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Cómo la censura, la propaganda y el miedo implantaron la pseudociencia de las mascarillas

Era el 4 de marzo de 2020 cuando la autoridad reguladora de publicidad en Reino Unido, la ASA, prohibió dos anuncios de fabricantes de máscaras por decir que prevenían la propagación de virus. En efecto, es lo que decía toda la ciencia y evidencia existentes, pues uno tras otro todos los estudios controlados sobre gripe y virus respiratorios habían fracasado siempre en hallar utilidad a llevar una máscara (ver 1 y 2 artículos detallados). En 2013 la OMS en su Twitter oficial confirmaba que no eran útiles contra gripe y otros virus, e incluso fue más allá afirmando que “su mal uso podría aumentar el riesgo”.

Recientemente, el Dr Jha, asesor sanitario de la Casa Blanca reconocía que no hay estudio que muestre que las máscaras -refiriéndose a las de tela y quirúrgicas- funcionan contra virus, y veremos más adelante cómo el primer estudio controlado de máscara quirúrgica vs FPP2 frente a covid no halló diferencias estadísticas. También recientemente vimos cómo las muchedumbres de fans sin máscaras en el Mundial de Qatar indignaron a los chinos, igual que aquí pasaba unos meses antes, y eso sin embargo a que de nuevo no hay correlación: Qatar durante y tras el mundial tuvo contagios a la baja sin usar máscaras, al mismo tiempo que la enmascarada al 100% Hong Kong experimentó un ascenso de los mismos de modo semejante a Corea del Norte. Otro pretendido argumento curioso (por lo simple que es desmontar) es que en 2021 la gripe se desvaneció por el uso de máscaras, argumento chocante al menos por dos razones evidentes:

  • ¿Si tan útiles eran esas máscaras por qué hubo en 2021 diversos repuntes de contagios de covid y niveles de transmisión importantes?
  • ¿Si tan buenas eran esas máscaras contra la gripe por qué en 2021 tampoco hubo gripe en los países que no usaron máscaras? Veamos cómo Suecia, el país sin máscaras, vio desvanecerse la gripe al mismo tiempo que EEUU y poco después de por ejemplo Australia en el otro hemisferio.

Como más de dos años nos han mostrado, todas las olas y repuntes en todo el mundo observando regiones, estados, condados, países van y vienen sin la más mínima influencia del uso o no de máscaras.

A pesar de la evidencia, por desgracia sigue habiendo autoridades que la niegan como el departamento de salud del estado de Colorado, aunque incluso sus propios datos muestran nula diferencia entre condados con y sin máscaras. El nivel de negación de la realidad puede ser realmente preocupante por las propias autoridades sanitarias que se presumen informadas.

Rastreando el punto en que se empezó a negar la evidencia y crearse una ciencia creencia paralela, todo cambió en algún punto entre marzo y abril de 2020. En marzo de 2020, Anthony Fauci en EEUU decía en público que las máscaras no tenían sentido para el común de la población (aquí en el programa de máxima audiencia 60 Minutes), lo mismo que decía Fernando Simón en España. Es más, el propio Fauci reconocía que las máscaras no tenían utilidad cuando el 31 de marzo de 2020 dijo en correos electrónicos -revelados tiempo después- a gente de su confianza y departamento que no la usaran en su vida diaria. Era lo que en efecto decía la evidencia.

Antes de regresar a Fauci y su cambiante opinión, merece la pena saber que en verano de 2022 se publicó el probablemente mejor estudio observacional sobre máscaras y covid. Probablemente el mejor porque compara durante meses dos distritos escolares cercanos en Dakota del Norte con una política y uso real de máscaras diametralmente opuestas en escuelas, con casi idéntica población escolar (12.000 estudiantes por distrito) y misma distribución socio-económica y racial-cultural (80% blancos, 80% clase media y alta), incluso mismos alumnos promedio por clase (entre 19 y 23 según el curso). Hablamos de los distritos de Fargo y West Fargo. Es más, todas las demás posibles ‘medidas covid’ fueron idénticas en cuanto a tests, limpieza, reuniones y aglomeraciones, ventilación, cuarentenas…etc La única variable distinta, y radicalmente distinta, fue el uso de máscaras. En un distrito los escolares estaban obligados a usarlas, en el otro no. La Dra Tracy Hoeg y el profesor de políticas de salud pública Neeraj Stood de la U. de California del Sur junto con el analista de datos Josh Stevenson establecieron el uso real de máscaras por prácticamente el 100% en el distrito con obligación y no superior al 5% en el distrito sin obligación, entre inicio septiembre 2021 y final enero 2022. Recordemos que toda medida fue idéntica en distritos escolares perfectamente intercambiables, excepto el uso de máscaras. Parece el estudio observacional definitivo sobre máscaras ¿Cuál fue la diferencia entre que el 100% la usara versus que el 95% como mínimo nunca la usara? Éstos son los resultados brutos gráficamente.

En números acumulados totales, en un distrito hubo un 12,9% de contagios entre escolares, en otro un 13,0%. Es casi imposible números más iguales. Podemos ir un paso más allá que corrobora de nuevo el impacto e influencia cero de usar o no máscaras a la hora de contagiarse o no. A finales de enero el distrito escolar con máscaras obligatorias dejó de hacerla obligatoria. ¿Qué ocurrió? Pues los contagios empezaron a caer, exactamente igual que cayeron también en el distrito que nunca uso máscaras. Los autores, en las conclusiones, afirman: “Esto es consistente con la literatura científica”.

Así es, pues de hecho Journal of Infection publica en diciembre de 2022 un estudio sobre la ausencia de correlación entre uso de máscaras en escuelas y contagios. Más gráficamente aún, vemos incluso como en promedio todos los distritos escolares con máscaras obligatorias en EEUU tuvieron más contagios en 2020 y 2021, y no menos según la recopilación de datos de la doctora en economía Emily Oster de la Universidad de Brown.

En noviembre de 2022 se publicó otro estudio, éste de referencia al ser controlado y el primero que se hizo de este tipo sobre efectividad de máscaras FPP2/N95 versus máscaras quirúrgicas frente al covid.  Se intentó refrendar con un estudio de la mayor calidad posible en la vida real la creencia de que las FPP2 aportan una protección significativa superior a las quirúrgicas, tal como numerosas autoridades desde 2021 especialmente han asegurado. Aparecido en el Annals of Internal Medicine, el estudio llevado a cabo en 29 centros sanitarios de países como Canadá, Israel o Egipto entrenó a sanitarios para llevar o bien sólo y constantemente una máscara quirúrgica o bien sólo y constantemente una FPP2 perfectamente ajustada, controlándose cada grupo de sujetos durante 10 semanas con tests rutinarios de covid para evaluar incidencias de contagios. En total se controlaron a unos 500 sujetos con máscara quirúrgica y a unos 500 con FPP2. ¿El resultado final? 47 versus 52 contagios, es decir, ‘sin diferencia estadística’. En realidad, el resultado no debería sorprender ya que los mandatos de máscaras FFP2 que hubo en Baviera en Alemania y en Austria durante 2020-2021 nunca produjeron niveles de transmisión/contagios inferiores a regiones vecinas. Tampoco debería sorprendernos cuando al menos un estudio controlado en enfermeras halló incluso que no había diferencias de contagios de gripe entre usar FFP2 ajustada o no ajustada. Esto es, el ajuste es importante cuando el dispositivo puede filtrar virus, pero una FFP2 no puede hacerlo.

Volviendo a Fauci, recordábamos que afirmaba la inutilidad de las máscaras el 31 de marzo de 2020. Pues bien, la primera recomendación de Fauci para el enmascaramiento fue el 3 de abril, 72 horas después de decir lo contrario a gente de su entorno. ¿Qué cambió en esos 3 días? Precisamente el 23 de noviembre de 2022 Fauci testificó a puerta cerrada durante 7 horas en un caso abierto en los tribunales por los fiscales generales de los estados de Missouri y Luisiana a cuenta de la colisión de las tecnológicas como correas de transmisión de la administración Biden para suprimir la libertad de expresión. Y digo precisamente porque, aun siendo a puerta cerrada, tenemos la transcripción del testimonio de Fauci donde se le pregunta también sobre la política de máscaras.

Específicamente en el interrogatorio se le pregunta sobre su cambio de 180 grados con las máscaras casi en horas. Dice que habló con distintas personas. Pero no recuerda con quién. Se le pregunta si algún estudio le hizo cambiar de opinión. No puede citar ningún estudio en la respuesta. Ninguno. En este testimonio judicial Fauci estaba obligado a no mentir. Uno de los fiscales remarca el hecho de que no es capaz de citar ni un estudio para acabar recomendando a la gente a usar máscaras, y de que EEUU empezó luego a obligar a su uso sin un estudio claro de su utilidad. Aún más irracional todo, el 5 de abril de 2020, dos días después de iniciar su apoyo público a las máscaras, seguía recomendando no usarlas a su entorno, pues ese día se lo dijo por email a Sylvia Burwell, ex secretaria de Salud con Obama, información que hoy sabemos gracias a la desclasificación de sus mails en 2021. En una aún no censurada entrevista en Bloomberg meses antes, en 2019, Fauci afirmó sin dudarlo que usar máscaras no evita enfermedades de transmisión viral, y dijo literalmente: “hay que evitar estas cosas paranoicas” (aquí el extracto).

Para entender la inoculación en la sociedad de la post-verdad de las máscaras hay que entender el escenario de censura y miedo que se propició y alentó desde las instituciones.

En diciembre de 2022, la prestigiosa revista liberal-conservadora británica The Spectator publicó un artículo de investigación de alcance sobre Matt Hancock, el secretario de Salud de Reino Unido en marzo de 2020, que ha llegado a ser de los artículos recientes más leídos de esta revista. En él se expone negro sobre blanco cómo la imposición de máscaras fue una decisión exclusivamente política, nunca científica. Literalmente dice: “La gente tenía que llevar máscaras porque Cummings (asesor político de Boris Johnson) estaba obsesionado con ellas; porque a Nicola Sturgeon (ministra de Escocia) estaba a favor; y por encima de todo por el simbolismo que daba de una emergencia pública”. En febrero, se dijo a los ministros británicos que las máscaras no eran útiles y en abril de 2020 el Nervtag, un grupo asesor sobre virus respiratorios, les reiteraba lo mismo sin modificar semanas después dicho consejo científico. Como desvela The Spectator, fue la obsesión enfermiza del estratega de confianza de Boris Johnson, Cummings, quien logró inicialmente imponer su uso en espacios hospitalarios y posteriormente en locales cerrados. Incluso Chris Whitty, epidemiólogo en jefe del gobierno británico, seguía a final de primavera reiterándole en comunicaciones privadas al secretario de Salud Hancock que no tenía sentido obligar a todo el mundo a ponerse una máscara. La respuesta de Hancock fue francamente reveladora e inquietante: “No veo razón para no usar la fuerza del Estado para obligarla”.

Como en 2021 reveló el diario de referencia The Telegraph, la imposición de máscaras fue, según denunciaron decenas de psicólogos, parte de una estrategia de inoculación de miedo y pánico a la población para manipular su comportamiento e incrementar su obediencia a normas y restricciones. Como hizo público este diario en esa pieza, a final de marzo de 2020, el SPI-B, un grupo británico asesor sobre respuesta al covid escribió en un informe: “Un substancial número de personas no se sienten suficientemente amenazadas…necesitamos incrementar la sensación de amenaza entre aquellos que aún siguen relajados usando mensajes agresivamente emocionales.” Un miembro anónimo del SAGE (Grupo Científico Asesor para Emergencias del gobierno anglosajón) admitió al diario: “Los británicos han sido sometidos a un experimento psicológico no evaluado sin decírselo. Todo ha tratado sobre manipular el comportamiento en la dirección que unas élites han decidido, en lugar de decidir primero si eso era o no lo correcto”. Gary Sidley, psicólogo clínico retirado del británico Servicio Nacional de Salud, escribió junto con 46 colegas a la Bristish Phsychological Society preocupados por “las actividades de psicólogos contratados por el gobierno con la misión de obtener obediencia social”.

Que los noticieros y telediarios durante literalmente meses y meses ocuparan más del 70% de su tiempo con noticias del covid con imágenes y mensajes cada día más tremendos, más aterradores y con más camas y UCIs que curiosamente nunca habíamos visto por ejemplo para los miles de fallecidos de gripe cada año parece que no fue algo precisamente espontáneo de los medios, sino parte de una estrategia de comunicación pretendida por las instituciones y poderes políticos y fácticos. Hoy por ejemplo también sabemos gracias a la compra de Twitter por Elon Musk que esta red social censuró y bloqueó a médicos y doctores expresamente señalados por el gobierno de EEUU por no adherirse a una narrativa concreta respecto al covid. Es más, el gobierno llegó a pagar millones de dólares a las redes sociales para hacer efectiva dicha censura. Relea la última frase porque por impensable que parezca así fue.

En España, la ex portavoz parlamentaria de Sanidad en tiempos de Julio Anguita Ángeles Maestro en 2021 reveló cómo el Comité Asesor liderado por Fernando Simón fue desde marzo de 2020 informado que el carácter de toda decisión sobre el covid en España sería política antes que científica.

Hoy, gracias a la acción legal de ciudadanos, se han desvelado informaciones y datos también por ejemplo de las autoridades canadienses a la hora de imponer en 2020 el uso de máscaras. El grueso del debate interno entre los burócratas canadienses fue entre el 11 de abril y el 16 de mayo. Lo más llamativo de ese debate, ya no debería ser sorpresa, es que éste no trató de ciencia ni evidencias, sino fue puramente político. Barbara Raymond confirmó en abril de 2020 en mails con miembros del gobierno canadiense que “la evidencia sobre el uso de máscaras en espacios no hospitalarios es limitada en calidad y cantidad”. Es francamente difícil exagerar lo pseudocientífico, o podríamos decir más propiamente anticientífico, del uso de máscaras frente a virus. Lo más preocupante no es ya el hecho en sí de la imposición social y psicológica de estos artilugios sino la capacidad de la imposición de cualquier imaginable cosa por falsa o absurda que sea mediante el uso de la propaganda, la censura y el miedo.

Un libro para el día de reyes: ‘Bejamin Constant. Teórico y político liberal’

Ángel Rivero es profesor de Teoría Política en la Universidad Autónoma de Madrid. Sus publicaciones, muchas y muy variadas, se han sumergido en ese campo a medio camino entre la Filosofía y la Ciencia Política, abriendo debates y reflexionando sobre el populismo, el nacionalismo y la calidad de la democracia en nuestros días. Además, muchos de sus trabajos han ido dirigidos a conocer las raíces filosófico-políticas del liberalismo, aprovechando para ello el análisis y estudio de alguna de las grandes figuras que han dado forma al edificio de la Libertad a lo largo de la Historia. Es a uno de estos trabajos que quiero dedicar esta breve columna. El mismo sale a la luz hace unos meses, gracias a la Fundación FAES. El libro forma parte de la Colección de Biografías Intelectuales que dicha casa posee y lleva por título Benjamin Constant. Teórico y político liberal.

El francés (o suizo), conocido por su famoso discurso en el Ateneo de París «Sobre la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos» fue un político e intelectual marcado por una vida ajetreada y como señala el profesor Rivero, intensa. Se trata de una persona sin duda romántica, que desafortunadamente tuvo -y todavía tiene en determinados ambientes- fama de incoherente y aún más grave, de inmoral.

Escurridizo ante las etiquetas

El profesor Rivero muestra a lo largo de las páginas del libro los principales hitos de la vida de Constant; también las luces y sombras de su carrera y, por supuesto, el compromiso que el escritor y político francés mostró con la defensa de la libertad y de un sistema político alejado del despotismo y asociado al desarrollo de una monarquía parlamentaria de carácter liberal. El autor está más vivo que nunca, y eso a pesar de que Constant es difícil de clasificar en un mundo que vive para y por las etiquetas. Ángel Rivero señala, parafraseando a Raynaud, que:

Constant era de izquierdas durante todo el tiempo posterior a las revoluciones liberales de Estados Unidos (1775) y Francia (1789), porque era un firme enemigo del privilegio y de la teocracia; y un partidario de la igualdad civil y de la libertad individual. Pero el desarrollo del Estado social tras la Segunda Guerra Mundial, liberal democrático al tiempo, ha hecho que, tal como señaló Norberto Bobbio, la «derecha» se defina por su preferencia por la «libertad»; y la «izquierda» por la de la «igualdad», y es esta nueva perspectiva la que hace que Benjamin Constant, y también Alexis de Tocqueville, se hayan convertido en figuras de la derecha.

Ángel Rivero

Teniendo lo anterior presente y siendo consciente de las limitaciones que este tipo de análisis poseen, Constant fue sobre todo un liberal. Una persona que dedicó su vida a la defensa de la libertad de expresión, de asociación, de movimiento; y eso a pesar de sufrir mucho en lo personal y de ser perseguido y muchas veces difamado por sus adversarios políticos.

Un espíritu liberal

Se trata de un autor al que se le ha dedicado poco tiempo en el espacio de divulgación liberal existente en España. Constant no trabajó en el campo de la Teoría Económica, se desempeñó en la literatura y sobre todo en la política, sumergido durante años en el fango de la batalla parlamentaria y en los viajes dirigidos a promover su candidatura como Diputado, divulgando el mensaje de la libertad a lo largo y ancho del territorio francés. No hablamos de un economista liberal, hablamos de un político liberal. Una persona que escribía y reflexionaba, pero a la que también le gustaba la acción.

Es importante acercarse a la figura de Benjamin Constant. Se trata de un ser humano comprometido con aquello que consideraba correcto. Una persona que iba por libre y que tenía un proyecto liberal para su país, Francia, a pesar de haber nacido en Suiza.

En definitiva, todos aquellos que deseen conocer la vida y el aporte intelectual de uno de los grandes liberales del siglo XIX, encontrarán en el trabajo del profesor Ángel Rivero un documento excelente, de lectura accesible y muy bien documentado. Disfrutarán y aprenderán mucho con su lectura. Aquellos que sienten una pasión irreductible por la libertad, encontrarán en el viejo Constant a uno de los suyos.

El lenguaje económico (XXIII): Los fenómenos naturales

Los fenómenos naturales son utilizados frecuentemente para idear metáforas económicas: «tsunami» financiero, «terremoto» bursátil, «tormenta» económica, etc. Esta práctica forma parte del lenguaje periodístico —hiperbólico, sensacionalista— y, en general, no ocasiona un grave perjuicio al entendimiento; sin embargo, debemos exponer una importante distinción entre los fenómenos naturales y la economía: la naturaleza carece de propósito mientras que la acción humana es teleológica, es decir, persigue fines de forma consciente y deliberada. Este hecho, a su vez, tiene un corolario: las regularidades naturales y las sociales son distintas. Por ejemplo, el ciclo lunar y el ciclo económico no son fenómenos equiparables: el primero es un fenómeno simple, mientras que el segundo encierra una enorme complejidad.

Por otra parte, las regularidades naturales tampoco son homogéneas; por ejemplo, las predicciones de físicos y astrónomos relativas a la mecánica celeste —órbitas, ciclos, eclipses— exhiben una precisión matemática (cuantitativa); en cambio, las predicciones climáticas y atmosféricas solo son aproximadas; por último, determinados fenómenos geológicos —terremotos, tsunamis— son prácticamente impredecibles. En definitiva, en el lenguaje económico, las metáforas y analogías procedentes de los fenómenos naturales pueden resultar inapropiadas.

«Terremoto» político y económico

Analicemos este titular: «Liz Truss, víctima de un terremoto político que ha tenido como epicentro un fallido plan fiscal»[1]. Esta analogía sísmica es engañosa, pues presenta a la premier británica como «víctima» y no como responsable de su propio error. En efecto, presentar un programa económico donde, por una parte, se reduce el ingreso fiscal, y por otra, se aumenta el gasto público, no es una catástrofe natural, sino un fallo político perfectamente evitable. No está a nuestro alcance soslayar los terremotos, tsunamis y tormentas, pero sí los errores debidos a la ignorancia o a la falta de juicio. La reacción de los mercados (caída de la cotización de la libra esterlina) ante un nefasto plan fiscal (implicaba más inflación y más deuda pública) era muy previsible y en nada se parece a un terremoto.

El «ciclo» económico

«El uso de metáforas es un recurso frecuentemente utilizado por los economistas para ilustrar los ciclos y las crisis económicas» (San Julián y Zabalza, 2022: 1). Aunque su finalidad es didáctica, ya hemos visto que frecuentemente conduce a errores y distorsiones del conocimiento. Por ejemplo, se dice que los productos tienen un «ciclo de vida», o que determinado mercado está «maduro». Algunos de estos tropos biológicos ya fueron analizados en la entrega V (julio, 2021)— de esta serie; pero centrémonos ahora en el llamado «ciclo económico». Los estudiosos de la historia han observado una regularidad económica: cada cierto tiempo se produce un auge seguido de una recesión. También se creyó erróneamente que este fenómeno era endógeno del sistema capitalista y, por tanto, inevitable. Como veremos, la metáfora del ciclo económico es problemática porque no existe un paralelismo entre las regularidades naturales y las humanas. Idéntico error es suponer periodicidad en la aparición de guerras, revoluciones, hambrunas o pandemias.

La génesis de las crisis económicas es bien conocida: la expansión monetaria que ocasionan los bancos centrales y/o la expansión crediticia que provoca la banca con reserva fraccionaria. De su evolución, únicamente podemos realizar una predicción cualitativa: el auge provoca una mala asignación del capital y el inevitable ajuste de la economía en forma de recesión. Esta relación causal no implica la existencia de regularidad o periodicidad en el fenómeno. Tampoco resulta plausible pensar que los errores de los gobiernos —causantes de las crisis— sean, a su vez, cíclicos. La mejor prueba de que el ciclo económico no es recurrente reside en su evitabilidad. Para erradicarlo bastaría con someter la institución del dinero al Derecho: primero, suprimiendo la «falsificación» de dinero a cargo de la Banca Central; y segundo, ilegalizando el fraude que supone el contrato de depósito bancario con reserva fraccionaria (Huerta de Soto, 2020: 126).

Bibliografía

Huerta de Soto, J. (2020). Dinero, crédito bancario y ciclos económicos. Madrid: Unión Editorial.

San Julián, F. J. y Zabalza, J. (2022). «El uso de metáforas y analogías como instrumento para ilustrar las diferencias entre las diversas teorías de los ciclos y las crisis económicas». Recuperado de: https://congresosaehe.es/wp-content/uploads/ 2021/05/San-Julian-Zabalza-sesi%C3%B3n-4.pdf


[1] https://www.cronicabalear.es/2022/liz-truss-victima-de-un-terremoto-politico-que-ha-tenido-como-epicentro-un-fallido-plan-fiscal/

Serie ‘El lenguaje económico’

(XXII) El turismo

(XXI) Sobre el consumo local

(XX) Sobre el poder

(XIX) El principio de Peter

(XVIII) Economía doméstica

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

Las élites integristas iliberales

James Dominic Rooney. Este artículo fue originalmente publicado en Law & Liberty.

El integrismo es una tradición de pensamiento que, aparte de rechazar la separación liberal de la política y la preocupación por el fin de la vida humana, tiene grandes dificultades para definirse a sí misma. Más allá de este punto, no está nada claro qué significa ser integrista. Esto no quiere decir que los integristas individuales no tengan en mente políticas que defenderían basándose en sus principios integristas. Más bien, la caracterización general del propio integrismo, como nada más que un compromiso con el ideal de que “el gobierno político debe conducir al hombre a su objetivo último”, deja el ideal integrista sin definir.

Los integristas tienen algunos compromisos muy genéricos con las afirmaciones de que el Estado debe perseguir el bien común, que no puede aislar las consideraciones religiosas o morales de su búsqueda, y que debe hacerlo de un modo que se ajuste a la doctrina católica. Sin embargo, muchos críticos como yo siguen queriendo aclarar qué es lo que une a los integristas en torno a una teoría política. Los debates sobre el integrismo plantean muchas cuestiones, algunas de las cuales son interesantes en sí mismas. Pero sus ideas sobre la autoridad política son profundamente problemáticas y dificultan o imposibilitan la discusión genial de otros puntos. El integrismo está en profunda tensión con las concepciones tradicionales del derecho natural sobre la autoridad política, y en lo que sigue explicaré por qué es así.

El “integrismo” es bastante nuevo en términos católicos. La identificación política surgió en el siglo XIX como reacción comprensible a los rápidos y desastrosos intentos de abandonar la herencia católica en países como Francia. Un pensador político tan bien fundado como Jacques Maritain participó durante un tiempo. Sin embargo, el movimiento se transformó desde sus raíces en algo más oscuro, sobre todo en lugares como España, donde adquirió rasgos de antisemitismo (Félix Sardà y Salvany), o en Brasil, donde los fundamentalistas fueron aliados del nazismo. La Iglesia se desvinculó del movimiento en diversos momentos. Hoy en día, los fundamentalistas intentan evitar estos aspectos oscuros de su historia, caminando sobre una fina línea entre presentar su teoría como nada más que la enseñanza social católica, y proponer un ideal político sustantivo que pretende remontarse al cristianismo, una “diarquía” en la que Iglesia y Estado son inseparables.

El campo integrista es claro al aceptar los principios morales generales proporcionados por la enseñanza social católica: que la Iglesia debe ser alma del cuerpo político cívico del Estado; que el gobierno debe ajustarse a la ley moral objetiva y reconocer “el origen y el destino del hombre en Dios” y, por tanto, “medir los juicios y las decisiones [políticas] con esta verdad inspirada sobre Dios y el hombre”; que “el gobierno debe también contribuir a crear condiciones favorables para el fomento de la vida religiosa”; que “la libertad que rehusara vincularse a la verdad caería en la arbitrariedad y acabaría sometiéndose a las pasiones más viles, hasta la autodestrucción”. Pero estos principios no son en absoluto sustantivos en términos de proporcionar algún programa político para un ideal de cooperación Iglesia-Estado, aparte de descartar algunas versiones del anarquismo o del libertarismo extremo.

A Thomas Pink, profesor del King’s College, le preocupan sobre todo los atentados contra la libertad religiosa en el mundo contemporáneo y el auge de un laicismo hostil. En esencia, cree que un Estado católico confesional es necesario para preservar los derechos de los fieles católicos a practicar su fe. En su opinión, cualquier intento de protección estatal de la libertad religiosa que no reconozca el valor positivo de la verdad religiosa (y se adhiera a una religión en particular) está abocado inevitablemente al fracaso. Y la libertad religiosa, en la doctrina católica, implica el bien sobrenatural que es el más supremamente bueno de todos: la bienaventuranza eterna.

Así, según el análisis de Pink, o se forma un Estado confesional o no se protege el derecho humano más importante. Sin embargo, la libertad de la Iglesia para llevar a cabo su misión es un objetivo importante no sólo para los integristas, sino para todos los católicos en su sano juicio, y para muchos no católicos. Hay otras alternativas a un Estado confesional en el que el derecho canónico incide directamente en el derecho civil (el ideal integrista). Sin embargo, lo más importante es que los derechos son correlativos a los deberes. Aunque la Iglesia tuviera un derecho abstracto a imponer su derecho canónico a la sociedad civil en un régimen confesional, ese derecho estaría limitado por sus deberes de promover el bien sobrenatural de acuerdo con la justicia natural.

Los integristas, sin embargo, se preguntan si existen (o incluso niegan que existan) tales consideraciones derrotistas a la luz de los grandes peligros que plantea el secularismo en el mundo contemporáneo. Desde luego, son reacios a conceder que puedan alcanzarse grandes bienes a través de una sociedad liberal. Lo que los integristas quieren, por tanto, no es simplemente un Estado confesional. Los integristas han propuesto una serie de políticas diferentes, muchas de las cuales son obviamente intentos de control religioso: leyes contra la blasfemia, prohibición de cargos superiores o de la plena participación política (por ejemplo, limitando el derecho de voto o la ciudadanía) para los no católicos, restricción del proselitismo público y de la construcción de sinagogas o templos por miembros de religiones no católicas, censura estatal de discursos o escritos moral o religiosamente erróneos. Pero sus recomendaciones también se extienden a medidas que no tienen nada que ver específicamente con la religión: el aborto y otras cuestiones de la guerra cultural, el sistema financiero, el diseño urbano, el patrocinio del arte clásico, el ecologismo, la reforma de la inmigración, la monarquía constitucional, etc. ¿Qué une a todas estas propuestas?

Los integristas renuncian a cualquier necesidad de ponerse de acuerdo sobre propuestas políticas concretas por una cuestión de prudencia política, pero esto es revelador en cierto modo de los objetivos del movimiento. Aquellos puntos sustantivos de consenso sobre los que todos los integristas están de acuerdo quedan casi totalmente sin especificar cuando se trata de cualquier implicación particular para la acción política. Excepto en una cosa: que el mero hecho de que estas abstracciones sean buenas para nosotros basta por sí mismo para que sea correcto ponerlas en práctica.

La gente confunde a menudo las justificaciones de las políticas basadas en el derecho natural con las propuestas por los integristas. Ambas apelan al bien común como razón última que justifica todo lo que se hace en política. Sin embargo, el integrismo se opone a la justificación política del derecho natural. Los juristas naturales sostienen que el hecho de que una política sea buena para nuestro país basta por sí mismo para que sea razonable que apliquemos esa política, no que esto haga necesariamente que sea correcto hacerlo. La razón de esta diferencia es que el derecho natural sostiene que hay bienes básicos que se pueden conocer naturalmente o que son evidentes por sí mismos, que son universalmente accesibles a todos los ciudadanos y que constituyen las razones básicas por las que cualquier persona hace algo, incluso en política. Por el contrario, el integrismo se basa en hechos que no son naturalmente conocibles de este modo, sino que se basan en la afirmación de que ciertas personas (los católicos) son más capaces que otras de percibir lo que es de interés común.

Teóricos integristas como Edmund Waldstein tienden a subrayar que la prudencia política es un requisito previo necesario para dedicarse a la actividad política, porque sólo los verdaderamente virtuosos son razonadores fiables sobre lo que conviene al interés común de su país: “el político que se ocupa [del bien común] debe ser bueno él mismo, ya que se conduce tanto a sí mismo como a los demás a participar en él. Debe tener verdadera virtud, dirigida a Dios como fin último”. Puesto que hay bienes sobrenaturales supremamente valiosos que sólo se sabe que existen por la fe (unión con Dios por la gracia), sólo los que tienen fe podrían estar mínimamente cualificados para percibir y actuar sobre lo que realmente es de interés común. En la teoría de la ley natural, los hechos sobre el bien común se superponen a los hechos sobre los bienes básicos para los seres humanos (que todos pueden conocer), pero el integrista sostiene que sólo los que tienen fe pueden comprender realmente el bien común. Los no católicos simplemente desconocen los hechos sobre lo que es de interés común y son incapaces de actuar en consecuencia en la medida en que es sobrenatural.

Sin embargo, los adornos religiosos son innecesarios, ya que el movimiento básico es bien conocido como una imagen antiliberal de la legitimidad política: sólo un subconjunto de ciudadanos reales son razonadores fiables sobre lo que es de interés común, por lo que sólo ese subconjunto es relevante para la justificación de las políticas públicas. Llamemos a este subconjunto “los expertos”. Este principio antiliberal sobre la justificación se confunde fácilmente con la opinión de que algunas personas son administradores públicos o razonadores más capaces que otras.

Nadie discute que algunas personas tienen capacidades que las hacen idóneas para ocupar cargos de responsabilidad. En muchos casos, personas más inteligentes o más capaces deberían ocupar cargos que requieran esas aptitudes. También es evidente que los ciudadanos con más conocimientos están en posesión de hechos inaccesibles para los demás, ya que los expertos conocen hechos que no son fáciles de conocer para otros miembros del público. Lo que diferencia al integrismo es que, desde este punto de vista, los expertos son los únicos cuyas opiniones son relevantes para la justificación de las políticas públicas: el hecho de que los expertos consideren que una política debe hacerse es lo que hace que sea correcto (no sólo razonable) que otros la hagan. Puesto que es correcta, los demás tienen el deber de obedecer y aplicar esa política simplemente porque el experto dice que debe ser así.

Si de hecho es cierto que la autoridad política consiste en ser un experto, los ciudadanos que no son expertos simplemente no son agentes políticos responsables. En consecuencia, como los expertos son los únicos agentes políticos relevantes, pueden y deben actuar por los demás sin su consentimiento, incluso hasta el punto de utilizar leyes o políticas coercitivas en su beneficio, por encima de sus objeciones. Este tipo de expertos pueden coaccionar adecuadamente a los no expertos, del mismo modo que los padres, por el hecho de ser más capaces que sus hijos, están facultados para tomar decisiones por ellos. Cualquier cosa que se interponga en el camino de los expertos para promover el bien común (tal y como ellos lo ven) cuenta como un obstáculo injusto o, al menos, lamentable.

El integrismo genera una imagen familiar del gobierno: un gobierno que sustituye al pueblo, poniendo al mando a expertos que están debidamente ilustrados y actuarán de forma más coherente en beneficio de los más desfavorecidos. A diferencia de los teóricos integristas, que generalmente se quedan en el ámbito de la teoría ideal e identifican la secularidad hostil como su principal objetivo (Pink, Waldstein), los “estrategas” integristas, como Adrian Vermeule, Sohrab Ahmari, Chad Pecknold, Patrick Deneen o Gladden Pappin sacan a relucir las implicaciones antiliberales. Critican la maleabilidad de los ciudadanos democráticos y su tendencia a ser engañados o fácilmente manipulados para que actúen en contra de sus intereses -la política es una corriente ascendente de la cultura– y, en su lugar, justifican las políticas apelando a lo que supuestamente redunda en el interés real de esos ciudadanos, incluso si esos ciudadanos rechazaran esas políticas.

Sugiero, en conclusión, que los debates sobre el integrismo vuelvan a centrarse por completo en la visión antiliberal de la legitimidad política. Los católicos prudentes deben tener claro que no podemos discutir otras facetas del integrismo hasta que la cuestión de la autoridad esté clara. Ningún participante serio en la conversación discute la unión con Dios en gracia como fin de la vida humana. Nadie piensa seriamente que la secularidad hostil sea el estado ideal de gobierno, ni rechaza la pretensión de que la sociedad deba ordenarnos hacia la verdad o el bien. Lo que no podemos hacer, sin embargo, es guiñar el ojo a las afirmaciones autoritarias y antiliberales sobre la autoridad que se hacen implícitamente, o a veces explícitamente, en algunos argumentos integristas. El principio subyacente de legitimidad que presupone implícitamente el integrista es un asunto serio. Y ese principio antiliberal de legitimidad puede despojarse de todo adorno religioso para dejar lo más clara posible su justificación y sus implicaciones para la política gubernamental.

La buena noticia es que la victoria está asegurada. Por mucho que nos aseguren que los expertos actúan por el bien común, desde el momento en que nos dicen (con la voz de la enfermera Ratched): “…y no nos importa lo que pienses al respecto”, reconocemos que el verdadero objetivo de las élites es rebajar e infantilizar a los demás. El elitismo iliberal es también profundamente incoherente como teoría en la que se basa la autoridad política para promover el bien común. Reconocer quién es un experto es en sí mismo un problema de coordinación que el razonamiento de grupo pretende resolver. Incluso si todos los ciudadanos relevantes reconocieran espontáneamente a una persona concreta como experta, esto por sí solo no constituiría a esa persona como autorizada para tomar decisiones por el grupo. A menudo hay otros factores que podrían influir en una decisión razonable de seleccionar a otra persona.

Precisamente porque la política es un arte de aplicar la prudencia a una situación, podemos discrepar, con razón y de forma razonable, sobre quién es la persona adecuada para dirigirnos. En ese sentido, es plausible que no exista una única respuesta correcta a priori a la pregunta de a quién se debe elegir como líder político. Incluso si todos los ciudadanos compartieran criterios de evaluación, cada uno de ellos podría dar más importancia a unas cualidades que a otras. La teoría antiliberal nos sitúa, más profundamente, en una regresión infinita para determinar quién cuenta como titular de la autoridad política. Si sólo los expertos pueden reconocer a los expertos, el principio se convierte rápidamente en un “poder hacer el bien” en el que el experto es la persona que empuña el arma. Sólo una ingenuidad asombrosa o algo peor puede justificar el mantenimiento de esta teoría después de los horrores que estas opiniones causaron en el siglo pasado.

El debate sobre el integrismo no es un debate religioso. Las preguntas son muy sencillas: ¿pueden los expertos no equivocarse? Si admitimos que los expertos pueden equivocarse, ¿el resto de los ciudadanos es tan incapaz de actuar con responsabilidad que los expertos deben hacerse cargo?

La respuesta a esta última pregunta admite, sin embargo, una aclaración teológica. El reino triunfante de Cristo será un reino (creemos) en el que no habrá ni gentiles ni judíos, ni hombres ni mujeres, ni discriminación social de ningún tipo, ni expertos. Si Cristo es nuestro rey, tenemos el deber de proteger a nuestros semejantes del abuso de poder (incluso por parte de expertos, reales o supuestos). El rey responderá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”. (Mt. 25:40).

Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (I)

[1] Este título tan provocador es solo una réplica jocosa al utilizado por Polavieja. No creo que haya pensado ni por un momento que Mises no comprendiera a Menger.

Según afirma Manuel Polavieja en su artículo titulado “Mises no comprendió a Menger” (publicado en cuatro partes), [1] [2] [3] [4] Bitcoin no ha tenido la acogida merecida en la Escuela Austriaca de Economía debido a los desaciertos de Mises. Polavieja analiza el encaje de Bitcoin con la teoría monetaria dominante en la tradición austriaca (la de Mises), y concluye que tiene un encaje bastante malo. Al igual que Polavieja, yo también soy un defensor de Bitcoin (de esos a los que llaman maximalistas), pero, estando de acuerdo con él en muchas cosas, solemos diferir en asuntos monetarios.

Desde mi punto de vista, la tibia acogida de Bitcoin dentro de la escuela austriaca se debería, por un lado, a una interpretación un tanto sesgada de algunas tesis de Mises (no a sus errores), y, por otro, a una airada reacción inicial contra Bitcoin por parte de muchos de los defensores tradicionales del oro como el mejor dinero fuerte. Esta reacción puede venir provocada, en parte, por el hecho de que muchos partidarios de Bitcoin pretenden ingenuamente que Bitcoin fue un medio de intercambio desde el día de su nacimiento o, incluso, dinero. Pero tal cosa simplemente no es posible, pues tanto el dinero, en particular, como los medios de intercambio, en general, son instituciones sociales. En la actualidad y desde un punto de vista económico-científico, Bitcoin es un medio de intercambio, aunque todavía no es un medio de intercambio común y generalmente aceptado, es decir, todavía no es dinero.

En mi opinión, no hay duda de que el oro ha sido el dinero más sólido que se ha conocido hasta la fecha. Sin embargo, esto no legitima a los defensores del oro para criticar a Bitcoin. Antes de poder realizar una crítica solvente es necesario llevar a cabo un arduo trabajo de investigación de este fenómeno monetario tan novedoso y complejo. No importa lo versado que se esté en la teoría monetaria, si no se realiza un estudio en profundidad de Bitcoin, no es posible efectuar una crítica mínimamente razonable. En este sentido, es bastante habitual escuchar solemnes declaraciones de prestigiosos economistas que son puros despropósitos. Por supuesto, no me estoy refiriendo a los fundamentos teóricos de sus interpretaciones ni tampoco al acierto o no de sus previsiones, me estoy refiriendo a que tales pronunciamientos dejan entrever su total desconocimiento respecto a qué es y cómo funciona Bitcoin. Y en esas condiciones no tiene ningún sentido hacer tales declaraciones.

En mi caso particular, llevo ya un tiempo realizando el necesario trabajo de investigación. Y, como le sucede a todo aquel que cae en la madriguera de Bitcoin, soy plenamente consciente de las dificultades que entraña y de que parece no tener fin. No obstante, el estudio que ya he realizado me lleva a concluir que Bitcoin encaja perfectamente con la teoría monetaria de Mises, así como con la idea de dinero fuerte defendida mayoritariamente en la escuela. Por tanto, considero que según se vaya alcanzando una mejor comprensión de Bitcoin, esa entendible oposición inicial se irá convirtiendo paulatinamente, en una clara defensa. Como curiosidad, quiero añadir que nadie es más indicado para entender esa reacción defensiva y conservadora protagonizada por los defensores del oro que los propios defensores de Bitcoin, pues no hay fenómeno monetario más conservador y reticente a los cambios que Bitcoin (aquellos que conocen el sistema y el medio ambiente bitcoiner sabrán perfectamente de qué estoy hablando). Con la intención de contribuir, en la medida de mis posibilidades, a una mejor comprensión de Bitcoin dentro de la escuela, estoy desarrollando una tesis doctoral en la URJC que llevará por título: “Bitcoin como dinero fuerte en potencia: una interpretación de Bitcoin a la luz de la Escuela Austriaca de Economía”.

En el presente artículo realizaré, en primer lugar, una réplica muy general a los planteamientos de Polavieja respecto a la teoría de la mercancía de Menger, planteamientos con los que parece querer separar las teorías monetarias de Mises y Menger, e incluso mostrarlas como incompatibles. En segundo lugar, discreparé de su consideración de Bitcoin como medio de cambio puro desde que se inventó. Y, en tercer lugar, comentaré brevemente el modo en que Polavieja entiende el dinero, contrastándolo con las enseñanzas que nos legó Mises, en especial a través de su teorema de la regresión. Respecto a estos asuntos decir que no he considerado necesario ser exhaustivo en el análisis, por lo tanto, en lugar de criticar literalmente aquello que no comparto, analizaré de forma general lo que Polavieja trata de transmitirnos en sus artículos (o, al menos, lo que yo he entendido). Por último, solo añadir que hay varias cuestiones que plantea Polavieja en esta serie de artículos que no voy a tratar aquí, pero que son también muy interesantes. Estas cuestiones las he analizado críticamente de forma independiente y figuran ya como parte de mi tesis. Una de ellas gira alrededor de la idea de un bien que nace para satisfacer la liquidez. Otra trata acerca de las utilidades apreciadas en Bitcoin antes de convertirse en medio de intercambio (estas utilidades implican, como es obvio, que Bitcoin no nace como medio de intercambio). Y una tercera analiza una idea defendida por Polavieja según la cual la necesidad de intercambiar sería una necesidad como otra cualquiera. El hecho de que me refiera a estos trabajos que todavía no han sido publicados únicamente tiene como objetivo dejar constancia de que también he analizado con interés otros argumentos de Polavieja que considero igualmente cuestionables.

Antes de comenzar con la exposición del artículo, me gustaría dejar aquí una reflexión general acerca de la escuela austriaca y de Menger. La Escuela Austriaca de Economía no es una escuela revelada por la palabra de Menger. Es una escuela de pensamiento económico que surge y se desarrolla a partir de los planteamientos de Menger (básicamente, a partir de su teoría subjetiva del valor y de la utilidad marginal que van inseparablemente unidas a una concepción subjetivista de la acción humana).[5] Es decir, la palabra de Menger no es sagrada. Menger, como todo científico, tuvo aciertos y cometió errores. Obviamente, los austriacos consideramos más importantes sus aciertos, de ahí que creara escuela. La escuela austriaca se construye sobre los cimientos establecidos por Menger, de eso no hay duda, pero los economistas austriacos han hecho siempre gala de un gran espíritu crítico, corrigiendo los errores detectados en sus antecesores y ampliando, poco a poco, el alcance de las teorías económicas de la escuela. No es extraño, por tanto, que Menger fuera criticado por su discípulo Mises en aquello que le pareció conveniente y Mises fuera criticado por su discípulo Rothbard en aquello que estimó oportuno. Esto quiere decir que la EA es una escuela que está viva y evoluciona, una escuela que no está sujeta al pasado ni anclada a las palabras del que es considerado como su fundador. De lo contrario, no sería una escuela, sería un culto.

Esta reflexión va dirigida, especialmente, a aquellos que continuamente buscan y rebuscan, citan y recitan las palabras de Menger. Pero, más allá de esa reflexión, que no pretende cuestionar de ningún modo el hecho de que se profundice en el estudio de Menger, sí que me gustaría criticar abiertamente (y en esto no debe darse por aludido Manuel Polavieja) el hecho de que algunos supuestos partidarios de las ideas de Menger recurran una y otra vez a la literalidad de sus palabras cuando parecen coincidir con las teorías monetarias que defienden y, sin embargo, las obvien cuando sucede lo contrario. En tal caso, es evidente que no estarían buscando honestamente la verdad, sino que estarían actuando como simples propagandistas de otras causas.[6]

Sobre el concepto de mercancía de Menger

Como bien explica Polavieja, el concepto de mercancía de Menger se refiere a todos aquellos bienes destinados al intercambio. Es decir, si no están destinados al intercambio, los bienes económicos no serían mercancías, por tanto, “el carácter de mercancía no es una propiedad intrínseca del bien en cuestión, sino solo una especial relación de la misma hacia aquella persona que dispone de ella”.[7] En cuanto el propietario de la mercancía abandona su intención de intercambiarla, en ese mismo momento deja de ser mercancía, pasando a ser un simple bien. La condición de mercancía sería una cuestión subjetiva que solo el propietario de cada bien puede establecer.

En los artículos que comienzo a analizar, Polavieja defiende que una mercancía es siempre un medio de cambio, atribuyéndole esta idea a Menger:

… para Menger lo que caracteriza a una mercancía es precisamente ser medio de cambio. Es decir, que no es necesario que tenga otros usos distintos a ser medio de cambio.[8]

Manuel Polavieja.

Esto, en mi opinión, es una interpretación de Polavieja que no se encuentra de ningún modo en la teoría de la mercancía de Menger y que puede llevar a graves confusiones. Si toda mercancía (bien destinado al intercambio) fuera un medio de intercambio, entonces la categoría medio de intercambio dejaría de tener sentido y se perdería su valor explicativo. Por ejemplo, si interpretáramos el concepto de mercancía como lo hace Polavieja, el análisis histórico-evolutivo de Menger acerca del surgimiento de los medios de intercambio y del dinero sería absurdo, puesto que no habría nada que explicar.

Menger en ningún caso afirma que toda mercancía sea un medio de cambio, sino que su esencia es estar destinada al intercambio. La diferencia es muy simple, pues destinar bienes al intercambio no es equivalente a usarlos como medio de intercambio. “El cambio indirecto se distingue del cambio directo según se emplee o no un medio”.[9] Cuando una persona va a un mercado en el que se efectúa el trueque, lleva sus mercancías (bienes destinados al intercambio) para cambiarlas directamente por los bienes que necesita. El gran cambio en el comercio, que soluciona las limitaciones del trueque, tiene lugar gracias al descubrimiento paulatino del intercambio indirecto. Un descubrimiento que es inseparable del reconocimiento de que determinados bienes pueden funcionar como medios de intercambio gracias a su gran comerciabilidad (i. e., gracias a que son muy aceptados en el intercambio). Esto quiere decir que el medio de intercambio no es la mercancía que uno lleva al mercado dispuesto a cambiarla directamente por aquello que necesita, sino aquel bien intermedio que se ve obligado a comprar si quiere realmente llegar a obtener lo que necesita. Por tanto, todo medio de intercambio sería una mercancía (bien destinado al intercambio, en el sentido de Menger), pero no toda mercancía sería un medio de intercambio.

Evidentemente, el uso de un proceso indirecto tan contraintuitivo (adquirir determinados bienes que no se necesitan como el método más rápido y efectivo para conseguir aquellos que se necesitan) es imposible que se propagara por la sociedad de un día para otro. Cuando solo existía el trueque, pero el comercio ya progresaba en mercados organizados a tal efecto, la gente era plenamente consciente de que algunos bienes se vendían mejor que otros. Sin embargo, solo aquellas personas más perspicaces pudieron darse cuenta de que recurriendo al intercambio indirecto, “es decir, cediendo sus mercancías menos negociables a cambio de otras que lo son más”,[10] podían conseguir más fácilmente los bienes que realmente necesitaban. Fue el éxito de todo aquel que utilizó este sistema lo que contribuyó a que, con el tiempo, en todo el mundo se acostumbrara a utilizar como medio de intercambio las mercancías más negociables.

Los medios de cambio, en su origen, nacieron y luego se convirtieron, por progresiva imitación, en medios de uso general, no por ley o convención, sino por costumbre, o sea a través de las acciones convergentes, en cuanto correspondientes a impulsos y proyectos intelectuales semejantes, de individuos que vivían juntos en sociedad. Es decir, como resultado no intencionado de aspiraciones específicamente individuales de los miembros de la sociedad…[11]

Carl Menger

Todo esto es explicado perfectamente por Menger, en el primer capítulo de su libro El dinero, especialmente en el epígrafe titulado “El nacimiento de los medios de intercambio” (pp. 86-93), donde también explica que el concepto de dinero surge solo después de que alguna mercancía de óptima negociabilidad fuera aceptada de forma generalizada como intermediaria de los intercambios.

Por otro lado, en Principios de Economía Política, Menger deja meridianamente claro que “con la alusión genérica al dinero como «mercancía» no se avanza ni un solo paso en el intento de explicar la posición peculiar del dinero en el círculo de las mercancías.[12] Por ello, considero que la teoría de la mercancía de Menger no ha tenido ni tiene excesivo recorrido.

Una vez que he sostenido que Menger en ningún caso afirma que toda mercancía sea un medio de cambio, tengo que decir que, además, tampoco da a entender (como interpreta Polavieja) que no sea necesario que una mercancía tenga otros usos distintos a ser medio de cambio. De hecho, se podría interpretar todo lo contrario al leer el siguiente párrafo de Menger referido al dinero (la mercancía por antonomasia):

… no pocas veces y debido a la comodidad que significa nuestro mecanismo de intercambio internacional, desaparece del campo de la conciencia de los agentes económicos el carácter del dinero como metal útil y que, como ulterior consecuencia de esta circunstancia, solo se tiene ya en cuenta su carácter de medio de intercambio. La fuerza de la costumbre es tal que asegura al dinero su capacidad de intercambio, incluso cuando ya no se tiene inmediatamente en cuenta su carácter de metal útil. Esta observación es del todo correcta. Pero no es menos claro que desaparecería rápidamente la capacidad de intercambio del dinero, a una con la costumbre sobre la que se fundamenta, si, por la razón que fuere, el dinero perdiera su característica de metal útil.[13]

Carl Menger

Este párrafo se refiere a una observación de Oppenheim en Die Natur des Geldes (1855) y, se comparta o no la última afirmación de Menger, nos da motivos suficientes para pensar que tal vez Polavieja no esté acertado cuando interpreta que según Menger no sería necesario que una mercancía tuviera otros usos distintos a ser medio de cambio.

Lo mismo podemos pensar cuando Menger dice que las mercancías de óptima negociabilidad son “aquellos bienes disponibles en cantidad limitada pero universalmente necesarios y deseados, para los cuales suele existir constantemente en el mercado una demanda explícita relativamente amplia, pero no satisfecha, por parte de las personas dotadas de capacidad de cambio”.[14]

Y, una vez más, podemos interpretar que Menger considera que las mercancías tienen siempre otro uso distinto a ser medio de intercambio cuando dice que “las mercancías que, por condiciones históricas y geográficas, son más negociables, además de ser empleadas para fines útiles, asumen al mismo tiempo la función de medios de cambio de uso general.”[15]

Pero volvamos a esa pretensión de Polavieja de equiparar mercancía (bien destinado al intercambio, según Menger) con medio de cambio y veámosla ahora a través de un ejemplo aún más clarificador. Supongamos que un criador de pollos que está harto de comer pollo solo tiene pollo a su disposición, cuando en realidad quiere comer pescado, y que su vecino pescador solo tiene sardinas, cuando en realidad quiere comer pollo. Supongamos ahora que se enteran casualmente de tales circunstancias, por lo que deciden intercambiar sus productos. En ese momento, el pollo sería una mercancía para el criador de pollos y un bien de consumo para el pescador. Las sardinas, por su parte, serían una mercancía para el pescador y un bien de consumo para el criador de pollos. Y, sin embargo, en ese trueque no intervendría ningún medio de intercambio, puesto que el cambio efectuado sería directo, un pollo por un kilo de sardinas. Por tanto, tenemos que una mercancía (un bien destinado al intercambio) puede ser utilizada directamente en el trueque, en cuyo caso no sería un medio de intercambio. Si en lugar de efectuar dicho cambio, el criador de pollos decidiera pagar diez euros a su vecino por un kilo de sardinas, es obvio que, entonces sí, estaría utilizando un medio de intercambio para conseguir el pescado que quería comer. Pero supongamos que el pescador ya no acepta esos papeluchos (los billetes) y, además, se ha cansado de comer pollo. Es un poco caprichoso y ahora lo único que admite a cambio de un kilo de sus sardinas es un conejo. Así las cosas, si el criador de pollos quisiera conseguir las sardinas, se vería obligado a hacerse con un conejo, no para consumirlo, sino para ofrecérselo a su vecino en el intercambio. En ese momento, el conejo sería una mercancía para el criador de pollos (una mercancía que estaría utilizando como medio de intercambio). Para el pescador, sin embargo, el conejo seguiría siendo únicamente un bien de consumo. Por tanto, tenemos que una mercancía (un bien destinado al intercambio) puede ser utilizada también como medio de intercambio. No obstante, el hecho de que el criador de pollos utilice el conejo como medio de intercambio, no convierte a los conejos en medios de intercambio (al igual que Bitcoin no se convirtió ipso facto en medio de intercambio el día que Laszlo Hanyecz compró dos pizzas con 10 000 bitcoins). La categoría económica de medio de intercambio requiere mucho más que una mera decisión puntual. Nótese la diferencia entre el pago con euros (utilizados como medio de intercambio por el criador de pollos, por el pescador y por muchas otras personas) y el pago con un conejo (solo utilizado circunstancialmente como medio de intercambio por el criador de pollos).

Los individuos adquieren un cierto bien no para consumirlo ni para dedicarlo a ulterior producción, sino pensando que en el futuro se desprenderán del mismo para realizar un nuevo acto de intercambio. Cuando la gente procede así con respecto a determinado bien, este adquiere la categoría de medio de intercambio, y tan pronto comienza a ser comúnmente utilizado como tal, se transforma en dinero.[16]

Ludwig von Mises

Obviamente, no existe un criterio muy preciso para decidir cuándo un bien o una mercancía se convierten en medio de intercambio. De ahí las típicas discusiones del año 2013 acerca de si Bitcoin se había convertido o no en tal medio de intercambio. En realidad, esta es una cuestión de comprensión histórica que compete a los historiadores de la economía (analizar cuándo determinado bien se convirtió en medio de intercambio o en qué momento/época se generalizó su uso y se convirtió en dinero). Pero aunque el momento en que un bien se convierte en medio de intercambio es impreciso, hay dos cuestiones que son indudables. La primera es que ese momento no puede coincidir con el de su nacimiento, y la segunda, que no todos los bienes cuyos dueños deciden destinar al intercambio son medios de intercambio. Ya he explicado resumidamente lo referente a esta última cuestión, así que ahora puedo centrarme en la primera.

Sobre la consideración de Bitcoin como medio de cambio puro desde que se inventó.

Según algunas opiniones, Bitcoin demostraría que Mises estaba equivocado al afirmar que “ningún objeto puede comenzar a utilizarse como medio de intercambio si ya anteriormente no gozaba de la condición de bien económico y tenía por sí mismo valor de cambio previamente a su empleo como tal medio”.[17] Supuestamente, esto se debería a que Bitcoin era un medio de intercambio desde el momento de su nacimiento.

Desde mi punto de vista, estas opiniones son las equivocadas, no Mises. Bitcoin no nace como medio de intercambio por el simple motivo de que ningún bien puede nacer como medio de intercambio. Satoshi Nakamoto no creó dinero, ni creó un medio de intercambio, porque tal cosa no es posible. El surgimiento de un nuevo medio de intercambio o un nuevo dinero no depende de intenciones, decisiones o elecciones particulares. El creador/descubridor de Bitcoin concibió un sistema genial, con unas características que lo podían llevar a convertirse en medio de intercambio y, más tarde, tal vez en dinero. Pero el hecho de que con el paso del tiempo se llegaran a dar estas circunstancias no dependía ya de esta persona (o grupo de personas).

Bitcoin nació de la mano de Satoshi como idea, también nació gracias a él como cosa. Más tarde se convertiría en un bien económico. Sin embargo, el paso clave, el más esperado por el propio Satoshi, que no era otro que la conversión de Bitcoin en medio de intercambio, es absolutamente independiente del creador/descubridor de la idea inicial. Evidentemente, si el hecho de que un bien se convierta en medio de intercambio simplemente dependiera de la intención de sus creadores, otros intentos similares que han tenido lugar en el pasado habrían resultado exitosos. La realidad es que nadie puede crear medios de intercambio ni crear dinero, porque estos se instituyen socialmente. Es la pluralidad de personas que actúa en el mercado la que convierte un bien económico en medio de intercambio cuando decide usarlo como tal, y en dinero cuando ese uso se generaliza. Y es igualmente esa pluralidad de personas que utiliza determinado medio de intercambio/dinero la que puede hacer que ese bien económico deje de funcionar como tal. Tanto los medios de intercambio, en general, como el dinero, en particular, son una institución social. Y esta idea la podemos sostener coherentemente gracias a la teoría histórico-evolutiva del dinero de Menger. Por tanto, persisten las contradicciones entre los argumentos de Polavieja y la teoría de Menger.

Si en lugar de considerar este asunto desde la teoría de las instituciones sociales de Menger, lo hacemos a partir de su concepto de bien, encontraremos a Polavieja de nuevo en dificultades. En efecto, la definición de bien de Menger y su explicación de cómo surgen los medios de intercambio no son compatibles con la afirmación de Polavieja de que “Bitcoin es un medio de cambio ‘puro’ desde que se inventó”. Según Menger, para que una cosa sea considerada un bien, debe darse, en primer lugar, la existencia (o anticipación) de una necesidad humana; en segundo lugar, que la cosa tenga cualidades que la capaciten para mantener una relación causal con la satisfacción de dicha necesidad; en tercer lugar, que se conozca esta última posibilidad; y, en cuarto lugar, que el ser humano tenga poder de disposición sobre la cosa y la pueda utilizar para satisfacer su necesidad.

Desde este punto de vista, en el momento en el que nació Bitcoin se cumplía la primera, la segunda, la tercera e incluso, la primera parte de la cuarta condición, pero las dudas surgen respecto a la segunda parte de esa cuarta condición. En mi opinión, la necesidad que logra satisfacer Satoshi Nakamoto una vez que surge con éxito el genesis block de Bitcoin (3 de enero de 2009) era una necesidad de tipo intelectual[18] que comenzó su andadura tiempo atrás y que fue conocida cuando presentó el white paper de Bitcoin (octubre de 2008). A partir del genesis block Bitcoin deja de ser una idea y pasa a tener existencia real, constatable por el hecho de que cada diez minutos se “mina” exitosamente un nuevo bloque y el sistema adjudica 50 bitcoins al minero correspondiente. La existencia de esos bitcoins y el buen funcionamiento del sistema (aunque todavía muy rudimentario) refuerzan la satisfacción intelectual de Satoshi Nakamoto.[19] Por este motivo, se puede considerar a Bitcoin como un bien desde el punto de vista de Menger.

Sin embargo, analicemos las condiciones establecidas por Menger pensando en la afirmación de Polavieja de que Bitcoin es un medio de cambio “puro” desde que se inventó. Desde este punto de vista, se puede afirmar rotundamente que, en el momento en el que nació Bitcoin, se incumplía la segunda parte de la cuarta condición de Menger. Satoshi, aun teniendo poder de disposición sobre sus bitcoins, todavía no los podía utilizar para satisfacer sus necesidades, puesto que todavía no eran aceptados en el intercambio. Por tanto, en ese momento inicial, Bitcoin no se ajustaba a todas las exigencias de Menger para que pudiera ser considerado un bien de tipo monetario (un medio de intercambio).

Bitcoin tuvo que evolucionar mucho desde su surgimiento (idea, cosa, bien, bien muy comercializable…) hasta lograr alcanzar la condición de medio de intercambio. En ese camino que lleva transitando Bitcoin, queda aún por recorrer la parte más difícil, la de convertirse en medio de intercambio común y generalmente aceptado, es decir, en dinero. Desde los criterios de la Escuela Austriaca de Economía, es posible afirmar que Bitcoin no es todavía dinero, puesto que su uso aún no se ha generalizado, pero dado que es un medio de intercambio no existe ningún impedimento teórico para que pueda llegar a convertirse en dinero en el futuro. Esta circunstancia solo depende ya de su aceptación generalizada por parte de los usuarios.

Dicho esto, retomo de nuevo el asunto principal de este apartado para decir que, en realidad, Polavieja reconoce inconscientemente que Bitcoin no fue un medio de cambio desde que se inventó. Lo hace cuando, en referencia a la utilidad de Bitcoin como intermediario de los intercambios, afirma que “la mera esperanza de que tal utilidad se materialice lo hace valioso desde el primer instante”. Y así es, desde el primer instante Bitcoin era valioso para Satoshi, era valioso para “Hal” Finney, y era valioso para cualquiera que así lo considerara. Pero ese valor no procedía de una utilidad monetaria que, como reconoce Polavieja, en esos momentos era una “mera esperanza” todavía sin materializar.

Hasta el momento en que Bitcoin logra convertirse en un medio de intercambio, su valoración se realiza conforme a los postulados de la teoría subjetiva del valor, como sucede con cualquier otro bien.[20] Satoshi valora Bitcoin porque lo valora, no se necesitan más explicaciones, puesto que es una valoración subjetiva que no podemos conocer. Y lo mismo sucede con el resto de personas que valoraban Bitcoin desde sus inicios. Todo lo que podemos decir al respecto es que esa valoración existía, pues es una preferencia demostrada[21] con los hechos, pero en ningún caso podemos conocer los verdaderos motivos que la sustentaban (estos motivos son subjetivos y como mucho pueden ser intuidos, deducidos de las palabras de sus protagonistas o interpretados por el escrutinio de los historiadores). Por supuesto, todo esto demuestra que el teorema de la regresión[22] de Mises recoge perfectamente el surgimiento de Bitcoin, pues antes de convertirse en medio de intercambio ya era valorado por utilidades no monetarias.

Sobre el teorema de la regresión

En referencia a la utilidad del dinero, Mises sostiene que “al revés que las mercancías, el dinero nunca puede usarse a menos que posea un objetivo valor de cambio o poder de compra. … Siempre que el dinero es valorado por alguien es porque se supone que posee cierto poder adquisitivo”.[23] Polavieja, sin embargo, cree que el dinero puede tener utilidad sin necesidad de que se le suponga determinado poder adquisitivo (al menos eso es lo que entiendo cuando dice que lo peor de Mises es requerir que el dinero tenga poder adquisitivo antes de ser útil como dinero).

Polavieja sostiene que el valor de los medios de cambio (incluido el dinero) “deriva del valor añadido que proporcionan los intercambios que dichos medios facilitan”. Evidentemente, es difícil negar que el valor subjetivo de los medios de cambio derive de su utilidad para el intercambio y de los beneficios que cada uno crea que va a obtener con su empleo. Pero hay algo que no dice Polavieja y que está siempre implícito en los intercambios indirectos. Por un lado, que los valiosos servicios monetarios que proporciona el dinero van siempre unidos a la demanda de dinero. Si no hubiera demanda de dinero, no existirían tales servicios, puesto que no se encontraría con quién intercambiar el dinero. Y, por otro lado, que esta demanda es provocada por el poder adquisitivo del dinero. Un bien solo se usa como medio de intercambio si tiene poder de cambio (el poder adquisitivo es una suposición imprescindiblepara que un bien tenga demanda como medio de intercambio). Como consecuencia, la idea de Polavieja no sirve por sí sola para explicar de dónde proviene el valor del dinero/MoE,[24] pues esta idea le conduciría ineludiblemente hacia un razonamiento circular como el siguiente: la gente demanda dinero porque produce un valor añadido, y produce un valor añadido porque la gente lo demanda.[25] Es decir, si la gente no demandara dinero, no se podría producir ese valor añadido. Y si no se produjera ese valor añadido, no lo demandaría. El razonamiento circular es indiscutible. Sin embargo, no sucede lo mismo con los bienes que no son dinero/MoE: la gente demanda un bien (no monetario) por su utilidad, pero su utilidad no se debe a que la gente lo demande. Hay una clara diferencia entre el dinero/MoE y el resto de bienes. Como resultará obvio, el razonamiento circular en el que inevitablemente cae Polavieja conduce finalmente al mismo razonamiento circular que impedía a los economistas considerar que la teoría subjetiva del valor y la ley de la utilidad marginal eran aplicables también al dinero, es decir, al siguiente razonamiento: El poder adquisitivo del dinero es explicado por su demanda. Y la demanda de dinero es explicada por su poder adquisitivo. Otra forma de decirlo, que tal vez se entienda mejor, sería la siguiente: Se pueden comprar cosas con dinero porque la gente quiere dinero. Y la gente quiere dinero porque se pueden comprar cosas con dinero. Los problemas que planteaba un razonamiento de este tipo, en el que dos circunstancias se explican una a la otra recíprocamente, quedando en realidad ambas sin explicación, no pudieron resolverse hasta que Mises ofreció al mundo su teorema de la regresión.

Llegados a este punto, los lectores se pueden estar preguntando que, si el círculo vicioso ya fue resuelto por Mises, cuál es el problema con el razonamiento de Polavieja. Pues bien, el problema radica en que Polavieja no acepta la solución miseana. Se limita a explicar el valor del dinero basándose en el valor añadido que se produce en los intercambios que son facilitados por el dinero, olvidándose por completo de que sin demanda de dinero no hay intercambio y de que sin poder adquisitivo no hay demanda. Por tanto, Polavieja sigue encerrado en el razonamiento circular. Eso sí, en su caso, negando implícitamente la existencia de tal razonamiento circular. Polavieja cierra los ojos a tal circunstancia y simplemente considera que no es necesario dar una explicación especial del origen del valor del dinero, puesto que “el valor del dinero se explica igual que el de cualquier bien”.[26] Pero, siendo cierto que el valor del dinero se explica, en última instancia, por la teoría subjetiva del valor, como cualquier otro bien, sin embargo, son necesarias algunas aclaraciones intermedias, como el teorema de la regresión de Mises, para entender de dónde surge ese valor y cuáles son los determinantes de su poder adquisitivo.

Como creo que no procede entrar aquí en largas explicaciones sobre el teorema de la regresión, voy a dar por sentado que los lectores conocen cómo resolvió Mises el razonamiento circular y, también, la supuesta regresión infinita. Por ello, lo único que voy a decir al respecto en estos momentos, es que, en última instancia, dicho teorema permitió aplicar al dinero la teoría subjetiva del valor y la ley de la utilidad marginal, haciendo que la teoría del dinero sea solo un caso particular dentro de estas otras teorías. En palabras de Mises, el teorema de la regresión

hace depender el específico valor de cambio de un medio de intercambio de su función como tal medio y de los mismos teoremas con que la teoría general cataláctica explica el proceso valorativo y la formación de los precios. Deduce un caso especial de la ilustración proporcionada por otra teoría más universal.[27]

Ludwig von Mises

En referencia al teorema de la regresión, me voy a referir a una de las últimas críticas que tuvo que afrontar Mises, la de aquellos que alegaban que la teoría del austriaco explicaba el valor de los intercambios facilitados por el dinero en función de los usos del bien que son anteriores al uso monetario, por lo que, en opinión de los críticos, el teorema no explicaba realmente el valor de los servicios monetarios. En este mismo sentido, Polavieja concluía su segundo artículo diciendo que “lo grave del teorema de regresión no es que sea innecesario, sino que es una demostración palmaria del fracaso de Mises en aplicar la teoría del valor subjetivo al dinero”. Respecto a estas críticas, decía Mises en La Acción Humana que

la parte del valor del dinero que procede de sus servicios como medio de intercambio queda plenamente justificada por esos servicios monetarios y la consecuente demanda que de ellos se produce.[28]

Ludwig von Mises

En esa misma línea, ya en un artículo de 1932 titulado “The Position of Money among Economic Goods”[29] y, en concreto, en un epígrafe dedicado a los servicios monetarios y el valor del dinero, decía Mises lo siguiente:

…algunos escritores niegan categóricamente que el servicio que brinda el dinero pueda generar valor. Desafortunadamente, no brindan una justificación de por qué los servicios monetarios deben ser diferentes de los servicios proporcionados por alimentos y ropa.[30] [Traducción propia]

Ludwig von Mises

Y las últimas palabras de Mises en ese mismo epígrafe eran las siguientes:

Todos los que negaron la capacidad de los servicios del dinero para determinar su valor de cambio no supieron reconocer que el único elemento decisivo es la demanda. El hecho de que exista una demanda de dinero —el bien más comerciable (más vendible), por el cual los propietarios de otros bienes están dispuestos a intercambiar— significa que la función monetaria es capaz de crear valor.[31] [Traducción propia]

Ludwig von Mises

El único motivo por el que cito aquí estos tres párrafos de Mises, es para mostrar que, en realidad, Polavieja coincide con el austriaco probablemente más de lo que le gustaría (especialmente en cuanto al valor de los servicios monetarios). Por tanto, es posible que, como reza el título de este artículo, Polavieja no haya entendido bien a Mises. Y, según se mostró en el caso de la teoría de la mercancía, es posible que tampoco haya entendido bien a Menger.


[1] Mises no comprendió a Menger | Instituto Juan de Mariana

[2] Mises no comprendió a Menger II | Instituto Juan de Mariana

[3] Mises no comprendió a Menger III | Instituto Juan de Mariana

[4] Mises no comprendió a Menger IV | Instituto Juan de Mariana

[5] Estos planteamientos de Menger están ciertamente influidos por otros economistas anteriores a él, principalmente por G. Hufeland, K. H. Rau, F. B.W. Hermann y W. Roscher, economistas alemanes de comienzos del siglo XIX. No obstante, el planteamiento de conjunto de Menger es único y revolucionario, y tuvo la fuerza necesaria para impulsar el surgimiento de una escuela económica. Sobre las influencias recibidas por Menger, puede leerse la presentación de Karl Milford (pp. 15-41) a la obra: Menger, Carl (1871) Principios de Economía Política. Madrid:Unión Editorial, 2019.

[6] Como no quiero que parezca que tiro la piedra y escondo la mano, tengo que decir que al escribir este párrafo estoy pensando en mi desagradable y repetida experiencia con Fernando Nieto en Twitter. De hecho, la última vez que traté de mostrarle a F. Nieto lo que yo entendía como incoherencias en sus planteamientos sobre Menger (y lo hice usando como hace él los propios textos de Menger), lo único que conseguí, finalmente, es que me llamara troll y no quisiera seguir escuchando mis argumentos. Estas fueron sus palabras: “You are a troll, so you go on mute”. Quede claro que no le doy a esto más importancia de la que tiene. Unas simples disculpas lo solucionarían. Lo que sí es cierto, y también quiero decirlo, es que nunca me ha sucedido algo similar con Polavieja, de quien tengo que reconocer que siempre procede con absoluta corrección.

[7] Menger, Carl (1871) Principios de Economía Política. Madrid:Unión Editorial, 2019, pp. 301-302

[8] https://ijmpre2.katarsisdigital.com/ijm-actualidad/analisis-diario/mises-no-comprendio-a-menger/

[9] Mises, Ludwig von (1912) La teoría del dinero y del crédito. Madrid: Unión Editorial, 1997, p. 4

[10] Menger, Carl (1892) El dinero. Madrid: Unión Editorial, 2013, p. 86

[11] Ídem, p. 93

[12] Menger, 1871, óp. cit., p. 303

[13] Ibídem, p. 326 (nota al pie). Esta nota de la edición en español aparece en el “Appendix J: History of Theories of the Origin of Money” de la versión en inglés: Menger, Carl (1871), Principles of Economics. Auburn, Alabama:Ludwig von Mises Institute, 2007, p. 320

[14] Menger, 1892, óp. cit., p. 87

[15] Ídem, p. 90

[16] Mises, Ludwig von (1949) La acción humana. Madrid: Unión Editorial, 2007, p. 489

[17] ídem, p. 511

[18] Respecto a la necesidad intelectual a la que me acabo de referir, debemos recordar que las necesidades son subjetivas y que, como dice Mises, “el rasgo típicamente humano estriba en que el hombre no sólo desea alimento, abrigo y ayuntamiento carnal, como el resto de los animales, sino que aspira además a otras satisfacciones. Experimentamos necesidades y apetencias típicamente humanas, que podemos calificar de «más elevadas» comparadas con los deseos comunes al hombre y a los demás mamíferos.” Mises, 1949, óp., cit., p. 25

[19] El hecho de que Satoshi Nakamoto nunca haya utilizado ni uno solo de los bitcoins que obtuvo a través del minado podría mostrar que su interés no era económico, sino intelectual y altruista.

[20] En realidad, la valoración de todos los bienes (incluido el dinero) se realiza siempre conforme a los postulados de la teoría subjetiva del valor, lo que sucede es que en el caso de los medios de intercambio fue necesaria la teoría del dinero desarrollada por Mises para entender los motivos por los que esto es así.

[21] Sobre el concepto de preferencia demostrada, véase el espléndido artículo: Rothbard, Murray N. (1956) Toward a Reconstruction of Utility and Welfare Economics. Mises Institute. <https://cdn.mises.org/Toward%20a%20Reconstruction%20of%20Utility%20and%20Welfare%20Economics_3.pdf> Web. [Consulta: 20 Nov. 2022]

[22] Durante el desarrollo de mi investigación, he analizado el teorema de la regresión en profundidad y desde distintos puntos de vista, ese análisis forma ya parte de mi futura tesis doctoral. Igualmente, he tratado sobre este asunto en un artículo titulado “La liquidez frente al teorema de la regresión del dinero: una crítica a J. R. Rallo”. Revista Procesos de Mercado, vol. 19, no. 1, Aug. 2022, pp. 63-96, que puede leerse en el siguiente enlace:

https://www.procesosdemercado.com/index.php/inicio/article/view/776

[23] Mises, 1912, óp. cit., pp. 72-73

[24] MoE = Means of exchange (medio de intercambio)

[25] Se ha simplificado para hacerlo más fácilmente entendible, pero cada vez que se cita el valor añadido debe entenderse la expresión completa que usa Polavieja: el valor añadido que proporcionan los intercambios que el dinero facilita.

[26] https://ijmpre2.katarsisdigital.com/ijm-actualidad/analisis-diario/mises-no-comprendio-a-menger-ii /

[27] Mises, 1949, óp. cit., p. 493

[28] Ídem, p. 492

[29] El artículo citado y otros muchos se encuentran recopilados en Mises, Ludwig von. Money, Method, and the Market Process : essays by Ludwig von Mises. Selected by Margit von Mises. United States of America: Kluwer Academic Publishers, 1990

[30] Mises, 1990, óp. cit., p. 57

[31] Ídem, p. 59

Liberalismo y derecho a la secesión en la cuestión catalana

Presento mi reflexión sobre la síntesis realizada por Juan Ramón Rallo sobre “el conflicto catalán” que ha suscitado un debate en las redes sociales respecto del hecho en sí y sobre el derecho de secesión, sorprendiendo y dividiendo a liberales. Intento como él poner por escrito mi argumento dialéctico para evitar tergiversaciones. Tampoco demuestro rigurosamente nada. Lo que sí aspiro es a dar una respuesta desde lo praxeológico y la cataláctica, intentando ser neutral frente a los objetivos y deseos, asido a la factibilidad del intercambio voluntario, mediante el cambio directo o indirecto, reconociendo el “yo y él nosotros”, intentando estar fundamentado él nosotros en el yo y “los yo” (individualismo metodológico factible). Ello, sin dar tregua al despilfarro de recursos y medios. El artículo se vertebra utilizando los puntos del texto de Rallo, J.R. (2017 a). Mi reflexión es contraria a la de Rallo y la expongo aquí como evidencia de que, desde el propio contexto de la acción humana, la praxeología y la cataláctica, muchos demócratas occidentales, ideológicamente situados en el centro-derecha, democristianos, conservadores y liberales, no consideramos el derecho de secesión infinita como condición necesaria para el ejercicio y defensa de la libertad.

He leído la explicación de J.R. Rallo (2017 a)), sobre “el conflicto catalán” y he realizado una crítica dialéctica y constructiva a la misma. Me ciño a sus 10 puntos en mi exposición, incorporo algunos y concluyo. Agradezco a J.R. Rallo su esfuerzo intentando tratar este debate tan excitante y sorprendente entre los mismos liberales.

1. Dice J.R. Rallo: “Soy antinacionalista. El nacionalismo me parece un atavismo colectivista incompatible con el liberalismo. El liberalismo cree en derechos individuales de carácter universal; el nacionalismo sujeta los derechos a la pertenencia al grupo nacional”.

Yo a priori no estoy seguro de casi nada, no soy nacionalista e intento no ser dicotómico. Supongo que a Rallo y a muchos les pasa lo mismo. Pero sí, en procesos sociales dinámicos[1] racionalmente tomamos decisiones en nuestra acción, o al menos lo intentamos, optimizamos objetivos, fines, sujetos a las restricciones que tenemos (de todo tipo) en toda acción humana[2]. Con todo ello, en libertad decido, deciden y decidimos.

2. Dice Rallo: “Precisamente porque soy antinacionalista rechazo los Estados basados en naciones. Eso afecta tanto al futurible Estado catalán como al presente Estado español”[3]. Comento: ¿Porque no es nacionalista rechaza…? Parece coherente, pero es, creo, una pretensión aplicar este perfil individual para justificar incoherencia ajena en el juicio sobre el resultado de lo que siendo la suma de las individualidades es, o pueda ser también, el perfil real de una comunidad, coalición, asociación o pueblo. Estos perfiles son como son fruto también de las individualidades que dan contenido al Estado. Pregunto, ¿la cuestión central quizá no sea el nacionalismo sino la no aceptación del concepto Estado?

3. Dice: “Una de las manifestaciones básicas de la libertad es la libertad de asociación y desasociación”. Bien, dentro de un ordenamiento jurídico (o.j.). Pero sigue: “En la medida de lo posible, esa libertad de asociación ha de trasladarse a la conformación de comunidades políticas de libre adhesión”. Comento: ¡qué es esto de en la medida de lo posible! ¿Quién marca o define esa medida? ¿Ha de trasladarse? ¿Cómo? ¿Por ciencia infusa?, ¿por imperativo? Rallo dice: “Es decir, una persona ni debe permanecer en una comunidad política a la que no desea permanecer ni debe ser forzada a integrar una comunidad política que tampoco desea integrar”. Comento: ¡Bien!, debe ser algo voluntario, no impuesto. Pero el punto es este, que expongo, desde una lectura praxeológica ¿Cuál es la opción liberal ante la pretensión de imposición de algo por la otra parte, sea quien sea? Si no hay consentimiento, creo que es simplemente no acceder al intercambio, no lo “compro”, no lo “pago”, no lo voto, no lo acepto y punto. El intercambio es voluntario, si no lo es entonces no es un intercambio. Si es impuesto, praxeológicamente, lo describo así: “me voy”, (ni debo permanecer, ni acepto ser forzado). Mi libertad, mi acción humana, la ejerzo, no prestándome a ello, yéndome o quedándome para combatirles y convencerles de que se equivocan. ¿Pero en este asunto del conflicto catalán, quién pretende poner, o imponer, algo nuevo, quién pretende imponer e imponerse respecto a la situación previa? El bloque independentista, en sus diversas formas, colectivamente e individualmente considerado. No es, y lo sabemos, nada fácil realizar esos traslados de lo individual a la comunidad política. Presumirlo o suponerlo es creo todo un atrevimiento. Fijémonos que cada individuo quiere su libertad. La mía es mía y decido. Los problemas estos que despachamos no son de ‘maximización libre’. No. Son problemas de ‘optimización condicionada’ de la libertad. De la libertad sujeta y protegida por la justicia definida en el o,j. vigente. Pues existen, están, las restricciones exógenas y condicionantes que deben ser tomadas en cuenta. Y la soberanía en estos problemas barajados en contextos de democracias liberales modernas y occidentales es algo fundamental que no se puede ni se debe soslayar. Porque mejor está todo individuo en sociedad, pueblo, nación y Estado cuando, bajo la igualdad ante la ley, el Estado y la justicia resulte garante mediante el equilibrio de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Eludir esto del planteamiento en pro del traslado imposible de cuajar por no ser factible, aunque sea deseable por una de las partes, es, creo, una irresponsabilidad y apelar como eventual proceso a la asimetría de trato, al planteamiento excluyente o descarte de parte es cuanto menos extraño en el marco del ejercicio democrático de las libertades.

4. Dice: “Crear nuevas comunidades políticas no es nada sencillo. Existen problemas…. Eso no significa que no debamos tratar de habilitar un procedimiento transparente, claro, reglado y garantista para que los individuos que así lo deseen, y cuando sea técnicamente factible, abandonen una determinada comunidad política y conformen otra. Por buscar una analogía: que eliminar totalmente los impuestos no resultara factible no significaría que no debamos reducirlos tanto como sí sea posible”. Comento, permítanme: “y cuando sea técnicamente factible,…”. ¿Cuándo, quién y cómo se decide y se sabe que ya es técnicamente factible? No logro objetivar esto, se presta a numerosos y complejos aspectos susceptibles de manipular o de ser manipulados. Como, por ejemplo, los valores sin cardinalidad objetiva de la matriz de C. Felber, en su insostenible modelo de Economía del Bien Común, ¡temibles!, por otra parte. Es cierto que lo de la analogía de los impuestos nos podrá seducir al centro-derecha, pero no logro saber a qué viene aquí. Por intentar hacer cosas mejores, yo diría que siendo más y unidos tocamos a menos impuestos por cada uno y esto se entiende bien por todos y especialmente por el catalán que paga impuestos.

5. Dice Rallo: “Los contratos y los derechos de propiedad sólo pueden limitar el derecho de asociación y desasociación cuando esos contratos y esa propiedad tienen un origen legítimo. Los contratos son legítimos cuando los he suscrito en mi nombre y voluntariamente. La propiedad es legítima cuando surge de la ocupación pacífica de una res nullius, cuando ha sido consolidada pacíficamente y de buena fe mediante la usucapión o cuando procede de una compraventa de origen legítimo. Ninguna de las constituciones ni de las propiedades públicas de los Estados modernos ha surgido de ese modo, de manera que no cabe apelar a ellas para limitar jurídicamente el derecho de asociación y desasociación política”. Aquí creo se le coló este adjetivo “política”, en la mención anterior no estaba. Esto yo no lo veo así, por cuanto en este asunto del “conflicto catalán” no se apela a La Constitución para limitar el derecho de asociación y desasociación, simplemente no existía previamente a la Constitución de 1978 este derecho de asociación y desociación política, sí de asociación y desasociación. Las Constituciones no generan en sí mismas derechos, reconocen y consagran en la ley de leyes el conjunto de derechos previos reconocidos[4]. La Constitución no limita, no reduce estos derechos; al contrario, les da su cobertura y garantía. Precisamente porque primigeniamente está la persona, la familia, después la comunidad, el pueblo, la ciudad… hasta configurar el Estado sí se puede apelar a la Constitución como garantía de los derechos adquiridos, la seguridad jurídica y la validez de todos los contratos existentes. Quizás haya personas que no les convenga ahora reconocerlo. Pero este reconocimiento es internacional y generalizado en toda Constitución democrática liberal vigente. No entiendo a Rallo cuando dice esto de no apelar a la Constitución. ¿Es que los que no piensan como él en este asunto, como yo, que estoy cercano a él en muchísimas cosas, deben sólo ceñirse a las fuentes que él cita, invalidando la Constitución? No son las únicas, pues muchos ven otras fuentes en las Constituciones que cuidan de la propiedad y en todo tipo de derechos (aunque es verdad que algunos pueden también ser espurios). Y se consigue marcando las restricciones exógenas del o.j. que nos hemos dado y mediante el equilibrio de poderes ejecutivo, legislativo y judicial que debe diseñarse en toda constitución democrática liberal moderna.

Efectivamente, los impuestos podrían resultar desagradables o no para quien los paga, algunos individuos hasta lo califican de ‘robo’, pero “ni tanto ni tan calvo”, cabe como expresión de opinión, pero los impuestos están dentro del ordenamiento jurídico en toda democracia liberal moderna. Rallo en su misma analogía lo evidencia y yo lo comparto: “que eliminar totalmente los impuestos no resultara factible, no significaría que no debamos reducirlos tanto como sí sea posible” ¿Pero quién​ ha apelado a la usucapión, a los contratos y al derecho de propiedad? Aquí Rallo. Pero insisto, creo que en absoluto conforman las únicas fuentes para legitimar jurídicamente el derecho de asociación y desasociación, también se puede apelar a la propia Constitución de 1978, Constitución propia de democracias moderna, liberales con equilibrio de poderes y aprobada por todos mayoritariamente habiendo hecho un inmenso y encomiable ejercicio de traslado de las sensibilidades individuales. Esto debe recordarse y reconocerse.

6. Dice Rallo: “Conformar nuevas comunidades políticas no es ni abortar la globalización ni defender la fragmentación absoluta de toda comunidad política…”. Mi comentario: En principio, bien. Pero lo que me sorprende es leer en las redes ecos de su comentario que llegan hasta el punto de afirmarse que el derecho de secesión indefinida es condición necesaria para la libertad individual. Y eso creo que no es cierto. Permítanme que traslade aquí mi comentario incorporado en otro de los debates sobre este tema con un querido amigo liberal, mi querido compañero Hernández Cabrera, J (2018) que me dice: “La postura de Rallo es inequívoca. Sólo el derecho de secesión indefinida de las comunidades humanas posibilita que las personas tengan libertad política”. Le he contestado: La postura de Rallo en este asunto, creo, es una mala pose equívoca e insostenible. Lo que no se sostiene simplemente cae. El derecho de secesión indefinida se puede convertir en un derecho espurio, como esos, le dije, que tanto nos gusta criticar a ti, a mí y al propio Rallo. Es creo absurdo el sostenerla y no enmendarla. Es un despilfarro de debate salvo para, con humildad, autodisciplinarnos en praxeología, cataláctica, individualismo metodológico…

El derecho de secesión indefinida es un error mayúsculo que creo da alas y cancha fatídica a insulsos protagonismos de los mayormente equivocados e iluminados, autodenominados “las nuevas fuerzas del cambio”, las izquierdas, y a los independentistas. Que son mis rivales políticos y también en lo económico. Y le he dicho a mi gran amigo, rivales tuyos y también de Rallo. ¡Qué inmenso error no ver, ni respetar a los rivales por creer estar entretenidos en la aparente coherencia de la pureza ideológica liberal, cuando insisto es, creo desde ella, un gran y contumaz error!

El ejercicio permanente de las personas en su acción y relación social, económica y política se enmarca tanto en la Libertad y su guardián La Justicia, como en La Política y su guardián La Economía o Praxeología.

7. Rallo indica: “El secesionismo catalán es un secesionismo mayoritariamente nacionalista y, por tanto, antiliberal. Pero gran parte del unionismo español también es un unionismo mayoritariamente nacionalista y, en consecuencia, antiliberal”. Esto es, permítanme, calificarlo como “gracioso o tragicómico” dentro de lo amargo de este debate. Lo de menos, creo, según Rallo, es el secesionismo o el unionismo, poco importa la nación, sea cual sea, porque su concepto o subconcepto de nación lo tiñe de antiliberal. ¡Qué extraño es esto! Porque a la vez afirma lo del punto “6. Conformar nuevas comunidades políticas no es ni abortar la globalización ni defender la fragmentación absoluta de toda comunidad política…”. En España, ya en democracia, ya con la Constitución de 1978, a este anhelo independentista institucionalmente no hemos “jugado” nunca. Nunca los españoles hasta el presente año 2022 habíamos excluido, ni obligado, a dejar fuera a ningún español del ejercicio y responsabilidad que le otorga la soberanía nacional como individuo y ciudadano. Efectivamente, sí que con “gran generosidad” e interesada ingenuidad y miopía cortoplacista, los ejecutivos (gobiernos) han acordado, convenido y consentido, dando alas o cobertura, a los nacionalismos dentro del Estado conformado por las 17 CC.AA. por conveniencia para aprobar anualmente los presupuestos generales del Estado (PGE).

Ha sido constatada y es honda la realidad y generosidad, desde la acción humana individual y de su suma para el conjunto, de nuestras idiosincrasias regionales españolas que integran nuestro acervo compartido como españoles y que vertebran nuestra patria. La España democrática es como es, con sus fortalezas y debilidades, para mí preciosa, siendo lo que es y como es: unida, diversa y libre. Una comunidad política sellada por el consentimiento otorgado en su Constitución de 1978, con toda su historia acumulada, con sus dinámicas de acontecimientos privados y públicos, integrada toda ella en Europa y en Occidente, con sus raíces judeocristiana y grecorromana, con sus riquísimos matices y diversidad muy propios de cada parte de nuestro territorio patrio. Pero afirma J.R.Rallo tras el procés y la DUI: “Estos días estamos viendo cómo al nacionalismo español no se le caen los anillos a la hora de decomisar publicaciones, cerrar páginas web, suspender autonomía política, amenazar con inhabilitaciones, etc. Por tanto, el debate unión/separación se plantea sobre todo en términos de lealtades nacionales (de soberanías nacionales) y no derechos individuales y de factibilidad de organizaciones políticas alternativas”. Me pregunto ¿Seguro que es así, así debe ser, así tiene que ser? ¿No me otorga la Constitución y la ley mi derecho individual de votar sobre todo lo que toca y pueda trastocar la soberanía nacional que reside en el pueblo español? ¿Sólo son lealtades nacionales de gestión individual, de quita y pon, a demanda, excluyendo a discreción al otro? No. Son auténticos derechos individuales sancionados por ley y Ley de leyes. Además, conformando una comunidad política moderna, democrática, factible y sostenible, que aspira y otorga derechos individuales en el suelo patrio español con simetría, con vocación de igualdad ante la ley, como es propio en las democracias liberales modernas. Esto sí que es condición necesaria, vocación y máxima, enteramente liberal, nada antiliberal. Las asimetrías, las discriminaciones y las exclusiones en los derechos no son objetivos liberales. Nunca. Y aquí, en el guion independentista, secesionista, y en el de ciertos liberales y/o de no liberales, hay, veo, muchísima pretensión asimétrica, discriminante, excluyente y muy peligrosa para los individuos y, por tanto, para su suma en su conjunto. 

La cosa desde 2017 “con el procés” a la fecha actual, desde luego no ha quedado ahí, ha cambiado vertiginosamente, pues en estos días de diciembre de 2022 ya es el propio poder ejecutivo, el gobierno de España, y su representación en el poder legislativo, el que en su acción e intervención por la vía de pretendidas reformas jurídicas, por su dependencia con sus socios de gobierno (las autodenominadas nuevas fuerzas del cambio) ha pretendido tocar y trastocar el equilibrio de poderes chocando de frente con el poder judicial, el Tribunal Constitucional, en esas estamos.

Afirma también Rallo en su texto de 2017 pretendiendo presentar una solución o alternativa liberal: “Lo cual no debería impedir que los liberales se pronuncien sobre cuál sería la solución liberal a este conflicto: claro que podemos ser instrumentados por unos o por otros, pero no por ello hay que dejar de plantear soluciones”. 

Muy bien. Por mi parte, a ello me aplico, pero sin ingenuidad. ¿Qué significa esto de una solución liberal al conflicto? ¿Nos vamos a escuchar sólo entre liberales, para resolver el conflicto? ¿Qué derrotero lleva tal intención? Vemos que estamos, (me considero políticamente demócrata, cristiano y liberal) en este debate muy, pero que muy, divididos. Existen liberales unionistas y secesionistas o llamados, no sé por qué, “soberanistas” desde el catalanismo independentista. Pero queridos amigos, no quisiera ver yo, así lo creo, la medida de nuestra separación, tras su adiós, y el peso efímero de los liberales en el supuesto parlamento soberano catalán. ¿No estamos padeciendo de falta de respeto mutuo entre nosotros mismos y mayor falta de respeto, si cabe, ante los rivales de la nueva izquierda, las autodenominadas “nuevas fuerzas del cambio”? Estos son los que apuntaron explícitamente hacia la socialización de la riqueza proclamada por Tardá, Rufián y Pablo Iglesias en el propio parlamento español en la moción de censura fallida a Mariano Rajoy planteada por el entonces más “débil” Pedro Sánchez. Estos también son los que apuntalaron posteriormente la moción de censura que ha hecho “fuerte” y presidente al mismo Pedro Sánchez[5]. Son los que otorgan la mayoría parlamentaria complementando los votos a Pedro Sánchez desde 2019 y, como se confirma, hoy en diciembre de 2022 pugnan con el poder judicial en un conflicto encallado con imposible cauce negociado ante la pretensión ejecutiva de eliminar criterios fundamentales sostenidos, desde siempre, para el equilibrio de poderes mediante mayorías reforzadas. Aquí, como casi siempre, cada una de las partes cuenta la cosa como les conviene. Objetivamente, es un gran problema.

8. Afirma Rallo en su texto de 2017: “¿Cuál es la solución?” Primero, regular el derecho de separación para volverlo tan cercano al individuo como sea factible [6]. Eso incluye la posibilidad de que provincias, municipios o barrios catalanes puedan votar permanecer en España dentro de una Cataluña independiente (enclaves). Segundo, clarificar el reparto de los costes de la separación: la secesión no es gratis y gran parte del coste debe cargarlo aquella parte que desee iniciar los trámites de separación. Tercero, condicionar la separación a que las nuevas comunidades políticas respeten los derechos de las minorías que se encuentren enclavadas en ellas (derechos extraterritoriales). Y cuarto, hacer mucha pedagogía antinacionalista en ambos frentes nacionalistas: ni tenemos que enemistarnos por vivir en comunidades políticas diferenciadas ni quienes quieran vivir en una misma comunidad política por razones de funcionalidad son enemigos del “pueblo”.

Me pregunto ¿A quién le está diciendo esto Rallo? ¿Quién cree que le escucha? ¿Quién quiso antes y durante “enemistarse” o separarse? ¿Quién quiere hoy “enemistarse” o separarse? ¿De qué pedagogía han tirado antes, durante y ahora? ¿De una pedagogía antinacionalista? No, ¿Y viene a afirmar Rallo que en su futuro y en el nuestro lo que habrá que practicar es en ambos frentes una pedagogía antinacionalista? ¿Cómo? Y ¿Por qué? ¿Por qué no cabe tras la secesión una pedagogía nacionalista? ¿Y antes sí? ¿Por qué seremos buenas personas en las dos partes tras la secesión? ¿Por qué somos liberales y, por tanto, antinacionalistas? ¿Ese es el asidero al que apela Rallo como garantía? Rallo, creo, peca aquí de ingenuo.

Imponer la deriva secesionista o desertar de las garantías que dimanan de La Constitución y del derecho de soberanía nacional que cada uno tiene sería dar pasos hacia atrás en los derechos y libertades que tenemos como individuos.  Tal experimento yo no lo haría, creo que ni simulado, “ni con gaseosa”. Yo no lo ofrecería, no daría mi mano extendida. Yo no cedo mi derecho a la parte alícuota de soberanía nacional que me corresponde como derecho individual y si se avanzara hacia un eventual referéndum bajo el marco constitucional, ahí estaría mi voto en contra de la secesión. No admito que me excluyan.

9. Dice Rallo; “El procés es una chapuza, …”.  Bien, totalmente de acuerdo, “… De ahí que el procés deba carecer de efectos jurídicos, pero únicamente a cambio de iniciar sin dilaciones una amplia reforma institucional que permita una separación garantista de quienes no deseen permanecer en España. Sin esa perspectiva de reforma institucional, es evidente que la única respuesta que se está dejando a los independentistas de buena fe es la rebelión. Y la rebelión es siempre un fracaso del ordenamiento jurídico vigente”. Pregunto: ¿Seguro? ¿Por qué afirma esto? Según discierno, Rallo asocia ‘rebelión y derecho de secesión’ a éxito inexorable, desde que tales se proclamen, de sus promotores y, en cambio, asigna Rallo el calificativo de fracaso o fracasado al o.j vigente. ¿Piensan así los individuos en los Estados como Francia o USA…, en las democracias modernas sujetas a derecho? No. ¡Qué cosas dice!, ¡qué sutilidad!, ¡qué asimetría! Sensible, para un lado, el “de los independentistas de buena fe” y ruda sensibilidad, en cambio, para él o.j. vigente en España. ¿Y los no citados unionistas, también soberanistas (pues defendemos la soberanía de todos los españoles) de buena fe? ¿Por qué no los cita? Ha habido múltiples rebeliones y revoluciones que han conducido a rotundos fracasos y esta deriva no me parece lleve un buen camino ni al éxito apuntado. Con él o. j. vigente obviamente deberíamos lograr mejoras, pero no con esta vía secesionista, excluyente, supremacista, discriminante y empobrecedora. “Así no”, permítanme utilizar las palabras del mismo JR. Rallo [7].

10. Dice Rallo: “En definitiva, el conflicto catalán debe llevarnos a reflexionar sobre cuál queremos que sea la relación Estado-nación-individuo en el largo plazo. ¿Es el individuo quien tiene derechos frente al Estado o frente a la nación o es el Estado o la nación quienes tienen derechos sobre el individuo? Personalmente, lo tengo muy claro: es el individuo quien tiene derechos frente al grupo (llámese nación o clase social) y frente al brazo armado de ese grupo (Estado). Una cosa es que el individuo necesite vivir en comunidad para defender sus derechos: otra que esa necesidad de vivir en comunidad constituya un salvoconducto moral para que la comunidad pueda doblegar como desee al individuo. La comunidad debe ser un instrumento para garantizar los derechos individuales, no para socavarlos. Y, por eso, una comunidad verdaderamente garantista de esos derechos individuales también debería preocuparse por respetar, tanto como sea posible, el derecho de asociación y desasociación de los individuos”. Esto lo comparto. Resalto que aquí no incorporó la palabra ‘política’. Lo comparto, sí, pero sin dicotomía, sin asimetrías. No puede entenderse desde el “Individualismo metodológico” que se haga un planteamiento favorable al secesionismo y al soberanismo catalán, amparándose en la potestad individual y al mismo tiempo olvidándose de los individuos de Cataluña y del resto de España que también tienen tal potestad y derecho.

Existe una mutua interdependencia entre los individuos, entre los agentes socioeconómicos privados y públicos y también con los agentes socioeconómicos radicados en el exterior del país y siempre en este contexto global e internacional en que vivimos, aunque algunos usen y abusen del victimismo y del supremacismo. No se trata de una dependencia. No hay un servilismo. Hay interdependencia. Estamos en el tercer milenio, aunque siempre las cosas son mejorables. Los planteamientos sobre la generación de derechos, de cualquier derecho, privado y público, descansa en la existencia de deberes que sostengan aquellos derechos. Si se generan derechos sin sus correspondientes deberes que los sostengan, tales derechos son espurios, inexistentes por insostenibles. Resalto al efecto algo obvio, pero que muchos confunden, que todos los derechos logrados y por lograr han sido, son y serán cubiertos con recursos extraídos del sector privado. Por muchas transferencias que salgan de las arcas públicas y por las decisiones de endeudamiento público, las arcas se llenan y rellenan vía tributos pagados por el sector privado y/o vía endeudamiento con sus cargos financieros también absorbidos por el sector privado en el tiempo. De ahí la relevancia de su cuidado. Esto debiera tenerlo claro todo político, no se debiera jugar con ello. De Júpiter aún no ha llegado ninguna transferencia, aunque creo, sin caer en ingenuidades, que también puede haber intereses en financiar procesos de secesión.

11. Quisiera ahora compartir, sin formalizar matemáticamente[8], para indicar y señalar asideros de confianza, algo como economista que le gusta y necesita estar pendiente de “los procesos sociales dinámicos” considerando la familia, la música, la política, la sociología, la antropología… Cuando se replica una economía productiva y de intercambio voluntario, fruto de las fuentes del crecimiento, exógeno o endógeno o fruto de “los procesos sociales dinámicos”, de manera que seamos más, replicando la economía; de 2 personas pasamos a 4, 8,16,32…46 millones y creciendo, resulta que “el núcleo” de dicha economía, esto es: el conjunto de posibilidades de mejora, de intercambio voluntario individual, mediante lo que es posible mejorar a un agente económico sin empeorar a otro, criterio de optimalidad paretiana, resulta digo, que este núcleo converge al “equilibrio competitivo”, al eficiente, al que mejor combate el despilfarro, al de la inexistencia de paro, a los precios, salarios, tipo de interés y tipos de cambio vigentes en contextos de libre mercado[9]. Se converge reitero al resultado económico del combate sin tregua, al despilfarro de los recursos escasos. ¡Esto es magnífico! Es creo un camino, otro camino, que sirve de referente teórico plausible dentro de lo factible, de lo alcanzable. Los teoremas del Equilibrio General marcan sendas al “punto fijo”. También creo lo alumbra, a su modo, la Economía Austriaca, con L. V. Mises a su cabeza, mediante el intercambio voluntario entre agentes, el cambio directo y el indirecto en economías de giro uniforme o con crecimiento. Mediante su crítica sobre la posibilidad de una economía planificada, “porque en el mercado no hay equilibrios, sino procesos de descubrimiento de las situaciones por los agentes libres”[10]. Con todo, esto también tiene su punto y contrapunto. Los llamados “fallos de mercado” por poder de mercado (monopolio, …), externalidades y bienes públicos, así como los llamados “fallos de Estado” también tienen lugar en nuestra realidad cotidiana y tienen también sus puntos y contrapuntos. Hay que escuchar, discernir y avanzar sin voluntarismo, ni ingenuidad, ni buenismo, ocupando y tomando decisiones individuales en los ámbitos privados, institucionales y públicos, ocupando espacio, velocidad y tiempo en dirección y sentido correcto, el de la eficiencia, hacia las metas de generación de riqueza, actividad económica, ahorro, inversión y empleo. Esto lo asimilan y aproximan las diferentes escuelas[11], cada una a su forma. Hildebran y Kirman lo hacen con fundamentos de análisis económico y para hacerlo más comprensible, además de su modelización formal, matemática, introducen la cuestión hablando de la música y afirman que una economía con pocos agentes con ‘su núcleo’ suena como una orquesta de cámara, como la música de Corelli, donde se aprecia nítidamente el sonido de cada músico; mientras que su replicación, esto es incrementándose el número de personas interactuando dinámicamente e intercambiando voluntariamente, mediante ‘el equilibrio competitivo’, suena a orquesta sinfónica, a música de Wagner[12]. Tienen su belleza ambas músicas, pero el alcance sinfónico es muy superior. Sí, están todos y cada unos de los agentes económicos en su acción humana, esto es lo fundamental, aunque el detalle del sonido de cada uno en particular sea más difícil de apreciar. ¿Esta posibilidad de mayor alcance factible de la Economía existe a través de “la teoría de los procesos sociales dinámicos”? Pues yo diría que sí, que también. Resultante de lecturas individuales, sociales, políticas y económicas enteramente antropológicas captadas en sus dinámicas. Pues dicho alcance ofrece mayores y mejores posibilidades a las personas como centro, donde se da toda acción humana.  Mayores y mejores que otras opciones político-sociales y fragmentarias. Todo ello se traduce en mayor bienestar, felicidad, estímulos[13] e incentivos para los individuos en su acción humana, también con sus puntos y contrapuntos.

12. Por último, mi gran amigo libertario Hernández Cabrera J. [14] en los debates apuntaba que John Locke decía que un gobierno legítimo descansa en el consentimiento. Abundando en que no es preciso que el gobierno sea despótico para desear la secesión. Y en su ímpetu mi amigo afirmaba: “Una Europa fragmentada en cientos o miles de mini Estados sería una bendición”. Competencia fiscal a tope. Le dije: ¡Qué ingenuidad! ¿No? Servirse a destajo en el mundo de los deseos, de los sueños, de los fines. Me respondió: No creo sea un sueño y presentaba a: Gibraltar, Andorra, Mónaco, Luxemburgo, Liechtenstein, Malta, San Marino, Vaticano. Le contesté: No creo que de Locke se pueda inferir el poder servirse a destajo en el mundo de los deseos y fines. Si Locke dijera eso, que no lo creo, aún no lo he constatado, se habría equivocado rotundamente, pues no todos los deseos y fines son alcanzables, obvio, unos sí y otros no. Efectivamente, el gobierno legítimo descansa en el consentimiento. Pero que descanse en el consentimiento no implicaría que es posible ni alcanzable la realización de todo deseo. Los deseos son sin duda legítimos, pero para alcanzarlos debe haber consentimiento o acuerdo mutuo. En esto se sustentan los acuerdos y los gobiernos legítimos. La praxeología es neutral[15] ante los objetivos y deseos, se conforma y no es poco, es muchísimo, con alumbrar con pragmatismo si con los recursos escasos, siendo cada quién, son alcanzables eficientemente los objetivos y acuerdos.  Reconociendo el “yo y él, nosotros”[16], intentando estar fundamentado él nosotros en el yo y los yo (individualismo metodológico[17]), el alter ego[18]. Ello, sin dar tregua al despilfarro de recursos y medios. Estos problemas se abordan siempre considerando al individuo, familia, casa, edificio, comunidad de vecinos, tribu, poblado, ciudad, …, Estado, en las economías de mercado del desarrollado capitalismo en democracia. En tales contextos se desarrolla toda acción humana[19], de manera continua y dinámica, optimizando objetivos y fines[20] sujetos a restricciones exógenas, de todo tipo, de escasez, tecnológicas, sociales, culturales… susceptibles a su vez de cambios[21], modificando los datos exógenos, el ceteris paribus, el estado de reposo o la economía de giro uniforme[22]. Le pregunté a mi amigo: ¿El punto de atomización, de fragmentación, dónde se debe situar? ¿Dónde el margen correcto para potenciar lo privado con lo público? Mi amigo me apuntó: No existe un punto óptimo de fragmentación ni del tamaño del Estado.  Cada grupo social debe averiguarlo. Y efectivamente, eso es así. Correcto. Los casos de los países citados no creo, sean ejemplo de secesión consentida. Son simplemente Estados Pequeños. Hasta ahí llegaron en su configuración acordada, consentida y legitimada. Estados pequeños, con sus ventajas y desventajas, como cualquier Estado, con los deseos siempre legítimos de cada individuo, con las restricciones exógenas también de cada uno y donde se van resolviendo los problemas sociales, económico y políticos, con los logros de acuerdos vía intercambio voluntario, directo o indirecto[23]. Donde esté cada uno en su acción y reflexión. El uno y el otro, sabiendo que el otro para el otro es o puede ser uno. Importante este matiz. Eso es lo que hay bajo el sol; personas, deseos, fines y restricciones, con sus dinámicas. En unos países mejor y en otros, peor. Busquemos el punto y no confundamos ni nos confundamos en los caminos hacia los acuerdos, la convergencia hacia mejores logros individuales y en su suma conjuntos.

Conclusión:

Mi reflexión es contraria a la de Rallo y la he expuesto como evidencia de que, desde el propio contexto de la acción humana, la praxeología y la cataláctica, muchos demócratas occidentales ideológicamente situados en el centro derecha, democristianos, conservadores y liberales, no consideramos el derecho de secesión indefinida como condición necesaria para el ejercicio y defensa de la libertad en el marco de una democracia moderna liberal sujeta a derecho. Conservadores, democristianos y liberales sumemos, no fraccionemos, pues así ganando quedamos en esta gran sinfonía siendo cada individuo quien es. ¡Ánimo y a servir! 

Palabras claves: conflicto catalán, derecho de secesión, economía y praxeología, política, libertad, intercambio voluntario, equilibrio.

Códigos JEL: B11,B12, B13, B25, B53, D50, H1, M10.

Bloque temático: “Liberalismo, sociología y política”.

Summary

I present this paper as a collection of thoughts on J. R. Rallo’s paper, The Catalan conflict, which has generated an intense debate in the social networks. The debate has been concerned not only with this particular conflict but also with the right of secession in general and has caused surprise and division among free-market economists. My objective is to argue Rallo’s paper under the assumption that humans interact among themselves in a fully rational way, particularly in their monetary transactions, but taking into account not only the self but also the “we”. I think this approach is fully consistent with Ludwig von Mises’ praxeology. All human groups need to take collective decisions; and, if we want to make collective decisions compatible with human liberty, we cannot require unanimity. Unanimity is practically impossible to exist, even in small groups. Therefore, we must accept collective decisions on the basis of some kind of majority. The idea that any minority can secede from a wider group and form their own independent group is simply not feasible. Saying that secession should exist whenever it is “technically feasible”is only a way of escaping the crux of the matter. I discuss the main points of Rallo’s paper and reach a conclusion contrary to his. In sum, I conclude, in agreement with so many western democrats, that the right of infinite secession is not a necessary condition for the existence of a free society.

Key words: Catalan conflict, right of secession, praxeology, politics, liberty, voluntary exchange, equilibrium.

Referencias Bibliográficas:

Chinchetru, A.J. (2014), “Nacionalismo y liberalismo, incompatibles por necesidad”. IJM, Actualidad. Análisis diario. https://ijmpre2.katarsisdigital.com/ijm-actualidad/analisis-diario/nacionalismo-y-liberalismo-incompatibles-por-necesidad. 19/05/2014.

García Durán, J.A., (2003), Iniciativa y bienestar. Introducción a la economía, Barcelona: Ariel.

Gómez Martín-Romo P. (2022) Trilogía. Libro I El Patrón de interés. Libro II Competencia institucional normativa, Libro III El derecho de secesión. Ed. Círculo Rojo. Marzo 2022.

González  Pérez, JM (2018), Nuestra democracia. Camineo. Reflexiones libres. 12 Feb 2018 19:42:00. http://www.camineo.info/news/275/ARTICLE/37789/2018-02-12.html

Hernández Cabrera J. (2017), La Secesión política. Jornadas Liberales de Tenerife. https://fb.watch/hEBRkVO9FR/

Hildebrand W. y Kirman A.P. (1976), Introducción al análisis del equilibrio, Antoni Bosch, editor. Traducción y edición 1982.

Rallo J.R. (2017) a) , “Resumen de su postura respecto al “conflicto catalán””, https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=761553474016930&id=119042831601334 , 17/09/2017

Rallo J.R. (2017) b), “Hablemos”. IJM Actualidad. , Artículos en prensa, https://ijmpre2.katarsisdigital.com/ijm-actualidad/articulos-en-prensa/hablemos 2/10/2017.

Rallo J.R. (2017) c), S/ Nacionalismo e imperialismo, dos razones… https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=777170482455229&id=119042831601334, 26/10/2017

Rallo J.R. (2017) d), S/ “La declaración unilateral de independencia…, así no“. https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=777508685754742&id=119042831601334 , 27/10/2017

Von Mises L. (1960, ed. 2015), LA ACCIÓN HUMANA. Tratado de Economía. Undécima edición. Unión Editorial. Madrid 2015.


[1] Véase J Huerta de Soto en Von Mises L.(1960, ed. 2015)  el ESTUDIO PRELIMINAR al referirse a la economía como teoría de los procesos sociales dinámicos,  págs. xliv-xlvii.

[2]Von Mises L.(1960, ed. 2015)

[3] Chinchetru A.J. (2014)

[4] Véase Hernández Cabrera J. (2018).

[5] En España el presidente no se elige directamente, En las elecciones generales se eligen a los diputados nacionales y ya en la Cámara parlamentaria se procede a la elección del presidente del gobierno.

[6] En marzo de 2022 se ha editado una trilogía muy interesante que tuve la oportunidad de recibir tras conocer, en la celebración de la Cena de La Libertad de este año, a su autor Pedro Gómez Martín-Romo (2022). Uno de los libros de la trilogía se titula Derecho de Secesión, en él se ahonda en la apoyatura sobre el derecho de separación para volverlo tan cercano al individuo como sea factible. Sólo lo cito aquí por ser el tema el mismo que trata J.R.Rallo, no entro aquí en su discusión crítica. Espero también tener la oportunidad de realizar mi comentario crítico. 

[7] Rallo J.R. (2017) d) alejándose de la DUI, la Declaración unilateral de la independencia.

[8]Véase en Von Mises L.(1960, ed. 2015) concretamente tras el índice general de la obra el ESTUDIO PRELIMINAR incorporado por Huertas Soto J., al referirse a la economía como teoría de los procesos sociales dinámicos: crítica del análisis del equilibrio (general y parcial) y de la concepción de la Economía como una mera técnica maximizadora; pags xliv-xlvii. Me ha sorprendido leerlo. Veo, leyendo el tratado de V. Mises, efectivamente su gran mérito “de construir toda Ciencia Económica de una manera lógica sin necesidad alguna de utilizar funciones…”. Pero, por otro lado, no alcanzo a vislumbrar, por qué afirma Huertas Soto J. que en Von Mises hay razón “para negar el sentido que tiene la construcción matemática de una Ciencia Económica basada en el modelo de equilibrio (general o parcial) …”

[9] Véase Hildebrand W. y Kirman A.P. (1976, 1982), concretamente creo es suficiente su resumen introductorio págs.9-45.

[10] Véase García Durán, J.A., (2003), pág.192, punto 9.

[11] Véase García Durán, J.A., (2003), págs..189-194.

[12] Véase Hildebrand W. y Kirman A.P. (1976, 1982), pág 32.

[13]Véase Von Mises L. (1960, ed. 2015), sobre la felicidad, los instintos y los impulsos, págs 19 y 20.

[14] Véase José Hernández Cabrera (2018) La Secesión Política. Conferencia muy interesante presentada en el marco de las Jornadas Liberales de Tenerife.

[15] Véase Von Mises L.(1960, ed. 2015), Los requisitos previos de la acción humana. Sobre la felicidad, pág. 19., pág. 27 Y véase El fin absoluto y el hombre vegetativo pág. 35.

[16] Véase Von Mises L.(1960, ed. 2015), El yo y el nosotros, pág. 53.

[17] Véase Von Mises L.(1960, ed. 2015), El principio del individualismo metodológico, pág.50.

[18] Véase Von Mises L.(1960, ed. 2015), El alter ego; pág. 30.

[19] Véase Von Mises L.(1960, ed. 2015), La acción humana como presupuesto irreductible, pág. 22.

[20]  Véase Von Mises L.(1960, ed. 2015), Racionalidad e irracionalidad; subjetivismo y objetividad, pág. 24.

[21] Véase Von Mises L.(1960, ed. 2015), Introducción. Economía y Praxeología, pág 4.”De la economía política elaborada por la escuela clásica emergía la teoría general de la acción humana, la praxeología, pág 4.

[22] Véase Von Mises L.(1960, ed. 2015), El estado de reposo y la economía de giro uniforme, pg 297.

[23] Véase Von Mises L.(1960, ed. 2015), La tercera parte, sobre el cálculo económico, pgs 243-282 y el capítulo XVII sobre el cambio indirecto y el dinero; pág 479-518.

Karl Polanyi entre los posliberales

James Rogers. Este artículo fue originalmente publicado por Law & Liberty.

El libro de Karl Polanyi de 1944, La gran transformación: Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo, proyecta una sombra enorme sobre los debates políticos actuales a pesar de haber sido publicado hace casi ochenta años. Los posliberales de derechas citan regularmente el libro (por ejemplo, Patrick Deneen y Milbank y Pabst), al igual que los opositores de izquierdas al “neoliberalismo” (por ejemplo, Wendy Brown y Eugene McCarraher). Y los liberales clásicos (también conocidos como neoliberales) creen que sigue siendo lo suficientemente importante para los debates políticos modernos como para seguir abordándolo, tanto negativa como positivamente (por ejemplo, los debates de Santhi Hejeebu y Diedre McCloskey aquí y aquí).

Este mismo verano, J. Bradford Delong, historiador económico de la Universidad de Berkeley, se fijó lo suficiente en el argumento de Polanyi como para utilizarlo, junto con el de Hayek, para organizar el argumento general de su nuevo libro, Slouching Towards Utopia: Una historia económica del siglo XX.

El principal atractivo de Polanyi para los posliberales de derechas y los antiliberales de izquierdas es su argumento de que, durante el siglo XIX, el sistema de mercado alcanzó un estatus autónomo que atropelló a los seres humanos y a las relaciones sociales humanas. Los posliberales y antiliberales modernos citan a Polanyi para invocar y aplicar su análisis a los acontecimientos actuales. Las citas a Polanyi sugieren que los mercados vuelven a pisotear a los seres humanos y su florecimiento.

Sin embargo, la invocación actual del argumento de Polanyi plantea problemas. En primer lugar, una característica central del argumento histórico de Polanyi es que el mercado autónomo había sido destruido cuando escribió el libro en 1944. En los propios términos de Polanyi, el “sistema de mercado” que estudió no puede haber regresado hoy, a menos que la “economía mixta” polanyiana y el Estado del bienestar hayan desaparecido también hoy.

Contrariamente a lo que implican muchas citas de Polanyi, éste no era contrario al mercado. Pensaba que el mercado era increíblemente productivo. Su preocupación giraba en torno a la velocidad de la transformación provocada por el sistema de mercado, que es un término de arte para Polanyi. Como él mismo señala, “el fin de la sociedad de mercado no significa en absoluto la ausencia de mercados”.

En segundo lugar, la condición sine qua non del sistema de mercado que Polanyi identifica es la no intervención gubernamental en absoluto en los mercados de trabajo o de tierras, y un patrón oro. Si no se da una sola de estas tres condiciones, el mercado autónomo no puede existir, según Polanyi.

Esto no significa que hoy no quede nada que aprender de Polanyi. Sugiero que los liberales -e incluso los “posliberales”, si se definen con cuidado– aún pueden aprender importantes lecciones de Polanyi. El amplio argumento de Polanyi defiende la proposición de que el ámbito económico y el ámbito social no existen aislados el uno del otro. El truco está en no descartar por completo la importancia de uno u otro.

The Rate of Change of the Great Transformation

Polanyi reconoce la “mejora casi milagrosa” de la producción económica durante el siglo XIX. Sin embargo, la nube que envuelve el resquicio de esperanza es que esta gran transformación “fue acompañada por una catastrófica dislocación de la vida de la gente común”. Es esto último lo que centra la atención de Polanyi.

Sin embargo, no fue el cambio en sí lo que causó grandes daños sociales, sino el ritmo del cambio económico en relación con el ritmo de adaptación social a ese cambio. Polanyi casi especifica un modelo matemático. Basándose en un modelo implícito de tasas relativas de cambio (la perdición de los estudiantes de cálculo de primer semestre de todo el mundo), Polanyi identifica la condición para un cambio económico bueno frente a uno malo: “La tasa de cambio [económico] comparada con la tasa de ajuste [social] decidirá cuál es el efecto neto del cambio [en la sociedad]”.

Polanyi tiene claro que el “bienestar de la comunidad” puede “salvaguardarse” cuando el ritmo del cambio económico “que se considera demasiado rápido” se ralentiza hasta un nivel humano. El propio Polanyi proporciona ejemplos de “progreso” económico (su palabra) a principios de la Edad Moderna que se produjo a ritmos de cambio no destructivos. Hablando del movimiento inglés Enclosure, Polanyi escribe:

El ritmo de ese progreso podría haber sido ruinoso y haber convertido el propio proceso en un acontecimiento degenerativo en lugar de constructivo. Porque de este ritmo, principalmente, dependía que los desposeídos pudieran ajustarse a las nuevas condiciones sin dañar fatalmente su sustancia, humana y económica, física y moral. . . (énfasis añadido)

Karl Polanyi

En su libro, Polanyi reconoce inequívocamente la “mejora” económica provocada por el mercado. En otros lugares se refiere al impacto del sistema de mercado que crea un “aumento automático del bienestar material”, aunque sea a costa de trastornos sociales. No se opone al aumento de la prosperidad material que pueden proporcionar los mercados. Simplemente quiere que las sociedades reconozcan la interacción entre lo económico y lo social, y que den tiempo a que el tejido social se adapte a la transformación económica sin desgarrarse. Según Polanyi, esta respuesta ya se había producido cuando él escribió.

El mercado autónomo no ha sido re-creado

Polanyi deja totalmente claro en su libro que el problema que identificó ya se había resuelto en el momento en que escribió: “El fin [del mercado autorregulado] ha llegado en nuestra época; cierra una etapa distinta en la historia de la civilización industrial”. Polanyi repite esto una y otra vez. De hecho, construye un “doble movimiento en el tejido mismo de su análisis”: El surgimiento del sistema de mercado autónomo provocó un “contramovimiento simultáneo” que dio lugar a la reinserción de la economía en la sociedad.

De hecho, el punto explicativo último del libro de Polanyi no es argumentar que el mercado autónomo seguía siendo un problema. Ya había sido resuelto. Más bien, el objetivo de su análisis histórico es explicar el ascenso del fascismo -y, por tanto, la Segunda Guerra Mundial- como una consecuencia continuada del “contramovimiento” que puso fin al mercado autorregulado del siglo XIX.

Además, los lectores a menudo malinterpretan las referencias de Polanyi al “sistema de mercado” o al “mercado autónomo”. Estos son términos específicos del arte de Polanyi, y no acusan a los mercados en general. De hecho, observa expresamente que “el fin de la sociedad de mercado no significa en absoluto la ausencia de mercados”. Más bien

[Los mercados] siguen garantizando, de diversas maneras, la libertad del consumidor, indicando el desplazamiento de la demanda, influyendo en los ingresos de los productores y sirviendo de instrumento de contabilidad, aunque han dejado de ser un órgano de autorregulación económica.

Polanyi observa incluso que “Hay un sentido, por supuesto, en el que los mercados siempre se autorregulan, ya que tienden a producir un precio que despeja el mercado…”.

Para Polanyi, “[Un] sistema de mercado autorregulado implica algo muy diferente [de la autorregulación ordinaria de los precios de equilibrio del mercado], a saber, mercados para los elementos de producción – trabajo, tierra, dinero” (énfasis en el original).

Este es el centro mismo del análisis de Polanyi: la condición sine qua non para el mercado autónomo es que el mercado, y sólo el mercado, fije los precios de equilibrio para el trabajo y la tierra, y que la política monetaria esté inmunizada de la influencia política y social por un patrón oro. Las tres cosas deben existir al mismo tiempo para que se establezca el mercado autónomo. (Más adelante, Polanyi considera el “libre comercio internacional” como una expresión del mercado autónomo. Pero esto puede afectar negativamente a la sociedad a través del mercado de trabajo y el patrón oro).

Polanyi sostenía que el sistema de mercado autónomo que identificó había sido destruido en la época en que escribió porque se había eliminado el patrón oro y porque las políticas gubernamentales regulaban los salarios, el trabajo y la tierra, sustrayéndolos así a los caprichos del control singular del mercado. Consideraremos cada elemento por separado. La eliminación del patrón oro es evidente. La primera pata del trípode ha desaparecido. Y, lo que es más, hoy en día no ha resucitado. ¿Y el trabajo? Polanyi argumentó que incluso en su época, en 1944,

[Sólo se permitió que el mercado laboral conservara su función principal a condición de que los salarios y las condiciones de trabajo, las normas y los reglamentos fueran tales que salvaguardaran el carácter humano del … trabajo. La legislación social, las leyes de fábrica, el seguro de desempleo y, sobre todo, los sindicatos. interfieren con las leyes de la oferta y la demanda con respecto al trabajo humano, y lo sustraen de la órbita del mercado (énfasis añadido).

Karl Polanyi

Ni que decir tiene que las políticas de bienestar social y de lucha contra la pobreza que existían en la época en que Polanyi escribió no han hecho sino ampliarse posteriormente. Las normas de salud y seguridad, la oferta pública de educación básica, etc., también han aumentado desde que Polanyi escribió.

Además, Polanyi sostenía que las formas económicas feudales proporcionaban un sistema de bienestar social rudimentario. La comunidad apoyaba a los individuos y a los hogares en situación de necesidad. Polanyi argumenta que la creación de un mercado laboral autónomo en los siglos XVIII y XIX exigió la destrucción de esta red de seguridad, de modo que los trabajadores tuvieron que elegir entre trabajar o, literalmente, morir de hambre. Esto supuso el despojo de compromisos sociales anidados para servir -para crear- el mercado autónomo.

La segunda pata del trípode del mercado autónomo se cortó y no está ni remotamente cerca de restablecerse. Polanyi pensaba que las políticas adoptadas en los años 30 y 40 eran suficientes para acabar con el mercado laboral no regulado. Las regulaciones y las políticas de bienestar social adoptadas en los años 50 y 60 en Europa y EE.UU. empequeñecieron esas políticas anteriores.

Por último, en cuanto al mercado de la tierra. Una vez más, Polanyi llegó a la conclusión de que la tierra ya no estaba sujeta totalmente a los caprichos del mercado. Y, hoy en día, los seguros de cosechas, los programas de conservación, los programas de productos básicos, la zonificación y los programas de nutrición sacan la tierra del dominio del mercado autorregulado.

La tercera pata del trípode del mercado autónomo se eliminó hace casi 90 años. Y, de nuevo, no hay amenaza de que se vuelva a crear hoy en día. En resumen, Polanyi argumentó en 1944 que el “mercado autónomo” ya había sido destruido. Los programas y políticas que retiraron la tierra y el trabajo del control del mercado autónomo, y la eliminación del patrón oro, continúan hoy en día. La “economía mixta” polanyiana de la era moderna continúa sin cesar. Los argumentos políticos actuales giran en torno a dónde trazar las líneas políticas, no sobre la existencia de estas políticas que acabaron con el mercado autorregulado.

¿Qué lecciones hay de Polanyi para hoy?

Entonces, ¿qué lecciones, si es que hay alguna, nos queda de Polanyi para hoy? En el nivel más amplio de su argumentación, el reconocimiento de que no existe una división clara entre la economía y la sociedad sigue siendo un punto importante, aunque todavía poco reconocido. Reconocerlo explícitamente mejoraría los debates políticos en general.

Una buena parte del postliberalismo, tanto de derechas como de izquierdas, refleja una preocupación por el materialismo manifiesto de la sociedad estadounidense. Esto, por supuesto, no es nuevo; Tocqueville reconoció esta dimensión malsana de la vida estadounidense ya en la década de 1820. Más sutilmente, como sostienen Santhi Hejeebu y Deidre McCloskey, la división académica del trabajo actual entre economía y sociología separa con demasiada frecuencia el estudio de la “economía” de la “sociedad” en lugar de estudiarlos conjuntamente.

Esta división no es simplemente un problema de reduccionismo economicista: Los posliberales suelen ignorar los costes económicos de sus recomendaciones de política social. Ralentizar el cambio económico para conseguir bienes sociales exige hacer concesiones. Eso no significa que no deba hacerse a favor de los bienes sociales frente a los económicos. Pero no hay razón para pretender que los bienes sociales pueden mantenerse o incrementarse con un coste económico cero.

Dicho esto, existe una forma natural de relacionar la vida económica y la vida social. Como he señalado antes, Polanyi postula prácticamente un modelo formal que relaciona la tasa de cambio económico con la tasa de adaptación social a ese cambio. El argumento de Polanyi puede concebirse como un elogio de la inclusión de las externalidades sociales en el análisis socioeconómico. No hay ninguna razón de principio por la que los costes sociales no puedan incluirse explícitamente en el análisis de la política económica. Harold Demsetz, por ejemplo, observó en su famoso artículo sobre los derechos de propiedad,

La externalidad es un concepto ambiguo. A efectos del presente documento, el concepto incluye los costes externos, los beneficios externos y las externalidades pecuniarias y no pecuniarias. Ningún efecto perjudicial o beneficioso es externo al mundo (el subrayado es nuestro).

Harold Demsetz

Demsetz ofrece una visión claramente humeana de los derechos de propiedad, que podría acomodar fácilmente las externalidades sociales polanyianas (aunque Polanyi se burla del lenguaje de los “derechos de propiedad”):

Si la principal función asignativa de los derechos de propiedad es la internalización de los efectos beneficiosos y perjudiciales, entonces la aparición de los derechos de propiedad puede entenderse mejor por su asociación con la aparición de efectos beneficiosos y perjudiciales nuevos o diferentes. Los cambios en el conocimiento dan lugar a cambios en las funciones de producción, los valores de mercado y las aspiraciones. Las nuevas técnicas, las nuevas formas de hacer las mismas cosas y de hacer cosas nuevas invocan efectos perjudiciales y beneficiosos a los que la sociedad no estaba acostumbrada. Mi tesis en esta parte del documento es que la aparición de nuevos derechos de propiedad tiene lugar en respuesta a los deseos de las personas que interactúan para ajustarse a las nuevas posibilidades de coste-beneficio.

Harold Demsetz

Aunque la mayoría de los posliberales se resistirán sin duda a la nomenclatura de “derechos de propiedad”, sería miope pasar por alto la flexibilidad humeana de los “derechos de propiedad” en el argumento de Demsetz. Habla de cosas que la gente valora en general, incluidas las relaciones sociales.

No se trata de que lo social deba preferirse siempre a lo económico, como tampoco debe preferirse siempre lo económico a lo social. La cuestión es que hay compensaciones entre las dos dimensiones que la gente y los responsables políticos quieren tener en cuenta a la hora de hacer política. Que las externalidades sociales sean difíciles de definir y medir no significa que no existan y, por tanto, puedan ignorarse.

Contrariamente a las numerosas citas de Polanyi entre los posliberales de izquierda y derecha, la especificidad del análisis de Polanyi sobre la “gran transformación” es irrelevante para analizar los efectos sociales del cambio económico hoy en día. El mercado autónomo no existe hoy, y ni siquiera está cerca de existir. Polanyi dijo que ni siquiera existía cuando escribió en 1944. Sin embargo, su libro sigue siendo relevante hoy en su nivel más amplio, como un elocuente, aunque a menudo malinterpretado y desoído, alegato a favor de reconocer la interdependencia de lo social y lo económico a la hora de considerar las condiciones para el florecimiento humano.

2022, un buen año al fin y al cabo

Harry Phibbs Este artículo fue originalmente publicado por CapX.

Puede que no se dé cuenta, pero en muchos sentidos 2022 ha sido un gran año.

En medio de todos los titulares sobre la guerra, la recesión y las huelgas, ha sido fácil detenerse en lo negativo. Pero muchas de las noticias más significativas han sido en realidad muy buenas. A veces quedan relegadas a las páginas centrales, otras ni siquiera se informa de ellas, a menos que se busquen en una revista médica o científica especializada o se esté atento al último informe estadístico del Banco Mundial. Pero si se busca bien y se hace caso omiso de los medios de comunicación sensacionalistas, hay muchas buenas noticias.

La delincuencia ha disminuido

Naturalmente, hubo un descenso de la delincuencia durante el bloqueo por coronavirus. Pero la delincuencia también ha bajado en comparación con antes de la pandemia. La delincuencia general ha descendido un 10% desde 2019, incluido el fraude, con un descenso del 20% en la delincuencia de proximidad y del 30% en los robos domésticos. La contratación de más de 15.000 agentes de policía adicionales significa que muchas fuerzas tienen ahora el mayor número de agentes de su historia. En una operación reciente se cerró un sitio web responsable de 3,5 millones de llamadas fraudulentas en 2022, lo que dio lugar a 100 detenciones. La tasa de reincidencia ha disminuido en los últimos diez años del 30,9% en 2009/10 al 25,6% en 2019/20.

Un triunfo para el libre comercio en África

Tras mucho retraso, la Zona de Libre Comercio Continental Africana se ha puesto en marcha. Un informe para el Banco Mundial concluye que “si se aplica plenamente, podría aumentar los ingresos en un 9% de aquí a 2035 y sacar a 50 millones de personas de la pobreza extrema”.

Aumento de la población y reducción de la pobreza

En noviembre se estima que la población mundial superó los 8.000 millones de habitantes. El crujir de dientes neomalthusiano acerca de lo imposiblemente insostenible que es todo esto. Pero lo cierto es que la pobreza ha ido disminuyendo precipitadamente a medida que la población mundial se disparaba. Como señaló el Ministro de Asuntos Exteriores James Cleverly en un reciente discurso, cuando él nació en 1969 “alrededor de la mitad de la humanidad vivía en la pobreza absoluta”. La cifra actual es inferior al 10%, a pesar de que la población mundial se ha duplicado en el mismo periodo. Y mientras el modelo económico del Reino Unido, cada vez más dirigista, es motivo de preocupación, otros países están llenos de celo por el libre mercado, impulsando la desregulación, mejorando los derechos de propiedad y privatizando industrias estatales obsoletas. India es un país especialmente prometedor, con una previsión de crecimiento en torno al 7% tanto este año como el próximo.

Ucrania gana

Puede parecer perverso incluir la guerra de Ucrania en una lista de “buenas noticias”. Pero si pensamos en la invasión rusa de febrero, la mayoría suponía que el Kremlin obtendría una victoria rápida y contundente. La habilidad y tenacidad de las fuerzas armadas ucranianas, y la resistencia de su pueblo, han sido asombrosas. La incompetente brutalidad rusa también ha dado un baño de realidad a sus vecinos. Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán se han alejado de la órbita de Moscú. Suecia y Finlandia están ingresando en la OTAN. Y, tardíamente, la opinión pública rusa está cambiando en contra de la guerra.

Avances con la fusión nuclear

La noticia de que los científicos han logrado por primera vez una ganancia neta de energía en una reacción de fusión es una gran hazaña científica por derecho propio. Otra cosa es si presagia el sueño de una fuente de energía renovable, barata y con bajas emisiones de carbono. Pero cualquier paso en esa dirección debería ser acogido con entusiasmo, incluso por los miserabilistas “verdes” cuyo verdadero objetivo no es el medio ambiente, sino desterrar el consumismo y el capitalismo.

Especies en recuperación

Un informe sobre la recuperación de la fauna salvaje europea concluye que muchas especies, desde las tortugas bobas y las nutrias euroasiáticas hasta las ballenas jorobadas y los glotones, se han recuperado de forma “espectacular”. Los osos, los lobos y los bisontes también están prosperando. Por otra parte, New Scientist informa de que un nuevo dispositivo “SharkGuard” está reduciendo drásticamente las capturas accidentales de tiburones y rayas durante la pesca comercial.

Avances en la lucha contra el cáncer

La semana pasada conocimos un nuevo fármaco, el capivasertib, que retrasa la aparición del cáncer de mama y reduce el tamaño de los tumores en el 23% de las pacientes. Dado que el cáncer de mama es la forma más frecuente de la enfermedad y afecta a 1 de cada 8 mujeres británicas a lo largo de su vida, no es de extrañar que los investigadores lo hayan calificado de “momento histórico”.

Un tratamiento para el Alzheimer

Otro descubrimiento farmacológico potencialmente crucial a finales de año, con la llegada de un tratamiento que ha demostrado ralentizar la destrucción del cerebro causada por el Alzheimer. Aún es pronto, y el efecto del Iecanemab es bastante limitado, pero ofrece una esperanza real a millones de pacientes afectados por esta terrible enfermedad, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un campo de la investigación médica en el que ha habido muchos falsos amaneceres en el pasado.

Ensayos con plantas modificadas genéticamente

Mientras la UE persiste en su errónea estrategia “de la granja a la mesa” y Sri Lanka vive una enorme agitación política como consecuencia de una política agrícola antifertilizantes absolutamente demencial, el Reino Unido adopta una postura mucho más ilustrada en materia de tecnología agrícola. Como explicaba Matt Ridley en el Telegraph, la decisión del gobierno de permitir ensayos con plantas modificadas genéticamente anuncia una nueva era en la que los agricultores podrán modificar los cultivos de forma precisa y predecible, con todo tipo de beneficios potenciales.

La lucha por la libertad

La batalla por la libertad de expresión y los derechos fundamentales nunca está ganada, pero este año se han producido algunas reacciones inspiradoras, sobre todo en dos de los regímenes más duros del mundo, Irán y China. La valentía de la gente corriente que se defiende ante la enorme presión debería inspirarnos a todos los que valoramos las normas democráticas liberales básicas. De hecho, si añadimos los enormes reveses de Putin en Ucrania, en general ha sido un mal año para los autócratas del mundo.

Conclusión

A veces, incluso las historias más sombrías contienen la pepita del progreso futuro. Por ejemplo, las comprensibles quejas del Secretario de Sanidad en la sombra, Wes Streeting, por los retrasos en la obtención de los resultados de su escáner oncológico. Como señaló Streeting, “ahora disponemos de una tecnología que puede analizar los escáneres con más precisión que dos consultores experimentados en lo más alto de su profesión”. Con la simple supresión de uno de esos consultores, señaló con razón, se podría duplicar la capacidad de análisis de esos escáneres.

Lo mismo ocurre en el sector ferroviario, donde gran parte del conflicto de este mes se debe a la negativa a modernizar las prácticas laborales. Es frustrante, pero la tecnología para hacer mejor las cosas ya existe. Las maravillas de las cámaras y sensores modernos son tales que no necesitamos equipos de trabajadores que se dirijan a las vías para comprobar cada fallo. Es sólo cuestión de tiempo y de impaciencia ciudadana. En todos los ámbitos de los que he hablado, el tema común es la notable combinación de resistencia e ingenio que hace posible estos avances. ¿No es una buena idea para el año 2023?

‘Público’: quince años inventando historias

El hecho de que un periódico asuma que no da información ni noticias, sino que cuenta historias, debería hacer saltar las alarmas.

Portada del diario Público, 8 de febrero de 2010

Asisto anonadado como el diario Público, fundado por Ignacio Escolar y que, por lo visto, mantiene los mismos estándares de integridad periodística de los que siempre ha hecho gala el ahora responsable de El Diario, ha celebrado su decimoquinto aniversario con un vídeo en el que celebra sus quince años “contando historias que importan”. El hecho en sí no tendría nada que objetar aparte del alipori que suelen provocar este tipo de promoción, pero el hecho de que un periódico asuma que no da información ni noticias, sino que cuenta historias, debería hacer saltar las alarmas. Sí, es cierto: hay un género periodístico que consiste en contar historias, que es un formato que permite poner cara y humanizar una información, pero contar historias es lo que define la ficción. Y, por lo visto, las historias que le importan a Público incorporan un elevado porcentaje de ficción.

Cojamos el caso de María Sevilla, a cuya defensa dedica buena parte del vídeo; una feminista indultada por el Gobierno de mucho progreso por considerarla una “madre protectora”. La historia real, la información, nada tiene que ver con las fantasías de género que relata Marisa Kohan, la activista a la que paga Público para mentir a favor de la causa. La madre protectora en cuestión se dedicó a intentar empapelar a Rafael Marcos, el padre de su primer hijo, con denuncias falsas de abusos sexuales que fueron rechazadas por los tribunales. Liberado de las mentiras de su exmujer, logró que los tribunales le concedieran la custodia de su hijo. Pero Sevilla lo sacó del colegio, se lo llevó a una finca rural y lo adoctrinó religiosamente, metiéndole en la cabeza que “papá era el diablo” mientras lo tuvo secuestrado durante dos años, que es lo que tardó la policía en localizarlos. Durante todo ese tiempo ni ella ni sus dos hijos salieron de la finca, tan sólo si se portaba bien los dejaba salir por la noche de la casa, que tenía las ventanas cegadas. Dos años en que ninguno de los niños recibió atención médica ni fue vacunado.

Antes de secuestrar a su hijo y desaparecer de la faz de la tierra, María Sevilla dirigía Infancia Libre, dedicada a repetir su patrón de conducta: denuncias falsas de maltrato y abuso sexual contra las exparejas de sus asociadas para garantizarles la custodia, primero, y si eso falla, pues secuestro. En su posición, Podemos la llevó incluso al Congreso para que excretara su odio. Su otra hija, que sólo tenía seis años cuando la encontró la policía, se limitó a olisquearles y gruñir cuando la preguntaban. Impidiendo que tuviera un mínimo contacto social, la había convertido en un animal. Esa es la defensa de la infancia que Podemos indultó.

En definitiva, María Sevilla es lo más parecido que existe en el mundo real a la madre de Carrie, el personaje creado por Stephen King. A nadie se le ocurriría que mentir para defender a alguien así sea moralmente elevado, pero la perspectiva de género, que no es nada más que una racionalización con barniz académico del odio al hombre, funciona como la más fanática de las religiones. Cuanto más indefendible es una mujer, más hay que defenderla, porque eso es lo que permite separar a los verdaderos creyentes de quienes tienen dudas o, simplemente, un poco de sentido común.

Público, en cambio, considera que esta realidad refrendada por la policía y los tribunales es un bulo, y que la única verdad es que la mujer siempre tiene razón, aunque esa mujer sea María Sevilla. El único bulo, sin embargo, es defender que lo que ha hecho Público durante estos quince años tiene algo que ver con el periodismo.