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Impuestos y burocracia, escollos a la recuperación

“The real goal should be reduced government spending, rather than balanced budgets achieved by ever rising tax rates to cover ever rising spending”. Thomas Sowell

Leía esta semana una serie de informes analizando el crecimiento potencial de España y las oportunidades a corto plazo. Me entristecía comprobar que, de todos los países de la OCDE, España es el que muestra una mayor divergencia entre el crecimiento esperado para 2014 (+0,7%) y el potencial (+3% según BBVA, Goldman Sachs y Merrill Lynch). Es el coste de oportunidad de aferrarnos como un clavo ardiendo al modelo de 2004, y esperar que vuelva la orgía de deuda.

Yo estimo un crecimiento para 2014 del 1%, y creación neta de empleo, pero aún muy lejos de dicho potencial. Solamente poniendo la alfombra roja a la creación e implantación de empresas como se hizo en Reino Unido, atraeríamos inversión financiera directa por 50.000 millones y crearíamos muchos más puestos de trabajo netos nuevos. Bajando impuestos a empresas y autónomos, en Reino Unido no solo aumentaron la recaudación en 24.000 millones de libras, sino que se ha reducido el desempleo al 7%… incluso como receptor neto de inmigración. La formula: “Business Is Great” y bajos impuestos. Mientras tanto, en España seguimos intentando cazar unicornios de “recuperar ingresos fiscales” y contarnos que “no tenemos un problema de gastos”.

En el pico absoluto de la burbuja, el país jamás ingresó más de 412.900 millones; sin embargo, gasta unos 70.000 millones más que esa cifra histórica de ingresos que nunca volverán, 30.000 millones incluso sin contar el efecto del coste de la deuda y del rescate bancario.

Lo comento en Viaje a la Libertad Económica. En España, la recaudación tributaria no se ha desplomado por el fraude y la economía sumergida, se ha desplomado por la enorme dependencia del ladrillo, de la burbuja inmobiliaria y de obra civil que suponía casi el 20 % del PIB incluyendo ramificaciones de gasto en telefonía, servicios y energía, con enormes redes y capacidad de generación instalada para una demanda que nunca llegó. Sobrecapacidad de burbuja para sostener el PIB.

Y ese PIB que se ha aumentado artificialmente a base de “estimular la demanda interna” (y fíjense en las consecuencias, 300% de deuda sobre ese PIB “soufflé”), es el mismo que se utiliza para contarnos el cuento de que recaudamos menos que uno u otro país. Hacer ratios sobre un PIB inflado para justificar gastos de burbuja e impuestos confiscatorios. Es el subterfugio de venderme a mí mismo algo que no necesito ni me puedo permitir, por tanto me endeudo, y decir que mi cifra de negocio sube, justificando así unos gastos inaceptables. Y luego decir que esos gastos son “moderados”.

Los Presupuestos Generales de 2014 no corrigen todavía ese problema de gastos que siguen por encima de 2007 mientras la renta disponible de familias y la actividad económica ha caído a niveles de 2004, siendo optimistas. La aristocracia del gasto publico. Y seguimos negando la mayor. Luego le echaremos la culpa a cualquiera de nuestros unicornios favoritos, los mercados, Merkel o quien sea.

Usando datos de los presupuestos generales, seguiremos gastando 10.000 millones en subvenciones; 23.000 millones en “coordinación y relaciones financieras con los entes territoriales”; 690 millones en acción del estado en el exterior; 497 millones en cooperación para el desarrollo (nosotros los ricos, podemos); 131 millones en “difusión cultural en el exterior”; en “administración periférica del estado” 275 millones; en “cobertura informativa”, 55 millones; otros 83 millones en “meteorología” (lo juro); actuaciones para la “prevención del cambio climático”, 42 millones; el gasto en coches oficiales sube un 1,6% hasta 240 millones de nada; la “asistencia sanitaria mutualista de la administración”, paralela a la sanidad publica, otros 2.060 millones. No hay margen.  

Pero el problema es que seguimos sin poner solución a los dos problemas que ponen la zancadilla de la recuperación económica:

– Una fiscalidad del “Sheriff de Nottingham” que se preocupa más por rascar la última moneda disponible del que genere caja para sostener a toda costa unos gastos que ya eran insostenibles en la época de la burbuja, en vez de crear condiciones para que la economía crezca y con ella se generen más ingresos fiscales. Cuando ustedes lean “reforma”, “aumentar las bases imponibles”, “reducir deducciones” lean “subir impuestos". España es el país donde más ha aumentado el esfuerzo fiscal desde 1965 después de Turquía. Cortar las deducciones y demonizar a las grandes empresas es una locura. Hunde la inversión a futuro y pone la zancadilla a esas empresas, que han sostenido empleo y se han convertido en multinacionales en muy poco tiempo y con éxito, generando riqueza para todo el pais. Pero además es un argumento cuestionable que se demonice a las grandes empresas, cuando a la vez defendemos con uñas y dientes el tratamiento de capital de los beneficios fiscales de los bancos ante la Unión europea. Ah, me había olvidado que son los bancos los que se atiborran de deuda soberana.

– Percepción de inseguridad jurídica. Si el entorno impositivo y legal no es claro y predecible, va a ser muy difícil atraer la inversión financiera directa que necesitamos para crear empleo y poner capital en la economía productiva a largo plazo. No para comprar bonos y acciones, sino para invertir en los sectores que nos pueden hacer recuperar el crecimiento real, no inflado con ladrillo. Servicios financieros, sanidad, turismo, tecnología y seguridad, por ejemplo.

– El gasto inútil sostiene una burocracia de “capataz” cuyo objetivo es autojustificarse con trabas y procedimientos ridículos. Les recomiendo leerse las “competencias adicionales” que se les han “concedido” a las diputaciones, por ejemplo. O las subvenciones improductivas. No facilitar y competir para atraer más capital y más empresas. Luego leo cosas como “si el PIB no hubiese caído no tendríamos déficit” o “si no fuera por la crisis”. Como si la crisis fuera un OVNI que cayó del cielo. Entre 2008 y 2011, en el conjunto de la zona euro el gasto público ha crecido casi un 7%, hasta situarse en 4,65 billones de euros. En los países del sur, teóricamente los más afectados por la mal llamada “austeridad”, la evolución es similar: desde 2008, el gasto público en Francia ha crecido un 8,6%; en España, un 4%; en Italia, un 3%; en Portugal, un 7,8%.

Sin embargo, la actividad económica y la renta disponible sí han caído a niveles de 2004. En vez de considerar, como es lógico, que el gasto debe adecuarse al ingreso y que los ciclos económicos de prosperidad siempre han venido desde el ahorro, nos lanzamos a pensar que el problema del gasto excesivo se va a solucionar con más gasto.

Y es que sí, es un problema de gasto cuando los estados consumen entre un 10% y un 25% más de lo que ingresan. Porque incluso si se «confiscase» toda la riqueza generada en un año por las clases altas y empresas, no se cubriría el déficit del país o de la Unión Europea. Y encima sería un efecto de sólo un año. Luego, además de crear fuga de capital y destrucción de inversión, seguirían gastando.

Para el gasto siempre hay margen, y se crea la Renta de Posición. Una vez que se ha creado ese ente burocrático, ese gasto, es mas fácil mantenerlo y justificarlo que cercenarlo. Miren el ejemplo de las empresas públicas deficitarias. Se han cerrado cuatro de las mas de 4.000 que tenemos.

Para bajar impuestos e impulsar la economía, no hay margen nunca. No existe nada más permanente que una subida de impuestos “temporal”. Luego, cuando se entra en depresión, proponen más gasto público para «salir de la crisis» que ha creado el gasto excesivo. Primero ponen la zancadilla y después dicen que sin ellos usted no puede levantarse y andar.

Muchos economistas de “consenso estatista” llaman a copiar a Estados Unidos en política económica… Excepto en libertad económica, apertura y bajos impuestos. En eso preferimos copiar a Francia. Y Francia va del estancamiento a la recesión.

Todo el mundo ve el enorme potencial de España. Crecer un 1% está bien. Dormirse en los laureles pensando que es suficiente y que no hay que reducir más gastos superfluos es peligroso.

El año que viene va a ser mucho mejor que el 2013. No lo duden. Y puede ser muchísimo mejor. Hay potencial de sobra y si queremos, lo sobrepasaremos.

Las autonomías aumentarán el gasto público un 4,11% en 2014

Las Comunidades Autónomas están tramitando en la actualidad sus presupuestos para el año próximo, la mayoría de los cuales están en estos momentos pendientes de aprobación en los respectivos parlamentos regionales.

Del análisis de los diecisiete presupuestos se desprende que las comunidades gastarán en conjunto el próximo año casi 6.700 millones más que en el presente ejercicio, lo que representa un incremento de gasto del 4,11%.

Destaca el caso de la Comunidad Valenciana, con una subida del 25% respecto al presente ejercicio, si bien eso se debe, como el propio gobierno de la Generalidad explica en el borrador de Ley de Presupuestos, a su decisión de imputar en 2014 todas las emisiones de deuda pública en lugar de hacerlo solamente con los vencimientos de dicho ejercicio, una medida que, justifican, va destinada a mejorar su imagen ante los mercados financieros.

El País Vasco y Galicia le siguen a continuación, con incrementos superiores al nueve por ciento, mientras que la autonomía más austera el año próximo será Canarias, con una reducción de casi el siete por ciento respecto al presente ejercicio. Junto a ella, las únicas autonomías que reducirán en 2014 su gasto serán Andalucía, Cataluña y Navarra.

Hay que insistir en que los datos utilizados corresponden a los proyectos de presupuesto elaborados por los ejecutivos autonómicos y que, por tanto, son susceptibles de experimentar importantes variaciones tras su paso por los parlamentos regionales.

Con esa salvedad metodológica, en el siguiente listado se detallan todos estos datos, discriminados por las partidas que corresponden al gasto corriente (sueldos, servicios generales, gastos financieros y subvenciones) y el total presupuestado, así como la comparación de ambas magnitudes con las cifras del año en curso.

Reserva Federal: la criatura de Jekyll Island cumple cien años

Imaginen la siguiente escena, propia de una película en blanco y negro de misterio. Una noche fría y oscura de noviembre de 1913, una estación poco concurrida a esas horas, un tren en la vía a punto de salir y, lejos de miradas indiscretas, un lujoso vagón privado aparcado junto a los topes de la estación, que permanece separado hasta que este cierra las puertas y se pone en movimiento, parando y retrocediendo para enganchar secretamente el vagón antes de reanudar su marcha. Justo antes, en el último minuto y sin llamar la atención, se ha subido un misterioso grupo de pasajeros al coche, propiedad de un senador de los Estados Unidos.

Entre los miembros del grupo, que han recibido instrucciones de llegar por separado a la estación y, una vez dentro del coche, dirigirse únicamente por el nombre de pila para que el personal de servicio no pueda conocer sus identidades, se encuentran el senador propietario del vagón, un alto cargo del Gobierno y cinco banqueros que representan los intereses de los conglomerados financieros más importantes del momento. El secretismo se mantiene durante todo el trayecto, desacoplando y cambiando el vagón de tren antes de cada estación y simulando, al llegar al destino, que son un grupo de amigos de la alta sociedad neoyorquina en un inofensivo viaje para cazar patos.

Pues bien, esta escena, que podría haber sido tomada del cine clásico, sucedió en la realidad. El dueño del vagón no era otro que Nelson W. Aldrich, senador de los Estados Unidos y conocido hombre de negocios, relacionado con la elite financiera –estaba asociado con J. P. Morgan y era suegro de John D. Rockefeller, Jr.– y  sus acompañantes representaban al Tesoro de los EEUU y a las fuerzas vivas de Wall Street a principios del siglo pasado: J.P. Morgan, Rockefeller, Kuhn, Loeb & CompanyWarburg, y Rothschild. ¿Saben ustedes a dónde se dirigían con tanto secretismo? A la isla de Jekyll, a redactar la ley de creación de la Reserva Federal, firmada por el presidente Woodrow Wilson, la víspera de Nochebuena hace ahora cien años.

Y es que la estructura y los objetivos que dieron lugar a la creación de la Reserva Federal, la misma a la que los amantes del intervencionismo monetario fían la recuperación de la crisis, fueron los característicos de un cártel privado, es decir, un “convenio entre varias empresas similares para evitar la mutua competencia y regular la producción, venta y precios en determinado campo industrial”. Porque, en efecto, en los albores del siglo XX la competencia en el sector financiero se había intensificado. No en vano, el número de bancos en los Estados Unidos se había doblado en la última década, especialmente en el sur y el oeste, captando depósitos y reduciendo la cuota de mercado de los bancos de Nueva York.

Además, los clientes de los bancos tenían la desagradable costumbre de entrar en modo pánico siempre que surgían dudas sobre la solvencia de una entidad, y corrían en masa a retirar sus depósitos, acelerando la quiebra de la misma –acuérdense de aquella escena de la película Mary Poppins o de aquella otra de la navideña Qué bello es vivir–. Otra causa que podía dar lugar a la liquidación de un banco antes de la existencia de los bancos centrales estaba asociada a los movimientos de efectivo entre los bancos como consecuencia de los pagos de sus clientes. Si el cliente del banco A emitía un cheque a favor de un cliente del banco B, y este lo ingresaba, el banco B podía reclamar inmediatamente los fondos al banco A, que se veía en apuros si no disponía de liquidez.

Tales fueron los motivos de las crisis financieras de 1873, 1884, 1893 o 1907, que generaron el clamor entre las familias financieras de la época de contar con un banco central como los de Europa. La gota que colmó el vaso de la paciencia de los banqueros fue la de 1907, en la que el mismo J.P. Morgan tuvo que poner dinero de su propio bolsillo y convencer al resto de banqueros de Nueva York para que le imitaran y evitar un contagio que acabara con todo el sistema. Y es que esta posibilidad de quiebra establecía implícitamente un límite para incrementar el crédito y seguir multiplicando la creación de dinero de la nada mediante la reserva fraccionaria.

De alguna forma, necesitaban un banco central que, en palabras de Huerta de Soto, actuara “dirigiendo, orquestando y organizando la expansión crediticia, vigilando que los bancos expandan más o menos al unísono y que ninguno de ellos se desmarque mucho del ritmo establecido”. Y, llegado el caso, que actuara como prestamista de última instancia, rescatando a los bancos en dificultades con cargo a los contribuyentes.

De ahí que se forzara la creación del banco central. Aunque sus artífices expresamente evitaron utilizar dicho nombre para sortear las reticencias que el pueblo americano mostraba ante cualquier iniciativa contraria a la libre competencia de las empresas. Es decir, tanto el nombre de Sistema de la Reserva Federal, como la estructura de varias Reservas Federales no eran sino una operación de marketing político para hacer más digerible el concepto de banco central al electorado americano.

Para conocer un resumen del resto de la historia, les recomiendo que lean el excelente artículo que firmaba ayer Pedro Calvo en El Confidencial, así como su acompañamiento sobre los cuatro presidentes que más han marcado su actuación. Y para complementar las referencias bibliográficas, permítanme que les recomiende The Case Against the Fed de Murray N. Rothbard (*) donde, aparte de la historia de la creación del banco central, podrán leer acerca del origen del dinero, los efectos de la reserva fraccionaria y el papel de la Fed en la generación de inflación y la ocurrencia de los ciclos económicos.

Por tanto, es un mito que la Fed se creó para estabilizar la economía. Y si así lo fuera, podría decirse que la criatura de Jekyll Island, como la llamara G. Edward Griffin(**), ha fracasado en el supuesto objetivo de estabilización, como corroboran las crisis y recesiones ocurridas en los cien años transcurridos desde su creación: crisis financiera de 1921, crack de 1929, Gran Depresión de 1929-39, recesiones de 1953, 57, 69, 75 y 81, Black Monday de 1987, recesión 1990-91, burbuja dotcom del 2001 y, por supuesto, la Gran Recesión de 2008-?.

Como han podido constatar, los objetivos fueron otros. La Fed fue el resultado de un encuentro secreto de gente poderosa representando al Estado y a la Banca para acordar los mecanismos que les permitieran: (1) detener la creciente influencia de los pequeños bancos locales y mantener el control financiero; (2) hacer más elástica la oferta monetaria vía creación de crédito para contrarrestar la tendencia que favorecía el capital frente a la deuda; (3) mutualizar las reservas individuales de los bancos en un gran fondo central que impulsara a todos los bancos a expandir el crédito a la vez y con los mismos coeficientes de reserva fraccionaria; y (4) trasladar las pérdidas a los contribuyentes en caso de colapso total.

En este sentido, y a la luz de los objetivos no explícitos, podría decirse que la Fed los está cumpliendo con creces. Aunque ello no sea motivo de celebración para los ciudadanos. 

(*) Murray. N. Rothbard, The Case Against the Fed, Mises Institute (disponible online)

(**) G. Edward Griffin, The Creature from Jekyll Island : A Second Look at the Federal Reserve, Amer Media

El Papa, Bachelet y el mercado

El papa Francisco ha dado su versión del mercado. Es muy negativa. La tituló Evangelii Gaudium o Alegría del Evangelio. Llega a decir que el capitalismo mata, cuando es evidente que, en los últimos dos siglos, las libertades políticas, la economía de mercado y la empresa privada, combinadas, han sido los factores que han mejorado y alargado sustancialmente la existencia de las personas. Antes de la revolución industrial la vida de los hombres, sentenciaba Hobbes, era "solitaria, pobre, sucia, brutal y corta". Gracias a la democracia liberal y al empuje de los empresarios dejó de serlo.

Francisco, incluso, cita a San Juan Crisóstomo, un pico de oro del siglo IV d. C. que fue el peor de los antisemitas del antiguo mundo cristiano, y hace suya una frase de juzgado de guardia: "No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son los nuestros, los bienes que poseemos; son los suyos". Como se pregunta el economista argentino Alberto Benegas Lynch: ¿estará incitando a los italianos pobres a que asalten los tesoros del Vaticano con ese alegato contra los derechos de propiedad?

Dice Francisco:

Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común.

Curiosamente, sin referirse a ella, Francisco niega, implícitamente, la encíclica Centesimus Annus promulgada por Juan Pablo II en 1991 tras el colapso del comunismo. El polaco fue un decidido apologista del mercado, tal vez porque había vivido la experiencia del colectivismo marxista, o acaso porque estaba bajo la poderosa influencia intelectual de su asesor Michael Novak, autor de ese libro extraordinario que sigue siendo El espíritu del capitalismo democrático.

Como todo el mundo es hijo de su circunstancia, el argentino es un detractor del mercado. Creció en medio de la jerigonza peronista en materia económica (aunque los peronistas no lo quieren demasiado y algunos, injustamente, lo acusan de contubernio con la dictadura militar). En todo caso, es muy difícil haber alcanzado la edad adulta en medio del ruido y la furia del populismo y que no hayan quedado cicatrices y deformaciones.

En definitiva: ¿con cuál de los dos papas se queda uno? Allá los católicos con ese dilema. Yo, gracias a Dios, soy agnóstico.

Michelle Bachelet, que también es agnóstica, sin embargo, no anda muy lejos del papa Francisco en su rechazo al mercado. Coinciden en la sospecha de que esa maligna forma de asignar bienes y recursos es culpable de los bolsones de pobreza que hay en el mundo y, especialmente, de la desigualdad que se observa en Chile. Ella va a redistribuir la riqueza, porque no cree, como le sucede a Francisco, que el crecimiento de la economía revierta espontáneamente en una disminución de la distancia que se observa entre ricos y pobres.

Aceptémoslo con cierta melancolía: América Latina es mayoritariamente populista. En conjunto, la sociedad latinoamericana está más cerca del criterio del papa Francisco y de Michelle Bachelet que de quienes pensamos que el mercado y no los funcionarios públicos o los comisarios políticos es el resorte económico que disminuye la pobreza y crea y redistribuye la riqueza de una forma menos imperfecta y más ajustada a la moral.

Chile, precisamente, es un caso que lo demuestra. Al menos, eso piensa el socialista experto noruego Erik Solheim, presidente del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE, quien propone a este país como un ejemplo de disminución de la pobreza en América Latina. En 25 años los chilenos pasaron de un 46% de pobres al 14% y se colocaron a la cabeza de toda la región en nivel de desarrollo.

Es verdad que Chile, de acuerdo con el índice Gini, es un país muy desigual en el que el 10% más rico recibe 35 veces más ingresos que el 10% más pobre, pero ese dato no revela toda la complejidad de la desigualdad.

El país menos desigual del mundo es Azerbaiyán. Jamaica y Sierra Leona tienen mejores índices de desigualdad que Estados Unidos y Chile. ¿Y qué? El igualitarismo es una quimera perversa que conduce a la miseria colectiva. Que se lo pregunten, si no, a los chinos de la terrible era maoísta o a los cubanos. Incluso, que se lo pregunten a Raúl Castro.

elblogdemontaner.com

Sube la luz, baja el crédito

Bureaucracy gives birth to itself and then expects maternity benefits – Dale Dauten

Llega el 2014. Sube la luz, baja el crédito. ¿Les suena?

Después de más de una década de riesgo regulatorio e intervención en energía y banca, decretos leyes, “reforma” tras “reforma” y decenas de miles de páginas de normas, los resultados son tan desastrosos que la solución que nos ofrecen es: más regulación y más intervención. Y es que ya lo comentaba yo hace años, cuando leo las palabras "sector estratégico” me echo a temblar. Porque sé que detrás de esas palabras vienen miles de millones en pérdidas. Y gobiernos que regulan, meten la pata y… regulan más. Y los errores de la intervención anterior se los achacan a “los mercados” y a una inexistente liberalización. A menos que llamemos “liberalización” a privatizar, seguir metiendo mano en todos los sectores y cuando sale mal, echarle la culpa a los extranjeros. Es decir, liberalización a la ‘argentina’.

Muchos de los villanos de las películas de James Bond suelen tener un modus operandi similar. Crean un enorme riesgo, una amenaza mundial, con el objetivo de vender después “la solución” a un coste desorbitado o controlar el mundo.

España ha pasado de tener unos precios de la electricidad que estaban entre los más baratos de la Unión Europea a ser de los más caros, solo superados por Chipre Malta. Las razones las he explicado, en muchas ocasiones, en mi post explicando cómo hemos llegado a este despropósito de Déficit de tarifa y cómo miramos a otro lado hablando de oligopolios en vez de Planificación de burbuja.

Por qué sube la luz de repente un 11% ¿Manipulación? ¿De quién?

Deben ustedes saber que el 57% del precio final que pagan en la electricidad son costes fijos regulados, primas, impuestos y subvenciones. Esto hace, como con las gasolinas y gasóleos, que ustedes no se beneficien cuando bajen las materias primas, porque los costes fijos lo fagocitan.

De la factura de la luz menos de la mitad es lo que se llama el componente de la energía, es decir, el efecto del precio de mercado. Y éste ha subido un 26% en diciembre. Las razones:

– Se cierra una planta nuclear (Garoña) y se mantiene en parada técnica con innumerables nuevas regulaciones a Vandellós y Almaraz. Sacamos del sistema a través de regulaciones confiscatorias y burocráticas a la energía barata y poco volátil de alta disponibilidad.

– Cae un 40% la producción eólica, que es extremadamente volátil. Encima… tras los cambios regulatorios retroactivos recientes… caída del 40%.

– Menor producción hidráulica (-7%). Llueve menos y la energía más barata de todas es sustituida por… carbón, caro y subvencionado.

– Esto ocurre a la vez que la demanda crece un 1% en diciembre comparado con 2012.

La combinación de estos factores lleva a que el componente energético se haya disparado un 26%. Pero es una combinación desafortunada, extrema, y no replicable. ¿Manipulado por las grandes eléctricas? Ya lo dudo, cuando por ejemplo, Endesa no participó en la subasta (solo comprador) e Iberdrola solo un 4%.

La mayor manipulación que ha sufrido el mercado mayorista de electricidad ha sido la imposición de un mix energético volátil y caro, donde en picos de demanda extremos el carbón ineficiente o el gas más caro disparan el precio y en épocas de baja demanda los costes fijos, primas y regulados siempre suben. Es decir, es una anomalía que, como en otras ocasiones viene de muchos años de hundir al sector, pagando ustedes.

Mientras tanto, el otro componente, el fijo, el de las subvenciones, impuestos y alegrías, sube todos los años. Así, cuando bajan las materias primas usted no ve bajar su factura, y cuando suben, usted paga.

En abril de 2013 la subasta de la electricidad arrojó una bajada del 17%. Otra anomalía por circunstancias muy específicas. Nadie se mesaba los cabellos.

Mirar el componente energético mes a mes es algo que solo pasa en España. En AlemaniaItaliaReino Unido o Finlandia, todos sistemas marginalistas, nadie se escandaliza por una subida puntual del 27% del coste energético… ni de una caída similar posterior. ¿Por qué? Porque en esos países nadie fija la tarifa a principio de año con la bola de cristal y luego tiene que lidiar con las diferencias de haber estimado mal… Y acumular déficit de tarifa.

Otra cosa que ocurre en esos países es que el precio de la energía no lo dicta en picos de demanda la tecnología más obsoleta y cara, porque se preocupan de que el mix energético cumpla dos condiciones: que sea poco volátil y que sea barato. Sustituir energía de ‘base’ barata (hidráulica y nuclear) por energía cara y volátil solo lo hacemos ‘los ricos’.

No es una casualidad que los dos sistemas peor y más intervenidos, Italia y España, tengan los precios de electricidad mayorista más caros.

"Pero qué locuras dice, señor Lacalle, lo que necesitamos es más intervención y más regulación", me dirán. No se preocupen, estamos en camino. Luego, cuando ni bajen los precios y además tengamos que rescatar a los sistemas intervenidos, como ha pasado en Francia, dirán que es culpa de los mercados.

Baja el crédito

¿Quieren regulación? Tomen dos tazas. Si pensaban que iba a ‘fluir el crédito’, tras el análisis de transparencia y los acuerdos de la temible Unión Bancaria, pueden dudarlo.

Les dejo este magnífico grafico cortesía del Financial Times sobre lo ‘acordado’ sobre el mecanismo de control para poner en marcha el proceso de cierre y liquidación de bancos con problemas. Kafkiano. ¿Y aun piensan que la Unión Bancaria va a acelerar y mejorar el mecanismo de transmisión de crédito, agilizar el motor del sistema financiero y evitar los rescates con dinero público? De hecho esta extremada complejidad esconde la obsesión de varios países de que se deje abierta esa posibilidad, la de intervención con fondos públicos para “mantener vivos a los nuestros”… con el dinero de los otros.

Del análisis de transparencia de la EBA (European banking Authority) me quedo con varios elementos importantes que siguen poniendo sobre la mesa que la Unión Bancaria no es la panacea ni el cimiento, sino el tejado, y que queda mucho, pero mucho que hacer a nivel nacional antes de plantearlo.

Pero sobre todo, la avalancha regulatoria que viene, con incertidumbres sobre morosidad, capital con o sin riesgo soberano, hace imposible que la banca lleve a cabo el ejercicio de reducir deuda, mejorar capital y prestar más. Es soplar y sorber a la vez.

– El ratio de capitalización de los bancos ha mejorado poco, del 10 al 12%.

– La exposición a deuda soberana sigue siendo enorme (vean el gráfico).

– La morosidad en el crédito sigue siendo muy alta. 191.000 millones de créditos de difícil cobro en España (13% ex SAREB). Va a fluir el crédito cuando se reúnan los Beatles.

Hasta que estos dos gráficos (exposición a deuda soberana y capitalización) no se aplanen (es decir, que el riesgo asumido por bancos sea similar en proporción) y se acelere la capitalización y limpieza interna de los bancos con más problemas, es imposible hablar de Unión Bancaria sin olerse que los errores de los peores los acabaran pagando otros países.

Porque lo que al ciudadano medio se le escapa es que el problema bancario, esa correa de transmisión de la expansión eterna, aún está lejos de solucionarse. Que el 2007 y la orgia de deuda no puede volver aunque quisiéramos.

La banca ha mejorado, pero debemos ser conscientes de la fragilidad de esas cifras de capitalización. En un sistema bancario tan endeudado y enorme (320% del PIB de la eurozona) donde la cobertura de riesgo por impagos es aún solo del 50% y se cuenta como capital de ‘calidad’ a activos que han sufrido enormes volatilidades, ese capital desaparece rápidamente.

Por eso cuando leo “hemos puestos miles de millones para arreglar la banca y solucionar el crédito y no fluye”, me temo que sobreestimamos lo que se ha hecho como “solución”. Se decidió no dejar quebrar a nadie, mantener a todos y se ha retrasado la limpieza del sistema siete años. Unos mejor que otros, pero el sistema aun frágil.

Mientras siga el incentivo perverso de que los estados enchufen deuda soberana en los bancos, y estos de acumularla como “activo sin riesgo” -menuda broma- seguirá ocurriendo lo que comentaba en mi post No esperen que vuelva el credito. 

Pero como en todos los "sectores estratégicos”, tras decenas de miles de papeles de regulación desde la creación de la Unión Europea, mientras a los estados las empresas les sirvan como instrumentos de gestión de planificaciones burbujeras, seguridades sociales encubiertas y alfombras para esconder deuda, nos pasaremos años diciendo que no entendemos que la economía no crezca, por qué cae la demanda y que lo que hay que hacer es…. intervenir más. Hasta la derrota final.

La factura de la luz bajaría hasta un 65% eliminando los ‘costes políticos’

En los últimos días, el precio de la luz ha levantado una intensa polvareda a nivel político y social, generando con ello una mayor confusión entre la opinión pública sobre una materia que ya de por sí es muy compleja. En primer lugar, el Gobierno incumplió su promesa de cubrir el déficit de tarifa generado en 2013 -unos 3.600 millones de euros- mediante los Presupuestos Generales del Estado para evitar desviarse del objetivo de déficit público fijado por Bruselas.

Como consecuencia de esta decisión, el Ministerio de Industria anunció que elevaría los peajes de acceso (la parte regulada del recibo que fija el Gobierno), lo cual se traducirá en una subida de la luz de entre un 1% y un 2% para el consumidor final, pese a que el responsable de este departamento, José Manuel Soriaafirmó lo contrario pocos días antes.

Pero este particular revuelo alcanzó su cénit el jueves, cuando la subasta eléctrica (la parte del recibo que depende del mercado) se zanjó con una subida de casi el 30%, lo cual, trasladado al recibo final, supondría para familias y empresas un encarecimiento superior al 10% a partir de enero, causando con ello un considerable alarmismo social y mediático.

El mensaje del Gobierno

La reacción del Gobierno no se hizo esperar. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), regulador controlado por el poder político, decidió en la madrugada de este viernes invalidar el resultado de la subasta, empleando como argumento la "concurrencia de circunstancias atípicas" que, hoy por hoy, todavía no ha precisado.

Cabe recordar que nada más conocerse la subasta, Gobierno, PP y la inmensa mayoría de partidos políticos apuntaron a una supuesta manipulación orquestada por las eléctricas para elevar de forma artificial el precio de la luz. Empresas y expertos del sector, por el contrario, han negado de forma rotunda tal acusación. Pero, más allá de quién tenga o no razón, la cuestión es que Industria ya ha anulado la polémica subida y ahora trabaja en la elaboración de un nuevo mecanismo "alternativo" al de la subasta para determinar el precio de la energía en el mercado mayorista.

Así pues, la posición del Gobierno -y del poder político, en general- es evidente: el brusco encarecimiento que pretende imponer el mercado es "inaceptable" y, por tanto, el Estado debe intervenir para poner orden. Pero lo que no dice el Ejecutivo es que los españoles soportan hoy una de las facturas eléctricas más caras de la UE debido, precisamente, a ese mismo intervencionismo público.

El propio Ministerio de Industria admite que se ha disparado algo más de un 80% desde 2004. Sin embargo, este aumento no se debe a los precios del mercado sino a los costes regulados, cuya evolución depende del Gobierno. La factura de la luz -excluyendo impuestos- se divide en dos grandes bloques:

  • Precio libre (coste de la energía): lo que le cuesta la electricidad a la empresa que nos la vende (subastas en el mercado mayorista).
  • Precio regulado (peaje de acceso): refleja el coste de acceder a las redes, y su precio lo fija arbitrariamente el Gobierno de turno. Aquí se debería incluir el coste total que supone transportar y distribuir la energía (actividades reguladas por el Estado), pero también abarca el coste de la moratoria nuclear de Felipe González, los planes de eficiencia y ahorro energéticos, los sobrecostes de la electricidad en Canarias y Baleares, las primas para el carbón nacional, las primas a las energías renovables y la cogeneración, así como la financiación del déficit de tarifa de años previos.

La subasta refleja poco más del 40% del coste

La polémica subasta del jueves se encuadra en el precio libre, y pesa algo más de un 40% en la factura, siempre y cuando se excluyan impuestos. En concreto, este mecanismo, llamado CESUR, refleja el coste de la energía que tienen que pagar los clientes acogidos a la tarifa de último recurso (TUR), unos 18 millones de consumidores en España (familias y pymes) y se celebra cada tres meses.

El mercado mayorista fijó un precio de 6,18 céntimos de euro por KWhpara el período que va de enero a marzo, casi un 30% más que el presente trimestre, pero como este coste supone poco más del 40% de la factura, una vez realizados los ajustes pertinentes, se traduciría en un encarecimiento del 10,5% para el consumidor final.

¿Mucho o poco? Mucho si se compara con el precio vigente este trimestre, pero poco si se amplía la perspectiva temporal. Lo cierto es que el precio libre de la energía, es decir, el que depende directamente del mercado, se ha mantenido más o menos estable a lo largo de la última década. El precio libre de la energía es prácticamente el mismo que en 2004. De hecho, tal y como recuerda Juan Ramón Rallo, el precio de la polémica subasta es un 15% inferior en términos nominales (casi 25% en términos reales si se descuanta la inflación) al que se alcanzó en el tercer trimestre de 2008, y hasta un 7% inferior en términos reales al precio medio del mercado diario de generación eléctrica de todo 2005. Dicho de otro modo, el precio libre no ha subido en los últimos años.

Por tanto, la subida de la factura ha de buscarse en la parte que depende del Gobierno, los costes regulados, cuya peso en la factura -sin impuestos- es algo inferior al 60%. Su evolución no deja lugar a dudas: los costes eléctricos que dependen del Gobierno se han triplicado desde 2004, hasta rondar los 21.000 millones de euros en 2012.

Pese a ello, los políticos se han negado a trasladar todos estos costes al recibo que pagan los consumidores, ya que subir la luz es impopular -resta votos-. Así, mientras dichos costes se triplicaban, los peajes de acceso (la parte del recibo que fija el Gobierno) también subían, pero en menor medida -casi se han duplicado desde 2004-.

La diferencia entre costes regulados y peajes de acceso es lo que se conoce como déficit de tarifa, cuya cuantía no ha dejado de crecer en la última década -rondará los 30.000 millones de euros al cierre de 2013-. Es decir, los españoles pagan uno de los recibos más caros de la UE y, aún así, no cubre el coste real de producir electricidad en España.

Así pues, el encarecimiento del recibo final de la luz se debe a la parte regulada -dependiente del Gobierno, no del mercado-. Y, más concretamente, a la burbuja de las renovables, tal y como refleja el siguiente cuadro -las subvenciones a la cogeneración y energías renovables han crecido un 600%-.

Y a todo ello hay que sumarle los correspondientes impuestos. El siguiente gráfico resume cómo se desglosa la factura eléctrica final en España, incluyendo impuestos: el coste de la energía en el mercado -eliminando primas y subvenciones- asciende a cerca del 35% de la factura total (subastas CESUR); casi el 22% corresponde a primas verdes y subvenciones; el 20% a impuestos (IVA y tasas eléctricas); el 12,8% a distribución (llevar la energía a los consumidores); 3,7%, al transporte (líneas de alta tensión que conducen la electricidad desde las centrales hasta el entorno de las poblaciones); y el 6,6% restante a otras cargas (costes extrapeninsulares, servicio de interrumpibilidad, etc.).

Es decir, el 35% de la factura total es la que depende directamente del mercado, y el 65% restante del poder político -si se suman también los impuestos-. De este modo, eliminando tales costes políticos, la factura bajaría hasta un 65%. Pese a ello, cabe recordar que dentro de la parte regulada también se incluye la distribución y el transporte que, siendo actividades ligadas al mercado de la electricidad, están bajo el control directo del Estado, en cuanto a su desarrollo y su retribución. Aún en el caso de incluirlos como actividades asociadas al mercado, dando por válidos sus actuales costes intervenidos, el precio de producir electricidad apenas ascendería al 52% del recibo total o, lo que es lo mismo, eliminando todo atisbo de intervención pública la luz que pagan familias y empresas bajaría, como mínimo, un 50%.

Por último, cabe destacar que el precio libre de la energía no sólo se ha mantenido estable en la última década sino que, además, su peso en la factura eléctrica ha ido descendiendo de forma progresiva, conforme aumentaban la cuantía de los costes regulados, pasando del 54% al 35% en la última década.

Los efectos de nuestro no-mercado eléctrico

El coste de generación de electricidad, determinado por la subasta CESUR, se ha fijado en 6,18 céntimos de euro el KWh y, como consecuencia de ello, el recibo de la luz aumentará en el próximo trimestre más de un 10% con respecto a unos niveles que ya rozan los máximos históricos. Sólo hay un problema: pese a este disparatadísimo precio, es un 15% inferior en términos nominales (casi 25% en términos reales) al que se alcanzó en el tercer trimestre de 2008; o, si vamos más atrás, es un 7% inferior, en términos reales, al precio medio del mercado diario de generación eléctrica de todo 2005. ¿Cómo puede ser, por consiguiente, que el precio de la electricidad se esté encareciendo cuando su coste de generación ha ido cayendo?

En el año 2003, los españoles consumíamos 237.000 GWh en electricidad; una década después, esa demanda se había incrementado hasta 267.000 GWh. El coste de cada GWh consumido, sin embargo, se había más que duplicado entre medias: desde los 6,3 céntimos por KWh a los 13,1 céntimos. Ciertamente, no es imposible que un aumento de la demanda del 12% origine un alza de costes del 108% –si la oferta es muy inelástica y la demanda también lo es, el resultado es ése: aumentos explosivos de precios–, pero debería sonar extraño teniendo en cuenta que paralelamente se ha cuasi duplicado la potencia instalada (desde los 65.000 MW a los casi 107.000). Es decir, en el sistema eléctrico español no hay ninguna rigidez a la hora de aumentar la producción conforme crece la demanda (ésta crece un 12% y la capacidad para producir un 90%), de modo que el alza de los costes cabrá imputarla o un muy sustancial incremento del precio de sus inputs o a un cambio en la estructura de costes de la producción eléctrica desde 2003 a esta parte.

La primera posibilidad podemos descartarla en gran medida: el coste de la hidráulica y de la nuclear no han variado y el del gas está a un nivel similar al de 2003. Sólo el del carbón ha aumentado, pero el peso de las térmicas intensivas en carbón se ha ido reduciendo dentro de nuestro sistema eléctrico: es decir, dado que el nivel de los costes no ha variado sustancialmente, los problemas provendrán de un cambio en la estructura de esos costes (sobreponderando los costes más elevados e infraponderando los más reducidos).

La mutación del mix energético

Primero, todo el incremento de 42.000 MW en la potencia instalada desde el año 2003 se ha concentrado en dos campos: centrales de régimen especial (25.000 MW) y centrales de ciclo combinado (22.000 MW), habiéndose reducido la potencia instalada del resto de fuentes (especialmente en fuel-gas) en 6.000 MW. Dentro de las centrales de régimen especial, el mayor incremento ha sucedido entre las eólicas (17.000 MW), seguido de las fotovoltaicas y termosolares (5600 MW). Hay que tener en cuenta que el aumento de la potencia instalada en las renovables y en las de ciclo combinado está fuertemente interrelacionado: pasar a depender de fuentes de energía intermitentes requiere de la instalación complementaria de centrales fiables que puedan proporcionar electricidad de manera inmediata.

Segundo, el cambio no sólo se ha materializado en la potencia instalada, sino en el modo de cubrir la demanda: en 2003, un 17,7% de la demanda se atendía a través de las energías de régimen especial (y la mitad de ese 17,7% era cubierto por fuentes de régimen especial no renovables); en 2012, el 38% de la demanda era cubierto por energías del régimen especial (y sólo un tercio de ese 38% procedía de energías no renovables). A su vez, las centrales de ciclo combinado han pasado de atender al 6,6% del total de la demanda a hacerlo al 15%.

Es evidente, por tanto, que el cambio estructural que se ha producido dentro de nuestro sistema eléctrico ha sido el estallido de las centrales renovables a partir de 2004 (y de las de ciclo combinado asociadas a las mismas), que no sólo han pasado a atender casi el 25% de la demanda, sino que además lo hacen de manera preferente sobre el resto de centrales. El problema es que el coste medio de estas centrales instaladas hasta 2011 es verdaderamente disparatado, sobre todo en el caso de la fotovoltaica, que roza los 45 céntimos por KWh (el coste medio de la eólica es algo inferior a 8 céntimos por KWh). Para que nos hagamos una idea, si el 100% de la demanda eléctrica de España fuera cubierta por el tipo de fotovoltaicas instaladas en España hasta 2011, el precio del KWh ascendería hasta los 52 céntimos, de modo que la luz se encarecería un 300% con respecto a los niveles actuales.

La retribución a las energías renovables se articula políticamente a través del sistema de primas al régimen especial, cuyo importe se ha disparado desde los 2.000 millones de euros en el año 2003 a los 8.600 en el año 2012, hasta el punto de representar una cuarta parte de todos los costes del sistema eléctrico. Sus defensores sostienen que las renovables rebajan el coste de la generación eléctrica, ya que éste se fija por el coste marginal de la subasta CESUR y las renovables entran a esta subasta a coste cero. No es un mal argumento, pero es obvio que introducir dentro del mix eléctrico tecnologías remuneradas a un precio entre dos y diez veces superior al coste medio del resto de tecnologías no contribuye a abaratar la electricidad: al contrario, tiende a encarecerlo de manera muy notable cuando una cuarta parte de nuestra provisión eléctrica procede de tales fuentes. No en vano, si las renovables hubiesen sido en su momento más baratas que el resto de tecnologías, no habrían necesitado ser primadas políticamente para que cundiera la inversión en ellas. Sólo en el caso de que los costes del resto de centrales se encarecieran muy notablemente tendría sentido decir que las renovables instaladas contribuyen a abaratar la factura (sobre todo, en el supuesto de las eólicas: las fotovoltaicas instaladas hasta 2011 jamás la abaratarán).

El verdadero origen del problema

En todo caso, el problema último de nuestro sistema eléctrico no es que se haya invertido mucho en renovables o muy poco en nuclear: el problema es que las decisiones que se han tomado en un sentido o en otro han partido de consideraciones políticas y no económicas. En algunos contextos, la instalación de renovables puede ser realmente la mejor opción (especialmente, tras las mejoras tecnológicas experimentadas en las fotovoltaicas de nueva generación), pero en otros puede ser una locura antieconómica; precisamente por eso existe un mix energético: porque no hay una fuente que sea universalmente óptima para cualquier contexto.

Sucede que, en España, han sido los incentivos y las hiperregulaciones estatales, en lugar de los incentivos y la experimentación descentralizada, las que han determinado el mix energético del que se abastecen los españoles: se ha sustituido la racionalidad económica por los intereses políticos y de grupos de presión aledaños. Un problema por el lado de la oferta que, para más inri, se ha visto agravado por el de la demanda merced a un artificial abaratamiento político del precio de la electricidad (que no ha cubierto el coste real desde 2004), lo que ha contribuido a cebar el consumo eléctrico en lugar de disciplinarlo (incentivando su transición hacia procesos productivos más eficientes desde un punto de vista energético).

Justamente, lo peor que puede decirse del sistema eléctrico español es que no es un mercado. Puede que la titularidad de sus operadores se haya privatizado, pero no existe competencia alguna en el sentido en que resulta realmente valiosa: no en que haya un número ingente de operadores, sino que los operadores que haya (sean cuantos sean) dispongan de libertad para componer planes empresariales originales y diferenciadores. Evidentemente, si todos producen electricidad del mismo modo, el precio final que podrá ofrecer cada uno de ellos no variará mucho del resto, sean éstos uno o veintiuno: y, en España, todos han terminado produciendo electricidad de un modo muy parecido porque quien realmente ha planificado nuestro sistema ha sido el Estado a través de sus regulaciones e intervenciones.

Lo que necesitamos no es una renacionalización de las eléctricas –cuya consecuencia sólo sería la de acentuar el mismo control político sobre la electricidad que nos ha abocado al desastre actual a menos que optara por impagar las primas adeudadas a los productores renovables– sino una auténtica liberalización que permita no sólo a las eléctricas competir entre sí innovando, sino a los ciudadanos competir contra las eléctricas a través del autoconsumo. Sin primas y sin subvenciones, sin restricciones y sin privilegios regulatorios. Un libre mercado eléctrico donde el Estado no desempeñe ningún papel y donde, por tanto, colocar a un político en el Consejo de Administración de una eléctrica sea una de las peores inversiones que cualquier eléctrica pueda realizar. Liberalismo como alternativa al corporativismo actual y al socialismo que no constituye alternativa real alguna.

Todos contra la República

Estoy seguro de que Nelson Mandela era un gran admirador de la II República. Aunque de lo que le habló a F.W. De Klerk el día que se conocieron no fue de ella, sino de las eficaces técnicas de guerra de los Boers. Pero todos los santos laicos tienen que estar del lado del régimen del 14 de abril, y Mandela no iba a ser una excepción.

Aquí, en España, la II República es una suerte de piedra de toque de la progresía. Uno tiene que mostrar su admiración por aquél efímero régimen, y alabar especialmente sus logros sociales y su carácter excepcionalmente democrático. De ahí se cae la condena al régimen de “los generales”, encabezado por Francisco Franco. En una ocasión, una argentina a la que llamaban “la rusa” y que comenzó a trabajar en una agencia de publicidad española, preocupada por cumplir con el rito aceptado del progrerío español, preguntó ingenuamente: “¿Quiénes teníamos que decir que eran los buenos? Los republicanos, ¿no?”.

Al igual que la derecha tiene que revisar qué quiere hacer con Franco y su régimen, la izquierda tiene que replantearse qué hacer con la República. Porque en la actualidad se produce una situación paradójica, contradictoria, en la que todos están contra el régimen que más ha frustrado a los españoles en el Siglo XX. ¿He dicho todos? Sí, todos.

El motivo inmediato de que así sea es que los grupos políticos y los personajes más identificados con aquél régimen conspiraron contra él, lo zarandearon y pervirtieron, e incluso intentaron derribarlo. El caso de los anarquistas es claro. El régimen llegó en abril y convocaron una huelga general en julio, tres en enero de 1932 y dos el año siguiente. Nadie les identificaría, en principio, con la II República. Pero ese régimen llegó a albergar a ministros anarquistas, un caso único en la historia universal.

Los comunistas tuvieron un papel importante desde el inicio de la guerra, y casi monopolista al final. Aquéllos gobiernos de Giral, Largo Caballero y Negrín eran herederos del que salió de las urnas en 1936. Y los comunistas apadrinaron la Revolución de octubre de 1934, protagonizada sobre todo por el PSOE. El PSOE, que siempe pregonó la dictadura del proletariado y que clamaba “La República para todos, no”, se rebeló contra ella. Azaña y los socialistas le pidieron a Alcalá-Zamora que anulase las elecciones de 1933 que ganaron la CEDA y los Radicales. Azaña, por cierto, manipuló la adjudicación de 32 escaños en las elecciones de 1936. 

Bien, pues todos los intelectuales, incluso los que han leído libros, todos los políticos que hablan maravillas de aquella república, todos los ciudadanos de a pie que se sienten identificados con ella, todos, apoyan a grupos políticos y personajes que conspiraron contra la II República, al menos contra lo que aquélla tenía de democrática. Es más, todos echan pestes del único partido a la vez genuinamente republicano y democrático, los Radicales. Contra la República todos. 

Crímenes de honor en Palestina

El pasado 20 de septiembre medio centenar de miembros de la familia Zeidan firmaron en Tulkarem un documento público condenatorio de la conducta de una mujer del clan, Zamar, de 33 años, por cometer actos deshonrosos. Días antes un hombre borracho procedente de una localidad cercana se había introducido en su casa. Los vecinos lo sacaron de la vivienda y lo apalearon, obligándolo a huir, pero la mancha del deshonor ya había caído sobre la víctima del asalto.

Los miembros masculinos del clan familiar acusaron a Zamar de violar repetidamente "la ley de Dios, las costumbres y la moralidad" que se exige a toda mujer musulmana. El padre quedó también formalmente repudiado, por "haber fracasado en reformar a su familia". El texto fue imprimido y repartido por la localidad, incluso colocado en la entrada de la mezquita local. La suerte de Zamar ya estaba echada: al día siguiente, su padre la estranguló con un cable de acero mientras dormía.

Lo que ha otorgado una relevancia especial a este crimen es el hecho de que entre los firmantes del documento aparecía Abdel Rahmán, diputado de Hamás en la asamblea legislativa en un territorio controlado por Fatah. Rahman explicó que accedió a firmar porque "la otra opción era expulsar al padre y a toda la familia de la Margen Occidental". A continuación añadió que, según su particular criterio, su apoyo expreso a una sentencia popular que condenaba a una mujer inocente por supuestos delitos de honor no fue una incitación a su asesinato.

La misma semana del asesinato de Zamar una mujer de Yata, en Hebrón, mató a su hija discapacitada de 21 años después de que ésta fuera violada por unos desconocidos. La Policía palestina confirmó los hechos tras llevar el cuerpo de la víctima a la sala de urgencias de un hospital local, donde se declaró su fallecimiento.

Con estos dos últimos se elevan a 27 los crímenes de honor cometidos en tierras palestinas en lo que va de año, más del doble que en 2012, según los datos recopilados por las organizaciones de derechos humanos presentes en la zona. Este tipo de crímenes, frecuentes en los países islámicos, se inspiran en determinadas interpretaciones teológicas, a pesar de que en la mayoría de los casos ni siquiera se cumplen los requisitos que el islam establece, como la existencia de, al menos, cuatro testigos presenciales de un adulterio, la principal de las acusaciones formulada contra las mujeres a las que sus parientes arrancan la vida para preservar el honor familiar.

En el caso de Palestina, a esta laxitud en la interpretación de los preceptos coránicos se suma la levedad de las condenas que se imponen a quienes perpetran estos crímenes. Según la legislación vigente, los asesinatos de Tulkarem y Hebrón se saldarán con una condena de tan sólo seis meses de cárcel, si es que los autores son encontrados culpables.

Las organizaciones defensoras de los derechos de la mujer llevan tiempo enfocando sus esfuerzos en la reforma de este aspecto concreto de la legislación penal. En Ramala se han dirigido al presidente de la Autoridad Palestina para que ponga en marcha una modificación legal que eleve el castigo a los culpables de crímenes de honor y acabe con la práctica impunidad de que disfrutan.

Sin embargo, las propias asociaciones pro derechos humanos reconocen que una simple reforma legal no acabará con esta lacra. La última prueba de que estos delitos están interiorizados en amplias capas de la población musulmana la encontramos en una investigación de la Universidad de Cambridge elaborada entre jóvenes de la vecina Jordania.

En el mencionado estudio, un tercio de los jóvenes entrevistados se mostró de acuerdo con esta práctica, actitud que los investigadores atribuyen a los bajos niveles de educación y a la existencia de una visión patriarcal tradicional que pone el énfasis en preservar "la virtud de la mujer". En Jordania se cometen entre 15 y 20 asesinatos por delitos de honor cada año.

Como hemos visto antes, las cifras, lejos de disminuir con el paso de los años, no hacen sino aumentar. Nada extraño en un lugar donde un diputado electo puede animar públicamente a la comisión de estos delitos en su propia familia sin recibir la menor sanción oficial ni reproche social alguno.

© elmed.io

Lo que podemos aprender de Eurovegas

Una de las narrativas más extendidas a lo largo de esta crisis es que se trata de una estafa montada por el gran capital para arrebatarles los derechos laborales a los trabajadores y lucrarse a su costa. Semejante historia de terror se ve, además, avalada por una incontestable evidencia empírica: entre el año 2000 y el 2012, las rentas del trabajo han perdido peso dentro del PIB (pasando del 55% al 51,6%) mientras que las rentas del capital lo han ganado (del 45% al 48,4%). Con una conveniente teoría de la conspiración y un par de datos llamativos ilustrándola, parece que ya no necesitamos más. Pero el asunto es algo más complicado por dos motivos esenciales.

El primero es que cuando hablamos de rentas del capital nos estamos refiriendo en realidad a rentas brutas del capital, es decir, incluyendo el consumo de capital fijo anual (el equivalente a la cuota de amortización anual de las inversiones empresariales). La amortización no supone rentabilidad alguna para el capitalista, sino tan solo la periodificación del coste inicial de la inversión. Por ejemplo, imaginemos que una persona invierte hoy 100.000 euros y que luego, durante cinco años, obtiene unas rentas de 20.000 euros. ¿Habría obtenido ese capitalista alguna rentabilidad? No: simplemente habría recuperado a lo largo de cinco años el capital de 100.000 euros invertido en un comienzo. Si queremos conocer la auténtica renta que están obteniendo los capitalistas debemos calcular las rentas netas del capital, a saber, deducir de las rentas brutas el consumo de capital fijo.

El segundo motivo es que las rentas del capital incluyen una partida de la que no se apropian los grandes capitalistas: las rentas inmobiliarias imputadas. Las rentas inmobiliarias imputadas son una ficción contable dirigida a mejorar el cálculo del PIB: con tal de evitar que un piso alquilado sí compute dentro del PIB mientras que la residencia habitual en propiedad no lo haga, se asume que los propietarios que habitan en sus viviendas se las “autoalquilan”. Así pues, el PIB les imputa a esos propietarios una renta inmobiliaria que, en tanto es una renta derivada de la propiedad inmobiliaria, se inserta dentro de las rentas del capital. Dado que, cuando uno abraza la teoría conspirativa de que los capitalistas están machacando a los trabajadores españoles, uno no debería incluir entre las rentas de los capitalistas el rendimiento que los trabajadores obtienen en tanto propietarios (hipotecados) de viviendas, parece razonable excluirlas de nuestro cómputo.

Así pues, ¿qué sucede con las rentas del trabajo y del capital una vez corregidas por estas dos variaciones? Pues que en el año 2012 las rentas del trabajo alcanzaban el 68,5% del PIB, por encima del nivel que tenían justo antes de estallar la crisis (en 2007, el 68%) o al comienzo de la década (en 2000, 68,1%); por el contrario, las rentas del capital, en 2012, se ubicaron en el 31,5% del PIB, por debajo tanto de 2007 (32%) como del 2000 (31,9%). Peor todavía: el importe de las rentas del capital (netas del coste del capital fijo y de las rentas inmobiliarias imputadas) ha caído en términos absolutos desde el comienzo de la crisis. En 2007, los capitalistas obtenían unas rentas de 237.000 millones de euros y, en 2012, de 221.800 euros: en realidad, si descontamos la acumulación acumulada durante esos años, en 2012 estarían ganando 198.200 millones. Peor todavía, descontando la inflación, los capitalistas estarían obteniendo en 2012 aproximadamente las mismas ganancias que en 2002. ¡Vaya fracaso de conspiración!: montan una crisis y terminan ganando un 16% menos que 2007 y aproximadamente lo mismo que antes de desencadenar el boom inmobiliario. Definitivamente, los capitalistas… con la burbuja vivían mejor.

Pero, así las cosas, ¿no existe ninguna explicación razonable para el hecho de que, antes de efectuar todas nuestras correcciones, las rentas del trabajo hayan ido perdiendo peso dentro del PIB? Sí: una muy sencilla. Los bajos tipos de interés promovidos por el Banco Central Europeo desde 2001 indujeron a las empresas y a las familias españolas a sobreendeudarse para invertir en masa: las familias para adquirir viviendas; las empresas para adquirir bienes de capital. El resultado de la masiva inversión en viviendas ha sido que las rentas inmobiliarias imputadas se han disparado (se han más que duplicado, incrementando su peso dentro del PIB desde el 5,1% al 6,5%); el resultado de la inversión masiva en bienes de capital ha sido que el consumo anual en capital fijo se ha disparado (se han más que duplicado, incrementando su peso dentro del PIB desde el 14,1% al 18,1%).

En definitiva, la evolución de las rentas del trabajo y del capital desde el año 2000 no se ha debido a ningún contubernio capitalista por explotar al trabajador, sino al contubernio bancario por expandir insosteniblemente el crédito merced a sus privilegios regulatorios. Es decir, las causas que la explican son las mismas que explican la crisis: y sus culpables son los mismos.