Los regímenes islámicos tienen una especial preocupación por controlar la libertad de expresión de sus ciudadanos, especialmente en materia política y religiosa. Tal vez el país que actúa con más contundencia la materia sea Arabia Saudí, ejemplo de sociedad permeable al influjo de las tendencias occidentales pero regida por una jerarquía inspirada en una de las interpretaciones más radicales del islam (wahabismo) y dispuesta a todo para evitar que se cuestione su legitimidad o su manera de gobernar. Hace muy poco conocíamos el modo en que las autoridades saudíes habían aplastado un conato de disidencia en Youtube, pero la dureza contra los promotores de la revolución de los carnés de identidad palidece ante la manera en que Riad se está empleando contra Raif Badawi, el primer internauta saudí que se ha atrevido a crear un blog liberal en el reino.
Badawi abrió hace dos años la página web Saudíes Liberales Libres como foro de encuentro de los individuos de tal condición y tendencia. El hecho religioso no podía quedar al margen de un proyecto intelectual dedicado a promover la defensa de la libertad individual, así que junto a textos que daban a conocer principios generales que proporcionaban una visión liberal de la sociedad, aparecieron también artículos en defensa de la tolerancia con otras expresiones religiosas diferentes del islam, uno de los delitos más graves que pueden cometerse en un país musulmán y que en Arabia Saudí es perseguido con especial saña. Badawi también escribió críticas a las posiciones intolerantes de figuras destacadas como el gran muftí del reino, Abdulaziz ben Abdulá al Seij, todo lo cual condujo a que fuera procesado a mediados del año pasado por un tribunal de la ciudad de Yeda, acusado de apostasía, desobediencia paterna y comisión de delitos cibernéticos.
El primero de los cargos a los que se enfrentó Badawi, apostatar de la religión islámica, está castigado con la pena de muerte, pero, sometido el caso a una corte superior, los magistrados retiraron la acusación en el último momento. No obstante, el resto de las acusaciones tuvo como consecuencia el cierre de la web y una condena a 600 latigazos y siete años de prisión por "violar los valores islámicos y propagar el pensamiento liberal". La sentencia sería ampliada este mes mayo hasta mil latigazos, diez años de cárcel y una multa de un millón de riyales (unos 267.000 dólares).
El bloguero saudí fue propuesto por el Partido de la Libertad Individual de España para el Premio de la Libertad, galardón que concede cada año la Internacional Liberal. A comienzos de mayo Amnistía Internacional se sumó a la campaña para la liberación de Badawi exigiendo a las autoridades saudíes la anulación de la "sentencia escandalosa" de que ha sido víctima. Para Philip Luther, director del programa de Oriente Medio y Norte de África de la referida organización humanitaria, Badawi es
un preso de conciencia culpable solamente de atreverse a crear un foro público para el debate y el ejercicio pacífico del derecho a la libertad de expresión. Las autoridades deben revocar su condena y liberarlo inmediatamente y sin condiciones.
De la entereza de Badawi da cuenta su esposa, al relatar en Twitter la respuesta de su marido cuando el juez le preguntó si era musulmán: "Sí, y no acepto que nadie ponga en duda mis creencias". Badawi cree que la práctica del islam no tiene por qué ser incompatible con el ejercicio de los derechos individuales, con la libertad de expresión y con una sociedad respetuosa con las diferentes creencias religiosas.
Como demuestra su propio caso, se trata de una de las amenazas más graves para los regímenes islámicos, que sus dirigentes, en especial los saudíes, no parecen dispuestos a tolerar bajo ningún concepto, al menos a corto plazo.
La izquierda es pacifista, demócrata y defensora de los animales. La gente de izquierdas, como es bien sabido, ama a la Humanidad, está en contra de la guerra y rechaza cualquier tipo de violencia, salvo que se ejerza contra alguien de derechas, en cuyo caso se disculpa o se apoya de manera entusiasta, según el nivel de compromiso ético de cada cual. Lo vimos con el accidente de la delegada del Gobierno en Madrid, que finalmente pudo salvar la vida para desolación de los varios miles de superdemócratas que le deseaban una muerte dolorosa por no pensar como ellos, y lo vemos ahora con el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, motivo muy celebrado también en los ambientes concienciados de internet, desde donde se han proferido los insultos más graves contra la víctima y sus familiares, despliegue de elegancia sólo al alcance de verdaderos progresistas.
Las redes sociales sacan lo peor de cada uno con independencia de colores políticos, pero en los progres el fenómeno se agudiza porque ya vienen de casa con una enfermiza superioridad moral que les faculta para perpetrar cualquier disparate. Los medios de comunicación de izquierdas fomentan en gran medida esta egolatría ideológica con su manera de tratar asuntos tan delicados. En el caso del asesinato de Isabel Carrasco, con el cadáver todavía tirado en el asfalto, un reportero de La Sexta detallaba a la audiencia los casos de corrupción en los que estaba implicada y lamentaba que, "por desgracia", ya no pueda sentarse en el banquillo. Sobran las palabras.
Las redes sociales han sustituido a los graderíos de los campos de fútbol como espacio para el insulto y la agresión al amparo del anonimato de la masa. Los aficionados volvían antes del campo afónicos tras pasarse hora y media injuriando a un señor de negro al que no conocían de nada y retomaban sin mayores problemas su vida ordinaria, intachable en la inmensa mayoría de los casos. Ahora hacen lo propio tecleando barbaridades en sus cuentas de Facebook o Twitter, que además de ser más baratos que ir al fútbol tienen la comodidad añadida de que se pueden manejar desde el sofá de casa. Los estadios ya no gozan de su antigua impunidad gracias a la vigilancia electrónica, y algo parecido está empezando también a pasar en internet gracias a las unidades especializadas de la Policía, pero, dados los propios condicionamientos del medio, la basura en las redes sociales es hoy por hoy un fenómeno inagotable.
Decía Einstein que el Universo y el número de cretinos eran las únicas dos magnitudes infinitas conocidas. Twitter y Facebook son la prueba de que, al menos en lo segundo, el célebre sabio tenía razón.
No hay nada como definir algo como derecho para que parezca inevitable y justa su defensa. Sin embargo, casi todo lo que hoy día se llama derecho no es sino la imposición de las preferencias de unos sobre otros. Así, el derecho al olvido no supone otra cosa que la imposición de una obligación sobre los sitios web y, ahora, los buscadores, de eliminar información veraz de internet. Supone un atropello a la libertad de expresión en nombre de un derecho que se inventaron anteayer unos burócratas con demasiado poder sobre nuestras vidas.
La decisión de la Agencia Española de Protección de Datos de denunciar a Google por no eliminar de su buscador enlaces que, a su entender, afectaban al fantasmagórico "derecho al olvido" suponía un reconocimiento en toda regla de lo mucho que afecta a la libertad de expresión. De hecho, su primera petición incluía la exigencia a Google de eliminar unos enlaces a El País, pero no pedían la retirada del contenido al propio periódico porque reconocía que afectaría a la libertad de expresión. En cambio, no considera un derecho fundamental permitir acceder cómoda y fácilmente a la información que publicaba el diario de Prisa, de modo que Google se joroba y, con él, todos sus usuarios. Y ahora los tribunales europeos le dan la razón.
Sin embargo, digan lo que digan en Europa, el derecho a indexar y enlazar contenidos de otros no es más que un caso particular del derecho a la libertad de expresión, del mismo modo que éste no deja de ser una parte del derecho de propiedad. Tenemos la libertad de decir lo que queramos en nuestra propiedad, del mismo modo que no lo tenemos en una propiedad ajena: su dueño tiene perfecto derecho a no escucharme ni publicar mis opiniones. Y cuando se escribe en internet, los enlaces forman parte de esa expresión protegida.
Si en una web de mi propiedad, cuando un usuario pregunta por Mario Costeja aparece una subasta de inmuebles suyos derivados de deudas con la Seguridad Social, y la información en cuestión es perfectamente correcta, ¿qué derecho hay a inmiscuirse en esa transacción? El usuario pedía información, y yo se la he dado. Si eliminar esa información de la fuente original afecta a la libertad de expresión, ¿cómo no va a afectar a ese mismo derecho prohibir enlazarlo?
La única forma de que ese "derecho al olvido" se convirtiera en realidad consistiría en prohibir no ya internet, sino directamente la lectura y la escritura. La humanidad ha salido de la cueva gracias precisamente a que dejamos de olvidar el conocimiento acumulado de la especie. Convertir la ignorancia en un derecho, y prohibir el acceso a información veraz es algo muy del gusto de la burocracia española y europea, pero un insulto a todos los que respetamos los derechos reales, violados una vez más por la UE.
Alfred Bosch, portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, se quejó de las subidas del IVA porque "perjudican a la gente más modesta, porque gravan a todo el mundo por igual". Inmaculada Rodríguez-Piñero, secretaria general de Economía del PSOE, se opuso a la supresión de la deducción por vivienda, y dijo que debería "beneficiar a las personas más modestas". ¿Qué le pasa a la izquierda con la modestia?
Por extraño que parezca, no hay nada particularmente malo en la imposición indirecta. El liberalismo clásico la consideró la mejor fiscalidad, mucho mejor que la directa, a la que criticaron, con razón, argumentando que no podía establecerse sin que el fisco se entrometiera en la vida privada de los ciudadanos, un argumento que hoy parece ridículo, pero sólo porque al parecer ya estamos acostumbrados a las incursiones punitivas del poder. Incluso las aplaudimos.
En la tradición liberal lo que estaba mal era la imposición misma, que debía ser limitada para preservar la libertad. Todo esto se ha perdido, igual que muchos economistas han perdido la memoria de James Buchanan, y eso que le dieron un Premio Nobel y ha estado vivo hasta hace pocos meses. Prefirieron olvidarlo, porque Buchanan quitó el velo de la inocencia de la Hacienda Pública, invitándonos a analizar la lógica del poder, de modo de comprender, por ejemplo, que la coacción fiscal necesita legitimarse, y para eso recurre a la degradante justificación de que los impuestos están bien siempre que se cobren de manera diferente. Eso, que es lo contrario de la justicia, ha venido a presentarse como espejo de la misma. Y así crece el Estado, forzándonos a todos a ser modestos, sobre todo a los más modestos.
Pero ellos son en realidad el último objetivo del interés de la izquierda, salvo a la hora de votar: en efecto, todo su discurso estriba en alegar que ellos y sólo ellos cuidan de los más pobres, pero, como el Estado es demasiado grande, no hay manera de financiarlo sino es cobrándoles cada vez más a los más pobres (pobre no sólo es el que no tiene dinero sino el que no puede ocultárselo a Hacienda). Ante esta situación, la única alternativa de la izquierda es mentir. Y por eso todo el rato insiste en que sus políticas antiliberales son buenas para los más modestos, es decir, precisamente a quienes más humillan.
"No existe política económica que garantice estabilidad y certeza. Los únicos sitios donde hay estabilidad y certeza son la prisión y la tumba" Milton Friedman
Les doy dos cifras para empezar este fin de semana: 60% y 960.000 millones de euros.
El 60% de los votantes europeos probablemente no va a participar en las elecciones, según Europa Press, y el presupuesto aprobado por la Unión Europea para 2014-2020 es de 960.000 millones de euros. Dinero pagado también con los impuestos de ese 60% que tal vez no vote.
En estas elecciones no se deciden, ni tiene posibilidad de aprobarse, gran cantidad de las propuestas que pueblan los programas económicos de algunos de nuestros partidos. Se decide si Europa va a continuar por la senda del saneamiento y empezar a atraer capital y crear empleo o caer en otro error y agrandar el agujero.
Merece la pena recordar quiénes son los candidatos a presidente de la Comisión Europea: Jean-Claude Juncker (Luxemburgo, conservador) y Martin Schulz (Alemania, socialista). No es una batalla sobre política nacional ni es un debate entre austeridad y despilfarro. En nuestro país, los representantes de los dos grandes partidos sumarán en total un 10%, como máximo, de sus respectivos grupos. Por lo tanto, las soluciones mágicas que se pasean en los medios de comunicación nacionales de volver a 2008 ni entran en la agenda. Son humo. Cualquier entrevista con Schulz o Juncker nos muestra que, gane quien gane:
No se va a cambiar el mandato del Banco Central Europeo (BCE) ni existe posibilidad de aumentar los déficits hasta niveles estratosféricos para “relanzar la economía” y cuando falle, quejarse de que los mercados nos atacan. Los que reclaman “copiar a Obama y Bernanke” monetizando deuda (imprimiendo dinero) en realidad lo que quieren es copiar a Argentina cuando rechazan el mismo nivel de apertura económica, bajos impuestos y flexibilidad de Estados Unidos.
Ninguno de los grupos políticos puede garantizar estabilidad ni crecimiento ni reducción de paro. Desde 2008, se han gastado decenas de miles de millones en planes de empleo, un 3% del Producto Interior Bruto (PIB) de la eurozona en planes de estímulo y se ha disparado el gasto público al 49,2% del PIB para acabar con 26 millones de parados.
Las delirantes propuestas de una Europa sin Alemania son simplemente imaginaciones. Sin Alemania, Europa no podría financiar déficits de 4-4,5% del PIB a tipos históricamente bajos, y sin el Bundesbank el Banco Central Europeo sería una anécdota. Europa sin Alemania no contaría ni de lejos con la confianza necesaria para asegurar esa capacidad financiera. Europa no es nada sin Alemania y viceversa. Por eso, Alemania, como una parte de los problemas y las soluciones, no debe sostener un eterno “financiador de proveedores” que nunca paguen. Y por eso se mantienen los apoyos a pesar de incumplimientos consecutivos. Porque para decir que Merkel “nos manda”, poco caso hacemos.
Por lo tanto, estamos centrando el debate de Europa en propuestas que ni están en la agenda. Las llamadas inflacionistas siempre olvidan que exigir a Alemania inflación no soluciona nada, cuando un aumento del 5% en sus importaciones del resto de Europa tendría menos de un 0,25% de impacto positivo sobre España y los países periféricos.
Estas elecciones son esenciales para reforzar la confianza empresarial y potenciar el consumo.
Nada más y nada menos. Desafortunadamente, no vamos a ver enormes cambios en la UE, pero continuar bajo la ilusión de que Europa va a salir de la crisis con planes industriales estatales es un error. La verdadera crisis de Europa, y causa de la desindustrialización y deslocalización, ha sido por esos enormes planes estatales que han llevado a sobrecapacidad y sobrecoste en infraestructuras, energía, etc. El coste de todos esos planes Marshall eternos en los que se ha embarcado Europa desde 1999 (lean mi artículo aquí) ha llevado a ahogar a impuestos a empresas y familias.
Ahora toca atraer capital
Dependiendo del resultado de estas elecciones, las empresas, que son las que invierten y crean empleo, pueden percibir confianza y recuperar el ánimo inversor, o asustarse ante el riesgo de que Europa vuelva a hundir sus economías con innecesarios planes de estímulo que luego implican enormes aumentos de impuestos.
Fíjense en este grafico cortesía de Merrill Lynch que se resume con la palabra desconfianza.
Hemos pasado de la Europa que rebota desde mínimos, empieza a solventar su problema bancario, se financia a mínimos históricos y corrige los desequilibrios alcanzando superávits comerciales, al riesgo de complacencia. Si la Unión Europea es ya de por sí un entramado burocrático, entorpecer aún más la recuperación con intervencionismo y proteccionismo puede hacernos recaer en la crisis.
Queda mucho por hacer:
A pesar de las reducciones de déficit, los niveles de deuda siguen siendo inaceptables en la mayoría de los 27 países. La confianza ha mejorado gracias a la gradual recuperación, pero es muy frágil. En el Eurosistema existe un exceso de liquidez de 180.000 millones de euros según el BCE. No debemos caer en la trampa de liquidez que ha llevado a todas las primas de riesgo a mínimos y entregarnos de nuevo al endeudamiento salvaje. Porque la liquidez extrema se acaba, hasta en los países que imprimen moneda y no evita la necesidad de ajustes presupuestarios.
En Europa hay 26 millones de parados que solo han aumentado con planes, estímulos y comités. Mientras, unos partidos y otros debaten si hay que dar 8.000 o 20.000 millones a un “fondo para combatir el paro juvenil”. Ambas cifras son francamente inútiles. No consiguen nada que no se haría, de manera mucho más eficaz, si se redujeran trabas burocráticas e impuestos a las empresas y familias para relanzar el consumo.
Nos pasamos todo el tiempo echando la culpa a Merkel y a Bruselas, o al BCE, de nuestros males, pero a la vez les concedemos una especie de varita mágica que asume que todos nuestros problemas se solucionarían gracias a ellos. Y no es correcto. Ni Bruselas dicta todas nuestras leyes ni su poder o el del BCE es omnipotente.
Europa no va a reducir sus 26 millones de parados recurriendo al déficit y al gasto público. Porque no lo hizo nunca, ni en la época de la expansión. Y porque el sistema financiero europeo sigue siendo demasiado frágil, a pesar de las mejoras incuestionables. Mucho se critica a los bancos, pero casi todo el mundo pide más déficit e inversiones públicas, que deben pensar que se financian en Marte. Luego hablan de deuda odiosa mientras piden más crédito, y, por supuesto, barato.
En Bruselas confían demasiado en un objetivo quimérico de recuperar industria hasta un 20% del PIB, imposible cuando la presión burocrática y fiscal sólo aumenta en sectores subvencionados que encarecen las facturas de los consumidores a niveles inaceptables y en el acuerdo comercial con Estados Unidos que esperan que atraiga hasta 130.000 millones de euros a Europa.
Pero la verdadera solución está en los sectores que ya han sobrevivido a la crisis y en las familias. Un aumento del 3% anual de las inversiones de las empresas europeas y un aumento del consumo del 2% de las familias entre 2014 y 2017 tendría un efecto expansivo que duplica el impacto de los mismos fondos gastados por los estados, y encima no cuestan al contribuyente (correlación observada entre aumento de gasto público y privado con PIB desde 1999).
El coste y burocratización de la UE preocupa, y hay que exigirle el mismo esfuerzo que han hecho empresas y familias. Nos jugamos la partida a dos opciones: volver a repetir los errores del pasado o crear un modelo que pueda competir a nivel global. Estamos saliendo poco a poco del agujero. Espero que, gane quien gane, no compre una pala más grande para cavar más profundo. Porque lo paga usted. Siempre.
La consejera de Industria del Gobierno de Canarias, Francisca Luengo, ha declarado que «en Canarias producir con renovables es tres veces más barato». Además, el presidente del Gobierno, Paulino Rivero, ha dicho que el precio de producción eléctrica en las Islas por medios convencionales es de «230 euros por megavatio-hora y el de las renovables es 89». También la portavoz de energía del PSOE en el Parlamento, Lola Padrón, afirma que su grupo «rechazará todo lo que tenga que ver con el petróleo» y fomentará las «energías renovables». Todos ellos quieren que en 2020 este tipo de energías llegue al 30% de la producción en las Canarias. Actualmente, según el informe de Red Eléctrica de España, hay un 11% de potencia instalada.
Asegurar que las renovables en Canarias son más baratas que las térmicas, fuel o gas, y decir que su coste es de 89 €/MWh, sin especificar si estamos hablando de eólica, hidráulicas o fotovoltaica y sin decir si están o no incluidos los costes de las redes de distribución es cuanto menos tendencioso.
Por el tamaño de las Islas, el coste de generación de la electricidad mediante gas o fuel podría ser similar que el de la eólica, del orden de 82 €/MWh de retribución media para el año 2013, pero no que la fotovoltaica, cuya retribución media, según los datos de la CNMC es de 355 €/MWh. Sin embargo, el problema en los sistemas insulares es que para prevenir cortes hay que sobredimensionar la generación con muy bajos índices de utilización.
Por ello, de los 230 €/MWh de que habla el señor Rivero, más de la mitad, en torno a 150€, son costes fijos por seguridad que debe pagar el sistema con independencia de la fuente usada. Por esta razón, el coste variable de producción por medios térmicos o eólicos es semejante, siendo las zonas de mayor número de horas de viento y, por tanto de mayor generación, nuestras costas y esto conllevaría unos costes ambientales y económicos elevados, porque llenaría de molinillos el paisaje de las zonas turísticas.
Si habláramos de las fotovoltaicas, la cosa sería aún peor. Suponiendo que la mitad de ese 30% que pretenden imponer, es decir, un 15%, fuera de este tipo de fuentes, el sobrecoste sería aproximadamente de 157 millones de euros. El consumo actual de Canarias es de 8621 GWh. El 15 % son 1293 GWh o 1293000 MWh. Como la remuneración de la fotovoltaica está ahora en 355 €/MWh y el coste total, según dice Rivero, es de 233 €/MWh de la generación convencional, el sobrecoste es de 122 €/ Mwh. Si multiplicamos 122 por 1.293.000 obtenemos esa astronómica cifra de 157 millones de euros, de lo que se deduce que es falso que las renovables sean más baratas en Canarias.
No obstante, el principal problema en las Islas es el sobrecoste de generación eléctrica con respecto a la Península, pues para asegurar que los canarios paguen lo mismo que los peninsulares, el Estado aporta 650 millones de euros, como ha explicado el ministro José Manuel Soria.
Se debería dejar de mentir a los canarios y no forzarles a utilizar unas fuentes energéticas más caras, que no han elegido sino que les han impuesto y que han contribuido a que la deuda en el conjunto del país se dispare por encima de los 25.000 millones de euros.
Estaría bien que por una vez se permitiera que los ciudadanos eligieran su fuente energética y se liberalizara el autoconsumo y que el ciudadano canario produzca y consuma la fuente que prefiera, ya sea la instalación de placas solares de uso doméstico o la microcogeneración. Los ciudadanos se ahorrarían los elevados costes que supone subvencionar esta generación más ineficiente que el autoconsumo y podrían consumir de la red solo cuando les interesara económicamente. Pero esto no beneficia ni a políticos ni a empresas como Unelco-Endesa, Red Eléctrica o Enagás, ni a los lobbies de las renovables.
De tanto en tanto los socialdemócratas de Suecia atacan a las escuelas libres (Friskolor, escuelas públicas de gestión privada). Más recientemente, con la propuesta de dar a las autoridades municipales poder de veto sobre el establecimiento de nuevas escuelas libres a fin de detener su supuesta sobreexpansión. Esto implica que las municipalidades tendrían atribuciones para impedir la creación de centros que compitan con los propios, lo que era justamente la idea de la reforma que en 1992 permitió, gracias a un sistema de cheque o voucher escolar, la creación de las escuelas libres. Por su parte, los socialdemócratas de Escania van mucho más lejos y quieren suprimir el derecho mismo a elegir escuela, sea esta de gestión pública o privada.
Se nota la nostalgia de los socialdemócratas por aquel tiempo en que regía el orden en el frente escolar y en tantos otros. Sí, aquel tiempo en que ellos podían decidir tanto y los ciudadanos tan poco. ¡Ay, tantas libertades –de elegir guardería, escuela, centro médico, forma de atención a los mayores o a los discapacitados, etc.– que han destruido el idilio socialdemócrata!
De todo ello, la pérdida de poder sobre la escuela es lo que sin duda más les duele. El proyecto socialdemócrata clásico tenía su eje en la socialización del individuo mediante la socialización (estatización) de la escuela. Es así como se crearía el hombre nuevo socialista, formado por el Estado desde la cuna hasta la tumba. Por eso es que la existencia de las escuelas libres es tan dolorosa para los socialistas de todo pelaje.
Eso hace del movimiento de las escuelas libres el verdadero héroe de la lucha por la libertad en Suecia. Empezó de manera muy modesta en 1992-93, pero hoy abarca unas 1.250 escuelas básicas y secundarias, a las que asisten más de 210.000 alumnos. A ello hay que agregar más de dos mil centros infantiles y las 55.000 personas que trabajan en alguna escuela libre para poder aquilatar el peso de este movimiento que no ha dejado de crecer desde su nacimiento y que ha sido la punta de lanza de la transformación del viejo Estado-patrón sueco en un Estado solidario, que amplía las libertades empoderando al ciudadano en vez de ponerse por sobre él.
La socialdemocracia sabe que le sería muy costoso lanzarse a una confrontación frontal con un movimiento popular tan significativo. Por ello elige una línea más cautelosa de ataque, consistente en tratar de frenar el aumento de las escuelas libres y, haciendo gran cosa de algunos ejemplos de mala gestión, sembrar la desconfianza hacia los emprendedores escolares y su legítimo afán de lucro.
Es lo que le queda cuando no se puede recurrir a ningún argumento serio contra el movimiento de las escuelas libres. De hecho, las investigaciones realizadas no han podido documentar ni un solo efecto negativo del surgimiento de las mismas. La segregación socioeconómica, por ejemplo, no ha cambiado de manera significativa, ya que el sistema sueco no permite el copago ni cobro extra alguno en las escuelas libres.
Pero no solo eso, la estadística de la Superintendencia de Escuelas muestra que la diferencia de resultados, medida por las calificaciones obtenidas, ha ido disminuyendo sucesivamente entre la escuelas básicas libres y las municipales, mientras que en las secundarias ha simplemente desaparecido. Esto se debe a los esfuerzos hechos por el sector municipal por crear centros atractivos ahora que no tienen que vérselas con súbditos o clientes cautivos, sino con ciudadanos libres y empoderados, de cuya elección depende la subsistencia de las escuelas.
Además, el personal de las escuelas libres está claramente más satisfecho con su situación que aquel de las de gestión municipal, y no se ha realizado ni una sola huelga contra la existencia de las escuelas públicas de gestión privada (claro, en Suecia los empleados públicos no forman un estamento privilegiado de funcionarios). Y esto para no hablar de lasatisfacción de los padres y los educandos que han elegido una escuela libre en vez de una municipal.
En vez de llevar adelante este tipo de campañas insidiosas contra las escuelas libres, la socialdemocracia debería honestamente reconocer que los verdaderos problemas de la escuela sueca tienen que ver con esa escuela de frivolidad (flumskola), basada en la ausencia de disciplina y exigencias, donde todo es juego y falta de autoridad y responsabilidad, que ellos mismos crearon. La escuela socialista es la escuela de la mediocridad, y con su herencia está lidiando Suecia todavía.
Este es el sonoro slogan de quienes dicen estar en contra de las políticas dictadas por el monstruo de tres cabezas integrado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional a aquellos países que solicitaron el rescate total, parcial, bancario, temporal o de cualquier tipo a esas mismas instituciones. Ahora está en las entrañas mismas de la política europea liderada por Elena Valenciano. La vida siempre supera a la ficción.
El origen político del movimiento Fuck The Troika
Cuando los gobiernos de diferentes países, la mayoría mediterráneos con la excepción de Irlanda, una vez acabada la resaca de la burbuja financiera y, en nuestro caso, del doble colocón consistente en la burbuja financiera y la inmobiliaria, miraron con la luz del nuevo día el enorme roto presupuestario de sus alcancías, debieron quedarse petrificados. "No puede ser" debieron pensar uno tras otro al darse cuenta del desastre. "¿Y ahora qué?", imagino que se dirían en las reuniones del gabinete. Y, como Venus que emerge de las aguas, ahí estaba la Unión Europea, unión de hermanos en lo bueno y en lo malo, para ayudarnos.
"Pero, mira lo que os digo" añadiría la Unión Europea como virgen prudente que ha guardado aceite para alumbrar su lámpara, "que esto os lo presto con vuelta, no es un regalito, que se lo hemos sacado a los votantes europeos de los países que se han organizado mejor". Y, antes de retirarse a sus aposentos de Bruselas, giraría la cabeza y preguntaría otra vez: "El caso es que, visto lo visto, no me fío mucho, creo que lo mejor es que os dibuje la ruta por la que ha de transcurrir la recuperación de manera que me devolváis lo acordado en tiempo y forma sin que pase algo peor. ¿Os parece bien?". "¡Sí, sí me parece fenomenal, pero dame el dinero que no tengo para cubrir lo mínimo!" dijeron al unísono los países quebrados. Y la Unión Europea, asociada al FMI y al BCE, formó la troika, porque parecía justo que la UE decisora y el BCE banquero estuvieran acompañados por una institución supranacional.
Pero hete aquí que cuando los jefes de gobierno de cada uno de esos países manirrotos empezaron a aplicar las medidas acordadas voluntariamente a cambio del dinero, y los ciudadanos que les habían votado empezaron a mirarles mal porque les tocaban el bolsillo, el trabajo, las comodidades y, a veces, servicios esenciales, los presidentes, todos a una como en Fuenteovejuna, miraron a la troika, que ya no eran tres dulces doncellas prudentes dispuestas a prestar sino una hidra de tres cabezas con lengua de fuego y mirada letal. Y estos ciudadanos protestaron: "Es que nosotros no hemos pedido ese dinero, no es nuestra deuda, no tenemos nada que devolver. Fuck the troika!", sin darse cuenta de que en realidad estaban diciendo "fuck" a esos ciudadanos honrados de otros países con cuyos impuestos están prestando a mi país para salir de esta bancarrota, propiciada, eso sí, por los políticos votados por la sacrosanta mayoría.
La otra troika de Elena Valenciano
Y entonces, cuando Portugal ya no necesita tutela, cuando Irlanda tampoco, cuando el rescate bancario español se ha completado y Grecia sigue luchando, llega Elena Valenciano y a menos de un mes de las elecciones al Parlamento Europeo, para el que es candidata del PSOE, propone una "troika social" y una suerte de nuevo Plan Marshall para Europa, porque ya está bien de tanto mercado, ¡hombre! Hagamos más caso a la sociedad (como si el mercado no fuera la sociedad o pudiera existir sin ella). "Parece que el Estado de bienestar se ha convertido, de la noche a la mañana, en un lujo que no nos podemos permitir. Y no es así. No podemos ceder ante quienes quieren instalar el dogma neoliberal del fin del Estado social". Esas son las palabras de Valenciano.
Primer error, no ha sido de la noche a la mañana, se ha ido macerando la catástrofe euro a euro, gastado en beneficio de los políticos (como ella), y ganado por los ciudadanos. El tema demográfico es otro matiz que esta mujer no tiene en cuenta, como tampoco el paro generado bajo mandato socialista, su partido. Eso sí que es antisocial.
Tampoco se acuerda Elena Valenciano del apoyo de Zapatero a la flexibilización del Fondo de Rescate para permitir que sucediera exactamente lo que ha sucedido, ni el dinero puesto a disposición de la banca bajo diferentes epígrafes. Desde 2008, la banca recibió 81.000 millones en avales del Estado para liquidez y unos 30.000 millones más de ayudas públicas y privadas para fortalecer la solvencia del sector. Y a pesar de eso, España tuvo que pedir rescate bancario. Eso sí, Zapatero ya estaba retirado contando nubes y escribiendo su libro. Uno de ficción.
El tema de las preferentes ha centrado la atención de la opinión pública a lo largo de los últimos tres años. El caso ha generado una intensa polémica política y, sobre todo, numerosas protestas por parte de los afectados. En este sentido, Bankia ha copado buena parte de las críticas debido al tamaño de la entidad y, por tanto, al elevado número de clientes que, de una u otra forma, se vieron entrampados en la contratación de productos híbridos (deuda subordinada y preferentes) tras aflorar los graves problemas de solvencia que sufría la entidad.
Sin embargo, el mecanismo de arbitraje puesto en marcha por el Gobierno para resarcir a los inversores minoristas, unido a la fuerte relavalorización que ha experimentado la cotización de Bankia tras el rescate público, han permitido que la mayoría de los afectados haya recuperado su inversión e incluso muchos estén ganando dinero. En la actualidad, y tomando como referencia un precio de 1,5 euros por acción, algo más del 65% de los afectados ya ha recuperado lo invertido, mientras que el resto, si bien acumula un pérdida próxima al 19,5%, lo hará en cuanto la cotización supere los 1,8 euros.
Bankia llegó a acumular preferentes y deuda subordinada por valor de 6.231 millones, en manos de de 294.905 titulares. De éstos, 192.268 (65%) ya han recuperado su inversión por la vía del arbitraje tras obtener la opinión favorable del experto independiente. En concreto, el árbitro ha resuelto a favor un total de 137.480 expedientes, solo que el número de clientes beneficiados es mayor puesto que muchos de estos contratos estaban a nombre de dos personas (doble titularidad, como en el caso de un matrimonio, por ejemplo).
Del total de solicitudes de arbitraje (182.942), el experto resolvió en contra 45.460 casos ante la evidencia probada de que el titular conocía perfectamente la naturaleza y los riesgos del producto contratado.
Ahora bien, dentro del total de afectados (294.905), cabe distinguir claramente entre dos grupos:
Aquellos que, voluntariamente, decidieron canjear sus productos híbridos por acciones de Bankia en marzo de 2012, poco antes de la nacionalización de la entidad.
Y quienes fueron obligados a convertir sus títulos de deuda (subordinada y preferentes) en acciones (capital), previa aplicación de quitas, durante el proceso de reestructuración que tuvo lugar en 2013, después de que el Estado inyectara unos 22.000 millones de euros en la entidad para evitar su quiebra.
Al canje de 2012 acudieron un total de 115.541 clientes. En este caso, el problema es que el valor de las acciones recibidas se vio diluido casi por completo tras la nacionalización y la posterior ampliación de capital de la entidad. Sin embargo, de estos clientes, el 95% de los que solicitaron el arbitraje ha recuperado el 100% de su inversión. Es decir, casi la totalidad de inversores.
Mientras, el canje obligatorio de 2013 se aplicó a los restantes 179.364 afectados. De éstos, el 42% gana dinero con la subida de la acción y el 58% restante sufre una pérdida inferior al 20%. Aquí cabe tener presente que dicha cifra incluye tanto a los titulares de deuda sobordinada como de participaciones preferentes, pertenecientes a distintas emisiones y a las diversas cajas que, en su día, se fusionaron para crear Bankia.
El análisis de la tres emisiones principales, cuyo volumen suma un total de 4.800 millones de euros, refleja la recuperación de ahorros que está propiciando la fuerte revalorización bursátil de Bankia. No en vano, las nuevas acciones de la entidad en su segunda salida a Bolsa, hace casi un año, cerraron su primera sesión en 0,60 euros, mientras que hoy rondan los 1,50 euros. El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, ya ha expresado en diversas ocasiones que su principal objetivo es generar el máximo valor posible para devolver el dinero del rescate público.
Las tres grandes emisiones citadas, ordenadas por importe de menor a mayor, son las siguientes:
Deuda Subordinada de Caja Madrid emitida en 2010 por valor de 800 millones de euros: se aplicó una quita del 10% y el resto se canjeó por nuevas acciones a un precio de 1,35 euros. A la cotización actual de 1,5 euros, y una vez descontados los intereses cobrados por dichos bonos menos lo que hubieran percibido por un depósito tipo, estos inversores han registrado una ganancia del 11,3%. Son unos 25.000 clientes.
Deuda Subordinada de Bancaja emitida en 2009 por valor de 1.000 millones de euros: también sufrieron una quita del 10%. En este caso, la ganancia asciente al 22,6%. Son unos 39.000 clientes.
Preferentes de Caja Madrid emitidas en 2009 por valor de 3.000 millones de euros: sufrieron una quita media del 37% y el resto se canjeó por nuevas acciones a un precio de 1,35 euros. Al precio actual de 1,5 euros, su pérdida media ronda el 19,5%, descontados los intereses cobrados por las preferentes (7% anual) menos lo que hubieran percibido por un depósito. Son 102.000 clientes.
En cuanto a estos últimos preferentistas, recuperarían el 100% de la inversión en caso de que Bankia supere los 1,8 euros por acción. Sin embargo, conviene advertir que ya habrían recuperado todo el dinero si el canje se hubiera efectuado a 1 euro por acción, que era el valor en libros de Bankia en su segunda salida a Bolsa, en lugar de 1,35. Dicho precio fue fijado por el Fondo de rescate bancario (FROB) para que acreedores y el propio Estado, que también entró a 1,35 euros en el capital del grupo financiero, asumieran parte del agujero patrimonial que presentaba la entidad (algo más de 4.000 millones de euros) como consecuencia de las abultadas pérdidas registradas en 2012.
Ejemplo: 100.000 euros en preferentes
El siguiente ejemplo muestra un caso tipo en el que un particular invierte 100.000 euros en las preferentes de Caja Madrid emitidas en 2009:
Tras la quita del 37%, su inversión nominal queda reducida a 63.000 euros. Dicho importe se canjea por acciones de Bankia emitidas a 1,35 euros por acción.
A cambio de sus preferentes, recibe un total de 46.667 acciones.
A los 100.000 euros iniciales cabe restar los intereses cobrados por la emisión (7% anual) menos lo que hubiera percibido por un depósito tipo (Euribor a 12 meses), lo cual arroja como resultado unos 86.950 euros.
A una cotización de 1,5 euros, el precio de las acciones recibidas ronda los 70.000 euros, con lo que la pérdida implícita se situaría en el 19,5% (16.950 euros).
Si la acción sube a poco más de 1,8 euros, recuperaría el 100% de la inversión. De hecho, si el canje se hubiera hecho a 1 euro en lugar de 1,35, ya estaría ganando dinero.
Si, además, hubiera acudido al arbitraje y su solicitud resultara favorable, el particular ya habría ganado dinero en función de la fecha del laudo. Tomando también como referencia 100.000 euros:
El árbitro resuelve que el particular tiene derecho a que se le devuelva la inversión, una vez descontados los intereses abonados menos el interés que habría obtenido en un depósito (los 86.950 euros citados en el anterior ejemplo).
Se le abona en efectivo dicho importe, pero descontando el valor de las acciones que recibió en el canje, tomando como referencia la cotización de Bankia el día anterior a la firma del convenio de arbitraje.
Los primeros laudos se abonaron en junio de 2013, cuando la acción rondaba los 0,60 euros. De este modo, teniendo en cuenta que el valor de sus 46.667 acciones sumaba entonces 28.000 euros, el preferentista recibió en metálico 58.950 euros -la diferencia entre la cuantía que marca el laudo y el precio de sus acciones en esa fecha-.
Si hubiera vendido entonces sus acciones, habría recuperado el 100% de su inversión en preferentes. Pero, si hubiera esperado, hoy valdrían 70.000 euros que, sumados al abono de 58.950 euros en efectivo, arrojarían como resultado un total de 128.950 euros (28.950 euros más que la inversión inicial en preferentes).
Un anuncio de Desigual ha provocado una fuerte polémica en internet. Una mujer se pone un cojín en la tripa, se prueba ropa de la marca en un probador y, satisfecha con lo que ve, agujerea unos condones para ser madre. La indignación, como siempre, se ha centrado en lo denigrante y machista del anuncio, que pinta a las mujeres como idiotas irresponsables que únicamente se fijan en su aspecto. Pero es justo aquello de lo que no se ha hablado lo que debería movernos a la indignación.
Al fin y al cabo, lo que la protagonista del anuncio de Desigual se propone es forzar a un hombre a una paternidad no deseada. El pobre tipo que se acueste con semejante pájara se verá forzado a mantener económicamente a un hijo que no quería, y cuya fecundación quiso evitar tomando medidas anticonceptivas. Un mensaje que se refuerza con el eslogan de la campaña: "Tú decides", y las excusas de la marca, que afirma que el spot es una invitación a que la mujer “coja las riendas de su vida”. Sí, la mujer. Al hombre que le vayan dando.
Este anuncio es un ejemplo de la situación que la psicóloga Helen Smith denuncia como una auténtica guerra contra los hombres. Smith se solía considerar feminista porque cree en la igualdad entre los sexos, pero ya hace tiempo que el feminismo se ha convertido en una ideología que busca una situación de privilegio de la mujer sobre el hombre, y es ahora éste quien necesita justicia. Men on strike es el producto de esta preocupación, un libro que si bien flaquea en el estudio de hasta qué punto están extendidas las situaciones que denuncia, resulta bastante efectivo como llamamiento a que los hombres, y las mujeres decentes, despierten de una vez y reclamen los derechos de la mitad de la sociedad.
El punto de partida de este ensayo es la huida de los hombres ante el compromiso, el matrimonio y la paternidad. Pero en lugar de culparlos por ello por ser unos inmaduros irresponsables y egoístas, que es lo habitual, Smith se hace una pregunta incómoda: ¿y si fuese una reacción completamente racional a los incentivos a los que se enfrentan? ¿Y si los hombres, como los protagonistas de La rebelión de Atlas, han decidido encogerse de hombros y dejar de cargar con el peso de un mundo que los desprecia y humilla?
Así, las leyes que regulan el matrimonio y la familia y los jueces que deciden sobre esos casos obligan al hombre a tener una fe casi ciega en su pareja para cometer el suicidio económico y emocional en que puede convertirse su matrimonio. Existe incluso una asociación que lucha para que las leyes no obliguen a los hombres que han sido engañados para criar a un hijo que no es suyo a pagar una pensión por él, una situación de la que no estamos muy lejos. Porque, por supuesto, en el caso de que una mujer pinche el condón para ser madre sin el consentimiento de su pareja ni siquiera se contempla que el hombre pueda dejar de afrontar los gastos de su paternidad. Las feministas se ponen estupendas con eso del derecho a elegir ser madre, pero jamás las verán defendiendo que los hombres tengan opción alguna en esa materia: su trabajo es pagar y callar. Algunos estados llegan tan lejos como para permitir a las mujeres ser madres sin informar al padre y esperar hasta veinte años para exigirle una pensión retroactiva.
Smith habla también la huida de los hombres de las universidades y del trabajo, de la desaparición de lugares reservados para ellos tanto dentro como fuera de casa y del trato que reciben en los medios de comunicación, donde son rutinariamente calificados de potenciales violadores y culpables de toda la violencia del mundo, cuando no ridiculizados en los anuncios por no ser capaces de hacer bien las tareas más sencillas.
Pero, como indicaba, este no es un libro de análisis, sino una llamada a la acción. Smith recuerda que, aunque para un hombre puede ser mejor hacer huelga de sus responsabilidades tradicionales, para la sociedad en conjunto es un mal negocio: significa una menor tasa de natalidad y menos prosperidad, y no digamos ya de la felicidad de unos y otras. De modo que exige a los hombres que dejen de permitir que sean ellas quienes controlen la conversación sobre sexo, reproducción y relaciones, que luchen por un mejor trato por parte de sus parejas, que clamen por cambios legales o que denuncien los retratos negativos que se hacen constantemente del hombre y la masculinidad en los medios. Porque, como dice Camille Paglia, "la masculinidad es agresiva, inestable y combustible. También es la fuerza cultural más creativa de la historia".
En España, siempre tan dispuestos a copiar lo peor de Estados Unidos, no hemos llegado a algunos de los extremos que describe este ensayo, pero en otras cosas les hemos sobrepasado generosamente. Tenemos una ley de violencia de género que da más valor a la palabra de una mujer, que puede enviarte a la cárcel sólo con una denuncia sin pruebas y que castiga el mismo hecho de forma distinta dependiendo del sexo del agresor. Y, naturalmente, compartimos la tendencia a ver en anuncios como el de Desigual aquello que afecte a la mujer, y no al hombre. Smith tiene razón. Ha llegado la hora de denunciarlo.
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