la jeta el dinero de nuestros bolsillos e insultarnos cuando llegan las elecciones, quieren además que les demos las gracias. Es lo que se desprende de las declaraciones de la presidenta de la academia, Ángeles González Sinde, absolutamente deliciosas, en las que ha desgranado todo un memorial de agravios contra "las gentes de la cultura". A saber:

  1. Los españoles rechazamos el impuesto revolucionario del canon digital porque estamos muy mal informados y además preferimos proteger antes a las empresas tecnológicas que a nuestros creadores. O sea, que sobre tontos, malos.
  2. Por otra parte, no sabe la presidenta a qué viene tanto revuelo, cuando el impuesto va destinado a las empresas y no a los usuarios. Es decir, que según esta señora, atentos señores catedráticos de economía aplicada, el incremento en el coste de un producto repercute en el precio final sólo si el dinero recaudado no va destinado a la izquierda ociosa, en cuyo caso esta ley elemental deja de operar y el coste adicional lo asume íntegramente el empresario de su bolsillo.
  3. Programar películas españolas en la televisión es muy rentable, lo que pasa es que los directivos de las cadenas son masoquistas y prefieren perder dinero a espuertas programando superproducciones norteamericanas.
  4. Las televisiones operan con una concesión del Estado, por lo que debe exigírseles que "compensen al resto de la sociedad"… comprando cine español, claro, aunque los telespectadores cambien inmediatamente de canal cuando un hecho de estas características sucede.
  5. Las subvenciones que pagamos entre todos anualmente al cine español ascienden a unos cien millones de euros (dieciséis mil seiscientos treinta y ocho millones de pesetas), una miseria comparada con la extraordinaria calidad artística de las producciones con que nuestros cineastas nos recompensan, a pesar de que, en nuestra burricie, a casi ninguno de nosotros se nos ocurre últimamente pagar (por segunda vez) en las salas de proyección para deleitarnos con su néctar.

La situación es dramática y la directora de la academia advierte: "Puede haber una fuga de talentos (sic) a Estados Unidos". En Hollywood están ya tomando las medidas pertinentes para que semejante desembarco de genialidad no sature la industria norteamericana, que aunque siempre anda necesitada de creadores españoles probablemente no pueda asumir esta avalancha de un tirón. Por otra parte, ¿imaginan lo que sería de este país si de pronto emigraran al otro lado del charco los inventores del cordón sanitario? Sólo de pensarlo le dan a uno escalofríos, así que aflojemos la faltriquera y pasemos por alto la gilipollez endémica de nuestro cine y los insultos constantes que los "creadores" dedican a quienes no piensan como ellos. Esto es ya un asunto de emergencia nacional.

La Economía de Giro Uniforme es pobreza

En España, el Instituto de Crédito Oficial (ICO) ha manifestado que ampliará sin límite el crédito a las empresas si les falta liquidez y no paran de llover críticas de los grupos de presión a la liberalización de los horarios comerciales en Madrid.

¿Se imagina que el Estado empezara a intervenir en todos los sectores económicos para lograr que nada cambiara? ¿Qué pasaría con los bancos que han hecho una gestión negligente, con las empresas que han sido incapaces de sopesar el riesgo de sus inversiones y con los comerciantes que prefieren vivir de las leyes y subvenciones del Estado que de los designios y necesidades del consumidor? Nada. Recibirían premio la ineptitud, los negocios suicidas, el parasitismo y el cortoplacismo a expensas del pagador de impuestos. La responsabilidad individual desaparece para convertirse en rentismo. Es una situación en la que no hay cambios, las empresas negligentes o que ya no sirven al cliente se mantienen con artificiales mecanismos estatales que a la vez se nutren de la extorsión que ejerce el Gobierno al hombre libre mediante el cobro de impuestos, multas, tasas, etc.

El gran economista Ludwig von Mises llamó a este tipo de situación donde nunca cambia nada Economía de Giro Uniforme. No se trataba de nada real, sino de un supuesto en base al cual, empleando la lógica deductiva, estableció qué condiciones deben darse para que algo así fuera posible Concluyó que la Economía de Giro Uniforme implica necesariamente que el hombre no tiene aspiraciones ni valora el riesgo e implicaría considerar como insolubles preguntas tan básicas como por qué el individuo trabaja, asigna precios a las cosas o valora más el presente que el futuro.

El comunismo y el fascismo fueron los primeros sistemas contemporáneos, porque antes ya había existido otros, que intentaron convertir la economía, y por lo tanto al individuo, en un mecanismo del giro uniforme. Todos los países que han abrazado cualquiera de los sistemas económicos que niegan el cambio y la libertad empresarial y de mercado han acabado muriendo, como la URSS; o han tenido que abrirse para no terminar en la más pura miseria. Incluso Cuba está cediendo.

A pesar que la lógica nos dice claramente que una Economía de Giro Uniforme contradice las bases mismas de la economía política y que, desde el punto de vista histórico, cualquier intento de alcanzar tal estado es un fracaso, los burócratas se están obsesionando otra vez en reimplantar este tipo de socialismo. Si en el siglo XIX alguna confederación de carreteros hubiese instado al Gobierno a rescatarles por su crisis de liquidez, un eufemismo para ocultar que la empresa está en pérdidas debido a su incompetencia, o hubiese exigido prohibir los coches a motor por ir en contra de los sistemas tradicionales tal y como hacen ahora los lobbies comerciales de Madrid, lo máximo que tendríamos ahora serían carretas tiradas por caballos con neumáticos de goma en lugar de seguros y rápidos autos. Si alguna agrupación del sector del vinilo hubiese pedido su rescate frente a la competencia desleal de los casetes, los CD o el MP3, ahora cuando habláramos de "bajar música" nos referiríamos a llevar el disco de la estantería al tocadiscos.

La intervención estatal, y por tanto, la imposición de una Economía de Giro Uniforme, no sólo supone riesgo moral (moral hazard), oportunismo, monopolio, retroceso innovador y económico; también que el Estado usará su poder de coacción contra nosotros para usurparnos nuestro dinero y libertad para financiar su sistema estático y de compra de votos e intereses.

Incompetencia contra la libertad comercial

Los detentadores de privilegios de la antigua regulación ya han protestado amargamente porque se vaya en contra de sus intereses organizados. Para la Confederación General de Pequeñas y Medianas Empresas (COPYME) "se trata de un nuevo paso en contra del comercio tradicional" y es "un ataque al libre mercado". Los grupos de presión no renuncian pacíficamente a sus prebendas, avergonzados por todo el tiempo que han vivido a costa de los demás, sino que practican la huida hacia delante y acusan a los legisladores que intentan acabar con ellas de ir en su contra, lo cual queda muy feo en un político. Y además practican la estrategia de la confusión, argumentando (es un decir) que ellos defienden el libre mercado: como si entendieran en qué consiste y estuvieran acostumbrados a practicarlo.

En una postura típicamente reaccionaria, defienden lo suyo como lo tradicional, lo de siempre, como si no pudiera ni debiera evolucionar y adaptarse a circunstancias nuevas. Creen que la competencia consiste siempre en que haya muchos competidores prácticamente iguales sin que ninguno de ellos sufra pérdidas o fracase: los poderes públicos han de garantizar la supervivencia de sus negocios aunque estos demuestren ser poco competitivos, mediante subvenciones directas o poniendo trabas legales a los triunfadores. No entienden (o prefieren no ver) que el mercado libre es un proceso evolutivo dinámico que explora la diversidad y genera adaptaciones mediante la retención de los más exitosos (en servir a los consumidores) y la expulsión de los marginalmente incompetentes (que no implica que se mueran de hambre sino que lo hagan mejor o se dediquen a otra cosa). La igualdad es ante la ley, no mediante la ley: no se trata de que todos jueguen exactamente en las mismas condiciones (grandes o pequeños, especializados o generalistas), ya que en este caso no se podría comprobar qué sistemas de producción y distribución son más eficientes.

Algunas asociaciones que se autoproclaman falazmente de consumidores también se oponen a la medida. Según Antonio López, portavoz de la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU), la franja horaria comercial es "suficiente y la medida sólo beneficia a las grandes superficies y centros comerciales"; duda de que la iniciativa "promueva la competencia, porque lo que en realidad supone es eliminar al pequeño comercio". A mí personalmente como consumidor no me han preguntado si los horarios me parecen suficientes o si me siento beneficiado por la liberalización comercial, así que ¿en nombre de quién habla? Son graciosos los intervencionistas, tan obsesionados con la cooperación colectivista, cuando se empeñan en defender lo que ellos entienden como competencia.

Rubén Sánchez, portavoz de FACUA, se esfuerza por ser original en hacer el ridículo: cree que de salir adelante este proyecto de ley sería "una invitación al consumo y al despilfarro". Consumidores en contra de ser invitados a consumir, lo que hay que ver. Quizás él tiene tan poco autocontrol que usa todo su tiempo libre para despilfarrar como un ludópata su dinero en los comercios que encuentra abiertos; pero que no proyecte sus fobias particulares sobre el resto de la ciudadanía.

¿Por qué se equivocaron los bancos?

La reciente propuesta del secretario del Tesoro de EEUU, Henry Paulson, para extender los poderes de la Fed a la supervisión de los mercados financieros apunta precisamente en este sentido: la crisis se ha producido por una falta de control público sobre las decisiones privadas. Si la propuesta de Paulson sale adelante, la Fed pasará a controlar no sólo los bancos comerciales, como ocurría hasta la fecha, sino los bancos de inversión y los hedge funds, entre otros operadores del mercado.

Pese a este notable incremento de sus competencias, el presidente de la Fed, Ben Bernanke, no está del todo satisfecho: "Se trata de un primer paso muy interesante". Atención, Bernanke advierte: ha sido el primero, pero no el último.

Existe una tendencia irrefrenable en las autoridades públicas a atribuir todos los problemas al libre mercado, sin siquiera pararse a analizar cuáles son las causas últimas de todo este marasmo.

Decía Walter Bagehot, el gran teórico de la banca central, que los bancos comerciales debían rechazar una inversión siempre que existiera "alguna duda" sobre la misma. Décadas más tarde, el padre de la inversión de valor, Benjamin Graham, desarrollaba esta misma idea y concluía que los inversores de renta fija debían depositar su dinero en aquellos activos financieros cuyo riesgo de impago fuera mínimo incluso en períodos de crisis económica. Graham quitaba importancia a que las inversiones de renta fija estuvieran respaldadas por algún tipo de garantía, como las hipotecas. Lo importante es que el deudor sea solvente y próspero, ya que las garantías frecuentemente pierden su valor durante las crisis.

Parece claro que los actuales banqueros de EEUU no atendieron a las recomendaciones de Bagehot y Graham e iniciaron una absurda orgía crediticia. Las hipotecas subprime no representaban a sus ojos un problema porque si el hipotecado dejaba de pagar, siempre podrían enajenar el inmueble; esto es, actuaron justo al revés de como aconsejaba Graham.

Pero ¿por qué los banqueros se comportaron tan imprudentemente? La responsabilidad puede buscarse en dos ámbitos: el teórico y el práctico.

La ciencia económica se ha visto contaminada durante décadas por teorías neoclásicas incompletas e irreales. Los economistas ortodoxos carecen de una teoría del dinero y del ciclo económico consistente, por lo que van dando tumbos cortoplacistas sin dirección alguna. En plena burbuja inmobiliaria, por ejemplo, se dejaron llevar por la corriente mayoritaria y predijeron que el precio de la vivienda jamás caería. David Lereah, economista jefe de la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios de EEUU, predijo en 2006 que el precio de la vivienda había alcanzado un nuevo high plateau y nunca más descendería. Con estos mimbres teóricos no es de extrañar que los bancos decidieran conceder hipotecas masivamente: el cobro estaba garantizado por unos precios que no dejarían de subir.

Si la profesión económica hubiese tenido un mayor conocimiento de la teoría austriaca del ciclo económico, sus errores habrían sido mucho menores. Jesús Huerta de Soto describe como fases típicas de todo boom artificial el alza de los precios de los bienes de capital (en este caso la vivienda), la captación de trabajadores y la aparición de importantes beneficios contables en este sector. Es decir, exactamente lo que ha ocurrido en España: subida de los precios de la vivienda, beneficios extraordinarios en la construcción y contratación masiva de trabajadores en esta industria.

Pero el propio Huerta describe asimismo las fases típicas que indefectiblemente siguen al boom: caídas de precios, pérdidas extraordinarias y desempleo; esto es, lo que estamos padeciendo ahora mismo en EEUU y en España. Probablemente los bancos habrían sido menos generosos a la hora de prestar dinero a troche y moche si sus analistas hubiesen conocido la Escuela Austriaca y no se hubiesen dejado engañar por los cantos de sirena y las torres de marfil neoclásicas.

Pero la responsabilidad de la crisis no sólo recae en el ámbito teórico, también en el práctico; en concreto, en la organización de nuestro sistema monetario. Es curioso cómo políticos, reguladores y economistas se escandalizan ante el excesivo riesgo que han asumido los bancos, cuando la Reserva Federal les estuvo prestando dinero al 1% durante más de un año, sin que ningún funcionario pusiera el grito en el cielo.

Exactamente, ¿qué pretendía la Reserva Federal que hicieran los bancos comerciales con esa explosión de crédito barato creado de la nada? Cualquier proyecto que los bancos comerciales hubiesen financiado agotando los fondos que proporcionaba la Fed habría resultado igualmente catastrófico. La burbuja inmobiliaria la creó la Reserva Federal a través de los bancos comerciales, no los bancos comerciales abusando de las buenas intenciones de ésta.

Aun hoy, los mismos que critican la voraz especulación y reclaman una mayor regulación que supervise cada inversión privada se dedican a lloriquear para que el Banco Central Europeo recorte los tipos de interés, con el único objetivo de realimentar así la burbuja. Con un sistema monetario basado en el patrón oro, la expansión crediticia habría tenido mucho menos recorrido: si los bancos centrales hubiesen reducido los tipos al 1% se habrían quedado enseguida sin reservas de oro, lo que les habría obligado a subirlos.

La crisis no es consecuencia de la falta de regulación, sino de unas doctrinas económicas profundamente erróneas que han dado a luz un sistema monetario corrupto. El aumento de las regulaciones no remediará las crisis si ese sistema y esas ideas sigan en pie, pero sí recortará las libertades de todos los inversores. Como siempre, el Estado provoca las crisis económicas y sociales para luego justificar su expansión. Es hora de poner fin a esta trágica tendencia secular.

El fiasco de las bibliotecas públicas virtuales

Es algo que siempre he defendido; cuando se discute qué puede hacer el Estado para fomentar el uso de la red mi opción predilecta es incrementar el atractivo de la red poniendo todo el material del que dispone gratuitamente en internet, a ser posible de una manera cómoda y fácilmente accesible. Poco a poco, se van obteniendo éxitos en ese sentido. Por ejemplo, parece que por fin TVE va a poner al menos una parte de sus archivos audiovisuales en su web. Razón hay para congratularse: parece que por fin podremos ver aquello que ya hemos pagado obligados.

El problema es que la mayoría de estos proyectos parecen empeñados en alcanzar grandes números de publicaciones y páginas escaneadas, que es lo que permite al político vender su gestión, en lugar de ofrecer un servicio útil al público. De hecho, muchas veces los responsables de estos proyectos ni siquiera responden a cuestiones básicas como qué está permitido hacer con los contenidos digitalizados, pregunta que repite constantemente el gran José Antonio Millán cada vez que surge alguno de estos proyectos, generalmente sin encontrar respuesta.

Recientemente he tenido ocasión de experimentar uno de estos proyectos, la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. Un proyecto notable, que recoge fondos de bibliotecas estatales de toda España y de algunas colecciones privadas, las digitaliza y las pone a disposición de todos en internet. El problema es el de siempre; recientemente era objeto de atención el hecho de que casi hubiera alcanzado los 4 millones de páginas y casi 2.000 cabeceras, siendo la publicación más antigua de 1777. Pero nadie reparaba en lo difícil que es utilizarla y lo poco útil que termina siendo. Resulta que se busca por título, por fecha o por biblioteca donde se guarda. Si pese a todos encontramos algo que nos interese accederemos no a la publicación sino a una ficha técnica en la que se esconde un enlace titulado "copia digital". Ahí podremos navegar en busca del ejemplar que nos interesa, que podremos ver en imágenes (una por página) o descargar en un PDF que básicamente consiste en agrupar todas las imágenes una detrás de otra.

Comparémoslo con Google Books. En principio hay una única caja de búsqueda. Usted pone un término en ella y le devuelve libros donde ese término esté en la editorial, el título, el autor y, sobre todo, el contenido. En algunos de ellos, básicamente los de dominio público, podremos acceder al contenido completo, que podemos consultar online con un interfaz web muy cómodo o descargar en PDF o texto. En resumidas cuentas, un servicio cómodo de usar y muy práctico para el usuario.

De acuerdo que hay proyectos de bibliotecas virtuales públicas más lustrosos que la de prensa histórica. Por ejemplo, está la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, a la que he criticado agriamente pero que en comparación es una delicia. Pero todos padecen en mayor o menor medida del mismo defecto. Quizá sea porque Google es una empresa privada y busca servir al cliente, mientras que la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, como tantas otras en el viejo continente, busca principalmente justificar el trabajo y las sumas invertidas en los procesos de digitalización. Y para eso sólo hacen falta números.

La Fed aprieta… y ahoga

Es decir, que la buena aplicación de los principios a la actividad bancaria llevaría a que se casaran los plazos de los pasivos de los bancos (el ahorro que reciben) y sus activos (los préstamos que hacen). Pero no es eso lo que hacen. La actividad bancaria hoy está alejada de las buenas prácticas y se endeudan a corto plazo para prestar a largo plazo. Es decir, otorgan hipotecas con los depósitos a la vista de la gente. El ciudadano cree que puede sacar su dinero en cualquier momento, pero una parte está comprometido en préstamos del banco que no llegarán a madurar en dos o tres décadas. Lo hacen así porque se benefician de que lo que tienen que pagar por los depósitos es mucho menos que lo que tendrían que pagar por ahorro a largo plazo.

La principal consecuencia de esta desatención a los principios de la buena financiación es que se ponen en marcha muchos proyectos (empresas, construcciones, infraestructuras, nuevas tecnologías) que, en realidad, no cuentan con el respaldo del ahorro de los ciudadanos. No hay ahorro para todos los proyectos, por lo que muchos de ellos no llegarán a término. Es decir, que a la euforia inicial por la aparente abundancia de ahorro le sigue la crisis cuando se pone de manifiesto que se han saltado el sagrado criterio de casar los plazos. Han tomado los depósitos como si fuese ahorro y cuando llega la hora de la verdad, éste no está para completar todas las inversiones en marcha.

Ahora nos enfrentamos de nuevo a la crisis. Comenzamos a ver cómo serán las malas horas que nos aguardan: suben los precios, sube el paro, se detiene la actividad… Nos viene una buena encima y hay que atarse los machos. Podría ser una oportunidad para forzar a los bancos a que adecúen su actividad a los principios de una financiación sana y sostenible. Pero nos encontramos exactamente con todo lo contrario. La Reserva Federal, ese banco central que se creó en 1913 y que, junto con los demás, jamás debió haber visto la luz, ha reaccionado con un criterio distinto: en lugar de permitir que quiebren los bancos que más han sacrificado su solvencia por una mayor rentabilidad, que es como el mercado defiende a la sociedad, los premian manteniéndolos. Este es el plan de la Fed y del Secretario del Tesoro, Henry Paulson, recientemente anunciado.

Es decir, en lugar de atajar el origen del problema las autoridades económicas estadounidenses han preferido agravarlo, curiosamente en nombre de la lucha contra la crisis económica. Que Dios nos pille confesados.

Charlton Heston y la NRA

El líder de la igualdad ante la ley sin distinción de raza estaba acompañado, además, por el calor de finales de agosto y por varias figuras del espectáculo. Joan Baez y Bob Dylan; Peter, Paul y Mary; Marlon Brando y Charlton Heston. El actor había hecho campaña pocos años atrás por el candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos Adlai Stevenson y más tarde por John F. Kennedy.

Este sábado Charlton Heston ha sido vencido por la misma enfermedad que se llevó a su amigo Ronald Reagan y el domingo los medios de comunicación de todo el mundo le dedicaban espacios para su obituario. En España se ha destacado su presencia en las pantallas, ciertamente imponente, pero de su actividad pública no se ha hablado tanto de su lucha por aquellos derechos civiles como de su defensa de otro derecho fundamental: el que tiene toda persona a defenderse y a acudir a los instrumentos más adecuados para hacerlo. Desde 1998 y durante cinco años estuvo al frente de la más antigua organización de EEUU de defensa de los derechos civiles: la Asociación Nacional del Rifle. No le han llovido los elogios por ello, precisamente. No se ha llegado tan lejos como Spike Lee, quien en una ocasión dijo "alguien debería dispararle con una .44 Bulldog", pero se le ha pintado como una especie de perturbado moral. ¡Cuántos periodistas se habrán dejado engañar encantados por las burdas manipulaciones de Michael Moore! Sarna con gusto, ya se sabe.

La libertad no cuenta con muchos amigos entre nuestros periodistas. La verdad tampoco, dicho sea de paso, que para ello son, muchos de ellos, admiradores del orondo Moore. Pero de todas, la libertad de armas es la que más inquina sufre por todos ellos. Cómo se le puede negar a nadie el derecho a defenderse es un misterio para mí. Me pregunto cuántos de quienes se horrorizan con la idea de que en Estados Unidos, Suiza (o Gran Bretaña hasta 1997) se mantenga esa libertad mantendrían su opinión si supiesen que salva muchas vidas y que la muerte acompaña siempre al control y las restricciones, como en Omaha, Virginia o Columbine.

Las diez primeras Enmiendas a la Constitución de los Estados Unidos son una breve Declaración de Derechos. La primera de todas reconoce la libertad de conciencia y de expresión, y la segunda la de defenderse con un arma, lo que da idea de la consideración que le dieron los redactores de aquella Constitución. A su defensa dedicó los últimos de sus años no mermados por la enfermedad Charlton Heston. Descanse en paz.