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Más allá de la banalidad del mal

Recientemente estuvo circulando por las redes un vídeo en el que se ve cómo un grupo de aparentes musulmanes asesinan, a sangre fría, a una mujer en medio de la calle, supuestamente en Kabul, hace dos días. En seguida han salido las empresas comprobadoras de la verdad a decir que es una noticia falsa, pero no porque el asesinato no se produjese, ni porque la actitud de los verdugos fuese otra, sino porque no tuvo lugar antes de ayer en Afganistán, sino hace siete años, y en lugar de por talibanes, fue llevado a cabo por terroristas de Al-Nusra, en Siria. Quizás sea digno de destacar el matiz, aunque la esencia de la situación no cambia demasiado. 

La mayor parte de los periodistas y políticos, de toda laya y condición, se lanzan enseguida a criticar, con horror, estas escenas cuando aparecen. Pero pocos han tratan de explicar por qué son, por desgracia, tan habituales, y, sobre todo, qué hay detrás de tales actos, y, sobre todo, de la forma en que se ejecutan. Se habla de extremismo, de caos, de violencia, de descontrol, de crueldad con las mujeres, de odio, de venganza. No me vale.

Las imágenes, ocurriesen donde ocurriesen, son terroríficas por muchísimas razones; pero la más desazonadora es la indiferencia. No es sólo la frialdad de quien dispara -parece no inmutarse-, sino la apatía y pasividad de quienes se congregan, poco a poco, a su alrededor, y asisten, indolentes – casi con desidia y displicencia- al asesinato.

Decía Hannah Arendt en su “Eichmann en Jerusalén”, que lo más grave, en el caso de Eichmann, el famoso y diligente criminal alemán, era precisamente que hubo “muchos hombres como él, y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron, y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales”. “Desde el punto de vista de nuestras instituciones jurídicas y de nuestros criterios morales, esta normalidad resultaba mucho más terrorífica que todas las atrocidades juntas”, ya que este tipo de delincuente”, afirma, “comete sus delitos en circunstancias que casi le impiden saber o intuir que realizan actos de maldad”. “Una de las lecciones que nos dio el proceso de Jerusalén”, dice más adelante, “fue que tal alejamiento de la realidad y tal irreflexión pueden causar más daño que todos los malos instintos inherentes, quizás, a la naturaleza humana. Pero fue únicamente una lección, no una explicación del fenómeno, ni una teoría sobre el mismo”.

En efecto, lo que decía Arendt, respecto del criminal alemán, es perfectamente extrapolable a las imágenes de las que hablamos. El autor y su público aparentan ser normales, no manifiestan especial odio, ni inquina, ni crueldad, ni ensañamiento, ni sed de venganza. No parecen fuera de sí, ni sumidos en una enajenación mental transitoria, ni drogados, ni bebidos. Simplemente actúan o toleran, como si fuese un gesto automático e intrascendente. Actúan con rutina y desapasionamiento, con total normalidad, ante el pasmo de quienes tenemos otros “criterios morales”.

Algunos han criticado las palabras de Arendt, aduciendo que el verdadero horror del caso Eichmann, y del de otros como él, no es que los autores fuesen ciegos, sino que veían y sabían perfectamente lo que hacían, estaban convencidos de que era lo correcto, y eran capaces de ejecutar sus tareas con especial diligencia y orgullo. El problema, afirman, es que la barbarie ocurre cuando la gente se identifica radicalmente con grupos de actitud o ideología brutales, y eso les lleva a ejecutar con esmero sus tareas, y a sentir, por ello, una íntima satisfacción.

El problema, creo yo, va más allá. Tanto Arendt como sus críticos dan por hecho que los actos de Eichmann, y de quienes actúan como él, son intrínsecamente malos –“brutales”-, sean o no conscientes sus ejecutores, y todo sus esfuerzos, argumentativos y de análisis, van dirigidos a comprender el porqué de ese error intelectual del criminal. Pero parecen olvidar que los hombres actuamos por valores inconscientes muy jerarquizados, y que esa jerarquía condiciona nuestros actos, sus motivaciones y la satisfacción o el arrepentimiento posterior. 

El problema moral exige determinar previamente si existen valores absolutos, externos a nosotros y objetivos, y cuál es su fundamento, para, a partir de ahí, explicar por qué la escala asimilada por la gente no se compadece con aquéllos; o, si, por el contrario, los valores y su posición en el escalafón son intercambiables. Decía Dostoyevski, por boca de Iván Karamazov, que “si se extirpa en el hombre la fe en la inmortalidad, se secará en él enseguida no sólo el amor, sino, además, toda fuerza viva para continuar la existencia terrena. Más aún: entonces ya nada será inmortal, todo estará permitido, hasta la antropofagia”. 

Vivimos en un mundo descreído, con dioses creados a merced de los que mandan. Los demás somos borregos, atontados y cobardes, incapaces de mirar y confrontar. Y mientras desde pequeños nos imbuyan de planteamientos aberrantes, o de simple relativismo moral, escenas como las de Eichmann o Siria seguirán apareciendo, cada vez con más asiduidad. Los comunistas se esforzaron desde el principio por crear un hombre nuevo. Decía Trostki, en “Literatura y Revolución”, que “la especie humana, el perezoso Homo sapiens, ingresará otra vez en la etapa de la reconstrucción radical y se convertirá en sus propias manos en el objeto de los más complejos métodos de la selección artificial (en oposición a la selección natural darwiniana) y del entrenamiento psicofísico. El hombre logrará su meta… para crear un tipo sociobiológico superior, un superhombre (Übermensch), si se quiere”. 

Parece que el ser humano ha quedado reducido a no más que pura materia virgen, modelable a placer por “las manos” de quien manda. El problema es que el hombre no es sólo eso. Si no, no nos hubiésemos levantado tantas veces en la historia, cuando parecía estar todo perdido. Sólo eso parece demostrar que hay algo más, que los valores no son relativos, y que, en consecuencia, la aberración tendrá un precio y terribles consecuencias.

La economía circular o el intervencionismo perfecto

La economía circular gusta, y a algunos, mucho. Es una concatenación de posibilidades que nos lleva a una utopía perfecta, de equilibrio con el medioambiente, de necesidades adecuadas y moderadas en la sociedad, que reduce y minimiza cualquier contaminación o daño al entorno, disminuyendo o, incluso, evitando el uso de nuevas materias primas (de nuevo, en beneficio para el ecosistema). Es tal el entusiasmo que, según la UE, este sistema verde será responsable de un incremento de la competitividad y una mayor innovación, que producirán un crecimiento económico que cuantifica en un 0,5 por ciento adicional del PIB y un incremento del empleo de nada menos de 700.000 trabajos solo en la UE cara a 2030. No tengo muy claro que estas cifras dadas por la UE sean especialmente brillantes y ajustadas a la realidad, pero son las que aparecen en este documento.

Además, es una economía abierta a más “palabros”, esos conceptos que con frecuencia se nos meten en el lenguaje técnico y terminan adornando cada vez más discursos ligados a las modas y a lo político y económicamente correcto. En el artículo anterior, expuse que la reducción, la reutilización y el reciclaje eran la base del sistema. Sin embargo, actualmente podemos encontrar otros cuatro conceptos que se han ido intercalando entre estos, aunque quieran decir más o menos lo mismo: reutilizar, reparar, renovar, reciclar, recuperar, rediseñar, reducir. Nada que no veamos en la web de una gran empresa, en un anuncio de televisión, que escuchemos en un mensaje de algún famoso concienciado con el medioambiente, de algún gurú o un coach que dedique su acreditada vida laboral a enseñarnos qué hacer, cómo hacerlo y qué evitar. Es tal el entusiasmo que despierta que sería bueno sacarle sus puntos oscuros, incluso sus inconvenientes.

La economía circular mimetiza los ciclos naturales, los sistemas ecológicos en los que nada parece desecharse, al menos en teoría. Siempre he tenido dudas sobre la supuesta eficiencia de la naturaleza. Esta no es un diseño inteligente en el que todo está pensado al dedillo y nada se escapa a la mente creadora. La evolución actúa sobre lo que hay en un momento dado. En un ecosistema, las relaciones entre las partes tardan cientos, miles o millones de años en crearse y el aprovechamiento de los recursos no tiene por qué ser perfecto (suponiendo que se pueda definir qué es aprovechamiento y qué es perfecto). Tampoco responden a un objetivo, pues el ecosistema surge, vive durante un tiempo y luego desaparece o es sustituido por otro; las especies aparecen y desaparecen, aunque todo esto no implica que no se desarrollen sistemas que lo reparen en cierta medida, si el daño no es excesivo. Un ecosistema está sujeto a cambios constantes, la mayoría lentos o muy lentos, a los que es fácil adaptarse, y otros rápidos, posiblemente catastróficos, o que implican respuestas más veloces que las habituales[1].

La economía circular no es un sistema que surja de manera espontánea y que crezca de una manera natural; por el contrario, es un sistema pensado y planificado, que ha buscado modelos externos para implementarse y que tiene claro qué tipo de procesos está permitido, cuál está prohibido y cuál tiene su uso condicionado por las normas que establecen sus creadores. Estamos ante un sistema que nada tiene de natural, aunque muchas veces se identifique con ello, sino más bien de artificial, entendiendo por tal lo que sale de la mente de ciertas personas, según sus conocimientos, ideas preestablecidas, objetivos y necesidades que tengan o propongan. Si buscamos algo parecido a un sistema natural, no deberíamos fijarnos en la economía circular, sino en el libre mercado, donde las relaciones son voluntarias y espontáneas, incluyendo las normas que las regulan.

En la economía circular se establece una jerarquía en cuanto a quién debe recibir el mayor beneficio. El primer mandamiento es que el medioambiente no debe salir perjudicado o, al menos, que el daño sea mínimo y reparable. Todo lo que no cumpla esta primera norma está prohibido o muy condicionado. ¿Deja eso en segunda posición las necesidades de la gente? Pues no, tampoco diría yo que ocupen ese lugar. El cómo es tan importante como el qué. Al no ser un sistema espontáneo, los que piensan, implementan y mantienen vivo el sistema son tan importantes como el propio sistema. Toda maquinaria debe tener unos técnicos que la mantengan; técnicos, funcionarios, financiadores y un largo etcétera de personas, instituciones y empresas que la hacen posible estarán por delante de las necesidades de otras personas que deberán, no sólo adaptar sus necesidades y deseos a estas normas, sino también costear su mantenimiento y posibles sobrecostes, en definitiva, su financiación. La eficiencia no será base de la economía circular, sino su supervivencia, incluyendo los que viven por y para ella.

No es casualidad que las grandes empresas participen en esta filosofía de hacer las cosas o, al menos, que dediquen bastante de su presupuesto de márquetin y publicidad a vender su actividad como una que aspira a ser circular. Sea cierto o no, la economía circular está moviendo muchos miles de millones en forma de proyectos favorecidos con subvenciones, financiación ventajosa y todo tipo de ayudas que se promueven desde instituciones estatales, supraestatales y políticas en general. De hecho, el ecosistema económico que genera estas políticas medioambientales atrae a muchos emprendedores, que no empresarios, y surgen organizaciones, que no empresas, que viven de ello y que no sé si tendrían ingresos en un sistema más libre, menos intervenido. Suelen ser las más activas en la propaganda, en fortalecer las ideas y la ideología que las mantienen vivas. No es extraño que los anuncios de reciclaje sean tan abundantes en las televisiones en abierto. La supuesta innovación estaría marcada por los límites del sistema, no por la capacidad de imaginar cosas. Podrían extraerse ideas de los ecosistemas, pero es también bastante posible que algunas de esas ideas no sean adecuadas. Acceder a algo que esté fuera del sistema cíclico será burocráticamente imposible o, al menos, muy difícil. Y los puestos de trabajo serán los ligados a dichas actividades.

La economía circular es un sistema económico “perfecto” para un sistema estatal con fuerte tendencia a la intervención, con o sin un ecosistema empresarial ligado a ella. No es por tanto extraño que, desde la UE, desde los gobiernos nacionales o desde los regionales y locales se fomente, pues son precisamente ellos, los políticos, funcionarios y técnicos del Estado, los encargados de crearla, dirigirla e implementarla. En plena crisis climática, con el apocalipsis cerca, su instalación es una necesidad moral y, por ello, su filosofía y sus conceptos vuelven a aparecer en los documentos, papers y otras gansadas oficiales, universitarias y políticas.

¿Estamos ante un engañabobos? Tampoco estoy diciendo eso. La ciencia y los desarrollos ligados a lo que se llama economía circular me parecen muy interesantes y estoy seguro de que están dando mucha información y conocimiento para hacer que nuestra economía sea mucho más eficiente y menos dañina. La economía lineal, esa que han dicho que es lo contrario de la circular, la que termina con todo en el vertedero, nunca ha sido así. La gente tiende a reutilizar de manera espontánea, cambia cosas de uso y les da más vida, vende o intercambia cosas con conocidos y desconocidos. Prácticamente toda la base de este sistema ya existía antes de que se definiera, y funcionaba. Que ciertas personas con ciertos intereses lo hayan sistematizado un poco y lo hayan bautizado con un nombre bastante llamativo no lo hace nuevo. Lo que sí es nuevo es la manera de usarlo, una herramienta de ingeniería social que conduce a un intervencionismo perfecto.


[1] Un ejemplo de ello fue la desaparición de los grandes mamíferos o la de los marsupiales, que sobrevivieron nada más que en Oceanía (y alguno en América), o la fluctuación de los niveles de oxígeno en la atmósfera, alterando el tipo de fauna y flora sin, por ello, acabar con la naturaleza.

Artículo anterior: La nueva-vieja economía circular

Lo que se ve y lo que no se ve del cierre de locales nocturnos contra el COVID

Ha pasado ya casi un año y medio del fatídico mes de marzo de 2020. Muchos piensan que ese mes nuestra vida cambió por un virus, el tan traído y llevado COVID-19. Pero lo cierto es que no fue por un virus sin voluntad por lo que cambiaron nuestra vidas, sino por la reacción de la gran mayoría de los Gobiernos ante la pandemia. 

Por primera vez, los ciudadanos de los países democráticos, que nos pensábamos libres, pudimos constatar los frágiles límites de nuestra cacareada libertad. Y tuvimos que quedarnos encerrados en casa, saliendo solo cuando el Gobierno nos autorizaba y a hacer las cosas que nos permitía. Cuando por fin nos dejaron salir de casa, lo hicieron con drásticas reducciones en nuestra libertad de movimientos, que en España tomaron la forma de confinamientos perimetrales de pueblos, ciudades y regiones. A ellas se pueden unir un sinfín de medidas restrictivas, empezando por la obligación de llevar mascarilla incluso en espacios abiertos, y otras muchasafectando a distintos sectores económicos

Prácticamente todas las medidas han demostrado hasta la saciedad su inutilidad en la lucha contra el COVID, sin por ello dejar de ser aplicadas contumazmente por los Gobiernos, con honrosas excepciones puntuales. Prueba de esta inutilidad son los largos periodos de aplicación, que no tienen correlación con los ciclos de aumento y reducción de afectados por el virus.

Pero da igual. Ya está aquí la “quinta ola”, pese a vacunaciones y confinamientos, y vuelve el burro a dar vueltas a la noria. Ahora el foco lo tenemos en los jóvenes y sus contagios explosivos. ¿Solución? Muchos de nuestros políticos lo tienen claro: toque de queda, limitación de aforos o, por qué no, cierre de locales nocturnos.

En este artículo me centraré en esta última medida, y propondré un análisis económico clásico sobre sus supuestas bondades. A ver si en él encuentran argumentos los empresarios de tan sufrido sector para oponerse a las medidas de nuestros políticos.

Como decía el gran economista Bastiat, el arte de la economía consiste en identificar los efectos de las medidas políticas, no solo en el corto plazo y en los grupos a los que se dirigen, sino en todos los plazos y en todos los grupos. Solo de esta forma se puede establecer el efecto “neto” de la medida; sin este análisis completo, todas las medidas parecen efectivas y positivas para la sociedad.

Así pues, empecemos por lo que se ve. Y para ello vamos a hacer una asunción muy fuerte y a lo mejor errónea, y es que, efectivamente, el cierre de locales nocturnos suponga una reducción de contagios por COVID-19 y que ello contribuya a la detención de la pandemia, con beneficio para la sociedad. Que esto sea o no así no lo puede decir un economista, por lo que no procede manifestarse en este análisis sobre ello.

Ya tenemos “lo que se ve” de esta medida. Se reduce el número de contagios en asistentes a estos locales, y por tanto la sociedad se beneficia de que la pandemia ralentice su expansión. En el lado negativo de “lo que se ve”tenemos a los propietarios de este tipo de negocio, que verán reducida su actividad económica hasta la inviabilidad, lo que afectará también a todos los individuos que aporten recursos a la actividad, como empleados, arrendatarios, suministradores de bebidas… o incluso taxistas/Uber/Cabify que verán reducida su actividad nocturna considerablemente.

Vayamos a “lo que no se ve”, lo cual normalmente exige un análisis dinámico de la situación. En un análisis estático, al individuo se le asume sin creatividad: se le prohíbe que vaya a locales nocturnos y deja de ir y se queda en su casa sin relacionarse. Pero ninguna persona corriente es así. Cuando no pueden resolver su necesidad de una forma, las personas normales empiezan a pensar en cómo resolverla de manera alternativa, no en olvidar su necesidad. Y aunque es cierto que a muchas no se les ocurre cómo hacerlo, con unas pocas que acierten, los demás las imitamos, y el problema se resuelve.

Las visitas a los locales nocturnos cubren la necesidad de un grupo de población (jóvenes, y no tan jóvenes) de relacionarse con otras personas. Esa necesidad no desaparece con la prohibición de abrir locales nocturnos; la necesidad se mantiene y la gente tratará de buscar alternativas dentro de la libertad que se les permita. Cuando el confinamiento era domiciliario, las telecomunicaciones cubrieron razonablemente bien el expediente, aunque la solución que nos dan es insatisfactoria desde muchos puntos de vista. 

Pero sin la confinamiento, los jóvenes se seguirán reuniendo, sea en la calle, sea en domicilios particulares, o en locales que desafíen la ley. Es por ello que hay que completar la prohibición con otras como el toque de quedao limitaciones en reuniones en casas particulares, en un proceso clásico de expansión de la regulación que tan bien describe Mises en su obra clásica “La teoría del control de precios”.

En suma, el análisis dinámico de la demanda nos muestra que las reuniones y los contactos que posibilitan la transmisión del virus se seguirán produciendo, y seguramente lo hagan en condiciones que faciliten más su propagación, como puedan ser de muchas personas en domicilios particulares.

Valgan estos como apunte de un inicio del análisis. Veamos ahora brevemente qué pasa con la oferta desde el punto de vista dinámico. Al prohibir de forma absoluta la apertura de locales nocturnos, desaparecen completamente los incentivos a innovar que estos emprendedores puedan tener. Si aceptamos, como hemos hecho, que la asistencia a estos locales supone un riesgo alto de contagiarse y expandir el virus, es obvio en que los primeros interesados en tomar medidas para que ello no ocurra serán los propios gestores de los locales.

Dada su motivación, en un contexto de libertad, serían ellos los que buscarían alternativas seguras para sus clientes, posiblemente cooperando con expertos en contagios (o sea, como dicen los políticos que hacen, pero aquí con el incentivo correcto). Quizá tengan que reducir el aforo, quizá la solución sean sistemas de circulación de aire, o ventilación periódica, o control de CO2. Yo no lo sé, no soy experto en epidemiología, pero sí sé que los empresarios terminarían encontrando una solución si se les dejara competir en libertad.

Por el contrario, la prohibición desincentiva, no solo directamente (al no poderse llevar a cabo la actividad, para qué pensar en cómo hacerla segura),  tal innovación. Imaginemos un emprendedor que se ha esforzado por buscar soluciones, ha invertido en implementarlas, y lo ha hecho con éxito. Ello le ha supuesto un mayor coste, y, por tanto, tendrá que cargar un mayor precio para recuperar su inversión a cambio de una interacción social segura (desde el punto de COVID). Sin embargo, con la prohibición absoluta que plantean los políticos, este empresario está exactamente en las mismas condiciones competitivas que sus rivales que no han hecho tal esfuerzo emprendedor e inversor. Sabiendo que estos cierres indiscriminados pueden volver a ocurrir, ¿qué empresario estará dispuesto a asumir el riesgo de esta búsqueda? Por tanto, para la sexta, la séptima y sucesivas oleadas, seguiremos sin tener locales nocturnos sin riesgo COVID.

Aun aceptando, que es mucho aceptar, que el cierre de locales nocturnos frena el contagio del COVID, se observa que tal prohibición tiene efectos dinámicos muy negativos para la sociedad, más allá de los estáticos de pérdida de trabajo y en general de actividad económica. En suma, dicha prohibición obstaculiza la búsqueda e implementación de soluciones seguras (frente al COVID) para la interacción de  nuestros jóvenes. Como esta necesidad no tiene visos de ir a desaparecer, más valdría a los Gobiernos abandonar la táctica de prohibición, que, en el fondo, es solo dar una patada para adelante al problema. 

Y esto nos llevaría al tema del funcionamiento de las vacunas. Pero a esto no podemos responder con el método de Bastiat, así que dejémoslo aquí.

¿Son los dólares de la Fed un pasivo? (I)

A raíz de un artículo de Brendan Greeley en el Financial Times, se ha generado un interesante debate en twitter sobre si el dólar es una deuda. Cuestionando incluso su clasificación como pasivo por parte de la Reserva Federal. El autor del artículo y otros economistas como Jon Paul Koning defienden que el dólar si es una deuda o pasivo, y por otro lado George Selgin, Larry White defendían que no lo es, que si es un pasivo solo lo es en nombre (no por su naturaleza).  Por mi parte yo no tengo ninguna duda en posicionarme con los primeros.  El dólar es claramente una deuda, una obligación de sus emisores.

La discusión no es solo relevante desde un punto de vista teórico y académico, también es relevante a efectos prácticos pues los legisladores y políticos utilizan los consensos científicos para promulgar leyes.  Como ejemplo reciente tenemos el supuesto consenso científico sobre el cambio climático que indudablemente tiene consecuencias políticas, legales y fiscales sobre los ciudadanos.  En este caso podría tener consecuencias sobre el dólar ya que si como sostiene el profesor Selgin los dólares emitidos por la Fed tienen una “conexión muy débil con el valor de los activos que lo respaldan”, esto podría resultar en una menor exigencia de información a la Fed, o una menor exigencia de respaldo como por ejemplo eliminando el requisito de contabilidad por partida doble con inventarios independientes para los activos por un lado y los dólares emitidos por otro, de manera que cada dólar emitido no esté necesariamente respaldado por el mismo nominal en activos.

El profesor Selgin separa y compara los dólares emitidos por los bancos comerciales con los dólares emitidos directamente por la Reserva Federal. Admite que los primeros son indudablemente una deuda, pues el banco está obligado a redimir sus depósitos por dólares de la reserva federal, mientras que la reserva federal no está obligada a redimir sus dólares por nada. Los dólares emitidos por la Fed son un “I owe you nothing” según Selgin, que paradójicamente coincide en esto con los cienporcientistas en su “dinero que se imprime de la nada”, pues el error de ambos se fundamenta en exactamente lo mismo: Entender la causalidad al revés y no darse cuenta de que los medios fiduciarios y la moneda fiat son créditos otorgados por el mercado.

Pero el razonamiento de que los dólares emitidos por la banca comercial son deuda por ser redimibles ya tiene un problema. ¿Seguro que son deuda por el hecho de ser redimibles? ¿Dejarían de serlo si no pudieran redimirse, si se prohibiera al cash, por ejemplo?  

Un banco comercial crea depósitos al prestar.  Pongamos el caso de la venta de un inmueble a crédito.  La forma más simple de que el propietario del inmueble lo venda a crédito es pidiéndole al comprador que le entregue una promesa de pago.   El comprador podría ir pagando la promesa entregando bienes al vendedor, según acuerden las partes. O  si la promesa circula podría simplemente comprar la promesa, extinguiendo su deuda pues ya ningún tercero puede reclamarle nada, lo cual demuestra que la redimibilidad no es la única manera de liquidar una deuda. Otra forma de instrumentar la operación sería que un tercero especializado intermediase el crédito, adquiriendo la promesa de pago (hipoteca) y emitiendo a cambio sus propias promesas para entregarlas al acreedor, al vendedor de la casa.

Si la deuda del deudor original o la deuda del intermediario circulase hasta el punto de ser unidad de cuenta, la cancelación del crédito por la vía de recomprar la promesa es una forma muy práctica de operar, pues el valor de la deuda se actualizaría en tiempo real partiendo de su valor inicial (el precio de la casa en aquel momento) con respecto a todos los bienes de la economía, es decir, basta con tener una buena estimación del tipo de interés denominado en esa deuda para estructurar una operación de crédito.  La deuda de intermediarios especializados, los bancos, es ideal para este propósito siempre que exista la información suficiente sobre la calidad de sus créditos, es decir, de qué manera está respaldada la deuda del banco por la de sus deudores. No es necesario que los deudores dispongan de un bien concreto (por ejemplo oro), sino que dispongan de los bienes suficientes, sean cuales sean, para recomprar las deudas emitidas por los bancos y entregarlos para pagar compensarlas con sus propias deudas.  En este sentido la contabilidad, como siempre, es una herramienta fundamental del cálculo económico.  No es un mero trámite burocrático, sino el medio de información fundamental para que los agentes puedan valorar la deuda de un banco, la moneda que emiten.

Así es como la banca comercial crea y destruye la gran mayoría de los dólares en circulación.  No son deuda porque sean convertibles en dólares de la reserva federal, sino porque son el resultado de monetizar otras deudas, como la hipoteca de nuestro ejemplo.  Y de hecho la inmensa mayoría de los depósitos en dólares comerciales nunca se redimen por dólares de la Reserva Federal, sino que se utilizan para compensar deudas.  Es decir, el hipotecado tendrá que ir comprando depósitos en dólares en el mercado para entregarlos a su banco que los compensará contra la hipoteca.  Por tanto, si la redención casi nunca se ejecuta, cabe hacer la pregunta de si realmente es necesaria esa redimiblidad de los depósitos para el funcionamiento de la banca comercial.   

Para que esta forma de intermediar crédito sea posible, es impepinable que el banco se obligue a aceptar depósitos en dólares para cancelar la hipoteca.  Y esto tiene que ser así existan leyes de curso legal o no, de lo contrario nadie pediría un crédito a un banco que no se obligue a aceptar sus propios depósitos como pago, pues sería una tomadura de pelo.  Mucho ojo, aquí lo relevante no es que el depósito del banco sea medio de pago, sino que el deudor, al adquirir depósitos, está recomprando indirectamente su propia deuda con el objetivo de extinguirla.

Aquí la diferencia entre los títulos de propiedad del banco y los depósitos es clara. Yo no puedo exigir que el banco me acepte como pago sus títulos de propiedad (acciones del banco), pero si puedo exigir que me acepte sus depósitos. También puedo exigir llevarme el depósito a otro banco en cualquier momento, cosa que no tiene siquiera sentido plantear con los títulos de propiedad. Por eso los depósitos se clasifican contablemente como pasivo exigible o recursos ajenos del banco y los títulos de propiedad como recursos propios o pasivo no exigible (equity). Como podemos ver, hay muchas más cuestiones a considerar además de la redimibilidad para clasificar un instrumento emitido por el banco como un pasivo exigible u obligación. 

En mi opinión los dólares emitidos por los bancos comerciales son pasivos exigibles sean redimibles o no.  La redimibilidad junto con las leyes de curso legal ayudan a la fungibilidad de los depósitos de todos los bancos comerciales, es decir, para que todos los depósitos se valoren por su nominal y yo pueda utilizar el depósito del banco B para cancelar una hipoteca en el banco A.   Pero lo que caracteriza a una deuda no es que sea más o menos fungible, o que tenga un determinado valor o que éste sea más o menos estable, sino que se trate de un contrato que implique obligaciones para alguien, y obligarse a aceptar un instrumento para cancelar deudas es una obligación.

Ahora bien, es cierto que para que una deuda pueda utilizarse como moneda tiene que tener valor, y además tiene que ser razonablemente estable.  ¿Y si no hay redimibilidad como se consigue la estabilidad? Pues aplicando tipos de interés denominados en esa misma moneda y así ajustar su poder adquisitivo en el tiempo según sea necesario. 

De manera similar a como se descubrió el concepto de medio de intercambio a través de bienes con valor de uso (sal, ganado, etc) y una vez descubierto se inventaron bienes que servían únicamente como medios de intercambio sin que tuvieran ningún valor de uso, como los collectibles de Szabo, también llegó el momento en que se descubrió que una deuda ajustada por tipos de interés denominados en esa misma deuda puede circular como moneda sin necesidad de redimirse en otro bien externo como el oro, aunque ser previamente unidad de cuenta convertible evidentemente ayuda muchísimo en el proceso. Esta fue una transición larga por la que las compensaciones de deudas pagaderas en oro o plata (letras, billetes, depósitos, etc) se veía que claramente eran mucho más eficientes que hacer todos y cada uno de los pagos moviendo oro físico. Los pagos por compensación van cobrando más importancia tras la explosión en el comercio global que sigue a la revolución industrial y más aún con el desarrollo de las telecomunicaciones en el siglo XIX.  Y ya a lo largo del siglo XX se fue constatando por la vía de los hechos que las restricciones parciales de la convertibilidad en oro a determinados agentes, inicialmente los ciudadanos de a pie, no impedían que los pasivos bancarios siguieran circulando como moneda, pues la compensación era mecanismo suficiente.  Este proceso de restricción gradual de la convertibilidad culminó en 1971 cuando se restringió totalmente.  Quiero dejar claro que no estoy haciendo un juicio de valor de si esta restricción total fue positiva o no, simplemente lo describo y trato de explicar cómo funciona.

Y el sistema funciona porque los titulares de los depósitos bancarios exigirán un tipo de interés determinado en función de sus expectativas, y aquí están incluidos los propios bancos cuando se prestan unos a otros en el interbancario.  Los tipos de interés y la existencia de un mercado interbancario son suficientes para estabilizar el valor y para hacer fungibles los dólares.  Los tipos de interés son un benchmark externo más barato que el oro, pues al tratarse de un índice es mucho menos costoso de gestionar y no tiene los problemas de inflexibilidad y volatilidad del oro. Si bien es cierto que la convertibilidad en oro tiene la ventaja de otorgar mayor control a los acreedores, es decir, es un sistema que no requiere depositar tanta confianza en el sistema financiero.

La Reserva Federal opera de forma más limitada a lo que hemos descrito para los bancos comerciales, pues salvo en muy contadas ocasiones participa en la creación de nuevos dólares.  Por ejemplo, los famosos QE no son más que un traspaso hacia el balance de la reserva federal de dólares que ya crearon previamente los bancos comerciales.  

El sistema monetario no fluye de arriba hacia abajo en el sentido de que la Fed está en lo alto de la pirámide, crea dólares que inyecta en la economía y los agentes económicos los prestan a los bancos.  No, esa no es la realidad de su funcionamiento, los ciudadanos no pueden comprar dólares a la Fed ni tampoco tomarlos prestados. La causalidad es al revés.  Los agentes económicos crean deudas que los bancos monetizan, y la Fed es un banco de bancos, creado por los bancos, para coordinarse entre sí.  Incluso los tipos de interés que supuestamente “determina” la Fed se calculan partiendo de una media de los tipos a los que se prestan los bancos entre sí en el interbancario.  Es decir, no los determina la Fed de forma totalmente unilateral, sino el sistema financiero en su conjunto.  Los pasivos de la Fed como las reservas y los billetes son consecuencia de los depósitos bancarios, y estos a su vez son consecuencia del crédito que el mercado otorga a los bancos.

Centrar el foco en el billete físico de dólar, que es irredimible y no devenga interés, poniéndolo como si fuese el elemento inicial y final de la cadena me parece un argumento muy pobre por no ser realista. Ni los depósitos se crean en su mayoría depositando billetes, ni el destino final de los depósitos es acabar convertidos en billetes. Los billetes físicos de dólar son un epifenómeno dentro del sistema monetario que representan tan solo una fracción de los dólares en circulación, y que el mercado los utilice renunciando a los intereses, se justifica por su conveniencia para determinado tipo de transacciones y normalmente muy bajos volúmenes de atesoramiento.  Al contrario que en un patrón oro, no son la cosa final sobre la que descansan todos los depósitos, son simplemente un medio de representación más de la misma cosa, y esa cosa es una deuda del sistema financiero.

En mi opinión creo que debemos observar el dólar como un conjunto, y no como un flujo top-down inexistente, pues la evidencia nos muestra que es más bien todo lo contrario, un flujo bottom-up desde el mercado. Este conjunto se coordina gracias a los tipos de interés y a la observación por parte del mercado de que el sistema financiero en su conjunto aplica esos tipos de interés de forma inadecuada (i.e., desde 1971 hasta la estabilización de Volcker) o adecuada (i.e. estabilización de Volcker y años posteriores).  Tipos de interés por un lado y confianza en terceros por otro, ¿no suena eso a deuda? 

En el artículo de hoy me he limitado a un análisis práctico del funcionamiento actual del dólar, pero como estamos en tiempos de experimentación monetaria, se están planteando alternativas heterodoxas como la emisión directa por parte de los bancos centrales (Central Bank Digital Currencies o CBDC), stablecoins privadas y/o descentralizadas, y también tenemos casos como el banco central de Suiza o de Japón que tienen en su activo una cantidad significativa de instrumentos que no son de deuda como ETFs sobre acciones o incluso acciones directamente.  En los próximos artículos analizaré en un plano más teórico si la naturaleza de estas monedas podría considerarse distinta a la deuda. 

Contra la Ley Rider, en defensa del trabajador

A finales del pasado julio la plataforma de reparto de comida a domicilio Deliveroo anunciaba su marcha de España a falta de escasos días para que entrara en vigor la Ley Rider promovida por el Ministerio de Trabajo, dirigido por Yolanda Díaz. En la actualidad Deliveroo cuenta en España con más de 100 empleados contratados a tiempo completo y con más de 2.500 riders. Lo más probable es que la gran mayoría de integrantes de ambos grupos pasen, al menos en el corto plazo, a incrementar las cifras de desempleo en nuestro país. La empresa ha justificado su marcha de España en base a su falta de competitividad en el mercado nacional y al hecho de que sobreponerse a ello en las condiciones actuales requeriría una enorme inversión que no son capaces de acometer sin mermar recursos de otros mercados en los que opera bajo condiciones más favorables. 

Desde hace meses multitud de asociaciones de riders, como es el caso de la Asociación Profesional de Riders Autónomos (ARPA), han salido a la calle para manifestarse contra la ley de la Ministra Díaz, expresando su preocupación por el incremento de costes -muchas veces inasumible- y merma de flexibilidad que dicha ley supondrá para las empresas de reparto, lo que posiblemente contribuirá a causar mayores problemas laborales a muchos trabajadores del sector. 

Hace escasamente dos meses tuve la oportunidad de debatir en televisión, en el programa Playz de RTVE (ver aquí), sobre los efectos de la Ley Rider. No me llamó la atención ser el único de los cinco debatientes (siete, si contamos con los dos presentadores) que se mostrara contrario a la Ley Rider, sino el hecho de que todos ellos se mostraran tan inflexibles a debatir sobre los efectos de dicha Ley o rechazaran cualquier argumento económico en contra de esta haciendo una enmienda a la totalidad del sistema “capitalista explotador”. Es más, yo traté de mostrarme abierto a debatir con argumentos fácticos y a ser flexible en todo momento (siendo consciente de la ideología de los guionistas del programa en el que me hallaba).

Traté de explicar cómo una ley que regula -sin pensar en la transformación de la economía- un sector cuya demanda fluctúa por picos estacionales, diarios y horarios y en el cual sus trabajadores (riders) no quieren (por tener otro trabajo adicional por horas durante la mañana, por ejemplo) o no pueden dedicar ocho horas al día a un empleo que solo les ofrece trabajo durante determinadas horas (cuando hay demanda), simplemente redundaría en mayor rigidez, menor actividad y menor empleo en el sector. Aún así, en el programa (y fuera de cámaras) se me tachó de insensible, esclavista, explotador, etc. Ahora, cuando la Ley Rider entra en vigor, se comienzan a ver sus primeros tristes efectos, en la línea de lo que yo apuntaba que ocurriría tras la implementación de mayores rigideces en el sector y muy alejados de las predicciones de mis contertulios, asiduos al wishful thinking. 

Por ello, considero de gran relevancia destacar algunos de los principales aspectos de la Ley Rider y cuales podrían ser sus mayores efectos a corto y medio plazo. 

Para situarnos en contexto, veamos algunos de los principales cambios regulatorios que introduce la Ley Rider: 

• La ley reconoce a los repartidores de las plataformas digitales como asalariados, entendiendo que dichas plataformas dirigen y organizan directamente el trabajo de los repartidores, estableciendo sus condiciones a través de algoritmos, tratándose por tanto de empleados y no de trabajadores por cuenta ajena. 

• La ley obliga a las compañías a compartir con los sindicatos el funcionamiento de los algoritmos de las aplicaciones de reparto. Es decir, las empresas deben informar de los parámetros, instrucciones, funcionamiento interno, etc. de las aplicaciones a los sindicatos.

Aunque de manera extremadamente resumida, estos son los principales cambios regulatorios que establece la Ley Rider. Además, esta tendrá varios efectos indirectos sobre el sector, principalmente a causa del primero de los dos puntos, que fuerza a que las actuales empresas de reparto contraten como trabajador asalariado (y no como trabajador por cuenta ajena) a los repartidores en el ejercicio de su actividad actual. 

Estas medidas se han vendido por parte del Gobierno como un gran éxito en materia de derechos sociales y laborales, mientras la realidad es que el efecto más probable de dicha ley sea una sangría de empleos en el sector de los riders. Si las empresas han de mantener a todos sus repartidores en plantilla, esto hará que el volumen total de trabajo se concentre en un menor número de repartidores -aquellos con mayor disponibilidad horaria-, de modo que la demanda de empleo total en el sector se repartirá entre un menor número de personas, si contamos con que las horas de trabajo se mantendrán fijas (algo que no es seguro). Esto contribuirá a mejorar la situación laboral individual de algunos repartidores, quienes dispondrán de más horas de trabajo y una mayor remuneración, pero sin duda empeorará la situación de aquellos riders que utilizaban este trabajo como algo ocasional para completar sus ingresos o para complementar el sueldo de otro trabajo, quienes ahora verán sus ingresos mensuales mermados. 

Según una estimación de Adigital, tras la entrada en vigor de la Ley Rider, cerca del 80% de los riders actuales perderían su empleo, lo cual significaría que cerca de 23.000 personas perderían su empleo. La estimación de Adigital se basa en un caso similar al de España, el de Ginebra, donde en el año 2020 se aplicó una legislación similar, generando una notable perdida de empleo en el sector de los riders a causa de un mecanismo como el anteriormente comentado. 

Además, en este caso se está contando con que el nivel de demanda por los servicios ofertados por los riders de mantendría constante o incluso incrementaría, pero este no tiene por qué ser la situación, ya que existe la posibilidad de que el aumento de costes de reparto termine trasladándose al precio pagado por el consumidor y, por ende, reduciendo la demandad por estos bienes. Dicho aumento de costes, además, podría causar que determinados mercados -por ejemplo, por zona geográfica- dejen de ser rentables y, por lo tanto, la presencia de servicios de reparto e incluso su mera existencia en esos mercados se podrían ver afectados. Este sería el caso de municipios muy pequeños en los que el coste de mantener varios repartidores en plantilla sea superior a los ingresos derivados de operar en dicho mercado. En este sentido, Adigital estima que las empresas de reparto a través de apps dejarán de operar en poblaciones con menos de 100.000 habitantes. Todo ello, además, no solo afectaría negativamente a las empresas de reparto sino también a los restaurantes, tiendas, etc. cuya demanda depende, en parte, de aquellos pedidos que se realizan a través de aplicaciones como Deliveroo o Glovo. Al verse incrementados los costes de reparto, parte de esta demanda podría desvanecerse, afectando negativamente a los ingresos de bares, restaurantes y/o comercios. 

En definitiva, si realmente se pretende proteger al trabajador y, ante todo, su empleo, debemos oponernos a la Ley Rider por la tremenda ineficacia en la persecución de sus fines y los perniciosos efectos que esta ley tendrá sobre la vida de miles de riders. Tal y como expresé en su momento, lo más importante a la hora de analizar una política pública es no juzgarla por sus intenciones u objetivos, sino por sus efectos reales.

Scrip: Una alternativa privada a la moneda estatal

El scrip es un tipo de pagaré de misión privada comúnmente emitidos por empresas o particulares. El scrip suele tener una aceptación más delimitada y suele poder canjearse por especie de lo que el emisor produce. Los casos más frecuentes de uso de scrip son dentro de empresas o en comunidades con problemas de acceso a la moneda que funcionaba con dinero o bien por estar limitada o bien por encontrarse esta comunidad aislada. Ejemplos de empresas usando scrip con sus clientes lo vemos en parques de atracciones que emplean tokens, monedas propias que ellos se comprometen a aceptar. Un ejemplo de una forma de pago en scrip a los empleados sería a través de puntos canjeables por productos de la empresa. 

Por otro lado, vemos que la producción de scrip fue común durante varias de las crisis estadounidenses de finales del siglo XIX y principios del XX (Shafer and Sheehan 2013), en momentos donde la emisión de billetes estaba limitada. Durante la crisis del 1893, del 1907 y de 1914, los comerciantes con mejor reputación y que ofrecían servicios más utilizados creaban su propio scrip para la compra de sus mercancías. Estos pagarés sustituían a los billetes de bancos comerciales, escasos en la época—no por problema de la banca, sino por escasez artificial impuesta por regulaciones—. Los comerciantes se encargaron de facilitar los intercambios con sus monedas, trabajo que hubiesen realizado los bancos de no haber sido por la regulación que limitaba la emisión de billetes. Roberds (1990, 27) afirma que ‘‘la emisión de scrip durante las crisis representa fundamentalmente intentos de crear formas de dinero privado cuya aceptabilidad igualase la del efectivo, al menos  en la comunidad donde se emitiesen’’. Como sucede con la doctrina de las letras reales, si un comerciante emitía scrip por encima del valor de los bienes que lo respaldaban—aquellos que se podían canjear por este—el scrip circulará con un gran descuento o simplemente no será aceptado como medio de intercambio. 

Y vemos scrip empleado en comunidades aisladas(Timberlake 1987), donde este no surgía únicamente por la imposibilidad de obtención de nueva moneda, como era el caso del uso de este durante los largos viajes en barco o en ciertas comunidades mineras donde la compañía lo controlaba todo porque no había ningún asentamiento cerca, también podía emerger para facilitar el intercambio allá donde, aun entrando nueva moneda, lo hiciese con mayor lentitud de la demanda lo requiriese. Un ejemplo es el de los pueblos mineros de Virginia Occidental, en el cual las empresas mineras adelantaban parte del salario de los mineros en scrip de la compañía, que era bien aceptado en otras tiendas independientes de la compañía, para poder hacer frente a los pagos y a las necesidades de los trabajadores antes de vender el producto (Fishback 1986).

Uno de los ejemplos más curiosos de scrip es el de las monedas emitidas para uso dentro de las colonias de leprosos. Estas eran comunidades donde se enviaba a los leprosos a vivir juntos. Esta práctica se remonta a la Edad Media, donde órdenes monásticas se encargaban de cuidar de ellos, comúnmente en zonas remotas. Empezando a finales del siglo XIX hasta mediados del XX, se tiene registro de varios países asiáticos y suramericanos, como las Filipinas (Lannon 2017) o Colombia (Rodríguez Salazar and Arévalo Hernández 2017), donde las oficinas estatales de salud emitieron una moneda propia, un scrip, para esas zonas. Esta practica se originó por miedo a que las monedas pudieran transmitir la enfermedad, creencia que se comprobó errada posteriormente.

En uno de mis últimos artículos, propongo el uso de cripomonedas para mejorar las letras reales y que exista una coordinación a tiempo real entre el descuento de estas y el porcentaje o tiempo restante de producción del bien en su última fase antes de ponerse a la venta. Una implantación similar podría ser utilizada para cierto scrip, especialmente para un tipo que no he explicado anteriormente: el llamado stamp scrip. La forma original de este instrumento era el de un papel con cajas que de no ser selladas mensualmente con al menos el 1% del valor del billete, este perdería valor. Un ejemplo son los certificados de prosperidad que emitió el gobierno de Alberta en los años 30. El objetivo del stamp scrip es el de aumentar la velocidad del dinero e incentivar el consumo—o desincentivar el atesoramiento—. Este instrumento también fue empleado durante los años 30 en Alemania y Austria después del colapso de sus monedas (Monbiot 2015).

Las empresas podrían incentivar el consumo de sus productos mediante la creación de stamp scrip sujeto a un contrato inteligente que resultase beneficioso a los clientes comprar siempre y cuando lo utilizaran con cierta asiduidad o este iría caducando. Por ejemplo, El Corte Inglés podría ofrecer una promoción que por cada 100 sathosis tienes el equivalente a 120 sathosis en su moneda propia y por cada semana que no gastases dos, perderías uno. Los cálculos los podría llevar a cabo cada empresa y los clientes decidirían si aceptar el intercambio o no dependiendo del riesgo y su voluntad de atesorar. Este sistema también podría servir para pagar salarios, como propone Hoffman (2019), solo que perfeccionado mediante el uso de contratos inteligentes.

Referencias

Fishback, Price V. 1986. “Did Coal Miners ‘Owe Their Souls to the Company Store’? Theory and Evidence from the Early 1900s.” Journal of Economic History 46 (4): 1011–29.

Hoffman, Michael. 2019. Monetary Kaleidics. Independent.

Lannon, Donald. 2017. “Disinfect Before Handling: The Story of Culion Leper Colony and Its Coinage.” The California Numismatist 14 (2): 28–40.

Monbiot, George. 2015. “A Maverick Currency Scheme from the 1930s Could Save the Greek Economy.” The Guardian, February 17, 2015.

Roberds, William. 1990. “Lenders of the Next-to-Last Resort: Scrip Issue in Georgia during the Great Depression.” Economic Review.

Rodríguez Salazar, Oscar, and Décsi Arévalo Hernández. 2017. “Currency and Social Segregation, the Case of the Leper Colonies in Colombia.” Économie et Institutions 26.

Shafer, Neil, and Tom Sheehan. 2013. Panic Scrip of 1893, 1907 and 1914: An Illustrated Catalog of Emergency Monetary Issues. Jefferson, Estados Unidos: McFarland & Company, Inc., Publishers.

Timberlake, Richard H. 1987. “Private Production of Scrip-Money in the Isolated Community.” Journal of Money, Credit and Banking 19 (4): 437–47.

Defensa propia, sí, pero constitucional y moderada

Hace una semana un señor de 77 años oyó que alguien entraba en su finca de Ciudad Real. Es un sitio apartado, en un camino de tierra sin apenas iluminación. Así que hizo lo que muchas personas en su situación haríamos: coger su escopeta y salir a comprobar qué estaba pasando.

Lo que pasó después solo lo sabe él. Puede que al ver al intruso se pusiera nervioso y disparara sin más, o puede que tuviera más motivos para hacerlo. Lo cierto es que, por lo que se sabe, se limitó a defender su propiedad con los medios de los que disponía, en una situación real donde las circunstancias podrían cambiar rápidamente y, por tanto, ninguna decisión era fácil.

Lo que sí sabemos a ciencia cierta es que la policía llegó después a petición suya. No pudieron salvar la vida del presunto asaltante, y se llevaron detenido al propietario acusado de homicidio. Setenta y dos horas retenido en un calabozo de la Policía Nacional, para después ser puesto a disposición judicial y que la fiscalía y la juez consideraran que debe ir a prisión provisional sin fianza.

¿Por qué? Para empezar, hay que aclarar que en España no existe el derecho a la defensa de tu propiedad. No hablo de la defensa propia, que tampoco existe, sino de la mera defensa de algo que es tuyo. Por poner un ejemplo, si un carterista me intenta quitar la cartera sin usar la violencia, y yo para impedírselo sí la tengo que ejercer, el delincuente paso a ser yo. Con un matiz: si consigo hacerlo sin provocar lesiones al chorizo, entramos a jugar en el terreno gris de las faltas. Él ha cometido una falta al hurtar mi cartera, y yo otra al sacudirlo con la suficiente destreza de no provocarle una lesión: empate.

Pero en el mundo real a veces no se puede empatar. Y es ahí donde la legislación española va siempre en contra del ciudadano común y le echa una mano al delincuente profesional.

Esto no es ningún secreto en España. La sociedad lo tiene más o menos interiorizado de manera torpe y a veces simplona, pero el fondo del asunto lo tenemos todos claro. Así que cuando trasciende un caso como este, es lógico que todo el mundo asuma que el Estado va a pasar por encima del pobre señor de forma injusta.

Y es aquí donde entra la prensa y el mundo pseudointelectual vinculado al centro derecha. Personajes de todo tipo, pero que les une el irremediable deseo de diferenciarse de la plebe que forma el grueso de la derecha social, y al que su forma tosca de pensar les produce repelús. Por lo que el matiz del matiz y la cautela, cuando no directamente el silencio, son la receta para ver si la marea populista de derecha se puede encauzar.

Pero lo cierto es que con la información que tenemos ahora mismo, y salvo sorpresa mayúscula, el señor de Ciudad Real defendió su propiedad. Pudo hacerlo de forma desproporcionada (aceptando la terminología absurda imperante), pero el caso está bastante claro y no vas más allá. Entonces, ¿por qué está en la cárcel de forma preventiva? ¿Y por qué esperó setenta y dos horas la policía para ponerle delante de un juez?

En España, en teoría, solo vas a la cárcel de forma preventiva por tres motivos: riesgo de fuga, destrucción de pruebas o reiteración en el delito. No se cumple ni de lejos ninguna de las tres. ¿Por qué está en la cárcel?

La verdad, no lo sé. Pero solo me ocurren dos cosas: o hay algún indicio de que el muerto no era un asaltante, sino un conocido del detenido, o al pobre señor de 77 años le están aplicando el protocolo normal de cualquier homicidio por arma de fuego: ir a la cárcel hasta que la policía demuestre que no es tan culpable como podría serlo.

La primera opción, siendo posible, parece cada vez más improbable. Así que no queda más remedio que quedarse con la segunda. Un grupo de funcionarios del Estado; policías, fiscales y jueces, han decidido que lo más cómodo en este caso es que el señor vaya a la cárcel hasta que ellos puedan ver claro que las cosas son como parecen.

Hasta aquí nada nuevo. Seguramente muchas personas que no hayan tenido contacto directo con el funcionamiento de la justicia se sorprendan, pero el sistema funciona exactamente así. Si eres un don Nadie, y entras en una investigación penal donde no puedas demostrar ser inocente en cinco minutos de exposición ante el juez, vas a pasar por un rodillo donde el 90% de la gente que entra es culpable, y sete va a tratar como tal.

Eso no quiere decir que la justicia no funcione. Si eres inocente, puedes ser absuelto… unos meses más tarde. Pero de primeras, todo el sistema va a ponerse a funcionar por defecto, y un don Nadie por defecto es culpable.

Pero el problema no es este. El mundo real no es bonito, pero es como es, y no lo vamos a cambiar por una utopía sólo por desearlo. Aquí el verdadero problema es por qué este señor, que ya ha salido en todos los medios de comunicación, se le sigue tratando como si fuera Josua, el primo bipolar de la Mari, al que se le ha ido el dedo al gatillo al verse estafado por segunda vez al comprar un coche al hermano de su cuñado.

Al culpable ya lo he mencionado: la prensa e intelligentsia moderada conservadora. Centro derecha o centro centrado. Llamémosle como queramos, sabemos quiénes son. Cada vez que un individuo en este país se ve en una situación gris de autodefensa, ahí está el centrista para hacer mohines y decir no, no, no, esto no puede ser. No podemos ser populistas, así que dejemos que el sistema aplaste a este señor y pongámonos con temas más serios y rigurosos.

El culmen de este comportamiento lo tuvimos con el famoso caso del portero de discoteca que al enfrentarse con unos atracadores mató a uno de ellos. Solo por tocarle las narices a Vox, hicieron una excepción y no se limitaron a ignorar el caso, sino que tuvimos que ver a toda la prensa centroderechista echar pestes del pobre chico, al que solo se pedía ayudar con la indemnización a la que tenía que hacer frente.

Este comportamiento, que viene de muy lejos, es una señal muy clara a la derecha social: me importáis un pito, si algún día os pasa algo y tengo que ensuciarme la suela del zapato para ayudaros os voy a escupir encima.

Hasta ahora ha colado por la capacidad aplastante de estos sujetos de copar cada uno de los pocos medios de comunicación que no maneja directamente la izquierda. ¿Es esto sostenible? No, no lo es. Y este tipo de situaciones cada vez lo evidencian más, y contra más se tarde en corregir esta anomalía social, la reacción a la misma será más agresiva y perjudicial.

Populismo dirán muchos. Sí, puede ser. A la gente le gusta saber que, si algún día se ve en una situación complicada, va a tener a alguien detrás apoyándolo por compartir sistema moral, no a un conjunto de seres grises, pero bien relacionados, que les van a hablar de la importancia de conceptos abstractos, y lo vital que es para todos sacrificar de vez en cuando a un pobre ser anónimo en la hoguera de la civilización moderada, democrática y constitucional.

¿Tipos de interés presos, efectivo sentenciado, confianza ciega de los particulares?

Apuntan desde las autodenominadas nuevas fuerzas del cambio a la desaparición gradual del efectivo en manos del público[1].

Entre los determinantes de la Oferta Monetaria, el dinero fiduciario que circula, con la reserva fraccionaria[2], la fracción de efectivo sobre depósitos, e = (Efectivo en manos del, público (EMP) / Depósitos bancarios (D) ), es un factor  en mano de los particulares que les da cierto protagonismo en la graduación de la intensidad del multiplicador monetario. Otros instrumentos o factores son los Coeficientes obligatorios de caja en manos del Banco Central Europeo (BCE), los coeficientes voluntarios en manos de las entidades financieras (bancos y cajas) y los cambios de la Base Monetaria (BM), mediante la creación de monedas y billetes o mediante operaciones de compraventa de mercado abierto. Los coeficientes conforman la fracción de los Activos de Caja (AC) sobre los Depósitos, (AC/D), existentes como eventual “salvaguarda’ de suficiencia de tesorería, dinero en las cajas bancarias, para que no cunda el pánico ante demandas de retirada de dinero por cualquiera de los motivos: transaccional, especulativo o precaucional por parte de los depositantes. Particulares, bancos y BCE, por tanto, tenemos protagonismo en la Oferta Monetaria.

No son sólo el BCE y los bancos los protagonistas en la Oferta Monetaria. Pues la Oferta Monetaria, el dinero que circula, resulta, en contextos donde opera la reserva fraccionaria, del producto entre el multiplicador monetario y el dinero legal (Base Monetaria) creado por el BCE.  Conformando su pasivo, la Base Monetaria, la suma del Efectivo en manos del público y los Activos de Caja, BM = EMP + AC. Una expresión simple del multiplicador monetario es: (e + 1) / (e + Coeficiente Caja). Si los particulares, decidiéramos subir (e),  crecería  la tenencia de efectivo y mermaría el peso de los depósitos debilitando ello el proceso dinámico de expansión múltiple de depósitos y de créditos[3] y, por tanto, circularía menos dinero, menor Oferta Monetaria. Igualmente, si el BCE o los bancos decidieran aumentar los coeficientes de caja mermaría la Oferta Monetaria. Si las decisiones fueran al contrario la oferta monetaria crecería.

La definición del dinero, como ” medio de pago generalmente aceptado’, como ‘depósito de valor’ y como ‘unidad de cuenta’ , en un sistema crediticio ampliado con Autoridad Monetaria (BCE), Bancos y ‘Cajas’ ya no es solo ‘el dinero legal’ creado por el BCE como Base monetaria; dinero es todo el Efectivo y los Depósitos generados por los procesos de expansión múltiple solo sustentados desde la confianza que exista en el dinero fiat (fiduciario, pues no hay aval real al pasivo del BCE, la Base Monetaria. El valor real efectivo del activo no avala ni sustenta al pasivo). ¡La confianza! ¡qué cosa tan buena y tan frágil! En casos de desconfianza total bien 1) porque los particulares no opten por depósitos en los bancos sino por efectivo en ‘casa’, o bien 2) porque los coeficientes de caja se eleven a tope, al 100%, en tales casos de total desconfianza por parte de la gente o bien por parte de la propia Autoridad Monetaria, el multiplicador monetario sería 1 y entonces Base Monetaria y Oferta Monetaria coincidirían y la reserva fraccionaria no tendría efecto. Los particulares pueden manifestar su desconfianza en el sistema crediticio ampliado con un cierto grado de libertad modificando e = EMP/D y la Autoridad Monetaria y los bancos también podrían reservarse la posibilidad de manifestar su nivel de desconfianza modificando motu proprio los respectivos coeficientes de caja. 

Las consignas políticas apuntadas por el PSOE y Podemos a los parlamentos sugiriendo intervenciones financieras pretendiendo forzar la desaparición del efectivo en manos del público (particulares) quita protagonismo a los particulares en la Oferta Monetaria y esta pretensión sería, creo, todo un atrevimiento que podría ser muy peligroso al cancelarse por esta vía la eventual reacción de los particulares ante situaciones de desconfianza e incertidumbre en el sistema financiero[4]. Esto es una pretensión peligrosa con eventuales efectos negativos sobre las defensas requeridas para el sostenimiento del mismo sistema financiero. Puede ser una tentación de dominancia en el control por la Autoridad Monetaria y los bancos sobre la oferta Monetaria para sujetar la inflación con ortodoxia monetaria o también puede ser una histórica tentación de control fiscal de la totalidad de las operaciones financieras. Efectivamente ello tiene su recorrido.

Pero el verdadero peligro donde quiero centrarme reside en que haya connivencia entre gobiernos intervencionistas que expanden los gastos y déficits públicos recurriendo a endeudamientos financiados por la compra del BCE de activos financieros y deudas soberanas a tipos de interés bajísimos por “trampa de liquidez”. Situación patológica, estudiada por el análisis económico, convertida en crónica y hasta deseada por los Estados mientras no se atisbe inflación en el horizonte. Estos bajos tipos de interés disuaden el ahorro, de ahí su peligro. La cuestión es[5]: ¿hay trampa de la liquidez porque los tipos de interés son bajos y la preferencia por la liquidez[6]opera? o, en cambio ¿los tipos de interés son artificialmente bajos propiciados por tal connivencia entre la Autoridad Monetaria, BCE, responsable de las políticas monetarias expandiendo Base Monetaria comprando deudas soberanas, y los Estados irresponsables en sus políticas crónicas, fiscales y presupuestaria, con recurrente vicio adictivo al endeudamiento?[7]

José Manuel González Pérez, ULL.

Referencias bibliográficas:

https://elpais.com/economia/2020-06-12/el-psoe-pide-en-el-congreso-eliminar-el-dinero-en-efectivo-de-forma-gradual.html.

https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10158565558461926&id=63830851925
https://www.facebook.com/JuanRamonRallo/videos/404703997493613/ Sobre la condonación de deuda pública.

Herce José Antonio (2021), “De Tasa y tipos”. Véase blog ¡Viva la libertad y el desestanco!  https://www.jaherce.com/ 

Véase José Antonio Herce (2020) https://twitter.com/_herce/status/1271795716596301824 tweet 13.6

Herce José Antonio (2021) Tweet 6.7.

Rallo Juan Manuel (2020) “¿Por qué quieren eliminar el efectivo?” en YouTube, junio
https://youtu.be/QkTaLIqPA1o

https://www.elconfidencial.com/mercados/2021-07-10/el-bce-acapara-un-30-de-la-deuda-espanola-mientras-el-inversor-internacional-se-repliega_3175084/

https://www.expansion.com/economia/2020/02/16/5e4910b1468aebae218b45d1.html Sobre endeudamiento privado.

https://economipedia.com/definiciones/trampa-de-liquidez.html Sobre trampa de la liquidez.

González Pérez José Manuel (2005). Economía política, participación e interdependencia. Ed. GEU, Granada.

González Pérez José Manuel (2021), ¿Endeudarse cuánto? El dilema en la visión macroeconómica.  ¿Padecemos o provocamos la trampa de la liquidez? Artículo aceptado en las XIII Jornadas de Docencia en Economía (JDE). Alicante. Septiembre.

Eva Ugarte, Josefina León y Gilberto Parra (2017) LA TRAMPA DE LIQUIDEZ, HISTORIA Y TENDENCIAS DE INVESTIGACIÓN: UN ANÁLISIS BIBLIOMÉTRICO.   

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0301703617300329 donde presentan el siguiente anexo: 

Los 12 artículos más citados sobre la trampa de liquidez

Autor(es)TítuloAñoCitas
Krugman, P.R.It’s baaack: Japan’s Slump and The Return of the Liquidity Trap.1998354
Christiano, L., Eichenbaum, M. & Rebelo, S.When is The Government spending Multiplier Large?2011208
Gertler, M. & Karadi, P.A Model of Unconventional Monetary Policy.2011205
Benhabib, J., Schmitt-Grohé, S. & Uribe, M.The Perils of Taylor Rules.2001168
Eggertsson, G.B. & Krugman, P.Debt, deleveraging, and The Liquidity Trap: A Fisher-Minsky-Koo Approach.2012138
Woodford, M.Simple Analytics of The Government Expenditure Multiplier.2011134
Svensson, L.E.O.Escaping from A Liquidity Trap and Deflation: The Foolproof Way and Others.2003109
Benhabib J., Schmitt-Grohé S. & Uribe M.Avoiding Liquidity Traps.200294
Hamilton, J.D. & Wu, J.C.The Effectiveness of Alternative Monetary Policy Tools in a Zero Lower Bound Environment.201274
Adam, K. & Billi, R.M.Optimal Monetary Policy under Commitment with A Zero Bound on Nominal Interest Rates.200668
Orphanides, A. & Wieland, V.Efficient Monetary Policy Design near Price Stability.200065
Cúrdia, V. & Woodford, M.The Central-bank Balance Sheet As An Instrument of Monetary Policy.201157

[1] Véase: https://elpais.com/economia/2020-06-12/el-psoe-pide-en-el-congreso-eliminar-el-dinero-en-efectivo-de-forma-gradual.html.

Véase:https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10158565558461926&id=63830851925

Véase JM Rallo (2020): “¿Por qué quieren eliminar el efectivo?” en YouTube. Junio

[2] Véase Antonio España (2011)  Monetae Mutatione; https://blogs.elconfidencial.com/economia/monetae-mutatione/2011-10-04/acabemos-con-la-reserva-fraccionaria_437706/

[3] Véase González Pérez J.M. (2005) págs. 155-168. Consecuencias del sistema crediticio ampliado. Los procesos de expansión múltiple de créditos y depósitos se demuestran mediante la suma de los términos de una progresión geométrica.

[4] Hay también opiniones al margen del psoe y de podemos que apuntan a atenuar la verosimilitud de peligro por pérdida de libertad apelando a la rectitud.

Véase José Antonio Herce (2020)

https://twitter.com/_herce/status/1271795716596301824 tweet 13.6: “El verdadero último reducto de la libertad individual no es el dinero en efectivo. Es algo mucho más valioso e intangible: la rectitud. El dinero en efectivo solo es un medio de cambio y, como bien sabes, se usa para cambios degradantes, justamente aprovechando que no deja traza”. También véase José Antonio Herce (2021), “De Tasa y tipos”. Véase blog ¡Viva la libertad y el desestanco!  https://www.jaherce.com/ .

¡La Rectitud! y ¡La Confianza! Sin duda, ¡qué cosas más deseadas junto con La Libertad! La rectitud, la confianza y la libertad no creo se deban presuponer. Más bien son atributos que cuesta mucho alcanzar y, en cambio, con cuánta facilidad se pierden. La rectitud de las conductas son siempre un aspecto de calado en el fortalecimiento de la confianza mutua entre agentes económicos y de apelarse a ella como valor no conviene ser asimétrico en las exigencias entre las conductas del sector privado y las del sector público. La falta de rectitud suele ser descontada en la toma de decisiones y acuerdos en intercambios voluntarios de los mercados reales y financieros. “Cambios degradantes” públicos generadores de despilfarro con cargo a endeudamiento continuo y creciente financiándose los hay con evidencia. En este artículo me he alejado de estas disquisiciones de interés y he intentado ceñirme a la formalización simple del protagonismo de los particulares como determinante de la oferta monetaria mediante sus decisiones de mantener efectivo sobre depósitos. Esta opción que permite apreciar el eventual grado de confianza depositada en el sistema crediticio ampliado (BCE, Bancos y Cajas) es crucial cuidarla por el bien del propio sistema crediticio y de los agentes económicos.

[5] Cuestiones que también se plantean en González Pérez J.M. (2021) en la JDE, Alicante, septiembre de 2021.

[6] Hipersensibilidad de los demandantes de dinero a los tipos de interés, la demanda de dinero se ajusta con inmediatez a la oferta monetaria.

[7] Véase Daniel Rodríguez Asensio (2021) “Los dos errores del golpe de timón del Banco Central Europeo”. Libre Mercado. “Era cuestión de tiempo que el Banco Central Europeo moviera ficha. Lo hizo la Reserva Federal hace unas semanas y Europa no se podía quedar atrás. Porque para quienes viven del intervencionismo monetario sólo habrá una solución para los problemas sea cual sea su naturaleza: intervenir. El movimiento del BCE es claro. Ha hecho el primer cambio en la estrategia de política monetaria desde 2003 para no tener que recurrir a algo impopular y que cada vez se hace más peligroso: retirar los estímulos. Concretamente, ha cambiado su objetivo fundamental (mantener la inflación en niveles cercanos, aunque por debajo¸ del 2%), y ha establecido el objetivo del 2%, permitiendo fluctuaciones al alza o a la baja transitorias. O, dicho de otra manera, ante el más que previsible repunte en la inflación durante este año (el consenso de analistas ya está en el 3% y subiendo), el BCE se asegura la capacidad de seguir manteniendo los programas de compra de activos y la capacidad de no tener que subir los tipos de interés”.

https://www.libremercado.com/2021-07-11/daniel-rodriguez-asensio-errores-banco-central-europeo-inflacion–6799510/

Mantener las reglas del juego, sí… salvo que sean incorrectas

Se ha señalado insistentemente que cada gobierno que llega lo hace con su propio libreto, cambiando las reglas de juego e impidiendo que las cosas resulten bien. Se reclama que las reglas de juego deben ser estables. ¿Quién puede oponerse a este principio? Yo personalmente lo acepto, pero con una variante. No debemos sostener siempre las mismas reglas de juego, cualesquiera sean esas reglas. Debemos mantener el marco de reglas estable, siempre que las reglas sean las correctas.

Piense el lector por ejemplo en Cuba, una economía socialista que por más de medio siglo mantuvo las mismas reglas de juego, sin propiedad privada, sin elecciones, aislados del mundo. Esas reglas sólo llevan a la miseria. Cuba debe cambiar.Analizaré en esta nota el ejemplo de Argentina, país que inició un camino en 2003 que terminó con la abundante inversión extranjera directa de los años 1990, también con la estabilidad monetaria, retomó el sistema de reparto, volvieron los controles sobre los precios y sobre el tipo de cambio, se expandieron los planes y programas sociales, así como los subsidios a quienes lo necesitan y también a quienes no lo necesitan. Todo esto claramente debe cambiar.

Argentina necesita un marco de reglas con equilibrios macroeconómicos, partiendo por el equilibrio fiscal, lo que requiere de tres reformas fundamentales:

1.       Por el lado de los ingresos, una reforma tributaria, para que se simplifique la estructura tributaria, pero también para que se reduzca la presión tributaria. Más de 170 impuestos en los tres niveles de gobierno evitan que las empresas puedan generar actividad y empleo. Me parece que aplica aquí el concepto de la Curva de Laffer, donde desmantelando más de un centenar de impuestos, la Argentina podría incluso mejorar su recaduación.

2.       Reforma integral del estado, lo que implica revisar los presupuestos y reducir la órbita del estado, en línea con el principio de subsidiariedad. El estado sólo debe hacer aquello que el sector privado no puede hacer. Hay mucho de lo que el estado hoy hace que podría ser administrado parcial o totalmente por el mercado, y con ello tendríamos mejores resultados y a menor costo. El sector privado ha probado ser mucho más eficiente que el sector público. Sólo cuando podamos recuperar el funcionamiento del mercado, podremos visualizar qué rol cabe para el estado en su objetivo de inclusión. El presupuesto base cero ha sido una buena herramienta para reestructurar empresas cuya solvencia estaba comprometida y también para algunos estados fallidos.

3.       Reforma previsional, partiendo de un sistema de reparto quebrado, con la intención de recuperar ingresos dignos para la población pasiva, y al mismo tiempo con la intención de reducir la principal partida de gasto. El principal desafío aquí es definir una transición para un problema estructural que no puede seguir siendo ignorado.

Con estas tres reformas podrá alcanzarse el equilibrio fiscal y sólo mediante ellas la autoridad monetaria podrá abandonar la monetización del déficit público. Eso podrá evitar seguir inflando la economía con nuevas emisiones de dinero, pero aun queda pendiente resolver el enorme desequilibrio monetario hoy existente en las llamadas Leliqs. Aquí viene la cuarta reforma.

4.       Reforma monetaria y bancaria. Argentina necesita plantear una reforma que permita recuperar una moneda sólida, sea a través de la dolarización, o bien a través de reglas monetarias que pueda aplicar el BCRA. Un ejemplo de esto es prohibir a la autoridad monetaria acceder a comprar bonos del gobierno. Numerosos países han alcanzado el equilibrio fiscal bajo esa regla. Algunos economistas pensamos que esas reglas sólo se cumplirían transitoriamente, y por ello sugerimos que la dolarización es una solución más definitiva, en la medida que termina con el BCRA. Con Nicolás Cachanosky hemos propuesto una reforma de dolarización flexible que resuelve el problema del desequilibrio monetario, atendiendo también la dificultad de los pasivos monetarios. La propuesta permitiría alcanzar rápidamente estabilidad monetaria, reducir las tasas de interés nominales y reales, y con ello generando una rápida mejora en la actividad económica y el empleo.

Finalmente, es necesario atender el desequilibrio cambiario, con un cepo muy duro para adquirir divisas, eliminando la discrecionalidad en su manejo, terminando con el atraso cambiario y también con el cuello de botella que hoy enfrentan las empresas que necesitan divisas.

5.       Una reforma cambiaria, debe encarar todos estos frentes, empezando por levantar el cepo y permitir que el mercado descubra cual es el valor del dólar, de acuerdo demanda por un lado, y su escasez por el otro. Una vez definida ese valor, reconociendo el lugar en el que estamos, Argentina podrá encarar la dolarización a una definida tasa de conversión, o bien una nueva convertibilidad (que no lo considero deseable), o bien una política monetaria con metas estrictas. Esa reforma debería resolver el atraso cambiario, a partir de lo cual Argentina podría emprender un nuevo camino de crecimiento.

Por supuesto hay otros frentes, otras reformas urgentes como la reforma laboral para alcanzar una mayor flexibilidad que beneficie a los trabajadores para obtener oportunidades de empleo, además del frente institucional, donde la inseguridad jurídica, la burocracia, la corrupción sean modificadas en favor de la independencia judicial y más transparencia. Pero me parece que sólo entonces, una vez que estas reformas se haya practicado y que hayan resultado en equilibrios simultáneos en el frente fiscal, monetario y cambiario, que entonces sí podemos sugerir que las reglas de juego sean estables.

Ahorro y capitalización: Los sistemas de cuentas nocionales

A lo largo de la historia, muchos autores han escrito sobre la importancia del ahorro a la hora de generar riqueza. Si bien desde el punto de vista de la escuela austriaca, ese ahorro debía ser individual. Y es que la escuela austriaca no se ha ahorrado críticas a la forma forzosa en que los gobiernos sustraen parte de la renta de los ciudadanos con el argumento de un fin superior. El economista y premio Nobel (1974) Friedrich Hayek en su libro Camino de servidumbre (1944), argumentaba que el titular del poder coercitivo (el Estado), debía limitarse a generar unas condiciones en las que el conocimiento e iniciativa individual pudieran planificarse con mayor éxito y que los “fines sociales” que vendía el estado, eran idénticos a los fines individuales y cuyos individuos estarían dispuestos a contribuir de forma voluntaria e individual. Igualmente Mises, en La acción humana (1949), defiende la libertad y la responsabilidad de cada uno con sus acciones, frente a totalitarismos, planificadores y el Estado.

Es por todo esto por lo que consideramos que la idea de los sistemas de cuentas nocionales, donde cada individuo ahorra y capitaliza su ahorro, se amoldan inmejorablemente a las ideas austriacas.

La capitalización del ahorro que mencionamos es muy ventajosa cara a aumentar la riqueza de nuestra sociedad. A más ahorro capitalizado, se dispondrá de más capital para invertir. A mayor inversión mayor productividad de los distintos agentes económicos, lo que generará mayor renta y capacidad de ahorro, entrando así en el conocido como círculo virtuoso de la prosperidad, donde más ahorro lleva a más inversión, más inversión lleva a más renta, más renta a más ahorro…

Dos de los problemas más generalizados en las distintas economías occidentales, que reducen o dificultan la capacidad de ahorro de nuestra sociedad, son las rigideces en el mercado de trabajo, que provocan altas tasas de desempleo y de temporalidad. Y la más que dudosa viabilidad en el largo plazo de los sistemas públicos de pensiones.

Si atendemos primero al problema del mercado de trabajo, y nos centramos en la Unión Europea, observamos como si bien algunas reformas como la introducción de los llamados mini jobs en Alemania o la reforma laboral del 2012 en España han reducido la rigidez de sus distintos mercados de trabajo, aún existen grandes problemas, como la existencia de múltiples tipos de contratos, o el aumento de los costes de contratación, que están dañando seriamente las distintas economías de la unión.

Como hemos mencionado antes, el segundo gran problema al que tenemos que hacer frente, es la cada vez mayor dificultad para pagar las pensiones públicas lo que está haciendo que se ponga en tela de juicio su viabilidad futura. Y es que, el aumento de la esperanza de vida y por tanto de los años que se disfruta de la pensión, el aumento de la cuantía de las pensiones, la baja natalidad y con ello es escaso remplazo generacional, así como la cada vez menor proporción de trabajadores por cada pensionista, ha hecho que los sistemas públicos de pensiones se estén acercando si no lo están ya, a la quiebra.

A esta más que dudosa viabilidad de los sistemas de pensiones de reparto a largo plazo, hay que añadirle que estos impiden el ahorro y posterior capitalización de dicho ahorro, por parte de los trabajadores, para su futuro patrimonio con el que poder vivir durante su jubilación. El Estado, al extraer una parte importante de la renta de los trabajadores (entorno a un 30% en España), dificulta en gran medida que estos puedan ahorrar. Así lo diagnosticó el profesor Jesús Huerta de Soto, cuando hablaba de los problemas técnicos de estos sistemas, en su libro Ahorro y previsión en el seguro de vida (2007): “El sistema financiero de reparto, en el que se basa la financiación de la seguridad social, disminuye sustancialmente el ahorro global del país”.

Para solucionar estos problemas e impulsar el ahorro, son muchos los países los que han puesto en funcionamiento, variando sus condiciones para adaptarse a las características de la economía y su país, los novedosos sistemas de cuentas nocionales. Austria, Suecia, Chile o Italia son ejemplos de países en los que estos sistemas están funcionando en la actualidad. Sobre estos sistemas, podemos hacer una distinción entre los que están enfocados al mercado de trabajo y los que lo hacen en el sistema de pensiones.

La famosa “Mochila austriaca”, es un ejemplo del primer caso, que se ha puesto en práctica en Austria, entrando en vigor el 1 de enero del año 2003 tras un pacto social. Mediante este sistema, el empresario no tendrá que pagar una indemnización en el momento del despido, sino que tendrá la obligación de abonar cada año a cada trabajador un 1,35% (lo que serían 5-6 días) de su salario bruto, a partir del segundo mes de trabajo, a una cuenta de ahorros individual, independiente y externa al empresario. La entidad gestora de esos fondos será elegida entre el empresario y el trabajador. Esta reforma tiene muchas ventajas, como son las flexibilizar el mercado de trabajo, favorecer la contratación, además con ella desaparece la dualidad; trabajador indefinido-trabajador temporal. Incentiva la movilidad voluntaria, al poder llevarte tu mochila contigo, en vez de perder tu antigua indemnización si te cambiabas de empresa como sucedía antes. La otra gran ventaja de este modelo es que crea un fondo de capitalización por el cual los trabajadores adquieren una rentabilidad y además fomenta su ahorro. Todo esto hace que, si durante su vida laboral no han estado durante demasiado tiempo en desempleo y viviendo del dinero de la mochila, cuando llegue el final de su vida laboral, puedan contar con este dinero como complemento a su pensión, ya sea pública o privada. Atendiendo a los datos históricos y comparándolos con los datos de la UE, está reforma habría ayudado a contener el aumento del paro durante las distintas recesiones que se han vivido desde que se aplicó.

Si ahora buscamos un sistema de cuentas nocionales que afecte al sistema de pensiones, tenemos el sistema sueco, que sigue siendo en última instancia, de reparto. Pero la diferencia, es que lo que cotiza cada trabajador se contabiliza en una cuenta individual, cuyo valor se actualiza según unas distintas variables.  De esta forma, cuando el trabajador llega al final de su vida laboral, su pensión será igual a esa cuenta dividida entre la esperanza de vida que se estime en ese momento. Por lo tanto, si el pensionista falleciese antes de ese periodo estimado, el dinero restante que no habría llegado a recibir volvería al sistema, para pagar pensiones mínimas a los pensionistas que sobrepasasen esa esperanza de vida. Este sistema no cambia que los trabajadores de hoy pagan las pensiones a los pensionistas actuales, pero si cambia la forma de calcularlas. Bajo el lema <<una corona de aportación, una corona de pensión>> es más justo y transparente que los otros sistemas públicos de pensiones a los que estamos acostumbrados, ya que cada trabajador acumula sus cotizaciones y cada pensionista cobra lo aportado durante su vida laboral. Lo que acaba haciendo de este sistema, un sistema de pensiones más sostenible en el largo plazo. Estas cotizaciones, corresponden al 18, 5% del salario bruto, ya que el 16% va directamente al sistema de pensiones, y el 2,5% restante se puede invertir en planes de pensiones privados

En conclusión, podríamos decir que estos distintos sistemas de cuentas nocionales podrían ayudar a incrementar la cada vez más en declive tasa de ahorro de nuestra sociedad, al ser capaz reducir el desempleo, liberalizando el mercando laboral si se aplica sobre este, o al permitir capitalizar hasta la jubilación, el ahorro existente, así como hacerlo de una forma más transparente y lo más importante, viable en el largo plazo, en caso de aplicarse sobre el sistema de pensiones.

Referencias: