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Argentina como pésimo ejemplo

Al grito de "¡Argentina, Argentina!", en diciembre de 2001 el Congreso de la República Austral decretó la suspensión de pagos. Más de cien mil millones de deuda exterior impagada. Hasta ese momento, el mayor default de la historia. Excluida de los mercados de capitales internacionales, Buenos Aires se vio forzada a renegociar con sus acreedores para intentar recuperar una diminuta parte de su maltrecha credibilidad: en 2005 ofertó a los bonistas impagados un primer canje de obligaciones que llevaba implícito una quita del 65% y que fue aceptada por el 80% de los inversores; en 2010 realizó una nueva oferta de canje con una quita del 66%, y en ella entraron alrededor del 12% de los afectados.

Al final, pues, apenas el 7% de los acreedores se negó a pasar por las horcas caudinas del Gobierno argentino: son los holdouts (técnicamente:los que se quedan fuera del acuerdo). En su lugar, optaron por recurrir a la justicia, esperando obtener una resolución favorable, o por vender sus bonos a otros inversores con más tiempo, estómago y dinero para seguir la larguísima y complicadísima vía judicial. Ahí es donde entran los famosos fondos buitre: inversores de algo riesgo que adquieren pasivos de deudores insolventes con la esperanza de recuperar una parte del capital adeudado. En este caso, compraron los títulos de algunos holdoutscon la esperanza de cobrarlos denunciando al Gobierno argentino ante los tribunales de medio mundo: la justicia belga falló en contra de losfondos buitre, también la alemana; pero la estadounidense, de la mano del juez Thomas Griesa, les dio la razón en 2012, permitiéndoles resarcirse mediante la apropiación de los activos del Estado argentino en suelo estadounidense.

Buenos Aires recurrió la sentencia ante la Corte Suprema de los EEUU, logrando paralizar cautelarmente su aplicabilidad (stay); pero el pasado 16 de junio la Corte rechazó la apelación argentina, permitiendo así a los fondos demandantes acudir a cualquier juzgado estadounidense a reclamar la congelación de los activos del Estado argentino con el objetivo de cobrarse los 1.500 millones de dólares adeudados. 

Sucede que entre los activos congelados se halla el dinero que el Gobierno argentino debe abonar a los bonistas que sí entraron en los canjes de 2005 y 2010 y que se hallan bajo jurisdicción estadounidense (en concreto, 539 millones de dólares): mientras ese capital esté congelado (y sujeto al resarcimiento de los fondos buitres), el Gobierno argentino no puede cumplir con sus obligaciones frente a los bonistas del canje. Este 30 de julio expiraba el plazo para pagarles 539 millones de dólares, y Argentina no pagó. Es decir, Argentina ya ha entrado endefault selectivo (selectivo porque sólo afecta a los bonistas bajo legislación estadounidense).

La cuestión, claro, es por qué el Gobierno argentino se niega a desbloquear todo este embrollo abonando a los fondos buitre los mentados 1.500 millones de dólares que se les adeudan. Y aquí las interpretaciones son variadas. Por un lado, Buenos Aires alega que si paga esos 1.500 millones de dólares se activarán las cláusulas RUFO (Rights Upon Future Offers) contenidas en los acuerdos de canje de 2005 y 2010: estas cláusulas implican que si el Gobierno mejora las condiciones del canje para los holdouts, todos los que participaron en el canje pueden beneficiarse de esas mejores condiciones. En la práctica, pues, la activación de las cláusulas RUFO implicaría revertir el default de 2001, lo que forzaría a Argentina a pagar íntegramente toda su deuda exterior vigente en aquel momento, más los correspondientes intereses (más de 100.000 millones de dólares). Las cláusulas RUFO expiran el 1 de enero de 2015, y por eso el Gabinete Kirchner pide prolongar la suspensión cautelar de la sentencia (el stay) hasta entonces (momento en el que ya podría renegociar con los fondos buitre sin que se activen las cláusulas RUFO).

Por otro lado, las excusas del Gobierno argentino adolecen de un problema fundamental: las cláusulas RUFO sólo se activan en caso de que la oferta de mejora a los holdouts sea una oferta voluntaria por parte de Buenos Aires. En este caso no estamos hablando de una oferta voluntaria, sino de un cumplimiento coercitivo de una sentencia judicial, por lo que las cláusulas RUFO no se activarían.

¿Por qué entonces el Ejecutivo argentino no se limita a cumplir la sentencia? Porque, en tal caso, todos los otros holdouts que no le han demandado procederían a hacerlo, con lo que Buenos Aires se vería obligado a abonar no 1.500 millones de dólares, sino alrededor de 15.000 (dicho de otro modo: todos los que no entraron en los canjes de 2005 y 2010 recuperarían la totalidad del dinero invertido más los correspondientes intereses). De ahí que, en contra de lo afirmado, el Gobierno argentino muy probablemente tampoco tenga intención alguna de pagar en 2015: el nuevo stay que está reclamando es sólo una estratagema para ganar tiempo y trampear algún tipo de solución.

¿Qué solución? Pues no está muy claro. Por un lado, el Gobierno Kirchner está intentando convencer a los bancos argentinos de que compren los bonos a los fondos buitre por 1.500 millones de dólares, para después renegociar voluntariamente con sus bancos a partir de 2015 (momento en el que habrán expirado las cláusulas RUFO). Por otro, podría intentar forzar un cambio de jurisdicción (desde EEUU a Argentina) por parte de todos los bonistas que participaron en el canje, pues una vez bajo la jurisdicción argentina podría incumplir la sentencia de Griesa sin demasiadas consecuencias (el problema es que el cambio involuntario de jurisdicción sería entendido como un default por las agencias de calificación). Y, por último, sigue negociando y amenazando bajo cuerda a los fondos buitre para que acepten sumarse a las condiciones del canje de 2005 y 2010: si os sumáis al canje, ganaréis algo de dinero; si no os sumáis, no cobraréis nunca. Veremos qué artimaña ingenia finalmente el Ejecutivo argentino para no pagar y minimizar los destrozos en su credibilidad exterior.

En todo caso, hay dos asuntos que sí deberían quedar claros. Primero, cuanto más tiempo se prolongue la situación de impago selectivo, tanto más se desmoronará la credibilidad de Argentina y tanto más tardará en regresar a los mercados internacionales. Ahora mismo, la imagen que está transmitiendo Buenos Aires es la de un Ejecutivo bandido que prefiere llevar su país al default antes que cumplir con las resoluciones de unos tribunales a los que voluntariamente se sometió (pues la deuda en cuestión la emitieron bajo la jurisdicción estadounidense).

Segundo, en contra de lo que se nos suele prometer desde los distintos partidos populistas españoles, el default de deuda no es un proceso sencillo, de inmediata resolución y libre de perjuicios. El impago de 2001 todavía sigue coleando y socavando la credibilidad de Argentina. Repudiar la deuda no es un mal trago que dure unos meses, sino un calvario económico y jurídico que se extiende durante décadas. Si no queremos ser como Argentina… no sigamos los pasos de Argentina.

Gowex, young man!

Ahora que sabemos del fracaso de Gowex, lo que resulta sorprendente es su éxito. El fiasco consiste en que Jenaro, que a estas alturas no necesita apellido para presentarse con todas las credenciales en el comité nacional de cualquier partido político, falseó las cuentas de la empresa, y apuntó ingresos que sólo existían en sus deseos. Convirtió sus pavorosas pérdidas en jugosos beneficios con los que atraer a nuevos inversores.

Es un caso apasionante que muestra porqué el mercado funciona, y porqué la intervención pública no. El negocio: proveer de un servicio gratuito de WiFi. ¿Cuáles eran los ingresos de la compañía? Consistía en firmar contratos con ayuntamientos, y recibir subvenciones comunitarias. En una segunda fase, generaría ingresos vía publicidad. Es decir, Gowex basa su negocio en el dinero público, bien por contratos, bien por subvenciones. No es necesario. Fon, creada por el empresario hispanoargentino Martín Varsavsky, ha puesto en marcha una red a partir del exceso de banda de los router caseros, y la ofrece a los potenciales clientes. Parte de una iniciativa privada, se basa en la aportación voluntaria y remunerada de los ciudadanos, y ofrece los servicios al mercado.

Hay varios actores del mercado que tenían que haber contribuido al control de la compañía, y que han fallado. El primero, los accionistas. También M&A Auditores, encargada de auditar las cuentas de la empresa. Ernst & Young, una de las consultoras que son pareja de baile obligada por el mercado organizado de acciones, MAB. El propio Mercado Alternativo Bursátil. Y los bancos, que prestaron 30 millones de euros. Todos tienen algo en común. Salen, cada uno de ellos, perdiendo, si fallan en el control de la empresa, como ha sido el caso.

Luego está la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Es un organismo público, que controla los agentes del mercado para proteger a los inversores de fraudes como Gowex. La CNMV ha fallado aquí, como lo hizo antes con Pescanova, y antes con Bankia, y antes… A la CNMV ni le va ni le viene su propio fracaso. Es más, en cuanto se pone de manifiesto su incompetencia, aprovecha la ocasión para señalar que lo que se necesita es más control; es decir, más CNMV. Nada que no hagan el resto de los organismos públicos: aprovechar sus fracasos para crecer aún más.

¿Quién ha acabado con este engaño? Una empresa, Gotham, cuyo negocio consiste en contar la verdad. El mecanismo es el siguiente: Vende acciones de una empresa en una fecha futura, a un precio acordado. Luego presenta un informe que da cuenta de la situación real de la compañía, lo que hunde la cotización de la misma. Cuando llega el plazo, compra las acciones al nuevo precio, y las vende por lo que pactó con el comprador. Es un movimiento especulativo que favorece que se imponga la realidad del mercado, y se paralicen las estafas a los inversores. Lo que la CNMV ni sabe ni quiere hacer, lo hace una empresa especulando, y con el beneficio como objetivo.

Jenaro se ha equivocado de profesión; tenía que haberse dedicado a la política, donde su capacidad de arruinar a los demás haciendo grandiosas promesas se premia. Mariano Rajoy lo ha condecorado como “empresario modelo”. Gowex, young man, era el llamado de los políticos, que se hacían fotos con Jenaro. ¡Qué gran acto de justicia! Jenaro es el gran modelo del empresario español, más atento al BOE y a las conexiones políticas que a las necesidades de la gente.

No al BIC del Oasis

JOSÉ Miguel Bravo de Laguna, presidente del Cabildo de Gran Canaria, considera que «es de justicia y un gran logro para Gran Canaria» la posible declaración de BIC del entorno del Oasis de Maspalomas. Esta declaración sería un atentado a la propiedad privada y a la libertad de empresa, y, por lo tanto, al interés general y la justicia. No se trata de la protección de un palmeral, que en cualquier caso no se iba a ver perjudicado, más bien todo lo contrario (por mucho que se haya hecho propaganda con maquetas 3D), sino de un caso más de intervención pública que atenta contra la seguridad jurídica, pues unos empresarios con una licencia dada han visto cómo ésta ha sido revocada por una decisión política que ha paralizado una importante inversión y la posibilidad de crear una gran cantidad de puestos de trabajo en Gran Canaria. Hasta el vicecanciller alemán, según la prensa, ha trasladado su queja al Gobierno, a través del ministro Soria, por la inseguridad que crea este conflicto.

Este dislate, propio de repúblicas bananeras y políticos populistas, ha dañado la imagen de Canarias en el exterior y desincentivado posibles inversiones futuras. Cualquiera que desee realizar una inversión en la zona, construyendo o regenerando un inmueble, se lo pensará dos veces debido a los nuevos y tortuosos trámites burocráticos y podría verse chantajeado por burócratas y políticos para conseguir sus licencias, pues allí donde hay intervención pública este tipo de corrupción suele aflorar. Además, quienes se planteen invertir tienen que saber que aunque se tramiten sus proyectos dentro de la legalidad, estos pueden ser paralizados, demorados o cambiados por decisiones de políticos. Por lo que el deterioro de este lugar y la escasez de oferta turística de calidad están garantizados, pues si algo buscan los empresarios es seguridad jurídica y celeridad en los trámites administrativos.

Por otro lado, la protección del Oasis tendría un efecto perjudicial para la consolidación de una de las mejores zonas turísticas de Gran Canaria, Meloneras. Frente a lo que algunos puedan pensar, la competencia no sólo es buena porque te hace madrugar más temprano, sino que además puede servir para mejorar los resultados de tu propio negocio. Si se regenerara el deteriorado ámbito del Oasis, los grandes beneficiados serían los empresarios de la zona, pues verían cómo todo el entorno atraería a más turistas al convertirse, probablemente, en la mejor zona turística de Gran Canaria.

El caso Oasis es un atentado a la justicia y perjudica enormemente a Canarias y muy especialmente a Gran Canaria. Esperemos que por una vez el Gobierno de Canarias mire por nuestros intereses, ya que el Cabildo de Gran Canaria y su gobierno no lo han hecho, y diga no al BIC del Oasis.

País Vasco y Navarra disponen de un 80% más de financiación por habitante que el resto de regiones

En su tradicional mensaje de los sábados, el presidente estadounidense Barak Obama ha acusado a las empresas de su país de trasladar su residencia fiscal a otros países para no pagar impuestos. ¿Su argumento? La madre de todos los argumentos: el patriotismo económico.

Una de cal y otra de arena, pero en distintas unidades de medida

Mientras que, al comienzo de la regañina, el presidente Obama ha apuntado que las empresas de su país han creado casi diez millones de nuevos empleos en los últimos dos años y cuatro meses, y que gracias a eso el desempleo está tan bajo como en el año 2008, ha sido después, cuando ha sacado el espinoso tema de la residencia fiscal, cuando ha puesto en duda el patriotismo de las mismas. ¿En qué quedamos? ¿Son muy patriotas cuando crean empleo y a la vez muy anti patriotas cuando trasladan la residencia por razones fiscales? ¿O solamente lo segundo? ¿Y cómo se mide el grado de patriotismo? Porque las mismas razones que llevan a una empresa a despedir gente, explican que contraten personal y también que intenten beneficiarse de las rendijas legales para pagar menos impuestos: el afán de lucro.

Podemos considerar que el afán de lucro en sí mismo implica ser menos patriota, atributo que a mí me cuesta definir, pero eso de que a veces sí y a veces no, en función de mis necesidades como gobernante, es como poco, un disparate. No hay que olvidar el varapalo que el coste sanitario y su eficiencia está suponiendo para el prestigio presidencial. Según la empresa Rasmussen, hay un 53% de la población que desaprueba su actuación, y el descrédito está a un nivel muy alto. El presidente Obama contaba con un fuerte apoyo allá por el año 2008, u su peor momento lo vivió en septiembre del 2010 cuando un 58% de la población desaprobaba su gestión. Desde entonces se ha mantenido en torno a ese 53% que marca hoy el Rasmussen Report.

El patriotismo económico presidencial

Lo que más me llama la atención es que, reconociendo la labor generadora de empleo, y que son pocas las grandes empresas que tratan de pagar menos en lugar de pagar más, Obama les amenaza con algo que ya sucede y por razones que podrían volverse contra él.

Si, por un lado, reconoce que hay empresas dispuestas a renunciar a la ciudadanía “made in USA” para establecer la residencia de sus empresas en países con una fiscalidad más amable, por otro lado, considera que hay que negar esa ciudadanía, a la que ya están renunciando. ¿Cómo va a impedir que esas empresas residentes en el extranjero tengan menos volumen de negocio en Estados Unidos? No quiero ni pensarlo.

Y luego está el tema ético-legal. Si un presidente está decidido a “hacer algo” porque “aunque sea legal, está mal” (palabras de Obama) respecto a la decisión libre de dónde establecer una empresa privada, ¿en qué más casos va a considerar que la ley permite inmoralidades y va a actuar por encima de la ley? Si no queda claro este punto, uno puede imaginarse que no es Barak Obama quien afirma sino Nicolás Maduro o Bin Laden. Da miedo ¿no?

Para él, el patriotismo económico incluye actuaciones tendentes a “reducir el derroche generado por las lagunas fiscales para invertir en educación o en capacitación laboral, que beneficia a todo el mundo”. Genial: ¿qué decir del presupuesto militar? ¿del déficit presupuestario? ¿del derroche gubernamental?

Y en términos más generales ¿qué hacemos con los políticos anti patriotas en el sentido de Obama? Me refiero a los nuestros. Porque ya imagino las caras compasivas con los ojos emocionados de la progresía española pensando: “Esto sí que es un presidente progresista, ¡hombre ya!”. A esos, les preguntaría cómo de anti patriota es el presidente, los ministros, asesores, directores generales y demás, que han generado un 26% de parados. Y lo mismo respecto a quienes han construido paso a paso un monstruo de deuda pública que vamos a arrastrar por generaciones.

No conteste ahora, cuando la cercanía de las elecciones nos sitúa en el mundo feliz de las hadas y los elfos, hágalo después del 2015 cuando aterrizaremos de mejor o peor manera, en la realidad.

Obama: patriotismo económico a la vista

Ni Cataluña, ni Madrid, ni Andalucía. Si alguna región tiene derecho a reclamar los titulares tras la publicación de las balanzas fiscales, ésas son Valencia y Baleares. Según los cálculos del equipo de Ángel de la Fuentepresentados este miércoles en el Ministerio de Hacienda, esta dos comunidades son las que sale más malparadas con el actual modelo de financiación autonómica y con el reparto de ingresos y gastos de los últimos años.

De acuerdo a sus datos, la "financiación media a competencias homogéneas" entre las quince comunidades del régimen común ascendió en 2011 a 2.077 euros per cápita. Sin embargo, para Baleares esta cifra caía hsata los 1.790 euros y para Valencia a los 1.804 euros. ¿Y quiénes salían más beneficiadas? Pues curiosamente, quitando el excepcional caso de Ceuta y Melilla, hablamos dos de las regiones más ricas de España. Aquellas que no pertenecen al régimen común: País Vasco (3.868 euros) y Navarra (3.414 euros). El privilegio de la foralidad, que defienden con tanto ardor las dos comunidades, parece que sigue dando réditos.

En realidad, como apuntamos el miércoles, los resultados de las balanzas fiscales del Ministerio de Hacienda eran bastante previsibles. En general, existe una fuerte correlación entre la renta per cápita de las regiones y su saldo positivo o negativo. Así, Madrid y Cataluña están entre las que más aportan a la caja común, algo lógico teniendo en cuenta que también son dos de las autonomías más ricas.

 

 

Balanzas fiscales

Sin embargo, dentro de este panorama, esta correlación no se cumple en todos los casos. Como puede verse en el anterior gráfico, existen regiones que están bastante alejadas de la línea que marca la relación entre financiación y renta. Sobre todo, llama la atención la situación de País Vasco y Navarra. Dos de las autonomías con una renta per cápita más elevada están también entre aquellas con un saldo positivo (reciben más de lo que aportan). El regimen fiscal de las provincias vascas y de Navarra siempre ha sido polémico. Y con estos datos encima de la mesa no sería extraño que se reabriese el debate sobre su excepcionalidad.

Financiación y saldos

Los datos de las que más se ha hablado estos días probablemente son los 16.723 millones de euros de saldo negativo de Madrid y los 8.455 de Cataluña. Sin embargo, al final esto son sólo las cifras totales del sistema y no dicen demasiado sobre el diseño del sistema de financiación o su justicia. Como ya hemos dicho, en prácticamente cualquier país del mundo, lo normal es que las regiones más ricas paguen algo más.

Por eso, para ir un paso más allá de la mera exposición de los grandes números, Ángel de la Fuente ha publicado en Fedea, el organismo del que es director, una segunda parte del estudio de las balanzas fiscales, junto a Ezequiel Uriel (de la Universidad de Valencia) y Ramón Barberán (Universidad de Zaragoza). Los autores han preferido mantener al margen este informe del oficial que puede consultarse en la web del Ministerio de Hacienda, entre otras cosas porque contiene algunos elementos de opinión y análisis de los datos que no parecía conveniente mezclar con las cifras oficiales. Sin embargo, en realidad buena parte de la miga de las famosas balanzas fiscales, que tanto tiempo se llevaban esperando, se encuentra en esta segunda parte y en los cuadros finales del informe oficial, los que incluyen los datos del gasto territorializable.

Quizás lo más sencillo sea comenzar con la tabla correspondiente a la "Financiación regional a competencias homogéneas per cápita". Es decir, cuánto recibe cada región suponiendo que todas ellas tuvieran las mismas obligaciones para con sus ciudadanos. Como puede verse, destaca una cifra por encima de todas, los 4.231 euros de Ceuta y Melilla. Pero más allá de estos dos casos, que cualquiera puede entender que son excepcionales, son muy llamativas las cifras de las dos regiones forales. Mientras la media nacional es de 2.077 euros, País Vasco alcanza los 3.868 euros y Navarra los 3.414 euros.

Financiación a competencias homogéneas

La siguiente tabla va un paso más allá y ajusta estos datos a las diferencias en el coste de los servicios públicos entre las diferentes regiones. También tiene en cuenta el esfuerzo fiscal y la financiación observada tras el ejercicio por parte de las comunidades autónomas de sus competencias normativas. En este caso, la media de las regiones de régimen común se ha establecido en 100. Mientras, las dos regiones forales alcanzan un nivel de 180 (160 para Navara y 185,9 para el País Vasco). Es decir, que estas dos autonomías tienen un 80% más de recursos por habitante que las demás para hacer frente a sus servicios públicos.

Financiación a competencias homogéneas ajustada

En lo que tiene que ver con la financiación autonómica (una cuestión que no equivale a las balanzas fiscales) las cuentas son las que pueden verse en la siguiente tabla. Los cálculos se han hecho simulando cómo habría quedado cada autonomía si hubiese recibido la misma cantidad de recursos por habitante ajustado. Así, en esta clasificación Valencia y Andalucía, con 1.893 millones y 1.687 millones negativos, son las más perjudicadas en términos absolutos. Como puede verse en la última columna, para el caso de la comunidad levantina, los autores creen que se podría eliminar el 93,8% de su déficit fiscal sólo con que recibiese lo que le corresponde.

Sobrefinanciación autonómica

11.365 millones

Sin embargo, a pesar de todos estos datos, los propios autores apuntan en la parte final de su trabajo que estamos hablando de un problema relativamente acotado. Así, en el epígrafe de conclusiones, aseguran que "aproximadamente dos tercios de tales saldos se deben simplemente a que en los territorios más ricos se pagan más impuestos por habitante que en los pobres. El tercio restante proviene de la distribución del gasto público y aquí sí que hemos encontrado indicios claros de cosas preocupantes, aunque de una escala en principio manejable".

Aquí es donde debería centrarse el esfuerzo. Es el llamado gasto territorializable, aquellos programas cuyos costes y beneficios sí se distribuyen con una lógica territorial. Hablamos del "gasto territorializable en sentido estricto, esto es, la financiación regional y local, el gasto en infraestructuras y transporte, las ayudas regionales y el gasto en servicios colectivos o de ámbito local como la sanidad, la educación o la seguridad ciudadana" y también de aquellas "peculiaridades regionales en la normativa tributaria que permiten a ciertos territorios disfrutar de sustanciosas rebajas fiscales que, a los efectos que aquí nos interesan, habría que considerar como ayudas regionales".

Componente ‘problemático’ saldos fiscales

El resumen de este gasto territorializable "potencialmente problemático" puede encontrarse en el anterior cuadro. Como vemos, hablamos de unos 11.365 millones de euros, poco más del 1% del PIB, una cantidad relativamente sencilla de afrontar. De esta cantidad, 8.811 millones corresponde a gasto ejecutado de forma poco equitativa entre las regiones y 3.475 a los regímenes fiscales especiales de los que disfrutan las dos comunidades forales, Canarias, Ceuta y Melilla. El resultado final en términos per cápita apunta a una infrafinanciación de Valencia de más de 800 euros por habitante y de 638 euros para el caso de Murcia. En el lado positivo, aparecen País Vasco (2.070 euros por habitante de sobrefinanciación), Navarra (1.479 euros por habitante) y Canarias (1.289 euros), junto al caso previsible de Ceuta y Melilla. La conclusión de los autores es que

"una mayor igualdad en la distribución de las partidas de gasto e ingreso de carácter territorializable sería sin duda deseable desde el punto de vista de la equidad. Un buen sitio para empezar sería con una reforma en esta dirección de los sistemas de financiación territorial, con especial atención al caso foral. Tampoco estaría de más una evaluación crítica de los programas existentes de ayudas regionales, tanto por el lado del ingreso como por el del gasto, con el fin de determinar si estos están alcanzando sus objetivos y si lo están haciendo a un coste razonable".

El cálculo del cupo

En lo que hace referencia a los regímenes forales, existen dos cuestiones diferentes que en ocasiones se solapan. Por una parte está la discusión acerca de si este sistema diferenciado está justificado o no. Pero más allá de ese debate, lo primero que deberíamos preguntarnos es si, ya que existe, al menos está bien calculado. Es decir, si lo que aportan estas regiones al conjunto es lo que debería ser o si además del régimen legal especial tienen ventajas derivadas de concesiones políticas durante la renegociación de las cantidades que cada año se transfieren.

Éste no era el objeto del informe sobre balanzas fiscales. Pero el profesor De la Fuente ha tratado la cuestión en numerosas ocasiones a lo largo de los años. Y su conclusión es que no estamos sólo ante un problema de diseño del modelo, sino también de aplicación práctica del mismo. Por ejemplo, en 2011, en su intervención ante la Comisión que el Parlamento catalán formó para el estudio de un nuevo modelo de financiación, denunció que no sólo el cupo vasco sería imposible de ampliar a otras regiones, sino que uno de sus problemas era que no estaba bien calculado. Es decir, que como recoge Mikel Buesa en su blog, "se está aplicando de forma incorrecta y enormemente ventajosa, por tres razones":

  • "El sistema ha eximido a las regiones forales de contribuir al sistema de nivelación interregional a través del que el Estado aporta recursos a las regiones de menor renta con el fin de que éstas puedan prestar servicios similares a los de territorios más ricos. Esta exención ha reducido la aportación del País Vasco a las arcas estatales en 1.790 millones de euros anuales, según datos de 2007".
  • "La valoración del resto de las competencias estatales no transferidas al País Vasco está enormemente sesgada a la baja. Las cifras que se ofrecen sin explicación alguna en un anexo de una página a la última Ley quinquenal del Cupo suponen, en mi estimación, una reducción adicional del cupo de otros 1.740 millones de euros".
  • "El tercer problema tiene que ver con un ajuste en principio técnico que se realiza para conseguir que cada administración se quede con la parte del IVA que en última instancia soportan sus ciudadanos (y no con la que se ingresa físicamente en su territorio, que puede ser muy distinta). Los cálculos necesarios para realizar el ajuste se realizan utilizando valores desfasados de los coeficientes que recogen el peso del País Vasco en el consumo nacional y en la base del impuesto. Según mis cálculos, esto supone otra rebaja de la aportación vasca a las arcas estatales por importe de 950 millones de euros".

En opinión de este experto, "si la ley del Concierto se aplicase de una forma razonable y la aportación vasca se incrementase en las cantidades previamente señaladas, el País Vasco pasaría a tener un déficit fiscal casi acorde con su renta y su financiación por habitante estaría en 102 con la presión fiscal observada, lo que posiblemente habría que elevar hasta el entorno de 110 si el cálculo se hiciese a igual normativa fiscal. En cualquier caso, la financiación vasca estaría dentro del rango observado para las comunidades de régimen común en vez de muy por encima del mismo, como es el caso actualmente. Una cosa es el sistema foral per se, y otra muy distinta la forma específica en la que este se ha aplicado, con resultados escandalosamente favorables para el País Vasco y Navarra. El sistema foral en sí no es un buen sistema, aunque podría ser soportable como una anomalía restringida a una pequeña parte del territorio español".

Talento e impuestos: una apuesta perdedora

Cristóbal Montoro era un hombre feliz el pasado 20 de junio, cuando presentó su esperadísima reforma fiscal. El ministro de Hacienda apareció ante los medios con un puñado de cuadros en los que se iban desgranando los detalles del proyecto. Y de todas las tablas con las que adornó su exposición, probablemente en ninguna se detuvo tanto tiempo como en la que mostraba el ahorro en los rendimientos del trabajo que conseguiría cada contribuyente según su nivel de renta.

Según las cuentas de su departamento, todos los trabajadores españoles pagarán menos IRPF en 2016 que en 2011, cuando Mariano Rajoy llegó a La Moncloa. ¿Todos? Bueno, todos no. El ministro repitió en varias ocasiones (con cierto tono de orgullo) que sí habrá un pequeño grupo de asalariados que saldrá de la legislatura pagando más que cuatro años antes.

Como puede verse en la siguiente tabla, aquellos que ganen más de 100.000 euros tendrán una factura fiscal en el IRPF de 2016 superior a la de 2011. No es mucho (del 0,5% al 1,5% aproximadamente), pero Montoro asegura que es la demostración de que las medidas del impuesto han sido siempre "equitativas", para que el que más gane no sólo pague más, sino que cada vez soporte una parte mayor de la recaudación. La retórica de castigar al rico no es privativa de Podemos o IU.  

El problema es que cuando uno toma decisiones fiscales desde el Gobierno, los ciudadanos también responden. Del mismo modo que una subida en los impuestos al tabaco reduce el consumo de cigarrillos, un incremento en la tributación al trabajo perjudicará a la creación de empleo. Y si se trata de impuestos a los grandes sueldos, pues serán este tipo de profesionales los que se alejarán, un poquito más, de España.

En este sentido, resulta curioso que, los mismos políticos que se pasan el día hablando de nuevas tecnologías, inversión en I+D+i, innovación, emprendedores o atracción del talento, mantengan luego, sin mover un músculo, un argumentario sobre los impuestos que penaliza exactamente a los más brillantes trabajadores de esos sectores.

No nos engañemos: los mejores investigadores, científicos, ejecutivos o empresarios también son los que más cobran. Su trabajo, capacidad y talento les proporciona un sueldo elevado y quieren quedarse con el mayor porcentaje posible del dinero que legítimamente han obtenido. Si España quiere competir con otros países para atraer ese talento, con todos los benéficos efectos que eso generaría en términos de riqueza o productividad, no hay duda de que la política fiscal será determinante.

Talento, deporte y fiscalidad

No es fácil medir exactamente cómo afecta una subida en los tipos marginales del IRPF a los mejores ingenieros, abogados o informáticos. Estas profesiones agrupan a cientos de miles de personas con diferentes categorías salariales, remuneración fija y variable, beneficios empresariales, etc… Además, un trabajador normal tiene muchos otros motivos además de los impuestos para elegir uno u otro lugar de residencia (cercanía a grandes centros de negocios, cuestiones familiares, idiomas,…)

Sin embargo, sí existe un grupo de profesionales de alto nivel adquisitivo que puede servir, al menos de forma aproximada, para un análisis estadístico de cómo reaccionan los grandes sueldos a las subidas de impuestos: los deportistas. Para empezar, su número es relativamente manejable, hablamos de cientos de personas, no decenas de miles. Además, de nuestros grandes atletas, especialmente los que juegan en deportes de equipo, conocemos bien sus sueldos y su trayectoria profesional año a año. Son trabajadores con mucho talento y cada poco tiempo son tentados por diversas empresas de su sector. Normalmente, tienen que tomar decisiones en uno u otro sentido varias veces a lo largo de su carrera. A primera vista, parece una muestra estadística casi perfecta.

En EEUU, además, lo tienen aún más fácil, puesto que allí existe la figura del agente libre: ese jugador de las grandes ligas (NBA, NFL, MLB, NHL) que cuando acaba su contrato con una franquicia tiene absoluta libertad para elegir destino. El español Pau Gasol, por ejemplo, ha estado en esta situación este verano.

Con este planteamiento, es factible analizar cómo afecta la tributación del Estado en el que esté radicado el equipo elegido. Evidentemente, no sólo los impuestos determinarán la decisión final. Cualquier deportista valorará el proyecto del equipo, sus posibilidades de ganar títulos y también, por qué no decirlo, el impacto publicitario de la ciudad o la franquicia. Vamos, que no es lo mismo para las marcas que sus jugadores vistan la camiseta de los New York Knicks que la de Minnesota Timberwolves.

En cualquier caso, sí pueden extraerse algunas conclusiones. Por ejemplo, este artículo de The New York Times recoge dos estudios muy esclarecedores sobre el tema. En el primero, de James Alm, Bill Kaempfer y Edward Batte Sennoga, se analizan las decisiones de los agentes libres de las grandes ligas de béisbol. La conclusión es que, manteniendo el resto de variables constantes, una subida de un punto en el impuesto sobre la renta provoca que el equipo de ese Estado tenga que pagar a su fichaje entre 21.000 y 24.000 dólares más al año. Puede parecer una cantidad pequeña en comparación con los presupuestos de las grandes franquicias, pero hay que recordar que puede haber varios puntos de diferencia entre los IRPF de dos estados (en España, por ejemplo, hay hasta siete puntos entre las autonomías con los tipos marginales más altos y los más bajos). Y además este incremento de salario lo lógico es que se extienda a buena parte de la plantilla (al menos todos los que lleguen como agentes libres).

En la NBA, se produce una situación algo distinta según un estudio de la Universidad de Cornell. Allí, el límite salarial impide que los propietarios actúen con tanta alegría. Por eso, los impuestos altos se traducen en una pérdida de talento. O por decirlo de otro modo, a los equipos en estados con altos impuestos les resulta más complicado fichar grandes jugadores (de nuevo, manteniendo el resto de condiciones estables).

En resumen, los dos estudios muestran que los equipos de estados con un castigo fiscal más elevado lo acaban pagando. O lo hacen con sueldos más altos (lo que afecta a medio plazo a su competitividad) o lo hacen perdiendo opciones de fichar talento (caída de la productividad). ¿Podrían extrapolarse estas conclusiones al resto de industrias?

Además, no es una cuestión puntual de estos deportes. Los grandes medios norteamericanos informan con frecuencia de cómo los tributos afectan a las decisiones de sus grandes estrellas. Por ejemplo, aquí Business Insider clasifica a los equipos en función de sus impuestos sobre la renta. Por cierto, los equipos de Texas y Florida salen muy bien parados, algo que no extrañará al aficionado español a la NBA: algunos de los movimientos más interesantes de las últimas temporadas han beneficiado a las franquicias de dichos estados.

Incluso, ha habido propuestas para introducir un límite salarial flexible, que sea más alto para los equipos que tengan que pagar impuestos más altos, para así mantener el equilibrio competitivo en el que se basan las grandes ligas estadounidenses. Muchos economistas son conscientes de que las diferencias tributarias acabarán generando diferencias deportivas. Es más, ya hay noticias de jugadores que incluyen cláusulas en sus contratos por las que, si son traspasados a un Estado con impuestos más altos, deberán ser indemnizados en la cuantía correspondiente.

De hecho, ni siquiera es una cuestión que afecte sólo a los deportes de equipo. Hace unos meses se montó un fuerte escándalo en EEUU cuando Phil Mickelson, el segundo jugador de golf más conocido y rico del mundo tras Tiger Woods, declaró que su factura tributaria era excesiva y aseguró que se estaba planteando cambios en su vida (quizás irse de California, su Estado) para pagar menos impuestos. Las voces de la corrección política salieron rápidamente a criticar a Mickelson, con el manido argumento de que un privilegiado millonario nunca paga demasiados impuestos. Claro, luego se encontraron con la realidad, cuando el propio Tigre reconoció que su cambio de residencia de California a Florida, al comienzo de su carrera profesional, tuvo mucho que ver con esta cuestión.

Al final, habrá quién diga que tampoco hay tantos deportistas profesionales y que no es éste el sector que nos sacará de la crisis. Pero como apuntamos antes, su importancia radica más en su condición de ejemplo. Probablemente, otros profesionales talentosos se comporten de la misma manera que estos atletas y, ante dos ofertas de dos grandes empresas, midan muy mucho el tema impositivo a la hora de tomar una decisión. Hablamos de miles de ingenieros, matemáticos, empresarios innovadores, inventores, médicos o ejecutivos. ¿Cuánto pierde un país por no ser capaz de atraerlos? ¿Cuánta riqueza generan a su alrededor? ¿Cuál es el multiplicador del talento? ¿Cuántos puestos de trabajo crearía el gasto derivado de sus enormes sueldos? ¿Qué nivel de productividad pierde su economía? La realidad es que Tiger Woods lleva 20 años siendo el deportista mejor pagado del mundo. No sólo se dedica al golf. También tiene empresas y fundaciones. Realiza cientos de actos publicitarios al año. Incluso, es más probable que juegue un torneo si tiene lugar cerca de casa. En California, ya ni se acuerdan. Pero hace dos décadas, todo eso estaba en sus manos.

Las cajas eran banca pública

Trece mil millones de euros nos ha costado a los contribuyentes españoles tapar los agujeros de Catalunya Bank. Moderada calderilla para un país donde el estatismo militante ya generalizó el adagio de que "el dinero público no es de nadie". Y no siéndolo, claro, cómo no caer en la tentación de enterrarlo y dilapidarlo en cualesquiera alocados proyectos del gusto de nuestros iluminados próceres.

Acaso por ello parte de nuestros políticos –desde Podemos hasta una parte del PSOE– hayan optado por auspiciar una nueva vuelta de tuerca en el dispendioso panorama financiero patrio reivindicando el retorno de la banca pública. Sí, de la banca pública: un modelo de entidad financiera aparentemente ignoto en nuestro país.

A la postre, ¿cuáles son los rasgos esencialmente característicos de un banco público? Primero, que esté controlado por el Estado. Segundo, que su gestión no se oriente a maximizar beneficios, sino a proporcionar crédito en condiciones laxas a personas que lo necesiten. Tercero, que se socialicen pérdidas y ganancias. ¿Se les ocurre alguna modalidad de entidad financiera cuya existencia se haya basado en tales principios? En efecto: las multiquebradas cajas de ahorros. 

Las cajas de ahorros eran fundaciones privadas de interés social cuya asamblea general estaba normalmente copada por representantes de las corporaciones municipales y de las administraciones autonómicas donde se hallaban ubicadas. De ahí que fueran los propios gobiernos autonómicos y municipales los que determinaran la composición de sus consejos de administración, habitualmente repletos de apparatchiki de las distintas formaciones políticas. El control de las cajas de ahorros por parte del Estado era, pues, máximo: las cajas se convirtieron en los brazos financieros de los mandatarios regionales de turno.

De hecho, la gestión de las cajas no se orientaba a maximizar ningún privativo beneficio de unos inexistentes accionistas: las cajas de ahorro españolas se caracterizaron por situarse a la vanguardia de la concesión del crédito hipotecario y promotor durante el boom del ladrillo en condiciones abiertamente laxas y antieconómicas. Lo importante no era ganar dinero, sino maximizar el crédito otorgado a familias, empresas y administraciones públicas. Al cabo, los beneficios obtenidos a resultas de tan imprudente actividad eran, por un lado, destinados a reforzar las reservas de la entidad y, por otro, reinvertidos abnegadamente en la comunidad a través de la obra social.

No había, por consiguiente, beneficios que fueran privatizados: las ganancias o bien se quedaban en la propia caja o bien regresaban a la sociedad. Pero, evidentemente, la banca pública no consiste solamente en socializar beneficios, también en socializar pérdidas; y eso fue lo que terminó sucediendo con los milmillonarios quebrantos de nuestras cajas: que fueron cargadas a las espaldas de todos los contribuyentes.

Así las cosas, cuesta distinguir las cajas de ahorros de la banca pública: ambas están controladas por el Estado, ambas mantienen unos estándares laxos de concesión de crédito y ambas se asientan sobre el principio patrimonial de socializar pérdidas y ganancias. Acaso se alegue que las cajas de ahorros fueron víctimas de una corrupción político-empresarial generalizada que las llevó a convertirse en un instrumento para el latrocinio de la casta que las dirigía y de quienes pastoreaban a su alrededor. Pero justamente ese es uno de los riesgos ciertos a los que se expone todo órgano estatal (tal como vienen denunciando desde antaño los economistas liberales de la Escuela de la Elección Pública): el riesgo de que el órgano estatal sea capturado por los burócratas que lo dirigen y por los lobísticos buscadores de rentas que intentan instrumentarlo a su favor; y el riesgo de que, al ser capturado por ellos, se convierta en un mecanismo para transferir riqueza desde unos contribuyentes explotados hacia unos cuadros explotadores. En suma: que las cajas degeneraran en herramientas al servicio de las élites extractivas no desmiente su naturaleza de banca pública, sino que más bien la confirma.

No, el estrepitoso fracaso de la banca pública (de las cajas de ahorros) no debería llevarnos a reclamar más banca pública, sino la completa separación entre banca y Estado: lo que no sólo pasa por acabar con las entidades financieras controladas por nuestros políticos sino, sobre todo, por eliminar todos los múltiples y distorsionadores privilegios que el Estado otorga a los bancos, ya sean éstos públicos o privados.

Extraña rendición ante el mercado libre

El periodista y escritor Javier Reverte aludió en ABC al fracaso europeo, "que tiene dos caras: la de un capitalismo que ha vuelto a recuperar sus hábitos de voracidad despiadada y la de una ideología socialdemócrata que no ha sido capaz de sujetar las riendas al desbocado capital financiero". Diagnosticó así la situación de los socialistas: “su rendición a los dictados de las leyes del mercado ha supuesto una capitulación sin condiciones” de su idea original de “conciliar la libertad con la justicia social”, y el resultado ha sido que "la riqueza es hoy más poderosa que los gobiernos". Aquí hay tres errores.

Veamos primero la piedad capitalista. Uno podría recaer en las habituales caricaturas de los capitalistas malvados, pero lo que no puede hacerse nunca es dar a entender implícitamente que la perversidad censurada depende críticamente de la institución que es objeto de censura. Digamos, si afirmamos que el capitalismo es despiadado y no decimos nada más, estamos sugiriendo que el no capitalismo rebosa de piedad. El señor Reverte no puede no saber que esto último no es verdad, porque las instituciones del capitalismo –la propiedad privada y los contratos voluntarios– han sido más o menos quebrantadas en el planeta en el pasado, y nada permite concluir que su quebrantamiento está asociado con más piedad que su preservación.

El segundo equívoco estriba en diseñar el perfil de la impiedad capitalista. Don Javier presume de diagnosticarlo: el capitalismo era menos voraz pero ahora es más voraz. No hay forma de probar esto seriamente. Si el capitalismo fuera más voraz nunca habría permitido que sus beneficios fueran expropiados; al contrario, habría arrinconado al Estado y habría reducido su tamaño, peso y poder. Asombrosamente, eso es lo que dice el señor Reverte que ha sucedido: "La riqueza es hoy más poderosa que los gobiernos". La verdad es justo la contraria, porque nunca los Estados han sido más grandes, nunca las regulaciones han sido más intrusivas, nunca los impuestos han sido más elevados.

El tercer error se refiere a la socialdemocracia. Cualquiera que la conozca mínimamente sabe que no es cierto que se haya "rendido" al mercado libre. Ningún socialista de ningún país jamás ha hecho tal cosa, y, al contrario, todos los socialistas del mundo reivindican un papel importante del Estado que limite el mercado libre, y cuando gobiernan llevan a la práctica esa idea, como hemos visto reiteradamente en España y muchos otros países.

Por fin, la noción de "conciliar la libertad con la justicia social" jamás ha sido una idea peculiar del socialismo sino la cálida ficción que ha amparado el crecimiento del Estado, o que al menos ha bloqueado su reducción apreciable, en todos los países y bajo todas las ideologías de todos los partidos.

Los bancos, ante la prueba más dura

“Stress tests are like Cuban universities, everyone passes, but the title is worth nothing”. 

Si algo nos han demostrado los episodios recientes de sorpresas negativas de algunos bancos europeos –desde Portugal a Francia o Alemania– es que la banca europea aún no ha solucionado sus problemas. Confundimos el importante ejercicio de transparencia y mejora llevado a cabo desde 2012, con una solución mágica a un problema creado durante una década de exceso. Es imposible cuando los préstamos de difícil cobro aún alcanzan la cifra de 932.000 millones en toda Europa, siendo el 7,6% del total de préstamos en la eurozona, según Price Waterhouse Coopers.

Cuando hablamos de las pruebas de resistencia bancaria ("stress tests"), muchos analistas los miran como notas definitivas, y no como realmente son: un análisis dinámico de circunstancias que cambian constantemente. Y, desde luego, no son infalibles, como se ha demostrado en tantas ocasiones (Dexia, las cajas, los bancos chipriotas, etc.).

¿QUÉ ES UN ‘STRESS TEST’?

Es un análisis que utiliza una metodología común para todos los países, en el que se analiza el impacto sobre el capital de un banco de distintos eventos de riesgo.

El gran público tiende a pensar en los bancos como "entes que acumulan depósitos y ganan mucho dinero", y no es así. Siempre nos fijamos en los beneficios (pérdidas y ganancias contables), y no en la caja y el balance. 

Un banco, por cada euro que recibe de depósitos suele endeudarse hasta unas 25 veces. Pero ese depósito, en realidad, es un préstamo, no está durmiendo en una caja fuerte. 

Lo que busca una prueba de resistencia es analizar si ante un cambio drástico las entidades conservarían el 10 u 11% de capital que tienen hoy de media

Por cada euro que la entidad concede de crédito, las reglas bancarias le permiten usar más o menos capital dependiendo del riesgo que se asuma para dicha operación. Si le presta a una empresa muy segura y de baja probabilidad de impago, el porcentaje de capital requerido es muy bajo. El resto es deuda. Esos préstamos, si funcionan generan un beneficio, y durante la vida del mismo el banco genera el margen entre lo que le cuesta el dinero y lo que consigue por prestarlo… si se lo devuelven. Si no, el balance se deteriora aceleradamente.

Pues bien, cuando las cosas van mal, ese “capital” se reduce muy rápidamente. Por eso, la gente no entiende como en 2007 un banco podía tener unos coeficientes de solvencia y liquidez razonables y en 2008 estar al borde de la quiebra. El ciudadano no percibe lo rápido que puede desaparecer dicho porcentaje de capital cuando los préstamos de supuesto bajo riesgo pasan a ser incobrables en cadena. Tanto que pueden dejar al banco sin recursos.

Lo que busca una prueba de resistencia es analizar si ante un cambio drástico las entidades conservarían el 10-11% de capital que hoy tienen de media.

¿QUÉ MIDEN LOS ‘STRESS TEST’?

Los stress test buscan un difícil doble objetivo. Por un lado, analizar el impacto en unas estructuras financieras tan frágiles de eventos como una recesión, pérdidas en las carteras de bonos soberanos, depreciación agresiva de monedas, etc. Por otro lado, los stress test intentan ser lo suficientemente justos para que no salga un ejercicio inútilmente negativo que ponga en peligro la confianza en las instituciones. Es decir, una cosa es ser estricto y no aprobar a todos los alumnos -que no ayuda a nadie como vimos en las pruebas de resistencia ridículas de 2011-, y otra cosa es suspenderlos a todos, algo que hunde a la clase y la reputación del profesor.

¿A QUÉ SE ENFRENTAN LOS BANCOS EN ESTA RONDA DE PRUEBAS?

La banca española parte de la ventaja del viejo mal alumno que se enmienda y pasa a la primera fila a hacer el examen delante del maestro, para que nadie sospeche que copia. La reforma financiera ha sido clave, y los ejercicios de transparencia y ampliaciones de capital de los últimos tres años han ayudado enormemente. El hecho de que todo el mundo sepa, con luz y taquígrafos, las dificultades que aún tienen -no lo neguemos- ha hecho que el proceso de estabilización haya sido eficaz. Han mejorado solvencia y reducido el riesgo sistémico.

La reforma financiera ha sido clave, y los ejercicios de transparencia y ampliaciones de capital de los últimos tres años han ayudado enormemente

Un problema de préstamos de difícil cobro, mora del 13% y alta exposición a préstamos a las administraciones públicas no se soluciona en dos años, pero los depósitos se han estabilizado y se han vendido grandes paquetes de activos inmobiliarios tóxicos. Eso no hace a la banca “totalmente saneada”, sino fuera de la UVI usando un símil hospitalario. Pero aún está en planta, como todo el sistema financiero europeo.

Las pruebas de resistencia de 2014 serán muy exigentes y asumirán, entre otros riesgos:

  • Un escenario adverso de caída del PIB de Europa del 0,7% en 2014, -1,5% en 2015, además de una caída del 21% en el precio de las casas, con aumento de inflación.
  • Perdidas en la cartera de bonos soberanos por quitas o aumentos de la prima de riesgo. Aumentos de 150 puntos básicos en las primas europeas o de 200 en la de EEUU.  Asume un 6,5% de quita en España, por ejemplo, 6% en Francia o 7,6% en Italia y 4,4% en Alemania en los bonos a 5 años.
  • Posible depreciación del 25% de las monedas húngara y polaca, y 15% de la checa, rumana o croata.

A pesar de que puedan parecer estimaciones agresivas, el impacto esperado en los bancos es relativamente pequeño. La banca española se ve fundamentalmente afectada por el análisis de caída del PIB, al tener préstamos considerados más cíclicos -muchos de ellos expuestos a Latinoamérica-, y por el impacto en su cartera de bonos soberanos. Pero no parece que en el escenario adverso ninguno de los grandes bancos vaya a tener problemas para superar un 6% de capital.

La banca española se ve fundamentalmente afectada por el análisis de caída del PIB, al tener préstamos considerados más cíclicos y por el impacto en su cartera de bonos soberanos

Sin embargo, no olvidemos que estos ejercicios son teóricos y, como todo, la realidad suele mostrar efectos inesperados. Pero el ejercicio es importante.

Ahora no esperemos que el crédito se vaya a disparar porque los bancos pasen el examen teórico de la UVI. Siempre que salen los resultados me preguntan “¿Van a empezar los bancos a prestar?”.

Aunque el nivel de crédito privado ha empezado a recuperarse lentamente, con un crecimiento esperado de 0,5% al sector privado -unos 4.400 millones de euros en 2014-, la Unión Europea sigue siendo, con mucha diferencia, el sistema más bancarizado de la OCDE.

  • La banca europea es el instrumento más intervenido, regulado y controlado por los estados de la OCDE. No sólo el peso de la banca pública, sino por la nefasta intervención en procesos de desinversión y compra, lo que ha empujado a prestar a toda costa; sin olvidar el “crowding out”, por el que los estados acaparan el crédito que se niega a familias y empresas, incentivando la compra de deuda soberana a través de la regulación, como explicaba aquí.
  • En Europa la banca financia el 80% de la economía real, mientras en Estados Unidos es alrededor del 30%.
  • Los activos totales de la banca de la eurozona suponen el 349% del PIB de la misma. Una reducción de un 12% desde 2008. Una cifra muy superior a la de EEUU o Japón (gráfico cortesía de Merrill Lynch). Si bien es cierto que parte de ello se explica porque los bancos europeos tienen mayores depósitos, es un sistema bancario hipertrofiado.

  • La expansión de crédito adicional no es la panacea, ya que olvidamos de dónde venimos… Un brutal crecimiento del crédito desde 2001, como muestra el gráfico. Morgan Stanley estima que los bancos europeos han vendido o refinanciado entre un 20 y un 25% de los 700.000 millones de préstamos de difícil cobro que exigía la regulación que solucionasen con urgencia en 2014.

La banca no puede soplar y sorber a la vez. No puede fortalecer su balance, evitar tomar riesgo excesivo y a la vez prestar como si fuera 2008 solo porque pensamos que el crédito es la solución. Primero porque no pueden y segundo porque no deben.

Los stress tests de 2014 no son iguales que los de 2011. La banca europea ha mejorado. Se espera que los préstamos de difícil cobro se reduzcan en 2014 mientras el beneficio operativo suba un 4,2% después de tres años de caída. El riesgo sigue existiendo, pero ya no es tan grave como en 2011. Pero forzar a prestar es un gran peligro.

Los test de 2014 no son iguales que los de 2011, ya que la banca europea ha mejorado

Como explicaba en “El Plan Draghi no arregla Europa”todas las inyecciones de liquidez no solucionan un problema clave. ¿Dónde ponemos todo ese dinero? Europa cuenta con una sobrecapacidad industrial media del 25%. Cuando le pregunté en la CNBC a un alto directivo del BCE donde pensaban que se iban a invertir los 400.000 millones de euros del TLTRO, no supo darme un solo sector clave para invertir tal cantidad de dinero.

El crédito vuelve, pero esperemos, por nuestro bien, que no alcance los niveles de 2004-2010. Como decía Von Mises: “Nadie puede esperar que un argumento lógico cambie el fervor semi-religioso de aquellos que creen en la salvación a través del gasto y la expansión de crédito”.  Me temo que, a base de tipos de interés negativos, inyecciones de liquidez y estímulos, queremos volver a la burbuja de crédito antes de que la banca europea recupere su fortaleza. Luego, cuando pinche, culpamos al ‘libre mercado’. Y tan panchos.

Una fiscalidad no balanceada

La reciente publicación de las balanzas fiscales entre autonomías no ha satisfecho a prácticamente ninguno de nuestros políticos regionales. Pero más allá de las refriegas electoralistas, el documento elaborado por Ángel de la Fuente sí debería llevarnos a un muy hondo replanteamiento del modelo de financiación autonómica.

¿Sirven de algo las balanzas fiscales?

La primera cuestión a resolver es si las balanzas fiscales proporcionan algún tipo de información útil. A la postre, hemos escuchado en reiteradas ocasiones que “los impuestos los pagan los individuos, no los territorios”, por lo que supuestamente carecería de importancia conocer el saldo fiscal de un territorio (esto es, cuántos impuestos se pagan en relación con el gasto público recibido).

La crítica puede parecer lógica, pero tiene problemas serios. Al cabo, la manera que tiene un contribuyente de recuperar parte de sus impuestos abonados es disfrutando del gasto público en el que esos impuestos se materializan. Si paga muchos impuestos y disfruta de muy poco gasto, el contribuyente está tanto más explotado fiscalmente.

En este sentido, las balanzas fiscales ponen de manifiesto la diferencia entre los impuestos pagados por los residentes de una región y el gasto público recibido por esos mismos residentes: a mayor diferencia, más explotación fiscal media dentro de esa región.  De ahí que, aunque sea verdad que los impuestos los pagan los individuos y no los territorios, como esos individuos sólo tienen opción de recuperar los impuestos abonados a través de los servicios estatales que se presten en su territorio, las balanzas fiscales sí nos indican cuán maltratados fiscalmente están sus habitantes.

Es verdad que no se trata de un indicador perfecto: por ejemplo, si a un madrileño le arrebatan 20.000 euros en impuestos para entregárselos en forma de subvención a un getafense, el saldo fiscal de la Comunidad de Madrid por esta operación será cero y difícilmente podrá decirse que el madrileño ha recuperado parte de sus impuestos porque éstos se reinviertan en Madrid.

Es verdad, también, que dentro de cualquier región arbitrariamente definida podríamos encontrar subbalanzas fiscales  (entre la capital madrileña y el resto de ciudades de la comunidad o incluso entre barrios de la comunidad madrileña) hasta llegar a calcular una balanza fiscal individual. Pero que el indicador tenga sus limitaciones (como todo indicador) no invalida su utilidad: sólo implica que los cálculos tendrán un cierto margen de error y, sobre todo, que estamos valiéndonos de magnitudes medias (los residentes en un territorio pueden estar maltratados fiscalmente como media sin que todos ellos lo estén).

¿El método carga-beneficio es el adecuado?

La siguiente cuestión a dilucidar es si el modo en el que se han calculado las balanzas fiscales es el más adecuado. Grosso modo, existen dos métodos para imputar ingresos y gastos: el método carga-beneficio (que es el empleado en el informe) y el método flujo monetario. El primero imputa el gasto público a aquel territorio donde residen los ciudadanos que se benefician de los servicios provistos por ese gasto público; a su vez, los impuestos se imputan a aquel territorio donde residen quienes en última instancia soportan su carga. El segundo método, en cambio, imputa los gastos allí donde se materializa y los impuestos a aquellos que los abonan en primera instancia.

Por ejemplo, supongamos que en toda España sólo existe un hospital de maternidad en Madrid y que, por los motivos que sea, en la región madrileña nadie tiene hijos. ¿Quiénes serían los beneficiarios de ese servicio hospitalario? Según el método carga-beneficio, todas las madres del resto de España que acudan a él; según el método flujo monetario, los trabajadores del hospital madrileño Otro ejemplo: las cotizaciones sociales que pague una empresa catalana por disponer de una sede con trabajadores en Extremadura se imputan a los trabajadores extremeños, pues son ellos los que en última instancia lo pagan. De ahí que, aunque ambos métodos son útiles y tienen su relevancia, el método carga-beneficio es el más correcto y relevante.

Acaso la única salvedad que pueda efectuarse en este punto se refiere a aquellos gastos generales que presuntamente benefician por igual a todos los españoles: por ejemplo, la alta dirección del Estado, la representación exterior, la defensa o la I+D. Estos gastos, que ascendieron a 17.400 millones de euros en 2011, se imputan equitativamente a todos los españoles a través del método carga-beneficio. Y aunque sea correcto hacerlo así, también es cierto que, en este caso, aquella región que concentre las entidades encargadas de la provisión de estos servicios generales obtiene un beneficio sobre el resto. En este sentido, suele aducirse que esa región privilegiada es Madrid, donde se ubican todas los Ministerios y demás burocracia estatal; motivo por el cual el método carga-beneficio sobreestimaría el déficit fiscal de esta región.

La crítica tiene parte de razón, pero tampoco debemos exagerarla: de los 17.400 millones de servicios generales, sólo 1.000 se corresponden con gastos indudablemente concentrados en Madrid. De los otros 16.400, alguna parte recaerá en Madrid, pero ni mucho menos su totalidad: por ejemplo, la acción exterior del Estado (2.200 millones) afluye al exterior; la defensa (8.500 millones) no está concentrada en Madrid, que sólo tiene un cuarto de todas las bases militares; el gasto en gestión tributaria (1.600 millones) se difumina, en un 90%, hacia los servicios territoriales; el gasto en I+D (2.600 millones) se asigna a centros investigadores y universidades de toda España, etc.

¿Qué nos dicen las balanzas fiscales de 2011?

Sentado lo anterior con sus pertinentes matices, uno puede utilizar los datos de las balanzas fiscales con una razonable confianza. ¿Y qué nos dicen estos datos? Pues, básicamente, que los ciudadanos de cuatro comunidades autónomas —Madrid, Cataluña, Baleares y Comunidad Valenciana— están costeando las sobredimensionadas burocracias del resto de autonomías, muy en especial de Andalucía, Canarias, Castilla y León, Galicia y Extremadura. Cada madrileño paga 2.700 euros extraordinarios en impuestos —y cada catalán y balear alrededor de 1.500— para financiar las transferencias de 2.700 euros anuales que recibe cada extremeño, las de 1.900 que recibe cada canario o las de 1.500 que recibe cada asturiano.

Los incentivos perversos que tal organización hacendística provoca son gigantescos. Primero, destruye la corresponsabilidad fiscal: los ciudadanos residentes en comunidades netamente receptoras demandarán más gasto público aunque ello implique pagar mayores impuestos (pues no son ellos quienes, en última instancia, los están pagando) y, a su vez, tenderán a ser más condescendientes con el despilfarro del que no es su dinero. Segundo, elimina todo incentivo a la competencia fiscal entre autonomías en la medida en que gran parte de los ingresos termina redistribuyéndose dentro del sistema. Tercero, atrofia el desarrollo de las regiones dependientes de las transferencias externas, las cuales pasan a convertirse en rentistas del resto de España: el caso más paradigmático es el de Extremadura, que obtiene el 17% de su PIB (¡el 17%!) del resto de españoles (o dicho de otra forma: la principal industria de Extremadura es el cabildeo político para sacar tajada presupuestaria). Y cuarto, se gesta una comprensible tensión entre los ciudadanos de aquellas regiones que contribuyen netamente y los de aquellas otras que son receptoras netas: la reciente explosión del independentismo catalán es difícilmente entendible sin toda esta fortísima redistribución interna de la renta mal calificada de “solidaridad interterritorial”.

Los resultados de las balanzas fiscales deberían llevarnos a una revisión en profundidad del modelo de financiación autonómica: si hemos descentralizado la mayor parte de los gastos del Estado, deberíamos hacer lo propio con los ingresos. No es de recibo que una familia media madrileña esté pagando más de 7.500 euros anuales en impuestos para transferirlos al resto de España.

Por supuesto, una mayor descentralización fiscal implicará que las autonomías que hoy son receptoras netas de fondos deberán replantearse de raíz sus presupuestos. Pero no confundamos ese necesario replanteamiento presupuestario con la típica demagogia de dejar a las regiones “pobres” sin servicios educativos o sanitarios “de calidad”. Primero, porque el gasto sanitario y educativo representa el 60% del gasto autonómico total (y el gasto autonómico ni siquiera es la totalidad del gasto desplegado en una región), de modo que podrían recortarse otras partidas presuntamente menos relevantes. Segundo, porque hay formas de recortar el gasto educativo y sanitario sin merma en la calidad de sus servicios (por ejemplo, recortar los salarios de su personal, adecuándolos al poder adquisitivo medio de esas regiones: ¿por qué el sueldo base de un profesor extremeño ha de ser el mismo que el de un madrileño?). Y, tercero, porque las regiones receptoras siempre cuentan con una simple alternativa a recortar el gasto: subir impuestos a sus ciudadanos.

Ahora mismo, son los impuestos extraordinarios soportados por los ciudadanos de otras regiones los que costean parte de los gasto de las receptoras netas: por ejemplo, los andaluces reciben como media unas transferencias netas de 880 euros por ciudadano (el 5,5% de la renta per cápita andaluza) mientras que los catalanes abonan como media unos impuestos extraordinarios de 1.100 euros (algo más del 4% de su renta per cápita)… ¿por qué no invertir los términos? En tal caso, las transferencias interterritoriales se reducirían sin merma del gasto en ambas regiones.

En suma, las balanzas fiscales, con todos sus defectos y limitaciones, ponen de manifiesto hasta qué punto el Estado controla y abusa de la renta que arrebata a sus ciudadanos. Cuantos más altos sean los tributos y más gasto distribuya el sector público, mayores tensiones entre ciudadanos tenderán a aparecer. Lejos de crear instituciones cuyo fundamento último sea la pugna política por el reparto del botín deberíamos avanzar hacia instituciones que promuevan la cooperación voluntaria y pacífica entre todos los ciudadanos. Y, para eso, necesitamos una reducción muy considerable de la carga fiscal que vaya de la mano de una profunda descentralización administrativa.