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Populismo en estado puro

El movimiento 15-M, ese amorfo crisol de idealistas, indignados y perroflautas que ocupó la Puerta del Sol de Madrid en señal de protesta contra la crisis, los recortes públicos y los presuntos culpables de todas las desgracias que sufre España, los malvados mercados, ya cuenta con su particular organización política. La formación en cuestión se llama Partido X y fue presentada oficialmente el pasado martes. Se trata del ingrediente final que le faltaba a la paupérrima clase dirigente de este país para que, en caso de que triunfe en las urnas, España se sume al vergonzoso listado de países desarrollados con un alto riesgo de caer de lleno en el populismo. Sucedió en Grecia, con el espectacular ascenso de Syriza, una coalición de extrema izquierda, y, en menor medida, los nazis de Amanecer Dorado, hoy ilegalizados, y posteriormente en Italia, tras la inesperada irrupción del Movimiento 5 Estrellas, liderado por el cómico Beppe Grillo, con un discurso frontal contra los partidos tradicionales, la especulación financiera y la austeridad presupuestaria impuesta por Bruselas y, muy especialmente, por Angela Merkel.

El recién nacido Partido X instaura este mismo fenómeno populista en España. Para empezar, su eje programático es "democracia y punto", un efectivo eslogan publicitario con el que se pretende implantar la denominada democracia participativa o directa, que, en esencia, no es otra cosa que la dictadura de la muchedumbre, es decir, populismo en estado puro. Dicha idea consiste, básicamente, en aplicar el sistema asambleario propio de sus quedadas callejeras, sólo que en el plano institucional, en el Congreso, mediante el uso sistemático del voto electrónico para que sean los propios electores y no sus representantes (políticos) quienes aprueben, deroguen o elaboren las leyes. "La élite política, tal y como era conocida en el antiguo régimen, desaparece, siendo sustituida por unos empleados públicos electos que recopilan y ejecutan de la forma más eficaz posible las soluciones creadas por el saber experto de la sociedad ", esto es, todas las personas con derecho a voto, según afirma su programa.

Aunque, a primera vista, pueda sonar bien para el común de los mortales, en la práctica se trata de otra forma de dictadura, donde la mayoría podría imponer su arbitraria voluntad al resto, sin importar el atropello de derechos y libertades fundamentales básicas. Los Padres Fundadores de EEUU advirtieron profusamente sobre este tipo de riesgos. No en vano, históricamente sólo ha habido dos formas de entender el fundamental concepto de libertad: 1) independencia del individuo con respecto al poder político en un determinado círculo de actividades; 2) participación activa del individuo en el Gobierno mediante elecciones o en la elaboración de las leyes. Mientras el liberalismo se centra en la primera cuestión, cómo se gobierna, la democracia se preocupa tan sólo por quién gobierna. Son, por tanto, dos perspectivas diferentes, con resultados, igualmente, distintos. Así, la democracia directa podría amparar, perfectamente, aberraciones de todo tipo por el mero hecho de contar con el respaldo de la mayoría de la población. En este sentido, el sistema que propugna el Partido X no deja de ser una especie de populismo institucional mediante la universalización del voto electrónico, implantando así un "Wikigobierno" y una "Wikilegislación", según sus propios términos.

Y como no hay mejor lección que pregonar con el ejemplo, sus miembros y simpatizantes han elaborado un "Plan de emergencia para salir de la crisis" mediante la participación directa de la ciudadanía, en el que, entre otras muchas y contradictorias propuestas, abogan por la nacionalización indefinida de las cajas rescatadas, por subir los impuestos a las rentas altas o "auditar" la deuda pública con el fin de que el Estado suspenda pagos, además de por mantener un gasto y un déficit público elevados. Medidas, por tanto, similares a las que en su día reclamaba el 15-M o Democracia Real Ya en las calles y que, de igual modo, está intentando impulsar Izquierda Unida desde dentro del actual sistema político. La irrupción del nuevo partido de los indignados, sumado al espectacular auge electoral que está experimentando IU y la creciente radicalización del PSOE –con Susana Díaz a la cabeza en Andalucía–, ofrece un caldo de cultivo idóneo para que el siempre peligroso populismo arraigue con fuerza en España. Por desgracia, la timorata posición ideológica que mantiene la actual cúpula del PP, donde reina la socialdemocracia, no ayuda en nada a su contención, más bien al contrario. Tan sólo cabe confiar en el buen criterio de los españoles para que este tipo de movimientos, marcadamente anticapitalistas y liberticidas, no alcance el poder político en los próximos años. El populismo made in Spain ya está aquí, de nosotros dependerá que triunfe o no.

No esperen que vuelva el crédito: financiación privada

While the testing has disappointed, the extra transparency is to be welcomed – Gerald Fitzpatrick

Esta semana tuve el honor de presidir un panel en el foro Spain Startup & Investor Summit. En dicho panel coincidí con cinco inversores internacionales de entidades tan importantes como DFJ EspritGenesis PartnersPartner Ventures o Kibo que dieron su opinión sobre el entorno actual y las oportunidades y riesgos que percibíamos. El evento fue un éxito rotundo y atrajo a inversores de todo el mundo, desde Israel a Estados Unidos, poniéndolos en contacto con empresas que dan sus primeros pasos o están en fase de desarrollo. Una iniciativa muy importante para demostrar que el espíritu emprendedor de nuestro país está más vivo que nunca, que hay grandes equipos, magníficas ideas y que el interés de los inversores de todo el mundo por invertir en España es real. He asistido como invitado a otros eventos similares y en pocas ocasiones he tenido la misma sensación de que algo está cambiando de verdad.

Las conclusiones de mi panel, bajo el título Inversión internacional, tendencias y oportunidades, fueron muy claras:

– Hay capital privado para financiar equipos sólidos y buenas ideas.

– Los inversores buscan oportunidades de convertir ideas en negocios de varios centenares de millones.

– En España hay muy buenos conocimientos técnicos, capacidad de trabajo y voluntad.

– Se necesitan buenos planes de negocio y capacidad de manejar empresas de manera eficiente.

– Las personas son la clave, porque son las que van a poder convertir una pequeña idea en una gran empresa.

Muchas veces me preguntan "cuáles son los sectores que nos van a sacar de la crisis" y esta semana pude comprobar las enormes posibilidades que se dan en sanidad, seguridad, ocio, internet y tecnología.

En todas las charlas a las que asistí me consultaban una y otra vez cómo percibía el entorno bancario y si veía una mejora del entorno de crédito. La respuesta es que el sector bancario está mejorando poco a poco, pero que no vamos a ver una mejora significativa del entorno de crédito.

De hecho, la próxima ronda de stress tests (pruebas de resistencia) a la banca europea desafortunadamente llevará a que ésta continúe moderando el crédito, sobre todo cuando se plantean grandes riesgos para el sector financiero como son:

– Las constantes revisiones regulatorias que comentábamos aquí en Otro torpedo a la solución de la banca.

– Las posibles multas a aquellas entidades que utilicen excesivamente la ayuda y acceso a liquidez del Banco Central Europeo. 

– Diferentes opciones de analizar el riesgo en bonos soberanos, que siguen acaparando las carteras de activos de los bancos europeos, en algunos casos acumulando hasta el 25% de la deuda soberana viva

– Las estimaciones del Fondo Monetario Internacional según las cuales los bancos acumulan hasta 250.000 millones de euros de pérdidas latentes en préstamos corporativos refinanciados y que deberían considerarse como incobrables. Esto llevaría a que algunos bancos tuvieran que ampliar las provisiones por pérdidas. "Cerca del 50% de la deuda en Portugal, el 40% enEspaña, y el 30% en Italia está en manos de empresas (…) que serían incapaces de hacer frente a sus deudas a medio plazo a menos que hagan ajustes como una reducción de la deuda, de los costes operativos o de los gastos de capital", señalaba el Fondo en su informe de Estabilidad Financiera 

Es por ello que, ante una nueva revisión de la calidad de los activos bancarios, mientras los estados siguen endeudándose y acaparando el crédito disponible, es prácticamente imposible pensar que la financiación a empresas y familias se vaya a recuperar de manera relevante.

La solución, por lo tanto, es la misma que hemos visto en EEUU y Reino Unido. No podemos esperar a que vuelva la época de "bajo a ver al director de la sucursal y me ofrece un préstamo".  En Reino Unido hace años que se nacionalizaron bancos y aún no se ha recuperado el crédito.

En Europa, donde existen ideas, equipos y empresas que han sobrevivido a la crisis admirablemente, no podemos seguir torturando a la economía esperando a que vuelva la financiación bancaria como si fuese 2007. Tampoco podemos esperar que por arte de magia los bancos dejen de comprar deuda soberana y se dediquen a prestar a pymes y familias.

No va a ocurrir, porque los propios estados y entes autonómicos no lo van a permitir.

La simbiosis banca-deuda soberana se va a mantener porque no hay alternativa que la sustituya. No hay demanda institucional suficiente para sustituir a las entidades financieras nacionales en un entorno en el que los países se endeudan en una media del 4% de su PIB anual adicional. Lo comentaba aquí en El círculo vicioso de la Europa zombi.

Hay que sustituir crédito bancario por financiación privada. Desarrollar el mercado alternativo de renta fija (MARF) como comentaba El Confidencial y de renta variable, no de manera tímida, sino con decisión, agresividad y facilidades para atraer capital. Estamos hablando de un mercado potencial que supera los 500.000 millones de dólares en capital inversor que podría orientarse rápidamente hacia Europa si pasásemos de tener una regulación confiscatoria y restrictiva a verdadera apertura.

Esto permite que:

– Mejore la conversión de pyme a gran empresa, que es muy baja en Europa y aún menor en España.

– La identificación de objetivos entre emprendedores e inversores sea mayor, ya que los fondos privados participan en el capital, apoyan en la gestión o acompañan asesorando, no sólo prestando. El capital de estos fondos no es de corto plazo. Lo más habitual es que un fondo tenga un horizonte de entre 7 y 10 años.

– Se reduzca la dependencia de condiciones bancarias y se abra la competencia financiera, que ha permitido que las empresas de alto riesgo en Estados Unidos se financien hoy a los tipos más bajos de los últimos treinta años, por ejemplo. Y eso hace que el riesgo también se diversifique entre miles de distintos fondos, en vez de concentrarlo en pocas entidades bancarias, que luego son rescatadas con dinero público si las cosas van mal.

Los 23 millones de pequeñas y medianas empresas de Europa representan más del 98% de su tejido empresarial, suponen dos tercios del empleo privado total y generaron en torno a un 80% de los nuevos puestos de trabajo creados durante los últimos cinco años. Sin embargo, son las más penalizadas por las subidas constantes de impuestos y el ‘cierre del grifo de crédito’.  Apoyar la financiación privada es también acelerar y promover la conversión de pyme en gran empresa.

En Estados Unidos, casi el 80% de los créditos a empresas de mediano tamaño proviene de instituciones financieras no bancarias, fondos que se dedican a prestar dinero, capital riesgo e inversión alternativa (hedge funds). En Europa, un 80% es aun crédito bancario. Tras la crisis, los bancos europeos se han visto obligados a mejorar sus ratios de capitalización y reducir su deuda, lo que lleva inevitablemente a que se cierre el grifo, y como a su vez siguen acumulando deuda soberana, es inevitable que la sequía a empresas medianas y pequeñas continúe.

Los stress tests de 2014 van a hacer inevitablemente que la política de los bancos se haga más conservadora. Aunque nos repitan una y otra vez que no va a ser así. Ya lo verán. Recordemos también que los stress tests no se hacen sólo para comprobar riesgos, sino como ejercicio de transparencia, pero con un objetivo, que aprueben casi todos. Los bancos chipriotas, Dexia y las cajas españolas pasaron todos con “nota”. Por lo tanto, no esperemos a que vuelva el crédito.  El capital está disponible y quiere invertir. Facilitémoslo. O invertirá en otro país, mientras nosotros nos quejamos.

El inequívoco éxito del sistema escolar

Es sorprendente que los resultados del llamado informe PISA de adultos le sorprendan a alguien. Somos los últimos en matemáticas y los penúltimos en comprensión lectora, sólo superados por Italia. Nada nuevo bajo el sol, en realidad. Pero como el que no se consuela es porque no quiere, ya ha salido la derecha (si podemos seguir llamando “derecha” al partido de Rajoy) culpando a la izquierda, y la izquierda culpando a Franco. Porque en escurrir el bulto sí somos altamente competentes en España. Leer y calcular, no, pero pasarle la pelota a otros y lavarnos las manos, eso se nos da de maravilla. Y puestos a seguir consolándonos, una de las autoras del informe ha afirmado que el resultado no ha sido tan malo como se esperaba. Lo justifica diciendo que competíamos con los países mejor preparados del mundo, como si ser los peores de los 23 primeros sea alguna buena noticia. Remata su argumentación con el dato de que en equidad sí superamos a la media: “La igualdad de género es total, no existe desigualdad entre los jóvenes”. O sea, que hombres y mujeres somos igual de ignorantes e igual de incompetentes lo cual, al parecer, es algo bueno.

Leo en internet, sobre las matemáticas: “Según el informe la gran mayoría de los españoles, que sólo alcanzan el nivel dos, tienen dificultades para extraer información matemática de situaciones reales, como comparar paquetes de ofertas turísticas; para resolver problemas de varios pasos, como calcular el precio final de una compra o calcular lo que puede costarnos una oferta de 3×2; y para interpretar estadísticas, como puede ser valorar el gráfico que aparece en los recibos de la luz.” Y sobre la comprensión lectora: “pueden comprender textos sencillos, pero les cuesta mucho extraer conclusiones de una lectura y se pierden en un texto de cierta profundidad y riqueza, como puede ser cualquier novela más o menos extensa.”  Supongo que esto explica muchas cosas, porque difícilmente vamos a poder gestionar un patrimonio o dirigir un negocio con semejante nivel. No sabemos calcular cuánto nos costará una oferta de 3×2 y no somos capaces de comprender una novela extensa pero podemos firmar hipotecas y préstamos alegremente. Algunos incluso están sentados en el parlamento redactando y aprobando leyes y presupuestos.

Como era de esperar, ya ha salido quien pide más de lo mismo, más fuego para apagar el incendio: Más leyes, más requisitos, más controles y más dinero. Es la demostración de que el sistema funciona perfectamente. Deberíamos hablar más sobre la relación del sistema escolar con la economía. Deberíamos conocer mejor (y reflexionar sobre) el origen de la escolarización obligatoria. Deberíamos preocuparnos por la extensión artificial de la infancia y la adolescencia. Deberíamos analizar las causas del exceso de diagnósticos psicológicos hechos a los niños. Pero, básicamente, deberíamos hacer una sola cosa: dejar de mentir a los niños sobre lo que importa en la vida y, sobre todo, dejar de creernos nuestra propia mentira. 

Subyace al sistema escolar obligatorio la idea de que la gente es peligrosa para el orden social si aprende a pensar y su imaginación permanece intacta con el paso de los años; la idea de que no hay forma de curar el “gen de la desobediencia” en la gente que piensa por si misma. Si Fichte levantara la cabeza se sentiría realmente orgulloso de ver en qué se ha convertido Europa.

Hace algunos años se emitió en televisión un concurso titulado “¿Sabes más que un niño de primaria?” en el que los concursantes debían contestar preguntas del currículum oficial de educación primaria. Normalmente los concursantes eran jóvenes menores de 40 años, con titulación universitaria y en activo profesional. Normalmente, además, no tenían ni idea de qué se les estaba preguntando, lo cual demuestra que lo que supuestamente se enseña en la escuela sirve de bien poco en la vida real. Pero casi nadie se cuestiona el currículum. Casi nadie se cuestiona la legitimidad de los políticos para imponer su modelo escolar cuando ésta es la única cuestión que importa: ¿quién tiene legitimidad para decidir qué cosas debe aprender un niño y cuándo y cómo debe aprenderlas? Si ustedes siguen respondiendo que el Estado es quien la tiene, entonces estarán poniendo de manifiesto que mi tesis es cierta: el sistema escolar funciona de maravilla.

Porque lo cómodo es seguir culpando al gobierno del color que no nos guste y volver a votar en las siguientes elecciones. Lo fácil es culpar a tal o cual ley, a la supuestamente insuficiente financiación o a cualquier otra minucia que poco tiene que ver con la cuestión. Lo serio y deseable, aunque menos cómodo, sería investigar cuál es el origen y el objetivo real del sistema, a cuestionarlo todo, a proponer alternativas y empezar a cambiar lo que esté en nuestras manos. Quedarse en casa esperando que alguien nos de una solución mágica (porque es nuestro “derecho”) es un acto de suma irresponsabilidad. Que vivimos en la era de las comunicaciones y la excusa de la falta de oportunidades ya no es creíble.

La fiscalidad real de las grandes empresas oscila entre el 13% y el 27%

En los últimos días se ha venido afirmando en diversos medios e incluso desde la Agencia Tributaria que las grandes empresas tributan tan sólo a un 4,13% de sus beneficios. Cifra que, obviamente, se utiliza para justificar reiteradas subidas de impuestos a estas empresas y para contraponer la injusta diferencia de tributación de las grandes corporaciones frente a las Pymes.

Sin embargo, las grandes empresas no pagan sólo esta proporción. En realidad, y tras usar una corrección en los cálculos (una metodología utilizada por la propia Dirección General de Tributos), los grupos consolidados habrían pagado en 2012 más del 13% y las grandes empresas el 27%. Porcentajes muy lejos de la versión oficial de los partidos políticos y la mayoría de medios de comunicación.

Pagan más del 4,13%

En primer lugar, lo que torticeramente se llama grandes empresas que apenas pagan impuestos, en realidad son las empresas que aplican un régimen especial de consolidación fiscal. Pero a este régimen pueden acogerse los grupos de empresas grandes y pymes, aunque sean mayoría las primeras. Al mismo tiempo, no todas las grandes empresas forman grupos consolidados. Luego no es correcto y es demagógico afirmar que las grandes empresas pagan apenas el 4% de impuestos.

Por otra parte, la cifra del 4,13% se explica atendiendo a las estimaciones contenidas en el Informe Económico y Financiero que acompaña al proyecyo de ley de Presupuestos Generales del Estado para el 2014. Según este informe, las subidas de impuesto del Gobierno han elevado en 2012 la tributación efectiva de estas empresas un 18% en comparación al ejercicio 2011, año en el que, según el último Informe Anual de Recaudación de la Agencia Tributaria, estas empresas pagaron tan sólo el 3,5% de sus beneficios.

No obstante, tampoco es cierto que sólo pagaran el 3,5% de sus beneficios, como dice la Agencia. El motivo es que este cálculo omite una necesaria corrección del tipo efectivo que permitiría hallar una medida de tributación efectiva más realista. Por cierto, esta corrección es utilizada por los técnicos de la propia Dirección General de Tributos en sus análisis de la recaudación fiscal de cada año.

La tributación efectiva corregida

La mencionada corrección se basa en descontar el efecto de las deducciones que corrigen la doble imposición. La doble imposición se produce cuando se tributa dos veces por la misma renta. Por ejemplo, los beneficios de una empresa derivados de haber recibido dividendos de una participada están sujetos al impuesto. Sin embargo, esos dividendos fueron beneficios que ya pagaron en la empresa que los distribuyó. Se produce así una imposición en la empresa que los recibe y en la que los distribuyó.

Para corregir este efecto, el Impuesto permite aplicar estas "deducciones por doble imposición" a las empresas que reciben esas rentas que ya tributaron en su momento, y así evitar pagar dos o más veces por lo mismo. Tradicionalmente, éstas son las deducciones más elevadas que aplican las empresas, sobre todo las grandes, porque están más internacionalizadas y tienen más vínculos de propiedad con otras empresas.

El problema es que estas deducciones distorsionan enormemente el cálculo del tipo efectivo. En palabras de la Dirección General de Tributos (página 205 del documento enlazado), las deducciones por doble imposición son "minoraciones técnicas que no persiguen eximir de tributación ciertas rentas, sino evitar gravar dos o más veces los mismos beneficios". Es decir, con estas deducciones no se pretende favorecer o reducir los impuestos a las empresas, no es una concesión que privilegia a las entidades, sino que se pretende evitar que se pague dos o más veces por lo mismo.

Aislar esta distorsión a la hora de calcular la tributación efectiva de las empresas conduce a que debamos excluir estas minoraciones por doble imposición del cálculo del tipo efectivo (que es lo que realmente se paga en impuestos respecto al beneficio o resultado contable). Y el resultado es que el tipo efectivo descontando esta corrección, aumenta.

Lo que realmente pagan en impuestos

Tras excluir las minoraciones por doble imposición, y teniendo en cuenta los datos del Informe Anual de Recaudación 2012 de la Agencia Tributaria, obtenemos una tributación efectiva corregida para los grupos consolidados para el ejercicio 2011 de poco más del 11% aproximadamente, en lugar del 3,5% mostrado por la Agencia. Si a esto le añadimos el 18% de incremento anunciado en el Informe Económico y Financiero, obtenemos que los grupos tributarán a poco más del 13% en 2012.

Es decir, las medidas del Gobierno habrían incrementado los impuestos a estos grupos más del triple de lo anunciado a bombo y platillo por la Agencia, los partidos políticos y algunos medios. Y si aun así puede parecer poco el nivel de tributación efectiva, ésta se debe en muy buena medida a las pérdidas (compensables fiscalmente) que estos grupos han acumulado durante la crisis.

Respecto a las grandes empresas (que no consolidan), la tributación efectiva corregida ascendería aproximadamente a más del 23% en 2011. Si, hipotéticamente, aplicamos el mismo incremento del 18% para las grandes empresas y no sólo a las consolidadas (aunque aquí nos faltan detalles que expliquen este incremento), obtendríamos una tributación efectiva corregida para las grandes empresas del 27% en 2012. Así pues, ambas cifras están muy alejadas de la tradicional propaganda utilizada para subir los impuestos.

El ‘Obamacare’ y la deuda

Los republicanos se equivocan. El Obamacare no tiene absolutamente nada que ver con el dulce socialismo europeo. Es una versión limitada del modelo suizo de salud, rabiosamente conservador y muy de acuerdo con un principio básico del liberalismo clásico: las personas deben ser responsables de sus vidas. Cada palo debe aguantar su vela.

Los suizos tienen uno de los mejores sistemas de salud del mundo. Es eficiente, rápido, y con un altísimo nivel científico. Todas las personas que viven en el país, incluso los ilegales, desde que nacen hasta que mueren, tienen que suscribir un seguro de salud en una de las 93 compañías privadas que lo ofrecen y compiten en precio y calidad. El Estado federal regula las prestaciones de esos seguros o cajas de enfermedad y los cantones los administran. Si alguien no puede pagar por el seguro, el cantón se ocupa de sufragar esos gastos.

El sistema de salud suizo no es barato. Consume aproximadamente un 12% del PIB nacional (que es la media de los países de ODCE), pero en Estados Unidos es casi el 18%, mientras las medicinas son las más caras del planeta. En Estados Unidos, además, hasta la promulgación del Obamacare, existía esa vergüenza increíble de las personas a las que se les negaba un seguro médico por padecer alguna enfermedad crónica, o se les exigía una cantidad inalcanzable de dinero por la prima. Eso es indigno de la primera economía del planeta.

El Obamacare se parece mucho al modelo suizo, pese a los defectos que posee. Es un claro error, por ejemplo, que los indocumentados no puedan adquirir ese seguro de salud. Ello implica que, cuando se enfermen y deban atenderlos en los hospitales públicos, algo absolutamente justificable, los gastos acabe por afrontarlos el conjunto de la sociedad. Por acosar y perjudicar a los indocumentados, los legisladores acaban acosando y perjudicando a los ciudadanos y residentes legítimos.

Algo muy parecido a lo que sucede cuando a los indocumentados les niegan o complican innecesariamente el acceso a la ciudadanía. Todos los estudios serios demuestran que las personas con ciudadanía plena crean más riquezas y ahorros que quienes padecen la incertidumbre de una residencia precaria y limitada. Ser duro con los inmigrantes indocumentados es la manera más veloz de quedarse tuerto por ver al otro ciego.

Los demócratas también se equivocan. Es una insensatez del Gobierno de Obama continuar endeudando al país. La deuda nacional ya anda por los 17 billones (trillions en inglés). Todos los días de Dios esa deuda crece en más de 1.800 millones de dólares. Ya excede al PIB nacional (16 billones o trillions). Invito al lector a entrar a la web U. S. Government Debt para que vea en movimiento el cuadro de las finanzas públicas. Si no se asusta o deprime es porque padece una patológica indiferencia ante el horror o le han hecho una lobotomía radical.

Hoy los intereses son los más bajos de la historia y, pese a ello, de cada dólar que se paga por impuestos al Gobierno federal, veinticinco centavos van a parar a los tenedores de deuda pública. Si los intereses subieran al 5%, que se acerca a la media histórica, la mitad de los impuestos iría a pagar intereses. Como esa situación es impensable, dados los compromisos con la Seguridad Social, el Medicare y Defensa –los tres leones hambrientos del presupuesto–, habría que aumentar los impuestos y todo el aparato productivo disminuiría su capacidad de crear riquezas.

Pero los políticos no están locos ni son más irresponsables que los cocineros o los vendedores de camisas. Los políticos, como suele decir el diputado español Miguel Ángel Cortés, sólo son "animales feroces que se alimentan de votos". Y estas peculiares criaturas responden a los intereses de corto plazo de sus electores. La estupidez keynesiana de que "a largo plazo todos estaremos muertos" no sirve de consuelo. Si no se frena esta locura, a largo plazo todos estaremos en la ruina. Algo que se parece a la muerte.

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Una revisión de 1.700 estudios científicos avala la seguridad de los transgénicos

Un equipo de científicos italianos ha publicado en Critical Review of Biotechnology un metaanálisis de 1.783 estudios científicos sobre organismos genéticamente modificados (OGM), publicados entre 2002 y 2012, y ha concluido que "hasta el momento no se ha detectado ningún riesgo significativo relacionado con el uso de los cultivos transgénicos".

El trabajo, dirigido por el biólogo de la Universidad de Perugia Alessandro Nicolia, ha evaluado desde la interacción de las cosechas transgénicas con el medio ambiente hasta las consecuencias de su consumo en animales y seres humanos, sin detectar riesgos relacionados con el uso de cultivos transgénicos. Los autores del estudio afirman que una mejor comunicación sobre las plantas genéticamente modificadas podría tener un impacto significativo en el futuro de este tipo de organismos en la agricultura.

"Hemos intentando ofrecer una visión equilibrada sobre aquellos aspectos que han sido debatidos, las conclusiones que se han encontrado y las novedades en el debate", afirma Nicolia. Por ejemplo, frente a las protestas ecologistas de que estos cultivos reducen la biodiversidad, este metaanálisis no ha encontrado pruebas en ese sentido; es más, los estudios indican que los cultivos tradicionales tienen peores efectos que los modificados.

En cuanto a la seguridad alimentaria, los organismos genéticamente modificados deben pasar una prueba antes de comercializarse llamada "equivalencia sustancial" que muestre que son comparables a las variantes de llas que provienen. Entre otras cosas, se comprueba que tienen aproximadamente la misma cantidad de nutrientes y que no hay moléculas potencialmente tóxicas. Tampoco el ADN en sí mismo presenta peligro, ya que no puede integrarse en las células del consumidor simplemente por ingerirlo. Las investigaciones tampoco han encontrado pruebas de que las proteínas generadas por los genes insertados en estos cultivos sean tóxicas o produzcan alergias.

Sólo una de las afirmaciones habituales de los ecologistas encuentra respaldo en la literatura científica, y es que los genes incorporados en los cultivos se extiendan a plantas salvajes, otros cultivos o incluso microorganismos. Pero aunque el análisis confirma que "la formación de híbridos entre cultivos genéticamente modificados y variantes salvajes es posible y está documentada", esto también sucede con los cultivos normales constantemente y no es necesariamente dañino.

Pese a ello, organizaciones como Greenpeace hacen una constante campaña contra los organismos genéticamente modificados y los Gobiernos, especialmente los europeos, siguen impidiendo el uso de variadades que han pasado por todas las pruebas necesarias, pruebas mucho más exigentes que las sufridas por los cultivos normales. Hace más de quince años que los seres humanos empezaron a consumir productos transgénicos, sin que hasta la fecha se haya producido ningún problema de salud por ello.

Nueve claves para “curar la pobreza” en el mundo

La pobreza extrema está cayendo. Incluso, a lo largo de esta crisis que, al menos en Europa, parece interminable. Tanto el número de personas que están en esa situación -que viven con menos de 1,25 dólares al día- como su porcentaje sobre el total de la población mundial están disminuyendo.

Sigue siendo un problema de primera magnitud. Hablamos de 1.200 millones de personas que no tienen ni siquiera para pagarse las necesidades más básicas. Pero es que hace tres décadas eran 1.900 millones. Y en términos relativos la cosa es aún mejor. Hemos pasado del 42% de la población mundial en 1980 al 21% en la actualidad.

Este jueves el Centro Diego de Covarrubias presentaba en Madrid el programa Poverty Cure, una red internacional de organizaciones e individuos que buscan situar "la batalla contra la pobreza en una comprensión adecuada del ser humano y la sociedad". Para llegar al gran público, ahora lanzan una serie de seis vídeos de media hora de duración que contienen el eje de su mensaje.

La idea es analizar qué está funcionando y qué no. En opinión de sus promotores está claro: mientras la ayuda al exterior con la que los gobiernos tanto autobombo se dan no ofrece resultados tras más de cuarenta años, aquellas zonas del mundo que más se han abierto al libre mercado y la globalización salen de su postración a pasos agigantados. No es un mensaje muy habitual en los medios, pero cada día está más presente: más capitalismo y menos programas oficiales.

Nueve ideas

Poverty cure ofrece nueve "ideas básicas para crear riqueza". Es su catálogo de consejos para los países que todavía están atrapados en esa trampa de la que, hasta hace unos años, parecía imposible salir. En realidad, siguiendo su nombre es posible "curar la pobreza". Éstas son sus nueve claves:

1. "La economía no es un juego de suma cero": cuando dos partes intercambian bienes o servicios, los dos se benefician. Si no, tal y como explica el profesor Carlos Rodríguez Braun, no habría comercio. La magia del capitalismo es que es una relación en la que las dos partes pueden salir ganando. Por eso, los países y las regiones se especializan en aquello que mejor hacen y luego compran en el exterior lo que sus vecinos producen de forma más eficiente.

2. "Las predicciones malthusianas acerca de la sobrepoblación son falsas": un error clásico es pensar que hay una cantidad de riqueza predeterminada en el mundo. Si alguien cree eso, es lógico que también piense que si existen pobres en el mundo es porque hay ricos. Sin embargo, la historia de los últimos dos siglos es una demostración constante de que no es cierto. Hace 200 años, según el economista británico Angus Maddison, la riqueza mundial era de unos 700.000 millones de dólares (medidos en términos reales, con 1990 como año base). En estos momentos, el Producto Interior Bruto a nivel mundial, según el FMI, alcanza los 71 billones de dólares (cien veces más).

Y lo mismo puede decirse de la renta per cápita. Aunque la población ha crecido de menos de 1.000 millones de personas a los 7.000 millones actuales, la mayoría de la humanidad disfruta de niveles de bienestar sin precedentes. A comienzos del siglo XIX, la renta per cápita estaba en unos 650 dólares; ahora mismo ronda los 10.000 dólares.

Esta evolución ha ido echando por tierra todas las predicciones sobre el fin de los recursos. La humanidad siempre ha sido capaz, con su capacidad de inventiva, de ir por delante de su propio consumo. Por eso, para quienes creen en el libre mercado, la mejor manera de acabar con la pobreza no es obligar a estos países a consumir menos o introducirles en ese concepto del "desarrollo sostenible" que no se sabe muy bien en qué consiste, sino embarcarles en el proceso creativo del capitalismo global.

3. "La economía de los países más pobres crece cuando se les permite competir en la economía global": en los años 60 y 70, la pobreza era fundamentalmente un problema asiático y no africano. Según datos del Banco Mundial, en 1980, el 84% de los chinos estaba en situación de "extrema pobreza", al igual que el 61% del sureste asiático o el 60% de los indios. En esta situación sólo estaba el 51% de los africanos, que habían ido perdiendo posiciones desde la descolonización. En 2010, apenas un 12% de los chinos seguía dentro de esta categoría, el 13% de los aiáticos y el 33% de los indios. Los africanos, por su parte, estaban estancados en el 48%. ¿Por qué esta diferencia? Pues puede haber muchas explicaciones, pero parece evidente que mientras Asia se embarcaba en un proceso de liberalización económica sin precedentes e integración en los mercados mundiales, el continente negro se introducía en un círculo vicioso de intervencionismo estatal y proteccionismo.

4. "La competencia honesta respetando el imperio de la ley en un entorno moral apropiado crea oportunidades para que los pobres salgan de la pobreza": los índices de libertad económica que cada año se publican son muy claros. A más libertad económica, entendida en sentido amplio, más riqueza. El respeto a los derechos de propiedad y a los contratos libremente firmados; la no interferencia gubernamental en el intercambio voluntario entre las partes; la existencia de un entorno legal previsible y de un marco jurídico confiable. Todas estas características son apuestas ganadoras. Por ejemplo, los diez países de la última edición del Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage y The Wall Street Journal son todos ellos ejemplos de prosperidad y riqueza: Hong Kong, Singapur, Australia, Nueva Zelanda, Suiza, Canadá, Chile, Mauricio, Dinamarca, Estados Unidos.

5. "Las empresas y los empresarios son la clave para el crecimiento económico y la prosperidad": una frase de este tipo habría sido un anatema hasta hace unos pocos años. Ahora, está empezando a cambiar. De hecho, hace unos meses, Bono, el famosísimo cantante de U2, desató una enorme tormenta con sus declaraciones, diciendo, más o menos, lo mismo que Poverty Cure: "La ayuda es sólo un parche, el comercio y el emprendimiento capitalista sacan a mucha más gente de la pobreza, por supuesto".

6. "Una economía de mercado necesita instituciones para mantener un crecimiento sostenido: derechos de propiedad, imperio de la ley, respeto a los contratos,…": probablemente no ha habido un libro de economía y política más comentado en los últimos dos años que Por qué fracasan los países, el estudio sobre la riqueza y la pobreza de las naciones de Daron Acemoglu y James Robinson. Estos dos profesores analizan la razón por la que algunos estados han prosperado y otros no. Sus "elites extractivas e inclusivas" son ya un clásico del lenguaje económico/político. La idea es que la principal razón para explicar el éxito de un país está en la riqueza de sus instituciones. De nuevo, es ahí donde debería centrarse la ayuda a África, no en faraónicos programas que muchas veces sólo sirven para perpetuar en el poder al tirano de turno.

7. "Las personas tienen derecho a emigrar buscando nuevas oportunidades a través del trabajo duro": una de las principales restricciones a la libertad económica en el mundo la constituyen las fronteras. El factor trabajo es fundamental para la organización de los mercados y la formación de precios. Sin embargo, los países occidentales, olvidando su pasado, han cerrado la puerta a la competencia de emigrantes de otros continentes. La historia demuestra que aquellos países que más rápido han crecido han sido los que más talento han sido capaces de atraer.

8. "La connivencia entre Gobierno y grandes empresas, propia de regímenes populistas e intervencionistas, es una subversión perversa del libre mercado": para que exista capitalismo es necesario que haya empresas, pero no siempre que hay empresas hay capitalismo. Como el propio Adam Smith de encargó de hacer en su libro más famoso, La riqueza de las naciones, los empresarios y los grupos de presión buscan su propio beneficio, muchas veces a expensas de los consumidores. Los aranceles y otros obstáculos al libre comercio suelen nacer de peticiones de sectores que temen la competencia extranjera. Poverty Cure alerta sobre una tendencia, el proteccionismo, que en su opinión, ha hecho mucho daño a África.

9. "Como dice el refrán, ‘el camino del infierno está sembrado de buenos propósitos’. Las buenas intenciones sin analizar sus consecuencias no resuelven la pobreza": en esta cuestión quizás lo mejor sea que se expliquen los propios africanos. Dambisa Moyo, una economista zambiana, publicó un libro hace unos años con un significativo título: Dead Aid (en español, Cuando la ayuda es el problema). No es la única que ha denunciado un hecho sobre el que se ha escrito mucho en los últimos años: los países que más ayuda han recibido han acabado en un círculo vicioso de dependencia que les cierra las puertas a la salida de la pobreza por sus propios medios. Así, el dinero que Occidente les cede acaba siendo no un activo, sino un pasivo, puesto que perpetúa regímenes corruptos, manda incentivos erróneos sobre qué hacer para ganarse la vida y acaba con los emprendedores locales. Pocas cosas hay más políticamente incorrectas que criticar la ayuda al desarrollo; probablemente sólo una mujer africana podría haberlo hecho sin concentrar la ira de los biempensantes de todo el primer mundo.

Bután y nuestra felicidad

Aunque con la crisis se haya reducido un tanto su presencia, de un tiempo a esta parte ha surgido la moda de intentar sustituir la búsqueda del crecimiento económico por el aumento de la felicidad de los ciudadanos. La idea básica detrás de todos los que proponen ese cambio consiste en que existe una cifra más o menos alta a partir de la cual da igual ganar más dinero porque seguimos siendo más o menos igual de felices. Se han hecho incluso algunas propuestas para sustituir el viejo índice del PIB por algún indicador que de alguna manera refleje la felicidad y no sólo la prosperidad.

El más añejo y famoso es el FIB, siglas que corresponden a Felicidad Interior Bruta y no a Festival Internacional de Benicàssim. Lo propuso allá por los años 70 el tiranuelo de Bután como forma de eludir las preguntas que desde Occidente se hacían respecto a la falta de desarrollo de su país, embutido entre India y el Tíbet y con tan poco interés en mejorar económicamente que su único aeropuerto internacional está situado en el Valle del Paro. Naturalmente no lo calculó, pero cuando acabó llegando la globalización a Bután –que tuvo prohibidos la televisión e internet hasta 1999– un centro de estudios público creó el índice, que tenía en cuenta cosas como la preservación del medio ambiente, la armonía de la vida cotidiana y la preservación de la identidad nacional.

Lo que demuestra este índice basado supuestamente en la felicidad es que todo índice basado en algo tan difícilmente cuantificable estará basado, en realidad, en lo que al Gobierno que lo calcula le venga bien. La única ventaja del PIB –que como indicador económico tiene un montón de fallos– es que es una medida que intenta ser objetiva de algo concreto. Como la felicidad no se puede medir, un medidor de felicidad medirá otras cosas, reflejando únicamente el sesgo del encargado de medir. Así, por ejemplo, lo de la identidad butanesa del FIB ha servido para justificar que el Gobierno butanés oprima a modo a las minorías de habla nepalí que no se corresponden con esa identidad artificialmente definida por el Estado, expropiar sus tierras, prohibir su idioma y meterlos en campos de refugiados.

Pero ha sido en Francia donde más esfuerzo han puesto en abandonar el viejo PIB en busca de otras soluciones. Sarkozy montó una comisión al efecto, que al menos tuvo la decencia metodológica de no sacar un solo índice, sino proponer varios. ¿Y esto para qué? Pues se puede ver en el informe que sacaron, en el que se describen sus modificaciones al PIB y de forma bastante cómica de tan descarada muestran cómo la renta per cápita iría aumentando, de ser el 66% de la de Estados Unidos hasta llegar al 87%, si se aceptasen todas las modificaciones. Y encima la comisión la presidió el muy useño Stiglitz. En eso ha quedado la grandeur.

Al margen de los patéticos intentos de introducir la felicidad en el PIB, similares en objetividad al Índice de Desarrollo Humano de la ONU, queda la cuestión de cómo se pretende usar la felicidad para restringir las libertades económicas. Lo más habitual es proponer una cifra a partir de la cual mayores ingresos no dan más felicidad y, por tanto, está justificado poner unos impuestos expropiatorios para repartir el dinero entre quienes no llegan a ella y así incrementar la felicidad total. Al margen de las consecuencias prácticas de este tipo de políticas, como la huida de capital humano y del otro, ni siquiera son congruentes en sus mismos términos, pues son numerosos los estudios que correlacionan felicidad con la expectativa de futuros ingresos crecientes, que obviamente desaparecería con semejante impuestazo.

En general, usar la felicidad de los súbditos como guía de la política del Gobierno sólo sirve para que éste haga lo que quiera en nombre de la felicidad, arbitrariamente definida por él mismo; si la definición no va contigo, sonríe, no sea que te denuncien por no ser feliz, maldita sea. La Declaración de Independencia de EEUU habla con sabiduría de la "búsqueda de la felicidad", y no de la felicidad en sí misma. Bien sabían Jefferson y los suyos que el Estado no puede proporcionarla.

España se recupera

Tercer año triunfal con rajoyina. Tercer presupuesto del país de nunca jamás a costillas de contribuyente y a gloria del comprador de bonos. Tercer ejercicio de trapisondismo contable. Los presupuestos de 2014 nacen, como los de 2012 y 2013, mancos, cojos y tuertos. Ya han llegado a un nivel de desvergüenza tal que hasta reconocen los descuadres en las ruedas de prensa con las sonrisillas de rigor. Hasta hace dos días de estas golfadas estéticas le echábamos la culpa a Julito Sánchez, ahora habrá que cargárselas en la espalda de Ana Serrano, nueva jefa de prensa de Mordor. Compadezco a ambos. Llevar la comunicación a un tipo cuyo trabajo consiste en saquear a los que tienen poco para dárselo, sonrisa mediante, a los que tienen mucho se me antoja algo prácticamente imposible.

A Ana Serrano le será más sencillo. Viene del SEPLA, el sindicato de pilotos que tan buenos momentos nos ha dado en los últimos treinta años paralizando el tráfico aéreo para que esos señoritos de millón y pico limpio al mes siguiesen llevándoselo calentito a casa, aunque fuese a costa de tener a medio Barajas durmiendo sobre las maletas en las salas de facturación. Me cuentan que la tal Serrano es cercana a Equipo Económico, el lobby que tanto ascendente tiene sobre el ministro y sus ministreces. Tiene lógica. El poder en España es siempre asunto de unos pocos que lo asaltan y lo depredan en su beneficio durante todo el tiempo que pueden. Cuando Zapatero los que hacían y deshacían a placer en el Ejecutivo eran los “sebastianes”, que se terminaron haciendo famosos por sus enredos. Enredos muy lucrativos, por cierto. Cuando los sorayos pasen a mejor vida, que lo harán más pronto que tarde, vendrán otros.

Al parecer los visitadores de Equipo Económico andan detrás del cese de Julito, que tantos días de mote y cachondeo le ha dado a esta página. No les gustaba el modo en que este hombre llevaba la comunicación del señor oscuro. “Lo mantiene muy alejado de los medios”, decían. Una decisión del todo razonable porque cuando se acercaba a las cámaras era bastante peor. En fin, que descanse en paz. Supongo que no tardarán en encontrarle un comedero, que esta gente nunca deja que los suyos pasen hambre. Total, pagamos los demás.

Pasemos página, que no he venido aquí a hablarle de Ana Serrano, que ni nos va, ni nos viene, ni nos ha invitado nunca a desayunar. He venido a hablar del tercer desastre presupuestario. Empecemos por los principios. Ni en 2012 ni en 2013 el Gobierno ha conseguido poner coto al déficit. No sé en cuanto cerrará este año, pero seguro que es muy por encima de lo previsto. En julio ya se aproximada peligrosamente al descuadre fijado para todo el año, así que imagínese donde andará a 31 de diciembre. Hace dos meses el conjunto de las administraciones públicas registraba ya un déficit del 5,27% sobre el PIB. Dicho así no parece ni poco ni mucho porque uno de los secretos de esta banda es hablar en tantos por ciento para confundir al personal y que así no preste atención al tema.

Llevémonoslo a euros contantes y sonantes. Entre el 1 de enero y el 31 de julio las comunidades autónomas gastaron 89.813 millones de euros, pero solo ingresaron 81.877 millones. Quítele ceros y déjelo en miles. Imagine que gana 81.000 euros pero gasta 89.000. Estaría ante un déficit real del 9%. Sea sincero, ¿cuánto tiempo podría aguantar con semejante descalce entre ingresos y gastos? En el mejor de los casos el banco le habría dado un toque, en el peor tendría cerrado ya el crédito y no le quedaría otra que apretarse a fondo el cinturón y proceder a liquidar bienes. Pues eso que es tan de cajón para cualquiera –incluido el zampabollos de Alberto Garzón– no lo es para los políticos y su expresión máxima que no es otra que el Gobierno.

No parece que el Gobierno vaya a apretarse cinturón alguno y, mucho menos, que vaya a liquidar nada de lo mucho que, a expensas del contribuyente, malbarata con funcionarios vitalicios, cargos de confianza de esos que nacieron con el carné del partido entre los incisivos y políticos profesionales que no conocen otro modo de ganarse la vida que el de vivir enchufados al presupuesto a perpetuidad. En España no se va a privatizar nada, a lo más conceder la gestión de ciertos servicios a empresas especializadas como ya se está haciendo en Madrid… o en la propia Andalucía. Esta concesión, que tanto cabreo suscita entre los médicos, no persigue privatización alguna sino una simple racionalización de costes. Lo mismo podríamos decir de la enseñanza concertada. Un simple parche para no abordar lo esencial que es que el Estado no debe ser ni médico ni profesor. No es su función, y cuando la ejerce lo hace de un modo lamentable. Pero, ay, alimenta inmensas clientelas que luego defienden lo suyo –que no lo público– con uñas, dientes, pancartas, manifas y huelgazos.

Si todo sale como debiera, para finales de año el déficit (sobre el PIB, no el real) tendrá que ser del 6,5%. Tal vez lo consigan aunque lo dudo mucho. La única medida que han tomado es congelar el salario a los empleados públicos. Una simple tirita que no detendrá la hemorragia. El problema del sector público no es que los funcionarios ganen mucho, sino que son demasiados. Con un millón y medio menos el problema se resolvería en el acto y no habría que andarse con miserias como quitarles –de mentirijillas– la extra de Navidad o congelarles el sueldo. Pero para hacer eso, para acometer una reforma digna de tal nombre en la función pública hace falta algo más que voluntad política, hace falta convencimiento íntimo de que es necesaria. Para hacerlo sería de gran utilidad no ser funcionario… y Montoro es funcionario, y como él Rajoy, Soraya, los sorayos y el sursuncorda. De un Gobierno de opositores sólo no se puede esperar más de lo que ya tenemos: Estado hipertrofiado, impuestos confiscatorios, déficit crónico y seis millones de parados.

¿De verdad hay 20 millones de españoles en riesgo de “pobreza”?

Parece que termina la recesión española. Ya era hora. Ha durado cinco años y ha sido dura. La economía creció unas décimas este trimestre. Es una señal débil, pero buena. El desempleo sigue siendo altísimo (26,6% de la fuerza laboral potencial), pero la única manera racional de reducir ese flagelo es con crecimiento e inversiones que acaben produciendo beneficios para que se sostenga el ciclo.

El camino adoptado por España, comenzado en los últimos tiempos del socialista Zapatero, cuando congeló las pensiones, y luego seguido por Mariano Rajoy, ha sido el de la austeridad. Eso quiere decir recorte del gasto público y reducción del endeudamiento. No se podía continuar creando infraestructuras a veces innecesarias (aeropuertos sin clientes, trenes veloces nada rentables, carreteras extraordinarias para pocos vehículos).

De estas crisis se sale generando riquezas y éstas sólo se producen en las empresas. La cuenta es relativamente sencilla. España tiene algo más de 47 millones de personas en su territorio. De esa cifra, hay casi 23 millones que podrían trabajar, pero sólo lo hacen 16 millones y medio. Un poco más de 6 millones están desempleados.

Grosso modo, de los 16 millones y medio que trabajan, unos 13 y medio lo hacen en actividades privadas, mientras casi 3 devengan su salario del sector público. El porcentaje de trabajadores del Estado –estratos nacional, regional y local– está muy cerca del promedio de la Unión Europea, pero la relación entre quienes trabajan en empresas privadas y la totalidad de la población es muy baja.

Trece y medio millones de trabajadores deben mantener a 47 millones de españoles y pagar su salario a casi 3 millones de empleados públicos. Entre los españoles que deben ser mantenidos hay 15 millones y medio de lo que llaman personas inactivas: pensionados (más de 7 millones), estudiantes (2,5 millones), incapacitados permanentes (1’5 millones), labores del hogar (4 millones) y otros ciudadanos.

Es una tarea demasiado ardua que sólo se alivia creando las condiciones para que trabaje más gente. ¿Cuántos? Teóricamente, el universo de trabajadores posibles es de 23 millones. Casi diez más de los que lo hacen en el sector privado. Pero de nada sirve que lo hagan en actividades poco productivas, como creen algunos keynesianos de andar por casa. Las actividades que no son lucrativas destruyen capital y arruinan a las sociedades.

No obstante lo dicho, España dista mucho de ser un país pobre. El PIB per cápita es de más de 30.000 dólares y excede un poco la media de la Unión Europea. Algunas comunidades autónomas son francamente ricas y se acercan a los 40.000 dólares: Madrid, Vascongadas, Navarra, Cataluña. Las pobres, ni siquiera lo son tanto. Extremadura, la peor de todas, es más rica en este indicador que Chile, el país más próspero de América Latina. Murcia, otra comunidad pobre, tiene el PIB per cápita de Corea del Sur.

Pero hay otros indicadores que señalan a España entre los primeros 25 países del planeta: escolaridad, longevidad, acceso a agua potable, alimentación, servicios médicos, seguridad, protección policiaca, instituciones de Derecho, libertades, comunicaciones. El país, en medio de la crisis del empleo, es uno de los espacios con mejor calidad de vida del mundo. Sigue siendo un gran vividero.

La asignatura pendiente la conocen todos: hace falta desarrollar un tejido empresarial más extenso, competente y productivo. Mientras eso sucede, si es que alguna vez llega a ocurrir, los españoles vuelven a hacer las maletas y emigran. Por una parte, el país pierde a un buen grupo de trabajadores, pero, por la otra, son personas que adquieren conocimientos, experiencias y ahorros que podrán utilizar en el futuro en su propio país.

En ese sentido, es una bendición que quienes no tienen trabajo puedan encontrarlo en Alemania, Holanda o Suiza. Hay que ver a la Unión Europea como un gran espacio laboral y perder el miedo a los idiomas distintos o a los climas inhóspitos. La globalización también es eso.

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