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Los capitalistas no han salido ganando con la crisis

We went down to hear the band begin, I blinked once and it was gone – Steve Forbert

Hace ya tiempo que los analistas veían tambalearse el proyecto de Eurovegas. Cuando la empresa Las Vegas Sands presentó en Londres sus planes, ya se percibían dudas y demasiadas preguntas sin responder. Eurovegas se presentaba como una oportunidad que, además de suponer una enorme inversión, podría aumentar el PIB de la Comunidad de Madrid en un 4,5% y generar 164.000 empleos directos y 97.000 indirectos.

Cuando se anunció este complejo hotelero y de ocio leí todo tipo de críticas diciendo que la empresa se aprovechaba de las condiciones laborales injustas y precarias, y de un país en ‘derribo’ para ‘forrarse’. Que suponía entregarnos al vicio, juego y prostitución. Eso en un país que ya suponía el 3,7% del mercado de casinos de Europa y donde cada español gasta 179 euros anuales en juego. Y no quiero hablar de esos clubes de luces de colores que abarrotan nuestras carreteras, que deben ser centros culturales. Ya me sonaba a nuestra famosa xenofobia empresarial. Si lo hacemos nosotros lo justificamos como “planes de crecimiento” y creadores de empleo, si lo hace un extranjero, malo malísimo.

Curiosamente, el proyecto que se iba a instalar a las afueras de Madrid probablemente vaya a desarrollarse en Japón. No en alguna república bananera donde obliguen a los jóvenes a trabajar por un mendrugo mientras otros son esclavizados en burdeles… A Japón, la tercera economía del mundo.

No, el fin de Eurovegas no es culpa del Gobierno, de un partido o de otro. Pero todo el asunto dice mucho sobre nuestro sistema económico de “déjame Paco, que tú no sabes quién soy yo y esto lo arreglaba yo con dos llamadas”. No había más que oír los mensajes de la oposición en cuanto se anunció la retirada.

Desde mi punto de vista, podemos aprender de este episodio para muchas otras ocasiones y así reforzar la Marca España.

– Empezar a evitar vender las cosas antes de que ocurran. “Que me lo quitan de las manos”, “que vienen los americanos-chinos-rusos”, y la peor “usted no tiene ni idea”. Que Bill Gates no tenga que pedir públicamente que no se use su nombre para especulaciones. Manejar las expectativas y sorprender al alza, no dar por hecha la venta de un aeropuerto, una empresa o un valor, la cifra de paro, déficit o la de crecimiento, y luego justificar la decepción.

– No pensar que los extranjeros son tontos. Los proyectos compiten. Los países y ciudades compiten por esos proyectos. Atraer capital no es un favor que le hacemos al inversor permitiéndole venir a nuestro feudo, es una obligación y una responsabilidad. Y tenemos que copiar a los mejores, y superarlos, no imitar a los peores para después criticarnos internamente y continuar con los mismos errores. Si el proyecto no es adecuado, la obligación es contar con un marco de apertura y libertad que haga que florezcan decenas de alternativas mejores. Y que se vea que merece la pena arriesgar.

– La seguridad jurídica no es una broma. Es muy revelador que la empresa Las Vegas Sands pusiera como condición que se le pagasen las pérdidas SI se cambiaban las leyes o el entorno impositivo. La percepción de inseguridad jurídica es el mayor escollo para que en España y Europa se atraiga capital en inversión productiva y a largo plazo. No se trata de atraer dinero a bolsa o a reciclar capital, como comentaba en mi post Llueve dinero en España, ¿o no?, sino a los centenares de miles de millones que necesita nuestro país para reducir el paro.

– Dar alternativas, no unicornios. Los que criticaban el proyecto por ser “ladrillo, vicio y putas” (sic) tienen todo el derecho a criticarlo, pero no han puesto una sola alternativa –ni un solo dólar- remotamente similar en inversión, creación de empleo y potencial económico. Y cuando han propuesto algo para “cambiar de modelo” curiosamente pasa por “el Estado” y “dar subvenciones”. Volver a 2004 y a llenar el país de sobrecapacidad en infraestructuras inútiles y ladrillo del que si nos gusta, el que paga el contribuyente. Más deuda, más déficit, más impuestos. Y otro desastre mal planificado. Con lo fácil que es abrir las puertas a que compita el capital y poner un entorno atractivo para la inversión. Nuestra mentalidad a veces parece que solo nos permite entorpecer y prohibir. Que España haya caído al puesto 142 de 189 entre los países con más facilidad para hacer negocios es algo que debe preocupar a todos. Mientras tanto, nos sentamos a esperar que vuelva 2004 y podamos volver a subvencionar cualquier quimera de pérdidas aseguradas con dinero de otros.

– Libertad y apertura para todos, y no hay que hacer excepciones. Nos llevamos las manos a la cabeza porque se estaba estudiando hacer excepciones legales para atender a algunas condiciones de inversión. En vez de pensar que lo que tenemos que hacer es apertura y desatascar el entramado burocrático y administrativo para todos, en un país donde el 70% del valor añadido lo crea las pymes, nos alarmamos de que haya empresas que no estén dispuestas a aceptar ‘nuestras maravillosas condiciones’. Sin un entorno confiscatorio y burocrático no hacen falta ‘excepciones’.

– No existen condiciones de extorsión ni excesivas cuando hay competencia y libertad. Si pensaban que el grupo Las Vegas Sands estaba exigiendo demasiado y recibiendo un trato de favor o un chollo… ¿Por qué no han salido treinta o cuarenta competidores inmediatamente? Si lo que pedía es inaceptable, debemos al menos contar con otras alternativas que demuestren que es así. Si las condiciones son inasumibles, ¿cómo es que estamos dispuestos a dar todo tipo de prebendas, parabienes y subvenciones al gasto cuando viene del estado o de empresas españolas o públicas? Igual que con tantos otros sectores, desde los hedge funds, al fracking, el petróleo en Canarias o la tecnología, a veces somos campeones en encontrar problemas, riesgos y rechazar –como buenos ricos que somos- las inversiones extranjeras que “vienen a llevarse lo nuestro”. Lo nuestro, seamos conscientes, es mucha deuda. Un 94% del PIB de deuda pública ya, y si queremos ‘ingresos fiscales’ tendremos que atraer inversión sí o sí.

El fin del sueño o pesadilla de Eurovegas va a ser utilizado para criticar a todo el mundo. Pero ese no es el problema. El problema es un sistema económico que pueda poner enormes dificultades para atraer inversiones productivas. Si hubiese un entorno de libertad económica real y apertura, como defiendo en mi libro Viaje a la Libertad Económica, la discusión sobre las condiciones de Adelson o del Gobierno simplemente seria innecesaria. El debate no se habría dado porque competirían muchos y diferentes proyectos para crear riqueza y empleo.

España tiene todos los ingredientes para que las empresas, nacionales y extranjeras, inviertan cientos de miles de millones de euros, se desarrollen los sectores más atractivos y se cree el empleo necesario. Esas empresas e inversiones no las va a decidir un comité, y ese crecimiento no va a venir por el BOE. Nuestra situación actual es precisamente la consecuencia del BOE-depresor. Vendrá cuando abramos las puertas, cerremos los despachos de ‘parar y entorpecer’ y pongamos la alfombra roja a la inversión productiva. Entonces, las exigencias más o menos agresivas de una empresa no serán noticia. Habrá multitud para sustituirla. 

La población de Cataluña huye hacia otras autonomías durante la crisis

España está perdiendo población como resultado de su particular crisis demográfica -baja tasa de natalidad y creciente envejecimiento poblacional- y, sobre todo, el aumento de la emigración hacia otros países, tanto de población extranjera como nacional. La elevada tasa de paro y las malas perspectivas económicas han provocado que un volumen cada vez mayor de gente opte por hacer las maletas en busca de un futuro mejor. Tanto es así que, en el primer semestre del año, casi 260.000 personas abandonaron España para instalarse en el extranjero.

Sin embargo, dentro de los flujos migratorios, cabe distinguir la migración exterior -entre países- de la migración interior -entre regiones o provincias-. Así, al igual que algunas personas optan por buscarse la vida fuera de España debido a la mala situación económica, otras prefieren emigrar a otras regiones del país, cuyas perspectivas son más favorables que en su lugar de origen.

En este sentido, los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) ofrecen una imagen general sobre la migración interna que ha registrado España durante la crisis. El indicador más relevante en esta materia es el denominado "saldo migratorio interautonómico", ya que mide los movimientos netos poblacionales (entradas menos salidas) que se registran, única y exclusivamente, entre las distintas regiones de España.

Uno de los datos más llamativos es el referido a Cataluña. El otrora principal motor económico de España siempre se ha caracterizado por atraer población residente, procedente, sobre todo, del sur del país, gracias a su pujante industria y su intensa actividad empresarial. Sin embargo, los datos oficiales muestran que la presente crisis ha supuesto un cambio de paradigma, ya que Cataluña no sólo no atrae trabajadores de otras autonomías sino que parte de sus residentes ha preferido huir hacia otras comunidades en busca de oportunidades laborales o un mejor nivel de vida.

En concreto, desde 2008, Cataluña registra un saldo migratorio negativo de casi 16.000 personas. Esto significa que el número de residentes catalanes que ha decidido emigrar a otras autonomías (salidas) supera en casi 16.000 personas a los residentes de otras regiones que han optado por instalarse en Cataluña (entradas) durante la crisis.

Este balance contrasta de forma muy significativa con la Comunidad de Madrid, ya que la región que preside Ignacio González se ha convertido en el principal polo de atracción poblacional de España en estos años de dificultades económicas. Madrid presenta un saldo migratorio positivo de casi 14.000 personas desde 2008 -han entrado más de los que se han ido a otras regiones-. Así pues, la economía madrileña no sólo atrae empresas procedentes de otras regiones de España (casi 5.000 desde 2010) sino que también es el principal destino de la migración a nivel interno.

Asimismo, en el lado positivo, también destacan Baleares (+10.982),Galicia (+10.712), País Vasco (+8.949) y Navarra (+6.941). Por el contrario, la comunidad que encabeza el saldo miratorio negativo durante la crisis es Castilla y León, con una pérdida neta de 25.430 residentes desde 2008, seguida de Cataluña (-15.858), Canarias (-12.397), Comunidad Valenciana (-10.678) y Andalucía (-10.524).

Mención aparte merece Castilla-La Mancha, con un saldo positivo de 16.033 pesonas. Pero este dato favorable se debe, básicamente, a la conexión directa de Guadalajara y, en menor medida, Toledo con Madrid, conviertiendo ambas provincias en casi un anexo de la comunidad madrileña.

El estallido de la burbuja inmobiliaria y el menor coste de la vivienda produjo en los primeros años de crisis el regreso de numerosos trabajadores de la construcción a sus lugares de origen, que, sumado al aumento de residentes madrileños que optaron por comprar o alquilar un piso en las provincias manchegas más cercanas a la capital, se tradujo en un importante saldo positivo en Castilla-La Mancha entre 2008 y 2011, según aclara la Fundación Renacimiento Demográfico.

Sin embargo, desde 2012, y muy especialmente en el primer semestre de 2013, esta región lidera, junto a Castilla y León y Andalucía, la fuga de residentes hacia otras autonomías debido a sus peores perspectivas económicas.

La población cae en casi todas las CCAA

Por último, la combinación de escaso crecimiento vegetativo (nacimientos menos defunciones), el saldo migratorio negativo con el extranjero y el saldo migratorio con otras comunidades dan lugar a que la población sólo creciera en Baleares, Canarias, Murcia y en la ciudad autónoma de Ceuta durante el primer semestre del año.

Los 8 grandes retos que debe afrontar la economía española

Cada informe PISA es una oportunidad propicia para que los defensores de la educación coactiva estatal reivindiquen una educación pública de calidad apelando al modelo finés, lo que automáticamente se transforma en la querencia de un mayor gasto público en educación o, al menos, en una beligerante oposición a los recortes. Sólo hay un problema: de PISA no se desprende lo que ellos creen que se desprende.

El problema de la educación no es la falta de gasto

Según el propio informe PISA, entre los países desarrollados existe una nula relación entre gasto por alumno y resultados académicos. Gastar más en educación no equivale a mejorar la educación. En el gráfico podemos observar la correlación entre el gasto acumulado por alumno entre los 6 y los 15 años y la puntuación obtenida en PISA 2012: verán que la recta de regresión es casi plana, lo que indica que ambas variables no guardan correspondencia alguna. Como dato ilustrativo: España gasta en educación un 20% más que Corea del Sur, un 42% más que Polonia y un 48% más que Estonia, pero sólo obtiene una puntuación de 484 (posición 33) frente a los 518 de Polonia (posición 14), a los 521 de Estonia (posición 11) y a los 554 de Corea (posición 5).

La razón fundamental de por qué más gasto no proporciona mejores resultados es que, pese a que el imaginario colectivo tiende a pensar que el educativo es un sector muy capital intensivo donde hay que emplear carísimas y punterísimas tecnologías, alrededor del 70% de los desembolsos en educación se corresponden con los salarios de los profesores. Y a menos que haya un buen sistema de selección del profesorado y se dote a éste (o al centro, como luego veremos) de autonomía suficiente para desplegar su valía, aumentar el monto de la nómina o la cantidad de pagas extras no repercute en mejor enseñanza al alumno. E incluso cuando los profesores sí cuentan con suficiente autonomía, es obvio que a partir de cierto nivel salarial, más sueldo no es mejor educación (si corrigiéramos los datos de gasto educativo por la renta per capita de cada país, la correlación seguiría siendo nula).

El mito de Finlandia

Una muestra adicional de que un mayor gasto no solventa otros problemas más de fondo es que la tan modélica Finlandia apenas gastar por alumno un 5% más que España. Si tan excelente es el sistema educativo finés, ¿no deberíamos pensar que quizá las razones de su éxito sean otras distintas al gasto?

Con todo, los éxitos del modelo educativo finés –indudables en comparación con los fracasos del resto de países– han terminado deviniendo un mito para justificar que, como el problema no es que gastemos mucho sino que gastamos mal, lo que toca es gastar mejor, no gastar menos. Sucede, empero, que ambas hipótesis no son incompatibles: el sistema educativo español gasta mucho y gasta mal, de modo que necesitamos gastar mejor y gastar menos.

Pero, como digo, el sistema público finés se ha mitificado inadecuadamente por los lobbies educativos y mediáticos españoles. Al cabo, Finlandia obtiene una puntuación de 519 en PISA, frente a los 484 de España. 35 puntos de diferencia: sorprendente, sí. Pero, ¿qué tal si comparamos la escuela pública finesa con los centros privados y concertados de España? Pues que ahí las diferencias ya se estrechan notablemente: los centros privados y concertados puntúan 510,1 frente a los 517,9 de la pública finesa: 7,8 puntos de diferencia, menos de una cuarta parte.

Desde luego, la réplica inmediata a esta comparativa es que las muestras de alumnos no son homogéneas: los estudiantes de centros privados suelen proceder de un ambiente económico, social y cultural superior al de los centros públicos, de modo que es normal que puntúen más alto. Pero, ¿acaso el finés medio no posee un nivel económico, social y cultural superior al español medio? ¿Es necesario recordar que la renta per cápita de Finlandia es un 62% más elevada que la española? Dado que el 32% de los estudiantes españoles están escolarizados en un centro privado o concertado, ¿podemos asumir que el nivel económico, social y cultural del finés medio es inferior al nivel medio de ese 32% de españoles que llevan a sus hijos a un centro privado o concertado?

Basta con acudir a los resultados que ofrece PISA corregidos internacionalmente por la situación económico-social-cultural: en tal caso, la escuela pública finesa logra 508 puntos frente a los 498,5 de la privada y concertada española. No está mal, pero desde luego ninguna gesta diferencial como para que estemos todo el día flagelándonos pensando en las maravillas del modelo finés.

Recomponiendo el puzle: no existe educación realmente privada

Por lo visto hasta el momento, la clave del éxito de la educación no está en el gasto, pero tampoco parece residir en la titularidad de los centros, como evidencia que los centros públicos de Finlandia son algo mejores que los centros privados españoles. El caso encaja con el conjunto de la evidencia expuesta por PISA 2012: aunque en el global de países analizados los centros de titularidad privada (corregidos los antecedentes económicos del alumno) puntúen mejor que los públicos, no se trata de una correlación demasiado fuerte. ¿Dónde está, pues, la clave del éxito?

El informe nos da ciertas pautas. Primero, en la OCDE, sólo un 10% de la variabilidad de los resultados en PISA se explican por diferencias entre sistemas educativos: el 36% se debe a diferencias entre centros y el 54% a diferencias entre alumnos. Por consiguiente, los distintos “modelos” educativos son relativamente menos importantes que las características del alumno y que la organización de cada escuela. Segundo, PISA constata que un mayor grado de autonomía de cada escuela a la hora de diseñar el currículum y de organizar el centro contribuye positivamente a los resultados. Tercero, y acaso de manera paradójica con el anterior, la competencia entre centros no juega absolutamente ningún papel en mejorar los resultados.

¿Cómo es posible que la diversidad curricular sea buena y la competencia entre centros, que estimula esa diversidad curricular, no lo sea? Básicamente porque la competencia educativa que realmente marca la diferencia no es la de que dos centros cortados por el mismo patrón se peleen por captar un número limitado de alumnos: la competencia relevante es la que permite la autoorganización y autorregulación de cada centro, esto es, su autonomía para proponer planes de estudio y modalidades de enseñanza radicalmente distintas a las de otros centros, compitiendo con ellos en ese campo. Por desgracia, ese grado de autonomía no lo encontramos en ningún país del mundo, de ahí que la competencia no cuente para nada. En cambio, la escasa autonomía con que algunos Estados dotan a los centros sí sirven para mejorar marginalmente el rendimiento de los alumnos porque, en efecto, lo que cuenta es diferenciarse experimentalmente.

Conclusión

Aunque en España existen buenas razones para preferir una titularidad privada de los centros educativos antes que una titularidad estatal –básicamente, los resultados de los privados son mejores y su coste, según INE y Eurostat, es la mitad que el estatal–, ésa es una cuestión realmente secundaria. Cuando se trata de elegir entre centros estatales y centros privados encorsetados por la planificación estatal de la educación, lo único que estamos eligiendo es, primero, el nivel salarial de los profesores (en la privada cobran menos que en la pública) y, segundo, quién vaya a ser el gestor encargado de administrar el centro de enseñanza (un funcionario o un capitalista rentista encargado de reproducir las directrices que le marca el legislador). Nada más.

La diferencia es, pues, escasa y no debería extrañarnos que en algunos países los centros públicos puntúen mejor que los privados (ahora se ha puesto de moda hablar del fracaso del modelo de cheques suecos, cuando el 85% de alumnos sigue yendo a la pública y cuando los centros suecos tienen, según PISA, una escasísima autonomía). La cuestión de fondo, empero, es por qué el Estado tiene que imponernos un modelo educativo a todos los estudiantes; por qué cada escuela privada no puede experimentar descentralizadamente con el suyo y dedicarse no a gestionar las directrices educativas de los políticos, sino a innovar y revolucionar el modelo de educación decimonónico que todavía padecemos. He ahí la competencia realmente útil: aquella dirigida a ofrecer el mejor servicio al menor coste al estudiante, no la competencia en la que todos hacen exactamente lo mismo.

Por eso hoy no existe mercado educativo libre ni siquiera allí donde el centro es de titularidad privada: porque es la legislación estatal la que en última instancia determina cuál es el producto educativo ofrecido y cuáles son las condiciones en las que se ofrece. Ésa es la verdadera privatización que necesitamos, no un mero traspaso de la gestión a empresarios maniatados.

Las tres lecciones más importantes de PISA 2012

"La economía española ha salido de la recesión, pero no de la crisis. Para dejarla atrás es necesario abordar, a corto y a medio plazo,numerosos retos que exigen cambios de gran calado en las empresas, en la educación y en el sector público". De este modo, resume la Fundación BBVA el desafío que afronta la economía nacional de cara a los próximos años.

En su Informe 2013 Fundación BBVA-Ivie sobre Crecimiento y competitividad, presentado el miércoles, los investigadores del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) identifican ocho grandes retos cuya superación hará más probable que la necesaria competitividad económica de España sea duradera. El objetivo global es competir y crecer mejor, tanto a medio como a largo plazo, pero para ello será necesario solventar los siguientes aspectos:

1. Más inversión en intangibles

El primer reto es aumentar la invesión en activos intangibles: información digitalizada, innovación y competencias económicas que potencien la imagen de marca, mejoras en la gestión, en la organización del trabajo y formación. Es decir, que las empresas inviertan más en I+D, en mejorar su organización interna y en la formación de trabajadores y empresarios parar elevar su productividad y generar más valor añadido.

El problema es que la inversión en intangibles en España es baja, apenas el 6,7% del PIB, menos del 40% de la inversión en activos tangibles (capital físico), cuando en Estados Unidos representa un 150%.

2. Aprovechar mejor la globalización

La economía española ha de orientar más sus actividades hacia las que generan más valor, teniendo presente que la economía mundial se caracteriza por una elevada fragmentación de los procesos productivos que permite a las empresas especializarse en distintas tareas. La globalización plantea el reto de reducir los costes en tareas de baja cualificación y centrarse en las más cualificadas.

3. Atraer inversión extranjera

Poner en valor las ventajas competitivas de España ante las estrategias de deslocalización de las multinacionales extranjeras. Las dotaciones de infraestructuras, la oferta de mano de obra abundante de cualificación alta y los salarios, además de los costes del suelo y alojamiento que son más bajos que los de muchas economías europeas, deben servir para que determinadas actividades se localicen en España.

4. Cambiar la estructura y gestión de las empresas

Abordar cambios en la estructura, dirección y gestión de muchas empresas, en especial de las más pequeñas. "Las estrategias empresariales dependen con frecuencia de propietarios con escasa cualificación para manejar la actual complejidad tecnológica de las organizaciones y de los mercados", según el estudio.

Mientras el 71,1% de los directivos son universitarios, ese porcentaje se reduce al 10,5% entre los empresarios con asalariados y al 10,3% entre los autónomos, pero estos dos últimos grupos son los mayoritarios. Las empresas grandes y las multinacionales, gestionadas con frecuencia por directivos profesionales, logran mayores niveles de eficiencia y productividad.

 

5. Mejorar la productividad laboral

Es necesario incrementar las ocupaciones cualificadas, que quienes ocupan estos puestos estén bien formados y sean productivos, y que las empresas gestionen esos recursos adecuadamente.

Aunque en España el porcentaje de puestos de trabajo de alta cualificación representa ya alrededor de un tercio del total, en otros países esa cifra se aproxima al 45%. Las previsiones europeas son que dos de cada tres puestos de trabajo creados en España en esta década sean cualificados, y por ello es necesario contar con abundantes recursos humanos con formación superior (universitaria o profesional), con conocimientos, competencias y actitudes adecuados para cubrir una demanda cada vez mayor de capital humano.

6. Reducir el paro

Uno de los retos más importante para el resto de esta década, según los expertos, será "absorber una gran bolsa de parados con escasa formación, pues la exclusión laboral está siendo un factor clave del mayor riesgo de pobreza".

Por ello, abogan por emplear todo "el arsenal disponible para paliar el problema que representa el desempleo", mediante una mayor flexibilidad laboral, más facilidades para crear empresas, una mejor formación para desempleados, etc.

7. Igualdad de oportunidades

Un séptimo reto es garantizar el acceso a servicios públicos fundamentales como la educación y la salud, "claves para igualar las oportunidades de los grupos sociales más amenazados por la pobreza".

Y, para ello, es necesario garantizar "la sostenibilidad financiera del gasto público a medio y largo plazo, amenazada por la tendencia expansiva de los gastos asociados al envejecimiento; la existencia de grandes diferencias de recursos por habitante entre las comunidades autónomas, responsables de la prestación de estos servicios; y la falta de instrumentos de evaluación sistemática de los resultados de las políticas educativas y sanitarias, que promueva la difusión de buenas prácticas y la eficiencia".

8. Servicios públicos más eficientes

Por último, es necesario que España cuente con unos servicios públicos eficientes, minimizando costes y maximizando el volumen y calidad de los mismos. En este sentido, el informe recomienda apostar por "la evaluación sistemática ex-ante y ex-post de las políticas, basada en sistemas de información adecuados".

La UE vuelve a poner a Rajoy los ‘deberes’ que ignora desde hace dos años

Segunda ronda de la reforma laboral, cambios en el sistema tributario, revisión de las grandes partidas de gasto y control de las administraciones públicas. Esta es el conjunto de reformas que este martes los ministros de Economía de la UE (el grupo conocido como Ecofin) le han hecho a España.

Es muy probable que a muchos españoles la lista les recuerde a algo. En los últimos años han podido leer esta misma receta una y otra vez. La OCDE, el FMI, la troika, la Comisión Europea… Todos los organismos internacionales que han realizado informes sobre la economía española han repetido casi de corrido la misma cantinela.

Pues bien, han pasado seis años del comienzo de la crisis, tres años y medio desde el momento crítico de mayo de 2010, dos años de la llegada de Mariano Rajoy y un año y medio desde el rescate de las cajas españolas con dinero europeo. Sin embargo, los deberes siguen sin completarse. En algunos aspectos se han aprobado cambios parciales, que ahora Bruselas exige que se completen. En otros, prácticamente no se ha hecho nada. La buena noticia, para el Gobierno, es que no parece haber impaciencia en las capitales europeas, al menos por el momento…

En el comunicado de esta semana, el Ecofin recuerda que muchas de las recomendaciones de la UE sólo se han visto "parcialmente respaldadas por medidas concretas". En muchos casos las reformas todavía están pendientes de ser adoptadas o plenamente aplicadas, y su rápida y plena aplicación son claves para el éxito". Por eso advierte, otra vez, que "la Comisión y el Consejo vigilarán la ejecución de las reformas". Claro, que esto ya lo han dicho varias veces con anterioridad, sin que la falta de avances haya implicado ningún tipo de sanción concreta.

Las cuatro claves

Con el saneamiento del sector financiero en marcha y las cuentas públicas más o menos controladas, lo que queda por delante son las reformas. Ésas de las que tanto se habla, especialmente desde la llegada de Rajoy a La Moncloa, pero que parece que nunca llegan (o que cuando lo hacen se quedan a mitad de camino). En este sentido, las peticiones de Bruselas vuelven a la carga en las cuatro grandes cuestiones pendientes de la economía española:

– Mercado laboral: fue una de las primeras reformas que puso en marcha este Gobierno, nada más llegar a Moncloa. En febrero de 2012 ya estaba en marcha (aunque luego hubo modificaciones a lo largo del trámite parlamentario) y Fátima Báñez ha destacado sus buenos resultados en materia de flexibilidad interna y contención del número de despidos.

Sin embargo, no es suficiente en lo que hace referencia a las políticas activas de empleo y dualidad. Por eso, ahora se habla de la "segunda ronda" de la reforma laboral. En teoría, debería ir dirigida a concentrar las modalidades de contratación. De los 41 tipos de contratos existentes en la actualidad (según las cuentas de la propia Báñez) a 4-5 grandes formatos. El Gobierno ha hablado de "unificar", pero en realidad no se refiere a quitar formas de contratación, sino a unificar formularios. Sería un cambio cosmético, con poquísimas consecuencias prácticas. ¿Será suficiente para contentar a Bruselas?

Pero es que además el Ecofin no sólo pide este cambio. También se fijan en las "políticas activas de empleo". Los famosos cursillos del paro, tan de moda últimamente, y la forma en la que se incentiva a los desempleados para que busquen trabajo están en el punto de mira de Bruselas. Desde hace años, ésta es otra de las grandes asignaturas pendientes, pero hasta ahora nadie se ha atrevido a meterle mano.

– Reforma fiscal: se supone que está en marcha, pero hasta 2014 no habrá nada definitivo. Y cada vez que hay novedades se habla de que se retrasará su aplicación a 2015 y 2016. Tampoco está claro que cuando se conozca su contenido definitivo se parezca a lo que pide Bruselas. Tendrá que ser compatible con cuadrar el objetivo de déficit. La idea (también repetida hasta la extenuación) es que se simplifiquen los tributos y se acabe con la mezcla de tipos muy elevados con muchas excepciones (deducciones, reducciones, exenciones,…). El Gobierno lo deja todo al grupo de expertos encargados de la reforma. En teoría debería seguir el camino marcado por Bruselas.

– Reforma de la administración y recortes de gasto: se supone que el Gobierno está en ello, eliminando organismos, recortando aquí y allá, eliminando duplicidades, ahorrando allí donde se puede… Mariano Rajoy aseguraba este lunes, en la entrevista que concedía al diario El País, que el principal problema de España ahora mismo era de ingresos, que no se podía hacer mucho más por el lado del gasto. Pero el Ecofin no parece muy de acuerdo y alerta que sigue pendiente "una revisión sistemática de las grandes partidas de gasto para mejorar la eficacia" del sector público.

– Ley de estabilidad presupuestaria: otro de los grandes logros teóricos del Gobierno que el Ecofin denuncia que se puede estar quedando a mitad de camino. Por eso, pide que se "refuerce" su cumplimiento, con medidas como la publicación en plazo de los informes trimestrarles de las comunidades y la aclaración de en qué momento se activarán las sanciones contra las que incumplan. Vamos, que le están diciendo a Montoro que puede que el texto de la Ley esté muy bien, pero que de nada servirá si no se aplica. Otra denuncia habitual: muchas de las medidas aprobadas no se están aprovechando por falta de interés político. También aquí habrá que ver la respuesta desde Moncloa. Y si Bruselas aguantará mucho más sólo con buenas palabras.

El ‘mandelismo’ es libre

Muy pocos presidentes de postín se han quedado en casita, mirando por el televisor (¡qué antigua suena esta palabra!) los actos de canonización de Nelson Madiba Mandela. El más relevante de todos ellos, Vladímir Putin, que ni se ha movido del Kremlin ni ha enviado a ninguno de sus peones a codearse con la crema y nata del politiquerío mundial. Mariano Rajoy no se lo ha perdido. Es normal. Imagínense en la posición de un gran dirigente europeo cualquiera. Ahora te cruzas una mirada con Obama, luego saludas a uno con pinta de haber trabajado en una peli de Harold Lloyd, y resulta que es belga, comentas que Castro está más joven que nunca, y te sientas entre Nicolás Maduro y Robert Mugabe. Y oye, echas la mañana.

Putin no ha sido la única ausencia. Merkel está excusada, porque acude el presidente Gauck. Pero los austríacos se han hecho el sueco, en Hungría e Islandia pasan, en Ucrania están muy ocupados, y en los palacios de Indonesia, Argelia, Egipto o las dos Coreas se quedan con el zapping en casa.
En esta lista de ausencias falta, que ya les veo haciendo cuentas, el presidente de Cataluña. Por algún motivo, Artur Mas tiene suficiente con gobernar su pequeño imperio, quebrado por fronteras que desmentirá la historia. ¿No dicen que Mandela traspasó fronteras? Pues Mas no será menos. Mandela no tuvo tiempo para inspirarse en Artur Mas, pues el destino, caprichoso, ha querido que la emulación siga un curso contrario. Dice Mas: “Ha creado una identidad nacional basada en el perdón y la reconciliación”. ¿Perdonaría Mas a los catalanes que no comulgan con el credo nacionalista? ¡Claro que sí! ¿Y se reconciliaría con los castellanos irredentos? ¡Por descontado!

Madiba se encontró con un gran problema, y supo resolverlo: “Había que convencer a todos. Hacía falta un líder que lo hiciera. El de Mandela ha sido un patriotismo impensable, genial, contemporáneo, humano”. Qué coincidencia. Es como el ridículo del propio Artur Mas: Impensable, genial, contemporáneo, humano. Por cierto, que en Sudáfrica hay 11 idiomas oficiales, y los colegios eligen libremente en cuál enseñan, según la Constitución aprobada bajo la égida mandelita.

Mas ha acabado por no convencer a nadie, o a casi nadie. Eso sí, ha radicalizado a los convencidos. Por algún motivo los dirigentes del orbe no irán a su funeral ni con el mando en la mano, si es que entonces sigue existiendo tal cosa.

Esta pegajosa oleada de almíbar sobre la espinosa vida de Nelson Mandela no podía dejar indiferente a nuestro ex, José Luis Rodríguez Zapatero. Es el Andy Russell de la política mundial. Dicho ha: “Yo, desde luego, le tuve presente en algunas de las acciones de Gobierno que más vinculadas estaban a la dignidad personal”.

Es difícil casar al Mandela que salió de la cárcel, que hizo de la reconciliación su estandarte, con Rodríguez Zapatero, que dio por terminada la Transición, recuperó la ruptura derrotada entonces por la mayoría de españoles, enlazó la actual democracia con la de los años 30 contra la que conspiraron todos, PSOE incluido, y llamó “memoria histórica” al odio institucionalizado. Pero oye, el mandelismo es libre.

La ilusión óptica de las burbujas

Imaginen por un instante que se encuentran ustedes en cualquiera de los peldaños de la escalera que les muestro en la imagen adjunta. Traten ahora de recorrerlas mentalmente en sentido ascendente. Cuando hayan dado una vuelta completa, descubrirán con sorpresa que se encuentran en el punto de partida, pese a que, imaginariamente, no han dejado de subir escalones en ningún momento. ¿Cómo es esto posible? Si son aficionados a las ilusiones ópticas, probablemente habrán reconocido las escaleras imposibles o infinitas, también denominadas de Penrose, por el apellido de los matemáticos –padre e hijo– que las describieron por primera vez a finales de los años 50.

Si se fijan, el dibujo juega con la representación de la perspectiva para engañarles en su percepción, pues hace aparentemente plausible un objeto que en la realidad es imposible de construir. Pues bien, algo similar ocurre en la economía con las burbujas inducidas por las políticas de expansión monetaria y crediticia sin respaldo en el ahorro real: nos hacen creer que estamos subiendo cuando en realidad no hacemos sino descender a lo más profundo de una recesión.


Y es que nunca son demasiadas las alertas contra las recomendaciones que nos llegan, sobre todo del bando keynesiano, alentando a las autoridades monetarias a la creación de burbujas. Tal es el caso de Paul Krugman, tenaz en su empeño para que los bancos centrales continúen creando ilusiones ópticas que generen en el pueblo llano la sensación de que la economía crece, cuando, en realidad, no hacen sino hipotecar su futuro. Así es como se ha manifestado recientemente, alabando el discurso burbujístico de Larry Summers, sucesor wannabe de Ben ‘Helicopter’ Bernanke, cuyas expectativas profesionales parecen haber sido frustradas por la nominación de su rival, Janet Yellen.

Dado que, una vez más, este lunes se me ha adelantado McCoy –con referencia incluida a un estupendo recopilatorio de Pablo R. Suanzes– a comentar tanto las reacciones al discurso de Summers en el FMI como a la toma de posición opuesta de Charles Plosser, presidente de la Reserva Federal de Filadelfia, permítanme que me centre en insistir una vez más en el efecto tremendamente pernicioso y distorsionador que tienen las burbujas promovidas por los amantes de la manipulación monetaria.

Es creencia bastante común pensar que el crecimiento generado durante la fase expansiva del ciclo es bueno. A fin de cuentas, nadie puede negar que se crea empleo, se dotan infraestructuras, las fábricas venden más, los centros comerciales se llenan y no hay quien encuentre mesa en un restaurante un sábado por la noche. ¡Qué tiempos aquellos!, ¿verdad? Y, sin embargo, como en la escalera de Penrose, ahora sabemos que en aquel periodo estuvimos engañados por una ilusión óptica. En realidad, empezamos a empobrecernos mucho, mucho antes, de la quiebra de Lehman Brothers. Como expusieron Mises y Hayek, la destrucción del tejido económico no comienza en verdad con el pinchazo de la burbuja, sino con su mismo nacimiento.

Tal y como precisaron Lionel y Roger Penrose en su artículo original en el British Journal of Psychology, refiriéndose a su escalera imposible, “cada sección de la estructura es aceptable como representación de un tramo de escalera, pero las conexiones entre ellas están dibujadas de tal forma que, en su conjunto, es inconsistente”. Pues bien, con la economía, cuando se ve sometida a un proceso de expansión artificial del crédito sin que haya un aumento previo y voluntario del ahorro, ocurre un fenómeno parecido.

Así, si toman los sectores productivos más alejados del consumo, durante la fase de boom todo parece marchar viento en popa. La reducción en los tipos de interés propiciada por la mayor oferta de crédito –cuanto más préstamos quiera dar la banca, más deben bajar los tipos– convierte en rentables proyectos que no lo son a tasas mayores –si el retorno que se obtiene de la inversión es menor que los intereses del préstamo para financiarlo, el proyecto no es rentable y viceversa–.

En consecuencia, (i) se ‘ensancha’ la estructura de producción al ponerse en marcha nuevas iniciativas empresariales que requieren factores de producción que han de ser aportados por el tejido económico existente en ese momento –materias primas, mano de obra, bienes de equipo, etc.–; y (ii) a la vez se ‘alarga’, en el sentido de que se acometen inversiones cuyos frutos tardan más en materializarse –cuanto menores sean los tipos de interés, más atractivas parecerán las inversiones que ofrecen resultados más tarde en el tiempo–.

 

Por otro lado, durante la fase expansiva tampoco les va nada mal a los sectores que abastecen directamente al público. Si los estudian, comprobarán que los consumidores, al no haber incrementado su tasa de ahorro, continúan adquiriendo los productos de aquellos. Incluso a mayor ritmo, para regocijo de los creyentes en el PIB y de los recaudadores de impuestos, pues se verán animados por la combinación de tipos bajos –que les permite endeudarse para consumir– y la mayor actividad económica generada.

Por consiguiente, los productores de bienes de consumo, alentados por la mayor demanda de sus productos y favorecidos por las bajas tasas de interés, tenderán a acometer proyectos de ampliación de sus instalaciones, contribuyendo al ‘ensanchamiento’ de la estructura productiva y reclamando para ello factores de producción de entre los existentes en ese momento –materias primas, mano de obra, bienes de equipo, etc–.

Quizás se hayan percatado de que algo falla. Tal y como describían los Penrose, por separado todo parece funcionar. ¿Qué ocurre, sin embargo, cuándo ponemos en conexión los diferentes tramos de escalera? En efecto, el papel lo aguanta todo, y el papel moneda parece que también, pero cuando bajamos a la realidad nos encontramos con que, por mucho dinero fiduciario que hayan creado los bancos centrales y el sistema bancario, las materias primas, la mano de obra y los bienes de equipo con los que se cuenta inicialmente son los que son. Esos no se multiplican ni se crean de la noche a la mañana out of thin air.

Los productores de las diferentes etapas del proceso productivo entran, pues, en competencia por los factores de producción, generando importantes distorsiones tanto en los precios relativos como en la percepción de beneficios empresariales y en la asignación de recursos y distribución de la riqueza. Un proceso que, lejos de ser beneficioso, como nos insisten insistentemente, es tremendamente inicuo, ya que necesariamente se están desviando recursos de donde más se necesitan a proyectos sin futuro. Se está malinvirtiendo el capital, siempre escaso.

No se cansen de repetírselo a ustedes mismos, las urbanizaciones fantasma, las fábricas a medio construir y que nunca se acabarán, el dinero ‘invertido’ en apuestas especulativas fallidas, sean acciones ‘puntocom’ o bonos basura a precios inflados, no crean ninguna prosperidad, por mucho empleo y sensación de riqueza que hayan generado en su gestación. Antes bien, la destruyen.

Por este motivo, les sugiero que desconfíen de los cantos de sirena de aquellos que les venden las bondades de las burbujas, los tipos de interés artificialmente bajos y las ‘sanas’ tasas de inflación moderadas. El crecimiento que les proponen es una ilusión óptica.

Bitcoin: democracia monetaria o cuento chino

Bitcoin is the beginning of something great: a currency without a government, something necessary and imperative – Nassim Taleb

I don’t understand Bitcoin, but I don’t understand women either and I am married – US trader

Durante las intensas semanas de promoción de mi libro Viaje a la Libertad Económica me han preguntado en varias ocasiones mi opinión sobre Bitcoin, la mal llamada “moneda virtual” que ha  saltado a los medios de comunicación por haber aumentado de precio más de 100 veces en once meses.

Como introducción a lo que es Bitcoin, hace unos días nuestro amigo McCoy escribió éste gran artículo que merece leerse.

Mi opinión es muy sencilla. Bitcoin no es una realidad, es una expectativa, y por tanto su evolución depende de ir consiguiendo implantarse globalmente y aclarar las dudas sobre su valor como refugio.

Bitcoin es un startup de moneda. El atractivo inicial es indudable. Un medio de pago donde los estados no pueden interferir en la masa monetaria, donde no se puede crear dinero falso no respaldado por el ahorro, y donde se puede ‘huir’ y refugiarse del asalto al ahorrador que es la represión financiera creciente impuesta por los gobiernos y bancos centrales. Bien, pero las dudas me llegan cuando el ‘refugio’ es virtual, y por tanto, siempre sujeto a ataques informáticos. Además, la historia me hace temer la reacción confiscatoria de los estados cuando alcance –si lo hace- una implementación “peligrosamente alta”.

De momento, Bitcoin no es una moneda, es una red de intercambio. Un activo financiero parecido a un futuro o un derivado. Al contrario que el dinero de curso legal, nadie está obligado a aceptarlo como medio de pago. Si quieren, algo parecido al trueque. Usted acepta como pago de sus bienes y servicios algo que considera valioso, un reloj, un coche o Bitcoin, y para ello valora su escasez, demanda futura y su calidad para ante la posibilidad de intercambiarlo por otras monedas, bienes o servicios en el futuro.

Como activo de ‘almacenamiento de valor’, es relativamente parecido al oro, pero virtual. Está por tanto sujeto a una volatilidad extrema y a una oferta y demanda potencial difícil de estimar.

Pero no se puede equiparar al oro físico, por no tener historia de transacciones en época de crisis extrema. Es decir, todo el mundo sabe que ante una catástrofe global se ha podido intercambiar oro por bienes y servicios. Nadie sabe aún cómo se ‘almacena valor’ virtual.

Para que sea una moneda tiene que recorrer mucho terreno de implantación, sea de curso legal y que se acepte a nivel global para transacciones comerciales de gran calado. 

¿Es Bitcoin una burbuja especulativa? ¿Una estafa piramidal, un esquema Ponzi?

Por fin he recibido un buen informe de análisis detallado con una aproximación a su valoración (Bitcoin, A First Assessment de Bank of America Merrill Lynch) que busca profundizar en los riesgos y oportunidades de este fenómeno virtual.

Según Merrill Lynch, si asumimos que Bitcoin se convierte en un medio de pago generalizado en transferencias y comercio electrónico, una aproximación a su valoración podría llegar de sumar:

– La capitalización media de medios establecidos como Western Union, MoneyGram y Euronet, unos 4.500 millones de dólares.

– La expectativa de acaparar un 10% del comercio electrónico mundial, que puede fluctuar agresivamente, y que el banco de inversión norteamericano estima en un máximo de 5.000 millones de dólares.

En total, unos 9.500 millones de capitalización, es decir, inferior al nivel de mercado, de más de 13.000 millones de dólares.

La primera parte del análisis de valoración parece adecuada en un escenario conservador, aunque alguien pueda decir que Bitcoin, por contar con el beneficio de una oferta restringida, debería capitalizar por encima de Western Union.

Pero es en la segunda parte de la suma donde es más complejo analizar. Para llegar a 5.000 millones de dólares, Merrill Lynch asume que Bitcoin llegaría a acumular un 10% de las ventas on-line residenciales en Estados Unidos, y lo extrapola al resto del mundo. En EEUU el comercio electrónico total es un mercado de 224.000 millones de dólares en el que el sector doméstico (familias) supone alrededor de 10.000 millones, de los cuales un 10% irían potencialmente a Bitcoin. Si asumimos que EEUU es cercano al 20% del PIB mundial y un grado similar de penetración tanto de comercio on-line como de Bitcoin en el resto del mundo, los analistas llegan a la cifra de 5.000 millones de dólares de capitalización. Sin embargo, según mi propio análisis, esa cantidad puede ser muy superior si incluimos a empresas que empiecen a utilizar de manera agresiva Bitcoin. Pasaría a multiplicarse por 10, hasta 50.000 millones, asumiendo una penetración similar a otros medios de pago electrónico.

Una valoración nos indicaría que Bitcoin ha subido casi un 30% por encima de sus fundamentales, y la otra que está infravalorado en un porcentaje superior al 420%.

Ese es el dilema de analizar Bitcoin, entender la capacidad de penetrar en mercados que hoy en día son enormes y donde puede generarse un espacio para este medio de pago sin caer en los riesgos de:

– Suponer una amenaza a los estados y su control sobre la moneda y la masa monetaria. En un mundo donde los bancos centrales y gobiernos han asumido la represión financiera como último recurso para sostener estructuras de gasto y endeudamientos excesivos, el uso de la legislación para atacar a cualquier medio que amenace su principal arma de política económica no debe infravalorarse. Bitcoin, incluso en la parte media del rango de valoración, estaría muy lejos de llegar a ser un ‘problema’ de ese tipo.

– Confiscación de activos al estilo intervencionista de Roosevelt con el oro, y otros paradigmas de acciones gubernamentales para quedarse con los ahorros de inversores en ‘valores refugio’ ante la crisis, la devaluación constante de la moneda estatal o la manipulación de los tipos de interés a la baja. El hecho de ser un activo virtual dificulta enormemente la confiscación, pero no es imposible, desafortunadamente.

Para que fuera una burbuja, el comercio electrónico mundial al que puede aspirar  debería ser muy inferior a la capitalización máxima actual, es decir, que la percepción de demanda no fuera plausible en un análisis medianamente conservador. Ese riesgo no se da en cuanto se analizan las tendencias de ventas on-line globales.

Además, para que fuera una burbuja, debería cumplir el requisito de contar con un suministro creciente y acelerado por encima de la demanda. La oferta de Bitcoin está limitada, como muestra el gráfico inferior.

Para ser un esquema Ponzi debería cumplir:

Que la rentabilidad otorgada a los tenedores de Bitcoin sea ‘garantizada’ y se saque de las participaciones adicionales compradas por los nuevos inversores, es decir, de hacer que la base de ‘nuevos inversores’ solo crezca. Y no es así, el valor de Bitcoin lo fija una demanda y una oferta generada por multitud de compradores y vendedores.

Que la dinámica de precio sea uniforme, opaca, controlada por un solo gestor y de sensación falsa de ‘seguridad’, es decir, que solo ‘suba’ hasta que dejen de caer incautos en el esquema piramidal y explote. El Bitcoin ha sufrido enormes caídas y grandes subidas, se comporta más como un activo en el que se está comprobando cada día la demanda potencial a una oferta muy específica.

Por lo tanto, tampoco parece un esquema Ponzi.

Bitcoin es en realidad, a efectos de valoración, un startup tecnológico. Su valor solo se va a demostrar cuando se empiecen a disipar las dudas sobre su implementación como combinación de medio de pago y valor refugio.

Para alcanzar el potencial y la penetración necesaria para justificar valoraciones muy superiores, hay dos cosas que analizar:

– Precisamente la enorme volatilidad, con subidas del 30-40% y caídas similares en un solo día hacen difícil que las grandes empresas y consumidores acepten masivamente, o rápidamente, este Bitcoin. Es decir, la propia volatilidad impide su penetración en el mercado masivo. Para ser un medio de pago universalmente aceptado se deben dar niveles de volatilidad similares a las monedas establecidas. Por eso digo que aún no es una moneda, sino un activo financiero volátil.

 La lentitud y calidad del intercambio. Bitcoin tiene una ventaja muy relevante, la oferta está limitada y para evitar manipulaciones por un banco o estado, no existe un sistema centralizado de validación (clearing), por ello se analizan y retrasan las transacciones, para evitar contabilizar dos veces una compra-venta. Pues bien, para ello se necesita esperar cincuenta minutos hasta que un pago se confirma, lo que limita enormemente la implementación masiva en empresas y comercio. Por otro lado, varios de los servidores de cambio de Bitcoins han sido ‘hackeados’. Uno de esos bancos de cambio, Bitcoinica, perdió 18,547 bitcoins tras un ataque informático. BIPS en Europa perdió 1.195 tras un problema de seguridad. 

En el momento en el que las transacciones sean inmediatas, seguras y no sujetas a enormes volatilidades, la valoración del Bitcoin podría empezar a tener sentido.

Aún quedan muchísimas dudas por despejar, y si les es difícil entender el fenómeno, es mejor evitarlo, no subirse a una ola que depende de variables con enormes fluctuaciones. Un servidor no posee Bitcoins. Siempre he pensado que si algo tiene un tropecientos por ciento de potencial, le dejo el primer 100% a los que acepten el riesgo que se da desde ‘experimento’ hasta ‘implementación sólida’.

Lo que me resulta interesante de Bitcoin es que haya cada vez más gente consciente y buscando formas de salir del círculo vicioso de represión financiera y devaluación de las monedas. La competencia de cualquier medio de pago libre solo puede ser positiva. Y además, como en cualquier entorno libre, puede llevar a que la cordura se reestablezca en la carrera de destrucción de monedas que nos quieren vender como social y que no es más que la transferencia masiva de rentas de los ahorradores a los acaparadores de endeudamiento. 

El gran manipulador del Euribor es el BCE

La manipulación del Libor y del Euribor por parte de los bancos europeos se ha convertido en uno de los arietes preferidos para cargar contra los mercados libres. Debe ser que eso de vincular sector privado con fraude, manipulación y engaño ablanda el servilismo ciudadano para aceptar dosis crecientes de coacción estatal: como si el sector público, y nuestros políticos, no se caracterizaran precisamente por un continuado fraude, manipulación y engaño sobre los ciudadanos.

Pero recapitulemos brevemente los hechos: al menos desde 2005, los bancos europeos han estado manipulando el Libor o el Euribor declarando que se estaban financiando a un tipo de interés distinto a aquel al que realmente lo estaban haciendo. En el caso del Libor, cada mañana hasta 16 bancos remiten a Thomson Reuters los tipos a los que se estaban financiando, éste descarta aquellos tipos que se encuentran entre el 25% más altos y los que figuran entre el 25% más bajos, y saca una media con el resto (y ése era el Libor de ese día para cada vencimiento); con el Euribor sucede lo mismo, salvo porque la selección de bancos son 44 y se descartan el 15% que ofrece tipos más altos y el 15% que ofrece tipos más bajos. Claramente, pues, cabía la posibilidad de que el panel de bancos se coordinara para mover los tipos en la dirección interesada (o que, incluso cada banca sin coordinarse, consiguiera influir en el tipo final).

La reciente sanción sobre los bancos europeos acusados de manipular el Euribor ha reavivado la demagoga anticapitalista: estamos en manos de las corporaciones y necesitamos más regulaciones estatales que nos protejan del malvado capital. No tan rápido.

Libre mercado no es corporativismo

Un primer y muy extendido error es sostener que los defensores del mercado libre piensan que los empresarios son seres angelicales y benévolos que siempre tratarán de cumplir las normas beneficiando a los demás. No: los liberales somos conscientes de que el ser humano –y el empresario es un ser humano– es muy proclive a engañar al prójimo siempre que crea que puede salir beneficiado, de ahí que el fraude –al igual que el robo– deba ser perseguido por medios judiciales.

Es más, los liberales somos muy conscientes de que una parte del sector privado tenderá a coaligarse y cartelizarse con tal de cabildear al Estado para obtener regulaciones y privilegios en su favor y a costa del resto de ciudadanos. Por eso, justamente, defendemos un Estado tan pequeño que no pueda prebendar a nadie. Liberalismo no es corporativismo: los privilegios estatales concedidos a unos agentes privados machacan y perjudican a otros agentes privados, esto es, atentan contra el mercado libre y competitivo que propugnan los liberales. La respuesta ingenua es pensar que semejante problema se arregla con más omnipotencia gubernamental cuando fue, desde un inicio, esa omnipotencia lo que permitió amparar semejantes fraudes y conceder semejantes privilegios.

El interbancario, un mercado antinatural

El caso del mercado interbancario es harto relevante. Aunque nos hemos habituado a convivir con un mercado en el que los bancos van renovando continuamente sus posiciones deudoras a muy corto plazo, lo cierto es que semejante mercado es una completa anormalidad. ¿Se imaginan una empresa hiperapalancada que cada día o cada semana tuviera que salir a los mercados de capitales para refinanciar una parte muy cuantiosa de su pasivo so pena de suspensión de pagos?

Resulta inconcebible, pero eso es lo que sucede con los bancos y el mercado interbancario. El gigantesco descalce de plazos que exhiben las entidades financieras (endeudarse a corto plazo y prestar a largo plazo) las aboca a tener que refinanciar recurrentemente aquellos pasivos vencidos con cobro exigido para las que carezcan de suficientes entradas de efectivo. Son esos persistentes créditos entre bancos (desde aquellos con saldos acreedores netos a aquellos con saldos deudores netos) lo que engendra una serie de tipos de interés medios a muy distintos plazos que se conocen como Euribor. De ahí que muchos bancos cubran el riesgo de interés de sus créditos hipotecarios referenciándolos al Euribor: así se aseguran de que el hipotecado abonará en todo momento el tipo de interés que a ellos les cueste como media refinanciarse.

Mas, conviene insistir en ello, que muchos créditos bancarios a largo plazo estén referenciados al Euribor sólo es el síntoma de una profunda anomalía de fondo: que esos créditos a largo plazo se están financiando con deuda a corto. Un mercado libre y no privilegiado, donde los bancos se vieran empujados a tener cerrada su financiación a largo plazo para extender crédito a largo plazo, sería un mercado con tipos de interés fijos, no variables. Un mercado donde, por consiguiente, la manipulación del Euribor (derivada de unos bancos que deban refinanciar continuamente su posición pasiva) ni siquiera podría haber tenido lugar. Pero, ¿cuál es el motivo de que la banca haya desarrollado prácticas tan antinaturales? Pues los privilegios estatales con los que se la ha revestido.

El gran manipulador del interbancario: los bancos centrales

Si los bancos privados pueden descalzar masivamente sus plazos de inversión y de financiación es principalmente porque existe una red de seguridad detrás que los blinda frente al riesgo de suspensión de pagos: los bancos centrales. Son ellos quienes, a través de su “política monetaria”, mayor influencia ejercen sobre el interbancario, manipulándolo a su antojo desde hace décadas según quisieran que los agentes económicos se endeudaran en mayor o menor medida (la última vez, hace apenas unas semanas). A su lado, las modestas manipulaciones de los bancos privados –de apenas unos cuantos puntos básicos– se antojan casi irrelevantes para el público general: no ha sido la fraudulenta composición del Euribor o del Libor lo que ha incentivado los ciclos de sobreendeudamiento, sino el inflacionismo crediticio de un perverso sistema financiero en cuya cúspide se halla el banco central.

Acaso se pretenda contraargumentar que los bancos centrales han podido tener mucha más influencia que los bancos privados sobre el interbancario, pero que ellos, a diferencia de sus pares capitalistas, lo hicieron con el benemérito propósito de rebajar el tipo de interés del interbancario con tal de aliviar la precaria situación de los deudores a tipo variable. Sucede, sin embargo, que eso mismo hicieron los bancos privados: a partir de 2007, sus manipulaciones del Libor y del Euribor tendieron sistemáticamente a reducirlo de manera artificial –ya fuera para no señalizar su situación de debilidad en medio de la crisis o para obtener pingües ganancias mediante su exposición a los swaps de intereses–, lo que terminó redundando en beneficio de los deudores a tipo variable.

No fueron, pues, los deudores sino los ahorradores quienes salieron fuertemente perjudicados a causa de la manipulación del interbancario por parte de la banca privada (obteniendo rentabilidades menores a las que deberían haber obtenido). Pero, ¿cómo limitarse a señalar con el dedo acusador a la privilegiada banca privada olvidándose, en paralelo, de los bancos centrales, esto es, de la institución que, durante los últimos años, más ha hecho por hundir los tipos de interés y, por tanto el retorno, de los inversores en renta fija?

El gran manipulador del mercado financiero es el banco central, siendo la banca privada una (lucrativa) correa de transmisión hacia la sociedad de la “política monetaria” decretada por el monopolio de la emisión de moneda. Es razonable que uno se rasgue las vestiduras por el fraude cometido por un sector privado cartelizado y privilegiado (fraude que, en el fondo, sólo ha sido posible por esa privilegiada cartelización), pero no lo es que deje fuera de la ecuación al principal director de todo este nada liberal sistema financiero: la banca central. ¿Cómo poner a la zorra a cuidar del gallinero? ¿Cómo esperar que entregándole todo el poder a los burócratas de Frankfurt (o peor: de Madrid) las manipulaciones del Libor y del Euribor habrían sido menos frecuentes cuando, precisamente, la banca central buscaba que el Libor y el Euribor fueran lo menores posible? No: lo que necesitamos es una banca libre y desprivilegiada sometida a la implacable competencia y a una sana desconfianza por parte de la ciudadanía.

Sindicatos contra trabajadores

Este sábado publicaba el que fuera hasta hace muy poco secretario de Comunicación del PSC-PSOE, Rafael Álvarez Gil, un artículo en el que afirma que «es indiscutible el acoso que cerciora al sindicalismo y sus valores; en suma, es la punta de lanza del neoliberalismo, que detesta la representación y negociación colectiva y pugna porque se descentralice precisamente al ámbito exclusivo de la empresa, donde la posición de los trabajadores es más frágil y desigual».

Es difícil desbarrar tanto en tan pocas palabras, seguramente porque su posicionamiento antiliberal le impide ver más allá de la tierra prometida por el ideario socialista. No se puede comprender que alguien, hoy, hable de acoso al sindicalismo cuando más del 85% de los trabajadores ni se afilian ni pagan voluntariamente a los sindicatos, sino que se ven forzados a pagarlos por la vía impositiva. Por ello, el único acoso del que se puede hablar es del de los sindicalistas, apoyados por los partidos políticos, al bolsillo de los trabajadores.

Don Rafael también confunde el neoliberalismo con el liberalismo. El liberalismo defiende la extensión de las libertades y la reducción de la coacción política y legislativa, basándose en la defensa de los derechos de propiedad y los contratos libres y voluntarios.

Es por ello que el liberalismo jamás estaría contra una representación o negociación individual o colectiva, siempre que se haga de forma libre, voluntaria y respetando los derechos de propiedad y los contratos que se hayan establecido entre las partes.

Los que sí odian la negociación son los sindicatos, que no suelen permitir que las partes se pongan de acuerdo libremente y prefieren imponer de forma coercitiva salarios, impuestos y multitud de regulaciones. Por esta razón, el neoliberalismo del que habla Álvarez Gil más bien podría ser identificado perfectamente con el socialismo y sus vertientes.

Tampoco es cierto que el liberalismo busque que las negociaciones se descentralicen al ámbito exclusivo de la empresa, sino del individuo, al igual que tampoco lo es que los trabajadores tengan una posición más frágil y desigual en las empresas si se respetan los derechos de propiedad y los contratos voluntarios.

La realidad es que los trabajadores de nuestro país han elegido libremente dejar de sufragar a estas organizaciones, al entender que no les representan y no les defienden. Además, por lo general perjudican tanto a los ya contratados como a los que están buscando trabajo, pues ponen en peligro los empleos existentes e impiden que las empresas creen nuevos puestos, al elevar los costes, lo que en muchos casos deriva en el cese de la actividad. No obstante, estas cosas ni se enseñan en los cursos de formación ni en las mariscadas consiguientes.